6G: la revolución tecnológica ininterrumpida de China

Un año atrás China anunció, en plena disputa con EEUU por la instalación de redes 5G, la creación de "un grupo de trabajo para el desarrollo de la red de sexta generación", proyecto que estaba aún en su fase inicial pero que consiste en "una combinación de una red inalámbrica y un satélite espacial, algo que ayudará a cubrir un área más amplia".

Un año después, se supo que el Ejército Popular de Liberación (ELP) está planificando usar las futuras redes 6G para renovar completamente su estructura, aunque la tecnología existía solo en la teoría, como informaba en mayo el South China Morning Post.

Lo más impactante es que China envió al espacio, el 6 de noviembre, "un satélite de prueba de comunicaciones de sexta generación", el primero en el mundo de la tecnología 6G, cuando aún no se ha desplegado la 5G en la mayor parte de los países. De ese modo, el Dragón toma la delantera en la futura tecnología de las telecomunicaciones.

El 13 de abril el sitio oficial del Ministerio de Defensa, había publicado un artículo titulado 'If 6G Were to be Used in the Future Battlefield', que enfatizaba cómo la nueva tecnología supondrá "un gran impacto en las prácticas militares, como las formaciones de guerra, el desarrollo de equipos y las comunicaciones en el campo de batalla". La 6G se convirtió en uno de los principales objetivos de los militares chinos.

Según el periodista de Business Insider, Giuseppe Luca Scaffidi, los técnicos del Ministerio de Ciencia y Tecnología de China estiman que la 6G puede alcanzar una velocidad de descarga de un Terabyte por segundo (frente a 600 MB de la 5G, una velocidad 8.000 veces mayor) y podría cubrir la comunicación bajo el agua, aunque son apenas estimaciones teóricas.

En el campo militar se producirían cambios notables, ya que la tecnología 6G "estaría en condiciones de modificar las reglas de juego incluso en el campo de batalla, donde el factor humano será cada vez más marginalizado", estima la misma fuente. La inteligencia artificial tendrá un desarrollo exponencial con 6G.

El primer satélite para operar 6G fue desarrollado conjuntamente por Chengdu Guoxing AerospaceTechnology, la Universidad de Ciencia y Tecnología Electrónica de China y Beijing Mino Space Technology, y se utilizará para verificar el rendimiento de la tecnología 6G en el espacio.

Se cree que hacia el final de la década, antes incluso de 2030, se estará comercializando 6G en teléfonos móviles, aunque se estima que el consumo de energía será muy elevado y tendrá efectos dañinos para el entorno. Se trata de críticas similares a las que se realizan a las redes 5G, por la gran cantidad de antenas que deben desplegarse ya que no necesita fibra óptica, pero sin embargo las nuevas tecnologías siempre terminan por imponerse.

Los mismos que advierten sobre los efectos nocivos de utilización de energía por las redes 5 y 6G, consideran que para su masiva implementación deberán multiplicarse las fuentes de energías renovables y limpias, rubro en el cual China se ha convertido en "el líder mundial indiscutible en los últimos cuatro años".

En cuanto a energía eólica, China es líder mundial "con más de un tercio de la capacidad mundial" y el doble de EEUU, según la Revista Eólica y del Vehículo Eléctrico.

Un reciente informe de Le Monde Diplomatique en su edición de octubre, recuerda que la estadounidense Qualcomm fue "gran ganadora del 2G y de varias normas importantes", pero que ahora "obtiene dos tercios de su volumen de negocios de China, mayoritariamente de Huawei", con lo que destaca la enorme dependencia de la empresas de EEUU del mercado chino.

​El mismo informe titulado Geopolítica del 5G, presenta un cuadro ilustrativo sobre el porcentaje de patentes registradas por país de origen en las tecnologías 4G (desarrollada hacia 2007) y la 5G. En la tecnología 4G, las coreanas Samsung y LG controlan el 25% de las patentes, mientras las empresas chinas Huawei y ZTE alcanzaban el 21,5%.

En cuanto a la 5G, las empresas chinas alcanzan el 34% de las patentes, mientras las coreanas se quedan con el 24,5%. Pero lo más revelador es el pobre y decreciente papel de las empresas estadounidenses, Intel y Qualcomm: pasaron de reclamar el 17% de las patentes 4G a solo el 13% de las 5G, poco más de un tercio que las chinas, según el gráfico de Le Monde.

Las conclusiones de este conjunto de datos parecen evidentes.

La primera y fundamental es que Occidente ha perdido la carrera tecnológica con Asia. Si se suman las patentes de 5G de China, Corea del Sur y Japón, se alcanza un impresionante 71,5% de las patentes del mundo. En tanto, la Unión Europea y EEUU apenas llegan al 30%.

La segunda conclusión es el impresionante ascenso de China, con más de un tercio de la patentes globales de 5G, lo que le permite seguir un desarrollo autónomo y cada vez menos vinculado a los desarrollos occidentales, en general, y de Estados Unidos en particular.

El punto central es que China, que aún mantiene dependencia de las tecnologías occidentales en el rubro estratégico de semiconductores, se encuentra en camino de cerrar la brecha, además de agrandar la ventaja en aquellas en las que va por delante como la inteligencia artificial.

El tercer punto es que EEUU tiene muy pocas balas en su recámara ante China. La guerra comercial desatada por Donald Trump no consiguió sus objetivos de frenar el ascenso tecnológico del Dragón. Peor aún, parece haber mostrado a la población que no debe confiar en Washington y al Gobierno que debe acelerar su independencia en todos los rubros.

En particular, como definió la quinta sesión plenaria del XIX Comité Central del PCCh, para 2035 China se convertirá en "líder global en innovación, alcanzando grandes avances en las tecnologías fundamentales de áreas clave".

Las tendencias de fondo, de larga duración, no las puede revertir un gobierno, por más ambicioso que sea. Sería tanto como tapar el sol con el dedo. Este siglo, la ventaja asiática, y la de China en particular, parece imbatible.

 

Por Raúl Zibechi

16:22 GMT 09.11.2020URL corto

Hacia una Muralla Tecnológica (Digital) Global

 

Se dice que la actividad espacial sólo es posible si se alcanzan los mayores logros tecnológicos que ella implica.

En estos momentos, esos logros están compartidos, por lo menos, por EEUU y China; lo que, sumado a las guerras en curso, puede desembocar en la formación de dos universos (Occidente y Oriente) separados por una muralla virtual pero eficiente, de base tecnológica, digital y espacial.

Cuando en junio China lanzó el último de los 30 satélites que integran el grupo orbital de Beidou, estaba dando un paso enorme para romper la hegemonía de EEUU en el espacio. No sólo se sitúa a la par del sistema GPS (de EEUU), sino que adquiere autonomía en el terreno militar, al no depender de otros sistemas para el lanzamiento de misiles y la defensa.

Una buena síntesis es que la de la emisora estatal china CCTV, al explicar la importancia estratégica de Beidou: "Un sistema de navegación es como una llave de oro de tu hogar que debe mantenerse sólo en tus propias manos".

Aunque EEUU acusa a Rusia y China de pretender "controlar el espacio", lo cierto es que si no dispusieran de sus propios sistemas de navegación espacial serían naciones desnudas frente a sus enemigos.

La decisión de China de construir Beidu fue tomada luego de que en 1996 perdiera dos misiles disparados a través del Estrecho de Taiwán, para "frenar un movimiento percibido hacia la independencia por parte de la isla". Los científicos chinos realizaron concluyeron que "las fallas de los misiles podrían haber sido causadas por interrupciones en el sistema GPS".

La construcción de Beidou tiene un carácter puramente defensivo y de autonomía nacional. Algo similar a lo que sucede con las otras dos redes existentes, la europea Galileo y la rusa Glonass.

Lo que realmente molesta a Washington es la pérdida del dominio casi absoluto de las comunicaciones y de los sistemas de navegación, y la velocidad con la que China ha sido capaz de montar su red.

"Sólo este año, envió su primera sonda independiente a Marte, completó la constelación de 30 satélites para su sistema de navegación Beidou, probó un nuevo tipo de nave espacial tripulada y su nuevo cohete de carga pesada Larga Marchs-5B. El lanzamiento más notable será la misión de exploración lunar Chang'e-5, que está programada para finales de noviembre", escribe el South China Morning Post.

Además, el próximo año comienza la construcción de la misión espacial permanente. Todo esto lo ha conseguido China de forma independiente, ya que Washington no le permite participar en programas espaciales liderados por EEUU.

​El sistema Beidou tiene otras implicancias que realmente molestan a la superpotencia. La más importante es que China pretende expandirlo a todo el mundo, entrando en colisión frontal con GPS, el sistema estadounidense que es por lejos el más utilizado en el mundo, iniciando su expansión por lo que algunos denominan "La Ruta de la Seda Espacial".

Para el Dragón son 20 años de desarrollo espacial imparable. China lanzó los dos primeros satélites a fines de 2000, para la primera versión de Beidou. En 2011 comenzó a desplegar la segunda generión de Beidou, con diez satélites que cubrían sólo China, para ampliarse luego a 20 satélites que ofrecen cobertura a la región Asia-Pacífico. Desde 2015, la tercera generación comienza a completarse, con 30 satélites y otros cinco experimentales, el último lanzado en junio.

Ya son 30 los países de la Ruta de la Seda que utilizan Beidou. El mapa podría ser el siguiente, según análisis de The Epoch Times: Beidou será un gran impulso a la infraestructura de la Ruta de la Seda, a la vez que "proporciona la brújula digital y el mapa para el sistema de objetivos militares del Ejército de Liberación Popular".

El mismo medio sostiene que el GPS de Estados Unidos, "es cada vez más vulnerable a las interferencias y ataques físicos, y necesita una actualización".

Por eso, días después del estreno de Beidou, el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado de EEUU "propuso una legislación que reemplazaría el sistema GPS de Estados Unidos en los próximos tres años", para superar la exposición del sistema a interferencias. La furibunda reacción de Trump creando la Fuerza Espacial, definida como "el sexto brazo de las Fuerzas Armadas", en diciembre pasado, es parte de la misma reacción a Beidou.

China descoloca a Occidente por la velocidad de sus avances tecnológicos. Entre 1957 y 1991, durante la guerra fría, los soviéticos completaron la impresionante cantidad de 2.309 lanzamientos exitosos,  más del doble de los 938 lanzamientos de EEUU. China lanzó sólo lanzó 28 cohetes durante el mismo período.

Entre 2010 y 2019, China realizó 207 lanzamientos. Desde 1992, Rusia ha realizado un promedio de 30 lanzamientos por año y EEUU 23 por año.

En marzo de 2020, había 2.666 satélites en órbita. El 13,6% (363 satélites) son chinos, más del doble del número de satélites rusos (169) en funcionamiento. EEUU mantiene la superioridad con 1.327 satélites, pero las distancias se acortan a pasos de gigante.

De la mano del crecimiento de China, observamos cómo el mundo tiende a dividirse en dos grandes macro-regiones, que en algunos años tendrán su correlato en el terreno espacial, tecnológico y de internet. Blaine Curcio, fundador de Orbital Gateway Consulting, una compañía con base en Hong Kong que investiga el mercado satelital, sostiene que esta "bifurcación" tendrá hondas repercusiones.

"Aquellos que se sitúan a favor de China es probable que desconfíen más de los servicios de navegación por satélite de Estados Unidos y Europa", explica Curcio a la BBC.

El panorama se va despejando, aunque para peor. Cuando la globalización retrocede y el mundo tiende a regionalizarse, es imposible que siga existiendo una red de internet controlada y gestionada por EEUU, que maneja también el sistema de geolocalización GPS. Cada potencia tiende a evitar depender de otras, sobre todo de sus adversarios o enemigos.

Así como China tiende a ofrecer Beidou a sus aliados involucrados en la Ruta de la Seda, EEUU busca aislar esa expansión, de ahí la frenética actividad contra Huawei. La compañía de teléfonos china no es el problema, porque no compite directamente con ella. El problema para Washington es la pérdida del monopolio de las tecnologías más avanzadas, como lo demuestra el caso de los satélites, rubro en el que acarició el dominio casi absoluto luego de la implosión de la URSS en 1991.

En las próximas décadas, es posible que emerja un mundo tecnológicamente fragmentado. Una región asiática y euroasiática centrada en China y sus sistemas, llegando hasta Oriente Medio de la mano de Irán. Otra probablemente europea. Una alrededor de Rusia, probablemente aliada con China o con desarrollos propios, involucrando a algunas ex repúblicas soviéticas.

EEUU busca hacerse fuerte en América Latina y el Caribe, donde tiene mayor poder de chantaje. El continente africano está en disputa, aunque China cuenta con aliados importantes. La gran pregunta es qué sucederá con Europa, que en estos momentos es el centro de una disputa estratégica de incalculables consecuencias. Años atrás habríamos asegurado que marchaba hacia su independencia, pero ahora oscila, duda y no sabe qué rumbo tomar.

15:35 GMT 15.10.2020

Publicado enInternacional
La NASA publica el primer mapa tridimensional de la Luna

Según la NASA, cada día reciben "miles" de solicitudes de instituciones, universidades, creadores, diseñadores, estudios cinematográficos y hasta desarrolladores de videojuegos, quienes piden documentos con los detalles geográficos y topográficos de la Luna. Cansados de esto, sobre todo porque es una tarea titánica resolver cada petición, la NASA decidió hacer un mapa 3D público y gratuito de la Luna, el cual está disponible para todo el mundo.

El documento se llama 'CGI Moon Kit', y está compuesto principalmente de los datos que ha recogido el Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO) de la NASA, que ha estado orbitando la Luna captando datos topográficos del satélite desde hace poco más de 10 años.

Ernie Wright, un científico especialista en imagen en la NASA, fue el responsable de este proyecto tras interpretar todas las imágenes, combinar los datos en bruto del LRO y las imágenes para construir un mapa 3D preciso de la Luna.

"El 'CGI Moon Kit' pondrá los datos del LRO al alcance de muchos otros artistas que quieran hacer el tipo de cosas que yo hago."

Wright explica que para crear el mapa tuvo que utilizar un programa de animación en 3D y todas las imágenes recogidas por el LRO a día de hoy. La idea original era que fuera un recurso de visualización científica y estudio para la NASA, pero después de recibir varias solicitudes, decidió ponerlo a disposición del público, permitiendo que cualquiera pueda tener acceso a la misión LRO.

El LRO está equipado con una cámara que sirve como escáner, la cual construye una imagen línea por línea de la superficie lunar. También cuenta con un altímetro láser (conocido como "lunar orbiter laser altimeter" o LOLA), que utiliza pulsos de láser para detectar las dimensiones de la Luna. Estos pulsos son dirigidos a la superficie de la Luna y rebotan de nuevo hacia el LRO, con lo que LOLA mide los nanosegundos que tarda el rayo en regresar como un método para leer la topografía de la Luna.

Como comentaba, el 'CGI Moon Kit' se puede descargar de forma gratuita y contiene varios tipos de datos e imágenes, como un 'mapa de desplazamiento', que visualiza la topografía a través del color, así como un 'mapa de la elevación', los cuales están diseñados para su uso en software de renderizado 3D. Cualquiera podrá utilizar estos datos para recrear una superficie precisa de la Luna, con sus cráteres, mesetas y picos reales.

(Con información de Xakata)

La agencia europea lanzará en 2025 su primera misión para retirar basura espacial

La Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) ha encargado para 2025 la construcción y lanzamiento de ClearSpace-1, primera misión dedicada a eliminar escombros espaciales de la órbita terrestre.

En Space19 +, el consejo ministerial de la ESA, que se efectuó en Sevilla a fines de noviembre, los ministros acordaron firmar un contrato de servicio con un proveedor comercial para eliminar de la órbita terrestre baja de forma segura un objeto inactivo propiedad de esta agencia.

Después de un proceso competitivo, un consorcio liderado por la empresa suiza ClearSpace, compañía derivada establecida por un equipo experimentado de investigadores de desechos espaciales con sede en el instituto de investigación Ecole Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL), será invitado a presentar su propuesta final antes de comenzar el proyecto en marzo, informa la ESA.

“Éste es el momento adecuado para tal misión”, señaló Luc Piguet, fundador y director ejecutivo de ClearSpace. “El problema de los desechos espaciales es más urgente que nunca. Hoy tenemos casi 2 mil satélites en vivo en el espacio y más de 3 mil fallidos”.

La misión ClearSpace-1 se destinará a retirar de la órbita la etapa superior Vespa (adaptador de carga secundaria del cohete Vega) que quedó en una órbita de aproximadamente 800 kilómetros por 660 kilómetros de altitud después del segundo vuelo del lanzador Vega de la ESA en 2013.

Con una masa de 100 kilos, la Vespa es cercana en tamaño a un satélite pequeño, mientras su forma relativamente simple y su construcción robusta lo convierten en un primer objetivo adecuado.

El nuevo cazador de escombros espaciales y Vespa se desorbitarán finalmente para arder en la atmósfera.

Martes, 21 Agosto 2018 07:14

La frontera espacial se acerca

La frontera espacial se acerca

Un novedoso estudio basado en 50 años de datos de satélites artificiales refleja que el límite de la atmósfera deja obsoleta la cifra de los 100 kilómetros, acercándose ahora a los 80.

La altura a la que comienza el espacio exterior y termina la atmósfera no está marcada en ningún lado, aunque sí tiene nombre. Se llama la línea de Kármán y su situación no es fácil de definir, aunque sea importante a efectos legales y políticos, además de los científicos. Mientras Estados Unidos anuncia la creación de una división espacial en sus fuerzas armadas, un nuevo estudio da munición a los que creen que el espacio está más cerca de lo que se supone normalmente.

En las últimas décadas la cifra mágica era 100 kilómetros de altura. Es la que se maneja habitualmente y la que se ha fijado, incluso, en las bases de concursos para premiar a los primeros en desarrollar vehículos comerciales que lo alcancen. El nuevo estudio se inclina por “bajar” el espacio exterior hasta los 80 kilómetros y se basa en un completo análisis de los datos disponibles sobre la línea de Kármán, según su definición. Su autor, Jonathan McDowell, es astrofísico en la Universidad de Harvard.


La ONU ha intentado fijar el borde del espacio a efectos legales pero Estados Unidos, por ejemplo, siempre se ha negado. Otros países y expertos han señalado que no tiene sentido establecerlo porque cambia continuamente con las condiciones meteorológicas espaciales. Ahora, McDowell señala que la línea de Kármán vale como límite mínimo y que no se ve muy afectada por las variaciones atmosféricas.


Theodore von Kármán, un científico húngaro exiliado en Estados Unidos, no fijó exactamente la altura a la que empieza el espacio, sino que la definió como aquella en la que la velocidad necesaria para que un avión se pueda sustentar en una atmósfera ya muy tenue iguala la horizontal necesaria para orbitar el planeta.


Volviendo a McDowell, en su trabajo publicado en Acta Astronautica, se basa en la altura a la que se desplazan o se desplazaron los satélites con órbitas más bajas, sin caer a la Tierra. Un exhaustivo análisis de la reentrada de vehículos espaciales en órbita baja en los últimos 50 años le hace argumentar que la altura más baja en la que un satélite puede estar en órbita son los citados 80 kilómetros (con una horquilla de error de 10 kilómetros), más que los 100 kilómetros. “Los datos orbitales históricos de satélites artificiales confirman que los objetos en órbita pueden sobrevivir múltiples perigeos a una altura entre los 80 y los 90 kilómetros. Este rango de altura casa con el límite físico más alto de la atmósfera, la mesopausa”. De hecho, recuerda, las fuerzas armadas de Estados Unidos reconocían a principios de la era espacial a los pilotos que alcanzaban los 80 kilómetros en aviones la condición de astronautas.


Diferentes definiciones de "espacio"


El astrofísico no quiere entrar mucho en temas legales espaciales (sobre los que hay una amplia literatura) y explica que su interés radica en que es necesario tener una definición del espacio. “No digo que deba existir una única definición del espacio que se aplique en todos los contextos. Los físicos, los abogados y los historiadores pueden necesitar una frontera del espacio para objetivos diferentes y responder a cuestiones diferentes; el borde del espacio se puede definir de forma diferente en diversos foros internacionales. Sin embargo, es útil que estas definiciones se basen en una comprensión común y exacta de las condiciones físicas de la frontera aire-espacio”, concluye.


Después de 60 años de actividades espaciales, los satélites (y los misiles) pasan por encima de nuestras cabezas (y pueden caer sobre ellas) sin que existan acuerdos internacionales sobre a qué altura termina el espacio aéreo de cada país ni sobre lo que es un objeto espacial o una actividad espacial. El problema legal más importante de la era espacial sigue sin solucionarse, pero los intereses comerciales son ya muy importantes y es posible que aceleren un proceso en el que ha primado hasta ahora la falta de un marco legal, mitigada por una cooperación informal internacional bastante eficaz.

Secuencia de la explosión del transbordador Challenger, a 75 segundos de su lanzamiento, el 28 de enero de 1986; Alexei Leonov (izquierda), comandante de la tripulación de la Soyuz, y Thomas Stafford, de Apolo, el 17 de julio de 1975, durante el encuentro de las naves, y Michael Fossum, experto en misiones del Discovery, es retratado por Ronald Garan, otro especialista en viajes al espacio, quien se refleja en el casco del primero, el 3 de junio de 2008, fuera de la EEI.

La falta de recursos, gran problema para volver a la Luna y viajar a Marte

 Hace 60 años, motivado por la competencia con la Unión Soviética, Estados Unidos (EU) creó la Nasa (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio), punto de partida de una aventura que los llevaría a la Luna.

En la actualidad, la agencia lucha por reinventarse en un sector en el que se mezclan cada vez más compañías espaciales internacionales e intereses comerciales.


Desde su creación, la Nasa ha desafiado los límites de la exploración del espacio, pero también ha sufrido estrepitosos fracasos, como la explosión de dos transbordadores, uno en 1986 y otro en 2003, con saldo de 14 muertos.


Su ambición de regresar al espacio profundo tendrá que enfrentar un problema de financiación, que le impediría volver a la Luna en la próxima década y a Marte para 2030.


La Nasa se ha vuelto dependiente del sector privado; tiene contratos con SpaceX y Boeing para enviar astronautas al espacio a partir de 2019, tan pronto como sus naves tripuladas estén listas.
No puede enviar astronautas por su cuenta desde 2011, cuando cerró su programa de transbordadores después de 30 años. Ahora debe pagar 80 millones de dólares por asiento a Rusia para enviar estadunidenses a la Estación Espacial Internacional (EEI) en una Soyuz.


En 1957 la Unión Soviética envió su primer satélite al espacio con Sputnik 1, mientras los intentos estadunidenses, principalmente bajo los auspicios del ejército, fracasaron estrepitosamente.


El presidente para la época, Dwight D. Eisenhower, pidió al Congreso que creara una agencia espacial civil separada. El 29 de julio de 1958 firmó la ley que instituyó la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio.


Los soviéticos ganaron otra ronda en abril de 1961, cuando Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en el espacio. Un mes después, el presidente de EU, John F. Kennedy, anunció planes para enviar a un hombre a la Luna a finales de los años 60. Así surgió el programa Apolo.


En 1962 el astronauta John Glenn se convirtió en el primer estadunidense en colocarse en la órbita de la Tierra, y en 1969 Neil Armstrong entró en la historia como el primer hombre en caminar sobre la Luna.
“Apolo fue una demostración unilateral del poder de una nación”, recordó John Logsdon, del Instituto de Política Espacial de la Universidad George Washington.


“Que Kennedy decidiera usar el programa espacial como un instrumento declarado de competencia geopolítica fue lo que volvió a la Nasa en un medio de política nacional, con una asignación presupuestaria muy importante”, precisó.


En la era Apolo, no menos de 5 por ciento del presupuesto nacional fue para la Nasa. En la actualidad es de 0.5 por ciento del presupuesto federal (unos 18 mil millones de dólares al año), y ya no tiene el mismo peso en la política nacional, dijo.


Momentos de gloria


La agencia vivió otros momentos de gloria en los años 80, como el surgimiento del programa de transbordadores, y luego en 1998, con el inicio de las operaciones de la EEI.


Ahora, el presidente Donald Trump ha defendido el regreso a la Luna, mencionando una pasarela que permita un flujo continuo de naves y personas que visiten el satélite, y que será el punto de partida para un viaje a Marte.


También pidió la creación de una fuerza espacial, rama de las fuerzas armadas que se orientaría a defender los intereses de EU.


La Nasa fue considerada mucho tiempo líder en innovación espacial, pero enfrenta una seria competencia: “unos 70 países de una manera u otra están involucrados en la actividad espacial”, señaló Logsdon.


En lugar de competir, “el énfasis se ha puesto en la cooperación” como forma de reducir costos y avanzar en innovación, afirmó Teasel Muir-Harmony, curadora del Museo Nacional del Aire y el Espacio.


La máxima autoridad de la Nasa, Jim Bridenstine, reiteró hace unos días que quiere trabajar con otros países. Señaló la posibilidad de fortalecer la cooperación con China, e informó que en Israel se reunió con grupos que desarrollan un módulo de aterrizaje lunar.


Con el objetivo de una misión tripulada a la Luna en apenas cinco años, la Nasa planea dedicar unos 10 mil millones de dólares a la exploración lunar de un presupuesto de casi 20 mil millones para 2019.

Lunes, 05 Junio 2017 06:42

Un mundo de información creciente

Un mundo de información creciente

Cuanto más sorpresivo es un acontecimiento, mayor información contiene. La cantidad de la información del mundo es directamente proporcional a la sorpresa, la aleatoriedad, en fin, la baja probabilidad del evento.

Vivimos un mundo crecientemente informado, un mundo en el que la información crece a ritmos descomunales. Sin embargo, contra todas las apariencias, la razones no son culturales, científicas o tecnológicas, por ejemplo. Las razones hay que buscarlas en la física.

En efecto, la base para comprender el tema se encuentra en dos planos distintos, pero paralelos. De un lado, en la termodinámica, y de otra parte en la teoría de la información de C. Shannon.

El contenido de información de un evento depende de cuán sorprendidos estamos por la probabilidad del evento que ocurre. Más exactamente, cuanto más sorprendidos nos encontramos, mayor información contiene el evento. Así, por ejemplo, los eventos predecibles, normales, anticipables; digamos incluso, los eventos aburridos —todos ellos— contienen poca información. Por el contrario, cuanto más sorpresivo es un acontecimiento, mayor información contiene. La cantidad de la información del mundo es directamente proporcional a la sorpresa, la aleatoriedad, en fin, la baja probabilidad del evento.

Pues bien, en un mundo crecientemente interrelacionado, un mundo que, literalmente, se ha vuelto pequeño en virtud de la información cruzada e interdependiente; en otro plano, en un mundo en el que los saberes se implican recíprocamente unos a otros y en el que los planos y los contextos son cada vez menos disyuntos —en un mundo semejante, eventos cada vez más improbables emergen. Y con ello, ganamos en información.

En verdad, cuando el mundo era de suma cero, una cantidad de información no tenía alcances globales y de largo alcance. Por el contrario, una vez que vivimos un mundo diferente de suma cero —ahora que nos encontramos en la cuarta revolución industrial—, eventos cada vez menos probables emergen y contienen información creciente, previamente inesperada e inaudita.

Los sistemas vivos procesan información análogamente a como el universo mismo es un sistema de permanente procesamiento de información. Pues bien, la segunda ley de la termodinámica —el principio de entropía de Boltzmann— sostiene que un sistema evoluciona al estado de máxima información en el que ya no es posible ganar más información, ni más información puede ser ya contenida (almacenada).

Pues bien, la entropía es la medida de aleatoriedad de un sistema. En otras palabras, cuando mayor es la entropía de un sistema, mayor información tiene o lleva el sistema en consideración.

De manera puntual, la segunda ley de la termodinámica afirma que un sistema físico alcanza la muerte cuando alcanza el máximo desorden. Esto es, cuando alcanza tal grado de saturación de información que ya no puede con ella; ya no puede procesarla. Dicho franca y literalmente: el sistema ya es incapaz de aprender más. Entonces llega la muerte.

Un investigador importante sostiene que la vida no termina cuando existe poca o baja energía libre disponible. Por el contrario, más exactamente, la vida termina cuando existe una sobredosis de información que ya no se puede procesar. La información creciente es una sola y misma cosa con la generación de entropía, que implica pérdida, agotamiento, incapacidad de procesamiento de información.

Pues bien, el procesamiento de información es computar. Sólo que en medicina, en biología y en ciencias de la vida, la forma como se entiende la computación es como metabolización. Hay organismos que metabolizan muy lentamente y otros que metabolizan más rápidamente. Hay organismos que necesitan ayudas para metabolizar y hay otros que metabolizan sin dificultades, aprenden, se adaptan, son triunfantes en el entorno.

El universo se encuentra constantemente sometido a cambios bruscos, imprevistos, irreversibles. Y cuanto más improbable es un acontecimiento, mayor información hay. Inversamente, cuando menos improbable es un suceso, menor información existe. Pues bien, las dinámicas del universo, la naturaleza y la realidad se ven muchas veces sometidas a cambios bruscos, que es cuando aparece información creciente. Entonces la naturaleza debe tener la capacidad de procesar dicha información inesperada. En esto consiste la aleatoriedad, la contingencia, el azar.

El motor de la historia como el motor del universo no es la existencia de fenómenos de alta probabilidad. Por el contrario, el motor de la vida y la realidad es la aleatoriedad, no el determinismo, que es cuando existen fenómenos, sistemas y comportamientos de muy baja probabilidad, pero que tiene o llegan a tener lugar.

La ciencia en general se alimenta de sorpresas, y el asombro fue ya reconocido por los griegos antiguos como la madre del conocimiento. Cuando somos capaces de asombrarnos, cuando emerge la exigencia de procesamiento de información nueva. Y en consecuencia, la exigencia de un mejor procesamiento de la información.

Un científico importante sugirió la siguiente fórmula: “It comes from bit comes from qubit”, que significa que las cosas son, en realidad, unidades de información (no entes físicos por sí mismos), y que, a su vez, las unidades de información se fundan en información cuántica (qubit).

La información cuántica no es información de “o una cosa o la otra”, sino “las dos cosas a la vez, así sean diferentes”. Pues bien, a la fecha, el mejor modo de explicar el procesamiento de información es mediante la computación cuántica. Que es, según todo parece indicarlo, la forma como el universo y los sistemas vivos procesan información: desde las células hasta los órganos, desde las interacciones de unos organismos con otros hasta las dinámicas de biomas, nichos ecológicos y ecosistemas. Que son los lugares y formas como la información aumenta, crece, evoluciona.

Y entonces nos enfrentamos al más fabuloso de todos los dilemas: cómo procesar información creciente. En esto consiste exactamente la complejidad del mundo, la naturaleza, la sociedad y la realidad.

Publicado enCultura
Luego de media hora de ascenso, a 27 mil kilómetros por hora, la ISRO declaró éxito en la misión.

 

El proyecto costó 73 millones de dólares menos que la producción de la película Gravity.

Rusia poseía, en 2014, el récord anterior de lanzamientos simultáneos, con 103 viajes.

 

 

India entró el miércoles en los anales del competitivo mercado de lanzamientos espaciales, con la puesta en órbita de 104 satélites con un solo cohete, un nuevo récord mundial.

A las 9:28 (3:58 GMT) horas, un lanzador orbital PSLV (Polar Satellite Launch Vehicle) se elevó de la plataforma de tiro de Sriharikota transportando un satélite indio de observación de la Tierra, de 714 kilos y 103 nanosatélites, en su mayoría de países extranjeros, con un peso total de 664 kilos.

Tras media hora de ascenso a 27 mil kilómetros por hora, la Organización de Investigación Espacial india (ISRO) anunció: La misión PSLV-C37/Cartosat-2 Series lanzó con éxito los 104 satélites, tuiteó.

Mis más sinceras felicitaciones a los equipos de la ISRO, declaró el director de la agencia espacial india, Kiran Kumar.

El récord anterior de lanzamientos simultáneos estaba en manos de Rusia, que en junio de 2014 había puesto en órbita 39 satélites.

 

Habitantes de Sriharikota observan el despegueFoto Afp

Habitantes de Sriharikota observan el despegue / Foto Afp

 

 

Excepcional

 

Es un éxito excepcional, declaró por su parte el primer ministro indio Narendra Modi, que aspira a que el país se convierta en una verdadera potencia espacial.

Este lanzamiento es un nuevo momento de orgullo para nuestra comunidad científica espacial y para la nación, tuitéo el primer ministro nacionalista. Administrar simultáneamente una cantidad tan importante de satélites –por más livianos que sean– exige una precisión extrema, señalan los especialistas.

Lanzar tantos satélites al espacio de una sola vez es un desafío técnico porque no tienen la misma trayectoria, indicó Mathieu J. Weiss, representante del Centro Nacional de Estudios Espaciales francés en India.

Además, hay que evitar que se toquen en el momento del lanzamiento, agregó Weiss.

El mercado del lanzamiento de satélites comerciales no deja de crecer en un contexto en el que la telefonía, la Internet y las empresas necesitan cada vez más medios de comunicación. India, cuyo programa espacial es conocido por la optimización de los gastos, compite directamente en este sector con otros actores internacionales.

En particular se enfrenta a la emergencia de sociedades privadas especializadas, el llamado movimiento de emprendedores del new space (nuevo espacio), como SpaceX o Blue Origin. Desde el inicio del programa de lanzamiento de satélites comerciales en 1999, la ISRO había colocado en órbita hasta el día de hoy 79 satélites extranjeros.

India supo combinar fiabilidad y reducción de costos para hacerse un lugar en el mercado espacial mundial, opinó Ajay Lele, del Instituto de Estudios y Análisis de Defensa de Nueva Delhi.

 

Sólo un accidente

 

En 39 misiones, el lanzador PSLV sufrió sólo un accidente, en el primer evento, en 1993. El programa espacial indio, inaugurado en los años 60, llamó la atención del mundo en 2014, cuando logró colocar una sonda en órbita en torno a Marte.

El proyecto costó apenas 73 millones de dólares, menos que la película Gravity y 10 por ciento de lo que pagó la Nasa por una misión similar.

Símbolo de la conquista india del espacio, Mangalyaan, como allá se denomina popularmente a la sonda cuyo nombre oficial es Mars Orbiter Mission, aparece en los nuevos billetes de 2 mil rupias puestos en circulación.

India está desarrollando además un transbordador espacial reutilizable que podría permitir enviar satélites a un costo menor del actual. Al mismo tiempo, la ISRO estudia la posibilidad de lanzar misiones hacia Júpiter y Venus.

“India, con sus métodos inspirados a la vez de la simplificación de la tecnología y del new space, porque India es el segundo centro de new space después de California, tiene una carta que jugar”, analiza Weiss.

 

 

Así es como planea China utilizar el espacio para afrontar a EE.UU.

El avance sin precedentes en las tecnologías cósmicas de China deberá satisfacer las necesidades militares del país asiático.

 

Para muchos expertos que siguen con atención el desarrollo de la situación en la región de Asia Pacífico el sistema antiacceso y de negación de área de China (A2/AD, por sus siglas en inglés) es el desafío más serio que afronta EE.UU. En su intento de aumentar su presencia militar en la zona, según 'The National Interest'.


El sistema incluye el misil DF-16 (con un alcance de 1.000 kilómetros), el bombardero nuclear H-6K, el misil tierra-aire HQ-12 y el misil chino DF-21D, apodado el 'asesino de portaviones'. La función del A2/AD es restringir el acceso al enemigo a una determinada ubicación estratégica.


Al mismo tiempo, la aplicación de este sistema es inmensamente complicada. Si China logra ponerlo en práctica será gracias al rápido avance de su capacidad espacial y su infraestructura de satélites.


Para impedir el acceso de los enemigos a sus objetivos estratégicos, China debe ser capaz de aplicar el concepto de organización de ataques 'kill-chain', consistente en identificar un objetivo, evaluar la fuerza a aplicar para destruirlo y garantizar el éxito del ataque. En otras palabras, se necesita poder detectar objetivos, lanzar municiones y evaluar los daños potenciales del oponente a largas distancias. Todo eso muestra a su vez una gran dependencia del sistema computerizado C4ISR y de la capacidad de seguimiento que funcionan a base de tecnologías espaciales.


China ha experimentado una expansión sustancial de su programa de satélites. En 2000 poseía solo 10, en comparación con los 181 que dispone actualmente. En comparación, Estados Unidos y Rusia tienen 576 y 140 satélites, respectivamente.


China también ha diseñado satélites con una serie de capacidades especiales, como el radar de apertura sintética (SAR) y la inteligencia electrónica (ELINT).


La estrategia A2/AD requiere también una capacidad espacial de guía de misiles. Con este fin, China ha pasado años desarrollando su propia versión del Sistema de Posicionamiento Global (GPS), llamado 'Beidou'. En la actualidad, Beidou tiene 19 satélites operacionales y se implementa a nivel regional con planes de expansión en todo el mundo para el año 2020.

 

Publicado: 20 ago 2016 01:30 GMT | Última actualización: 20 ago 2016 01:34 GMT

Publicado enInternacional
Internet directo desde el cielo  para todo el mundo

La empresa europea Airbus se lanza a construir centenares de satélites en Estados Unidos para uno de los proyectos globales que compiten por la banda ancha espacial.


Hasta hace unos meses era sólo un proyecto poco claro para establecer una constelación de pequeños satélites que proporcionen acceso directo a Internet a usuarios en cualquier lugar del mundo con un precio asequible. Ahora se ha concretado en lo que será la primera cadena de montaje de satélites de la historia, situada en Florida (EE UU), donde el gigante europeo aeroespacial Airbus producirá en serie centenares de ellos idénticos.

La organización industrial parte del consorcio creado recientemente por la división de defensa y espacio de Airbus y la empresa OneWeb, impulsora de esta constelación de satélites para Internet. Airbus fue elegido en junio pasado por OneWeb para fabricar los satélites. Está previsto que la fábrica, situada cerca del Centro Espacial Kennedy, produzca 900 satélites para OneWeb, así como para otros clientes en el futuro.


La generación de jóvenes millonarios de Silicon Valley es la que tiene más claro que el acceso directo a Internet es la próxima oportunidad de negocio global en el área de las telecomunicaciones y ya se habla de una carrera por ver quién se lleva el mercado de los 4.400 millones de personas que nunca han tenido acceso a Internet por falta de infraestructura o tienen un servicio de muy baja calidad.

El contendiente más avanzado parece ser OneWeb, cuyo presidente es Greg Wyler, un estadounidense de 45 años que trabajó para Google, ganó mucho dinero y luego se ha dedicado a implantar servicios de Internet por satélite a pequeña escala, especialmente en África y el Pacífico para llegar a lo que él llama "la mitad del mundo sin Internet". Su proyecto implica transmitir banda ancha a pequeñas antenas, en los tejados y alimentadas por energía solar, o en cualquier vehículo.

El otro proyecto lo lidera Elon Musk, de 44 años, el millonario hiperactivo sudafricano que fue cofundador de Paypal, ahora dirige la empresa de automóviles Tesla y ya tiene gran experiencia espacial a través de su empresa Space X. “La velocidad de la luz es un 40% mayor en el vacío del espacio que cuando circula por una fibra óptica”, ha señalado Musk, quien ve en los satélites en órbita baja un medio accesible para aumentar la velocidad del servicio en general y para llegar a lugares poco poblados. Sin embargo, por ahora son ha concretado sus planes.


Diferentes estrategias


Curiosamente, Wyler y Musk son amigos, pero no se ponen de acuerdo, al parecer, sobre la estrategia a seguir para el acceso a Internet por satélite. Wyler confirmó en junio su asociación con pesos pesados como Virgin, Coca-Cola, Qualcomm e Intelsat. Esta última empresa opera en la misma banda de frecuencia que utilizaría OneWeb, con grandes satélites en órbita geoestacionaria (a 36.000 kilómetros de altura), por lo que la asociación empresarial limará posibles interferencias entre los dos sistemas.

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