Los pingüinos de Fiorland nadan 6800 km para hallar comida, revela estudio

En su periplo en busca de alimento los pingüinos de Fiorland pasan una media de 69 días de viaje y llegan a recorrer a nado hasta 6 mil 800 kilómetros, según un estudio llevado a cabo por la Universidad de Otago en Dunedin, Nueva Zelanda.

Cada año en diciembre, una especie de pingüino de grandes cejas amarillas deja las costas de Nueva Zelanda para emprender un maratón solitario de dos meses, recorriendo hasta miles de kilómetros de ida y vuelta, distancia impresionante, según los investigadores que lograron por primera vez seguir a estas aves.


Los pingüinos de cejas amarillas, llamados tawaki en maorí, son unos apasionados nadadores de larga distancia. Dependiendo de dónde se encuentre el destino de su viaje, los animales recorren a nado hasta 6 mil 800 kilómetros, de acuerdo con el estudio publicado en la revista científica PLOS ONE.


Mientras en los primeros días de travesía nadan entre 20 y 50 kilómetros, en las últimas jornadas pueden llegar a más de 80 kilómetros diarios. Para observar adónde van a parar los pingüinos, el grupo liderado por Thomas Mattern equipó a un total de 17 aves con aparatos GPS entre noviembre de 2016 y marzo de 2017. Con ellos lograron averiguar que fueron hacia a dos lugares en busca de alimento: desde la costa oeste de la Isla Sur se dirigieron a una zona situada a unos 8 mil kilómetros al sur de Tasmania o bien avanzaron aún más hasta el territorio subártico.
Vulnerable


Los pingüinos, estrellas de dibujos animados y universalmente adorados, han sido poco estudiados. Un tercio de las especies vive en Nueva Zelanda, donde son parte del paisaje, principalmente en las regiones salvajes del sur. La mayoría, sin embargo, está clasificada como vulnerable o amenazada.
Hasta ahora se ignoraba adónde una de esas especies, el pingüino de Fiordland (Eudyptes pachyrhynchus),migraba cada año en busca de alimento. Los zoólogos creían que se mantenía cerca de la costa. Para verificar esto le colocaron etiquetas Argos, dispositivos de rastreo satelital, a 20 ejemplares, a los que siguieron diariamente en su migración.
“Al principio pensé que había un error en los datos”, señaló Thomas Mattern, investigador de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, que dirige el Proyecto Tawaki. “Me quedé completamente atónito, me pregunté: ¿pero hasta dónde van?”
Así descubrieron que el destino de los pingüinos era a medio camino de la Antártida, en zonas donde las aguas cálidas del norte se cruzan con las frías del sur.
Después los pingüinos regresaron a Nueva Zelanda. De ida y vuelta, una hembra recorrió 6 mil 801 kilómetros en 67 días. Un macho nadó 5 mil 597 en 77 días. Los datos completos se refieren sólo a cinco animales; posiblemente las etiquetas de los otros 15 se hayan desprendido durante el viaje.
Esta nueva información confirma que el pingüino es uno de los nadadores vertebrados más extraordinarios del planeta. Thomas Mattern indicó que los rusos incluso habían estudiado la hidrodinámica de su pelaje para imitarlo en la fabricación de sus submarinos.
Los autores de este estudio tuvieron problemas para financiar su proyecto. Cada etiqueta cuesta entre mil 500 y 2 mil dólares estadunidenses. Según Thomas Mattern, “este tipo de investigación básica ya no está de moda.
“Para obtener fondos universitarios, debes trabajar en temas en boga, como el ADN antiguo o la microbiología”, señaló a la Afp. En cambio, la opinión pública y las ONG han contribuido a la tarea.
¿Por qué interesarse en las migraciones de pingüinos? “Ellos pasan hasta 80 por ciento de su tiempo en el océano y no tenemos idea de lo que hacen allí”, agregó el científico. “Ni siquiera estamos seguros de lo que comen”.
Sin embargo, están amenazados. “Si queremos actuar, debemos entender qué los hace vulnerables”. El calentamiento de los océanos, el turismo y la pesca probablemente afecten la vida de los pingüinos, pero aún es necesario estudiarlo científicamente.
“Los pingüinos están en peligro en todo el mundo”, afirmó Dee Boersma, especialista en esos animales de América del Sur de la Universidad Estatal de Washington, al comentar el estudio, en el que ella no participó. “Ellos compiten con la pesca humana.
“Había millones de pingüinos africanos, ahora quedan quizá 30 mil. No tienen nada para comer porque los humanos agarran casi todas las sardinas”, agregó.
Pero el misterio del destino del pingüino tawaki persiste. ¿Por qué ir tan lejos, sobre todo cuando en las costas de Nueva Zelanda abundan, en el momento del viaje, los peces y otros alimentos?
Los científicos suponen que esto podría ser un instinto heredado de especies ancestrales de pingüinos que vivían más al sur, antes de poblarse las tierras de Nueva Zelanda.
Para saber más, es necesario realizar más estudios, si es posible con financiamiento internacional, sostuvo Thomas Mattern. “Los pingüinos no pertenecen a los neozelandeses ni a los australianos, es la humanidad entera la responsable de ellos”.

“Hace 55 años atiendo este punto en esta misma esquina”

La vida no siempre es lo que deseamos, por más que luchamos. Así lo recuerda Olga Zambrano, vendedora en un punto callejero ubicado en el centro de Bogotá, a donde llegó obligada por la necesidad de ella y de los suyos, de sobrevivir. Ya son más de 55 años de ese estar sobre el cemento, aguantando todo tipo de inclemencias. Aquí su historia.

 

“Es admirable ver la resistencia que tiene una persona con deseos de vivir y salir adelante, creo que hasta mis últimos instantes estaré aquí al frente de mi negocio impulsando la lectura, intentando cada día que los capitalinos accedan a una lectura de libre albedrío, pues les ofrezco prensa tradicional, amarillista, deportiva y también alternativa”.

 

Mientras nos cuenta parte de su vida, quien así habla atiende con amabilidad en su punto de venta a quien llega en búsqueda de un periódico, un cigarrillo o un dulce. “Olga Zambrano Molano es mi nombre –nos dice–, procedo del Huila, y hace 55 años atiendo este punto en esta misma esquina del centro de Bogotá”.

 

Su narración nos parece de ficción, pues es difícil imaginar que una persona sobrelleve su vida en un mismo punto de la ciudad, afrontando todo tipo de adversidades, dedicada a un solo oficio: vendedora. Pero así es, y su vida es testimonio de ello:

 

“Soy la hija menor de seis hermanos; llegué a Bogotá desde muy niña con el propósito de trabajar debido al fallecimiento de mi madre, mi padre se quedó allí a cargo de mis hermanos. Viajé a Bogotá a cargo de una señora particular que me brindó alojamiento durante tres años en su casa ubicada en el barrio Chapinero, exactamente en la calle 51 con carrera 4”.

 

“Tres años donde tuve alguna comodidad, pero llegó el día en que tuve que salir a responder por mi existencia. A los nueve años empecé mi vida laboral como voceadora de periódicos, buscando una nueva esperanza, y aunque no comprendía muchas cosas que la vida me depararía, emprendí mi negocio y eso me entusiasmaba. En ese tiempo no molestaban con la ley ni los Códigos de infancia, así que me vine a vivir al centro a una habitación cerca al hotel Hilton; subsistía de la venta de periódicos y revistas, también me ayudaba con la venta de cigarrillos; creo que he vendido todos los periódicos que se han publicado en Colombia, siempre aquí, en la carrera Séptima con Calle 23, un lugar clave en el centro bogotano”.


Mientras esto nos va contando, Olga no desatiende su negocio de cuatro metros, donde amontona productos y cuelga exhibidores para mostrar distintas publicaciones, donde en un carrito de supermercado metálico improvisa una chaza para las golosinas; todo un arte de sacarle espacio a la estrechez. Algunos peatones la saludan al paso, no es para menos, ella es parte fundamental del centro capitalino, sin ella la esquina que la recibe cada amanecer y la despide cada anochecer no sería la misma.

 

Una vez saludado el peatón que con sus largos y continuos pasos denota afán, esta mujer persistente e incansable, continúa narrándonos una parte de su vida. “Esté lugar ha sido muy importante para mi –nos dice, al tiempo que su mirada reafirma lo dicho– pues aquí he pasado mi vida; mi horario de trabajo ha sido desde muy temprano, desde las 6:00 am hasta las 9:00 pm; gracias a Dios no he tenido experiencias nefastas con el tema de seguridad, en la calle uno se apoya muchísimo y entre todos nos cuidamos, aunque, obviamente, no hay que descuidarse. Como ustedes saben, cada día trae sus afanes, carreras y novedades, y ante ellas uno actúa; es importante no dejarse llevar por la rutina, no acomodarse ni confiarse, así actúo yo, aunque dicen que los huilenses somos perezosos, poco creativos, pero yo creo lo contrario, y he demostrado que soy una mujer emprendedora, luchadora, incansable”.

 

Ya son más de 60 años los que acumula Olga, protegido su cuerpo contra el frío por su contextura gruesa; el color trigueño de su piel, el largo cabello que aún conserva el negro sin cana alguna, su sencillez y ternura, recuerda que además de mujer es madre. Sin duda ella nos muestra en su propio ser el prototipo de la mayoría de connacionales, que sin trabajo fijo y por contrato, tienen que rebuscarse por cuenta propia, hasta el final de sus días, pues no están integrados a una seguridad social que les garantice pensión ni nada semejante.

 

Dura realidad, la misma que obliga a no “arrugarse” ante el devenir diario, como lo manifiesta Olga con cada gesto suyo, que a pesar de los años no pierde agilidad, ahora se agacha para tomar una revista, para enseguida dar un paso largo en procura de atender un nuevo cliente. Su disposición parece estar intacta, aunque, como ella dice, ya los años se sienten.

 

Ahora nos mira como preguntando si deseamos que continúe narrándonos su vida, y nosotras asentamos también con la mirada, entonces retoma el hilo de sus palabras:

 

Enamoramiento y un poco más

 

“A los 28 años decido organizar mi vida sentimental, tuve una convivencia de siete años con Genaro Rivera, un viajero, vocalista y profesional. Él quiso que viajáramos para otro país a forjar una nueva vida, pero me negué todo el tiempo. Quizás mis miedos, mis dudas, mi falta de experiencia, temor a abandonar el oficio que siempre he tenido; los cambios no son fáciles y eso no permitió que yo lo hiciera, así que eso generó una ruptura en nuestra relación de la cual quedó mi único hijo, Ronald Andrés; tuve muchos enredos y preferí un final, así que la relación terminó, él no siguió respondiendo por el hijo y me convertí en una madre soltera, llevando a cuestas una historia de vida, con momentos de alegría, tristeza y grandes batallas de lucha incansable. Mi hijo, que es muy colaborador, que siempre ha permanecido a mi lado y que ha estado también al frente de este negocio, él creció en esta esquina conmigo, hoy en día tiene 29 años y es un guerrero, inteligente y convencido de que podemos alcanzar lo que deseemos, no logró terminar todos sus estudios por el tema económico”.

 

“Y mi vida prosiguió, en ese momento con más exigencias, porque imagínese, tenía que alimentar otra boca, además de atender todas las necesidades y curiosidades de un niño, pero me fui dando maña para salir adelante; tal vez con esa necesidad me aferré mucho más a esta esquina, vendiendo con más energía. Aquí me han sucedido cosas buenas y malas: he presenciado un sinnúmero de marchas que por aquí han cruzado, las que he aprovechado para ofrecer los periódicos pues cuando pasan me voy con ellas hasta la Plaza de Bolívar. Es una estrategia de venta, en ese recorrido he vendió muchos ejemplares de los distintos periódicos que he ofertado en mi vida de voceadora, muchos de ellos ya no los publican. Siempre he vendido El Tiempo, pero también promuevo la venta de periódicos alternativos como desdeabajo, la Voz, Periferia, El socialista, Revolución obrera y otros más que no recuerdo en este instante”.
No olvidaré…

 

Parece que por la mente de Olga pasara una parte de la vida de los movimientos sociales, pero también una parte de la resistencia de los excluidos, sin duda ella los identifica como tales porque es parte de los mismos, así se limite a vender sus publicaciones.

 

“Algo que sí transformó mi vida –nos dice– ocurrió en el 2006: estando aquí en plena labor, sobre las 10:00 am, voy a realizar el cambio de un billete de $50.000 –un cliente llegó a comprar varios periódicos– fue cuando salí corriendo para donde don Higinio de la cigarrería que era quien me hacia el favor de cambiarme billetes. y en plena esquina oriental de la Carrera Séptima con Calle 23, aquí al frente casi de mi puesto, tropecé perdiendo el equilibrio y siendo recibida por un bolardo que aun permanece ahí, el golpe fue muy fuerte, tanto que se me desprendió la parte derecha del hombro afectando el brazo, y la retina del ojo derecho. El golpe fue duro, me llevaron al Cami de La Perseverancia y la atención fue muy demorada y complicada, solo contaba con el Sisben y a donde me remitieron la solicitud era de bastante plata, con la que yo no contaba, pues 25.000.000 millones ¡de dónde!, eso hizo que el procedimiento se demorara y como a los ocho o nueve meses me operaron, y finalmente perdí mi vista.

 

Como todo lo de los pobres, me mandaron de un sitio para otro: me prestaron atención médica en el Suroriente, de allí me enviaron al Santa Clara y después me remitieron al hospital del Tunal, tras de iniciar un tema de demanda y tutela y presión para que me brindaran la necesaria atención de salud. En este tema de la demanda conté con el acompañamiento de Fernando Chaparro, un magnifico señor con estudios de Derecho y con experiencia en temas de salud, él fue un gran colaborador y asesor, fue quien me orientó con el tema de la tutela y todos los trámites legales que se hicieron. Luego de operada ni siquiera pude guardar mi incapacidad, no tenia como subsistir, solo pude tomar descanso 14 días y la situación no permitió más, soy madre soltera… Aun tengo secuelas del accidente, ocasionalmente sufro de fuertes dolores de cabeza y en el brazo derecho”.


La vida es dura

 

“Como les he mencionado, llevo 55 años aquí ubicada con prensa, inicié a los nueve años en venta, pero ya en el reconocimiento de este puesto desde mis 14, con ires y venires, entregando mucho tiempo a la venta; en un tiempo, no debo negarlo, esto fue muy rentable, se vendía bastante, se acreditó el puesto y fue creciendo la clientela. También fui aclarando dudas y entendiendo la realidad de mi país; tengo una tendencia idealista de libertad, prefiero ideales de la izquierda por mi experiencia en lo que tengo de vida, por eso es que promuevo tanto la prensa alternativa, ver el otro lado de la noticia; llevo 20 años distribuyendo el periódico desdeabajo y 15 años el Le Monde diplomatique.

 

Como usted sabe la vida tiene sus sinsabores, y en mi caso no han sido pocos.El tiempo fue transcurriendo y mi padre, ya mayor y con el cansancio de tantas cosas de la vida, se vino para Bogotá a vivir con nosotros, se fue deteriorando y hace nueve años falleció.

 

Con los años, también, la situación cada vez se fue tornando más difícil, la tecnología nos fue arrebatando a estos lectores y compradores frecuentes de la prensa, ya el internet se robó la atención y se volvió prioridad, las ventas fueron decayendo, cada día más devoluciones, algunos periódicos fueron descontinuados, clientes mayores van desapareciendo y se bajan del tren de la vida, y mi situación económica se va complicando: el arriendo no da espera, aquí en el centro el valor mensual de $ 800.000, dinero casi imposible de recaudar, las ventas cada día menores y sacando mis cuentas el ingreso mensual actual es de $ 200.000, a veces llevo $ 8.000 del diario, además de esto debo alimentarme y cubrir deudas de los distribuidores, menos mal aquí el respaldo de El Tiempo que paga un impuesto y la ganancia de los periódicos Le Monde diplomatique y desdeabajo que es la más alta, claro está hay que tener en cuenta que son mensuarios así que debo tener paciencia para cada llegada y su recaudo; además me ayudo con mi hijo que ahora tiene una pequeña chaza de golosinas, la preocupación constante y el estrés, aumentadas pues las finanzas jamás alcanzaron para adquirir una vivienda propia y pues teníamos que buscar una nueva alternativa de alojamiento, así que tocó recurrir a unos familiares radicados en Bogotá, también con grandes necesidades pero con un corazón de solidaridad familiar, ellos están ubicados en el sur de la ciudad, en la localidad de Usme zona rural el Uval, donde vivo actualmente, sitio al que llamo jocosamente la montaña, donde hace mucho frío y donde se pierden los ruidos y el estrés capitalino, donde cada amanecer es una nueva experiencia, ambiente helado, con un viento que golpea fuerte e impulsa a volver a vender.

 

Cada amanecer hay que sobreponerse al frío. Hoy en día mi horario ha cambiado por tema de agotamiento y medio de transporte, ahora estoy llegando a mi punto de venta a las 8:00 am, mi hijo llega después del medio día a colaborarme y nos vamos sobre las 9:00 pm; la jornada no termina pronto pues en la noche se continúa con labores de hogar, desde la cocina, el aseo lavado de ropas, entre otros quehaceres, así que termino acostándome sobre la 1:00 am”.

 

La voz de Olga se mantiene firme, su mirada también, la misma que nos parece interrogar por si tenemos más preguntas. Nosotras nos miramos, y sentimos que con lo dicho por esta mujer que de niña llegó a una ciudad donde tuvo que abrirse contra todo tipo de injusticias, es suficiente. Sin duda, como ella mismo lo expresó, estará en la esquina de la Carrera 7 con Calle 23 “[…] hasta mis últimos instantes estaré aquí al frente de mi negocio impulsando la lectura […]”.

Publicado enEdición Nº244
Sábado, 23 Diciembre 2017 07:54

Violenta crisis del 'madurismo'. "Dolor país"

Violenta crisis del 'madurismo'. "Dolor país"

El alcance devastador de la crisis social en Venezuela, cuyas causas son múltiples y complejas, genera una empatía imposible de trasladar al gobierno caricatura de lo que fuera el chavismo, o a la oposición cuyo objetivo es acabar con la experiencia democratizadora plebeya.

 

Venezuela transmite una sensación ambivalente de cercanía y a la vez de distancia. El sentimiento de cercanía remite a lo que expresa desde abajo, alcance devastador de la crisis social y humanitaria, al esfuerzo de mayúsculo que día a día hacen los venezolanos (hombres y mujeres) por sobrevivir, incluso el deseo en algunos de creer que no todo está perdido y que todavía es posible reconducir el proceso en un sentido democrático y emancipador. La distancia adviene inevitablemente frente a la imposible identificación política que Venezuela nos impone desde arriba, de un lado como del otro; sea que analicemos fríamente el gobierno de Nicolás Maduro, el cual aparece como una caricatura grotesca de lo que fue el chavismo en sus mejores tiempos; sea que hagamos referencia a su contracara, la derecha clasista que anida en la dividida Mesa de Unidad Democrática (MUD), cuyo objetivo es cavar con cualquier experiencia de democratización plebeya.


El actual desastre venezolano se expresa en una suerte de inabarcable “dolor país”, en contraposición al “riesgo país”, para parafrasear a la psicoanalista Silvia Bleichman a la hora de hablar del impacto de la crisis sobre las subjetividades en la Argentina de 2001.


Rentismo y polarización


Las causas de la crisis en Venezuela son múltiples y complejas. Desde Arturo Uslar Oietri, pasando por Fernando Coronil hasta Edgardo Lander, son numerosos los intelectuales venezolanos que reflexionaron sobre la consolidación de un Petroestado en ese país, de su relación con una burguesía parasitaria y una cultura social rentista. En esa línea y en términos estructurales, el chavismo conllevó una profundización del rentismo, basado en la exportación de petróleo. Recordemos que cuando en 1999 Hugo Chávez asumió el poder, el precio del barril de petróleo estaba en 7 dólares, mientras que en 2008 alcanzaba los 120 dólares. Así, entre 2003 y 2013, como en otros países latinoamericanos, en el contexto del boom de los precios de los commodities, el chavismo expandió el gasto social, logrando una importante disminución de la pobreza y el analfabetismo. Al mismo tiempo, más allá de las expresiones de deseo acerca de la necesidad de la diversificación de la matriz productiva, el chavismo profundizó el carácter monoproductor y rentista del Estado, lo cual se vería potenciado posteriormente por los nuevos planes de desarrollo, basados en la expansión de la frontera extractiva (petrolera y minera).


Asimismo, el populismo chavista se instaló en una escena política inestable, a raíz del acoso permanente de sectores de la derecha. Sin embargo, el liderazgo de Chávez -que tendría una dimensión regional/internacional- estaba ahí para suturar transitoriamente las brechas abiertas por la polarización política. Su muerte en 2013 y el ascenso de Maduro a la Presidencia por un ajustado porcentaje en la votación, simultáneamente a la caída de los precios del petróleo, fueron colocando en tembladeral los logros sociales realizados y exacerbaron las fallas estructurales y coyunturales.


En la actualidad, la crisis del Estado rentista se manifiesta de diferentes maneras: desde la incapacidad para producir bienes básicos para la población (alimentos y medicamentos) e incluso para importarlos de manera eficiente, hasta el incremento sideral de la corrupción, que atraviesa a las clases gobernantes.


Por último, no es un secreto que hay sectores extremistas de la oposición que buscan una salida violenta a la crisis. Estos grupos cuentan, por lo menos desde el golpe de Estado de 2002, con apoyo político y financiero de Estados Unidos. Pero también es necesario reconocer que en el marco de la crisis actual no solo la derecha se ha movilizado. La oposición es heterogénea e incluye sectores políticos identificados con el chavismo de la primera hora, así como sectores populares, golpeados por el desabastecimiento y la pobreza.


Mutación político-subjetiva


Algunos elementos ilustran la mutación político-social venezolana. No son los únicos ni tal vez los más importantes, pero muestran las aristas de una sociedad golpeada y en proceso de reconfiguración.
1. La dureza de la vida cotidiana


El día a día de los venezolanos pobres y de clases medias se reduce a una desgastante lucha por la sobrevivencia. Al calor de la crisis, los individuos van desarrollando diferentes lógicas de acción, que combinan los que se puede obtener a través de las redes estatales, las redes de reciprocidad (trueque, familia, amigos), con el bachaqueo (venta en el mercado informal de bienes a precios regulados) e incluso, el delito. Algunos estudios recientes revelan tendencias contradictorias, a partir de las cuales un mismo individuo puede alterar la lógica del cazador con la apuesta colectiva; coexisten así lazos de coerción y competencia con relaciones de solidaridad. La situación conlleva destrucción de lazos sociales y cambios en las formas de sociabilidad, en el marco de una subjetividad sufriente. Por otro lado, ciertos cambios en los modos del consumo, aún pueden ser beneficiosos (se prioriza la producción artesanal, en algunos casos se “más sano”), es muy probable que no tengan un alcance duradero. En Argentina, por ejemplo, sabemos que experiencias como el trueque, en 2002, generaron un discurso anticonsumista de patas cortas, pues en cuanto la situación económica social mejoró, la vuelta a la normalidad sumergió a esos mismos sectores nuevamente en el modelo de consumo dominante.


El elemento más radical del populismo chavista ha sido la centralidad que adquirió la democracia participativa, en los últimos años a través de los consejos comunales. Ésta se convirtió en el paradigma por excelencia de la transformación de la política y, a la vez, en la clave del dispositivo legitimador. Sin embargo, la democracia participativa encontró diferentes obstáculos y límites, tanto económicos como políticos. En esta línea, en el marco de la gran crisis venezolana, la creación de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) implicó un giro hacia políticas sociales focalizadas. Este modelo centralizado de distribución directa funciona en todo el país y alcanza a 4 millones de venezolanos. Las opiniones sobre los CLAP son contradictorias, debido a la discrecionalidad y la situación de abuso de poder que su implementación genera. Para muchos estarían desplazando desde arriba a los Consejos Comunales y la Comunas, para otros, más bien se entremezclan con éstos, lo cual no quiere decir que ello se traduzca necesariamente en un mayor empoderamiento social.

 

2. Los diferentes rostros del chavismo


Que no existe un solo chavismo no es ninguna novedad. Aunque el gobierno pretenda unidad social y se arrogue el monopolio de la representación política, luego de la muerte de Chávez, pero sobre todo a partir de la crisis de 2015 en adelante, es posible identificar varios chavismos realmente existentes, tanto desde el punto de vista social como político. Así, desde abajo, existen diferentes variantes del chavismo social organizado, las cuales se instalan en una especio de geometría variable, desde el apoyo irrestricto, hasta aquellos que plantean diferencias y críticas del rentismo, las consecuencias del desabastecimiento, la corrupción y la discrecionalidad en la entrega de los recursos. Para algunos militantes chavistas que se politizaron con el barril de petróleo a 100 dólares, que fueron “la generación dorada, la que iba a comerse el mundo”, como me dijera un joven en barrio periférico de Caracas, hay que hacer la crítica al rentismo, pero la apuesta de cambio sigue en pie: la crisis puede ser una oportunidad de generar alternativas, desde la ampliación del rol de las comunas.


Por otro lado, existe un chavismo político crítico, que se expresa no sólo en términos individuales. Entre los colectivos de autoconvocados se destaca la Plataforma Democrática en Defensa de la Constitución (1), en la cual confluyen partidos de izquierda como Marea Socialista, ex ministros de Chávez, intelectuales reconocidos y activistas de derechos humanos y políticos. Tarea nada fácil la de estos chavistas de izquierda, que rechazan la polarización y la violencia, y apuntan a construir un lugar desde una oposición democrática creíble. En octubre, la Plataforma hizo un llamado a votar por candidatos despolarizados o votar nulo en las elecciones regionales.


Asimismo, no son pocos los que sostienen que durante el período de protestas entre abril y septiembre, sectores populares del oeste de Caracas así como en ciudades del interior participaron de las movilizaciones contra el gobierno. Pero, en términos masivos, como afirma Alejandro Velasco, especialista en el tema, “los pobres no bajaron de los cerros”. (2)


3. El Estado de excepción


Desde hace dos años Venezuela vive bajo un Estado de excepción, a partir del cual el gobierno fue intentando cimentar un poder absoluto. Esta dinámica que arrancó del desconocimiento por parte del Ejecutivo de otras ramas del poder (la Asamblea Legislativa, donde la oposición cuenta con la mayoría luego del triunfo en las elecciones de 2015), se fue agravando y potenciando exponencialmente con el posterior bloqueo y postergación del referéndum revocatorio -una herramienta democratizadora introducida por la propia Constitución chavista- la postergación de elecciones primero y la construcción de una cancha electoral inclinada para el oficialismo después. Todo ello generó un nuevo escenario político, marcado por la violencia y la ingobernabilidad, especialmente entre los meses de abril y septiembre, con más de 170 víctimas, 3.000 detenidos y 1.000 heridos, producto de los enfrentamientos entre la oposición y las fuerzas gubernamentales. En esa línea, sin descartar las tendencias golpistas de ciertos sectores de la derecha y sus “guarimbas”, el principal responsable de la situación en Venezuela -en tanto garante de los derechos fundamentales, que controla el aparato represivo- es el Estado.


En medio de lo que pareció un “empate catastrófico”, el gobierno de Maduro retomó la iniciativa política con el llamado a una Asamblea Constituyente que la oposición rechazó en bloque. Pese a que ésta sería considerada por numerosos especialistas como anticonstitucional, la iniciativa prosperó y terminó consolidándose luego del llamado y realización de las elecciones a gobernador, en octubre pasado, que dieron el triunfo al chavismo en 18 de 23 estados. Sólo en uno de ellos hubo denuncias consistentes de fraude, no por casualidad en el estratégico estado de Bolívar, que está dentro del Arco Minero. Y ya a mediados de noviembre, podía respirarse algo de tranquilidad en las calles, lo que el gobierno atribuyó a la Constituyente. Montado en la ola de entusiasmo de las regionales, el gobierno llamó a las elecciones municipales para antes de fin de año. El cierre -temporario- del ciclo de la violencia no asegura la gobernabilidad , pues la falta de dinero circulante, crisis alimentaria y sanitaria, la vertiginosa inflación y, ahora, el llamado a la reestructuración de la deuda, vuelven a empujar a Venezuela al borde del abismo.


Días antes de la crisis de la deuda, la Asamblea Constituyente sancionó la Ley contra el Odio, un engendro jurídico que parece superar a las leyes “antiterroristas” y que revela el avance del gobierno en el control de cualquier posibilidad de disidencia, a través de una puntillosa política de criminalización de la opinión mediante la cárcel.


Cierto es que, de aplicarse esta ley, debería hacerse, en primer lugar, contra el número dos del régimen, Diosdado Cabello, quien tiene un programa televisivo llamado Con el mazo dando, en el cual fustiga a la oposición sin escatimar amenazas y discursos hiperbólicos, mientras exhibe en su escritorio un mazo o garrote. No obstante, la oposición cuenta todavía con algunos espacios en los medios y aunque su lenguaje es a menudo tan simplificador y virulento como el del oficialismo, en su performance está lejos de compararse con la sobreexposición mediática del presidente Maduro.


En suma, el chavismo/madurismo, en tanto, régimen político, se va consolidando como un Estado de excepción, un régimen de control biopolítico que interviene cada vez más en la vida cotidiana de la gente, en un contexto de gran crisis económica y alimentaria, y que genera cada vez más herramientas y dispositivos jurídicos para criminalizar las disidencias.


4. “Pranato” minero y economía criminal


En el marco del Estado de excepción, se crearon las zonas económicas especiales. La megaminería aparecerá como una nueva salida “mágica” en la búsqueda de la diversificación del extractivismo. La apertura a la explotación megaminera de casi 112.000 cuadrados (12% del territorio nacional), mediante la creación de una Nueva Zona de Desarrollo Estratégico Nacional “Arco Minero”, tiró por la borda el discurso antiimperialista del gobierno. El gobierno suscribió alianzas y acuerdos con diferentes empresas transnacionales (chinas, rusas, entre otras), cuyo contenido se desconoce, pues el decreto de Estado de excepción y emergencia económica permite que las contrataciones puedan tener discrecionalidad y no requieran autorización de la Asamblea Nacional. Como varios analistas han denunciado (3), los nuevos megaproyectos unen expoliación económica y virtuales graves daños ambientales, entre ellos la amenaza de la deforestación masiva.


Asimismo, investigaciones recientes sobre el tema coinciden en señalar la emergencia y consolidación de bandas criminales en los estados del Arco Minero del Orinoco, ligadas a la minería artesanal e ilegal. Aunque la masacre de Tumeremo, en el estado de Bolívar, con el trágico saldo de 28 mineros asesinados (4) no fue la primera, otorgó visibilidad a la relación creciente entre rentismo, criminalidad y minería artesanal e ilegal (5), un fenómeno que se habría acentuado en los últimos años. Es cierto que la expansión de estructuras criminales ligadas a la minería artesanal/ilegal no es una figura específica de Venezuela, pero rl caso es que allí asume rasgos más contundentes, ligados a la crisis del Estado y la fenomenal debacle económica que expulsa a poblaciones a la búsqueda de nuevas estrategias de sobrevivencia.


Lo que se conoce con el nombre de “pranato” minero (6) revela los contornos de una nueva territorialidad violenta , que tiene como contracara un Estado con escasa capacidad de regulación y de control territorial, que al mismo tiempo desarrolla vinculaciones con las bandas armadas. Así, lo que describen diferentes trabajos de investigación es la emergencia de una esfera paraestatal, desde abajo, que involucra un gran número de actores legales e ilegales, y sujetos sociales. Dichas estructuras criminales no sólo controlan territorios sino también la población y las subjetividades, lo cual constituye un golpe importante para cualquier tentativa de reconstrucción de un proyecto democrático. Y todo sucede, aun antes que las empresas transnacionales ingresen con su lógica depredadora a los territorios...


En suma, Venezuela continúa siendo el escenario de gran tragedia social y política; un punto ciego para parte de las izquierdas latinoamericanas, que aún hoy continúan brindando un apoyo incondicional a un régimen cada vez más autoritario; un dilema para todos aquellos que buscan pensar en términos de horizontes democráticos contrahegemónicos, en fin, un “dolor país” que tiñe las subjetividades del país caribeño, al tiempo que impacta en términos políticos en toda la región latinoamericana.


* Socióloga y escritora. Su último libro es “Del cambio de época al fin de ciclo. Gobiernos progresistas, extractivismo y movimientos sociales en América Latina”. Edhesa, Buenos Aires, junio de 2017.
Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, diciembre 2017
www.eldiplo.arg


Notas


1) Véase el manifiesto de la Plataforma en Defensa de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y de la Democracia, publicado el 19-20-2016 en el sitio de Aporrea:www.aporrea.org/
2) “Venezuela ¿por qué no bajan de los cerros?”, entrevista a Alejandro Velasco de Pablo Stefanoni, Nueva Sociedad, Buenos Aires, junio de 2017: http://nuso.org/
3) Emiliano Terán Mantovani, “Los peligros del Arco Minero del Orinoco: un breve análisis desde la economía ecológica”, Alai, 11-6-2016: http://www.alainet.org/
4) Daniel Pardo, “Lo que se sabe de la supuesta masacre de 28 mineros en Venezuela”, BBC Mundo, 15-3-2016.
5) Véase Carlos Egaña, “El Arco Minero del Orinoco. Ambiente, rentismo, violencia en el sur de Venezuela”, Prodavinci, 28-3-2016: http://prodavinci.org/
6) En sentido estricto, “Pran” en la jerga carcelera significa jefe. Se suele atribuir esa sigla al “titulo” de “preso reincidente asesino nato”.

Publicado enInternacional
“Siempre hemos mantenido la resistencia”

En Norte de Santander, sobre el Catatumbo, con frontera viva entre Colombia y Venezuela, está asentado el pueblo Barí, ahora arrinconado por el interés empresarial y la dejadez del Estado central. Reclaman 244.284 hectáreas de territorio ancestral para poder ampliar sus resguardos. A principios del siglo XX contaban con 1.600.000 hectáreas.

 

Derechos y territorio ancestral violados. Los Barí, unos de los 102 pueblos indígenas reconocidos por el Estado colombiano, viven desde hace siglos una cadena de violencia, sistemática, que en los tiempos que corren se centra sobre su territorio ancestral en la disputa de multinacionales por de los recursos mineros allí existentes.

 

Arrinconados sobre 128 mil hectáreas, sus 3.402 sobrevivientes le exigen desde el 2014 al Estado central que les reconozca el dominio legal e histórico que tienen sobre 244.284 hectáreas; territorio necesario para poder ampliar sus resguardos. Esa es hoy su principal lucha: recuperar este territorio ancestral, donde, por demás, están situados algunos de sus lugares sagrados, y donde desarrollan actividades económicas como pesca y caza.

 

Como es conocido, para los indígenas la propiedad colectiva de un territorio no lo legitima un papel, existe un derecho consuetudinario, pese al cual han tenido que enfrentar al Estado con mecanismos jurídicos para que sean reconocidos sus derechos territoriales y culturales.

 

Conflictos mineros y petroleros en territorio Barí

 

El despojo del pueblo Barí se remonta al comienzo de la explotación petrolera en el Catatumbo, en los inicios del siglo XX. La llegada de capitales internacionales provocó la apertura de vías, pozos y campamentos para los trabajadores y desplazó a los Barí de sus territorios ancestrales, a tal punto que para el año 1980 sólo contaban con 240.000 hectáreas de las 1.600.000 reconocidas a principios de siglo (ver Tabla), las que hoy, según sus autoridades, están reducidas a 128.000. Asímismo su población fue disminuyendo al pasar de 2.000 personas a mediados del siglo pasado a 1.400 a finales de 1980*, dinámica que cambió en estas últimas décadas al sumar 3.402 habitantes en 2017, según datos de sus autoridades.

 


La lucha por sus territorios ancestrales gana en intensidad, pese a las amenazas que padecen. Anora reclaman y demandan jurídicamente, elevando sus solicitudes ante la Agencia Nacional de Tierras (anteriormente Incoder) y el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (Igac). Demanda convertida en una importante lucha, no solo por lo que representa para este pueblo el territorio en litigio, sino también porque para ellos es urgente impedir y suspender la explotación minero-energética desatada en estas tierras; el alto poder destructivo de este tipo de explotación, del cual son conscientes, así los obliga a actuar. El ejemplo de lo sucedido con los wayuu en La Guajira es una lección que no puede quedar sin ser aprendida.

 

En el territorio hoy reclamado para poder ampliar los resguardos Barí, se encuentran 48 títulos minero-energéticos otorgados por el gobierno a distintas empresas, de los cuales 13 están en fase de exploración y 35 en fase de explotación; son títulos para explotar carbón, petróleo y titanio. Según Diego Dora exgobernador de Ñatubaiyibari –Asociación de autoridades tradicionales del pueblo Barí: “hay una veta más grande que la del cerrejón de La Guajira que se quiere explotar a cielo abierto dentro de los territorios ancestrales del pueblo Barí, entonces esto nos conlleva a tomar medidas de control territorial para la pervivencia de la cultura y la integridad física del pueblo en general”.

 

El interés empresarial. En tanto el Estado no reconoce la propiedad ancestral Barí sobre este territorio, algunas autoridades del orden nacional, y las empresas multinacionales, se escudan en ello para no aplicar el derecho de consulta previa, algo que los indígenas reclaman pues, aunque estos territorios no están titulados sí hacen parte de la cultura: en ellos desarrollan actividades propias de su cosmogonía.

 

Ellos insisten en su derecho histórico, lo que los anima física y espiritualmente para no dar el brazo a torcer. Diego Dora lo expresa con total claridad, “para nosotros el territorio no tiene límites, es sin fronteras, entonces la legalidad y constitucionalidad nos obliga a tener algo legal para nosotros poder defender el territorio, lamentablemente”.

 

Sin embargo, existen antecedentes sobre luchas jurídicas ganadas por el pueblo Barí como la suspensión de la exploración de proyecto Álamo 1 que desde 2002 ya adelantaba Ecopetrol, pues estaba ubicado en territorio ancestral Barí. Para lograrlo, los indígenas realizaron una acción de tutela contra el Ministerio del Interior y de Justicia y otros entes nacionales por no realizar la consulta previa, favorecidos por la Sentencia T–880 de 2006 por medio de la cual la Corte Constitucional obligó a la suspensión de la fase de exploración hasta que se adelante la consulta previa.

 

Violación de derechos humanos

 

Emilse Guachina Aquerdora, gobernadora actual de Ñatubaiyibari, cuenta que “los Barí siempre han sido una gente de paz, nunca han tenido ningún problema, pero la entrada de los paramilitares nos han dado amenazas, dificultades y pobreza [...] mujeres han sido asesinadas, líderes que fueron asesinados en un tiempo pero siempre hemos mantenido la resistencia del pueblo Barí”. De resistencia en resistencia anda este pueblo, no solo ante la colonización de parte de sus tierras, la extracción petrolera y minera sino ante la arremetida paramilitar. Hay datos de más de 100 Barí asesinados en el 2003.

 

Intentan amedrantarlos. El pasado 9 de enero fue atacada la casa de Gobierno de Ñatubaiyibari, ubicada en el municipio de Tibú, una nueva sede que aún no habían inaugurado pero que en su interior reposaban muebles y enseres para el posterior funcionamiento que fueron robados.

 

Otro asunto que preocupa al pueblo, es la presencia de paramilitares en la región; según Emilse Guachina “A la salida de las Farc de Caño Tomás y Las Timba entraron los paramilitares, es una gran preocupación, una amenaza del pueblo Barí y las comunidades que están a punto de desplazamiento, pero ya sienten temor los líderes que somos”. Se refiere a la presencia de paramilitares el 9 de febrero del año en curso en el municipio de Tibú, en las zonas donde las Farc estaban preconcentradas, apenas salieron a Caño Indio, donde sería la Zona Veredal Transitoria.

 

* Salazar, 2005. La explotación y colonización petrolera: El genocidio contra los indígenas Barí.

 


 

Recuadro 1

 

Cambios territoriales y de población Barí 1900-1980

 

Territorio BaríTerritorio perdidoPoblación
Año Total área Km2 (aprox.)% área de 1900 Total pérdida década anterior Km2 % relativo pérdida área 1900Total estimadoDensidad x Km2 Km2 x persona
1900
1910
1920
1930
1940
1950
1960
1970
1980
16.000

14.000
13.500
9.700
7.400
5.100
3.300
2.400

 100

87,5
84,5
60,5
46,2
31,9
20,6
5,0

 -

1.970
475
3.800
2.300
2.300
1.800
900

 -

12,3
3,0
23,7
14,4
14,4
11,2
5,6

 
 2.000
2.500
2.000
2.000
1.500
1.200
800
1.200
1.400
0.12
0.15
0.14
0.15
0.12
0.16
0.16
0.36
0.58
8.0
6.4
7.1
6.7
8.1
6.2
6.3
2.7
1.7

 

Fuente: (Beckerman 1983). Fuente: Jaramillo, 1993. Tomado de: Salazar, 2005.

 


 

Recuadro 2

 

¿Quiénes son los Barí?

 

En el bosque húmedo tropical del nororiente de Colombia, en el departamento de Norte de Santander, habita el pueblo indígena Barí, conocido también como Motilón Barí. Se ubica en la región del Catatumbo, en los municipios de Tibú, El Tarra, El Carmen, Teorama y Convención (ver mapa). Se encuentran organizados en dos resguardos; el Motilón Barí, constituido por 23 comunidades y el Catalaura–La Gabarra, constituido por 2 comunidades. Estos resguardos suman una extensión total de 128.000 hectáreas y reune una población de 3.402 personas, según las autoridades indígenas Barí.

 

Este pueblo es binacional, es decir, vive tanto en Colombia como en Venezuela, ya que a comienzos de la invasión española ocupaban extensos territorios, por el norte desde las cabeceras de los ríos Santa Ana y Santa Rosa de Aguas Negras en la Serranía de Perijá, hasta el lago Maracaibo, y por el sur llegaban hasta más abajo del Catatumbo*.

 

A pesar de que los Barí ancestralmente han vivido en la región del Catatumbo, el Estado colombiano nunca ha respetado sus derechos sociales, territoriales y culturales: entrando el siglo XX su territorio abarcaba alrededor de 1.600.000 hectáreas y el Estado entregó en concesión 200.000 al general Virgilio Barco para explotación petrolera. Luego, a principios de los años treinta, inicia la explotación petrolera por acción de la empresa Colpet (Colombian Petroleum Company) quien compró los derechos de la Concesión Barco y se instalaron así 38 pozos de producción, los cuales obligaron a formar asentamientos humanos para los trabajadores de los pozos y los colonos que llegaron a las zonas aledañas4. Entonces la lucha del pueblo Barí se volvió más compleja, ya no libraban batallas solo contra la usurpación de las petroleras sino también de los colonos y grandes hacendados que se fueron estableciendo.

 

* Fuente: Archivos Ministerio del Interior.

Publicado enEdición Nº233
Miércoles, 01 Febrero 2017 07:34

Los sinsabores del salario mínimo

Los sinsabores del salario mínimo

Trabajo y salario mensual; inflación e impuestos; Presupuesto General de la Nación y Corte Constitucional; canasta básica familiar y vida digna; unos y otros, todos estos temas e instancias están interrelacionadas y tienen que ver con la vida (in)digna de los/as trabajadores/as. Una revisión a los mismos nos permite abordar el tema del incremento del salario mínimo que llega con cada final de año, superando la mirada puntual en su revisión y acercándonos a una estructural. Aquí los retos que nos denota la misma.

 

 

 

 

El final de año trajo malas noticias para los cerca de dos millones de trabajadores que laboran sujetos al salario mínimo legal vigente (Smlv): su reajuste apenas alcanzó al 7 por ciento, lo que significa que durante el 2017 devengarán, mes tras mes, $737.717 pesos, dinero que escasamente alcanza para cubrir una cuarta parte de la canasta básica familiar (CBF) de un hogar medio colombiano, cuyo valor asciende a $3.342.341 mensuales (teniendo en cuenta las bienes y servicios básicos que necesita el hogar para vivir, la inflación del 5,8% anual en 2016 y el aumento de 0,6% en el nivel general de precios por efecto del impacto del IVA del 16 al 19%).

 

Lejos están los trabajadores de devengar tal cifra, su remuneración escasamente alcanza para satisfacer las necesidades esenciales de una sola persona, no para la sobrevivencia de un hogar medio. Mucho menos para garantizar un mínimo vital. La situación general de la clase trabajadora es más difícil: según las cifras oficiales: de los 22,8 millones de personas ocupadas en noviembre de 2016, el 54 por ciento, es decir, 12,3 millones de personas, ganaba menos o el equivalente a un salario mínimo.

 

Pese a esta realidad, la ministra de trabajo Clara López opinó lo contrario. Según ella, que en ocasiones fungió como líder de izquierda, el incremento en términos reales es 1,2 por ciento frente a la inflación de 2016 que fue de 5,8 por ciento. Sorprende. Ninguno de los “ministros obreros” ha logrado transformar “desde arriba” esta lamentable situación de la clase trabajadora; es más, la concertación tripartita es una vulgar parodia de la democracia, en el 90 por ciento de los casos termina el Gobierno imponiendo el aumento salarial de manera autónoma y arbitraria en favor del sector empresarial.

 

Con su mente puesta en la lógica gubernamental y de los ricos del país, olvidando su supuesto liderazgo del brazo de los excluidos, omite la “ministra obrera” un hecho notable: en una casa popular todo pesito hace falta, allí los lujos solo los ven en las mansiones de los ricos o centros comerciales a través de la televisión, de ahí que los supuestos beneficios que ella observa frente a la inflación no funcionan así en la vida cotidiana.

 

En concreto, el alza autorizada de manera unilateral por el Gobierno, que en la práctica equivale a menos de 2 mil pesos diarios, queda evaporada por efecto de la regresiva reforma tributaria, también aprobada en diciembre, y la consecuente cascada de alzas de precios que llegan entre los meses de enero-marzo, tanto como consecuencia de los injustos nuevos tributos como por efecto del aumento en el precio de la gasolina que la misma conlleva, del reajuste de las tarifas del transporte urbano, así como por la demanda de los gastos escolares, el incremento en la tarifa de los arrendamientos, y otro conjunto de gastos que vendrán del reajuste impositivo que los alcaldes y los concejos municipales pondrán en práctica en todas las localidades del país (predial, servicios, alumbrado, etcétera).

 

En estas circunstancias, y para que el sainete de final de año no continúe su lógica ceremonial, de espaldas a las mayorías del país que entran a vacaciones por esos días, debería citarse para este mismo mes de abril la apertura de nuevas negociaciones del salario mínimo, revisar las sentencias de la Corte Constitucional sobre el particular, detallar las dificultades que atraviesan en todos los hogares populares para sobrevivir, y resaltar el tremendo desajuste entre ricos-pobres que conoce el país, para que la redistribución del ingreso nacional se torne realidad, y los ingresos mensuales de quienes trabajan ajustados al salario mínimo, así como de las mayorías que lo hacen sometidos al vaivén de la vida cotidiana, cubra cada vez más sus necesidades esenciales diarias.

 

Algunos exigen menos salario

 

Para la Ocde, ante la cual el Gobierno Santos cede a toda exigencia por impopular que sea con tal de poder ingresar al club de países ricos, en Colombia “El salario mínimo es elevado en relación con los ingresos laborales, lo cual empuja al sector informal a los jóvenes, a los trabajadores y a los residente de regiones menos desarrolladas”.

 

De acuerdo a su diagnóstico, el reajuste del salario mínimo debería estar atado a la inflación. Es decir, un salario mínimo cada vez menor permitiría que los patrones contraten más fuerza laboral. ¿Han escuchado algo similar al momento de justificar reformas en el sector laboral? ¿Y los resultados? ¿Y la concentración de la riqueza?

 

¿Permitiría este tipo de medidas, como no lo permite hoy el salario mínimo que aquí se paga, acceder a las mayorías a calidad de vida y bienestar social? Tema grueso que demanda una lectura más profunda del mundo del trabajo y de la misma economía.

 

Veamos. En términos económicos, el bienestar de cualquier sociedad depende de. i) la productividad per cápita, ii) la distribución de la producción de bienes y servicios, entre los bienes de consumo y bienes de capital; iii) la distribución del ingreso y el consumo (alimentos, servicios de salud y educación, vivienda y servicios domiciliares, vestuario, cultura, recreación y descanso) entre la población. En particular, la evolución macroeconómica y social puede juzgarse mediante cuatro medidas: tasas de crecimiento de la producción, desempleo, inflación y pobreza por ingresos (gráfico 1).

 

Particularicemos. El índice del costo de la vida (IPC) constituye la mejor medida para calcular la inflación en Colombia, la cual consiste en un alza persistente y sustancial del nivel general de precios, que aumenta la participación del capital y el Estado en el ingreso nacional y reduce, de forma correlativa, la participación del trabajo, determinando, de una parte, la concentración del ingreso y, de otra, la inevitable degradación de los salarios reales. El nivel del salario real depende del monto del salario nominal y del nivel de los precios de los bienes y servicios indispensables para el trabajador y su familia, así como de los impuestos que gravitan sobre éste (Impuestos a los ingresos, al consumo y al valor agregado –IVA). La naturaleza político-económica de la inflación está articulada a las formas de comportamiento de las estructuras de poder y a la manera como funcionan las leyes de concentración económica en nuestra sociedad. Con su lucha económica y política, los trabajadores se oponen a la reducción de los salarios, presionando para que se eleven o por lo menos mantengan su poder adquisitivo frente al fenómeno persistente de la inflación.

 

En Colombia, los procesos de negociación en torno al incremento del salario mínimo (entre el Gobierno, los empresarios y los trabajadores) toman en consideración el costo de vida (el IPC causado en el año), el crecimiento del PIB y la productividad marginal del trabajo.

 

1. Costo de la vida (IPC) y Salario Mínimo Legal (SML)

 

En un contexto de largo plazo pueden distinguirse tres períodos claramente distintos de la dinámica de la inflación en Colombia: 1940-1972, 1973-1998 y 1998-2016. En efecto, la tasa media anual de inflación, según el IPC, pasó de 10,6 por ciento, durante el primer período (con un valor mínimo de 5,7% en 1961), a 23,4 por ciento en el segundo (alcanzando un valor máximo de 32,4% en 1990), para luego estabilizarse en un solo digito, esto es, 5,4 por ciento a lo largo de los últimos 18 años. El mínimo histórico de inflación se alcanzó en el año 2013 con una variación anual de 1,94 por ciento. Durante los años 2014-2016 el índice de inflación registra una vez más un ritmo creciente llegando a 5,75 en 2016 y se espera un valor de 5,1 por ciento para el año 2017 por efectos de los mecanismos de indexación (4,5%) y de la reforma tributaria que incrementó el IVA y el impuesto al consumo (0,6%).

 

Durante el período 1988-2017 el índice de precios implícitos total que deben pagar los consumidores aumentó en 2.035 por ciento. Así, por ejemplo, un bien cuyo precio era de $100 en el año 1988, hoy debe pagarse por el mismo $2.135. En lo que respecta al índice implícito de los alimentos, el incremento durante los últimos 30 años es ligeramente superior al acumulado global: 2.090 por ciento; carestía de los alimentos por efectos del monopolio de la tierra, pérdida de calidad y mal uso de los suelos y la variabilidad, inestabilidad y cambio climático. En 2015 el IPC general fue de 6,8 por ciento y el de los alimentos 10,9, en 2016 el primero fue de 5,8 y el segundo de 7,2 por ciento (gráficos 2 y 3).

 

 

 

 

 

En 2016 el aumento de precios de cuatro grupos de bienes y servicios se ubican por encima de la inflación promedio nacional (5,75%): salud (8,14%); otros gastos (7,25%, incluye bebidas alcohólicas y cigarrillos, artículos para el aseo y cuidado personal, y otros personales); alimentos (7,22%) y educación (6,34%). El resto de los grupos de gastos se ubicaron por debajo del promedio: vivienda (4,83%); comunicaciones (4,72%); transporte (4,47%); diversión (4,05%) y vestuario (3,98%) (Gráfico 3).

 

Hay que recordar que el reajuste anual del salario mínimo en Colombia se institucionalizó después del paro cívico de 1977, bajo el llamado popularmente “mandato caro” del presidente López (el promedio anual de la inflación entre 1973 y 1977 fue de 25%, disminuyendo significativamente el poder adquisitivo de la población). Los trabajadores y sectores populares se indignaron y paralizaron el país durante tres días, ante lo cual el Gobierno desato una desproporcionada acción violenta, sin duda criminal.

 

Durante el período 1988-2016, el aumento acumulado del índice implícito del Smlv aumentó en 2.587 por ciento, esto es, 656 puntos porcentuales por encima del índice de precios implícitos al consumidor (IPC); ganancia del salario real explicada por el crecimiento del PIB (a pesar de las significativas oscilaciones y la grave crisis del año 1999, la tasa de crecimiento anual promedio del PIB entre 1960 y 2016 ha sido de 4,1 por ciento) y por el incremento en la productividad del trabajo. En el record histórico el salario mínimo real se ajusta un punto por encima de la inflación del año corrido a partir de 1997. Durante los años 1988-1996 el aumento anual del SML fue inferior al IPC causado; de igual manera, en 2008 y 2015 el salario real cae por debajo del aumento del costo de la vida. En valores nominales, durante las dos últimas décadas el smlv creció en 3,6 veces al pasar de $203.826 en 1988 a $737.717 en 2017.

 

Esta dinámica del Smlv, en sinergia con la caída del desempleo (en el año 2000 su tasa alcanzó un máximo de 20% y en 2016 cae a 9,2%) y el aumento del gasto público social (como porcentaje del PGN aumentó de 9,8% en 1947 a 43,7% en 2017), ha permitido que el índice de población viviendo bajo condiciones de pobreza por ingresos disminuya de 75 a 28 por ciento, entre los años 1960 y 2016 (gráficos 1 y 2).

 

2. Relación entre el salario mínimo legal (SML) y el valor de la canasta básica familiar (Vcbf)

 

El incremento en el salario real ha permitido que entre los años 1988-2017 los ingresos mejoren su capacidad adquisitiva, pero no de forma suficiente respecto al mínimo vital y digno requerido para el bienestar y la supervivencia humana. En el año 1998, el Smlv en valores absolutos era de $203.826 mes y la CBF (para un hogar medio compuesto por 4 personas) tenía un valor de $1.141.172 mensual; por tanto, la capacidad adquisitiva real del salario mínimo era de 17,9 por ciento respecto a los bienes y servicios necesarios para la supervivencia de la familia. En 2017, de una parte, con el aumento del 7 por ciento, el Smlv quedó establecido en $737.717 mes; de otra, el precio de la canasta básica familiar aumentó a $ 3.342.341 mensuales (por indexación de la inflación y aumento del IVA de 16 a 19 por ciento); en consecuencia, el Smlv alcanza para adquirir 22,1 por ciento de la canasta básica familiar. En resumen, el hogar promedio colombiano requiere un poco más de 4 Smlv para satisfacer la totalidad de las necesidades básicas (gráfico 4).

 

 

 

A pesar de la mejora del salario real, aún queda un largo camino por recorrer para que la clase trabajadora pueda tener una vida digna en nuestro país. Pero bajo el capitalismo, incluso con una buena unidad, organización y lucha económica y política activísima, los trabajadores sólo pueden lograr mantener el poder adquisitivo del salario, limitar la expoliación de sus ingresos por parte del empresariado, la clase política y la burocracia estatal a través de la plusvalía y los impuestos y participar en alguna proporción de las mejoras en la productividad del trabajo y el crecimiento económico; sin embargo, no pueden librarse de la explotación capitalista y de la oligarquía parasitaria y rentista. Esto sólo puede alcanzarse como resultado de una lucha política y social que establezca un nuevo modelo de organización social.

 

Hay que resaltarlo. El Smlv poco o nada tiene que ver con los ingresos que requiere un hogar tipo para poder subsistir en nuestro país. El mínimo vital hace referencia al ingreso mínimo que requiere una persona para solventar o cubrir sus necesidades humanas básicas y poder vivir una vida digna, sin restricciones y carencias básicas, como la alimentación, vivienda, transporte, vestido, educación, salud, cultura y recreación, entre otras. Estas condiciones mínimas que permiten un sustento digno de toda persona, se supone que deben ser garantizadas por el ingreso mínimo vital, el cual no sólo considera las necesidades de la persona, sino que además incluye al grupo familiar primario, entendido este como su pareja e hijos, que en Colombia suele estar conformado por cuatro personas. En la Constitución Política, y según sentencias de la Corte Constitucional, se habla del mínimo vital como una garantía derivada de los principios del Estado Social y Democrático de Derecho.

 

En teoría el salario mínimo debe cubrir el mínimo vital, pero no corresponde a la realidad. El salario mínimo, establecido por Ley cada año, escasamente cubre las necesidades básicas de una sola persona, más no de su familia. En consecuencia, el salario mínimo es inferior al mínimo vital. El salario mínimo corresponde al monto mínimo en dinero que todo empleador debe pagar a un trabajador, de acuerdo con lo establecido por Ley, más no representa el mínimo vital que requiere el trabajador y su familia.

 

Según el Dane, los bienes y servicios que componen la canasta familiar cambian en el tiempo de acuerdo con la evolución del consumo de los hogares. Actualmente la CBF contiene cerca de 520 bienes y servicios.

 

Los procesos inflacionarios no sólo aceleran la concentración del ingreso sino que modifican las formas de operación del sindicalismo, al tener que enfrentarse éste –como problema central de su actividad y de sus objetivos– a la rápida y constante erosión de los salarios reales. Los sindicatos se ven obligados a orientar sus luchas con un sentido de restablecimiento de los niveles de vida del pasado –teniendo como marco la ilusión reivindicativa del artículo 53 de la Constitución que establece el derecho de los trabajadores a una remuneración mínima vital y móvil, proporcional a la cantidad y calidad de trabajo– renunciando progresivamente a los principios, líneas estratégicas e ideológicas, las cosmovisiones y las luchas por una nueva sociedad, por un bienestar superior de la existencia, por un desarrollo sostenible y la integración total del principio democrático en todas las manifestaciones de la vida, por la igualdad y la libertad, por una economía social y solidaria con trabajo decente, en un ambiente de paz y garantía de los derechos humanos.

 

Desde este punto de vista, la acción pragmática destinada a restablecer o conservar el nivel de vida del pasado, resulta sustituto inevitable de las luchas por ganar en el futuro una vida digna y por acercarse a la imagen de la nueva sociedad. Oponerse a, y evitar que la visión de la Ocde termine por ser regla en nuestro país, es fundamental en esta senda. La historia lo enseña: teoría, unidad, imaginación, organización, ligazón estrecha con otros sectores sociales, iniciativa, combatividad y afianzamiento territorial, son imprescindibles para el triunfo revolucionario de la clase trabajadora.

 


 

* Economista político, filósofo humanista y analista existencial. Docente de la especialización en Derechos humanos de la UPTC. Integrante de los comités editoriales de los periódicos desdeabajo y Le Monde diplomatique edición Colombia.

Publicado enColombia
Martes, 24 Enero 2017 16:41

Los sinsabores del salario mínimo

Los sinsabores del salario mínimo

Trabajo y salario mensual; inflación e impuestos; Presupuesto General de la Nación y Corte Constitucional; canasta básica familiar y vida digna; unos y otros, todos estos temas e instancias están interrelacionadas y tienen que ver con la vida (in)digna de los/as trabajadores/as. Una revisión a los mismos nos permite abordar el tema del incremento del salario mínimo que llega con cada final de año, superando la mirada puntual en su revisión y acercándonos a una estructural. Aquí los retos que nos denota la misma.

 

 

 

 

El final de año trajo malas noticias para los cerca de dos millones de trabajadores que laboran sujetos al salario mínimo legal vigente (Smlv): su reajuste apenas alcanzó al 7 por ciento, lo que significa que durante el 2017 devengarán, mes tras mes, $737.717 pesos, dinero que escasamente alcanza para cubrir una cuarta parte de la canasta básica familiar (CBF) de un hogar medio colombiano, cuyo valor asciende a $3.342.341 mensuales (teniendo en cuenta las bienes y servicios básicos que necesita el hogar para vivir, la inflación del 5,8% anual en 2016 y el aumento de 0,6% en el nivel general de precios por efecto del impacto del IVA del 16 al 19%).

 

Lejos están los trabajadores de devengar tal cifra, su remuneración escasamente alcanza para satisfacer las necesidades esenciales de una sola persona, no para la sobrevivencia de un hogar medio. Mucho menos para garantizar un mínimo vital. La situación general de la clase trabajadora es más difícil: según las cifras oficiales: de los 22,8 millones de personas ocupadas en noviembre de 2016, el 54 por ciento, es decir, 12,3 millones de personas, ganaba menos o el equivalente a un salario mínimo.

 

Pese a esta realidad, la ministra de trabajo Clara López opinó lo contrario. Según ella, que en ocasiones fungió como líder de izquierda, el incremento en términos reales es 1,2 por ciento frente a la inflación de 2016 que fue de 5,8 por ciento. Sorprende. Ninguno de los “ministros obreros” ha logrado transformar “desde arriba” esta lamentable situación de la clase trabajadora; es más, la concertación tripartita es una vulgar parodia de la democracia, en el 90 por ciento de los casos termina el Gobierno imponiendo el aumento salarial de manera autónoma y arbitraria en favor del sector empresarial.

 

Con su mente puesta en la lógica gubernamental y de los ricos del país, olvidando su supuesto liderazgo del brazo de los excluidos, omite la “ministra obrera” un hecho notable: en una casa popular todo pesito hace falta, allí los lujos solo los ven en las mansiones de los ricos o centros comerciales a través de la televisión, de ahí que los supuestos beneficios que ella observa frente a la inflación no funcionan así en la vida cotidiana.

 

En concreto, el alza autorizada de manera unilateral por el Gobierno, que en la práctica equivale a menos de 2 mil pesos diarios, queda evaporada por efecto de la regresiva reforma tributaria, también aprobada en diciembre, y la consecuente cascada de alzas de precios que llegan entre los meses de enero-marzo, tanto como consecuencia de los injustos nuevos tributos como por efecto del aumento en el precio de la gasolina que la misma conlleva, del reajuste de las tarifas del transporte urbano, así como por la demanda de los gastos escolares, el incremento en la tarifa de los arrendamientos, y otro conjunto de gastos que vendrán del reajuste impositivo que los alcaldes y los concejos municipales pondrán en práctica en todas las localidades del país (predial, servicios, alumbrado, etcétera).

 

En estas circunstancias, y para que el sainete de final de año no continúe su lógica ceremonial, de espaldas a las mayorías del país que entran a vacaciones por esos días, debería citarse para este mismo mes de abril la apertura de nuevas negociaciones del salario mínimo, revisar las sentencias de la Corte Constitucional sobre el particular, detallar las dificultades que atraviesan en todos los hogares populares para sobrevivir, y resaltar el tremendo desajuste entre ricos-pobres que conoce el país, para que la redistribución del ingreso nacional se torne realidad, y los ingresos mensuales de quienes trabajan ajustados al salario mínimo, así como de las mayorías que lo hacen sometidos al vaivén de la vida cotidiana, cubra cada vez más sus necesidades esenciales diarias.

 

Algunos exigen menos salario

 

Para la Ocde, ante la cual el Gobierno Santos cede a toda exigencia por impopular que sea con tal de poder ingresar al club de países ricos, en Colombia “El salario mínimo es elevado en relación con los ingresos laborales, lo cual empuja al sector informal a los jóvenes, a los trabajadores y a los residente de regiones menos desarrolladas”.

 

De acuerdo a su diagnóstico, el reajuste del salario mínimo debería estar atado a la inflación. Es decir, un salario mínimo cada vez menor permitiría que los patrones contraten más fuerza laboral. ¿Han escuchado algo similar al momento de justificar reformas en el sector laboral? ¿Y los resultados? ¿Y la concentración de la riqueza?

 

¿Permitiría este tipo de medidas, como no lo permite hoy el salario mínimo que aquí se paga, acceder a las mayorías a calidad de vida y bienestar social? Tema grueso que demanda una lectura más profunda del mundo del trabajo y de la misma economía.

 

Veamos. En términos económicos, el bienestar de cualquier sociedad depende de. i) la productividad per cápita, ii) la distribución de la producción de bienes y servicios, entre los bienes de consumo y bienes de capital; iii) la distribución del ingreso y el consumo (alimentos, servicios de salud y educación, vivienda y servicios domiciliares, vestuario, cultura, recreación y descanso) entre la población. En particular, la evolución macroeconómica y social puede juzgarse mediante cuatro medidas: tasas de crecimiento de la producción, desempleo, inflación y pobreza por ingresos (gráfico 1).

 

Particularicemos. El índice del costo de la vida (IPC) constituye la mejor medida para calcular la inflación en Colombia, la cual consiste en un alza persistente y sustancial del nivel general de precios, que aumenta la participación del capital y el Estado en el ingreso nacional y reduce, de forma correlativa, la participación del trabajo, determinando, de una parte, la concentración del ingreso y, de otra, la inevitable degradación de los salarios reales. El nivel del salario real depende del monto del salario nominal y del nivel de los precios de los bienes y servicios indispensables para el trabajador y su familia, así como de los impuestos que gravitan sobre éste (Impuestos a los ingresos, al consumo y al valor agregado –IVA). La naturaleza político-económica de la inflación está articulada a las formas de comportamiento de las estructuras de poder y a la manera como funcionan las leyes de concentración económica en nuestra sociedad. Con su lucha económica y política, los trabajadores se oponen a la reducción de los salarios, presionando para que se eleven o por lo menos mantengan su poder adquisitivo frente al fenómeno persistente de la inflación.

 

En Colombia, los procesos de negociación en torno al incremento del salario mínimo (entre el Gobierno, los empresarios y los trabajadores) toman en consideración el costo de vida (el IPC causado en el año), el crecimiento del PIB y la productividad marginal del trabajo.

 

1. Costo de la vida (IPC) y Salario Mínimo Legal (SML)

 

En un contexto de largo plazo pueden distinguirse tres períodos claramente distintos de la dinámica de la inflación en Colombia: 1940-1972, 1973-1998 y 1998-2016. En efecto, la tasa media anual de inflación, según el IPC, pasó de 10,6 por ciento, durante el primer período (con un valor mínimo de 5,7% en 1961), a 23,4 por ciento en el segundo (alcanzando un valor máximo de 32,4% en 1990), para luego estabilizarse en un solo digito, esto es, 5,4 por ciento a lo largo de los últimos 18 años. El mínimo histórico de inflación se alcanzó en el año 2013 con una variación anual de 1,94 por ciento. Durante los años 2014-2016 el índice de inflación registra una vez más un ritmo creciente llegando a 5,75 en 2016 y se espera un valor de 5,1 por ciento para el año 2017 por efectos de los mecanismos de indexación (4,5%) y de la reforma tributaria que incrementó el IVA y el impuesto al consumo (0,6%).

 

Durante el período 1988-2017 el índice de precios implícitos total que deben pagar los consumidores aumentó en 2.035 por ciento. Así, por ejemplo, un bien cuyo precio era de $100 en el año 1988, hoy debe pagarse por el mismo $2.135. En lo que respecta al índice implícito de los alimentos, el incremento durante los últimos 30 años es ligeramente superior al acumulado global: 2.090 por ciento; carestía de los alimentos por efectos del monopolio de la tierra, pérdida de calidad y mal uso de los suelos y la variabilidad, inestabilidad y cambio climático. En 2015 el IPC general fue de 6,8 por ciento y el de los alimentos 10,9, en 2016 el primero fue de 5,8 y el segundo de 7,2 por ciento (gráficos 2 y 3).

 

 

 

 

 

En 2016 el aumento de precios de cuatro grupos de bienes y servicios se ubican por encima de la inflación promedio nacional (5,75%): salud (8,14%); otros gastos (7,25%, incluye bebidas alcohólicas y cigarrillos, artículos para el aseo y cuidado personal, y otros personales); alimentos (7,22%) y educación (6,34%). El resto de los grupos de gastos se ubicaron por debajo del promedio: vivienda (4,83%); comunicaciones (4,72%); transporte (4,47%); diversión (4,05%) y vestuario (3,98%) (Gráfico 3).

 

Hay que recordar que el reajuste anual del salario mínimo en Colombia se institucionalizó después del paro cívico de 1977, bajo el llamado popularmente “mandato caro” del presidente López (el promedio anual de la inflación entre 1973 y 1977 fue de 25%, disminuyendo significativamente el poder adquisitivo de la población). Los trabajadores y sectores populares se indignaron y paralizaron el país durante tres días, ante lo cual el Gobierno desato una desproporcionada acción violenta, sin duda criminal.

 

Durante el período 1988-2016, el aumento acumulado del índice implícito del Smlv aumentó en 2.587 por ciento, esto es, 656 puntos porcentuales por encima del índice de precios implícitos al consumidor (IPC); ganancia del salario real explicada por el crecimiento del PIB (a pesar de las significativas oscilaciones y la grave crisis del año 1999, la tasa de crecimiento anual promedio del PIB entre 1960 y 2016 ha sido de 4,1 por ciento) y por el incremento en la productividad del trabajo. En el record histórico el salario mínimo real se ajusta un punto por encima de la inflación del año corrido a partir de 1997. Durante los años 1988-1996 el aumento anual del SML fue inferior al IPC causado; de igual manera, en 2008 y 2015 el salario real cae por debajo del aumento del costo de la vida. En valores nominales, durante las dos últimas décadas el smlv creció en 3,6 veces al pasar de $203.826 en 1988 a $737.717 en 2017.

 

Esta dinámica del Smlv, en sinergia con la caída del desempleo (en el año 2000 su tasa alcanzó un máximo de 20% y en 2016 cae a 9,2%) y el aumento del gasto público social (como porcentaje del PGN aumentó de 9,8% en 1947 a 43,7% en 2017), ha permitido que el índice de población viviendo bajo condiciones de pobreza por ingresos disminuya de 75 a 28 por ciento, entre los años 1960 y 2016 (gráficos 1 y 2).

 

2. Relación entre el salario mínimo legal (SML) y el valor de la canasta básica familiar (Vcbf)

 

El incremento en el salario real ha permitido que entre los años 1988-2017 los ingresos mejoren su capacidad adquisitiva, pero no de forma suficiente respecto al mínimo vital y digno requerido para el bienestar y la supervivencia humana. En el año 1998, el Smlv en valores absolutos era de $203.826 mes y la CBF (para un hogar medio compuesto por 4 personas) tenía un valor de $1.141.172 mensual; por tanto, la capacidad adquisitiva real del salario mínimo era de 17,9 por ciento respecto a los bienes y servicios necesarios para la supervivencia de la familia. En 2017, de una parte, con el aumento del 7 por ciento, el Smlv quedó establecido en $737.717 mes; de otra, el precio de la canasta básica familiar aumentó a $ 3.342.341 mensuales (por indexación de la inflación y aumento del IVA de 16 a 19 por ciento); en consecuencia, el Smlv alcanza para adquirir 22,1 por ciento de la canasta básica familiar. En resumen, el hogar promedio colombiano requiere un poco más de 4 Smlv para satisfacer la totalidad de las necesidades básicas (gráfico 4).

 

 

 

A pesar de la mejora del salario real, aún queda un largo camino por recorrer para que la clase trabajadora pueda tener una vida digna en nuestro país. Pero bajo el capitalismo, incluso con una buena unidad, organización y lucha económica y política activísima, los trabajadores sólo pueden lograr mantener el poder adquisitivo del salario, limitar la expoliación de sus ingresos por parte del empresariado, la clase política y la burocracia estatal a través de la plusvalía y los impuestos y participar en alguna proporción de las mejoras en la productividad del trabajo y el crecimiento económico; sin embargo, no pueden librarse de la explotación capitalista y de la oligarquía parasitaria y rentista. Esto sólo puede alcanzarse como resultado de una lucha política y social que establezca un nuevo modelo de organización social.

 

Hay que resaltarlo. El Smlv poco o nada tiene que ver con los ingresos que requiere un hogar tipo para poder subsistir en nuestro país. El mínimo vital hace referencia al ingreso mínimo que requiere una persona para solventar o cubrir sus necesidades humanas básicas y poder vivir una vida digna, sin restricciones y carencias básicas, como la alimentación, vivienda, transporte, vestido, educación, salud, cultura y recreación, entre otras. Estas condiciones mínimas que permiten un sustento digno de toda persona, se supone que deben ser garantizadas por el ingreso mínimo vital, el cual no sólo considera las necesidades de la persona, sino que además incluye al grupo familiar primario, entendido este como su pareja e hijos, que en Colombia suele estar conformado por cuatro personas. En la Constitución Política, y según sentencias de la Corte Constitucional, se habla del mínimo vital como una garantía derivada de los principios del Estado Social y Democrático de Derecho.

 

En teoría el salario mínimo debe cubrir el mínimo vital, pero no corresponde a la realidad. El salario mínimo, establecido por Ley cada año, escasamente cubre las necesidades básicas de una sola persona, más no de su familia. En consecuencia, el salario mínimo es inferior al mínimo vital. El salario mínimo corresponde al monto mínimo en dinero que todo empleador debe pagar a un trabajador, de acuerdo con lo establecido por Ley, más no representa el mínimo vital que requiere el trabajador y su familia.

 

Según el Dane, los bienes y servicios que componen la canasta familiar cambian en el tiempo de acuerdo con la evolución del consumo de los hogares. Actualmente la CBF contiene cerca de 520 bienes y servicios.

 

Los procesos inflacionarios no sólo aceleran la concentración del ingreso sino que modifican las formas de operación del sindicalismo, al tener que enfrentarse éste –como problema central de su actividad y de sus objetivos– a la rápida y constante erosión de los salarios reales. Los sindicatos se ven obligados a orientar sus luchas con un sentido de restablecimiento de los niveles de vida del pasado –teniendo como marco la ilusión reivindicativa del artículo 53 de la Constitución que establece el derecho de los trabajadores a una remuneración mínima vital y móvil, proporcional a la cantidad y calidad de trabajo– renunciando progresivamente a los principios, líneas estratégicas e ideológicas, las cosmovisiones y las luchas por una nueva sociedad, por un bienestar superior de la existencia, por un desarrollo sostenible y la integración total del principio democrático en todas las manifestaciones de la vida, por la igualdad y la libertad, por una economía social y solidaria con trabajo decente, en un ambiente de paz y garantía de los derechos humanos.

 

Desde este punto de vista, la acción pragmática destinada a restablecer o conservar el nivel de vida del pasado, resulta sustituto inevitable de las luchas por ganar en el futuro una vida digna y por acercarse a la imagen de la nueva sociedad. Oponerse a, y evitar que la visión de la Ocde termine por ser regla en nuestro país, es fundamental en esta senda. La historia lo enseña: teoría, unidad, imaginación, organización, ligazón estrecha con otros sectores sociales, iniciativa, combatividad y afianzamiento territorial, son imprescindibles para el triunfo revolucionario de la clase trabajadora.

 


 

* Economista político, filósofo humanista y analista existencial. Docente de la especialización en Derechos humanos de la UPTC. Integrante de los comités editoriales de los periódicos desdeabajo y Le Monde diplomatique edición Colombia.

Publicado enEdición Nº231
"La raza humana tendrá que salir de la Tierra si quiere sobrevivir"

El reconocido físico británico vista Tenerife para presentar el festival Starmus y reflexiona sobre el origen del universo, la importancia de la ciencia y su enfermedad en una entrevista exclusiva con EL PAÍS

"Merry Christmas". La emblemática voz metálica del científico más famoso del planeta suena en medio del paseo marítimo de la playa del Camisón, en Tenerife, provocando las carcajadas de los turistas que se arremolinan a su alrededor, susurrándose unos a otros: "Es Stephen Hawking", a medida que se los iba cruzando por el camino. "Es una broma que suele hacer para que la gente se ría", explica una de las responsables del equipo que le sigue a todas partes. Hawking (Oxford, 1942) se encuentra en la isla canaria para presentar la tercera edición del festival científico Starmus, que se celebra cada dos años y que en su edición de 2016 reunirá a una docena de premios Nobel entre otras figuras reconocidas de la ciencia, la divulgación y la exploración espacial.

El físico, recientemente retratado en la oscarizada película sobre su vida La teoría del todo, escribe gracias a un sensor en la mejilla, donde está uno de los pocos músculos que aún puede mover debido a la enfermedad neurodegenerativa que padece. A pesar de contar con varios programas informáticos que le ayudan a agilizar el proceso de escritura, en ocasiones, dicen sus acompañantes, puede tardar dos horas en contestar una simple pregunta. Eso sí, tiene un botón especial para hacer chistes con un solo click.

En la calle, una mujer en bañador le grita "¡gracias por tu sentido del humor, Stephen!", prueba del carisma del científico, que ha calado en el imaginario colectivo global mucho más allá de los aficionados a la ciencia. Siete personas acompañan al físico en este viaje, entre asistentes, médicos y personal de su confianza, siempre pendientes de su frágil salud de hierro, que le ha mantenido vivo hasta los 73 años "contra todo pronóstico". Así lo explica en esta entrevista exclusiva con EL PAÍS, que ha tenido ocasión de pasar un día junto a él y al organizador de Starmus, el físico Garik Israelian. Hawking nos habla de la necesidad de conquistar el espacio para sobrevivir como especie, del peligro que supone el desarrollo de la inteligencia artificial o del futuro que les espera a los jóvenes científicos de España.


Pregunta. Tiene una agenda vertiginosa de viajes, conferencias, entrevistas, festivales... casi como una estrella de rock. ¿Por qué lo hace?


Respuesta. Siento el deber de informar a la gente sobre la ciencia.

P. ¿Hay algo que le gustaría hacer en la vida y que aún no ha hecho?

R. Viajar al espacio con Virgin Galactic.

P. Uno de sus últimos libros se centra en la teoría del todo, que uniría la relatividad y la física cuántica. ¿Sobre qué tratará el siguiente?

R. Puede que mi nuevo libro trate sobre mi supervivencia, en contra de todo pronóstico.

P. España, al igual que otros muchos países, ha visto cómo se recorta el presupuesto para la ciencia, y muchos científicos jóvenes han tenido que emigrar para encontrar trabajo. ¿Qué le diría a un joven español que esté planteándose ser científico?

R. Que se vaya a Estados Unidos. Allí valoran la ciencia porque se amortiza con tecnología.

P. Recientemente puso en marcha una iniciativa muy ambiciosa para buscar vida inteligente en nuestra galaxia. Sin embargo, hace unos años dijo que sería mejor no establecer contacto con civilizaciones extraterrestres, porque podrían llegar a exterminarnos. ¿Ha cambiado de opinión?

R. Si los extraterrestres nos visitaran, el resultado se parecería mucho a lo ocurrido cuando Colón desembarcó en América: a los nativos americanos no les fue bien. Estos extraterrestres avanzados podrían convertirse en nómadas, e intentar conquistar y colonizar todos los planetas a los que pudiesen llegar. Para mi cerebro matemático, de números puros, pensar en vida extraterrestre es algo del todo racional. El verdadero desafío es descubrir cómo podrían ser esos extraterrestres.

P. Hace poco dijo que la información puede sobrevivir a un agujero negro. ¿Qué significa eso para el ciudadano medio?

R. Caer en un agujero negro es como precipitarse por las cataratas del Niágara con una canoa: si remas lo suficientemente rápido, puedes escaparte. Los agujeros negros son la máquina de reciclaje definitiva: lo que sale es lo mismo que entró, pero procesado.


P. En el año 2015 la teoría de la relatividad general cumplirá cien años. ¿Qué le diría a Albert Einstein si pudiese hablar con él, y qué espera de esa ciencia en los próximos cien años?


R. Einstein escribió un artículo en 1939 en el que afirmaba que la materia no podía comprimirse más allá de un cierto punto, descartando la posibilidad de que existiesen agujeros negros.


P. ¿Por qué cree que deberíamos temer la inteligencia artificial? ¿Es inevitable que los humanos creen robots capaces de matar?


R. Los ordenadores superarán a los humanos gracias a la inteligencia artificial en algún momento de los próximos cien años. Cuando eso ocurra, tenemos que asegurarnos de que los objetivos de los ordenadores coincidan con los nuestros.


P. ¿Cuál cree que será nuestro destino como especie?


R. Creo que la supervivencia de la raza humana dependerá de su capacidad para encontrar nuevos hogares en otros lugares del universo, pues el riesgo de que un desastre destruya la Tierra es cada vez mayor. Así las cosas, me gustaría despertar el interés del público por los vuelos espaciales. He aprendido a no mirar demasiado adelante, a concentrarme en el presente. Aún hay muchas más cosas que quiero hacer.


P. ¿Qué le diría al presidente del Gobierno español, que ha aprobado grandes recortes a la ciencia en los últimos años?


R. Los españoles tienen mucho interés en la ciencia y en la cosmología. Han sido grandes lectores de mi libro Breve historia del tiempo. Es importante que todos tengamos buenos conocimientos de ciencia y tecnología. La ciencia y la tecnología están cambiando drásticamente nuestro mundo, y es fundamental asegurarse de que esos cambios se producen en las direcciones correctas. En una sociedad democrática, eso significa que todos tenemos que tener unos conocimientos elementales sobre ciencia, de manera que podamos tomar nuestras propias decisiones con conocimiento de causa y no dejarlas en manos de expertos.


Los ordenadores superarán a los humanos en los próximos cien años. Cuando eso ocurra, tenemos que asegurarnos de que sus objetivos coincidan con los nuestros"


Por supuesto, hay que simplificar. La mayoría de la gente no tiene tiempo para dominar los detalles puramente matemáticos de la física teórica. Pero creo que todo el mundo puede, y debe, tener una idea general de cómo funciona el universo y de nuestro lugar en él. Esto es lo que he intentado transmitir en mis libros y en mis conferencias.

P. ¿Cree que se puede ser un buen científico y creer en Dios?

R. Utilizo la palabra "Dios" en un sentido impersonal, igual que hacía Einstein, para referirme a las leyes de la naturaleza.

P. Usted ha dicho que no hace falta Dios para explicar el Universo tal como es. ¿Piensa que algún día los seres humanos abandonarán la religión y a Dios?

R. Las leyes de la ciencia bastan para explicar el origen del Universo. No es necesario invocar a Dios.

P. Muchas personas tienen que usar silla de ruedas a causa de enfermedades como la esclerosis lateral amiotrófica y muchas otras. A menudo se enfrentan a numerosas dificultades para llevar una vida normal. Por ejemplo, no pueden viajar en avión en sus propias sillas de ruedas [Hawking suele viajar en barco]. Puesto que usted mismo ha experimentado esas dificultades, ¿tiene algún mensaje para ellas sobre la vida y cómo vivirla?

R. A pesar de que he tenido la desgracia de sufrir una enfermedad de la neurona motora, he sido muy afortunado en prácticamente todo lo demás. Tuve la suerte de trabajar en física teórica, uno de los pocos campos en los que la discapacidad no era un obstáculo serio, y de que me tocase el gordo con la popularidad de mis libros. Mi consejo para otras personas con discapacidades sería que se concentrasen en cosas que su minusvalía no les impida hacer bien, y que no se lamenten por aquellas con las que interfiere.
Todo está en la mente. Tengo que admitir que, cuando no sigo el hilo de una conversación, suelo sumirme en reflexiones sobre física y agujeros negros. De hecho, en cierto modo mi discapacidad ha sido una ayuda. Me ha liberado de dar clases o participar en aburridos comités, y me ha dado más tiempo para pensar e investigar.

P. Muchos científicos de talla mundial, entre ellos 12 premios Nobel, participarán en Starmus 3 para mostrarle sus respetos. Va a ser un acontecimiento histórico. ¿Hay algo especial que quiera ver en Starmus 3?

R. Starmus 3 no trata solo de agujeros negros, campo en el que he realizado un trabajo importante, sino que también abarca la música y el arte. Starmus 3 es el lugar donde la ciencia seria se encuentra con un público más amplio; donde se celebran el pensamiento intelectual, los matices y la complejidad; donde se explora la forma en que trabajan los científicos y donde se fraguan nuevas ideas.

Crecimiento y violencia, la paradoja de América Latina

Nadie discute el éxito de América Latina al sacar a millones de personas de la pobreza. Un esfuerzo que elogian el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que está permitiendo emerger a una nueva clase media que aspira y exige más a sus gobernantes. También desde Naciones Unidas. Pese a los avances económicos y sociales, es la región más desigual e insegura del mundo.


De acuerdo con los datos del Programa para el Desarrollo (PNUD), más del 30% de los latinoamericanos se las tiene que ingeniar para vivir con menos de cuatro dólares al día. Están por debajo del umbral de la pobreza. El 16% de la población vive en la extrema pobreza; con menos de 2,5 dólares diarios. El 30% se considera parte de la clase media y el 2% son ricos.


Es cierto que la brecha de la desigualdad en los ingresos se redujo durante la última década en 16 de los 18 países de la región. Pero de los 15 países con más desigualdad del mundo, 10 se encuentran en América Latina. Y hay, además, una paradoja: en la última década la región no solo fue escenario de una gran expansión económica, también de una expansión delictiva.


La inseguridad, insiste la ONU, es un reto compartido y un obstáculo para el desarrollo social y económico en todos los países de América Latina. El último informe de desarrollo humano refleja con nuevos datos como el crimen y la violencia impactan en la región. Hay un dato que visualiza la dimensión de un problema en aumento: más de 100.000 asesinatos al año.


Es decir, mientras que la región fue un motor del crecimiento mundial, más de un millón de personas murieron asesinadas entre 2000 y 2010. El PNUD denuncia que en más de la mitad de los países analizados la tasa de homicidio aumentó, incluso en los que tienen menores niveles de pobreza. En 11 países se superan los 10 asesinatos por 100.000 habitantes, un nivel "epidémico".


El informe elaborado por el departamento que dirige el chileno Heraldo Muñoz, bajo la supervisión de Rafael Fernández de Castro, muestra que cinco de cada diez ciudadanos percibe un deterioro de la seguridad en su país. Los casos de robo, por ejemplo, se triplicaron durante las últimas dos décadas y media. Es el delito que más afecta a los latinoamericanos.


Además, uno de cada tres latinoamericanos señaló haber sido víctima de un delito con violencia en 2012. Esta percepción creciente de la inseguridad explica, por ejemplo, que en América Latina haya 3,8 millones de vigilantes privados, un 50% más que agentes de policía. Son los más armados del mundo. El crecimiento de la contratación de guardas de seguridad es del 10% anual.


La creciente inseguridad, como dice el PNUD, provoca que los ciudadanos tengan que cambiar su rutina para evitar ser víctimas del delito, lo que restringe sus libertades. Entre el 45% y el 65% de los encuestados, dependiendo del país, dejó de salir de noche y un 13% habla de la necesidad de cambiar su residencia, lo que equivale a 58,8 millones de personas aproximadamente.


El mensaje de las Naciones Unidas lo resume de la siguiente manera la administradora del PNUD, Helen Clark: "Sin paz no puede haber desarrollo, y sin desarrollo no puede haber una paz duradera". "Este grave problema sí tiene remedio", añade Heraldo Muñoz, pero precisa que "requiere visión y voluntad política de largo plazo". "No hay soluciones mágicas", remacha.


El reto, explica Fernández de Castro, es mayor porque las amenazas a la seguridad se entrecruzan. Suele referirse al narcotráfico para explicar el actual nivel de inseguridad en América Latina. Pero como indica el experto del PNUD, las dinámicas regionales, nacionales y locales son mucho más diversas. También señala que la política de la "mano dura" no funciona.


Quizás el primer paso que se puede dar en este sentido es acabar con la politización que sufre el problema de la inseguridad, estableciendo cada país un Acuerdo Nacional por la Seguridad Ciudadana entre gobierno, partidos políticos y sociedad civil. Es decir, como indica el embajador, se trata de "transformar" la seguridad en una política de Estado.


La ONU hace así otras recomendaciones, que van más allá de las medidas de control del delito. Para lograr una reducción duradera de la inseguridad, además de impulsar un crecimiento "incluyente y equitativo", se aboga por reducir la impunidad fortaleciendo la eficacia de las instituciones de seguridad y justicia y por políticas públicas que estimulen la convivencia.


A esto se le suma acciones como regular y reducir desde una perspectiva integral y de la salud pública lo que denomina como los "disparadores del delito", como el alcohol, drogas y armas. Eso mientras se elevan las oportunidades reales de desarrollo humano para los jóvenes, se previene la violencia de género y se protegen activamente los derechos de las víctimas.


El estudio hace mención, además, a lo que califica como "delito aspiracional", derivado del aumento de las expectativas de consumo y relativa falta de movilidad social en la región. El crecimiento rápido y desordenado de las ciudades, junto a los cambios en la estructura familiar y los problemas en la escolarización, añade la ONU, generan condiciones que inciden en la criminalidad.


Naciones Unidas pone cifra al impacto económico de la inseguridad. El organismo calcula que "el exceso de muertes" reduce en un 0,5% el potencial de la región, lo que equivale a unos 24.000 millones de dólares anuales. A esto se le suma la pérdida en la expectativa de vida. Eso sin contar con el alto coste para las cuentas públicas del delito y la violencia

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Fidel Castro: “Estamos obligados a ganar la batalla por la sobrevivencia”
Va a ser difícil olvidar la imagen que cerró el encuentro. Fidel, con un kimono por encima de la chaqueta deportiva y de pie, muy serio, rodeado por diez hibakushas, como llaman en Japón a los sobrevivientes de las bombas atómicas que lanzó Estados Unidos contra Hiroshima y Nagasaki. Cada uno lo saludó con una reverencia de cortesía y una de las dos mujeres, Ritsoku Ishikawa, no solo se inclinó, sino que besó el dorso de la mano del Comandante.

 
Aunque difícilmente el Palacio de las Convenciones recuerde otro encuentro en el que haya habido más cámaras fotográficas por metro cuadrado, ni los flashes se sintieron en ese instante. Fue la emoción la que congeló la imagen para el pequeño grupo de cubanos y los  770 japoneses que llegaron en la mañana del jueves al puerto de La Habana a bordo del Crucero por la Paz, el barco que recorre el mundo cada año con activistas contra las amenazas nucleares y medioambientales.

 
Por segundo año consecutivo se reúnen en este edificio con el líder histórico de la Revolución cubana, y por segunda vez, no pudo ser más estremecedor escuchar testimonios del dolor que padecen millones de personas víctimas de los efectos de la radiación nuclear. Pero no fue este un encuentro de cortesía, sino la sesión principal del “Foro global por un mundo libre de armas nucleares”, evento que había sido uno de los acuerdos del encuentro anterior en La Habana y cuyos organizadores decidieron celebrarlo aquí.

 
Las intervenciones de los participantes fueron de lujo e incluyeron la de un sobreviviente del bombazo de Hiroshima, un profesor de la Universidad de Fukushima -donde el terremoto y el tsunami que devastó Japón provocó el accidente de una electronuclear-, el presidente de la Asociación de Víctimas Nucleares “Morurua e Tatou”, de Tahití, y un médico cubano que narró la experiencia de la Isla en el tratamiento de niños afectados por el accidente en la planta de Chernobil, Ucrania. “Las descripciones que ustedes hacen le rompen el alma a cualquiera”, había reaccionado Fidel, notablemente conmovido ante lo que allí se dijo.

 

Tres días en el infierno


 
Sobrecoge el auditorio. No solo porque son más de 700 personas, no solo porque se trata de pacifistas, enemigos declarados de todas las armas. Es que sufrieron en carne propia o en la de sus antepasados, el infierno de un bombardeo nuclear. Hibakushas llaman a los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki. En el Peace Boat o Crucero por la Paz, viajan algunos que tenían un año, cuatro, 13 ó 16, cuando se produjo el criminal ataque a las ciudades japonesas donde ellos vivían. Hoy cuentan entre 67 y 83 y como una distinción se les sienta en la primera fila. De conocerse más y mejor sus historias, quizás el mundo no fuera el lugar de miedo en que lo han convertido las armas.

 
Hiroshi Nakamura tiene ahora 80 años y una figura menuda y respetable como la serena naturaleza de su tierra. Pero su testimonio es tan estremecedor como un terremoto o un tsunami, aunque la comparación no vale porque su sufrimiento no es la consecuencia de un fenómeno natural sino de un deliberado acto de barbarie.

 
Él vivía a 8 kilómetros del epicentro de una de las dos tragedias provocadas por la prepotencia norteamericana aquel agosto de 1945. “Sentí un ruido ensordecedor y vi un gran rayo de luz que me deslumbró y ya no supe qué hacer…”, cuenta y su testimonio parece el relato de una película de ficción cuando todo arde alrededor del niño de 13 años que, huyendo del fuego, solo se cruzaba con espectros de seres humanos sin cabellos, con el rostro ennegrecido y las ropas desechas. “Algunos iban desnudos completamente, con los brazos cruzados como tratando de cubrirse el pecho y uno no podía saber si eran hombres o mujeres de tan deformados que estaban…”

 
Tres días estuvo Nakamura ayudando a mover cadáveres. A él le tocaba tomarlos por los tobillos y al principio no lograba alzarlos porque se le corrían o se desgarraban las carnes. Alguien le gritó que metiera los dedos hasta el hueso. “Pero yo solo era un niño de 13 años y mi cuerpo estaba paralizado ¿No eres un hombre japonés? me gritaron. Entonces me resigné e introduje mis dedos en las carnes descompuestas y apreté fuerte…Cargué alrededor de 30 cuerpos para los camiones y los llevamos hasta una gran fosa en las afueras de la ciudad y allí los dejamos… Fueron tres días en el infierno.”

 
Para más horror, la tragedia de Nakamura, que es la de miles de ciudadanos de Hiroshima y Nagasaki, no terminó con el fin de la II Guerra Mundial. A lo largo de su vida, el infierno se ha sostenido en constantes enfermedades que comenzaron por la caída total del cabello a los pocos días del ataque, encías sangrantes, adelgazamiento abrupto, anomalías hormonales, cinco cirugías por cáncer… “Los daños que me provocaron las radiaciones me han hecho sufrir toda la vida…” Hoy mismo, mientras llegaba a La Habana, en Japón moría una hermana, otra hibakusha, sobreviviente de Hiroshima.

 
“Esta puede ser la última vez que cuente mis experiencias”, afirma el hombre que, a pesar de los sufrimientos, considera un honor haber vivido tantos años para contarle al mundo el profundo daño físico y psíquico que provoca el contacto humano con la energía nuclear. Y cita a una persona allegada, cuyo pensamiento comparte: “La energía nuclear y la Humanidad no deben convivir…” Entonces, en nombre de los hibakushas le pide a Fidel que encabece un movimiento para promover las zonas desnuclearizadas en todo el planeta y que convoque a los alcaldes del mundo por la paz,  promoviendo la eliminación de todas las armas nucleares.

 

“El desastre que nos robó la naturaleza”


 
Fuminori Tamba, profesor de la Universidad de Fukushima expone datos que, según afirma, escamotearon las autoridades japonesas sobre la tragedia en la planta nuclear de su ciudad tras el terremoto y el tsunami del pasado año.

 
“Ese desastre nos robó la bella naturaleza de la región y obligó a decenas de miles a abandonar sus hogares.

 
El experto califica la tragedia como un escape grande de radiación que ha contaminado la tierra y las aguas, dañando todos la agricultura y la pesca. “El problema más grande es que el gobierno no informó a tiempo y muchas personas estuvieron expuestas a “una radiación inútil”. Se le pasó información inmediata al ejército norteamericano que no se les brindó a las personas expuestas. El gobierno solo lo admitió la fusión de los reactores dos meses después del accidente.

 
Los datos abruman. Más de 60 mil personas se han ido de la prefectura y aun más de 100 mil niños permanecen en refugios temporales. Los que no han sido evacuados viven en áreas contaminadas sin poder salir de aulas cerradas bajo fuerte calor en condiciones alarmantes para su crecimiento y salud.

 
De acuerdo con una encuesta de la Universidad, realizada en un universo de 30 mil personas, hay familias que han cambiado hasta 10 veces de hogar en unos meses, hogares divididos en instalaciones provisionales. El desempleo y el subempleo sobrepasa el 50 por ciento de la población laboralmente activa. Cerca de la mitad de los menores de 35 años evacuados no tienen interés en regresar a su lugar de origen.

 
El abuelo de Tamba es sobreviviente de Hiroshima. “Hace poco alguien me preguntó en la calle si era japonés, cuando le dije que sí me dijo: Fukushima”, comentó conmovido con la solidaridad de los cubanos y a ellos pidió que los acompañen en la lucha por la atención a los sobrevivientes y por un mundo desnuclearizado.

 
Al terminar su exposición entregó a Fidel un sello donde manos de niños sostienen una paloma.

 
También expuso sus experiencias el doctor Julio Medina, quien dirige el programa de atención a los niños víctimas de la tragedia de Chernobil, que en Cuba ha atendido a más de 26 mil personas en 21 años.

 

Nuestro deber es divulgar estos testimonios


 
Los hermanos japoneses -comenzó diciendo Fidel tras escuchar a los participantes en el Foro- han añadido un problema nuevo, que tiene que ver no solo con el uso de la bomba atómica o con el accidente de Chernobil, sino con accidentes naturales o no que desaten el uso no controlado de la energía nuclear.

 
“Es muy valioso valorar lo que ocurrió en 1945 y lo que sobrevino después con el uso de esa energía en aquella planta sin mucha seguridad, Chernobil, originando un grave accidente… Si seguimos hurgando, podríamos conocer con más detalles las consecuencias de aquellas pruebas que se hicieron en el Pacífico Sur, entre ellas lo que provocaron las lluvias radiactivas. Ahora tenemos nuevas noticias, tras el accidente en Fukushima. Por ejemplo, que Alemania haya anunciado que cerrará todas las plantas nucleares”, enumeró.

 
Casi nadie ha meditado mucho sobre el hecho de que hoy la energía nuclear está menos protegida que nunca. “Un avión pequeño puede provocar una catástrofe mucho mayor que la de Chernobil. ¿Y cuál podría causar un loco? ¿O un suicida? ¿Y acaso no los hay? Puede crear una peor todavía un hombre con un botón nuclear. En la época de Hiroshima y Nagasaki nadie disponía de tal botón. Eran solo dos bombas las que se habían producido, y fueron lanzadas deliberadamente… Nadie tenía entonces un botón nuclear, ni hacía falta”, añadió Fidel.
 

Hoy ha cambiado dramáticamente la situación y la humanidad es mil veces más vulnerable. Fidel explicó: “Son 25 000 armas nucleares las que tiene el mundo y cada vez son más automáticas las respuestas posibles, porque no disponen de tiempo los hombres para tomar las decisiones.”

 
El Comandante en Jefe recordó que Cuba sabe muy bien lo que es una crisis nuclear. “Nos tocó vivir la de Octubre de 1962, y sabemos lo cerca que estuvo el mundo de la catástrofe. Ahora será peor: hay bombas de varios megatones y mucho más precisas. Se han hecho pruebas con bombas que alcanzan decenas de veces la potencia de las que fueron lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, que apenas rebasaban algunas decenas de kilotones. Nadie sabe qué efectos causaron las lluvias ácidas tras esas pruebas”.
 

Por eso, dijo Fidel, “nuestro deber -y es la mejor forma de apoyar el esfuerzo de las víctimas de aquel bárbaro y brutal ataque contra Hiroshima y Nagasaki- es divulgar todo esto”.  Por ello exhortó a los organizadores del Foro a que escribieran un libro que narrara las historias e incluyera los análisis que allí se habían compartido. Que se editara “con un lenguaje claro, en favor de la paz, de la eliminación de estas armas, persuadiendo al mundo. El reto no es que esto lo conozca un millón, sino millones. Es una gran batalla de ideas y la conciencia es fundamental”.

 
Y concluyó: “El mundo tiene que defender la causa más importante de todas: la supervivencia de la especie.”

 

Un acto de racismo nuclear


 
En esos términos se expresó Roland Olham, Presidente de la Asociación de Víctimas de las armas nucleares, de Tahití, quien luego de expresar un profundo reconocimiento a Fidel por su liderazgo y al pueblo cubano por haber resistido al bloqueo norteamericano por más de cinco décadas, realizó una potente denuncia contra Francia, por sus ensayos nucleares primero en Argelia y, tras la independencia de ese país, en la llamada Polinesia francesa.

 
Por más de 30 años, entre 1960 y 1996, explotaron en ese pequeño territorio del Pacífico 133 bombas, la mayor concentración de ensayos nucleares en un solo lugar del planeta.
 

Los norteamericanos, los ingleses y los franceses han utilizado el Pacífico para sus ensayos nucleares. Algunas islas del Pacífico como el Atolón  de Muroroa se siguen usando como almacenes de desechos nucleares. Allí se han hecho más de cien ensayos subterráneos y el atolón está a punto de fragmentarse y pulverizarse. Si se desmorona, podría provocar un tsunami que causaría una gran catástrofe no solo para el Pacífico sino para el mundo por la gran cantidad de material radiactivo, químico, que contaminaría la vida marina.

 
“Lo que han hecho los franceses en mi país es un acto de agresión contra la minoría que somos. Es un acto de racismo que yo denomino “racismo nuclear”.

 
Oldham fue especialmente agudo en el análisis de la hipócrita política occidental que mientras habla de la paz, comete uno tras otros los más grandes crímenes. “Tienen sangre en las manos”, denunció y aseveró: “No se puede obtener la paz a través de las armas nucleares. No se puede cuando un país trata de agredir y dominar a otros…”

 

Un mundo con armas nucleares no puede existir


 
Tras escuchar la intervención del tahitiano Roland Oldham, Fidel siguió el hilo de la narración que había esbozado antes: ¿Qué hacer? ¿Cómo ayudar en este gravísimo problema que la humanidad tiene ante sí? El asunto primordial para el Comandante en Jefe es reconocer que “un mundo con armas nucleares no puede existir. No es compatible la paz con las armas nucleares, un hecho que cualquiera puede comprobar”.

 
La gran paradoja que se vive hoy es que el ser humano está más amenazado que nunca, y a su vez, es un hecho real que nunca la ciencia ha avanzado “a un ritmo tan fabuloso”, acotó el Comandante. Cuba es un ejemplo de cuánto nos hemos beneficiado de ella, particularmente de la ciencia médica, algo que ha compartido con decenas de países sin hacer la más mínima publicidad, y desde los primeros años de la Revolución, cuando un equipo médico de la Isla asistió a los argelinos víctimas de la guerra contra la invasión francesa. “Hay hechos que demuestran las posibilidades reales de nuestros países, aunque no seamos ricos”, y más adelante añadió una certeza: “Lidiando con estos problemas, la ciencia es capaz de salvar muchas vidas.”

 
Pero la primera y gran preocupación de Fidel -tema al que volvió mas de una vez en su intervención en el Foro- es “qué hacer por la supervivencia de la humanidad”. Hubo en torno a esta idea reflexiones memorables. Citamos una, que quizás explica por qué los diez hibakushas rindieron aquel emocionado homenaje a Fidel: “Nadie nos puede arrebatar la libertad para influir en los demás, dando a conocer la verdad que es la única forma de cambiar los acontecimientos… Se trata de una batalla que estamos obligados a ganar, y habrá que  hacer todo lo posible para ganarnos el derecho a seguir existiendo.”
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Una notera brasileña se ríe y pide disculpas a la médica que acaba de anunciar a los pocos periodistas autorizados a recorrer la zona de rescate que los 33 mineros atrapados están aprendiendo yoga. “No me los puedo imaginar”, dice la periodista carioca. La doctora Marcela Zuñega, de la Asociación Chilena de Seguridad, respira profundo, omite comentarios y continúa su informe: “Hoy almorzaron sólidos por primera vez, les bajamos barritas de cereal, compota de manzana y nueces. Están muy bien organizados, hacen todo lo que pedimos...”. Un carabinero le toca el hombro y la mujer interrumpe todo. “Tengo que cargar la sonda”, dice y desaparece dentro de una camioneta donde se guardan los envíos.

“La paloma”, ese aparato que sirve para transportar víveres y medicinas a los mineros, sale del pozo tirada por una soga envuelta en una máquina de tracción. El agujero en el que cabe cómodo un puño cerrado parte de una media cruz atornillada al piso por donde se introdujeron, por tramos, casi 700 metros de caños de metal. Arriba tiene una torre de cuatro patas de donde pende la soga. Según Jorge Sanhueza, gerente de Sustentabilidad de la minera estatal Codelco, tardan 25 minutos en llegar al fondo y volver. “Les mandamos ropa interior de algodón. Nos pidieron revistas, palillos y hasta lana para tejer”, comenta el hombre con el casco blanco que usan los funcionarios para distinguirse de los operarios.

La segunda sonda funciona intermitentemente y es exclusivamente para enviar agua. Ayer, tras los primeros exámenes de orina, el ministro de Salud chileno, Jaime Mañalich, aseguró que los 33 titanes sepultados bajo cientos de toneladas de roca están muy deshidratados, por lo que pasarán de recibir dos litros de agua diarios cada uno a cuatro. Deberán además hacerse estudios de sangre y seguir ejercitando tres veces al día, a pesar de los 30 grados de temperatura promedio que soportan. Algunos ya perdieron 10 kilos desde que los sepultó el derrumbe de la mina San José, el pasado 5 de agosto.

En la zona de rescate trabajan especialistas de la Oficina Nacional de Emergencia, ingenieros de Codelco, personal de las tres fuerzas armadas del país y los carabineros que vigilan al contingente de periodistas que fueron llevados en micro hasta el lugar, a casi un kilómetro del Campamento Esperanza, donde viven los familiares de los mineros. Se ven palas mecánicas, generadores eléctricos, camiones cisternas, ambulancias, carros de bomberos, muchas camionetas, las carpas grises de los rescatistas y millones de piedras que fueron sacadas de la mina en estos años al calor de las perforadoras y la fuerza de la dinamita.

También está, en proceso de armado aún, la ya famosa máquina sudafricana Raise Borer Strata 950, que recorrió casi mil kilómetros desde Rancagua, al sur de Santiago, y funcionará desde el domingo. Una parte de esta perforadora tiene muslos de ataque del ancho de una garrafa y de casi tres metros de largo. El monstruo metálico pesa en total 29 toneladas. Viene a reemplazar dos equipos con diamantinas robotizadas traídas desde Estados Unidos y Australia. “Es un método caro y terminan depositando mucha agua en el ducto de perforación”, comentó a este diario un operario, que operó las máquinas de aire reverso para perforar, a las que descartó por su lentitud.

“Para colocar la Raise Borer tenemos que armar una base de cemento concreto de entre 60 y 80 metros cuadrados pero confiamos que ésta es la máquina que va a rescatar a los mineros. Cuando lleguemos a ellos los vamos a subir en una canastita”, comenta Jorge Sanhueza, de Codelco, al pie de la primera sonda. Cuarenta metros más arriba del lugar ya se ven los preparativos de la base. Al lado del micro que trajo al contingente de periodistas hay un enorme pozo con agua gris utilizada para hacer la mezcla del cemento. También están montados los tres carros con cuatro potentes reflectores para trabajar por la noche. “Aquí no se descansa hasta que los saquemos”, dice Sanhueza.

A estas minas de oro y cobre las suelen llamar “el queso gruyere” por la cantidad de agujeros que tienen. Desde 2001 a esta parte, cinco mineros terminaron con algunas extremidades amputadas por accidentes y otra mina cercana, llamada San Antonio (en este negocio siempre hay santos de por medio), colapsó sin dejar víctimas. La empresa San Esteban tiene otras tres minas en las cercanías. Ayer, pese a que la empresa estaba por declarar la quiebra, la jueza Mirta Lagos Pinos embargó a sus dueños por 900 millones de pesos chilenos que tenían guardados en nombre de una futura compensación a las familias de los 33 obreros (ver aparte).

El lugar donde aparecerán en tres o cuatro meses los mineros está muy cerca de las chimeneas de respiración. Las mismas que, de haber tenido escaleras, habrían servido para escapar antes de que terminara de colapsar la mina, horas después del derrumbe. Aún falta que funcione la tercera sonda, que servirá para la ventilación. Mientras tanto, los mineros hablan con el exterior por un citófono, un sistema de comunicación telefónica cerrado, aunque pronto, según prometen off the record algunos funcionarios, podrán comunicarse con videoconferencias.

En medio del desorden lógico de las improvisaciones hechas para sacar a los 33 mineros, se ven los únicos cuatro árboles de todo el lugar. Están llenos de polvo y le sirven de sombra a los carabineros que no se entiende bien a quién vigilan cuando no pasa, con suerte una vez al día, un grupo de periodistas y o de familiares que piden pasar la barrera que separa al rescate de la espera. A un costado de ese límite, hay otro de esos carteles mentirosos de la empresa San Esteban. Tiene un casco y una botas dibujadas y debajo dice: “El trabajo dignifica, hacerlo con seguridad lo valora”.

Por Emilio Ruchansky
Desde Copiapó

La empresa minera escatimó en seguridad
SOLEDAD PINO 26/08/2010 22:00 Actualizado: 27/08/2010 07:54

La alegría que sintió todo Chile al saber que los 33 mineros atrapados bajo 688 metros de tierra en el yacimiento San José estaban vivos ha dado paso a la exigencia de responsabilidades y la familia de uno de los mineros atrapados ya ha dicho que va a demandar a la empresa San Esteban, propietaria de las instalaciones, y a los inspectores gubernamentales por permitir los fallos de seguridad que hicieron posible el derrumbamiento.

Mientras continúa la operación para rescatar a los mineros, que puede durar meses, se ha ido dando a conocer el largo historial de accidentes y muertes en esa mina.

El ex encargado de Prevención de Riesgos de la empresa, Vincenot Tobar, ha dicho que se autodespidió en 2009 debido a que no lograba realizar su trabajo. Tobar afirmó a Radio Horizonte que el único interés de los dueños, Alejandro Bohn y Marcelo Kemeny, era la rentabilidad y que nunca se tomaron en serio los accidentes.

Una pierna mutilada

En 2007, se registraron 185 accidentes. Cuando un minero sufrió la mutilación de una pierna, se decretó el cierre del yacimiento hasta que no se tomaran medidas ante el peligro inminente de derrumbes, como hacer dos chimeneas (o vías de escape) con escaleras.

Tobar dice no comprender cómo la mina San José consiguió el permiso de reapertura del Servicio Nacional de Minería sin haber cumplido con la exigencia de crear esas vías de escape. Fue ahí cuando Tobar decidió dejar la compañía.

En mayo de 2008, Patricio Leiva, funcionario del Servicio Nacional de Minería, tuvo que reemplazar a su jefe, que estaba de baja por 20 días. Justo en ese lapso llegó a sus manos la solicitud de reapertura de la mina San José. El funcionario firmó la autorización y no leyó los antecedentes. Así lo ha explicado él mismo ante la comisión parlamentaria que investiga el derrumbe: "Hoy pienso que nunca debí haber firmado el documento (), se salía de toda norma", dijo.

Las operaciones de rescate prosiguen. Los mineros atrapados ya han ingerido su primer alimento sólido: una barra de cereal. Se les ha adjudicado tareas para que estén ocupados y ayuden en su rescate. Han formado tres grupos. Uno se encargará de la recepción de los envíos a través de la sonda: alimentos, baterías, muestras de orina, cartas... Un segundo grupo de mineros está a cargo de la higiene de los trabajadores y del lugar. Y el tercero hará labores de prevención y seguridad.

El jefe de los mineros atrapados, Luis Urzúa, volvió a hablar por teléfono con el presidente chileno, Sebastián Piñera. Le contó el momento del derrumbe: "Sentimos que la montaña comenzaba a bajar hacia nosotros. Hubo un estruendo, llegó la tierra, no veíamos nada. Estuvimos cada uno por su lado durante cuatro o cinco horas. Cuando la tierra se disipó, vimos que una enorme roca tapaba la entrada del túnel". Esa roca mide 100 por 20 metros y está inestable. De hecho, el principal riesgo que corren los mineros es que la roca ceda.

Público, España


 
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