Viernes, 01 Febrero 2019 06:46

Una recorrida por Caracas

Una recorrida por Caracas

En Caracas se ve movimiento intenso de gente, automóviles, colectivos y motos que se hacen escuchar. Hay precios altos y especulaciones. Las cajas CLAP garantizan la subsistencia de una familia por un precio casi simbólico.

La oposición al gobierno de Nicolás Maduro tiene como uno de sus caballitos de batalla la tan mentada crisis humanitaria. Sostiene que existe una alarmante falta de alimentos y de medicamentos, entre otros. Sin embargo, un recorrido por las principales avenidas de la capital venezolana muestra un imagen que está lejos del escenario que plantean los opositores. Movimiento intenso de gente, automóviles, colectivos y motos, muchas motos hacen de Caracas una capital ruidosa. Los supermercados muestran sus góndolas completas y en las farmacias, algunas ya transformadas en esa especie de boutique donde se consigue de todo, también hay medicamentos. El problema está en los precios, muchos de los cuales son extremadamente altos, fruto de la especulación propia del comerciante que está pegada como una rémora al proceso inflacionario que se retroalimentan entre sí sin solución de continuidad. Sin embargo, Irimaira, una mujer de unos setenta y pico de años, asegura a PáginaI12 que la gente vive, viste y se alimenta porque está “la magia” del venezolano pero también por la fuerte presencia del Estado que ha logrado amainar los embates especulativos y el bloqueo económico que vive el país.


“Por suerte está Nicolás que es el hijo de Chávez, tú sabes”, dice Irimaira desnudando sus preferencias políticas. Camina lento por la avenida Urdaneta, una de las principales vías de comunicación de Caracas, hacia una de las sede de lo que se conoce como Comité Local de Abastecimiento y Producción (Clap), una suerte de caja que contiene alimentos para que una familia se sostenga durante unos 25 días. La CLAP se compra por unos 150 bolívares soberanos, un valor prácticamente simbólico si se considera que un kilo de azúcar se vende en la calle a 2500 bolívares. La caja contiene dos kilos de harina de maíz, dos kilos de caraotas (frijol) negras, un kilo de lenteja, tres kilos de arroz, dos kilos de fideos, un kilo de azúcar, un litro de aceite, cuatro latas de atún, salsa de tomate, mayonesa y un kilo de leche en polvo. Todo eso debe durar unos 25 días para una familia. En la casa de Irimaira hay tres cajas porque allí viven sus dos hijos con sus respectivas familias. “Vivimos, claro que vivimos con la Clap”, dice la mujer que además suma el dinero de los trabajos de sus hijos y un yerno. Reconoce que la situación está difícil pero afirma que “no es culpa de Nicolás”, así llama al presidente, y señala a la oposición como la responsable de los males que vive Venezuela. Cuando se le pregunta si el gobierno no tiene una cuota de responsabilidad ella sonríe. “Nicolás sigue los pasos del comandante Chávez, se puede equivocar pero, coño, es humano. Acá el peo (problema) lo hacen los del Este y el señor Trump”, afirma. ¿Pero qué es la magia a la que hizo referencia al principio? Irimaira sostiene que la magia está en las diferentes formas de ahorrar, de gastar en lo indispensable, de no derrochar y “agradecer a Dios que nos dio al gran mago que fue el comandante Chávez”.


En Caracas también hay supermercados chinos. Una mujer recorre las góndolas y se detiene frente a una caja de 15 huevos. La caja tiene escrito a mano el precio: cinco mil bolívares. Duda y mira su celular. De repente una llamada salvadora porque desde el otro lado de la línea le dicen que encontraron la misma caja a 4200. La mujer dice que está siempre comunicada con su hija y se pasan datos de dónde comprar. Es parte de la magia que decía antes Irimaira pero esta mujer no cree en eso y mucho menos en las bondades del gobierno. Isabel es opositora aunque reconoce que no participa en las marchas y acciones de la oposición porque “no les creo nada”. Es lo que acá denominan una “ni-ni”. Claro que compra las caja CLAP “a pesar de que vengan de Turquía”, dice como refunfuñando. En su casa compran dos porque su hija y su nieto viven con ella. A pesar de la molestia que le genera hablar del gobierno reconoce que las CLAP lograron resolver el momento de desasosiego que se vivió en 2016 cuando las empresas de alimentos y las grandes cadenas prácticamente boicoteaban la economía venezolana. Estas cajas resolvieron ese momento de crisis que todavía hoy la oposición afirma que continúa. La crítica, como la que hizo Isabel, es que las cajas contienen muchos alimentos importados como si fuera una novedad cuando Venezuela importa gracias al petróleo y eso es sinónimo de Pdvsa.


Ayer, las avenidas de Caracas fueron la ruta de una gran movilización de los trabajadores de la petrolera estatal que concluyó frente al Palacio de Miraflores. La empresa fue objetivo de sanciones que aplicó el gobierno de los Estados Unidos contra Venezuela. El petróleo es la principal fuente de la riqueza, ahora y desde siempre, y es lo que le permite al gobierno financiar, por ejemplo, los programas sociales. En ese contexto los trabajadores salieron a la calle a repudiar la medida de la administración de Donald Trump. Edynnsonn, con cuatro enes, enfundado en una camisa roja y Pdvsa bordado en el bolsillo, aseguró que marcha “por la soberanía de Venezuela y por la no injerencia en nuestra patria de los gringos”.

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Códigos, protocolos, y redes para la libertad

Internet*, en sus orígenes, amplió nuestra capacidad para comunicarnos y acceder a información a una escala global. Pero ahora la Red está controlada de forma masiva, centralizada y jerárquica. Los beneficios y el conocimiento que se extraen de nuestras comunicaciones se concentran en pocas empresas. Lo han logrado cerrando y privatizando el código informático, que antes era abierto y libre.


[No hacemos diferencia entre la Red de redes (WWW) e Internet, porque la mayoría de la gente las identifica. La WWW (World Wide Web) es un conjunto de protocolos que permite consultar páginas web y archivos. Internet es su medio de transmisión: un conjunto de redes de comunicación que utilizan protocolos TCP/IP que garantizan que las diferentes redes funcionen como una red única.]


La aparente complejidad tecnológica intimida a la población. Resulta increíble que usemos tantos aparatos digitales y desde hace tanto tiempo desconociendo el código, el protocolo informático y la arquitectura de las redes. Sirven para filtrar y sesgar los flujos comunicativos de las verdaderas redes sociales. Las formatean para que difundan publicidad. Interfieren en ellas por la configuración por defecto de las herramientas. Y realizan funciones que no hemos autorizado, no deseamos ni necesitamos.


Los programas informáticos realizan muchas tareas “invisibles”. Mientras tecleo, el procesador de texto guarda copias con mis metadatos (que me identifican), recuerda las palabras que uso, me sugiere otras … A veces pone puntos y mayúsculas, guiones y espacios donde no quiero. Pensemos, entonces, lo que las empresas pueden hacer si usan código cerrado (que no podemos conocer ni alterar).


Si delegamos en una empresa la tarea de tejer nuestras redes, le transferimos un poder enorme: impone su código o lenguaje. Y, además, su protocolo: las reglas y normas que permiten que varias personas o máquinas se comuniquen entre sí. Darle a la industria la capacidad de configurar nuestras redes sociales es como dejarle al jefe decidir si nos casamos. Si somos mujer, está claro que intentará disuadirnos para no pagar una baja de maternidad.


En la mayoría de las culturas, la red social más fuerte es la familia. Su importancia se manifiesta con un código y un protocolo bien estipulados. Hasta hace poco, una red familiar nacía del nodo de un matrimonio, firmado con el código heterosexual (hombre-mujer). La gente se casaba siguiendo el protocolo del noviazgo formal y la petición de mano a los padres de la novia. Y acababa en la boda con el cura, que cerraba el protocolo aplicando el código patriarcal (el padre-macho manda).


Además del código y del protocolo, la arquitectura de una red informática concentra o distribuye poder. Una familia tradicional puede dibujarse como una red centralizada. Todo pasa por el nodo central, que hace y deshace a su antojo. El padre controla los flujos de información. El resto de miembros, aunque hablen a sus espaldas, acata su palabra. La última decisión es suya o, en su ausencia, de la madre viuda. Si los progenitores mueren, puede producirse una desconexión de los otros nodos; por ejemplo, los hijos se dejan de hablar por la herencia. La familia tradicional encaja en el esquema de las redes centralizadas como Facebook. El Padre o Hermano Mayor ocupa el centro en ellas.


Frente a las redes centralizadas, pueden construirse redes distribuidas. El control pasa a todos los nodos conectados. Ninguno puede interrumpir la comunicación del resto. Están conectados entre sí y en pie de igualdad. No hay jerarquías sino horizontalidad. Era la arquitectura de la Internet originaria, que desapareció al ser conquistada por los estados y las empresas. Las corporaciones cerraron el código, impusieron el protocolo publicitario y privatizaron nuestra información.


El código patriarcal estaba claro. Se aprendía en la familia, la escuela y la parroquia. Después, también se aplicaba en el juzgado. Conociéndolo, podías seguirlo o saltártelo, sabiendo las consecuencias de esas decisiones. Pero era un código cerrado y no libre. No se podía cambiar ni adaptar. O lo acatabas o te quedabas “solo”; es decir, soltero o solterona, que sonaba peor.


Otras formas de amor han abierto el código y el protocolo del matrimonio. Lo hackearon, modificándolo para expresar otros afectos y formar nuevas unidades familiares. Al “abrirlo” permitieron que otras personas lo usaran para tejer matrimonios no heterosexuales. Y redes familiares menos dependientes del nodo central. En Internet ha ocurrido lo contrario: del amor libre entre iguales hemos pasado al matrimonio de conveniencia. Si no estás en las redes, no ligas. Y si ligas, será con códigos y protocolos publicitarios: vendiendo y comprando afectos en el mercado de “megustas”.


Cuando, además de abierto, el código informático es libre puede usarse, modificarse y distribuirse gratis. La potencia que desata tiene consecuencias inimaginables e impredecibles. Ya no digamos si lo adoptan los sectores sociales más dinámicos y jóvenes. El movimiento de los Indignados o 15M cobró fuerza en la red N-1. Era la aplicación libre y en abierto de Diáspora, una plataforma que habían programado tres estudiantes norteamericanos como proyecto de fin de carrera. Querían competir con Facebook. La diseñaron para que cualquier usuario controlase en todo momento qué información compartía y con quién. Fomentaba grupos de afinidad con objetivos colectivos y más allá de la Red.


El Partido X, surgido del 15M, pretendía transplantar su código a las instituciones. Intentó hackearlas: abrirlas para acabar con la corrupción y liberarlas, ponerlas al alcance de la mayoría social para que pudiese participar activamente en las cuestiones públicas.


Siendo vitales para el arranque y la ideología del 15M, las herramientas libres perdieron fuelle cuando el movimiento abrió cuentas en Facebook y Twitter. Ciertos portavoces centralizaron la comunicación. Las jerarquías tomaron cuerpo cuando los indignados relegaron el objetivo de coordinarse y se centraron en hacerse visibles. Pusieron su energía en las grandes redes, porque reunían muchos usuarios. El coste que pagaron fue que los activistas más dispuestos a trabajar a pie de calle perdieron peso.


Los ciberactivistas saben que necesitan redes propias. Como dicen en las escuelas de negocios: “nunca construyas tu casa en la tierra de otro”. O como sabe cualquier empresario: “cuando montas el negocio en torno a Facebook, en última instancia trabajas para Facebook, no en tu empresa”. El activista Shaun King, de Black Lives Matter (Las vidas negras importan, contra la violencia policial racista) vio bloqueada su cuenta en Facebook en 2016. Publicó correos que había recibido con insultos xenófobos. Y creyeron que él era el autor.
King escribió indignado:
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“No cerraron mi página de Facebook. Cerraron su página de Facebook, la que a mí me dejan usar… Esto que tardó diez años en construir, esta comunidad de más de 800.000 personas… Pensar que apretando solo un botón se puede cerrar todo eso deja un sentimiento extraño”.
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La extrañeza responde a que el código que uno creía que daba libertad se ha cerrado tanto que ya no está en manos de quien la ejerce. Las cuentas, los mensajes que compartimos y nuestros contactos son propiedad privada de las redes. Y solo entienden el protocolo publicitario.


Los algoritmos censuran contenidos que espantan a usuarios. El cierre automático presuponía que la cuenta de S. King pertenecía a un racista. La plataforma no concibe que la xenofobia se combata poniéndola en evidencia. Exponiendo que rezuma ignorancia e inseguridad. Apenas disimuladas con odio y violencia. Los protocolos publicitarios solo conciben mensajes que buscan aceptación y adeptos. Y lo peor es que podemos acabar usando las redes así. De modo inconsciente, constante y sin otro objetivo que el autobombo. Entonces, en lugar de darnos poder, nos debilitan.


*La semana pasada poníamos el foco en el contro al que nos vemos sometidos por el uso de nuestros datos que realizan los estados y las corporaciones. En este capítulo, apuntamos hacia ejemplos de todo lo contrario, en los que la tecnología se ha utilizado con propósitos emancipadores. Continuamos el debate en n/vuestra web.
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Por Víctor Sampedro
Texto original: Víctor Sampedro

Edición y actualización: Pedro Fernández de Castro

Ilustraciones: Raúl Arias

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Jueves, 31 Enero 2019 06:06

El presidente 2.0

El presidente 2.0

Desde Caracas. El 30 de enero fue la confirmación del terreno inédito en el cual se encuentra Venezuela: cámaras de todo el mundo en busca del “presidente interino Guaidó”, una ciudad que debía desbordar de apoyo para hacer valer su deseo de que el “nuevo presidente” esté donde deba estar, es decir, en el Palacio de Miraflores. La realidad fue nuevamente desconcertante para quienes sostienen esa idea, fueron puñados –literalmente– de manifestantes, y una aparición escueta de Guaidó rodeado de unas cincuenta personas. Los periodistas de los grandes medios se miraban sin entender. 

¿Eso es todo? Solo pudieron realizar planos cortos.


En cambió Guaidó escribió en su Twitter: “Hoy #30Ene los venezolanos salimos nuevamente a alzar nuestra voz, a reencontrarnos en las calles y demostrar que podemos cambiar el país”. Más temprano había agradecido la llamada que le había realizado Donald Trump, quien, a su vez, había tuiteado para celebrar la movilización masiva de ayer.


La distancia entre la construcción internacional, de redes sociales, con lo que se vive en el país es inmensa. No sucede lo que debería suceder pasada una semana de la autoproclamación. Guaidó sigue sin territorio, sin poder mandar sobre nadie, sin ser reconocido internamente ni despertar el apoyo que debería, y más cerca del ridículo que del poder. La expresión venezolana para calificarlo sería “pote de humo”.


Sin embargo, este mismo 30 de enero el Parlamento Europeo avanzó en su desconocimiento de Nicolás Maduro, al afirmar a través de Antonio Tajani, que Guaidó pasó a ser “el único interlocutor”, y que a partir de hoy será reconocido como presidente. Junto a eso los salones diplomáticos continuaron su avance golpista, con la reunión de Julio Borges, diputado prófugo, con varios senadores en Estados Unidos. Borges asumirá la representación del “gobierno de Guaidó” ante el Grupo de Lima.


El destiempo se agranda. Cualquier persona que recorra Caracas con sentido común y honestidad no podría afirmar que está en un país quebrado donde una parte ha decidido avanzar en nombrar un nuevo presidente, y que ese gobierno tiene pie en alguna parte.


Esta situación indica dos puntos centrales. En primer lugar, corrobora que la construcción de Guaidó ha sido armada desde el inicio desde el exterior a través de una potente operación comunicacional y política. No se deben buscar respuestas, por ahora, en el plano nacional para comprender qué está por venir. Los pocos anuncios que ha hecho Guaidó han sido para lo internacional: nombrar representantes en diferentes países, recibir llamados desde los Estados Unidos, anunciar que se preparan para hacer ingresar la ayuda humanitaria.


Esto significa que el plan, y las hipótesis de lo que pueda estar por venir deben buscarse en los pasillos de la Casa Blanca. Cada día refuerza más esa tesis. La decisión y la conducción están afuera. ¿Cómo llegó la derecha a esta situación? Sería necesario realizar un análisis de los últimos años, su cúmulo de fracasos políticos, así como matrices político/culturales que provienen de décadas y siglos. Por otro lado, analizar la política actual de los EE.UU. respecto de América latina, su necesidad de construir un control sin fisuras con gobiernos como el de Mauricio Macri o Iván Duque, en un contexto de disputas geopolíticas que tienen su correlato en el continente, centralmente en las inversiones. En segundo lugar, que el cuadro nacional presenta una alta inestabilidad. El enfriamiento de la calle que siguió al 23 de enero no significa que no puedan retomar una serie de acciones. Lo más probable es que lo hagan cuando llegue la orden. Será a través de dos dimensiones.


Uno, a través de su base social más activa, con la cual la derecha mantiene un pacto peligroso: solo logra convocarla para acciones que impliquen sacar a Nicolás Maduro del Palacio de Miraflores. Lo demás genera silbidos, rechazos, falta de participación. Han creado un apoyo que solo responde a los llamados golpistas. Lo saben, y es parte la negociación que tiene Guaidó con su la expectativa que ha creado y las lógicas construidas durante años.


Dos, a través de la activación de los grupos armados en los barrios populares. Según las investigaciones realizadas en los mismos territorios y las fuentes oficiales, se sabe que el precio por persona por noche para salir a armar un foco de violencia es de 30 dólares. Eso en el caso de las zonas donde se trata de generar un apoyo popular, un levantamiento que hasta el momento no se ha dado en ningún sitio, y explotar las pocas imágenes con una gran capacidad a través de las redes sociales. Un foco breve convertido en tendencia de Twitter tiene un alto impacto en la base social que busca convocar Guaidó.


En cambio, en otros territorios, donde el objetivo fue confrontar de manera armada con las fuerzas de seguridad del Estado –con granadas, armas cortas y largas– el precio fue aproximadamente 50 mil dólares, repartidos luego al interior de la banda contratada.


Esos escenarios podrían regresar en el momento en que la derecha plantee activarlos –no significa que tengan éxito–. La violencia es parte integral del esquema de asedio y asalto. Para comprender cómo la calibran parece necesario enlazarlas con los tiempos planteados para lograr el objetivo. El peligro de la derecha puede ser desgastar a su base social, a la vez que puede serlo un enfriamiento producto de la falta de llamados claros y de una inconsistencia sostenida de Guaidó si continúa sin tener nada nuevo que decir.


En ese contexto resulta contrastante la posición conjunta de los gobiernos de México y Uruguay que decidieron convocar a una reunión internacional para el 7 de febrero para abordar el tema Venezuela. El diálogo parece ser la única manera de desactivar la situación explosiva que está en pleno elevamiento, con la complicidad activa de gobiernos, grandes medios de comunicación y fuerzas subterráneas. ¿Si no qué? Maduro no renunciará. ¿La guerra abierta con mercenarios paramilitares?


Quienes conducen el conflicto contra Venezuela se acercan a límites peligrosos. Guaidó, el primer presidente 2.0, una ficción real, parece un peón en un esquema que lo ha puesto en ese lugar.


 La concentración antichavista fue mucho menor de lo previsto

Una protesta escuálida


La plaza Altamira, bastión opositor, congregó a un millar de manifestantes. Guaidó se dejó ver en el Hospital de la Universidad Central.

Por Felipe Yapur

Desde Caracas


La protesta o el plantón, como lo definen en Venezuela, convocada por el autodenominado presidente interino, Juan Guaidó, fue escasa y escuálida pero sobre todo circunscripta a los barrios del este de Caracas donde residen las clases más favorecidas de la sociedad venezolana. Guaidó se dejó ver en el Hospital de la Universidad Central donde estuvo rodeado por poco menos de un centenar de estudiantes y algunos profesores de medicina. La intención era señalar que en ese espacio se concentrará la denominada ayuda humanitaria que, según Guaidó, se concretará “en semanas”. Mientras tanto, el chavismo convocó para el próximo sábado a una gran movilización a realizarse en las avenidas principales del centro de Caracas. Ese día, la oposición realizará otra protesta.


La plaza Altamira, la zona cero de los opositores, congregó a casi un millar de manifestantes. La inmensa mayoría eran miembros de las clases privilegiadas de la sociedad caraqueña. Se notaba y mucho porque entre ellos se movía un pequeño grupo de jovencitos con sus ropas raídas y con los rostros cubiertos. Son los que los partidos de la oposición contratan para que realicen la tarea pesada de las protestas que se traduce en un protagonismo violento a la hora de la refriega con las fuerzas de seguridad. En esta oportunidad esos sucesos violentos no se concretaron. Según fuentes de los organismos de seguridad, estos muchachos cobran un jornal que oscila entre los 10 y 30 dólares según el tipo de manifestación. La suma máxima está destinada a esas jornadas de protesta que se extienden hasta la noche.


En uno de los plantones, frente a uno de los grandes edificios de la zona, está Sandra Pedraza, contadora pública y consultora gerencial. Afirma que está participando porque “es nuestro país y nos pertenece” y asegura que debe finalizar la presencia de cubanos que, según ella, “explotan y expropian el país”. La mujer, que seca el sudor de su frente con ahínco fruto del calor del mediodía y la alta humedad, sostiene que se ha logrado la unidad necesaria alrededor de Guaidó, a quien define como “un ingeniero serio, joven y con una familia hermosa”.


Cuando se le consulta sobre cuál debe ser la salida a la crisis política no duda en responder que el presidente Nicolás Maduro “debe irse porque es colombiano” y se sumerge en las frases acostumbradas de la oposición: “Estamos en manos de unas bandas de delincuentes y usurpadores”. Incluso sostiene que Guaidó ya está convocando a elecciones a pesar de que él no dijo nada al respecto pero de todas formas quiere que el Consejo Nacional Electoral (CNE) rápidamente las convoque. Cuando se le recuerda que este CNE es el mismo que organizó y avaló las elecciones donde Guaidó fue elegido diputado afirma que hay que cambiar a los integrantes “porque el 82 por ciento de los venezolanos nos opusimos”.


La intervención de los Estados Unidos, incluso con una posible invasión militar, no parece ser un problema para los opositores. Sandra dice que es importante que haya presencia estadounidense porque “son el principal mercado de los productos venezolanos”.


En la protesta hay un porcentaje algo mayor de mujeres que de hombres y ambos tienen una misma costumbre, no se despegan del celular. Hacen selfies por millares, se acomodan sus peinados y muestran su mejor sonrisa. Solo pierden la compostura cuando alguien grita el nombre de Maduro y todos responden “coño’e su madre”. Agitan banderas y lucen las gorras con los colores de la bandera venezolana.


María González es una joven de algo menos de 25 años. Anteojos de sol espejados y los labios recién y bien pintados. Acepta hablar con PáginaI12 y, seria, dice que está en la protesta porque “estoy cansada de éstos”. No nombra a Maduro ni siquiera habla de chavismo, se refiere a los miembros del gobierno y los que los respaldan como seres que no tienen entidad. Afirma que “no hay libertad y estamos reprimidos”, para luego hablar de la escasez de alimentos y medicinas. Considera que la participación de los Estados Unidos es positiva en tanto “nos pueda salvar” pero duda a la hora de responder ante una posible intervención militar del país del norte: “No me gustaría porque prefiero que se salga por la forma pacífica, la manera más legal para que ellos se vayan. Tal vez pueden irse por una ley de anmistía pero que se vayan de aquí”.


En cuanto a cómo debe continuar el proceso de reemplazo del gobierno afirma no saberlo y se limita a repetir lo que dice Guaidó: “Cese de usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.”


–¿En esas elecciones libres participarán ellos? –preguntó Página/12.


–¿Quiénes? –respondió González.


–Hago referencia al chavismo.


–No, esperemos que no.


–Entonces no serían elecciones libres, ¿no le parece?


–Claro, entiendo lo que me dice. Pues que participen ellos pero que hay que cambiar al CNE porque están comprados –dice y agradece antes de retirarse.
Guaidó participó de la protesta. Primero estuvo en el Hospital de la Universidad Central de Venezuela. Allí se mostró rodeado de un grupo pequeño de estudiantes y médicos. No eran más de 60 y el “interino” buscó marcharse rápido porque la foto que buscaba no era la más conveniente. Se colocó una bata que le regalaron los estudiantes y pidió que “sigamos protestando y que Dios los bendiga”. Buscó mostrarse despreocupado por el pedido del fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, que le solicitó al máximo tribunal que prohíba la salida del país y congele las cuentas. “No he recibido ninguna orden, fue una declaración de quien usurpa funciones en la Fiscalía y quienes ocupan espacios en el Tribunal Superior de Justicia (TSJ)”.


Cuando se cumplió el plazo de duración de la protesta, que finalizó a las 14 hora de Caracas, la concentración se diluyó y en minutos no quedaron rastros de su presencia. En tanto, en el oeste de la capital venezolana no hubo manifestaciones. La vida se desarrolló de manera habitual y con el acostumbrado bullicio caribeño de Caracas. En la plaza de La Candelaria, en la zona céntrica de la capital, Anselmo está sentado en uno de los bancos. Acusa 75 años y acomoda su gorra a modo de saludo. Sobre la protesta opositora dijo que no pensaba siquiera participar y lo dijo un tanto directo: “Que esos come mierda no cuentan conmigo”, indicó para luego afirmar que si bien la situación económica está mal prefiere a Maduro antes que a cualquiera de “esos de la oposición” porque no le gusta la alianza de Guaidó con los Estados Unidos. “Los gringos quieren nuestro petróleo y nada más”, aseguró mientras dos amigos suyos a su lado asentían.


Para el próximo sábado están previstas dos grandes movilizaciones. La de Guaidó y la del chavismo. La primera tiene como objetivo acompañar el fin del ultimátum que la Unión Europea le hizo al presidente constitucional Nicolás Maduro para que llame a nuevas elecciones. La del gobierno buscará mostrar su capacidad de movilización, algo que vino haciendo durante esta semana en diferentes ciudades del interior con marchas multitudinarias, y a la vez reafirmar el rechazo a cualquier injerencia extranjera y sofocar el intento de golpe de Estado.

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Las consecuencias económicas del dinero endógeno

La controversia sobre los orígenes y naturaleza del dinero es antigua. La verdad es que este extraño objeto social no ha sido generoso a la hora de revelar sus secretos y por eso los economistas de la tradición ortodoxa o neoclásica poco han entendido sobre la moneda. Hoy nos acercamos a tener una visión más certera y rigurosa sobre los fenómenos monetarios mediante la teoría de dinero endógeno.

Desde su nacimiento la teoría económica estuvo confrontada con importantes fenómenos monetarios, pero los autores clásicos, desde Adam Smith, consideraron que el dinero era una especie de velo que escondía la realidad de los procesos económicos. Al dinero se le consideró una especie de instrumento técnico que solamente servía para superar los inconvenientes del trueque y facilitar los intercambios. Desde esta perspectiva analítica el dinero no tiene ninguna influencia sobre lo que pasa en la economía real: ni el nivel de actividad ni el volumen producido se verían afectados por el dinero.

Esto se compaginaba muy bien con la teoría cuantitativa de la moneda. Desde entonces la tradición se consolidó en ortodoxia y el dinero fue considerado un objeto que se introducía en la economía desde afuera de las relaciones económicas. Lo típico es considerar que el banco central es la entidad que tiene el monopolio de la emisión de moneda y controla la cantidad de dinero que entra en la economía.

Pero hoy se sabe que la mayor parte del circulante en una economía no es emitido por el banco central, sino por los bancos comerciales privados. Los agregados monetarios de cualquier economía capitalista así lo demuestran. Los bancos comerciales privados desempeñan una función clave de creación monetaria mediante sus operaciones de crédito: al otorgar un préstamo abren una cuenta de depósito en la que el prestatario encontrará la cantidad de dinero estipulada acreditada a su nombre. Cierto, el banco central mantiene el monopolio de la emisión de dinero de alto poder, pero esa base monetaria es, al final de cuentas, el telón de fondo contra el que se desarrolla la creación monetaria por los bancos privados.

El dinero endógeno significa que el flujo de dinero en la economía está determinado por la demanda de crédito. Y aquí es donde entra un aspecto tan sorprendente como sencillo sobre el tema del dinero endógeno: la única restricción que tienen los bancos para otorgar un préstamo es la de encontrar un sujeto de crédito confiable. La restricción no tiene nada que ver con tener reservas o los depósitos de los ahorros de otros agentes: al otorgar un crédito, los bancos crean dinero de la nada. Y para confirmar lo anterior hay que observar que desde el punto de vista contable, los préstamos crean los depósitos. Esta es una fórmula que parece misteriosa y causa intriga, pero el misterio radica más en nuestras viejas ideas (como decía Keynes) que en la complejidad del fenómeno. Hemos estado acostumbrados por demasiado tiempo a la idea de que los bancos son simples intermediarios que prestan el dinero de los ahorradores y todavía hay premios Nobel de Economía que siguen creyendo en esa fantasía (Krugman).

Ahora bien, si los bancos crean dinero de la nada eso tiene enormes implicaciones y todas nuestras visiones sobre la economía deben sufrir una profunda transformación. Fenómenos como la inflación, la determinación de la tasa de interés, la relación entre el ahorro y la inversión, así como los alcances de las políticas fiscal y monetaria, son temas que deben ser repensados a la luz de la teoría de dinero endógeno. Por supuesto, otro tema fundamental es el de la regulación bancaria que adquiere toda una nueva dimensión en el contexto de dinero endógeno.

Al otorgar un crédito, un banco entrega medios de pago (chequera, tarjeta de débito) al prestatario y esos medios de pago son reconocidos por los demás bancos. Por esa razón esos medios de pago se convierten en dinero y son aceptados por todos los agentes. Pero lo importante es que el banco no necesita tener reservas o ahorros prexistentes para otorgar un crédito. Y eso exige un cambio de perspectiva de gran amplitud, pues significa que la relación entre ahorro e inversión no corresponde a la que se ha considerado tradicionalmente. Es decir, hemos estado acostumbrados a la idea de que es necesario ahorrar para poder invertir. Pero en la realidad de una economía de producción monetaria la causalidad está invertida: es la inversión la que determina el ingreso y, por esa misma razón, el ahorro.

John Maynard Keynes fue el primero en tener la intuición de que con la inversión es la sociedad la que se otorga a sí misma una especie de crédito. Ese adelanto sirvió en el pasado para financiar guerras y hoy puede servir para financiar el desarrollo sustentable. Para controlar este enorme potencial es necesario preguntarnos si el enorme privilegio de crear moneda (poder de compra) debe estar en manos privadas con fines de lucro o si debería estar bajo alguna otra forma de control social y democrático.

Twitter: @anadaloficial

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Comunicado de una profesora cátedra a la opinión pública.

Max Stiner atestiguó en su texto de mediados del siglo XIX El falso principio de nuestra educación o humanismo y realismo al/la profesor/a como “aquel que se debe a una idea o una pasión teniendo en cuenta su vocación pedagógica (…) Tal vez podría explicarse así el escaso sueldo de profesores: deben sentirse ampliamente recompensados por la santidad de su misión y mirar con desprecio los deleites” (Stirner, 2003, 118). Las palabras del profesor prusiano demuestran que en 1841 el docente estaba reducido a cumplir con su misión sin esperar el reconocimiento de su tarea y del bienestar que se genera del trabajo cumplido.


En 2019 las palabras de Stirner continúan siendo acertadas para describir la vulnerabilidad laboral que se ciñe sobre el/la docente.


La vocación por la enseñanza comprendida erróneamente por el factum económico como servilismo, produce un nicho mercantil y administrativo de la educación desdeñoso e ignorante de la importancia de la investigación, la formación, la preparación de contenidos y estudios perennes de disciplinas que exigen de cada persona lo mejor de ellas en su arduo compromiso de instruirse para ser profesor/a.

Las directrices administrativas de la Universidad Tecnológica de Pereira reproducen la comprensión errónea de la vocación como servilismo al exigir a los/las profesores/as catedráticos/as retomar los cursos del semestre 2018-II durante enero y febrero sin remuneración económica al respecto. Lo anterior es justificado teniendo en cuenta que en diciembre realizaron el pago de las horas cátedras de la segunda quincena de octubre y de lo correspondiente al mes de noviembre y que no fueron pagadas oportunamente por la administración argumentando –desde el marco económico– el no cumplimiento de la cláusula contractual que obliga a la universidad a pagar “la hora cátedra efectivamente dictada” (aunque no hay refulgencia normativa que explique a qué se refiere la efectividad de lo “efectivamente” dictado).
A mediados de diciembre pagaron las horas adeudadas a profesores con un compromiso económico de por medio que acordaron con los sindicatos profesorales de la universidad.


Empero, y sin una formalidad directa, las horas pagadas significaron (para la administración) que los tiempos requeridos durante enero y febrero para la culminación del semestre 2018-II (interrumpido para demandar condiciones dignas para la educación superior en Colombia) serían horas “compensatorias” de las “horas no efectivamente dictadas” en los últimos meses del 2018-II y que fueron pagadas.

Efectivamente, la administración amparada en una perspectiva clientelista y neoliberal de la universidad no previó, ni le interesó tomar medidas humanitarias con el estamento formativo del alma mater, es decir los/as docentes. No sólo no pagaron a catedráticos/as durante la coyuntura universitaria, pese a continuar con nuestra labor docente más allá de los cursos de/formativos que dictamos cada semestre. Tampoco gozaron del carácter y la empatía de decir explícitamente cómo se trataría el tema de contratos cátedra.

La administración universitaria en gran parte del territorio nacional nunca ha mostrado disposición para generar bienestar entre el profesorado. Tal negligencia administrativa revela un desconocimiento académico y humanista del origen de la universidad pública: cuidado y formación de todos los agentes que participan del desarrollo académico, investigativo, científico y pedagógico del territorio nacional.

También, hay un desconocimiento de la ética por parte de las esferas administrativas de las IES al expresar una deficiencia moral con sus acciones solo comparada con la complicidad de quienes sabiendo que la norma está mal deciden callar o defenderla por encima de la solidaridad, lo correcto, lo bueno y lo justo, como también ha sucedido con algunos colegas que por apatía y miedo guardan silencio ante los desafueros administrativos.

Por otra parte, la administración de la UTP con sus decisiones arbitrarias omitió las garantías logradas para superar la anormalidad académica en la mesa de diálogo para la construcción de acuerdos para la educación superior pública a nivel nacional. El inciso tres de dicho acuerdo dice:

“3. El Ministerio de Educación Nacional a través de sus representantes en los Consejos Superiores de las IES públicas instará a que se brinden las garantías laborales de acuerdo con el marco legal vigente para los docentes de carrera, cátedra y ocasionales por el tiempo de la movilización y al retornar a clases, de tal forma que se respeten sus vínculos contractuales con base en las condiciones pactadas en cada caso durante el periodo académico 2018-II. De ninguna manera las movilizaciones efectuadas dentro del derecho a la protesta pueden generar afectaciones laborales y salariales a los docentes. Esta garantía tendrá la vigilancia de los entes de control y el Ministerio de Trabajo.”

Profesores/as volvimos a los cursos regulares el 16 de enero según lo determinado por los diferentes estamentos de nuestra universidad. Cabe advertir que en lo que va de enero, se han cometido un sin número de atropellos contra “los/las cátedras” al tomar medidas policivas ante nuestra labor que no es paga, pero sí se vuelve obligatoria-quizá solo “recompensados por la santidad de nuestra misión”, como diría Stirner-.

las horas pagadas en octubre y noviembre que no se dictaron “efectivamente”, seguí ejerciendo como cátedra al estar presente en las aulas de clase atendiendo a estudiantes, reuniéndome con ellos/as, dictando conferencias solicitadas por el mismo movimiento estudiantil, contestando inquietudes, y, ante todo, siempre estuve –y estoy- a disposición imprescindible del estudiantado, del programa, de la universidad, de mis cursos y mis clases.

Las medidas expresadas desde la administración demandan entonces el servilismo del/la profesor/a que no solamente debe “compensar” lo pagado en diciembre, sino mantener “la calidad” de las clases en medio de las dificultades económicas y las medidas deshumanizantes del trabajo exigido “ad honorem”.

En consecuencia, como docente cátedra hago pública que mi vinculación con la UTP está basada, ante todo, en mi vocación, amor por la enseñanza, compromiso imperativo con el estudiantado y con el programa del cual hago parte. Mis estudiantes y mis colegas más allegados siempre han apoyado y estimado mi labor, lejos de excusas económicas para no hacerlo.

Como profesora de futuros docentes deseo la vocación sea compensada y no subvalorada por la compensación del trabajo. No se puede continuar irónica y fatídicamente “esperando a Godot” In spe contra spem del trabajo re/conocido si las administraciones de las IES no muestran vocación resolutiva para hacerlo.

Enero 29 de 2019.

 

Publicado enColombia
Domingo, 27 Enero 2019 06:07

Imperialismo, golpe y geopolítica

Imperialismo, golpe y geopolítica

La autoproclamación de Guaidó dejó en evidencia el seguidismo político del gobierno de Macri que, en su apuro por alinearse con Washington, rompió con la tradición democrática de no injerencia en los asuntos internos de los Estados.

La situación desatada en Venezuela, tras la autoproclamación de Juan Guaidó como Presidente Encargado de ese país, activó la alarma en toda la región. Además, dejó en evidencia el seguidismo político del gobierno de Mauricio Macri que, en su apuro por alinearse con Washington, rompió con la tradición democrática de no injerencia en los asuntos internos de los Estados. PáginaI12 dialogó con académicos y analistas internacionales para dar cuenta de los actores centrales, el rol de las potencias mundiales, los aspectos novedosos y las claves de este conflicto, cuyas consecuencias son impredecibles.


• Alejandro Grimson, antropólogo social:


Está claro que en Venezuela hay graves problemas económicos, políticos e institucionales, pero jamás la solución a esos problemas puede ser un golpe de Estado, y menos uno promovido por los Estados Unidos. En ese sentido, todos los países de la región que reconocieron inmediatamente a Guaidó como Presidente Encargado son de carácter semicolonial en su política exterior, es decir, se trata de gobiernos que son apéndices de la estrategia geopolítica norteamericana para la región. Con respecto a esto, sirve pensar en los dispositivos que supo crear América del Sur y que hoy se encuentran desarticulados, como la Unasur, un espacio de discusión que hoy podría ser una palanca extraordinaria para generar la única solución que tiene Venezuela, que es que se forme una mesa de diálogo entre el oficialismo y la oposición para encaminar una salida pacífica y democrática del conflicto. Es preocupante la actitud del Gobierno nacional y de varios dirigentes políticos, que no tuvieron en cuenta procesos muy relevantes que hacen a la soberanía nacional, a la autodeterminación y a los principios básicos de una diplomacia desde América Latina, y salieron corriendo a hacer algo absurdo. ¿Cómo un dirigente que se presume democrático va a apoyar un golpe de Estado? Hay un uso instrumental de la veloz adhesión a la acción golpista de los Estados Unidos, con el fin de obtener tres o cuatro votos más, ignorando cualquier principio ético y democrático.


• Amilcar Salas Oroño, politólogo


Hay una cuestión, más del orden estructural capitalista, vinculada con algo que aparece en determinados períodos históricos como fundamento de invasiones, guerras u ocupaciones territoriales: la noción de “comunidad internacional”. ¿Hay realmente una comunidad internacional apoyando el golpe en Venezuela? Si son más los países que reconocen la legitimidad presidencial de Maduro que los que no. ¿Qué potestad constituyente tiene esta comunidad internacional? Hoy el capitalismo entra en una fase donde esta noción no significa más que determinados intereses específicos. La reproducción y repetición de este actor constituyente como maniobra propagandística no deja de ser más que un claro ejemplo de cómo, para ciertos países, deben ser cuestionadas las legitimidades internas.


Uno de los aspectos desagradables de esta circunstancia, observándola desde la Argentina, es que se simplifican y degradan los términos de referencia hacia Venezuela, su opción por una forma diferente de República, lo institucional comunal o la misma noción de socialismo. Hay una disputa interpretativa que, en torno de lo de Venezuela, desnuda una pobreza enorme por la comprensión de los problemas sociales y políticos que, como latinoamericanos, sabemos que son muchos.


• Julio Burdman, politólogo especializado en geopolítica


En primer lugar, hay que entender que este es un problema venezolano que, sin embargo, no puede aislarse de la trama global, en el que se vuelve central el apoyo a Guaidó por parte de Estados Unidos, Brasil –aunque el pronunciamiento de Bolsonaro no fue bien recibido por todos los sectores de su gobierno– y Colombia, y en el que también adquieren relevancia Rusia y China con su respaldo a Nicolás Maduro. La actitud del gobierno argentino ante el conflicto en Venezuela no sorprende, si se piensa en los posicionamientos que viene manifestando en el último tiempo, debido al alineamiento con los Estados Unidos de Donald Trump. Sin embargo, se puede hablar de un salto metodológico. Recordemos que durante los primeros meses del gobierno de Macri, cuando el país junto al México de Enrique Peña Nieto conformó el Grupo de Lima, la posición oficial representada por Susana Malcorra tenía que ver con una salida pacífica y democrática del conflicto. Hoy la situación es otra, y Argentina tomó partido sin tener en cuenta el contexto general, donde la hipótesis del conflicto militar es posible.


• Sebastián Etchemendy, politólogo


Cualquier posición que vaya hacia el reconocimiento de Guaidó es no solo inadmisible por el precedente de intervención directa de Estados Unidos en la región, sino también porque es totalmente ineficaz para una salida negociada, que es a lo que hay que apuntar. En Venezuela es difícil encontrar actores democráticos, en el sentido de que acepten la legitimidad del otro, y eso hay que construirlo. Por parte del gobierno argentino ha habido un seguidismo que, además de retrotraernos a las peores épocas de relaciones carnales, es absolutamente ineficiente para lograr cualquier solución y configura una prueba más de la poca sofisticación de Macri en políticas públicas. Es patético que ante este problema serio, que exige mediación, no haya ningún análisis y se termine apoyando la posición intervencionista de Trump. Esa posición de alentar sólo un bando, que además es el bando más duro y más extremo de la oposición venezolana, no tiene perspectivas de traer una solución al problema.


• Mariano Fraschini, politólogo


Lo que está pasando hoy es un punto más, tal vez decisivo o parteaguas, de esta situación de guerra contra Venezuela. Con las elecciones de mayo del 2018, se profundiza el proceso de deslegitimación del nuevo mandato de Maduro pero lo cierto es que, en los hechos, la oposición hasta hoy no aceptó su derrota en las elecciones presidenciales del 2013. Entonces, ya desde ese momento es considerado ilegítimo, dictatorial o usurpador, como lo están llamando ahora. La clave para comprender este proceso, sin lugar a dudas, es el rol de Estados Unidos en el tablero político internacional y en el caso específico de América del Sur. Es vital para Estados Unidos recuperar el petróleo venezolano, y eso hace que hoy ocurra un hecho inédito: que, en ese objetivo, está siendo acompañado no por sus aliados de siempre, sino por los gobiernos neoliberales de la región. Otra de las novedades es el lugar que ocupan China, en términos geopolíticos y económicos, y Rusia en términos militares. Es decir, se trata de un proceso que tiene su punto más cúlmine y central en el exterior; la propia oposición venezolana va detrás de los deseos y las estrategias de los Estados Unidos. En ese sentido, la resolución va a depender mucho de lo que ocurra en las grandes potencias y la posibilidad de una salida negociada va a involucrar algún tipo de acuerdo entre ellas. La acción del Ejército venezolano es determinante como lo fue siempre. Ir a Venezuela y entenderla a partir del sistema de partidos o del rol de la oposición y del oficialismo no tiene sentido: hay que analizar el rol de los militares, que ocupan no sólo el rol de gendarmes de la Revolución Bolivariana, sino también espacios de poder, gobernaciones, alcaldías y ministerios. Por eso la oposición entra en desesperación por ir a quebrar ese frente interno en el Ejército. Si no, es muy difícil que estos zarpazos exteriores, con el respaldo minoritario interno, puedan tener un resultado positivo.


• Mario Toer, sociólogo


Desde Washington están tanteando y midiendo cómo pueden persistir en un proceso que pretende terminar con el gobierno de Venezuela. Esto no es sorprendente, pero hay que destacar que es un hecho que se pone en movimiento cuando la oposición venezolana venía desgastada, desmembrada, sin capacidad de unificar un curso de actividad política más o menos previsible. Esto le da un contorno a la cuestión, porque reunifica a la oposición en torno a un objetivo, que es el de legitimar otro poder al interior de Venezuela, que podría convocar en su ayuda una presencia desde el exterior. El dato agregado es que la oposición converge desde un estado de cierta debilidad, lo que le resta certezas al plan general y genera complicaciones para un eventual diálogo que el Gobierno pudiera establecer, al menos, con el sector que concurrió a la disputa presidencial.


La centralidad del plan, como objetivo estratégico de la política exterior de Washington para este período, es muy evidente: están buscando el modo de generar un golpe que va a ser “a lo Pinochet”, es decir, que pretende terminar con muchas vidas. En ese sentido, esta oposición democrática no es más que un mascarón de proa de intereses que son implacables.
En este contexto, lo importante no es defender una política específica, sino algo que está por encima, que es la autodeterminación y la paz.


Informe: Sibila Gálvez Sánchez.

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Docentes de Los Ángeles ganan una batalla contra la privatización de la educación

Llevó una semana, pero los docentes de las escuelas públicas de Los Ángeles ganaron la batalla. Más de 30.000 docentes y personal escolar, miembros del sindicato “Docentes Unidos de Los Ángeles” (UTLA , por su sigla en inglés), se declararon en huelga por primera vez en 30 años, en demanda de más recursos para sus aulas, personal auxiliar y de biblioteca en cada escuela, grupos más pequeños por clase y mejores salarios. Tanto al sol como bajo la lluvia, estudiantes, madres, padres y otros aliados se unieron a los piquetes y manifestaciones convocadas por los maestros. El martes, el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles ( LAUSD ) —el segundo mayor distrito escolar del país, del cual casi tres cuartos de sus estudiantes son latinos— acordó satisfacer las demandas de los docentes en huelga. Las clases se reanudaron el miércoles. Esta importante huelga también se suma a una ola de medidas similares llevadas a cabo en todo el país por docentes que luchan contra el intento de los intereses corporativos de privatizar la educación pública.

El martes por la noche, el presidente del sindicato docente de Los Ángeles, Alex Caputo-Pearl, hizo estas declaraciones después de que una gran mayoría de los miembros del sindicato ratificara el acuerdo: “Hicimos huelga, una de las huelgas más grandes que ha vivido Estados Unidos en décadas. La creatividad, la innovación, la pasión, el amor y la emoción de nuestros afiliados estuvieron presentes en las calles, en las comunidades, en los parques, a la vista de todos”.


Arlene Inouye, especialista del habla y el lenguaje con 18 años de experiencia en el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles, presidió el comité de negociación por parte del UTLA . En una entrevista para Democracy Now!, Inouye declaró: “Este fue un acuerdo histórico y nos dio más de lo que esperábamos”. Se cumplieron todas sus demandas principales, como poner un límite a las escuelas “chárter” para revertir la tendencia hacia la privatización, y además se pusieron sobre la mesa otro tipo de demandas. Inouye explicó: “También pudimos incluir en nuestras escuelas algunos temas de negociación no obligatorios, los que llamamos ‘asuntos de bien común’, como espacios verdes en los campus, detener la criminalización de los jóvenes. Pudimos conseguir un fondo de defensa para inmigrantes. Estamos haciendo una declaración de valores”.


También en Democracy Now!, la investigadora y periodista Sarah Jaffe, autora del libro “Necessary Trouble: Americans in Revolt” (“Problemas necesarios: estadounidenses en rebelión”, en español), manifestó: “Ha habido corrientes de reforma dentro del UTLA desde hace al menos una década. Los docentes me contaron que estos movimientos se remontan a la crisis financiera de 2008, la recesión y el despido masivo de muchos docentes, y que de allí surgió el intento de conformar una nueva corriente interna. En 2014, la agrupación Union Power ganó las elecciones y con docentes como Arlene y Alex Caputo-Pearl al frente introdujo un departamento de organización, un departamento de investigación, un departamento político, que el sindicato no tenía anteriormente, y logró que los docentes votaran a favor de aumentar sus propias cuotas sindicales para poder llevar a cabo estas propuestas. En este clima, tras [el juicio de Mark] Janus, que fue [desfavorable] para los trabajadores del sector público, deberíamos prestarle atención a un sindicato que, nuevamente, hizo que los docentes aumentaran sus propias cuotas para invertir en convertirse en un sindicato de lucha y movilización de verdad”.


En sus manifestaciones, los maestros y profesores mencionaron en reiteradas ocasiones el tema de la privatización. La docente Marianne O’Brien expresó en diálogo con Democracy Now!: “Básicamente, esta lucha aborda la privatización de las escuelas. El superintendente Austin Beutner está presionando para privatizar las escuelas. Y eso es un problema para nosotros porque, si todos los fondos para las escuelas públicas se destinaran a las escuelas chárter, nuestros estudiantes se verían perjudicados de manera desproporcionada y no tendrían acceso a una educación de calidad”.


El superintendente Austin Beutner, un acaudalado banquero de inversión, no tiene experiencia previa en educación. ¿Cómo llegó al cargo? La escritora Sarah Jaffe explicó cómo fue la elección de la junta escolar del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles en 2018: “El año pasado hubo elecciones para designar a la nueva junta escolar. La campaña involucró 14,7 millones de dólares provenientes de fondos externos, invertidos por defensores de las escuelas chárter, grandes fondos de cobertura y cosas por el estilo; las personas que normalmente vemos introducirse en estos lugares. Así que obtuvieron una mayoría de candidatos a favor de las escuelas chárter y colocaron a Beutner en el cargo”.


Uno de los planes de Beutner es dividir el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles en 32 distritos “modelo”, imitando los procedimientos de ciudades como Detroit y Newark que, según el UTLA , “están plagados de un entramado de planes de privatización que no mejoran los resultados de los estudiantes”.


Las escuelas chárter no solo pueden despedir docentes más fácilmente que las escuelas públicas; también pueden despedir a los alumnos. Al elegir estudiantes de alto rendimiento y rechazar a aquellos que tienen necesidades especiales o puntaje bajo en los exámenes estandarizados, las escuelas chárter agotan los recursos de las escuelas públicas de los vecindarios más pobres. Lilit Azarian, otra docente presente en el piquete, nos dijo: “Se trata de luchar por las comunidades de color, porque esas son las comunidades afectadas por esta corriente privatizadora que ha tomado el control”.


En marzo habrá una elección especial para cubrir un cargo en la junta escolar del Distrito Unificado de Los Ángeles que quedó vacante cuando un miembro se declaró culpable de haber cometido delitos financieros graves en la campaña. La elección está siendo fuertemente disputada entre los defensores de las escuelas chárter y el UTLA y otros aliados de las escuelas públicas tradicionales. Jaffe opinó: “Si los docentes quieren a Beutner afuera, esta será la forma de lograrlo”.


El año pasado, una ola de huelgas docentes atravesó el país, pero en estados de mayoría republicana, como Virginia Occidental, Oklahoma y Arizona. Los docentes se declararon en huelga y lograron mejoras notables; no solo en salarios y beneficios, sino también en recursos para las escuelas y aulas. Ahora los maestros se están alzando en bastiones demócratas como Los Ángeles. El martes, cuando el UTLA declaró la victoria y puso fin a la huelga, el sindicato docente de Denver, Colorado, votó por abrumadora mayoría a favor de hacer huelga. También se espera que los docentes sindicalizados de Oakland, California, hagan huelga, al igual que los de las universidades comunitarias de Chicago.


Si los docentes de Los Ángeles son una señal de lo que está por venir, los privatizadores y su defensora en Washington D.C., la multimillonaria secretaria de Educación Betsy DeVos, podrían estar frente a oponentes más que fuertes.


Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Un año trabajando como analista para Facebook.

Relato en primera persona de un analista de Facebook.

Durante más de un año he estado trabajando en Varsovia para Facebook a través de la empresa Accenture. Durante este tiempo he sido testigo de cómo se censura la información desde dentro de esta red social y de que Facebook no es más que una plataforma en la que millones de adultos, jóvenes y niños se ven expuestos a problemas como el cyberbulling, la violencia, la venta de drogas, la pornografía, la explotación y acoso infantil… sin que exista desde dentro de la empresa ninguna forma útil de erradicar estos problemas —a no ser que desapareciera Facebook—. También de cómo se censura o se intenta censurar todo contenido político que resulta incómodo para el establishment, por ejemplo, los analistas que reciben el contenido denunciado por otros usuarios de Facebook están obligados a borrar todo material —imagen o comentario— que apoye, aunque sea de manera ambigua, a grupos o personas que Estados Unidos considera terroristas —algunos tan disctubles hoy día como las FARC, el IRA, el FPLP de Palestina, Hezbollah o el KKP en Turquía—. La mayoría de estos grupos tienen en común que su ideología es marxista o marxista leninista, pero por otro lado los analistas no pueden borrar contenido que ensalza el fascismo o a cualquiera de sus líderes.


Mucha gente se pregunta cómo se censura el contenido en plataformas sociales como Facebook e Instagram —tienen el mismo propietario—, incluso se cree que se censura de forma automática o a través de complejos algoritmos. La realidad es que todo el trabajo depende de un ejército de analistas y supervisores que, divididos por diferentes equipos según el idioma, analizan y censuran los contenidos que les llegan denunciados a través de otros usuarios. Por lo tanto, excepto en casos en los que interviene directamente el Gobierno de Estados Unidos para cerrar una cuenta —como fue el caso de la cuenta del presidente de Chechenia en enero de 2018—, solo el material que ha sido reportado por otro usuario puede ser borrado.


Estos analistas que trabajan para Facebook, a través de Accenture, no solo no tienen ninguna autonomía para decidir lo que borran y lo que no, si no que ni siquiera pueden hacer preguntas directamente a los encargados de hablar con Facebook, solo sus jefes pueden. Antes de convertirte en analista de Facebook, tienes que pasar un entrenamiento de dos semanas en el que principalmente te inculcarán la ideología de la red social y las políticas que hay que seguir para borrar el contenido que te llegará denunciado. Como muestra de la ideología de Facebook pondré lo que contestó la entrenadora a la pregunta de una analista que no entendía lo que era el sionismo: “Es una minoría perseguida en Palestina y, por tanto, todo material que ataque al sionismo debe ser eliminado”. Añadiré también, como muestra de a quién protege Facebook, la respuesta de uno de los jefes a un analista sobre si debía borrar o no las fotografías de la líder palestina cuya imagen se convirtió en ícono de la resistencia, Leila Khaled: “Los terroristas jubilados son también terroristas”.


Otro ejemplo de las políticas sionistas que se siguen es el hecho de que recibimos la orden de defender de bullying a una soldado israelí acusada de haber asesinado a una enfermera palestina en las marchas en Gaza por el retorno de los refugiados. Por lo tanto, todo leve insulto o acusación contra esta soldado que nos llegase denunciado debía ser borrado y determinadas cuentas pro palestinas fueron borradas.


Por supuesto, todo material que se recibe denunciado de ideología fascista, supremacista, la mayoría del material racista y de tortura animal no se borra. En el equipo trabaja una psicóloga —que trabajó previamente para el ejército de EE UU— la cual comunicó a sus jefes en más de una ocasión los nombres de analistas que le había contado sus problemas personales e ideológicos trabajando para Facebook.


Los supervisores tratan de mantener alta la moral de los analistas diciendo que el trabajo que realizan es fundamental y puede incluso salvar la vida de personas con problemas de drogas, anorexia, intentos de suicidios, ciberbullying… pero la realidad es que solo una pequeña parte de todo este material es denunciado y, por otra parte, el hecho de borrar comentarios, imágenes e incluso —solo en los casos más extremos— perfiles enteros, no impide que esa persona se vuelve a abrir otra cuenta para, por ejemplo, hacer bullying a alguna compañera/o del colegio o alguien vuelva a abrir otra cuenta para vender droga o subir pornografía. De hecho, prácticamente cada semana se reciben actualizaciones de las políticas que hay que seguir para borrar el contenido y llama la atención la evolución de políticas cada vez más laxas para en definitiva no prohibir más que la pornografía más evidente y extrema.


Los analistas tratarán de seguir siempre al pie de la letra las políticas de Facebook sin preguntar, debido a que por encima de ellos se encuentran unos supervisores de calidad que reciben un determinado porcentaje de los perfiles que realiza diariamente cada analista y los vuelven a chequear, por si el analista hubiese cometido algún fallo. Los analistas se esfuerzan al máximo por no tener fallos, ya que de ello depende en buena medida sus bonus y sus opciones de ascenso a otras posiciones, como supervisor de calidad. Además de la calidad se premia el número de perfiles que puede revisar al día cada analista, ya que si los analistas son capaces de analizar mayor número de perfiles por día, se necesitará contratar a menos analistas. De éste modo, los analistas no revisen a conciencia los perfiles, sino que apliquen las políticas de Facebook como robots.


Estos analistas trabajan en diferentes equipos, divididos por idioma, en turnos de ocho horas. De cda equipo siempre tiene que haber alguien trabajando, es decir, horario 24/7, todo ello para recibir un salario mensual bruto de 4200 zlotys (unos 1.000 euros), más algunas compensaciones y bonus trimestrales y anuales, cuando Facebook paga 16.000 zlotys a Accenture por cada analista. Además hay analistas que trabajan para Facebook e Instagram al mismo tiempo, recibiendo perfiles de ambas redes sociales, por lo cual reciben el mismo salario. Se puede ver, una vez más, cómo esta gran empresa pone sus oficinas en países en los que pueden pagar salarios más bajos a sus trabajadores y cómo la dirección de esta multinacional se queda casi todos los beneficios de este negocio.


Por último puedo decir, que el racismo está profundamente intrincado en esta empresa, al menos en Varsovia, y en la inmensa mayoría de los casos solo se promocionan a puestos más altos a personas de nacionalidad polaca, aunque hayan realizado un peor trabajo y tengan menos experiencia que alguien de otra nacionalidad. Normalmente los analistas de la UE, si no han sido promocionados después de un año, se van de la empresa. El problema es para los analistas extra comunitarios que dependen de ese trabajo para tener los papeles que les permiten seguir viviendo en Polonia, lo que hace que tengan que aguantar todo tipo de injusticias, algo de lo que sus jefes son muy conscientes.


Supongo que la mayoría de las cosas no son solo característicos de esta empresa, pero creo que es importante denunciarlo, a pesar del miedo que te intentan inocular, ya que te repiten cada día que no puedes decir a nadie detalles de tu trabajo o tan siquiera el cliente para el que trabajas, e incluso te hacen firmarlo antes de entrar a trabajar.

Por Sugarhill
Pseudónimo de un trabajador de Facebook

publicado
2019-01-20 06:20:00

“Hay que reanudar un discurso de reformismo duro y radical en Europa”

Nacido en 1933 en Padua, buena parte de la vida de Antonio Negri es historia de la Autonomía obrera italiana y de la vida política europea más vinculada a los movimientos de base. Estos días presenta en España la primera parte de sus memorias: Historia de un comunista, publicadas por Traficantes de Sueños, que comprenden desde su infancia hasta el proceso judicial que, en 1979, le llevaría a la cárcel por motivos políticos, y luego al exilio en Francia. Marxista heterodoxo, su biografía está apegada a la experiencia singular del operaísmo –un movimiento que tuvo su origen en los años 60 y que acabó siendo parte del ciclo de luchas del largo 68 italiano. Un movimiento que, además de la revuelta estudiantil, se articulaba a partir de las movilizaciones de fábrica: la vivencia y resistencia en la cadena de montaje que tuvieron su eclosión en el “otoño caliente de 1969”. En los años 70, aquellos grupos operaístas conectaron con las nuevas subjetividades que surgieron tras las revueltas sesentayochistas y los comienzos del capitalismo postindustrial –con su rechazo del trabajo asalariado y nuevas prácticas autónomas que rompían con la idea clásica de socialismo y de partido.

Buena parte de su obra ha destacado por ser una investigación sobre las posibilidades del comunismo hoy a partir de una práctica militante basada en la coinvestigación junto a los explotados y oprimidos en un mundo colonizado por el capital En sus memorias recién publicadas encontramos un recorrido que parte de la Europa atravesada por la guerra en un mundo de nacionalismos, fascismos y colonialismos europeos que mucho tienen que decir sobre el presente.


Se acaba de publicar la primera parte de sus memorias. El libro empieza con su experiencia de la infancia marcada por la guerra: es hijo de un comunista, asesinado por los fascistas, mientras que su hermano mayor muere como voluntario fascista en los últimos años de la guerra en Italia. Es decir, una vida que comienza marcada por el dolor de la guerra, y el sacrificio de su hermano por una idea trascendente de patria y nación. ¿Qué nos puede decir esa experiencia –la de los últimos coletazos del nazifascismo en Italia– sobre el fascismo que pueda venir?


Es difícil trasladar las experiencias infantiles de una persona a una perspectiva racional sobre el futuro, porque al hacerlo las explicamos como se explica una pesadilla, que es lo que experimento si trato de considerar hoy el fascismo bajo esa luz. Prefiero más bien pensar el fascismo en términos racionales, es decir, intentando entender lo que ha sido siempre: el poder de una clase de patronos, de una clase de capitanes de industria y de las finanzas para reprimir y bloquear la lucha de clases. Para mí el fascismo fue esto. Hoy de aquella experiencia, después de más de ochenta años de vida, me queda fundamentalmente la pesadilla de una cosa que ha de ser rechazada hasta el fondo.


En el libro hablo por primera vez de mi hermano, que murió por rechazar la guerra civil diciendo que se marchaba a defender la patria contra la invasión aliada en vez de quedarse en casa, donde –en los meses inmediatamente posteriores– habría tenido que enfrentarse en la guerra civil que comenzó en Italia –lo que hoy en Italia se llama la Guerra de Resistencia, pero que fue en realidad una guerra civil–. Nunca había hablado de la historia de mi hermano Enrico hasta bien cumplidos los ochenta años. En esos setenta años de silencio se encuentra la dureza de pensar el fascismo.


¿Qué balance puede hacer del periodo llamado de la globalización neoliberal y qué tiene que ver con la situación de avance autoritario y racista en todo el planeta?


El hecho de que el neoliberalismo –después de tantos himnos y elogios a la libertad– termine asumiendo una posición autoritaria significa que no puede seguir avanzando a menos que realice un acto de fuerza sobre las condiciones sociales para poder aplicar sus medidas. Está claro que este impulso autoritario que empieza a afirmarse de manera tan extendida en el ámbito global corresponde a una crisis en el desarrollo del neoliberalismo y esa crisis responde a su vez al fracaso de sus técnicas de invasión del mundo y de reestructuración del circuito de la producción y de la circulación de las mercancías. Se ha alcanzado un límite crítico al que el neoliberalismo no sabe responder salvo en términos autoritarios.

Probablemente esto tiene que ver con límites intrínsecos a la ola neoliberal, que es un pensamiento y un proyecto que trató de superar el reformismo capitalista, el New Deal, es decir, la gran política occidental contra la Unión Soviética desde los años treinta. En los años treinta se define esa política reformista, que asume formas contrarias a los principios del liberalismo, pero dentro del capitalismo. Roosevelt se alía con los soviéticos para derrotar al fascismo – esto es algo que hay que recordar siempre.


El neoliberalismo es un intento de volver al momento anterior a Roosevelt, como si la Revolución de Octubre y el llamado “siglo breve” comprendido entre esa revolución y la caída del Muro de Berlín en 1989 y que permitió el gran desarrollo de las fuerzas productivas populares y proletarias no hubiesen existido. De este modo, dentro del neoliberalismo hay una idea profundamente regresiva: la lógica misma del proyecto trata de destruir la historia del enfrentamiento entre las clases en el siglo XX. Esto implica un elemento de violencia extrema que hoy –precisamente porque el proyecto empieza a verse en dificultades– se revela como un reclamo del fascismo, del viejo fascismo; pero que se expresa en términos completamente distintos, en una dimensión biopolítica, porque el fascismo originario surge contra el bolchevismo y hoy, en cambio, lo hace contra determinados niveles de vida conquistados por los trabajadores.


¿Qué puede enseñarnos la situación de Brasil, con la victoria de Bolsonaro –cuyo gobierno se perfila como autoritario y racista– y en qué medida implica una reacción contra los gobiernos progresistas latinoamericanos y el fin de un ciclo que se cierra definitivamente en el continente?


Es difícil establecer parangones con América Latina. El neoliberalismo tiene necesidad de una estabilización, de un esfuerzo para superar lo que E.P. Thompson llamaba “la economía moral de la multitud”, que era también la de las viejas clases de trabajadores antes y durante de Revolución Industrial. Hoy el neoliberalismo se enfrenta a una desestabilización del estado de bienestar, fundamentalmente de determinadas dimensiones biopolíticas de regulación de la sociedad –educación, sanidad, derechos reproductivos y autonomía de las mujeres, etc.– que se presentan como algo irreversible. En Brasil han sido capaces de conquistar una mayoría electoral en nombre de la denuncia de la corrupción y de la promesa de acabar con la violencia vinculada a la inseguridad ciudadana. El problema de la corrupción en Brasil es un problema completamente intrínseco a la estructura del poder; una estructura omnipresente en la que el pago de sobornos a los distintos actores del juego parlamentario es una costumbre y los procesos contra la corrupción han provocado una disgregación de la clase política y de las élites del poder.


El otro elemento, el de la seguridad, es terrible, porque supone también un elemento de disgregación y al mismo tiempo es un elemento puramente racial, de racismo, un elemento colonial reintroducido en el discurso político. Las élites blancas quieren ser absolutamente dominadoras, es el alma colonial de los dirigentes blancos en Brasil –que son minoritarios demográficamente–. Esto es algo evidente y monstruoso. Yo no sé lo que sucederá en Brasil, pero cabe decir que nunca se había llegado a un tipo de fascismo tan cruel, salvo en la época del dominio nazi.


¿Por qué el antifeminismo está teniendo un papel destacado dentro de la ideología de estos nuevos proyectos fascistas?


El odio hacia la emancipación femenina es un elemento completamente central. ¿Por qué ese odio a las mujeres? Por una razón muy sencilla,: porque la lucha de las mujeres hoy, cuando se plantea en el terreno de la reproducción, afecta a elementos fundamentales del liberalismo: al mantenimiento del concepto de familia y de herencia del liberalismo y que constituye la base misma del sistema capitalista desde el punto de vista jurídico. Propiedad, familia y herencia son elementos que forman un todo interconectado en la filosofía del derecho de Hegel, del mismo modo que propiedad, soberanía y pueblo. Así que tenemos estas dos dimensiones en torno al movimiento feminista, que conlleva por un lado, el ataque al autoritarismo, pero también al patriarcado de la propiedad de la familia y de la educación. Esto me parece completamente central, aunque este elemento antifeminista no se dé con tanta violencia en los gobiernos actuales en Europa. No hay de momento ningún ministro europeo que se haya presentado poniendo en tela de juicio todos los derechos que las mujeres han conquistado.


En su obra la reflexión sobre el común tiene un papel destacado, ¿podríamos decir que el feminismo se ha convertido en el movimiento fundamental de reconstrucción del común?


En mis trabajos el discurso feminista es bastante reciente, y aquí tengo que hacer autocrítica. En realidad lo conozco desde los años 70, cuando las compañeras con las que trabajaba en Potere Operaio teorizaron sobre el salario para el trabajo doméstico. Desde entonces pienso que la lucha de clases tiene que comprender no solo el trabajo de producción, sino también el trabajo de reproducción. Pero desde aquellos años –y aunque he introducido el punto de vista feminista en mi investigación– he hecho un discurso que ha estado fundamentalmente vinculado a la producción. Cuando he hablado de la reproducción siempre lo he hecho en general, a veces con una especie de miedo benévolo a afrontar problemas que se remitían a lo femenino porque en nuestra historia muchas veces nos hemos encontrado con el feminismo de la diferencia italiano y su actitud de exclusividad y de rechazo respecto a cualquier utilización del discurso feminista. Esta es mi experiencia: aún entendiendo las conexiones he tenido que limitar mi discurso, porque me he encontrado con esta situación de bloqueo, de limitación, donde se nos venía a decir: “tú a tu discurso, que nosotras hacemos el nuestro”.


Pero esta expresión nueva y formidable que se ha producido ahora con el movimiento feminista, ha sido para mí un suspiro de alegría, porque se presenta la posibilidad de reanudar un discurso que espero que pueda ser común. En los años 70, uno de los mayores pasos adelante dados por el operaismo en aquel periodo se dio precisamente a través de la introducción del discurso sobre el trabajo femenino. Para la hipótesis del paso del obrero masa al obrero social fueron determinantes las elaboraciones feministas y poscoloniales. El feminismo y la teoría poscolonial nos dieron una gran perspectiva para avanzar: la perspectiva de la socialización de la explotación y, por lo tanto, de una valorización basada no tanto sobre la producción sino también sobre la circulación y la reproducción.


¿Cómo analiza la emergencia de nuevas figuras políticas como la de los “Gilets jaunes” (chalecos amarillos) y cuál es su relación con un régimen neoliberal que se está radicalizando? ¿Qué nos dice esa revuelta sobre el presente de las luchas y hacia dónde apunta esta protesta?


Francia es el país en el que el neoliberalismo ha intentado con Macron poner en marcha un proyecto radical, a pesar de que la crisis del neoliberalismo ya se había hecho sentir y habían aparecido fuerzas populistas a derecha e izquierda, donde la de derechas es particularmente peligrosa.


Muchos consideran que este intento de Macron podía aportar una continuidad de las reformas neoliberales, solo que el coste se ha revelado insoportable. No se trata solo de las grandes reformas que ha impuesto: las pensiones, la reforma laboral, etc., sino que se trata de lo que en Italia se llama la pidocchieria (cicatería): un método fiscal de pequeña sustracción de rentas. Se retiran a cada salario 10, 15, 50 euros para otros proyectos: una especie de método propio de un patrono de fábrica pero aplicado al Estado y a la sociedad de una manera injuriosa y cínica. La miseria existente, sumada al rechazo de ese cinismo, han creado esta explosión impresionante. Cuando lees que el 70% de la población aprueba las acciones violentas de los “chalecos amarillos” –en un país que no es en absoluto un país fanático–, significa que hay algo que verdaderamente no funciona. Los “chalecos amarillos” suponen la denuncia de una crisis profunda de la regulación neoliberal, algo que está sucediendo en todas partes en Europa. La gente no aguanta más.


Otro elemento positivo es la unidad que se ha producido en relación a dos reivindicaciones irrenunciables: la reintroducción del impuesto sobre las grandes fortunas –que fue eliminado por Macron– y el aumento del salario –del poder adquisitivo–. Creo que no se ha llegado a la idea de una renta básica pero está virtualmente ahí, apoyada en la idea de igualdad que está presente en el movimiento: “hay que quitar a los ricos para dar a los pobres”. Se ha logrado el aumento del salario mínimo y se ha superado el techo de déficit público y fiscal: se ha vulnerado el pacto fiscal, pero no es suficiente, el movimiento continúa y crece. Ahora mismo el sistema constitucional está siendo puesto en tela de juicio por un contrapoder activo que no se reconoce en la representación, que por ahora se niega a convertirse en partido y que busca nuevas formas de organización, de expresión. Esta es hoy la situación francesa: una situación absolutamente explosiva.


¿Qué enseñanzas podemos extraer de la apuesta institucional que hicieron una parte de los movimientos sociales surgidos con el 15M en España y que sentaron las bases de la emergencia de Podemos y de las experiencias municipalistas?


Yo creo que las luchas preceden siempre a los movimientos del capital, y no cabe duda de que en este caso nos encontramos con esta anticipación institucional. ¿Podía representarse el movimiento del 15M de manera distinta de la forma partido? Yo esperaba que sí, porque me parecía que era una fuerza que podía expresarse a través de dos formas de contrapoder difuso: por un lado el municipalismo y, por el otro, las Mareas articuladas en torno a problemas específicos. Me parecía que esto podía ser una clave para evitar la aceleración que la construcción del partido ha producido sobre la madurez del movimiento: una aceleración que ha quemado muchas posibilidades. Esa aceleración podría justificarse si ese partido hubiera mantenido un articulación amplia con el movimiento. El partido, por el contrario se ha cerrado inevitablemente. El sistema representativo no es un sistema de representación, sino de gestión del poder. Mientras no entendamos esto, no conseguiremos inventar una democracia que funcione. Hay que superar el sistema de representación tal y como está hecho porque ha sido un sistema inventado por los liberales, un sistema adecuado a una sociedad basada en la organización de la extracción de la ganancia. Hoy con los sistemas mediáticos que tenemos esta forma de gobierno es indestructible desde dentro, no se puede atravesar. Esto es algo que sabíamos desde hace muchos años y que los teóricos liberales mismos teorizaron en este sentido.


En este contexto, una parte de la izquierda europea responde con una apuesta por lo nacional-popular. En España, por ejemplo, se está teniendo un debate sobre si la respuesta a la ultraderecha y al neoliberalismo tiene que pasar por enarbolar la bandera de la nación y de la soberanía nacional...


¡Bueno esto sí que es “la imaginación al poder”!: el intento de recomponer sobre la nostalgia del pasado –porque se trata de formas nostálgicas– algo que hoy es completamente diferente. Lo nacional-popular se basaba en la hegemonía de un partido que era un partido bolchevique, y ese partido poseía los instrumentos para subordinarse los mecanismos de producción de hegemonía cultural, como por ejemplo los sindicatos. Poseía en cierto modo las claves de la intermediación social. Esa intermediación social era posible en una realidad sumamente estratificada y en una sociedad –esto no hay que olvidarlo– completamente atrapada dentro del mecanismo reformista, porque sin reformismo no tiene sentido hablar de lo nacional popular. Era una sociedad reformista keynesiana, fordista, en la que había fuerzas sociales que podían ser mediadas a través de un discurso que, en el caso concreto de los partidos comunistas europeos, era un discurso puramente reformista de mantenimiento del orden en el interior del desarrollo capitalista basado en el crecimiento. Decidme cuáles de estas condiciones existen hoy para crear un proyecto nacional-popular: hoy no existe ninguna de las condiciones que permitirían recrear un modelo de ese tipo.


El problema organizativo radica hoy en la organización de la multitud, en grandes movimientos transversales como son el movimiento feminista, los movimientos del sindicalismo social, los movimientos de los jóvenes, etc. porque la sociedad misma ya no está estratificada, sino que el valor de la sociedad es extraído y organizado en el plano financiero. No se puede pensar sin esta dimensión, si no contemplamos la crisis del liberalismo en el plano financiero, si no pensamos la extracción del valor, la financiarización del valor y todo lo que vincula las cosas que se producen en el plano local con el ámbito mundial, con la logística mundial. El mundo hoy funciona como dos muñecas rusas, una dentro de la otra. La primera es la globalización física del mundo: hoy la globalización ya no es una idea, sino que es algo físico, es un orden financiero, son los bancos, etc. Luego están todas las redes de energía, la energía que circula a través de tubos y cables y que es también algo físico. Por otra parte está la comunicación, la producción y circulación del dinero: un mundo que se produce con sus propias fuerzas. Pero hay algunos que creen que pueden reducir el mundo a su propio jardín soberanista y hacerse su propia casa sin tener en cuenta estos dos mundos. Dos mundos que giran en direcciones contrarias y el problema es hacer que giren juntos, que giren en la misma dirección: volver a vincular la globalización material –la estructura– a todo lo inmaterial que gira a su alrededor. Por supuesto, hoy está también la temática ecológica que atraviesa todo esto, pero sobre todo tenemos encima la guerra como un riesgo cercano.

Las revueltas que se producen en el 68 fueron objeto de una “contrarrevolución neoliberal” –en palabras de Paolo Virno–, aunque algunos de sus componentes de revuelta subjetiva han dado lugar a conquistas en derechos y formas de vida alternativas. Hoy el 68 es impugnado tanto por parte de la derecha más reaccionaria –en el nuevo fascismo de muchas partes del mundo hay componentes antifeministas, contra los derechos LGTBI, etc.– como por parte de cierta izquierda cuyo análisis es que los movimientos sociales que se han derivado en buena manera del 68 han fragmentado la clase obrera –con un concepto estático de la clase obrera – y han hecho diluirse el horizonte de emancipación. ¿Qué piensa de estas impugnaciones?


Frente a estas críticas la única respuesta es que no es cierto que el 68 haya fragmentado lo social ni nada por el estilo. El 68 fue un gran proceso de luchas obreras. En Francia hubo un millón de estudiantes en lucha, pero también diez millones de obreros industriales en huelga general durante un mes. Se trató de la última gran batalla defensiva frente al proyecto capitalista de destruir la fábrica como elemento central en la producción. Lo mismo ocurrió en Italia. Así que no fue el 68 el que fragmentó la clase obrera, antes al contrario: el 68 fue un gran movimiento de los estudiantes y de las capas intelectuales que se dirigieron a la fábrica precisamente para defenderla.


Yo creo que estas críticas se dirigen más al post 68. En el post 68 se produce una gran mutación cultural a partir de un desarrollo de las capacidades productivas de los componentes sociales de la multitud. No tiene sentido lamentarse de que la clase obrera se haya disuelto en la sociedad, porque a través de esa disolución, de ese devenir multitud, la clase obrera se ha hecho más rica en términos de productividad y ha transformado la propia producción –que estaba directamente sometida al poder de mando de los patronos en la fábrica– en algo difuso, cuyo elemento fundamental ha sido la cooperación social. Esto ha traído consigo que los instrumentos de una clase obrera que se había unificado en la fábrica hayan estallado y hayan desaparecido.


El gran defecto del movimiento obrero consistió en no haber percibido que esa diferencia estaba formándose, en no haber tenido la capacidad de adecuarse a ella. Por el contrario, los grandes movimientos autónomos siempre han seguido la pista de estas transformaciones, las han representado a pesar de toda la confusión y todas las dificultades que se han dado. ¿Por qué hoy nos quedamos estupefactos ante acontecimientos como el 15M o como los “chalecos amarillos”? ¿Quién se los esperaba? Ante estas cosas, en los movimientos autónomos siempre hemos dicho : “nosotros no las hemos creado, pero hemos organizado lo que ha venido después”.


Europa ha tenido siempre un papel importante en su pensamiento, ¿considera que todavía puede ser un espacio o una herramienta para combatir las amenazas del imperialismo, la guerra y el fascismo?


Soy un hombre del siglo XX y para mí Europa sigue siendo, a pesar de todo, un paso adelante porque creo que el significado de Europa como punto final de la guerra es algo que permanece. Ha habido demasiados muertos, muchos jóvenes que fueron a morir por nada. Esa angustia está antes que nada en la raíz de mi adhesión a Europa. Luego el proyecto europeo se ha convertido en un elemento de represión de las necesidades y los deseos, y esto supone una enorme decepción. Y hay que luchar contra esto, pero hay que luchar de manera realista, desde dentro. Tenemos que pensar que vivimos en un mundo en el que, si cae Europa, las potencias que están por encima no tardarán en comérsela. Se merendarán cada uno de nuestros países como la Troika se ha merendado a Grecia.


Europa sigue siguiendo un terreno común, de manera mucho más realista que cualquier discurso soberanista. Hasta los fascistas franceses, que eran los más duros contra el euro, se han dado cuenta de que no se puede estar en contra. Para nosotros se trata de empezar a luchar dentro en términos continentales y considerando que somos hermanos y compartimos una historia y rasgos culturales comunes. Desde el punto de vista de nuestras pasiones y necesidades, los europeos somos algo próximo. Pero es fundamental cambiar el neoliberalismo, ir más allá. Hoy la batalla no es contra Europa, sino contra el neoliberalismo y tenemos que construir alianzas en este terreno. No creo que se puedan hacer en términos de populismo o de nacional-populismo, donde los diferentes modelos de soberanismo tendrían que ponerse de acuerdo. Cuando los soberanistas italianos han tratado de conseguir el apoyo de los austríacos para resolver algún problema se los han encontrado de frente. Es un propósito completamente contradictorio.


Para encontrar una unidad hay que reanudar un discurso de reformismo duro y radical en Europa. Este es el único camino que podemos recorrer. Hay temas como los que están surgiendo ahora con la lucha de los “chalecos amarillos” que habría que recuperar a nivel europeo: una justicia fiscal radical –no puede ser que los patronos no paguen impuestos–que implique una progresividad altísima de los impuestos; una elevación del salario medio y de las rentas del trabajo y la introducción de una renta básica de ciudadanía. Estos son los elementos con los que debemos buscar el acuerdo en Europa y son también los primeros pasos para la construcción del común. El comunismo consiste en poner en común esas formas de vida en las que nos encontramos cooperando, en hacerlas capaces de un esfuerzo, de una lucha y de una construcción. Porque hoy el problema es el de la construcción del común. Cuando hoy trabajas en red, sabes perfectamente lo que es el común. ¿Cómo se gobierna esa red? Los patronos la gobiernan individualizando, se trata de gobernarla comunalizándola. Y este es un problema que parece difícil, pero en realidad no lo es tanto, pero pasa por una toma de conciencia. El común en sí ya existe, el común para sí hay que inventarlo o mejor dicho, hay que inventar el pasaje de uno a otro. Lo importante es afirmar que no será el para sí liberal el que terminemos alcanzando. De eso no cabe duda.

16 de Enero de 2019

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Lunes, 21 Enero 2019 06:11

Entre el fin y el principio

Entre el fin y el principio

A veces uno cree que el deterioro de un país ya tocó fondo, que las cosas han llegado a un nivel tan extremo que o hay una rebelión popular para rescatar a todos o ya no hay salvación. Esta semana –como en tantas otras– hubo ambas cosas.

Un informe oficial del inspector general del Departamento de Salud emitido el pasado jueves reveló que la política de separación de menores de edad de sus padres que migraban a Estados Unidos empezó casi un año antes (en septiembre de 2017) de lo que el gobierno había dicho, que continúan las separaciones aun después de que un juez suspendió esta práctica y que afectó a miles más de pequeños (el gobierno antes dijo que fueron poco menos de 3 mil) y que el número total de niños separados de un padre o tutor por autoridades de inmigración es desconocido .


Poco después, el senador Jeff Merkley divulgó un memorando oficial fechado a finales de 2017 que demuestra, acusó, que el gobierno de Trump tenía la intención de traumatizar a niños y crear intencionalmente una crisis humanitaria en la frontera.


Otro momento: al concluir un acto de activistas indígenas estadunidenses en el Monumento a Lincoln, en Washington, fueron rodeados por adolescentes blancos, algunos con camisetas de escuelas católicas y casi todos con gorras rojas con el lema de Trump, “ Make America great again” que habían llegado a Washington a participar en una marcha contra el aborto. Empezaron a burlarse del canto tradicional, imitándolo, brincando, y de repente empezaron a corear: construyan el muro, construyan el muro, en referencia al muro fronterizo de Trump. Uno, con una sonrisa agresiva, se paró directamente frente al reconocido líder indígena Nathan Phillips, quien continuó con su canto tocando su tambor. Todo fue capturado en video.


Con lágrimas, Phillips, del pueblo Omaha, veterano de la guerra de Vietnam, ex director de la Alianza de Jóvenes Indígenas, defensor de los derechos indígenas de toda la vida, incluida la resistencia histórica de Standing Rock, comentó a periodistas que era un momento de gran tristeza enfrentar a estos jóvenes, y afirmó que en estas tierras nunca hubo muros.
No podría haber expresiones más claras de la vida nacional en el régimen de Trump. Pero peor aún es la falta de una respuesta lo suficientemente masiva ante cuestiones tan atroces, bárbaras y crueles que hacen surgir la pregunta de que si esto es tolerable tal vez ya no hay remedio en este país.


Pero, pero, pero… no se puede despreciar el coro feroz de críticas, condenas y promesas de acciones judiciales en torno a la noticia sobre la separación de niños y, por supuesto, la ira y la denuncia del acto de agresión racista de los jóvenes. En otras esquinas continúa la masiva huelga de maestros en Los Ángeles, con un maravilloso nivel de apoyo no sólo en esa ciudad, sino a través del país, que busca rescatar el sistema de educación pública de las garras de los multimillonarios y sus políticos que durante los últimos años han intentado controlar, privatizar y lucrar con ese sector. Miles participaron en la tercera edición de la Marcha de las Mujeres en decenas de ciudades el sábado (a pesar del debilitamiento del primer repudio masivo a Trump por divisiones internas, para variar).


O sea, hay señales del otro Estados Unidos que podrían ser avisos, aún, de un nuevo principio. De hecho, algunos ya tienen listos los titulares de un periódico nacional sobre el triunfo de un movimiento multirracial encabezado por mujeres.


Más de 25 mil ejemplares de un Washington Post diferente fueron distribuidos el miércoles en la capital, incluso frente a la Casa Blanca, junto con una versión online, la semana pasada, con lo que muchos desean sean las próximas noticias en un futuro muy cercano (la edición especial está fechada 1º mayo de 2019), insistiendo en que “lo de Trump se acabó, si eso quieres”.
Así están las cosas, entre fin y principio.

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