Pasajeros de un autobús en la zona norte de la ciudad de Río de Janeiro, el segundo estado de Brasil (después de San Paulo) más azotado por el coronavirus, tras haber contabilizado más de 17.000 casos y 1714 muertos hasta el domingo pasado.   ________________________________________ Imagen: Antonio Lacerda/EFE

La región puede ser el próximo epicentro de la pandemia de coronavirus

 

La organización Médicos Sin Fronteras (MSF) advirtió que Latinoamérica puede ser el próximo epicentro de la pandemia debido al rápido aumento de casos que se registran en Brasil, Perú, Ecuador, Chile y México. Al mismo tiempo, aunque destacó las medidas tomadas en la Argentina, que permiten mantener bajo control la expansión del virus, alertó sobre las deficiencias en los sistema de salud y la capacidad para realizar testeos masivos. 

Además, la organización resaltó que la peor situación la atraviesan las "comunidades vulnerables tales como migrantes, indígenas o personas que ya antes vivían en la calle y no pueden cumplir las normas de confinamiento". 

La advertencia fue lanzada por Ana de Lemos, directora ejecutiva de MSF en Brasil, y sus pares de México, Loïc Jaeger, y de Latinoamerica, Marc Bosch. El país gobernado por el ultraderechista Jair Bolsonaro es el que más preocupa a los especialistas por la rápida velocidad de contagio, con más de 172.000 casos positivos y 12.000 muertes.   

Las declaraciones de responsables de la organización sanitaria se producen el mismo día en que América superó por primera vez a Europa en casos de coronavirus, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque 1,3 de los 1,7 millones de los casos del continente se concentran en Estados Unidos.

De todas maneras, los tres responsables de la organización sanitaria coincidieron en que, con certeza, las cifras oficiales de la mayoría de los países de la región sólo reflejan una parte de los realmente afectados por coronavirus, debido "a la limitada capacidad de muchos de ellos para hacer tests", apuntó Jaeger.

En Latinoamérica no sólo preocupan las consecuencias sanitarias de la pandemia sino también otras de índole humanitario, subrayó Bosch, quien citó como ejemplo la proliferación de protestas en Colombia de quienes, por el confinamiento, se han quedado sin medios de sustento. Algo que se replica en todo el subcontinente donde las tasas de trabajo informal son altísimas. 

Lemos destacó, además, que Perú, Ecuador, Chile y México son otros países con preocupantes cifras de contagios y evaluó que, aunque la pandemia mostró que ningún país dentro o fuera de la región estaba preparado para responder a esta emergencia sanitaria, gobiernos como el de Argentina lograron controlarla. 

Jaeger resaltó que la mayor preocupación de la organización en la región es la situación de comunidades más vulnerables. "Tenemos la impresión de que muchos países no están atendiendo a estas poblaciones, o peor, que están continuando con las deportaciones. Por ejemplo, en países como El Salvador o Guatemala, muchos de los pacientes contagiados son migrantes deportados desde Estados Unidos", denunció Jaeger.

Por su parte, Bosch aclaró que las deportaciones forzosas no solo las realiza el gobierno de Donald Trump sino que también las está replicando el gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador, que meses atrás cerró un acuerdo con Estados Unidos para funcionar como barrera de contención a la inmigración ilegal. "Ponen a más gente en peligro y no ayudan a la mitigación de la pandemia", apuntó Bosch.  

Bosch señaló que la pandemia incrementó otro conflicto migratorio, el que protagonizan los venezolanos en la frontera colombiana. "Muchos venezolanos tratan de cruzar la frontera para regresar a su país, al perder sus trabajos en Colombia y otras naciones de la región, algo que puede convertirse en una crisis muy profunda", indicó Bosch.

En el caso de El Salvador se suma la actividad de las maras, las organizaciones criminales más poderosas del país, que incrementaron sus prácticas de extorsión "en un momento en que muchas de las víctimas no pueden escapar", advirtió.  

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El presidente francés Emmanuel Macron califica la pandemia de Covid-19 de profundo choque antropológico.Foto Ap

Se vislumbra el “Día Después”del C-19 en geoestrategia y geoeconomía, donde se asientan el orden tripolar de EU/China/Rusia –con sus esferas de influencia/regionalismos– y la desglobalización.

En el ámbito político puro, que no puede pervivir sin geoestrategia ni geoeconomía, la extinción de la aciaga globalización encamina al planeta hacia nacionalismos/subnacionalismos, cuando la dicotomía de “izquierda/derecha” ha quedado superada por la nueva bifurcación de nacionalistas, en ascenso, y globalistas, en desuso, en espera de la nueva escisión de la Inteligencia Artificial entre EU y China (https://bit.ly/2WL6F4C).

A raíz de la crisis de la globalización financierista de 2008, comenté que “George Soros, prototipo del mega-especulador financiero y presunto hombre de paja de los esclavistas banqueros Rothschild, acudió insólitamente a consultar al ilustre historiador marxista Eric Hobsbawm sobre el devenir”(https://bit.ly/35QJnhK). El inconmensurable británico-alejandrino Hobsbawm, quien falleció un año después a los 95 años, ilustró a Soros sobre el advenimiento de “una mezcla diferente de lo público y lo privado, de libertad y acción estatal y control”(https://bit.ly/3dEOpkj), amén del “resurgimiento del marxismo”(https://amzn.to/2AbZDhw).

Soros despreció las enseñanzas de Eric Hobsbawm y siguió embriagándose con la globalización que agoniza 12 años más tarde.

En entrevista al Financial Times (16/4/20), portavoz de los globalistas, el presidente galo Macron diagnosticó que la crisis del C-19 constituye “un evento existencial para la humanidad”, lo cual “cambiará la naturaleza de la globalización y la estructura del capitalismo internacional”.

Macron, de 42 años, cumple el popular apotegma de “farol de la calle; oscuridad en la casa” cuando ha manejado pésimamente la legítima revuelta rural de los “chalecos amarillos”, marginados por la globalización, mientras vislumbra lúcidamente el nuevo orden mundial donde descuellan Rusia y China (https://bit.ly/2SUzaf6).

Macron fue empleado de los banqueros esclavistas Rothschild, por lo que su punto de vista adquiere singular trascendencia llegando incluso a, como consecuencia del C-19, “jerarquizar las vidas humanas sobre el crecimiento económico” como una oportunidad para enfrentar los “desastres ambientales y las desigualdades sociales” que “amenazan la estabilidad del orden mundial”.

Califica la pandemia de “profundo choque antropológico” y sentencia que la “globalización en los años recientes estaba alcanzando el fin de su ciclo”cuando “estaba socavando a la democracia”. ¡Sin duda!

Mas allá de su proclividad a las libertades y su aversión a los autoritarismos en Europa, manifestó su preocupación sobre el euro y el devenir de la Unión Europea que se encuentran “amenazados si los miembros más pudientes, como Alemania y Holanda, no muestran más solidaridad con los países golpeados por la pandemia en el sur de Europa” y que debería canalizarse en forma de una “ayuda financiada por una deuda mutualizada (sic)”, lo cual eriza los cabellos políticos de alemanes y holandeses.

Con entonaciones neogaullistas sentencia que “nos encontramos en el momento de la verdad, que es decidir si la Unión Europea es un proyecto político o es solamente un proyecto de mercado”. Para Macrón la UE es un “proyecto político”. Pues no lo parecía…

Aboga poner fin al mundo “hiperfinancierista” y fortalecer la “soberanía (sic) económica” de Francia y Europa, en las baterías de vehículos eléctricos y en el equipamiento médico” del que se han vuelto “sobredependientes de China”.

Aduce que “enfrentamos la profunda necesidad de crear algo nuevo porque eso es lo que nos queda hacer” cuando “hemos detenido a la mitad del planeta para salvar vidas, lo cual no tiene precedentes en nuestra historia”.

Exhorta que el C-19 es “la oportunidad para intentar (sic) humanizar el capitalismo”. ¡Esa si que es una tarea hercúlea ya que el capitalismo en su quinta escencia es misántropo y propende al canibalismo!

Nacionalismo con humanismo universal sería la fórmula ideal de la salvación.

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Martes, 12 Mayo 2020 06:42

El capitalismo del miedo

El capitalismo del miedo

Pandemia y disciplinamiento social

Nelson Cardoso advierte sobre la manera como los medios de comunicación y las redes sociales digitales se convierten, en tiempos de crisis como el que atravesamos, en herramientas de control y persuasión social. 

 

Que el miedo es un gran disciplinador social, no es nuevo, esto ya lo descubrió siglos atrás Hobbes, quien en Leviatán, asegura que el orden social se afirma en ese sentimiento.

Hoy más que nunca en momentos en que una nueva amenaza invisible recorre nuestro país y el mundo entero, somos testigos de cómo los medios de comunicación y las redes sociales, son estratégicas herramientas de utilización del miedo como forma de control y persuasión social.

El miedo es un sentimiento primario de la psiquis de los humanos. Está relacionado con el temor a tres pérdidas: protección, seguridad y certeza. Es una emoción que la moviliza el instinto de supervivencia.

Autores como Castells o Byung Chul Han, afirman que el miedo es una emoción política fundamental. Han dice que el capitalismo de las emociones explota precisamente estas cualidades a través de múltiples estrategias; entre ellas las redes sociales. Hoy más que cosas concretas consumimos emociones, así se abre un nuevo campo de consumo de carácter infinito. El autor norcoreano afirma que la psicopolítica neoliberal se apodera de la emoción para influir en las acciones. Por medio de la emoción llega a lo profundo del individuo. Así, la emoción representa un medio muy eficiente para el control psicopolítico del individuo.

En Argentina sobran ejemplos de cómo, a través de los medios masivos de comunicación tradicionales, se ha utilizado el miedo como mecanismo de persuasión y control social en diferentes etapas históricas: última dictadura militar, la hiperinflación, el riesgo país, los saqueos. En estos últimos años los grupos de poder a través de sus medios de comunicación, utilizaron el miedo a la inseguridad como forma de control social. Tanto es así que durante muchos años la inseguridad era lo que más preocupaba a los argentinos según las principales encuestadoras. La inseguridad representa simbólicamente la amenaza a la pérdida a las cosas materiales o a lo más preciado como es la vida propia o de un ser querido.

Hoy el enemigo a temer es invisible. Naomi Klein, en La doctrina del shock, a propósito del auge del capitalismo del desastre, demuestra cómo el capitalismo contemporáneo se sostiene sobre el miedo y el desorden como catalizadores de un nuevo salto hacia adelante. Según la autora “la doctrina del shock necesita algún tipo de trauma colectivo adicional, que suspenda temporalmente o permanentemente las reglas del juego democrático. Así funciona la doctrina del shock: el desastre original –llámese golpe, ataque terrorista, colapso del mercado, guerra, tsunami o huracán- lleva a la población de un país a un estado de shock colectivo”.

Mientras una nueva amenaza invisible recorre el mundo dejando cada vez más muertos e infectados como un nuevo “desastre original”; está llevando al mundo y particularmente a nuestro país, a un shock colectivo, provocando: incertidumbre, tristeza, miedo, depresión.

Ayer fue la guerra, la inseguridad, los saqueos, hoy es una pandemia. Lo cierto es que los grupos de poder, que trascienden los gobiernos, se aprovechan de los momentos de crisis. Viven de las crisis; como los animales de rapiña, esperan para alimentarse de la carroña.

Una de sus principales consecuencias del mecanismo psicológico del temor es eliminar el espíritu crítico y aferrarse a lo que le dé a uno seguridad y protección. Por lo que habrá que estar muy atentos y leer entrelineas. Como dice Saúl Feldman “quienes planifican y ejecutan ese trabajo al que es sometida el alma, tienen por objetivo domesticar ese mar de emociones, para allanarla en pos de sus propios intereses”. No sea que usen este escenario de trauma o shock colectivo para sembrar el temor que dé lugar a medidas que, como dice Klein, suspenda el sentido común y la garantía de derechos individuales y colectivos que tanto nos costó lograr.

La clave es no caer en sus operaciones o mensajes tramposos, para acompañarlos en las decisiones que solo los favorecen a ellos. El enemigo invisible es el capitalismo del miedo que trabaja cuando el río está revuelto.

Por Nelson Cardoso, docente-investigador UBA-UNLaM

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“Quien piense que para navidades estaremos vacunados y podremos pasar página… puede olvidarse, va a ser más lento”

Entrevista a Alfredo Caro Maldonado sobre el COVID-19 (V)

 

Por Salvador López Arnal | 12/05/2020

Biólogo, máster y curso de doctorado en inmunología, doctorado en muerte celular, postdoctoral en Inmunología y metabolismo, y segundo postdoctoral en cáncer.

Desde hace algo más de tres años lleva la plataforma de divulgación científica Ciencia mundana.

Buenos días, vuelvo a abusar de tu generosidad. Fecho la entrevista: 11 de mayo de 2020.

Esteban Engel, un médico chileno, bioquímico, biotecnólogo y virólogo, que trabaja estudiando los distintos tipos de coronavirus en el Laboratorio de la Universidad de Princeton, declaró a principios de este mes que la vacuna no va a estar pronto. ¿Qué sabemos del tema en estos momentos? ¿Habrá vacuna o no habrá vacuna?

Espero que tenga razón Esteban Engel: “ningún gobierno o empresa va a querer acelerar una vacuna que puede tener riesgos más grandes que los beneficios”. No lo tengo tan claro.

Hay más de 100 proyectos intentando encontrar una vacuna, pero solo diez están en ensayo clínico con humanos. Uno que he visto, el de Oxford, fuertemente subvencionado por el gobierno británico, coge a poco más de 1.000 personas voluntarias, las divide en dos grupos al azar, y a la mitad le pone una vacuna conocida contra la meningitis y a la otra mitad la experimental. Esta se basa en inyectar usando otro virus del resfriado, debilitado, no infectivo, que porta la famosa proteína de espina del coronavirus, esa que se une al ACE2…

Perdona la interrupción ¿Qué famosa proteína de espina del coronavirus es esa?

Sí, también la llaman espícula. El coronavirus debe su nombre a que por microscopía electrónica se le ve como una corona. Se ve bien en esta foto.

Que son esas proteínas que se unen a otra proteína que está en las células, y permite al virus pegarse para después meterse dentro de la célula.

Prosigo: ¿y por qué se hace así?

Esto se hace porque los anticuerpos que el sistema inmune generará contra esa proteína no solo desarrollarán una respuesta inmune específica contra el virus, sino porque se ha visto en personas contagiadas que sus anticuerpos, al unirse con el virus, los neutralizan. O sea, el virus es una partícula proteica tan pequeña que cuando se le unen esos anticuerpos flotando en la sangre (o la mucosa) impedirá que pueda unirse a las células, protegiéndolas. El que a la mitad de las personas se les ponga una vacuna ya estudiada es importante. Así, todas las personas sufrirán algo de efecto secundario (picor en el brazo, puede ser que algo de fiebre), de manera que no puedes saber (ni el que te la ha puesto) qué vacuna te han puesto.

¿No es esto que describes lo que se llama experimento de doble ciego?

Sí, así es. Ni el personal sanitario, ni el que procesa los datos y sobre todo el sujeto que recibe el medicamento sabe qué están recibiendo. Esto es muy importante en este caso porque saber que han recibido la vacuna contra el covid19 podría hacer que esas personas tomaran más actitudes de riesgo, y lo contrario.

Pero claro, ¿cuántas de esas 1.000 personas estarán en contacto con el virus? Incluso en el Reino Unido, que todavía tiene una tasa de contagio considerable, la probabilidad es bajísima. Pongamos que de esas mil, 100 sean contagiadas, y de las no vacunadas (grupo “placebo”) solo 10 tengan síntomas. Es un número bajísimo para decir que la vacuna funciona. ¿Qué es lo que creo que pretenden hacer?

Excelente pregunta. Gracias por la ayuda.

Cogerán el suero de las personas vacunadas y verán in vitro si neutraliza el virus, que no está mal, pero no es una prueba total de que funcione. Y es que de hecho este ensayo en realidad es de seguridad, para ver si genera efectos secundarios indeseados. Aunque ellos plantean que es un “fase 1/2″ porque tendrán ambos resultados, de seguridad y de eficacia.

Se habrán dado cuenta de que la propaganda y el oportunismo, por el negocio en potencia, con respecto a quién va a encontrar la cura antes es muy grande. Pues el mismo jefe médico del gobierno británico encargado de esto ha dicho que la probabilidad de conseguir una vacuna en un año es extremadamente baja. Así que serán más cerca de dos para que la población mundial pueda beneficiarse de una vacuna. Y ojo, he dicho población mundial, y no blancos europeos y estadounidenses.

Sí, sí, se entiende bien lo que remarcas y las razones que te mueve a hacerlo.

Así que si la gente está pensando que para navidades estaremos vacunados y podremos pasar página puede olvidarse. Va a ser más lento, aunque, por supuesto, ojalá nos equivoquemos.

¿Y qué nos puedes decir de los antivirales?

Ahí parece que hay resultados más rápidos, existen varios que parece que puedan estar funcionando a aliviar los síntomas de las personas más graves. Pero tiene que quedar claro que ningún antiviral será una pastilla mágica que nos evite contagiarnos y transmitir el virus, ni siquiera de ingresar en un hospital.

Eso es fundamental porque, aunque sean útiles, no evitarán que muera muchísima gente sin acceso a ese tratamiento (por razones sociales o biológicas), que se saturen las urgencias, etc.

Un informe publicado el miércoles pasado, 6 de mayo, por la Organización Mundial de la Salud (OMS) defendía que infectar voluntarios con el virus del covid-19 podría ser de gran importancia en los estudios para desarrollar una vacuna. Desde un punto de vista ético, ¿es legítimo esta infección en personas voluntarias? ¿Cuánta voluntariedad real hay en esos voluntarios?

Como decía antes, para probar la eficacia de una vacuna en una enfermedad con poca incidencia como esta (por ahora) haría falta probar la vacuna en muchos miles de personas, algo caro y lento. Lo de caro el informe no lo menciona. Mientras que si inoculan el virus se ahorran un modelo animal y mucho tiempo. Según ese informe de la OMS, un 0,03% de los jóvenes entre 18 y 30 años contagiados muere. Dicen que estos ensayos los harían en un centro médico con todas las medidas sanitarias y bien vigilados. Pero teniendo en cuenta que no hay ningún tratamiento disponible (mencionan el Remdesivir, ¡me río yo!) y que tal como dicen, ensayos parecidos con malaria y gripe tuvieron “graves consecuencias” en las cobayas humanas, pues no me parece muy seguro. Además, diciendo que haciéndolo en esos centros sanitarios se reduciría el riesgo al mínimo, reconocen implícitamente que si tuviéramos sistemas de salud decentes moriría menos gente.

¿Quién se presentaría voluntario? Ben Goldacre, en su libro Mala farma, muestra lo corrupto de los ensayos clínicos y cómo el que se hayan externalizado los ensayos a empresas especializadas que los llevan a cabo de manera muy opaca en países empobrecido hace que los resultados sean dudosos.

Ya hablábamos hace unos días de los médicos franceses que abiertamente hablaban de que, “dadas las condiciones del continente”, África era un buen sitio para probar la vacuna. Lo que no sé si dijeron es que para hacer eso hay que inocular a los conejillos de indias con el virus. ¡Luego nos preguntamos por qué muchas poblaciones africanas se niegan a ser vacunadas!

El lenguaje de ese informe me da escalofríos. En la tabla de criterios para estos estudios, la valoración para el criterio científico es vago: “estos estudios deben tener una fuerte justificación científica”. Ah, vale, ¿y eso quién lo decide? ¿Qué es una fuerte justificación científica? Dicen que hay que tener en cuenta que los criterios éticos pueden variar por regiones, ¿eh? Es en esta parte de los criterios éticos donde son más ambiguos. En la introducción dejan claro que no conocemos los riesgos de un estudio así, pero el primer criterio ético es evaluar claramente que los beneficios (menor tiempo en conseguir la vacuna) superan los riesgos (que personas mueran o queden tocadas durante el experimento). Así que tendremos que quedarnos con los “criterios éticos locales” para resolver el dilema. Que ya sabemos qué significa realmente, se hará el ensayo en aquellas regiones donde no haya derechos.

¿A qué regiones sin derechos haces referencia?

Un gobierno democrático no se va a arriesgar a que algún ciudadano muera en un experimento así. Las empresas de ensayos clínicos, ya que la gran farma a menudo externaliza este proceso, utiliza a África y algunos países asiáticos para llevar a cabo esos ensayos.

No me extenderé. A las personas que lean inglés les animo que vayan directamente al informe.

¿Estás entonces contra ese tipo de estudios de forma general?

Quiero dejar claro que personalmente no me sitúo categóricamente en contra de este tipo de estudios. Pero no veo nada claro este en particular: racismo y colonialismo, ambigüedades en el informe, beneficio privado de los resultados de esos estudios, negar medidas alternativas (mejores sistemas de salud y de prevención), etc.

De acuerdo, se entiende bien tu posición crítica. Tomemos un descanso si te parece.

De acuerdo, descansemos un momento.

Noam Chomsky, Yannis Varoufakis y Naomi Klein impulsan la creación de una Internacional Progresista

Una iniciativa avalada por más de 40 intelectuales 

La nueva organización nace con la vocación de "fomentar la unión, coordinación y movilización de activistas, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales y partidos en defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad".

 

DiEM25, un movimiento democrático paneuropeo transfronterizo, y el Instituto Sanders, fundado en 2017 por Jane Sanders, esposa del senador demócrata Bernie Sanders, dan a luz este lunes a la Internacional Progresista , una organización avalada por más de 40 intelectuales de todo el mundo, entre los que destacan Noam Chomsky, Naomi Klein, Yanis Varoufakis o Fernando Haddad entre otros.

El objetivo de esta iniciativa, según adelanta el diario El País, es "fomentar la unión, coordinación y movilización de activistas, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales y partidos en defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad".

DiEM25 y el Instituto Sanders, decidieron así unir fuerzas ante "el avance del autoritarismo". Los impulsores de la Internacional Progresista afirman que la crisis sanitaria provocada por el coronavirus y la subsiguiente crisis económica hacen obligatorio que las fuerzas progresistas del mundo se unan para defender y sostener un Estado de bienestar, los derechos laborales y la cooperación entre países, además de consolidar un mundo más democrático, igualitario, ecologista, pacífico y en el que prime la economía colaborativa.

El proyecto arranca este lunes con el lanzamiento de su web , donde cualquiera puede inscribirse como miembro, y cuenta con el apoyo y el soporte formado por más de 40 intelectuales de toda índole y condición, desde escritores hasta políticos.

Financiado exclusivamente con aportes individuales de sus miembros y donaciones, la Internacional Progresista tiene previsto celebrar un congreso en Reikiavik organizado por el partido de Jakobsdóttir, el Movimiento de Izquierda-Verde. En esta cita se planificará toda la actividad de la organización del próximo año.

 

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Lunes, 11 Mayo 2020 06:54

Prisa

Prisa

Han sido largas las semanas de confinamiento a raíz de la pandemia. Esta medida para prevenir el contagio y la saturación de los servicios de salud se ha utilizado prácticamente en todas partes.

Un caso aparte es el de Suecia, donde no se confinó a la población y se estima que, al final de mayo, 40 por ciento de los habitantes de Estocolmo tendrán algún tipo de inmunidad al virus, lo que limitará el impacto del rebrote de la infección que se espera para el otoño. Hasta ahora registra menos de 4 mil fallecimientos.

La pandemia ha impuesto urgencias a sociedades y gobiernos. La población se ha sometido a las restricciones por temor al contagio y ha acatado las medidas impuestas por los gobiernos.

La estrategia de confinamiento se ha politizado inevitablemente de una u otra manera. Ejemplos sobresalientes y de diferente naturaleza son Estados Unidos, Brasil y España. Cada sociedad, a su manera, expresa sus contradicciones propias.

El conflicto adquiere nuevos tonos en la medida en que empiezan a proponerse y aplicarse medias para reabrir las calles y actividades económicas.

Esta etapa tiene un grado muy distinto de complejidad que el encierro. De la secuencia de la fase cero a la tres, ahora se plantea "desescalar", como se denomina en España, el estado de emergencia. Para ello definen otras tantas fases y sus tiempos.

Esto ocurre en un entorno de afirmaciones y rectificaciones, en el mejor de los casos. En otros se hace en medio de mucha inseguridad y de confrontación política. El proceso que se sigue ahora en Estados Unidos lo manifiesta claramente. La relección presidencial está de por medio. El fenómeno sociológico es, en general, muy relevante y están por verse las consecuencias.

Ciertamente, las muertes provocadas por el coronavirus son muy reducidas como proporción de la población total, pero ocurren al mismo tiempo. El argumento es válido, pero imagino que es más defendible cuando le ocurre a los demás y no a uno mismo y su círculo próximo. Se puede, claro, jugar a los dados. Las opciones individuales son una cosa, la dimensión social, económica y política es otra. Las ilusiones también.

El tránsito de la urgencia por contener el daño del coronavirus a la prisa por relajar el confinamiento introduce nuevas características a la naturaleza de la pandemia y sus repercusiones. La gente y las empresas demandan el relajamiento de las restricciones, las autoridades van cediendo de distintas maneras. En otros casos es alentada desde el poder.

El proceso está inmerso en el hecho de que el virus no desaparece. En un reciente artículo, el escritor Ian McEwan recuerda lo dicho por el epidemiólogo Larry Brilliant, quien contribuyó a erradicar la viruela: “Este manojo de ARN en su envoltura de grasa… se sienta a esperar con paciencia hasta que no haya más personas vulnerables”. En el caso que nos envuelve a todos hoy, no hay aún manera de conseguir la inmunidad contra el virus. No se ha comprobado que el sistema inmunológico lo consiga y no hay vacuna.

Algunas propuestas en favor de la apertura afirman que permitirá controlar el contagio. Para ello se necesita que las personas desarrollen la resistencia al virus y se consiga la "inmunidad de rebaño". La apertura en ese caso podría exigir aún más de los sistemas de salud, ya muy vapuleados. Ahí entra el debate sobre la extensión con que se deben aplicar las pruebas de contagio y, aunado a ello, el seguimiento de los contactos de los infectados.

Se habla de distinguir entre aquellos que son más vulnerables (obesos, diabéticos y viejos) y el resto de la población. Esto implica ya una manera específica de concebir la sociedad y la solidaridad, pero no debería causar demasiada sorpresa. Los fondos de pensiones estarían muy complacidos en poder eliminar el riesgo actuarial de los mayores de 60 años y liberar la presión sobre sus recursos, sobre todo ahora que hay tantos desempleados y son menores las contribuciones y las reservas.

En algunos casos se planea la apertura de ciertas actividades aun mientras los casos de contagio y defunciones van al alza. Esta etapa exigirá una renovada concepción del funcionamiento de la pandemia. Algunos, como ocurrió en el estado de Michigan, en Estados Unidos, entrarán en los recintos oficiales armados con pistolas y metralletas para exigir que se acabe el confinamiento.

¿Rebelión o protesta? ¿Incitados o motu proprio? Otros actuarán con más prudencia y hasta desobedecerán las prematuras acciones de apertura que planean sus gobiernos.

Planear la apertura, controlarla y cumplirla son tareas enormes en cuanto a su definición, aplicación y necesidad de revisión constante. Requiere de consensos y cuestiones prácticas que tienen que ser satisfechas: el control del contagio, los medios de protección disponibles, la disciplina social y un claro liderazgo técnico y político. Las cosas evolucionarán a un paso que puede ser incompatible con la prisa.

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El planeta de los humanos y los cuentos de hadas del crecimiento

Los documentales Planet of the Humans, de Jeff Gibbs y producido por Michael Moore, y Cuentos de hadas del crecimiento, de Pierre Smith Khanna, se han lanzado gratuitamente a la red con una temática similar: el decrecimiento inevitable en un mundo finito.

 

Di toda la verdad pero dila sesgada

el éxito se encuentra en el rodeo

La verdad debe deslumbrar poco a poco

o ciegos quedarán todos los hombres

Emily Dickinson

En las últimas semanas dos documentales se han lanzado gratuitamente a la red con una temática similar: el decrecimiento inevitable en un mundo finito, que ya sobrepasa muchos de los límites que su finitud le impone. Es un buen momento ahora para ver dos piezas que pueden alimentar muchos debates interesantes y sobre todo necesarios. [Alerta, spoiler]

El primero que pude ver fue Planet of the Humans, de Jeff Gibbs, producido por Michael Moore. Una pieza en mi opinión con mucho interés, valiente, y quizá por ello, temeraria, con alguna inexactitud y crítica difícil de justificar. Digamos que hace un ataque frontal a los lobbies de las renovables y a muchos de sus defensores a ultranza con un material que ha envejecido un poco —parece ser que llevaban tiempo planeando el documental—, en cuanto a datos de eficiencia que se han quedado algo desfasados. Y hace sangre con algún ambientalista como Bill Mckibben, que no debería estar en el documental al mismo nivel que, por ejemplo, Al Gore.

Ahora bien, el diagnóstico, el cuadro general, es certero y apunta donde duele. Una pequeña lista de los criticados en el documental: Apple, Goldman Sachs, Banco Mundial, Naciones Unidas, los hermanos Koch, Bloomberg, Tesla, Google u organizaciones ecologistas como el Sierra Club. No teme generarse enemigos, vamos, y era previsible que le cayeran palos por todas partes.

Es un documental que rompe con un tabú en la izquierda norteamericana, denuncia claramente que las renovables se merecen ese nombre sobre todo porque cada cierto tiempo, hay que renovarlas. Fabricación, ensamblaje, mantenimiento, todo ese proceso se hace con combustibles fósiles y materiales escasos, así que bueno, renovables, renovables, no son. Ni lo serán. La intermitencia de los factores que generan la energía hace imprescindible tener baterías y alternativas menos pulcras para mantener el suministro, eso incrementa los costes sucios de esas energías supuestamente “limpias y verdes” y las empequeñece. Es bastante obvio que se está exagerando el potencial de esas fuentes por varias razones.

La primera: el crecimiento no se cuestiona. Decir que las futuras fuentes energéticas (a día de hoy) nos permitirían mantener un 30% o un 40% de la energía actual es igual a 99% de colapso del sistema. Si cae la fe en la Iglesia del Perpetuo Crecimiento, el sistema de dinero deuda se vería en un aprieto por la falta de confianza=fe, y con él casi todos los bancos=parroquias. Estamos como sociedad en esa fase de negación casi lógica ante un problema enorme que nos sobrepasa. Hay que descomplejizar las sociedades opulentas del norte sí o sí, y eso va contra el dios mercado y la religión neoliberal. Pero la entropía, la atmósfera sobrecargada, o la ley de rendimientos decrecientes no negocian y el tiempo para atajar la emergencia climática se está acabando.

Y el factor más peligroso: el gatopardismo verde. En esta fase de capitalismo en crisis que el covid-19 simplemente ha acelerado, lo que parece es que la transición a renovables la va a pilotar BlackRock. Esto es como poner a Ortega Cano a dirigir el tráfico. Mal vamos. No parece descabellado pensar que si la “oportunidad de negocio” es ahora la transición a green, a sostenible, a limpio, pues la mayor empresa del mundo en gestión de activos, que se dedica a invertir como nadie en combustibles fósiles o en armamento —y que por cierto posee una buena parte del IBEX 35— se quita la camiseta sucia de sangre y aceite, se pone una verde reluciente, y… os presento a BlackRock, capitán ecologista. O mejor dicho, Capitán Greenwashing. Con mucho negocio paralizado o en pendiente cuesta abajo, las inversiones de los Green New Deal norteamericano y europeo van a suponer muchos millones para quien ejecute esas transiciones.

Eso explica los ataques despiadados que está recibiendo el documental de Gibbs y Moore por parte de casi toda la prensa y hasta de referentes del ecologismo, que no creen que sea un buen momento para esa crítica cáustica, y puede que tengan razón en parte. En defensa de esos referentes, como por ejemplo Naomi Klein o George Monbiot, hay que decir que el documental cae a veces en un sentimentalismo quizá excesivo. El tema de la superpoblación, en fin, es otro tabú, y lo toca de una manera muy tosca y algo primermundista, y de las nucleares por ejemplo no dice ni mu. Eso sí, está hecho para el público norteamericano, que quizá está en una fase de negación aún más exagerada que la nuestra, prueba viviente es su presidente.

Otro factor a analizar es la dicotomía creciente en la sociedad norteamericana. Si haces una crítica a las renovables, ya te posicionan muchos medios del lado diestro que defiende a Trump y al lobby de las petroleras, eso está ocurriendo con algunos artículos contra Michael Moore y Jeff Gibbs, y hay que evitar caer en la trampa. Hay grises entre esas dos posturas. Ni el sector aparentemente progresista está limpio en su totalidad, ni todo es mentira en la crítica al sistema que se puede entrever en la alt-right estadounidense. De hecho, una parte de esa legítima crítica, la están copando Bannon y compañía por el buenismo a veces algo acrítico de ciertos sectores de la izquierda. Es un tema muy complejo en el que los matices son importantes. La transición a renovables es inevitable, pero también la crítica constructiva al “progreso” al que, como diría Benjamin, a veces hay que detener aún tirando del freno de emergencia.

Lo que me parece cuanto menos para reflexionar, es por qué al documental de Di Caprio, (Before The Flood) o al de la misma Naomi Klein (Esto lo Cambia Todo) no le zurraron tanto los grandes medios de comunicación  —financiados por muchas de esas empresas criticadas, que dependen en muchos casos de los bancos, y en los que nada más entrar a sus webs puedes ver banners relucientes de Iberdrola y la transición a renovables, guiño, guiño—. Igual es que no metían el dedo en la llaga: se acabó crecer y crecer y nada lo puede evitar. Para entender mejor el documental y los límites de las renovables recomiendo seguir lo que dicen https://crashoil.blogspot.com/2020/04/umans.html">Antonio Turiel y Antonio Aretxabala, dos científicos expertos en energía fósil y renovable de los que yo aprendo cada día, y que han publicado sus opiniones sobre el documental en sus respectivos blogs. 

Y entonces, cuando más cabreado estaba por las críticas a ese trabajo estimulante y más que digno, un humilde documental llamado Cuentos de hadas del crecimiento apareció por algoritmagia ante mis ojos. Es un documental hecho en Barcelona por Pierre Smith Khanna, miembro del colectivo Research and Degrowth, en el que se hace un recorrido menos sentimental y más histórico del problema ecológico-energético y que es más propositivo, habla más de soluciones. Eso me encanta. Creo que estamos saturados de críticas, necesitamos propuestas.

En realidad, es mejor documental, sobre todo para iniciarse en la problemática o comprenderla. Pero no recibirá ningún ataque. A nadie le va a molestar y —ojalá me equivoque—, poco debate habrá con él. Es una obra que hasta que sea evidente que daba en el clavo, pasará probablemente inadvertida. Igual pasan los años y es reverenciada, pero ahora mismo, como no busca polémica y no está avalada por una persona mainstream como el oscarizado Michael Moore, tiene difícil llegar a mucha gente.

Y para eso está esta crítica, para decir que ambos trabajos valen mucho la pena. Juntos son unas dos horas. Dos capítulos de la serie de tu vida. Y, perdonadme, no hay ficción que supere a esta realidad donde Pablo Casado cita a Orwell sin pestañear, un tipo de barril de petróleo (los futuros de West Texas) se ha llegado a vender a - 37 dólares, es decir te pagan porque te lo lleves a casa, y Abascal hace de defensor de la causa LGTBI.

Por Juan Bordera

11 may 2020 04:37

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Varios enfermos de tuberculosis toman el sol en un sanatorio en Lakewood, Colorado, Estados Unidos, en 1925 WIKIMEDIA COMMONS/ Autor desconocido

Para frenar la propagación de la tuberculosis durante el siglo XX en países como Estados Unidos, fue clave la estrategia comunitaria de "localizar, tratar y prevenir"

 

El siglo XX fue testigo de tres grandes epidemias. La pandemia de gripe de 1918 y la pandemia de VIH de los años 80 y 90 son las que recibieron una mayor atención. Pero la tercera, la tuberculosis, fue la más mortal con diferencia y en muchos lugares del mundo la amenaza de esta enfermedad sigue vigente.

La tuberculosis nos enseña muchas lecciones sobre las estrategias que pueden contribuir a erradicar la pandemia actual, y lo que sucede cuando esas medidas ni siquiera llegan a impulsarse. Entre 1800 y 2000, la enfermedad mató a más de mil millones de personas. Aunque es causada por una bacteria en lugar de un virus, la enfermedad comparte algunas similitudes aterradoras con el coronavirus.

El patógeno que causa la tuberculosis se transmite por el aire, de persona a persona en los hogares y espacios públicos. Quienes son portadores de tuberculosis transmiten la bacteria a nuevos individuos cuando respiran. Solo la mitad de las personas con tuberculosis muestran síntomas, lo que facilita la propagación de esta enfermedad mortal. Y, como sucede con el coronavirus, los grupos de población más vulnerables, como las personas ancianas, con patología previas o que viven en la pobreza, son los más golpeados por esta dolencia.

Hace un siglo, la tuberculosis era una amenaza real y aterradora para las personas de todo el mundo. En 1906, una de cada nueve muertes en Estados Unidos fue causada por la tuberculosis –ajustado a nuestros niveles de población actuales, esto sería el equivalente a la muerte anual de 540.000 estadounidenses–. La enfermedad mató a tantas personas como el cáncer y la diabetes, causando un profundo daño en la actividad económica y social.

Sin embargo, en los años 70 del siglo pasado, las cifras de tuberculosis habían disminuido notablemente en Estados Unidos y en otros países desarrollados. ¿Cómo se logró? Estados Unidos impulsó con éxito una estrategia basada en métodos de diagnóstico, llamada "identificar, tratar y prevenir". Las innovaciones clave no fueron los medicamentos, aunque los antibióticos ayudaron a erradicar la enfermedad –el primer tratamiento efectivo con antibióticos para la tuberculosis estuvo disponible en el decenio de 1940, cuando los casos ya habían disminuido a alrededor de una quinta parte de los niveles de 1906–. Lo que marcó una gran diferencia fue una estrategia centrada en la comunidad, en la que todos los miembros participaron de forma activa para detener la propagación de la enfermedad.

El primer paso fue liberar a los enfermos de las cargas sociales y financieras. Con esto se consiguió que los infectados se hicieran pruebas y pudieran ser tratados y ayudados sin que tuvieran que ir a trabajar y, con ello, contagiaran a más personas. De hecho, hasta el día de hoy, algunos de los únicos servicios de atención médica gratuitos disponibles para todos en Estados Unidos están relacionados con la tuberculosis.

Las autoridades sanitarias de Estados Unidos fueron de puerta en puerta buscando a los enfermos y localizando a las personas que habían tenido contacto con ellos. A los pacientes se les proporcionaban comida, medicamentos y un lugar donde vivir, y también ofrecían terapias preventivas para evitar que otros enfermaran. La atención gratuita de la tuberculosis solo fue posible gracias a una financiación estable y al apoyo de la comunidad, así como a la cooperación entre gobiernos, empresarios, sindicatos, grupos religiosos y comunidades. La financiación del gobierno y una estrategia comunitaria fueron los principales avances que hicieron posible la erradicación de la tuberculosis.

 

Consecuencias de la tuberculosis en los países pobres

 

Sin embargo, en muchos países pobres que luchaban contra el pernicioso legado del colonialismo, la preocupación por el elevado coste del tratamiento triunfó sobre las abrumadoras pruebas científicas. En lugar de identificar y tratar los casos de tuberculosis en toda la población, estos países trataron sólo a las personas más enfermas e infecciosas. Centrarse en los casos más extremos tenía sentido, pero no sirvió para detener la propagación de la enfermedad entre los portadores asintomáticos.

En los países más pobres, los resultados han sido devastadores: la tuberculosis es la enfermedad infecciosa que mata a más personas adultas en todo el mundo, y sigue matando a una media de 4.000 personas al día, la mayoría pertenecientes a países en vías de desarrollo.

Comparando las diferentes maneras de abordar la enfermedad podemos extraer muchas lecciones sobre la forma correcta e incorrecta de frenar la COVID-19. Una de las principales lecciones es que las epidemias no pueden ser vencidas sólo en los hospitales. La erradicación de una enfermedad como esta tiene que hacerse desde la comunidad. Para tratar la enfermedad será necesario que primero se identifiquen los casos con test, ya sea haciéndolos masivamente a toda la población o mediante muestreo.

Hay múltiples maneras de frenar la transmisión comunitaria de la enfermedad: desde el uso de mascarillas que impiden a las personas propagar partículas portadoras de gérmenes, hasta medidas de distanciamiento físico y de autoaislamiento. También deberíamos examinar el modo en el que las tecnologías existentes, como la iluminación ultravioleta germicida y las vacunas que ya tenemos a nuestra disposición, podrían ayudar a proteger contra la transmisión de la Covid-19.

Una lección clave es que no debemos esperar a la llegada de una aplicación mágica o de una vacuna para actuar contra el coronavirus. En el caso de la tuberculosis, no se descubrió un tratamiento efectivo hasta años después de que la enfermedad ya hubiera retrocedido en los países desarrollados. Con la Covid-19 podría ser distinto: si es como otros coronavirus, los que han sido infectados podrían desarrollar anticuerpos y ser inmunes. Sin embargo, la búsqueda de una solución mágica no debería restarle valor a todas aquellas medidas que ya sabemos que funcionan para frenar el avance de la enfermedad.

La lucha contra la tuberculosis nos ha enseñado que tratar una pandemia solo en una parte del mundo no es suficiente para erradicar una enfermedad. Se estima que en la actualidad dos tercios de los casos de tuberculosis que se registran en los países ricos tienen su origen en otros países donde nunca se abordó la enfermedad de forma integral. Para terminar con una pandemia es necesario el compromiso mundial.

Pero la clave de una estrategia comunitaria exitosa no es solo la búsqueda de casos o la cuarentena, aunque ambas cosas jueguen un papel importante. Es la confianza. ¿Por qué es tan importante? En el caso de la tuberculosis, como en el de la Covid-19, más de la mitad de los portadores son asintomáticos. Si las personas no dan un paso adelante y se hacen las pruebas y siguen un tratamiento, o si no dan su consentimiento y se hacen la prueba, o si no pueden y por este motivo no quieren aislarse, el proceso de tratar la enfermedad ni siquiera llega a iniciarse.

La gente debe poder confiar en que no soportará individualmente los catastróficos gastos sanitarios derivados de la lucha contra el virus. Esto significa proporcionar apoyo en materia de vivienda y empleo a todos los que necesiten aislarse, y asegurar que las personas enfermas o aisladas no renuncien a sus salarios para hacerlo. Si los riesgos económicos y sociales del coronavirus no se comparten entre la población, el próximo rebrote de la pandemia podría ser dramáticamente peor. Sólo a través de la confianza mutua encontraremos a los infectados por coronavirus, ayudaremos a los enfermos a recuperarse y detendremos su propagación.

Garantizar que los países de todo el mundo dispongan de los recursos necesarios para aplicar una estrategia de análisis, tratamiento y prevención del virus será mucho menos costoso que los efectos de otro brote en la economía mundial. Sabemos por la historia que esta es la única manera de detener el virus en su camino.

- Salmaan Keshavjee es el director del Centro para la Prestación de Servicios de Salud Mundial de la Facultad de Medicina de Harvard. Aaron Shakow es investigador asociado en salud global y medicina social en la Facultad de Medicina de Harvard. Tom Nicholson es investigador asociado en la Escuela de Políticas Públicas de la Universidad de Duke.

 

Salmaan Keshavjee, Aaron Shakow y Tom Nicholson - Investigadores en Salud Global

10/05/2020 - 21:37h

Traducido por Emma Reverter

Publicado enInternacional
Sábado, 09 Mayo 2020 06:12

Visiones de un mundo post-Covid-19

Visiones de un mundo post-Covid-19

Mientras la mayoría de nosotros sigue en casa, el planeta continúa su proceso de calentamiento: los hielos polares se funden, los océanos se acidifican, los glaciares desaparecen y el nivel del mar aumenta. Plantas, animales y humanos continúan siendo desplazados de sus hábitats naturales. La vida sigue en nuestro invernadero climatológico, pero ahora nuestra atención se centra en una especie microbiana concreta entre un billón.

Las infecciones zoonóticas, agudizadas por un urbanismo acelerado que está acabando con las restantes tierras salvajes del planeta (y mezclando por vez primera fauna y humanidad), son un aliado sintomático del calentamiento global. La pandemia de Covid-19 es la última manifestación de “La Gran Aceleración”, la era de expansión sin precedentes de la humanidad que se inició tras la Segunda Guerra Mundial y ha continuado este siglo, propulsada por las nuevas tecnologías y una utilización tremendamente generalizada de la energía fósil. Ahora, como consecuencia de la globalización, las infecciones se propagan con rapidez a través de aerolíneas que queman queroseno y barcos de crucero y buques de mercancías que queman gasóleo potenciados por el comercio global y las rutas turísticas.

Acostumbrados a los incendios, las inundaciones, la sequía, las temperaturas extremas, las malas cosechas, la desertificación y la mayor incidencia de huracanes y tormentas, bien por experiencia directa o, más a menudo, por los informativos, la relación entre la quema de combustibles fósiles y el calentamiento global ha penetrado por fin en la conciencia humana, aunque algunos individuos continúen negando su existencia. Ahora es el momento de que esa conciencia se amplíe para incluir las conexiones entre los combustibles fósiles y las pandemias virales.

Desde que empezaron a utilizarse modelos climáticos informatizados, a mitad de la década de los 70, es científicamente irrefutable que el aumento de los niveles de CO2 está calentando el planeta de un modo que amenaza la vida. Durante ese periodo de casi cincuenta años, como individuos, comunidades, naciones y organizaciones internacionales, hemos permanecido de brazos cruzados. Las acciones para su mitigación han brillado por su ausencia, y el vacío solo se ha visto interrumpido por promesas incumplidas, traiciones, fútiles artimañas burocráticas y la negación absoluta de la necesidad de llevar a cabo dichas acciones.

Esta primavera ha tenido lugar otra vuelta de tuerca en esta saga descorazonadora y agobiante. Mientras, por necesidad, permanecemos en casa, habituados a décadas de caminar sonámbulos hacia el apocalipsis climático, los cielos se han limpiado, el precio del barril de petróleo ha caído hasta niveles negativos (ha repuntado hasta los 20 dólares cuando escribo este artículo) y se prevé una reducción global del 8 por ciento en las emisiones de carbono para este año. Como en un sueño, hemos comprobado de manera directa las consecuencias de nuestro consumo desaforado de combustibles fósiles. Desde el punto de vista del calentamiento global, nuestro aislamiento social ha sido enormemente eficaz: los perniciosos hábitos de explotación, extracción y destrucción de hábitats, necesarios para mantener el crecimiento de la economía, han quedado en suspenso. Se ha abierto la puerta a la posibilidad de un mundo menos contaminado, con menos viajes, con menos calentamiento acelerado, aunque también ha quedado de manifiesto la imperecedera vulnerabilidad humana ante las enfermedades virales.

Si bien es cierto que la pandemia global ha puesto en peligro la vida de todos nosotros, los grupos más vulnerables son los ancianos, los enfermos, los obesos, los que tienen problemas económicos, viviendas inadecuadas o carecen de vivienda, las minorías, las personas recluidas y todos aquellos que viven en tierras gobernadas por ineptos y corruptos. En todo el mundo, las comunidades de primera línea que sufren los impactos “primeros y peores” del calentamiento global son también las más devastadas por el Covid-19. Sin embargo, desde un punto de vista biológico, el virus del SARS-CoV-2 no ejerce ningún tipo de discriminación a la hora de propagarse. La riqueza y las circunstancias solo pueden ofrecer ciertos niveles de protección. Como puede comprobarse por las necrológicas diarias, ninguno de nosotros está a salvo. A pesar de todos aquellos expuestos a un nivel máximo de riesgo debido a la desigualad de sus vidas, nuestra humanidad común queda de manifiesto por la vulnerabilidad que compartimos frente a este virus mutado procedente de un murciélago.

Recapitulemos: la respuesta de la sociedad ante la pandemia ha ralentizado el ritmo frenético de la actividad económica, en gran parte impulsada por el bono energético “de un solo uso” de la biomasa fósil extraída del subsuelo iniciada a mitad el siglo XIX pero acelerada en un frenesí sin precedente desde la década de los 50. Este alivio ha moderado las consecuencias climatológicas no deseadas de una atmósfera cargada de carbono. La riqueza propiciada por el capital procedente del petróleo ha sido distribuida de un modo tremendamente desigual. Ha caído en manos de los ricos (que ya lo eran anteriormente gracias a la posesión de tierras, herencias y –en EE.UU. y socios comerciales– por la esclavitud) y ha agravado las tremendas desigualdades de poder, recursos y bienestar institucionalizadas en su origen en las sociedades feudales y posteriormente extendidas por todo el mundo mediante el proceso de colonización y conquista.

El subtexto del calentamiento global queda así en evidencia como el desfase cada vez mayor entre los obscenamente ricos y los pobres que crea como una metástasis. La presente intervención microbiana ha resultado ser un punto de inflexión tanto en el calentamiento global como en la disparidad de riqueza. Cuando todavía estamos envueltos en la crisálida del aislamiento social y pasmados por el súbito parón de la actividad económica, es momento de reflexionar sobre la forma que asumirá la sociedad cuando se recobre de estos cambios sin precedente. Jason Moore, en su libro Capitalism in the Web of Life (2015), escribe que “las civilizaciones no se crean mediante acontecimientos tipo Big Bang, sino que emergen a partir de una serie de transformaciones y bifurcaciones en cascada de la actividad humana…” Sugiere también que el capitalismo “…emergió del caos producido por la crisis histórica de la civilización feudal originada por la “peste negra” (1347-1353)”. ¿Qué nacerá tras la pandemia del Covid-19?

En general, dos son las visiones más habituales. La primera sería favorable a un retorno del statu quo anterior, una restauración de los antiguos males que continúen beneficiando a una pequeña minoría confiada en su habilidad para aguantar el cataclismo climático venidero y escapar de las próximas plagas. La otra observa el potencial de las “transformaciones en cascada” que podrían posibilitar una mayor igualdad, más oportunidades y un mayor bienestar para la mayoría de personas en un mundo que renuncie a los combustibles fósiles, modere los impactos del calentamiento global y abandone su feroz destrucción de hábitats y su concomitante exposición a nuevas enfermedades zoonóticas. La historia reciente nos indica que la primera de las visiones será la que prevalezca. El momento de claridad y conciencia respecto al clima pasará y los progresistas continuarán frotándose las manos, eso sí, ahora cuidadosamente lavadas.

Probablemente Estados Unidos y otros países del primer mundo reactivarán sus economías siguiendo el modelo empleado para rescatar a la banca en 2008, tras el crack causado por el colapso de los créditos hipotecarios subprime. Se revitalizarán las viejas industrias pesadas dependientes de los combustibles fósiles, se resucitará a las aerolíneas, se dará un empujón a la agroganadería industrial, se salvará de la bancarrota al sector del automóvil, se revivificará a la industria petrolera y se alumbrará una nueva era de desregulación, todo ello con la justificación de la crisis económica.

George Monbiet, en su columna semanal sobre medio ambiente en el Guardian señala:

“Esta es nuestra segunda oportunidad para hacer las cosas de otro modo. La primera, en 2008, fue espectacularmente malgastada. Se destinó una ingente cantidad de dinero público a reconstruir la vieja y sucia economía al tiempo que se aseguraba que la riqueza siguiera en manos de los ricos. Actualmente muchos gobiernos parecen decididos a repetir el mismo error catastrófico”.

En Estados Unidos tenemos claro que Trump mantendrá a flote la economía zombi con ingentes cantidades de dinero público y celebrará el mínimo destello de vida a medida que recupere sus hábitos de crecimiento y de contaminación y continúe con la propaganda que nutre nuestra búsqueda de identidad y sentido social mediante el consumo. El Club de Roma, el distinguido grupo de expertos internacional que publicó en 1972 su informe seminal, Los límites del crecimiento, sugiere una alternativa:

“El Covid-19 nos ha enseñado que es posible realizar cambios transformativos de la noche a la mañana. De repente está naciendo un mundo diferente, una economía diferente. Se trata de una oportunidad sin precedente para abandonar el crecimiento ilimitado a cualquier coste y la vieja economía de los combustibles fósiles y lograr un equilibrio duradero entre las personas, la prosperidad y nuestros límites planetarios”.

En Países Bajos, más de setenta académicos han firmado el documento “Cinco propuestas para un modelo de desarrollo post-Covid-19”. La web de la Universidad de Leiden, donde se originó dicho documento, está de momento desconectada, puede que haya sido hackeada o que haya sufrido una sobrecarga. Su primera propuesta hacía un llamamiento para alejarnos del crecimiento centrado en el PIB agregado y sugería que debería aplicarse un decrecimiento de los sectores extractivos y publicitarios, al tiempo que se estimulaba un crecimiento en los sectores de salud, educación y energías limpias. La segunda recomendaba la implantación de una renta básica universal financiada con un sistema tributario progresivo, además de reparto del trabajo y una reducción de la semana laboral. La tercera propuesta es una transformación regenerativa de la agricultura, la producción local de alimentos y salarios justos para los obreros agrícolas. La cuarta se centra en la necesidad de reducir los viajes y el consumo despreocupado, y su quinta propuesta es el perdón de la deuda a estudiantes, trabajadores, pequeños empresarios y a las naciones empobrecidas del Sur global.

La típica lista de deseos de la agenda progresista satisfaría de hecho el llamamiento del Club de Roma a “un equilibrio duradero entre las personas, la prosperidad y nuestros límites planetarios”. El crecimiento ilimitado solo puede terminar en lágrimas, pero nuestros dirigentes son adictos a un modelo económico expansionista que sigue dependiendo de los combustibles fósiles. Las circunstancias extraordinarias de esta pausa global mientras el SARS-CoV-19-2 campa a sus anchas por el planeta nos ha proporcionado, entre las terribles realidades de la enfermedad y la muerte, la visión momentánea de un mundo más sensato, más sano y más fresco.

Por John Davies | 09/05/2020  

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Fuente: https://www.counterpunch.org/2020/05/08/visions-of-a-post-covid-19-world/

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La pobreza golpeará a la mitad de la humanidad

Las proyecciones estadísticas más pesimistas van quedándose cortas ante la dimensión de la crisis. Desempleo, desinformación y pobreza aparecen como algunas de las piezas de un rompecabezas todavía no armado, pero con efectos directos y colaterales devastadores. La mitad de los empleos en la escala mundial se ven amenazados

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El «privilegio» del empleo

 

En el mundo, 1.600 millones de los 2.000 millones de trabajadores de la economía informal se ven afectados por las medidas de confinamiento y de contención. La mayoría trabaja en los sectores más afectados o en pequeñas unidades económicas más vulnerables a las crisis, según un informe publicado el 7 de mayo por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Estos incluyen a los trabajadores en los servicios de hostelería y restauración, la industria manufacturera, la venta al por mayor y al por menor, y los más de 500 millones de agricultores que abastecen los mercados urbanos. Las mujeres se ven especialmente afectadas en los sectores de alto riesgo, destaca el informe.

Por otra parte, la caída constante de las horas de trabajo a nivel mundial a causa del COVID-19 significa que 1.600 millones de trabajadores de la economía informal, esto es, casi la mitad de la población activa mundial, “corre peligro inminente de ver desaparecer sus fuentes de sustento”, señalaba la OIT en su 3er documento analítico de fines de abril.

Entre su primer informe sobre el COVID-19 y el mundo del trabajo publicado el 18 de marzo pasado y las estimaciones actualizadas difundidas a fines de abril la OIT cambió su punto de referencia. Ya no se trata de comparar la actual crisis con el terremoto financiero del 2008, sino con los estragos resultantes de la Segunda Guerra Mundial.

El 81% de la fuerza de trabajo – más de 2.700 millones de trabajadoras y trabajadores- padecía desempleo total o parcial a fines de abril. Y de continuar esta tendencia, en el segundo semestre del año en curso la reducción del empleo golpeará a 305 millones de trabajadoras y trabajadores a tiempo completo, teniendo como referencia una jornada laboral de 48 horas semanales.

En el estudio actualizado de la OIT (https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_743056/lang–es/index.htm) la alarma suena con respecto a los trabajadores de la economía informal, que representan en su totalidad, unos 2.000 millones de personas, la mayoría en países emergentes y en desarrollo de ingreso bajo y mediano.  Con el agravante que, en general, carecen de protección básica, de cobertura de seguridad social, de atención médica y, en caso de enfermedad, de sustitución de ingresos.

La crisis económica provocada por la pandemia ha dado una estocada contundente a la capacidad de ganar el sustento de casi 1.600 millones de trabajadora-es de la economía informal – el sector más vulnerable-, de un total de 2.000 millones a nivel mundial, y de una fuerza de trabajo de 3.300 millones de personas a escala planetaria. Las medidas de confinamiento y/o el hecho de que esas personas trabajan en alguno de los sectores más golpeados por la crisis, determinan esta dramática situación.

India, con 400 millones de trabajadores informales, Nigeria, Brasil, Indonesia, Pakistán y Vietnam, se encuentran entre las naciones que por concentración demográfica más sufrirán el impacto. Sin embargo, regiones enteras, como Centroamérica, o la América andina, dependen en gran medida de las actividades informales. Las que tienen, también, una fuerte incidencia en las concentraciones urbanas latinoamericanas, desde Buenos Aires hasta la Ciudad de México, pasando por Bogotá, Caracas, Lima o La Paz.

La pandemia desinformativa

Beber alcohol fuerte, comer gran cantidad de ajo, bañarse con agua casi hirviente, ingerir medicamentos caseros… Miles de informaciones falsas sobre el COVID-19 explotan en internet, en las redes sociales y en las plataformas de comunicación.

«La información falsa y poco fiable pone en riesgo muchas vidas”, señala la Organización Mundial de la Salud. Con los Consejos para la población acerca de los rumores sobre el nuevo coronavirus 2019-nCoV, (https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/myth-busters) intentó salir al cruce de creencias, desinformaciones o métodos “caseros”, que se presentan como eficaces para contrarrestar el virus. Con el agravante, además, de que detrás de muchas desinformaciones se expande el comercio creciente de medicamentos falsificados o adulterados.

Ya en la segunda quincena de marzo la Federación Internacional de Periodistas (FIP) que nuclea a 600.000 trabajadores del sector había advertido sobre la necesidad que “periodistas y medios informen sobre hechos y con fuentes fiables, sin especulación alguna…” Y convocaba a autoridades públicas e instituciones médicas a suministrar “información puntual y transparente”. Fue la misma FIP quien en la segunda semana de abril condenó los ataques sistemáticos del presidente brasilero Jair Bolsonaro a periodistas de su país. Un estudio al que hace referencia la central sindical mundial con sede en Bruselas contabiliza más de 140 ataques de este tipo, en los últimos tres meses, en torno a la cobertura informativa de la pandemia.

Futuro dramático

Si la explosión desbocada del desempleo y la problemática de la desinformación acompañan la nueva coyuntura pandémica mundial el tema de la deuda externa se convierte en agenda crucial de países y regiones.

No solo la antigua, acumulada y pendiente. Sino también la nueva, que muchos Estados contraerán para hacer frente a la crisis de sobrevivencia. Fue uno de los temas cruciales, por ejemplo, del debate interno de la misma Unión Europea durante las últimas semanas y aún pendiente de resolución.

Un grupo de 60 organismos y agencias de las Naciones Unidas, llamaron el pasado 10 de abril a los gobiernos a abordar la actual recesión y su repercusión en las naciones más empobrecidas del planeta. Según las instituciones onusianas miles de millones de personas viven en países al borde del colapso económico debido a la combinación explosiva de los “problemas financieros impulsados por la pandemia del COVID-19, pesadas obligaciones de deuda y un descenso de la ayuda oficial al desarrollo”, subraya el documento del Grupo de Trabajo Interinstitucional sobre Financiación para el Desarrollo.

Actores de primer orden de la sociedad civil internacional subrayan, también, el riesgo de que a causa de la pandemia más de 500 millones de personas, adicionalmente, caigan en la pobreza.  Así lo señala Oxfam internacional en su último informe Elijamos dignidad, no indigencia (https://www.oxfam.org/es/informes/elijamos-dignidad-no-indigencia), que fue difundido en abril pasado.

La magnitud de esta crisis, según la ONG internacional, excede toda proyección racional. “Podría suponer un retroceso de una década en la lucha contra la pobreza y de hasta 30 años en algunas regiones como África subsahariana, Oriente Próximo y el Norte de África. Más de la mitad de la población mundial podría vivir en condiciones de pobreza tras la pandemia”.

Oxfam exige a los organismos internacionales (incluidos al FMI y al Banco Mundial que tuvieron su reunión de primavera el tercer fin de semana de abril) “cancelar inmediatamente el pago de la deuda en 2020 y alentar a otros acreedores que hagan los mismo…” Y recomienda “… acordar la inmediata inyección de dinero en los países de desarrollo para ayudarles a rescatar a las comunidades en situación de pobreza y vulnerabilidad”.

Pronósticos, estadísticas, proyecciones, cada día peores, cada semana más dramática. En solo algo más de cuatro meses, la Tierra parece ser otro planeta y la humanidad no termina de agotar su capacidad de asombro.

Por Sergio Ferrari desde la ONU, Ginebra, Suiza

09/05/2020

Publicado enEconomía