En Brasil se acabó la fiesta, vuelve la realidad

Pasada la euforia por la tremenda paliza aplicada a España en pleno Maracaná renovado, Río de Janeiro volvió a la vida real. Y la vida real es la siguiente: la ciudad sigue sin estadios.

 

El Engenhao, cerrado desde marzo, estará en obras hasta noviembre del año que viene. Hay que aplicar refuerzos en la estructura de su cobertura. Es que había un error de proyecto: corregirlo costará millones de dólares y demandará un tiempo inmenso.

 

La cuestión está en la Justicia. Los integrantes del consorcio de constructoras que terminó la obra cubrirán los gastos de la reforma, pero se niegan a asumir la responsabilidad por el error. Quieren ser resarcidos. La constructora original, la Delta, que abandonó la construcción poco después de haberla iniciado, está involucrada en un sinfín de denuncias de corrupción. Su dueño es íntimo amigo del gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral. Algunos de los costosos viajes del robusto gobernador a París fueron financiados –hoteles cinco estrellas y cenas con vinos de mil euros la botella inclusive– por la constructora.

 

Así andan las cosas en el gobierno carioca: un constructor corrupto, con vinculaciones políticas muy intensas e íntimas, no se percata de que en el proyecto original hay fallas aberrantes. Con tal de cobrar se lanza a la obra, cobra las primeras (y muy gordas) cuotas, y listo.

 

El Maracaná, que pasó por una reforma que costó más de 650 millones de dólares, está cerrado para que el consorcio que lo administra pueda “evaluar la situación”. No hay fecha para la reapertura. La verdad es que el estadio se inauguró faltando muchas obras. Funcionarios de la municipalidad trabajan en la complementación del entorno del estadio. El martes de la semana que viene la FIFA entregará ese icono del fútbol mundial a un consorcio privado. Es decir, pese al dineral público enterrado en esa obra, el estadio pasa a ser privado. Y no se sabe cuándo se abrirá efectivamente para el fútbol.

 

Resultado: los cuatro equipos de Río que disputan el campeonato brasileño no tienen dónde recibir a sus adversarios. El domingo, por ejemplo, Botafogo y Fluminense se enfrentarán en Recife, capital de Pernambuco, en el nordeste, a 2300 kilómetros de distancia. El clásico siguiente, entre Flamengo y Vasco –los dos equipos de mayor hinchada local–, será disputado en el Castelao de Fortaleza, capital de Ceará, a 2600 kilómetros. Otro partido del Flamengo, esta vez contra el Coritiba, será en el Mané Garrincha, en Brasilia, a unos 1500 kilómetros. Es decir: los equipos locales, aunque tengan el mando de campo, no tienen dónde jugar. Les queda el consuelo de contar con estadios recién inaugurados para la Copa Confederaciones.

 

A la hinchada no le queda otra que pagar viajes carísimos –los pasajes aéreos en Brasil tienen precios absurdos– o acompañar los partidos por la televisión.

 

El caso del Maracaná es más complejo. El estadio será entregado al consorcio privado el martes 9 de julio. Al vencer la subasta para las reformas millonarias, ese consorcio se obligó, por contrato, a negociar con por lo menos dos de los clubes de Río para que disputen, en los próximos 35 años, sus partidos en el Maracaná. El problema es que los dos interesados –Flamengo y Fluminense– no llegaron todavía a un acuerdo con el consorcio, que quiere pagar la mitad de lo que piden.

 

Todo eso, que quizá parezca un tema demasiado local, en realidad tiene un significado bastante más amplio. Los clubes de Río –al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, en Buenos Aires– no disponen de canchas con capacidad suficiente para grandes públicos. La más grande, la de Vasco, puede albergar a unas 17 mil personas. Ese el tamaño del problema: una ciudad apasionada por el fútbol se queda sin estadio.

 

Otro punto importante es ver el descalabro que significa millones y millones de recursos públicos hundidos en obras faraónicas. Uno, el Engenhao, se sabe ahora, puso en riesgo la vida de miles de espectadores durante años. El otro, el Maracaná, llevó más tiempo –y a un costo mucho mayor– para ser reformado que para ser construido.

 

Los que aceptaron pagar los precios extorsivos cobrados por la FIFA pudieron ver en el Maracaná consagrar la selección de Neymar, Fred, Marcelo y compañía. A la hora de acompañar a sus equipos, tendrán que volar horas. Y quizá se estarán preguntando dónde fueron a parar las pirámides de dinero enterradas en estadios que deberían ser templos del fútbol y en realidad son mausoleos de una administración pública torpe e ineficaz.

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Viernes, 05 Julio 2013 06:37

Tres despachos desde Polonia

La realidad ignorada. Antes de que Zygmunt Bauman pudiera empezar su ponencia en la Universidad de Wroclaw (22/6/2013) para conmemorar los 150 años de la socialdemocracia alemana –Ferdinand Lassalle, uno sus padres, nació en esta ciudad (antes Breslau)–, en la sala irrumpió un grupo de nacionalistas que con gritos le reclamó” su servicio (1945-1953) en una unidad del ejército estalinista que combatía a los partisanos de derecha. Más allá de la historia personal de Bauman (que siempre subrayaba que “sólo redactaba panfletos” y que luego también se convirtió en un blanco del gobierno comunista y tras una purga antisemita y nacionalista en 1968 fue expulsado del país), el incidente, otro en una serie de ataques a las conferencias de figuras asociadas con izquierda o liberalismo, es un producto de procesos más amplios: 1) el fracaso de la izquierda (el mismo Bauman analizó en Wroclaw sus razones: la claudicación de la socialdemocracia, la “guerra cultural” ganada por la derecha, el triunfo del imaginaire burgués, el crecimiento del precariado a costa del proletariado organizado), 2) la crisis como fuente de frustración sobre todo entre los jóvenes, 3) el auge del nacionalismo que la acapara, y 4) la “derechización” de la historia, que primero iguala los dos totalitarismos y luego ve en toda la izquierda un “brote de estalinismo”. En el mismo tiempo: mientras la centroderecha repite más y más “¡En Polonia no hay fascismo!”, más le abre la puerta.

 

El ejemplo incómodo. Incluso a 70 años del levantamiento en el Gueto de Varsovia (19/4/1943), el heroico gesto de un puñado de combatientes “para no morir de rodillas, ni en las cámaras de gas de Treblinka, sino con una pistola en la mano” –en palabras de Marek Edelman (1926-2009), uno de sus comandantes y de los pocos sobrevivientes–, resulta incómodo para la mayoría del mundo: 1) en Polonia el recuerdo de que en la capital hubo dos levantamientos cuestiona la visión derechista de la historia donde el posterior alzamiento de Varsovia (1/8/1944) tiene el monopolio para el heroísmo; revive también la historia del antisemitismo polaco, la indiferencia a la tragedia del gueto y la escasa ayuda militar a sus combatientes, 2) en la historiografía occidental dominante que en las últimas décadas vivió un “giro conservador”, el levantamiento fue oscurecido por las narrativas sobre “víctimas” donde ya no hay diferencia entre el atacante y el atacado, el ocupante y el ocupado, Leningrado o Dresden; como apunta Enzo Traverso en este giro, mientras se prestaba más atención estéril al “exterminio” (salvo, por ejemplo, las contribuciones como la de Bauman en Modernidad y Holocausto, 1989) y a los judíos como sus “víctimas pasivas”, se ignoraba más la historia de la resistencia judía activa, “como si el recuerdo de las víctimas no pudiera coexistir con la memoria sobre sus luchas” (según Traverso el “culto de las víctimas” va de la mano también con la rehabilitación del fascismo y el nacionalismo antisemita), 3) finalmente en Israel la memoria del levantamiento desafía su ideología fundacional: gente como Edelman u otros miembros de Bund que no querían migrar y preferían cultivar la cultura judía en Polonia y el yiddish en vez del hebreo (el ex comandante se mudó a Lodz y trabajo como médico) demostró que la alternativa sionista –la “víctima en diáspora” o el “ocupante en Palestina”– fue falsa (Przemyslaw Wielgosz, “Niewygodne powstanie”, en: Le Monde Diplomatique, edición polaca, abril de 2013).

 


El legado negado. La primera rebelión obrera armada en el imperio ruso parte de la ola revolucionaria de 1905 –el levantamiento de Lodz, un gran centro textil (22/6/1905)– siempre tuvo una suerte trágica: la historiografía comunista la ignoraba por su espontaneidad, el componente bundista y lumpenproletario; la historiografía después de 1989 lo ignoraba por “comunista”, tratando de enfatizar sus demandas nacionalistas (el polaco en las escuelas), por encima de las laborales y universales (la jornada de ocho horas). Pero ya fue una farsa cuando justamente en junio pasado (13/6/2013) el Parlamento polaco derogó la jornada de ocho horas “para mejor combatir la crisis” y “aprovechar la coyuntura por venir” (¡sic!). Ni en Lodz (hoy desindustrializada, sumergida en desempleo), ni en toda Polonia (“un país sin izquierda”), nadie salió a manifestarse por la eliminación de aquella normativa fundamental (“el precariado ni lo notará”). Y “apenas” el siglo pasado Lodz era un punto de referencia para la izquierda: Rosa Luxemburgo (que frente al reformismo de Lassalle representaba la socialdemocracia revolucionaria) estudiando la lucha entre el capital y el trabajo en Lodz y la ola de 1905 escribía sobre su “huelga de masas”; para Edelman y para miles de socialistas de Bund o Poalej Syjon (una rica tradición política que pereció en las ruinas de guetos y en los campos de exterminio) el levantamiento de Lodz era “el más importante suceso en la historia de Europa”.

 

Coda. Los tres casos se juntan en una imagen más grande no sólo de Polonia, sino de la modernidad: el auge de la ultraderecha y de los nacionalismos, el fracaso y la falta de la izquierda, la “derechización” de la historia, el ataque al mundo del trabajo y sus conquistas.

 

Aunque el panorama parezca poco alentador, nos llama a aprender de los viejos sucesos y a prestar atención a los nuevos.

 

Para Lenin la rebelión de Lodz era un gran ejemplo del heroísmo revolucionario y de las “formas superiores de lucha” ( The struggle of the proletariat and the servility of the bourgeoisie, 1905).

 

Para Traverso el levantamiento en el Gueto de Varsovia es un símbolo ético y el mejor ejemplo de la dignidad para todas las luchas emancipadoras, un mensaje universal por el humanismo y la esperanza ( Understanding the nazi genocide, marxism after Auschwitz, 1999).

 

Para nosotros el ataque a Bauman debería ser un “aviso de incendio” ante el retorno del fascismo.

 


Por Maciek Wisniewski*Periodista polaco

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A fines de junio de 2013 se reunió en las islas ecuatorianas de Galápagos la Sociedad del Monte Peregrino (The Mont Pelerin Society) . Con un élan parecido al de una secta y con una tendencia a considerarla como parte de una teoría de la conspiración, es difícil entender lo que pasa en el mundo sin saber qué y cuál es el proyecto real de la Sociedad del Monte Peregrino. Su mentor, artífice y creador fue el economista austríaco Friedrich Hayek, "premio Nobel" de economía en 1974 y su Presidente desde su fundación en el año 1947 hasta 1964. Esta Sociedad ha sido el centro gravitatorio de toda la gran transformación neoliberal del mundo desde los años cuarenta del siglo XX hasta nuestros días.

 

La Sociedad del Monte Peregrino se constituyó la primera semana de abril del año 1947 en la localidad Mont Pélerin, en Suiza, con 38 invitados. Su antecedente más importante fue el Coloquio Walter Lippman realizado en París en 1939. La preocupación central de este Coloquio fue la crisis del pensamiento liberal ante el avance de las ideas socialistas y los resultados económicos de la planificación económica. En efecto, los liberales se sentían desarmados ante la capacidad analítica y teórica que provenía desde el discurso del socialismo y la forma por la cual este discurso y su promesa utópica prendían en las organizaciones de trabajadores en prácticamente todo el mundo y conquistaba cada vez más a los intelectuales, filósofos, periodistas y académicos.

 

La hegemonía del discurso socialista y el pathos liberal

 

Fue esa presión por el socialismo la que obligó a las elites políticas norteamericanas a negociar un nuevo tipo de Estado, aquel del Welfare, con sus trabajadores. Gracias a esa presión política, a esa movilización social y a ese horizonte de lo humano concebido como un acto de solidaridad, justicia y equidad, y que constaba en la matriz simbólica del discurso socialista, empieza en EEUU y también en Europa la construcción de algo inédito en la historia del capitalismo: el Estado de Bienestar. Roosvelt en Norteamérica y Churchill en el Reino Unido, entre los políticos más importantes, recogen y aplican lo que parecía una imposibilidad lógica: un Estado de forma liberal pero con contenidos sociales y con elementos de planificación económica.

 

El discurso del socialismo, para esa época, se había convertido en un discurso hegemónico. Eran tan fuerte la hegemonía del discurso socialista, como lo es ahora la hegemonía del discurso liberal, que en ese entonces, el economista liberal Joseph Schumpeter publica en su texto Capitalismo, socialismo y democracia (1942) la admonición de la autodestrucción inevitable del capitalismo y el advenimiento del socialismo . En ese tiempo, era, por tanto, casi imposible pensar en un horizonte humano por fuera de la matriz teórica y el imaginario simbólico del socialismo.

 

Los liberales se sentían desesperados. Sus remedios para la crisis que había estallado en EEUU con el crack financiero de 1929, seguían provocando recesión, pobreza, desempleo y, de hecho, fueron el origen para una crisis más grave y que conduciría a la humanidad a una guerra brutal y despiadada. Los mercados no encontraban equilibrio alguno y la sociedad capitalista se hundía en la crisis y la recesión. En ese momento hacían falta respuestas desde la teoría económica que fundamenten la factibilidad del Estado de Bienestar y una planificación económica de tipo no socialista.

 

Ese correlato teórico finalmente se produjo en el año de 1936 cuando el economista inglés John Maynard Keynes publica su libro Teoría General de la Ocupación, el interés y el dinero. Este texto desarma teóricamente a los liberales y a toda su doctrina económica porque demuestra la imposibilidad de construir un Estado de Bienestar que participe activamente en la economía creando las condiciones para el pleno empleo, desde la episteme liberal y su noción de mercados autorregulados y en equilibrio.

 

Keynes critica a esa episteme liberal y la demuestra en su inanidad teórica. La reduce, como decía el mismo Keynes, a ser un caso particular y excepcional de todas las posibilidades económicas; empero y lo más importante, este texto da coherencia teórica y base científica-positiva a la intervención del Estado en la economía para la construcción del Estado de Bienestar sin salirse de las coordenadas más generales del liberalismo. Como ejercicio teórico es la propuesta más audaz y brillante realizada en el terreno de la economía desde David Ricardo y Carlos Marx.

 

Casi todo el pensamiento económico, empezó a girar sus referencias epistemológicas hacia el keynesianismo, con la excepción del reducido y casi desconocido departamento de economía de la universidad de Chicago, que tenía a la sazón como personaje fundamental a Henry Calvert Simon, un liberal de la vieja escuela que resistía las nuevas corrientes keynesianas.

 

En América Latina también se produjo una reflexión teórica interesante que imbricaba en una lectura coherente y de profundidad analítica tanto al keynesianismo como al marxismo, para comprender la situación concreta de los países latinoamericanos, esta escuela del pensamiento económico y social se llamará estructuralismo latinoamericano y dará origen a la Teoría de la Dependencia.

 

Luego de la segunda guerra mundial, con un bloque importante de países socialistas y con regiones enteras que luchaban contra el colonialismo y por la liberación nacional y que fundaban su discurso político de liberación nacional en el socialismo, el discurso liberal tenía pocas posibilidades.

 

Es en ese contexto, cuando en 1944 Friedrich Hayek publica un texto con un enorme pathos liberal: El Camino de la Servidumbre. Era la voz de los liberales que sentían que el mundo se hundía a sus pies y que la humanidad estaba cambiando irremisiblemente y alejándose del liberalismo clásico. En el Camino de la Servidumbre, Hayek denostaba contra la planificación económica y el Estado de Bienestar y los equiparaba con los totalitarismos que anulan la libertad humana. Hayek se creía el portador de esa llama de la libertad que había nacido con la burguesía en los siglos XVIII y XIX y que, según él, estaba muriendo en el siglo XX.

 

La reinvención del liberalismo: hacia el neo-liberalismo

 

Hayek sentía que había que reinventar al liberalismo; que los contenidos con los que había nacido quizá habían movilizado a la humanidad en el siglo XIX, pero que la coyuntura de mediados del siglo XX ameritaba otro tipo de liberalismo. Hayek estaba consciente de que el discurso socialista había tocado fibras íntimas de la utopía humana y que la reinvención del liberalismo no podía olvidar ese hecho. Esa reinvención del liberalismo quizá tendría que hacer lo mismo, en otro sentido pero esencialmente lo mismo: adherirse a la utopía y transformarla.

 

Con los pocos liberales declarados que quedaban en la Europa de posguerra, Hayek los convoca en un remoto poblado de Suiza, cerca del lago Génova, para refundar al discurso liberal. En una primera instancia había pensado dedicar su coloquio a Alexis de Tocqueville y también había pensado en rendir homenaje a John Edward Acton, así como a John Stuart Mill, según su criterio, los pensadores liberales más importantes del siglo XIX, pero el encuentro fue finalmente bautizado con el nombre de la localidad de acogida: Monte Peregrino. Su objetivo central fue combatir tanto al discurso del socialismo cuanto a la propuesta keynesiana que fundamentaba al Estado de Bienestar para lograr el proyecto más caro del liberalismo: la libertad de mercado, requisito casi ontológico para la libertad humana.

 

Para Hayek y los liberales que lo acompañaron en esta primera reunión, los enemigos a derrotar eran los sindicatos, los socialistas, los marxistas, y también los partidarios del Estado de Bienestar incluyendo, por supuesto, a los economistas keynesianos. Sin embargo, ¿cómo hacerlo?, ¿cómo devolver al liberalismo su brillo y atracción original?, si el mundo estaba girando a la izquierda ¿cómo hacer para cambiar de rumbo? ¿cómo convencer a la sociedad de las bondades del mercado cuando éste se había derrumbado arrastrando tras sí a la humanidad en una vorágine de violencia, destrucción y pobreza?

 

En definitiva, la cuestión de fondo era: ¿cómo y de qué manera reinventar al liberalismo?, sobre todo en una época que consideraba que la atención exclusiva al interés individual, como lo proponía el discurso liberal clásico, habida cuenta de las tensiones sociales existentes, era casi un acto criminal.

 

Hayek convocó al profesor Ludwig Von Mises, uno de los representantes más importantes de lo que se llamaría la "escuela austríaca" y mascarón de proa del pensamiento liberal, y también convocaría a: Wilhem Röpke (Presidente de la Sociedad del Monte Peregrino en 1961-62), Alexander Rüstow, Walter Eucken, Maurice Allais, Jacques Rueff, Michael Polanyi, Karl Popper, Raymond Aaron, Milton Friedman (Presidente en 1970-72), Frank Knight, Aaron Director, Albert Hunold, William Rappard, George Stigler (Presidente en 1976-78), Henri de Lovinfosse, Fritz Machlup, John Jewkes (Presidente en 1962-64), Bertrand de Jouvenel, entre otros.

 

De una u otra manera, la preocupación de todos ellos era: ¿qué hacer con el liberalismo en un momento en el que era imposible pensar lo social sin el Estado? De hecho, esta discusión estaba en el centro del pensamiento liberal: éste no podía prescindir de un "enfoque social", precisamente por ello Rougier había propuesto un "liberalismo constructor", Marlio un "liberalismo social", Jacques Rueff , incluso, llegó a proponer un "liberalismo de izquierda", Rüstov y Röpke propusieron, en cambio, un "intervencionismo liberal", es decir, el tiempo histórico demandaba a los liberales un cambio de teorías, conceptos e ideas.

 

Sin embargo, para Hayek ninguno de esos adjetivos y pronombres asumían el sentido que debía tener el liberalismo en esa coyuntura. Si el liberalismo quería cambiar al mundo, debía transformarse pero permaneciendo fiel a sí mismo. En su discurso de apertura de la Sociedad del Monte Peregrino, Hayek expresaba lo siguiente:

 

"La concepción fundamental que me ha guiado en mis esfuerzos es que los ideales que creo que nos unen y por los cuales no hay otro mejor nombre que liberalismo, a pesar del abuso que se ha hecho de este término, deben tener una posibilidad de renacimiento y, en ese sentido, una gran tarea intelectual debe ser llevada a cabo. Esta tarea implica, a la vez, purgar la teoría liberal tradicional de ciertos desafortunados sedimentos que le han sido impuestos a lo largo del tiempo, y afrontar ciertos problemas reales que una caricatura de liberalismo ha descuidado y que han aparecido cuando el liberalismo ha sido transformado en una creencia rígida y estacionaria" .

 

Al no adscribir ningún "apellido" al discurso liberal, se planteaba una cuestión crucial y era la de poner a tono el discurso liberal con las demandas de responsabilidad social por parte de los Estados y la economía. El reto era pensar al liberalismo desde una perspectiva social, algo que en sí mismo desafiaba a la episteme misma del liberalismo porque en su horizonte teórico no consta lo social ni como primacía ni como requisito.

 

Quien habría de resolver este encrucijada sería el liberal alemán Alfred Müller-Armand quien, el mismo año que se reunían los "peregrinos", propuso el concepto de "economía social de mercado" en un reporte a la Cámara de Comercio e Industria de Nordrhein-Westfalen, y que habría de ser recogido por la Democracia Cristiana y el ministro de economía del Canciller Adenauer, el liberal Erhard y miembro también de los "peregrinos", como política de Estado.

 

En efecto, el concepto de "economía social de mercado" permitía renovar la noción de mercado como regulador social tan cara a los liberales, que siempre vieron al mercado como un espacio de libertad y realización personal, y que había sido estigmatizado por los socialistas y los keynesianos. No solo eso, sino que al recuperar el concepto de libre competencia podían adscribirlo a una dimensión de responsabilidad social y ponerlo, de esta manera, a tono con las demandas de la época. Hayek, a pesar de las reticencias que le provocaba el concepto de "social" para la economía, lo asumió completa e inmediatamente. La conclusión de los liberales del Monte Peregrino era que si el mercado había entrado en crisis no se debía a fallas internas sino que había sido la intervención del Estado quien había roto el frágil equilibrio de mercado y, en consecuencia, lo había llevado a la crisis. Los mercados, no solo que son eficientes en sí mismos sino que siempre han sido "sociales".

 

Con la "economía social de mercado" los liberales del Monte Peregrino habían encontrado el concepto bisagra que les permitiría dar el gran giro al discurso liberal y ponerlo a tono con los tiempos que vivían. En consecuencia, el discurso liberal no podía seguir siendo el mismo de aquel del siglo XIX, aunque compartan varios supuestos de base, entre ellos su definición de libertad humana como libertad de elección.

 

El nacimiento del neoliberalismo

 

En el Coloquio del Monte Peregrino, los liberales asumen que lo suyo es un liberalismo remozado, renovado, diferente; en definitiva, un nuevo liberalismo o, si se quiere utilizar el prefijo latino, un neo-liberalismo. Este nuevo liberalismo, o neoliberalismo necesitaba, asimismo, de una nueva concepción del Estado. Si el keynesianismo había hecho del Estado el punto central de sus políticas de bienestar y pleno empleo, y si los socialistas utilizaban el poder del Estado para la planificación centralizada, entonces los nuevos liberales o neoliberales, necesitaban responder a la cuestión central del rol del Estado en una sociedad liberal con énfasis social. Un rol que no tendría nada que ver ni con la planificación ni con el bienestar. Por tanto, desde la "economía social de mercado" ¿qué rol debe tener el Estado?, ¿qué tipo de Estado puede permitir tanto la libertad humana realizada en el mercado cuanto la intervención pública sin atentar a esa libertad fundamental?

 

Éste será el centro de interés de Hayek y de los "peregrinos": la fundamentación del Estado desde las bases teóricas y epistemológicas de un liberalismo remozado, es decir, el neoliberalismo. Un Estado que permita el desarrollo y la expansión de una economía social de mercado. Por ello Hayek empieza a interesarse en las intersecciones entre el derecho y la economía, es decir, la ley y el mercado.

 

Para Hayek el Estado debe permitir, vigilar y garantizar la libre competencia en mercados libres y abiertos. La ley debe ser utilizada, por tanto, en función de esa garantía y vigilancia de la libre competencia y los mercados libres. Mientras más libre competencia exista, mejor regulación social y mejor bienestar social, pueden haber. La ley no debe estar en contra del mercado sino a su servicio. El Estado en sí mismo debe ser la garantía de una ley que, a su vez, sea la garantía del mercado.

 

El Estado, para los neoliberales del Monte Peregrino, no puede ser un Estado de Bienestar, ni un Estado socialista, ni siquiera un Estado de industrialización, el Estado debe atenerse a respetar las reglas de juego de un mercado libre. El Estado no puede regular al mercado sino crear las reglas de juego para que sean los actores del mercado los que se autorregulen respetando esas reglas. En definitiva, ante el Welfare State del keynesianismo, y la planificación centralizada de los socialistas, Hayek y los neoliberales van a proponer y a defender el Estado de derecho, es decir, un Estado que no interfiere ni en la economía ni en el mercado sino que los garantiza; el Estado que los neoliberales proponen es el correlato exacto y necesario a la economía social de mercado, esto es, el Estado social de derecho.

 

Estado social de derecho y economía social de mercado son las improntas de ese nuevo liberalismo que pretende cambiar al mundo destruyendo cualquier posibilidad de un Estado de Bienestar o de un Estado de planificación centralizada. La batalla, para los peregrinos convertidos ahora en neoliberales, se abre en varios frentes. Tienen ante sí un reto enorme: confrontar a los socialistas que cada vez ganaban más el corazón de las masas, y de los keynesianos que habían conquistado toda la academia económica no socialista y toda la política económica.

 

La batalla de las ideas (I): thinks tanks y la construcción de la doxa

 

Con gran lucidez, Hayek expresa a Antony Fisher, fundador con Oliver Smedley del Institute of Economic Affairs, IEA, y de acuerdo con Audier, que:

 

"(la) influencia decisiva en la gran batalla de las ideas y de la política, era ejercida por los intelectuales" a quienes Hayek consideraba como "vendedores de ideas de segunda mano", por ello propone a Fisher crear una institución de investigación científica que provea "a los intelectuales en las universidades, en las escuelas, y a los periodistas y a las emisiones de radio, los estudios académicos más autorizados concerniendo a la economía de mercado y sus aplicaciones prácticas" .

 

Con esta propuesta Hayek retoma una noción desarrollada por Lenin en su libro ¿Qué hacer? de 1903 de que el socialismo tenía que ser "inoculado" a las masas por militantes orgánicos que han sido previamente formados y convencidos de la pertinencia de sus ideas. Hayek, de hecho, había estudiado seriamente los procesos políticos de los socialistas y había comprendido el rol fundamental que tiene los intelectuales en una sociedad. Quizá no haya conocido profundamente a Gramsci, pero puede decirse que su intuición política lo acercaba a sus prescripciones.

 

En 1949, en el segundo encuentro de los miembros de la Sociedad del Monte Peregrino, Hayek presenta un documento con un título extraño para un liberal: "Los Intelectuales y el Socialismo". Con este documento, Hayek quería sensibilizar a los "peregrinos" de la importancia de la evangelización liberal no para las masas sino exclusivamente para aquellos que piensan. Hayek cita a Ortega y Gasset y retoma su concepto de "masas". Realiza un recorrido de las ideas socialistas y se convence del rol fundamental que tuvieron la educación y el conocimiento en la propagación de las ideas del socialismo en las masas realizado por aquello que Lenin denominaba "militantes profesionales", y Gramsci "intelectuales orgánicos". Para Hayek, e insiste mucho en ello, si había que cambiar la sociedad no había que intervenir sobre las masas sino sobre aquellos que piensan. Las masas siempre siguen a aquellos que piensan. Lo que Hayek hace es delinear un programa de acción política para la Sociedad del Monte Peregrino. La batalla de las ideas está por comenzar.

 

Sin embargo, los peregrinos saben que para esa batalla de las ideas necesitan recursos ingentes. El mismo Hayek había sobrevivido gracias a los aportes de la Fundación William Volker que había financiado su estancia en Estados Unidos y su trabajo en la London School of Economics. Asimismo, Ludwig Von Mises, el teórico más importante que a la sazón contaban los neoliberales del Monte Peregrino había sido financiado por la Fundación para la educación en economía.

 

De hecho, Albert Hunold, el líder del secretariado europeo del Monte Peregrino, aportó durante un decenio al financiamiento de la Sociedad del Monte Peregrino a través de sus múltiples contactos con las corporaciones, bancos y sociedades de negocios. Este liberal, secretario de la Bolsa de Zurich, director desde 1941 a 1945 de la Cámara de Compensación de la ASB, y director del SIAF (Schweizerisches Institut für Auslandforschung), establece gracias al SIAF un nexo directo entre los "peregrinos" y el gran capital bancario, financiero e industrial de Suiza y, posteriormente, de Inglaterra y Francia. Los neoliberales no solo que tienen clara la doctrina sino que saben exactamente quien es el que paga al gaitero, y como decía Paul Sweezy, quien paga al gaitero pide la tonada. La convergencia de las ideas neoliberales con los intereses de las grandes corporaciones, las sociedades de negocios y los bancos se establece desde sus orígenes.

 

Gracias a este financiamiento y siguiendo al pie de la letra la recomendación de Hayek de que el evangelio es más potente cuando lo predican los que saben o aquellos que creen saber, los "peregrinos" se lanzaron a la conformación de una extensa red de institutos de investigación, formación y educación en economía liberal.

 

Este dato es interesante porque el concepto de red de instituciones dedicadas al pensamiento y su difusión será el eje central de la acción política de los "peregrinos". De hecho, desde la conformación del Institute of Economic Affairs, IEA, hacia la enorme constelación de centros de pensamiento neoliberal del siglo XXI (los denominados think tanks) hay un vasto universo que replica el pensamiento neoliberal haciéndose eco de la intuición de Hayek de que el mejor camino para luchar contra el Estado de Bienestar y el socialismo es convenciendo a los que piensan.

 

Para inicios del siglo XXI, cuando la hegemonía liberal se había consolidado por todo el planeta, los neoliberales contaban con decenas de think tanks de reputación mundial y que habían creado sus propias redes internas de think tanks neoliberales literalmente por todo el mundo, habían colonizado toda la currícula de estudios económicos en casi todas las facultades de economía del mundo, manejaban las editoriales que editaban los textos de economía, derecho, sociología y ciencias políticas en las principales universidades del planeta, en consecuencia, tenían y ejercían un control directo sobre el index de lo que había que pensar y cómo había que hacerlo; además tenían medios de comunicación impresos y audiovisuales poderosos y con alcance mundial y habían construido una doxa implacable. La intuición de Hayek se había revelado correcta: para cambiar al mundo, primero hay que convencer a los que piensan .

 

El siguiente objetivo en la batalla de las ideas de los "peregrinos" fue desmantelar al pensamiento keynesiano y a toda su propuesta anticrisis. Los "peregrinos" sabían que la confrontación contra el socialismo implicaba mover recursos importantes porque se trataba, para el capitalismo, de una lucha de sobrevivencia. En esta batalla contra los socialistas y marxistas asumen roles importantes Karl Popper, quien habría de dedicar varios libros en contra del marxismo y del socialismo, por ejemplo: La Sociedad Abierta y sus enemigos (The Open Society and Its Enemies, 1945), o La Miseria del Historicismo (The Poverty of Historicism, 1961), incluso en Conjeturas y Refutaciones (Conjectures and Refutations: The Growth of Scientific Knowledge, 1963), Popper objeta las posibilidades epistemológicas y lógicas del pensamiento dialéctico. De su parte, Von Mises había creído demostrar en La Acción Humana (1949), que la planificación es lógica y conceptualmente imposible . Raymond Aron, incluso criticó duramente al marxismo en su libro El opio de los intelectuales (1955).

 

Empero, para Hayek la batalla contra el pensamiento de Keynes era más apremiante y prioritaria porque los gobiernos de los países liberales más importantes se habían comprometido con algo que para los neoliberales del Monte Peregrino era una aberración que nunca debía haber existido: el Estado de Bienestar.

 

Keynes había desmantelado los conceptos fuertes de la analítica económica liberal; había demostrado que el concepto de "equilibrio general" desde el cual los liberales miraban no solo al mercado sino a la sociedad y a la historia, strictu sensu, no existía y nunca había existido. Era un simulacro de la analítica científica decimonónica cuyas pretensiones científicas en la economía eran, en el mejor de los casos, dudosas. Era apenas la invención de un discurso teórico que se había extraviado en sus propios laberintos. Keynes fue muy duro con los neoliberales. "Los teóricos clásicos, había escrito Keynes, se asemejan a los geómetras euclidianos en un mundo no euclidiano que, quienes al descubrir que en la realidad las líneas aparentemente paralelas se encuentran con frecuencia, las critican por no conservarse derechas –como único remedio para los desafortunados tropiezos que ocurren." (Keynes, Teoría General, Cap. 2, sección IV) .

 

No solo ello, sino que Keynes había realizado una verdadera revolución coperniciana en la economía cuando logra que la teoría monetaria, que había sido desdeñada por toda la escuela económica clásica, finalmente se articule de forma coherente y metodológicamente sustentada al interior del corpus analítico de la economía, por vez primera, al menos en el siglo XX.

 

La batalla de las ideas (II): Friedman vs Keynes

 

Quizá este punto haya que señalarlo con más precisión porque fue el campo de batalla más importante de los neoliberales del Monte Peregrino y cuyas repercusiones políticas tienden a ser muy acotadas en función de estrictas y limitadas cuestiones pertenecientes al exclusivo mundo académico, empero las repercusiones sociales y políticas son enormes, de hecho, ahí subyace una de las causas de la crisis económica del capitalismo en la primera década del siglo XXI. La discusión entre Keynes y los keynesianos contra los neoliberales, y entre ellos Friedman, pudo aparecer como un debate académico pero, en realidad, fue una disputa política cuyas consecuencias fueron trascendentes para el capitalismo como sistema-mundo.

 

Para la teoría económica clásica, entendiendo por ella a toda la teoría económica que va desde David Ricardo, James Mill y que continúa con los economistas ingleses Marshall, Edgeworth y A. Cecil Pigou, con el italiano Pareto, con el francés Walras y que, además, forma parte del núcleo duro del pensamiento neoliberal, el dinero nunca ha sido importante para comprender los procesos reales al interior de la economía. De hecho, ellos distinguen entre un "sector real" y un "sector monetario" . El dinero se convierte en una especie de "velo" que hay que descorrer para comprender a la economía en su esencia real y verdadera.

 

El concepto del "velo monetario" proviene de David Ricardo y contagió a toda la comprensión de la economía, tanto en su vertiente liberal cuanto en la versión marxista; uno de los pocos economistas decimonónicos que se opusieron a esta versión monetaria de David Ricardo fue el sacerdote y economista Thomas R. Malthus. Empero de ello, y por diferentes razones, no pudo articular una teoría coherente de cómo integrar al dinero al interior de un marco analítico en la economía.

 

Para David Ricardo, la escasez, a la que consideraba un fenómeno "natural", hacía que los recursos básicos de una economía, en la ocurrencia, tierra, trabajo y capital, debían ser utilizados al máximo, por ello su uso y rendimiento eran independientes de la existencia de la moneda. La moneda nada podía hacer en contra del "fenómeno natural" de la escasez. No podía ni alterarla ni evitarla. De hecho, la emisión monetaria lo único que podía provocar, según Ricardo, era inflación de los precios y no cambiaba para nada la "dotación inicial de recursos escasos". Esa emisión monetaria quizá podría alterar la economía en el corto plazo pero nunca en el largo plazo. Esta referencia de David Ricardo al largo plazo como una imposibilidad humana de alterar de cualquier manera la restricción natural de la escasez de recursos, sería ironizada por Keynes cuando éste decía que, en el largo plazo, "todos estaremos muertos".

 

A esta teoría que neutraliza la capacidad de la moneda para alterar la escasez de recursos se la conoce con el nombre de "teoría cuantitativa de la moneda" y es uno de los conceptos centrales en la episteme neoliberal. Para los neoliberales, esta teoría cuantitativa de la moneda les permite asumir la inflación de precios como un fenómeno estrictamente monetario y, con ello, oscurecen todos los conflictos políticos y redistributivos que se suscitan alrededor de la inflación.

 

Si el dinero es exógeno a la economía, es decir, es un "velo" en donde la emisión monetaria siempre produce inflación, tal como lo predican los neoliberales, entonces los equilibrios de los flujos de dinero que no generen inflación tendrán que ser definidos al interior del mercado de dinero, en donde hay una oferta de fondos que se mueve de acuerdo a la retribución que se realice a esos ahorradores por la vía de la tasa de interés.

 

Si esa retribución es conveniente, entonces se motiva a los ahorradores a que ahorren porque esos recursos serán posteriormente utilizados para la inversión. Nace, en consecuencia, una de las ideas fuertes de la economía liberal y que tiene la fuerza del dogma: la relación ahorro/inversión. Si no hay ahorro no hay inversión. Si no hay inversión no hay empleo. Si no hay inversión tampoco hay crecimiento económico, y esta inversión siempre depende de los niveles de ahorro al interior de una economía. El mecanismo que media entre esas dos dinámicas del ahorro y la inversión es la tasa de interés, y el locus en el que se producen y realizan es el mercado bancario y financiero.

 

En otras palabras, si se suscribe el concepto de que la moneda siempre crea inflación, que es la consecuencia natural de la teoría cuantitativa de la moneda, entonces tendremos que dejar que el mercado monetario sea manejado exclusivamente por los bancos privados, porque ellos lo manejarían como se lo hace con todo recurso escaso: utilizándolo de manera eficiente para lograr su máximo rendimiento. Interferir en este mercado bancario podría distorsionar el frágil equilibrio que sostiene el nivel de ahorro con las demandas de inversión.

 

Empero, ¿y si el dinero no es exógeno como lo pretenden los economistas clásicos y los neoliberales? Es decir, ¿qué pasa si el dinero no es neutral?, si la teoría cuantitativa de la moneda de los neoliberales no es correcta, entonces ¿cuáles serían sus consecuencias? ¿qué sucede si una economía decide "imprimir" dinero para resolver los problemas de crisis y recesión? ¿Es verdad que esa emisión monetaria provocaría inflación de precios? ¿Qué consecuencias políticas y económicas implica preguntarse por el rol social y económico de la moneda? ¿Es real que existe una relación entre los niveles de ahorro y la inversión?

 

Keynes demostrará que el concepto ahorro-inversión, así como el concepto de "equilibrio general" son una falacia de la economía liberal, son un invento teórico que poco tiene que ver con la realidad; también demostrará que, en situaciones de "insuficiencia de demanda efectiva", la mejor política para sacar a un país de la crisis es, precisamente, con emisión monetaria, una emisión que en este caso poco tiene que ver con la inflación.

 

Si la noción ahorro-inversión es una falacia, entonces el dinero debe formar parte de una política pública, en la ocurrencia, la política monetaria, porque es desde esta política monetaria que debe pensarse a la inversión, y no desde el ahorro. En consecuencia, el dinero debe abandonar el locus del mercado bancario y financiero privado, y trasladarse hacia el Estado y la política monetaria. El dinero debe tener una función social y, para ello, debe formar parte de una política estatal no de un manejo privado.

 

En efecto, gracias a Keynes es posible definir una política monetaria por fuera de los intereses de los bancos privados. Las consecuencias prácticas del pensamiento keynesiano eran y son enormes. Significaban todo un desafío para los bancos privados quienes se habían acostumbrado a manejar la tasa de interés, y las decisiones de arbitraje en el mercado financiero como asuntos propios. Si el dinero de alguna manera configura las relaciones de poder al interior del capitalismo, entonces la propuesta keynesiana cambiaba radicalmente las coordenadas de esas relaciones de poder. Al demostrar que el concepto ahorro-inversión es una falacia, Keynes crea las condiciones de posibilidad para que la sociedad recupere la moneda y articule una política monetaria por fuera de los intereses de los bancos y los banqueros.

 

De hecho, eso fue lo que sucedió en la construcción del Welfare State y la política monetaria de la reactivación económica. En ese proceso de reactivación, la capacidad de asignar liquidez a la economía no estuvo en los bancos sino en el Estado por la vía de la política monetaria y el déficit fiscal. En un Estado de Bienestar el objetivo fundamental es crear las condiciones para el pleno empleo y la política monetaria es un instrumento cuyas funciones son asignadas desde una lógica de lo público y lo social. Fue por ello que la política monetaria pudo contener la crisis y financiar el crecimiento económico de aquello que en Europa se conoce como los "treinta gloriosos", es decir, el periodo de la última posguerra hasta la crisis de Bretton Woods a inicios de los años setenta del siglo XX.

 

La política monetaria y el pensamiento keynesiano también implicaban una reflexión más coherente de la inflación, al comprenderla no como un fenómeno estrictamente económico y monetario sino, básicamente, como un fenómeno político y redistributivo. De hecho, la inflación solo en última instancia es un fenómeno económico, la inflación monetaria, en lo fundamental, es un fenómeno político y hace referencia al conflicto de intereses redistributivos al interior de una sociedad.

 

Los neoliberales del Monte Peregrino sabían a lo que se estaban enfrentando cuando decidieron oponerse a la teoría monetaria de Keynes. Sabían que sus propios conceptos era insuficientes y que tenían no solo que desmontar el complejo y fino análisis keynesiano sino también la política monetaria que le era correlativa. En este momento, la iniciativa en la batalla de las ideas pasa de Hayek y los neoliberales europeos hacia Friedman, Director, Stigler, y los neoliberales norteamericanos. El texto fundacional de esta disputa lo escribe Milton Friedman en 1956: La teoría cuantitativa de la moneda: una nueva visión (The Quantity Theory of Money: A restatemen, 1956) .

 

En la batalla de las ideas, los "peregrinos" asumen como prioridad fundamental la desarticulación de la propuesta keynesiana de su visión monetaria. Para los neoliberales se trataba de restaurar el credo original de la relación ahorro-inversión y la relación entre emisión monetaria e inflación. No se trataban de cuestiones teóricas y académicas, en realidad, estaba en juego el capitalismo en sí mismo y sus posibilidades futuras.

 

Esa batalla en contra del pensamiento monetario de Keynes y sus partidarios se dio en los años cincuenta y sesenta del siglo XX. En esa batalla, los keynesianos siempre estuvieron solos, los marxistas jamás los acompañaron a pesar de que estaba en juego el capitalismo y su futuro. Los neoliberales del Monte Peregrino dieron esa batalla en varios frentes: el académico, el frente mediático, el político, el institucional.

 

La crisis económica de los años setenta que produjo un fenómeno relativamente novedoso en el capitalismo, aquel de la inflación con recesión, significó el inicio del fin de los keynesianos. Para fines de los años setenta, con el ascenso al poder de Thatcher en Inglaterra y Reagan en EEUU, los neoliberales habían triunfado en casi todas las líneas.

 

En la década de los ochenta los neoliberales del Monte Peregrino estuvieron en la línea del frente para gestionar la crisis de la deuda externa de los países latinoamericanos. Fueron ellos los que estuvieron detrás de los tecnócratas del FMI y del Banco Mundial, estableciendo los marcos teóricos y normativos para manejar la crisis de la deuda externa y las duras medidas de ajuste económico.

 

Para los años noventa su triunfo era total. A nadie se le ocurría siquiera pensar que el concepto ahorro-inversión era una falacia, y todo el mundo daba por hecho que toda emisión monetaria sin fundamento siempre provocaba inflación. La doxa de la disciplina fiscal, la eficacia de los mercados privados, la desregulación, la apertura y la seguridad jurídica a las inversiones se convirtieron en un consenso que John Williamson lo sistematizará en clara referencia al locus del poder, precisamente, como el Consenso de Washington. Los neoliberales, con Friedman a la cabeza, habían triunfado.

 

El triunfo neoliberal

 

Fue una sorda y dura batalla que se dio en espacios académicos y universitarios, en especial en los departamentos de economía. El mascarón de proa de esa batalla de las ideas fue el departamento de económicas de la Universidad de Chicago, a la sazón dirigido por Milton Friedman. Se dio como una batalla académica, adquirió tonos profesorales, fue escrita en una jerga incomprensible para aquellos que no pertenecían al cenáculo, implicó la movilización de recursos y la adopción, especialmente por parte de los neoliberales, de estrategias muchas de ellas espurias y truculentas, como la grosera manipulación de los datos hecho por Friedman en su historia monetaria de EEUU (A Monetary History of the United States, 1867-1960) , pero fue, en lo fundamental, una batalla política. No estaba en juego una determinada teoría, o un axioma económico o una fórmula matemática que describía cierto comportamiento económico; en realidad, fue una lucha política sobre el sentido que debía adquirir el Estado, y la política económica, en especial, la política monetaria.

 

La academia fue una de las fronteras de una lucha más profunda y más vasta que atravesaba al sistema-mundo capitalista y que tenía que ver con la rearticulación de relaciones de poder al interior del capitalismo en donde estaba emergiendo con una fuerza impresionante, un capital financiero desregulado a partir de la crisis del sistema de Bretton Woods y la conformación de los euromercados de capitales. Ese capitalismo financiero necesitaba de forma desesperada un marco teórico que lo legitime y avale. Los neoliberales cumplieron a la perfección ese requerimiento.

 

La disputa académica luego se traduciría en disputa política, sobre todo en Inglaterra, cuando los obreros ingleses se opusieron a las políticas de privatización y desregulación de Thatcher y sus consejeros neoliberales, y realizaron huelgas y movilizaciones que, finalmente, fueron derrotadas.

 

Los neoliberales conquistaron la academia, y también las instituciones financieras internacionales. Los marcos teóricos que los neoliberales desarrollaron durante la batalla de las ideas, fueron también el marco teórico de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y más tarde el sistema de Naciones Unidas, en especial su programa para el desarrollo, PNUD y casi todos los programas de la cooperación internacional al desarrollo que, en realidad, son el nombre cortés y elegante para el neocolonialismo.

 

Para los años noventa, los neoliberales del Monte Peregrino podían saborear su victoria en todo el frente de la batalla de las ideas. Los keynesianos habían sido derrotados en todas las líneas. Los pocos que sobrevivían habían adscrito al credo neoliberal y trataban de sobrevivir mezclando algo de Keynes con la ortodoxia dominante (se denominarán poskeynesianos, pero nada tienen que ver con la propuesta original keynesiana).

 

Los marxistas también habían desaparecido del escenario, sobre todo por el hecho de que los marxistas nunca consideraron una alianza teórica con el pensamiento keynesiano, de tal manera que los neoliberales pudieron derrotarlos uno tras otro. Instituciones que antaño fueron núcleos duros de un pensamiento anti-neoliberal, como la Universidad de Cambridge en Inglaterra, convergieron a la doxa dominante; incluso una institución importante a nivel latinoamericano como la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, que criticó duramente a los neoliberales, ya para los años noventa procesaba en su episteme todo el ADN neoliberal.

 

La globalización de la economía permitió a los "peregrinos" entrar en la epifanía de su proyecto histórico. Pocas veces un conjunto de ideas tan restringidas habían conquistado tanto espacio y habían permitido la acumulación de tanto poder en tan pocas manos. Los "peregrinos" estaban dando forma al mundo que emergía en la globalización, como un alfarero a su barro. No había institución de importancia global que no haya sido colonizada por los "peregrinos" y su episteme. Desde el sistema de Naciones Unidas, hasta el Foro de Davos, pasando por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, o la OCDE, o el G-8, G-20, o como quiera llamárselos, todos ellos fueron inscritos en el radar de los "peregrinos" y fueron colonizados por éstos.

 

¿Cuál es ahora el proyecto político del neoliberalismo?

 

Si la batalla de las ideas finalmente fue ganada por los neoliberales del Monte Peregrino, y el mundo entero articula su prosa y su lógica, entonces ¿cuál es ahora la razón de su proyecto? Si los marxistas, según los "peregrinos", no constituyen ningún peligro real al sistema y los pocos keynesianos que quedan en el mejor de los casos solamente hacen historia del pensamiento económico, entonces, ¿puede decirse que la Sociedad del Monte Peregrino cumplió con su misión histórica y que debería pensar en su disolución? El hecho de que en su momento de creación en 1947 haya tenido 38 miembros activos y que para el año 2013 sean más de mil adherentes orgánicos significa que los "peregrinos" piensan en cualquier cosa menos en su disolución, en consecuencia: ¿Cuál es ahora el peligro más importante que han identificado los "peregrinos" y que hace que sean más activos que antes? ¿cuál es el proyecto político de la Sociedad del Monte Peregrino? ¿Qué o quienes están en su radar? ¿Hacia dónde apunta el sentido de su distopía?

 

Para comprender esa distopía del neoliberalismo del Monte Peregrino quizá sea necesario un ejercicio de hermenéutica política que integre en una sola interpretación hechos aparentemente aislados pero que configurarían, al parecer, los lineamientos de lo que sería la hoja de ruta de los "peregrinos" hacia el futuro.

 

Propongo, en ese sentido, integrar tres acontecimientos importantes generados desde la dinámica de los "peregrinos", aunque aparentemente aislados y desconectados entre sí, pero que pueden servir para comprender la dimensión de su propuesta distópica.

 

El primero de ellos hace referencia a una frase expresada por Margaret Thatcher cuando fue Primera Ministra de Inglaterra; su expresión fue: "la sociedad no existe" y que descifra la intención de los neoliberales de vaciar la política y provocar su virtual desaparición. Un segundo hecho está en la elección del economista norteamericano Gary Becker como Presidente de la Sociedad del Monte Peregrino en el año de 1990-1992. Gary Becker representa el punto más alto de las teorías de la conducta del consumidor y del "capital humano". Un tercer hecho es la entrega de "premios Nobel de economía" a los neoinstitucionalistas como Douglass North, Oliver Williamson, y Elinor Ostrom, entre otros .

 

Si estos hechos permiten esa interpretación política del proyecto actual de los neoliberales del Monte Peregrino, puede asumirse que éste tendría, al menos, tres vectores básicos: un vector político que plantea, de forma paradójica pero real, el vaciamiento de la política; un vector biopolítico inscrito en sus prescripciones normativas sobre el "capital humano" y la neuroeconomía, y una pretensión civilizatoria en la cual las corporaciones y el capital financiero son el centro de gravedad del tejido institucional de las sociedades y la construcción de la pax mercatoria como proyecto político imperial del capital financiero-especulativo.

 

1. El vaciamiento de la política

 

La gestión de la crisis de la deuda externa en América Latina en la década de los ochenta les enseñó a los "peregrinos" el rol heurístico que tiene la crisis . Para imponer las duras medidas de ajuste que provocaron el mayor retroceso económico y social en toda América Latina en todo el siglo XX, los neoliberales ubicaron los límites exactos del discurso económico neoliberal como discurso de poder. Los neoliberales del Monte Peregrino, para construir los ejes básicos de su proyecto: la economía social de mercado y el Estado social de derecho, comprendieron que necesitaban de la democracia liberal para su legitimidad.

 

La adhesión de los neoliberales a las dictaduras militares del cono sur de América Latina, implicaron un fuerte desgaste político para Hayek y Friedman. Su apoyo a los regímenes genocidas de Pinochet y Videla en Chile y Argentina, respectivamente, provocaron escozor entre los mismos miembros del Monte Peregrino. Si Hayek había escrito sobre la libertad humana, y había contado con el apoyo de los liberales más reputados de Europa y de EEUU en esta cruzada, su apoyo a esas dictaduras creaban un expediente de una dudosa eticidad que, incluso, podía ser utilizada para cuestionar al proyecto global de los neoliberales.

 

Para ellos, la transformación neoliberal del mundo tenía que ser una tarea tanto ética como democrática, al menos en las apariencias. La crisis de la deuda externa en América Latina se presentó como el expediente ideal para provocar las transformaciones neoliberales necesarias al interior de un contexto democrático. Sin la existencia de esa crisis era muy difícil que las sociedades latinoamericanas resignen la pérdida de una institucionalidad y una política pública que había costado mucho construirla y cuyas duras consecuencias sociales eran evidentes.

 

En efecto, las políticas de ajuste que los neoliberales impusieron desde el FMI y que devastaron la región durante la década de los ochenta y noventa, se impusieron en un contexto de elecciones, sistemas de partidos, controles electorales y sistemas políticos democráticos. La democracia electoral, representativa y liberal demostró ser el mejor dispositivo para encubrir y consolidar la transformación neoliberal .

 

El discurso político liberal perdió toda relación con el poder y se convirtió en una especie de cobertura y legitimidad al verdadero discurso de poder: el discurso económico neoliberal. Las verdaderas transformaciones sociales las hacían el FMI, el World Bank, el BID, no los sistemas políticos latinoamericanos y menos aún la sociedad latinoamericana y sus organizaciones sociales.

 

Cuando la sociedad reclamaba democracia, participación, y manifestaba su repudio y rechazo a las duras políticas neoliberales, éstos acudían inmediatamente al expediente de la crisis y sus discursos disciplinarios, entre ellos el discurso de la gobernabilidad. Para disciplinar a la sociedad al interior de las coordenadas del neoliberalismo y su proyecto político, la crisis se había revelado la mejor tabula rasa sobre la cual inscribir los designios neoliberales.

 

La conversión del discurso económico neoliberal como discurso de poder, vació al discurso político de toda posibilidad de transformar la realidad y la sociedad, y procesar el conflicto de forma trascendente y democrática. El discurso político liberal cedió todas las posibilidades teóricas y normativas al discurso tecnocrático neoliberal; se enredó en su propia fenomenología y nunca comprendió que se estaba convirtiendo en un simulacro de sí mismo: una sombra que encubría al poder. Las prioridades neoliberales se impusieron por encima de cualquier consideración democrática o social, su discurso se sobrepuso a cualquier prescripción democrática. Fue un discurso autoritario, antidemocrático, tecnocrático, excluyente, estratégico, que creó una cesura entre la praxis del poder y los discursos que lo legitimaban.

 

Esta conformación del discurso económico neoliberal como discurso de poder implicó el vaciamiento de la política y su virtual desaparición. Fue por ello que, en América Latina, los movimientos sociales confrontaron y resistieron al neoliberalismo por fuera de los sistemas políticos y los sistemas de representación política. Los movimientos sociales latinoamericanos comprendieron que la verdadera política se jugaba en otros espacios, no en aquellos definidos por el discurso oficial del liberalismo.

 

Sin embargo, el manejo de la crisis de la deuda externa latinoamericana y la forma por la cual el FMI pudo transformar la región e integrarla a los nuevos circuitos y nuevas lógicas que provenían desde el capital financiero, crearon, para los neoliberales del Monte Peregrino y sus corifeos, una especie de heurística: para transformar políticamente una sociedad, la mejor forma de hacerlo es evitando la política. El epítome de este proceso puede apreciarse en la forma por la cual los "peregrinos" contribuyeron al desmantelamiento del Estado de Bienestar en EEUU y en Europa.

 

Los "peregrinos" sabían que la desarticulación del Estado de Bienestar no puede darse desde la política. De hecho, en su arrogancia lo intentaron cuando quisieron aprobar la Constitución de la Unión Europea mediante referéndums y fueron derrotados. También fueron derrotados cuando se hicieron públicos los documentos del Acuerdo Multilateral de Inversiones, AMI, que implicaban un reconocimiento de soberanía política a las corporaciones transnacionales.

 

Por ello, los neoliberales del Monte Peregrino han acudido al expediente que mejor manejan: la imposición dictatorial de sus prescripciones desde la episteme neoliberal, es decir, la conversión del discurso económico neoliberal como discurso de poder. En la gestión de la crisis económica de los países europeos, para los "peregrinos" no está en juego la restauración de los equilibrios macroeconómicos, ni el crecimiento, ni el desarrollo, sino la desarticulación del Estado de Bienestar.

 

Ellos saben que el desmantelamiento del Estado de Bienestar, al que siempre consideraron una aberración de la historia, es una tarea política que no puede ser resuelta con medios políticos, sino desde el poder, y el discurso económico neoliberal de los "peregrinos" es un discurso de poder. En el proyecto actual de los "peregrinos" una de sus prioridades es la implosión del Estado de Bienestar y el mejor dispositivo que han encontrado para esta tarea es la crisis como heurística del miedo y como dispositivo de poder.

 

Por ello, las multitudinarias manifestaciones de la sociedad europea en contra de la gestión de la crisis europea no han afectado al proyecto real de los "peregrinos", porque estas manifestaciones populares, con lo radical que pueda parecer su discurso, en realidad, se inscriben al interior de las coordenadas del liberalismo. Son manifestaciones sociales ya disciplinadas dentro del esquema liberal. Al no desbordarlo, simplemente lo ratifican y avalan. A diferencia de los movimientos sociales latinoamericanos que desbordaron al sistema político y ubicaron la confrontación con el neoliberalismo fuera de sus coordenadas, las movilizaciones europeas constan al interior de las fronteras del sistema político liberal.

 

De hecho, la gran mayoría de esos manifestantes cuya indignación contra el sistema y el poder es patente, en las próximas elecciones votarán por partidos políticos que, en su gran mayoría, seguirán las prescripciones de los "peregrinos". Para los neoliberales del Monte Peregrino, las manifestaciones europeas y sus "indignados", en el fondo, son irrelevantes e intrascendentes porque no ponen en riesgo los núcleos fundamentales de su proyecto político.

 

El vaciamiento de la política, por tanto, significa la conversión del discurso económico como discurso de poder y la creación de condiciones de posibilidad para que la política se defina y estructure de forma real desde el mercado y que el espacio de la política, en términos liberales, sea intrascendente porque las decisiones políticas reales ya han sido asumidas y adoptadas, precisamente, desde las lógicas del mercado. El Estado es Estado de derecho porque transfiere capacidad política y soberanía política al mercado y, a su interior, a las corporaciones y al capital financiero; por ello, aunque los "indignados" europeos se manifiesten contra la crisis y sus élites políticas, paradójicamente defenderán a muerte al Estado de derecho.

 

No obstante, sobre esas condiciones de posibilidad de la política es necesario situar e identificar al "sujeto" que actúa y sobre el que se impone ese discurso de poder. El neoliberalismo construye ese "sujeto". Lo moldea. Lo define. Lo estructura en sus coordenadas de control, disciplina, dominación. El "sujeto" que el neoliberalismo necesita es el homo economicus de la teoría clásica pero no en su trama metodológica, como fue la propuesta original, sino como condición biológica de la psiquis humana. Los neoliberales del Monte Peregrino saben que su proyecto histórico no debe ser cuestionado como existencia fáctica de la política y de la historia, por ello ahora ellos consideran que debe estar presente a nivel molecular en el sentido más literal del término, es decir, como procesos neuro-económicos del córtex cerebral homo economicus. El neoliberalismo pasa de una visión política hacia una deriva biopolítica .

 

2. La deriva biopolítica

 

El concepto de biopolítica fue propuesto por el filósofo francés, Michel Foucault para comprender la densidad y complejidad del nazismo. El filósofo francés se preguntaba:

 

"¿cómo es posible que un poder político mate, reclame la muerte, la demande, haga matar, dé la orden de hacerlo, exponga a la muerte no solo a sus enemigos sino aun a sus propios ciudadanos? ¿cómo puede dejar morir ese poder que tiene por objetivo esencial de hacer vivir? ¿Cómo ejercer el poder de la muerte, cómo ejercer la función de muerte, en un sistema centrado en el biopoder?" .

 

Para Michel Foucault, en el nazismo aparecen de forma evidente las contradicciones de una de las tecnologías de poder más importantes: el biopoder, o la biopolítica, en efecto:

 

" ... el objetivo del régimen nazi no es sencillamente la destrucción de otras razas. Éste es uno de los aspectos del proyecto; el otro consiste en exponer a su propia raza al peligro absoluto y universal de la muerte ... En la sociedad nazi tenemos, por tanto, algo que, de todas maneras, es extraordinario: es una sociedad que generalizó de manera absoluta el biopoder pero que, al mismo tiempo, generalizó el derecho soberano de matar."

 

La cuestión es cómo un sistema que elaboró un complejo modelo de controlar la vida a través de diversas tecnologías de poder pudo también elaborar un perverso y extenso sistema de muerte. La categoría de biopolítica se inscribe en los intersticios de esta cuestión: toda política que administra la vida, termina también administrando la muerte. Toda biopolítica tiene su contraparte en una tanatopolítica. Entre la vida y la muerte median las prescripciones del poder ¿Cuáles son los criterios que permiten esa administración y esas tecnologías de poder que administran la vida en las sociedades modernas? ¿Cuál es el criterio de verdad que permite instaurar límites precisos en esas políticas de la vida? El filósofo francés propone comprender las claves de la biopolítica en el estudio del liberalismo:

 

"Pero me parece que el análisis de la biopolítica sólo puede hacerse cuando se ha comprendido el régimen general de esa razón gubernamental de la que les hablo, ese régimen general que podemos llamar cuestión de la verdad, primeramente de la verdad económica dentro de la razón gubernamental; y por ende, si se comprende con claridad de qué se trata en ese régimen que es el liberalismo, opuesto a la razón de Estado ... una vez que se sepa qué es ese régimen gubernamental denominado liberalismo, se podrá, me parece, captar qué es la biopolítica" .

 

El liberalismo, en consecuencia, es algo más que una doctrina sobre la forma por la cual se estructura y define el Estado y la política moderna. Es también el locus que permite crear un régimen de verdad para administrar la vida, a través de diferentes regímenes de verdad. Con Foucault se amplía el horizonte teórico para la comprensión del discurso liberal, pero desde algo que puede adscribirse a una hermenéutica de la sospecha.

 

Esta sospecha se ve avalada por la forma por la cual el neoliberalismo crea sus supuestos de base: (i) la sociedad, como diría Castoriadis: como "autocreación que se despliega como historia" , no existe; lo que existe son seres humanos concretos con intereses individualizados y que buscan maximizar su propio interés; (ii) esos seres humanos concretos pueden ser comprendidos bajo el argumento teórico del homo economicus, es decir, individuos racionales, autónomos y egoístas; (iii) los comportamientos del homo economicus pueden ser identificados como patrones conductuales que tienen una base neurobiológica específica.

 

Si el comportamiento del homo economicus es el supuesto de base del neoliberalismo, entonces, para comprender la historia y la sociedad los criterios fundamentales ni son históricos ni son sociales son, en última instancia, biológicos. Si son biológicos quiere decir que son naturales. De esta forma, la explicación última de lo social como hecho y problema está dada desde el bíos. La economía abandona el campo de lo social para entrar en la esfera de la naturaleza.

 

El concepto de biopolítica permite identificar la transición hecha por los neoliberales de un concepto creado para describir, como decían los economistas liberales clásicos, caeteris paribus, el comportamiento de la demanda del consumidor, esto es, un concepto teórico y con un rol epistemológico definido, hacia un concepto estrictamente natural y biológico, al interior de una teoría del comportamiento humano (behaviour), de tal manera que la condición de homo economicus deja de ser una hipótesis teórica para convertirse en una conducta humana que puede ser medida empíricamente a través del seguimiento de los procesos neuronales en algo denominado como "neuroeconomía".

 

Está en juego una cesura radical: aquella que separa a los seres humanos de su propia sociedad. Al separarlos de su sociedad los confronta contra ella. En ese enfrentamiento la lógica de la individualidad se convierte en lógica de sobrevivencia. El egoísmo es estratégico porque fundamenta el hecho social sin crear a la sociedad. La sociedad, en el liberalismo, desaparece. Si la sociedad desaparece también lo hace la historia. El homo economicus es ahistórico y asocial. Al no pertenecer a la historia su tiempo se desvanece. Su principio de realidad siempre es contingente y por ello es predictible. Cuando se junta a sus semejantes no crea la sociedad sino la "masa". En economía su comportamiento se "agrega". Como masas o como agregados macroeconómicos, la política, finalmente, desaparece.

 

En esa sociedad de individuos egoístas, éstos se ven obligados a crear un régimen de verdad en el cual ellos se asumen estratégicamente. En el capitalismo ese régimen de verdad está en la economía, y la economía encuentra su razón de ser en la mercancía. Al actuar de esa manera, los individuos se mimetizan en el universo de mercancías convirtiéndose también en mercancías. Un análisis que, por lo demás, fue ya denunciado por el joven Marx en su teoría de la alienación. De esta manera, el concepto de "capital humano" del arsenal teórico de los neoliberales del Monte Peregrino constaba ya in nuce en las críticas a la economía política realizadas por el joven Marx.

 

La teoría del capital humano de Gary Becker, prominente miembro de la Sociedad del Monte Peregrino, es uno de los acontecimientos más importantes en la trayectoria política de los "peregrinos". Es el epítome de sus teorías de la conducta del homo economicus. Para Becker, todo lo humano, como por ejemplo, el matrimonio, la fertilidad de la mujer, el cuidado materno a los hijos, las decisiones de optar por una carrera universitaria, la seguridad social, el crimen, etc., pueden caber dentro del cálculo económico del capital humano. Para comprender las lógicas del comportamiento, los neoliberales del Monte Peregrino toman como un dato de base la noción de Becker del capital humano y apuestan a un enfoque interdisciplinario que comprende la etnología, las ciencias políticas, la antropología, la psicología y, por supuesto, las neuro-ciencias, para crear ese régimen de verdad sobre el capital humano.

 

De esta manera, el discurso de la economía pasa del plano social al plano biológico-natural. La economía, en la deriva biopolítica, ya no describe dinámicas sociales sino procesos biológicos. Si toda la conducta humana es previsible dentro de las coordenadas del comportamiento supuestamente estratégico, utilitario y egoísta del homo economicus, entonces la comprensión de sus procesos biológicos más íntimos puede convertirse en la clave para comprender la sociedad y la historia.

 

El paso de la historia a la biología da cuenta de la distopía neoliberal y su violencia. Si la historia la crean los hombres, escribía alguna vez Marx, entonces ellos pueden transformarla. Para los neoliberales, ese horizonte humano de creación y recreación de sus propias condiciones sociales de existencia, simplemente desaparece de forma radical. La economía es un puro dato biológico que no se discute. Es un fenómeno natural que no se cuestiona. La microeconomía fundamenta la macroeconomía, y la microeconomía tiene en su base a la teoría del comportamiento y ésta, a su vez, tiene como base la psicología, la antropología, la etnología, entre otras disciplinas, que se fundamentan, en última instancia, en el reconocimiento de los procesos neuronales del córtex cerebral del homo economicus.

 

La intervención sobre esos procesos neuronales puede dar cuenta y explicación de fenómenos que antes se consideraban sociales como aquellos del desarrollo económico, el crecimiento, la distribución de la renta, la división internacional del trabajo, etc. La explicación de las diferencias entre las economías, por ejemplo los EEUU y los países pobres, no está en las relaciones de poder, ni en el mercado mundial y sus asimetrías, sino en que las poblaciones de los países y regiones pobres tienen insuficientemente desarrollado su córtex cerebral, lo que explica su tendencia a la violencia, la debilidad de sus instituciones, su poco respeto a los contratos, etc. En consecuencia, los neoliberales del Monte Peregrino consideran que ahora su tarea es más ardua, más compleja y más vasta que su disputa con el keynesianismo y con el marxismo, porque ahora tienen que crear las condiciones de posibilidad para que los seres humanos puedan adscribir a la verdad del mercado y el interés egoísta del cálculo racional en sus procesos biológicos-neuronales.

 

Para lograrlo, los neoliberales del Monte Peregrino asumen que el liberalismo debe crear un régimen político sobre la vida, vale decir, un régimen biopolítico. Este régimen biopolítico traza una frontera entre lo racional y aquello que aún no lo es en el campo de lo humano. Lo racional, obviamente, adscribe a sus propias prescripciones . La política neoliberal debe ampliar la esfera de la racionalidad humana. Esa racionalidad humana, que comprende a su interior a la libertad como neurobiología, se expresa en el mercado. Las sociedades de libre mercado, o como las llama Douglass North, "sociedades de acceso abierto" dan cuenta de un largo proceso evolutivo que se expresa en un comportamiento estratégico más coherente y avanzado. No es gratuito el hecho de que los "peregrinos" hayan escogido el concepto de "evolución" para su encuentro de junio de 2013. De esta manera, no cabe oponerse al mercado y sus designios, porque implicaría desafiar a la naturaleza. Los criterios de demarcación entre lo racional, que es lo que ontológicamente tiene derecho a la existencia, y aquello que no lo es, pertenecen ahora al campo de la biología.

 

Es curioso, pero en el testimonio de Primo Levi y su paso por el campo de exterminio nazi de Auschwitz, le llamaba la atención que quienes hacían la selección entre los prisioneros que iban a los hornos crematorios de forma directa, y aquellos que entraban a "trabajar" en el Lager, no eran ni los militares ni los oficiales de las SS, eran los médicos ; a la larga, fue ese saber médico el que sustentó el discurso de la supremacía de la raza en la locura del III Reich. Si Foucault llega a la biopolítica es porque uno de sus primeros trabajos críticos fue, precisamente, la deconstrucción del saber médico como un discurso de poder.

 

En la deriva biopolítica del neoliberalismo, son también aquellos que utilizan criterios biológicos los que trazan la frontera de lo humano y de lo racional. El problema es que toda frontera a nivel biológico pierde de vista lo humano y lo convierte en bíos. Como bíos lo humano pierde toda consistencia ontológica. Es materia que puede ser desechada, neutralizada, controlada, intervenida. Puede entrar en el campo de la profilaxis, como en el caso de la Shoah y ni siquiera suscitar ningún escrúpulo moral, como cuenta Primo Levi en su testimonio, porque la administración de la vida genera su contraparte en la administración de la muerte.

 

Quizá sin proponérselo, pero al ingresar al territorio de la biopolítica los neoliberales del Monte Peregrino están provocando una cesura radical en lo humano al degradarlo a su condición primaria de bíos. Lo humano es mucho más que el comportamiento y, en definitiva, éste nada tiene que ver con las prescripciones liberales del egoísmo y el cálculo estratégico. Mas, el neoliberalismo ha perdido la brújula de lo humano y ha ingresado en el tenebroso laberinto de la biopolítica y la tanatopolítica.

 

De alguna manera, el marxismo y el keynesianismo habían obligado a los neoliberales del Monte Peregrino a asumir un debate con contenidos históricos, políticos y sociales. Al desaparecer estos discursos los neoliberales del Monte Peregrino sienten que no tienen ninguna responsabilidad para asumir ese debate y optan por una hermenéutica de su propia episteme. Pero esa episteme parte de una aporía radical: aquella de considerar al ser humano como ser egoísta y, en consecuencia, por fuera de todo marco social e histórico. Un ser humano que ha perdido todo contacto con su propia sociedad y que actúa en función propia es más una aberración de la historia que una constatación teórica. Al concentrarse en ese sujeto individualizado y egoísta a fortiori, no quieren comprender que esta hipótesis de base fue solamente un recurso metodológico para sustentar y comprender la demanda del consumidor en la economía clásica del siglo XIX. Para los neoliberales del siglo XXI, esa hipótesis de base pierde su contexto inicial y se transforma en proyecto político. En ese proyecto, los neoliberales del Monte Peregrino representan un peligro para la humanidad, porque su deriva biopolítica, en última instancia, puede convertirse en una deriva fascista.

 

3. La distopía final: la pax mercatoria

 

Entre el vaciamiento de la política y la deriva biopolítica del homo economicus se sitúa una reflexión a la que los neoliberales del Monte Peregrino le dan mucha importancia porque les otorga una proyección histórica y civilizatoria desde la cual establecen un sentido de largo plazo para su proyecto político. En ese horizonte civilizatorio los neoliberales encuentran también una justificación ética para su proyecto. Esta reflexión establece las condiciones de posibilidad para una comprensión de la historia y de la sociedad desde los marcos teóricos básicos del neoliberalismo. Se trata de la teoría liberal de las instituciones que en el caso de la economía neoliberal se denomina neoinstitucionalismo económico, y ahí constan nombres importantes de la sociedad del Monte Peregrino como J. Buchanan, G. Tullock y G. Stigler. En la actualidad, los teóricos más importantes del institucionalismo económico son Douglass North, Oliver Williamson, Elinor Ostrom, entre otros.

 

El institucionalismo liberal ha creado el umbral histórico y la textura social necesaria para el despliegue de la racionalidad y la acción estratégica del homo economicus. En esta propuesta, la condición de homo economicus es la base para todo comportamiento humano independientemente de sus particularidades identitarias o culturales. Todo ser humano debe ser asumido, desde el neoliberalismo, como "capital humano" y, en consecuencia, su "acción humana" como la denominaba Von Mises, siempre es y será estratégica. A esta acción humana estratégica e instrumental, la teoría liberal de las instituciones, cuando el homo economicus actúa en ese umbral histórico y social, la denomina "acción colectiva" . En consecuencia, la "acción colectiva" no significa una posición crítica de los individuos ante su propia historia y su capacidad de interpretarla y transformarla, sino más bien la actualización de intereses estratégicos individuales que convergen y que, de esta manera refuerzan la visión del capital humano como capital social.

 

En esta reflexión ya no constan, ni siquiera como residuo, las preocupaciones fundamentales de los liberales de mediados del siglo XX, es decir, aquella disputa acre y dura contra los marxistas o contra los keynesianos que les obligaba a los neoliberales a otorgar un sustento teórico y filosófico más acotado a la realidad social e histórica.

 

En la actual teoría liberal de las instituciones, los neoliberales incluso se dan el lujo de reconocer ciertos aportes de Marx a quien reconocen sus preocupaciones por la historia. Empero de ello, las referencias a Marx que hacen algunos de los neoliberales de la escuela del neoinstitucionalismo económico, Douglass North entre ellos, no debe llamar a engaño. Es una referencia hecha para legitimar sus propias interpretaciones sobre la historia. En efecto, Louis Althusser decía que Marx habría abierto, para las ciencias, el continente de la historia, así como Tales de Mileto habría abierto el continente de las matemáticas . Para la teoría institucional del neoliberalismo se trata de hacer precisamente lo contrario: cerrar de forma definitiva la historia .

 

Sin embargo, crear una textura social para el homo economicus es una tarea compleja para los neoliberales, porque ellos parten del supuesto de que la "sociedad no existe". La teoría liberal de las instituciones, en consecuencia, debe crear algo que para los neoliberales parece una contradicción en los términos: un soporte social e histórico para una categoría de base, en la ocurrencia el homo economicus, que no se reconoce a sí mismo ni como social ni como histórico. Por ello, una de las tareas claves de la teoría liberal de las instituciones es limpiar a éstas de todo residuo social y de toda referencia histórica.

 

Ahora bien, la discusión sobre las instituciones y su entramado social y humano siempre ha estado atravesada por esas consideraciones de tipo social e histórico. Es virtualmente imposible pensar a las instituciones por fuera de la sociedad y de la historia. Castoriadis, por ejemplo, un pensador de orígenes marxistas y crítico al liberalismo, escribía que "el hombre sólo existe en la sociedad y por la sociedad ... y la sociedad es siempre histórica" .

 

Ese carácter histórico para los seres humanos formaba parte también de la comprensión de sus marcos institucionales. Las instituciones eran la forma de crear ese complejo plexo social en el cual los hombres se interrelacionaban y creaban el hecho social, como lo indica Castoriadis:

 

"aquí la palabra institución está empleada en su sentido más amplio y radical pues significa normas, valores, lenguaje, herramientas, procedimientos y métodos de hacer frente a las cosas y de hacer cosas y, desde luego, el individuo mismo ... ¿Cómo se imponen las instituciones? ... mediante la adhesión, el apoyo, el consenso, la legitimidad, la creencia. Pero en última instancia lo hacen mediante la formación (elaboración) de la materia prima humana en individuo social, en el cual se incorporan tanto las instituciones mismas como los "mecanismos" de la perpetuación de tales instituciones."

 

Los individuos siempre son "individuos sociales", nunca son átomos fragmentados de su propia sociedad, como los describe la teoría liberal de las instituciones, porque lo humano en cuanto humano solamente puede nacer y realizarse desde lo social, y lo social hace y conforma a lo humano y, en consecuencia, a las instituciones que son, por supuesto, construcciones humanas. Todos somos, escribe Castoriadis, "fragmentos ambulantes de la institución de nuestra sociedad, fragmentos complementarios" . Las instituciones son sociales porque nos permiten interrelacionarnos con el mundo, interpretarlo y también interpelarlo. Toda institución, escribe Castoriadis, es un sistema de interpretación del mundo. La identidad de una sociedad "no es otra cosa que ese sistema de interpretación" de cada sociedad . La institución fundamenta, en consecuencia, el hecho social, y también la capacidad de comprender ese hecho social como conjuntos de códigos de interpretación de la realidad.

 

Para los liberales la cuestión, no obstante, es cómo desgarrar al tejido social para fragmentar la conexión de lo humano con lo social, es decir, de los seres humanos consigo mismos. Si el vaciamiento de la política crea un discurso de poder por fuera de la política, entonces, y dentro de la misma lógica neoliberal, la teoría de las instituciones del liberalismo tiene que crear una sociedad por fuera del hecho social y en contra de éste. Para ser coherentes con la visión estratégica del homo economicus, la teoría social del liberalismo debe estar lo más alejada posible de una comprensión holística y compleja del hecho social.

 

¿Cómo fundamentar, entonces, al hecho social sin apelar a la sociedad? ¿Cómo pensar a las instituciones por fuera de todo marco y referencia social? ¿Qué instituciones son las más convenientes para la acción estratégica del homo economicus? La respuesta consta ya en la pregunta: si el comportamiento estratégico del homo economicus se manifiesta en el mercado, entonces las instituciones deben constar, registrarse y explicarse desde esa clave mercantil. Hay que recordar que la noción de sociedad se subsume ya al interior del concepto "economía social de mercado". Por lo tanto y de la misma forma, el concepto de institución debe también subsumirse a la noción de "Estado social de derecho". Estos dos conceptos, hay que remarcarlo, conforman las coordenadas epistemológicas básicas del neoliberalismo.

 

La teoría liberal de las instituciones se inscribe, en consecuencia, en línea directa con estos conceptos, pero fundamentalmente con el concepto de Estado social de derecho que había sido fundamentado por Hayek, el factótum de la Sociedad del Monte Peregrino. Para Hayek, recordémoslo, el Estado debe ser el garante de la libertad de mercado, en consecuencia, debe establecer las reglas de juego que permitan a los actores de este mercado maximizar su utilidad. Para la teoría liberal de las instituciones, éstas también serán las reglas de juego de la sociedad. De hecho, esto es exactamente lo que hace Douglass North cuando define a las instituciones como "reglas de juego" . El mismo North sitúa a este concepto "reglas de juego" al interior de la matriz teórica de otro de los referentes fundamentales de los "peregrinos", Von Mises, y su teoría de la "praxeología" o "acción humana". Para North, las reglas de juego son parte de la praxeología o, si se quiere, de la acción humana, por ello, esas reglas de juego aparecen como "limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacción humana".

 

Ahora bien, en esta noción de "reglas de juego" desaparece, de entrada, el hecho social como algo más que la convergencia de intereses individuales y toda la complejidad humana se reduce a procesos de "intercambio humano" como "interacción humana". La "interacción humana" lo abarca todo: la economía, la política, el derecho, la cultura, etc. El locus de esa "interacción humana", por supuesto, es el mercado.

 

El mercado, de esta forma, se convierte en el Ser-en-cuanto-Ser del hecho social, es decir, gracias a la teoría del institucionalismo liberal, el mercado adquiere una consistencia ontológica, porque expresa un concepto también ontológico: la acción humana. Por ello, es desde el locus del mercado y de su lógica que puede ser comprendido y explicado el cambio institucional: "El cambio institucional conforma el modo en que las sociedades evolucionan a lo largo del tiempo, por lo cual es clave para entender el cambio histórico" , la cuestión es que el motor del cambio institucional no hace referencia a ningún proceso histórico, a ninguna conflictividad social, incluso a ningún cambio tecnológico, para North y los institucionalistas neoliberales, el cambio institucional se produce por cambios en los precios relativos y este cambio siempre es incremental, nunca es discontinuo, es decir, las revoluciones sociales son apenas episodios pasajeros de eventos más consistentes y aparentemente reales que son los cambios en precios relativos de una estructura social determinada. El mercado, con la teoría neoliberal de las instituciones, adquiere también proporciones taumatúrgicas.

 

El cambio institucional de la teoría neoliberal del institucionalismo es un cambio histórico sin historia y sin sociedad. Es la referencia al puro interés egoísta y estratégico del cálculo entre costos y beneficios, como racionalidad de la historia. Pero esta apelación a la comprensión de las instituciones como un conjunto de reglas de juego inscritas dentro del comportamiento estratégico humano, tiene una proyección y una consecuencia práctica cuando estas reglas de juego se definen y estructuran al interior de los "derechos de propiedad".

 

Ahí subyace el verdadero leit motiv de la teoría neoliberal de las instituciones. Según los neoliberales, los derechos de propiedad permiten disminuir los costos de transacción y generan cambios en los precios relativos que son los que provocan, a su vez, cambios institucionales y, por tanto, cambios históricos.

 

Como puede apreciarse, la teoría de la historia de los neoliberales, tiene un andén de llegada en el lobby de las grandes corporaciones transnacionales, los actores políticos por excelencia de la teoría de los "derechos de propiedad". Con la clarificación de los derechos de propiedad que se establecen en los instrumentos jurídicos supranacionales de los tratados internacionales de protección a las inversiones y de libre comercio, se cierra el círculo del Estado social de Derecho.

 

Pero el proyecto político de los neoliberales va más allá de reconocer los derechos de propiedad de las grandes corporaciones y su rol demiúrgico de la historia. En realidad, los neoliberales del Monte Peregrino pretenden realizar una relectura de toda la historia humana desde la visión institucional de las reglas de juego y los derechos de propiedad. En esta reinterpretación de la historia humana, sobre todo en la línea interpretativa de Douglass North, toda la historia humana puede ser leída como un intento desesperado por construir una sociedad de reglas abiertas y transparentes de mercado, es decir el reconocimiento de los derechos de propiedad, en algo que ahora denominaríamos como "seguridad jurídica" en sociedades de acceso abierto. No solo que, según los neoliberales, con la sociedad liberal hemos llegado al fin de la historia, sino que el capitalismo es la teleología misma de la historia. Con la versión institucional del neoliberalismo éstos han enmendado la plana al determinismo de los marxistas; y cuando los neoliberales dice "toda la historia humana" hay que leerla en el sentido más literal del término.

 

En efecto, para Douglass North, John Wallis y Barry Weingast, la humanidad ha conocido en toda su historia tres órdenes sociales básicos: un orden de predación (foraging order), un orden social de acceso limitado o Estado natural (limited access order or natural state), y un orden social de acceso abierto (Estado liberal), (open access orders) . Ahora bien, toda taxonomía, como sabemos, es sospechosa porque detrás de ella subyace una forma de comprensión establecida por circunstancias históricas específicas y relaciones de poder determinadas . Toda clasificación está hecha desde una perspectiva histórica hecha para reforzar al poder dominante en ese periodo concreto. El subtítulo del texto de North, Wallis y Weingast, da cuenta, precisamente, de esa arrogancia del poder neoliberal: "Un cuadro conceptual para interpretar la historia de la humanidad" (A Conceptual Framework for Interpreting Recorded Human History).

 

Cabe preguntarse ¿por qué los neoliberales han tomado esa deriva teleológica y determinista? ¿qué propuesta real subyace en los intersticios de esa hermenéutica? ¿Qué consecuencias prácticas y concretas implican estas consideraciones teóricas?

 

Pienso que la visión histórica de los neoliberales y que se expresa en su teoría del institucionalismo, es complementaria con su deriva biopolítica y su pretensión de vaciamiento de la política, porque pretende otorgar un sustrato civilizatorio al mundo que está emergiendo y conformándose desde la globalización.

 

En la deriva biopolítica, el plexo social se difumina en consumidores convertidos y sometidos a la biopolítica del "capital humano" que actúan en espacios colonizados desde el fetichismo mercantil y que Marc Augé ha bautizado como "No-Lugares" . En esos No-Lugares, la biopolítica del capital humano sanciona y disciplina a los disidentes excluyéndolos del mercado, esa exclusión es ontológica, porque para el capitalismo, el ser en cuanto ser encuentra expresión y existencia desde el mercado. Es violenta porque aquellos que han sido excluidos del mercado son sancionados con la invisibilización ontológica: su existencia no es reconocida como tal. Desde esa invisibilización ontológica puede operar el recurso de la tanatopolítica, es decir, la capacidad de sancionar y administrar políticamente la muerte. La figura del "terrorista" no es sino una de las formas de la tanatopolítica.

 

El concepto de "reglas de juego" conduce directamente a los "derechos de propiedad" y éstos a la Organización Mundial de Comercio, OMC, a los tratados de libre comercio y de protección recíproca a las inversiones y de ahí a los tribunales internacionales de conciliación y arbitraje. En ese tránsito, las corporaciones transnacionales se han convertido en "inversionistas" y han adquirido un soporte jurídico inédito: aquel que las reconoce como sujetos de soberanía política.

 

En la teleología del mercado, de acuerdo al proyecto político de los neoliberales, el orden y la paz social mundial solo pueden garantizarse desde el reconocimiento explícito desde el Estado-nación a las corporaciones transnacionales como sujetos de derecho transnacional, con una capacidad de soberanía política que ni siquiera tienen esos Estados-Nación. Esa capacidad política transferida a las corporaciones puede dar cohesión y coherencia al que considero el proyecto más importante de los neoliberales del Monte Peregrino y su distopía final: la pax mercatoria.

 

La globalización es una expresión de esa pax mercatoria. Esta pax mercatoria es la adscripción de los neoliberales al proyecto kantiano de la "paz perpetua", y una referencia histórica al imperio romano y su "pax romana". La pax mercatoria es la regulación política del sistema-mundo capitalista desde el mercado mundial y en donde las nociones de regulación de la paz mundial y, por consiguiente, de la guerra, pasan por el filtro de las corporaciones transnacionales convertidas en sujetos políticos.

 

La pax mercatoria es la clausura definitiva de la historia en el pliegue del neoliberalismo. Es la distopía que cierra la sociedad entre la biopolítica y la tanatopolítica. Para los neoliberales del Monte Peregrino, nunca como ahora su proyecto político debe ser más pregnante y prioritario. Nunca como ahora el neoliberalismo ha tomado un cariz tan vasto y civilizatorio; y precisamente por ello, el neoliberalismo y su proyecto político se convierten en el peligro más importante para toda convivencia humana pacífica y ecológicamente responsable.

 

Toda resistencia al neoliberalismo se convierte, en consecuencia, en resistencia a la conversión del mundo entero en un No-Lugar, en resistencia a la colonización de la vida humana en los regímenes de biopoder y sus regímenes de verdad, en resistencia al proyecto autoritario de la pax mercatoria.

 

Esa resistencia tiene que recuperar la política para devolver a la sociedad el sentido de su historia. Tiene que oponerse al vaciamiento de la política y rebasar los marcos liberales de la política y pensar que la democracia es un campo de disputas que ahora ha sido colonizado y secuestrado por la episteme de los neoliberales del Monte Peregrino. Esa recuperación de la democracia solo puede darse recuperando aquello que los antiguos griegos denominaban el ágora, los indígenas andino-amazónicos denominan comunidad y que ahora se está forjando en las calles y plazas de todo el mundo.

 

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Adli Mansur, nuevo presidente de Egipto tras el golpe militar

El presidente del Tribunal Constitucional de Egipto, Adli Mansur, ha jurado este jueves el cargo de presidente interino de Egipto en cumplimiento de la 'Hoja de Ruta' impuesta por el Ejército tras derrocar, ayer miércoles, a Mohamed Mursi mediante un golpe de Estado.

 

El nuevo presidente interino de Egipto, Adli Mansur, ha jurado hoy su cargo ante la asamblea general del Tribunal Constitucional Supremo, la instancia judicial que él mismo presidía hasta hoy. "Juro por Dios todopoderoso defender el sistema republicano y respetar la Constitución y la ley, atender al pueblo y proteger la independencia nacional y la integridad territorial", ha dicho Mansur al asumir como presidente interino.

 

Mansur fue designado ayer por las Fuerzas Armadas, tras el golpe militar que depuso a Mohamed Mursi, elegido hace un año en los primeros comicios presidenciales democráticos. El nuevo jefe de Estado ha dicho que asume el poder "con gran honor durante un periodo interino" hasta la celebración de las elecciones presidenciales "en un futuro próximo", que él mismo deberá convocar y supervisar.

 

"La revolución del 30 de junio ha corregido la revolución del 25 de enero de 2011 (que derrocó a Hosni Mubarak)", ha considerado Mansur, quien ha añadido que en esa fecha, cuando millones de manifestantes salieron a las calles para pedir la renuncia de Mursi, se produjo "la reunificación del pueblo egipcio sin divisiones".

 

El mandatario ha enfatizado que no se debe venerar al gobernante ni al tirano, por lo que ha llamado a los egipcios a seguir alerta. Mansur ha recibido la mayor ovación de los asistentes al acto cuando agradeció el papel en la crisis de las Fuerzas Armadas, "que son la conciencia de esta nación y la fortaleza para protegerla".

 

Los Hermanos Musulmanes, en busca y captura

 

Mientras el depuesto presidente egipcio Mohamed Mursi continúa en paradero desconocido de forma oficial, aunque una fuente de los Hermanos Musulmanes ha dicho hoy que ha sido separado de su equipo presidencial y trasladado a instalaciones militares.

 

La Fiscalía egipcia ha ordenado la detención de los dos máximos líderes de los Hermanos Musulmanes bajo la acusación de instigar al asesinato de manifestantes pacíficos contra el depuesto presidente Mohamed Mursi.

 

Según ha informado la agencia oficial Mena, el fiscal Ahmed Ezzeldin ha dicho que se ha comprobado la veracidad de los testimonios que apuntan a que el guía espiritual de la Hermandad, Mohamed Badía, y su "número dos", Jairat al Shater, llamaron a matar a manifestantes que protestaban ante la sede de la cofradía en El Cairo.

 


Mientras, los militares y la policía han comenzado a arrestar a altos cargos de la Hermandad, según ha denunciado la propia cofradía islámica. Gihad Hadad, un portavoz de los Hermanos Musulmanes, grupo al que pertenecía Mursi hasta su elección como presidente, indicó en su cuenta de Facebook que Mursi había sido trasladado al Ministerio de Defensa y separado de su equipo, sin ofrecer más detalles.

 

Reaparece Mursi tras el golpe de Estado

 


Los principales dirigentes del movimiento de los Hermanos Musulmanes  se encuentran encarcelados en la prisión de Tora, en El Cairo, en la que está también recluido el expresidente Hosni Mubarak, según ha informado la agencia estatal de noticias, Mena.  Los cuerpos de seguridad comenzaron anoche a arrestar a dirigentes de los Hermanos Musulmanes, como el presidente del brazo político de este grupo, el Partido Libertad y Justicia (PLJ), Saad Katatni. También fue detenido el viceguía espiritual de los Hermanos Mohamed Rachad Bayumi. Los policías continúan la persecución de otros dirigentes de los Hermanos Musulmanes acusados de instigar a la violencia y amenazar la paz y la seguridad pública, según Mena.

 

El hijo de Katatni ha denunciado, en un comunicado colgado por la página de Internet de los Hermanos Musulmanes, IkhwanWeb, la detención de su padre, quien fue capturado por "cerca de doce hombres vestidos de paisano", que irrumpieron el la casa y se lo llevaron a un "paradero desconocido".

 

 "Le expreso mis más cordiales felicitaciones, nos enorgullece que haya sido detenido en nuestra propia tierra y vamos a hacer lo que Dios quiera", ha declarado Muaaz Saad Katatni. "Los mismos que dicen defender la libertad y la democracia e invitaron a mi padre al diálogo por la mañana son los que le han detenido por la tarde", ha añadido, en referencia a la propuesta de diálogo hecha ayer miércoles por el Ejército a Katatni.

 


Los Hermanos Musulmanes han advertido también en su página de Internet de que "Egipto está siendo testigo, con horror, del nacimiento de una nueva era de represión y tiranía y de la imposición de un Estado policial autoritario", que se ha traducido, tras el golpe de Estado, en "el cierre de cadenas de televisión, el arresto de dirigentes políticos y la muerte de manifestantes pacíficos en las distintas provincias del país".

 

Por su parte, el vicepresidente del PLJ, Esam al Arian, ha dicho hoy en su cuenta de Twitter que estas son las consecuencias previstas de un golpe militar contra el primer régimen democrático árabe. "La ferocidad de los Cuerpos de Seguridad aumentará y el (Ministerio de) Interior impondrá su puño", comentó Al Arian.

 

Primeros altercados, primeras víctimas

 

Los disturbios en las calles no han tardado en llegar. Los enfrentamientos entre simpatizantes y detractores del derrocado presidente ya se han cobrado la vida de 14 personas según los medios locales, aunque el Ministerio de Sanidad ha rebajado la cifra a 11 fallecidos y aumentado los heridos a 516.

 

En la ciudad de Marsa Matrouh, ubicada en el norte, el miembro de las fuerzas de seguridad Al Anani Hamouda ha confirmado a Reuters que el balance de víctimas ha ascendido a ocho muertos (entre los que habría dos uniformados) y 13 heridos. El diario oficial Al Ahram ha informado horas antes de que los disturbios han estallado cuando un grupo de seguidores de Mursi ha atacado la sede de la Gobernación.

 

Los disturbios entre ambas facciones han sido especialmente violentos en la ciudad de Alejandría, donde tres personas han fallecido y al menos 50 han resultado heridas. También se han producido fuertes altercados al sur del país, en la ciudad de Minya, donde otras tres personas han muerto y se han registrado 14 heridos.

 

En la ciudad de Fayoum decenas de personas han resultado heridas en el ataque que un grupo de hombres armados ha llevado a cabo contra la sede del Partido Libertad y Justicia (PLJ), vinculado a Hermanos Musulmanes. Entretanto, en la ciudad de Mansoura, ráfagas de disparos, cuya procedencia aún se desconoce, han obligado a dispersarse a las miles de personas que se han concentrado pacíficamente en la plaza Al Thwara para celebrar la caída de Mursi.

 


Preocupación por la interferencia militar

 

Naciones Unidas, Estados Unidos y otras potencias mundiales no han condenado la destitución de Mursi como un golpe de Estado militar, ya que hacerlo podría desencadenar sanciones. La intervención del Ejército ha sido respaldada por millones de egipcios, incluidos dirigentes liberales y figuras religiosas que esperan nuevas elecciones bajo un conjunto revisado de reglas.  

 

El presidente de EEUU, Barack Obama, ha pedido a los militares que han derrocado al mandatario de Egipto, Mohamed Mursi, que devuelvan la autoridad "a un gobierno civil elegido democráticamente" tan pronto como sea posible y ha ordenado revisar la ayuda que Washington otorga a ese país.

 

En un comunicado divulgado por la Casa Blanca, Obama ha evitado hablar de golpe de Estado y ha expresado su preocupación "por la decisión de las Fuerzas Armadas egipcias de remover al presidente Mursi y suspender la Constitución". "Creemos que en un última instancia el futuro de Egipto solo puede ser determinado por el pueblo egipcio", ha subrayado Obama, que llamó también a evitar las "detenciones arbitrarias" de Mursi y sus seguidores.

 


Estados Unidos "no apoya a determinadas personas o partidos políticos" en Egipto, pero "estamos comprometidos con el proceso democrático y el respeto al Estado de derecho", ha asegurado el presidente estadounidense.

 

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha dicho que la "interferencia militar" en los asuntos de un país es motivo de preocupación. "Muchos egipcios han expresado profundas frustraciones y preocupaciones legítimas, y al mismo tiempo la interferencia militar en los asuntos de un país es motivo de preocupación", ha dicho la oficina del portavoz de la ONU en un comunicado. Así, tras asegurar que la transición atraviesa un momento "delicado" tras el anuncio de las Fueras Armadas del nombramiento de un nuevo presidente interino y la suspensión de la Constitución, Ban ha recordado que Mursi "no ha aceptado" esas decisiones.

 

Para el presidente de Siria, Bashar al Assad, enfrentado desde hace dos años a una insurrección armada interna con fuertes connotaciones religiosas, el golpe de Estado militar es un ejemplo del "fracaso del Islam político". "No se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, y menos a los egipcios, un pueblo cuya civilización se remonta a miles de años y que tiene una clara vocación nacionalista pan-árabe", ha declarado el presidente sirio en una entrevista concedida al diario 'Al Thawra', de titularidad estatal.  

 


Por su parte, la organización Amnistía Internacional (AI) ha pedido a las fuerzas de seguridad egipcias que hagan todo lo posible por proteger los derechos humanos y la seguridad de todos en Egipto, independientemente de su afiliación política. En un comunicado, AI señala que las Fuerzas Armadas y la Policía en Egipto tienen antecedentes bien documentados de violaciones de los derechos humanos y pide que no se repitan. "En este momento de gran tensión y con la Constitución suspendida, es más importante que nunca que los militares cumplan con las obligaciones deEgipto en virtud del derecho humanitario", ha dicho Salil Shetty, secretario general de AI.

 

También Human Rights Watch (HRW) ha pedido este jueves al nuevo Gobierno egipcio que se aleje del comportamiento abusivo que ha prevalecido en el país desde el comienzo de las revueltas en 2011, y que se comprometa a respetar los derechos de todos los ciudadanos egipcios.

 

El subdirector de HRW para Oriente Próximo, Joe Stork, ha recordado el sufrimiento al que han estado sometidos los egipcios "tanto con el Ejército como durante el Gobierno de Mursi" y ha pedido que durante el Gobierno provisional de Mansur, las Fuerzas Armadas "detengan la ola de arrestos arbitrarios de miembros de Hermanos Musulmanes y sus aliados del Partido de la Libertad y la Justicia".

 

La organización considera que la situación actual es una vuelta a la era del expresidente Hosni Mubarak, con arrestos masivos y detenciones por motivos políticos. "Detener a miembros de los Hermanos Musulmanes tendrá el peor efecto posible para el futuro político de Egipto", ha considerado HRW. Creen que el nuevo Gobierno debe manifestar inmediatamente su intención y la de las Fuerzas Armadas de respetar los derechos humanos básicos de los egipcios.

 

AGENCIASEL CAIRO04/07/2013 10:15 Actualizado:

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Miércoles, 03 Julio 2013 06:23

Contra los latifundios mediáticos

Contra los latifundios mediáticos

“No vamos a permitir la continuidad de los latifundios mediáticos”, ha expresado el líder de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, Humberto Cholango. Y remarca: “La Ley de Comunicación permite la redistribución del espectro radioeléctrico, por lo que hemos luchado siempre... Creemos que la voz, la palabra, es fundamental para democratizar a la sociedad, para que sean escuchadas las voces de la diversidad, por eso la Conaie apoyó la ley”.

 

Efectivamente, la Ley Orgánica de Comunicación aprobada por la Asamblea Nacional y promulgada por el presidente Rafael Correa establece que las frecuencias del espectro radioeléctrico destinadas al funcionamiento de radio y televisión serán distribuidas equitativamente: 33 por ciento para medios públicos, 33 por ciento para medios privados y 34 por ciento para medios comunitarios.

 

Esta redistribución de las frecuencias es uno de los aspectos más valiosos y destacados de la nueva ley, dado que en Ecuador más del 90 por ciento de las frecuencias de radio y televisión están en manos de empresas privadas. Por ello, el dirigente indígena Cholango indica que se trata de un avance histórico, “un logro de nuestra lucha”.

 

Otro de los puntos favorables es que establece el acceso universal a las tecnologías de información y comunicación, según lo establece el artículo 35 de la norma. Al ser un derecho universal el acceso a las TIC, se implementarán políticas públicas para que ninguna comunidad, por más alejada o pobre que sea, quede marginada del acceso a Internet o de la posibilidad de tener sus propios medios de comunicación.

 

Los cineastas, músicos, actores, grupos culturales y productoras locales son también beneficiados. La norma ecuatoriana establece que al menos el 60 por ciento de la programación diaria en el horario apto para todo público se destinará a la difusión de contenidos de producción nacional.

 

Pero esta ley también tiene aspectos preocupantes. Así, por ejemplo, el artículo 20, que trata sobre la responsabilidad ulterior de los medios de comunicación, establece que “los comentarios formulados al pie de las publicaciones electrónicas en las páginas web de los medios de comunicación legalmente constituidos serán responsabilidad personal de quienes los efectúen... Los medios deberán generar mecanismos de registro de los datos personales que permitan su identificación, como nombre, dirección electrónica, cédula de ciudadanía o identidad... Los medios de comunicación sólo podrán reproducir mensajes de las redes sociales cuando el emisor de tales mensajes esté debidamente identificado; si los medios de comunicación no cumplen con esta obligación, tendrán la misma responsabilidad establecida para los contenidos publicados en su página web que no se hallen atribuidos explícitamente a otra persona”.

 

Este artículo pone en peligro el anonimato en línea, uno de los elementos fundamentales de la libertad de expresión en Internet. La privacidad de los usuarios también se ve comprometida, ya que no se establece cómo los medios gestionarán los datos personales que estarán obligados a solicitar. Pero es el artículo 26 el más polémico. Este hace referencia al “linchamiento mediático”: “Queda prohibida la difusión de información que, de manera directa o a través de terceros, sea producida de forma concertada y publicada reiterativamente a través de uno o más medios de comunicación con el propósito de desprestigiar a una persona natural o jurídica o reducir su credibilidad pública”.

 

El “linchamiento mediático” ha sido considerado, por muchos periodistas, como una espada de Damocles contra el periodismo de investigación. Dado que agrega un nuevo tipo de delito, que no existe en el Código Penal ecuatoriano y que deja al libre albedrío de la “Superintendencia de la Comunicación y la Información” la calificación y las sanciones correspondientes.

 

Con artículos como el 20 y el 26, totalmente innecesarios, la norma corre el peligro de ser condenada por atentar contra la libertad de expresión o promover la censura previa que esta misma ley prohíbe.

 

Corresponde, entonces, a las entidades y personas que impulsan la democratización de la comunicación, acompañar de cerca, con propuestas, la reglamentación de esta ley, para que de verdad garantice la plena libertad de expresión de la ciudadanía, promueva la diversidad de voces y permita la pronta implementación de los medios comunitarios y públicos como contrapeso de los latifundios mediáticos privados, para quienes la mejor ley es la que no existe.

 

Por Pedro Sánchez*Comunicador social. Secretario ejecutivo de la ALER (Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica).


Una ley que da que hablar

 

Fernando Gómez asegura que en la norma prima la perspectiva de la comunicación popular del proyecto del Foro Ecuatoriano de la Comunicación y sostiene que a luz de la nueva legislación vigente en América latina es necesario cambiar la “matriz productiva” de la comunicación.

 

 Por Fernando Gómez *


La disputa por la democratización del acceso y el derecho a la información que se viene impulsando en América latina conquistó un nuevo triunfo el pasado 14 de junio, cuando la Asamblea Nacional ecuatoriana aprobó la Ley Orgánica de Comunicación. “Ley mordaza” titularon los medios privados de comunicación de ese país. “Mordaza a la prensa” titularon en el resto del continente. En palabras de Osvaldo León, director de América Latina en Movimiento, ese discurso de los medios privados tiene “una resonancia mundial por la vigencia del ‘consenso mediático’ que día a día afina su maquinaria de propaganda”.

 

Para quienes ostentan los medios masivos de información, la mejor ley de comunicación es la que no existe. “El poder mediático corporativo” prefería la vieja Ley de Radiodifusión, firmada en 1975 por la dictadura militar y reformada en 1996 y en 2002, cuando las políticas neoliberales eran acompañadas por medios que apuntalaban los proyectos privatizadores. En contraposición, la redacción final de la nueva ley incluye normativas que democratizan la comunicación y efectivizan los derechos a la comunicación y a la información consagrados en la Constitución que el pueblo ecuatoriano aprobó el 28 de septiembre de 2008.

 

Esta ley, que ha demorado más de cuatro años en entrar en vigencia, fue discutida por organizaciones sociales, colectivos de comunicación popular y comunitaria, gremios del periodismo y sectores académicos, quienes formaron el Foro Ecuatoriano de la Comunicación y formularon el anteproyecto de ley presentado a la Asamblea Nacional. La ley se nutrió de este anteproyecto y otros dos provenientes de la oposición y del oficialismo.

 

En esa trilogía de anteproyectos, fueron las propuestas del Foro las que permitieron una reforma estructural del sistema mediático con la redistribución de las frecuencias de radio y televisión en un 33 por ciento para medios privados y públicos y un 34 por ciento para los comunitarios. El mapa mediático actual en Ecuador cuenta con un espectro radioeléctrico concesionado en más de un 85 por ciento por el sector privado. Un informe realizado en 2009 por disposición constitucional señala que al menos un tercio de las concesiones son irregulares, ya que fueron asignadas como pago a favores políticos en la época neoliberal.

 

La ley, que considera a la comunicación y la información como servicios públicos y no como mercancías ni negocios, no se limita a los medios, sino que se presenta como una norma de comunicación en un sentido amplio, incentiva la producción regional, promueve la interculturalidad y lo plurinacional, prohibiendo los contenidos sexistas, xenofóbicos y racistas, y en el artículo 44 defiende los derechos de trabajadores y trabajadoras de la comunicación.

 

Otra demanda del Foro que se incluye en la redacción final establece una cuota de pantalla para la producción nacional y obliga a que los medios audiovisuales difundan un porcentaje de música producida en el país.

 

Concebida desde una visión de derechos, esta nueva herramienta impide “el oligopolio y monopolio, directo e indirecto, de la propiedad de los medios de comunicación y del uso de las frecuencias”. El sector privado en comunicación no podrá tener inversiones de otros sectores financieros y de otras ramas económicas ni viceversa. Por otra parte, las estrategias diarias que los grandes medios utilizan para “desprestigiar o reducir la credibilidad pública de personas físicas o jurídicas” son denominadas como “linchamiento mediático” y su artículo 26 prohíbe la difusión de esa información.

 

Esta Ley Orgánica de Comunicación se suma a las que en el resto del continente van obteniendo su vigencia y, gracias a la lucha por la democratización de la comunicación, ha logrado en los sectores populares establecer cuando menos demandas comunes básicas. Es tarea pendiente de estos sectores definir una agenda común para sostener y profundizar estos avances.

 

El reto es que a partir de las experiencias acumuladas, las organizaciones sociales e indígenas y colectivos de comunicación alternativa, popular y comunitaria, que desde hace años vienen militando para lograr esta ley, inviten a las grandes mayorías populares a que se apropien de esos medios, tomen y generen radios y televisoras, ocupen ese espectro radioeléctrico como medio de organización social, cultural y política, y así den a conocer sus luchas. Es necesario cambiar la “matriz productiva” de la comunicación y pasar de una sociedad consumidora de información o mercancías, a una sociedad crítica y productora de información, de medios, de respuestas, de preguntas, de nuevas creaciones, de nuevos discursos.

 

* Integrante del medio comunitario Radionauta FM 106.3 y miembro del equipo de comunicación de la articulación continental de Movimientos Sociales hacia el ALBA
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Miércoles, 03 Julio 2013 06:12

Mursi propuso un gobierno de unidad nacional

Mursi propuso un gobierno de unidad nacional

Los opositores del presidente egipcio Mohamed Mursi salieron ayer nuevamente a las calles de El Cairo para exigir su dimisión. Las protestas se reanudaron después de que el mandatario rechazara un ultimátum del ejército en el que se le instaba a atender las reivindicaciones ciudadanas. Sin embargo, Mursi propuso a la oposición formar un gobierno de unidad nacional y celebrar elecciones parlamentarias en seis meses, en un discurso televisado dirigido a la nación en vísperas de cumplirse el plazo dado por el ejército para intervenir en la crisis del país. El mandatario pidió a la cúpula militar que retirase el ultimátum.

 

“La legitimidad es la única garantía contra la violencia. El antiguo régimen de Hosni Mubarak no regresará. Si esta iniciativa no se acepta, el país recorrerá un camino oscuro y volveremos al casillero uno”, agregó el mandatario islamista, citado por la página web del diario egipcio Al Ahram. En repetidas ocasiones a lo largo de su discurso, Mursi reiteró que la legitimidad constitucional está con él y que, por ello, no piensa dimitir. El mandatario destacó que el pueblo egipcio lo eligió en unas elecciones limpias y democráticas y que, aunque “no ansía el poder”, está comprometido con su misión.

 

Por su parte, los partidarios del mandatario también protagonizaron una manifestación para apoyar al gobierno y se enfrentaron con los manifestantes anti Mursi, dejando como saldo siete muertos y decenas de heridos. Decenas de miles de personas se dirigieron ayer hacia la emblemática plaza Tahrir en El Cairo para exigir la renuncia del presidente, electo hace apenas un año. La policía fue desplegada en la capital, en donde la mayoría de los comercios permanecieron cerrados y las calles contrastaban con la actividad habitual de la ciudad. Además, helicópteros del ejército sobrevolaban la ciudad.

 

Miles de partidarios del presidente estuvieron reunidos en el barrio de Nasr City, así como frente a la Universidad de El Cairo, para defender la legitimidad de Mursi, quien ganó la primera elección presidencial libre de la historia del país. Uno de los líderes de los Hermanos Musulmanes, el movimiento islamista en el gobierno, pidió a los egipcios estar dispuestos a sacrificar sus vidas para prevenir un golpe de Estado, e hizo referencia a la sangre derramada para obtener la caída de Mubarak en 2011. El ejército amenazó con disolver el Parlamento y derogar la nueva Constitución si Mursi no responde a las demandas ciudadanas. Al cierre de esta edición no se había pronunciado acerca del discurso del mandatario.

 

La televisión estatal señaló que siete personas murieron y otras 15 fueron heridas en los enfrentamientos registrados en la plaza de Kit Kat. Fuentes de seguridad explicaron que en esa plaza, ubicada en la ribera oeste del río Nilo, una marcha de opositores fue atacada por seguidores del mandatario, lo que derivó en una batalla campal con armas blancas, bastones y piedras.

 

Decenas de heridos más se registraron en las localidades de Kafr al Dauar y Kafr el Sheij, en el delta del Nilo, agregó MENA. En la localidad de Banha, al norte de El Cairo, los opositores irrumpieron en una sede del Partido Libertad y Justicia, el brazo político de los Hermanos Musulmanes, tras enfrentarse a los seguidores del presidente.

 

Las manifestaciones se desataron luego de que Mursi, quien se reunió ayer con el jefe del ejército, el general Abdel Fatah al Sisi, para hablar de la crisis que sacude al país, rechazara el ultimátum. “Egipto no permitiría ninguna vuelta atrás, independientemente de las circunstancias”, había declarado el presidente el lunes. Esa respuesta obligó al ejército a desmentir cualquier plan de golpe y aclarar que el ultimátum pretendía llevar a todos los sectores políticos a hallar una salida rápida a la crisis. Desde la oposición se anunció la designación de Mohamed El Baradei, ex director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, como su representante con vistas a una transición política.

 

A todo esto, el gobierno de Barack Obama instó a Mursi a que convoque a elecciones y a la vez advirtió a las fuerzas armadas acerca de los riesgos de un golpe militar, según altos funcionarios. “Le estamos diciendo (a Mursi) ‘encuentre una forma de ir a nuevas elecciones’. Esa puede ser la única manera en que esta confrontación se resuelva”, explicó un alto funcionario de gobierno a la cadena norteamericana CNN. Washington también está tratando de que Mursi nombre a un nuevo primer ministro y a un nuevo gabinete, para demostrar a la oposición que está gobernando para todos los egipcios, de acuerdo con la fuente.

 

“La democracia es algo más que elecciones. Es también asegurar que las voces de todos los egipcios son escuchadas y representadas por su gobierno, incluidas las de los muchos egipcios que protestan en todo el país”, le expresó Obama a Mursi, según funcionarios de la Casa Blanca. Las autoridades estadounidenses también advirtieron a las fuerzas armadas egipcias que un golpe militar llevaría a cortar toda la ayuda que Washington proporciona al país y que asciende a cerca de 1500 millones de dólares anuales.

 

El muftí de Egipto, la máxima autoridad religiosa musulmana del país, jeque Shauqi Alam, pidió la colaboración de los ciudadanos y las fuerzas de seguridad para garantizar el desarrollo pacífico de las manifestaciones. Al menos 23 personas murieron en todo el país en el marco de las manifestaciones. Enfrentamientos similares habían causado ya la muerte de ocho personas, entre ellas un estadounidense, la semana pasada.

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Martes, 02 Julio 2013 07:04

La silenciada lucha de clases

La silenciada lucha de clases

¿Existe la lucha de clases? En realidad, muchos se preguntarán incluso si existen clases sociales. Algunos columnistas ultraliberales que gozan de grandes cajas de resonancia en los medios públicos y privados de Catalunya incluso han llegado a ridiculizar el mero concepto de clase social. En realidad, términos como burguesía, pequeña burguesía o clase trabajadora casi nunca aparecen en las páginas de los medios de mayor difusión. El único término que se utiliza en tales medios es el de clase media, donde, por lo visto, la mayoría de la ciudadanía se encuentra. En esa estructura social, la población se divide en ricos, clase media y pobres. Esta definición de la estructura social refleja, por cierto, la enorme influencia en España de la cultura dominante en EEUU, donde términos como burguesía o clase trabajadora nunca se utilizan. Son parte del lenguaje prohibido. En aquel país, el término clase media se utiliza para definir clase trabajadora. La americanización de la cultura política y mediática de España (fenómeno masivo que considero muy preocupante) se traduce, así, en la americanización del lenguaje.


 
Y en este nuevo lenguaje, el concepto de lucha de clases aparece también en España como anticuado. Ya nadie lo utiliza. ¿Por qué? Por la misma razón por la que está en la práctica prohibido en EEUU. La enorme influencia de la clase dominante, es decir, de la clase capitalista (término que es considerado más que anticuado; se define casi como blasfemo) aparece en una cultura en la que el  lenguaje de clases y lucha de clases no existe. Este es uno de los mayores indicadores de aquel dominio de clase. El mero concepto de clase desaparece. Y esto es lo que está ocurriendo en nuestro país.


 
Y, sin embargo, continúa existiendo lo que Noam Chomsky, en la introducción al libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar en España (de Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón) ha definido acertadamente como la guerra de clases unilateral, es decir, la agresividad que se ve y se palpa en bases diarias de la clase capitalista en contra de la clase trabajadora y de las clases medias, que juntas suman la gran mayoría de la población, las clases populares. Es lo que en lenguaje anglosajón radical (del Occupy Wall Street Movement) se llama la lucha del 1% de la población (los súper ricos, que junto con otro 9% constituyen los establishments financieros, empresariales -de las grandes corporaciones-, mediáticos y políticos que dominan las instituciones mal llamadas representativas del país) contra la gran mayoría de la población. En esta “guerra de clases”, la lucha de la burguesía en contra de la clase obrera se ha ampliado y redefinido para pasar a ser la lucha de una minoría –las elites financieras y de las grandes corporaciones que controlan la actividad económica del país- ayudada por las elites mediáticas y políticas, frente a la gran mayoría de la población (el 90%).


 
No hay manera más fácil de demostrar que España tiene clases sociales que mirar a nuestro alrededor, observando dónde vive la gente, cómo vive y cuándo muere. Cojan ustedes un taxi y conduzcan por los barrios de Barcelona. Verán ustedes que hay claramente barrios burgueses, barrios pequeño burgueses, barrios de clase media y barrios de clase trabajadora, que a su vez pueden diferenciarse entre clase trabajadora cualificada y clase trabajadora no cualificada. Verán fácilmente que no es cierto que todos los barceloneses vivamos en barrios de clase media. Y verán también como el tipo de comercio va orientado a distintas clases sociales. Y si miran las tasas de mortalidad verán que siguen un gradiente según su clase social, de manera que en España un burgués, como promedio, vive diez años más (sí, diez años más) que un trabajador no cualificado en paro crónico.


 
¿Existe lucha de clases?


 
Una manera fácil de verlo es analizar la distribución de las rentas en el Estado español hoy. Estas, las rentas del país, derivan bien de poseer capital (tal como acciones bancarias u otros bienes que generan dinero) o del trabajo, es decir, de los salarios y otras rentas asociadas al trabajo. La gran mayoría de la ciudadanía consigue sus rentas a partir de su trabajo. Solo una minoría (muy minoría) deriva sus rentas del capital.


 
Pues bien, analicemos cómo han ido evolucionando estos dos tipos de rentas en España. Si las rentas estuvieran distribuidas proporcionalmente a como se distribuye la población, las rentas del capital serían un porcentaje del total de rentas muy bajo, pues los capitalistas –que obtienen sus rentas de la propiedad del capital- son un sector muy pequeño de la población. Pero en realidad, debido a la mala distribución de las rentas a favor del capital (es decir, de los capitalistas) a costa del mundo del trabajo (incluido usted lector y yo, puesto que deduzco que los capitalistas no me leen), observamos como las rentas del capital alcanzaron más del 40% de las rentas totales. Y las rentas del trabajo oscilaron alrededor de un 50% (hay un 10% que procede de otras fuentes) durante los últimos treinta años.


 
Esta cifra ya le da a usted una idea de quién tiene más poder en España. Por cierto, que España es uno de los países de la UE-15 donde las rentas del capital son más altas, y por lo tanto donde las rentas del trabajo son más bajas. El poder del capital sobre el Estado explica que las rentas del capital se gravaran mucho menos que las rentas del trabajo. Incluso el Banco Central Europeo (que es una institución de las más conservadoras que hay en el establishment conservador que gobierna la Eurozona) ha indicado que los beneficios de las grandes empresas en España son demasiado altos en comparación con otros países de la Eurozona.


 
Pero, por si fuera poco, las políticas neoliberales (que son las políticas promovidas por el capital en los medios y en las instituciones llamadas democráticas) han ido acentuando todavía más esa polarización, de manera que este año las rentas del capital, por primera vez desde que se recogen datos sobre la distribución de las rentas, han sido mayores (46%) que las rentas del trabajo (45%). La situación no podía haber ido mejor para los capitalistas. Aunque usted no lo sabrá puesto que no aparecerá en los medios de mayor difusión, donde usar la palabra “capitalista” es anticuado, y hablar de “lucha de clases” es “demagógico”.


 
¿Se da cuenta usted, lector, del significado que tiene que a un lenguaje se le fuerce y margine para que aparezca como anticuado? Y mientras tanto la lucha de clases ha alcanzado un nivel de hostilidad sin precedentes. Excepto en la mal llamada Guerra Civil, que fue una lucha de clases de primera magnitud, realizada por medios militares, no habíamos visto una lucha con semejante agresividad. Llevada a cabo ahora por el gobierno más reaccionario que España (ver “El gobierno Rajoy, el más reaccionario de la eurozona”, El Plural, 01.07.13) ha tenido desde el establecimiento de la democracia, se están recortando derechos laborales, sociales, civiles y políticos con una hostilidad que justifica la definición de “guerra de clases” que utiliza Chomsky. La única alternativa a esta situación es que esta guerra sea bilateral y que la mayoría de la ciudadanía, que deriva sus rentas del trabajo, se rebele por todos medios (siempre y cuando no sean violentos) a fin de parar/revertir aquella agresividad. Nunca olvidemos lo que se nos quiere hacer olvidar: que Franco murió en la cama pero la dictadura murió en la calle. Hoy estamos al final del periodo que se inició con aquella Transición de la dictadura a la democracia, una Transición profundamente inmodélica que nos dio una democracia profundamente limitada y un bienestar sumamente insuficiente. Hoy se requiere una segunda Transición que permita el paso a una democracia completa y a un bienestar social que responda a las necesidades de las clases populares (que son la gran mayoría de la ciudadanía), revirtiendo y cambiando la enorme concentración de las rentas y de la riqueza en España que están corrompiendo la democracia subdesarrollada que existe en este país.

 


02 jul 2013

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La ONU alerta de que el número de pobres se podría triplicar hasta 2050

El número de personas que viven en situación precaria en el mundo se podría triplicar si no se establece un marco político específico, según alerta el informe Económico y Social 2013 del Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC), publicado hoy.

 

Actualmente, existen mil millones de personas que viven en los barrios pobres y que carecen de acceso a las infraestructuras, al agua potable, saneamiento, electricidad, servicios básicos de salud y la educación.

 

El informe estima que dicha cifra se podría triplicar hasta alcanzar los tres mil millones en 2050 si no se adoptan nuevas medidas.

 

El estudio determina que la creciente demanda de energía, agua, servicios públicos, educación y salud hace necesaria la adopción de nuevas estrategias para hacer frente a un desarrollo sostenible mundial y examina los nuevos retos que deben abordarse para lograrlo.

 

A este respecto, el secretario general adjunto de Desarrollo Económico de la ONU, Shamshad Ajtar, subrayó la idea de que "el desarrollo sostenible será clave para la erradicación de la pobreza". "Simplemente no es aceptable que el hambre y la desnutrición, mientras disminuye en muchos países en desarrollo, es persisente en tantos otros, por lo que necesitamos promover un enfoque completo para alcanzar las metas de desarrollo".

 

Las estimaciones indican que la producción de alimentos tendrá que aumentar un 70% a nivel mundial para alimentar a los nuevos miles de millones de personas.

 

El estudio, que se basa en la rápida urbanización en todo el mundo, estima que en 2050 habrá más de 9.000 millones de personas, de las cuales 6.250 millones vivirán en ciudades y calcula que 3.200 millones de personas serán nuevos residentes de zonas urbanas en ciudades en desarrollo.

 

Tres grandes desafíos

 


La Conferencia de la ONU sobre Desarrollo Sostenible Río+20 estableció un marco para la acción y el seguimiento y se centró en tres grandes desafíos: la seguridad alimentaria, la transformación de la energía y las ciudades sostenibles.

 

El informe revela que la visión del desarrollo sostenible que promueve el bienestar económico y social al tiempo que protege el medio ambiente "no se ha logrado, a pesar de algunos avances importantes".

 

A este respecto, el subsecretario general de la ONU para Asuntos Económicos y Sociales, Wu Hongbo, dijo en un comunicado: "Las ciudades desempeñan un papel fundamental en la expansión de las posibilidades de crecimiento económico, la innovación y el desarrollo social, pero tenemos que tomar medidas que generen beneficios de las ciudades, así como que reduzcan las amenazas para el desarrollo sostenible".

 

Junto con la seguridad alimentaria y la nutrición, el suministro de energía es otro de los elementos centrales de la agenda de desarrollo sostenible.

 

EFEGinebra02/07/2013 11:46 Actualizado: 02/07/2013 12:09

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Lunes, 01 Julio 2013 07:04

Los egipcios se vuelcan a las calles

Los egipcios se vuelcan a las calles

Los egipcios salieron en masa a las calles de El Cairo y de algunas ciudades del interior en el primer aniversario de la llegada de Mohamed Mursi al poder, pidieron su renuncia y lo acusaron de gobernar únicamente en beneficio de los islamistas. Una fuente militar que solicitó anonimato dijo que las fuerzas armadas estimaban en millones el número de manifestantes en todo el país. Al caer la noche, interminables columnas de manifestantes ocuparon las principales calles de la capital egipcia gritando consignas como “¡Fuera, fuera!” o “¡El pueblo quiere la caída del régimen!”. Estas protestas constituyen las mayores que se realizan en Egipto desde la caída de Hosni Mubarak, en febrero de 2011.

 

En El Cairo, los manifestantes habían comenzado a congregarse por la tarde en diversos puntos de la ciudad, aunque gradualmente fueron concentrándose en el barrio de Heliópolis, donde se encuentra el palacio presidencial. También se registraron importantes manifestaciones en Alejandría (en el nortedel país), Menuf y en Mahalla, en el delta del Nilo, así como en Suez y hasta en la ciudad natal de Mursi, Zagazig, al nordeste de El Cairo.

 

Al menos cinco personas murieron en violentos enfrentamientos entre partidarios y opositores a Mursi. En Assiut, dos desconocidos en una moto abrieron fuego en dirección a los manifestantes que pedían la renuncia de Mursi, provocando la muerte de cuatro personas. Ese incidente ocurrió cerca de la sede local del movimiento de los Hermanos Musulmanes. Poco antes, un joven murió y otras 40 personas resultaron heridas como consecuencia de violentos choques en Beni Sueif, al sur de El Cairo, informó otra fuente de los servicios de seguridad. Esos enfrentamientos ocurrieron en las proximidades del Partido de la Libertad y la Justicia, brazo político del movimiento de los Hermanos Musulmanes, al que pertenece Mursi. Los heridos fueron trasladados al principal hospital de la zona, informó la misma fuente.

 

En rueda de prensa, el portavoz de la presidencia, Ihab Fahmi, afirmó que Mursi se encuentra dispuesto a dialogar, ya que ésa es la única vía para conseguir un acuerdo nacional que permita superar las diferencias. Consideró que el respeto a las distintas opiniones es un rasgo de la democracia y pidió a los egipcios mantener la calma, participar pacíficamente en las marchas y unirse “contra los intentos de discordia”.

 

La mayor coalición opositora de Egipto, el Frente de Salvación Nacional (FSN), difundió la “Declaración Revolucionaria Número 1”, en la que llamó a los manifestantes a permanecer movilizados y en las calles hasta tumbar al gobierno de Mursi. “Todas las fuerzas revolucionarias y todos los ciudadanos deben mantener sus reuniones pacíficas en sus lugares, en las calles, en las ciudades del país hasta la caída de todos los elementos del régimen dictatorial”, expresaba la nota. En El Cairo, la sede central de los Hermanos Musulmanes, el partido de Mursi, fue atacada con bombas molotov.

 

“Es una segunda revolución y Tahrir es su símbolo”, dijo Ibrahim Hamuda, un carpintero de obra del norte del país, quien viajó a la capital para participar en la manifestación en esa plaza, símbolo de la movilización que expulsó del poder al presidente Hosni Mubarak en 2011. Por su parte, los partidarios del presidente islamista continuaban la sentada comenzada el viernes en el barrio cairota de Nasr City, cerca del de Heliópolis, para defender la legitimidad del primer mandatario civil e islamista elegido en el país hace un año.

 

El Partido de la Libertad y la Justicia, una emanación de los Hermanos Musulmanes, exhortó a una movilización general para defender al jefe de Estado, primer presidente egipcio libremente elegido. Para prevenir graves disturbios, el ejército y la policía se desplegaron en todo el país, reforzando la protección de instalaciones vitales, en especial el Canal de Suez. Desde el miércoles, se produjeron disturbios en Alejandría y en las provincias del Delta del Nilo entre partidarios y opositores de Mursi, que provocaron la muerte de ocho personas, entre ellas un ciudadano norteamericano. El joven estadounidense fue identificado como Andrew Pochter y se encontraba en Egipto realizando un intercambio estudiantil en la ONG Amideast, cuyo fin es el fortalecimiento del diálogo y la cooperación con Medio Oriente y el norte de Africa. Por la muerte de Pochter, el gobierno norteamericano pidió a sus compatriotas aplazar los viajes que no sean urgentes y autorizó la salida de El Cairo de todo el personal no esencial de la embajada, unas 45 personas.

 

La jornada de ayer fue considerada esencial en la campaña del movimiento Tamarrod (rebelión, en árabe), que llama a manifestarse en masa para exigir la salida de Mursi. Tamarrod, apoyado por numerosas personalidades de la oposición laica, liberal o de izquierda, asegura haber recogido más de 22 millones de firmas en favor de una elección presidencial anticipada, esto es, más que el número de electores de Mursi en la elección de junio de 2012 (13,23 millones).

 

Los adversarios de Mursi lo acusan de albergar tentaciones autoritarias y de tener la vocación de instaurar un régimen dominado por los islamistas. Sus partidarios, por otro lado, afirman que su legitimidad está asentada en la primera elección libre de la historia de Egipto, y acusan a la oposición de querer provocar un golpe de Estado.

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Arrasó Bachelet en las primarias chilenas

Contra pronóstico, el sol salió en buena parte del país para acompañar a quienes se animaron a participar en las elecciones primarias chilenas y que, por primera vez, debutaron con una papeleta que involucraba a las principales fuerzas del país: la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN) por parte de la derecha, y la Concertación rearticulada en el Pacto Nueva Mayoría. Todos agrupados en tres votos. Uno para los inscriptos en los partidos de la Alianza, otro para los que figuran en las listas de la Concertación y un tercero para los independientes.

 

El clima fue un factor de incertidumbre para los comandos y para los analistas, pues la lluvia y el frío podrían atentar contra la afluencia. Esto sumado a las dudas que genera el recientemente aprobado voto voluntario y que aún no define una tendencia de si la ciudadanía está dispuesta a votar sin una multa por no hacerlo de por medio.

 

Uno a uno, los candidatos fueron llegando a los establecimientos habilitados y a los colegios correspondientes. Algunas de estas escuelas estuvieron hasta hace poco tomadas por los alumnos secundarios, que desde 2011 mantienen en pie un movimiento que no dejará el debate sea quien fuere el o la que llegue a La Moneda el próximo año.

 

Si bien las cartas presidenciales mostraron su confianza, todos sabían que la ex presidenta Michelle Bachelet es un transatlántico muy difícil de voltear y que ganarle en las urnas era una empresa casi imposible.

 

Así, el primero en votar fue el candidato del Partido Radical, José Antonio Gómez, quien lo hizo en la ciudad nortina de Antofagasta. “Hemos hecho una campaña muy directa, hemos tenido mucha adhesión de jóvenes. Es muy importante votar. Quedarse en la casa es jugar fuera de la cancha”, manifestó el candidato que abiertamente ha defendido la instauración de una asamblea constituyente.

 

Luego lo hizo el ultraderechista de la UDI, Pablo Longueira: “He sido candidato cinco veces en mi vida y uno siente cuando va a ganar, y tengo esa convicción de que vamos a tener un gran resultado hoy”, dijo confiado.

 

Más tarde apareció Bachelet, quien a su estilo bromeó y saludó efusivamente a sus adherentes. “Si las personas quieren cambios, la mejor forma de hacerlo es ejerciendo el voto”, dijo. “Hoy tenemos voto voluntario y estamos en un momento diferente, por lo que yo no me atrevería a hacer una estimación”, insistió.

 

“Tengo mucha confianza y humildad de que vamos a obtener un gran triunfo hoy en la tarde; estoy convencido de que esta primaria es muy importante; si ganamos hoy, domingo, ganaremos la presidencial en noviembre”, agregó por su parte Allamand, de RN.

 

Velasco, ex ministro de Bachelet y hoy candidato independiente, aseguró que de no salir electo “seguiré trabajando con los independientes, los jóvenes, con todos aquellos que quieren una política mejor para Chile”.

 

Orrego, en tanto, aseguraba que “hoy vamos a dar una gran sorpresa, una sorpresa de participación y también una sorpresa de votación para nosotros”.

 

Durante el día, cientos de chilenos residentes en el exterior realizaron además una votación simbólica a modo de protesta por la falta de avance en la ley que permite el voto en el exterior, otro de los temas que será parte del debate futuro en Chile. En tanto, las proyecciones daban cuenta de una participación muy por sobre el 10 por ciento del padrón electoral, que era el que se esperaba para la primera elección primaria legal del país. Al final fueron más de 2 millones los que votaron, de casi 13 millones habilitados.

 

A las 18 comenzó el conteo y las primeras mesas escrutadas marcaron la tendencia. Bachelet arrasaba en las urnas y Allamand iba cabeza a cabeza con Longueira. La primera información, cerca de las 19 (las 20 de Argentina), hablaba de 71 por ciento de las preferencias para Bachelet y de 51 por ciento para Allamand. Otro dato aclaraba más el panorama. La ex presidenta ganaba también en Dichato e Iloca, dos localidades afectadas duramente por el maremoto del 27 de febrero de 2010 y que el oficialismo ocupó para atacarla por su supuesta responsabilidad política en las muertes de los lugareños al no decretar alerta se tsunami en la zona. Ni eso la detuvo.

 

Cerca de las 20, Bachelet llegó al Hotel San Francisco en pleno centro de Santiago. Ahí, en su comando, las champañas esperaban su descorche. Una hora después, con 12 mil mesas de 13.500 escrutadas, Bachelet obtenía el 73 por ciento, seguida por Velasco con el 12 por ciento; el DC de Orrego y el PR de Gómez lograban el 8,7 por ciento y 5 por ciento, respectivamente.

 

A la hora de los noticieros centrales, Bachelet reconocía su triunfo, recibiendo el apoyo de los ahora aliados, valoraba la fortaleza de la democracia chilena e invitaba a los demás candidatos a sumarse a su campaña para las presidenciales de noviembre. Así, la candidata sorteó la primera valla hacia La Moneda. Ahora habrá que ver si logra captar los votos de sus compañeros de lista o se traspasan a los otros candidatos que no participaron en estas primarias.

 

En el Barrio Alto, en las sedes de los partidos, nadie cantaba victoria, pues apenas 20 mil votos separaban a los ex pinochetistas. A las 21.30 se acabó el misterio, cuando Andrés Allamand reconoció el triunfo de Pablo Longueira y se cuadró de inmediato con la idea de derrotar a la Concertación a fin de año.

 

Con todo, el dato duro indicó que tres de cada cuatro chilenos apoyó a la oposición. Y Bachelet, sola, los superó a todos.

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