“La izquierda debe unir gestión y emoción”
El primer gran debate abierto de la decimooctava edición del Foro de San Pablo tuvo como tema los gobiernos progresistas y de izquierda. En el curso de las amplias discusiones quedó reflejada la preocupación de muchos delegados por la estabilidad de esos gobiernos y el modo de desarrollo que ofrecen o pueden ofrecer frente a la hostilidad de los modelos liberales. Desde Panamá y Palestina, pasando por Honduras, Venezuela, Uruguay, Puerto Rico, hasta Brasil o México, los participantes mostraron una honda preocupación sobre la forma en que el progresismo puede implementar sus políticas sin exponerse a la decapitación liberal. Un delegado de Palestina afirmó con visible temor que, allí donde se vaya, “el liberalismo bloquea los cambios mundiales o nacionales”. El otro gran tema consistió en encontrarle una respuesta a esa gran incógnita que consiste en saber en qué fase de su historia se encuentra el modelo liberal tomando en cuenta todas las crisis que lo han azotado en los últimos años. Quienes lo dieron por agonizante o muerto reconocen que no es así, pero tampoco encuentran en el horizonte un modelo para retratar el estado actual. Página/12 dialogó en Caracas con el analista Juan Carlos Monedero, ex consejero del presidente Hugo Chávez y lúcido pensador de los planteos que la izquierda debe hacerse en estos tiempos de dudas.


–Los participantes de este foro, al mismo tiempo que celebran la existencia de gobiernos progresistas, se preguntan qué hacer frente al modelo ultraliberal que sigue en pie pese a las hecatombes que provocó y lo afectaron.


–La izquierda tiene un terrible problema de reflexión. Hay problemas para los cuales no tenemos respuesta. Por ejemplo, cuáles son las relaciones entre los movimientos sociales y los gobiernos; cómo actúa un gobierno que puede acceder a los aparatos del Estado sin que ello signifique que tenga realmente el poder; cómo gestiona el Estado heredado con el Estado en construcción; cuál es el nuevo sujeto de transformación; qué ocurre cuando la clase obrera sigue existiendo, pero ya no se deja representar. Creo que la izquierda puede encontrar respuestas a estas preguntas en foros de este tipo. El gran reto de la izquierda es ver cómo se traducen las diferentes luchas por la emancipación para encontrar el hilo que las una.


–Hace años que la izquierda tiene una gran capacidad de análisis, una extrema lucidez en su diagnóstico. Sin embargo, incluso en uno de los peores momentos del liberalismo, la izquierda no consigue plasmar una acción de impacto global. ¿Por qué?

–Ocurre que la izquierda siempre ha movilizado con sueños. Los grandes lemas de cambio social de la izquierda que tanto han emocionado a la población son un poco huecos: tierra y libertad, pan y trabajo, socialismo o muerte, etc., etc. Estas ideas son elementos amplios, pero no terminan de concretarse. Por paradójico que parezca, hoy en días los únicos que son políticamente incorrectos son los actores de la derecha: Berlusconi en Italia, Sarah Palin en Estados Unidos, Esperanza Aguirre en España, etc. Son sujetos capaces de apelar a las emociones. Por eso cuando el capitalismo está en crisis la salida más fácil que encuentra es la fascista. Y esto se debe a que la izquierda no termina de entender que tiene que ser capaz de unir la emoción y la gestión. La izquierda necesita renovar las emociones y terminar de concretar las alternativas. Vivimos en un mundo en transición donde lo viejo no termina de marcharse y lo nuevo no termina de llegar. Tenemos que hacer teoría no sobre la base de lo que queremos sino de lo que no queremos. Esto representa una ventaja teórica. Los modelos tradicionales se rompieron: la Unión Soviética se hundió, el mundo del trabajo se transformó, los Estados nacionales variaron y las ideologías se difuminaron. Los marcadores de certeza se tornaron líquidos y por eso tenemos dificultades para concretar otras cosas en una alternativa que se plasmará a medida que se construye. Considero importante teorizar sobre una izquierda flexible que vaya construyendo sobre la base de lo que no queremos el gran mosaico de lo que deseamos. Estamos en una encrucijada teórica donde no nos valen los viejos elementos, no nos valen los viejos partidos políticos, no nos vale el modelo de asalto al poder ni mucho menos el modelo de gestión humanista de un capitalismo en crisis como lo hace la socialdemocracia. Como diría Marx, es un momento para regresar a la biblioteca e intentar aportar modelos que orienten.


–Pero todas estas búsquedas que usted expone no alejan el poderío de una oligarquía dispuesta a todo para mantenerse. El sistema no se acabó. Acaso hoy el liberalismo es más frágil o se reforzó con la crisis. ¿Qué es una auténtica estrategia de izquierda para un momento como éste?


–Ludovico Silva decía que si los loros fuesen marxistas serían marxistas ortodoxos. Yo diría: ni Marx, ni menos. Marx nos da mucha luz, pero hay que leerlo con la luz actual. No sabemos si la crisis del capitalismo va a ser la última. Una filosofía de la historia tiene el problema de pretender que el futuro está escrito, lo que no es real. La izquierda no terminó de ver la enorme capacidad de adaptación del sistema capitalista. Sabemos que cada vez que hay una crisis el abanico de respuesta que tiene el sistema se estrecha. De la última gran crisis de los años ’70 el capitalismo salió con la explotación de la naturaleza, la explotación de los países del sur y la explotación de las generaciones futuras mediante el déficit. Esos tres elementos se agotaron. Lo que sí sabemos hoy es que las respuestas del sistema se estrechan. El sistema global tuvo que regresar al origen y exacerbar la explotación dentro de casa. También sabemos que, según las cifras más optimistas, hay 75 veces más dinero que riqueza. Y esa mentira funciona mientras el capital financiero decida seguir jugando a la mentira. En cuanto dice “nos paramos, esto es mentira”, todo se cae. Eso es lo que ha ocurrido ahora. El sistema financiero se dio cuenta de que la brecha entre el dinero y la riqueza es tan grande que no se va a poder pagar. De allí, insisto, la importancia de este foro y de América latina. No me canso de repetir que la salvación del planeta o viene de América latina o no viene de ningún lado. Europa está exhausta, China no quiere, Estados Unidos tampoco quiere y Africa no puede. América latina es el continente que ha sufrido el problema neoliberal y lo ha superado. Es el continente que tiene la memoria de lo que es el modelo neoliberal y, además, tiene la memoria de los pueblos originarios, que recuerdan la necesidad de respetar a la Pachamama. Esa conjunción de memoria ancestral y de memoria a corto plazo del modelo neoliberal sitúa a América latina como un lugar central para encontrar las alternativas.


–En los debates del foro hemos visto una gran preocupación de la gente por el futuro de la gobernabilidad de los gobiernos progresistas. Hay una mezcla de miedo y ansiedad.


–El problema radica en que los gobiernos actuales de cambio tienen que gestionar el aparato estatal heredado y las presiones actuales. Ahí hay un conflicto porque los movimientos sociales que auparon en América latina a los gobiernos de transformación a menudo reclamaban también una parte de ese modelo pasado. ¿Quién se encarga entonces de las nuevas demandas? ¿Y de qué se trata? Acaso de reactivar un modelo de consumo que la gente considera perdido, o acaso reconstruir la realidad. Los problemas actuales que tienen Evo Morales, Correa, Cristina Fernández de Kirchner responden a esos problemas mal resueltos entre la gestión del pasado, la gestión del presente y la del futuro. Creo que sería un error apoyarse en un movimiento social para ofrecerle solamente lo que el modelo anterior dejó de prometerle. Así se estaría construyendo lo que hizo Margaret Thatcher. Satisfacer las bases de la demanda social sin educar con los nuevos valores de la alternativa que queremos construir puede provocar aquí lo que pasó en Europa: la izquierda construyó la sociedad de clases medias, pero después esas clases medias patearon la escalera para que los que vinieran detrás no tuvieran más oportunidades. Esas clases medias se convirtieron en nuevos propietarios sin ideología. Por eso es esencial un trabajo de traducción entre los diferentes sujetos que portan la emancipación.

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Un exjefe de seguridad de Uribe acusado de narcotráfico se entrega a EE UU
El general retirado Mauricio Santoyo Velasco, exjefe de seguridad del expresidente de Colombia Álvaro Uribe (2002- 2010), ha sido arrestado este martes, una semana después de que se conociera el pedido de extradición por narcotráfico que hizo en su contra una corte de Virigina, Estados Unidos.
 

De acuerdo con un comunicado emitido por la Fiscalía de Virginia se supo que Santoyo, el primer general de la República pedido en extradición en la historia de Colombia, fue trasladado a EE UU este martes después de que él mismo se entregase a las autoridades de la DEA en Bogotá. De inmediato se dispuso un avión para llevarlo al aeropuerto de Dulles, Virginia.
 

Peter Carr, portavoz de la Fiscalía, aseguró que el expolicía, que acompañó al expresidente Uribe entre 2002 y 2005, se presentará de manera formal ante el juez este jueves 5 de julio para la legalización de su captura, ya que el miércoles 4 -Día de la Independencia- es festivo en Estados Unidos.
 

Entonces deberá enfrentar un proceso por haber recibido cinco millones de dólares (cuatro millones de euros) a cambio de ayudar a narcotraficantes y paramilitares entre el 2000 y 2008. Supuestamente, el general Santoyo les advertía de policías que los investigaban en Colombia, Inglaterra y Estados Unidos. Todo indica que se habría aliado con “policías corruptos” para ayudar a la mafia, según un informe filtrado a los medios.

 
El caso de este oficial no ha sido un asunto aislado en Colombia. Es otro de los varios funcionarios del expresidente Uribe que están en líos con la justicia. El de Santoyo es quizá el más grave, pues mientras velaba por la seguridad del jefe de Estado y gracias a su cargo tenía información privilegiada, al parecer recibía sobornos de la Oficina de Envigado (un grupo de sicarios creado en los 80 por Pablo Escobar y que hoy prácticamente está extinguido), y de los paramilitares (que depusieron las armas entre 2003 y 2006).

 
Todo indica que para la acusación fueron claves los testimonios del narcotraficante Juan Carlos Sierra, alias El Tuso, extraditado en 2008 hacia EE UU, y de un policía colombiano capturado en el mismo país. El general Santoyo, tras conocer la solicitud de extradición en su contra, había dicho en un comunicado la semana pasada que “siempre he estado y estaré a disposición de las autoridades pertinentes para aclarar cualquier sindicación [acusación] que se me haga”.

 
Como es de prever, si el policía logra negociar con las autoridades estadounidenses y entregar información, éste sería el primer paso para armar un gran rompecabezas del que Colombia conoce poco: los nexos entre la oficialidad y el narcotráfico.


Por Andrea Peña Bogotá 4 JUL 2012 - 02:34 CET
 


El choque de los poderes públicos... la acción legislativa a la carta
Hace décadas que se la define en Colombia como a la cenicienta, denominación connotativa para algunos aunque nítidamente denotativa por cuanto debió habituarse a un trabajo sisífico que se manifestó en un despertar, logrando un prestigio aún más allá de las fronteras. Esta época abunda en eventos en los cuales los poderes públicos, del Estado, son protagonistas de variadas conductas surgidas de los hábitos tradicionales denominados democráticos o atingentes al estado de derecho.

Aún con la Constitución de 1991 se vislumbraba imposible destrabar la inabordable acumulación de procesos, lo cual abriría la posibilidad de pasar por sobre ella sin que se reaccionara con la ejecución del proyecto de golpe re-fundacional esgrimido por una dirigencia político-terrateniente en alianza con sus respectivos grupos ilegales que patrocinaban y habían alcanzado una relevancia cuasi institucional. Para el Poder Judicial la insuficiencia de recursos fiscales no constituyó un escollo insalvable al iniciarse los procesos contra una corrupción de amplio espectro. Sorprendió la imparcialidad de la toga y su muestra de autonomía, una independencia de toda influencia o frente a cualquier presión ajena a la justicia. Dentro de una majestuosa modestia este poder judicial mostró su altura y su valerosa coherencia institucional, esencial actitud que contribuyó a la dignificación de los tres poderes como un hermano mayor irreductible.

Esta mirada es sostenible desde la reciente historia que casi es una esplendente mitología cuando el poder judicial colombiano revive desde sus cenizas en el todavía prolongado holocausto que busca también justicia, es decir, verdad. Es una historia, que no obstante luctuosa, dignifica a Colombia.

Poco se daba por la justicia después de su cremación. Inclusive los corruptos se tomaron confianza pensándola terminada o por lo menos debilitada y de fácil manipulación frente a cualquier voz tonante o amenaza demagógica. Menos mal que nos equivocamos hasta en la academia, cuando nos impresionaba contar sus valerosos mártires en extinción.

Recientemente, a pesar de conocer las necesidades presupuestales que se requieren para adelantar su pausado funcionamiento nos acostumbramos a su impertérrito paso en el marco descalzo. Así la propuesta de una reforma que superara las falencias logísticas de la justicia no despertó preocupación alguna sino hasta que se observó un abanico de actitudes en pro de una reforma con intereses espúrios cuando no revanchistas. Muchas proposiciones inestables y con aspectos al parecer positivas primero fueron advertidas y luego rechazadas de plano por magistrados y académicos cuando todo hacía pensar en un tránsito de consenso, como cuando el gobierno desayuna con sus bancadas.

Debe entenderse que no todo es obligatorio de legislar, menos cuando marcha bien... Es lo que sobresale en este ambiente posmoderno donde se respira neoliberalismo. Así las entidades se desregulan para su privatización. Sin omitir que la propia Constitución es un lejano remedo para muchos de su estado original... los programas de gobierno no se ejecutan de acuerdo a la Constitución sino ésta se adecúa a los programas que se juraron ejecutar de acuerdo a la Constitución y a las leyes. La carta magna surge como un estorbo y cada gobierno en alianza con sus bancadas recurre a los actos legislativos o leyes orgánicas, sin medir sus alcances para la Nación.

En el quehacer legislativo aparece una definida relación política entre dos poderes públicos que asumen la iniciativa, dentro de lo cual uno de ellos plantea que legisla con independencia, sin injerencias por cuanto dicha función les compete a ellos y la harán porque la harán. De esto resultaría conveniente evaluar si no existen propuestas de leyes reiterativas y hasta innecesarias, por cuanto con simples reglamentaciones se completarían, es el caso de leyes para la hoja de vida del congresista que no aporta sino propaganda al autor.

Hay excepciones, como en la Ley 100 que cada vez se aplaza mientras más colombianos caen en esa guerra también costosa para el erario, que principalmente depende del bolsillo ciudadano. Lo importante no deja ver lo evidente.

El Acto Legislativo es el procedimiento por el cual se modifica (y se continuará modificando) la Constitución de 1991... el Constituyente Primario definió una herramienta para una redacción diferente, debiendo entenderse como una modificación aunque no de la idea. Se le supone para precisar la voluntad del soberano. Pero vale recalcar que no se estableció para generar una constitución distinta mediante sucesivos Actos Legislativos. Las interpretaciones diversas a la del Soberano o Constituyente Primario debieran ser sometidas a consulta popular o referendum.

La vigilancia y control de la Corte Constitucional no es percibida por el ciudadano del común y ahora es imperiosa su actuación cuando es la esencia de un Poder Público lo que se proponen cambiar. Modificar su estructura ante el mundo significa un pésimo mensaje respecto al Estado del cual se llegó a comentar con temor que caería en fallido por opinadores internacionales y del interior. Lo que se investiga y/o procesa guarda relación con delitos de lesa humanidad. La atención internacional se mantiene no obstante los logros comerciales recientes que se tardaron por temas ad hoc con DDHH.

En la historia la clase política ha mantenido de manera recurrente   el hábito de destronar las respectivas Cortes Constitucionales como en el pasado y dejarlas sin influencia o simplemente anularlas. Eso fortalece al poder ejecutivo en alianza con el poder legislativo, afirmando el modelo presidencialista.

Se entiende que el Constituyente Primario en su mandato soberano ordena una Constitución para que prevalezca, que trascienda, y es la Corte Constitucional el noble cancerbero específico de esa obra magna de la voluntad popular total, por lo tanto no parece lógico ni procedente que otros mandatos pasajeros adopten funciones que no delegó el soberano absoluto, léase el Constituyente Primario a través de su Asamblea Constituyente en 1991.

Donde manda capitán no manda marinero dice el refrán popular y ello proviene mas allá del sentido común, en igualdad con el buen sentido. Además reafirma la sabiduría común y del común, manifestada en un acto nacional de constitución.

La Constitución de 1991 está en armonía con la carta de los derechos humanos de la ONU y fue una de las más adelantadas cartas magnas de la región, más allá e inclusive podía competir con las de las ex repúblicas soviéticas planteadas alrededor de la felicidad.

Actualmente la defensa de los derechos humanos y del derecho internacional con que en Argentina se juzga a los ex-gobernantes militares se funda en una constitución que trataron de manipular con el olvido y el perdón también por sobre la voluntad del soberano. Poco favorable a las víctimas pero que con esfuerzo se está llegando a condenar el despojo hasta de sus bienes.

En Chile prevalece la constitución de Pinochet protectora de los victimarios, excepto por algunos magistrados que honran la majestad de la justicia en medio de una ciudadanía dispersa en el alegato de sus derechos, aunque se agita inconforme.

La Constitución de 1991 impresionó como una maravilla del derecho. Es probable que exista una concepción más  técnica en el derecho para formular estas aseveraciones en torno a preservar la estructura de lo mandado desde el Constituyente Primario como fuente absoluta, indiscutible y que estipula la salvaguarda de evitar alteraciones a su mandato por interpretar lo mandado.

Los Actos Legislativos tramitados y aprobados por el Congreso Nacional desde los primeros quiebran la mano del Constituyente Primario y al adoptar una función de sucedáneo del Constituyente Primario, se levantan intereses por encima de la voluntad del soberano como si aquel no existiera permanentemente ante dichos propósitos de alterarla. Es insólito que alguien distinto enmiende una Carta Magna, génesis de un Constituyente Primario. Especialmente cuando hay recursos para requerir concepto, opinión o acuerdo a través de referendos o plebiscitos.  Además existiendo la Corte Constitucional definitiva. Y en ningún caso interina, ficticia, virtual, simbólica o sucedánea.

En cuanto al Poder Judicial y la llamada reforma a la justicia se ha develado su inconformidad acompañada de un clamor algo indiferente y distraído por declaraciones emboscadas que desestabilizarían la institucionalización de la justicia con la consiguiente debilitamiento de ese Poder tan prestigiado a la mirada mundial. La problemática a corregir por la reforma debiera corresponder a la administración que conlleva principalmente afinar lo presupuestal que es como unas pretendidas riendas sobre el Poder Judicial. El problema del funcionamiento de la justicia es un asunto de administración que reside en normas presupuestales potestativas del Poder Ejecutivo que en correspondencia con sus atribuciones no las ha flexibilizado ni las ha hecho funcionales para la rama judicial lo cual aparenta más una intervención, como se apuntó respecto a ponerle riendas, y no tanto ejercer correctamente el ejercicio de administrar para que el Estado, todo, funcione normalmente con independencias de poderes en armonía.

Curiosamente aquí no se traen indicadores como los de organismos internacionales sobre su jibarización en relación con una demografía con pletórico índice de delitos también comunes. Así las cosas, habrían falencias que descontrolan la rama judicial que no son inherentes a sus responsabilidades sino a poder(es) vecino(s). Susceptibles de normalizarse por vías menos espectaculares que las reformas constitucionales. Decretos especiales que aseguren sostenidamente el financiamiento presupuestal es un asunto de obligatorio cumplimiento para el ejecutivo. Con el fin de que el Estado funcione debidamente y por lo tanto la Justicia como viene haciéndolo, afirme el Estado Social de Derecho.

La Educación y la Salud también vieron reformado el crecimiento de sus presupuestos porcentualmente en pesos contantes que retornó a la discreción del ejecutivo ante el vértigo de una quiebra fiscal. Una angustia infundada toda vez que la propia corrupción demostró un volumen de fondos suficientes como los que estaban a punto de embolsillarse. 

La Justicia y un sector social que demanda bienestar no deben continuar en el papel de cenicienta por mucha nostalgia que se despierte en franjas dirigentes por retroceder al lapso 1986-1990.

Para regular el gasto de la rama judicial hay decretos, decretos especiales si los anteriores no cotizan, leyes orgánicas si se le quiere dar mayor realce. Hay organismos contralores, control interno, etc. que pueden fiscalizar técnicamente el presupuesto... como se hace con el Congreso. Pero, reformar se interpreta como desarmar, desactivar o anular la justicia en su esencia al pretender privatizarla, tercerizarla y hasta cobrar por sus servicios, ya no derecho a ella. Con lo que será inalcanzable para el pobre y abre un portón a la impunidad mediante la favorabilidad de la ley cuando se legisla cambiar los procesos de investigar y juzgar a los congresistas. O sea, la reforma incluye una suerte de auto legislación a la carta y sin votos impedidos, ni voces que se declaren impedidas por opinar indebidamente, o sea, éticamente e inoportuno.

La histórica disolución de las cortes constitucionales parece continuarse todavía por cuanto no se ha percibido una majestuosa defensa de la actual constitución en los casos esperados. Son reiterados sus cambios por medio de recurrentes actos legislativos que la han desfigurado. Así las cosas son esos proyectos de ley los cuales están determinando otra carta magna a través de los Actos Legislativos y la constitución por la que se jura no enmarca las leyes.

La carta, en sus primeros años de existencia, tuvo un órgano escrito, explicativo de la Corte Constitucional, respecto a la Constitución de 1991 que no ha podido ser reemplazado por los sitios web de hoy que obligan manejarse en el laberinto de una red todavía sin inventar. Indescifrable por cuanto se debe contar con un hilo de Ariadna al revés, para entrar no para salir, en la forma de poderosos motores con costosa arquitectura y software.
La desfiguración de la Constitución de 1991 por representantes en su mayoría pasajeros está en contradicción con el permanente Constituyente Primario, sino perpetuo en lo relativo al bienestar ciudadano. Un irreconocible frankenstein sin amor por el soberano legítimo.

Las sucesivas reformas a la carta de la Constitución de 1991 no se pueden justificar achacándole inflexibilidad por cuanto ha permitido la ley 100, la ley 30 y también la de "ais", incubadoras de corrupción y/o despilfarro, con pésimo manejo por la corruptela privada y pública, además de inequidades contra el soberano. Lo racional y justo que debe acaecer es un referendum  que vuelva a sus orígenes la carta, o sea un regreso a su cauce original.
Que la propia Constitución del 91 elimine este frankenstein de Actos Legislativos con su comparsa de leyes y decretos desreguladores, privatizadores, exageradas concesiones de territorios a la explotación descontrolada e incontrolada por transnacionales, costosas rebajas de impuestos y de regalías mal negociadas, sufridas flexibilizaciones laborales, pérdidas pensionales y en salud y educación. 

Un país de leyes debe entender cómo tener conciencia de ellas y nunca como una abrumadora biblioteca inmanejable en contra del espíritu del estado social de derecho que debe derivar hacia un trabajo con salarios justos y suficientes para una existencia digna de la familia. Que el capital y la tierra tengan una función social. Que se retome al ciudadano como un fin y nunca como un medio que es el único significado de digno.

Se desperdicia tanto esfuerzo en modificar la justicia normada por la Constitución de 1991 cuando no se previene la necesidad de una trascendente reforma económica responsable, seria y sabia que está en mora desde pasados gobiernos. Tal estructura lubricaría convenientemente las piezas de las locomotoras como es debido haciendo inútil modificaciones innecesarias o que deben hacerse después de esa reforma económica para mantener los recursos fiscales con finalidad social y no como una abstracta herramienta técnica con rubros hacia contrataciones matéricas antes que sociales y con fronteras pisos y cielos técnicos.

De paso que se desmonte esa desconfianza en la Colombia pujante que se evidencia en el pesimismo de legislar una sostenibilidad de los recursos fiscales, que es como un mal mensaje, toda vez que las recientes crónicas sobre las corrupciones y despilfarros muestran innecesaria dicha sostenibilidad limitante cuando solo es necesario recuperar lo que quieren robar y además los salvamentos del sistema financiero por los colombianos hacer resaltar el vigor competitivo.

Se anularía el desmedido afán de congresistas ansiosos y codiciosos por pasar a la historia con leyes a su haber que irremediablemente pasan por un acto legislativo sin medir sus aspiraciones. No es exagerada esta afirmación cuando se escucha que el Congreso debe ejecutar una ley respecto a la justicia porque para eso es el Congreso... hacer leyes. En sus intervenciones los magistrados de las altas cortes dieron cátedra sobre lo que debe tratarse y no tanto sobre lo modificable por intereses. El resumen del tema radica en la falta de recursos para destrabar ciertas funciones en la rama judicial como se recuerda acorde con la majestad que ella demanda. El problema se resuelve con más presupuesto como sucede en otros tópicos como la Educación, la Salud... (no se solicitan recursos fiscales fuera de lo normal). Al fin y al cabo dentro del modesto tercer mundo Colombia tiene riquezas suficientes como se ha insistido ante los ojos de todos si se suman las cantidades a rescatar en AIS, DNE, DIAN (20 billones de pesos en evasiones), y EPSs por la Superintendencia de Salud y otros billones sueltos sobre los cuales está la lupa de los organismos de control y la magistratura actual está en una actitud muy ágil en fortalecer el Estado. Resultaría desmotivador alterar el actual funcionamiento de ese poder que en lo reciente si no ha evitado un posible naufragio del Estado ha funcionado y lo ha prestigiado ante la comunidad internacional con sus sabias decisiones donde todo el mundo es consciente de la valentía requerida para ello.

Magistraturas internacionales tienen en estima a nuestros magistrados así como el reconocimiento por renombradas personalidades de relevancia en el derecho internacional humanitario, por indicar lo menos. No se debe agregar más, ya que hay mucho de modestia en las altas cortes en no cepillarse por sus buenas y dignas relaciones, alcanzadas y merecidas.

Lo importante es que ese prestigio tan esquivo para muchas instituciones de la Nación sea de dominio de la ciudadanía que en mucho lo aprecia, como que hasta algunos medios a regañadientes lo han tenido que aceptar. En la actualidad han sido entrevistados los magistrados para conocer de asuntos de interés nacional, pero suman más los minutos de declaraciones de los otros poderes. No hay equidad en el uso de los medios. El comensalismo no es inherente al ambiente del magistrado. El síndrome de la cenicienta persigue a la justicia. Sobra comentar que los magistrados son algo más que populares, pero es de afirmar que se reconocen sus existencias y la labor que han desempeñado y continúan en esta difícil actualidad.

A punto de ser arrollado por una alianza de poderes está quedando el Poder Judicial, una avalancha anunciada como todas y cuya atención y prevención, como todo desastre, impacta al Estado. Es decir a todos.
A la ciudadanía en su despertar ante el fragor de este choque de poderes públicos, que no de locomotoras o trenes con maquinistas que han desayunado juntos, que en este instante es de dos contra uno, le conviene ser consultada.
Podrá ser plausible recurrir a la intervención internacional, pero no debe olvidarse la existencia de la Corte Constitucional, cuya función no se trascribe por respeto. Pero, está en deuda en su misión de cautelar la Constitución, bombardeada reiteradamente por actos legislativos. El reciente arrodilla la descentralización con el retorno de una forma de centralización al reglar el régimen de regalías. Hasta hoy nos hemos acostumbrado a devoluciones de leyes, declaraciones de inexequibilidad por formas o procedimientos, y se esperan también pronunciamientos de fondo ante la pretensión de reforma indebidas a la carta... aunque desde luego existan sectores convencidos e interesados por reformar lo que no se debe.

*Carlos Gacía Bustos, Profesor Asociado en la UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA
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Egipto: sin constitución, parlamento... ni control
El Cairo. Un par de horas después que los partidarios de Mohamed Mursi festejaron con gritos de "¡Alajú Akbar!" la primera elección democrática de un presidente islamita en el mundo árabe, una joven cristiana egipcia se acercó a la mesa del café donde estaba sentado y me contó que acababa de ir a la iglesia.


"Nunca había visto un lugar tan vacío", me dijo. "Todos tenemos miedo."


Quiero decir que el discurso tranquilizador de Mursi, el domingo –CNN y la BBC pusieron mucho énfasis en su mensaje incluyente, porque encaja con la narrativa occidental sobre Medio Oriente (progresista, no sectario, etc.)–, fue un esfuerzo bastante raquítico, en el que el ejército recibió tantos elogios como la policía por la última etapa de la revolución egipcia.


Dicho en términos escuetos, Mursi se lanzará cuesta abajo en el camino a la democracia egipcia con latas amarradas a los pies, con temor y odio entremezclados entre los viejos mubarakitas y la élite empresarial y, desde luego, entre los cristianos, mientras los perros de ataque uniformados del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas seguirán socavando las potestades que todo presidente de Egipto debería tener. Carece de constitución, de parlamento y del derecho a comandar el ejército de su país.


Por supuesto, el tono amistoso con que Mursi se dirigió a Irán este lunes enfurecerá a las mismas bestias. Se dice que los sauditas metieron dinero en la campaña de la Hermandad Musulmana, y ahora se encuentran con un Mursi que sonríe al régimen chiíta que tanto detestan y sugiere que reanuden "relaciones normales". La Hermandad debe de estar contenta, por lo menos, de que el príncipe heredero Nayef –azote de ese partido y anfitrión del ex jefe de seguridad de Mubarak todavía en noviembre pasado– esté muerto y sepultado y nunca llegue a ser rey de Arabia Saudita.


Quien dude de los peligros por venir debe volver a leer la maliciosa cobertura de la campaña electoral en la prensa egipcia. Al Dastour afirmaba que la Hermandad Musulmana planeaba una masacre si Mursi ganaba, en tanto Al Fagr aseguraba que se proponía fundar un "emirato islámico" en Egipto. El novelista Gamal el-Ghetani comentó: "estamos viviendo un momento que podría ser similar al ascenso de Adolfo Hitler al poder", exageración que habría sido menos ofensiva si un tal Anuar Sadat no hubiera sido alguna vez espía de Rommel.


Sin duda, la Hermandad tiene que cuidarse. Saad Katatni, fugaz presidente del efímero parlamento democráticamente electo –al que el Consejo Supremo le rebanó la garganta la semana pasada–, ha estado insistiendo en que Egipto "no tendrá una guerra argelina", aun si el ejército se ha legalizado un poder casi exclusivo para los años por venir. Cuando los generales argelinos cancelaron la segunda ronda electoral, en 1991 –porque los islamitas habrían ganado–, encendieron una guerra contra sus enemigos políticos que produjo 200 mil muertos. "El pueblo egipcio es diferente y no está armado", dijo Katatni. "Libramos una batalla legal (sic) por los canales establecidos y una lucha popular."


Puede que los egipcios sean diferentes de sus primos de Argelia, pero que estén desarmados es una cuestión muy distinta. Y la Hermandad ha sido atraída, en palabras del periodista egipcio Amr Dalí, "hacia la red de trampas legalistas y procedimentales tendida por los militares".


Porque, al tiempo que el ejército ha cerrado el parlamento, asumido el control del presupuesto, producido una constitución provisional en la que despoja a Mursi de la mayoría de los poderes y reintroducido la ley marcial –sin olvidar el incumplimiento de su promesa de dejar el poder luego de las elecciones–, un fenómeno extraño, pero no desconocido, ha reaparecido en Egipto: miedo al extranjero. Los anuncios de los servicios públicos, mubarakitas en su insensatez, llaman a los egipcios a cuidar lo que dicen enfrente de extranjeros. Cada vez más se considera que una cámara fotográfica en manos de un extranjero es un instrumento de espionaje. Cineastas egipcios reunidos en París han descrito cómo la explosión de "imágenes de creación popular" de la revolución del año pasado es borrada hoy, conforme crece el recelo.


Y la ley cívica es desdeñada en todo el país. En el delta del Nilo, por ejemplo, ha brotado una epidemia de construcciones ilegales en tierras agrícolas –5 mil en las semanas pasadas, según agricultores–, luego que el opositor de Mursi, el ex primer ministro Ahmed Shafik, dijo presuntamente que "quienes han construido casas en violación de la ley de tierras agrícolas serán indemnizados y se legalizará su situación". Puesto que la tierra cultivable se reduce cada año en el país, éste es, en palabras de un profesor egipcio de agronomía, "un crimen contra todos los ciudadanos".


Los "verdaderos" revolucionarios, los jóvenes de la rebelión del año pasado contra Mubarak, van a tener que conectarse con los egipcios pobres que votaron por Mursi y abandonar muchos de sus lemas. Fue el izquierdista tunecino Aviv Ayen quien dijo la semana pasada a un periodista egipcio que quienes llamaron "revolución del jazmín" al levantamiento en su país no se dieron cuenta de que los primeros revolucionarios tunecinos de Sidi Bouzid probablemente nunca habían visto un jazmín en su vida. Y hoy existen muchos egipcios que creen que jamás vieron una primavera árabe.


The Independent

Traducción: Jorge Anaya
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Jueves, 17 Mayo 2012 10:18

Brasil Potencia

Brasil Potencia

 

Edición 2012, Formato: 17 x 24 cm, 312 páginas
P.V.P:$40.000 ISBN:978-958-8454-54-2

 

 

Reseña.

En la transición que vivimos hacia un mundo multipolar, Brasil será una de las ocho potencias globales que jugarán un papel preponderante en las relaciones internacionales. Para la región latinoamericana, pero sobre todo para América del Sur, la emergencia de este gigante como primera potencia intrarregional en nuestra historia, representará un cambio de larga duración llamado a remodelar la geopolítica local y planetaria.

Aún es pronto para determinar si el Brasil Potencia será la argamasa capaz de integrar una región que asume cada vez más claramente sus diferencias con Estados Unidos y Canadá, o si se convertirá en un nuevo imperialismo destinado a someter al resto de la región.

Este trabajo explora la tensión entre ambos caminos y concluye que estamos ante un escenario abierto. Analiza los cambios internos que llevaron a una remodelación de las clases dominantes de Brasil y al desarrollo de su capacidad autónoma de acumulación de capital, debatiendo con la tesis de Ruy Mauro Marini, quien acuñó el concepto de “subimperialismo”. Concluye con los desafíos que se presentan a los movimientos populares de Brasil, y de toda la región, ante los cambios sistémicos en curso.



 
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“Conflicto constante” y la (des)información como arma de destrucción masiva: la agonía de la verdad

Hace 15 años el mayor Ralph Peters, responsable de la guerra del futuro” –en el Departamento del Vicejefe de Estado Mayor para el Espionaje de Estados Unidos (EU)– publicó un estrujante documento “Conflicto constante” (Parameters, verano 1997, del Colegio de Guerra) que anticipó el papel determinante de la “(des)información”: “entramos a la época del conflicto constante (sic). La información es ya nuestra principal materia prima y el mayor factor desestabilizador (¡supersic!) de nuestro tiempo”.
 

Si en el pasado se buscaba adquirir información, “hoy el desafío consiste en manejar (¡supersic!) la información”: aquellos que puedan “clasificar, digerir, sintetizar y aplicar el conocimiento relevante ascenderán profesional, financiera, política, militar y socialmente”.
 

Hoy, la cúpula militar/geoestratégica de EU y Rusia se (con)centra en el poder del “arma (des)informativa”, lo cual aborda desde el punto de vista “geopolítico” Igor Panarin, cercano asesor del recién relegido presidente Vlady Putin (ver Bajo la Lupa, 4/3/12). Del total de sus 14 libros, Panarin consagraó 12 a “la guerra de información” y otros dos a la “sicología” aplicada a la “seguridad nacional”.
 

Peters considera que los vencedores –entre los que se incluye– “son una minoría (sic) cuando la información es tanto el motor como el significador del cambio”. Juzga que para las “masas (sic) del mundo, devastadas por la información que no pueden manejar o interpretar (sic) efectivamente, la vida es asquerosa y salvaje”. ¿Hoy la esclavitud posmoderna es apabullantemente (des)informativa?
 

Peters apostó que en el umbral del “nuevo siglo estadunidense” –de resonancia ideológica con el “Proyecto para un Nuevo Siglo Estadunidense” (PNAC, por sus siglas en inglés), fracasado manual de guerra de los neoconservadores straussianos en alianza con Netanyahu, curiosamente publicado el mismo año– EU “sería más rico (sic), culturalmente más letal (sic) y todavía más poderoso”, lo cual “excitará odios sin precedente”.
 

Podemos afirmar categóricamente, 15 años más tarde, que EU no es más rico ni más poderoso, pero que, indudablemente, su oligopolio trasnacional multimediático lo ha hecho “más letal culturalmente”.
 

Asevera que el mundo vive “una época de verdades múltiples (¡supersic!)”, lo cual condimenta con su paradigma neohegeliano sobre el “conflicto constante” entre amos y esclavos, que “definirá las bifurcaciones del futuro” entre “los amos (sic) de la información y sus víctimas (sic)”.
 

En el pasado, la “información superior (sic) –frecuentemente encarnada por la tecnología militar– asesinó (sic) a través de la historia” cuando “sus efectos solían ser políticamente decisivos pero no intrusivos a escala personal (una vez que el pillaje y la violación habían concluido)”: la “tecnología era más apta para derrumbar los pórticos de la ciudad que para cambiar su naturaleza interior”.
 

En medio de la “información desorientadora”, ayer “la ignorancia era dicha”; hoy “la ignorancia no es posible, sólo el error”.
 

Aduce en forma ominosa que la “expansión contemporánea de la información asequible es inmensurable, incontenible y destructiva (sic) para los individuos y las culturas enteras (sic) incapaces de controlarla”. ¿Se salió de la botella el genio de la (des)información en forma de bites?
 

Arguye que la “información destruye los trabajos y culturas tradicionales; seduce, traiciona, pero permanece invulnerable” y “aquellos que no puedan reconciliar la información con sus vidas o ambiciones estarán alienados (sic)”.


Sentencia arrogantemente que “individuos o culturas que no puedan unirse o competir con el imperio de la información de EU, solamente les queda el fracaso inevitable”.
 

Fustiga con entonaciones rememorativas del pernicioso “choque de civilizaciones”, de Samuel Huntington, que las “culturas no-competitivas (sic), como el islam árabo-persa o el segmento disidente de la población” de EU “están enfurecidos”, ya que “sus culturas se encuentran sitiadas” cuando “sus apreciados valores han sido disfuncionales”: el “obrero de EU y los talibanes en Afganistán son hermanos en sufrimiento”.
 

Abundan los “ciudadanos desechables” y los sindicatos obreros irrelevantes en medio de la “ferocidad demográfica”. Juzga despectivamente que “el hermano gemelo foráneo es el islámico o el africano del subsahara o el graduado de una universidad mexicana (¡supersic!)”. Hoy “Hollywood llega donde Harvard nunca penetró”. ¡Hollywood por encima de Harvard!
 

Rechaza las críticas que los “extranjeros desechables” asestan a EU cuando “el culto de la victimización se ha vuelto un fenómeno universal y es una fuente de odios dinámicos”. Cabe señalar que todavía no aparecían en el horizonte las atrocidades de militares estadunidenses en Abu Ghraib (Irak) ni la enuresis militar sobre los cadáveres afganos.
 

En la “revolución de la información global el efecto del video es más inmediato e intenso que el de las computadoras: si la religión es el opio del pueblo, el video es su cocaína”.
 

A mi juicio, aún peor que la posesión y la difusión masiva de un video letal, es su montaje deliberado.
 

Con bastante precisión y 15 años de antelación, previó que ya “no habría más paz” en el mundo con “conflictos múltiples (sic) en formas mutantes en todo el globo” cuando el “papel de facto de las fuerzas armadas de EU será conservar al mundo seguro para nuestra economía y abierto para nuestro asalto (sic) cultural. Para estos fines realizaremos una buena cantidad de matanzas construidas por un ejército centrado en la información, manipulando los datos para la efectividad y la eficiencia, y negando las ventajas similares a nuestros oponentes”, lo cual “requiere una buena dosis de tecnología” en los “campos de batalla urbanos y multidimensionales”.
 

Las “guerras emocionales” –odio, envidia y codicia– “definirán los términos de las batallas, más que la estrategia, en las que la superioridad de la información incisivamente empleada debe ser más filosa que la bayoneta”.
 

Se mofa de las “Casandras” que suponen la decadencia de EU, y considera que la fuerza basada en la información es un derivado de la cultura de EU, “la más triunfante de la historia”. ¿No estará confundiendo oblicuamente Peters la cultura eternal (aquello que queda después de haberlo olvidado todo, como suelen enseñarlo los franceses clásicos) con el vulgar “entretenimiento” del eje Hollywood-Las Vegas?
 

Alaba la destreza informática del sistema educativo estadunidense que alcanza su summum en el ejército y sus “tecnoguerreros”.
 

Juzga que “la prioridad número 1 de los gobiernos no occidentales en las próximas décadas será buscar términos aceptables para el flujo de la información dentro de sus sociedades”. Alega que “su fracaso está programado”.
 

La tesis militarista sobre el “conflicto constante” y la (des)información de Peters no dista mucho del enfoque del británico blairiano Robert Cooper (“El nuevo orden mundial y el oligopolio multimediático global”, Bajo la Lupa, 3/8/11). ¿Asistimos impotentes a la agonía de la “verdad”?
 

http://alfredojalife.com
 

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Jueves, 08 Marzo 2012 07:32

Un presidente arrinconado

Un presidente arrinconado
Así se encuentra Obama en un año electoral: sometido a la presión de Israel, del poderoso Comité Estadounidense-Israelí de Asuntos Públicos (Aipac, por sus siglas en inglés) –que suele elegir diputados y senadores a su gusto financiando sus campañas– y de los precandidatos republicanos a la presidencia que lo tildan de blando porque prefiere las negociaciones diplomáticas con Irán a una intervención militar para frenar su programa nuclear.

“Un ataque a Irán no sólo podría afectar a Israel, sino a toda la región durante cien años”, opinó quien fuera director del Mossad hasta el 2002, Efraín Halevy. Meir Dagan, su sucesor al frente de estos servicios israelíes de Inteligencia y operaciones especiales hasta el 2009, también dijo lo suyo: “Un asalto militar dará a los iraníes la mejor excusa para continuar en la carrera nuclear”. Y calificó la posibilidad de un bombardeo aéreo a las instalaciones nucleares iraníes de “la cosa más estúpida que escuché en mi vida” (www.alternet.org, 6-3-12). Tal vez porque tanto los servicios de espionaje de EE.UU. como los de Israel saben que Irán está lejos de lograr una bomba nuclear.

El hecho insólito es que, quizá por primera vez, no es Washington el que decidirá la participación estadounidense en lo que seguiría al ataque a Irán que Israel viene anunciando, se vería arrastrado a hacerlo. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se jactó de haber logrado que la cuestión de Irán pasara al primer plano de las relaciones EE.UU./Israel. Tiene razón: la larga conversación que sostuvo con Obama el lunes pasado en la Casa Blanca no rozó siquiera el tema de las negociaciones de paz con los palestinos que tuvo hasta ahora precedencia en las reuniones de los dos mandatarios.

Obama insistió en el encuentro del lunes en que Netanyahu aguardara los efectos de las sanciones económicas impuestas a Irán y el resultado de posibles negociaciones con Teherán antes de emprender una acción militar. Pero en el encendido discurso que pronunció ante el Aipac luego de la reunión con Obama, el premier israelí subrayó: “Hemos esperado que la diplomacia funcionara, hemos esperado que las sanciones funcionaran; ninguno de nosotros puede esperar mucho tiempo más” (www.haaretz.com, 6-3-12). Hasta pareció burlarse del gobierno de Obama cuando manifestó su sorpresa porque algunas personas aún no creían que Irán estaba tratando de construir una bomba nuclear.

El general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas de EE.UU., provocó un duro rechazo del gobierno israelí cuando señaló que un ataque prematuro a Irán sería “desestabilizador e imprudente... no diría que lo hemos persuadido de que nuestro punto de vista es el correcto” (//articles.cnn.com, 19-2-12). Netanyahu, su ministro de Defensa, Ehud Barak, y otros altos funcionarios se enojaron: esas declaraciones –dijeron– “sólo sirven a los iraníes” (www.haaretz.com, 21-2-12). Más enojados deben estar ahora: el mismo día de la reunión Obama/Netanyahu, The Washington Post publicó una solicitada a página entera firmada por cuatro generales (R), un coronel (R) y dos ex altos funcionarios de los servicios de Inteligencia. Se titula “Sr. Presidente, diga no a la guerra con Irán” (www.niacouncil.org, 5-3-12).

La solicitada, que propulsó el Consejo Nacional Estadounidense-Iraní, afirma que no todo desafío tiene una solución militar y que es prioridad de Obama “impedir que Irán tenga armas nucleares”, pero que “afortunadamente, la vía diplomática no está agotada y las soluciones pacíficas aún son posibles. A estas alturas, la acción militar no sólo es innecesaria, es peligrosa para EE.UU e Israel. Lo exhortamos a resistir las presiones a favor de una guerra con Irán”.

Las presiones son duras. Los precandidatos presidenciales republicanos no le ahorran palos en las ruedas al candidato demócrata. Según Mitt Romney, si Obama es reelecto, Irán tendrá su arma nuclear; para Newt Gingrich, no hay evidencias de que el mandatario esté preparado para frenar a Irán; Rick Santorum sugirió que la Casa Blanca está ayudando a Teherán a tener el arma. Se especula que Israel atacaría en julio/agosto, cuando la campaña electoral entre en su etapa más caliente, una forma de obligar a Obama a apoyar una intervención militar si no quiere perder la elección. Por lo demás, un ataque israelí sería respondido por Irán, lo cual torna muy probable la participación estadounidense.

Lo más grave es que grupos interesados como el Aipac, sectores neoconservadores y los medios más importantes están creando en EE.UU. un clima semejante al que imperó antes de la guerra de Irak. Pareciera que Obama ha impulsado un contragolpe a estas presiones: Catherine Ashton, encargada de las relaciones exteriores de la Unión Europa, anunció que Gran Bretaña, China, Francia, Alemania, Rusia y EE.UU. han acordado sentarse a una mesa con Irán a fin de iniciar conversaciones en torno de su programa nuclear (www.haaretz.com, 6-3-12).

Datos recientes muestran que esa posible guerra es impopular tanto en EE.UU. como en Israel. Una encuesta que el catedrático Shibley Telhami de la Universidad de Maryland realizó los días 22-26 de febrero reveló que sólo el 19 por ciento de los israelíes consultados se pronuncian por atacar a Irán aunque EE.UU. se oponga, el 40 por ciento estaría de acuerdo si EE.UU. participa y el 34 por ciento se opone a cualquier ataque, con o sin EE.UU. (www.politico.com, 28-2-12). Un encuesta de CNN/ORC, que se llevó a cabo del 10 al 13 de febrero, encontró que el 17 por ciento de los estadounidense está a favor de que EE.UU. ataque ya, un 60 por ciento se inclina por las sanciones sin una intervención militar por el momento y el 22 por ciento se manifestó en contra de que EE.UU. intervenga. Claro que gobernar, lo que se dice gobernar, no siempre entraña el respeto a la voluntad de las mayorías. Una vieja costumbre.
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Jueves, 09 Febrero 2012 18:14

Terremoto mediático en América Latina

Caracterizado por la concentración en unos pocos grupos, la ausencia de medios públicos relevantes y las relaciones opacas con el poder político, el ecosistema mediático de América Latina está cambiando radicalmente. Claves para entender cómo serán la prensa y las comunicaciones en el siglo XXI.
Ministerio de Defensa chino rechaza acusaciones "infundadas"
Pekín, 9 de enero. El Ministerio de Defensa de China advirtió hoy a Estados Unidos que sea "cuidadoso en sus declaraciones y acciones", cuatro días después de que el presidente Barack Obama dio a conocer una "revisión estratégica de defensa" que declaró prioritario el reforzamiento de las bases militares estadunidenses en Corea del Sur, Japón y Australia, como fórmula para compensar el poder bélico chino en la región Asia-Pacífico.

"Hemos tomado nota de que Estados Unidos publicó esta guía para su estrategia de defensa, y observaremos atentamente el impacto que tenga en la región Asia-Pacífico y en el desarrollo de la seguridad global", dijo el vocero del ministerio, Geng Yansheng.

"Las acusaciones contra China desde Estados Unidos son totalmente infundadas", dijo Geng, y agregó que Washington debe ser "cuidadoso en sus declaraciones y acciones".

La directriz militar estadunidense planea reducir el ritmo de crecimiento de la infantería y fortalecerá la naval y la fuerza aérea. Mantendrá grandes bases en Japón y Corea del Sur y desplegará marines, buques y aviones en el norte de Australia.

El gobierno chino ha tomado medidas encaminadas a modernizar sus fuerzas militares en años recientes.

El vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Liu Weimin, aclaró hoy que esa "modernización es un factor positivo a la hora de mantener la paz y estabilidad regionales". La actualización no supondrá una amenaza para ningún país, agregó.

Los funcionarios chinos evitaron comentar la decisión estadunidense en los últimos cinco días, pero la prensa local difundió la versión de que Estados Unidos pretende rodear China.

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Martes, 10 Enero 2012 11:46

Goldman Sachs gobierna España

Goldman Sachs gobierna España
Apoco de andar el siglo XXI, las pistas son esclarecedoras. Ya nadie se llama a engaño. La crisis ha sido una buena excusa para desarticular el pobre Estado de bienestar que acompañó el llamado milagro español, que –todo hay que decirlo–, era más paternalista que afincado en políticas keynesianas de redistribución de la renta y pleno empleo. Su origen lo encontramos en los gobiernos tecnócratas, conocidos popularmente como gobiernos del Opus Dei. Fue el momento de la modernización del franquismo. No será la vieja guardia franquista quien se siente en los consejos de ministros a partir de fines de los cincuenta del siglo XX. La nueva camada del franquismo muta hasta hacer imperceptible la ideología fascista que la precedía. Muchos de sus cachorros no compartían sus aspectos más repulsivos, la tortura y represión. Con un discurso ambiguo, a la muerte del dictador, 1975, son quienes dan vida a reforma política. Ya nada se les resistía. Franquistas de corazón, crearon una realidad ficticia para impedir la ruptura democrática. Su estrategia fue señalar la existencia de un búnker político donde se agazapaba el franquismo y cuyo poder radicaba en el control sobre las fuerzas armadas creadas por la dictadura fascista. Identificado el enemigo, el resto eran aliados y compañeros de viaje en la transición. Lo inteligente, para evitar un golpe de Estado, era aislar a la oligarquía política y apoyar a la burguesía reformista. Cualquier otra opción estaba fuera de lugar. El capital financiero e industrial brindó su apoyo y financió la aventura política, en esa época agrupados en la Trilateral. Así surge el periódico El País, dirigido por Juan Luis Cebrián, franquista pragmático de última generación. Los gobiernos de Adolfo Suárez contaron con sus parabienes. Cuando ganó el PSOE, en octubre de 1982 –recuérdese, tras el golpe de Estado apoyado desde la Casa Real, conocido como la operación De Gaulle–, se ratificaron los acuerdos con el Vaticano, se renunció a la reforma agraria, tanto como a una restructuración del sistema universitario y educacional, cuestión que sigue pendiente en pleno siglo XXI y, lo más destacado, se dio el visto bueno a la OTAN y la CEE.

El mito de la derecha golpista y el búnker había cumplido su objetivo y podía ser desechado. Tras la caída de Adolfo Suárez se disolvió la Unión de Centro Democrático y se formó el Partido Popular, cuyo primer presidente, considerado hasta ese momento el más franquista de los franquistas vivos, Manuel Fraga Iribarne, se transformó en un político de centro derecha, padre de la Constitución y demócrata convencido. El nuevo partido, apellidado "popular", será la suma de socialcristianos, democristianos, liberales, conservadores, falangistas y franquistas. Su aparición busca atraer a las nuevas generaciones de la derecha española. Es el llamado peregrinaje al centro. Tras años en la oposición, el mal hacer de los últimos gobiernos de Felipe González y el PSOE, con los escándalos financieros, los GAL y la corrupción, facilitó su llegada al gobierno de la nación; corría el año 1996.

José María Aznar, político gris, se transformaría en el primer presidente de gobierno de la derecha posfranquista. Su llegada no alteró el itinerario diseñado por los grupos económicos y empresariales. Todo marchaba según lo previsto. Los cambios introducidos estaban a tono con los tiempos. Privatizaciones, desregulación y reforma del mercado laboral. La profundización de la receta neoliberal, impulsada en tiempos del PSOE, supuso un aumento de la conflictividad social y varias huelgas generales. Pero nada debutó la máquina. Haciendo oídos sordos, los políticos continuaron el itinerario marcado por el capital financiero, cuyo costo fue el recorte de derechos sociales, políticos y económicos de las clases trabajadoras.

Bajo la última etapa expansiva del capitalismo central, las reformas neoliberales se justificaron como necesarias para no perder el tren del progreso. Aznar se vanagloriaba de ser el alumno más listo de la clase, cumplía a rajatabla los designios del G-7, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Los empresarios, contentos, y la clase política obtenía matrículas de honor. Nadie se planteó quién era el profesor y cuál el plan de estudio. Aznar, alumno modelo, no formaba parte del claustro de profesores. Ni sus deseos de figurar y sentirse protagonista durante la segunda guerra del Golfo cambiaron su estatus; siguió siendo un alumno sumiso. Al final de su etapa, la burbuja financiera e inmobiliaria que sostenía la endeble economía española campaba a sus anchas. Crecía sin oposición alguna. La banca Sachs se frotaba las manos. Con la entrada de José Luis Rodríguez Zapatero, en 2004, las grandes empresas trasnacionales, clientes de Goldman Sachs, terminan por actuar bajo sus principios. En Estados Unidos Goldman Sachs ya gobernaba. La crisis la hizo más grande. En medio de la algarabía de las hipotecas basura y las primas de riesgo, pasaron a la ofensiva. Era el momento de invertir la relación entre poder económico y el político. Ahora serían ellos quienes asumieran directamente el poder formal. Sus asesores y empleados pasarían a ser secretarios de gobierno, ministros, diputados, etcétera. Los parlamentos se transforman en comparsas y bailan a ritmo de Telefónica, Repsol, Iberdrola, BBVA, Santander y su valedor Goldman Sachs. Nada más comenzar la recesión en España comenzaron a dar órdenes un gobierno débil y sin personalidad. Las reformas laboral y de pensiones, junto al despido libre y el trabajo basura se imponen sin rechistar. El triunfo del Partido Popular encumbra a un partido dependiente del Banco Central Europeo y la dupla Merkel, Sarkozy a Mariano Rajoy, otro alumno modélico, como inquilino de La Moncloa. Y para que no queden dudas de quién gobierna en España, nombrará a un asesor de Goldman Sachs como ministro de Economía. Y como señala el manual del banco, el ascenso de sus empleados "depende sólo de su capacidad del rendimiento y de la contribución al éxito de la empresa... No hay sitio entre nosotros para los que anteponen sus propios intereses a los de la firma... El lucro es importante para nuestro porvenir". Ya sabemos quién manda en España: Goldman Sachs, conocido bajo el apodo genérico de "los mercados". Corren malos tiempos para la ética política.
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