Revolución 5.0: Táctica y estrategia anarco-comunistas para tiempos de crisis

I.

Se ha escuchado recientemente la hipótesis de que el capitalismo mundial, con la pérdida progresiva de hegemonía estadounidense y el ascenso de China, estaría experimentando una suerte de desweberización en lo que respecta al régimen de producción de sujetos dominante. En otras palabras, nos encontraríamos presenciando la evanescencia del individualismo posesivo, en perpetua competencia y obliterante de su naturaleza eminentemente socio-histórica, para atender al relevo que inauguraría cierto capitalismo de Estado donde se privilegia “lo colectivo”, la población como factor determinante para la buena salud del Capital global. Esta hipótesis pasa por alto que 1) lo que Guattari denominaba “Capitalismo Mundial Integrado” siempre se ha servido tanto de Estados ultraproteccionistas como de Estados ultraliberales, pues la forma-Estado tiene como propósito, justamente, regular de diferentes modos los flujos esquizofrénicos característicos del Capital, y 2) las tecnologías gubernamentales posdisciplinarias no se contentan con producir y numerar individuos concretos en espacios cerrados, sino que regulan amplias masas poblacionales dividualmente, es decir, a través de gradientes, intensidades, etc., (de ahí que las cifras demográficas no sean colecciones de individuos sino “paquetes de información”: calor corporal, imágenes satelitales, niveles de concentración de muertos e infectados, etc.).

II.

No se trata, entonces, de un capitalismo desweberizado que habría descubierto “lo colectivo”, sino del empleo estratégico de tecnologías políticas que mantienen sanas y productivas a determinadas masas poblacionales para que el Capital, en su vorágine desquiciada que solo persigue la valorización ilimitada, no se autodestruya. El dilema, por ende, no es “el mercado o la vida”, ya que ni el mercado ni la vida se deben presuponer, tanto lo uno como lo otro son solo efectos de los modos a través de los cuales se produce y reproduce la existencia. La población (sana o enferma, circulante, concentrada o encerrada, etc.) es constituida en tanto tal por diversos ensamblajes históricos que es preciso entender. Marx afirmaba, por ejemplo, que los cambios poblacionales resultan indisociables del modo de producción y su respectivo uso de las fuerzas productivas. En el capitalismo (inglés, industrial específicamente) la disputa por el aumento del salario oel de la tasa de ganancia obliga a la existencia de un “ejército de reserva” (masa pauperizada, desempleada) que compita entre sí y que atice la competencia entre los mismos trabajadores que logran vender su fuerza de trabajo, lo cual, como plus, impide su organización colectiva en tanto clase explotada. Así, es posible constatar diferentes maneras de gestionar la fuerza de trabajo de acuerdo con la forma-salario y las eventuales crisis capitalistas.

III.

Foucault, como él mismo argumenta, no habría hecho otra cosa sino complementar y complejizar este panorama, inicialmente, a través del análisis de la forma-prisión como figura que posibilita comprender, a su vez, un conjunto de formas de poder que hacen productivos y ordenan/castigan/vigilan/excluyen a los cuerpos de distintos modos: penalización de la “vagancia”, producción del delincuente a través de diversos discursos con pretensiones de cientificidad, gestión de los “ilegalismos” que, en principio, retan al orden del Capital, persecución o aislamiento de enfermos y perversos, etc. Si en Foucault el delincuente es producido por la forma-prisión y luego fetichizado, proyectado como entidad dada que requiere de la prisión para ser corregido, en Marx la pobreza y la lucha por la vida (por el salario) son producidas por el capitalismo y luego fetichizadas como pobreza y lucha naturales o a superar por el propio capitalismo que las ha engendrado. Solo así es concebible que el pensamiento de uno de los grandes referentes de la moderna demografía, Malthus, sea “burgués”. Hoy parece pervivir, incluso a través de los defensores del dilema “el mercado o la vida”, la tesis malthusiana de acuerdo con la cual existe un espontáneo crecimiento (irresponsable, ignorante) de la población que conduce a la lucha por la existencia, pues los medios de subsistencia no se multiplican tan rápido como la misma población y, necesariamente, matemáticamente, dicha correlación conduce a la pobreza y la muerte.

IV.

Los dispositivos disciplinarios clásicos (escuelas, cuarteles, fábricas, hospitales, prisiones, etc.), en tanto espacios de encierro, vigilancia y control sobre el cuerpo, los pensamientos y las acciones, se pudieron constituir aplastando sistemáticamente diversos tipos de resistencias: formas tradicionales y femeninas de cuidado, curación y enseñanza, cacería de brujas, leyes contra la "vagancia", exclusión de la locura, asesinato de luditas, etc. Una vez formalizados los dispositivos se crearon nuevas resistencias que, a su vez, los remodelaron: organizaciones de pacientes, movimientos estudiantiles y de presos, sindicatos y partidos obreros, etc. Así, dichos dispositivos, junto con la burocracia estatal, lo sabemos bien, han sido fuertemente cuestionados por lo menos desde la década del 60 del siglo pasado, aunque en realidad se trata de una tendencia que se extiende al siglo XIX con la consecuente aparición de técnicas gubernamentales orientadas a la regulación de grandes masas poblacionales: entrada en escena de la estadística y la demografía, campañas de higiene, etc. Tales técnicas, que no son meramente disciplinarias, se despliegan sobre espacios abiertos y juegan hoy con cifras (gradientes), cámaras deslocalizadas, dispersión de angustias, chips y tarjetas, fronteras móviles, etc. Se trata de un tránsito de sociedades disciplinarias o de normalización hacia aquello que Deleuze llamó "sociedades de control": de la escuela a la educación virtual, de la fábrica a la empresa y el teletrabajo, de la prisión a los collares electrónicos, etc.

V.

Si la presente pandemia de Covid-19 nos enseña algo es que las técnicas de control, que pueden llegar a ser más invasivas que las disciplinarias, se están implantando aceleradamente bajo la excusa del cuidado del cuerpo político en su totalidad. Quien se oponga a las mismas (por ejemplo, al teletrabajo o a la educación virtual) parece estar oponiéndose a la especie entera, con lo cual la resistencia solo puede ser comprendida como irracional. Pues bien, los nuevos irracionales no queremos el encierro disciplinario, pero tampoco el control a distancia y sin fronteras claras, queremos desplegar relaciones de apoyo mutuo que eviten una vida en crisis permanente, a saber: fin de la hiperexplotación animal, fin del imperio del Capital (sobre la salud, el ambiente, el tiempo, etc.), fin de la exclusión/eliminación de prácticas y saberes comunitarios, fin de jerarquías rancias y autocomplacientes, etc. Esto es tomar realmente la situación actual como tema político y no como mero problema policial, administrativo o gerencial. ¿Acaso dejar las cuestiones relevantes en manos de los managers y generales de siempre ha traído algo bueno?, ¿qué pueden hacer ellos, hombres serios, si no es administrar la muerte y la podredumbre?, ¿cuándo nos daremos cuenta de que nos falta alejarnos de sus ceños fruncidos paternalistas y comportarnos como lúcidos niños que no necesitan padres sin imaginación, amor real ni vitalidad?, ¿cuándo podremos distinguir el amor o el cuidado de la posesión y el control sobre los/as demás y lo demás?

Corolario

La crisis actual nos permite apuntarle a ganar dos batallas tácticas: la conquista de la renta básica universal y la defensa irrestricta del disfrute y acceso gratuito a los bienes comunes (agua, aire, conocimiento, etc.). No obstante, dichas conquistas serán realmente alcanzadas en la medida que aparezcan como parte de una estrategia comunista capaz de interrogar, asimismo, las tecnologías políticas que producen cuerpos y poblaciones, a saber, una estrategia anarco-comunista atenta a la intensificación de las luchas y existencias minoritarias.

Bogotá D.C., abril 13 de 2020

Publicado enSociedad
Martes, 14 Abril 2020 06:30

Brasil: Covid-19 desnuda la crisis

Brasil: Covid-19 desnuda la crisis

Todavía es temprano para pensar en un después del COVID-19. Estamos recién en el medio del recorrido, transitando por uno de los momentos más dramáticos e indefinidos de las últimas generaciones. Se traba una guerra a muerte en contra un enemigo invisible, aún sin contar con todas las armas para derrotarlo. No existe siquiera un rincón totalmente seguro para donde una persona pueda escapar. Y aunque los pobres sufran muchísimo más, como siempre, ahora basta un estornudo o una tos para que un rico sea contaminado. Pandemia rara, que el tiempo dirá si es parte o no de las nuevas guerras híbridas, un desventurado ensayo de agresión bacteriológica.

Pareciera innecesario afirmar que la vida vale mucho más que la economía. Pero estamos en un tiempo en que decir lo elemental parece absurdo. La actual coalición de poder en Brasil es compuesta por un grupo de degenerados y descualificados. Ascendieron al Palacio después de poderosa campaña mediática orquestada desde Estados Unidos, que condujo el país por un callejón desde la operación Lava Jato hacia el presente escenario, pasando por el golpe de Estado de 2016. En ese momento, el gobierno trata de crear una narrativa que esconde su rotunda incompetencia detrás del coronavirus. El ministro Guedes, Chicago boy en los años 1970, opera en el sentido de rebajar derechos sociales y drenar las riquezas del país para Washington. El presidente, ante el mundo, convocó la población a irrespetar la cuarentena, boicoteando a las recomendaciones de científicos y médicos, además de muchos gobernadores y alcaides. Continúa garantizando que la hidroxocloroquina puede curar la enfermedad. Con eso, también creó un gran malestar con diputados, senadores y jueces de la Corte Suprema. Por ahora, los más de dos mil militares empotrados en la estructura gubernamental, perplejos o no, hacen el aguante. El ministro de Salud, que boicotea al sistema público y al programa Más Médicos, ahora luce como un ser coherente al contrariar su jefe y defender el aislamiento social.

Obviamente es complejo y suena desubicado escribir sobre economía, política, deudas, tasas de interés, comercio e inversiones en medio a una inédita y preocupante cuarentena. Sin embargo, de alguna forma se hace obligatorio seguir pensando en lo que viene después. Será un después nuevo; quizás mejor. Ese corto ensayo busca contribuir con esa discusión, que debe ganar fuerza y forma entre los intelectuales comprometidos con la construcción de Patrias libres y soberanas en América Latina, así como de una región integrada y consolidada como relevante bloque de poder en el mundo.

Economía ya estaba enferma

La grave crisis de la economía brasileña, así como sucede en muchos de los demás países de la región, no es consecuencia del COVID-19. La pandemia solo está cumpliendo la tarea de exponer una situación absolutamente insostenible. Por un lado, Brasil posee una economía pujante, que, en 2019, de acuerdo con el Banco Mundial, se ubicó entre las más grandes del planeta, con un tamaño similar a la de Italia o Canadá y superior a la de Corea del Sur, Rusia o España. Por otro lado, el país está entre los más desiguales del mundo. El 1% más rico concentra el 28% de toda la renta; los 10% más ricos, el 41,9%. Ese cuadro es resultado de políticas adoptadas desde mediados de los años 1960, intensificadas post apertura económica de los años 1990. Dicha concentración de la renta fue solo en parte interrumpida durante los años de progresismo (2003-2016), por medio de acciones compensatorias.

Sin embargo, los gobiernos progresistas continuaron atrapados por el canto de sirena de las Inversiones Extranjeras Directas (IED) y por el sortilegio del boom de las commodities. Brasil se mantiene como el principal receptor de IED de América Latina, sin que hayan ocurrido los impactos positivos prometidos. Las inversiones estimulan la sustitución de producción nacional por bienes importados, consolidan la exportación de productos de bajo valor agregado e impulsan el aumento acelerado de las remesas de lucros al exterior. El impacto ha sido chico sobre el desarrollo científico-tecnológico, la generación de empleos y la recaudación tributaria. Los números oficiales apuntan que la economía brasileña creció con un promedio anual de 3,3% entre 2000 y 2009 y de solo el 1% entre 2010 y 2019. Esos resultados, bastante modestos, estuvieron apoyados en un creciente proceso de desnacionalización de la estructura productiva. La mejora de los indicadores sociales, como empleo, trabajo formal y poder de compra del salario, entre 2003 y 2016, fue financiada por una acelerada pérdida de control nacional sobre sectores claves de la economía. Así, es creciente el peso de conglomerados extranjeros en sectores como minería, agricultura, energía, siderurgia y servicios (financieros, telefonía, electricidad y transportes, entre otros).

Apesar de eso, Brasil consolidó su rol como economía proveedora de bienes de bajo valor agregado, con la evidente reprimarización de su pauta de exportación. En 2003, de los 10 principales productos exportados por el país, nueve eran primarios y sumaban el 25,9% del total. En 2010, los 10 principales bienes comercializados eran primarios y alcanzaron el 43%. En 2019, otra vez, de los 10 principales productos vendidos al mundo, 10 eran primarios y sumaban el 48,3% del total. Ganaron espacio bienes como soya en grano, petróleo crudo, mineral de hierro, maíz, pastas de madera, carnes vacunas, pedazos de gallinas, café no tostado y azúcar de caña.

Se identifica claramente un empeoramiento de la situación después del giro neoliberal del equipo económico de Dilma Rousseff, en 2015, y de las acciones de su vice Michel Temer, quien intensificó el liberalismo, empujado por muchos de los mismos economistas ortodoxos de la administración anterior. El nuevo gobierno, desde 2019, generó dificultades todavía más profundas. Los últimos dos años representaron el ocaso de los ya retraídos resultados económicos, empeorados por una crisis social sin precedentes.

Hoy día el PIB es similar al de 2010. La tasa de inversión en la economía cayó del 20,9% en 2013 para el 15,4% en 2019. El peso de la industria en el PIB está en el nivel más bajo desde los años 1970; llegó a mediocres 11,7%. Según la Confederación Nacional de la Industria, la capacidad ociosa del país alcanza los 35%. Brasil tiene 12 millones de ciudadanos desempleados y más de 38 millones que laburan informalmente. El retroceso en las estructuras de protección a los trabajadores fue agravado por las recientes “reformas” laboral y de la seguridad social. El poder de compra de los salarios, que aumentó entre 2003 y 2016, pasó a caer año tras año. La situación actual es de ampliación del desempleo, encogimiento de los salarios reales y disminución de la producción. Para empeorar, la estructura tributaria es fuertemente regresiva, con impuestos indirectos, sobre el consumo, o sobre la renta de asalariados, pesando desproporcionalmente sobre la clase media y los más pobres.

Otra vez el Estado

Una vez más, la respuesta debería ser el aumento de la intervención del Estado. Es decir, la adopción inmediata de políticas públicas de auxilio a los más perjudicados. Es lo que se está anunciando en muchos países: inyección multimillonaria de recursos para reactivar las economías. En el caso brasileño, debería haber aumento de los gastos con el Sistema Único de Salud (SUS), de los créditos para que las empresas esenciales continúen funcionando y de los pagos de salarios para que las personas no necesiten salir de sus casas. Sería necesario abandonar la agenda de austeridad fiscal, con acciones de promoción a la producción local, de reactivación de la capacidad instalada, de sustitución de importaciones y retomada del poder de compra del salario.

Es urgente impulsar la producción nacional, por lo menos, de bienes sencillos, como los equipos médicos de seguridad (guantes, máscaras, batas, zapatillas de paño, ventiladores pulmonares y respiradores, entre otros), actualmente comprados en el exterior. Las universidades públicas están cumpliendo, una vez más, de forma ejemplar, su función social, pese a los crecientes cortes de presupuesto al que han sido sometidas por el actual gobierno, que busca asfixiarlas para privatizarlas. Dichas instituciones de enseñanza superior están contribuyendo con estudios y soluciones concretas,como la producción y reparación de ventiladores y respiradores, por ejemplo. El escenario de caos que se avecina revela toda la perversidad de la realidad económica. Es fundamental recordar que donde faltan testes, como en Brasil, hay menos infectados y muertos.

La Suprema Corte autorizó el aumento de gastos, flexibilizando las exigencias de la Ley de Responsabilidad Fiscal, adoptada por Fernando Henrique Cardoso para imponer legalmente las políticas de austeridad: corte de gastos sociales y reserva de recursos para satisfacer al sistema financiero. Desde 2016, la enmienda constitucional del “Techo de Gastos Públicos” modificó la Carta Magna y limitó el aumento de despesas sociales por 20 años. Ante el actual escenario, en marzo, el Senado ya aprobó el pago de un auxilio de emergencia de R$ 600, por tres meses, para trabajadores sin registro, incluyendo autónomos y en los contratos llamados “intermitentes”. La ayuda, denominada "Corona voucher", junto con otras acciones, tendrá un costo aproximado de R$ 45 mil millones. Un nuevo proyecto, todavía en discusión, prevé extender el beneficio a pescadores artesanales, madres menores de edad, taxistas, indígenas, camioneros y músicos. Dichas medidas entran en conflicto con los planteamientos de la Cámara de diputados de autorizar la suspensión de contratos de trabajo y de reducir salarios.

En paralelo a la decisión de la Corte, el Parlamento insiste en la invención de un supuestamente obligatorio “Presupuesto de Guerra”, un régimen extraordinario fiscal, financiero y de contrataciones durante el estado de calamidad, que separaría los gastos para el combate al COVID-19 del Presupuesto nacional. Entre los objetivos está la autorización del Banco Central de Brasil para liberar hasta R$ 650 mil millones para bancos, sin cualquier contrapartida o garantía de que el recurso llegará a los ciudadanos que necesitan. En un momento de crisis y alto riesgo, las instituciones financieras continuarán prestando dinero con las tasas de interés más altas del mundo (12% al mes y cerca de 300% al año). Además, se liberaría al BC para comprar directamente carteras de crédito y títulos de empresas, como hace el FED en Estados Unidos. Después de la victoria sobre la terrible pandemia, restaría un país en ruinas, familias descuartizadas y bancos poderosos.

Política Externa Grotesca

Las líneas fundamentales de la Política Externa Activa y Altiva de Brasil, implementada durante el progresismo, se fueron perdiendo después de 2014. Durante más de diez años, pocas decisiones trascendentales en el mundo fueron tomadas sin consultar la posición oficial de Brasil. En el tema financiero, comercial, productivo, ambiental y militar, el país asumió un papel de creciente relevancia. Con Dilma, sobre todo debido al avance de la iniciativa de los BRICS, ese rol se mantuvo, aunque con menos intensidad. En 2016, desvaneció. El actual gobierno condujo a la política exterior de Brasil para un abismo. En pocos años, el país transitó de una posición de player respetable y fundamental en el concierto de las naciones hacia la condición de nación burlesca, grotesca y risible.

Desde enero de 2019, el actual gobierno se encargó de plantear una agenda internacional sostenida en caricaturescos prejuicios ideológicos, digna de los tiempos más ardientes de la Guerra Fría. En pocos meses, se crearon grandísimos embarazos con importantes socios comerciales del país: China, vecinos Sudamericanos, países árabes y naciones de África. Los ejemplos más destacables son las declaraciones irrespetuosas del hijo del presidente de Brasil, del canciller y del ministro de educación sobre lo que denominan el “virus chino”; la intromisión en asuntos ajenos de otros países, en el caso de las elecciones de Argentina y Uruguay; el respaldo a la agresión imperialista contra Venezuela; el soporte al golpe de Estado en Bolivia; el escándalo en la renegociación del tratado de Itaipú, con Paraguay; el apoyo a la propuesta sionista de reconocer a Jerusalén como capital de Israel; y el cierre de embajadas en países africanos y del Caribe. Todo a nombre de un incuestionable entreguismo y de la firme decisión de someterse a los intereses del gobierno de Estados Unidos, en los más distintos temas. De esa manera, la política del Itamaraty asumió un carácter farandulero que hiere a la tradición de la diplomacia brasileña, que ya tuvo entre sus cancilleres a Río Branco, AfonsoArinos, San Tiago Dantas, Azeredo da Silveira y Celso Amorim, entre otros exponentes, trabajando en el sentido de fortalecer el regionalismo y la multipolaridad.

El escenario es bastante complejo. Así como en el caso de los demás países latinoamericanos, los principales factores negativos -junto al COVID-19, actúan todos juntos: cierre de las fronteras, cuarentenas, caída de los precios de las commodities, fuga de capitales, reducción del comercio exterior y restricciones de financiamiento. En Brasil, la actual fuga de capitales es la más grande de la historia. En 2020, en solo tres meses, de enero a marzo, ya fueron más de 54,9 mil millones de reales, superando a los 42,6 mil millones de reales del año pasado entero. Es decir, el actual gobierno acumula una pérdida de más de 97 mil millones de reales. En 2020, la moneda brasileña ya perdió un 26,8% de su valor, con la tasa de cambio sobrepasando los R$ 5,20 por dólar por primera vez, aunque el gobierno haya quemado tantos dólares. Las reservas internacionales bajaron de US$ 376 mil millones para US$ 346,5 mil millones entre agosto y diciembre de 2019. Con relación a las exportaciones brasileñas, están en el mismo nivel de 2014. La caída fue del 6% en 2019 y del 10,2% en los dos primeros meses de 2020. Se nota que el empeoramiento de las condiciones ya venía ocurriendo desde antes de la pandemia.

Sería necesaria una postura muy distinta del gobierno de Brasil. El actual escenario de crisis, potencializado por el COVID-19, podrá abrir ventanas de oportunidad para movimientos en la jerarquía del Sistema Internacional. En ese sentido, otra vez, ganan relevancia las ideas de integración sudamericana, de desarrollo autónomo y de una inserción internacional más soberana.

Integración Regional como estrategia

Los organismos internacionales plantean una crisis de profundas proporciones, mucho mayor que la del 2008-2009, comparable con la de los años 1930. Puede tratarse del inicio de una nueva década perdida. La CEPAL apunta que la economía de América Latina ya creció menos en los años 2010 (1,5%) que durante los años 1980 (1,7%). Hoy día, por ahora, pareciera que el camino solitario de salvación para los países sea más razonable y probable, principalmente porque hay una supremacía de gobiernos cercanos o asociados a Washington. Además, con una perspectiva colonizada, encarnan un avinagrado sentimiento de revancha en contra del esfuerzo emancipador, integracionista y autonomista de los años 2000.

No obstante, la disminución del comercio internacional, la caída de los precios de las commodities y la escasez de dólares podrán hacer con que sean recordados los instrumentos de comercio compensado, por ejemplo. Volverían a ser utilizados el Convenio de Créditos Recíprocos (CCR) de ALADI o el Sistema de Monedas Locales (SML) del Mercosur. El comercio intrarregional, actualmente en uno de sus niveles históricos más bajos, podría ser retomado, incluso como forma desesperada de los países de consumir bienes de las economías vecinas sin la obligatoriedad de utilizar dólares. Dicha carencia de divisas potencializaría las transacciones comerciales intrarregionales, lo que demandaría el fortalecimiento de las conexiones físicas, de infraestructura. Como la crisis continuará, el movimiento de acercamiento regional debe hacer parte del esfuerzo de restructuración de las economías. A su vez, con el tiempo, dicho comercio entre vecinos podría impulsar, incluso, la articulación de cadenas industriales, la integración productiva, incluyendo a pequeñas, medianas y grandes empresas.

Se recuerda que el pensamiento estructuralista de industrialización por sustitución de importaciones, de intervención y planificación estatal, se consolidó exactamente durante la “Era de la catástrofe”, entre 1914 y 1945. Las crisis suelen cumplir la función de ampliar el grado de permisividad del Sistema, posibilitando que las naciones contestadoras se muevan en la jerarquía mundial. Quizás ese desastroso escenario de pandemia, de muerte y dolor, cumpla un doble rol. Podría barrer los gobiernos neoliberales y sus políticas de concentración de riqueza, ante su total incapacidad de responder y solucionar a los crecientes problemas de las mayorías. O podría rescatar la comprensión acerca de la necesidad de integración de América del Sur. No obstante, obviamente existe la posibilidad de que las salidas post COVID-19 no sean positivas o que se profundice el actual estado de degeneración, reforzado por mecanismos de represión y control todavía más fuertes.

Nueva Arquitectura Financiera

Aunque uno haga el esfuerzo de creer en la posibilidad de contar con el FMI o el Grupo Banco Mundial en un momento de grave crisis, la historia comprueba todo lo contrario. Son instituciones gemelas que, pese al rol que pudiera incluso denominarse como “relativamente positivo” en 1945, en Bretton Woods, fueron asumiendo la función de perros de guardia de las políticas de austeridad y ajuste neoliberal después del fin del patrón dólar-oro, en los años 1970. En los 1980, durante la crisis de la deuda externa, y en los 1990, desde la apertura de las cuentas de capitales hasta las crisis financieras, los países latinoamericanos sufrieron intenso chantaje de esas instituciones financieras. Al fin, las economías periféricas contaron mucho con iniciativas proprias e instrumentos regionales, como el CCR de ALADI o el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR). Hoy se nota como hubiera sido importante ejecutar las propuestas de crear el Banco del Sur, ampliar el FOCEM, potencializar un fondo de reservas del Sur e intensificar los intercambios comerciales vía compensación.

Ojalá el BID y la CAF cumplan un rol positivo en ese momento dramático. Pero el camino de salida para las crisis de los países endeudados no será enseñado por las estructuras tradicionales, como el FMI o el BM. A fines de marzo, ambas instituciones dieron a conocer un documento en el cual supuestamente proponen un inmediato perdón de la deuda oficial bilateral de 76 países prestatarios de la Asociación Internacional del Fomento (AIF), que abarca las economías más pobres del mundo. Dicha asociación incluye a 39 países de África, ocho de América Latina y Caribe (Dominica, San Vicente, Granada, Guyana, Haití, Honduras, Nicaragua y Santa Lucía) y dos de Europa (Kosovo y Moldova), entre otras naciones de Asia. Sin embargo, en el comunicado de las dos instituciones, dirigido a los países del G20, lo que se sugiere es elaborar una lista de las deudas que serían insostenibles, además de eventuales planes de reestructuración. Los próximos capítulos de ese tema se conocerán en reuniones que todavía ocurrirán a mediados de abril.

Hay otra información muy importante, que llama la atención. El stock de deuda externa total de los países de ingresos bajos y medios (que incluye Argentina, Brasil, China, India, Indonesia, México y Rusia, entre otros), en 2018, ascendió a US$ 7,8 trillones. Sin embargo, el anuncio del FMI y del BM incluye solamente a los países deudores de la Asociación Internacional del Fomento (AIF), cuya deuda alcanza US$ 25 mil millones. O sea, la propuesta de las dos instituciones, que todavía necesita ser evaluada en distintas instancias, alcanza al 0,3% del total de las deudas. Aunque pueda ayudar a algunos países muy pobres, sería completamente insuficiente.

Por eso, desde los años 2000, se habla tanto, en todas las regiones, sobre la necesidad urgente de refundar una arquitectura financiera internacional, reduciendo el rol protagónico de los gemelos e impulsando mecanismos regionales de financiamiento. Es fundamental potencializar los estudios e investigaciones en ese tema, considerando cómo podrían reactivarse instrumentos ya existentes en América Latina.

Consideraciones finales

Sin contar con una bola de cristal, se trató de presentar un brevísimo análisis sobre las consecuencias de un fenómeno nuevo, que está sucediendo hoy mismo. Los resultados serán, muy probablemente, bastante drásticos para las sociedades subdesarrolladas: cierre de empresas, adquisiciones de los pequeños negocios por los grandes, concentración de la renta, corte de los gastos sociales, desempleo, hambre, desnutrición y olas de criminalidad. No obstante, existirá un después. Y parece evidente que el mundo que vendrá, post-COVID-19, exige otras realidades muy distintas. Más Estado, menos desigualdad. Menos poder al mercado, más acción consciente del ser humano. Más integración regional como salida común, menos proyectos nacionales solitarios que amplían los problemas periféricos.

Las consecuencias concretas de la pandemia dependerán de su extensión y la magnitud de la tragedia y las crisis en cada país, potencializadas por el frenazo resultante de las políticas neoliberales. Ojalá la mayoría de los gobiernos de la región sea presionada a abandonar las políticas excluyentes o barridos del mapa. Obviamente no hay ninguna garantía de que el porvenir sea mejor. Ese corto ensayo busca aportar con la necesaria discusión sobre el mundo que vendrá después de la victoria sobre la pandemia.

Por Luciano Wexell Severo, docente y Coordinador del Observatorio de la Integración Económica de América del Sur (OBIESUR) de la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA).

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Omar Rincón: "Este virus no es un partido de fútbol"

El experto en comunicación alerta sobre el tratamiento mediático de la pandemia

 

“El virus vive feliz en los medios”, dice el experto en comunicación colombiano Omar Rincón. Y recomienda a los medios, entre otras cosas, “recordar que este virus no es un partido de fútbol, que cada enfermo no es un gol, que cada decisión de los gobiernos no es un cántico de barrabrava. Menos es más, pero un menos con conciencia social y responsabilidad democrática”.

Rincón es ensayista, periodista, profesor universitario, crítico de televisión y autor audiovisual. Es asiduo visitante de Argentina, adonde viene a dictar clases, escribir o desarrollar distintos proyectos de comunicación. La última vez estuvo en febrero, para grabar las conferencias que irán en el Diploma virtual sobre medios digitales y educación, que empieza en mayo, impulsado en forma conjunta por la Universidad Pedagógica Nacional (UNiPE) y la Oficina en Buenos Aires de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

--¿Cómo analiza el tratamiento mediático del coronavirus?

--Dos perlas: “En Caracol Televisión (el canal número uno en rating en Colombia y que duplicó su sintonía en tiempos de esta “cosa”) lo más importante es la gente y su salud”, dicen y agregan que “garantizamos la mejor y más responsable información en tiempo real”. Y para hacerlo nos cuentan esas noticias terroríficas del coronavirus con un dejo de emoción futbolera: cada contagiado es un gol que se narra, cada comentarista es un fanático que inventa análisis, el árbitro es un gobierno que mete más miedo y todos somos barras bravas dispuestas a linchar o reír. Y todo en directo y en vivo: no hay pausa, ni reflexión, ni esperanza, ni humor, ni ambigüedad: y otro virusiado, gol y goool y gooolll. Así esta “cosa” se convierte en miedo mediático ya que nos dice que el mundo real-real es una amenaza, luego mejor quedarnos en casa y como no hay fútbol y deportes, y las telenovelas y realities aburren, mejor ser espectadores de las miserias humanas y políticas de los otros. Así creamos el comportamiento perfecto: estamos en casa viendo la tele porque el afuera real es amenazante, sobre todo porque los humanoides son poco confiables en sus cuerpos.

--¿Qué deberían hacer los medios y el periodismo para informar sobre este virus?

--Reportear, no analizar. Ojo con los títulos. No se trata de un gol, no se cuenta cada “viruseado” como un gol patrio, no se comunica cada miedo con la emoción del hincha. Más que nunca se necesita y exige contexto. Contexto, antes que el directo, el envío primero es el contexto, sin contexto no hay sentido. Hacer periodismo tutorial: más que informar primero, se debe hacer periodismo lento, comprensible y explicativo. Un tutorial que desactive los miedos y active al ciudadano. No se trata de producir terror, sino de colaborar en la generación de confianza. Periodismo lento: no al directo, al en vivo, a la alarma. Sí al pausar, tener datos, verificar los datos, evitar a los expertos opinólogos, ganar el criterio. Esto significa renunciar al periodismo de “todo por un clic” para hacer el periodismo que provee criterio. Menos es más: recordar que este virus no es un partido de fútbol, que cada enfermo no es un gol, que cada decisión de los gobiernos no es un cántico de barra brava. Menos es más, pero un menos con conciencia social y más responsabilidad democrática.

--El diplomado sobre medios digitales y educación en el que usted dará conferencias fue propuesto antes de la pandemia y la cuarentena, ahora parece tener un nuevo sentido.

--Creo que la sociedad compró el discurso digital en todo el mundo y sin ideología. Todos quieren cerrar la brecha digital, todos quieren conectar a todos los ciudadanos con internet, suponen que internet va a liberar al mundo. Y henos aquí viviendo en modo remoto y conectados vía digital. Las empresas de tecnología hacen buen negocio y deciden el modelo de sociedad que nos toca en destino: una de vigilancia y control con ciudadanos conectados y dóciles en sus casas. En este contexto, reflexionar crítica y productivamente sobre los mundos digitales en la educación es urgente: la tecnología no resuelve todo, solo el conectarse; la educación pone las ideas, el humanismo y los rituales cuerpo a cuerpo.

--Marshall Mcluhan...

--Otra vez hemos vuelto a tener el mismo sueño colectivo que hemos tenido desde siempre. Vivimos creyendo que la solución del mundo viene de afuera y hoy las tecnologías incentivan este humo. Hay mucho humo digital y no es de izquierda, ni de derecha. Todos lo aplican idéntico. Las universidades y la educación viven comprando tecnología y creen que con eso transforman el mundo, cuando en realidad le estamos regalando los datos de profesores y estudiantes para que nos vigilen y controlen mejor. Por eso, es clave pensar la relación de medios digitales y educación. Y para hacerlo debe volver a hacer lo que siempre ha hecho, generando conciencia crítica. No comprar el humo pero tampoco ser apocalíptico. Comenzar a dialogar entre culturas modernas con culturas digitales. Por ejemplo, hay cosas clarísimas que están funcionando. Una, como dice Alessandro Baricco en The Game, está clarísimo que la revolución digital existe, está pasando, la estamos habitando: es una nueva experiencia cultural. Eso implica cosas totalmente novedosas de ecosistema que tenemos que empezar a comprender. No podemos seguir diciendo que es más de lo mismo, que fue lo que pasó con la televisión, que fue lo que pasó con la radio, no sigamos diciendo lo mismo. Todo el mundo quiere normalizar esto; no, es nuevo, es una nueva experiencia cultural y política. ¿Cómo la habitamos? Ahí la pregunta por la educación es de las más cuestionadas.

Una segunda cosa es que viene con un cambio de experiencia cultural. Entonces, habitamos la coolture, ya no la cultura. Dejamos de ser modernos, de pensar desde la profundidad, desde la complejidad, desde las preguntas densas para pasar a una sociedad que se piensa más desde estilos de vida, de andar en la superficie, de generar experiencias cool. Entonces la propuesta es que no es que una cosa aparece y otra desaparece, sino que tenemos poner en diálogo intercultural a Jurasic Park con The walking dead, a la educación con los zombies, pero en diálogo, no en imposición autoritaria de contenidos o saberes o prácticas.

--En las escuelas todavía ni siquiera saben qué hacer con los celulares.

--Es que el problema está planteado desde los aparatos. Pasaba con la televisión. La televisión no entraba al aula, sino que estaba guardada en un salón aparte. Ahora los celulares, el computador, la tablet, las redes digitales, los videojuegos quedan guardados y no entran al aula de clase. No entra el aparato pero el sujeto ya viene con los nuevos consumos culturales y los nuevos saberes, no los puedes dejar afuera.

La segunda opción es domesticarlo, entonces, lo mete al aula de clase pero lo aburre profundamente porque le quita todo lo que tiene de juguetón, de divertido y lo vuelve superaburrido. La tercera fórmula es asumir que eso entre como es y comenzar a entenderlo como textos, pretextos, contextos del proceso educativo. Creo que el mayor susto que tiene el maestro con eso es que viene con un nuevo concepto, viene con la lógica del juego. Y es triste que la educación se resista, no sé cuándo perdió esa lógica. El aula escolar expulsó al juego de la educación, originalmente la educación era un juego.

Entonces, el mundo digital trae al presente una cosa viejísima que es que a la educación se va a jugar y eso creo que al maestro le da mucho susto. El maestro tiene que aceptar que ya perdimos la capacidad cognitiva de mediador, que perdimos la autoridad de oráculos que teníamos, tenemos que asumir la revolución digital sin perder el estilo humanista.

--Qué difícil.

--Si le preguntas a cualquier persona, todos tienen un maestro al que adoran. El maestro que motivaba, que incentivaba, que jugaba, que imaginaba, que experimentaba. De pronto, los maestros nos quedamos con la autoridad, el currículum, la didáctica, la pedagogía, lo aburrido, y expulsamos lo que siempre hemos sido... los contadores de historias sobre el conocimiento inscrito en la sociedad, la vida y el territorio

--¿Pero todo tiene que ser divertido?

--El problema no es solamente divertir. Hay juegos que son serios. Jugar implica estrategia, criterios, pensar. No es que se vuelva todo divertido. Lo que sí tiene que pasar es que te dé criterio para la vida. Yo no tengo que aprender cosas a las que no les encuentro sentido.

--Esa es la gran pregunta de los chicos de todos los tiempos, ¿qué sentido tiene estudiar esto?

--Tienen que darme criterios. Entonces ¿por qué tengo que aprender a escribir y a leer? Porque tiene que aprender. Nooo. Por ejemplo, escribir aunque sea con faltas de ortografías es para contar historias y si cuentas historias seduces al mundo, a sus amigos, a los afectos... No es la ortografía, es el contar. Me sirve para de pronto inventar mundos. Los maestros tenemos la obligación de decirles a los estudiantes para qué le sirven los conocimientos que estamos aportando, qué experiencias van a vivir con los saberes que enseñamos. Y es un rol muy interesante.

--Cuestiona la educación en general más allá de las tecnologías. Creo que eso pasa con algunos profesores muy puntuales.

--De acuerdo. Yo creo que hay mucho profesor y maestro de maravilla, pero no sabemos. Y eso ha hecho que juzguemos al sistema educativo injustamente. Estamos juzgando al sistema educativo a partir de lo que han construido los medios de información sobre el maestro, que es feo, mal vestido, de mal gusto, no quiere trabajar y lo único que hace es pedir más salario. Esa es la construcción TN y de todos los noticieros del mundo. El maestro como una figura desagradable, anacrónica, totalmente prescindible en la sociedad. Frente a esto tenemos a los vendedores de humo digital, emprendedores, que además nunca fueron a la universidad. Y nos dicen: un celular cambia el mundo, te convierte en emprendedor. Frente a esa falsa figura informativa tenemos la figura de la ficción, donde los maestros son lo máximo, son lo que necesitamos, crean mundo. Y en la mitad tenemos la vida cotidiana. Todos los ciudadanos hablan pésimo de la educación pero no saben qué hacer sin la educación, no saben qué hacer con sus hijos, no saben dónde dejarlos. La sociedad le ha descargado toda la necesidad de vida a la escuela, pero no le colabora. Los políticos se lavan las manos y no dan presupuesto. Los medios se lavan las manos de la mala imagen que producen. La institución escolar se lava las manos: no tenemos plata, no tenemos esto. Es complejo. Entonces ahora llega lo digital y dicen: solucionado el problema, lo digital soluciona los malos maestros. Y no es cierto. Lo digital no soluciona nada sin un ecosistema cultural y educativo que aporte. El segundo problema es que la institución educativa es absolutamente conservadora y clásica y eso nunca se ha podido transformar. Usted mete cualquier tecnología y la mete al colegio...

--Y la hace aburrida...

--Y conservadora.

--¿Qué hay que hacer?

--Transformar todo el ecosistema. Eso cuesta dinero y el Estado prefiere invertir dinero en tabletas que en el factor humano. Por ejemplo, hoy en día las clases deberían ser hechas por dos o tres profesores en colectivo para que haya saberes integrados. Eso sería la convergencia desde la docencia, en la sociedad digital lo más importante es el acompañante, tutor, guía, como quieran llamarlo. El profesor hoy no tiene que enseñar nada, los conocimientos están en todas partes. Pero sí necesitamos sujetos que den criterios, que motiven, que contextualicen, que generen ecosistema de saberes. Pero esas conexiones no son automáticas. Las conexiones se las estamos dejando al mercado. La convergencia en los modos de construir los ambientes de aprendizaje triplicaría el precio de los docentes.

--En este contexto ¿cuál debería ser el rol de los medios públicos?

--La primera función de los medios públicos sería generar ciudadanía celebrity. O sea, convertir a cada ciudadano en la estrella de sus pantallas.

--¿Eso no sería copiar el modelo privado?

--No, porque el mercado convierte al ciudadano en protagonista muy pocas veces. Son las estrellas de la farándula las que hablan y cuando aparece el ciudadano es como “pone problemas”, como el que mata.

--O la víctima...

--O cuando es periodista, el que es denuncista... entonces en mi barrio todo es problema, nunca aparece un ciudadano creativo, propositivo, actor de su historia. No aparece el ciudadano que cocina rico, que baila rico, que es famoso en su comunidad. Ese ciudadano que mantuvo a este país durante los cuatro años de macrismo, que resistió como nunca, no aparece en los medios. Eso para mí sería lo mejor que tiene que hacer la televisión y los medios públicos. Después tiene que haber medios bien hechos, ojalá no tanto documental, más ficción, otros formatos que celebren la diversidad cultural de una sociedad.

--¿Todavía es importante la televisión?

--A la televisión la han vivido matando. Y la gente que la mata es gente que nunca ha sido capaz de ver televisión siquiera.

--Pero los y las adolescentes, por ejemplo, nunca miraron TV ni leyeron un diario.

--Sí, pero hoy en día la televisión es un virus que se toma todo. La televisión nunca pelea, se acomoda a lo que sea. Primero tomó al cine y lo hizo hacer cine estilo televisión. Ahora los periódicos empezaron a hacer periódicos que parecen televisión. Aparece Youtube, la gran liberación, y la TV obliga a que youtube haga televisión, youtube es televisión hasta en la publicidad que interrumpe losa programas, tiene control de desnudos, control de sexo y violencia igual que la televisión. El streaming de Facebook es la primera televisión que existió, el directo. La televisión toma todo.

--Es lo audiovisual...

--A eso voy. Es que no triunfa el audiovisual de alta calidad cinematográfica, triunfa el audiovisual televisivo. Y eso hace que hoy el joven no sepa que lo que está viendo es televisión pero lo que está viendo es televisión. La televisión mutó hacia un entretenimiento audiovisual expandido. Se tomó todas las pantallas bajo el concepto de entretenimiento y expande las pantallas. Todo tiene los principios de la televisión, no tiene los principios del cine ni de lo digital. La televisión popular, la abierta, seguirá viviendo en cosas como transmitiendo eventos en directo. El directo sigue siendo el reino de la televisión. Transmitiendo espectáculos deportivos, musicales, entretenimiento popular como la telenovela, los realitys, los programas musicales. Además tiene la otra virtud de los formatos más clásicos como los concursos. Lo que para mí está muerto es el cable. Con internet y con plataformas veo en el dispositivo que quiera y a la hora que quiera, no debo esperar al cable.

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El grupo Prisa y la desinformación sobre Venezuela

Adictos a la mentira. Corresponsales a sueldo, sin escrúpulos, programados para crear un imaginario de caos, violencia y muerte en Venezuela, esa es la estrategia del Grupo Prisa. En el ámbito doméstico, mantiene la versión progresista. El consejo de administración nombra directora de El País a Soledad Gallego-Díaz, la cara amable de la socialdemocracia radical. Su relación con Pedro Sánchez y Podemos es fluida, así lima asperezas. Pero cuando se trata de informar sobre Venezuela, son periodistas expertos en manipular, dar noticias sesgadas y publicar material gráfico apócrifo. Hablan de crisis humanitaria y dan voz a quienes llaman al golpe de Estado. Bajo el título "Venezuela enfrenta dos virus", el lunes 6 de abril y firmada por Leopoldo López, en tanto coordinador del Centro de Gobierno de Juan Guaidó, se publica una columna de opinión. Recuérdese que López fue juzgado por participar en el frustrado golpe de abril de 2002 y reincidir el 30 de abril de 2019, en su poder armas de grueso calibre y un plan para atacar el palacio presidencial. En titulares, sin enlaces para corroborar sus datos apunta: “no hay batas, gorros, guantes, mascarillas, provisiones de alcohol, jabón y demás artículos… no hay medicamentos, desinfectantes… el único recurso la voluntad de los trabajadores de la salud… sólo existen 84 respiradores en el sector público… menos de 7 por ciento dispone de agua potable constante, 18 por ciento no la recibe nunca… menos de 10 por ciento recibe servicio eléctrico constante y 6 por ciento tienen garantizado elementos para vivir… y menos de 1 por ciento tienen acceso al combustible...” En su columna, ninguna alusión a las acciones de sabotajes, estrangulamiento o sanciones de EU que condenan a la población venezolana.

El estos tiempos de guerra contra Venezuela, el Grupo Prisa, no se diferencia de ABC, La Razón, El Mundo o La Vanguardia. La columna de López es la excusa para hablar de Venezuela en sus redes. Único punto, apoyar la estrategia lanzada por Estados Unidos y reforzar la condición de narcotraficante de Nicolás Maduro. Presentado como mártir de la libertad, ninguna mención al hecho de haber sido Leopoldo López, según Rodríguez Zapatero, quien se opuso y evitó la firma de acuerdos entre oposición y gobierno en República Dominicana, pateando el tablero a última hora. Lo dicho, puede ser exagerado, pero analicemos las tripas del Grupo Prisa. Sus principales accionistas lo componen: el fondo de capital riesgo, Amber Capital (26.40 por ciento), HSBC (10. 01), Telefónica (9.54) Familia Polanco (8.49), Adar Capital (7.36), International Media Group, propiedad del jeque catarí Al Thani (7.22) GHO Networks (5.02) Banco de Santander (4.15) y Carlos Fernández González, Grupo Finaccess SAPI de CV con 4.02 por ciento. Siendo Joseph Oughourlian, de Amber, su cara visible, junto al sionista de Adar, Zev Marynberg. Amigos de Trump, controlan 65 por ciento de los votos indirectos en la junta de accionistas. Eso sí, el grupo acumula una deuda de 661.2 millones de euros.

Prisa es un conglomerado trasnacional de medios de comunicación, entre los cuales sobresalen Cadena Ser, El País, As, Cinco Días, Radio Olé y El Huffingthon Post en España; ADN Radio con 43 frecuencias en Chile, W Radio en México, Radio Caracol y W Radio en Colombia, su programa LOS40, que emite en 12 países latinoamericanos, o el grupo Santillana, editorial de textos educativos, presente en 14 países con 94 millones de libros vendidos y 32 millones de estudiantes. En Argentina controla 50 por ciento del papel prensa. Con canales de televisión y producción propia, el holding para América Latina tiene su sede en Miami, e imprime en México la edición internacional de El País. En su folleto Prisa Noticias se adjudica 126 millones de navegadores únicos, Prisa Radio 40 millones de navegadores únicos y 20 millones de oyentes y en Tv comercial, audiencia prime time de 26.7 por ciento. Organiza conferencias y actos para orientar inversiones. En ellos participan directivos de Telefónica, Banco de Santander, Sacryr, Asolux, Fenosa, Ferrovial, Iberdrola, ACS, BBVA, etcétera. Felipe González hace anfitrión a sueldo. En 2018 en Madrid, junto a González, el ex presidente de Colombia Juan Manuel Santos, patrocinando inversiones en Colombia y subrayando que su país es de los más rentables y seguros de la región. En ocasiones han participado los ex presidentes Lagos, Sanguinetti o Vargas Llosa.

El País y el Grupo Prisa dio amplia cobertura al artículo de Leopoldo López en sus noticieros. Excusa para intoxicar la información sobre Venezuela entre sus tertulianos. Abrió el debate a los informes de la DEA, haciendo hincapié en el supuesto cártel venezolano Sol y la recompensa de 15 millones de dólares por entregar al presidente Maduro a Washington. ¿Por qué ahora la columna de Leopoldo López? Prisa ha soslayado las peticiones de la ONU, la OMS y organizaciones de derechos humanos de levantar las sanciones, el bloqueo a Venezuela y Cuba en tiempos de pandemia.

La respuesta está en el artículo de Carlos Fazio publicado en La Jornada: “ Lawfare y guerra asimétrica vs. Venezuela”, destapando la trama para derrocar al gobierno constitucional de Venezuela. Hoy, agrego, se suma el Grupo Prisa. Habrá quienes recuerden la estrategia para invadir Irak centrada en la existencia de "armas de destrucción masiva". Una falacia que justificó una guerra espuria. Nunca existieron, pero fue el argumento. Venezuela es la siguiente parada: un supuesto Estado narcoterrorista. El petróleo su objetivo.

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Casos acumulados de coronavirus en el mundo (mapa de la Universidad John Hopkins)

El editor de la prestigiosa revista científica The Lancet aporta su visión crítica sobre la gestión de la epidemia

"En esta ocasión, los expertos y los científicos dieron como hechas algunas realidades que luego resultaron no ser ciertas"

 

Sabíamos que esto iba a pasar. En 1994 Laurie Garrett publicó un libro clarividente, un aviso, The Coming Plague [La próxima plaga]. Su conclusión era: "Mientras el género humano se pelea entre sí, la partida cae del lado de los microbios, que ganan terreno. Son nuestros depredadores y vencerán si nosotros, homo sapiens, no aprendemos a vivir en una aldea global que deje pocas oportunidades para los microbios".

Si les parece que esa forma de expresarse es hiperbólica, tengan en cuenta un análisis más sobrio realizado por el Instituto de Medicina de Estados Unidos en 2004. Se evaluaban las lecciones del brote de Sars de 2003 citando a Goethe: "Saber no es suficiente; debemos aplicar. Querer no es suficiente, debemos actuar". Concluía que "la veloz contención del Sars es un éxito de la salud pública pero también una advertencia… si el Sars sucede de nuevo… los sistemas sanitarios de todo el planeta recibirán una presión extrema… una vigilancia continua es de vital importancia".

El mundo hizo caso omiso a las advertencias.

Ian Boyd, quien fuera asesor científico del gobierno británico entre 2012 y 2019 recordó recientemente que "un entrenamiento realizado para un escenario de pandemia de gripe en el que morían alrededor de 200.000 personas me dejó hecho trizas". ¿Sirvió para que algún gobierno tomara medidas? "Aprendimos lo que funcionaría en caso de tener que aplicarlo, pero no necesariamente se pusieron en marcha las lecciones aprendidas".

Las políticas de austeridad acabaron con la ambición y compromiso por parte de los gobiernos de proteger a sus ciudadanos. El objetivo político fue disminuir el rol del Estado, que tuviera menor capacidad de intervención: el resultado fue dejar al país herido de gravedad. Sean cuales fueren las razones por las que no se aplicaron las lecciones de las simulaciones de Sars y gripe, el hecho es que –Boyd lo ha sintetizado- "nuestra preparación era deficiente".   

La respuesta global al Sars-CoV-2 es el mayor fracaso de la política científica de nuestra generación. Las señales estaban ahí. Hendra en 1994Nipah en 1998, Sars in 2003, Mers en 2012 y Ébola en 2014; todas esas grandes epidemias que afectaron a los humanos fueron causadas por virus que nacen en los animales y luego saltan al ser humano. El Covid-19 lo causa una nueva variante del virus que causó el Sars.

A nadie sorprende que las señales de alarma pasaran inadvertidas. Pocos de nosotros tienen la experiencia de una pandemia y todos tenemos parte de culpa por haber ignorado información que no refleja nuestra propia experiencia del mundo. Las catástrofes ponen de manifiesto la debilidad de la memoria humana. ¿Cómo puede planificarse ante un suceso aleatorio y extraño, más cuando el sacrificio exigido es tan intenso?

Como argumenta la sismóloga Lucy Jones en su libro de 2018 The Big Ones,"los riesgos naturales son inevitables, el desastre no lo es".

El primer deber de un gobierno es proteger a sus ciudadanos. Los riesgos de una pandemia pueden medirse y cuantificarse. Como han demostrado Garrett y el Instituto de Medicina, los peligros de una nueva epidemia se sabían y comprendían desde la aparición del VIH en la década de los 80. Desde entonces, al menos 75 millones de personas se han contagiado de ese virus y han muerto 32 millones de personas. Puede que no se haya extendido por el planeta a la velocidad del Sars-CoV-2 pero su alargada sombra debería haber puesto sobre alerta a los gobiernos para que tomaran las medidas necesarias ante el estallido de un nuevo virus.

Durante una crisis, es comprensible que tanto ciudadanía como políticos se conviertan en expertos. Pero en esta ocasión, los expertos, los científicos que han modelizado y simulado futuros posibles, dieron como hechas algunas realidades que luego resultaron no ser ciertas. El Reino Unido asumió que esta pandemia se parecería bastante a una gripe. El virus de la gripe no es benigno, el número de personas fallecidas cada año por gripe en Reino Unido varía mucho con un pico reciente de 28.330 muertos en 2014-2015 pero la gripe no es Covid-19.

En contraste, China quedó marcada por su experiencia con Sars. Cuando el gobierno se dio cuenta de que había un nuevo virus en circulación, las autoridades chinas no recomendaron el lavado de manos, ni toser con más educación o tener cuidado con el lugar en el que se tiraban los kleenex. Pusieron ciudades enteras bajo cuarentena y apagaron la economía. Como me dijo un ex secretario de salud inglés, nuestros científicos sufrieron un ataque de "sesgo cognitivo" ante el riesgo medio que supone la gripe.

Quizás por ese motivo, el comité más importante del gobierno en esta crisis, el recién creado grupo de asesoramiento ante las amenazas de virus respiratorios (Nrevtag) llegó a una conclusión el 21 de febrero, tres semanas después de que la Organización Mundial de la Salud hubiera declarado la crisis una emergencia de salud pública de alcance internacional: no objetaba la evaluación de riesgo "moderado" a la salud pública de la población del Reino Unido.

Cometieron un error importante.

No elevar el nivel de riesgo tuvo como consecuencia un retraso mortal a la hora de preparar al sistema de salud ante la ola de infecciones que estaba por venir. Es doloroso releer las peticiones desesperadas de ayuda por parte del personal de primera línea del sistema sanitario público en Reino Unido. "El agotamiento del personal de enfermería nunca ha sido tan alto y muchas de nuestras heroicas enfermeras están al borde de un ataque de nervios". "Enferma ver que esto sucede y que, de algún modo, el país, cree que es lo correcto permitir que algunos trabajadores enfermen, reciban ventilación y mueran". "Me siento como un soldado que va a la guerra desarmado". "Es un suicidio". "Estoy harto de que me llamen héroe porque si tuviera opción no vendría a trabajar".

La disponibilidad y el acceso a equipos de protección individual ha fracasado de manera estrepitosa en el caso de muchos sanitarios, médicos y personal de enfermería. Algunos gestores de hospitales habían hecho la planificación correcta. Muchos no han sido capaces de proveer los equipos de protección necesarios a sus equipos de respuesta en primera línea.

En cada conferencia de prensa, el portavoz del gobierno incluye la misma frase: "Hemos seguido los consejos médicos y científicos". La frase es buena. Sólo es cierta en parte. Los políticos sabían que el sistema de salud no estaba preparado. Sabían que no se habían organizado las capacidades suficientes para proveer de cuidados intensivos ante un incremento de casos y necesidades como las actuales. Un doctor me escribió lo siguiente: "Parece que nadie quisiera aprender de la tragedia humana de Italia, China, España… Es realmente triste… Los médicos y los científicos no han sido capaces de aprender los unos de los otros".

Se supone que vivimos en el 'antropoceno', una era en la que la actividad humana  impone su influencia sobre el medioambiente. El concepto de antropoceno conjura una cierta idea de omnipotencia humana. Pero el Covid-19 revela la sorprendente fragilidad de nuestras sociedades. Ha expuesto nuestra incapacidad para cooperar, coordinarnos y actuar juntos. Quizás no podamos controlar el ámbito de lo natural en absoluto. Quizás no tengamos la capacidad de control que alguna vez creímos tener.

Si el Covid-19 es capaz de imbuir algún grado de humildad al ser humano, es posible que después de todo acabemos mostrando cierta receptividad a las lecciones de esta pandemia letal. O quizás nos sumerjamos de nuevos en nuestra cultura de complacencia y excepcionalismo en tanto llegue la próxima plaga. Que lo hará.

La historia reciente nos muestra que más temprano que tarde

por Richard Horton - Director de la revista científica The Lancet

Traducción de Alberto Arce.

11/04/2020 - 20:29h

Viernes, 10 Abril 2020 07:10

Pandemia y colapso civilizatorio

Pandemia y colapso civilizatorio

En sus efectos y consecuencias, la pandemia es la gran guerra de nuestros días. Como sucedió con las dos conflagraciones del siglo XX o con la peste negra del siglo XIV, la pandemia es el cierre de un periodo de nuestra historia que, resumiendo, podemos denominar como el de la civilización moderna, occidental y capitalista, que abarca todo el planeta.

La globalización neoliberal ha encarnado el cénit y el comienzo de la decadencia de esta civilización. Las pandemias, como las guerras, no suceden en cualquier periodo, sino en la fase terminal de lo que el profesor de historia económica Stephen Davies (de la Universidad Metropolitana de Manchester) define como una ecúmene, una parte del mundo que tiene "una economía integrada y una división del trabajo, unidas y producidas por el comercio y el intercambio" (https://bit.ly/2y1spAg).

Las pandemias se verifican, en su análisis, cuando un periodo de "creciente integración económica y comercial sobre gran parte de la superficie del planeta" llega a su fin. Son posibles por dos fenómenos complementarios: un elevado movimiento humano y un incremento de la urbanización, potenciadas por un modo de vida al que llamamos globalización y por "la cría intensiva de ganado".

En rigor, la pandemia acelera tendencias prexistentes. Son básicamente tres: la interrupción de la integración económica; debilitamiento político que provoca crisis de las clases dominantes; y profundas mutaciones sicológicas y culturales. Las tres se están acelerando hasta desembocar en la desarticulación del sistema-mundo capitalista, en el que está anclada nuestra civilización.

La primera se manifiesta en la interrupción de las cadenas de suministro de larga distancia, que conducen a la desglobalización y la multiplicación de emprendimientos locales y regionales.

América Latina está en pésimas condiciones para encarar este desafío, toda vez que sus economías están completamente volcadas hacia el mercado global. Nuestros países compiten entre sí para colocar los mismos productos en los mismos mercados, al revés de lo que sucede en Europa, por ejemplo. La estrechez de los mercados internos juega en contra, mientras el poder del uno por ciento tiende a dificultar la salida de este modelo neoliberal extractivo.

En segundo lugar, las pandemias, dice Davies, suelen "debilitar la legitimidad de los estados y de los gobiernos", mientras se multiplican las rebeliones populares. Las pandemias afectan sobre todo a las grandes ciudades, que conforman el núcleo del sistema, como es el caso de Nueva York y Milán. Las clases dominantes habitan las metrópolis y tienen una edad superior a la media, por lo que serán también afectadas por las epidemias, como puede observarse ahora.

Pero las pandemias suelen, también, arrasar con buena parte de la riqueza de las élites. Al igual que las guerras, las grandes catástrofes "producen una gran reducción de la desigualdad". Así sucedió con la peste negra y con las guerras del siglo XX.

El tercer punto de Davies, los cambios culturales y sicológicos, son tan evidentes que nadie debería ignorarlos: el activismo de las mujeres y de los pueblos originarios, con la tremenda crisis que han producido en el patriarcado y el colonialismo, son el aspecto central del colapso de nuestra civilización estadocéntrica.

El líder kurdo Abdullah Öcalan, en el segundo volumen de la monumental obra de su defensa ante la Corte Europea de Derechos Humanos, contrapone la "civilización estatal" con la "civilización democrática", y concluye que ambas no pueden coexistir*.

Para Öcalan, el Estado "se formó en base a un sistema jerárquico sobre la domesticación de la mujer" (p. 451). Con el tiempo, el Estado se convirtió en el núcleo de la civilización estatal, existiendo una "estricta relación entre guerra, violencia, civilización, Estado y justicia-Derecho" (p. 453).

Por el contrario, la civilización democrática se diferencia de la estatal, en que busca satisfacer al conjunto de la sociedad por medio de la "gestión común de los asuntos comunes" (p. 455). Su base material y su genealogía deben buscarse en las formas sociales previas al Estado y en aquellas que, luego de su aparición, quedaron al margen del Estado.

"Cuando las comunidades alcancen la capacidad de decidir y actuar sobre los asuntos que les conciernen, entonces se podrá hablar de sociedad democrática", escribe Öcalan.

Ese tipo de sociedades ya existen. Conforman los modos de vida en los que podemos inspirarnos para construir las arcas que nos permitan sobrevivir en la tormenta sistémica, que ahora se presenta en forma de pandemia, pero que en el futuro se combinará con caos climático, guerras entre potencias y contra los pueblos.

Conozco algunas sociedades democráticas, sobre todo en nuestro continente. La mayor y más desarrollada cuenta ya con 12 caracoles de resistencia y rebeldía donde construyen mundos nuevos.

* La civilización capitalista. La era de los dioses sin máscara y los reyes desnudos, Caracas, 2017.

* La civilización capitalista. La era de los dioses sin máscara y los reyes desnudos, Caracas, 2017.

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Viernes, 10 Abril 2020 07:05

El año de la peste

El año de la peste

Entra el monstruo…

“ Coronavirus es la vieja película que hemos estado viendo una y otra vez desde que en 1995 el libro The Hot Zone, de Richard Preston, nos presentó al demonio exterminador conocido como ébola, nacido en una misteriosa cueva de murciélagos en África central. Fue sólo la primera de una sucesión de nuevas enfermedades que surgían en el "campo virgen" de los inexpertos sistemas inmunes de la humanidad. El ébola fue seguido pronto por la influenza aviar, que brincó a los humanos en 1997, y por el SARS, que surgió a finales de 2002: en ambos casos apareció primero en Guangdong, el centro manufacturero del mundo.

Así pues, el coronavirus entra por la puerta principal como un monstruo familiar. Secuenciar su genoma fue pan comido y, sin embargo, faltan los segmentos más vitales de información. Los científicos que trabajan día y noche para caracterizar el brote se enfrentan a tres retos colosales. Primero, la constante escasez de equipos de prueba, en especial en Estados Unidos y África, ha impedido realizar estimaciones precisas de parámetros claves, como tasa de reproducción, tamaño de la población infectada y número de infecciones benignas. El resultado ha sido un caos de cifras.

Segundo, al igual que las influenzas anuales, este virus muta al circular entre poblaciones de diferentes composiciones de edad y estado de salud. La variedad que los estadunidenses tienen más probabilidades de contraer ya es levemente distinta del brote original en Wuhan. El "catarro corona" de Trump es cuando menos un peligro mortal para la cuarta parte de los estadunidenses, que son de la tercera edad, tienen sistemas inmunes débiles o problemas respiratorios crónicos.

Tercero, aun si el virus se mantiene estable y muta poco, su impacto en los sectores de menor edad podría diferir radicalmente en los países pobres y entre los grupos de alta pobreza.

Dentro de un año, tal vez estemos mirando con admiración el éxito de China en contener la pandemia, y con horror el fracaso de Estados Unidos. La incapacidad de nuestras instituciones de mantener cerrada la caja de Pandora apenas si causa sorpresa: desde 2000 hemos visto repetidas fallas en la atención a la salud en la primera línea.

Las temporadas de influenza de 2009 y 2018 colmaron hospitales en todo Estados Unidos, exponiendo la pasmosa escasez de camas de hospital después de años de recortes en la capacidad de internamiento de pacientes, con talde elevar las utilidades económicas. La crisis se remonta a la ofensiva de las corporaciones que llevó a Ronald Rea-gan al poder y convirtió a destacados integrantes del Partido Demócrata en sus cajas de resonancia neoliberales. De acuerdo con la Asociación Estadunidense de Hospitales, el número de camas disminuyó en un extraordinario 39 por ciento entre 1981 y 1999.

En el nuevo siglo, la medicina de urgencias ha continuado reduciéndose en el sector privado a causa del imperativo de "valor accionario" de incrementar los dividendos a corto plazo, y en el sector público, por la austeridad fiscal y las reducciones en los presupuestos estatales y federales destinados a prepararse para contingencias. En consecuencia, existen sólo 45 mil camas de terapia intensiva disponibles para hacer frente al proyectado ingreso de casos graves y críticos de coronavirus.

Al mismo tiempo, los republicanos han rechazado todos los esfuerzos por reconstruir las redes de seguridad despedazadas por los recortes presupuestarios de 2008. Estamos en las primeras etapas de un Katrina médico. Al dejar de invertir en la preparación médica ante emergencias, al mismo tiempo que la opinión de expertos ha recomendado una expansión importante de la capacidad, carecemos de insumos básicos de baja tecnología, así como de respiradores y camas de urgencias. Las existencias nacionales y regionales se han mantenido en niveles muy por debajo de lo que indican los modelos epidémicos. Por tanto, la debacle de equipos de prueba ha coincidido con una escasez crítica de equipo de protección para los trabajadores de la salud.

La actual pandemia expande el argumento: la globalización capitalista ahora parece biológicamente insostenible en ausencia de una infraestructura de salud internacional. Sin embargo, tal infraestructura nunca existirá hasta que los movimientos de la gente rompan el poder de las grandes farmacéuticas y la atención privada a la salud.

Esto requiere un diseño socialista para la supervivencia humana, que incluya un Segundo Nuevo Trato, pero que vaya más allá de él. Desde los días del movimiento Occupy, los progresistas han puesto con éxito la lucha contra la desigualdad de ingreso y de riqueza en la página uno, un gran logro. Pero ahora los socialistas deben dar el siguiente paso y, con las industrias de asilos y farmacéuticas como objetivos inmediatos, abogar por la propiedad social y la democratización del poder económico.

Sin embargo, debemos también hacer una evaluación honesta de nuestras debilidades políticas y morales. La evolución hacia la izquierda de una nueva generación y el retorno de la palabra "socialismo" al discurso político nos anima a todos, pero hay un elemento perturbador de solipsismo en el movimiento progresista que es simétrico con el nuevo nacionalismo. Sólo hablamos de la clase trabajadora estadunidense y de la historia radical de Esta-dos Unidos. A veces esto se acerca a una versión izquierdista de "Estados Unidos primero".

Al enfrentar la pandemia, los socialistas deben encontrar toda ocasión de recordar a otros la urgencia de la solidaridad internacional. En concreto, necesitamos agitar a nuestros amigos progresistas y a sus ídolos políticos para que demanden un aumento masivo de la producción de equipos de prueba, suministros de protección y medicamentos vitales para su distribución gratuita en los países pobres. Toca a nosotros asegurar que la atención universal a la salud se convierta en nuestra política tanto exterior como doméstica.

*Reconocido urbanista e historiador, autor de City of Quartz , Planet of Slums , Nadie es Ilegal y The Monster at our Door sobre la gripe aviar, entre otros, profesor emérito de la Universidad de California e integrante del comite editorial de New Left Review .

Por Mike Davis*

Versión completa en La Jornada online: https://www.jornada.com.mx/ultimas/ mundo/2020/04/09/el-ano-de-la-peste-mike-davis-1199.html

Traducción: Jorge Anaya

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Viernes, 10 Abril 2020 06:50

El agua se nos escurre entre los dedos

Rebelión

En general, usted lector (a) habitualmente utiliza el agua como un bien que está ahí, a su alcance, parece eterna. La usa para cocinar, aseo personal, regar el jardín o como empleo recreacional en piletas, fuentes y jardines. Para usted es algo común, el agua está ahí.

Sin embargo, en nuestro planeta, este recurso, sin el cual ningún organismo viviente podría sobrevivir, no es tan común para miles de millones de seres humanos. Según el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos del año 2019 (1): 2.200 millones de personas –es decir un 30% de la población mundial- no tiene acceso al agua potable, por tanto, con condiciones de salubridad que representan un peligro social. Dos de cada tres personas en el mundo sufren escases de agua, considerado grave, al menos una vez al año. 750 niños menores de cinco años mueren diariamente, ya sea por no tener acceso a saneamiento básico o por beber aguas insalubres. El año 2030, 700 millones de personas en el mundo, se verán desplazadas de sus lugares de origen por la falta de agua. Y, en materia de género, en cuatro de cada cinco hogares son las mujeres las encargadas de recoger el agua para los hogares, en fuentes ubicadas en ocasiones a varios kilómetros.

Los datos objetivos, tanto aquellos manejados por la ONU como por agencias gubernamentales coinciden en que el uso del agua viene aumentando a una tasa del 1% anual, principalmente desde la década de los 80 del siglo XX hasta ahora. Esto, por el aumento poblacional, el desarrollo social y económico de los pueblos y los cambios en los modelos de consumo, que han incrementado ese uso. En ese nuevo contexto, tanto el agua potable como el saneamiento son reconocidos como derechos humanos fundamentales, tanto en el sentido material (sustento de la población) como también subjetivo (la dignidad de los seres humanos). Esto debería obligar a los Estados a proporcionar a su población el acceso al agua potable y saneamiento sin discriminación, donde se priorice a los sectores más necesitados. Conceptos como acceso, equidad y seguridad son esenciales.

En un interesante trabajo titulado “Agua: ¿dónde está y de quién es? se señala, respecto al agua, en el marco descrito anteriormente, que los temas de propiedad, gestión, manejo y disponibilidad de las aguas ha pasado a constituirse en un eje crítico de las decisiones políticas, económicas y sociales, que debemos tener respecto a este recurso. “A los crecientes problemas de acceso y calidad de los recursos hídricos, se agregan las consecuencias de los procesos de liberalización y privatización del agua, que han transformado su definición desde un bien nacional de uso público, hacia un bien económico sujeto a las reglas del mercado”

En el Informe de la ONU señalado, respecto a Latinoamérica y la región del Caribe, se afirma que esta zona del mundo carece, mayoritariamente, de fuentes adecuadas de agua potable. Con insuficiencias en instalaciones seguras y dignas para la eliminación de las heces. Millones de personas, habitantes de las principales metrópolis del continente están sin acceso al líquido elemento, concentrados en lo que se denomina los cinturones de pobreza, donde el suministro de servicios de agua potable y sanitarios es insuficiente y en otros, sencillamente inexistentes, teniendo que recurrir a camiones aljibes, llaves comunitarias, además del uso letrinas y pozos sépticos, que contaminan además las napas subterráneas.

En gran parte de Latinoamérica, el servicio de agua potable, acompañado de procesos de privatización han generado fragmentación de sus estructuras de servicios, con gran número de prestadores “sin posibilidades reales de lograr economías de escala o viabilidad económica y bajo la responsabilidad de gobiernos locales, que carecen de los recursos e incentivos necesarios, para hacer frente con eficacia a la complejidad de los procesos involucrados en la prestación de servicios. Un ejemplo paradigmático de la privatización del agua lo vive Chile, el único país del mundo que mantiene legalmente privatizada el agua, estableciendo la protección al derecho de propiedad privada más fuerte en el mundo, donde el Estado no interfiere en ningún aspecto para garantizar el bien público.

A principios de los años 90 del siglo XX, en el país sudamericano, bajo el gobierno del ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle se privatizó la administración de la infraestructura y los derechos de agua, que pasaron desde el Estado a las empresas privadas. Privatizando así las principales distribuidoras de agua del país. Bajo el gobierno de Ricardo Lagos (sucesor de Eduardo Frei) se optó por un modelo distinto. La llamada Transferencia del derecho de explotación de las concesiones sanitarias, donde a una empresa privada se le entrega la concesión y las inversiones en infraestructura, por un periodo de 30 años al cabo de las cuales definiría su continuidad.

En Latinoamérica, la necesidad de generar inversiones en el tema agua potable y saneamiento sanitaria, debido al aumento poblacional, el desarrollo social y económico de los pueblos y los cambios en los modelos de consumo, generaron la decisión de parte importante de los gobiernos de nuestro continente, marcados por el modelo neoliberal de entregar a empresas extranjeras (donde se destacaron las de origen español) las oportunidades de inversión en infraestructura y saneamiento. “La incapacidad de las autoridades, para brindar una cobertura adecuada a los ciudadanos incitó un aumento de contratos de privatización de servicios de agua entre inversionistas extranjeros y Gobiernos. Hoy en día 10% de los consumidores en todo el mundo reciben agua vía empresas privadas” y en Latinoamérica esa cifra es mayor a medida que las presiones por privatizar los servicios públicos se imponen, sobre todo bajo la égida de gobiernos de corte neoliberal.

Para José Esteban Castro en su trabajo: La privatización de los servicios de agua y saneamiento en América Latina “esas políticas de privatización implementadas desde la década de 1990, para reorganizar los servicios de agua y saneamiento en América Latina, han tenido poca relación con los problemas específicos de esos servicios. Se presentó la privatización como la solución a la crisis de este sector, caracterizada por: falta de cobertura, calidad inadecuada de la prestación, corrupción y falta de inversión pública en la expansión y renovación de la infraestructura. Sin embargo, la razón principal no fue la búsqueda de soluciones a estos problemas, sino la aceptación acrítica de una política fundada en los principios y argumentos característicos de la ideología pro-privatización, que resurgió en los años 80. La crisis real de los servicios fue utilizada y hasta provocada, para promover las privatizaciones.

La privatización del agua es un negocio multimillonario. Se calcula, que para el año 2025, el gasto anual de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en infraestructura relacionada, superará el billón de dólares. Las nuevas tecnologías y la necesidad de inversión adicional en infraestructura aumentarán la demanda en el mercado, lo que potencialmente generaría valoraciones de miles de millones de dólares. Dichas oportunidades y promesas económicas explican en gran medida, por qué los servicios de agua se han ganado el apodo de “oro azul”

En Latinoamérica las cifras respecto al agua dulce la presentan como un botín muy apreciado, un bien económico y no un derecho social. El 26% del agua dulce del planeta está en América Latina, en forma de acuíferos, campos de hielo, ríos, lagos. Sólo Brasil contiene el 5% de toda el agua dulce del mundo. Los 22.100 metros cúbicos de agua per cápita representa el triple del promedio mundial. Entre los 10 principales ríos del mundo, cinco son latinoamericanos: Orinoco, Amazonas (que representa la quinta parte del caudal fluvial del mundo), Rio Negro, Paraná y Madeira. El Acuífero Guaraní es la tercera reserva mundial de agua dulce y se extiende bajo la superficie de Paraguay, Uruguay, Argentina y Brasil. Sus reservas podrían dar agua a todos los habitantes del planeta durante 200 años, de ahí la importancia geopolítica que este acuífero posee, poniéndolo en el radar de los intereses hegemónicos estadounidense.

Pero se da la paradoja, igualmente, que esta Latinoamérica, dotada de recursos hídricos envidiables, 100 millones de sus habitantes carecen de total acceso a ella, surtiéndose de fuentes ocasionales. El 25% de la población latinoamericana (de un total de 629 millones de habitantes) no tienen acceso a servicios de agua potable y saneamiento. República Dominicana Haití, Nicaragua, Perú, Ecuador son, dentro de Latinoamérica, los países con menores capacidades de acceso a esas fuentes de agua potable y saneamiento Sólo el 20% de las aguas residuales de este subcontinente reciben tratamiento. Las represas hidroeléctricas Itaipú y Simón Bolívar, son la segunda y la cuarta más grandes del mundo respectivamente.

Las cifras mencionadas respecto a este oro azul han traído a América Latina a numerosas empresas sanitarias, hidroeléctricas, de distribución de agua entre otras, que representan una tajada importante de ingresos para multinacionales como Endesa, Iberdrola, empresas chinas, entre otras. Según datos entregados por el Banco de Desarrollo de América Latina – CAF – (4) en el Foro Mundial del agua del año 2018, Latinoamérica necesita invertir 12.500 millones de dólares, para alcanzar las metas trazadas por la ONU en los llamados “objetivos de desarrollo sustentable) que entrega datos desalentadores en el plano de agua y saneamiento (2) si no se trabaja por lo signan como el Objetivo 6: Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos (3) que la ONU volcó en la agenda 2030. Como también en los objetivos planteados en la meta de “No dejar a nadie atrás” según el Informe de Mundial de las Naciones Unidas Sobre el desarrollo de los recursos Hídricos presentado el año 2019.

La dicotomía se da respecto al papel que deben desempeñar los Estados y la iniciativa privada, cuestión de áspero debate en momentos que la propia esencia del neoliberalismo está siendo cuestionada en virtud de la pandemia global del Covid-19, que ha sacado a relucir la importancia de concretar Estados poderoso, capaces de garantizar, salud, educación, bienestar y servicios básicos a su población como derechos irrenunciables, entre ellos el agua potable y el acceso a servicios sanitarios. Para el mundo privado, las empresas de lobby, los gobiernos neoliberales y las multinacionales en Latinoamérica existe un déficit de infraestructura, de capital humano, institucional, financiero y de gobernabilidad, que son las que llevan a situaciones de escasez. Una región apetitosa, donde pueden invertir y tener retornos multimillonarios al cabo de pocos años.

Chile sigue siendo el ejemplo de la presencia de capitales extranjeros, que suelen replicar posteriormente sus inversiones en Latinoamérica, en materia de suministro de agua potable y servicios sanitarios. En el caso chileno, su participación en el mercado alcanza el 93%. Grupo europeo Agbar-Suez, controladora de Aguas Andinas (con ganancias en el país que superaron los 150 millones de dólares el año 2019 y más de 2.300 millones en sus subsidiarias en el mundo), Essal y Aguas Cordillera, que abastece a cuatro de cada diez chilenos. Empresa que a su vez deriva labores hacia el sector de aguas servidas incrementando notablemente sus ingresos. La sanitaria canadiense ligada al mundo docente en Canadá -Ontario Teachers Pension Plan, OTPP – que suman el 36% del mercado con plantas de distribución de agua potable y tratamiento de aguas servidas.

Por su parte, las sanitarias propiedad de la japonesa Marubeni en alianza con la empresa del mismo país Innovation Network Corporation of Japan, con un 9%. Incluso hay presencia de inversiones colombianas, a través de la llamada Empresa Pública de Medellín (EPM), que compró Aguas de Antofagasta al grupo Luksic en US$ 967 millones. La empresa de Singapur Sembcorp, por su parte, vendió a la española Sacyr y sus cuatro empresas de agua, que serán gestionadas por la filial agua Sacyr en servicios de captación de agua bruta, distribución de agua potable, recogida y depuración de aguas residuales.

Una fragmentación que da luces de lo interesante y atractivo que resulta, para estas empresas, invertir en un negocio considerado estable, de rentabilidades seguras, que atrae a inversionistas de largo plazo. Es un negocio redondo ¡claro! pero para el que lo pueda pagar pues el resto deberá seguir en sus mismas condiciones de carestía, sujeto a los vaivenes del mercado, mirando como ciertos cultivos, la minería, los proyectos hidroeléctricos, como también la ineficacia de sus gobiernos e intereses económicos marcados por la corrupción, junto a la invisibilización de los derechos sociales, entre otros le impiden el pleno acceso al agua potable, al saneamiento y en definitiva a su plena dignidad como persona. Que el agua se nos escurra entre los dedos (pero lo mínimo) sólo cuando nuestra sed y nuestra necesidad de higiene esté satisfecha.

Notas:

  1. Extraído de https://www.acnur.org/5c93e4c34.pdf. Publicado en 2019 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 7, place de Fontenoy, 75352 París 07 SP, Francia. © UNESCO 2019. Este informe es publicado por la UNESCO en nombre de la ONU-Agua. La lista de miembros y socios de la ONU-Agua se puede encontrar en el siguiente sitio web www.unwater.org.
  2. Datos relevantes. 3 de cada 10 personas carecen de acceso a servicios de agua potable seguros y 6 de cada 10 carecen de acceso a instalaciones de saneamiento. Al menos 892 millones de personas continúan con la práctica insalubre de la defecación al aire libre. Las mujeres y las niñas son las encargadas de recolectar agua en el 80% de los hogares sin acceso a agua corriente. Entre 1990 y 2015, la proporción de población mundial que utilizaba una fuente mejorada de agua potable pasó del 76% al 90%. La escasez de agua afecta a más del 40% de la población mundial y se prevé que este porcentaje aumente. Más de 1700 millones de personas viven actualmente en cuencas fluviales en las que el consumo de agua supera la recarga. 4 billones de personas carecen de acceso a servicios básicos de saneamiento, como retretes o letrinas. Más del 80% de las aguas residuales por actividades humanas se vierten en los ríos o el mar sin ningún tratamiento, provocando su contaminación. Cada día, alrededor de 1000 niños mueren debido a enfermedades diarreicas asociadas a la falta de higiene. Aproximadamente el 70% de todas las aguas extraídas de los ríos, lagos y acuíferos se utilizan para el riego. Las inundaciones y otros desastres relacionados con el agua representan el 70% de todas las muertes relacionadas con desastres naturales.
  3. Objetivos 2030. Lograr el acceso universal y equitativo al agua potable a un precio asequible para todos Lograr el acceso a servicios de saneamiento e higiene adecuados y equitativos para todos y poner fin a la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres y las niñas y las personas en situaciones de vulnerabilidad. De aquí a 2030, mejorar la calidad del agua reduciendo la contaminación, eliminando el vertimiento y minimizando la emisión de productos químicos y materiales peligrosos, reduciendo a la mitad el porcentaje de aguas residuales sin tratar y aumentando considerablemente el reciclado y la reutilización sin riesgos a nivel mundial. Aumentar considerablemente el uso eficiente de los recursos hídricos en todos los sectores y asegurar la sostenibilidad de la extracción y el abastecimiento de agua dulce para hacer frente a la escasez de agua y reducir considerablemente el número de personas que sufren falta de agua. Implementar la gestión integrada de los recursos hídricos a todos los niveles, incluso mediante la cooperación transfronteriza, según proceda. Proteger y restablecer los ecosistemas relacionados con el agua, incluidos los bosques, las montañas, los humedales, los ríos, los acuíferos y los lagos. Ampliar la cooperación internacional y el apoyo prestado a los países en desarrollo para la creación de capacidad en actividades y programas relativos al agua y el saneamiento, como los de captación de agua, desalinización, uso eficiente de los recursos hídricos, tratamiento de aguas residuales, reciclado y tecnologías de reutilización. Apoyar y fortalecer la participación de las comunidades locales en la mejora de la gestión del agua y el saneamiento

Por Pablo Jofré Leal | 10/04/2020

Cedido por www.segundopaso.es

Publicado enMedio Ambiente
El doctor Tomàs Pumarola, jefe de microbiología del hospital Vall d’Hebron de Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRI / EL PAÍS

El jefe de microbiología del hospital Vall d’Hebron de Barcelona teme que, a largo plazo, el coronavirus mute y escape a la presión inmunológica

La pandemia de coronavirus ha obligado a la población a hacerse un máster apresurado en microbiología. Antígenos, anticuerpos o reacción en cadena de polimerasa (PCR) se han incorporado al vocabulario común. Todo ello para entender qué y cuentas pruebas de detección hay para la Covid-19 y cómo funcionan. Conocer la dimensión real de la pandemia y el nivel de inmunización de la población es lo que trae de cabeza a la comunidad científica. También encontrar una vacuna y seguir desentrañando los secretos de ese microorganismo con forma de corona.

En esas anda el jefe del servicio de microbiología del hospital Vall d’Hebron de Barcelona, Tomàs Pumarola (Barcelona, 62 años). En esta crisis sanitaria, más de 15.000 PCR han pasado por sus manos y estudia de cerca las posibilidades de los otros test de detección en el mercado. “Hay tres técnicas, una lenta y dos rápidas: la PCR, el test de antígenos y el test de anticuerpos”, recuerda.

La PCR, “la de referencia”, es la más lenta (tarda cinco horas el resultado) y requiere equipos técnicos y profesionales especializados, pero también es la más fiable. Los test de antígenos son más rápidos (15 minutos) y no precisan grandes recursos humanos y técnicos, pero su sensibilidad es baja: entre el 30%y el 40% en los primeros días de infección, lo que implica que si sale negativo, se precisa una PCR de confirmación. Los test de anticuerpos son ágiles y tienen una sensibilidad del 80%, pero solo seis o siete días después de desarrollar el cuadro clínico.

Pregunta. ¿Cuál es la mejor técnica?

Respuesta. Depende de la pregunta que tengas. Para hacer el diagnóstico sobre el paciente que llega a la puerta de Urgencias, lo mejor es la PCR. Si no dispongo de un laboratorio para hacer PCR y me llega en los tres primeros días, puedo tener una técnica más sencilla, que es el test de antígenos. Si el de antígenos sale negativo, puedo derivar esa muestra a un laboratorio que haga la PCR. Otra utilidad de la PCR, fuera del diagnóstico, es cuánta gente sin síntomas es portadora del virus en el tracto respiratorio. Donde va a tener utilidad el anticuerpo es en saber quién ha pasado la infección y quién no, quiénes están protegidos y quién no.

P. En esta situación de pandemia, ¿qué es lo que más apremia saber?

R. En estos momentos, en el desconfinamiento, lo que más nos interesa saber es a cuánta gente ha infectado el virus. Eso me va a permitir establecer modelos predictivos de cuánto va a durar todavía todo esto. El virus se parará en el momento en el que haya infectado a un número determinado de la población, cuando haya inmunidad poblacional. Si detectamos que el 30% de la población está infectada, es probable que deje de infectar durante un tiempo. Si solo se ha infectado el 10%, es posible que cuando se empiece a desconfinar, continúe infectando.

P. ¿Cuánto dura la inmunidad?

R. No lo sabemos. No sabemos si la persona que tiene anticuerpos está protegida. Asumimos que sí, pero no sabemos, y tampoco durante cuánto tiempo. Hay varias preguntas: ¿esos anticuerpos me están protegiendo?, ¿cuánto tiempo van a durar en sangre? Habrá que esperar a tener meses de experiencia. Pero imaginemos que estoy protegido durante dos años, ¿el virus va a cambiar?

P. ¿Los coronavirus mutan mucho?

R. Son virus RNA, tienen mucha variabilidad. Tienen diferentes grados de estabilidad. Hay que tomarlos con mucha precaución. Tenemos las experiencias del SARS y el MERS: el MERS no ha cambiado y el SARS duró solo seis meses. Lo que no podemos decir es que este problema no lo vamos a tener. Lo que hay que hacer es vigilar el virus y ver si a lo largo del tiempo es capaz de cambiar.

Ahora no va a cambiar. Cuando un virus entra en una persona con anticuerpos, estos obligan al virus a mutar para sobrevivir. Ahora el coronavirus está entrando en personas que no tienen anticuerpos y no necesita cambiar, pero cuando empiece a reinfectar a personas con anticuerpos, estos lo van a presionar mucho para que cambie. Es la presión inmunológica.

Cuando haya infectado a un número importante de población y le cueste infectar a más, desaparece y vuelve a aparecer más tarde. Si hay un nivel de la población alto que le protege, cada vez le va a costar más y es posible que desaparezca o no. La clave es la vacuna. Si nos consigue proteger al 100% de forma duradera, conseguiremos eliminarlo definitivamente, como hicimos con la viruela. Pero si la vacuna no es 100% efectiva y el virus va cambiando, tendremos que convivir con él, con mucha menor malignidad.

P. ¿Llegará antes la vacuna o la inmunidad?

RLa vacuna tenemos todavía para un año. Veremos. Dependerá de la industria y del virus. De si las proteínas del virus que estoy usando para hacer la vacuna van a ser suficientes para hacer una respuesta inmune o no. Hay vacunas de la proteína del microorganismo donde se induce muy mal la respuesta inmunitaria, como el meningococo B. Este puede ser el principal cuello de botella para conseguir la vacuna. Con otros coronavirus la respuesta inmune ha sido baja. También es cierto que tenemos metodologías que nos permiten potenciar la respuesta inmune.

P. ¿Cuándo empezará a frenar este coronavirus?

R. No sabemos cuándo empezará a tener dificultades. Va a depender mucho de varios factores, como si los anticuerpos de las personas infectadas son muy protectores o no. El coronavirus del SARS fue muy agresivo y desapareció. El MERS es muy agresivo, pero se transmite fatal. Y hay otros cuatro coronavirus que nos afectan cada año de una forma leve y habitual. Hay mucha variabilidad. Los virus son impredecibles.

P. ¿Pero este ha venido para quedarse?

R. Depende de los anticuerpos y de la transmisibilidad. El virus del SARS se transmitía cuando la persona estaba enferma y era fácil delimitar la infección. Este lo transmite gente enferma y gente sana.

P. Este virus daña, no solo los pulmones, sino también el riñón y el corazón.

R. El virus es un disparador: lo que nos crea una lesión grave no es él, sino el sistema inmune, que reacciona de forma anómala al virus. La hiperactuación del sistema inmune es la que nos lleva a la UCI.

Cuando el virus entra, despertamos una respuesta inmune que lo neutraliza: la sensación de decaimiento, cansancio y fiebre es la respuesta inmune. Controlamos el virus, lo eliminamos y nos curamos. Pero hay un pequeño número de personas cuya respuesta no es capaz de neutralizar el virus y este continúa multiplicándose. Ahí el organismo responde activando más la respuesta inmune y se crea un círculo que lleva a una hiperactivación del sistema inmune que nos lleva a la UCI.

p. ¿Qué les falta por saber del coronavirus?

R. Muchas cosas. Lo que más nos quita el sueño, como microbiólogos, es cuál será su capacidad de variación, si será capaz de escapar a la presión inmunológica una vez haya infectado al 80% de la población y empezar de nuevo el proceso. Nos preocupa mucho que el coronavirus acaba teniendo un comportamiento similar a la gripe

Barcelona - 10 abr 2020 - 03:42 COT

Un hombre empuja un carrito frente a la Bolsa de Comercio de Nueva York.    ________________________________________ Imagen: AFP

16,6 millones de personas pidieron el subsidio por desempleo

Sólo durante la semana pasada 6,6 millones de personas solicitaron el subsidio. Estudios encargados por el Congreso estiman que el desempleo podría escalar al 12 por ciento y que la economía entrará en recesión. 

Unas 16,6 millones de personas perdieron su trabajo en Estados Unidos desde que el gobierno endureció las medidas para enfrentar el coronavirus. El dato surge de la cantidad de subsidios por desempleo solicitados al Estado en los últimos 21 días. Sólo durante la semana pasada 6,6 millones de personas solicitaron el subsidio. Estudios apartidarios encargados por el Congreso estiman que el desempleo podría escalar hasta el 12 por ciento al final del segundo trimestre del año, y que la economía entrará en recesión. En paralelo, el país alcanzó los 450,525 casos positivos de Covid-19, en tanto que el número de muertos escaló a 15.896. Nueva York, la ciudad más afectada , tuvo un nuevo récord de muertes. Sin embargo cayó el número de personas hospitalizadas.

Números impensados

La cifra semanal de peticiones del subsidio de desempleo fue levente menor que los 6,867 millones de la semana anterior, según anunció el Departamento de Trabajo. Este número sin precedentes en la historia de Estados Unidos superó las expectativas de los analistas, que habían calculado la pérdida de unos 5,5 millones de puestos de trabajo. El promedio de solicitudes tomando las últimas cuatro semanas, subió al nivel de 4,2 millones. En la semana que concluyó el 28 de marzo 7,4 millones de personas estaban recibiendo prestaciones por desempleo, cuando la anterior sólo 4,4 millones lo estaban cobraron.

Sin embargo, el dato sobre las solicitudes por desempleo no refleja toda la realidad del mercado laboral. Los trabajadores independientes e informales, que no pueden acceder a estos beneficios bajo las reglas vigentes, se queda por fuera de los registros oficiales. Con casi el 75 por ciento de la población estadounidense confinada en sus hogares, los analistas esperan que continúen aumentando las solicitudes. La perspectiva es que pasen meses antes de que se reanuden las actividades económicas normales. La semana pasada el Gobierno informó de un salto del índice de desempleo al 4,4 por ciento en marzo, respecto al 3,5 de febrero. Los datos son peores para los hispanos, con un índice de desempleo del 6 por ciento, en tanto que para los afroamericanos la cifra llega al 6,7 por ciento. Las filas de los desempleados parecen haber crecido más que el récord anterior de 15,3 millones de desocupados durante la recesión de 2007-2009.

Intervención del Banco Central (Fed)

A poco de conocerse la actualización del número de desocupados, la Reserva Federal (Fed) anunció un nuevo programa de préstamos. El mismo contempla otorgar 2.300 millones de dólares para respaldar a las pequeñas y medianas empresas, y a los gobiernos estatales y locales. Los préstamos irán destinados a empresas con hasta 10.000 empleados y menos de 2.500 millones de ingresos en 2019. Además, permitirán el aplazamiento de los pagos de intereses y de capital por un año. Otros 500.000 millones de dólares se destinarán a respaldar las maltrechas finanzas de los gobierno locales y estatales.

En la primera semana de abril, las solicitudes del seguro de paro alcanzaron números sin precedentes en California, Georgia, Michigan y Nueva York. California, el mayor estado del país, recibió en las últimas tres semanas más de 2,5 millones de pedidos de ayudas por desempleo. Pero las cifras reales podrían ser aún más altas dado que varios estados tuvieron dificultades para procesar los trámites. También se habían rechazado temporalmente las solicitudes de trabajadores que no hubieran reunido los requisitos para recibir el subsidio bajo las reglas vigentes antes de la emergencia.

Para contrarrestar los efectos de esta pandemia, hace algunas semanas el Congreso aprobó, y el presidente Donald Trump promulgó, el mayor paquete de estímulo fiscal de la historia, por valor de más de dos billones de dólares. Esto incluyó la ampliación de la cobertura por desempleo que llegará por primera vez a varios sectores, entre ellos los conductores de vehículos para Uber y otras empresas similares. Asimismo, incluye la transferencia directa de efectivo a los hogares, así como fondos multimillonarios para subsidiar a las pequeñas y medianas empresas.

Nueva York sigue dando la pelea

La cifra de muertos por covid-19 continúa subiendo en el estado de Nueva York que en las últimas 24 horas alcanzó un nuevo récord de 799 muertos. Desde mediados de marzo un total de 7.067 personas perdieron la vida por el coronavirus y llegan a más de 160 mil los infectados en todo el Estado. El gobernador demócrata, Andrew Cuomo recordó que durante los atentados terroristas del 11 de septiembre murieron 2.753 neoyorquinos. Solo en la ciudad de Nueva York se registraron 4.571 muertes por el virus, según cifras de la Universidad Johns Hopkins. La mayoría de ellos son inmigrantes hispanos y personas negras, las más pobres y vulnerables, según las autoridades.

Pero hay también señales alentadoras. En el último día solo 200 nuevos pacientes con coronavirus fueron ingresados en hospitales, lo cual eleva el total de personas internadas a unas 18.000, informó el gobernador. "Este es el menor número que hemos tenido desde que empezó esta pesadilla", sostuvo Cuomo. La admisión en cuidados intensivos también está bajando, y en las últimas 24 horas 84 personas fueron ingresadas. "No podemos asumir que porque estamos viendo algunas señales positivas esto acabará pronto o que no habrán olas adicionales", alertó el gobernador demócrata. Estados Unidos es el país del mundo con más casos de coronavirus, superando a Italia y España juntos.

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