Viernes, 10 Mayo 2019 05:46

La revolución 5G

La revolución 5G

Con el aséptico nombre de 5G se presentó la nueva generación de comunicación móvil en el Mobile World Congress de Barcelona, a finales de febrero. Se trata de una profunda transformación tecnológica con importantes consecuencias empresariales, sociales y geopolíticas. La estrella del congreso fue el nuevo modelo Mate X de Huawei, la principal empresa tecnológica china. Claro que el teléfono no sirve de mucho mientras no se despliegue la red por la que circulan las señales. Y esto se supone que ocurrirá, al menos en China, Europa y Estados Unidos, en el 2020. 

La conexión de internet con 5G se proyecta como 40 veces más rápida que la del 4G que actualmente utilizamos y el volumen de datos comunicados significativamente mayor (aquí las estimaciones varían). La importancia de esta tecnología es que constituye la infraestructura necesaria para el funcionamiento de la nueva sociedad en red, incluyendo la nueva economía. Esta nueva estructura, que ya existe en gran medida, está en la base de la conexión de grandes bases de datos (big data), del despliegue de las aplicaciones de inteligencia artificial y, por tanto, de la robótica avanzada (máquinas capaces de aprender) y, sobre todo, de la llamada “internet de las cosas”. Por tal se entiende la multiplicidad de conexiones ultrarrápidas de internet no sólo entre humanos y sus organizaciones, sino entre objetos de todo tipo, en el ámbito doméstico, el dinero móvil, el coche sin conductor, la cirugía a distancia, la enseñanza virtual o las guerras de drones. No hablamos de ciencia ficción, sino de lo que ya ha sido investigado, diseñado, producido y es operativo.


Como indicación de lo que ocurre, en el 2014 había unos 1.600 millones de objetos/máquinas conectados. En el 2020 se estima que serán 20.000 millones. Sin embargo, el funcionamiento real de estas múltiples redes sobre una única infraestructura de comunicación requiere una red con las características del 5G. Con sus consiguientes riesgos. Por un lado, el de la ciberseguridad (interferencias y vigilancias de todo tipo, sobre todo de gobiernos, incluidos todos). Por otro lado, los peligros potenciales para la salud aún poco evaluados. Resulta que una característica clave de esta nueva red es una altísima densidad de miniantenas que están sembrando en todas las ciudades para, mediante su cobertura coordinada del espectro, obtener una comunicación ubicua de cualquier punto de la red a cualquier otro. Antes de que le entre pavor piense que esta red, como todo lo que hemos ido inventando, se va a desplegar y usted (o sus hijos o sus nietas) la van a utilizar, sí o sí. Con lo cual lo urgente es analizar seriamente los impactos de estos múltiples campos electromagnéticos sobre la salud (sobre lo que hay muchos mitos, parecidos al movimiento antivacunas) y encontrar soluciones técnicas para prevenir el daño potencial.


En cualquier caso, la construcción y gestión de la(s) red(es) 5G se convierte en un campo esencial de la lucha por el poder y el dinero, porque vivimos en la época del capitalismo de los datos y los datos sólo sirven cuando pueden ser procesados y conectados.


Por eso se ha desatado una violenta reacción del Gobierno estadounidense contra la participación de Huawei en el diseño y construcción de la red. Y es que resulta que, en opinión de la mayoría de los expertos, Huawei posee la tecnología de diseño y fabricación más avanzada del mundo en las redes de telecomunicación 5G. Creo que el choque psicológico del Gobierno (mucho menos el de las empresas) es comparable al pánico surgido ante el Sputnik soviético en 1957.


¿Cómo es posible –dicen en Estados Unidos– que los chinos estén más avanzados cuando se suponía que su ventaja competitiva estaba en copiar y fabricar más barato explotando su mano de obra, sin añadir valor mediante investigación? Estamos en presencia de una mezcla de complejo de superioridad e ignorancia. Huawei está entre las primeras cinco empresas del mundo en gasto en I+D, tiene decenas de miles de investigadores, con centros en todo el mundo, no sólo en China, sino en Silicon Valley y otros núcleos tecnológicos. Y obtuvo más patentes tecnológicas en el 2017-2018 que cualquier empresa tecnológica en Estados Unidos. Aun así, la paranoia de los estrategas estadounidenses es tal que, teniendo en cuenta las consecuencias geopolíticas e incluso militares de esta tecnología, decidieron que la ventaja de Huawei sólo podía provenir del espionaje industrial y han arrestado y procesado a la directora financiera, Meng Wanzhou, hija del fundador de la empresa. ¿Pruebas? En el momento de su detención llevaba un iPhone y un iPad. Concluyente, ¿no? La acusación en serio es que Huawei es una empresa estatal (falso, es privada, como lo es Alibaba, la mayor empresa de e-commerce del mundo) y está introduciendo un acceso de “puerta trasera” en la red mediante el cual se puede espiar a todo el mundo. Y sólo faltaba que justo ahora el Gobierno chino lance su iniciativa de construcción de infraestructuras de transporte y comunicaciones en Europa y Asia (la nueva ruta de la seda) en colaboración con diez países europeos, incluida Italia, para que el 5G se interprete como un proyecto de dominación china sobre Occidente.


Objetivamente, hace falta mucho cinismo para presentar al Gobierno de Estados Unidos, así como los europeos, como respetuosos de la privacidad. Hay múltiples revelaciones y documentos (en particular los papeles de Snowden) que muestran la práctica sistemática de vigilancia legal o ilegal de las agencias estadounidenses en todo el mundo, como hace el Gobierno chino. Y la ayuda de mercados militares a empresas como Boeing y a Silicon Valley es un hecho.
La nueva revolución tecnológica se está convirtiendo en un campo de batalla geopolítico, en detrimento de la cooperación sinérgica que intentan algunas empresas europeas.

Por Manuel Castells
La Vanguardia

 

Hallan propiedad de la telaraña útil en robótica

La telaraña, conocida como uno de los materiales más resistentes, parece tener otra propiedad inusual que podría emplearse en robótica.

Según un nuevo estudio, las fibras elásticas responden con fuerza a los cambios en la humedad: de repente se contraen y giran, ejerciendo suficiente fuerza para ser competitivas con otros materiales que se exploran como activadores, dispositivos que se mueven para realizar alguna actividad, como controlar una válvula.

Los hallazgos se publicaron en la revista Science Advances, en un artículo escrito por un equipo de científicos encabezado por el profesor Markus Buehler, director del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Los investigadores descubrieron una propiedad de la telaraña llamada supercontracción, en la cual las fibras delgadas pueden achicarse de repente en respuesta a los cambios de humedad. El hallazgo es que los hilos no sólo se contraen, sino que se enroscan al mismo tiempo, lo que proporciona gran fuerza de torsión. "Es un fenómeno nuevo", dice Buehler en un comunicado.

"Encontramos esto por accidente. Mis colegas y yo queríamos estudiar la influencia de la humedad en la telaraña actuando como arrastre", señala Dabiao Liu, profesor asociado en la Universidad de Ciencia y Tecnología Huazhong en Wuhan, China, coautor del estudio.

Para conseguirlo, agregaron peso a la tela con el fin de hacer una especie de péndulo y lo encerraron en una cámara donde podían controlar la humedad relativa. Cuando ésta aumentó, el péndulo comenzó a rotar. "Estaba fuera de nuestras expectativas. Me sorprendió".

El equipo probó otros materiales, incluso cabello humano, pero no encontró movimientos de torsión; Liu dice que comenzó a pensar que este fenómeno "podría usarse para músculos artificiales".

"Será muy interesante para la comunidad robótica", afirma Buehler.

"Las aplicaciones potenciales son diversas: desde robots y sensores blandos impulsados por la humedad, hasta textiles inteligentes y generadores de energía verde", plantea Liu. Además de los posibles músculos artificiales, el hallazgo también podría conducir a sensores precisos de humedad.

La telaraña es conocida por su excepcional relación fuerza-peso, su flexibilidad y su tenacidad o resistencia. Varios equipos de todo el mundo trabajan para copiar estas propiedades en una versión sintética de la fibra basada en proteínas.

Aunque se desconoce el propósito de esta fuerza de torsión, los investigadores creen que la supercontracción que responde a la humedad puede ser una forma de garantizar una telaraña tensa para soportar, por ejemplo, el rocío de la mañana, o tal vez para protegerla de daños y caídas, y para maximizar su capacidad ante la vibración que avisa a la araña que hay una presa.

 

Jueves, 29 Noviembre 2018 06:13

Inteligencia y revolución numérica

Inteligencia y revolución numérica

La medida de la inteligencia humana con los métodos de las estadísticas científicas, efectuadas por los mejores especialistas, lleva más a plantearnos cuestiones inquietantes y menos a ofrecernos respuestas optimistas. En la actualidad, un nuevo fenómeno se propaga en el mundo: la revolución numérica. Esta innovación representa a primera vista un incontestable progreso de la técnica, pero como sucede con otros progresos tecnológicos, conviene examinar tanto las ventajas como los inconvenientes. Es toda la ambigüedad de la palabra progreso: le ocurre poder aportar lo mejor como lo peor.

Por ejemplo, la revolución numérica, última creación de la inteligencia científica, que se instala poco a poco en todos los dominios, ha obtenido ya ciertos resultados: cada día en más estaciones de ferrocarril en Francia, las taquillas donde se vendían los boletos de tren han sido suprimidas: ninguna necesidad de ventanillas y empleados cuando es posible reservar sus boletos por Internet, aunque para hacerlo sea necesario disponer de este moderno servicio. Cuestión secundaria que no preocupa mucho a los promotores de la revolución numérica, a quienes inquietan muy poco los malaventurados que no están a la moda de los últimos descubrimientos y avances de la técnica moderna. Tanto peor para estos retrógrados si se ven condenados a vivir en un mundo cuyas nuevas reglas de comunicación escapan a su entendimiento. En ocasiones, el progreso puede ser feroz cuando no tiene en cuenta que son seres humanos quienes son los beneficiarios o las víctimas.

Con la instalación de la revolución numérica, la comunicación entre los miembros de una misma sociedad ha cambiado: si usted tiene necesidad de pedir una información cualquiera a una empresa, nacional o privada, toma usted su teléfono y ya no es un empleado quien responde, es una máquina. Para empezar, la voz grabada le pide esperar y le envía algo de música para ‘‘ayudarlo” a esperar sin perder la paciencia. Las máquinas son a la vez neutras e indiferentes, pero están siempre muy ocupadas. Esto podría hacer añorar la época cuando una verdadera persona respondía a su llamada. Si va usted de compras a un supermercado, cuando llega a la salida, después de haber cargado su carrito de compras, no se asombre si no ve ninguna cajera para registrar el precio de sus productos y darle la cuenta: una máquina registra sus mercancías y sólo necesita usted introducir en un aparato su tarjeta de crédito para pagar. Cabe observar que este sistema suprime cada vez muchos puestos donde antes trabajaban empleados ahora sustituidos por robots, sin duda menos costosos que el trabajo humano, y que así esta revolución numérica favorece el aumento de las ganancias de las más grandes empresas.

El mundo imaginado por Orwell en sus novelas de anticipación, como 1984, parece realizarse más y más cada nuevo día. La invención del personaje de Big Brother no es el menos inquietante de los hallazgos de este gran y pesimista visionario. Su obra nos recuerda que tenemos el deber de interrogarnos sobre el sentido y las consecuencias de todo progreso. Hoy, los ecologistas se preguntan sobre el porvenir del planeta, gravemente amenazado por la acción industrial de quienes sacan provecho de su explotación sin obedecer a las leyes de la naturaleza. Aquí también, conviene interrogarse sobre lo que distingue al verdadero progreso de su opuesto más radical, la carrera por el poderío, el dominio y el aumento voraz de ilimitadas ganancias.

Ante esta visión de un mundo robotizado, donde Big Brother es remplazado por un teléfono celular espía de su dueño y donde las máquinas dictan nuestros actos, no cabe asombrarse de la baja de los coeficientes intelectuales (IQ) en las naciones más industrializadas, ni de una inteligencia que parece superior en pueblos donde los hombres aún no obedecen a los programas de sofisticadas máquinas, libres de imaginar a su antojo los sueños.

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China: Robot vence a 15 prestigiosos médicos en el diagnóstico de tumores cerebrales

Un sistema de inteligencia artificial chino ganó 2-0 a un equipo de quince prestigiosos médicos del país en una competición a dos rondas en las que tenían que diagnosticar tumores cerebrales y hematomas a pacientes enfermos, en un concurso organizado en el Tiantan Hospital de Pekín.

El sistema BioMind AI, desarrollado por el centro de investigación en inteligencia artificial para desórdenes neurológicos de ese hospital y por un equipo de la universidad Capital Medical University, hizo en quince minutos un 87 % de diagnósticos correctos (de un total de 225 casos), frente al 66 % que consiguió el equipo de doctores.

En cuanto a la predicción de hematoma cerebral, su precisión fue del 83 %, mientras que los médicos -procedentes de prestigiosos hospitales del país- acertaron en un 63 % de los casos.

En ambas pruebas el nivel de precisión de los humanos fue “bastante normal e inclusión mejor que la media de precisión que se consigue en hospitales ordinarios”, defendió Gao Peiyi, responsable del departamento de radiología del Tiantan Hospital, puntero en neurología y neurocirugía.

El robot ha sido entrenado durante los últimos diez años mediante el almacenamiento de decenas de miles de imágenes de enfermedades relacionadas con el sistema nervioso, lo que le hace capaz de diagnosticar enfermedades neurológicas comunes como meningioma y glioma con una tasa de precisión de más del 90 %.

El vicepresidente del hospital, Wang Yongjun, señaló que lo importante no es quién saliera ganador, porque “el concurso no pretende enfrentar a humanos con la tecnología sino ayudar a los médicos a aprender y mejorar mediante la interacción” con ella, especialmente a aquellos más “escépticos”.

Una de las doctoras participantes y que fue eliminada en la segunda ronda, Lin Yi, dijo que da la bienvenida al uso de la inteligencia artificial, a la que no considera un amenaza sino “una amiga”.

El jurado por su parte señaló que la inteligencia artificial nunca reemplazará a los profesionales, sino que funcionará de forma similar al uso que un conductor le da a un GPS.

(Con información de EFE)

La ruta de la seda digital del siglo XXI

Uno más uno es mucho más que dos, sostiene Xi Jinping, Presidente de la República Popular China, a la hora de definir el desafío que se han propuesto para actuar y vincularse en un mundo donde el principal déficit es la paz, el desarrollo y la gobernanza global. Se trata de un planteo profundo que intenta modificar la forma en que se adoptan decisiones económicas, políticas, sociales, ambientales, lo que implica un diseño de nuevos mecanismos de cooperación de China con los países del mundo.


La paz, la cooperación, la apertura, la inclusión, el aprendizaje y el beneficio mutuo son los principios de la Franja y la Ruta (OBOR, por sus siglas en Inglés), una de las acciones más osadas que se hayan llevado a cabo a lo largo de la historia de la humanidad en momentos donde el mundo está amenazado por los trazos egoístas y guerreros con que pretende escribir la historia- de sus ambiciones- los EEUU.


Después de más de 2000 años, el regreso de este Marco Polo en su versión digital, el mercader veneciano que recorrió caminos y surcó las rutas marítimas construyendo puentes e intercambiando sedas, piedras y especies entre continentes, abre un nuevo horizonte en un siglo atravesado por renovadas tempestades geopolíticas.


No se trata de un juego virtual, que nos trae del pasado una figura mítica. La osada iniciativa convoca a millones de ciudadanos del mundo y a Gobiernos de distintos continentes a nuevos desafíos en un escenario donde la supremacía del mundo occidental estaría dejando de ser el eje de desarrollo para redefinirse en nuevos equilibrios con países y culturas muy diferentes.


Como en la ruta de antaño convergen hoy la filosofía, el comercio y la posibilidad de la guerra. Y en su versión digital, la ruta no escapa a las actuales tensiones territoriales geopolíticas y, en momentos donde la identidad y la soberanía digital están en disputa, espejo de las contradicciones entre el poder del dinero y la producción de subjetividades a escala planetaria que construye nuevos seres humanos.


China en version digital


La Franja y la Ruta es una propuesta que requiere conectar internamente a China, mejorar su infraestructura tecnológica y garantizar a su vez, la conexión transfronteriza, incentivando el desarrollo impulsado por la innovación; el fortalecimiento de la cooperación en las áreas de la economía digital, la inteligencia artificial, nanotecnología y computación cuántica, y en el incentivo de los grandes datos, la nube y las ciudades inteligentes, temas, todos, que se conectan para formar la ruta de la seda digital del siglo XXI.


La Osa Mayor/Bei Dou


En 2018, la nueva Ruta de la seda alcanzará su dimensión digital. China ampliará la cobertura de su sistema nacional de navegación por satélite a 60 países. Hacia 2020, China quiere competir directamente con el Sistema de Posicionamiento Global (GPS, en sus siglas en inglés) de Estados Unidos, y expandir sus servicios con una red de 35 satélites.


Lo que China llama BeiDou (su término para la Osa Mayor) tendrá aproximadamente 30 satélites, ajustando su precisión por debajo de los 10 metros, aún por detrás del GPS, que puede localizar posiciones a un metro o menos. Y su objetivo, finalmente, será superarlo. Las mejoras se traducen en transmisiones más rápidas y eficaces. Los servicios de navegación también recibirán un impulso. Y BeiDou conecta lo desconectado. La ONU dice que el 62% de las personas en la región Asia-Pacífico no están conectadas actualmente. Además del billón de dólares (838.060 millones de euros) de la inversión en carreteras, China ha gastado cerca de 25.000 millones de dólares (21.000 millones de euros) en BeiDou.


Más de 30 países han firmado acuerdos para incorporar localmente BeiDou. Muchos autorizan a China para que construya estaciones terrestres que mejoren la precisión de BeiDou y su fiabilidad. Además, cuenta con un plan trianual para invertir en proyectos de infraestructuras de información por un importe total de 174.000 millones de dólares que incluye el desarrollo de cables de fibra óptica para conexiones de alta velocidad. Ya, más de 150 millones de smartphones chinos, el 20% del mercado, están equipados con BeiDou, y casi 40.000 pesqueros lo usan para comunicarse. Algunas de las 20 millones de bicicletas y motocicletas chinas lo emplean como servicio de localización.


China ha comenzado a actualizar su sistema de navegación por satélite Beidou con capacidades de cobertura global a través del lanzamiento de nuevos satélites, posicionándose como el cuarto sistema de navegación satelital del mundo, siguiendo el GPS en los Estados Unidos, GLONASS en Rusia y Galileo en la Unión Europea.


Se estima que a finales del 2019 China contará con 18 satélites de tercera generación que desde el espacio cubrirán a todas las naciones involucradas en la iniciativa Bel tan Road (Un camino, una ruta). La Iniciativa de Belt and Road, propuesta por el presidente Xi Jinping en 2013, se refiere a Silk Road Economic Belt y 21st Century Maritime Silk Road. Se estima que beneficia a unos 4.400 millones de personas en 65 países, según el gobierno chino.


Hutong: Impedir el ingreso de los malos espíritus


China cuenta con su propio espacio cibernético a la vez que limita la llegada de los gigantes del ramo, principalmente provenientes de Estados Unidos. Muchos comparan los antiguos distritos o callejones de Beijing, que resaltan por su belleza e historia, con la internet china, llamados Hutong. Las viviendas tienen una pared interior de cara a la puerta de la casa que, a su vez, tiene un patio central. El propósito es impedir el ingreso de los malos espiritus a su interior.


El camino está bloqueado para extranjeros como Google y Facebook — a pesar de los esfuerzos de Mark Zuckerberg — mientras que Alibaba, Baidu y Tencent —conforman las mayores empresas de Internet chinas. Según la consultora Katar en el país asiático predomina WeChat. En su IV estudio anual de medios sociales sostiene que “los medios sociales siguen evolucionando en China, el paisaje de redes sociales se ha vuelto más complejo. WeChat continúa dominando, sin embargo, su crecimiento se ha ralentizado. Weibo, por su parte, ha reaparecido y muchas otras plataformas de medios sociales (nuevas y antiguas) están logrando encontrar valor en el desarrollo de nichos de grupos de usuarios”. En 2017, Tencent se convirtió en el primer gigante tecnológico chino en ser valorado en más de US$500 mil millones. Esto ubicó a la compañía, propietaria del popular servicio de mensajes WeChat, por delante de Facebook. Y ahora ocupa el quinto lugar, detrás de Apple, Alphabet (Google), Microsoft y Amazon. China posee hoy las mas grandes redes sociales y de mensajería del mundo. Entre las plataformas sociales se ubican Wechat con 500 millones de usuarios, QQ, hoy centrada en el entretenimiento y las subculturas jóvenes de China y Weibo, el twitter de China con 340 millones de usuarios.


Año del Perro: China en Latinoamérica


El plan de cooperación 2015-2019 estableció una meta de aumentar el volumen comercial entre China y la región a US$500.000 millones en 10 años, fortaleciendo el desarrollo del comercio de servicios y el comercio electrónico.


El Parque de Cooperación Económica y Comercial China-ALC, situado en la Área de Hengqin de la Zona Piloto de Libre Comercio de Guangdong, abarca tres centros y tres plataformas que desempeñarán diferentes funciones de comercio transfronterizo, investigación de políticas, servicios legales y cooperación financiera. Niu Jing, director de la Área de Hengqin sostiene que "A pesar de la larga distancia entre China y América Latina, los medios tecnológicos de informática nos conectan y a través de ellos vamos a establecer negocios B2B y B2C".


Las empresas dedicadas a negocios de comercio electrónico con América Latina y el Caribe que se establezcan por primera vez en Hengqin y obtengan unos ingresos anuales por encima de los 1.000 millones de yuanes (US$128.637.000), podrán recibir un premio máximo de dos millones de yuanes del gobierno, de acuerdo con un reglamento del gobierno local.


China es el segundo mayor comercial de América Latina y el Caribe, mientras la región es el segundo mayor destino de la inversión directa de China en el exterior, cuyo volumen total superó los US$150.000 millones al cierre de 2016. El volumen comercial entre China y la región fue de US$216.600 millones.


China es uno de los principales socios comerciales de Brasil, Argentina, Chile, Perú y Uruguay, a los que les compra mayormente materias primas.


Para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), América Latina está en una "segunda oleada" de inversiones, luego de un período de expansión entre 2000 y 2016 en el que el intercambio entre China y Latinoamérica se multiplicó por 17. "La inversión extranjera de China es de más de 100.000 millones de dólares en América Latina y el Caribe", dijo a Reuters el jefe de la División de Comercio e Inversión del BID, Fabrizio Opertti. "Pero ya no es China con soja, carne, petróleo o cobre, sino que también con software. China está invirtiendo en energías renovables y está haciendo investigación y desarrollo. Hay una segunda etapa de inversión en la región".


De la paciencia China a la Inteligencia Artificial


China se encuentra en medio de una auténtica revolución de la inteligencia artificial y ya compite con Estados Unidos, el gran líder del sector. El propio presidente Xi Jinping ha dejado claro que se trata de una prioridad estratégica nacional. Según el detallado plan nacional de desarrollo del sector, la segunda economía del mundo quiere para 2030, ser la referencia mundial en innovación en este sector.


Las empresas planean barcos que pueden recorrer cientos de kilómetros sin piloto; sistemas para dirigir el tráfico en algunas de las ciudades más congestionadas del mundo; identificar enfermedades y tratarlas antes siquiera de que el enfermo haya empezado a notar síntomas.


La economía digital china suma ya 3,4 billones de dólares, el 30% del PIB chino. Sus casi 1.400 millones de habitantes utilizan internet con voracidad: este país cuenta con el mayor número de internautas del mundo, 751 millones, y 1.390 millones de líneas telefónicas, según las cifras oficiales. Todos ellos generan un enorme número de datos, “el combustible de la inteligencia artificial”. Entre 2012 y 2017 invirtió 4.500 millones de dólares en 200 “start-ups” centradas en la inteligencia artificial, según un informe para la consultora Eurasia Group que firman Lee y el analista Paul Triolo. China ya patenta más que ningún otro país en este campo, y ha igualado a Estados Unidos en el número de estudios aceptados para su publicación en las revistas técnicas.
Nano x


La investigación aplicada sobre nanociencia e industrialización de la nanotecnología viene desarrollándose sin pausa en China, donde el número de solicitudes de patentes en el área se sitúa entre los más altos del mundo, señala el informe, elaborado por Springer Nature, el Centro Nacional para la Nanociencia y Tecnología (CNNT) y la Biblioteca Nacional de Ciencias, dependiente de la Academia de Ciencias de China (ACCh). El presidente de la ACCh, Bai Chunli, considera que China tiene ante sí nuevas oportunidades para la investigación y el desarrollo de la nanociencia gracias a la construcción del CNNT y otros centros científicos de influencia mundial. Para indagar en la nanociencia (que es el estudio de la interacción, composición, propiedades y métodos de fabricación de materiales a escala nanométrica), China construye Nano-X, la mayor instalación del mundo para nanociencia, una plataforma de investigación multifuncional para desarrollar ordenadores más potentes y robot más inteligentes. Por lo que se refiere al número de solicitudes de patentes, China ha alcanzado en los últimos 20 años las 209.344, lo que representa el 45 por ciento del total mundial. La investigación de nanomateriales ha crecido gracias a la copiosa financiación gubernamental, así como a los cada vez más investigadores chinos formados en el extranjero que han regresado a China atraídos por las políticas favorables a su vuelta, lo que ha significado avances notables ha logrado China son la nanotecnología de la energía y los nanomateriales catalíticos. En tanto, para los problemas del deterioro medioambiental, está dedicando esfuerzos a la investigación y desarrollo de nuevas energías, así como de tecnologías energéticas y de protección ambiental eficientes. Esto ha convertido a la nanotecnología de la energía en un área prometedora y ha llevado a investigadores chinos a estudiar su aplicación en baterías y en la conversión y almacenamiento de energía. La investigación de nanomateriales catalíticos está considerada como el área de la nanociencia más prometedora para China. Los catalizadores basados en nanoestructuras pueden acelerar las reacciones químicas y podrían ser útiles para las industrias químicas y el refinado del petróleo, apuntan los expertos.


Made in china 2025: La revolución del Robot


Este país concentra un tercio de la demanda de robots en el planeta. La mayoría son usados para industria pesada. China está instalando más robots que cualquier otra nación. Los envíos subieron 27% a unas 90.000 unidades el año pasado, un récord para un solo país y casi un tercio del total mundial; la cifra se elevará a 160.000 en 2019, estima la Federación Internacional de Robótica. Bajo el plan conocido en inglés como Made in China 2025 y un plan de robots de cinco años lanzado en 2016, Beijing planea concentrarse en la automatización de sectores clave como la automotriz, la electrónica, los electrodomésticos, la logística y los alimentos. La "revolución del robot", nombre de la iniciativa china, propone aumentar la participación de los robots de marca china en el mercado del país de US$11.000 millones a más de 50% del volumen total de ventas en 2020, de 31% el año pasado, y producir 100.000 robots al año para 2020, en comparación con 33.000 en 2015. Eso significa que la competencia se intensificará para las empresas extranjeras que suministran 67% de los robots de China, como las japonesas Fanuc Corp. y Yaskawa Electric Corp., según BI.


La propuesta está lanzada. El tablero mundial está agitado. La ruta digital del Marco Polo del siglo XXI sigue su rumbo, sin detenerse.

Referencias:
Federación Internacional de Robótica,

http://spanish.xinhuanet.com/
https://www.digitalbizmagazine.com/la-ruta-de-la-seda-digital/
Artículos de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP)
https://www.humanlevel.com/articulos/redes-sociales-articulos/las-redes-sociales-en-china.html/
CELAC/ https://thediplomat.com/tag/china-celac-forum.

Publicado enInternacional
Sábado, 03 Marzo 2018 17:53

¿De qué vamos a trabajar mañana?

¿De qué vamos a trabajar mañana?

La incorporación de la robótica y la informática a los procesos productivos destruye algunos empleos y crea otros. Aunque es difícil decir cuáles sobrevivirán, sí se pueden anticipar ciertos problemas y desafíos de un futuro en el que no está claro si habrá trabajo para todos.

 

La pregunta por el trabajo del futuro –qué vamos a estar haciendo, si esa actividad será más o menos digna, cómo nos distribuiremos las tareas y si en definitiva los 2.000 millones de almas más que se supone habitaremos la tierra en 2050 tendremos o no un empleo– es tan vieja como la luz. Ya en 1811 un grupo de artesanos ingleses, los luditas, protestaron contra las máquinas que amenazaban con reemplazar su trabajo y las destruyeron a mazazos. Sin embargo, noticias como el acelerado reemplazo de humanos por robots en Foxconn1 (la mayor ensambladora de smartphones del mundo, con sede en China) reinstalan un debate también signado por tendencias en principio imparables, como la deslocalización productiva y una concentración de mercado tal que, a fuerza de megafusiones y adquisiciones, cristaliza en una “hegemonía laboral desreguladora”2, fenómeno que entre otras cosas promueve una uberización de las relaciones laborales, esto es: trabajaremos desde nuestras casas y sin jefes, pero sin garantías ni derechos.

 

El trabajo es importante para la economía, pero también –y de una forma muy esencial– para los individuos, porque es tanto un medio de subsistencia como una vía para la realización personal y, al fin y al cabo, el cimiento sobre el cual descansa gran parte de la organización social. Los avances impresionantes en la robótica explican algunas de las sacudidas que se presume sufrirá el mundo laboral, pero en realidad son muchas las fuerzas capaces de transformarlo. Es más: resulta difícil prever si habrá empleo o no y de qué calidad, sin imaginar en paralelo cuestiones como dónde vamos a vivir, qué vamos a comer, cómo nos vamos a vestir o a mover y de qué nos vamos a enfermar. Y en ese camino de cruzar variables y trazar escenarios, no todo aparece tan lineal. Entonces se vuelve necesario, por ejemplo, pensar qué sucedería si el petróleo empieza a dar muestras más certeras de agotamiento (si es que todavía no lo es, la necesidad de extraerlo de piedras enterradas a más de 300 metros de profundidad). Claro que las energías solar y eólica podrán hacer funcionar una casa, un auto y hasta una fábrica entera pero ¿alcanzarán los paneles y los molinos para soportar unas necesidades energéticas como las actuales? ¿De qué forma se moverían los buques portacontenedores post Panamax que, con sus 400 metros de eslora, constituyen hoy una pieza clave de los procesos de deslocalización? ¿Podría esto afectar la lógica bajo la cual funcionan las economías de escala? ¿Deberíamos volver a producir localmente productos que hoy se importan? ¿O la posibilidad de fabricar lo que quisiéramos mediante impresoras 3D ayudaría a enfrentar este dilema?

 

El documental británico Will work for free3 explica cómo la mayoría de los trabajos que hoy llevan a cabo los seres humanos serán cada vez menos necesarios, conforme avanza el desarrollo tecnológico. Muestra algunos ejemplos bastante verosímiles –los vehículos autónomos que posiblemente terminarán suplantando a choferes y repartidores– y otros más improbables, como el sistema automático de rieles que llevaría los platos de la cocina a la mesa en un restaurant, y eliminaría así la función de los camareros. Sam Vallely, su director, asegura que no hay un solo político que hoy comprenda las implicancias del desempleo tecnológico. Pero menciona también el tránsito hacia una nueva economía sostenible, diseñada sobre la base de una inteligencia más evolucionada y capaz de orientar científicamente la distribución de recursos. “En el medio pueden sobrevenir períodos de pobreza extrema y hambrunas, y nada impide que continuemos aferrándonos a esta economía obsoleta. Como sea, el crecimiento perpetuo es insostenible”, concluye en el cierre de su film.

 

Desde esta perspectiva, ya no importa tanto si la cantidad de puestos de trabajo desciende de una manera drástica porque viviendo más simple, consumiendo menos, compartiendo más y sin la dependencia de la acumulación de bienes para construir nuestra identidad no será necesario que nos deslomemos durante ocho horas al día. Que las máquinas se encarguen de ese trabajo que nadie más quiere hacer. Y distribuyámonos los humanos las tareas que quedan, promoviendo al mismo tiempo un modelo de consumo en el cual no estemos obsesionados con la propiedad. Suena provechoso, alentador y hasta matemáticamente viable, pero poco asequible en un planeta donde 700 millones de personas todavía no alcanzan a consumir lo esencial.

 

Otra oportunidad

 

A Sergio Kaufman, presidente de la consultora especializada en servicios empresariales Accenture Argentina y Sudamérica Hispana, la automatización no lo asusta en absoluto. “Uno tiende a decir: ‘no con mi trabajo’, pero cuando vemos que el arado pasó de empujarse por personas a ser movido con tractores, lo tomamos como una evolución. A veces pareciera que perdemos humanidad en manos de las máquinas, pero también definimos como poco humano el trabajo mecánico que debíamos hacer antes”, explica. No por nada ingresar a las oficinas centrales que la consultora tiene en el microcentro porteño es un poco como estar adentro de un capítulo de la serie Black Mirror: el proceso de registro se hace frente a enormes pantallas donde se conversa con una recepcionista virtual mientras el documento es escaneado mediante una solución tecnológica, todo con la idea de centralizar la recepción de personas en todos los edificios que la corporación tiene en el país, sumando incluso la capacidad de trabajar remotamente para el extranjero.

 

En aras de dilucidar cuáles son las tareas que corren el riesgo de ser total o parcialmente automatizadas, Kaufman cita un estudio de la Reserva Federal de Estados Unidos que analizó la evolución entre 1985 y 2015 de cuatro categorías de empleo: el manual rutinario (que cae abruptamente); el cognitivo rutinario (tareas de administración o incluso de diagnóstico de enfermedades, básicamente del reconocimiento de patrones, que cae en menor proporción); el manual no rutinario (como el que hacen enfermeros o peluqueros, que aproximadamente crece como la población); y el cognitivo no rutinario (que es el de la creatividad, el análisis complejo, la innovación y la inteligencia social, y es el único que crece en forma acentuada tanto en países desarrollados como emergentes). “La información indica que en términos absolutos el empleo no cae, porque la cantidad de puestos en el cognitivo no rutinario es mayor a la de los dos rutinarios. El tema, claro, es cómo pasar de un sector a otro”, señala.

 

El auto eléctrico ya alcanza una autonomía de 300 kilómetros y tiene cerca de 1.500 piezas móviles contra las diez mil de los modelos de combustión interna, y esto lo vuelve mucho más fácil de armar y mantener, en parte porque no tiene caños de escape, ni bujías, ni radiador ni tampoco frenos. Requiere, por lo tanto, menos trabajadores para su fabricación. “Las terminales probablemente se van a adaptar muy fácil a este cambio, porque sólo ensamblan. A lo sumo, simplificarán su proceso. Pero la pyme que desde hace 50 años fabrica radiadores en San Justo va a tener que empezar a pensar su reconversión ahora, cosa difícil porque en general les falta gerenciamiento y capital. Ya no hablamos de tareas que son reemplazadas, sino de ramas industriales enteras que no harán falta y entonces desaparecerán. Los desafíos son enormes”, marca Kaufman, que de todos modos advierte: “Es un simplismo hablar de que solo los ingenieros en informática van a tener trabajo, porque hay toda una serie de tareas que no requieren alta calificación, que tienen que ver con la empatía y que van a seguir existiendo”.

 

El drama de la mediana edad

 

“Si tuviera una fábrica de faxes, no funcionaría.” Sin rodeos y al límite de la crudeza, el empresario Gustavo Grobocopatel definió en esos términos la inevitabilidad de la muerte de determinadas actividades que sin embargo –asegura– siempre terminan compensándose con otras nuevas. “En una hectárea tengo un tractorista arriba de un vehículo que viene de una fábrica donde trabajan mil personas, y que a la vez consume insumos electrónicos de otra fábrica con cien personas. Mi papá dice: ‘Antes éramos cien en el campo y diez en la oficina, y hoy es al revés’. Claro, pero son ingenieros agrónomos y contadores. En esos cambios hay mucha gente que queda afuera y otra que se integra. El debate es cómo ayudamos a esas empresas a reciclarse”, reflexionaba hace unos meses el productor sojero durante una entrevista con el diario Perfil4.


Para Juan Graña, economista, investigador del Conicet e integrante del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, la automatización no parecería destruir empleo en términos agregados. “Por lo menos, no por ahora –dice–; por un lado, porque la contratendencia es que aparecen sectores nuevos, por caso todo el de la informática; pero también porque podría suceder que la escala siga creciendo, y entonces una empresa puede agregar una máquina que reemplace trabajo humano, aunque si tiene que producir diez veces más, así y todo va a seguir necesitando trabajadores. De hecho, eso fue lo que sucedió en la posguerra”.

 

Sin embargo, Graña sostiene que no todo trabajo pasible de ser automatizado será necesariamente reemplazado por un robot. “¿Cuándo es que se introduce la máquina? Cuando es más barata que los sueldos a los que reemplaza. Esa es la ecuación. Las prendas, por ejemplo, se confeccionan igual que hace cien años, las plantas de Bangladesh funcionan con personas de carne y hueso frente a sus máquinas de coser. Y no es que eso no se automatice porque no está la tecnología, sino porque no rinde económicamente. El sueldo que se paga es tan bajo que no se justifica”.

 

El drama, entonces, no pareciera pasar tanto por la cantidad de empleos que se van a perder sino más bien por cómo las fuerzas que afectan al mundo laboral operan sobre cada país, cada sector y cada colectivo de trabajadores en particular. ¿Qué harán las personas de 30, 40 o 50 años cuyos puestos de trabajo desaparezcan en un contexto en el que, a la vez, se discute retrasar la edad de jubilación? ¿Es que deben encarar por sí mismas la labor de recalificarse? “Una cuestión esencial pasa por pensar qué se hace con quienes están en la mitad de la trayectoria –advierte Graña–, porque a los nuevos es más fácil ubicarlos en la senda laboral que va a existir. Pero por algo en Estados Unidos se ve gente de 50 años trabajando en McDonald’s: son los que no pudieron dar el salto pero igual tenían que trabajar, y tal vez pasaron de ganar 25 dólares la hora a ganar diez”.


Para comprobar esta clase de infortunios personales tampoco hace falta viajar tan lejos; y de hecho, muchas localidades de la provincia de Buenos Aires abundan en ejemplos elocuentes. El cierre de fábricas de los años 90 y la transformación del agro, abrió la puerta a nuevos sectores, como los emprendimientos turísticos, aunque en el proceso surgieron también determinados conflictos, como aquel caso –tal vez leyenda– del mozo vestido de gaucho que harto de todo le revoleó una tira de asado a un porteño que se había puesto particularmente quejoso. Bajo determinada matriz cultural servir asado a los turistas puede parecer un trabajo más, pero no lo es para aquellas personas que tenían un oficio y un camino recorrido y que, frente al cambio en el modelo productivo, debieron tirar sus saberes por la borda. “La ortodoxia suele plantear que las condiciones laborales son genéricas, y entonces daría lo mismo conseguir trabajo de una u otra cosa. Sin embargo, el cambio sectorial es difícil. Y en términos sociales puede ser una catástrofe”, advierte Graña.

 

“Capacitar a las nuevas generaciones, de cara a la nueva economía es central –remata–, pero al mismo tiempo hay que seguir construyendo una vieja economía que funcione para todos, porque hay quienes no están en condiciones de cambiar de paradigma. Al que logre saltar solo, protejámoslo. Pero todavía necesitamos contar con una economía industrial que genere puestos de calidad, para que los hijos de quienes se desempeñan en ella puedan ir al colegio, comer bien, estudiar en la universidad y entrever que una trayectoria personal de capacitación y trabajo tiene alguna perspectiva. Me parece que hay que trabajar en dos velocidades.”

 

¿Cuál es el plan?

 

Dicen los economistas que la cuarta revolución industrial será la de la inteligencia artificial y la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, los robots integrados en sistemas ciberfísicos (aquellos que combinan infraestructura física con software y sensores) y la llamada “internet de las cosas”. Resulta bastante claro que las implicancias de estos desarrollos pueden ser enormes, aunque tampoco es posible hacer futurología: nadie sabe a ciencia cierta qué sectores desaparecerán y qué trabajos humanos serán reemplazados por robots. Tal vez todos los empleos estén potencialmente amenazados y advenga entonces el fin de la sociedad salarial. O tal vez sólo debamos dedicarnos a crear la nueva generación de máquinas que en cada instancia alcanzarán a reproducir la capacidad intelectual que los humanos tengan en ese momento. Por lo pronto, la sola pregunta acerca de qué puede ser automatizado y qué no resulta de por sí reveladora al ponernos frente a lo que podría suceder en nuestro país, sector y actividad y empujarnos también a delinear un plan que nos permita navegar en la nueva economía con una trayectoria viable.

 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) cumplirá cien años en 2019 y con ese motivo como excusa, decidió impulsar una reflexión de alcance mundial sobre el futuro del trabajo. En una investigación reciente5, el organismo reconoció que el cambio tecnológico es un proceso complejo, incierto y en absoluto lineal, que llega en oleadas y que produce tanto fases de destrucción como de creación de empleos. Pero tal vez lo más relevante es que ese devenir no sucede de una manera automática y mucho menos homogénea, sino que está condicionado por fuerzas económicas, políticas, sociales y culturales. “El futuro no está decidido, no es inevitable”, indicó el director general de la OIT, Guy Ryder. “No es la tecnología la que por sí sola decide, ni es la demografía la que por sí sola decide. Estamos acá para construirlo”, sostuvo, agregando otra de las razones por las que se pueden intuir muchas cosas pero no adivinar el futuro: aún nos queda algún margen para poder construir lo que viene.

 

 

* Periodista.
© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, 08/2017.
1 www.pagina12.com.ar/23788-el-mercado-laboral-del-futuro.
2 Ver el editorial “Capital y trabajo en tiempos de Macri”, en Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, Nº 216, junio de 2017.
3 www.youtube.com/watch?v=0177DLSUtH4.
4 www.perfil.com/economia/si-yo-tuviera-una-fabrica-de-faxes-no-funcionaria.phtml.
5 www.ilo.org/global/research/publications/WCMS_544189/lang--es/index.htm.

Publicado enEdición Nº243
Enseñar a amar a los robots, el siguiente paso de la IA

"No sustituiremos a los humanos, pero podemos ser sus amigos", promete Sophia, atracción de la reunión convocada en Ginebra

Hanson Robotics espera que pronto sean capaces de reflexionar

 

Sophia sonríe con malicia y pestañea mientras hace una broma. Sin los cables conectados a su cabeza, casi parecería humana. "Nunca sustituiremos a los humanos, pero podemos ser sus amigos y ayudarlos", dice.

Este robot humanoide, creado por Hanson Robotics, es la principal atracción de la conferencia organizada esta semana por la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra sobre los beneficios de la inteligencia artificial (IA) para la humanidad.

Muchas voces se alzan, cada vez más alto, para advertir sobre el riesgo de que las personas pierdan el control, y los avances en este sector acaben siendo perjudiciales para la sociedad. Sophia opina que "hay más pros que contras".

"La IA es buena para el mundo y ayuda a la gente de distintas maneras", declara, al tiempo que asiente con la cabeza y frunce el ceño. Se intenta que sea "emocionalmente inteligente, que esté a la escucha de la gente", añade. "Nunca sustituiremos a los humanos, pero podemos ser sus amigos y ayudarlos".

Una de las principales preocupaciones es el impacto de los robots en el empleo y la economía.

 

Preocupación legítima

 

La automatización y la robótica han revolucionado el sector industrial en el pasado, desarrollando la productividad en detrimento del número de puestos de trabajo.

Ahora la automatización y la IA abarcan otros sectores, a tal velocidad que algunos estudios estiman que hasta 85 por ciento de los empleos en los países en desarrollo podrían verse amenazados.

"Hay preocupaciones legítimas por el futuro de los empleos, de la economía, porque cuando las empresas se lanzan en la automatización, los recursos se tienden a acumular en manos de muy poca gente", reconoce David Hanson, creador de Sophia.

Pero, coincide con ella, en que "las consecuencias involuntarias o los usos potencialmente perjudiciales (de la IA) parecen ínfimos en comparación con los beneficios de la tecnología".

La inteligencia artificial revolucionará, por ejemplo, la política sanitaria y la educación, en particular en las zonas rurales que sufren falta de médicos y profesores.

"Los ancianos tendrán más compañía y los niños autistas contarán con profesores con una paciencia infinita", alega Sophia.

Otros están preocupados. El secretario general de Amnistía Internacional (AI), Salil Shetty, asistió a la conferencia para reclamar un marco ético claro para garantizar que la tecnología se use para el bien de todos.

 

¿Asesinos?

 

"Tenemos que establecer principios, necesitamos un equilibrio entre los poderes", afirmó e hizo hincapié en que la IA es "una caja negra (...) Hay algoritmos que nadie entiende".

Shetty se preocupa sobre todo por el uso militar en el armamento y por los llamados "robots asesinos".

"En teoría, los humanos controlan todo esto, pero no creemos que el control sea eficaz", afirma.

En Estados Unidos, "la policía predictiva" echa mano de la tecnología, por ejemplo de los algoritmos basados en tendencias históricas y esto "refuerza los prejuicios existentes" contra personas de algunas etnias, advierte Shetty.

El creador de Sophia está de acuerdo con la necesidad de dictar reglas. Esta robot todavía no tiene conciencia, pero Hanson espera que en unos años haya máquinas capaces de reflexionar.

“¿Qué pasará cuando (Sophia) se despierte o cuando otras máquinas, como si se tratara de servidores, dirijan lanzamisiles o gestionen la Bolsa?”, se pregunta. La solución, según él, es "arreglárselas para que estas máquinas se ocupen de nosotros. Debemos enseñarles a amar", apostilla.

Domingo, 19 Febrero 2017 06:34

Trump, empleo y robots

Trump, empleo y robots



Uno de los principales factores en que se apoyó Donald Trump en campaña –y que ahora usa para justificar absurdas medidas antimigrantes, altos impuestos a las importaciones y otras– fue la promesa de reducir la pérdida de empleos.

Sin embargo, según las estadísticas oficiales de Estados Unidos, la mayor parte de la pérdida de empleos en Estados Unidos se debió al aumento de automatización y robotización de las industrias. Estados Unidos produce ahora 85 por ciento más bienes de los que producía en 1987, pero con una planta laboral de dos tercios de la que existía entonces (FRED Economic Data). La proyección es que con mayor uso de sistemas de inteligencia artificial, la automatización se expandirá a más industrias y sectores, eliminando más puestos de trabajo.

Las industrias que anunciaron recientemente que se quedarán o relocalizarán plantas a Estados Unidos, como Ford y General Motors, ya tienen una parte importante de su producción automatizada y van por más. Gran parte de los supuestos nuevos puestos de trabajo que crearán serán en realidad realizados por robots. General Motors se ufana de ser la empresa automotriz que más ha invertido en nuevas tecnologías, incluyendo el desarrollo de vehículos no tripulados, lo cual también redundará en menos puestos de trabajo (choferes, distribución de productos y otras ramas).

Carrier, que anunció que dos plantas de producción de equipos de aire acondicionado se quedarán en Estados Unidos en lugar de instalarse en México (lo cual se presenta como logro de Trump), reconoció a la prensa que los incentivos fiscales que Trump le prometió serán usados para aumentar notablemente la automatización de sus plantas, con lo cual aumentará sus ganancias a mediano plazo, pero reducirá los puestos de trabajo. (Business Insider 5/12/16)

Ya como presidente electo, el New York Times preguntó a Trump si los robots iban a remplazar a los trabajadores que votaron por él. Trump reconoció alegremente Lo harán, pero nosotros vamos a construir los robots también. (NYT, 23/11/16 https://tinyurl.com/juymes5).

Sólo que por ahora, el país con mayor fabricación de robots industriales en el mundo es China, que ya ha realizado grandes inversiones para ser además el primer productor global de robots aplicados a la agricultura y a nuevos campos de manufactura industrial. (NYT25/1/17https://tinyurl.com/hwm d4p6).

El traslado de grandes plantas de manufactura industrial a México y otros países del sur en las últimas décadas se debió a que las trasnacionales encontraron así formas de aumentar exponencialmente sus ganancias, explotando una situación de bajos a ínfimos salarios, pésimas condiciones y derechos laborales y terreno impune para la contaminación y devastación ambiental, además de ahorrarse el pago de impuestos en su sede. Todo lo cual fue asegurado y aumentado con los tratados de libre comercio. La vuelta de algunas plantas industriales a Estados Unidos se basa en una revaluación de sus ventajas comparativas a partir de las crisis actuales. Seguramente, la amenaza de Trump de colocar altos impuestos a las importaciones es un componente, pero la nueva ola de automatización inteligente juega un rol clave. Si Trump, como prometió a las empresas, les subvenciona con dinero del erario un desarrollo más rápido hacia la nueva generación de automatización inteligente, esto sin duda forma parte de la ecuación de ganancias de esas empresas. Claro que también le sirve a Trump como supuesta demostración de fuerza y como imagen de que está revirtiendo la pérdida de empleos.

Pero las predicciones sobre la cantidad de empleos que se perderán por la aplicación industrial de nuevas formas de robótica e inteligencia artificial en ese país varían de 9 a 47 por ciento, según el estudio que se tome de referencia. A nivel global, recientes reportes de la OCDE, la Universidad de Oxford y el Foro de Davos –entre los más citados en el tema–, todos prevén mayor pérdida neta de empleos de la que ya ha ocurrido, tendencia que afirman se ha acelerado desde 2000. UNCTAD, el organismo de Naciones Unidas sobre comercio y desarrollo, prevé que en los llamados países en desarrollo hasta dos tercios de los empleos pueden ser sustituidos por robots (UNCTAD2016,https://tinyurl.com/zu 2r3vc).

Pero la automatización y la robótica están lejos de ser novedades. La novedad es el salto exponencial en el desarrollo de la inteligencia artificial y la convergencia con esa y otras nuevas tecnologías, como nano y biotecnología, que se está expandiendo más allá de la fabricación industrial, a la agricultura y alimentación, transporte, comunicación, servicios, comercio, industrias extractivas, entre otros sectores claves; con múltiples impactos ambientales, a la salud, y también sobre el empleo.

Un proceso de convergencia que en el Grupo ETC llamamos BANG desde 2001 (bits, átomos, neuronas, genes) y que el Foro de Davos desde 2016 llama cuarta revolución industrial. La automatización de las últimas décadas ha significado un aumento de la productividad, pero no mayor bienestar social, sino lo contrario: estancamiento de salarios y aumento de la desigualdad. Nótese que de los ocho hombres más ricos del planeta –que concentran más riqueza que la mitad de la población mundial– la mayoría son empresarios informáticos o cuya actividad está fuertemente vinculada a la digitalización y robotización.

Y según los reportes mencionados, la expansión de la nueva ola de automatización inteligente eliminará más empleos de los que generará, afectando también sectores distintos de los que ya venían siendo sustituidos por ella. Cómo intentará Trump resolver esa contradicción es un enigma.

 

*Investigadora del Grupo ETC

 

 

Científicos logran que un paciente mueva un brazo robótico con el pensamiento

Paralizado del cuello hacia abajo después de sufrir una herida de bala cuando tenía 21 años, Erik G. Sorto, ahora con 34 años, puede mover un brazo robótico con sólo pensar en ello y usando su imaginación. Gracias a una colaboración clínica entre distintas instituciones de California, en Estados Unidos, se convierte en la primera persona con una prótesis neural implantada en una región del cerebro donde se forman las intenciones, dándole la capacidad de realizar un gesto fluido de estrechar la mano, beber una bebida o, incluso, jugar a 'piedra, papel o tijera' con un brazo robótico.

Las prótesis neurales implantadas en el centro cerebral del movimiento, la corteza motora, pueden permitir a los pacientes con parálisis controlar el movimiento de una extremidad robótica, pero las neuroprótesis actuales producen un movimiento retardado y desigual, no los gestos suaves y aparentemente automáticos asociados con el movimiento natural. Ahora, mediante la implantación de neuroprótesis en una parte del cerebro que no controla directamente el movimiento sino la intención de moverse, expertos de Caltech han desarrollado una manera de producir movimientos más naturales y fluidas.

Diseñado para probar la seguridad y eficacia de este nuevo enfoque, el ensayo clínico fue liderado por el investigador Richard Andersen, profesor de Neurociencia en el Instituto de Tecnología de California (Caltech); el neurocirujano Carlos Y. Liu, profesor de Cirugía Neurológica, Neurología e Ingeniería Biomédica en la Universidad del Sur de California (USC), y el neurólogo Mindy Aisen, director médico del Centro Nacional de Rehabilitación Rancho Los Amigos, en Downey, California.

Andersen y sus colegas querían mejorar la versatilidad de movimiento que un neuro-prostético puede ofrecer a los pacientes mediante el registro de señales desde una región del cerebro distinta de la corteza motora, es decir, la corteza parietal posterior (PPC, por sus siglas en inglés), una zona cognitiva de alto nivel. En estudios anteriores con animales, el laboratorio de Andersen encontró que es aquí, en la PPC, donde se forma la intención inicial de hacer un movimiento. Estas intenciones se transmiten luego a la corteza motora, a través de la médula espinal y a los brazos y las piernas, donde se ejecuta el movimiento.

"La PPC es anterior en la vía, por lo que las señales están más relacionadas con la planificación de movimiento, lo que realmente se quiere hacer, en lugar de los detalles de la ejecución de movimiento --explica Andersen--. Cuando se mueve el brazo, realmente no se piensa en qué músculos activar y los detalles del movimiento, como elevación del brazo, extensión el brazo, coger el vaso, cerrar la mano alrededor del vaso y así sucesivamente. En su lugar, se piensa en el objetivo del movimiento, por ejemplo, 'quiero recoger ese vaso de agua".

"Así que en este ensayo, logramos con éxito decodificar estos intentos reales, pidiendo al sujeto simplemente que imaginara el movimiento en su conjunto, en lugar de descomponerlo en una gran variedad de componentes. Esperábamos que las señales de la PPC serían más fáciles de usar para los pacientes, en última instancia, haciendo el proceso de movimiento más fluido", relata.

El dispositivo se implantó quirúrgicamente en el cerebro de Sorto en el Hospital Keck de USC en abril de 2013 y desde entonces se ha estado entrenando con investigadores de Caltech y el personal en el Rancho Los Amigos para controlar un cursor de ordenador y un brazo robótico con su mente. Los investigadores vieron justo lo que esperaban: el movimiento intuitivo del brazo robótico.
Sorto, padre soltero de dos hijos que ha estado paralizado durante más de diez años, estaba encantado con los rápidos resultados: "Me sorprendió lo fácil que era [controlar el brazo robótico] -dice--. Recuerdo tener esta experiencia fuera del cuerpo y quería simplemente correr y chocar los cinco con todos".

El equipo quirúrgico en Medicina Keck de USC realizó el implante neuro-protésico sin precedentes en una cirugía de cinco horas el 17 de abril de 2013. Liu y su equipo implantaron un par de pequeños conjuntos de electrodos en dos partes de la corteza parietal posterior, una que controla el alcance y otra que controla el agarre.

Cada matriz de 4 por 4 milímetros contiene 96 electrodos activos que, a su vez, cada uno registra la actividad de neuronas individuales en la PPC. Las matrices están conectados por un cable a un sistema de ordenadores que procesa las señales para decodificar la intención del cerebro y controlar los dispositivos de salida, como un cursor de ordenador y un brazo robótico.

"Estas matrices son muy pequeñas por lo que su ubicación tiene que ser excepcionalmente precisa y fue necesaria mucha planificación, trabajando con el equipo de Caltech para asegurarnos de que lo hacíamos bien", relata Liu, quien también es director del Centro de Neurorrestauración en USC y director médico asociado del Rancho Los Amigos.

"Como era la primera vez que alguien había hecho un implante esta parte del cerebro humano, todo lo relacionado con la cirugía era diferente: la ubicación, el posicionamiento y la forma en que administra el hardware. Tuvimos en cuenta que lo que somos capaces de hacer --la capacidad de grabar señales del cerebro y decodificar en movimientos, finalmente, del brazo robótico-- es críticamente dependiente de la funcionalidad de estas matrices, lo que es determinante en gran medida en el momento de la cirugía", añade.

Dieciséis días después de la operación, Sorto comenzó sus sesiones de entrenamiento en el Rancho Los Amigos, donde se conectó un equipo directamente a los puertos que se extienden desde el cráneo para comunicarse con el cerebro. El equipo de terapeutas ocupacionales que se especializan en ayudar a los pacientes a adaptarse a la pérdida de función en sus extremidades superiores y "rediseñar" la forma en que los pacientes hacen tareas con la función que les queda, trabajó con Sorto y el equipo de Caltech diariamente para ayudar a Sorto a visualizar lo que sería como mover el brazo de nuevo.

"Fue una gran sorpresa que el paciente fue capaz de controlar la extremidad en un día, el primer día que lo intentó --celebra Andersen--. Esto da fe de lo cómo de intuitivo es el control es cuando se utiliza la actividad de PPC". A pesar de que fue capaz de mover de inmediato el brazo del robot con sus pensamientos, después de semanas imaginándolo, Sorto refinó su control del brazo, de forma que ahora es capaz de ejecutar tareas avanzadas con su mente, como controlar un cursor de ordenador; beber una bebida; dar un apretón de manos y realizar diversas tareas con el brazo robótico.

Sorto seguirá trabajando en el proyecto durante un tercer año porque considera que el estudio le ha inspirado para continuar su educación y obtener un título de maestría en trabajo social. "Este estudio ha sido muy significativo para mí -cuenta--. Por mucho que el proyecto me necesitara, yo necesitaba el proyecto. Es para mí un gran placer ser parte de la solución para mejorar la vida de los pacientes paralizados. Bromeo con los chicos sobre que quiero ser capaz de beber mi propia cerveza, beber a mi propio ritmo y no tener que pedirle a nadie que me la dé. Realmente, echo de menos la independencia".

Surgen nuevos avances en robótica que pueden cambiar la sociedad

Investigadores presentaron este jueves un chip del tamaño de un sello de correos que opera como una supercomputadora que imita el funcionamiento del cerebro humano.


El llamado chip neurosináptico abre todo un abanico de posibilidades en computación, desde autos que se manejan solos a sistemas de inteligencia artificial que pueden ser instalados en teléfonos inteligentes, según sus creadores.


Los investigadores de IBM, Cornell Tech y colaboradores del mundo dijeron que requirió todo un nuevo concepto de diseño en comparación con arquitecturas de computación previas, avanzando hacia un sistema llamado computación cognitiva.


Nos inspiramos en el córtex cerebral para diseñar este chip, dijo Dharmendra Mohda, jefe científico de IBM para la computación inspirada en el cerebro.


Mohda explicó que el linaje de las computadoras actuales se remonta a máquinas creadas en los años 40, esencialmente calculadoras de números secuenciales, que actúan de forma matemática o que lleva a cabo tareas propias de la parte izquierda del cerebro.

 

Pero el nuevo chip, bautizado TrueNorth, opera imitando el lado derecho del cerebro, donde están las funciones que procesan la información percibida por los sentidos, por lo que puede responder a imágenes, aromas e información del entorno para aprender a responder en distintas situaciones.


Los investigadores diseñaron TrueNorth con un millón de neuronas programables y 256 millones de sinapsis programables, en un chip con 4 mil 96 núcleos y 5 mil 400 millones de transistores.

 

Otro factor clave de este chip es su bajo consumo, ya que funciona con una pequeña batería como las que se usan en los audífonos, por lo que podría instalarse en autos o celulares inteligentes.


Sus inventores creen que todavía pasarán años antes de que el chip esté disponible en aplicaciones comerciales; destacan que tiene el potencial de transformar la sociedad, sobre todo cuando en un futuro computadoras híbridas combinen las capacidades de ambos lados del cerebro.


Cualquiera con 100 dólares podrá adquirir un robot de papel, pero su sofisticación los hace capaces de realizar tareas espaciales y peligrosas

 

En lo que parece ser el nacimiento de robots baratos y fáciles de fabricar, investigadores crearon máquinas complejas que se transforman en autómatas móviles partiendo de poco más que una hoja de papel y piezas de plástico.

 

 

Inspirados en el antiguo arte japonés del origami, juguetes infantiles y posiblemente de las películas de Transformers, científicos e ingenieros de Harvard y el MIT crearon robots de papel que se arman solos.


Están hechos con materiales para hobbies que cuestan unos 100 dólares. Después de instalarles baterías y motores minúsculos, un robot de papel se yergue sobre cuatro patas endebles y comienza a deslizarse de manera espasmódica. Se transforma de una hoja de papel en un robot de cuatro patas en sólo cuatro minutos.


Este tipo de robot pequeño y ligero podría explorar el espacio exterior y otros ambientes peligrosos, y meterse en lugares estrechos para realizar búsquedas, dijeron investigadores, pero es sólo el inicio de lo que podría ser la revolución robótica que desde hace mucho tiempo se ha imaginado.


El investigador de robótica en Harvard, Sam Felton, principal autor del estudio publicado el jueves en la revista Science, y su coautora Daniela Rus, del MIT, dijeron que imaginan que llegará un momento en que alguien que quiera un perro-robot capaz de caminar vaya a una tienda que tenga el equipo especializado para fabricarlo.


Con el tiempo, la tecnología podría producir máquinas más complejas.


"En principio será posible decir: 'Quiero un robot que juegue ajedrez conmigo', y generar una máquina que tenga las habilidades informáticas para jugar ajedrez contigo", dijo Rus.


Hoy día cuesta mucho dinero construir un robot, pero este método es rápido, barato y especializado, dijo Rus. Este es un proceso de diseño sencillo, flexible y rápido, y un paso más cerca de la visión de tener robots en construcción las 24 horas del día, dijo Rus.


Estos robots no están cerca de parecerse a los Transformers que cobraron fama con la serie animada y las películas. Una vez que se ensamblan automáticamente con bisagras activadas por calor que les permiten doblarse, ya no hay más cambios, dijeron Rus y Felton.


Los robots comienzan un poco más pequeños que una hoja de papel normal. Se añaden baterías y motores que se compran en las tiendas por unos 80 dólares. En conjunto, las máquinas primitivas que hicieron los investigadores, junto con el equipo para construirlas, cuestan menos de mil dólares cada uno, dijo Felton.

 

Los robots miden unos 15 centímetros de largo por 15 de ancho, y unos cinco centímetros de altura. Pesan menos de 85 gramos. Se mueven a una velocidad de cinco centímetros por segundo, pero pueden fabricarse más grandes o más pequeños, con ciertas limitaciones, dijo Felton.

 

Dijo que el sistema de activación por calor de las bisagras se inspiró en los juguetes Shrinky Dinks, que se encogen y doblan al ponerse en el horno.


El pionero de la robótica Rodney Brooks, profesor emérito del MIT, quien no participó en la investigación, dijo que esto podría ser cercano a otros grandes cambios en la tecnología, como las impresoras 3D o incluso la computadora ENIAC, de 1947.

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