Anillo de 18 átomos de carbono, el primer ciclocarbono sintetizado, a partir de su observación al microscopio./IBM RESEARCH

Este nuevo hito de la química orgánica tiene en la computación que imita el cerebro una de sus posibles aplicaciones.

 

Tantas veces imaginado y nunca conseguido, un anillo de átomos de carbono era hasta ahora un sueño para los que se dedican a la química de este elemento, que es la base de la vida en la Tierra y que se presenta de múltiples formas y con múltiples propiedades, desde el durísimo diamante al versátil grafeno. El primer anillo de carbono, o ciclocarbono, sintetizado tiene 18 átomos y está ya considerado como un hito en la química orgánica, pero su futuro parece estar más en la microelectrónica (concretamente en algo llamado computación neuromórfica) que en la biología.

Los anillos de carbono no se podían construir de forma estable porque son altamente reactivos, pero unos científicos de la Universidad de Oxford y de la empresa IBM lo han conseguido con 18 átomos y la ayuda de la última tecnología en manipulación de átomos, a muy bajas temperaturas. También han logrado obtener imágenes de todo el proceso y publican los resultados en la revista Science.

Partieron los investigadores de moléculas más grandes, que contenían oxígeno, creadas en Oxford y luego llevadas al laboratorio que tiene IBM en Zúrich, ganador de premios Nobel. Allí se manipularon una a una las moléculas recortándolas con impulsos eléctricos hasta obtener el anillo aislado. El trabajo se inició hace tres años. Reconocen Fabian Schulz, Leo Gross y Katharina Kaiser que hace 30 años ya lo intentó con el mismo punto de partida otro equipo, que no disponía de la tecnología recientemente desarrollada.

Lo más importante del trabajo, sin embargo, puede que haya sido comprobar cómo se enlazan los átomos en un anillo, porque lo habitual, como se estudia en la escuela, es que cada átomo de carbono se enlace con otros tres (o cuatro en el caso del diamante) y eso es imposible en este caso. Es lo que sucede, sin embargo, en los fulerenos (el más conocido tiene la forma de un balón de fútbol), los nanotubos (microcilindros) o el grafeno (finísimas láminas de carbono), todos ellos nuevas formas de carbono y grandes éxitos de la química orgánica en los últimos 40 años por sus múltiples posibilidades prácticas. También pasa en el humilde y mucho más antiguo grafito de los lápices.

Ha resultado que al componer un anillo los átomos alternan enlaces cortos (simples) con enlaces largos (triples). Cada átomo tiene a un lado un enlace triple y al otro lado un enlace simple. Los teóricos habían predicho esta estructura o una en la que todos los enlaces fueran dobles, sin poderse decantar por una de ellas.

Los descubridores de esta nueva molécula creen que su estructura indica que tiene propiedades semiconductoras y podría ser la base de transistores diminutos, de tamaño molecular. Señalan que es la mínima estructura estable teóricamente posible para un anillo, lo que deja la puerta abierta a que se puedan sintetizar anillos más grandes. “Lo que nos resulta atractivo de la molécula es que la podemos usar para construir dispositivos moleculares que funcionen sobre la base de la transferencia de un solo electrón”, ha explicado Gross. Y aquí llega la computación neuromórfica en la que ven que puede encajar su molécula. Se trata, básicamente, de imitar el cerebro humano, el computador más avanzado, sobre todo en lo que se refiere al bajo consumo de energía y a la capacidad de conectar decenas de miles de neuronas.

Sin embargo, queda mucho camino por recorrer. Hay que conseguir estabilizar los ciclocarbonos y producirlos en cantidad antes de poder hablar de aplicaciones. Sin embargo, ya se ha conseguido un nuevo compuesto formado por varios ciclocarbonos y, como señala la revista Science, se ha abierto la puerta a un amplio abanico de nuevas estructuras con forma de anillo o cadena que podrían utilizarse algún día en electrónica y otros nanodispositivos.

27/08/2019 08:37 Actualizado: 27/08/2019 08:37

MALEN RUIZ DE ELVIRA

Materia orgánica extraterrestre apoya teoría del origen de la vida en la Tierra

Materia orgánica procedente de fuera de la Tierra fue descubierta preservada en una capa delgada de una roca sedimentaria de hace 3 mil 300 millones de años en Sudáfrica.

Este material orgánico extraterrestre está asociado con nanopartículas de espinela de ferrita enriquecidas con níquel y cromo, lo que sugiere un flujo de micrometeoritos durante el periodo Arcaico inicial sobre nuestro planeta.

Los sedimentos, obtenidos de la formación Josefsdal Chert, también contienen materia carbonosa biogénica.

La coexistencia de esas materias en los mismos depósitos sedimentarios resalta los desafíos a los que se enfrenta la investigación para el rastro de vida extinta en Marte, según el estudio, publicado en Science Direct.

El hallazgo, logrado en la formación Gaert Josefsdal en el Cinturón Greestone, de Barberton, apoya la idea de que los productos químicos orgánicos –es decir, basados en carbono– del espacio suministraron algunas de las materias primas para la primera vida en la Tierra.

"Esta es la primera vez que encontramos evidencia real de carbono extraterrestre en rocas terrestres", señaló a New Scientist Frances Westall, del Centro para la Biofísica Molecular del Centro Nacional para la Investigación Científica, institución oficial de Francia.

 

“Si no creamos nuevos antibióticos la gente morirá a los 50 o 60 años, como antes”

La científica alerta de que las resistencias bacterianas provocarán muertes en las edades medias de la vida

La Nobel de Química Ada Yonath se antoja especial nada más verla. Alrededor de la silla de ruedas —el vuelo desde Israel ha maltratado su cadera de cuasi octogenaria— despliega un pequeño caos integrado por un bolso, varios pañuelos de papel, un bastón plegable y una mochila atestada en la que rebusca y que no abandonará ni cuando suba al estrado del encuentro El futuro del envejecimiento, celebrado la pasada semana en Madrid y organizado por la Fundación Ramón Areces. “¿Es que no estás siguiendo la jornada?”, espeta a la periodista, mirando de reojo el monitor donde otros Nobel analizan el gran desafío demográfico del siglo XXI. Sobre esta mujer de ojos de niña cabalga una indómita cabellera rizada gris objeto de debate nacional en su país ante el viaje a Estocolmo en 2009 para recoger el galardón. Todo el mundo quería mandarla a la peluquería. Inevitable pensar en Einstein.

Pregunta. Es usted una mujer pionera...


Respuesta. ¿Puede quitar el término mujer? Soy una científica pionera, pero podría ser un hombre.


P. ¿Ha tenido las mismas oportunidades?


R. No, pero fue porque el proyecto era difícil, no por ser mujer. Durante los 20 años que duró la investigación muchas veces pensamos en dejarlo.


Yonath fue laureada con el Nobel junto a otros dos científicos por el descubrimiento de la estructura y la función del ribosoma, el orgánulo celular que fabrica proteínas al traducir la información del ADN. Desnudó el componente mediante cristalografía, en contra de la opinión de sus colegas. Al año siguiente de publicar el descubrimiento, los equipos que ella dirigía revelaron cómo algunos antibióticos eliminan a las bacterias uniendose a sus ribosomas e impidiendo que fabriquen proteínas. Es una de las cinco mujeres galardonadas entre los 176 hombres premiados en el olimpo de la química.


R. Nunca decidí ser científica. Pasó. Siempre fui muy curiosa. Desde niña, quería saber qué pasaba. Deseaba convertirme en escritora pero sentía que lo que tenía dentro de mí no podía expresarlo bien, así que tiré por la ciencia. Podía pensar y hacer. Más sencillo.


Las becas que la hicieron científica, cuenta con la sorna reconocible en las personas felices, fueron limpiar escaleras, hacer sándwiches o enseñar Matemáticas y Física a sus compañeros de clase en el instituto. Sus padres, inmigrantes polacos en Israel, eran extremadamente pobres.


R. Quería ser profesional, trabajar en una empresa química o dedicarme a la enseñanza. La ciencia era una afición para mí y pensé que nadie iba a pagar por una afición.
P. ¿Sigue siendo una afición?


R. Por supuesto.


P. ¿Qué hace ahora?


R. Lo mismo. En el auditorio dicen que hay una edad para que nos retiremos, pero en Israel hay excepciones y yo soy la excepción.


P. ¿Qué edad tiene?


R. Dentro de un mes cumpliré 21 [risas].


A sus largos 20 sigue nadando y subiendo montañas. Solía celebrar su cumpleaños haciendo regalos a su madre y llevándola a cenar porque considera que era a ella a la que había que honrar. “Ahora que no vive, no haré nada. Será un día normal”. Sigue al frente, a punto de cumplir los 80 años, de un equipo de científicos en el Instituto Weizmann de Israel.


P. ¿Qué tiene que decir sobre la longevidad?


R. La longevidad se disparó gracias a los antibióticos, en la mitad del pasado siglo. Evitó las muertes de quienes no habían cumplido los 50... antes de esa edad murieron Mozart o Kafka... Entonces afloraron las enfermedades relacionadas con la edad como el cáncer o el alzhéimer. Luego se dan fallos de funcionamiento, como la hipertensión que pueden ser controlados. Las farmacéuticas proveen a esos enfermos de medicamentos muy caros que los mantienen con vida. Lo que ocurre es que la gente muere de infecciones. Un tercio de las muertes atribuidas al cáncer en realidad se deben a una gripe normal porque la persona no puede luchar contra ella, ya que su sistema inmune está dañado y los antibióticos no funcionan porque hay resistencias. Los laboratorios no quieren sintetizar nuevos antibióticos, porque son muy caros de fabricar, se venden muy baratos y se utilizan pocos días, no como otros tratamientos caros, como los del cáncer. Y hay resistencias, porque las bacterias son listas, encuentran el camino para sobrevivir.


Los microorganismos resistentes son los nuevos asesinos en serie. Más de 33.000 europeos mueren al año por ese hecho. Un impacto mayor que el del sida, la tuberculosis y la gripe. En casi la mitad de los casos (39%) las bacterias letales fueron inmunes a los antibióticos más recientes.


R. Algunos laboratorios pequeños están mejorando los antibióticos existentes, pero son muy pocos. En los últimos 20 años solo se han desarrollado tres nuevos. No es nada. El último de ellos, uno completamente nuevo, ya tenía resistencias al año de usarse. Las grandes compañías han dejado de hacerlos, pero deben continuar en ello. La longevidad es algo fantástico, pero puede ser detenida por cosas estúpidas.


P. ¿Qué es lo bonito de la investigación?


R. Que es como una afición. Un juego en el que descubres algo nuevo y se lo regalas al mundo. Existe esa montaña de conocimiento y tú tienes una piedra en ella. Es fantástico.


P. ¿Qué le diría a una niña que quiera seguir sus pasos?


R. ¿Le preocupa la niña? A mí, sus madres. Me preocupa la sociedad, que piensa que las mujeres no deben dedicarse a la ciencia. Tenemos que reeducar a los padres.


P. ¿Se ha sentido sola?


R. No por ser mujer. Me he sentido sola en la comunidad científica porque no esperaban los resultados que conseguí. Aunque dicen que si yo fuese un hombre hablarían de mí de una manera menos desagradable. Ahora son más respetuosos, pero todavía algunos dicen que soy una mujer estúpida. Pienso que hay muchos científicos, hombres y mujeres, mejores que yo.

P. ¿Por dónde tendría que ir la investigación con antibióticos?


R. En mi laboratorio estamos buscando posiciones distintas a las habituales que ocupan los antibióticos en las bacterias. Son dianas para las que podamos diseñar antibióticos que penetren a través de ellas. Antibióticos que sean muy específicos para cada patógeno, incluso para cada cepa, que sean absolutamente biodegradables, de tal manera que no contaminen. Y que sepan distinguir entre bacterias dañinas y las que no lo son, la microbiota. No es fácil. Es lo que estamos haciendo. Los laboratorios me odian. Les digo que están tomando malas decisiones al no diseñar nuevos antibióticos, entiendo que necesitan ganancias para sus inversores pero si más y más personas vuelven a morir a los 50 años o a los 60, ya no van a tener consumidores para los tratamientos caros.


Acaba la entrevista. Yonath va a intervenir. Contará que su laboratorio ya ha identificado 25 puntos diana para atacar a las bacterias. El representante de la Fundación Nobel que la acompaña toma la silla de ruedas:

Madrid 27 MAY 2019 - 01:47 COT 
—¿Salimos?
—¿A dónde, a bailar?

Espionaje de Monsanto y nueva sentencia millonaria

Dos mil millones de dólares por daños. Es la cifra que un tribunal de Oakland, California, sentenció a Monsanto (ahora propiedad de Bayer) a pagar al matrimonio Alberta y Alva Pilliod, más 55 millones de dólares por costos médicos y de juicio, por haberles causado cáncer con su herbicida RoundUp. Al mismo tiempo, en Europa, el diario francés Le Monde reveló extensas operaciones de espionaje de Monsanto a periodistas y funcionarios públicos.

El abogado de los Pilliod –que tienen actualmente 70 años y han tenido cáncer linfoma no-Hodgkin por más de una década– pidió compensación por daños punitivos por mil millones de dólares, pero el juez, siguiendo las declaraciones unánimes del jurado, decidió doblar la suma. Esto, según explicó el jurado, para sentar ejemplo, porque de acuerdo con las evidencias presentadas Monsanto actuó a sabiendas de los efectos que tendría sobre los afectados y ocultando información intencionalmente. Según la agencia Bloomberg, es la octava suma más alta en Estados Unidos de compensación por daños debido a un "producto defectuoso".

Sin embargo, no se trata de un "producto defectuoso". Es un agrotóxico herbicida que cumple el objetivo biocida para el que fue diseñado. Además de matar plantas y otras formas de vida en los cultivos, también es cancerígeno para animales y humanos. Monsanto lo sabía desde la década de 1980, pero en lugar de advertir sobre el riesgo se dedicó a ocultarlo, tanto en el etiquetado como a través de manipulaciones mediáticas, pagando a académicos para escribir artículos "científicos" falseados y corrompiendo o engañando funcionarios en agencias regulatorias (https://usrtk.org/monsanto-papers/).

El principal ingrediente de RoundUp es glifosato, inventado por Monsanto y por el que tuvo una patente monopólica por 20 años que le rindió cuantiosas ganancias. Cuando la patente estaba por vencer inventó los cultivos transgénicos tolerantes a su propio herbicida RoundUp, con lo que siguió dominando el mercado con la venta casada de la semilla y el agrotóxico.

Un elemento importante que quedó claro en este juicio es que además de la toxicidad propia del glifosato, los surfactantes y otros ingredientes del RoundUp –agregados para enfrentar la resistencia de malezas al glifosato– son también altamente tóxicos. Esto es muy relevante, porque las regulaciones sobre agrotóxicos, tanto en Estados Unidos como en América Latina, no exigen a las empresas evaluaciones de inocuidad de estos componentes secundarios, cuyo uso ha aumentado vertiginosamente debido a la resistencia por la expansión de cultivos transgénicos tolerantes al herbicida.

Como refiero en un artículo anterior (El veneno que nos legó Monsanto, La Jornada, 11/05/19), este es el tercer juicio contra Monsanto-Bayer ganado por las víctimas. Bayer apelará esta sentencia, pero hay otros 13 mil 400 juicios en proceso y siguen creciendo (https://tinyurl.com/y6y5xaor).

Poco antes de esta sentencia, el diario francés Le Monde denunció que Monsanto había contratado en 2016 a la firma de relaciones públicas FleishmanHillard, que realizó un fichaje de 200 personas que consideraba relevantes en la regulación de glifosato, agrotóxicos y transgénicos. El expediente se conformó mientras la Unión Europea estaba discutiendo si suspendía la autorización de uso de glifosato, que finalmente decidió prolongar cinco años más, debido justamente al masivo cabildeo empresarial.

El fichaje confidencial realizado por FleishmanHillard para Monsanto en Francia abarcó periodistas de Le Monde y otros medios, funcionarios públicos, parlamentarios, dirigentes de organizaciones civiles, ambientalistas y de agricultores, académicos y científicos. En la lista figura también Ségolène Royal, ex candidata a presidenta. Más de la mitad de los espiados son periodistas. La empresa seleccionó y agrupó en una tabla a 74 "objetivos prioritarios", dividos en cuatro grupos: personas a vigilar, personas a educar, aliados y potenciales aliados a reclutar. Además de nombre y lugar de trabajo incluyeron sus direcciones y actividades personales, gustos, preferencias y opiniones políticas. Registrar este tipo de información sin consentimiento es ilegal en Francia, por lo que la justicia francesa inició una investigación a partir de la demanda de Le Monde. Podría ocasionar multas de 300,000 euros y hasta cinco años de prisión.

Bayer dijo desconocer las actividades de espionaje de Monsanto, pese a que tenía hasta ese momento un contrato con la misma firma, pero luego de encargar una investigación, el 21 de mayo, se disculpó por el espionaje. Informó además que "partían de la base" de que FleishmanHillard había realizado actividades similares en Alemania, Italia, Holanda, Polonia, España y Reino Unido, además de Francia.

Tanto Monsanto-Bayer como FleishmanHillard son empresas trasnacionales, por lo cual es lógico pensar que las actividades de espionaje y fichaje de opositores no se restringen solamente a estos países, ni solamente a Monsanto y Bayer. Todas las empresas de transgénicos, DuPont, Dow, Syngenta, además de Monsanto y Bayer, han contratado firmas, como FleishmanHillard, para campañas encubiertas en favor de transgénicos y agrotóxicos. No tienen argumentos para dar un debate abierto y honesto.

Por Silvia Ribeiro *

 Investigadora del Grupo ETC

 

Científicos confirman la llegada de una nueva era en la historia de la Tierra

La Época Nuclear marcaría el inicio de la unidad de tiempo geológico actual, si la propuesta de un panel de científicos de varios países recibe la aprobación final.

 

Los expertos de la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS, por sus siglas en inglés) votaron 29 a 4 a favor de reconocer el inicio del Antropoceno, una nueva época geológica asociada con la actividad humana. La decisión se anunciará oficialmente en los próximos dos años, según la página web de la Comisión.


Veintinueve miembros de la Comisión, además de apoyar la denominación Antropoceno, votaron a favor de establecer el inicio de la nueva época a mediados del siglo XX, cuando una población humana en rápido crecimiento aceleró el ritmo de la producción industrial, el uso de productos químicos agrícolas y otras actividades. Al mismo tiempo, los primeros ataques y ensayos nucleares "contaminaron el planeta con residuos radiactivos que se incrustaron en los sedimentos y el hielo glacial, convirtiéndose en parte del registro geológico", indica Nature.


La época anterior


Hace unos 12.000 años, después de la última glaciación, la Tierra entró en una época geológica conocida como Holoceno, en la que oficialmente vivimos nosotros. Los cambios climáticos ocurridos hace 12 milenios provocaron un ascenso del nivel del mar. Esto hizo, entre otras cosas, que Indonesia, Japón y Taiwán se separaran de Asia; Gran Bretaña, de la Europa continental; y Nueva Guinea y Tasmania, de Australia.


La única especie humana que ha vivido en esta época ha sido el 'Homo sapiens', que durante estos últimos milenios ha desarrollado la agricultura y la civilización, ocasionando importantes cambios en el medio ambiente.


¿Qué significa para nosotros la decisión de científicos?


La decisión de los científicos de la ICS, que representan a 121 países de todos los continentes, estipula que alrededor de 1950 la Tierra superó el Holoceno y entró en una nueva época geológica, el Antropoceno, en la que la actividad del hombre ha alterado radicalmente la faz, la fauna y la atmósfera de la Tierra.


Uno de estos impactos es el aumento de los niveles de radionúclidos. En 2016, la Comisión comenzó a considerar la propuesta de reconocer que el Holoceno había llegado a su fin.
Su terminación a mediados del siglo XX está asociada con el inicio de las pruebas nucleares y el impacto que tuvieron sobre el planeta.


Ahora el Grupo de Trabajo sobre el Antropoceno (GTA) debe acordar un límite claro entre el Holoceno y el Antropoceno. Para hacerlo, deben encontrar un marcador claro, como un cambio brusco en el número de radioisótopos o un aumento en la proporción de ciertas moléculas en las rocas.

Publicado: 24 may 2019 22:33

El agua llegó a la Tierra con la formación de la Luna, hace 4 mil 400 millones de años

Planetólogos de la Universidad de Münster (Alemania) demostraron, por primera vez, que el agua llegó a la Tierra con la formación de la Luna hace unos 4 mil 400 millones de años.

La Luna se formó cuando la Tierra fue golpeada por un cuerpo del tamaño de Marte, llamado Theia. Hasta ahora, los científicos habían asumido que este último se originó en el sistema solar interior cerca de nuestro planeta.

Sin embargo, los investigadores de Münster ahora tienen elementos para probar que Theia proviene del sistema solar exterior y que entregó grandes cantidades de agua a la Tierra. Los resultados de su estudio se publican en Nature Astronomy.

La Tierra se formó en el sistema solar interior "seco", por lo que es algo sorprendente que tenga agua. Para entenderlo, tenemos que retroceder en el tiempo, cuando el sistema solar se formó hace unos 4 mil 500 millones de años.

Materiales secos y húmedos

A partir de estudios anteriores, se sabe que el sistema solar se estructuró de tal manera que los materiales "secos" se separaron de los "húmedos": los meteoritos llamados "carbonosos", relativamente ricos en agua, provienen del sistema solar exterior, mientras los meteoritos "no carbonosos", más secos, provienen del sistema solar interior.

Si bien los estudios anteriores han demostrado que los materiales carbonosos probablemente fueron los causantes de entregar el agua a la Tierra, se desconocía cuándo y cómo llegaron, y por tanto el agua, llegó a nuestro planeta.

“Hemos utilizado isótopos de molibdeno para responder a esta pregunta, pues permiten distinguir el material carbonoso y el que no lo es, y como tal representa una ‘huella genética’ del material del sistema solar exterior e interior”, explicó Gerrit Budde, del Instituto de Planetología en Münster y autor principal del estudio.

Las mediciones realizadas por los investigadores de Münster muestran que la composición isotópica del molibdeno de la Tierra se encuentra entre las de los meteoritos carbonosos y los que no lo son, lo que demuestra que parte de ese elemento químico en el planeta se originó en el sistema solar exterior. En este contexto, sus propiedades químicas tienen un papel clave porque, como es amante del hierro, la mayor parte está en el núcleo del planeta.

"El molibdeno, al que se puede acceder hoy día en el manto de la Tierra, se origina en las últimas etapas de la formación del planeta, mientras el de las fases anteriores está completamente en el núcleo", sostuvo Christoph Burkhardt, segundo autor del estudio.

Los resultados de los científicos muestran, por primera vez, que el material carbonoso del sistema solar exterior llegó tarde al planeta.

Pero van un paso más allá. Muestran que la mayor parte del molibdeno en el manto de la Tierra fue suministrada por el protoplaneta Theia. Sin embargo, dado que una gran parte de ese elemento en el manto del planeta se origina en el sistema solar exterior, esto significa que ese cuerpo también se formó allí. Según los científicos, la colisión proporcionó material carbonoso suficiente para dar cuenta de la cantidad total de agua en la Tierra.

“Nuestro enfoque es único porque, por primera vez, permite asociar el origen del agua en la Tierra con la formación de la Luna.

"En pocas palabras, sin el satélite probablemente no habría vida en la Tierra", afirmó Thorsten Kleine, profesora de planetología en la Universidad de Münster.

Evidencia química y física

Por otra parte, por primera vez, un estudio interdisciplinario mostró evidencia química, física y material de la formación de agua en la Luna.

Si bien los descubrimientos recientes de sondas como Prospector Lunar y Satélite de Detección y Observación de Cráteres Lunares sugieren la existencia de hielo de agua en los polos del satélite, su origen sigue siendo incierto.

Ralf I. Kaiser y Jeffrey Gillis-Davis, del Intituto de Geofísica y Planetología de Hawai, diseñaron los experimentos para probar la sinergia entre los protones de hidrógeno del viento solar, los minerales lunares y los impactos de micrometeoritos.
Desinformémonos

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Polvo letal: Estados Unidos está contaminando el mundo y nadie quiere hablar de ello

'Polvo letal, hecho en EEUU: las armas de uranio contaminan el mundo' es el título del nuevo libro de Frieder Wagner. En sus páginas, el autor detalla cómo EEUU ha venido contaminando vastos territorios del planeta con sus municiones de uranio empobrecido y cómo élites políticas y militares manipulan los medios.


Sputnik ha tenido la oportunidad de conversar con el documentalista, para acercarles a sus lectores los detalles de su nueva obra.


— Señor Wagner, su libro se centra en las bombas con uranio empobrecido. ¿Qué tiene especialmente de peligroso este tipo de proyectiles?


— La munición de uranio se produce de los residuos de la industria atómica. Si, por ejemplo, usted se dispone a producir una tonelada de combustible de uranio para las centrales nucleares, obtendrá unas ocho toneladas de uranio empobrecido. Es una fuente de radiación alfa, radiactiva y, además, extremadamente contaminante. Requiere ser almacenado en algún lugar, y eso no resulta muy barato.


— ¿Cómo es posible utilizarlo como un arma?


— Hace unos 30-40 años, los ingenieros militares se percataron que el uranio es casi el doble de pesado que el plomo. Si haces de ese uranio empobrecido un proyectil y le das una correspondiente aceleración, atravesaría el blindaje de un tanque en una fracción de segundo, así como muros de concreto o el cemento. Esto, por supuesto, fue un descubrimiento importante. Además, al penetrar la armadura del tanque, se produce mucho polvo, que se incendia a una temperatura de 3.000 a 5.000 grados Celsius, incinerando a la tripulación del tanque.


— Pero el verdadero problema está en lo que sucede después del uso de estas municiones, ¿verdad?


— Exacto. El uranio empobrecido que, como ya he dicho, es una fuente de radiación alfa se quema, al quemarse forman nanopartículas que son 100 veces más pequeñas que los glóbulos rojos de la sangre. De esta manera se crea, diría, una especie de gas metálico que la gente puede inhalar, que contamina el medioambiente y puede ser transportada por el viento, a cualquier parte.


Las personas que lo respiren tienen mayor riesgo de padecer de cáncer. Estas nanopartículas, al penetrar en el cuerpo de una mujer embarazada, superan incluso la barrera que protege al bebé y afectan su desarrollo. Pueden también penetrar directamente al cerebro y llegar a cualquier órgano a través del torrente sanguíneo.


Todo lo que vuela alrededor de la Tierra, tarde o temprano se asienta y, por supuesto, infecta, en particular, el agua potable.


— ¿En qué conflictos se han usado proyectiles con uranio empobrecido?


— Fue utilizado de manera activa durante la guerra de 1991 en Irak. Los militares reconocieron que su volumen total alcanzó las 320 toneladas. Luego, en el curso de la segunda guerra en Irak, en 2003. Entonces su volumen alcanzó ya las 2.000 toneladas. También puede mencionar la guerra en Kosovo, en Yugoslavia, en Bosnia en 1995, durante la guerra en Kosovo en 1995 y después de 2001 en Afganistán, donde todavía se sigue usando.


— El título de su libro afirma "hecho en EEUU". ¿Este tipo de armas es usado solo por EEUU?


— Estas armas fueron desarrolladas en varios países de manera simultánea. En Alemania, también trabajaron en ello, como, por supuesto, en Rusia. Sin embargo, de manera masiva y en una escala tan grande han sido utilizadas solo por EEUU. No obstante, ellos no prestaron mucha atención a los posibles efectos secundarios, como lo fue, de hecho, en el momento del primer uso de las bombas atómicas. Por eso llamé al libro 'Polvo letal, hecho en EEUU'

.
— ¿Cómo pudo demostrar el uso de este tipo de municiones?


— Los serbios nos mostraron los lugares donde se utilizaron. En Irak hablamos con los habitantes del lugar. Viajamos por los lugares de grandes batallas de tanques. Ahí recogimos muestras del suelo y del polvo dentro de los tanques dañados.


Al observar un tanque, se puede decir con seguridad si fue impactado con un proyectil convencional o uno con uranio empobrecido. Las municiones con uranio dejan un polvo que incinera todo alrededor del lugar de perforación.


En todas las muestras del suelo encontrábamos uranio empobrecido, así como uranio-236, aún más radiactivo y contaminante. En la naturaleza es imposible de encontrar, se obtiene solo con la producción de combustible para las centrales atómicas.


Todo esto nos permite decir con certeza que EEUU y sus aliados utilizan bombas de uranio.


— Su libro es una recopilación de las cintas documentales 'Los médicos y los niños irradiados de Basra' (2004) y 'Polvo letal' (2007). ¿Qué pudo ver mientras trabajaba en ellas?


— Aquello fue terrible y sus escenas aún me persiguen en los sueños. Son niños con deformidades que vimos en orfanatos en Basra o Bagdad. Algunos de ellos tenían tales deformidades que casi nada humano se podía ver en ellos. Hay niños nacidos sin cabeza o nariz, ya sea con un ojo o sin ojos, con órganos internos que crecen en una especie de 'bolsa' fuera del cuerpo. Tales criaturas pueden vivir solo unas pocas horas, experimentando un dolor terrible, para luego morir.


— El documental 'Polvo letal' acompaña el libro, pero no se puede ver en la televisión. ¿El canal WDR no ha hecho más encargos? ¿A qué se debe?


— Yo se lo he presentado a WDR, así como al canal ZDF, pero mis propuestas fueron negadas. Entonces hablé con un redactor de WDR, con el cual siempre hice buenos trabajos y tenía buenas relaciones, porque siempre le ayudaba a tener una audiencia dos y tres veces mayor de lo normal. Le pregunté qué pasaba. Y él pensó un poco y me dijo:
"Sí, Frieder, alguien tiene que decírtelo. En WDR creen que ahora es complicado trabajar contigo. Pero lo más importante es que los temas que propones también son complicados. No te puedo decir nada más".


Entonces lo entendí todo. Eso sucedió en el 2005.


— ¿Alguna víctima en Kosovo o Irak ha intentado acudir a los tribunales?


— En Kosovo e Irak hasta ahora no ha habido ningún intento. En estos momentos es Kosovo todo un grupo de abogados trabaja sobre una querella contra la OTAN, porque incluso después de la guerra las personas siguen sufriendo heridas, de enfermedades e incluso mueren.


La incidencia de todo tipo de males relacionados incrementa un 20-30% cada año y sigue en aumento. Así que habrá al menos un intento de poner una demanda.


De los 2.000 soldados italianos desplegados en Kosovo e Irak, 109 sufrieron de cáncer y fallecieron. Eso está probado. Los familiares de 16 de esos soldados fueron a los tribunales y ganaron el caso. Los jueces sentenciaron que el Gobierno o el Ministerio de Defensa debía pagarles una compensación de entre 200.000 y 1,4 millones de euros, dependiendo del caso.
El Ministerio de Defensa alemán niega cualquier relación. No obstante, hemos encontrado que de los 100.000 soldados que han sido desplegados en Afganistán, al menos el 30% muestra algún signo de contaminación nuclear. Los que se casen y tengan hijos corren el peligro de que sus hijos sufran de malformaciones. Y así en varias generaciones, hacia los hijos y nietos de sus hijos.

 

CC0 / Pixabay
18:07 02.04.2019(actualizada a las 18:42 02.04.2019)

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Hachimoji, un nuevo alfabeto genético para una forma de vida en otro lugar

Esta nueva estructura es un idioma de ocho letras que cumple todos los requerimientos que permiten a nuestro ADN almacenar, transmitir y cambiar (evolucionar) la información en los sistemas vivos, lo que es la base de la biología.

 

Si la base de la vida, el ADN que hay en cada célula de cada organismo, se caracteriza por cuatro compuestos químicos que se estructuran de determinada manera en una doble hélice, ¿es posible que estructuras similares puedan también albergar vida, distinta a la que conocemos en la Tierra? Es lo que se han preguntado unos biólogos estadounidenses, que han logrado sintetizar un nuevo ADN, un sistema molecular que es igualmente capaz de almacenar y transmitir información y que se compone de las cuatro bases conocidas más otras cuatro.

No es una nueva forma de vida, se apresura a aclarar la NASA, que ha financiado la investigación dentro de su programa de búsqueda de vida en otros mundos, pero es lo suficientemente interesante para que la investigación se haya publicado en la revista Science, donde se indica que el nuevo ADN sintético duplica la densidad de información del natural. Como el de verdad, es un sistema molecular de información pero la molécula, a la que llaman ADN hachimoji (ocho letras en japonés), añade cuatro nucleótidos a los cuatro presentes en la vida terrestre (adenina, citosina, guanina y timina).


Lo que han demostrado los investigadores es que esta nueva estructura es un idioma de ocho letras que cumple todos los requerimientos que permiten a nuestro ADN almacenar, transmitir y cambiar (evolucionar) la información en los sistemas vivos, lo que es la base de la biología. Pero le falta algo, no es autosostenido (hay que suministrarle elementos continuamente) mientras que conceptualmente la vida se puede definir como un sistema químico autosostenido que es capaz de evolucionar de forma darwiniana.


“Se trata de un verdadero hito”, asegura el experto Floy Romesberg en la revista Nature. El estudio implica que no hay nada especialmente mágico o especial en esos cuatro compuestos químicos que evolucionaron en la Tierra, mientras que en otros lugares del Universo pudieron evolucionar de forma distinta. Durante muchos años se ha intentado modificar la doble hélice del ADN para ver qué pasaba pero esta investigación es la primera que demuestra de forma sistemática que las bases añadidas no naturales se reconocen y enlazan de dos en dos, como lo hacen las cuatro del ADN natural, y que la doble hélice que forman las ocho mantiene su estructura, señala esta revista científica.


En realidad, las cuatro nuevas bases o nucleótidos son variantes de las naturales, buscando determinadas características que químicamente les hagan comportarse así. Una vez conseguida la doble hélice enriquecida, la sometieron a pruebas para demostrar que el orden de las bases no implicaba la ruptura de la estructura, como sí pasa en intentos anteriores. También consiguieron demostrar que la información contenida en el ADN sintético se puede transcribir en ARN, como sucede en la naturaleza, lo que lleva a la producción de las proteínas.


O sea, que casi todo es igual que en la vida real, pero no es vida. Sin embargo, además de servir quizás para detectar la firma de la vida en otros mundos, la nueva molécula sintética tiene otras posibles aplicaciones. En experimentos anteriores, Steven Benner, de Florida, el líder del amplio grupo de investigadores de varias instituciones que han colaborado en el nuevo trabajo, demostró que un ADN enriquecido reconoce mejor que el natural las células cancerosas, lo que implica un posible uso en diagnóstico médico e incluso en medicamentos. También se pueden crear nuevas proteínas y utilizarlo como sistema de almacenamiento de información alternativo al silicio de los chips.


Pero volvamos a la evolución y a una figura que normalmente se relaciona más con la mecánica cuántica, el físico Erwin Schrödinger. “En 1942 Schrödinger predijo que sea cual sea el polímero genético que utiliza la vida, sus componentes de información deben de tener todos la misma forma y tamaño”, señala Benner, o sea que la regularidad estructural es un requerimiento más de la evolución. El hachimoji cumple esta predicción, como se ha comprobado en sus estructuras cristalinas. “Esta investigación nos recuerda lo mucho que nos queda por saber sobre el ADN y el ARN”, dice Jack Szostak, premio Nobel de Medicina que se ha interesado en su carrera por el origen de la vida, algo que por ahora no parece que se vaya a descifrar, a pesar del nuevo avance.

Ahora sabemos cuántos neutrinos tiene el Sol (y son más de los que se pensaba)

El equipo internacional de científicos del proyecto italiano Borexino ha logrado calcular, por primera vez, el número de distintos tipos de neutrinos que surge de las entrañas del Sol durante las reacciones de fusión que tienen lugar sobre su superficie. Los resultados de esta investigación se han publicado en la revista Nature.


"Los neutrinos que nacen de las diferentes reacciones en el Sol poseen diferentes cargas de energía. Como consecuencia, su estudio (…) nos permite buscar sus efectos más allá del modelo estándar de la física de partículas como, por ejemplo, las interacciones no estándar de neutrinos y de neutrinos estériles", explica Alexandr Chepurnov, docente del Instituto de Investigaciones Científicas de la Universidad Estatal de Moscú.


Los neutrinos son las partículas elementales más pequeñas sobre la superficie solar y se comunican con la materia que los rodea gracias a la gravedad y a las conocidas como 'interacciones débiles', solo presentes entre distancias bastante más pequeñas que el tamaño del núcleo de un átomo.


En 1960, los científicos descubrieron que los neutrinos de un tipo eran capaces de transformarse en otro tipo y que no poseían masa nula, sino una muy pequeña. Desde entonces, la comunidad científica ha observado detenidamente estas pequeñas partículas para tratar de calcular la masa basándose en la facilidad con la que los distintos tipos de neutrinos se convierten en otros tipos.


El proyecto Borexino, que empezó en 2007, pretende desvelar todos estos enigmas.


Como explica Chepurnov, dependiendo del tipo de reacción de fusión que se dé en el subsuelo solar, se genera uno u otro tipo de neutrinos. Si se conoce la proporción y el número de estas partículas, se puede determinar lo que está sucediendo dentro del astro rey y, además, si coincide con lo que ya predicen el modelo estándar y las teorías que intentan explicar cómo se forman las estrellas.


Durante los últimos 10 años, el equipo ha ido elaborando un 'censo' de estas partículas basándose en la cantidad de neutrinos de diferente carga de energía que genera el Sol y que observa el detector Borexino, que contiene 300 toneladas métricas de un fluido que emite destellos de luz en respuesta a los neutrinos.


Cada centímetro cuadrado del Sol produce unos 6.000 millones de estas partículas cada segundo. De la desintegración de berilio se generan otros 5.000 millones. A su vez, el nacimiento de elementos pesados genera unos 800 millones más. Los científicos del proyecto creen que el margen de error puede ser del 10%.


De acuerdo con Chepurnov, las tres cifras, resultados del 'censo', son más precisas que las de las predicciones del modelo estándar de la física de partículas.


Los científicos planean medir en el futuro el número exacto de neutrinos que surgen en la formación de núcleos de carbono, de nitrógeno y de oxígeno. Los resultados serán esenciales para evaluar la cantidad de metales —de elementos más pesados que el hidrógeno y que el helio— que hay bajo la corteza del Sol y para explorar los misterios del ciclo de vida de las estrellas más grandes del universo.

Monsanto, Bayer, el glifosato y el imperio de los sentidos

Monsanto es objeto de miles de procesos judiciales en todo el mundo, pero es la primera vez que su herbicida Roundup está sentado en el banquillo. Los abogados del demandante intentarán demostrar que la multinacional intentó ocultar la peligrosidad del producto.

No es nuevo que el Roundup, el herbicida más utilizado en el mundo, que la trasnacional Monsanto lanzó al mercado en 1975, sea acusado de estar en el origen de enfermedades de todo tipo y color. Testimonios de personas fumigadas con este producto se han acumulado a lo largo de los años, desde Argentina a Estados Unidos, de Francia a Sri Lanka, de Canadá a India. Estudios científicos independientes, realizados al margen de los laboratorios que trabajan para las empresas de la industria “biotecnológica” o de organismos que tienen entre sus miembros a personas vinculadas a esas compañías, han tendido a corroborar esos testimonios.


Pero lo que se inició esta semana en San Francisco, Estados Unidos, es una primicia: un tribunal deberá establecer si el Roundup es cancerígeno y si su fabricante ocultó deliberadamente esa condición. Monsanto es objeto de miles de procesos judiciales en todo el mundo, pero es la primera vez que el Roundup está sentado en el banquillo.


El juicio en San Francisco, iniciado por Dewayne Johnson, un estadounidense de 46 años que trabajaba cuidando el terreno de una escuela donde fumigó el herbicida a lo largo de dos años y que hoy está en fase terminal de un cáncer, debería extenderse por al menos tres semanas. “Monsanto sabe desde hace unos 40 años que los componentes de base del Roundup, fundamentalmente el glifosato, pueden provocar tumores en animales de laboratorio. Lo sabe y lo ha ocultado. Peor aún: ha proclamado la inocuidad de este producto y ha pagado estudios para que demostraran esta inocuidad”, dijo por estos días Brent Wisner, uno de los abogados de Johnson. “No es por un problema genético o por una de esas casualidades de este mundo” que el cuidador del terreno escolar padece un linfoma incurable. “Es consecuencia de las fumigaciones que él mismo realizó, con Roundup y también con Ranger Pro, otro producto de Monsanto, entre 2012 y 2014, en terrenos pertenecientes a una escuela de Benicia, California”, afirmó otro de los abogados del demandante, David Dickens. Un tercer integrante del equipo de defensores de Johnson, Robert Kennedy Junior, sobrino del ex presidente John Kennedy, afirmó a su vez que “nadie puede verse sorprendido por el hecho de que Monsanto haya intentado ocultar la peligrosidad de este producto”. “Siempre lo ha hecho”, dijo, y aseguró que su estudio maneja “unas 700 denuncias” contra el Roundup por diversos tipos de cáncer (Afp, 9-VII-18).


Para los abogados de Dewayne Johnson, lo más difícil será probar que Monsanto estaba al tanto y ocultó la peligrosidad del Roundup. “Legalmente es extremadamente difícil responsabilizar a una compañía por casos específicos de cáncer u otras enfermedades relacionadas con pesticidas”, admitió Linda Wells, de Pesticide Action Network North America (Afp, 9-VII-18), una asociación que debe batallar un día sí y otro también contra las chicanas constantes a que recurren las empresas de esta industria y las cifras millonarias que invierten para hacer lobby en los estrados judiciales, en el Congreso y entre los científicos.


La legislación del estado de California obliga a las empresas que estén al tanto de la peligrosidad probada o presunta de cualquier producto que fabriquen a hacerlo constar en el envase. Y además incluye al glifosato, el principio activo del Roundup, en un listado de sustancias potencialmente cancerígenas, siguiendo el punto de vista del Centro Internacional de Investigación del Cáncer, una agencia dependiente de las Naciones Unidas que así lo consignó hace tres años. Los poderosísimos bufetes que defienden a Monsanto alegan no sólo que “por supuesto” la empresa nada sabía acerca de la peligrosidad de su producto, sino que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, una instancia federal, ha “demostrado” que nada “hay que temer del glifosato”. Uno de los abogados de Johnson hizo notar que esta agencia supuestamente encargada de velar por la seguridad ambiental es la misma que ha negado la realidad del cambio climático y que promueve el uso de combustibles fósiles…


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El juicio en San Francisco se da, además, en un contexto nuevo: Monsanto va a desaparecer.


A comienzos de junio, otra trasnacional, la alemana Bayer, cerró la compra de Monsanto en 63.000 millones de dólares, y apenas la operación recibió el visto bueno de las autoridades de la competencia estadounidenses y europeas, confirmó que en agosto o setiembre el nombre de la empresa creada en 1901 en Misuri desaparecerá del mercado. No porque Bayer esté preocupada por las consecuencias de los productos que fabricaba Monsanto –de hecho el Roundup se seguirá comercializando bajo ese nombre, al igual que el Dicamba, otro herbicida de Monsanto que es objeto de juicios en Estados Unidos1–. Ambas empresas tienen además una historia de complicidad con genocidios que las acerca: así como la alemana colaboró con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, Monsanto es la responsable de la fabricación del llamado “Agente Naranja”, un defoliante utilizado por el ejército estadounidense en las selvas de Vietnam que exterminó a cientos de miles de personas y causó malformaciones a muchas más. “Pero está claro que el nombre de Monsanto no es de los más simpáticos actualmente y podría resultar negativo para la imagen de la empresa seguir utilizándolo”, dijo un anónimo ejecutivo de la trasnacional germana al portal francés Médiapart.


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En Estados Unidos, los defensores de Johnson y de decenas de otras personas que entablaron juicios civiles o penales contra Monsanto podrán seguir con sus demandas aunque la compañía deje de existir como tal. No sucederá lo mismo en otros países. Al menos en el plano penal. Es el caso de Francia, donde las leyes tratan a una empresa desaparecida de la misma manera que a una persona fallecida: penalmente no pueden ser imputadas. Pero sí pueden serlo en lo civil. Fue por eso que William Bourdon, Amélie Lefebvre y Bertrand Ripolt, abogados de la familia del niño Théo Grataloup, eligieron la vía civil para llevar desde comienzos de junio ante los tribunales franceses a Monsanto. La empresa es acusada de ser la responsable de las deformaciones que desde su nacimiento, hace 11 años, sufre Théo.


Los Grataloup son una familia de fuertes convicciones ecologistas que años atrás se creyeron la publicidad del Glyper, un derivado del Roundup presentado por su fabricante como “el primer herbicida biodegradable concebido en el mundo” y fumigaron el campo que explotaban en el departamento de Isere con este producto, que también contiene glifosato. Lo hicieron por mucho tiempo, incluso durante el embarazo de Sabine, la madre de Théo. Cuando el niño nació, en 2007, presentó malformaciones que el cirujano que llegó a operarlo 54 veces, Rémi Dubois, dijo “jamás haber visto anteriormente” (Médiapart, 14-VI-18). Los médicos debieron separar los sistemas digestivo y respiratorio del recién nacido y someterlo a una traqueotomía a los tres meses de vida. Cuatro años le llevó a Théo abandonar el servicio de reanimación del hospital que lo trataba y dos más para dejar de alimentarse por sonda. Basándose en 15 investigaciones médicas publicadas entre 2002 y 2017, Dubois afirmó ante la justicia de su país el mes pasado que “la implicancia del glifosato en la aparición del síndrome polimalformativo que Théo presentó al nacer es altamente probable”.


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Sabine Grataloup fue una de las decenas de personas provenientes de todo el mundo que declararon ante el Tribunal Monsanto, una “instancia ciudadana” reunida en La Haya, Holanda, entre el 16 y el 18 de octubre de 2016 para determinar la responsabilidad de la trasnacional estadounidense en la fabricación y comercialización de productos nocivos para la salud y el medio ambiente. El tribunal, integrado por cinco jueces profesionales, funcionó siguiendo los mecanismos de la Corte Penal Internacional, que sesiona en la misma ciudad holandesa. Tras escuchar los testimonios de víctimas de fumigaciones y de diversos especialistas, acabó condenando a la trasnacional por “ecocidio” y por “implementar prácticas que tienen un impacto negativo sobre el derecho a un ambiente sano, a la alimentación y a la salud”.


Émilie Gaillard, una de las organizadoras del tribunal, admite que esa resolución no tendrá consecuencia jurídica alguna, pero “se cumplió con uno de los objetivos principales de los promotores de la iniciativa: lograr que víctimas de las prácticas de Monsanto y científicos que luchan con pocos medios contra este gigante puedan juntarse. Sabine Grataloup, por ejemplo, se cruzó en La Haya con María Liz Robledo, una argentina cuya hija, Martina, nació con malformaciones congénitas en el esófago emparentadas con lo que le sucede a Théo”. La vivienda de Robledo, en la provincia de Buenos Aires, está rodeada de bidones de pesticidas utilizados para tratar con herbicidas de Monsanto la soja y el maíz transgénicos producidos con semillas de Monsanto. La Red de Pueblos Fumigados argentina pelea a brazo partido contra la trasnacional desde hace años, con la ayuda de organizaciones sociales y de un puñado de científicos que se resisten a ser cooptados por la industria “biotecnológica”. Según el neonatólogo Medardo Ávila, integrante de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, desde que se comenzó a fumigar masivamente con productos a base de glifosato, en las zonas agrícolas argentinas “hay tres veces más de casos de cáncer que en las ciudades y de cada 100 nacimientos tres son de niños con malformaciones, frente a una media de 2 por ciento en otras zonas” (Afp, 6-VII-18).


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A los integrantes de esas redes, los productores de soja argentinos y las corporaciones empresariales de la industria los tratan de “ecoterroristas”, el mismo mote que responsables de Monsanto en Francia le endilgaron a Paul François, un productor de cereales de la región de Charente que denunció a la trasnacional por haberse intoxicado con Lasso, otro herbicida producido por la firma estadounidense prohibido en Canadá en 1985 y en Bélgica en 1992. En 2012 un tribunal de Lyon condenó a la empresa a indemnizar al agricultor, un fallo confirmado en 2015, pero anulado poco después por el Tribunal de Casación.


El caso volverá a ser examinado por la justicia en 2019. Los abogados de François se concentrarán en intentar probar que Monsanto estaba al tanto de la nocividad de Lasso. “Vivimos en una época en que se protege cada vez más el secreto empresarial”, observó Bertrand Repolt, uno de los defensores del agricultor francés. Pero él y sus colegas podrán agregar a sus alegatos no sólo la voluminosa documentación presentada ante el Tribunal Monsanto, sino también las informaciones reveladas por los Monsanto Papers, cientos de documentos internos de la trasnacional publicados en 2017 en el marco de un recurso de hábeas data presentado en Estados Unidos. El diario francés Le Monde “trabajó” esos informes, correos electrónicos, memorandos secretos y puso al descubierto la metodología utilizada por la trasnacional para manipular a científicos y organizaciones, desprestigiar a investigadores críticos y ocultar informaciones. “De esa investigación queda clarísimo que al menos desde 1999 Monsanto sabía que su paquete tecnológico es dañino para la salud y el ambiente, en especial el glifosato, pero también los surfactantes asociados”, dijeron los abogados de la familia Grataloup. “Esperemos que la justicia así lo entienda”.


1. Según un relevamiento de la Universidad de Misuri hacia fines de 2017 había 2.700 denuncias contra Monsanto por los desastres causados por el Dicamba.



Prórroga y prohibición


En diciembre pasado, la Comisión Europea renovó la licencia del glifosato hasta fines de 2022. La medida fue votada por 18 países, pero algunos de los nueve que la rechazaron dijeron que no lo acatarán. Es el caso de Francia, cuyo gobierno ratificó su decisión de prohibir el uso del herbicida a más tardar en tres años.


Escándalo


“El glifosato es el mayor escándalo sanitario de toda la historia de la industria química: es cancerígeno, es un perturbador endógeno que actúa como una hormona (por eso hay tantos casos de niños que nacen con malformaciones congénitas o se producen tantos abortos espontáneos), absorbe los metales buenos como el hierro que necesitamos para el cuerpo, y es un agente antibiótico muy fuerte que acaba con las buenas bacterias del suelo. No es común que un agrotóxico reúna estas cuatro funciones.”


(Declaraciones de Marie Monique Robin, documentalista e investigadora francesa, al sitio web resumenlatinoamericano.org, en 2016. Robin es autora, entre otros trabajos, de El mundo según Monsanto y El glifosato en el banquillo. Este último, que fue precedido por el documental Le Roundup face á ses juges, recoge los testimonios presentados ante el Tribunal Monsanto).


Concentración


Con la compra de Monsanto por Bayer, el sector agroquímico quedó reducido a tres grandes grupos. En 2017 Dow Chemical se unió con la también estadounidense DuPont y ChemChina compró a la suiza Syngenta. Con 115 mil empleados y unos ingresos estimados en 53.000 millones de dólares anuales, el grupo Bayer-Monsanto será el principal del sector. “Los tres nuevos conglomerados controlarán más del 60 por ciento del mercado de las semillas y la agroquímica a nivel planetario, suministrarán casi todos los organismos genéticamente modificados y tendrán la mayoría de las patentes sobre las plantas, por lo que impondrán sus condiciones a los agricultores y a los estados más de lo que ya lo estaban haciendo”, denunció la fundación Heinrich Böll, vinculada a los Verdes alemanes.

 

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