Miércoles, 20 Febrero 2019 06:12

Comunicar para desarmar el tabú

Comunicar para desarmar el tabú

Desde hace 25 años se especializa en el diseño de políticas sanitarias. Hoy se propone revertir los estigmas vinculados a las enfermedades mentales y al consumo problemático de sustancias, que constituyen la principal causa de discapacidad en el mundo.

 

“Supongamos que me ausento unos días en el trabajo: no es lo mismo explicar a mis compañeros y a mi jefe que salí a esquiar y me rompí una pierna, en vez de decir que estuve deprimida y no sentía ganas de salir de la cama. De hecho, si explico que estuve deprimida, la gente evita seguir indagando porque los problemas mentales continúan constituyendo un tabú y causan rechazo”, afirma Dévora Kestel, la primera mujer en la historia a cargo del departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la Organización Mundial de la Salud. Es psicóloga por la Universidad Nacional de La Plata y magíster en Salud Pública por la Universidad de Londres. Desde hace un cuarto de siglo concentra sus esfuerzos en el diseño de políticas sanitarias y, en la actualidad, trabaja desde su oficina en Ginebra para lograr que los gobiernos de las 194 naciones que suscriben a la OMS incluyan estas problemáticas en sus agendas. En esta ocasión, señala por qué es fundamental un abordaje científico transdisciplinario y describe de qué manera expresarse puede contribuir a desarmar las etiquetas del prejuicio y la desinformación.


–¿De qué clase de problemáticas se ocupa la unidad que dirige? La denominación del departamento no es muy precisa.


–Es cierto, el término “salud mental” involucra situaciones múltiples: desde las problemáticas contemporáneas(como la depresión y la ansiedad) hasta las más severas (como la psicosis y los trastornos bipolares), pasando por asuntos neurológicos tradicionales (demencia y epilepsia). Por otra parte, bajo el paraguas “abuso de sustancias” buscamos ocuparnos del consumo problemático de alcohol y drogas, pero también de adicciones de otra estirpe como el juego y los videojuegos (recientemente incorporada en el mapa de conflictos). En este marco tan diverso diseñamos planes de políticas públicas, elaboramos presupuestos y legislación, proponemos líneas de acción y confeccionamos guías. Además, elaboramos programas de prevención, promoción y tratamiento que desarrollan cada una de las 194 naciones que forman parte de la OMS.


–Detrás de los datos que instituciones como la OMS proporcionan hay mucho trabajo científico.


–Todos nuestros datos se basan en la evidencia de la mejor ciencia disponible. Para confeccionar líneas de acción consensuadas es necesario generar acuerdos y reunir las voces de muchos especialistas a lo largo y ancho del globo. Resulta fundamental realizar abordajes transdisciplinarios, capaces de generar respuestas a las diversas necesidades de las diferentes naciones. No nos podemos dar el lujo de cerrarnos en trabajar con las herramientas de una sola disciplina; menos cuando el objeto/sujeto de estudio es el ser humano y toda su complejidad intrínseca.


–Recién mencionaba los problemas de depresión y ansiedad. ¿Por qué son tan comunes en esta época? ¿Qué hay respecto de los suicidios?


–Trabajar para prevenir los suicidios es una de nuestras prioridades. Incluso, constituye uno de los indicadores de los objetivos del desarrollo que se propone Naciones Unidas. Esto constituye una pista fundamental e indica que la problemática salió del nicho para comenzar a ser reconocida y discutida en el ámbito público. Se estima que se producen 800 mil suicidios al año y el promedio de edad disminuye conforme transcurre el tiempo. Además, como es prevenible, necesitamos actuar con urgencia. Según las últimas estadísticas, aproximadamente 300 millones de personas afrontan problemas de depresión y ansiedad en el mundo, y las cifras van en aumento. Ambas situaciones se conectan de manera muy clara.


–Usted menciona que uno de los principales desafíos es revertir el estigma vinculado a los problemas de salud mental y el consumo de sustancias.


–El ejemplo de la ausencia laboral por esquiar o por estar deprimida es tan banal como cotidiano. No poder expresar el conflicto clausura las posibilidades de mejora y la búsqueda de ayuda. Sin ir más lejos, la depresión se ha convertido recientemente en la primera causa de discapacidad a nivel mundial, por lo que tiene un alcance que ya no distingue entre países desarrollados y periféricos.


–¿Cómo desarmar el tabú?


–Es muy difícil porque constituye un conflicto histórico que forma parte de las entrañas de esa caja negra, que es la mente humana. Desde siempre, en las diferentes culturas el que se comporta raro es tildado de “loco” y, como resultado, debe correrse fuera de la vista de los “normales”. Tendemos a segregar al diferente, a mirarlo con los ojos del prejuicio y la discriminación. De ahí que el aislamiento y el encierro en instituciones específicas eran las respuestas que ofrecía la medicina tradicional con una perspectiva esencialmente farmacológica y cientificista. Incluso forma parte de nuestro discurso cuando intentamos describir una situación violenta: “No sé qué le ocurría, estaba agresivo, estaba loco”. Pienso que podemos comenzar a revertirlo a partir de acciones colectivas que promuevan la comunicación.


–¿En qué sentido?


–Hace dos años realizamos una campaña denominada “Hablemos”. La depresión y la ansiedad son problemas que se manifiestan de manera individual pero constituyen conflictos que deben ser abordados de manera colectiva, desde el enfoque de la salud pública. Cuando los medios masivos hacen circular discursos en esta línea también es muy positivo. Hace poco Lady Gaga, durante la ceremonia de entrega de los Grammy, manifestó la importancia de dialogar acerca de los problemas de salud mental. Nos puede gustar más o menos lo que hace pero no podemos desconocer que su palabra es reconocida en el espacio público y que su experiencia puede servir de ejemplo. Hace algún tiempo, el primer ministro de Noruega se retiró de su cargo por asuntos similares y luego regresó cuando se sentía listo y había mejorado su salud mental. Si esto hubiera ocurrido en otros contextos posiblemente hubiese desencadenado la culminación de su carrera política, pero aquella vez su coraje para expresar lo que le sucedía le valió otra repercusión social y cultural. De la misma manera que la salud pública, históricamente, se ocupó con eficacia de las enfermedades contagiosas y los planes de vacunación, es necesario que las afecciones mentales tengan otra jerarquía en la agenda política.


–¿Y los hospitales psiquiátricos? ¿Qué rol deben asumir?


–Las personas con trastornos mentales pueden convivir en sus comunidades siempre y cuando sean bien atendidas en el marco de un sistema de salud adecuado. Formar parte de la sociedad siempre será una solución preferible antes que estar recluido en una institución, encerrado detrás de muros que alimentan fantasías sociales que asocian la locura con la monstruosidad.


–El obstáculo es que países en desarrollo como Argentina no cuentan con sistemas de salud pública adecuados. ¿Qué estrategias propone la OMS en estos casos?


–Lo que comúnmente se hace es trabajar para generar consensos con los representantes de los ministerios de Salud de los Estados miembros que, de manera anual, plantean prioridades para sus naciones. En ese marco, nosotros proponemos objetivos que los países deben cumplir e indicadores para medir de qué manera han cumplido o fracasado con las metas. No contamos con un poder operativo o decisional, pero tenemos el respaldo de los Estados y eso nos faculta para diagramar planes que gozan de independencia respecto de los humores y las negligencias de los gobiernos de turno.


–¿Argentina tiene una agenda en salud pública?


–Es difícil decirlo de manera taxativa porque no hay una investigación específica que me permita responder de manera rotunda, pero hay una serie de datos. Por ejemplo, Argentina es el país del mundo con más psicólogos por habitante y presenta números notables de otras profesiones vinculadas a la salud mental, como el caso de los psiquiatras. Existen, por otro lado, muchas ONG que se están moviendo mucho y muy bien y demuestran su interés por construir una mirada integral de salud mental basada en los derechos humanos. La ley de Salud Mental fue muy discutida y contaba con muchos elementos positivos, pero no fue acompañada por una implementación acorde. Son distintos componentes de un proceso que avanza, pero necesitamos que avance mejor y más rápido. Para ello, la intervención de los Estados es irreemplazable.


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Campos hacinados, sucios y sin medicamentos

De a diez en un contenedor, casi sin agua corriente ni sanidad, con chicos solos y sobrevivientes de la tortura sin atención, la situación en los campos genera enfermedades, desesperación y violencia entre las víctimas.

Cientos de mujeres embarazadas, niños no acompañados y sobrevivientes de tortura están “abandonados” en los campos de refugiados en Grecia, dijo Oxfam. El informe de la organización caritativa descubrió que varias madres habían regresado del hospital a vivir en tiendas de campaña cuatro días después de dar a luz por cesárea, y sobrevivientes de violencia sexual y otras experiencias traumáticas se habían agrupado junto con otros refugiados en Moria, un campamento en Lesbos donde las peleas estallan regularmente y alrededor de dos tercios de los residentes dicen que nunca se sienten seguros.

Los refugiados vulnerables “se enfrentan con mayor frecuencia a un hacinamiento severo”, dijo Renata Rendón, jefa de misión de Oxfam en Grecia al diario británico The Independent. “Durante gran parte del año, Moria y otros centros de la Unión Europea en las islas griegas duplicaron su capacidad. Muy a menudo, las personas vulnerables se amontonan en un contenedor si tienen suerte, una tienda improvisada si no, con un máximo de nueve o diez o aun más personas”.


Rendón dijo que los que están en los campamentos “a menudo carecen de suficiente acceso al agua, sanitarios e higiene”, y muchos informan sentirse inseguros. “La gente está en estos campamentos durante largos períodos de tiempo, carecen de información, de intérpretes, por lo que a menudo se sienten muy frustrados, lo que puede llevar a la violencia dentro del campamento”.


Los refugiados también carecen de acceso a la atención médica, lo que según Rendón es “uno de los grandes problemas que surge cuando estamos hablando de la identificación de personas vulnerables en particular”. Los refugiados no tiene acceso a atención médica, lo que, según Rendón, es “uno de los grandes problemas que surgen cuando estamos hablando de la identificación de personas vulnerables en particular”.


El informe atribuyó la falta crónica de personal y los procesos de selección defectuosos por la falla del sistema destinado a identificar y proteger a los solicitantes de asilo más vulnerables. Como resultado, cientos de los refugiados más vulnerables han sido expulsados y obligados a vivir en Moria, el campamento de la Unión Europea utilizado para registrar y procesar nuevas solicitudes de asilo, que está a casi el doble de su capacidad. “Las condiciones a menudo son peligrosamente superpobladas, escuálidas, antihigiénicas e inseguras para las personas que ya están sufriendo experiencias muy traumáticas, a veces enfermedades de salud mental, a veces discapacidades físicas”, dijo Rendón.


Solo hubo un médico del campamento designado por el gobierno en Lesbos responsable de examinar a aproximadamente 2000 recién llegados cada mes durante gran parte de 2018, señaló el informe, y las evaluaciones médicas se detuvieron en noviembre cuando el médico renunció. El informe encontró una tendencia “particularmente preocupante” de que los adolescentes y sobrevivientes de torturas fueran detenidos después de que las autoridades no los reconocieran como vulnerables.


“Hay personas de 28 nacionalidades diferentes que a menudo son detenidas inmediatamente después de su llegada, esencialmente debido a su nacionalidad”, dijo Rendón. “Estas personas son detenidas antes de tener la oportunidad de tramitar su solicitud de asilo, antes de que se revise su solicitud de asilo, y el gran problema aquí es que una vez que se son detenidas es mucho más difícil acceder a servicios que ya son difíciles de acceder para personas que no están detenidas”.


Los detenidos son “a menudo retenidos en espacios pequeños con muchos otros jóvenes en condiciones de hacinamiento”, agregó. “Sabemos que la experiencia de la detención puede ser muy traumática, especialmente para las personas que son vulnerables y no han sido identificadas como tales”.


Un solicitante de asilo de 28 años de Camerún fue encerrado durante cinco meses por su nacionalidad a pesar de sus graves problemas de salud mental. El informe dice que nadie verificó su salud física y mental antes de que lo detuvieran, y que no vio a un psicólogo durante un mes. “Teníamos solo dos horas al día cuando se nos permitía salir del contenedor”, dijo. “El resto del tiempo uno está sentado en un espacio pequeño con otros 15 hombres que tienen sus propios problemas”.


Las condiciones en el campamento han disminuido a medida que el invierno trajo fuertes lluvias a Lesbos. Se pronostica que la temperatura durante la próxima semana descenderá y podría nevar. Oxfam está pidiendo al gobierno griego y a los estados miembros de la Unión que desplieguen más médicos y psicólogos y corrijan el sistema de detección “para que las personas vulnerables no caigan por las grietas”, dijo Rendón. La organización benéfica dijo que más personas que buscan asilo deberían ser transferidas a la Grecia continental de manera regular, especialmente a aquellos que son vulnerables.


“Estas circunstancias continuarán hasta que haya un esquema de responsabilidad compartida más justo”, agregó Rendón, “por lo que estamos pidiendo a los estados miembros de la Unión que compartan la responsabilidad de recibir a los solicitantes de asilo”.


Samuel Osborne. De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

Publicado enInternacional
Jueves, 10 Enero 2019 06:18

Todos contra Una

Todos contra Una

A partir de los casos de violaciones en grupo ocurridos en Año Nuevo, el autor pone en consideración los mecanismos sociales, discursivos y subjetivos que hacen posibles estos hechos. La característica masculina del grupo y las actitudes, pautas consumistas, divertimentos y gestos institucionales que alientan este modelo tribal.

Si la violación de una púber en la ciudad de Miramar por parte de un grupo de varones mayores de edad nos había sumido en la indignación y el horror, la repetición del mismo ultraje sobre otras dos niñas adolescentes perpetradas en Salta y en Villa Elisa desafían nuestra capacidad de espanto. Vale intentar alguna consideración sobre los mecanismos sociales, discursivos y subjetivos que hacen posible semejante barbarie.


De la mano de la manada


Por lo pronto, la necesidad de andar en grupos es muy propia del campo masculino. Ya desde la adolescencia: “un hombre se hace El Hombre por situarse como Uno-entre-otros, por incluirse entre sus semejantes” (1), observa Lacan, quien además refiere que los muchachos “se tienen todos de la mano, más aún cuando, si no se tuvieran de la mano, cada uno debería enfrentarse solo con la chica y es no les gusta” (...) porque encontrarse solo, cada cual frente a su cada cuala (...) “conlleva demasiados riesgos” (2). Y agrega: “Para las chicas es diferente (...) se agrupan de a dos, hacen migas con un amiga hasta que logran arrancar a un chico de su banda”. Ahora bien, el riesgo que experimenta el varón al enfrentar al Otro sexo explica, entre otras muchas cuestiones, la desinhibición que presta la descomunal ingesta de alcohol en el ámbito de la Fiesta y el tiempo libre, llámese rave, previa, after, etc. Por si fuera necesario aclararlo, el riesgo es la impotencia, ese fantasma que en mayor o menor medida persigue a todos los descendientes de Adán y que explica la puntual necesidad de los jovencitos varones por incluirse en la manada antes de ensayar su primeras pasos en las complejas lides del amor. Hasta aquí se trata de un momento en el crecimiento del sujeto masculino. La cuestión se complica cuando, en virtud de los mandatos de meritocracia y éxito individualista que la época impone, el erotismo que sostiene tanto la atracción como la rivalidad entre los varones se convierte en violencia hacia una mujer, tal como ocurre en los muy tristes hechos que convocan estas líneas. Indaguemos los factores subjetivos presentes en los mismos.


La sociedad de los varones


Un maravilloso estudio de Freud nos permite inferir las nefastas consecuencias que sobrevienen cuando –en virtud de ciertas coordenadas sociales– el agrupamiento entre varones con fines defensivos se instala en hábitos, códigos y comportamientos. En su estudio sobre el mecanismo paranoico3, Freud establece las distintas las formas de paranoia a partir de las frases que cada sujeto adopta para contradecir el siguiente axioma o postulado: “Yo (un varón) lo amo (a un varón)”. Así, ubica el delirio de persecución en la siguiente formulación: “Yo no lo amo, –pues yo lo odio– porque EL ME PERSIGUE”. De la misma forma, para el caso de la erotomanía, afirma: “Yo no lo amo –yo la amo– porque ELLA ME AMA”. Y por fin, cuando aborda el delirio de celos, para el caso del alcohólico señala: “El papel del alcohol en esta afección se nos ha vuelto inteligible en todos sus aspectos. Sabemos que este medio de goce cancela inhibiciones y deshace sublimaciones. No es raro que el varón sea empujado al alcohol por el desengaño con la mujer, pero esto, por regla general, equivale a decir que ingresa en la taberna y en la sociedad de los varones, donde halla la satisfacción del sentimiento que echa de menos en su hogar con la mujer. Y si estos varones devienen objeto de una investidura (Besetzung) libidinosa más intensa en su inconsciente, se defiende de ella mediante la tercera variedad de la contradicción: ‘No yo amo al varón –es ella quien lo ama’ y sospecha de la mujer con todos los hombres a quienes él está tentado de amar”. Trascartón, Freud se confiesa sorprendido, dice que a una frase de tres eslabones como “Yo lo amo”, le correspondería tan solo tres formas de contradicción: el delirio de celos que contradice al sujeto (Yo), el delirio de persecución que hace lo propio con el verbo (amo) y, por fin, la erotomanía con el objeto (lo). Con sorpresa, Freud encuentra sin embargo una cuarta forma de contradicción, a saber: “Yo no amo en absoluto y no amo a nadie”, frase que resulta equivalente a decir: “Yo me amo sólo a mí”. Desde ya una conclusión muy afín al nefasto individualismo que caracteriza la época que nos toca vivir y que propicia la comisión de hechos aberrantes sin la necesaria concurrencia de sujetos paranoicos en los mismos. Es que por más doloroso que nos resulte, si bien no cualquiera puede cometer estos actos de barbarie, tampoco los mismos corren siempre por cuenta de monstruos perversos exilados de lo humano, antes bien son productos del discurso cuya colosal capilaridad hace que los comentarios en una casa, en el bar, la escuela, el trabajo, se traduzcan –dadas ciertas circunstancias– en hechos criminales.


De la manada a la patota


Pareciera entonces que algo intolerable –antes velado por las prohibiciones, la inhibición o las pautas culturales– hoy emerge a cielo abierto. Me refiero a la impotencia masculina. En efecto: cuando varios tipos acometen contra una mujer, sea para abusar de ella, esclavizarla, violarla o matarla, lo que cuenta no es tanto la dama en cuestión, sino la relación de coalescencia –de unión o fusión, ergo: erotismo– entre los propios varones. Es que, sea conduciendo un auto de alta gama, mirando pornografía, consumiendo prostitución o profiriendo una grosería –tal como en su momento reivindicó quien hoy ocupa el cargo de presidente de la Nación–, el macho va con el grupo de pares en su cabeza: la banda es la esencia de su sexualidad. No en vano, para Lacan, hombre es aquel que, por amor a una mujer, renuncia a su impostura masculina (4). Esto es: estar en condiciones de registrar la mujer que está a su lado más que el fetiche que habita en su cabeza. De hecho el hombre enamorado se feminiza (y por ej.: cuando falta al fulbito para estar con ella, los amigos le dicen: ¡Andá, puto, pollerudo!) El arte da cuenta de este rasgo de la sexualidad masculina: una popular canción de Los Auténticos Decadentes dice así: “Yo la quería encarar / ay pero solo no me animaba / fui hasta el café / busqué a mis amigos y... [en el colmo de la cobardía, la letra concluye] la encaramos en barra”.


Lo femenino en cada sujeto


Pero Raquel es una síncopa que desacomoda el ritmo de cualquier banda. Tal como más arriba señala Lacan para el caso de las chicas, una mujer siempre constituye una amenaza para el contubernio corporativo machista. Por su sola presencia, el semblante femenino hace notar la distancia que separa a un varón del Ideal que su impostura masculina le exige. (Para más datos, prestar atención a la rígida prestancia en la parada del macho, sea en el boliche, la milonga o la disco.) Es que en la fantasía del macho asustado, la mujer funciona como superyó, léase censura, castigo o reproche. Por algo una psicoanalista mujer –Colette Soler– dice que los hombres no escuchan a las mujeres porque les creen (5). Y de hecho, nada más alarmante para los fantasmas del varón que escuchar la frase: “tenemos que hablar”, en lo propiamente femenino se refugia la alteridad radical de todo ser hablante. No en vano, en oportunidad de su alocución en las Naciones Unidas el psicoanalista catalán Miquel Bassols (6) formulaba: “Esta impotencia es correlativa de la imposibilidad de escuchar la palabra del sujeto femenino, pero también de escuchar lo femenino que hay en cada sujeto”. Desde este punto de vista, la singularidad es lo que nos hace diferentes de nosotros mismos, aquello destinado a quebrar la unidad narcisista del cuerpo. Eso mismo que el filósofo Paul/Beatriz Preciado pone a cuenta de “las mujeres, las minorías sexuales, los cuerpos no-blancos, los transexuales, intersexuales y transgénero, los cuerpos deformes o discapacitados” (7). Es decir: todo aquello que el sentido común rechaza.


Los discursos machistas


Convendría entonces revisar qué actitudes, modelos de consumo, divertimentos, gestos institucionales alientan este modelo tribal tras el cual se parapetan los más arcaicos fantasmas masculinos. Iglesia y ejército solían ser los enclaves predilectos de esta defensa narcisista. Hoy que los ideales se encuentran desagregados, el macho se resguarda tras los imperativos de goce que rigen en la fiesta o el tiempo libre: ya sea que se trate de una rave, un after, a la salida de un boliche o en la carpa de un camping. Desde ya, como para demostrar que toda violencia tiene una raíz simbólica, sobran los ejemplos de los soportes discursivos que estimulan, encubren o desestiman el horror de estos crímenes. Además del exabrupto –más arriba citado– de quien hoy conduce esta nación, vaya como ejemplo el nombramiento como personalidad de la cultura que la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires otorgó hace tan solo un par de años a un animador de televisión, en cuya larga trayectoria las bromas pesadas (eso que hoy se llama bullying) y la cosificación de las personas han ocupado un triste sitial de privilegio. Para no hablar, claro está, de la reciente nota que un importante matutino subió a su página web (luego corregida) en la que se responsabiliza de la mencionada violación en Miramar a la víctima y a sus padres. O sea: el macho y su banda en el discurso.


A manera de resumen y conclusión: Todos contra Una


Desde la adolescencia, los varones se re- unen para defenderse del riesgo que les supone el encuentro con el Otro sexo, en tanto diferencia que alberga lo más íntimo y temido de cada sujeto. Las frustraciones, la mutua sospecha, los celos, pueden derivar en distintas formas de violencia que las coordenadas sociales de cada época morigeran o incentivan según los casos. El actual individualismo que la empresa neoliberal impone se traduce en una pauperización del lazo social, cuya incidencia en la subjetividad transforma la sincera y honesta amistad entre varones en amontonamientos proveedores de cierta pertenencia al servicio de una defensa corporativa que rechaza lo diferente, en este caso una mujer.


Sergio Zabalza: Psicoanalista. Licenciado en Psicología (UBA). Magister en Clínica Psicoanalítica (Unsam) y actual doctorando en la Universidad de Buenos Aires.


1 Jacques Lacan, “Prefacio a El Despertar de la Primavera”, en Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 588.
2 Jacques Lacan, “Hablo a las paredes”, Buenos Aires, Paidós, 2012, pp. 92 y 93.
3 Sigmund Freud, “Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente”, en Obras Completas, A. E. Tomo XII, pp. 58 a 60.
4 Ver Jacques Lacan, El Seminario: Libro 19: “…ou pire”, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 118.
5 Colette Soler, La Maldición del Sexo, Buenos Aires, Manantial, 2005.
6 Contribución de la AMP en la 15° Sesión de la Comisión sobre la Condición de la Mujer de las Naciones Unidas.
7 Parole de Queer, Entrevista con Beatriz Preciado, 2014.

“En las depresiones también hay odio y rabia”

Discípulo de Lacan y referente ineludible del psicoanálisis contemporáneo, el psiquiatra y psicoanalista argentino desmenuza sus aportes teóricos respecto de los estados depresivos. La tristeza colérica, el enojo, el rencor y la fragilidad de los predepresivos.

Cuando una persona está deprimida no tiene ganas de amar. O mejor dicho: no ama. Hay determinadas características del estado depresivo. Una de ellas es la tristeza que invade a la persona. Es una tristeza muy diferente de la común que suelen tener generalmente todos, y es muy especial: la persona está triste de manera persistente durante quince días como mínimo. En cambio, la tristeza normal puede durar un día o dos, pero no más. Esta es una de las características del estado depresivo que brinda el prestigioso psiquiatra y psicoanalista argentino Juan David Nasio. Referente ineludible del psicoanálisis contemporáneo, Nasio, discípulo de Jacques Lacan –estudió en su escuela– y traductor al español de los Escritos del gran psicoanalista y psiquiatra francés, hace cincuenta años que reside en Francia y la misma cantidad de tiempo lleva abordando la problemática de la mente humana. Y, entre otros aspectos, es una voz autorizada para hablar de la depresión por su riguroso trabajo a lo largo de medio siglo tanto en el consultorio como en el ámbito de la investigación. Además,

Nasio es creador de teoría al respecto: sostiene que la tristeza depresiva es colérica. “Este es un aporte que yo hago a la teoría de la depresión y a la constatación de la depresión: no es una tristeza apagada sino enojada, irascible, agresiva, acrimoniosa. El sujeto está triste y enojado. La tristeza depresiva es irreductible; es decir que a pesar de los medicamentos, muchas veces no cede”, señala Nasio en la entrevista exclusiva con PáginaI12. La tristeza depresiva es, según él mismo ha comprobado en el consultorio, una tristeza que no se explica. No se sabe de dónde viene. “Por último, la tristeza depresiva es invasora: invade la vida, el trabajo e invade el amor. Es decir, la primera característica del estado depresivo es la tristeza con todas estas características”, explica Nasio. Junto a la misma hay pensamientos negativos, baja autoestima y odio. “Además, hay una pérdida de intereses, no hay deseo”, afirma el autor del libro Cómo trabaja un psicoanalista, entre una vasta obra tanto en español como en francés. 

–¿Hay una incapacidad de tener pensamientos agradables como deseo, goce, entusiasmo, alegría?


–Pero también hay incapacidad de tener sentimientos por el otro. Es el comentario: “No tengo ganas de hacer nada”, “No tengo ganas de amar, de hacer el amor, ni que me acaricien ni acariciar”. No le interesa el trabajo, el amor, el sexo ni los hijos ni la mujer. En el momento de la depresión no hay amor. El amor está como apagado.
–Es como un vacío sentimental.


–Exactamente.


–¿Cualquier ruptura de una relación de pareja puede derivar en situaciones sentimentales que ponen en peligro el equilibrio emocional o la depresión suele ser más frecuente cuando hay una pérdida de una relación en la que había mucha dependencia?


–Es lo segundo. Ahora bien, ¿qué es lo que lleva a esta tristeza invasora con todas las características, a estos pensamientos negativos y a esta pérdida de interés? ¿Qué es lo que lleva a esta enfermedad que llamamos depresión? Primero que nada, el motivo que está siempre presente en una depresión es que ésta se refiere a una desilusión que la persona ha vivido. Una desilusión amarga, dolorosa y que la ha vivido como una injusta traición.


–¿Por eso aparece el reproche?


–Sí, y por eso aparece lo que usted dijo recién: estaba muy simbióticamente pegada a alguien. Para que yo viva una desilusión tan fuerte, tan dolorosa y que me lleva a una depresión tuve que haber estado muy pegado a la otra persona. Antes de la depresión, es una persona muy dependiente de otra. Y cuando esa relación fuerte se resquebraja por una desilusión, a veces menor, se deprime.


–¿El depresivo es, entonces, alguien imposibilitado de dar y recibir afectos?


–Cuando se está en depresión, sí. Nosotros tenemos tres cosas para ver: cómo se presenta la depresión (es un estado, una enfermedad), qué es lo que la provoca o la desencadena, y luego está la fragilidad de esta persona.


–Claro, porque no todos frente a una desilusión similar se deprimen.


–Exacto. Primero, la depresión viene en un predepresivo. Y este predepresivo lo es porque tuvo un problema o un traumatismo cuando era niño o adolescente.


–Usted señaló que una persona deprimida tiene, de algún modo, odio y les reprocha a los demás. Tampoco se siente cómoda consigo misma, ¿no?


–El deprimido no se quiere, no está contento consigo mismo. Dice: “Soy un tonto, soy un estúpido”. Y, además, como yo digo que hubo una decepción, una desilusión que desencadenó a esa depresión, él se dice: “Me traicionaron y yo soy un tonto porque me dejé traicionar. Tendría que haberme dado cuenta de que a mi jefe le importaba tres pitos. Me hizo creer que yo era querido por él y que yo valía. En realidad, me engañó y yo me dejé engañar”. El se critica su fragilidad.


–La depresión está vinculada al rencor...


–Exactamente. Por eso, digo que es una tristeza rencorosa, una tristeza con rabia. Acá hay una polémica: cuando uno va a leer los grandes tratados sobre la depresión hoy, en 2018, todos hacen figurar la noción de la tristeza, pero pocos ponen el acento sobre el odio, sobre la rabia porque pocos ponen el acento sobre la desilusión. Hubo autores que hablaron del odio en la melancolía, pero eso es otra cosa. La melancolía no es la depresión. Es el grado extremo de la depresión. La depresión habitual que ataca a millones de argentinos y de otros países también es una depresión que no es psicótica. No hay delirio. En la melancolía hay delirio.


–Ya que toca el tema, ¿hay que ser psicótico para matarse o puede darse el caso de que cualquier persona en medio de una depresión atroz puede realizar el pasaje al acto?


–Es una pregunta muy difícil. El melancólico se mata porque le es insoportable ser él mismo. Considera que él es indigno de vivir. El delirio en el melancólico es un delirio de indignidad. En cuanto al depresivo que se mata, para mí el acto del suicidio es un acto de psicosis, aunque sea puntual. Es decir, cuando el depresivo, que no se delirante, que no es psicótico, se mata, pienso que ese acto es un acto psicótico.


–¿Por qué mucha gente confunde angustia con depresión?


–Hay más angustiados que deprimidos primero que nada, porque la angustia es más presente. Está a flor de piel. ¿Qué es la angustia y qué es la tristeza? Hay una diferencia. La angustia es un sentimiento del futuro. El dolor, la tristeza es un sentimiento de lo actual, de lo presente. La angustia es lo que me viene desagradable –y generalmente en el pecho– cuando pienso en algo malo que va a ocurrir. Esa es la diferencia entre tristeza depresiva (ahora) y angustia. Por supuesto que las dos se mezclan mucho en el estado depresivo. Cuando una persona está deprimida mezcla. Hay angustia también.


–Quienes no comprenden a una persona con depresión, ¿suelen confundir que el estar deprimido es una elección o una actitud?


–Sí. Primero yo puedo pensar que mi compañero, mi amigo está deprimido y, en realidad, está medio deprimido: puede seguir trabajando, amando. No le frena la vida. El estado de la depresión sí frena la vida. Cuando uno está deprimido, tal como yo lo defino, que es la definición normal de la depresión, ahí la vida está frenada. En cambio, podemos vivir con un estado medio depresivo, vago, y yo puedo decir que mi amigo está deprimido. Entonces, lo interpreto diciendo: “No tiene voluntad” o “Parala, che, ¡No podés estar así todo el tiempo!”, “La vida es una maravilla, ¿por qué no pensás? Tus hijos están bien, todo está bien. ¡Basta! ¡Parala!”. Puedo tener esa actitud. No es la mejor, pero uno puede vivir eso de que la persona más o menos deprimida no tiene voluntad.


–Quienes no padecen esta enfermedad, a veces, tienden a ver al deprimido como un ser egoísta. ¿Esto tiene que ver con el retraimiento de su vida afectiva?


–Exacto. El deprimido es una persona muy narcisista. Es un narcisismo no porque se quiera, porque hemos dicho que no hay autoestima. Es un narcisismo de estar ocupándose todo el tiempo de él mismo, en lo negativo. Yo lo llamo “narcisismo negativo” porque no es un narcisismo de amor de sí mismo sino un narcisismo de estar siempre ocupándose negativamente de sí. Y ese narcisismo está en el estado depresivo.


–¿Alimenta su propio dolor?


–Sí, y está pensando todo el tiempo: “¿Qué voy a hacer? ¿Dónde voy a ir? Qué boludo que fui, pero qué estúpido”. Está pensando sobre sí todo el tiempo y no se ocupa de sus hijos, ni de su mujer ni del trabajo. Yo hablo de eso en términos de narcisismo negativo. Ahora bien, el narcisismo negativo del deprimido se contrasta con el narcisismo excesivo del predeprimido porque hemos hablado de que el predeprimido es alguien muy pegado a otro, muy dependiente, muy seguro de sí mismo cuando es querido. Es un narcisismo excesivo. Está seguro de que todo va a ir bien y que él vale mucho.


–¿La persona deprimida experimenta un miedo a querer por el miedo a una nueva pérdida, por ejemplo?


–Ahí está la angustia. Efectivamente, el deprimido que va saliendo es como si hubiera dicho: “Uh, ya me pasó”. Está la angustia de si le va a pasar lo mismo que le pasó con el otro, le da miedo de pegarse a otro. Y, sin embargo, se va a pegar.


–Si se ha trabajado a fondo a un deprimido en una psicoterapia, ¿éste puede curarse o va a ser un depresivo potencial?


–Yo pienso que podemos lograr la remisión definitiva, en psicoanálisis. Y hablo de esto muy importante porque muchos colegas psiquiatras neurológicos piensan que un depresivo no tiene que estar en psicoanálisis. “El depresivo no tiene que estar en psicoanálisis, el psicótico no tiene que estar en psicoanálisis y el borderline no tiene que estar en psicoanálisis”. No queda nadie. Los únicos que quedan son los neuróticos. ¡Pero no! El depresivo es el estado de crisis de un neurótico. Sin ninguna duda, he tenido tantos pacientes con depresión que se han mejorado definitivamente y que me mandan cartas. Otros relativamente, pero han salido de la crisis, y no han habido más episodios nuevos.


–¿Qué rol juega la culpa en el desarrollo de una depresión?


–Muy importante, porque es una mezcla de rabia y de culpa. Primero, es una mezcla de rabia contra aquel que me desilusionó, me traicionó y, al mismo tiempo, me siento con culpa hacia aquellos que me quieren y que yo hago daño con mi enfermedad, me siento culpable. O, a veces, inclusive en el sentido de decir: “Soy un tonto de haberme dejado llevar. No tendría que haber creído tal o cual cosa, tal decisión que tomé”. Es una mezcla entre la rabia y mi autocrítica. Se mezcla la culpa, pero la culpa más definitiva, más clara es frente a aquel que me quiere, la culpa es hacerle daño a aquel que quiero. Entonces, está mi familia, yo estoy mal, me dan medicamentos, voy a ver al médico, no mejoro, me siento muy fácilmente culpable.


–¿La cultura exitista, característica de la vida moderna, suele ser un factor que favorece el desarrollo de una depresión?


–Absolutamente, porque el predepresivo (no el deprimido) es una persona muy exigente consigo misma. Está siempre poniendo muy alto el nivel de acceso, de competencia y siempre con el sentimiento de que no llega, siempre está en falta.


–¿Y es sensible al fracaso?


–Hipersensible a tres cosas: a la privación (que le falte algo), a la humillación y a la frustración. Esto es teoría mía porque en lugar de decir “hipersensible al fracaso” prefiero ser más preciso. Fracaso significa perder un trabajo, por ejemplo. Ser humillado es decir: “Alguien me trató mal” y eso me puede ya desencadenar una depresión. No es una humillación objetiva, toda humillación es vivida. El predepresivo pierde un trabajo (privación) y se deprime; si es humillado, se deprime, y si es frustrado en algo que él espera, se deprime. Son tres variantes de las pérdidas: la pérdida de un bien, la pérdida de un amor propio y la pérdida de una espera.


–¿El individualismo que también propone la vida moderna es una de las causas del incremento de esta enfermedad?


–Sí, por supuesto. Para mí, el problema es que el predepresivo tiene un alto nivel de exigencia. Nosotros vivimos en una sociedad que hay que tener ese alto nivel de exigencia. Vivimos en una sociedad en la que hay que cuidar el trabajo, hay que cuidar que nos quieran, que nos admiren, que nos aprecien, que aprecien nuestro trabajo. Es muy difícil.

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Crean método para borrar miedos del cerebro, útil contra las fobias

Es una combinación de tecnología de escaneo y de inteligencia artificial; esta última permite identificar aspectos del contenido de la información de ese órgano, explican los autores

Investigadores descubrieron una manera de eliminar miedos específicos del cerebro, utilizando una combinación de inteligencia artificial y tecnología de escaneo de ese órgano. Su técnica, difundida en la edición inaugural de Nature Human Behavior, podría llevar a una nueva forma de tratar a pacientes con trastornos de estrés postraumático (TEPT) y fobias.

Los trastornos relacionados con el miedo afectan a una de cada 14 personas y ejercen una presión considerable sobre los servicios de salud mental. En la actualidad, un enfoque común es que los pacientes se sometan a alguna forma de terapia de aversión, en la que se enfrentan a sus temores al estar expuestos a ellos con la esperanza de que aprenderán que temen a algo no dañino.

Sin embargo, esta terapia es inherentemente desagradable y muchos optan por no seguirla. Ahora un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, Japón y Estados Unidos, encontraron una manera de eliminar inconscientemente del cerebro un recuerdo del miedo.

El equipo desarrolló un método para leer e identificar un recuerdo del miedo usando una nueva técnica llamada decoded neurofeedback, que emplea el escáner para vigilar la actividad cerebral e identificar pautas complejas de actividad que se parecen a un recuerdo específico del miedo.

En el experimento, se creó un recuerdo del miedo en 17 voluntarios sanos mediante la administración de una breve descarga eléctrica cuando veían una imagen concreta en la computadora. Cuando detectaron la pauta, los investigadores sobrescribieron el recuerdo del temor dando a sus sujetos experimentales una recompensa.

Ben Seymour, del Departamento de Ingeniería de la Universidad de Cambridge y uno de los autores del estudio, explicó: “La forma en que se representa la información en el cerebro es muy complicada, pero el uso de métodos de reconocimiento de inteligencia artificial (IA) permite identificar aspectos del contenido de esos datos.

"Cuando indujimos un leve recuerdo del miedo en el cerebro, fuimos capaces de desarrollar un método rápido y preciso de leerlo usando algoritmos de IA. El desafío entonces era encontrar una manera de reducir o eliminar el recuerdo del temor sin evocarlo conscientemente", añadió.

“Nos dimos cuenta de que incluso cuando los voluntarios simplemente descansaban, podíamos ver breves momentos en que el fluctuante patrón de la actividad cerebral tenía rasgos parciales del recuerdo específico del miedo, incluso aunque individuos del estudio no fueran conscientes de ello. Como podemos decodificar esas pautas cerebrales rápidamente, decidimos dar a los sujetos una recompensa –una pequeña cantidad de dinero– cada vez que recogimos estas características del recuerdo”, detalla.

El equipo repitió el procedimiento tres días. A los voluntarios se les dijo que la recompensa monetaria que ganaban dependía de su actividad cerebral, pero no sabían cómo hacerlo. Al conectar continuamente pautas sutiles de actividad del cerebro vinculadas a la descarga eléctrica con un pequeño premio, los científicos esperaban gradual e inconscientemente anular el recuerdo del miedo.

Reprogramación

El líder de la investigación, Ai Koizumi, del Instituto Internacional de Investigación de Telecomunicaciones Avanzadas, en Kyoto, y el Centro de Información y Redes Neuronales, en Osaka, señaló: "En efecto, las características del recuerdo que estaban anteriormente ajustadas para predecir el choque doloroso, ahora estaban siendo reprogramadas para predecir algo positivo".

El equipo entonces probó qué sucedió cuando mostraron a los voluntarios las imágenes antes asociadas con las descargas. "Sorprendentemente, ya no podíamos ver el típico temor de sudoración de la piel como respuesta. Y tampoco podíamos identificar una mejora en la actividad de la amígdala, el centro del miedo del cerebro. Esto significaba que habíamos sido capaces de reducir el recuerdo del miedo sin que los voluntarios conscientemente experimentaran el recuerdo del temor en el proceso", señaló.

El psicoanálisis en la era de la hiperconectividad

Este sábado y domingo se llevará a cabo la XXV Jornada Anual de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL), que este año lleva el título “Hiperconectados, los psicoanalistas frente a los lazos virtuales”. Aquí, el diálogo entre Fernando Peirone, investigador de la Unsam y estudioso del impacto de las TIC en la cultura actual, con Ricardo Seldes, presidente de la jornada, director de la EOL y miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

 


–El avance de la llamada “Era de la información” está modificando muchas prácticas culturales que hasta hace poco parecían afianzadas. ¿Con el psicoanálisis pasa lo mismo? ¿Cuál es el impacto que la hiperconectividad tiene en la práctica psicoanalítica?


–El discurso analítico está enraizado en la hipermodernidad, y esto nos remite a la subjetividad de la época que, a partir de los avances de la ciencia y las técnicas que la soportan, inciden con sus innovaciones en los modos de gozar de los seres hablantes. En este sentido, trabajar sobre los hiperconectados nos lleva a interrogarnos una vez más sobre el quehacer del analista y su posición frente al inconsciente, a la interpretación, la transferencia y el acto. A elucidar las soluciones singulares que construyen los analizantes frente al aislamiento, la desconexión del mundo real, y los estragos subjetivos profundos que esto conlleva. Nos interesa debatir los modos en que el discurso analítico y la práctica analítica inciden en la relación del sujeto con la pulsión. Qué inventivas, qué descubrimientos, qué experiencias clínicas tenemos los analistas frente a lo real de los lazos virtuales.


–Hace un tiempo, el psicoanalista Ricardo Rodulfo decía que hoy los pacientes van proponiendo formatos de consulta que se apoyan en lo no presencial, pero que muchas veces son propuestas que tensionan con el “aquí y ahora” que constituía a la situación analítica ortodoxa. ¿Cómo se lleva el psicoanálisis lacaniano con esas innovaciones? ¿Hay un límite para las variaciones que demandan las nuevas prácticas culturales o son ellas las que terminan adecuando a la práctica psicoanalítica?


–El tema de las demandas me parece uno de los más sensibles de la práctica analítica. El primer Lacan ya decía “no responder a la demanda” y eso quería decir, entre otras cosas, hay que dejar hablar, hay que hacer hablar para poder llegar a lo que cada uno silencia. El psicoanálisis lacaniano es el que más ha innovado en los standards, sin embargo el avance de las tecnologías y las nuevas modalidades de goce nos exigen que demos una respuesta que, sin desconocer los recorridos, vaya más allá de la tradición. La hiperconectividad nos lleva a interrogarnos, por ejemplo, sobre los vínculos con el analista fuera de la sesión, Facebook, messenger, whatasapp. Sobre si es recomendable o no analizar por skype. Porque la intermediación de cualquiera de los gadgets dificulta el momento de pagar, cuando se deja oír un suspiro, un murmullo, un bostezo, cuando se hace preciso poner palabras en lugar de un silencio. Y en ese sentido, una cosa es reinventar el psicoanálisis para cada uno de los pacientes que nos consulta y otra es banalizar la práctica.


–¿Cuál es el enfoque del psicoanálisis ante la dependencia compulsiva que generan el celular y las aplicaciones con interacción online? ¿Cómo se desactiva esa compulsión en un mundo que pondera la hiperconexión?


–Por lo general, los primeros que sufren la dependencia compulsiva son los padres de los chicos que no se quieren levantar de “la compu” ni para ir al baño. Es evidente que la hiperconexión produce un tipo de satisfacción que anula cualquiera de las otras, como suele ocurrir con las adicciones. El dispositivo tiene la función de taponar algo, quizás la angustia, y cuando falta la angustia no se siente la necesidad de cambiar. Entonces su interrupción, porque por ejemplo se agotó la batería, produce aburrimiento, desgano. Falta el objeto en el bolsillo, como decía Lacan. Y no hay chance de desactivar esa compulsión, o cualquier otra, si el sujeto que es su propio clínico no la habita con sufrimiento sino con plena satisfacción.

–Hace poco, un colega que tiene una muy buena formación en ciencias sociales y que puede explicar con solvencia la vida moderna, me mandó por whatsapp un video de 10 segundos en el que se ve a dos niños sentados en el piso y jugando con la compu. En un audio posterior, me dijo: “Esos son mis hijos. Están jugando online con pibes que están en México, Estados Unidos y Sudáfrica. Cuando yo era chico, mi viejo tenía referencias que le permitían saber cómo era el mundo en el que vivía, también le permitían saber lo que estaba bien y lo que estaba mal, y dónde debía poner un límite. Pero yo frente a esto no sé lo que está bien ni lo que está mal; y tampoco sé dónde debo poner un límite, básicamente porque no puedo abarcar ni comprender el mundo con el que interactúan”. ¿Cuánto afecta al psicoanálisis un mundo que, por la transformación cultural en curso, presenta tantas dificultades para ser descifrado y administrado?


–En principio yo diría ¡cuánto afecta a las familias y en particular cuánto afecta a los padres; pero lo voy a decir en una forma menos equívoca: cuánto afecta al Padre. Porque hablamos de la declinación del padre, es decir de los ideales, de aquello que orientaba. Y en este punto hay que poner la mirada en la ciencia, porque la ciencia se ha inmiscuido en nuestras vidas. Digo esto porque una de las funciones que le era eminente al padre ha sido degradada por el discurso de la ciencia. Ese discurso, que nos ha llevado a la manipulación de la procreación, también hizo que muchos dispositivos tecnológicos escapen a la voz del padre. En este sentido es muy esclarecedor el planteo de Miller cuando se pregunta justamente por la relación de los niños y de los adolescentes con el saber. Antes, dice, el saber era depositado en los adultos y estaba mediado por esos seres hablantes que eran los educadores y los padres; pero en la actualidad está disponible a simple demanda de Google, Wikipedia o equivalentes, sin ninguna mediación. El saber era un objeto que había que ir a buscar al campo del Otro, había que extraerlo del Otro por vía de la seducción, de la obediencia o de la exigencia, lo que implicaba pasar por una estrategia con el deseo del Otro. Hoy el saber está en el bolsillo, no es más el objeto del Otro. Y su contrapartida es que los hombres ya no saben cómo ser padres, pasan de la completa permisividad a una rigidez inexorable. Es muy válido, entonces, preguntarse con Miller cuál es la incidencia del mundo virtual en esos saberes.


–¿El campo psi experimenta alguna dificultad interpretativa o de desacompasamiento frente a algunos procesos subjetivos actuales, como el que perciben –por caso– las ciencias sociales respecto de ciertas desclasificaciones culturales de la época actual? ¿Cómo aborda la EOL esta situación epocal: lo discute en el interior de la organización, intercambia impresiones con otras escuelas del mundo psi, participa de espacios interdisciplinarios?


–Si tomamos en cuenta la última enseñanza de Lacan y las innovaciones que posteriormente propuso Miller acerca de los Inclasificables en la clínica y las psicosis ordinarias, hemos avanzado. Esto nos permitió que una gran cantidad de pacientes que antes no eran tratables por el psicoanálisis tengan una chance, con suplencias efectivas, para su forclusión esencial. El tratamiento de las urgencias subjetivas y los nuevos síntomas que se presentan, impulsiones, neoconversiones no histéricas, son tratados por el psicoanálisis lacaniano en pie de igualdad.


–Según un estudio realizado por la Universidad de Oxford, la palabra que más se usó mundialmente en 2015, no fue una palabra, fue un emoticón (el de la risa). Este y otros indicios marcan una fuerte hegemonía de la comunicación visual en detrimento de la cultura escrita. Como si nos estuviéramos desplazando progresivamente del patrón lógico (logos) que caracterizó a occidente durante más de 2500 años, hacia un patrón icónico que trastroca las narrativas con que damos cuenta del mundo de la vida. ¿Cuál es la percepción que tiene el psicoanálisis de este proceso? ¿Percibe que esta prevalencia de la imagen tiene alguna influencia en la constitución de la subjetividad –por ejemplo– de los niños?


–Como dice Jorge Alemán, el psicoanálisis separa subjetividad de sujeto, en tanto el sujeto del inconsciente nunca es el resultado de una construcción histórica. Hecha esta aclaración, podemos preguntarnos: ¿De dónde obtienen poder las imágenes? Y la respuesta es: de las palabras. Todas la redes sociales, incluidas Instagram y Snapchat, están tramadas por los significantes, que son más puros porque en general prescinden del auxilio de la voz. Aun así es verdad que esas imágenes que pululan por doquier deben producir algún efecto en los niños. Si tomamos en cuenta a los llamados “nativos digitales”, podríamos tratar de captar que sucede con los adolescentes. Quizás la mayor incidencia del mundo virtual sea la fantasía de una especial extensión del universo de lo posible, de mundos posibles abiertos a todo tipo de imaginarios.


–La “extimidad” es un concepto de la tradición lacaniana que refiere aquello que siendo propio e íntimo del sujeto genera un cierto extrañamiento por la externalidad de su procedencia. Pero hace poco, en el libro La intimidad como espectáculo, Paula Sibilia efectúa una nueva acepción para referir la tendencia a exhibir la intimidad que se desarrolló con las redes sociales. ¿Es posible establecer alguna relación entre la exteriorización de la intimidad que plantea Sibilia y esa idea de que “lo íntimo está en el exterior, como un cuerpo extraño” que plantea Jacques-Alain Miller?


–Extimidad es una palabra inventada por Lacan y fue dicha en su seminario sobre la ética de 1958. La retoma Miller para hacer referencia al goce que al sujeto contemporáneo se le hace extraño. Lo más íntimo es lo más rechazado. Dicho esto, y si tenemos en cuenta que hay una erótica del espacio y una del tiempo, la del espacio perturba las relaciones de distancia, lo más próximo se vuelve distante y ese es el fundamento del Complejo de Edipo, ya que desde el punto de vista libidinal los objetos más próximos de la familia son los que se vuelven más inaccesibles. Lo mismo podría decirse del tiempo. Pero en la era digital la existencia con respecto al tiempo y al espacio cambia fundamentalmente. La evitación de los sujetos, encantados por las pantallas, respecto del encuentro de los cuerpos produce un mundo que podemos caracterizar como de “todos fóbicos”. Se quiere exhibir todo pero seguramente para esconder lo que menos se soporta ver. Se pretende decirlo todo porque, por estructura, no-todo puede decirse.


–Se podría decir que el sujeto lacaniano –permítame una lectura libre y simplificadora– es un impulso incompleto o inesencial que se construye a través de los significantes que lo nombran y aquellos con los que se identifica. Desde esta perspectiva, ¿qué lectura hace de los desdoblamientos de sí mismos que realizan (sobre todo) los jóvenes en las redes sociales, a través de innumerables usuarios que muchas veces sostienen personalidades diferentes? ¿Han observado algunas consecuencias patológicas propias de estos desdoblamientos? ¿Qué relación tiene con eso que algunos autores llaman “sujeto multitudinario?


–Efectivamente el sujeto se mueve siguiendo el desplazamiento del significante, y éste lo agita. Y esa multiplicidad de usuarios en una sola persona, si no se trata de un fenómeno psicótico, es un simulacro (palabra que tiene la misma raíz que semblante: similis). Todo lo que es discursivo no puede plantearse sino como de simulacro (o semblantes) y son éstos los que intentan tratar lo real en juego. El semblante hace creer que hay algo allí donde no hay, y bien sabemos que a través de los fantasmas los sujetos pueden estar en cualquier parte y de cualquier manera. La vida digital con los avatares permite ver en la pantalla algo que sólo los sueños deja traslucir, un goce imaginario fundamentalmente narcisista, que repite sin cesar la misma caricatura. En todo caso podemos decir que esa multiplicidad de “yo” de los multiusuarios suelen demostrar un problema en las identificaciones, algo de lo que el psicoanálisis puede ocuparse en forma adecuada. Quizás podría decirse que esos individuos gozan de la posición del “ni-ni”.


–¿Dónde queda el cuerpo en esta suerte de postergación o subordinación instrumental al que es sometido por la virtualización y las nuevas prácticas comunicacionales?


–El cuerpo tal como lo propone Lacan a partir del estadio del espejo, su dimensión esencialmente imaginaria, es la que aparecería en juego en todas las plataformas virtuales. El cuerpo está en la foto de perfil, las selfies, los videos. En fin, es lo imaginario del cuerpo lo que está en juego. Para la realidad virtual no se trataría de algo distinto. Es la imagen del cuerpo, el avatar, a partir de la cual se organiza asimismo la experiencia del mundo. Pero es también Hillary Clinton parada en una tarima y un grupo de seguidoras de espaldas a ella, retratándose con ella de fondo. Parecen más un grupo de fans de una popstar que cuadros políticos o de gente que asume la política como causa de lo social-común. ¿Sólo se trata de un hecho narcisista? ¿Cual es la verdad que hay detrás de las selfies? Mi hipótesis es que estamos ante el fenómeno de los sujetos desinhibidos o neo-desinhibidos, desbrujulados, que ante la falta de los ideales, de la caída del padre, suplen con una imagen compuesta su cercanía a quien mejor los representa.


–¿Cuál es el lugar del psicoanálisis, en un tiempo histórico que algunos autores llaman poshumanista?


–Si el poshumanismo quiere decir del reino de las máquinas, el psicoanálisis no es un humanismo, ni nunca lo fue. Sin embargo puedo intentar responder a la pregunta en forma indirecta, de través de Alan Turing, el que produjo la famosa máquina que descifró el código Enigma de los nazis y creó la primera computadora. Turing planteaba que la inteligencia artificial es eficaz si una máquina logra no solamente pensar sino también engañar, hacerse pasar por humano. Este principio es el que usa el “captcha” cuando entramos en una página web y la máquina hace preguntas para definir si el otro es humano o es otra máquina (para pasar la barrera alcanza con leer algunos números de una foto o letras sueltas).

Podemos seguir con la ciencia ficción desde Inteligencia artificial en un camino inverso hasta Neuromante de Gibson, el creador del cyberpunk, en donde las personas intentaban unir sus goces propios con los del otro con un gadget llamado simestim. El verdadero problema no radica ahí sino cuando los hombres empiezan a creerse que su cuerpo, especialmente su cerebro es una máquina, en especial una máquina de aprender. Es el problema que plantean las TCC (terapias cognitivas) cuando de esa manera desconocen in situ la dimensión del sujeto. Quizás podamos inventar un breve pero profundo slogan que dé cuenta de la diferencia que plantea el psicoanálisis para los seres hablantes: ¡Sujetos sí! ¡Máquinas jamás!

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