Polvo letal: Estados Unidos está contaminando el mundo y nadie quiere hablar de ello

'Polvo letal, hecho en EEUU: las armas de uranio contaminan el mundo' es el título del nuevo libro de Frieder Wagner. En sus páginas, el autor detalla cómo EEUU ha venido contaminando vastos territorios del planeta con sus municiones de uranio empobrecido y cómo élites políticas y militares manipulan los medios.


Sputnik ha tenido la oportunidad de conversar con el documentalista, para acercarles a sus lectores los detalles de su nueva obra.


— Señor Wagner, su libro se centra en las bombas con uranio empobrecido. ¿Qué tiene especialmente de peligroso este tipo de proyectiles?


— La munición de uranio se produce de los residuos de la industria atómica. Si, por ejemplo, usted se dispone a producir una tonelada de combustible de uranio para las centrales nucleares, obtendrá unas ocho toneladas de uranio empobrecido. Es una fuente de radiación alfa, radiactiva y, además, extremadamente contaminante. Requiere ser almacenado en algún lugar, y eso no resulta muy barato.


— ¿Cómo es posible utilizarlo como un arma?


— Hace unos 30-40 años, los ingenieros militares se percataron que el uranio es casi el doble de pesado que el plomo. Si haces de ese uranio empobrecido un proyectil y le das una correspondiente aceleración, atravesaría el blindaje de un tanque en una fracción de segundo, así como muros de concreto o el cemento. Esto, por supuesto, fue un descubrimiento importante. Además, al penetrar la armadura del tanque, se produce mucho polvo, que se incendia a una temperatura de 3.000 a 5.000 grados Celsius, incinerando a la tripulación del tanque.


— Pero el verdadero problema está en lo que sucede después del uso de estas municiones, ¿verdad?


— Exacto. El uranio empobrecido que, como ya he dicho, es una fuente de radiación alfa se quema, al quemarse forman nanopartículas que son 100 veces más pequeñas que los glóbulos rojos de la sangre. De esta manera se crea, diría, una especie de gas metálico que la gente puede inhalar, que contamina el medioambiente y puede ser transportada por el viento, a cualquier parte.


Las personas que lo respiren tienen mayor riesgo de padecer de cáncer. Estas nanopartículas, al penetrar en el cuerpo de una mujer embarazada, superan incluso la barrera que protege al bebé y afectan su desarrollo. Pueden también penetrar directamente al cerebro y llegar a cualquier órgano a través del torrente sanguíneo.


Todo lo que vuela alrededor de la Tierra, tarde o temprano se asienta y, por supuesto, infecta, en particular, el agua potable.


— ¿En qué conflictos se han usado proyectiles con uranio empobrecido?


— Fue utilizado de manera activa durante la guerra de 1991 en Irak. Los militares reconocieron que su volumen total alcanzó las 320 toneladas. Luego, en el curso de la segunda guerra en Irak, en 2003. Entonces su volumen alcanzó ya las 2.000 toneladas. También puede mencionar la guerra en Kosovo, en Yugoslavia, en Bosnia en 1995, durante la guerra en Kosovo en 1995 y después de 2001 en Afganistán, donde todavía se sigue usando.


— El título de su libro afirma "hecho en EEUU". ¿Este tipo de armas es usado solo por EEUU?


— Estas armas fueron desarrolladas en varios países de manera simultánea. En Alemania, también trabajaron en ello, como, por supuesto, en Rusia. Sin embargo, de manera masiva y en una escala tan grande han sido utilizadas solo por EEUU. No obstante, ellos no prestaron mucha atención a los posibles efectos secundarios, como lo fue, de hecho, en el momento del primer uso de las bombas atómicas. Por eso llamé al libro 'Polvo letal, hecho en EEUU'

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— ¿Cómo pudo demostrar el uso de este tipo de municiones?


— Los serbios nos mostraron los lugares donde se utilizaron. En Irak hablamos con los habitantes del lugar. Viajamos por los lugares de grandes batallas de tanques. Ahí recogimos muestras del suelo y del polvo dentro de los tanques dañados.


Al observar un tanque, se puede decir con seguridad si fue impactado con un proyectil convencional o uno con uranio empobrecido. Las municiones con uranio dejan un polvo que incinera todo alrededor del lugar de perforación.


En todas las muestras del suelo encontrábamos uranio empobrecido, así como uranio-236, aún más radiactivo y contaminante. En la naturaleza es imposible de encontrar, se obtiene solo con la producción de combustible para las centrales atómicas.


Todo esto nos permite decir con certeza que EEUU y sus aliados utilizan bombas de uranio.


— Su libro es una recopilación de las cintas documentales 'Los médicos y los niños irradiados de Basra' (2004) y 'Polvo letal' (2007). ¿Qué pudo ver mientras trabajaba en ellas?


— Aquello fue terrible y sus escenas aún me persiguen en los sueños. Son niños con deformidades que vimos en orfanatos en Basra o Bagdad. Algunos de ellos tenían tales deformidades que casi nada humano se podía ver en ellos. Hay niños nacidos sin cabeza o nariz, ya sea con un ojo o sin ojos, con órganos internos que crecen en una especie de 'bolsa' fuera del cuerpo. Tales criaturas pueden vivir solo unas pocas horas, experimentando un dolor terrible, para luego morir.


— El documental 'Polvo letal' acompaña el libro, pero no se puede ver en la televisión. ¿El canal WDR no ha hecho más encargos? ¿A qué se debe?


— Yo se lo he presentado a WDR, así como al canal ZDF, pero mis propuestas fueron negadas. Entonces hablé con un redactor de WDR, con el cual siempre hice buenos trabajos y tenía buenas relaciones, porque siempre le ayudaba a tener una audiencia dos y tres veces mayor de lo normal. Le pregunté qué pasaba. Y él pensó un poco y me dijo:
"Sí, Frieder, alguien tiene que decírtelo. En WDR creen que ahora es complicado trabajar contigo. Pero lo más importante es que los temas que propones también son complicados. No te puedo decir nada más".


Entonces lo entendí todo. Eso sucedió en el 2005.


— ¿Alguna víctima en Kosovo o Irak ha intentado acudir a los tribunales?


— En Kosovo e Irak hasta ahora no ha habido ningún intento. En estos momentos es Kosovo todo un grupo de abogados trabaja sobre una querella contra la OTAN, porque incluso después de la guerra las personas siguen sufriendo heridas, de enfermedades e incluso mueren.


La incidencia de todo tipo de males relacionados incrementa un 20-30% cada año y sigue en aumento. Así que habrá al menos un intento de poner una demanda.


De los 2.000 soldados italianos desplegados en Kosovo e Irak, 109 sufrieron de cáncer y fallecieron. Eso está probado. Los familiares de 16 de esos soldados fueron a los tribunales y ganaron el caso. Los jueces sentenciaron que el Gobierno o el Ministerio de Defensa debía pagarles una compensación de entre 200.000 y 1,4 millones de euros, dependiendo del caso.
El Ministerio de Defensa alemán niega cualquier relación. No obstante, hemos encontrado que de los 100.000 soldados que han sido desplegados en Afganistán, al menos el 30% muestra algún signo de contaminación nuclear. Los que se casen y tengan hijos corren el peligro de que sus hijos sufran de malformaciones. Y así en varias generaciones, hacia los hijos y nietos de sus hijos.

 

CC0 / Pixabay
18:07 02.04.2019(actualizada a las 18:42 02.04.2019)

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Hachimoji, un nuevo alfabeto genético para una forma de vida en otro lugar

Esta nueva estructura es un idioma de ocho letras que cumple todos los requerimientos que permiten a nuestro ADN almacenar, transmitir y cambiar (evolucionar) la información en los sistemas vivos, lo que es la base de la biología.

 

Si la base de la vida, el ADN que hay en cada célula de cada organismo, se caracteriza por cuatro compuestos químicos que se estructuran de determinada manera en una doble hélice, ¿es posible que estructuras similares puedan también albergar vida, distinta a la que conocemos en la Tierra? Es lo que se han preguntado unos biólogos estadounidenses, que han logrado sintetizar un nuevo ADN, un sistema molecular que es igualmente capaz de almacenar y transmitir información y que se compone de las cuatro bases conocidas más otras cuatro.

No es una nueva forma de vida, se apresura a aclarar la NASA, que ha financiado la investigación dentro de su programa de búsqueda de vida en otros mundos, pero es lo suficientemente interesante para que la investigación se haya publicado en la revista Science, donde se indica que el nuevo ADN sintético duplica la densidad de información del natural. Como el de verdad, es un sistema molecular de información pero la molécula, a la que llaman ADN hachimoji (ocho letras en japonés), añade cuatro nucleótidos a los cuatro presentes en la vida terrestre (adenina, citosina, guanina y timina).


Lo que han demostrado los investigadores es que esta nueva estructura es un idioma de ocho letras que cumple todos los requerimientos que permiten a nuestro ADN almacenar, transmitir y cambiar (evolucionar) la información en los sistemas vivos, lo que es la base de la biología. Pero le falta algo, no es autosostenido (hay que suministrarle elementos continuamente) mientras que conceptualmente la vida se puede definir como un sistema químico autosostenido que es capaz de evolucionar de forma darwiniana.


“Se trata de un verdadero hito”, asegura el experto Floy Romesberg en la revista Nature. El estudio implica que no hay nada especialmente mágico o especial en esos cuatro compuestos químicos que evolucionaron en la Tierra, mientras que en otros lugares del Universo pudieron evolucionar de forma distinta. Durante muchos años se ha intentado modificar la doble hélice del ADN para ver qué pasaba pero esta investigación es la primera que demuestra de forma sistemática que las bases añadidas no naturales se reconocen y enlazan de dos en dos, como lo hacen las cuatro del ADN natural, y que la doble hélice que forman las ocho mantiene su estructura, señala esta revista científica.


En realidad, las cuatro nuevas bases o nucleótidos son variantes de las naturales, buscando determinadas características que químicamente les hagan comportarse así. Una vez conseguida la doble hélice enriquecida, la sometieron a pruebas para demostrar que el orden de las bases no implicaba la ruptura de la estructura, como sí pasa en intentos anteriores. También consiguieron demostrar que la información contenida en el ADN sintético se puede transcribir en ARN, como sucede en la naturaleza, lo que lleva a la producción de las proteínas.


O sea, que casi todo es igual que en la vida real, pero no es vida. Sin embargo, además de servir quizás para detectar la firma de la vida en otros mundos, la nueva molécula sintética tiene otras posibles aplicaciones. En experimentos anteriores, Steven Benner, de Florida, el líder del amplio grupo de investigadores de varias instituciones que han colaborado en el nuevo trabajo, demostró que un ADN enriquecido reconoce mejor que el natural las células cancerosas, lo que implica un posible uso en diagnóstico médico e incluso en medicamentos. También se pueden crear nuevas proteínas y utilizarlo como sistema de almacenamiento de información alternativo al silicio de los chips.


Pero volvamos a la evolución y a una figura que normalmente se relaciona más con la mecánica cuántica, el físico Erwin Schrödinger. “En 1942 Schrödinger predijo que sea cual sea el polímero genético que utiliza la vida, sus componentes de información deben de tener todos la misma forma y tamaño”, señala Benner, o sea que la regularidad estructural es un requerimiento más de la evolución. El hachimoji cumple esta predicción, como se ha comprobado en sus estructuras cristalinas. “Esta investigación nos recuerda lo mucho que nos queda por saber sobre el ADN y el ARN”, dice Jack Szostak, premio Nobel de Medicina que se ha interesado en su carrera por el origen de la vida, algo que por ahora no parece que se vaya a descifrar, a pesar del nuevo avance.

Ahora sabemos cuántos neutrinos tiene el Sol (y son más de los que se pensaba)

El equipo internacional de científicos del proyecto italiano Borexino ha logrado calcular, por primera vez, el número de distintos tipos de neutrinos que surge de las entrañas del Sol durante las reacciones de fusión que tienen lugar sobre su superficie. Los resultados de esta investigación se han publicado en la revista Nature.


"Los neutrinos que nacen de las diferentes reacciones en el Sol poseen diferentes cargas de energía. Como consecuencia, su estudio (…) nos permite buscar sus efectos más allá del modelo estándar de la física de partículas como, por ejemplo, las interacciones no estándar de neutrinos y de neutrinos estériles", explica Alexandr Chepurnov, docente del Instituto de Investigaciones Científicas de la Universidad Estatal de Moscú.


Los neutrinos son las partículas elementales más pequeñas sobre la superficie solar y se comunican con la materia que los rodea gracias a la gravedad y a las conocidas como 'interacciones débiles', solo presentes entre distancias bastante más pequeñas que el tamaño del núcleo de un átomo.


En 1960, los científicos descubrieron que los neutrinos de un tipo eran capaces de transformarse en otro tipo y que no poseían masa nula, sino una muy pequeña. Desde entonces, la comunidad científica ha observado detenidamente estas pequeñas partículas para tratar de calcular la masa basándose en la facilidad con la que los distintos tipos de neutrinos se convierten en otros tipos.


El proyecto Borexino, que empezó en 2007, pretende desvelar todos estos enigmas.


Como explica Chepurnov, dependiendo del tipo de reacción de fusión que se dé en el subsuelo solar, se genera uno u otro tipo de neutrinos. Si se conoce la proporción y el número de estas partículas, se puede determinar lo que está sucediendo dentro del astro rey y, además, si coincide con lo que ya predicen el modelo estándar y las teorías que intentan explicar cómo se forman las estrellas.


Durante los últimos 10 años, el equipo ha ido elaborando un 'censo' de estas partículas basándose en la cantidad de neutrinos de diferente carga de energía que genera el Sol y que observa el detector Borexino, que contiene 300 toneladas métricas de un fluido que emite destellos de luz en respuesta a los neutrinos.


Cada centímetro cuadrado del Sol produce unos 6.000 millones de estas partículas cada segundo. De la desintegración de berilio se generan otros 5.000 millones. A su vez, el nacimiento de elementos pesados genera unos 800 millones más. Los científicos del proyecto creen que el margen de error puede ser del 10%.


De acuerdo con Chepurnov, las tres cifras, resultados del 'censo', son más precisas que las de las predicciones del modelo estándar de la física de partículas.


Los científicos planean medir en el futuro el número exacto de neutrinos que surgen en la formación de núcleos de carbono, de nitrógeno y de oxígeno. Los resultados serán esenciales para evaluar la cantidad de metales —de elementos más pesados que el hidrógeno y que el helio— que hay bajo la corteza del Sol y para explorar los misterios del ciclo de vida de las estrellas más grandes del universo.

Monsanto, Bayer, el glifosato y el imperio de los sentidos

Monsanto es objeto de miles de procesos judiciales en todo el mundo, pero es la primera vez que su herbicida Roundup está sentado en el banquillo. Los abogados del demandante intentarán demostrar que la multinacional intentó ocultar la peligrosidad del producto.

No es nuevo que el Roundup, el herbicida más utilizado en el mundo, que la trasnacional Monsanto lanzó al mercado en 1975, sea acusado de estar en el origen de enfermedades de todo tipo y color. Testimonios de personas fumigadas con este producto se han acumulado a lo largo de los años, desde Argentina a Estados Unidos, de Francia a Sri Lanka, de Canadá a India. Estudios científicos independientes, realizados al margen de los laboratorios que trabajan para las empresas de la industria “biotecnológica” o de organismos que tienen entre sus miembros a personas vinculadas a esas compañías, han tendido a corroborar esos testimonios.


Pero lo que se inició esta semana en San Francisco, Estados Unidos, es una primicia: un tribunal deberá establecer si el Roundup es cancerígeno y si su fabricante ocultó deliberadamente esa condición. Monsanto es objeto de miles de procesos judiciales en todo el mundo, pero es la primera vez que el Roundup está sentado en el banquillo.


El juicio en San Francisco, iniciado por Dewayne Johnson, un estadounidense de 46 años que trabajaba cuidando el terreno de una escuela donde fumigó el herbicida a lo largo de dos años y que hoy está en fase terminal de un cáncer, debería extenderse por al menos tres semanas. “Monsanto sabe desde hace unos 40 años que los componentes de base del Roundup, fundamentalmente el glifosato, pueden provocar tumores en animales de laboratorio. Lo sabe y lo ha ocultado. Peor aún: ha proclamado la inocuidad de este producto y ha pagado estudios para que demostraran esta inocuidad”, dijo por estos días Brent Wisner, uno de los abogados de Johnson. “No es por un problema genético o por una de esas casualidades de este mundo” que el cuidador del terreno escolar padece un linfoma incurable. “Es consecuencia de las fumigaciones que él mismo realizó, con Roundup y también con Ranger Pro, otro producto de Monsanto, entre 2012 y 2014, en terrenos pertenecientes a una escuela de Benicia, California”, afirmó otro de los abogados del demandante, David Dickens. Un tercer integrante del equipo de defensores de Johnson, Robert Kennedy Junior, sobrino del ex presidente John Kennedy, afirmó a su vez que “nadie puede verse sorprendido por el hecho de que Monsanto haya intentado ocultar la peligrosidad de este producto”. “Siempre lo ha hecho”, dijo, y aseguró que su estudio maneja “unas 700 denuncias” contra el Roundup por diversos tipos de cáncer (Afp, 9-VII-18).


Para los abogados de Dewayne Johnson, lo más difícil será probar que Monsanto estaba al tanto y ocultó la peligrosidad del Roundup. “Legalmente es extremadamente difícil responsabilizar a una compañía por casos específicos de cáncer u otras enfermedades relacionadas con pesticidas”, admitió Linda Wells, de Pesticide Action Network North America (Afp, 9-VII-18), una asociación que debe batallar un día sí y otro también contra las chicanas constantes a que recurren las empresas de esta industria y las cifras millonarias que invierten para hacer lobby en los estrados judiciales, en el Congreso y entre los científicos.


La legislación del estado de California obliga a las empresas que estén al tanto de la peligrosidad probada o presunta de cualquier producto que fabriquen a hacerlo constar en el envase. Y además incluye al glifosato, el principio activo del Roundup, en un listado de sustancias potencialmente cancerígenas, siguiendo el punto de vista del Centro Internacional de Investigación del Cáncer, una agencia dependiente de las Naciones Unidas que así lo consignó hace tres años. Los poderosísimos bufetes que defienden a Monsanto alegan no sólo que “por supuesto” la empresa nada sabía acerca de la peligrosidad de su producto, sino que la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, una instancia federal, ha “demostrado” que nada “hay que temer del glifosato”. Uno de los abogados de Johnson hizo notar que esta agencia supuestamente encargada de velar por la seguridad ambiental es la misma que ha negado la realidad del cambio climático y que promueve el uso de combustibles fósiles…


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El juicio en San Francisco se da, además, en un contexto nuevo: Monsanto va a desaparecer.


A comienzos de junio, otra trasnacional, la alemana Bayer, cerró la compra de Monsanto en 63.000 millones de dólares, y apenas la operación recibió el visto bueno de las autoridades de la competencia estadounidenses y europeas, confirmó que en agosto o setiembre el nombre de la empresa creada en 1901 en Misuri desaparecerá del mercado. No porque Bayer esté preocupada por las consecuencias de los productos que fabricaba Monsanto –de hecho el Roundup se seguirá comercializando bajo ese nombre, al igual que el Dicamba, otro herbicida de Monsanto que es objeto de juicios en Estados Unidos1–. Ambas empresas tienen además una historia de complicidad con genocidios que las acerca: así como la alemana colaboró con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, Monsanto es la responsable de la fabricación del llamado “Agente Naranja”, un defoliante utilizado por el ejército estadounidense en las selvas de Vietnam que exterminó a cientos de miles de personas y causó malformaciones a muchas más. “Pero está claro que el nombre de Monsanto no es de los más simpáticos actualmente y podría resultar negativo para la imagen de la empresa seguir utilizándolo”, dijo un anónimo ejecutivo de la trasnacional germana al portal francés Médiapart.


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En Estados Unidos, los defensores de Johnson y de decenas de otras personas que entablaron juicios civiles o penales contra Monsanto podrán seguir con sus demandas aunque la compañía deje de existir como tal. No sucederá lo mismo en otros países. Al menos en el plano penal. Es el caso de Francia, donde las leyes tratan a una empresa desaparecida de la misma manera que a una persona fallecida: penalmente no pueden ser imputadas. Pero sí pueden serlo en lo civil. Fue por eso que William Bourdon, Amélie Lefebvre y Bertrand Ripolt, abogados de la familia del niño Théo Grataloup, eligieron la vía civil para llevar desde comienzos de junio ante los tribunales franceses a Monsanto. La empresa es acusada de ser la responsable de las deformaciones que desde su nacimiento, hace 11 años, sufre Théo.


Los Grataloup son una familia de fuertes convicciones ecologistas que años atrás se creyeron la publicidad del Glyper, un derivado del Roundup presentado por su fabricante como “el primer herbicida biodegradable concebido en el mundo” y fumigaron el campo que explotaban en el departamento de Isere con este producto, que también contiene glifosato. Lo hicieron por mucho tiempo, incluso durante el embarazo de Sabine, la madre de Théo. Cuando el niño nació, en 2007, presentó malformaciones que el cirujano que llegó a operarlo 54 veces, Rémi Dubois, dijo “jamás haber visto anteriormente” (Médiapart, 14-VI-18). Los médicos debieron separar los sistemas digestivo y respiratorio del recién nacido y someterlo a una traqueotomía a los tres meses de vida. Cuatro años le llevó a Théo abandonar el servicio de reanimación del hospital que lo trataba y dos más para dejar de alimentarse por sonda. Basándose en 15 investigaciones médicas publicadas entre 2002 y 2017, Dubois afirmó ante la justicia de su país el mes pasado que “la implicancia del glifosato en la aparición del síndrome polimalformativo que Théo presentó al nacer es altamente probable”.


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Sabine Grataloup fue una de las decenas de personas provenientes de todo el mundo que declararon ante el Tribunal Monsanto, una “instancia ciudadana” reunida en La Haya, Holanda, entre el 16 y el 18 de octubre de 2016 para determinar la responsabilidad de la trasnacional estadounidense en la fabricación y comercialización de productos nocivos para la salud y el medio ambiente. El tribunal, integrado por cinco jueces profesionales, funcionó siguiendo los mecanismos de la Corte Penal Internacional, que sesiona en la misma ciudad holandesa. Tras escuchar los testimonios de víctimas de fumigaciones y de diversos especialistas, acabó condenando a la trasnacional por “ecocidio” y por “implementar prácticas que tienen un impacto negativo sobre el derecho a un ambiente sano, a la alimentación y a la salud”.


Émilie Gaillard, una de las organizadoras del tribunal, admite que esa resolución no tendrá consecuencia jurídica alguna, pero “se cumplió con uno de los objetivos principales de los promotores de la iniciativa: lograr que víctimas de las prácticas de Monsanto y científicos que luchan con pocos medios contra este gigante puedan juntarse. Sabine Grataloup, por ejemplo, se cruzó en La Haya con María Liz Robledo, una argentina cuya hija, Martina, nació con malformaciones congénitas en el esófago emparentadas con lo que le sucede a Théo”. La vivienda de Robledo, en la provincia de Buenos Aires, está rodeada de bidones de pesticidas utilizados para tratar con herbicidas de Monsanto la soja y el maíz transgénicos producidos con semillas de Monsanto. La Red de Pueblos Fumigados argentina pelea a brazo partido contra la trasnacional desde hace años, con la ayuda de organizaciones sociales y de un puñado de científicos que se resisten a ser cooptados por la industria “biotecnológica”. Según el neonatólogo Medardo Ávila, integrante de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, desde que se comenzó a fumigar masivamente con productos a base de glifosato, en las zonas agrícolas argentinas “hay tres veces más de casos de cáncer que en las ciudades y de cada 100 nacimientos tres son de niños con malformaciones, frente a una media de 2 por ciento en otras zonas” (Afp, 6-VII-18).


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A los integrantes de esas redes, los productores de soja argentinos y las corporaciones empresariales de la industria los tratan de “ecoterroristas”, el mismo mote que responsables de Monsanto en Francia le endilgaron a Paul François, un productor de cereales de la región de Charente que denunció a la trasnacional por haberse intoxicado con Lasso, otro herbicida producido por la firma estadounidense prohibido en Canadá en 1985 y en Bélgica en 1992. En 2012 un tribunal de Lyon condenó a la empresa a indemnizar al agricultor, un fallo confirmado en 2015, pero anulado poco después por el Tribunal de Casación.


El caso volverá a ser examinado por la justicia en 2019. Los abogados de François se concentrarán en intentar probar que Monsanto estaba al tanto de la nocividad de Lasso. “Vivimos en una época en que se protege cada vez más el secreto empresarial”, observó Bertrand Repolt, uno de los defensores del agricultor francés. Pero él y sus colegas podrán agregar a sus alegatos no sólo la voluminosa documentación presentada ante el Tribunal Monsanto, sino también las informaciones reveladas por los Monsanto Papers, cientos de documentos internos de la trasnacional publicados en 2017 en el marco de un recurso de hábeas data presentado en Estados Unidos. El diario francés Le Monde “trabajó” esos informes, correos electrónicos, memorandos secretos y puso al descubierto la metodología utilizada por la trasnacional para manipular a científicos y organizaciones, desprestigiar a investigadores críticos y ocultar informaciones. “De esa investigación queda clarísimo que al menos desde 1999 Monsanto sabía que su paquete tecnológico es dañino para la salud y el ambiente, en especial el glifosato, pero también los surfactantes asociados”, dijeron los abogados de la familia Grataloup. “Esperemos que la justicia así lo entienda”.


1. Según un relevamiento de la Universidad de Misuri hacia fines de 2017 había 2.700 denuncias contra Monsanto por los desastres causados por el Dicamba.



Prórroga y prohibición


En diciembre pasado, la Comisión Europea renovó la licencia del glifosato hasta fines de 2022. La medida fue votada por 18 países, pero algunos de los nueve que la rechazaron dijeron que no lo acatarán. Es el caso de Francia, cuyo gobierno ratificó su decisión de prohibir el uso del herbicida a más tardar en tres años.


Escándalo


“El glifosato es el mayor escándalo sanitario de toda la historia de la industria química: es cancerígeno, es un perturbador endógeno que actúa como una hormona (por eso hay tantos casos de niños que nacen con malformaciones congénitas o se producen tantos abortos espontáneos), absorbe los metales buenos como el hierro que necesitamos para el cuerpo, y es un agente antibiótico muy fuerte que acaba con las buenas bacterias del suelo. No es común que un agrotóxico reúna estas cuatro funciones.”


(Declaraciones de Marie Monique Robin, documentalista e investigadora francesa, al sitio web resumenlatinoamericano.org, en 2016. Robin es autora, entre otros trabajos, de El mundo según Monsanto y El glifosato en el banquillo. Este último, que fue precedido por el documental Le Roundup face á ses juges, recoge los testimonios presentados ante el Tribunal Monsanto).


Concentración


Con la compra de Monsanto por Bayer, el sector agroquímico quedó reducido a tres grandes grupos. En 2017 Dow Chemical se unió con la también estadounidense DuPont y ChemChina compró a la suiza Syngenta. Con 115 mil empleados y unos ingresos estimados en 53.000 millones de dólares anuales, el grupo Bayer-Monsanto será el principal del sector. “Los tres nuevos conglomerados controlarán más del 60 por ciento del mercado de las semillas y la agroquímica a nivel planetario, suministrarán casi todos los organismos genéticamente modificados y tendrán la mayoría de las patentes sobre las plantas, por lo que impondrán sus condiciones a los agricultores y a los estados más de lo que ya lo estaban haciendo”, denunció la fundación Heinrich Böll, vinculada a los Verdes alemanes.

 

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El cambio climático hace menos nutritivo el pan que comes

Varios estudios alertan de la pérdida de nutrientes de los cereales bajo condiciones atmosféricas con mayor concentración de dióxido de carbono

Que el cambio climático ya está afectando a la climatología y las condiciones en las que la vida se desarrolla en la biosfera no es nada nuevo. Desertificación, sequías y temporales son los primeros fenómenos que vienen a la cabeza cuando se habla de las consecuencias del calentamiento global provocado por la actividad humana, pero sus efectos van mucho más allá.


Recientes estudios señalan hechos como el cambio de hábitat de bancos de miles de peces hacia aguas más frías, la migración de especies de anfibios a zonas más altas o la desaparición de familias enteras de insectos a medida que se modifican las condiciones en los lugares en los que habitan. La llamada sexta extinción masiva de especies está en pleno auge y, con cada hábitat modificado, con cada especie desaparecida, se producen nuevas consecuencias para las cadenas tróficas —los caminos invisibles a través de los que se transfieren sustancias nutritivas entre las diferentes especies— del a menudo frágil equilibrio medioambiental. Un círculo vicioso extremadamente difícil de frenar.


El Homo sapiens no se salva de todos estos procesos. Y las plantas de las que se alimenta tampoco. De entre todas las sustancias de las que ingerimos para poder desplazarnos, pensar y seguir realizando todas esas actividades que producen el cambio climático, los cereales son alimentos clave. Su alta cantidad en hidratos de carbono es básica para la vida humana. Miles de millones de personas dependen de ellos. De hecho, se asocia a la domesticación de plantas como el trigo, el arroz, el maíz, la cebada, la avena o el centeno la aparición de la civilización.


Pero su riqueza no es solo los hidratos de carbono que contienen. Fibra, lípidos, proteínas, sales minerales o vitaminas del grupo B son algunos de los nutrientes que podemos encontrar en ellos. Nutrientes que, según una investigación firmada por una quincena de científicos de Australia, China, Estados Unidos y Japón, y publicada recientemente en la revista Science, están viéndose alterados por la mayor proporción de dióxido de carbono (CO2)


MÁS DIÓXIDO DE CARBONO, MENOS NUTRIENTES


La investigación, centrada en el arroz, alimento básico de más de 3.000 millones de personas, señala que, a mayores niveles de CO2, menor cantidad de proteínas, minerales y vitaminas esenciales para los humanos se encuentra en los granos. La actividad humana ha elevado la concentración atmosférica de dióxido de carbono de las 280 partes por millón de la era preindustrial a las 410 actuales. Tal como señala Kristie L. Ebi, una de las científicas a cargo del estudio, en un artículo firmado por ella misma, “si las tasas de emisión globales continúan en su camino actual, las concentraciones atmosféricas podrían alcanzar más de 1.200 partes por millón para el año 2100, incluyendo el metano y otras emisiones de gases de efecto invernadero”.


Bajo esa hipótesis, la investigación expuso a diferentes cepas de arroz a altas concentraciones de CO2. El resultado: “Nuestros datos muestran por primera vez que el arroz cultivado a las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera que los científicos esperan que el mundo alcance en 2100 tiene niveles más bajos de cuatro vitaminas B clave”, vitaminas necesarias para que el cuerpo realice algunas de sus funciones básicas.


Sus conclusiones respaldan trabajos como el publicado en 2014 por una veintena de científicos en Nature titulado Increasing CO2 threatens human nutrition (El incremento de C02 amenaza la nutrición humana), en el que se señala que determinados tipos de grano cultivados en ambientes con altas concentraciones de dióxido de carbono tienen menos minerales como el zinc o el hierro, así como menor cantidad de proteínas.


Dada la dependencia de tantos miles de millones de personas de cereales como el arroz, el problema podría tener “un impacto desproporcionado en la salud materna e infantil en los países más pobres dependientes del arroz”, señala Ebi en su texto. Según el estudio publicado en Nature, si continúa el ritmo de aumento de CO2, en 2050 alimentos como el arroz, el trigo, la cebolla o las patatas perderán entre un 6% y un 14% de proteínas y la dieta diaria habrá perdido, de media, más de un 5% de sus valores nutricionales.


EL TRIGO NO SE SALVA


Este cambio en la concentración de minerales básicos para la vida en el arroz afecta igualmente al trigo, tal como remarca el estudio en el que participa Ebi. No solo eso, al igual que el arroz, el cereal básico en España sintetiza menos proteínas al reducir la cantidad de minerales en sus granos, al mismo tiempo que produce más hidratos de carbono. Tal como recuerda la investigadora, 2.000 millones de personas en el mundo tienen deficiencias de micronutrientes como el hierro, el zinc y el yodo. La ausencia del primero puede producir anemia, mientras que la del segundo puede alterar el normal crecimiento de la persona o debilitar el sistema inmunológico, entre otras anomalías.


El arroz cultivado por los científicos para su estudio contenía, de media, una reducción del 17% de vitaminas B1 y B2, del 13% de B5, del 30% de B9, del 10% de proteínas, del 8% de hierro y del 5% de zinc. Si bien, se registraron aumentos de los niveles de vitamina E. Teniendo en cuenta que 600 millones de humanos obtienen más del 50% de sus calorías y proteínas diarias del arroz, las consecuencias sobre los niveles de desnutrición global pueden ser importantes.


EL SECANO EN ESPAÑA


En España varios estudios llevan alertando años de los cambios en el crecimiento y el rendimiento de los cereales. Una investigación de la Universidad de Córdoba publicada en Climatic Change en 2015, que analizaba 30 años de datos de la Agencia Estatal de Meteorología, recogía que los cereales de invierno habían adelantados sus fases de floración. En concreto, tras analizar 26 localizaciones de la península y Balears, el trigo había adelantado a un ritmo de tres días por año su floración entre 1986 y 2012, mientras que la avena la había anticipado en un día por año.


Por su parte, el estudio del proyecto europeo AgriAdapt remarcaba el año pasado que los cereales de secano de invierno, que suponen la mayoría de la superficie de cultivo del Estado, tendrán un rendimiento menor a causa del calentamiento global, algo que no solo ocurrirá a estos cereales, sino también al maíz o a la vid.

 

PABLO RIVAS
@CEBOTWIT

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Bayer suprimirá la marca Monsanto tras comprarla por 53.373 millones

La corporación norteamericana de transgénicos y pesticidas tiene una pésima imagen global por lo que el grupo solo se llamará Bayer

Bayer, el gigante europeo de la farmacia y la agroquímica, cierra la compra de Monsanto. Y la compañía se llamará Bayer a secas. Monsanto desaparece como marca corporativa después de que la alemana adquiera la multinacional norteamericana de pesticidas y transgénicos por 66.000 millones de dólares(53.373 millones de euros). Lo único que mantendrá Bayer serán algunas submarcas comerciales con las que trabaja Monsanto para ciertos productos, por su popularidad en el mercado.

Monsanto es una de las empresas con peor imagen corporativa del mundo, por ser el mayor productor mundial de semillas transgénicas (sobre todo de maíz y soja) y por la venta de herbicidas como el Roundup, anatemizados por los ecologistas. Pocas empresas han sido objeto de tantas manifestaciones y eventos de protesta en diferentes rincones del planeta como este conglomerado agroquímico estadounidense. Su enorme tamaño y la combinación de productos destinados a un sector como la agricultura (y por tanto, la alimentación mundial) hacen que Monsanto sea una compañía más odiada incluso que las grandes petroleras, hasta el punto de generar movilizaciones de protesta, como la que hace cinco años tomaron las calles de medio centenar de países en todo el mundo.


El Departamento de Justicia de Estados Unidos dio el martes pasado la luz verdea la operación por la que Bayer y Monsanto podrán fusionar sus operaciones. Pero a cambio deberán desprenderse de activos por valor de 9.000 millones de dólares en el negocio agroquímico, que cede a su rival alemana BASF. La autorización va en línea con el dictamen de la Comisión Europeas hace un mes. En concentro Bayer tendrá que vender la división de semillas y los herbicidas Liberty. También tendrán que vender el naciente negocio de la gestión digital de las tierras de cultivo, y otros proyectos en marcha en el ámbito de la investigación, algunas patentes y el desarrollo de nuevos productos.
En Europa, las autoridades de competencia han dado su plácet tras el compromiso de la nueva compañía de desprenderse de activos por valor de 6.000 millones de euros. El comprador es la germana BASF, que abonará 5.900 millones de euros en una operación concebida expresamente para obtener el visto bueno comunitario al acuerdo.


Los principales mercados de Monsanto, con sede en St. Louis, son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá, además de la India, donde se concentran el grueso de las plantaciones genéticamente modificadas en todo el mundo. El rechazo que genera se debe las tres letras clave: OGM. Son las siglas que identifican a los organismos genéticamente modificados. Estos productos empezaron a comercializarse hace dos décadas.


Monsanto no es un nombre que crea recelo solo entre el público. Los dirigentes políticos en Estados Unidos y Europa llevan años debatiendo sobre los límites que deben tener en el mercado estas semillas genéticamente modificadas. Francia y Alemania, por ejemplo, las tiene completamente prohibidas.

 

Madrid 4 JUN 2018 - 04:41 COT

Publicado enEconomía
Revelan chinos la estructura atómica del agua de mar

Es la primera vez que se visualiza, desde que el tema fue planteado, hace más de cien años



Científicos chinos revelaron la estructura atómica del ion de sodio hidratado, la composición química básica del agua de mar, según informó el rotativo China Daily este martes.


Los científicos de la Universidad de Pekín y la Academia de Ciencias de China observaron la estructura atómica de los iones hidratados en su ambiente natural mediante el nuevo microscopio atómico desarrollado por China.


La tecnología puede ser utilizada para investigar otros líquidos de base acuosa, lo que abre nuevos caminos para las ciencias moleculares y de materiales, de acuerdo con los científicos. La investigación fue publicada el 14 de mayo en la revista Nature.


Es la primera vez que los científicos son capaces de visualizar la estructura atómica de los iones hidratados desde que el asunto fue planteado, hace más de cien años.


A finales del siglo XIX los científicos comenzaron a estudiar la hidratación de iones, un proceso en que el agua diluye materiales solubles como cloruros sódicos, o la sal. A pesar de que el proceso es muy común en la naturaleza, sigue siendo un misterio cómo funciona exactamente en el nivel atómico.


El agua es el líquido más abundante en la Tierra. Su estructura química sencilla, de dos átomos de hidrógeno pegados a un átomo de oxígeno, es el componente básico de la mayoría de la vida en el planeta, indicó Wang Enge, líder de la investigación.


Sin embargo, la ciencia del agua, en especial en lo que se refiere a su estructura y a su interacción con otros compuestos químicos, es extremadamente compleja y no muy bien entendida, explicó Wang, a quien cita el periódico.


Science incluyó en 2005 la estructura del agua en un listado de los rompecabezas científicos más atractivos, pese a un siglo de investigación sobre el tema.
La razón principal de la complejidad del agua consiste en su sencillez, afirmó Jiang Ying, profesor del Centro Internacional de Materiales Cuánticos de la Universidad de Pekín, quien participó en el estudio.


Más pequeños, en comparación con los de oxígeno


Los átomos de hidrógeno son más sencillos y pequeños en comparación con el átomo de oxígeno que las propiedades raras de la mecánica cuántica comienzan a interferir con los experimentos y así los dejan menos predecibles, según Jiang.


Por tanto, para los científicos es crucial observar directamente cómo el agua interactúa con otros materiales a nivel atómico, explicó.


El grupo de investigación también descubrió que son necesarias exactamente tres moléculas de agua para permitir a un ion de sodio viajar entre 10 y 100 veces más rápido que otros hidratos de ion, un proceso que puede conducir a la fabricación de baterías de iones más eficientes, capas de protección contra la corrosión y plantas de desalación de agua, según el artículo de Nature.


El hallazgo también permite a los científicos tener un mejor entendimiento sobre cómo las células se comunican mediante el intercambio de iones a través de los canales de sus membranas, de acuerdo con Jiang.

Rediseñan enzima come PET, solución contra el contaminante

Científicos rediseñaron una enzima que puede degradar algunos de los plásticos contaminantes más comunes, lo que ofrece una potencial solución a uno de los mayores problemas ambientales del mundo.

Un estudio realizado por expertos de Estados Unidos y Reino Unido, publicado este martes en Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias estadunidense, podría resultar en una solución de reciclaje de millones de toneladas de botellas de plástico hechas de polietileno tereftalato (PET), plástico patentado en la década de 1940, las cuales permanecen cientos de años en el medio ambiente.

El profesor John McGeehan, de la Universidad de Portsmouth, y el doctor Gregg Beckham, del Laboratorio Nacional de Energías Renovables del Departamento de Energía de Estados Unidos, resolvieron la estructura cristalina de la PETasa, enzima recién descubierta que degrada ese material plástico, que se cree que evolucionó en un centro de reciclaje de residuos en Japón.

Al descubrir que esta enzima ayudaba a una bacteria a descomponer, o digerir, el PET, los investigadores decidieron "ajustar" su estructura mediante la adición de algunos aminoácidos, explicó McGeehan.

Esto llevó a un cambio fortuito en la actuación de la enzima que permitió que su capacidad de comer plástico fuera más rápida.

Los investigadores utilizaron esa información 3D para entender cómo trabaja y, durante el estudio, diseñaron sin darse cuenta una enzima que es incluso mejor para degradar los plásticos que una hallada en la naturaleza.

Características

El equipo descubrió primero que la PETasa tiene algunas características inusuales, incluyendo un sitio activo más abierto que puede alojar polímeros artificiales en lugar de los naturales.

La característica indicó que podría haber evolucionado en un ambiente que contenía PET, lo que permite a la enzima degradar ese material.

"Aunque la mejora es modesta, este descubrimiento sugiere que hay oportunidad de mejorar estas enzimas, lo que nos acerca a una solución de reciclaje para la creciente montaña de plásticos desechados", explicó McGeehan.

La enzima mutante también puede degradar furandicarboxilato polietileno (PEF), sustituto biológico para el PET, elogiado como remplazo de botellas de cerveza de vidrio.

"El proceso de diseño es muy parecido al de las enzimas actualmente utilizadas en los detergentes de biolavado y en la fabricación de biocombustibles", señaló McGeehan.

"Existe la tecnología y una buena posibilidad de que en los próximos años veamos un proceso industrialmente viable para convertir el PET y otros sustratos como el PEF, el PLA y el PBS en sus bloques constituyentes originales para reciclarlos de forma sostenible", concluyó McGeehan.

(Con información de Reuters)

Cultivos transgénicos con glifosato: ¡grandes costos!

El uso del herbicida glifosato ha aumentado exponencialmente a partir de la liberación comercial de los cultivos genéticamente modificados en 1996. En 2016 se contabilizaban 86.5 millones de hectáreas sembradas con transgénicos tolerantes a herbicidas. La liberación y proliferación mundial de los cultivos transgénicos se deben al poder económico y a las fuertes y tramposas campañas mediáticas de las corporaciones productoras y comercializadoras de estos cultivos: prometieron aumentar rendimientos, abatir el hambre en el mundo y disminuir el uso de tóxicos. Después de casi 30 años de las primeras liberaciones de estos cultivos, todas estas falsas promesas han quedado claramente desmentidas.

A la par, se han ido corroborando riesgos y peligros advertidos: persistencia de los agroquímicos asociados a los cultivos transgénicos en el ambiente (agua y suelos) y en los cuerpos de las personas, la no inocuidad de estos cultivos, la acumulación no deseada de construcciones transgénicas en los genomas de variedades nativas y la concentración cada vez mayor de semillas y territorios en manos de pocas empresas monopólicas.

Para generar cultivos tolerantes al glifosato en los laboratorios de ingeniería genética corporativos y también de los centros de investigación que hacen este tipo de desarrollos, se inserta en los cultivos una construcción quimérica que contiene el gen epsps (5-enolpiruvil-shikimato-3-fosfato sintasa), proveniente de la bacteria Agrobacterium tumefaciens, que codifica para la proteína capaz de metabolizar el glifosato, además de otras secuencias, como un promotor viral (35S), que favorece la expresión de la proteína bacteriana en todos los tejidos y momentos del desarrollo de la planta transgénica. Esta tecnología ha propiciado un uso desmedido del glifosato y el rompimiento de los equilibrios naturales en los agroecosistemas.

Entre otros, se ha producido un aumento drástico de especies vegetales silvestres que han evolucionado resistencia al glifosato y que se han vuelto supermalezas muy difíciles de manejar. Se han reportado 38 especies de este tipo de supermalezas en 37 países. En Estados Unidos (país que más hectáreas destina a la siembra de transgénicos) el control de las malezas resistentes a glifosato ha implicado una guerra sin cuartel y grandes costos para los productores. Algunos han demandado a las empresas de transgénicos por ello.

Hasta recientemente no se conocía con certeza el mecanismo por el cual algunas plantas adquieren la resistencia al glifosato, aunque la evolución de las malezas resistentes al glifosato se documentó hace ya casi 10 años. Un estudio reciente determinó que la resistencia a ese herbicida en una variedad de amaranto se debe a la amplificación de elementos genéticos fuera de los cromosomas; estos elementos contienen el gen de resistencia al glifosato y se reproducen autónomamente. Esto significa que, ante una presión selectiva fuerte y consistente (en este caso, la presencia del agrotóxico glifosato en el campo), las plantas evolucionaron un mecanismo de resistencia que implica la multiplicación hasta de 100 veces el gen de resistencia a glifosato. Las plantas con esta constitución genética son capaces de metabolizar el herbicida y multiplicarse sin control en los campos donde se ha rociado glifosato masivamente durante años. Cabe recordar que el glifosato fue clasificado como probable cancerígeno en humanos por la Organización Mundial de la Salud, y se encuentra en los alimentos que se consumen en México cotidiana y masivamente.

Los resultados de este estudio se habían vaticinado con base en modelos y datos científicos disponibles cuando se generaron y liberaron estas plantas transgénicas tolerantes al glifosato; eran pues obsoletas de inicio. Absurdamente, las corporaciones biotecnológicas insisten ahora con más de lo mismo: ofrecen nuevos cultivos transgénicos tolerantes a otros agroquímicos que son incluso más tóxicos que el glifosato, tales como 2,4-D (componente del agente naranja, de infausta memoria por haber sido rociado en la Guerra de Vietnam) o Dicamba. Esto ha generado ya calamidades ambientales y posibles impactos nocivos en salud en Estados Unidos: contaminación del agua y aire, la devastación de especies animales y vegetales, contaminación de los alimentos y la presencia de agroquímicos en los cuerpos de las personas.

El estudio antes comentado debe caer como losa a los tecnólogos y divulgadores científicos que promueven el sistema agrícola transgénico a sueldo e irreflexivamente. Es también un llamado de alarma más para los organismos internacionales y nacionales encargados de la bioseguridad (Cibiogem en México), que más bien operan en favor de las monopólicas empresas biotecnológicas del mundo.

Esperamos que este tipo de evidencias sean ya suficientes para aplicar el principio precautorio, evitando con ello impactos aún peores o incluso irreversibles en el ambiente y en la salud de todos. Este tipo de estudios también abonan a lo que otros han demostrado: no es posible la coexistencia entre la agrobiotecnología transgénica con la agroecología, que en países como el nuestro se hereda de antepasados mesoamericanos desde hace miles de años. Estas culturas milenarias nos brindaron una gran riqueza de saberes y variedades cultivadas que ¡están en peligro ante los transgénicos!

 

Por Emmanuel González-Ortega* y Elena R. Álvarez-Buylla**

*Subdirección de Bioseguridad. Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático. Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS)

**Instituto de Ecología / Centro de Ciencias de la Complejidad-UNAM, UCCS

 

Publicado enMedio Ambiente
Flores de 'Arabidopsis thaliana', la especie que fue objeto del estudio

 

 

Expertos crean mapa de 200 moléculas; hallan cómo responden a los peligros ambientales

Comprender interacción de esos elementos y el medio ayudará a aumentar la resistencia a patógenos o tensiones como el calor, la sequía, la salinidad o el impacto frío, explican científicos

 

Madrid.

Un reducido grupo de proteínas claves interactúa entre sí para determinar la forma en que las plantas muestran sensibilidad ante el mundo que las rodea, según el primer mapa que las describe.

Las plantas carecen de ojos y oídos, pero aún así pueden ver, oír, oler y responder a las señales y peligros ambientales, especialmente a los patógenos virulentos. Lo hacen con la ayuda de cientos de proteínas de membrana que pueden detectar microbios u otras tensiones.

Sólo una pequeña porción de esas proteínas sensibles se ha estudiado mediante la genética clásica, y el conocimiento sobre cómo funcionan estos sensores formando complejos entre sí es escaso. Ahora, un equipo internacional de investigadores ha creado el primer mapa de red para 200 de estas biomoléculas, el cual muestra cómo unas pocas proteínas claves actúan como nodos maestros críticos para la integridad de la red, y también revela interacciones desconocidas.

Se trata de un trabajo pionero para identificar la primera capa de interacciones entre estas proteínas, señaló en un comunicado Shahid Mukhtar, profesor asistente de biología en la Universidad de Alabama en Birmingham (UAB), participante en el estudio.

"La comprensión de estas interacciones podría conducir a formas de aumentar la resistencia de una planta a patógenos u otras tensiones como el calor, la sequía, la salinidad o el impacto frío. Esto también puede proporcionar una hoja de ruta para investigaciones futuras de científicos de todo el mundo."

El equipo internacional, con sede en Europa, Canadá y Estados Unidos, fue dirigido por Youssef Belkhadir, del Instituto Gregor Mendel de Biología Vegetal Molecular, en Viena. El estudio fue publicado en la revista Nature.

 

Quinasas receptoras

 

El nuevo mapa de red de interacción integral se centró en una de las clases más importantes de esas proteínas de detección: las quinasas receptoras repetitivas ricas en leucina, o las quinasas receptoras de LRR, que son estructuralmente similares a los receptores tipo-toll humanos, que forman parte del sistema inmunitario.

Las quinasas receptoras de LRR son una familia de proteínas en plantas y animales que son en gran parte responsables de detectar el medio ambiente. En las primeras tienen un dominio extracelular de la proteína, que se extiende más allá de la membrana celular, que puede reconocer señales químicas, como las hormonas de crecimiento o porciones de proteínas de los patógenos. Las quinasas receptoras luego empiezan a dar respuestas a estas señales dentro de la célula, usando un dominio intracelular de la molécula.

La planta modelo Arabidopsis thaliana contiene más de 600 quinasas receptoras diferentes, 50 veces más que los humanos, que son fundamentales para el crecimiento, el desarrollo, la inmunidad y la respuesta al estrés. Hasta ahora, sólo un puñado tenía funciones conocidas, y se sabía poco sobre cómo los receptores podrían interactuar con cada uno para coordinar las respuestas a señales a menudo conflictivas.

Para el estudio de Nature, el laboratorio de Belkhadir probó las interacciones entre los dominios extracelulares de los receptores de forma pareja, trabajando con más de 400 dominios extracelulares de las quinasas receptoras de LRR y realizando 40 mil pruebas de interacción.

 

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