Medidas sanitarias, Estado policial y democracia.

A nivel mundial, las iniciativas para afrontar la expansión del covid-19 generan debates sobre las libertades y los derechos ciudadanos toda vez que se imponen severas restricciones y se utilizan las fuerzas armadas para supervisarlas. Algunas voces rechazan la comparación con Estados instalados como referentes de eficiencia.

 

Cuando la pandemia golpeaba con fuerza a China y había aún pocos casos en el resto del mundo, The New York Times titulaba: “China recurre a un control social al estilo de Mao para frenar el coronavirus”. El diario se empeñaba en contrastar las democracias occidentales con el régimen dictatorial de Beijing: “El gobierno chino ha llenado las ciudades y las aldeas de batallones de vecinos entrometidos, voluntarios uniformados y representantes del Partido Comunista para llevar a cabo una de las campañas de control social más grandes de la historia” (The New York Times, 15-II-20).

Un mes y siete días después, cuando la Oms anuncia que Estados Unidos “empieza a convertirse en foco de una pandemia que se acelera”, el tono de superioridad parece dar paso a una mayor cautela y al reconocimiento de que los países asiáticos han manejado la emergencia mejor que los europeos y que la propia superpotencia.

De hecho, cuando el presidente Donald Trump anunció el domingo 22 el despliegue de fuerzas armadas en Nueva York, California y Washington “para ayudar a los gobiernos regionales a enfrentar la crisis” y se definió a sí mismo como “un líder de tiempos de guerra”, los medios estadounidenses no lo condenaron con la misma energía que mostraron previamente ante el régimen chino.

Democracia y nación. 

Los medios rusos informan que para ayudar a Italia a combatir el coronavirusMoscú ha enviado a ese país un grupo de especialistasmilitares formado por unos cien médicos y biólogos del Ministerio de Defensa de Rusia.

“Tomó menos de 24 horas desde la conversación entre el presidente ruso y el primer ministro italiano hasta la salida del primer avión con carga a Roma. En sólo una noche, estos militares se reunieron en la región de Moscú, provenientes de toda la parte europea de Rusia”, destacó el historiador militar Dmitri Boltenkov (Sputnik, 23-III-20).

En un sentido similar se movilizó la ayuda de Cuba (véase “Nadie abandonado”, Brecha, 20-III-20) y de China a los países europeos. En los últimos días, Beijing ha enviado millones de tapabocas y otros suministros a varios Estados. China es “el único país capaz de suministrar mascarillas a Europa en tal cantidad”, sostuvo en un discurso la semana pasada el ministro del Interior checo, Jan Hamacek. Los chinos “son los únicos que pueden ayudarnos”, manifestó por su parte el 16 de marzo el presidente serbio, Aleksandar Vucic, al declarar el estado de emergencia. Vucic ha calificado al jefe de Estado chino, Xi Jinping, de “hermano” (El País, 21-III-20). El prestigio de China crece con los envíos masivos de material protector que escasea en el mundo.

Aunque no son los únicos países que ayudan a los afectados por la pandemia, Rusia, China y Cuba cuentan con regímenes que Occidente considera como “autoritarios” o simples dictaduras. Esta tensión está presente en numerosos análisis, con las más diversas conclusiones.

El escritor y periodista brasileño Diogo Schelp considera que las principales amenazas que revela la pandemia son la “propaganda engañosa” de gobiernos y medios, la asfixiante “vigilancia tecnológica”, la “restricción de la libertad de movimientos” y la “tentación autoritaria”, cuyos extremos estarían representados por Jair Bolsonaro y Biniamin Netaniahu (Uol, 23-III-20).

José María Lasalle, profesor de Derecho y exsecretario de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital de España, apunta: “Que China se muestre más eficiente es una mala noticia para la libertad” (La Vanguardia, 18-III-20). En su opinión, la actual crisis “puede acostumbrarnos a vivir en un marco de excepcionalidad normalizada que nos haga admitir que para afrontar los riesgos de la globalización son razonables pautas autoritarias que no admitan discusión”.

Autor del libro Ciberleviatán, cuyo título lo dice casi todo, Lasalle sostiene que el problema de la sociedad actual nace de que “hemos asumido que la salud pública es la prioridad y que, por tanto, la seguridad debe prevalecer sobre una libertad que ha perdido su dimensión pública para confinarse en un ámbito privado”. En gran medida esto sucede porque “vivimos en una sociedad de clases medias debilitadas en sus resistencias emocionales frente a la adversidad”, dice Lasalle.

En síntesis, la decisión de sacrificar la libertad por la seguridad, combinada con la recurrencia a la asistencia social, dibujan un panorama desolador para las libertades democráticas. Un planteo interesante, además, porque no coloca la deriva autoritaria en las alturas sino en el seno de la sociedad, que practica la cultura nada difusa del individualismo. El español concluye asegurando que el “tsunami de datos” que estamos liberando durante el confinamiento enriquece a las corporaciones tecnológicas.

Por su parte, Stephen Walt, profesor de Asuntos Internacionales de Harvard, sostiene que “el covid-19 va a crear un mundo que es menos abierto, menos próspero y menos libre. No tenía que ser así, pero la combinación de un virus mortal, planificación inadecuada y liderazgo incompetente han colocado a la humanidad en un camino nuevo y preocupante” (Foreign Policy, 20-III-20).

Eficacia y pueblo 

 

El analista de Asia Today residente en Seúl Andrew Salmon sostiene que Corea del Sur “ofrece un historial ejemplar de control de la pandemia sin pisotear las libertades más básicas y el comercio” (Asia Times, 18-III-20). Opone las medidas de Europa y Estados Unidos, que considera “francamente autoritarias”, a las de Corea del Sur, donde la irrupción del coronavirus fue, casi, imparable.

El país consiguió lo que Salmon define como “control democrático de desastres”, haciendo muchas pruebas (unas 20 mil diarias al comienzo de la epidemia), lo que le permitió detectar infectados y apostar al autocontrol. Aunque el daño económico existe, Corea del Sur, pero también Japón están transitando la pandemia sin cerrar la economía, con negocios abiertos y sin recurrir a la Policía para devolver a los viandantes a sus casas. Esto fue posible, en gran medida, por una cultura muy particular que lleva a los ciudadanos a aceptar las recomendaciones de la autoridad sin rechistar.

Este punto lo desarrolla el filósofo coreano, residente en Berlín, Byung-Chul Han, autor de numerosos best sellers de gran circulación entre las clases medias. Han sostiene que muchos Estados del Asia-Pacífico están influenciados por el confucianismo, que sus poblaciones valoran la autoridad y el orden. “Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado. Y no sólo en China, sino también en Corea o en Japón la vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente que en Europa. Sobre todo, para enfrentarse al virus, los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital” (El País, 22-III-20).

El filósofo agrega que en esos países no existe conciencia crítica ante la vigilancia digital y que no se menciona la protección de datos, incluso en democracias como Japón y Corea. En China, “no hay ningún momento de la vida cotidiana que no esté sometido a observación. Se controla cada clic, cada compra, cada contacto, cada actividad en las redes sociales. A quien cruza con el semáforo en rojo, a quien tiene trato con críticos del régimen o a quien pone comentarios críticos en las redes sociales le quitan puntos”, señala Han. La ironía es que esta vigilancia orwelliana, que el pensador coreano define como un “Estado policial digital”, “resulta más eficaz para combatir el virus que los absurdos cierres de fronteras que en estos momentos se están efectuando en Europa”.

Si la pandemia acelera la transición hacia la hegemonía global de Asia y China, como apuntan por ejemplo los intelectuales consultados por la revista estadounidense Foreign Policy, y como se deduce de la mayoría de los análisis independientes, podemos estar ante una elección ineluctable: seguridad y salud por un lado, democracia por el otro.

Sin embargo, no deberíamos reducir la disyuntiva actual a una opción entre los valores y las culturas de Occidente y de Oriente. Para quienes se ufanan de la superioridad de las democracias liberales occidentales, el sociólogo e historiador económico Immanuel Wallerstein nos recordaba que democracia y liberalismo no van a la par, sino que son opuestos: “El liberalismo se inventó para contrarrestar las aspiraciones democráticas. El problema que dio origen al liberalismo fue el de contener a las clases peligrosas”, ofreciéndoles un acceso limitado al poder político y cierto bienestar económico “en grados que no amenazaran el proceso de acumulación incesante de capital”.

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Sábado, 28 Marzo 2020 06:55

El irresistible retorno de los militares

El irresistible retorno de los militares

Bolsonaro en la cuerda floja

“Bolsonaro no gobierna más y Brasil vive una desobediencia civil”, escribió el columnista Merval Pereira en la edición del 26 de marzo del diario O Globo. No es cualquier periodista ni cualquier medio. Perteneciente a la cadena Globo, O Globo es el diario de mayor circulación de Brasil y Pereira es uno de los periodistas más cercanos a la familia Marinho, propietaria de la cadena.

 O Globo apoyó el golpe de Estado de 1964, mantuvo estrechos lazos con todos los gobiernos militares y fue opositor al gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva. Por eso, sus críticas a Bolsonaro pueden tomarse como un termómetro de lo que piensa el gran empresariado brasileño.

En rigor, el aún presidente de Brasil, o “antipresidente” como lo bautizó la periodista Eliane Brum, nunca tuvo una posición confortable.

Desde los primeros meses de 2019, apenas asumió la presidencia, fue el vice Hamilton Mourao, ex general de línea dura, el encargado de zurcir los desgarros diplomáticos que provocaba la incontrolable verborrea de Bolsonaro.

Pereira sostiene que el presidente “está aislado por propia elección”. En efecto, rompió con su propio partido, el PSL, con el que llegó al gobierno, con el Congreso, con todos los gobernadores y, por si fuera poco, con el principal cliente comercial de Brasil, China.

Pero el dato más novedoso, disparado directamente por la banalidad en el manejo por el presidente de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, es lo que Pereira denomina como “un movimiento de desobediencia civil instalado en el país”.

A mediados de marzo comenzó una cadena ininterrumpida de cacerolazos en las mayores ciudades, en respuesta a la minimización presidencial de los impactos del coronavirus.

Bolsonaro dijo que la crisis “pasará en breve”, que es apenas “un resfriadito” y que no ve motivo para cerrar las escuelas pues el impacto principal es con los mayores de 60 años.

Más bruto aún: “El brasileño bucea en las alcantarillas y no le pasa nada”.

Fue un golpe al mentón a la credibilidad de las clases medias urbanas en la ciencia, en las recomendaciones de aislamiento social de la OMS y en lo que vienen haciendo los gobiernos del mundo.

El ruido de las cacerolas

En Sao Paulo, por ejemplo, los cacerolazos se produjeron en los mismos barrios de clase media donde Bolsonaro obtuvo casi un 80 por ciento de los votos 18 meses atrás.

A mi modo de ver, los cacerolazos alertaron a la mayoría del empresariado, a los grandes medios y a un sector de las fuerzas armadas, sobre la gravedad de la situación.

Incluso un medio tan conservador como O Estado de Sao Paulo, cercano a las fuerzas armadas, editorializó el mismo 26 marzo, en tono incendiario: “El presidente parece desear ardientemente la confrontación –con los gobernadores, con el Congreso, con los medios y hasta con miembros de su propio gobierno ̶ para crear un clima favorable a soluciones autoritarias”.

El diario llama a los brasileños a “desconsiderar totalmente lo que dice el jefe de Estado”, en particular su insólito llamado a romper la cuarentena y volver a la “normalidad”. Se especula con que puede llegar a disolver el Congreso e instalar un gobierno dictatorial.

Un día antes, el martes 25, el diario Valor Económico, portavoz de los intereses financieros e industriales, vinculado a Folha de Sao Paulo, el otro gran medio brasileño, publicó una columna titulada “Carta de renuncia”, firmada por la periodista María Cristina Fernández.

En ella aparece un dato fundamental. Se estaría articulando una “salida elegante” de Bolsonaro, en la que estarían de acuerdo incluso los militares, a cambio de la amnistía a sus hijos, Carlos, Eduardo y Flavio, conocidos como 01, 02 y 03.

Asoma un general

Los tres pueden ser acusados por diversos delitos ante la justicia, incluso del asesinato de Marielle Franco, por el estrecho contacto que Flavio tenía con los asesinos (El País, 9 de febrero de 2020).

El gran vencedor de esta pulseada sería el vice Mourao, quien días atrás tomó distancia de las declaraciones del presidente sobre el coronavirus, y de ese modo quedó en posición de convertirse en su sustituto.

Una de las claves la dio el gobernador de Goiás, Ronaldo Caidado, del derechista DEM, un aliado de primera hora del presidente que ahora lo acusa de irresponsable y de “lavarse las manos responsabilizando a otras personas por un colapso económico”.

“Un estadista tiene que tener coraje suficiente para asumir las dificultades”, sentenció Caiado.

Es exactamente el perfil de Mourao. Férreo defensor de la dictadura militar (1964-1985), Mourao fue separado del Comando Militar del Sur, uno de los más poderosos del país, por las críticas públicas que hizo en 2015 al gobierno de Rousseff.

En 2017, cuando gobernaba Michel Temer, pidió una “intervención militar” que acabase con la corrupción de la clase política en Brasil (La Nación, 6 de agosto de 2018).

En medio de la crisis, el Comandante del Ejército, general Edson Leal Pujol, publicó un video dirigido a los militares en el que asegura que el combate al coronavirus “puede ser tal vez la tarea más importante de nuestra generación”.

Mirar hacia atrás para mirar hacia adelante

Militares que en la década de 1960 consideraron que su principal tarea era el combate al comunismo, se prestan ahora a retornar al poder con la excusa, igualmente precaria, de “salvar al pueblo y a Brasil”.

Si la crisis política se encaminara hacia un gobierno presidido por el general Mourao, estaríamos ante una paradoja: 35 años de democracia electoral desembocaron en el retorno completo de las fuerzas armadas al gobierno, que ya cuentan con más de cien de los suyos en los escalones más altos de la administración.

Sería algo así como un “gobierno militar democrático” para gestionar un “Estado policial digital”, un modelo que se está probando exitoso para los intereses del 1 por ciento más rico durante esta crisis sistémica.

El desafío, y el problema, es que Brasil suele marcar tendencias en el continente.

Los trabajadores y los sectores populares deberemos re-aprender a luchar en condiciones de represión, control policial-militar de la sociedad y de precariedad material en la vida cotidiana.

Un retorno a la década de 1960, cuando organizarse implicaba riesgos que sólo podían afrontarse con fraternidad, solidaridad e integridad ética.

Por Raúl Zibechi27 | 03 | 2020, 14:31

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Cuarentena por la vida: ¿y la vida de las mujeres?

Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos donde el agua de nuestros ojos se hace lodo; arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos, de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir (Gioconda Belli)

El aislamiento preventivo obligatorio es una necesidad sanitaria incuestionable: es alta la capacidad de contagio del nuevo covid19 y, la necesidad de disminuir la curva de contagios para no colapsar al sistema de salud. Sin embargo, la obligatoriedad del confinamiento en los hogares, revela que, paradójicamente a la urgencia sanitaria, hay una inviabilidad social para realizar tal medida, aun más, si se espera que ese periodo sea esencial para la protección de la propia vida.   De ahí, dos cuestiones emergen frente a la problemática del proceso de aislamiento en los hogares: las necesidades materiales de existencia que no pueden ser solventadas por quienes viven de lo que reciben diariamente en el trabajo informal o precariamente en el “rebusque” y, la violencia de género que ocurre en el ámbito intrafamiliar. Ambas, vivenciadas por la mayor parte de la población colombiana, luego, no estamos hablando de problemas marginales.

En el marco del Área de Estudios en Familia de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia - línea de Conflicto, dinámicas sociopolíticas y violencia - ese breve texto se detiene en el segundo problema, sufrido por las mujeres en las familias.

 Cuando se anunció en Bogotá el simulacro de aislamiento y, luego, la cuarentena obligatoria en todo el país, los movimientos de mujeres denunciaron unviejo conocido: el hogar y la familia, en la Modernidad Occidental identificados como un espacio de afecto y cuidado, son para las niñas y para las mujeres, un espacio de sufrimiento de múltiples violencias que pasan por el trabajo ininterrumpido, las humillaciones, la renuncia o el aplazamiento de sus proyectos personales, hasta las agresiones físicas, las violaciones sexuales y el feminicidio.

Es por eso que llama la atención el discurso oficial reiterado por la prensa de que todos deben utilizar ese periodo para convivir y disfrutar de la compañía de quienes en la cotidianidad de la vida se ven alejados por las dinámicas intensas de trabajo y estudio. Es emblemático porque, son completamente ignorados, de un lado, el conflicto y las tensiones inherentes a las relaciones humanas, que pueden agudizarse en un contexto de encierro y, de otro, la violencia vivida a diario por las niñas y las mujeres en el país.

El referente paradigmático toma la familia como un espacio armónico y equilibrado (muy distante de la realidad de los hogares) y, la violencia de género en ese ámbito, cuando evocada, es vista como una disfunción de determinadas familias o como un problema aislado.

Sin embargo, el Instituto de Medicina Legal, en 2018, reveló lo que sigue invisible: de los más de 22 mil casos de presunto delito sexual registrados, un 75% fue de niñas entre 0 y 14 años siendo 87% practicado por un familiar. Más de 42 mil mujeres realizaronvaloraciones médico legales por la violencia de pareja sufrida. 67% de los casos fueronpoli traumáticos, y uno de cada cuatro, con trauma facial o de miembros. Lo que se revela, por lo tanto, es la intensa barbarie que ocurre en los hogares. Sumase que, para cada mujer que realiza una denuncia formal, otras tres no la hicieron.

En el marco de las investigaciones realizadas en la línea de violencia de nuestra área de Estudios de Familia, la investigación “Mujeres en condición de desplazamiento forzado y (no) violencias” encontró que muchas mujeres víctimas del conflicto armado se desplazaron forzosamente por la primera vez en sus vidas, no para huir de la guerra sino para huir de sus parejas que las amenazaban la vida (Solyszko, Beltrán, 2019). Otra investigación, realizada con mujeres profesionales en Bogotá, encontró que son múltiples los escenarios de violencia psicológica vivenciados por las mujeres en el ámbito de las relaciones de pareja, que puede ir desde el control y humillación, hasta el chantaje, la manipulación, el terror y la tortura (Alonso, 2020). En un tercero ejercicio investigativo sobre esas violencias, ahora sobre las mujeres embarazadas, se identificó que ese periodo de la vida puede estar marcado (y lo estuvo en las mujeres entrevistadas) por vivencias de violencia conyugal que en ningún momento se pueden catalogar como leves o invisibles, lo que hizo en la mayoría de los casos la construcción de una maternidad dolorosa y sacrificante(Hernández, 2019).

Eses problemas que vienen siendo analizados por nuestra línea de investigación nos llevan a cuestionar las formas de enfrentamiento a la violencia, el protagonismo de los sujetos, el lugar de los hombres y las masculinidades para superar esas dinámicas, pero sin duda, pensarnos cómo podemos cambiar las prácticas sociales, construirnos otras formas de vida, afectivas, amorosas, que no transforma las diferencias en desigualdades, ni los conflictos en violencia.

El aislamiento preventivo no es un tiempo seguro para las niñas y para las mujeres. Pero seguramente es una demanda a las respuestas del Estado en las rutas de atención a la violencia y en las sanciones necesarias, pero principalmente, una invitación a replantear nuestras relaciones sociales de género, la humanización de las mujeres como agentes de su historia, y no como vidas y cuerpos a disposición de los demás. Así como es urgenteimpedir la propagación del covid19, lo es detener las violencias contra las mujeres. Un “virus” más antiguo y más peligroso que aún no fuimos capaces de controlar.

 

Referencias:

Alonso, Karen (2020). Mi identidad en reconstrucción: Mujeres en situación de violencia psicológica. Trabajo de grado. Hernandez, Angye Tatiana (2019). Trabajo de campo. Representación de sí misma en la maternidad de mujeres jóvenes con vivencias de violencia. Trabajo de grado en curso. Solyszko, Izabel; Beltrán, Betky Juliana (2019) Mujeres en condición de desplazamiento forzado y (no) violencias (publicación en curso). Instituto de Medicina Legal (2018). Revista Forensis. Bogotá-DC.

Izabel Solyszko, trabajadora Social. Doctora en Trabajo Social. Post Doctora en Género y Desarrollo. Docente investigadora em la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia. Integrante del Área de Estudios de Familia.

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La presidenta taiwanesa, Tsai Ing-Wen, participa en un evento en Los AngelesRingo Chiu / Reuters

A pesar del último choque en torno a Taiwán, los dos mandatarios expresan mensajes de distensión sobre la crisis del coronavirus

La isla de Taiwán se ha convertido este viernes en el último motivo de fricción entre China y Estados Unidos, dos países en desacuerdo que, sin embargo, han mostrado en las últimas horas distensión en torno a la crisis del coronavirus, a través de una conversación entre Donald Trump y Xi Jinping. Después de que el presidente de EE UU firmara una ley que exige a su país aportar un mayor apoyo internacional a la isla, Pekín ha amenazado con represalias si la medida llega a aplicarse en algún momento. Mediante la nueva ley, que ha recibido amplio respaldo en el Congreso tanto entre republicanos como demócratas, el Departamento de Estado de EE UU tendrá que informar regularmente al Capitolio de sus pasos para fortalecer las relaciones internacionales de Taiwán, la isla autogobernada que China considera parte de su territorio y con la que Washington mantiene intensos lazos, aunque no relaciones diplomáticas formales.

El roce entre los dos países llega en momentos de tensión entre ambos debido a la gestión de la Covid-19 y reproches mutuos en torno a la manera de referirse al virus -“virus chino”, lo ha llamado el presidente Donald Trump- y su origen. Pekín insiste en que, aunque los primeros casos se detectaron en la ciudad china de Wuhan, “no necesariamente” la transmisión al ser humano comenzó allí. Un portavoz de Pekín llegó a sugerir que el patógeno podría tener origen estadounidense.

En una conversación telefónica entre Xi Jinping y Trump este viernes, el presidente chino lanzó un llamamiento al inquilino de la Casa Blanca a la unidad frente al coronavirus, que ya ha infectado a más de medio millón de personas en el mundo y ha causado la muerte a más de 23.000. Según informó la agencia estatal de noticias Xinhua, el líder chino pidió “una respuesta colectiva de la comunidad internacional” para hacer frente a la crisis sanitaria. Xi añadió que China “no perdió el tiempo” y “compartió inmediatamente la secuencia genética del virus con Estados Unidos y la Organización Mundial de la Salud”. Trump, en un tono conciliador, manifestó tras la charla que “China ha desarrollado una sólida comprensión del virus” y que los dos países están trabajando “estrechamente juntos”.

La medida que ha provocado el nuevo roce, denominada Ley de Iniciativa para la Protección Internacional y Mejora de los Aliados de Taiwán también obliga a EE UU a “alterar” su relación con los países que perjudiquen la seguridad o la prosperidad de Taiwán.

En la rueda de prensa diaria del Ministerio de Exteriores chino, el portavoz Geng Zhuang acusó a Estados Unidos de injerir de manera “burda” en los asuntos internos chinos con esta ley, que consideró que viola el Derecho Internacional y puede impedir que otros países desarrollen una relación normal con Pekín.

“Instamos a Estados Unidos a corregir sus errores, no poner en marcha esa ley u obstruir el desarrollo de relaciones entre otros países y China”, indicó Geng. “De otro modo, encontrará inevitablemente una respuesta decidida de China”, agregó el portavoz, que no aportó más detalles.

La isla, un Estado de hecho, mantiene relaciones diplomáticas con una quincena de países. Desde la llegada al poder en 2016 de la presidenta Tsai Ing-wen -reelegida este año-, acusa a Pekín de intentar arrebatarle estos aliados, la mayoría de ellos en América Latina o naciones isleñas del Pacífico, además del Vaticano. En las últimas semanas, cuando ha empezado a quedar controlada la epidemia de coronavirus en China, donde se detectaron los primeros casos, el Ejército chino ha intensificado sus maniobras militares en torno a la isla. China nunca ha renunciado a la fuerza como medio para lograr la unificación.

Pekín - 27 mar 2020 - 07:25 COT

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Viernes, 27 Marzo 2020 06:42

Un precio para la cabeza de Maduro.

Un precio para la cabeza de Maduro.

 Estados Unidos ofrece 15 millones de dólares para capturarlo

El nuevo paso dado por EE.UU. coincide con la acusación del gobierno venezolano de la activación de un nuevo plan golpista.

 

Desde Caracas.15 millones de dólares, es el precio ofrecido por la justicia norteamericana para quien brinde información “que puedan llevar a la detención y arresto” del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. 10 millones son ofrecidos en el caso de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, y otros dirigentes actuales, como Tareck El Aissami, y ex funcionarios.

Han quedado así procesados por el Departamento de Justicia norteamericano, un anuncio que fue hecho por el Fiscal General, William Barr, junto a fiscales federales de tribunales de, entre otros, Nueva York y Florida. “Tengo un mensaje para los altos cargos del chavismo: la fiesta se les está acabando”, dijo, por ejemplo, Ariana Fajardo, fiscal para el sur de Florida.

Dentro de los acusados se encuentran también Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, Maikel Moreno, presidente del Tribunal Supremo de Justicia.

La acusación es por narcoterrorismo. Barr señaló que el gobierno venezolano busca “inundar a Estados Unidos (EEUU) con cocaína”, y que ha enviado entre 200 y 250 toneladas de cocaína, lo que equivale, explicó, a 30 millones de dosis. Esa operación de “inundación” estaría coordinada, según explicó, con el sector de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que retomaron las armas.

La acusación, sin embargo, no se sostiene según datos internos a EEUU, donde aparece que alrededor del 90% de la cocaína con destino a los EEUU se trafica a través de las rutas del caribe occidental y el pacífico oriental, y no a través de los mares del caribe oriental de Venezuela.

La razón esgrimida para ponerle precio a la cabeza del presidente venezolano y a Cabello, con un rol de liderazgo central dentro del chavismo, cumple el rol de argumento formal para justificar una declaración de nuevo punto de no retorno en el ataque contra el gobierno venezolano.

El nuevo paso dado por EEUU sucede en simultáneo con la acusación del gobierno venezolano del intento de activación de un nuevo plan golpista. El presidente denunció que el 23 de marzo había sido incautado un cargamento de armas en Santa Marta, Colombia, que iba con destino a Venezuela.

Esa denuncia tuvo un giro inesperado pocas horas después del anuncio del Departamento de Justicia norteamericano: Cliver Alcalá, un mayor general prófugo en Colombia señalado varias veces por su participación en tramas golpistas, reconoció públicamente estar detrás de las armas incautadas que iban a ser “para hacer una unidad militar que se conformó con la idea de libertar al país y eliminar quirúrgicamente los objetivos”.

Las declaraciones de Alcalá revelaron no solamente su participación protagónica, sino la de Juan Guaidó que, según explicó Alcalá, “firmó un contrato en Colombia con asesores norteamericanos” para la compra de las armas. El prófugo afirmó que el gobierno colombiano estaba al tanto de la operación.

La particularidad de la declaración de Alcalá es que se trata de una de las personas a las cuales el gobierno norteamericano puso precio a su cabeza junto con la de Maduro y Cabello. Es decir, que luego de la denuncia del Departamento de Justicia en su contra, decidió revelar la existencia del plan y de varios de sus actores.

Al respecto, Jorge Rodríguez, ministro de comunicación, explicó que Alcalá habría sido incluido en la lista por no haber logrado acelerar los objetivos de las operaciones militares. En cuanto a su confesión, se debió, explicó Rodríguez, al temor de ser asesinado, como el mismo Alcalá denunció: “estoy en mi casa, no estoy huyendo, me informaron de la posibilidad de un falso positivo”, es decir un asesinato.

Esta serie de acontecimientos pusieron entonces sobre la mesa tres puntos. En primer lugar, que EEUU profundizó la apuesta en el intento de derrocamiento contra Maduro a través de acciones de fuerza. En segundo lugar, que esas operaciones están en marcha, tienen a Colombia como territorio principal de preparación y asesores norteamericanos en el mando. Y, por último, que una de esas operaciones centrales logró ser frenada.

Esa política norteamericana sucede a contracorriente de las voces internacionales que piden que, ante el escenario de pandemia, exista una descompresión contra Venezuela. Así, por ejemplo, la Alta Comisionada de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, afirmó: “en este momento decisivo, las sanciones sectoriales deberían atenuarse o suspenderse”.

En ese mismo sentido, Josef Borrell, canciller de la Unión Europea, sostuvo: “Hemos acordado apoyar la solicitud de Irán y también de Venezuela al FMI para tener apoyo financiero (…) se encuentran en una situación muy difícil especialmente debido a las sanciones estadounidenses que les impiden obtener ingresos por la venta de petróleo”.

Sin embargo, en un cálculo de crisis de coronavirus, disputas geopolíticas, y campaña electoral, la política norteamericana encabezada por Donald Trump no solamente no descomprime el bloqueo, sino que acelera y pone precio público a la cabeza de la dirección del gobierno venezolano. 

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Jueves, 26 Marzo 2020 06:55

¿A quién vamos a matar?

¿A quién vamos a matar?

Las formas de producción, distribución y consumo propias del capitalismo son las que están generando la crisis climática, no el mero aumento de la población. Sin embargo, la desinformación o el desconcierto ante el covid19 ha dado relevancia a discursos teñidos de la peligrosa ideología del ecofascismo.

Un jabalí pasea tranquilamente por la calle Balmes, en Barcelona. Atraviesa una Diagonal desierta y silenciosa y sigue su camino. Alguien lo graba con el móvil y lo sube a las redes sociales. En pocos minutos, el vídeo acumula miles de reproducciones. La imagen es hermosa, pero también inquietante. Se parece demasiado a las escenas apocalípticas que hemos visto cientos de veces en el cine y la televisión. El vídeo se viraliza en unos minutos y comienza a extenderse por Twitter, por Facebook, por WhatsApp. No es el único de este tipo que ha circulado por las redes sociales en los últimos días. Hemos visto también pavos reales en las calles de Madrid, delfines en el puerto de Cagliari, peces en los canales de Venecia. Los vídeos aparecen acompañados de comentarios. Un buen número de ellos afirma que esas imágenes son la prueba de que la verdadera pandemia es el ser humano, que el verdadero virus somos nosotros.

No es la primera vez que leemos este tipo de afirmaciones desde la extensión del covid19. La reducción de los niveles de contaminación en Wuhan, el primer foco de extensión de la pandemia, también fue interpretada por un buen número de usuarios de las redes sociales como una prueba de que el planeta se defendía de la nocividad del ser humano creando una enfermedad para la que no teníamos cura. La Tierra se purgaba de la plaga humana. Gaia se vengaba de nosotros.

La mayoría de estos tuits y posts no tenían una reflexión estructurada detrás. Eran simples comentarios rápidos que mezclaban ecologismo mal entendido, culpa judeocristiana y cultura de la distopía. Sin embargo, aunque las personas que los lanzaban a las redes no fueran conscientes de ello, compartían un marco de pensamiento peligroso. No solo porque eran tremendamente insensibles con el sufrimiento de miles de personas que están viendo enfermar y morir a sus seres queridos, que están luchando ellos mismos contra el virus o que están afrontando despidos y pérdida de ingresos, sino también porque contribuían a extender el sustrato necesario para el desarrollo de una ideología peligrosa, el ecofascismo.

Las semillas del ecofascismo

Detrás de la afirmación de que el ser humano es una plaga para el planeta está la idea de que la solución a la crisis ecológica es la eliminación de parte de la población. En este marco de pensamiento, lo que se identifica como causa de la crisis es el exceso de seres humanos, por lo que la muerte de una buena cantidad de ellos sería la única posibilidad de restaurar el equilibrio ecológico.

La pregunta entonces es ¿quién va a morir? Parece difícil creer que las personas que defienden este tipo de ideas estén pensando en organizar el suicidio colectivo de su familia o asesinar a sus amigos. Lo más probable es que piensen que eso no va a sucederles a ellos, que van a estar en el grupo de población que no se vea afectado por esa medida. ¿A quién vamos a considerar “desechable” entonces? ¿Qué población vamos a eliminar? En una sociedad capitalista parece bastante plausible que se esgrimiesen criterios de productividad y meritocracia, que en realidad solo encubrirían una tremenda violencia de clase contra los de más abajo. Los “desechables” probablemente serían los expulsados del sistema, como las personas sin techo, los inmigrantes ilegales o los habitantes de poblados chabolistas y barriadas de infraviviendas. Esto puede parecer exagerado, pero basta un vistazo a la historia de violencia contra estos colectivos para darnos cuenta de que no es tan lejano.

Otra posibilidad sería que, desde esta ideología ecofascista, se quisiese aplicar un criterio demográfico. En la actualidad, la zona del mundo que presenta una mayor tasa de crecimiento de población es el África subsahariana, así que parece bastante probable que los países occidentales quisieran externalizar el exterminio de población a esta zona. La historia de violencia colonial niega cualquier tentación de considerarlo exagerado.

Más allá del exterminio directo de la población, se podrían optar por medidas como la esterilización. De nuevo, surge la misma pregunta ¿las personas que piensan que el ser humano es una plaga están considerando esterilizar a sus amigos, a sus seres queridos? ¿A quién vamos a esterilizar? Las esterilizaciones masivas tampoco son nuevas en la historia, ni ajenas a las democracias liberales: el Perú de Fujimori esterilizó sin consentimiento a 300.000 personas, la mayoría mujeres indígenas, entre 1996 y 2001; Japón esterilizó a 25.000 personas con enfermedades hereditarias o diversidad funcional entre 1948 y 1996 gracias a la Ley de Protección de la Eugenesia que buscaba “un Japón mejor”; Estados Unidos esterilizó forzosamente a más de 60.000 personas en la primera mitad del siglo XX, gracias a leyes de eugenesia que daban potestad a los funcionarios públicos para esterilizar a personas consideradas “no aptas” para tener hijos, la mayoría mujeres negras, indias, latinas y con diversidad funcional. Y podríamos seguir con decenas de ejemplos más por todo el mundo.

Otra posibilidad sería establecer políticas de limitación del número de hijos, como la política del hijo único vigente en China durante varias décadas. Sin embargo, con una natalidad desplomada en Occidente, lo más probable es que de nuevo esto se aplicase, haciendo uso de un alto grado de violencia colonial, a las zonas del mundo que tienen una tasa de fecundidad superior a la tasa de reposición, como África subsahariana o Asia occidental.

Si seguimos el razonamiento de muchos de los comentarios en redes sociales, parece que es el propio planeta el que se va a hacer cargo de la “purga” de la población a través de pandemias y enfermedades. Esto va bien para descargarnos de la responsabilidad de tener que asesinar o esterilizar, pero lo cierto es que es bastante absurdo. El planeta no es un ente con capacidad de pensar, no hace planes, no se venga del daño que le han causado los humanos. Esta especie de ecofascismo místico que antropomorfiza al planeta no solo no resiste ningún tipo de razonamiento lógico, sino que además es bastante desconsiderado con el sufrimiento de enfermos y familiares. Tienes que ser una persona bastante terrible para decirle a alguien que acaba de perder a su madre que en realidad es un sacrificio de Gaia.

Desviar el foco

El marco ideológico del ecofascismo no es ajeno a algunos de los principales partidos de extrema derecha europeos. El Frente Nacional de Marine Le Pen o el Fidesz de Viktor Orban ya han hablado en varias ocasiones de la necesidad de endurecer el cierre de fronteras como medida de lucha contra el cambio climático. En una entrevista hace unos meses, Le Pen argumentaba que la preocupación por el clima es “inherentemente nacionalista” y que los “nómadas”, como llama a los migrantes, “no se preocupan por el medio ambiente porque no tienen patria”. De momento, las medidas que proponen no incluyen el exterminio o la esterilización forzosa de la población, pero parece irresponsable alimentar en redes el sustrato de este marco ideológico. Al fin y al cabo, solo hay un paso entre uno y otro, y la experiencia histórica ya nos advierte de lo sencillo que es recorrerlo.

Pero además de contribuir a extender las semillas del ecofascismo, los comentarios que señalan el exceso de población como causa de la crisis ecológica también desvían el foco del problema principal: el capitalismo. Las formas de producción, distribución y consumo propias del capitalismo son las que están generando la crisis climática, no el mero aumento de la población. Esta misma población, con otra forma de organización social, podría vivir de forma sostenible.

Un estudio publicado en la revista Nature en enero de este mismo año mostraba que el planeta sería capaz de alimentar a 10.000 millones de personas, casi 3.000 millones más que en la actualidad, sin sobrepasar los límites ecológicos. Para ello, claro, serían necesarios cambios en la producción y en la dieta, como el descenso en el consumo de carne, la sustitución de unos alimentos por otros o la reducción del regadío y la fertilización química en determinadas zonas del planeta. El informe partía de un escenario capitalista, por lo que es fácil imaginar lo que podríamos hacer en otro escenario.

Responsabilizar de la crisis climática al conjunto de la población por igual también supone desviar el foco del problema de clase. La realidad, sin embargo, es que el 10% de la población más rica del planeta genera la mitad de las emisiones derivadas de los hábitos de consumo. La mitad más pobre del planeta, en cambio, solo contribuye con un 10%. Las medidas destinadas a reducir la población parecen poco efectivas para hacer frente a una contaminación que es producida de forma mayoritaria por un conjunto bastante pequeño de la población mundial.

Si de verdad nos preocupa la crisis ecológica y esta no es una mera excusa para imponer políticas de cierre de fronteras y control de la población, deberíamos poner el foco en las relaciones de producción y consumo capitalistas y no en la cifra global de población. Y si nos preocupan las tasas de natalidad de algunas zonas del planeta ─según los datos de la ONU la global ya descendió hasta el 2,3 mujeres por hijo, muy cerca de la tasa de reposición de 2,1─ deberíamos hacernos fervientes feministas, porque si algo nos ha demostrado la experiencia histórica es que las tasas de natalidad descienden cuando las mujeres tienen el control sobre sus propios cuerpos y pueden acceder libremente a métodos anticonceptivos y a abortos seguros.

No necesitamos medidas de control de la población ni esterilizaciones masivas, y tampoco necesitamos pandemias que lo hagan por nosotros. Necesitamos acabar con un sistema de producción y consumo que está llevándonos a una crisis ecológica sin precedentes y que ha supuesto ya el exterminio de cientos de miles de especies. Necesitamos entender que el capitalismo es un sistema fracasado que no es capaz de garantizar la supervivencia en el planeta y que debe ser sustituido por otra forma de organización social. Frente al riesgo de la extensión del ecofascismo, necesitamos articular un ecosocialismo que será necesariamente diferente del socialismo del siglo pasado, pero que nos permitirá garantizar la supervivencia de todos los habitantes del planeta ─humanos y no humanos─ y asegurar la mejor de las vidas posibles para todos, no solo para unos pocos. Quizá, como decía el filósofo Jason Read hace unos días, la elección del siglo XXI ya no es entre socialismo o barbarie, sino entre socialismo o extinción.

Por Layla Martínez

25 mar 2020 06:01

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Coronavirus: Bolsonaro dice que Brasil puede "salir de la normalidad democrática"

Sostuvo que "el caos aparece en el horizonte"

El presidente brasileño repitió que hay que salir a trabajar porque el Covid-19 es una enfermedad de gravedad menor, una "gripecita".  Se multiplicaron los cacerolazos en su contra y los pedidos de impeachment.

 Desde Brasilia. Jair Bolsonaro afirmó (más bien amenazó) que la democracia corre el riesgo de "acabarse" si la crisis causada por el coronavirus desemboca en una "caos". "Lo que pasó en Chile va a ser una ´fichita´ ( nimiedad) al lado de lo que puede acontecer en Brasil, todos vamos a pagar un precio que llevará años para ser pagado, si no es que Brasil sale de la normalidad democrática".

Está en vilo "esa normalidad que ustedes tanto defienden, nadie sabe lo que puede pasar en Brasil", repitió dirigiéndose con desprecio este miércoles por la mañana a un grupo de periodistas apostados frente al Palacio de Alvorada .

Lo dijo durante una conferencia de prensa en la que hubo una serie de consultas sobre el avance del coronavirus , que en poco más de una semana pasó de cuatro a cincuentaysiete víctimas fatales , lista que incluye el primer fallecimiento en la región amazónica, un cuadro sanitario alarmante frente al cual algunos gobernadores decretaron la cuarentena para contener los contagios.

Bolsonaro habló de la dolencia pero demostró que su intención era poner el acento en la zozobra democrática que podría avecinarse. "Brasileños despierten ante la realidad (..) si no nos despertamos ante la realidad en pocos días , dejo claro, en pocos días, puede ser demasiado tarde (...) el caos aparece en el horizonte".

El desprecio por las instituciones es intrínseco al capitán retirado del ejército, quien con frecuencia evoca las dictaduras brasileña y chilena, y a lo largo de sus primeros quince meses en el gobierno se ha dedicado a erosionar lo que aún resta de democracia. Paradójicamente esta crisis de salud pública, que está en condiciones de devorar a su gobierno, al mismo tiempo puede ofrecerle a Bolsonaro una oportunidad para atizar el caos del cual sabe sacar provecho.

El especialista en derecho penal José Carlos Portella, miembro de Abogadas y Abogados por la Democracia, definió al mandatario como un "animal agonizante en el poder intentando salvar su último suspiro de vida tal vez arrastrando consigo a mucha gente hacia la tumba".

El ocupante del Palacio del Planalto ya ha cometido varios delitos que justifican un impeachment, entre ellos varias de sus medidas respecto al Covid-19 , apuntó Portella al sitio Brasil Actual, ligado a la Central Única de los Trabajadores (CUT).

El periodista Bernardo Mello Franco escribió en el diario conservador O Globo que "Bolsonaro usa el coronavirus para hacer una amenaza explícita a la democracia".

El caso es que el mandatario de ultraderecha comienza a ser visto como una rareza mundial: se opone a la cuarentena con el mismo autismo con que rechaza implementar medidas económicas de salvataje para los desocupados y los trabajadores que perderán sus empleos, iniciativas a las que están apelando hasta los gobiernos conservadores y centristas de los países de economías más desarrolladas. Incluso el própio Donald Trump , de quien Bolsonaro es devoto, acepta liberar fondos para campear la crisis.

En su carrera desestabilizadora ( en la que confía sacar partido) el presidente carga contra trabajadores y partidos populares y democáticos, pero al mismo tiempo lo hace contra dirigentes derechistas que hasta poco tiempo atrás fueron sus aliados como el gobernador de San Pablo, Joao Doria, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) y Wilson Witzel, jefe del gobierno de Rio de Janeiro, del Partido Social Liberal (PSL).

A Doria y Witzerl los calificó como "demagogos" por haber determinado la suspensión de las actividades económicas y cierre de escuelas, para evitar que la población circule por San Pablo y Rio de Janeiro.

Alegó que el aislamiento en masa derivará en un parate de la economía, desocupación y descontento. Durante una videoconferencia con gobernadores finalizada el miércolese al mediodía el mandatario no se privó de ataques casi ofensivos que lo aislan cada vez más, generando un vacío político considerable.

En ese sentido hoy repitió parte lo dicho en cadena de radio y televisión el martes por la noche: hay que salir a trabajar porque el virus es una enfermedad de gravedad menor, una "gripecita".

El mensaje en cadena por reprobado por sonoros cacerolazos en San Pablo, Rio de Janeiro, Brasilia, Porto Alegre y prácticamente todas las capitales del país. Desde los balcones de barrios de clase media y media alta se gritó , con bastante enojo, "Fuera Bolsonaro" e "Impeachment".

La protesta ocurrida ayer en Brasilia tuvo una magnitud inédita abarcando varias regiones de la capital que hasta ahora se habían mantenido indiferentes.

Todavía no se tiene una dimensión de la repulsa en barrios pobres, pero hay noticias iniciales de desconento en algunas barriadas de Rio de Janeiro, donde hubo una serie de reuniones de la Central Unica de Favelas. En Rio y San Pablo viven unos 2,7 a 3 millones de favelados a quienes el virus golpeará más duro por la fa falta de saneamiento y hacinamiento de las viviendas.

Este martes fue el octavo día seguido de protestas con tachos y cacerolas, de miles de indigados (quizas cientos de miles ) que se manifestaron desde casa ante la imposibilidad de ocupar las calles debido a la cuarentena.

Mientras tanto el Partido de los Trabajadores, la CUT y los campesinos sin tierra comenzaron a organizar un cacerolazo que promete ser ensordecedor para el 31 de marzo, aniversario del golpe militar de 1964. 

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China, cada vez más segura de sí misma ante un mundo en crisis

Las expulsiones de corresponsales estadounidenses evidencian cómo la confianza de China aumenta mientras el mundo se enfrenta al coronavirus

El 18 de marzo, Pekín anunció la expulsión de los corresponsales de los periódicos más importantes de Estados Unidos, concretamente The New York Times, The Wall Street Journal (WSJ) y The Washington Post. A simple vista, la decisión adoptada por el Gobierno de Xi Jinping forma parte del pulso entre China y Estados Unidos por el control de los periodistas extranjeros. Pero hay algo más.

La medida cogió a los periódicos por sorpresa. El Ministerio de Asuntos Exteriores de China decretó la expulsión de los corresponsales de los medios anteriormente citados cuyas acreditaciones expirasen a finales de 2020. Pekín actuaba en represalia, tal y como explicó, por una decisión tomada a principios de año por la Administración Trump, que limitó el número de periodistas de medios estatales chinos autorizados a trabajar en Estados Unidos. Los obligó a registrarse como empleados de una administración pública extranjera.

Sin embargo, estas expulsiones van más allá del tira y afloja habitual entre las superpotencias que suele jugarse en la imposición de tarifas aduaneras o en la ejecución de maniobras militares. Es la primera vez que implica a la prensa. Por tanto, estas expulsiones suponen una declaración firme y asertiva por parte de China, que se siente fuerte y se crece de cara a una competencia geopolítica que definirá las próximas décadas.

Hace un mes, con millones de ciudadanos chinos confinados en sus casas, el partido parecía resuelto. El Gobierno chino capitulaba arrodillado ante una inmensa ola de críticas internas y externas a su gestión de la crisis provocada por el estallido del coronavirus en Wuhan, una ciudad de 11 millones de habitantes en el centro de China.

Semanas después, mientras el número de personas contagiadas no deja de crecer en Estados Unidos, Pekín se frota la manos ante el caos en el que se está sumiendo el país y los errores de la Admistración Trump para gestionar la expansión de la pandemia. Respondiendo al cambio de tornas a una velocidad sorprendente y con un descaro que pocos gobiernos podrían igualar, China dona equipamiento sanitario a países de la Unión Europea, publicitando al máximo esa generosidad espontánea.

Algunos diplomáticos chinos incluso han contribuido a extender teorías conspiranoicas en Twitter, sugiriendo que el virus fue creado por el ejército de Estados Unidos en lugar de explicar que el origen del contagio entre animales y humanos estuvo en un mercado de la ciudad de Wuhan.

Los mensajes lanzados por el Partido tienen como objetivo mejorar la deteriorada imagen que los ciudadanos chinos tienen de su propio Gobierno. Inciden en cómo la estrategia de adoptada por China no solo funcionó, sino que se está convirtiendo en el guion a seguir por los Gobiernos de todo el mundo a la hora de responder al incremento de infecciones en la mayoría de países. Según Neican, un boletín de noticias chino que se edita en Australia, "todo sucede como corresponde. Todo va bien. La gente en China es feliz y fuera de China, el caos".

El Partido no se tomó bien la cobertura que hizo la prensa extranjera del confinamiento decretado en China para combatir la infección, pero eso no explica la expulsión de corresponsales de los principales medios estadounidenses. Por lo general y durante décadas, el Partido ha tolerado a los reporteros extranjeros. Los veía como un mal necesario en el contexto de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y el fomento de la inversión extranjera.

Pero la China que Xi Jinping diseña ya no los necesita. El país es mucho más rico y poderoso que hace unos años y ya puede permitirse usar a los corresponsales como moneda de cambio entre potencias. Además, con respecto a la prensa, la hostilidad es profunda, casi personal. The New York Times investigó y publicó con detalle la riqueza acumulada por algunos miembros de la dirección del partido Comunista de China y sus familias. En 2012 destapó la fortuna de Wen Jiabao. El equipo de Bloomberg en China y Hong Kong informó sobre la fortuna de la familia Xi. The Wall Street Journal también ha publicado numerosos artículos sobre Xi, tanto sus páginas de información como en las de opinión.

Lo que ha descolocado a muchos no es el enfrentamiento de ambos Gobiernos sobre la prensa. Eso ya viene de largo. En realidad, los analistas se preguntan por el error cometido por Washington por servirle en bandeja a China la oportunidad de vengarse con por apuntar a los reporteros chinos en Estados Unidos.

El trabajo de los reporteros de medios estatales chinos en el extranjero aporta pocas novedades con respecto a lo que ya se sabe de los países en los que trabajan. Sin embargo, los reporteros extranjeros en China, sobre todo los que trabajan cabeceras importantes y bien financiadas de Estados Unidos, juegan un papel crucial traspasando el secretismo y la opacidad del régimen chino. 

Muchos de ellos han pasado años aprendiendo el idioma, estudiando y labrándose experiencia y fuentes. Todo ese capital intelectual se va de un plumazo. Y no solo de China sino de Hong Kong, pues la expulsión se extiende fuera de China continental, afectando tanto a Hong Kong como a Macao.

Nadie notará que hay menos periodistas chinos en el extranjero. Pero la ausencia de esos tres rotativos estadounidenses en China será palpable. El Partido y sus líderes llevaban tiempo deseando el final del escrutinio de la prensa extranjera. Una vez que se ha superado lo peor de la crisis del coronavirus, China se siente fuerte para tomar una decisión que tenía preparada hace tiempo, deshacerse de gran parte de los periodistas extranjeros. No es en represalia por lo que ha hecho Estados Unidos. El motivo real es que China ha tomado conciencia de su poder.

Por Richard McGregor* - Analista político en el Lowy Institute de Sidney

24/03/2020 - 22:16h

  • • Richard McGregor trabaja en el Lowy Institute de Sidney y ha escrito varios libros y artículos sobre política y diplomacia chinas.
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Como la élite mundial tratará de beneficiarse de la pandemia. Entrevista a Naomi Klein

La crisis es la ocasión para colar políticas impopulares

 

El coronavirus es oficialmente una pandemia mundial que hasta ahora ha infectado diez veces mas personas que el SARS de 2003. En EE.UU., escuelas, universidades, museos y teatros, cierran sus puertas; y pronto, ciudades enteras, harán lo mismo. Los expertos advierten de que algunas personas, sospechosas de estar infectadas por el virus en EE.UU: prosiguen su rutina cotidiana. Porque su empleo no les permite bajas pagadas dadas las deficiencias del sistema privatizado de salud norteamericano.

La mayoría de entre nosotros (NT.: para los ciudadanos norteamericanos) no saben qué hacer ni a quién escuchar. El presidente Donald Trump ha rechazado las recomendaciones de los centros de control y de prevención de enfermedades; y estos mensaje contradictorios han reducido nuestro margen de maniobra para atenuar los daños causados por este virus tremendamente contagioso.

Son las condiciones perfectas para que los gobiernos y la élite mundial desplieguen programas políticos, que de otra forma, encontrarían gran oposición si no estuviéramos todos tan desorientados. Esta cadena de acontecimientos no es exclusiva de la crisis creada por el coronavirus; es el proyecto que los políticos y los gobiernos persiguen desde hace décadas, conocido con el nombre de “doctrina del shock”, término inventado por la activista y autora Naomi Klein en un libro del mismo nombre de 2007.

La historia es una crónica de “shocks”: los de las guerras, las catástrofes naturales y las crisis económicas, y de sus consecuencias. Estas consecuencias se caracterizan por el “capitalismo catástrofe”; mediante “soluciones” calculadas y de libre mercado para las crisis que estallan y exacerban las desigualdades existentes.

Según Klein, asistimos ya a un capitalismo catastrófico en el terreno nacional; para responder al coronacirus, Trump ha propuesto un plan de estímulo de 700 millardos de dólares que incluye reducción de cargas sociales (que devastarán la seguridad social) y proporcionará una ayuda a las industrias faltas de oportunidades de negocio causadas por la pandemia: “No lo hacen porque crean que es el medio más eficaz para paliar el sufrimiento causado por la pandemia; formulan tales ideas porque ven una oportunidad para desplegarlas”, ha declarado Klein.

VICE ha preguntado a Klein sobre la forma como el “shock” del coronavirus cede su lugar en la cadena de acontecimientos que describió hace ya más de diez años en La doctrina del shock.

 

VICE: Empezemos por lo esencial. ¿Qué es el capitalismo de catástrofe? ¿Cuál es su relación con la “doctrina del shock”?

 

La forma como defino el “capitalismo catástofe” es muy simple: describe la manera como las industrias privadas emergen para beneficiarse directamente de las crisis a gran escala. La especulación sobre las catástrofes y la guerra no es un concepto nuevo, pero se ha profundizado claramente con la administración Bush a partir del 11 de setiembre, cuando el gobierno declaró este tipo de crisis de seguridad sin plazo, y simultáneamente la privatizó y externalizó; esto incluyó el Estado de seguridad nacional en la privatización, así como la invasión y ocupación (privatizada) de Irak y Afganistán.

La “doctrina del shock” es la estrategia política que consiste en emplear las crisis a gran escala para hacer avanzar políticas que profundicen sistemáticamente las desigualdades, enriqueciendo a las élites y debilitando a los demás. En tiempos de crisis, la gente tiende a concentrarse en las urgencias cotidianas para sobrevivir como sea y tiende a contar sobre todo con los que están el poder. En épocas de crisis, desviamos un poco la mirada, lejos del juego real.

 

VICE: ¿De dónde viene esta estrategia política? ¿Cómo trazar su historia en la política norteamericana?

 

La estrategia de la doctrina del shock fue una respuesta de Milton Friedman al programa del New Deal. Este economista neoliberal creía que todo estaba equivocado con el New Deal en Estado Unidos: para responder a la Gran Depresión y al Dust Bowl (NdeT: Tormenta de polvo) un gobierno mucho más activo surgió en el país, que se propuso resolver directamente la crisis económica en la época creando empleos públicos y ofreciendo ayudas directas.

Si Vd. es un economista del libre mercado, comprenderá que cuando los mercados quiebran, hay preparado un cambio progresivo que es mucho más orgánico que el tipo de políticas de desregulación que favorecen a las grandes empresas. La doctrina del shock se desarrolló como un medio de evitar que las crisis cedan el lugar a momentos orgánicos en los que surjan políticas progresistas. Las élites políticas y económicas entienden que los momentos de crisis son la ocasión para hacer avanzar su lista de deseos de políticas impopulares que polarizan aún más la riqueza en este país y en todo el mundo.

 

VICE: Actualmente estamos confrontados con múltiples crisis: una pandemia, falta de infraestructuras para resolverla y hundimiento de la bolsa. ¿Podría explicarnos como cada uno de estos elementos se inscribe en el esquema que Vd. ha descrito en la Doctrina del shock?

 

El shock en realidad es el mismo virus. Se le ha tratado de manera que maximice la confusión y minimice la protección. No creo que sea una conspiración; es justo la forma como el gobierno norteamericano y Trump han gestionado, completamente mal, esta crisis. Hasta ahora Trump ha tratado esta situación, no como una crisis de salud pública, sino como una crisis de percepción y un problema potencial para su reelección.

Es el peor de los escenarios, máxime si se tiene en cuenta el hecho de que Estados Unidos no dispone de un programa nacional de salud y que la protección de la que se benefician los trabajadores es muy mala: por ejemplo, la ley no establece prestaciones por enfermedad. Esta combinación de fuerzas ha provocado un choque máximo. Va a explotarse para salvar industrias que están en el núcleo de las crisis más extremas a las que hemos de enfrentarnos, como la crisis climática: la industria aérea, la petrolera y gasística, la de los cruceros, y quieren consolidar todo esto.

 

VICE: ¿Cómo hemos visto esto antes?

 

En La doctrina del shock hablo de lo que pasó después del huracán Katrina. Grupos de expertos de Washington como la Heritage Foundation se reunieron creando una lista de soluciones “pro libre mercado” para el Katrina. Podemos estar seguros de que ahora se hará el mismo tipo de reuniones. De hecho, la persona que presidió el grupo Katrina fue Mike Pence (NT: la persona que preside ahora el dossier Coronavirus). En 2008, ese movimiento se tradujo en el salvamento de los bancos, cuando los países les entregaron cheques en blanco, que finalmente se elevaron a varios millardos de dólares; pero el coste real de esta situación tomó la forma de amplios programas de austeridad económica (reducciones ulteriores de servicios sociales). Así que no se trata tan solo de lo que pase ahora, sino también de la forma como lo pagarán en el futuro, cuando se presente la factura de todo lo que se debe.

 

VICE: Si nuestros gobernantes y la élite mundial van a beneficiarse de esta crisis para sus propios fines, ¿qué puede hacer la gente para apoyarse mutuamente?

 

“Voy a cuidar de mí y de los míos, podemos adquirir la mejor póliza de seguro privado de enfermedad, y si Vd. no la tiene, probablemente es su error, no es mi problema”: he aquí lo que una economía de vencedor mete en nuestros cerebros. Lo que revela en un momento de crisis como ahora, es nuestra interrelación de unos con otros. Comprobamos en tiempo real, que estamos mucho más interconectados de lo que nuestro brutal sistema económico nos permite creer.

Podemos pensar que estaremos seguros si obtenemos buenos cuidados médicos, pero si la persona que prepara o suministra nuestros alimentos, o que envuelve las cajas, no tiene acceso a cuidados médicos y no puede permitirse los análisis, y aún menos quedarse en casa porque no tiene prestación por enfermedad, no estaremos seguros. Si no nos cuidamos unos a otros, ninguno estará seguro. Estamos atrapados.

Las diferentes formas de organizar la sociedad favorecen o refuerzan diferentes partes de nosotros mismos. Si está en un sistema que, como sabe, no cuida de la gente, y no distribuye los recursos de manera justa, entonces nuestro impulso por la acumulación estará en riesgo. Piense esto y reflexione en cómo. En vez de empecinarse en pensar en cómo pueden cuidarse a sí mismos y a su familia; Vd. puede cambiar y reflexionar sobre la forma de compartir con sus vecinos y ayudar a las personas más vulnerables.

21/03/2020

La entrevista la realizó Marie Solis

Naomi Klein

Autora, entre otros libros, de 'La doctrina del shock' y 'No Logo'.

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Lunes, 23 Marzo 2020 10:08

La masacre del aislamiento

La masacre del aislamiento

Tras conocerse la masacre de 23 reclusos, o tal vez más, y 85 o más heridos, los alrededores de la cárcel Nacional Modelo, con ubicación en Bogotá, quedaron ocupados por familiares de quienes allí purgan condena. Eran alrededor de 300 familiares los que en horas de la tarde del domingo 22 de marzo, destrozadas por la angustía, por la falta de información precisa sobre los hechos en curso y los nombres de quienes perdieron su vida o fueron heridos por la arremida de la guardia, reforzada por su cuerpo especial represivo, el Cores – Comando Operativo de Remisiones de Especial Seguridad–, presionaban a la guardia y al Esmad para llegar hasta las puertas del presidio.

 

 

Jorge Villamizar llegó en taxi hacia las 8:40 de la noche del 21 de marzo, junto con su padre, avisados vía whatsapp de lo ocurrido al interior de La Modelo. Preocupados esperaron hasta las 2:30 de la madrugada después de que el Esmad disparó aturdidoras y gases varias veces a las familias que fueron llegando al penal para buscar respuesta sobre lo sucedido con sus familiares. Los disparos cesaron cuando llegaron –muchos hombres con camuflados– dice Jorge.

 

 

Vecinos del sector contaron que desde la madrugada empezaron a salir furgonetas con cuerpos, y mientras realizábamos este cubrimiento pudimos comprobar, a lo largo de dos horas, el ingreso y salida del penal de alrededor de 7 ambulancias. La mayoría de los presos del bloque 4 -5, supuestamente los más peligrosos del penal, murieron en el potrero y el rancho. Los mismos que se ven en ese vídeo que circula en redes sociales, donde una persona, tal vez un guarda del Inpec, empieza a contar los cuerpos. En el vídeo se observa un muchacho vestido con camisa a cuadros y aparentemente un tiro en un ojo, se trata de Jhon Ortiz Ardila de 24 años. Su hermana, Johana Ardila, de 38 años, llegó a la cárcel desde las 10 de la mañana, y todavía no le han dicho si está muerto o herido. “Lo más probable es que a mi hermano lo dejaron morir ahí”, contó Johana con los ojos llorosos.

Al preguntarle a los familiares sobre la cantidad muertos, unos indicaban que 50, otros que 70, y a lo lejos se vía una tela denunciaba que son más de 30. Aparentemente la cifra brindada por la Ministra de Justicia, Margarita Cabello, no es cierta. En todo caso, la falta de información crea zozobra pero también especulación. Es normal, y por ello es indispensable que el gobierno publique la lista de los muertos y de los heridos, además de la condición de estos.

 

 

En su presión por tener información precisa, impedidos por vallas protegidas por guardia del Inpec y en segundo plano por el Esmad, los familiares gritaban: “que nos den repuestas, que nos den respuestas”.

 

 

Los presos convocaron a un cacerolazo por la ausencia de medidas por parte del gobierno después de denunciar varias veces las condiciones de salud paupérrimas a que están sometidos, y luego de conocerse de la cuarentena y aislamiento obligatorio decretado para todo el país. Los presos, ya asilados, ahora sufren un doble aislamiento pues no podrán recibir visita de sus familiares, temen y denuncian el alto riesgo de contagio del Covid-19 al que están expuestos por la falta de implementos sanitarios para la guardia, además de no implementarse medidas sanitarios con ellos –arreglo de baños, ampliación de espacios para superar el hacinamiento en que viven, garantía de agua a toda hora–.

 

 

Paradojas de la vida. Los 23 o más asesinados en la madrugada del 22 de marzo de 2020 en la Cárcel Modelo de Bogotá, murieron en su lucha por evitar que el coronavirus los matara, así como exigiendo que muchos de ellos pudieran salir a domiciliara, y así salvarse de la pandemia que agobia al mundo.

Publicado enFotorreportajes