La cumbre entre Trump y Kim Jong-un termina de forma abrupta sin "ningún acuerdo"

El presidente de EEUU dijo que se retiró porque Kim le pidió "levantar las sanciones de forma íntegra", y dijo que puede que ambos no vuelvan a encontrarse "en mucho tiempo".



La segunda cumbre entre el presidente de EEUU, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, terminó hoy más de una hora antes de lo previsto y sin que ambos dirigentes alcanzaran "ningún acuerdo" ni firmaran la declaración conjunta que sus equipos habían negociado. A las 13:25 (6:25 GMT), Trump abandonó el céntrico hotel de Hanói donde mantenía sus reuniones con Kim para dirigirse a su propio hotel y dar una conferencia de prensa, mientras Kim se encaminaba también al suyo.


El presidente de EEUU dijo que se retiró porque Kim le pidió "levantar las sanciones de forma íntegra", y dijo que puede que ambos no vuelvan a encontrarse "en mucho tiempo". "Fue por las sanciones. Básicamente ellos querían que levantáramos las sanciones de forma íntegra, y nosotros no podíamos hacer eso", afirmó. "Estaban dispuestos a desnuclearizar una gran parte de las áreas que queríamos, pero no todas las que queríamos. Así que tuvimos que retirarnos", agregó.


Más tarde, Trump precisó que Kim se había comprometido a desmantelar el centro de investigación nuclear de Yongbyon, donde produce su combustible para bombas atómicas, pero había pedido a cambio un levantamiento de sanciones que Washington consideró inaceptable. El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, aseguró no obstante que se hicieron "avances reales" en el encuentro, y se mostró "optimista" a pesar de los desacuerdos en la cumbre. "Le pedimos que hiciera más [en materia de desnuclearización], pero no estaba preparado para hacerlo", dijo Pompeo en la misma rueda de prensa.


Trump garantizó que la despedida entre ambas partes fue "amistosa", y negó que se hubiera levantado abruptamente de la mesa de negociación, al asegurar que tiene una relación "cálida" con Kim. "Pero a veces tienes que retirarte, y ésta fue una de esas veces", indicó. También afirmó que Kim y él no se comprometieron por ahora a celebrar una tercera cumbre, aunque sus equipos seguirán dialogando. "No nos hemos comprometido, veremos lo que ocurre. Puede que tenga lugar pronto, pero también podría no producirse en mucho tiempo", declaró el mandatario.


Trump agregó que Estados Unidos está preparado para organizar "muy fácilmente" inspecciones de las instalaciones nucleares en Corea del Norte, si el hermético régimen lo permitiera. "Las inspecciones de Corea del Norte tendrán lugar, y si las hacemos, tenemos un calendario establecido, sabemos cosas sobre ciertos lugares y sitios", indicó.
Las sanciones continúan


Además, confirmó que todas las sanciones actuales de EEUU seguirán por ahora en pie, pero dijo que no quería "hablar sobre aumentarlas, porque son fuertes". Trump tenía previsto volar hoy de regreso a Washington tras la rueda de prensa, y dijo que desde el avión llamaría al presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, y el primer ministro japonés, Shinzo Abe, para ponerles al día de la cumbre.


El abrupto fin de la cumbre se produjo después de que la segunda reunión entre ambos, una bilateral ampliada junto a sus respectivas delegaciones, se alargara más de lo previsto. No hubo almuerzo de trabajo y tampoco ceremonia de firma de una declaración conjunta, en la que se esperaba que ambos Gobiernos detallaran posibles nuevos compromisos sobre desnuclearización e incluso se comprometieran a suscribir una declaración de paz en la península coreana y a iniciar relaciones diplomáticas.


En sus dos encuentros abiertos a la prensa, Trump y Kim habían mostrado muy buena sintonía y humor, y el líder de Corea del Norte incluso respondió por primera vez desde que accedió al cargo a varias preguntas de periodistas extranjeros, estadounidenses en este caso.


La cumbre entre ambos, que sigue a su histórico primer encuentro en Singapur, comenzó este miércoles con una reunión a solas y una cena en Hanói, en la que los dos líderes se mostraron optimistas sobre las perspectivas del encuentro.

HANÓI
28/02/2019 08:11 Actualizado: 28/02/2019 09:26

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Angustia rusa por la suspensión del INF por Trump: "crisis de los misiles" versión 2019

Después de 57 años de la crisis de los misiles en Cuba, cuando el mundo ha estado más cerca de un apocalipsis nuclear, ahora la suspensión del Tratado INF –Armas Intermedias Nucleares de alcance entre 500 kms y 5 mil 500 kms firmado en 1987 (http://bit.ly/2DByW6r), en su reciente discurso en la Duma, el zar Vlady Putin declaró estar listo a una "crisis de los misiles" al estilo de Cuba: "el despliegue de misiles de Estados Unidos (EU) en Europa amenaza a Rusia y al mundo" (http://bit.ly/2U5ogBD).

Consideró que el emplazamiento en Europa de misiles de alcance corto y medio por EU "agravará de manera drástica la situación de seguridad internacional y generará graves riesgos para Rusia".

Putin denunció que con sus pruebas de "misiles señuelo de medio alcance y su despliegue en Rumania y Polonia de los sistemas de lanzamiento para los misiles de crucero Tomahawk, EU violó burdamente hace tiempo las disposiciones del tratado INF".

Putin advirtió que "Rusia tendrá que producir y desplegar armas que pueda usar contra los territorios donde estén los centros de decisiones sobre uso de sistemas de misiles que nos amenacen". ¿A qué juega Trump?

El mandatario ruso juzgó que las acusaciones de EU "forman parte de la política antirrusa que promueve la élite estadunidense, convencida de su exclusividad y superioridad sobre el mundo".

Recalcó que "Rusia no está interesada en una confrontación con EU" a quien exhortó calcular "el alcance y la velocidad de nuestros sistemas de armas avanzados" cuando parece que EU "no se percata de cómo, a qué ritmo está cambiando el mundo" y "continúa su política destructiva".

Putin dio pauta a la negociación cuando Rusia quiere tener "relaciones amistosas y de pleno valor" con EU: "Estamos dispuestos a negociar sobre el tema del desarme; pero no vamos a llamar más a la puerta cerrada" hasta que "se den cuenta de la necesidad de un diálogo igualitario".

Con antelación comenté que quizá la suspensión del INF por Trump tenga como finalidad implicar a China en un acuerdo tripartita cuando el "reloj apocalíptico", del Boletín de los Científicos Atómicos, se encuentra ya a dos minutos de la medianoche (http://bit.ly/2TBrYmi).

A mi juicio, Rusia teme, no se diga China, la ruptura de la "estabilidad estratégica" global que cohíbe la ventaja nuclear de una de las dos superpotencias nucleares (http://bit.ly/2U4XbOV).
Quizá Moscú tema más la repetición de la carrera armamentista que la arruinó en la década de los 80 del siglo pasado y la fantasiosa "Guerra de las Galaxias" con la que Reagan engañó al cándido Gorbachov.

El portal europeo DeDefensa traduce la angustia de Rusia que “es probable coloque sus misiles crucero hipersónicos (http://bit.ly/2OTZvX3) en submarinos o navíos rusos frente a las costas orientales de EU”, densamente pobladas (http://bit.ly/2BQUYQ5).

Una Tv estatal rusa advirtió que el Pentágono y la Casa Blanca serían "blancos de un ataque nuclear" en sólo cinco minutos (https://bit.ly/2tAFZFs).

El ex director de la CIA y hoy secretario de Estado Mike Pompeo desechó los asertos del zar Vlady Putin como "fanfarronadas" diseñadas a dividir a Washington de sus aliados europeos y que constituían una vacua amenaza con la que el líder ruso intenta desviar la atención de las presuntas violaciones de Moscú al INF: "ahora es tiempo de averiguar cómo movernos hacia delante y venir con algo con lo que los rusos puedan vivir". Agregó que Putin "intenta convencer al mundo y colocar una cuña entre EU y Europa" que "está totalmente de acuerdo para apoyar nuestra decisión". ¿Y que tal si no es "fanfarronada"?

El mandamás de la deslactosada OTAN, Jens Stoltenberg, comentó que la "OTAN no desplegará ninguna arma nuclear en el territorio europeo en respuesta a los misiles rusos" (http://bit.ly/2U5vQML).

Pese al endurecimiento de Putin y Pompeo, detecto que se han dado margen para negociar un INF más integral, al estilo del Arte de Negociar de Trump, quien paradójicamente busca su Nobel de la Paz (no es broma) con Norcorea, y que en este caso no es ningún juego mercantil ni de casinos.

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A pesar de la presión, la frontera sigue cerrada

Frustración y deseo de confrontación se viven en la frontera, del lado colombiano, donde han quedado grupos de choque que durante el domingo y ayer intentaron pasar del lado venezolano. Se trata de un equilibrio inestable.


Desde la frontera con Colombia


Se vive desilusión en filas opositoras. Esperaban que el Grupo de Lima reunido ayer en Bogotá se pronunciara a favor de una declaración internacional contra Venezuela. La expectativa estaba puesta en los discursos de Mike Pence, vicepresidente norteamericano, e Iván Duque, presidente de Colombia. La frase no apareció, la reunión se vivió como un partido, como en la base del puente Santander, en la frontera del lado colombiano, donde se vieron imágenes de vecinos reunidos junto a la policía para escuchar las intervenciones.


Se podía anticipar que no darían ese paso. Tres declaraciones previas habían puesto freno y evidenciado una falta, todavía, de acuerdo. La primera fue del canciller chileno, Roberto Ampuero, quien afirmó que Chile no estaba “disponible para apoyar alternativas que no sea pacíficas”. La segunda fue de José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch, quien afirmó que se “debería descartar completamente la opción militar en Venezuela”, y la tercera declaración fue dada por Federica Mogherini, alta representante de política exterior de la Unión Europea, quien afirmó que se “necesita una salida pacífica, política y democrática, lo cual, evidentemente excluye el uso de la fuerza”.


Haber planteado la opción habría significado una posición norteamericana y colombiana sin acuerdo, con una tensión dentro del Grupo de Lima, el espacio creado únicamente para aislar, y bloquear a Venezuela, es decir el primer anillo diplomático continental, ya golpeado por la postura del gobierno de México que se desmarcó de la política del Grupo.


El resultado final fue entonces una ampliación del repertorio de acciones contra Venezuela, con más sanciones a funcionarios del gobierno –cuatro gobernadores– llamado a acrecentar los ataques sobre la economía, aprobar 56 millones de dólares por parte de Estados Unidos para apoyo/negocio, entre otros puntos. Juan Guaidó, quien estuvo en la reunión, mantuvo su línea actual que ya deja planteado la opción de la intervención, aunque sin afirmarlo: “Es momento de escalar la preocupación y considerar los niveles más altos de presión y acción”.

La postura de Guaidó es la que comparte su base social: la promesa de la salida rápida, con una intervención militar que propagandan como veloz, quirúrgica, indolora, a la que imaginan podrán seguir por redes sociales, darle likes y retuits desde los departamentos. Es parte de la imagen que han creado, la poetización de la guerra vía videojuegos y campañas comunicacionales. Algunos, menos propensos a pensarla de tal manera, aceptan el necesario sufrimiento colectivo que traería, una suerte de cruce del desierto necesario.


Esa frustración y deseo de confrontación se vive en la frontera, del lado colombiano, donde han quedado grupos de choque que durante el domingo y ayer intentaron pasar del lado venezolano, es decir cruzando el casi río. Aproximadamente cien en los puentes Simón Bolívar y Santander, encapuchados, con logística para comer, armar bombas molotov, amparados por la policía colombiana, conducidos por dirigentes muchas veces colombianos.


Las imágenes son nítidas: grupos en primera línea buscando ingresar por la fuerza a territorio venezolano, detrás, como retaguardia, la policía. ¿Qué sucedería en otro país del continente, en Estados Unidos o Europa en esta situación? En estos casos, ya se sabe la violencia con la cual reaccionan las policías.


La situación es aún más grave del lado colombiano por dos razones. En primer lugar, porque los grupos de choque reciben dinero y porque muchos venezolanos traídos para el día 23 no han podido regresar y han quedado a merced de nadie en las calles. Se trata de jóvenes de sectores populares, con un marcado corte de clase: quienes confrontan son jóvenes de barrio, quienes conducen son de clases medias y altas. Se nota en las pieles, las palabras, la ropa, los lugares donde cada uno pasa la noche.


En segundo lugar, porque Cúcuta es una de las ciudades más humildes de Colombia, con 34% de pobreza, dentro de una provincia, Norte de Santander, donde dos municipios alcanzan 92% de pobreza. Junto a eso operan dentro de la provincia grupos paramilitares, como los Rastrojos y el Clan del Golfo, carteles de droga, como el de Sinaloa y el de Tijuana, y mafias de contrabando. Se trata de un cuadro complejo, golpeado, violento, con complicidades entre estos grupos e instituciones del Estado colombiano.


Es entonces cínica la acusación al gobierno venezolano de tener “complacencia con grupos irregulares, redes de narcotráfico y crimen organizado”, como afirmó Guaidó. Es la inversión de las partes, los roles, las responsabilidades, una forma medular de presentar el conflicto, el gobierno, la situación. La mentira comunicacional, diplomática, política, ha sido y es uno de los componentes centrales en el asalto para derrocar a Maduro. El problema se encuentra en la distancia entre las narrativas virtuales-diplomáticas y las situaciones como realmente existen.


Llegados a este punto, dentro del equilibrio inestable, se sabe de un nuevo paso y una especulación. Lo primero es que Estados Unidos convocó una reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para hoy. ¿Qué buscarán de ese espacio? ¿Tienen una nueva carta que les permita un resultado diferente a la que convocaron el pasado 26 de enero?
Lo segundo es que la matriz de deserción de militares venezolanos cumple con el objetivo de mostrar un quiebre que no existe, y puede preparar un falso positivo: ¿qué pasaría si disfrazan a paramilitares con esos uniformes y cometen un ataque contra civiles en Venezuela o un puesto de policía de lado colombiano? Pence repitió que defenderán a Colombia en caso de una agresión venezolana.

Por Marco Teruggi


 Bolsonaro sufrió un traspié con el envío de ayuda a Venezuela

La operación resultó un fiasco

Brasilia se plegó a una maniobra cuyos responsables cometieron un error de cálculo grosero al considerar que Maduro se desmoronaría como un castillo de naipes el “23 F”. El vicepresidente Mourao no apoya planes belicistas.

Por Dario Pignotti

Desde Brasilia


Jair Bolsonaro sufrió un traspié diplomático por adherir a la estrategia de Donald Trump de atacar a Nicolás Maduro con el ariete de la ayuda humanitaria enviada a Venezuela desde la ciudad fronteriza de Pacaraima, en la Amazonia brasileña. Pensado como un golpe capaz de causar la desbandada de generales y almirantes bolivarianos, la operación del sábado fue un fiasco: sólo siete militares de bajo rango solicitaron refugio en Brasil. Un logro insignificante para el gigante latinoamericano cuyo vicepresidente, general Hamilton Mourao participó ayer, junto al canciller Ernesto Araújo, en la cumbre del Grupo de Lima realizada en Colombia.


El tono de las declaraciones pronunciadas por el general, citando el principio de no intervención en asuntos internos de otros países, está lejos de las realizadas por el presidente hace un mes y medio cuando sugirió participar en un plan “bélico” contra Caracas el cual contemplaba autorizar la instalación de bases norteamericanas.


En el discurso algo contenido del vicepresidente Mourao se adivina la posición del generalato brasileño que pretende diferenciarse de la intrepidez verbal del mandatario y sus hijos.
Paréntesis: Eduardo Bolsonaro, uno de los influyentes miembros del clan familiar, dijo en Estados Unidos que “el fin de Maduro (..) y su narcodictadura (..) está cerca”.


Desde Bogotá Mourao, en su discurso ante el Grupo de Lima y declaraciones a la prensa, no dejó dudas de que quiere diferenciarse de los Bolsonaro.


En entrevista al canal Globo News descartó toda “hipótesis” de la instalación de una base norteamericana en la frontera con Venezuela.


Claro que este juego de estilos puede ser sólo una jugada retórica en la que el vice simula oponerse al mandatario para que el régimen contenga dentro de sí al oficialismo y la pseudo oposición.


Tan cierto como lo anterior es que cuando se trata de juegos de guerra y de movimientos geopolíticos la realidad no se puede ocultar tan fácilmente.


Y el fracaso del sábado es un lastre que pesa por igual a toda la primera plana del poder, desde el Palacio del Planalto al Ministerio de Defensa.


Ocurre que Brasilia se plegó a una maniobra cuyos responsables cometieron un error de cálculo grosero al considerar que Maduro se desmoronaría como un castillo de naipes en el reciente “23 F”.


Una evaluación fallida que se hizo más evidente para la opinión pública por culpa –o gracias– a la propaganda desplegada el fin de semana.


En el momento más desbocado del operativo publicitario del sábado –cuando el Puma Rodríguez y Miguel Bossé le cantaban a la libertad en Cúcuta–, el opositor Juan Guaidó llegó a festejar en las redes sociales que un cargamento con alimentos brasileños había atravesado los controles de la aduana venezolana e ingresado al estado de Bolívar. Aquella noticia falsa fue asumida como propia por el gobierno brasileño y festejada por la prensa verdeamarilla insuflada de un espíritu de cruzada patriótica que se desmoronaría horas más tarde cuando llegó la información de que las dos camionetas no pudieron pasar el cordón de la Guardia Nacional Bolivariana establecido a pocos kilómetros de la ciudad venezolana Santa Elena de Guairén.


Hueco geopolítico


Pacaraima se encuentra a más de 2500 kilómetros en línea recta desde Brasilia, que aumentan a 4400 si el traslado se realiza por carreteras y algunos caminos que se vuelven intransitables en la temporada de lluvia amazónica.


Para Bolsonaro sería conveniente que la agenda nacional sea contaminada con relatos de una eventual conflagración en los confines de su país, con lo cual se disiparían los escándalos que mancharon al gobierno.


Ocurre que embarcarse en una aventura belicista entraña riesgos verdaderos.


El sábado quedó demostrado que el ingreso de ayuda humanitaria desde Pacaraima al sur venezolano no era sencillo y que el norte brasileño presenta vulnerabilidades.
Puntos flacos de los que hablaron las autoridades del estado de Roraima donde se encuentra la mayor parte de la frontera de 2199 kilómetros con Venezuela. El gobernador de esa provincia, Antonio Denarium, declaró que si la tensión con Maduro se agrava puede haber un apagón por tiempo indefinido ya que más de la mitad de la energía proviene de la represa hidroeléctrica venezolana Gurí.


Teresa Surita, la intendenta de Boa Vista capital de Roraima, afirmó ayer que los hospitales están al borde del “colapso” porque no tienen capacidad para recibir más refugiados venezolanos y el mismo cuadro de saturación presentan la salud y seguridad públicas. Sin olvidar que las cárceles más importantes de Roraima están controladas por la banda Primer Comando de la Capital, que hace poco más de un año desató una cadena de motines con decenas de muertos en varias capitales amazónicas.
Los problemas estructurales de la provincia de Roraima se suman a su poca población, menos de 600 mil habitantes. La baja densidad demográfica es una amenaza para toda la Amazonia brasileña que con sus más de 4 millones de kilómetros cuadrados tiene menos de 25 millones de habitantes.


Los especialistas en estrategia militar coinciden al señalar los vacíos geopolíticos que presenta la Amazonia brasileña y la desventaja en materia de equipamiento que tienen sus fuerzas armadas frente a las venezolanas, dotadas de modernos cazabombarderos Sukoi y baterías antiaéreas, todo de fabricación rusa.


Dos militares que también son ministros del gabinete de Bolsonaro dijeron al sitio de noticias UOL que Brasil se vería perjudicado si la crisis venezolana escala a una fase militar. Hablando a condición de anonimato señalaron que si se desata una guerra su país quedaría muy en desventaja ante la capacidad bélica es irrelevante de su aliado Estados Unidos y sus potenciales enemigos Rusia y China.

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Sábado, 23 Febrero 2019 06:43

Trump, el posimperialista

Trump, el posimperialista

El repliegue estadounidense más allá de las brabuconadas.

 

El presidente Donald Trump ha desechado tratados internacionales, ha denostado alianzas tradicionales, ha anunciado retiradas militares, ha insultado amigos y ha elogiado adversarios en un vuelco de la política exterior de Estados Unidos que deja al mundo frente a una incógnita: ¿qué haremos sin el intervencionismo de Washington?
El 19 de diciembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su red social favorita, twiteó al mundo entero su decisión de retirar de inmediato las tropas estadounidenses de Siria. Argumentó: “Hemos derrotado al Estado Islámico que era mi única razón para estar allí durante mi presidencia”.


CHAU, GANAMOS.

Después de más de un siglo durante el cual la consigna “yankee, go home” (o, en su versión en espanglish, “yanqui, go home”) se escuchó y apareció pintada en paredes y pancartas del mundo, el aviso levantó revuelos diplomáticos y reacomodos de visiones estratégicas entre aliados y enemigos. En realidad, no fue una novedad: desde su campaña presidencial, Trump ha sostenido que Estados Unidos gasta demasiados recursos –dinero, armamento y tropas– en sustentar la seguridad de otras naciones que no pagan la cuota que les corresponde y que en muchos casos tampoco respaldan con su voto las políticas de Washington en las organizaciones internacionales.


A poco del anuncio sobre Siria, Trump indicó que tenía intenciones de retirar, también, al menos la mitad de las tropas estadounidenses en Afganistán, que han estado librando la guerra más prolongada en la historia de Estados Unidos.


Las decisiones causaron la dimisión –o el despido– del secretario de Defensa, el general retirado John Mattis, y las protestas de expertos en asuntos internacionales, tanto demócratas como republicanos. Las quejas se escucharon desde Europa hasta Asia entre los gobiernos que no sólo se han alineado con la diplomacia estadounidense por décadas, sino que además han enviado sus propias tropas como auxiliares de los ejércitos de Estados Unidos en campañas desde el sur de Asia hasta África, Oriente Medio y, de vez en cuando, América Latina.


POR CUENTA PROPIA.

La repatriación de tropas, que ahora luce un poco más gradual y pausada que lo que hacía pensar un twit impulsivo de diciembre, se suma a una ristra de pactos internacionales a los cuales el gobierno de Trump les ha dado un trompazo.


A comienzos de febrero, Trump anunció el abandono del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, firmado en 1987, por el cual Estados Unidos y la entonces Unión Soviética se comprometieron a eliminar sus misiles balísticos y dirigidos con alcances de entre 500 y 5.400 quilómetros. Estados Unidos ha denunciado por años que Rusia no cumple con lo pactado.


Trump también sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París, firmado en 2015, por el cual todos los países se comprometieron a reducir el uso de combustibles fósiles y a trabajar para paliar el cambio climático. El presidente dice que el pacto perjudica a Estados Unidos.


Trump retiró a Estados Unidos del Pacto de Asociación Transpacífica, firmado en 2016, que incluye a otros 11 países y que, según él, perjudica a los trabajadores estadounidenses. En materia comercial, su gobierno forzó una renegociación del acuerdo de 2012 con Corea del Sur y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, iniciado en 1994 con Canadá y México.


Trump se ha querellado con el Grupo de los Siete porque quiere incluir a Rusia y sacó a Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, creado en 1946, y de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que Washington ayudó a crear en 1945.


Bajo su dirección, Estados Unidos abandonó el pacto de 2015, del que también son parte aliados europeos, Rusia y China, para controlar el programa nuclear de Irán, y ha amenazado con sacar a Estados Unidos de la Organización Mundial del Comercio.


Y quizá el ingrediente de más largo alcance en la política exterior de Trump sea su desdén por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), una alianza creada tras la Segunda Guerra Mundial para contener a la Unión Soviética y que, desde la disolución de ésta, se ha extendido a varios países de Europa oriental.


UNA VETA CON HISTORIA LARGA.

El impulso de Estados Unidos a una política exterior aislacionista es de larga data en la historia del país. En su discurso de despedida en 1796, al término de su segunda presidencia, el prócer nacional George Washington aconsejó a sus compatriotas que evitaran involucrarse en las cuestiones de otros países, tanto problemas internos como guerras externas. De hecho, Estados Unidos no firmó alianzas militares permanentes con otra nación hasta que en 1949 se creó la Otan.


La oposición a una política exterior intervencionista ha sido permanente en Estados Unidos y se acentuó a fines del siglo XIX. Fueron necesarias la campaña de propaganda de los periódicos de la cadena Hearst, el entusiasmo belicoso del futuro presidente Theodore Roosevelt y la misteriosa explosión del buque de guerra estadounidense Main en la bahía de La Habana para persuadir a la nación y llevarla a una guerra con España. Los frutos fueron la adquisición de Cuba, Puerto Rico y Las Filipinas.


También la mayor parte de la opinión pública se resistió al ingreso de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial y en la Segunda Guerra Mundial. El grupo antintervencionista más destacado fue el America First Committee, creado en 1940, cuyo título –“Estados Unidos primero” o “Primero Estados Unidos”– es el que Trump ha elegido para su política exterior.
Las políticas intervencionistas de Washington, desde las operaciones clandestinas, los apoyos a golpes militares, el despacho de “asesores”, la manipulación de medios y el envío de ejércitos, siempre se han llevado a cabo en Estados Unidos a contrapelo de la opinión mayoritaria de la población. Tan sólo ataques como Pearl Harbor o los del 11 de setiembre de 2001 han servido para movilizar mayorías a una acción militar. El razonamiento es sencillo: Estados Unidos es un país enorme, con enormes recursos, y separado por dos océanos de las disputas en Asia, Europa y África. La política “America First” consiste en mantener el poderío militar más grande del planeta de forma que nadie se atreva a meterle bronca a Estados Unidos, y enfocar los recursos de la nación en su propio bienestar. Esta visión reconoce que hay problemas en el mundo, y hay conflictos regionales y tribales que pueden crear inestabilidad para Estados Unidos; en estos casos, lo mejor para Estados Unidos es contar con algún dictador que mantenga orden en su parte del barrio.


La retirada de Siria deja el conflicto en manos de Rusia, Irán, Turquía, Israel, los kurdos y cualquier otro vecino afectado por las luchas entre tribus, sectas religiosas y milicias del barrio. La salida de tropas de Corea del Sur y Japón dejaría las disputas regionales en manos de China, Japón, Rusia y los otros actores de ese barrio. Y, al abandonar Europa, los europeos quedan librados a sus arbitrios y Rusia –que ha tenido que lidiar con tres invasiones desde el oeste en un siglo y medio–, más tranquila.


En la visión geopolítica de “America First”, que mucho place a Vladimir Putin, Estados Unidos es un castillo continental, con una gran muralla que contiene a los bárbaros del sur y dos fosas oceánicas que lo protegen de los entuertos ajenos. En última instancia, si para los intereses exclusivos de Estados Unidos se hace necesaria una intervención militar, ésta debe ser anonadante y breve: veni, vidi, y vuelta a casa rápido.


A CASA.

La aplicación de esta política de “America First” puede sorprender al resto del mundo, pero es coherente. Hay actualmente más de 165 mil soldados estadounidenses apostados en unas ochocientas bases o en misiones de combate en más de 150 países. Si a casi 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial los europeos todavía necesitan la presencia de casi 65 mil de esos soldados para sentirse seguros, en la visión de Trump ha llegado el momento de que paguen más por ellos o que los europeos se las arreglen por su cuenta.


El enfoque olvida que uno de los propósitos de la Otan fue, precisamente, contener el rearme de Europa. El entendido allá y por entonces fue que, si Estados Unidos extendía su manto militar estratégico para contener a la Unión Soviética, los países de Europa occidental podrían reconstruir sus fuerzas armadas lo suficiente como para apoyar la postura militar estadounidense, pero no tanto como para enzarzarse otra vez en sus guerras.


En tiempos en que el ideal de una Europa unida encara serios quebrantos y reemergen los furores nacionalistas, el desplante de Trump puede traer consecuencias que invaliden, otra vez, el aislacionismo.


Algo parecido ocurre al otro lado del planeta, donde más de 83.300 soldados estadounidenses están apostados en Japón, Corea del Sur, Tailandia, Singapur y Filipinas. Como parte de su audaz iniciativa para abrir un diálogo directo con Corea del Norte, Trump ya ordenó la postergación de las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur. Y, como corresponde a un hombre de negocios, ha cuestionado si se justifica el gasto de mantenimiento de tantas tropas en una región donde Estados Unidos ganó la guerra hace tres cuartos de siglo.

En el caso de América Latina, los números son diferentes. Contando las tropas que Estados Unidos tiene en la base naval de Guantánamo, Cuba, en Honduras, Puerto Rico y otras misiones apenas se llega a 2 mil soldados. Y la política exterior de Trump para la región ha sido de casi absoluto desdén, con la excepción de sus discursos de condena a Cuba y Venezuela. Es cierto que Trump ha mencionado algunas veces una “opción militar” para resolver el conflicto interno en Venezuela, pero es poco probable que el Pentágono, y mucho menos la coyuntura política de Estados Unidos, acepte una incursión de los marines en Caracas.


Otros casi 10 mil soldados estadounidenses cumplen misiones en Bahrein, Kuwait, Turquía, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, y, salvo el apoyo a distancia de Estados Unidos a la intervención saudí en el conflicto de Yemen, el Pentágono se ha cuidado de evitar el compromiso directo de tropas en los conflictos locales.


CORTO PLAZO.

La Conferencia de Seguridad de Múnich, creada en 1963, es la mayor reunión mundial de expertos que consideran los conflictos y su resolución, y realizan esfuerzos para evitar una nueva guerra mundial.


Durante la sesión del pasado fin de semana, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, comenzó su discurso con la fórmula tradicional de cortesía para los más de 450 participantes de todo el mundo y trasmitió el saludo de parte del presidente Trump. Allí donde correspondía, hizo una pausa para recibir el aplauso esperado. Pero lo único que recibió fue un silencio despectivo de la audiencia, embarazoso para él, que demoró unos segundos en continuar con su presentación.


La todavía canciller de Alemania, Angela Merkel, quien habló sin notas, obtuvo una recepción mucho más entusiasta cuando reafirmó los vínculos diplomáticos, económicos y de defensa mutua en Europa. Criticó a Trump por el abandono del acuerdo internacional con Irán acerca de su programa nuclear.


La posición enclenque de la política “America First” de Trump quedó en evidencia en Múnich dos veces. Por un lado, unos cincuenta miembros del Congreso de Estados Unidos, incluidos republicanos y demócratas, se hicieron presentes en Múnich, y la avidez de la prensa y los otros participantes por obtener una conversación con la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, contrastó con el formalismo de los saludos a Pence. Por otro lado, el ex vicepresidente y posible candidato presidencial demócrata Joe Biden recogió abundantes aplausos cuando dijo que Estados Unidos, más allá de Trump, “se opone a la agresión de los dictadores que gobiernan por coerción, corrupción y violencia”. “Como diría mi mamá, esto también pasará”, señaló, en referencia al gobierno de Trump. “Volveremos, volveremos. Estados Unidos retornará. No tengan duda de ello”, agregó.


A la espera de que Estados Unidos llegue a su elección presidencial en 2020 y el resultado restaure el papel participativo y, ocasionalmente, intervencionista de Washington, el resto del mundo sigue experimentando lo que muchos reclamaron: los yanquis se van a casa.


Una ocasión para reflexionar cómo cada país y región resuelve sus propios problemas sin esperar soluciones ni echarle la culpa al imperialismo.

Por Jorge A. Bañales
22 febrero, 2019

 

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Medea Benjamin, cofundadora del grupo antiguerra Código Rosa, interrumpió ayer la rueda de prensa convocada por Carlos Vecchio (a su lado), el presunto "embajador" en Washington nombrado por Juan Guaidó, autoproclamado "presidente encargado" de Venezuela.Foto de la cuenta de Twitter de Código Rosa

Nueva York. El gobierno de Donald Trump afirmó: el hemisferio occidental es "nuestra región", y con ello justifica su política de cambio de régimen de Venezuela, mientras el representante especial de Trump para Venezuela viajará para "apoyar la entrega" de la asistencia estadunidense programada para el sábado en la frontera de Colombia, adonde se trasladará el vicepresidente el próximo lunes para declarar que es hora de cambiar el régimen de Venezuela.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, afirmó que además de la preocupación estadunidense por la "enorme crisis humanitaria" en Venezuela, "también tenemos intereses de seguridad. Esta es nuestra región. No queremos que esto sea un Estado títere cubano en Venezuela", declaró en una entrevista para un programa matutino de NBC.

Agregó que "hay muchos intereses estadunidenses" en Venezuela y que el presidente Trump está determinado a proteger al pueblo estadunidense y proveer asistencia humanitaria a esta crisis real”. Indicó que este fin de semana "nosotros intentaremos entregar" cientos de toneladas de asistencia que "el pueblo estadunidense, nuestros contribuyentes, generosamente han pagado" (aunque no mencionó si se le preguntó a ese pueblo si deseaba hacerlo).

La Casa Blanca anunció que el vicepresidente Mike Pence viajará a Colombia el lunes para reunirse con los 14 integrantes del Grupo de Lima, con quienes se enfocará en la crisis en Venezuela "para definir pasos concretos de apoyo al pueblo venezolano y una transición a la democracia". Altos funcionarios del gobierno de Trump indicaron a McClatchy y a otros medios que Pence declarará en ese momento que "es hora de que Nicolás Maduro se haga a un lado".

A la vez, el Departamento de Estado anunció que Elliott Abrams, representante especial para Venezuela –quien fue codenado penalmente por mentir al Congreso durante el escándalo Irán-contras en los años 80 y encubrió la masacre de El Mozote, entre otras violaciones de derechos humanos en Centroamérica y quien ayudó a impulsar el fallido golpe de Estado en Venezuela en 2002– viajará a la base aérea militar de Homestead, en Florida, y de ahí a Cúcuta, Colombia, el 21 y 22 de febrero "para apoyar la entrega de asistencia humanitaria a la gente más vulnerable en Venezuela, en respuesta a la solicitud del presidente interino Juan Guaidó".

Abrams, agregó el comunicado, "encabezará la delegación del gobierno estadunidense" que acompañará el envío de asistencia desde Florida hasta Colombia por aviones militares, y donde se verá con el presidente colombiano y delegaciones de otros países.

En el transcurso de las semanas recientes, Trump y su equipo, junto con legisladores clave que han promovido esta operación de cambio de régimen, han dejado en la ambigüedad si están o no preparando el uso de fuerza militar en la confrontación con el gobierno de Maduro. Cuando se les ha preguntado al respecto, han repetido que "todas las opciones están sobre la mesa".

El miércoles, el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, encargado de operaciones militares en Sudámerica y el Caribe, dijo que aunque el gobierno estadunidense está buscando una "solución diplomática" y que "la única invasión que existe ahora es la de los cubanos y rusos que están apoyando al régimen" de Nicolás Maduro, "nuestra obligación como militares profesionales es estar listos". ( https://www.jornada.com.mx/ 2019/02/21/mundo/022n1mun ).

Por otro lado, Washington sigue apostando por la disidencia y hasta por la rebelión de los militares contra el gobierno de Maduro en vísperas de la confrontación programada para el sábado, cuando el "presidente interino", bautizado así por el gobierno de Trump, llamó a la entrega de asistencia estadunidense en una maniobra coordinada con el régimen estadunidense.

El New York Times reportó este jueves que en una entrevista exclusiva, Hugo Carvajal, el ex jefe de inteligencia militar de Venezuela hasta 2012 y actual diputado del partido chavista, denunció a Maduro como "dictador" rodeado de un grupo de "corruptos" ligados con el narcotráfico y Hezbollah, pidió a los oficiales militares romper con su jefe antes de este sábado para apoyar el ingreso de la ayuda "humanitaria" y respaldar a la oposición.

El rotativo señala que lo de Carvajal es parte de "una ola de deserciones" de funcionarios y oficiales militares del gobierno y la presión sobre el presidente, a sólo tres días de "la posible confrontación por el paso de la ayuda humanitaria en la frontera con Colombia".

El propio Carvajal, reportó el rotativo, también ha sido acusado de participación en el narcotráfico por autoridades estadunidenses.

Algunos observadores comentaron que sus declaraciones al Times en esta coyuntura parecerían ser parte de un acuerdo de denunciar a su gobierno a cambio de algo.

Por otro lado, activistas antiguerra de Código Rosa irrumpieron en una conferencia de prensa convocada por Carlos Vecchio, el autoproclamado embajador venezolano del "interino" Guaidó en Washington. Medea Benjamin, cofundadora de la agrupación, subió al podio y declaró que “esta gente son un fraude, no representan al pueblo venezolano, están representando un golpe orquestado por Estados Unidos… esta gente aquí quiere llevar a Venezuela en un camino hacia la guerra civil e intervención estadunidense”. Una colega la acompañó con una pancarta: "No al golpe en Venezuela" ( https://twitter.com/codepink/ status/1098653554204565504 ).

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Los verdaderos muros de la democracia estadounidense

Los muros de la democracia estadounidense son de dos géneros: uno es cultural y el otro estructural. Ambos, con un antiguo objetivo: mantener el poder en manos de una minoría que se representa como mayoría.

Veamos el muro cultural, primero, pero empecemos por su lado positivo. Los llamados "Padres fundadores" fueron una elite de intelectuales, reflejo de las nuevas y radicales ideas europeas que, m á s o menos, encontraron un espacio en el nuevo continente que no tenían en el viejo, de la misma forma que lo hizo el cristianismo en Europa y no en la Palestina judía. Es decir, un territorio menos codiciado por los imperios del momento y menos acosado por la tradición milenaria de ideas fosilizadas. Thomas Jefferson se había hecho ciudadano francés antes de ser presidente de Estados Unidos y todos los demás tenían, de alguna forma, una profunda admiración por los filósofos de la ilustración, sino directamente por la cultura francesa. Las ideas de Jefferson, como la de los otros fundadores, no sintonizaban mucho con el resto de la población, al extremo de que sus libros fueron prohibidos en muchas bibliotecas bajo la exagerada acusación de ser ateo. La idea de crear un muro espeso que separase religión de gobierno era demasiado radical.


Sin embargo, esta elite fundacional compartía con el resto la desgracia del racismo y de la doble vara. El genio de Benjamín Franklin no quería una inmigración que no fuese blanca y anglosajona. El sabio de Thomas Jefferson no sólo abusó de una menor a la que hizo madre varias veces, sino que, además, nunca la liberó por ser mulata. La hermosa esclava, Sally Hemings, era la hija ilegítima de su suegro con otra esclava. Por no entrar en la larga y persistente historia de leyes racistas que van desde la idea de la no humanidad de los negros hasta el desprecio de los latinoamericanos por su condición de hibridez, como las mulas, algo que, según los periodistas y congresistas del siglo XIX, no agradaba a Dios. El asco por los chinos, por los irlandeses (antes de convertirse en blancos asimilados), por los indios y por los mexicanos completó el mapa del desprecio y el despojo a todo lo que no era anglosajón y protestante. La hermosa frase “We the people” asumía, de hecho, que con eso de “el pueblo” no se referían ni a los negros, ni a los indios, ni a nadie que no perteneciera a la “raza” de los fundadores.


Pero Jefferson estaba en lo cierto cuando dijo que “la tierra les pertenece a los vivos, no a los muertos”. A los padres Fundadores (y a los líderes que les siguieron) se los suele disculpar porque eran “hombres de su tiempo”; no se puede juzgar a alguien que vivió hace doscientos años con los valores de hoy. Sin embargo, un par de años después que Jefferson dejara el gobierno en Estados Unidos, un militar rebelde llamado José Artigas, quien estaba contra el abuso militar en el gobierno y a favor de una democracia más directa, apenas tomó control de la Unión de los Pueblos Libres (lo que hoy es Uruguay y parte de Argentina) repartió tierras a blancos, indios y negros bajo el lema “los más infelices serán los más privilegiados”. Un principio y una actitud verdaderamente cristiana de un hombre no religioso.


Tampoco es cierto que Estados Unidos nunca tuvo una dictadura. De hecho, sus leyes necesitaron un siglo, hasta después de la Guerra civil, para reconocer que alguien podía ser ciudadano estadounidense independientemente del color se su piel, aunque luego continuó filtrando, también por ley, a inmigrantes que no eran suficientemente blancos.
Actualmente, hasta los blancos más blancos se han convertido en negros. Pero no lo saben y por eso tanto renacido odio a los negros y marrones. Se sienten los nuevos negros, pero no lo reconocen y, por eso, necesitan despreciar al resto para confirmar su antigua condición de blanco, es decir, de privilegiados.


Mientras tanto, la democracia estadounidense continúa secuestrada por el 0,1 por ciento de su población, por los billonarios que financian las campañas políticas, cenan con los ganadores y envían escribas a sentarse en los comités que redactan las leyes que luego aprueban los legisladores, cuya mayoría son millonarios.


Ahora echemos una mirada sobre los muros estructurales de la democracia hegemónica. También estos problemas hunden sus raíces en el racismo y el elitismo social enmascarado en un discurso opuesto.


Veamos esta lógica referida a la obsesión histórica de las burbujas étnicas. La población latina está subrepresentada en extremo porque, al igual que otras minorías como la afroamericana y la asiática, viven en las grandes ciudades y éstas están en los estados más poblados como California, Texas, Florida, Nueva York e Illinois. De estos estados, sólo Texas es un estado con mayoría conservadora sólida. Florida es pivotante y los demás son tradicionales bastiones progresistas (liberals, en el lenguaje estadounidense). Sin embargo, a pesar de que California tiene una población de 40 millones, sólo cuenta con dos senadores. La misma cantidad que Nueva York, otro estado con 20 millones. La misma cantidad de senadores tiene cada uno de los cincuenta estados, como Alaska, un estado cuya población no alcanza los 800 mil habitantes. Una colección de estados centrales como las dos Dakotas, Nebraska, etc. rondan apenas el millón de habitantes (Wyoming apenas llega al medio millón) y cada uno cuenta con dos senadores. Lo que significa que el voto de un granjero en cualquiera de esa docena de estados conservadores y despoblados vale entre 30 y 40 veces más que el voto de cualquier estadounidense que viva en los poblados estados de California, Texas, Florida, Nueva York o Illinois.


Claro, este sistema de elección de senadores no es único en el mundo, pero en Estados Unidos el desbalance poblacional y político a favor de los conservadores rurales, desde el siglo XIX, es notable y consistente.


Por si fuese poco, hay que considerar que su sistema de elecciones presidenciales no solo le niega a Puerto Rico, con casi cuatro millones de habitantes (más que varios estados centrales juntos), la posibilidad de elegir presidente, sino que, además, el sistema electoral vigente, herencia del sistema esclavista que favorecía a los estados del sur con una escasa población blanca, hace posible que un presidente sea elegido habiendo recibido tres millones de votos menos que el perdedor.


Gracias a este sistema (los electores no solo reproducen el número de representantes sino también de senadores), estados más poblados como California, Texas, Illinois o Nueva York (que subsidian económicamente a estados más pobres) necesitan el doble o más de votos que los despoblados estados del centro para alcanzar un elector. Otra razón para entender por qué las minorías, que sumadas no lo son, no son tratadas con la justicia electoral que una verdadera democracia debe garantizar: un ciudadano, un voto.


No por casualidad la población, pese a la vieja manipulación mediática, suele tener opiniones muy diferentes a sus propios gobiernos. Lo cual apenas importa en esta democracia.

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El protagonismo de EE UU en la crisis de Venezuela opaca la labor de la oposición

Guaidó se esfuerza en demostrar que la sociedad es el principal motor de la transición, mientras Trump intensifica sus ataques a Maduro

El impulso de Juan Guaidó se explica en buena medida por el respaldo de las principales instancias de la llamada comunidad internacional al Parlamento venezolano. Tras lanzar su desafío a Nicolás Maduro el pasado 23 de enero al jurar como jefe de Estado interino, el presidente de la Asamblea Nacional obtuvo el reconocimiento inmediato de Estados Unidos, al que se sumaron después la Unión Europea y la mayoría de los Gobiernos de la región. Pero el protagonismo de la Administración de Donald Trump, decisivo para forzar la asfixia económica del chavismo a través de las sanciones a la petrolera estatal, PDVSA, corre el riesgo de opacar la iniciativa de la oposición, que lleva años preparando el terreno para una transición democrática.


Guaidó y los dirigentes que le acompañan son conscientes de esa posibilidad y tratan de demostrar que el éxito de este proceso, que busca el cese de Maduro y la convocatoria de elecciones, está en manos de la sociedad. "El pueblo"; "nosotros"; "los venezolanos". Todos los pasos de esta etapa tienen, según sus discursos, un solo motor. "Somos nosotros los únicos protagonistas de la historia que estamos escribiendo hoy", proclamó hace días el diputado Miguel Pizarro, presidente de la comisión especial encargada del seguimiento de la ayuda humanitaria y miembro de Primero Justicia, que tradicionalmente ha aglutinado al electorado menos conservador de la oposición venezolana.


La entrada de cargamentos de medicinas y alimentos, prevista para el sábado a través de la frontera colombiana, es, sin embargo, precisamente el principal reflejo de ese delicado equilibrio. Los primeros envíos llegan de Estados Unidos. El domingo, el senador Marco Rubio y el representante Mario Díaz-Balart, ambos republicanos de origen cubano, viajaron hasta la ciudad de Cúcuta para supervisar los preparativos. John Bolton, consejero de seguridad de Trump, amenazó a Maduro con encerrarlo en la prisión de Guantánamo, sugirió el envío de tropas a Colombia y el lunes recordó en Twitter las sanciones impuestas las semanas por Washington a varios cargos chavistas, entre ellos el jefe de las fuerzas especiales de la policía venezolana, conocidas como FAES. Al mismo tiempo, el propio Trump advirtió a los militares que, si siguen apoyando a Maduro, no tendrán su clemencia. "No encontraréis refugio, ni una salida fácil porque no habrá salida”, dijo en su intervención en Universidad Internacional de Florida. Los militares serán, en última instancia, quienes tendrán que decidir si permitir el ingreso de la ayuda humanitaria y en estos momentos todas las presiones, internas y externas, recaen sobre sus oficiales.


Los discursos beligerantes de Trump han sido bien recibidos, en esta ocasión, por buena parte de la oposición venezolana -tradicionalmente la más conservadora y con hilos en Miami y Washington- que ha abrazado el posicionamiento del inquilino de la Casa Blanca, al considerar el impulso de Estados Unidos como la única manera de lograr la salida del poder de Maduro.


La sobreactuación de Estados Unidos en la crisis venezolana es, además, el principal pretexto del oficialismo para agitar el fantasma de una intervención exterior. La Fuerza Armada Bolivariana (FANB) rechazó este martes las declaraciones del mandatario estadounidense. "El día de ayer pudimos observar un acto de extrema soberbia y terrible insensatez por parte del presidente de los Estados Unidos al referirse a nuestro país. El tono y el contenido de sus declaraciones permiten apreciar a simple vista la muy peligrosa actitud de quien lamentablemente dirige los destinos de una potencia militar", recoge un comunicado del Ejército. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, aseguró que el Gobierno de Maduro no cederá ante la presión. "Nos subestiman. Estamos llamados a cumplir nuestra tarea histórica: defender la patria".


Más medido ha sido, en cambio, el apoyo de la Unión Europea, que hasta decidió participar en un grupo de contacto y abrió la puerta a la posibilidad de facilitar una negociación, aunque sin éxito al menos por el momento. Este martes Guaidó se reunió con diplomáticos europeos, que en cualquier caso reiteraron el compromiso de sus países con el ingreso de la ayuda humanitaria. "Luego de nuestra reunión con embajadores europeos, anunciamos el aporte de más de 18 millones de dólares para la ayuda humanitaria por parte de Italia, España, Reino Unido, Alemania y Francia. Gracias por respaldar nuestra lucha por la vida de cientos de miles de venezolanos", manifestó en Twitter el dirigente venezolano.

Por Francesco Manetto
Caracas 20 FEB 2019 - 02:40 COT

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Miércoles, 20 Febrero 2019 06:30

Tratado INF: la nueva amenaza nuclear

Tratado INF: la nueva amenaza nuclear

En la mañana del 8 de diciembre de 1987 se reunieron Ronald Reagan y Mijail Gorbachov para firmar uno de los más importantes tratados de control de armamentos. Ese acuerdo prohibía el emplazamiento de misiles nucleares de alcance intermedio en Europa y en la antigua Unión Soviética. Esos sistemas de armamentos eran considerados altamente desestabilizadores y representaban un gran riesgo. El tratado INF fue considerado uno de los más relevantes para reducir el peligro de una confrontación nuclear.

Pero hace dos semanas Donald Trump anunció el retiro de su país de ese tratado. Rusia indicó días más tarde que haría lo mismo. Si en un plazo de seis meses las partes no llegan a un nuevo acuerdo, el convenio será abrogado. El abandono del tratado INF ha pasado casi desapercibido. Un poco de historia es útil para colocar este acontecimiento en una perspectiva adecuada.

A mediados de los años 1970 la Unión Soviética había alcanzado un estado de paridad nuclear con Estados Unidos. Cada una de las dos potencias poseía alrededor de 30 mil cargas atómicas estratégicas desplegadas en misiles intercontinentales, bombarderos y submarinos estratégicos. Y en 1976 la Unión Soviética comenzó a desplegar en su territorio misiles SS-20, con un alcance de 5 mil kilómetros. Esos misiles podían alcanzar cualquier blanco en Europa en cuestión de minutos.

En respuesta, Estados Unidos y la OTAN decidieron emplazar misiles Pershing II, de alcance intermedio, en varias localidades de Europa. Éstos tenían gran precisión (un círculo de error probable de 30 metros) y la capacidad de llegar a sus objetivos en la URSS en unos seis o 10 minutos, dependiendo de la distancia de cada blanco. Para los mandos soviéticos, eso significaba que tendrían menos de tres o cuatro minutos para decidir si respondían a un ataque, lo que implicaría el desencadenamiento de todas las fuerzas nucleares soviéticas. Definitivamente, los misiles de alcance intermedio se habían convertido en factor altamente desestabilizador.

El abandono del tratado INF implica el retorno a una era de inestabilidad y puede inaugurar una nueva fase en la carrera de armamentos nucleares. Washington lleva varios años diciendo que Rusia ha estado incumpliendo el tratado, mientras Moscú ha insistido en que las violaciones al acuerdo vienen de Estados Unidos. Es muy probable que Rusia haya incurrido en violaciones a éste, pero los medios estadunidenses nunca han informado con objetividad sobre las graves transgresiones de Estados Unidos a este tratado.

En 2009 la administración de Obama comenzó a desplegar el sistema Aegis (o égida en español), de defensa anti-balística, en Polonia y Rumania para contrarrestar la supuesta amenaza de misiles balísticos intercontinentales lanzados desde Irán. El tratado INF sólo prohíbe los armamentos ofensivos, así que una defensa contra una supuesta amenaza iraní no contravenía el acuerdo.

Sin embargo, un trabajo publicado recientemente por el físico Theodore Postol (experto en armamentos nucleares, del MIT) revela que los sistemas Aegis tienen la misma plataforma mecánica y electrónica que se utiliza en los navíos de la armada estadunidense y eso les permite soportar el lanzamiento de misiles ofensivos, lo que constituye una seria contravención del tratado INF. En efecto, el Aegis permite lanzar misiles de defensa antiaéreos, pero también es compatible con el lanzamiento de misiles crucero, que sólo tienen capacidad ofensiva.

El análisis de Postol (thebulletin.org) muestra que el sistema Aegis tiene un radar insuficiente y misiles demasiado lentos para contrarrestar los supuestos misiles intercontinentales lanzados desde Irán. Según este analista, el Aegis sería inútil para neutralizar un supuesto ataque desde Irán. Esto refuerza la hipótesis de que los misiles emplazados en la plataforma Aegis estarían más bien orientados hacia su capacidad ofensiva, en cuyo caso la percepción rusa estaría justificada. Si la supuesta amenaza iraní ha sido un pretexto para emplazar el sistema Aegis, estaríamos en presencia de uno de los más graves desaciertos en la historia diplomática.

Hoy, la república estadunidense se encuentra más amenazada que nunca. Pero esa amenaza viene desde sus entrañas. Y la belicosidad que existe hoy en Estados Unidos frente a Rusia y Teherán recuerda las palabras de George Kennan, uno de los arquitectos de la política de contención frente a la Unión Soviética en la guerra fría: "No existe nada más egocéntrico que una democracia acosada. Muy rápidamente se convierte en víctima de su propia propaganda de guerra". Es exactamente lo que le ha ocurrido a Estados Unidos.

Muchos años después de la firma del tratado INF, aquel 8 de diciembre de 1987, se supo que la fecha había sido escogida por el astrólogo personal de la señora Nancy Reagan, lo cual recuerda las palabras de Casio (en Julio César, acto segundo, Shakespeare), "la culpa, mi querido Bruto, no está en las estrellas, sino en nosotros, que aceptamos ser unos mentecatos".

Twitter: @anadaloficial

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Miércoles, 20 Febrero 2019 06:27

Trama del golpe de Estado contra Trump

Trama del golpe de Estado contra Trump

Además de los escenarios clásicos para defenestrar a Trump (http://bit.ly/2TVBFwf), se encontraba la aplicación de la Enmienda 25 de la Constitución por discapacidad mental, que debía contar con la mayoría del gabinete (https://bit.ly/2ScmtZM).

Este último escenario, que parecía el más descabellado, resultó real, de la propia confesión de uno de sus instigadores, Andrew McCabe, anterior director interino de la FBI, quien tomó el lugar de polémico James Comey, arrojado debajo del autobús por el controvertido Trump.

El poderoso senador Lindsey Graham, del Comité Judicial, comentó que investigará los asertos explosivos de McCabe de que el viceprocurador, el israelí-estadunidense Rod J. Rosenstein, planeaba derrocar a Trump con la Enmienda 25 (https://wapo.st/2BD0NAr).

Pese a que Rosenstein niega su connivencia, como "imprecisa e incorrecta en los hechos", no se escapará a un citatorio del panel judicial del Senado.

Graham fue muy severo contra Rosenstein, quien “estaba básicamente tratando de ejecutar un golpe administrativo (https://wapo.st/2TVJxhf)”.

Son muy graves las supuestas confesiones de McCabe, quien en varias entrevistas afirmó que Rosenstein "estaba contando los posibles votos" dentro del gabinete.

Olvidándose de su investidura como representante de la ley, Rosenstein "ofreció llevar un micrófono" con el fin de grabar como vulgar espía a Trump, aprovechando que no era revisado cuando entraba a la Casa Blanca.

Desde diciembre de 2017, J. Chistian Adams, miembro del Consejo Político de American Civil Rights Union (ACRU), expuso que Rosenstein había sido "superado por el gas del pantano de Soros", ya que debía su carrera a su amistad con tres miembros del Partido Demócrata: Phillip Heymann, Lynn Battaglia y Barbara Mikulski (http://bit.ly/2BGd33w).

Fue Rosenstein quien nombró al fiscal especial Robert Mueller, íntimo del ex director de la FBI, James Comey, para investigar la presunta colusión de Trump con el gobierno de Rusia.

Dan Bongino, de Fox News, acometió contra "el intento de golpe de Estado fraguado contra el presidente de EU", mientras The Washington Post da vuelo a las declaraciones de Trump sobre Rosenstein, "quien fue parte de un intento de golpe de Estado".
En un par de tuits matutinos, Trump embistió contra McCabe, Rosenstein y el anterior procurador Jeff Sessions, quienes "estaban planeando un acto muy ilegal y fueron atrapados".

Ya desde finales de noviembre de 2018, Trump habia retuiteado una imagen del viceprocurador Rosenstein tras las rejas y en una entrevista al New York Post fustigó que Rosenstein "nunca debió haber seleccionado a un fiscal especial", en alusión a Robert Mueller (https://nyp.st/2BFGhzu).

Con el fin de hacerle pagar su osadía al presidente, McCabe, despedido un año más tarde, ha emprendido una estridente publicidad de sus memorias La amenaza: cómo el FBI protege a EU en la era del terror y Trump (https://amzn.to/2BHrd4l).

En un par de tuits, Trump injurió a McCabe de ser "una desgracia para la FBI y para EU" y como "gran parte del escándalo de la deshonesta Hillary y el engaño sobre Rusia".

Pues parece que toda esta trama del golpe de Estado fallido contra Trump por la cábala de Andrew McCabe y el viceprocurador general Rosenstein ha sido superada por una nueva confabulación en espiral, de acuerdo con el espía de la CIA Robert David Steele, quien en fechas recientes dio a entender entre líneas que la lideresa del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, movió los resortes del poder para propinar un golpe de Estado a Trump (https://bit.ly/2SJlwgx).

Robert David Steele llegó a comentar que varios "multimillonarios" del Olimpo evalúan un plan B en el que el vicepresidente Mike Pence, connotado "evangelista sionista", sustituya a Trump (http://bit.ly/2ASsi8O).

El problema con Pence es que es mucho más errático, al menos que lo manden deliberadamente al ruedo para incinerarlo, como ha demostrado en sus posturas antidiplomáticas en Latinoamérica y desde Varsovia hasta Múnich, donde ha cosechado sonoros fracasos (http://bit.ly/2BEyDFq).

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Trump firma una orden para crear la Fuerza Espacial de EEUU

El presidente de EEUU ha firmado este martes la Directiva de Política Espacial 4, que sienta las bases de una iniciativa legislativa para crear una nueva rama de las Fuerzas Armadas dedicada a abordar las amenazas en el espacio exterior.


El presidente de EEUU, Donald Trump, ha firmado este martes una orden para crear la Fuerza Espacial de Estados Unidos, una nueva rama de las Fuerzas Armadas dedicada a abordar las amenazas en el espacio exterior.


"Nuestro destino, más allá de la Tierra, no es sólo un asunto de identidad nacional, sino de seguridad nacional", ha dicho el mandatario tras la firma de la Directiva de Política Espacial 4, que sienta las bases de una iniciativa legislativa para crear la Fuerza Espacial.


La Casa Blanca ha recalcado que, de esta forma, se da "un paso estratégico" para "garantizar la dominación espacial estadounidense". La medida reclama al Departamento de Defensa que desarrolle una propuesta legislativa para crear así una sexta rama de las Fuerzas Armadas, que en un principio quedaría bajo mando de la Fuerza Aérea.


Asimismo, ha señalado que la propuesta legislativa "recogerá la visión" del presidente y permitirá a esta Fuerza Espacial "fortalecer la capacidad de EEUU para competir, disuadir y ganar en un campo cada vez más contestado".


Además, permitirá "organizar, entrenar y equipar a los combatientes del espacio con capacidades de siguiente generación" y "maximizará la capacidad de guerra y lucha por el espacio mientras se minimiza la burocracia".
En este sentido, ha reiterado que el espacio es "un interés nacional vital" dado que "el uso del espacio es necesario para garantizar la seguridad del país, proteger vidas y apoyar el estilo de vida", antes de agregar que Trump "sabe que la guerra está cambiando y que el espacio es ahora un campo de batalla como el aire, la tierra y el mar".
La creación de esta Fuerza Espacial requiere de la aprobación del Congreso. Trump afirmó en mayo de 2018 que EEUU "tiene cada vez más presencia en el espacio, tanto militar como de otro tipo", por lo que estaba sopesando "seriamente" crear esta nueva rama de las Fuerzas Armadas.
Como argumento, los defensores de la Fuerza Espacial recuerdan que China y Rusia tienen ya su rama especializada en el espacio.

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