Un grupo de personas hace cola para comprar alimentos en Venezuela durante la crisis del Covid-19. Euronews

En América Latina hacer frente al Covid-19 es especialmente complejo debido a la pobreza y las desigualdades económicas y sociales. Casi seis de cada diez personas trabajan en el mercado informal

 

Casi seis de cada diez latinoamericanos, según la Organización Internacional del Trabajo(OIT), forman parte del mercado de trabajo informal y representan un tercio de la economía. Para estas personas que viven al día, las drásticas medidas de cuarentena obligatoria, recomendadas por la OMS para enfrentar el Covid-19 y adoptadas por la mayoría de los gobiernos, suponen dejar de tener ingresos. Quedarse en casa es un lujo para los que trabajan en el sector informal. Sobrevivir a la cuarentena se convierte en un reto en sí mismo. En países como España o Italia, el confinamiento puede ser posible porque hay un espacio fiscal para subsidiar empresas y familias vulnerables. Sin embargo, en América Latina, con sectores públicos quebrados y un gran número de personas viviendo de la informalidad, la situación empuja a preguntarse si no será más peligroso “quedarse en casa” que el virus en sí. 

–––––––

Hector y Amparo fabrican artesanalmente unos tableritos didácticos para niños y niñas en Ibagué, Colombia. Normalmente los venden a librerías pero también reciben encargos y a veces los venden en la calle. Están a punto de jubilarse, con 61 y 60 años respectivamente, aunque ahora, con la falta absoluta de ingresos debido a la cuarentena del Covid-19, no pueden cotizar. “¿Qué vamos a hacer más de un mes sin recibir sustento?”, se pregunta Hector mientras cuenta que lo más importante es la comida y la salud, y lo difícil que le es conciliar el sueño. Cuando se le pregunta sobre los saqueos en Bogotá de estos días, resopla. “Yo entiendo a esa gente que no tiene, a los que venden su tintico (café), sus calditos… no están pudiendo vender”, dice por teléfono. “Ojalá que el gobierno nos vea”, repite. 

Antes del coronavirus, América Latina ya lidiaba con el estancamiento económico, la agitación política y social y la epidemia de dengue más grave de los últimos años –con más de tres millones de personas afectadas y 1.500 muertes. La caída del PIB latinoamericano a causa de los efectos del coronavirus se calcula que estará en casi el 2%. Y la recuperación dependerá en gran medida del restablecimiento de China al ser el segundo socio comercial, en algunos casos el primero, de la mayor parte de los países.

El lunes 16 de marzo las bolsas latinoamericanas se desplomaron por la bajada del precio del petróleo. Como también lo hicieron la industria relacionada con importaciones o exportaciones con China, los precios de otras commodities como el cobre y la multimillonaria industria del turismo en lugares masivos como Cuzco, Cancún o Buenos Aires. Comenzó el pánico. Las dificultades que ya venían de antes como resultado de la dependencia del mercado internacional y la inestabilidad de sus economías se sumaron a la crisis derivada del Covid-19.

Todavía no sabemos a ciencia cierta muchas cosas del virus: no conocemos su tasa de mortalidad, todas sus formas de contagio, si se genera algún tipo de inmunidad o el trastorno económico-social que causará. Hay algunos que ya hablan del periodo poscovid-19 como si hablaran de una posguerra. Lo que sí está claro es que sus consecuencias serán ecológicas, económicas y sociales. Es decir, convierte a la pandemia en un asunto político, y por lo tanto sistémico. Las dietas alimentarias deficitarias, la informalidad laboral, el hacinamiento urbano, los sistemas de agua residuales defectuosos o inexistentes, los sistemas de salud débiles, entre otros factores, hacen que la salida latinoamericana a la pandemia mundial quizás no sea seguir la misma receta que en Europa, Norteamérica o Asia. 

En la segunda mitad del año pasado América Latina, de Chile a Colombia, se levantaba indignada por la desigualdad social. Las clases medias se movilizaron denunciando una falta de recursos y dificultad de acceso en sanidad y educación en los diferentes procesos de privatización de la región. Es decir, con el aumento exponencial de infectados en coronavirus, el sistema sanitario se verá absolutamente desbordado: sólo Costa Rica y Uruguay destinan más del 6% del PIB a gasto público en salud,  como indica la Organización Mundial de la Salud. El gasto en España en sanidad sobre el PIB, por ejemplo, es del 8,9%. 

“La cuarentena desnuda desigualdades que ya estaban presentes”, señala Inés Nercesián, doctora en ciencias sociales y profesora de sociología histórica de América Latina en la Universidad de Buenos Aires. El acceso a la vivienda, a la salud, a la tecnología, a la cultura y la educación, a la economía o al territorio son aspectos que se vuelven más crudos durante la cuarentena, “pero esto no es algo nuevo, es una herencia”, apunta la experta. 

La responsabilidad es individual y colectiva

Sita vive en la provincia de Buenos Aires con su hija de 15 años. Sus ingresos provenían en su totalidad de la venta de inciensos en ferias de la ciudad y desde que se impuso la cuarentena obligatoria no puede salir a trabajar. Ahora vivirá de ayudas del gobierno. La cuarentena “es un compromiso a nivel social que resulta difícil de cumplir para todos, algunos porque no les da la gana y otros por necesidad”, comenta Sita por teléfono. Estar en casa es más sacrificio justamente para los que menos tienen: no saldrían a la calle por irresponsabilidad sino por subsistencia, pero ¿qué otra manera hay de combatir el virus? 

La medida Quedate en casa impulsada con mayor o menor flexibilidad en toda la región latinoamericana se apoya en la posibilidad de realizar teletrabajo. El problema viene cuando la mayor parte de la población no tiene un trabajo que pueda realizarse desde casa vía online, o cuando su trabajo necesita de un transito callejero como pequeños comercios, taxistas, empleadas domésticas o vendedores ambulantes. El cese de las actividades cotidianas impide que puedan generar los ingresos suficientes para subsistir a una población ya de por sí vulnerable y carente de ahorros. 

En Colombia, por ejemplo, con más de un 60% de la población en el sector laboral informal, antes de la cuarentena oficial se impuso un simulacro “para aprender bien”. En un vídeo publicado en su cuenta de twiter, la alcaldesa de Bogotá, Claudia López Hernández, en principio sin el apoyo del presidente Iván Duque, pedía que los bogotanos se quedaran en casa “aprendiendo cómo hacer una cuarentena cuando nos toque, por ahora es solo un simulacro de cuatro días”.

 “En el caso boliviano, la presidenta decide copiar pedazos del discurso y medidas del presidente de Gobierno español y leyendo en teleprónter lanza un paquete de medidas como si estuviera sentada en Madrid y no en La Paz”, sentencia la activista boliviana María Galindo en el blog de Radio Deseo, la emisora que codirige. Para poder quedarse en casa, primero hay que tener una casa y hay que estar a salvo dentro de ella. Para no salir de ella hay que tener el acopio suficiente de comida y para ello el suficiente dinero. Para seguir las recomendaciones de la OMS y de las autoridades sanitarias hay que tener una serie de facilidades, como el acceso a agua, por ejemplo. “Romantizar la cuarentena es un privilegio de clase” es el lema que circula por las redes sociales esta última semana. 

El primer caso registrado de Covid-19 en América Latina fue en Brasil el 26 de febrero. Hasta ahora es el país con más contagios y muertos y, sin embargo, el que menos medidas está tomando, al menos a nivel federal. Su presidente, Jair Bolsonaro, criticó la “histeria” global sobre la “gripecita”, mientras se hacía el test del virus al saberse que personal de su círculo estaba contagiado. Cuando fue consultado sobre la posibilidad de que la situación fuera similar a la de Estados Unidos, país en el que su presidente también ha desplegado una actitud negacionista, Bolsonaro contestó que “el brasileño tiene que ser estudiado, no coge nada. Usted ve a alguien buceando en una alcantarilla y no le pasa nada”, aseguraba con la excentricidad que le caracteriza. 

Algunos estados como los de Sao Paulo, Brasilia o Rio de Janeiro tomaron algunas medidas, por ejemplo en Rio se prohibió el acceso a las playas. 

Según el pronóstico de la Fundación Getúlio Vargas (FGV), la economía brasileña puede contraerse un 4,4% en 2020, más del doble de lo estimado para el resto de América Latina. Al inicio de la semana pasada, el Gobierno anunció el apoyo a empresas afectadas por la crisis del virus, como Gol Linhas Aéreas, con 30.000 millones de dólares. A los trabajadores del sector informal, unas 38 millones de personas, a regañadientes por las críticas recibidas en un descontento social generalizado, el gobierno accedió a otorgarles una ínfima ayuda mensual de 200 reales (unos 35 euros). 

A pesar de haber registrado ya cincuenta muertes, México tampoco parece estar tomándose muy en serio las recomendaciones de la OMS. Algunas universidades y escuelas privadas han cerrado por iniciativa propia ya que el gobierno federal solo había propuesto la eufemística campaña Una sana distancia para evitar contactos cercanos. “Igualmente la gente se está quedando en sus casas, los restaurantes están cerrando, los lugares de turismo especialmente dedicado a norteamericanos también”, cuenta Ivonna, una artesana española que lleva años viviendo en Ensenada, al norte de México.

La falta de tránsito en las calles, la “cuarentena voluntaria” y el descenso de la actividad económica global están haciendo que el 53% de la población mexicana que trabaja de manera informal se vea especialmente afectada: por el lado económico pero también sanitario, al estar exponiéndose al contagio del virus. Ivonna nos explica que al no haberse implementado medidas fuertes a nivel federal, seguramente “el gobierno no va a ofrecer ayudas para los sectores más vulnerables”.

En Ecuador, el segundo país de América Latina al que más está afectando la pandemia, “las medidas adoptadas por el gobierno tienen un sesgo social de clase media-alta” advierte Diana Massa, trabajadora en gestión social en una organización en Quito. El 10 de marzo el gobierno lanzó unas medidas económicas ante la caída del petróleo a nivel mundial para intentar contrarrestar los posibles efectos del coronavirus. Estas medidas se parecían mucho a las que produjeron los levantamientos sociales a finales del año pasado: eliminar los subsidios a los combustibles y despidos y bajada de sueldos a funcionarios públicos. Esto lleva a muchas personas a trabajar en régimen de informalidad, que ya de por sí llega casi al 60% de la población ocupada.

En Guayaquil, la ciudad ecuatoriana con el 80% de los contagiados de coronavirus, el gobierno ha recogido más de trescientos cadáveres de personas que ni siquiera llegaron a ser atendidas en centros médicos. La falta de infraestructura básica, servicios y equipamientos sanitarios ha quedado totalmente al descubierto. Las autoridades locales anunciaron la apertura de una fosa común en vista de los muertos que empezaron a aprecer en las calles, las aceras y los barrios. Mientras, el presidente Lenin Moreno, habla de que la “humanidad está enfrentando una guerra” y hace un polémico “uso de la fuerza” para mantener a la gente en casa. La ministra de salud, Catalina Andramuño renuncia a su cargo alegando falta de medios suficientes para enfrentar la crisis. Y, el director de cultura de Guayaquil publica en sus redes un texto donde culpabiliza de la expansión de la pandemia a “gente extramadamente ignorante”, “primitiva”, “de corto criterio y capacidad de análisis”, entre los que incluye a la migración venezolana “que viven como parásitos”. 

Mientras el presidente ecuatoriano habla de que la “humanidad está enfrentando una guerra” y hace un polémico “uso de la fuerza” para mantener a la gente en casa, la ministra de salud, Catalina Andramuño, renuncia a su cargo alegando falta de medios suficientes para enfrentar la crisis. 

Venezuela impuso el aislamiento obligatorio desde el 17 de marzo, y con ello se suspendió el pago de servicios como luz, gas, o agua, y de alquileres durante los próximos seis meses. El Sistema Patria anunció el pago de las nóminas de las pymes y un bono para los trabajadores informales, unos 12 millones de personas aproximadamente. Ante el miedo al desbordamiento del sistema público de salud, que suma las enfermedades provocadas por el Covid-19 a la crisis humanitaria venezolana ya existente, el gobierno de Nicolás Maduro, en contra de lo que históricamente había criticado el chavismo, pidió un crédito de 5.000 millones de dólares al FMI. Esta institución lo rechazó.

En Perú, casi siete de cada diez personas no cuenta con trabajo formal, ni con seguro social, ni pensión, ni en la mayoría de las ocasiones con pago fijo (salvo algunas excepciones como empleadas domésticas). El Gobierno de Martín Vizcarra impuso una cuarentena total y obligatoria, cerró las fronteras y sacó el ejército a la calle para mantener a la gente en sus casas. Según sus propias estimaciones, “nueve millones de personas forman parte de una familia donde si no se trabaja no se come mañana”. Por ello, el Ejecutivo anunció una medida extraordinaria: un bono de 308 soles (unos 100 euros). Varios colectivos han apuntado que esta medida no llega a las personas que no siendo “pobres de solemnidad” no podrán realizar sus trabajos con normalidad a causa de la cuarentena impuesta por el gobierno.

¿Son más peligrosos los efectos de la cuarentena que el virus?

En Argentina ya de por sí muchos de los trabajadores informales son pobres: “La falta de ingresos, sea por reclusión o por caída de la actividad económica, les hará de manera casi inmediata más daño a la salud que el coronavirus”, asegura el economista Jorge Colina en el informe IDESA (Instituto de Desarrollo Social Argentino). Para él, en este país, con aproximadamente un 45% de las familias viviendo en la informalidad, parar la actividad económica y aislar a la población es un remedio que tiene costos sociales más elevados que el beneficio de evitar la enfermedad. “El remedio será peor que la enfermedad”, sentencia Colina ante la situación del sector público argentino endeudado y sin mucho margen de actuación.

Para hacer frente a la cuarentena obligatoria, el gobierno argentino presentó un bono de 10.000 pesos (140 euros) para tres millones y medio de familias que viven de ingresos laborales informales. Además de que la cantidad no es suficiente si se tiene que pagar un alquiler, la ayuda excluye a las personas migrantes que no lleven más de dos años regularizadas en el país. Los trabajadores migrantes se llevan así la peor parte: “Somos vistos como enemigos internos”, critica Jorge, miembro del Bloque de Trabajadores Migrantes. La falta de posibilidades de radicación legal y los entorpecimientos burocráticos les condenan a trabajos informales y especialmente precarizados. 

La gran mayoría de los bolivianos –el 83%, según la OIT– viven al día de los productos que venden en la calle, de las pequeñas tiendas y de otros empleos no regularizados: sin la actividad de tránsito diaria están condenados a la inanición. A raíz de la cuarentena establecida por la presidenta de facto, Jeanine Áñez, los conflictos no se han hecho esperar. El domingo 22 de marzo, durante la hora del mercado, miembros de la policía intentaron en la ciudad de Oruro “hacer cumplir la cuarentena” impidiendo el comercio con normalidad y fueron apedreados. “Es muy lamentable de esta urbanización que no le gusta acatar las normas que se lanzan”, denunció el jefe de la Unidad de Defensa al Consumidor de la Alcaldía de Oruro para el canal de televisión ATB Digital

El anuncio de la presidenta para mitigar los posibles efectos del confinamiento obligatorio fue la dotación de una canasta familiar gratuita valorada en 400 bolivianos (un poco menos de 60 euros) que beneficiará a un millón y medio de personas de las nueve millones que se verán gravemente afectadas. Además, por causa del coronavirus, se reforzó la presencia policial y militar en las calles y se aplazaron las elecciones presidenciales del 3 de mayo, que pondrían fin al gobierno de facto que destituyó a Evo Morales el año pasado.

Dilema de la humanidad

Esta crisis pone en tela de juicio a todo el mundo: a la economía, con sus empresas, sus empresarios y sus trabajadores, más o menos precarizados, la salud, la forma de relacionarnos y la forma de proyectarnos hacia el futuro. El gran reto al que ya de por sí se enfrentan los gobiernos y las sociedades de los países más afectados por el Covid-19 cobra particularidades especialmente complejas en América Latina por las desigualdades sociales estructurales y su dependencia a los países centrales. Para el futuro hay más preguntas que respuestas y casi todas nos llevan al gran dilema: ¿de qué manera se afrontará esta crisis?, ¿cómo se resolverán los impagos de deuda?, ¿nos esforzamos por salvar la economía y a la minoría adinerada o al resto de la sociedad?, ¿pondrán en el centro la vida o los mercados?, ¿es esto un falso dilema y hay otras vías que no estamos viendo?, ¿serán los Estados los que salgan fortalecidos de la crisis?

Organismos internacionales, como el FMI en Ecuador, ya han desembarcado tras el acuerdo firmado el año pasado, ahora con el especial cometido de “subvencionar” la lucha contra la recesión económica en América Latina causada por el coronavirus. “Yo esperaría que con los fondos internacionales que han llegado, se tomen medidas de protección social: se entregue comida, se instalen nuevos albergues, se subvencione o abarate el costo del examen del coronavirus”, dice Diana Massa desde Quito. Además, la experta, no descarta algún tipo de movilización social en las próximas semanas: “Si la gente no tiene qué comer se va a meter en los supermercados”.

La socióloga Inés Nercesián, desde Buenos Aires, mucho más optimista, resalta la idea de que no hay ni A ni B: “Hay que resolver todo junto y al mismo tiempo”. América Latina debe reconstruir redes y lazos de solidaridad, usar la imaginación para sobreponerse a esta crisis, algo para lo que tiene sobrada capacidad y experiencia. “Que esto sirva de enseñanza a la humanidad”, decía el presidente de Argentina Alberto Fernández en uno de sus discursos televisados. Para reconstruir el esquema social y político, Nercesián aboga por el trabajo conjunto de ciencia, tecnología, conciencia ciudadana, seguridad y mecanismos para contener la economía bajo otros formatos. “Esperemos que a raíz de este tipo de crisis revisemos cuestiones que tienen que ver con la enorme concentración de la riqueza y poder de algunos grupos en detrimento de otros”.

por Beatriz Hernández Pino Buenos Aires , 4/04/2020

Publicado enSociedad
Sábado, 04 Abril 2020 06:04

Perú legaliza la impunidad

Perú legaliza la impunidad

Policías y militares eximidos de toda responsabilidad si abren fuego contra civiles

 

En medio de la grave crisis por la pandemia del coronavirus se metió el viejo virus de la mano dura y del autoritarismo. Hace unos días, con el país militarizado para controlar la cuarentena general y las garantías suspendidas por el estado de emergencia, se promulgó una ley de gatillo fácil. La norma tiene carácter permanente, no se limita al actual estado de emergenci y, exime de responsabilidad a los miembros de las fuerzas de seguridad que utilicen sus armas contra la población “en cumplimiento de sus funciones". Los uniformados no podrán ser detenidos si matan o hieren a alguien, y no se exige que haya proporcionalidad en su respuesta. Es decir, quedan en libertad de disparar contra una persona desarmada. 

Esta ley fue promulgada por el nuevo Congreso unicameral, que entró en funciones hace unos días. Un mal, y preocupante, debut. Desde el gobierno han optado por minimizar la gravedad y los riesgos de esta ley. En cambio, han redoblado su respaldo a las fuerzas armadas y a la policía, ahora empoderadas por el discurso oficial en medio del estado de excepción y el temor por el Covid-19. Organismos nacionales e internacionales de derechos humanos exigen su derogatoria.

El origen de la ley de gatillo fácil viene del anterior Congreso, disuelto constitucionalmente en septiembre pasado por el presidente Martín Vizcarra. Era un cuerpo dominado por la extrema derecha fujimorista y sus aliados, que la aprobaron con el clásico discurso de la mano dura contra la delincuencia y pensando también en proteger la represión contra las protestas sociales. El Ejecutivo no promulgó la ley en ese momento, pero tampoco la había observado cuando el Congreso fue cerrado. El asunto quedó en el limbo. 

El nuevo Parlamento, donde ya no domina el fujimorismo, pero otros partidos de derecha son mayoría y el presidente Vizcarra no tiene bancada porque no tiene partido propio, decidió estrenarse promulgando esta ley. El argumento fue que al no haber sido observada por el Ejecutivo, el Congreso quedaba habilitado para ponerla en vigencia. Así lo hizo, para escándalo y preocupación de muchos.

El presidente peruano hace presentaciones televisadas diarias  junto a sus ministros en las que responde preguntas enviadas por internet. Un pregunta fue sobre esta ley y sus consecuencias de impunidad en violaciones a los derechos humanos. Vizcarra evadió el asunto y pasó la palabra a su primer ministro y a su ministro de Justicia. Ambos coincidieron en hacer algunos “cuestionamientos técnicos” a la ley en poner el énfasis en respaldar a las fuerzas de seguridad. “Existe un respeto irrestricto de las fuerzas armadas y la policía a los derechos fundamentales”, dijo el titular de Justicia, Fernando Castañeda, tratando de sonar convincente. Palabras que los hechos de la historia reciente no respaldan. Todo lo contrario.

Las fuerzas armadas han tomado las calles junto a la policía para vigilar el cumplimiento de la cuarentena obligatoria, que se inició el 16 de marzo y debe concluir el 12 de abril, y del toque de queda, que ahora va de seis de la tarde a cinco de la mañana. En veinte días de cuarentena hay más de 40 mil detenidos por violar la restricción de salir. Hasta ahora no ha ocurrido ningún caso de algún herido o fallecido por disparos de las fuerzas de seguridad. Lo que sí ha habido son denuncias de abusos a detenidos.

Un caso de abuso especialmente notorio ha sido el de un capitán del ejército que golpeó repetidamente en el rostro a un muchacho que fue detenido en la calle, mientras lo insultaba y amenazaba a gritos. La agresión se conoció por la difusión de un video. El gobierno reaccionó separando del patrullaje al oficial. Pero días después, en declaraciones a un medio, el jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general César Astudillo, salió en apoyo del capitán, justificó el abuso cometido y anunció que el oficial sería repuesto para volver a las calles. En el gobierno hubo silencio. Las fuerzas armadas han difundido un amenazante video en el que recuerdan que están autorizadas a usar sus armas.

Esta ley que abre las puertas para los abusos y la impunidad se ha metido cuando toda la atención y el temor están puestos en el avance del coronavirus. Los contagios llegan a 1595 y las muertes a 61. La curva se acelera hacia arriba. En los últimos tres días los nuevos casos sumaron 530. El presidente Vizcarra ha admitido que hasta ahora la cuarentena no ha dado los resultados esperados, pero ha asegurado que sin ella la situación sería mucho peor. Los expertos coinciden con eso. Frente a esta situación, el gobierno ha reforzado las restricciones y ha anunciado que se endurecerán las acciones para hacerlas cumplir. 

Desde ayer se ha separado por género las salidas permitidas para comprar alimentos, medicinas o ir al banco: los hombres lo pueden hacer los lunes, miércoles y viernes, y las mujeres los martes, jueves y sábado. Los domingos no sale nadie. Todos los que salgan ahora están obligados a usar mascarillas para cubrirse la boca y nariz. Con estas nuevas medidas se espera bajar el crecimiento de los contagios, que si continúa al ritmo actual en unos diez días podría rebasarse la capacidad del precario sistema de salud.

Siempre ha habido sectores que apuestan por la represión como solución a todo. Pero con el miedo por el Covid-19 encima, los aplausos -y también los silencios- suicidas por esta ley de gatillo fácil se sienten con más fuerza que en otras circunstancias. El presidente Vizcarra ha dejado peligrosamente abierta la puerta a la posibilidad de que las fuerzas armadas sigan en las calles después que se levante la cuarentena por el coronavirus. 

Publicado enInternacional
Foto de un patio de prisión en Colombia. El hacinamiento viola todos los derechos humanos

La ley lo permite, la Constitución y los Tratados Internacionales lo reivindican, además la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional lo reclaman todos los días. 

La detención de los preventivos en la cárcel y en estaciones de policía, no puede olvidarse, es absolutamente excepcional y solo procede cuando de superen unos estrictos requisitos, que ante la amenaza que significa el Covid-19, no se logran satisfacer. 

La detención domiciliaria, para quien es capturado, es una realidad hoy aceptada en muchos casos por los jueces de garantía. competentes para definir si ordenan su reclusión en la cárcel. Además, la instrucción de la Fiscalía General de la Nación a sus funcionarios, en los casos nuevos, es no solicitar detención en cárcel, sino en domicilio. Y en la práctica, se suspendieron las órdenes de captura que estaban vigentes, y que aún no se habían materializado. 

Así las cosas, es legal, pertinente y absolutamente acorde con la situación de salud que amenaza a toda la población, modificar las medidas de aseguramiento intra murales por la domiciliaria, para los detenidos preventivamente. Esto además logra  des hacinar las cárceles porque el 38 por ciento del total de los detenidos pasarían a cumplir la detención en su domicilio. Son detenidos sin condena y el Estado de Inocencia que los protege obliga a actuar de esta manera. 

Una realidad en legalidad, además de procedente ante la precariedad que caracteriza al presidio colombiano, cárceles y centros de detención transitoria que son un polvorín que pone en peligro no solo a las personas que allí se encuentran privadas de la libertad, sino también a toda la población colombiana.

Una realidad que no da espera. Las medidas para descongestionar estos centros de detención se deben tomar a tiempo y deben ser drásticas. El presidente aún no expide el anunciado decreto en esta materia, pero además el proyecto en revisión del alto gobierno no resuelve el problema.

Un polvorín que no es casual. Las cárceles superan un hacinamiento del 53 por ciento y las estaciones de policía se encuentran sobre-abarrotadas, superiores al 200 por ciento, y sin ninguna posibilidad de implementar normas sanitarias para disminuir los riesgos de contagio del Coronavirus.

Por ello, es urgente descongestionar las cárceles y las estaciones de policía, en las que se encuentran privados de la libertad al menos 123 mil personas, de las cuales el 38 por ciento aún no ha sido condenadas y mantiene intacto su estado de inocencia (ver recuadro).

Hoy, más que ayer, está es una prioridad. El Coronavirus recorre por el territorio colombiano sin nexo epidemiológico, es decir circula ampliamente entre la comunidad y la amenaza de salud pública es más latente.

Y para lograr la descongestión de las cárceles no es necesario un decreto de emergencia, basta aplicar la Ley y la Constitución.

La detención preventiva en los centros carcelarios, que es un medida cautelar por medio de la cual a una persona imputada de un delito, pero no condenada, se le priva provisionalmente de la libertad mientras se tramita el proceso, es una medida que hoy no tiene soporte legal ni constitucional, y mucho menos convencional. Por esta razón es perentorio que la Corte Constitucional, y en concreto la sala de seguimiento al estado de cosas inconstitucionales carcelarias, así lo disponga, dando vía libre para que todos los detenidos preventivos sean trasladados a su residencia donde continuarán privados de la libertad.

Se trata de un cambio de lugar para cumplir la medida de aseguramiento, no se trata de concederles libertad. Las personas que hoy están detenidas, así se mantendrán pero en el domicilio.

Una medida por tomar para la totalidad de las personas sindicadas. Así hay que demandarlo ya que el Gobierno en el decreto que pretende expedir para darle curso a esta situación solo considera una parte de tal población, medida que no permitiría la desocupación ni siquiera del 10 por ciento de los centros carcelarios, es decir, es una medida que no logra disminuir los riesgos de multiplicación por contagio del virus.

No se puede olvidar que en Colombia tenemos un 99 por ciento de impunidad, así lo reconoció y sustentó el exfiscal Néstor Humberto Martínez Neira, cuando asumió su cargo en el año 2016. ¿Qué ha cambiado desde aquel momento? Nada. Poco pasará entonces, en materia de seguridad, si se aplica esta medida. Pero si no se aplica y el virus llega a las cárceles, será imposible contenerlo, permitiremos como sociedad que cobre la vida de numerosos connacionales, desconociendo sus derechos humanos, entre otros el derecho a la vida, perderemos el esfuerzo de la cuarentena y el aislamiento preventivo, y todos estaremos en riesgo.

Publicado enColombia
Suecos disfrutan de los cerezos en flor en un espacio público de Estocolmo durante la epidemia / Foto: Afp, Jonathan Nackstrand

Para desconcierto de sus vecinos, Suecia permanece reacia a las medidas de cuarentena. No ha suspendido las clases ni los torneos deportivos. Tampoco ha cerrado los bares y todavía son comunes las reuniones de amigos. Por detrás de esa decisión, asoma una guerra de epidemiólogos y modelos predictivos.

Mientras las cuarentenas draconianas, los regímenes punitivos y la vigilancia masiva se vuelven la norma mundial frente al coronavirus, Suecia ha tomado un camino mucho más relajado. Lo hace en contraste, sin dudas, con sus primos escandinavos, Dinamarca y Noruega. A nivel general, permanecen intocados los rudimentos de una vida ininterrumpida. La mayoría de los cafés, restaurantes y tiendas permanecen abiertos y abastecidos. También los gimnasios y cines. Se celebran aún vibrantes fiestas, para gran desconcierto y horror en los países vecinos.

El primer ministro, el socialdemócrata Stefan Löfven, ha abrazado el principio de la voluntariedad por sobre la coerción y ha emitido advertencias a los ciudadanos para que mantengan los viajes al mínimo y eviten todo lo que no sea esencial. A los mayores de 70 años se les ha dicho que cuiden sus movimientos y se queden en casa. En palabras del primer ministro durante un reciente discurso televisado, “nosotros los adultos debemos ser exactamente eso: adultos. No propagar el pánico ni los rumores. Nadie está solo en esta crisis, pero cada uno tiene una gran responsabilidad”.

A pesar de esto, las autoridades de Suecia han mostrado que tienen un pie en el freno, aunque uno que aprietan con cautela y lentamente. Las reuniones venían limitándose a no más de 500 personas –ese número se redujo el viernes 27 a no más de 50, una medida cuyo cumplimiento será controlado por el Estado–. Los bares sólo pueden proporcionar servicio de mesa. Los colegios y universidades han adoptado un formato virtual, en línea con las recomendaciones emitidas por el gobierno el 18 de marzo.

De todos modos, la Agencia de Salud Pública ejerce una poderosa influencia e insiste en que una cuarentena general no tendría justificación alguna. No se ha pedido la cancelación de torneos deportivos locales: el ejercicio y los deportes son iniciativas saludables. Los organizadores de eventos y seminarios son responsables de realizar una evaluación de riesgos y proporcionar información “sobre una buena higiene y acceso a instalaciones de lavado de manos para todos los participantes”.

El foco, más bien, está en la iniciativa individual, en minimizar los casos de transmisión mientras se logra la “inmunidad de rebaño” o se encuentra una vacuna. Si usted tiene más de 70 años, evite el transporte público, las idas al supermercado y las aglomeraciones. “En lugar de eso, pídales a sus amigos, familiares o vecinos que hagan las compras por usted, etcétera.” Trabaje desde casa si puede. “Es para disminuir la velocidad de transmisión y la cantidad de personas que necesitan atención hospitalaria.”

La clave de tales recomendaciones está en un juego de modelos predictivos. Y, como en todos los juegos de este tipo, abundan los riesgos. El relajado modelo sueco ha causado poca alarma en la población; en todo caso, le ha dado un gran impulso a la popularidad de los socialdemócratas. En Suecia, la sabiduría de las autoridades se da generalmente por descontado. Se trata de un poder tradicional y hasta asombroso del servicio civil sueco: “Los que saben se están haciendo cargo”.

El problema de los modelos predictivos 

El ejemplo sueco muestra un acercamiento diferente a las mediciones y proyecciones sobre la pandemia, algo que invariablemente implica mirar a través de una especie de bola de cristal. Paul Franks y Peter Nilsson, ambos epidemiólogos de la Universidad de Lund, sugieren que el gobierno hace sus apuestas con base en simulaciones realizadas por las autoridades de salud pública acerca de aumentos repentinos de la demanda hospitalaria. “A partir de estas simulaciones, está claro que el gobierno sueco prevé muchas menos hospitalizaciones por cada 100 mil habitantes que las predichas en otros países, incluidos Noruega, Dinamarca y Reino Unido.”

Las observaciones de Franks y Nilsson están llenas de la característica cautela científica. ¿Qué modelo predictivo prefiere usted? Las variantes de expertos británicos sugieren un mayor número de muertes para Suecia que el estimado por el gobierno de ese país, aunque las autoridades parecen agarrarse de la idea de que la mayoría de las personas infectadas no tendrán síntomas y sólo uno de cada cinco casos irá al hospital. Y, además, Reino Unido no es Suecia.

Nos enfrentamos a la naturaleza traicionera de los modelos predictivos de salud pública. Los de covid-19, por ejemplo, tienden a basarse en los ejemplos de China e Italia, además de datos recopilados durante brotes de ébola, Sars y Mers. Esto pone sobre la mesa la vieja cuestión de la demografía y la necesidad de reunir evidencia sobre la transmisión comunitaria local (hasta ahora, el material disponible en Suecia es bastante incompleto). Un hecho ineludible es que Suecia tiene una sola área metropolitana importante, por lo que cualquier modelo predictivo preciso requeriría material específico para casos de ese tipo. También deberían ser consideradas las formas de interacción entre distintas generaciones. En Suecia, menos comportamiento intergeneracional disminuiría el riesgo para los ancianos. Más de la mitad de los hogares suecos consisten en una sola persona, otro factor relevante.

Los pocos datos disponibles de Suecia tienden a centrarse en ingresos hospitalarios y fallecimientos, un punto subrayado por Franks y Nilsson. “Esto puede usarse para lograr una estimación de segunda mano de la transmisión comunitaria, proporcionando el dato aproximado de cuántas muertes ocurren entre los infectados.” Pero su precisión se ve algo comprometida por la distancia de dos semanas entre los diagnósticos y las muertes, lo que los hace un “instrumento muy grueso” para guiar la política de salud.

Con todo, el número de casos de covid-19 en Suecia no ha sido insignificante. El total, desde el primer caso registrado, el 4 de febrero, hasta el 30 de marzo, asciende a 4.028. Las muertes llegan a 146, aunque un número desproporcionado proviene de una comunidad somalí ubicada en barrios pobres y con familias extensas.

Batalla de epidemiólogos  

A pesar del mayor número de muertes en comparación con los otros países nórdicos, el epidemiólogo estatal Anders Tegnell confía en que la “estrategia” de Suecia funciona bien, pues ha mostrado una curva de infección relativamente plana en relación con Italia y España. “Queremos enlentecer la epidemia hasta que Suecia experimente una especie de pico, y si el pico no es demasiado dramático, podremos continuar así.”

Un gran número de ciudadanos, asumiendo su gran responsabilidad, ha optado por evitar el transporte público: Storstockholms Lokaltrafik (la compañía de transporte público en Estocolmo) anunció una caída del 50 por ciento en el número de pasajeros. Las escuelas están abiertas, pero muchos padres mantienen a sus hijos en casa. Las opciones remotas y de trabajo en casa han sido adoptadas por muchas empresas.

Las advertencias, aunque no estridentes, están a la orden del día. Está tomando forma una batalla epidemiológica. El principal asesor científico de Reino Unido, sir Patrick Vallance, ha elogiado el caso sueco, luego de haber sugerido al primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, seguir un camino similar durante el período en que ese país siguió el modelo de “inmunidad colectiva”. Por el contrario, una petición de más de 2 mil médicos, científicos y académicos que cuenta entre sus firmantes con el presidente de la Fundación Nobel, el profesor Carl-Henrik Heldin, ha pedido medidas más agresivas. “Es arriesgado dejar que las personas decidan qué hacer sin restricciones”, opina un paternalista Joacim Rocklöv, epidemiólogo de la Universidad de Umeå. “Como puede verse en otros países, esta es una enfermedad grave, y Suecia no es diferente de otros países.”

La viróloga Cecilia Söderberg-Nauclér, del Instituto Karolinska, no se ha guardado sus puntos de vista y alega con cierta contundencia que el gobierno ha cometido todos los errores posibles en la respuesta a una pandemia. “No estamos testeando lo suficiente, no estamos rastreando, no estamos aislando lo suficiente; hemos dejado suelto al virus.” Al hacerlo, Suecia se habría puesto en el camino a la catástrofe. Para evitar la cuarentena general, sostiene Söderberg-Nauclér, debería adoptarse un sistema de testeo en masa como el de Corea del Sur. El tiempo dirá.

3 abril, 2020

(Publicado originalmente en CounterPunch con el título “The Swedish Alternative: Coronavirus as a Grand Gamble”. Traducción y titulación en español de Brecha.)

Publicado enInternacional
Covid19 y la doctrina del shock en los mercados financieros

A la vez que ha quebrado las cadenas de producción globales, covid19  ha revelado las graves disfunciones de los mercados financieros internacionales. La respuesta sin precedentes de los bancos centrales en favor de las grandes corporaciones, entre ellas las más contaminantes, no hará más que agravar la crisis climática.

 

Hace algo más de un mes, el 20 de febrero, el principal índice de la Bolsa de Nueva York, el Standard and Poors 500, alcanzaba sus máximos históricos. Los mercados de valores confirmaban así la visión de un ciclo eterno de prosperidad de la economía estadounidense. Las cotizaciones de las compañías parecían no tener límites, impulsadas por un crecimiento ininterrumpido del PIB durante 11 años —el más largo desde que se tienen registros—, una política monetaria complaciente y grandes rebajas de impuestos a las empresas. Y ello pese a que desde marzo de 2009 el S&P 500 se había revalorizado un 398%.

En realidad, y aunque con sus altibajos, no solo la bolsa americana ha disfrutado de una década prodigiosa. Los bonos o títulos de renta fija emitidos tanto por Estados como por empresas para obtener financiación de los mercados han alcanzado valoraciones nunca vistas. La razón principal han sido los estímulos monetarios implementados por los bancos centrales en forma de bajadas de tipos de interés y compras masivas de bonos o  Quantitative Easing (QE).

Básicamente, los QE crean dinero, pero en lugar de hacerlo el Estado emitiendo deuda pública —Letras del Tesoro, Bonos y Obligaciones, dependiendo de su plazo— para financiar gasto público, lo hace el Banco Central comprando deuda pública ya existente a bancos y fondos de inversión que la tienen en sus carteras. La diferencia es que en el primer caso el Estado decide en qué gastar el dinero, y en el segundo el dinero se destina a proporcionar liquidez a los inversores. No es poca diferencia.

Estas medidas, que inicialmente se diseñaron como extraordinarias y encaminadas a salir de la gran recesión de 2009, se han convertido en la receta fácil ante cualquier perturbación en los mercados. Episodios como el estallido de las primas de riesgo de los países periféricos de la UE en 2012, el Brexit o las guerras comerciales de Trump han provocado caídas de las bolsas que se han tratado sistemáticamente con intervenciones de los bancos centrales inyectando liquidez y comprando activos en mercado.

Estas compras de los bancos centrales hicieron que el precio de los bonos se disparase, y el precio es inverso a la rentabilidad. Cuanto más se paga por algo que “rinde” la misma cantidad, menos rentable es esa inversión. El precio de los bonos subió tanto que su rentabilidad se volvió negativa en la mayor parte de Europa —hasta -0,80% anual en el bono alemán a diez años—. Para las grandes corporaciones estas intervenciones han significado un inmenso regalo, llegando muchas de ellas a emitir bonos a tipos negativos, es decir, a recibir dinero por endeudarse.

La necesidad de conseguir rentabilidad se ha convertido en ansiedad. Con las bolsas y los bonos disparados, se ha ido empujando a los inversores a buscar nuevos tipos de activos en los que colocar su dinero. Algunos ya eran típicamente objeto de inversión, como el sector inmobiliario, donde los precios en muchos segmentos han superado a los de la anterior burbuja. Otros han empezado a serlo o han sufrido una financiarización extrema.

Infraestructuras de todo tipo, desde autopistas, puertos o aeropuertos hasta megaproyectos de energías renovables, pasando por residencias privadas de estudiantes. Todo tipo de servicios públicos diseñados bajo fórmulas de colaboración público-privada para ser empaquetados y vendidos a grandes inversores. Y por supuesto los recursos naturales, incluso el agua, entendida como un recurso cada vez más escaso y por lo tanto valioso, se han convertido en productos de inversión. Y si un día te encuentras en apuros descuida, siempre habrá un banco central a quien vendérselo.

Hasta las criptomonedas aprovecharon la ola, y aunque pincharon antes, llegaron a tener una capitalización de 800.000 millones en 2018 —ahora es menos de una cuarta parte—. Proyectos como Tron, que en septiembre de 2017 salió al mercado captando de inversores 58 millones de dólares a los cuatro meses valía 13.392 millones. Se multiplicaron los unicornios de internet, empresas que alcanzan la barrera de 1.000 millones de dólares de valoración sin haber llegado en muchos casos a generar beneficios.

Hasta se han creado fondos para invertir en los litigios de multinacionales contra Estados derivados de los nefastos Tratados de Comercio e Inversión, financiando las demandas a cambio de un porcentaje del resultado. Todo, absolutamente todo, es objeto de especulación por el enorme exceso de liquidez que es necesario rentabilizar.

En definitiva, ese océano de liquidez creado por los bancos centrales con el argumento de favorecer el crédito a empresas y familias ha servido para inflar artificialmente el precio de múltiples activos. Se ha extendido además a lugares muy diversos, financiarizando actividades controvertidas y creando graves distorsiones en los mercados como reconocen hasta sus propios participantes.

Cada rincón del planeta se ha convertido actualmente en algo sujeto a la especulación financiera en gran medida por la actuación de los bancos centrales, instituciones públicas, ajenas además a cualquier escrutinio democrático ni rendimiento de cuentas. Merece la pena recordar que el todopoderoso Mario Dragui fue uno de los directivos de Goldman Sachs que diseñó los mecanismos para que Grecia ocultase la dimensión real de su endeudamiento, años antes de tener rescata por el propio Dragui.

El cisne negro

Volviendo a Estados Unidos, ese 20 de febrero en que sus bolsas alcanzaron los máximos de todos los tiempos, ya existía algo llamado coronavirus y ya hacía un mes que se había decretado el confinamiento total de millones de personas en la región de china de Wuhan.

Desde ese día, las bolsas comienzan a retroceder, y sufren su mayor caída semanal desde 2008. La Reserva Federal (la FED) reacciona bajando los tipos de interés del 1,50% al 1,00%.

Entre el miércoles 10 y el viernes 13 de marzo la Bolsa estadounidense sufre la caída más rápida de toda su historia. De repente se ha tomado conciencia de que el covid19 que va confinando país tras país es un “cisne negro”, en el argot financiero un evento tan extraño que no sucede nunca. Hasta que sucede.

El domingo 15 la Reserva Federal vuelve a responder rebajando los tipos del 1% hasta el 0%. El lunes la bolsa vuelve a sufrir una caída histórica del 13%. Durante los siguientes siete días la FED lanza cada día una nueva medida con el encabezado siempre de “con el objetivo de facilitar el flujo del crédito a familias y empresas…”. Son en todos los casos facilidades para los bancos, desde proveerlos de liquidez por diversas vías hasta rebajarles requerimientos regulatorios y de información.

Entre estas medidas, retoma un QE que tenía congelado hace tiempo. El importe previsto son 700.000 millones de dólares, similar a los 750.000 millones de euros anunciados en paralelo por el Banco Central Europeo esa misma semana. Se destinarán a comprar en mercado tanto bonos del Tesoro como bonos hipotecarios —emisiones compuestas por paquetes de hipotecas—. Se trata de una medida para generar confianza a los inversores y a los bancos, demostrándoles que la FED está ahí para que puedan deshacer sus carteras si lo desean.

La primera semana la FED compró 125.000 millones de dólares al día. A ese ritmo en seis días agotaría el programa. Supone comprar en mercado cada diez días el equivalente al PIB anual de España.

Y los mercados siguieron cayendo. A mayor caída más se eleva la presión y las expectativas de intervenciones de los bancos centrales. El mercado lanza órdagos en forma de pánico a los reguladores. El viernes 20 de marzo la bolsa de EE UU había perdido un tercio de su valor desde aquel resplandeciente 20 de febrero de máximos históricos.

Durante el fin de semana todo tipo de bancos de negocios, expertos, y hasta miembros de la propia FED hicieron declaraciones anunciando cifras de paro, caídas del PIB, cuya lectura dejaba en estado absoluto de shock.

En tan solo una semana Goldman Sachs ha pasado de estimar una caída del PIB de EE UU del 5% a una caída del 24%. A 31 de marzo su última estimación es de un 34%.

La mayor intervención monetaria de la Historia

El lunes, tras abrir los mercados de nuevo a la baja, la FED anunció por sorpresa un nuevo QE. Y esta vez no pensaba defraudar. Incluía dos novedades muy importantes: la primera es que su importe es ilimitado. Tal cual. Parece un sinsentido que en un planeta de recursos finitos lo único ilimitado sea el dinero. En los medios financieros la llaman irónicamente QEternity.

La segunda novedad es que comprará no solo deuda pública e hipotecaria como hasta ahora sino también de empresas. Crea toda una batería de nuevos programas de entre los que destaca uno destinado eufemísticamente a “grandes empleadores”, esto es, para las grandes corporaciones. Permite a la FED prácticamente cualquier cosa, desde comprar en mercado bonos corporativos ya existentes hasta suscribir emisiones nuevas creadas ad-hoc solo para vendérselas a la FED. Incluso pueden recibir préstamos directos de la FED, con diferimiento del pago de intereses y de capital si así lo desean.

Es un rescate en toda regla a las grandes corporaciones, con dos diferencias frente a un rescate “tradicional”: puede aprovecharse de sus ventajas cualquier compañía, sin necesidad de estar en dificultades, y no exige absolutamente nada a cambio, a diferencia de lo que suele suceder en los rescates “tradicionales”.

Resultado: la Bolsa estadounidense tuvo la mayor subida diaria desde 1933. La subida que ha continuado varios días hasta alcanzar un 20% a cierre de marzo desde los mínimos de la caída. Y ello, coincidiendo de manera lacerante con el desbordamiento de contagios y fallecimientos por covid19 por todo el país

Un detalle, que ya no extraña en esta época de distopías. La FED ha delegado la ejecución del QE en Blackrock, la mayor gestora de fondos de inversión del mundo. Es decir, ha privatizado la intervención del organismo supervisor en los mercados. Soberbio. El conflicto de interés que supone ser a la vez un participante del mercado y el brazo ejecutor de intervenciones billonarias del banco central es inconcebible.

Todas estas intervenciones de la Reserva Federal han ido en paralelo al paquete de ayudas aprobado por el Senado, que asciende a 2 billones de dólares. Es dos veces y media el equivalente lanzado para combatir la recesión de 2009.

Aunque la medida que más se ha publicitado es el helicóptero del dinero que explicaba Yago Álvarez hace unos días, un cheque directo de 1.200 dólares para cada adulto y 500 dólares para los menores, esto solo representa un 14,5% del paquete. Una vez más se desvían cantidades ingentes de dinero público hacía las grandes corporaciones. No es de extrañar siendo Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que trabajó 17 años para Goldman Sachs y fundó posteriormente su propio hegde fund o fondo de alto riesgo especulativo.

La principal medida adoptada por Mnuchin en la administración Trump hasta la fecha ha sido el masivo recorte de impuestos a las empresas realizado en 2017, rebajando entre otros un 40% el impuesto de sociedades. El caso de Fedex es paradigmático: encabezando el lobby anti impuestos, la compañía pasó de tributar 1.500 millones de dólares en 2017 a cero el año siguiente.

A principios de 2020 Mnuchin anunció que estaba trabajando en una segunda oleada de rebajas de impuestos, y como la primera, tendrá el doble efecto de impulsar el precio de las acciones en Bolsa —una de las razones que llevó a Wall Street alcanzar máximos históricos en febrero—, a la vez que se debilitan las arcas públicas.

Entre las partidas de este paquete de ayuda ya firmado por Trump, hay una partida específica de 61.000 millones para apoyar a las aerolíneas. Otra partida de 17.000 millones se dirige a “compañías estratégicas en situación complicada”, que se presume está destinada a Boing. Tan claro es su destino que Boing ha declarado que solo la utilizará cuando se eliminen algunas de las obligaciones que conlleva.

Crisis financiera frente a crisis climática

Marzo de 2020 ha sido un mes vertiginoso en los mercados financieros. Algunas bolsas mundiales llegaron a perder un 40% de su valor, como en el caso del Ibex 35, y el apoyo con todos sus medios de bancos centrales y gobiernos han provocado recuperaciones de hasta un 20%.

Pero no han sido solo las bolsas. El coronavirus, al igual que ha quebrado por completo las cadenas de producción globales, ha expuesto nítidamente las múltiples disfunciones de los mercados financieros también globales hoy en día. Tipos de interés, divisas, oro, materias primas, todos están sufriendo en mayor o medida colapsos.

A lo largo del planeta se están ejecutando agresivas intervenciones para literalmente mantener el sistema funcionando. Algunas de ellas superando claramente la capacidad de un banco central en solitario, como la realizada el 15 de marzo que ejecutaron de manera coordinada el Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón, el Banco Central Europeo, la Reserva Federal y el Banco Nacional Suizo. O tan extrañas como la anunciada el 31 de marzo por la FED, en la que ante la escasez de dólares a nivel mundial por haberse convertido en moneda refugio, ofrece cantidades ilimitadas de dólares a cambio de bonos del Tesoro de EE UU a cualquier otro banco central del mundo. Porque además sin dólares no hay comercio internacional, aunque ahora esté congelado.

Todas las herramientas que la Reserva Federal y el Gobierno de EE UU fueron desplegando paulatinamente a lo largo de meses e incluso años para salvar a los mercados y salir de la recesión tras la caída de Lehman Brothers, las han utilizado hora en dosis muy superiores en apenas tres semanas.

La inmensidad de los recursos públicos cedidos a las empresas privadas hace no solo criticable las intervenciones desde el punto de vista moral, sino que muchos piensan que será peor el remedio que la enfermedad.

Pero sobre todo, a día de hoy nos enfrentamos a una crisis climática que requiere transformaciones inmediatas y radicales en los sistemas productivos, sociales y económicos. Todos estos programas e intervenciones para soportar a los mercados de valores apuntalan un sistema productivo y refuerzan principalmente a las grandes corporaciones en general, y a algunas de las industrias más contaminantes del planeta en particular.

En EE UU, sin pudor ninguno la primera industria que se ha propuesto rescatar “aprovechando” el coronavirus es la de las exploraciónes pretroliferas y fracking. Y en Canadá exactamente lo mismo.

Aprovechando el coronavirus estamos viviendo una aplicación acelerada de la doctrina del shock o capitalismo de desastre. Como relata Naomi Klein en su última entrevista virtual con El Salto y en el inspirador Decir NO no basta, y anticipando muchas de las medidas adoptadas estos días, el actual vicepresidente Mike Pence fue quien encabezó una lista de propuestas que Bush aprobó en respuesta a la catástrofe del huracán Katrina. En el plano ambiental Pence “consiguió” derogar las regulaciones ambientales en la costa del Golfo y que se diese luz verde a las extracciones petrolíferas en el Ártico.

Es estas pocas semanas de crisis, además de rescatar a la industria del fracking y otros combustibles fósiles —hundida por la guerra de precios Arabia Saudí-Rusia—, los enormes programas de estímulos han dejado completamente al margen al sector de las energías renovables, suspendiéndose o no renovándose incluso incentivos fiscales ya existentes con anterioridad. Tampoco es de extrañar siendo el director de la Agencia de Protección de Medioambiente Andrew Wheeler, quién trabajó entre 2009 y 2017 en un lobby enfocado a rebajar la legislación medioambiental y a defender específicamente a la industria del carbón.

Y como ha confirmado Mnuchin el 1 de abril, ya está trabajando en un segundo paquete de otros dos billones de dólares, enfocado en la construcción de infraestructuras, lo que sin duda será un nuevo desastre en términos medioambientales.

En Europa, el QE anunciado por el Banco Central Europeo tiene el triste nombre de Pandemic Emergency Purchase Programme (PEPP). Dispone de 750.000 millones de euros, que se destinarán en gran parte como ha denunciado Ecologistas en Acción, a comprar bonos de las principales corporaciones del continente —aquí la lista completa—. Entre los beneficiarios se encuentran algunas de las empresas de combustibles fósiles más contaminantes, como Enel, Total, Repsol, Shell, Naturgy, o ENI.

El importe del nuevo QE supone 12,5 veces el presupuesto anual de la Unión Europea para crecimiento sostenible. Y puesto en perspectiva global es una partida inferior a la destinada al rescate de aerolíneas en EE UU.

En el momento actual las medidas monetarias y fiscales que están adoptando frente al coronavirus bancos centrales y gobiernos tienen una escala tan enorme, un sesgo tan acentuado hacia las corporaciones frente a las personas y están dejando tan de lado la transición energética que chocan contra los límites del planeta.

¿El fin de los mercados financieros?

Las intervenciones en auxilio de las compañías cotizadas con la excusa de evitar el colapso en los mercados financieros están teniendo unas dimensiones tan desproporcionadas, que paradójicamente podrían acabar con ellos tal como se han entendido en la historia del capitalismo.

De hecho, llaman la atención comentarios incluso desde el sector financiero preguntándose qué sentido tienen los mercados de valores cuando prácticamente todo estará garantizado por la Reserva Federal y el Gobierno de EE UU.

Y mientras, en Europa empiezan a lanzar globos sonda sobre la posibilidad de que el BCE compre directamente acciones de las compañías, como lleva haciendo el Banco de Japón diez años en su paranoia monetaria. De hecho, está entre los primeros diez accionistas en la mitad de las compañías cotizadas de su país, renunciando además a sus derechos de voto como accionista y por tanto a la capacidad de apoyar medidas contra la crisis climática o de buen gobierno corporativo.

El estado de confinamiento físico hace necesario más que nunca el escrutinio colectivo del uso de los fondos públicos y de las políticas monetarias y fiscales. De lo contrario, cuando salgamos la doctrina del shock, real y financiera, puede haber acabado con todo.

3 abr 2020 06

Publicado enEconomía
 Indígenas del pueblo nukak se adentran en la selva por temor a la COVID-19Kelly Peña

 

 

La falta de agua potable y la desnutrición hacen más vulnerables a casi dos millones de indígenas. Hay dos casos de Covid-19 en la frontera colombo-venezolana

 En 1988 el pueblo indígena nukak, del sudeste de Colombia, tuvo su primer contacto con foráneos y, como consecuencia, una gripe devastó al menos a la mitad de su población. Para esa época, los sobrevivientes de este pueblo de cazadores y recolectores fueron empujados por colonos y grupos armados que se adueñaron de su selva y los obligaron a huir y asentarse por años en la ciudad de San José del Guaviare. Las noticias de una pandemia inédita que avanzaba rápidamente les trajo reminiscencias de ese pasado trágico y antes de que las autoridades civiles de Colombia cerraran fronteras o decidieran la cuarentena, varios de ellos se adentraron de nuevo en la selva para aislarse temporalmente. “El 18 de marzo, en una decisión autónoma, reunieron a las autoridades del departamento, y notificaron la decisión. Pero no es un retorno a sus territorios ancestrales, sino un aislamiento en sus resguardos que es de unas 980.000 hectáreas”, explicó Sandra Pérez Gómez, de la Confluencia de Mujeres para la Acción Pública del Guaviare, que ha acompañado a estas comunidades. Les dieron algunas herramientas y medicamentos y se adentraron en lo que les queda de bosque.

Esa ha sido solo una de las alternativas de los pueblos indígenas de Colombia ante el temor de contagiarse del coronavirus. Algo que, en palabras de las autoridades indígenas de Colombia, significaría su exterminio. “Nuestros pueblos no tienen agua potable, están subalimentados, con altos niveles de desinformación y dificultades de acceso a centros de salud”, diagnostica Armando Wooriyu Valenzuela, secretario de la Alta Instancia de Pueblos Étnicos para la Paz. La Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) calcula que el riesgo de la pandemia se cierne sobre 115.000 familias indígenas, cerca de 1.905.000 personas en todo Colombia.

Los riesgos varían dependiendo de la región pero llegan a todos. La primera alerta se dio en Cúcuta, ciudad fronteriza con Venezuela, donde según el Ministerio de Salud hay dos indígenas de la etnia yukpa, que fueron confirmados con Covid-19. Según la autoridad nacional de salud, uno de ellos falleció, pero en la ciudad la información es confusa y se habla de un solo contagiado que sería un colono venezolano que vive entre los indígenas. Aunque la alcaldía se propone controlar la propagación, los yukpas tienen una cultura seminómada, lo que dificulta cualquier cuarentena. Los yukpas (colombianos y venezolanos) se encuentran en estado de indigencia hasta en 15 ciudades de Colombia, pero en el caso de los venezolanos además vienen y van. Y aunque el Gobierno colombiano cerró sus fronteras como parte de sus medidas para frenar la pandemia, abundan los cruces informales conocidos como trochas.

En ciudades capitales como Bogotá o Medellín, está el mayor peligro para los indígenas que viven en la indigencia. Desplazados por el conflicto armado, muchos mendigan o viven de la venta de artesanías. Pero sin clientes en las calles están pasando hambre y durmiendo apiñados en aceras. El miércoles, 500 familias de la comunidad embera fueron desalojados por dueños de hoteles al paso por no tener con qué pagar por una habitación. De acuerdo con la Onic, esto ocurre también en ciudades como Barranquilla o Cali y pueden convertirse en una bomba de tiempo. Las fronteras y la pobreza son otra de las preocupaciones. “Tenemos un caso dramático y es el de los indígenas pairobas en Puerto Carreño (Vichada), frontera con Venezuela, donde unas mil personas de esta comunidad indígena obtiene la comida de los basureros”, dice Wooriyu para señalar que la respuesta del Gobierno tiene que ser desde la seguridad alimentaria además del agua.

Hasta ahora, los indígenas se protegen con barricadas para evitar el ingreso de foráneos que puedan contagiarlos. Lo hace la Guardia Indígena del Cauca, en el suroeste del país, pero también la etnia wayú en La Guajira, norte de Colombia, donde también salen a las carreteras a protestar por la falta de agua potable. En esa región, que ha recibido el impacto de la migración, preocupa el estado de los hospitales. De acuerdo con Valenzuela, hay cinco para atender a toda la población de wayú que es de medio millón de personas, además de los migrantes.

Las peticiones al Gobierno de Iván Duque van desde la toma urgente de muestras de confirmación en comunidades que presentan altos índices de infecciones respiratorias, agua potable y alimentación hasta las labores de prevención en las lenguas de los indígenas. “El Ministerio de Defensa puso a disposición sus emisoras para que podamos dar información de prevención pero necesitamos que el presidente Iván Duque a través del Ministerio de Telecomunicaciones nos ayude a producir piezas en los 90 idiomas de las comunidades”, agregó Wooriyu, que habla en nombre de las más de 100.000 familias indígenas que temen al coronavirus.

Bogotá - 02 abr 2020 - 17:56 COT

Publicado enColombia
«La pandemia se enmarca en una crisis multidimensional del capitalismo»

En un artículo reciente, escribiste: «el coronavirus constituye la chispa o el detonador de la crisis bursátil pero no es la causa». ¿Podrías aclarar lo que piensas sobre esta cuestión?

Mientras que los grandes medios y los gobiernos afirman constantemente que la crisis bursátil ha sido provocada por la pandemia del coronavirus, insistí en el hecho de que todos los elementos para una nueva crisis financiera ya estaban preparados desde hacía varios años, y que el corona virus constituía la chispa o el detonador de la crisis bursátil pero que no era su causa http://www.cadtm.org/No-el-coronavirus-no-es-responsable-de-las-caidas-en-las-bolsas . La cantidad de materia inflamable en la esfera de las finanzas ya había alcanzado la saturación desde hacía varios años, y ya se sabía que una chispa podía llegar a provocar la explosión, pero no se sabía cuándo y qué la provocaría. Lo que sí se sabía, era que se produciría.

Un primer gran crash bursátil se produjo en diciembre de 2018 en Wall Street. Bajo la presión de un grupo de los grandes bancos privados y del gobierno de Donald Trump, la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos comenzó nuevamente a bajar sus tipos de interés. Y, por consiguiente, volvió a comenzar, con sumo brío, el frenesí del aumento de los valores bursátiles, y las grandes empresas continuaron con la recompra de sus propias acciones en la bolsa para amplificar el fenómeno http://www.cadtm.org/Para-afrontar-esta-crisis-multidimensional-hay-que-expropiar-a-los-banqueros-y . Así que estas grandes empresas privadas aumentaron su endeudamiento y los grandes fondos de inversión incrementaron la compra de empresas de todo tipo, incluso industriales, recurriendo también al endeudamiento.

Y luego, de nuevo en Wall Street, entre septiembre y diciembre de 2019, hubo una gran crisis de escases de liquidez. La Reserva Federal intervino, de nuevo y masivamente, inyectando en total cientos de miles de millones de dólares para tratar de evitar el desplome de los mercados https://www.cadtm.org/Panico-en-la-Reserva-Federal-y-retorno-del-Credit-Crunch-sobre-un-mar-de-deudas + https://www.cadtm.org/Hablemos-de-nuevo-del-panico-que-sufrio-la-Reserva-Federal-de-los-EEUU-FED-en. El Banco Central Europeo (BCE) y los otros grandes bancos centrales (Reino Unido, Japón, China…) aplicaron, más o menos, el mismo tipo de política y tienen una gran responsabilidad en la acumulación de materias inflamables en la esfera financiera http://www.cadtm.org/La-crisis-economica-y-los-bancos-centrales.

Por supuesto, la amplitud del retroceso de la producción, desde marzo de 2020 y continúa. Será enorme y no tendrá precedentes en ninguna de las crisis de los últimos setenta años. De todas maneras, la crisis del sector productivo había comenzado ya en 2019, a gran escala, particularmente, en el sector automotor, ya que se había producido una caída enorme de ventas en China, en India, en Alemania, en el Reino Unido y en muchos otros países. También hubo superproducción en el sector de la fabricación de equipamientos y de máquinas herramientas en Alemania, uno de los tres principales productores mundiales en esta rama. Una de las causas fue la fuerte reducción del crecimiento industrial chino que tuvo graves consecuencias para los países que exportaban a China equipamientos, automóviles y materias primas. Durante el segundo trimestre de 2019, se declaró una recesión en el sector de la producción industrial en Alemania, en Italia, en Japón, en Sudáfrica, en Argentina… y en varios sectores industriales en Estados Unidos.

La pandemia del coronavirus constituye el detonador. Aunque también podrían haber sido detonadores algunos acontecimientos graves de otra naturaleza. Por ejemplo, una guerra declarada y caliente entre Washington e Irán, o una intervención directa de Estados Unidos en Venezuela. Y la crisis bursátil generada se habrá atribuido a cualquiera de estos acontecimientos. Pero, igualmente, yo hubiera afirmado que esa guerra, cuyas consecuencias serían muy graves, sin discusión posible, habría constituido la chispa y no la causa profunda. Aunque, es evidente que hay una relación innegable entre los dos fenómenos (la crisis bursátil y la pandemia del corona virus), eso no significa, sin embargo, que no sea necesario denunciar las explicaciones simplistas y manipuladoras, que adjudican toda la culpa al coronavirus.

¿Qué nos muestra la crisis del corona virus sobre la Unión Europea, su funcionamiento y la relación entre los Estados miembros?

La Unión Europea y sus instituciones están al descubierto frente a la pandemia del coronavirus: el presidente del Consejo Europeo no tiene ni siquiera un equipo de diez médicos para enviar a Lombardía o a España. Por el contrario, la UE gasta 420 millones de euros para la Frontex, su superequipada policía de frontera. La UE no tiene ni hospitales de campaña, ni reservas de respiradores ni de mascarillas para poder ayudar a un país miembro. Pero está equipada de drones europeos para espiar los movimientos de personas en peligro que tratan de obtener el derecho de asilo. Y esas personas, todos los años, mueren por millares en el Mediterráneo. Felizmente, Cuba acaba de enviar 50 médicos internacionalistas para ayudar a la población de Italia. Hay que luchar para hacer revivir el internacionalismo entre los pueblos.

¿Sigues, en particular, la situación en el «tercer mundo»? ¿Cuáles son las zonas que serán más duramente afectadas? ¿Los países petroleros…? ¿Y los países endeudados?

Todos los pueblos del «Sur Global» [1] están amenazados por esta crisis multidimensional del sistema capitalista mundial. La pandemia del coronavirus constituye un gravísimo problema de salud pública y la difusión del virus provoca enormes sufrimientos humanos. Esta pandemia esta por alcanzar masivamente a los países del «Sur Global», cuyos sistemas de salud pública, ya débiles o muy frágiles, estuvieron terriblemente maltratados durante 40 años de políticas neoliberales. Por consiguiente, la tasa de mortalidad será muy elevada. Utilizando el pretexto de la necesaria austeridad presupuestaria para reembolsar la deuda pública, los gobiernos y las grandes instituciones multilaterales como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) generalizaron políticas que deterioraron los sistemas de salud pública http://www.cadtm.org/Combatir-el-coronavirus-La-urgente-necesidad-de-invertir-en-salud-publica. Los países del «Sud Global» se enfrentan, en estos momentos a una nueva crisis de la deuda, sus ingresos por exportaciones bajan ya que el precio de las materias primas se hunde, mientras que las sumas que se deben pagar por las deudas son enormes. Si estos países quieren afrontar la pandemia del Covid-19, deben suspender el pago de la deuda pública y utilizar ese dinero en la salud pública.

¿Qué habrá que hacer?

Es necesario luchar para que se ponga en marcha un vasto programa anticapitalista que incluya una serie de medidas fundamentales: la suspensión del pago de la deuda pública seguida de la anulación de todas las deudas ilegítimas ya sean privadas o públicas; la expropiación sin indemnización de los grandes accionistas de los bancos con el fin de crear un verdadero servicio público de ahorro, de crédito y de seguros bajo control ciudadano; el cierre de las bolsas; la creación de un verdadero servicio nacional de salud pública; la expropiación de las empresas farmacéuticas y de los laboratorios privados de investigación y de su transferencia al sector público bajo control ciudadano; la expropiación sin indemnización de las empresas del sector de la energía (para poder realizar de manera planificada la lucha contra la crisis ecológica) y muchas otras medidas radicales y fundamentales, entre las cuales las medidas de urgencia para mejorar de inmediato las condiciones de vida de la mayoría de la población. Hay que abrogar los tratados de libre comercio y relocalizar al máximo la producción, privilegiando de esa manera los circuitos cortos.

La respuesta necesaria a la pandemia del coronavirus debe ser la ocasión para avanzar hacia una auténtica revolución que modifique radicalmente la sociedad, en su modo de vida, su modo de propiedad y su modo de producción. Esta revolución podrá suceder solamente si las víctimas del sistema entran en autoactividad y se autoorganizan, para poder desalojar al 1 % de la población y a sus lacayos de los centros de poder y así crear una verdadera democracia. Una revolución ecologista y socialista, autogestionaria y feminista es necesaria.


Texto original en francés: https://npa2009.org/actualite/economie/la-pandemie-du-coronavirus-sinscrit-dans-une-crise-multidimensionnelle-du

Por Henri Wilno | 02/04/2020

Traducción: Griselda Piñero

 

Notas

[1] La expresión «Sud Global» es utilizada cada vez con mayor frecuencia para designar lo que se calificaba comúnmente como «Tercer mundo» o «países en vías de desarrollo»: o sea un los países que comparten «un conjunto de vulnerabilidades y desafíos. (NDLR).

Eric Toussaint  es doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM Internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia. Es autor de diversos libros, entre ellos: Sistema Deuda. Historia de las deudas soberanas y su repudio, Icaria Editorial, Barcelona 2018; Bancocracia Icaria Editorial, Barcelona 2015; Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria, 2010; La Deuda o la Vida (escrito junto con Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo Topo, Barcelona, 2010; La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002. Es coautor junto con Damien Millet del libro AAA, Audit, Annulation, Autre politique, Le Seuil, París, 2012.Coordinó los trabajos de la Comisión de la Verdad Sobre la Deuda, creada por la presidente del Parlamento griego. Esta comisión funcionó, con el auspicio del Parlamento, entre abril y octubre de 2015. El nuevo presidente del Parlamento griego anunció su disolución el 12 de noviembre de 2015. A pesar de ello, la comisión prosiguió sus trabajos y se constituyó legalmente como una asociación sin afán de lucro.

Fuente: https://www.cadtm.org/La-pandemia-del-coronavirus-se-enmarca-en-una-crisis-multidimensional-del

Publicado enEconomía
El secretario general de la ONU afirmó que el coronavirus es la crisis global “más difícil” desde la Segunda Guerra Mundial

Para António Guterres la respuesta a la crisis generada por la pandemia "demanda una acción política decisiva, inclusiva e innovadora por parte de las economías más fuertes del mundo, y el máximo apoyo financiero y técnico para las personas y los países más vulnerables” .

 

El secretario general de la ONU, António Guterres, afirmó este martes que el coronavirus es la crisis “más difícil” a la que se enfrenta el mundo desde la Segunda Guerra Mundial, al tiempo que lanzó un plan para contrarrestar los impactos socieconómicos de la pandemia.

“Por un lado, es una enfermedad que representa una amenaza para todos en el mundo y, por otro, tiene un impacto económico que traerá una recesión sin paralelos probablemente en el pasado reciente”, señaló Guterres durante una rueda de prensa virtual de Naciones Unidas.

Así, “la combinación de los dos hechos y el riesgo de que contribuya a una mayor inestabilidad, a un mayor descontento y a un mayor conflicto son cosas que nos hacen creer que esta es, en efecto, la crisis más difícil a la que nos hemos enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial”, remarcó.

Guterres que, a su juicio, la crisis del Covid-19 “necesita una respuesta más fuerte y eficaz que sólo es posible en la solidaridad, si todos se unen y nos olvidamos de los juegos políticos y comprendemos que es la humanidad la que está en juego”.

Asimismo, el secretario general de la ONU, insistió en que la respuesta al coronavirus ha de ser “decisiva, innovadora y conjunta”, además de “a gran escala, coordinada e integral”. Y dijo que es necesario mostrar “solidaridad” con las comunidades y los países “más vulnerables” ante el avance del Covid-19.

“Esta crisis humana demanda una acción política decisiva, inclusiva e innovadora por parte de las economías más fuertes del mundo, y el máximo apoyo financiero y técnico para las personas y los países más vulnerables”, señaló.

En cuanto al documento lanzado por Naciones Unidas, describe la velocidad y la escalada de la propagación del coronavirus, la severidad de los casos y la interrupción económica y social que la pandemia trae aparejada.

En este contexto, Guterres se refirió a la respuesta sanitaria al Covid-19 y pidió una respuesta “coordinada” para suprimir la transmisión y poner fin a la pandemia.

La respuesta tiene que “aumentar la capacidad sanitaria para realizar pruebas, vigilancia, cuarentena y tratamiento, a la vez que mantiene a los trabajadores seguros, combinado con medidas para restringir el movimiento y el contacto”.

Guterres recordó que la enfermedad “se propaga como un incendio forestal en el sur con millones de muertes”, al tiempo que se refirió a la posibilidad de que “la enfermedad reaparezca donde se suprimió anteriormente”. “Recordemos que sólo somos tan fuertes como el sistema de salud más débil en nuestro mundo interconectado”, destacó.

En cuanto a las personas más vulnerables ante el avance del Covid-19, Guterres instó a centrarse en ellos mediante el diseño de políticas que, entre otros asuntos, apoyen la provisión de seguros de salud y desempleo, además de las protecciones sociales, al tiempo que se fortalece a las empresas para evitar quiebras y pérdidas de empleo.

Según el secretario general de la ONU, el alivio de la deuda también deber ser una “prioridad”, remarcando que el organismo ha establecido un nuevo Fondo Fiduciario de socios múltiples para la Respuesta y Recuperación del Covid-19 con el objetivo de responder a la emergencia y recuperarse del choque económico.

“Cuando superemos esta crisis, lo cual haremos, enfrentaremos otra opción”, ha indicado Guterres. “Podemos volver al mundo como era antes o enfrentar de manera decisiva aquellos problemas que nos hacen innecesariamente vulnerables a las crisis”, dijo

1 de abril de 2020

Con información de Europa Press

Publicado enInternacional
Colombia, Bogotá. Otra cuarentena es posible

“Y tendremos que hacer lo que toque –LO QUE TOQUE– para no llegar a tener 10.000 muertos como en España”, afirmó con su agrio estilo y sin reparar en las particularidades que así lo han hecho posible Claudia López, alcaldesa de Bogota, en entrevista con Yamid Amat la noche del 30 de marzo, entrevista en la cual anunció, adelantándose y condicionando al gobierno nacional, que lo más probable es que la cuarentena se prolongue por 3 meses más, es decir hasta finales de junio, ampliación del encierro que debe hacerse, según dijo, porque no existe vacuna para enfrentar el virus. Faltó al periodista preguntar, en tres meses tampoco habrá vacuna, por tanto, ¿por qué no prolongar el confinamiento hasta el momento que los laboratorios logren producir una?

Una proyección de confinamiento con consecuencias nefastas para los excluidos de la ciudad, que en realidad son quienes más salen afectados de no poder rebuscarse. La clase media, con contratos fijos, y los ricos, favorecidos del trabajo de miles, no tienen porque preocuparse.

Un escenario prolongado de cuarentena que no repara en otras posibilidades que realmente existen para enfrentar el Covid-19, y que sin embargo –de manera sorprendente, ¿o incomprensible?– no consideran quienes están al frente del gobierno, en este caso Distrital, pero también los departamentales, municipales y el gobierno central. Sin miramiento alguno, unos y otros, todas y todos sin excepción, optan por lo que es conocido como “políticamente correcto”, es decir, no arriesgar, hacer aquello con lo que uno siempre gana, bien sea cara bien sea sello. Y en este caso, con lo que salvan responsabilidades.

El mandato de la OMS

La decisión del confinamiento aceptado por diversidad de gobiernos a nivel mundial es la consecuencia de un modelo aplicado por la OMS, para quien labora el profesor Neil Ferguson de la Imperial College de Londres, quien proyectó el modelo de las curvas que la OMS tomó como referencia para calcular el crecimiento exponencial del Cov-19, modelo no cuestionado e impuso a nivel mundial.

Pero el modelo puede estar errado, como lo afirma el virólogo Pablo  Goldschmidt en entrevista con el portal Infobae:Yo desde el principio empecé a analizar esto (el modelo de curvas de Ferguson) y vi que había algo raro. A mí eso no me cerraba. Anteanoche, este señor Ferguson dijo que la proyección que hicieron debía ser masivamente disminuida –tal la palabra que usó en inglés– con respecto a las cifras de muertes”.

-¿Qué significa eso? Le preguntó el periodista Hugo Martin a Pablo Goldschmidt

“Que, por ejemplo, para los Estados Unidos él proyectó con su modelo –que todo el mundo está utilizando en este momento sin siquiera cuestionarlo–, 2.200.000 fallecimientos; y 500 mil en el Reino Unido si no se tomaban las medidas de achatar la curva y todo lo que significaba eso. Ahora dice que no, que las predicciones no parecen ser exactas. Lo mismo que sucedió con el H1N1. Predijeron muchísimas menos muertes ahora, siempre que se mantengan las medidas de cierre como las que tomaron los gobiernos. Las estimaciones son mucho más bajas, respondió el virólogo que tiene el libro “La gente y los microbios”, donde explica la psicosis que generaron la gripe H1N1 y el SARS”.

En ese sentido, si la curva de pronóstico y el modelo dominante de la curva que impuso la OMS, y que todos los gobiernos copiaron sin cuestionar, está mal diseñada, eso puede ofrecer otros escenarios que no pasen por una cuarentena obligatoria para cientos de millones en todo el mundo, para 50 millones en Colombia y para casi 8 millones de habitantes en Bogotá. Pero ningún político correrá el riesgo –pondrá su cabeza– de probar si la OMS está equivocada, como ya anotamos, ellos/ellas siempre actúan según lo políticamente correcto.

Un escenario, otro, que para el caso de Bogotá no es riesgoso correr, toda vez que, como lo confirmó la alcaldesa en la entrevista aludida, en Bogotá los casos positivos de Covid 19, ascienden a 350, los hospitalizados 37, y en Unidad de Cuidado Intensivo (UCI) 17. Para agregar, además, que el Distrito tendrá a su disposición 250.000 pruebas para coronavirus. Es decir, es posible extender un buen paquete de pruebas para identificar y aislar posibles afectados –activos o pasivos– y así controlar el contagio masivo.

Otro escenario posible

Pero además de esta opción, o complementándola si así se quiere, existe otro escenario por desplegar. Como es conocido el Distrito realiza informes diarios desde el Puesto de Mando Unificado (PMU) y del Centro de Operaciones de Emergencias (COE) sobre las cifras del Covid-19 en Bogotá. De los 350 casos positivos confirmados por la alcaldesa, digamos que cada una de esas personas tuvo contacto con otras 50; bien, si multiplicamos tales cantidades tenemos 17.500 personas sospechosas de infección. Como está dicho, existen pruebas suficientes para verificar si es así. Pero incluso sin pruebas también puede procederse, veamos: Un censo bajo las bases de datos que manejen el PMU y el COE podrían encontrar esas personas y realizarles un aislamiento con todas las seguridades sanitarias y protocolos que conlleven.

Como cualquiera puede concluir, es más sencillo confinar, en condiciones dignas, un aproximado de 17.500 personas que a 8 millones. El método también podría ampliarse a nivel nacional –por departamento y municipio–, porque hasta el 31 de marzo la cifra de contagiados ronda los 906, que multiplicados por 50 daría 45.300 personas, mucho más sencillo de controlar y proteger, con un peso mucho menor en lo social y económico, que lo desprendido de confinar a los cerca de 50 millones que somos.

Las 250.000 pruebas de coronavirus que tendrá el Distrito de Bogotá alcanzan, en estas condiciones, para aplicarlas a la población infectada o sospechosa de estarlo a nivel nacional, y sobrarían pruebas. Se actuaría así aplicando el celebrado método coreano.

Algo plausible y que reconfirma el temor que ronda en la alcaldía de Bogotá, es que para el próximo domingo estarán dispuestas en Corferías 1.200 camas, y con una capacidad de instalación de 5.000 camas. Además ya hay hoteles, como el Radisson, que ofreció sus instalaciones para contener la pandemia. También, agregó Claudia López, en 3 meses Bogotá pasará de 1.000 a 4.000 UCI.

No valerse del miedo para enfrentar la crisis

Otros escenarios frente a las medidas de la pandemia son posibles, y el Gobierno tiene los medios para hacerlos realidad, pero en tanto sigan empeñados en seguir el libreto internacional y de la OMS no se logrará nada.

Apegados a ese libreto ahora por los barrios de Bogotá rondan carros del ejército perifoneando llamados a la disciplina y al temor, así como realzando a las Fuerzas Armadas. Como en otros países, un problema de salud, que se soluciona con medidas sociales y económicas, manejado como un asunto militar. ¿Qué pretenden? ¿Hacia dónde enrumban nuestras sociedades? ¿Qué permitirá el silencio social potenciado por el miedo, el dolor y el temor a la muerte?

En el episodio 6 de su serie “Demonios” que transmite desdeabajo cada día a partir de las 6 pm Raúl Zibechi atinó a decir: “mientras el capitalismo encuentre la manera de seguir funcionando con las personas aisladas, es un negocio redondo”.

Y es a lo que apunta el gobierno nacional, seguir ahondando en el control social excusándose en la propagación masiva del virus. La alcaldesa lo vaticinó, 3 meses más de cuarentena. ¿Qué va a pasar con las miles de microempresas que no hacen parte de las excepciones y no podrán pagar arriendos y los sueldos de sus empleados durante esos meses? ¿Es posible que una familia de estrato 0-1-2 goce de vida digna con una ayuda económica entre 160.000 a 422.000 pesos, como lo anunció la alcaldesa y que implementarán a través del programa “Bogotá Solidaridad en Casa”?

Todo parece indicar que tanto la alcaldesa como el gobierno nacional asumen el tema de los derechos humanos, que está detrás de esta crisis, y la garantía de vida digna de millones de personas, como si se tratará de caridad, ese concepto de sumisión y sometimiento que tanto daño ha producido entre millones en todo el mundo.

Olvidan las cabezas de lo nacional y de municipios y el mismo Distrito, que estamos ante un derecho fundamental de los millones que somos en Colombia: aquí no están ayudando, ni entregando unas migajas para que la gente sobreviva, no, cada uno de quienes están en el gobierno tienen bajo su responsabilidad lo que es de todas y de todos, y simplememente lo administran y garantizan que llegue a los millones que somos. Una renta mínima temporal, como la proponen los economistas Luis Jorge Garay y Jorge Enrique Espitia en el programa de televisión “Demonios” No. 9, proyectado por desdeabajo el pasado 28 de marzo, es totalmente viable.

Hay que tomar en cuenta que, según estos economistas, a pesar de todas las bases de datos con que cuenta el gobierno nacional, de aplicarse una política de subsidios reducida a las mismas, un mínimo de  1,5 millones de connacionales quedarían sin recibir los dineros que dice el gobierno entregará.

En igual sentido desdeabajo propone medidas por tomar, como:

-Desplegar una línea de crédito con un año de gracia, y para el segundo con un 0,5 de interés mensual, para apalancar a pequeños empresarios y comerciantes.

-Un plan urgente de entrega mensual, de un salario mínimo por familia, y mínimo por 6 meses, para garantizar su manutención, es indispensable. Estos recursos se pueden conseguir en acción conjunta del gobierno central con los presupuestos municipales y distritales. Una emisión extraordinaria por parte del Banco de la República, en caso de ser indispensable, puede ser la solución para el permanente lamento del gobierno nacional.

Otro escenario a la pandemia es posible.

 

Ver artículo entrevista al virólogo Pablo Goldschmidt:

https://www.desdeabajo.info/mundo/item/39248-para-un-prestigioso-cientifico-argentino-el-coronavirus-no-merece-que-el-planeta-este-en-un-estado-de-parate-total.html

Ver artículo Covid 19, oportunidad popular, sin dilaciones, un país para todos y todas:
https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39150-covid-19-oportunidad-popular-sin-dilaciones-un-pais-para-todos-y-todas.html

 

Ver artículo Liderazgo social alternativo para enfrentar al pandemia, y más allá de ella

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39199-liderazgo-social-alternativo-para-enfrentar-la-pandemia-y-mas-alla-de-ella.html

Ver artículo Covid 19, oportunidad popular. Construyamos un país para los 50 millones que somos:

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39098-covid-19-oportunidad-popular-construyamos-un-pais-para-los-50-millones-que-somos.html

Publicado enColombia
Pablo Goldschmidt, reconocido virólogo.

Pablo Goldschmidt, un reconocido virólogo, habló con Infobae desde Mónaco -donde vive y transcurre su cuarentena francesa- y lanzó polémicas definiciones sobre el número de casos y la idoneidad de la OMS, la oscura razón de tantos muertos en Lombardía, Italia, y culpó por los decesos, más que al virus, a los deficientes sistemas de salud

 

Como alguien que nada contra la corriente, el doctor Paul Goldschmidt (nacido en nuestro país hace 65 años -los cumplió hace dos días-, que vive hace 40 en Francia), lleva desde hace años una lucha contra el pánico a los virus. Su libro “La gente y los microbios”, donde explica la psicosis que generaron la gripe H1N1 y el SARS, así lo atestigua.

Ahora, este virólogo jubilado del Ministerio de Salud de Francia, que pasa sus días en su departamento de Mónaco, la emprende contra los cálculos que la Organización Mundial de la Salud hizo sobre los alcances del coronavirus COVID-19, que ya contagió a 595953 personas y mató a 27333 (690 y 17 respectivamente en la Argentina) aunque Goldschmidt lo relativizará.

“Estamos todos encerrados. Hay drones en Niza que le hacen multas a la gente desde el aire. Mire donde llegó este control. Hay que leer a Hannah Arendt, mirar cómo fueron los orígenes del totalitarismo. Cuando alguien le mete miedo al pueblo, hace lo que quiere con él…”, sostiene. Y si se le hace notar que por su edad está en el grupo de riesgo, lo asumirá: “Pero claro… todos estamos en riesgo. Pero hay gente de 80 que está fantástica".

-¿Por qué sostiene que hay una paranoia injustificada con el coronavirus?

-Mire, este tipo de enfermedades no merecen que el planeta esté en un estado de parate total, salvo que haya predicciones que sean realistas.

-¿Y no las hay?

-En el Imperial College de Londres, que tiene un servicio muy bueno de epidemiología y de predicciones matemáticas, hay un profesor, (Neil) Ferguson, que hizo el modelo de las curvas que se achatan, o no, en epidemiología. Y que fue tomado para todas las decisiones políticas gubernamentales por consejo de la Organización Mundial de la Salud, sin discutir ni poner en tela de juicio las ecuaciones. Yo desde el principio empecé a analizar esto y vi que había algo raro. A mi eso no me cerraba. Anteanoche, este señor Ferguson dijo que la proyección que hicieron debía ser masivamente disminuida -tal la palabra que usó en inglés- con respecto a las cifras de muertes.

-¿Que significa?

-Que, por ejemplo, para los Estados Unidos él proyectó con su modelo -que todo el mundo está utilizando en este momento sin siquiera cuestionarlo-, 2.200.000 fallecimientos; y 500 mil en el Reino Unido si no se tomaban las medidas de achatar la curva y todo lo que significaba eso. Ahora dice que no, que las predicciones no parecen ser exactas. Lo mismo que sucedió con el H1N1. Predijeron muchísimas menos muertes ahora, siempre que se mantengan las medidas de cierre como las que tomaron los gobiernos. Las estimaciones son mucho más bajas.

-Pero por el bloqueo...

-Dice que el bloqueo las va a mantener. Pero el bloqueo para achatar la curva se hizo en función de los primeros cálculos, que daban un coeficiente de transmisibilidad y mortalidad mayor. Pero ahora dice que ya no es como le daba antes, que está en el orden del 3 o 2,5, dentro de los valores de la gripe. Y dijo el miércoles que, por las estimaciones que revisó y las medidas de cierre adoptadas por el gobierno británico, los hospitales van a atender a la gente infectada y morirán más o menos 20 mil personas por el virus... o por la excitación que van a provocar otras dolencias asociadas al virus.

-¿Qué tipo de dolencias?

-Infartos, accidentes cerebro vasculares… Porque usted va al hospital y si muere por un infarto, dirán que murió por el virus. El problema es que ahora se mezcla todo. Una persona que llegue por una tentativa de suicidio y que se tomó un remedio por estar resfriada, murió por el virus. Alguien con un ACV mal manejado, si está resfriado, murió por el virus, no por el accidente cerebro vascular. El dice que hay que corregir la cifras porque solo se está considerando eso. Por supuesto, en Oxford hay otro epidemiólogo que dice estar sorprendido porque se haya aceptado de manera tan incondicional por parte de las organizaciones internacionales el modelo de Imperial College. Ellos están haciendo otro tipo de modelo predictivo y dicen que este virus se ha propagado de una manera invisible y descontrolada por lo menos un mes antes de lo que cualquiera hubiera sospechado, y si se empieza a hacer test a la población probablemente la mitad haya sido infectada, y que entonces la mortalidad es mucho más baja y el riesgo también. Si eso es verdad, uno de cada mil infectados sería el que enferme y necesitaría hospitalización, porque el 86 por ciento no tiene síntomas serios. Esto apareció ayer en Inglaterra.

-¿Qué cambia esto para el sistema sanitario?

-De cada 100 personas que van a consultar, 86 por ciento padecen síndrome gripal. El médico, en ese caso, le va a hacer un análisis de sangre y le pedirá cuatro parámetros, que el laboratorio le puede hacer en media hora o una hora. Ahí se puede saber si la persona tiene o no una infección viral. No le va a decir si tiene coronavirus. Tiene un virus. Influenza, adeno, cualquier otro. Pero se necesitan laboratorios que puedan hacer dímeros, proteínas C reactivas, recuento globular… Si los dímeros positivos dan altos, alguna lastimadura tendrá en el pulmón. Y se hacen enzimas hepáticas y se pide un ionograma para ver como esta el potasio. Si dan, la persona tiene un virus, sea corona o no. Si esas cosas no están alteradas, lo mandan a la casa y le dan tratamiento de gripe. ¿Entiende? Hasta aquí no hace falta pánico, y hablamos del 85 por ciento de la gente. Pasó en Corea, China, y en todo el mundo.

-¿Qué sucede con el 15 por ciento que sí da infección viral?

-Puede ser grave. La única manera de saberlo es hacer un test PCR, que no es accesible en todas las ciudades, provincias o laboratorios. El costo de cada test es de 30 o 40 dólares y se necesita personal muy bien formado y materiales. Yo justamente estuve en la Argentina en diciembre, y dí una charla sobre cómo desarrollar test de biología molecular casero y que no sea caro. Pero para desarrollarlos hay que esperar por lo menos dos meses. Hay que comprar los de Corea, porque los chinos en este momento tienen un problema bastante serio, mucha gente no los quiere comprar más. Pero inclusive comprando el mejor test de Corea hay un 20 por ciento de falsos negativos.

-¿Y si el resultado es coronavirus COVID-19?

-Si tiene una infección viral, y dice tengo fiebre (más de 38,5 durante dos días), estoy cansado, tosiendo, siento que me falta el aire y además, por una razón muy rara, pierde el gusto y el olfato, la única salida es una resonancia o una tomografía de pulmón. No hay otra. Una radiografía no siempre da buenos resultados. Si el radiólogo dice que hay infección compatible con neumonía por coronavirus, esa persona tiene que ser internada en terapia intensiva, pero eso es para un máximo del cinco por ciento de las personas. Ahora, si no tiene resonadores o tomógrafos, ¿qué hace? No se sabe, y ahí empiezan los problemas.

-¿No hay solución en ese caso?

-Lo que hacen los coreanos, y ahora los franceses se atribuyen la paternidad, es dar un antibiótico, como puede ser la amoxicilina con clavulánico y la hidroxicloroquina.

-¿Sirve la hidroxicloroquina?

-Es lo único que se puede dar ahora. No hay pruebas contundentes, pero es mejor que nada. Se trata como una neumonía. La diferencia con la neumonía clásica es que, esta vez, se le agrega la hidroxicloroquina, pero solamente si el médico le hace un electrocardiograma y mide el potasio del paciente. Porque cambia la conductividad cardíaca, y al cabo de tres pastillas los electrocardiogramas traen sorpresas. No se le puede dar a cualquier persona. Por eso en Francia hubo una negociación entre Salud Pública y el profesor de Marsella que tomó los procedimientos de Corea (Didier Raoult) y dijeron que eran para todo el mundo… pero no. Es para quienes tienen un médico que los sigue, porque si tienen un trastorno del ritmo cardíaco, si baja el potasio, puede ser peor el remedio que la enfermedad. Pero en definitiva, estamos hablando de que a esa gente hay que internarla. Y acá viene la gran pregunta.

-¿Cuál es?

-Que tiene que estar en un servicio de terapia intensiva con gente formada. ¿Hay gente formada en todos los países y ciudades para terapia intensiva? ¿Hay suficiente gente que sepa meter un laringoscopio para intubar a los pacientes? ¿Hay enfermeros y médicos a quienes el Estado se hizo responsables de formarlos para hacer frente a eso? La respuesta es “no”. Y tampoco hay suficientes máquinas. En Alemania hay seis veces más respiradores que en Italia. Y diez veces menos muertos por la misma patología. En Europa hay 80 mil camas de terapia con personal formado, un promedio de 12 cada 100 mil habitantes; en los Estados Unidos hay 28 cada 100 mil; en Alemania, 29; en Portugal, 4,2; en España, 10,3, pero el problema es que allí el 78 por ciento de quienes atienden esas camas está entrenado para terapia médico quirúrgica y unidad coronaria, gente que sabe manejar infartos y acv, pero el Estado no formó neumonólogos para hacerse cargo de este tipo de crisis. Entonces, ¿hasta dónde es solamente el virus responsable?

-¿E Italia, el país donde dicen que se hizo todo mal?

-El problema de Italia e mucho más serio y necesita un análisis aparte. Allí la mortalidad es muy alta, y la gente está cantando el himno, pero no sabe que desde hace 25 años cierran camas y no crean cargos de médicos. Y mucho menos, médicos de terapia intensiva que trabajen en los hospitales. Lo que esto habla es que no es sólo el virus. Hay 75 mil personas diagnosticadas y 7400 muertos, el 9 por ciento de muertos. Algo significa.

-¿Cómo ve al sistema de salud argentino?

-No lo podría decir. El sistema argentino es complicado. Hay hospitales estatales, privados, municipales, de sindicatos. Cuando estuve el año pasado, en el Hospital Fernández todo funcionaba, pero al Clínicas no puede ir porque no andaba el ascensor. Y en cuanto a los profesionales, no se en este momento cómo está la neumonología. Hay buenas individualidades, gente brillante, pero en lo general, no se.

-Usted dice que no hay que tener paranoia, y está bien. Pero si en China tuvieron que crear hospitales de la nada, esto es distinto a una gripe común, algo pasa...

-Mire. Cualquier persona que tose va a terapia intensiva. El año pasado, en los Estados Unidos hubo 460 mil personas con neumonía, en terapia. Este año no se si va a haber 100 mil. La cosa no es así. La gente corre al hospital por cualquier cosa. Y los enfermeros y médicos no fueron formados, porque hasta hace tres meses no importaba. A los pacientes les ponen máscaras de oxígeno, y sobre 100 ancianos, en un geriátrico del sur de Roma murieron 11 en una mañana. ¿Los mató el virus? Quizás estaban con el corona. Pero, ¿qué hubiera pasado si los atendían correctamente? ¡No tenían ni procedimientos! En China, al principio la mortalidad era del 9 por ciento, y ahora están en el uno. En Italia están en el 9, pero está bajando porque están aprendiendo a trabajar. Que están aprendiendo significa que no los formaron, que no había infraestructura. Está el sentido patriótico, la gente sale a la ventana, pero los médicos no son héroes, son trabajadores que va a poner el lomo pero no están formados. Los ponen frente a situaciones dramáticas, y muchos no saben lo que deben hacer. Los procedimientos no estaban escritos. Recién ahora la cosa se sabe. Por eso yo pregunto ¿es el virus sólo el responsable de estas muertes? Dicen que se acumulan los cadáveres, pero en España, ayer, mostraron que el año pasado hubo la misma cantidad de muertos.

-¿Pero muertos por qué causa?

-Por infartos o neumonías. Ahora resultan todos por COVID-19. Pero el año pasado no se ponían a sacarles muestras nasales a todos los muertos.

-¿Usted quiere decir que lo que llaman muertes por COVID-19 no son por esa causa?

-Por ahí son por COVID-19, pero por ahí había también el año pasado por otros virus respiratorios. Seguro que hubo, porque la influenza mató a muchísima gente en España e Italia. Pero morían de neumonía, sin ponerles etiquetas. Ahora bien. Ya analizamos la falta de respiradores, de formación, personal, médicos y enfermeras, que en Italia gritan todos los días porque no abren cargos en hospitales públicos. Prácticamente no había servicios de terapia en las ciudades chicas. Hasta ahí uno razona, pero empujando el razonamiento al máximo, yo me pongo a mirar las causas de muerte en Lombardía, donde murió más gente. Y lo que le voy a comentar no lo publicó nadie.

-¿Qué vió?

-En Italia, en Lombardía, es donde más mueren por mesotelioma. Todas las fábricas de fibrocemento que usaban amianto estaban ahí. Hasta 1992, que lo prohibieron, estaba en techos y aislante de fábricas. Las paredes tenían amianto, que larga cristalcitos que llegan al pulmón, que luego puede cicatrizar, o no. El mesotelioma es el cáncer de pulmón producido por asbestosis o amianto. En las autopsias que se hicieron en Lombardía en los últimos diez años, el 85 por ciento eran por exposición laboral. Tumores malignos con localización pulmonar y peritoneal. Y hasta el 92 nadie prohibió el uso. Lombardía tiene diez millones de habitantes, es el lugar que tiene más empleados en la industria del amianto, el lugar del mundo con más asbestosis. Pero además, el amianto se pega a la ropa, a las fibras. La ropa de alta costura del norte de Italia las hacen señoras costureras. Puede creer que entre el 2000 y el 2012 hubo 4442 mesoteliomas malignos (2850 en hombres y 1592 en mujeres), cáncer de pulmón invasivo por exposición al amianto. Y crece más. Este año hubo 3,6 por ciento más que en años anteriores en hombres y 3,3 en mujeres mayores de 65 años. Y hasta el 2030 habrá 20 mil más.

-¿Qué relación existe con el coronavirus?

-Que en esa región, castigada por falta de medios, el cierre de camas, falta de aparatos de respiración, se encuentra la gente mayor, con pulmones con cáncer o lastimaduras crónicas, que hace que una infección viral se transforme en una infección mortal. Un pulmón agredido por una fibra mineral, tendrá una reacción distinta a un pulmón sano. Y no es casualidad que muera más gente donde están las fábricas de amianto.

-Pero el COVID-19 mata más que la gripe común...

-Todas las infecciones virales pueden ser mortales. La diferencia es que con esta se armó pánico y con las otras no. El año pasado murió mucha gente de gripe y nadie cerró el planeta. Entonces, ¿qué pasa ahora?

-Se lo pregunto a usted, ¿qué pasa?

-No se…

-Pero qué percibe, ¿una conspiración?

-No, eso se detecta enseguida. El año pasado hubo 36 millones de personas con gripe en los Estados Unidos. Fueron internadas 370 mil y 22 mil se murieron. ¿Queda claro? Y nadie cerró ningún aeropuerto. En Francia hay 33 mil casos, pero cuando murieron 23 mil viejitos en los geriátricos por una ola de calor el país tampoco se cerró. Hay algo muy raro aquí.

-Por eso insisto, ¿qué ve usted?

-Un error grave de los peritos de la OMS, lo que denuncié desde un principio. ¿Sabe qué quiere decir pandemia? No significa enfermedad grave o severa. Quiere decir que muchos países tienen una enfermedad. ¡Todos los años hay pandemia de resfrío, y nadie cierra nada! ¿No hay que relativizar todo esto?

-Pero el COVID-19 es muy contagioso, doctor…

-Sí, como el resfrío, que es como muere la gente en los geriátricos. Antes no los contaban, ahora si. Hubo más de medio millón de casos de neumonía en el mundo el año pasado. Hay un millón de personas que se pueden agarrar meningitis en África, y se transmite por la saliva, y los aviones van y vienen. Y a nadie le importa nada. Hay 135 mil personas que van a andar con tuberculosis en América Latina, y nadie hace escándalo. A mi, cuando algo hace mucho ruido como con el corona… Se está teatralizando mucho. Desde el primer día dije que las cuentas no daban, como cuando apareció la gripe H1N1.

-¿Y qué haría usted?

-No soy una autoridad para decir que haría, pero veo que falta formación y materiales. Entonces, primero, formaría al personal para lo que viene. En tres semanas, cuando vean las señas de la enfermedad, ellos van a ser los que inciten las nuevas medidas. Mire lo que pasa en Alemania. La mortalidad es diez veces más baja porque hay especialistas en neumonología y terapia intensiva pulmonar. Bueno, hagamos cursos en la Argentina, y en todo el mundo. A los médicos no los pueden largar improvisadamente frente a una persona que no puede respirar. Cuando esa gente se forme, las cifras van a demostrar que ese cinco por ciento de casos graves va a poder ser atendido en los hospitales. Y que lo demás se va a caer por su propio peso.

-¿Hay que parar la cuarentena?

-Cuando el sistema esté en condiciones, con personal formado, equipos, medicamentos e infraestructura, sí, no tiene ningún sentido. Como está ahora la situación, no se puede decir nada sobre la cuarentena porque no se sabe cuánta gente va a estar infectada y si las camas de terapia intensiva y el personal alcanzarán para el 5 por ciento de ellos. La medida no es por el virus, sino por el riesgo de no poder hacerse cargo de la gente que está en situación crítica. No sé si está mal, porque no hay cifras objetivas. A lo sumo, está bien que hayan parado porque les forzó la mano la OMS, y una vez que se larga la cuarentena no se puede parar. Pero habría que comparar con las cifras de muertes del año pasado. El pánico es absurdo. Hay 690 positivos…¿a cuantos se les hizo el test? ¿A 30 millones o a mil? Fallecieron 17, yo quiero ver cuantos murieron en geriátricos o en su casa de neumonía por neumococo o hemofilus, que hay muchísima en la Argentina, el año pasado.

-¿Cómo evalúa lo que está haciendo el gobierno, entonces?

-Dicho lo anterior, a mi me parece que el gobierno actúa muy bien y con mucha cautela. Pero la autoridad internacional les empuja la mano con las cifras de mortalidad que ponen los peritos de la OMS, que hacen cuentas matemáticas. Pero no es mala fe, sino incompetencia. No hay nadie detrás. Pero insisto, en la Argentina están haciendo las cosas bien y con seriedad. Ginés me parece muy bueno. Y Carla Vizzotti es una mujer que sabe lo que hace, es muy competente, conoce, estudia. Cuando usted está con personas que son estudiosas, que no son panfletarias, que son serias, le dan confianza. Charlé con ella y me impresionó. Nunca vi en la Salud Pública ese nivel de formación. Hacen las cosas lo mejor que se pueden hacer con el presupuesto del que disponen.

-Pero no piensa lo mismo de la Organización Mundial de la Salud.

-Para nada.

Publicado enInternacional
Página 1 de 97