“La gente común no pelea por un gobierno, sino por seguir siendo”

Con Marco Teruggi, sociólogo y cronista en Venezuela.

Acaba de publicar un libro en el que cuenta el día a día en el interior profundo venezolano, recorriendo pequeños pueblos fronterizos, hablando y conviviendo con campesinos y habitantes urbanos alejados de los grandes titulares de los diarios. Por allí pasa la figura del comunero, ese ideal planteado por Hugo Chávez como primer factor de poder en la Venezuela bolivariana. Dialogó con Brecha a su paso por Buenos Aires.


Teruggi retoma una tradición inaugurada por John Reed en su libro Diez días que conmovieron al mundo, y recuerda al mejor Eduardo Galeano, el de China 1964, cuando se largó a recorrer los caminos de ese enorme país y prefería hablar con los campesinos al costado de la ruta, antes que con los funcionarios. Aquí Teruggi aborda las contradicciones de la Venezuela revolucionaria acosada por la derecha oligárquica y los corruptos del aparato estatal que minan el proceso chavista y popular con la lentitud segura de los pequeños actos cotidianos. Pero el foco de Mañana será historia. Diario urgente de Venezuela (Sudestada, Buenos Aires, setiembre de 2018) está puesto en el papel de los comuneros enfrentados a la derecha y también a la lentitud e incomprensión del gobierno de Nicolás Maduro.


—¿Cuál fue la idea de este libro?


—El punto de partida fue mostrar al chavismo desde un punto de vista que no se suele presentar. Es un gran sujeto histórico que va mucho más allá del gobierno, del partido e incluso más allá de los movimientos, y tiene una gran centralidad en la barriada popular, en los campesinos, la juventud y las mujeres. Ese para mí es el chavismo invisible y protagonista, y ahí empieza el debate sobre sus laberintos. Creo que Chávez lo dejó claro. Después, la revolución, como todo espacio heterogéneo, es un ámbito de disputa. Si no se disputa no hay cambio.


—Contá cómo se da el ingreso de los internacionalistas en el proceso revolucionario venezolano. ¿Son revolucionarios o aventureros?


—Dividiría el proceso revolucionario en tres momentos. La génesis, de 1989 a 1998; del Caracazo a la victoria electoral de Chávez, que es la etapa de instalación y gran confrontación con el golpe de Estado, la estabilización de la revolución hasta 2012 con la nueva victoria de Chávez, y su muerte en 2013; y desde entonces a la fecha. El gran espacio de concentración del internacionalismo es entre 2006 y 2013, en el momento de estabilización de la revolución, cuando hay puertas abiertas para muchísima gente, para hacer comunicación, formación, para ocupar los espacios necesarios en el proceso revolucionario. Vino gente de América Latina, de movimientos sociales, gente suelta, periodistas, militantes de Europa, de Alemania, del País Vasco, y Venezuela se transformó en un lugar de encuentro de militantes que después se convirtieron, en sus países, en referentes de movimientos sociales a partir de lo aprendido en Venezuela. A partir de 2013, cuando empiezan las dificultades y llegamos a una situación muy compleja, ese núcleo internacionalista se va deshaciendo, por ciclos políticos, ciclos personales, por dificultades ante la nueva situación o porque Venezuela ya dejó de ser un espacio atractivo. También es cierto que hay cierto comercio internacional de los procesos políticos más codiciados, cerca de los cuales estar o no estar. Y actualmente Venezuela es uno de esos procesos ubicados en una zona de silencio.


—¿Venezuela hoy no cotiza en el ideario progresista?


—No cotiza. Hay una incomprensión, muchas veces producto de una inmensa campaña aplanadora de los medios de comunicación y de una enorme dificultad de parte del chavismo para comunicar lo que está pasando y contar una narrativa creíble y sólida hacia afuera.


—¿Eso viene de parte del chavismo social o de los burócratas?


—Yo me haría cargo del todo. No le llamaría burócrata sino chavismo oficial. Todo el mundo tiene que disputar esa narrativa, esa construcción del chavismo hacia afuera. Claro que con diferentes posibilidades. Los que manejan la cancillería, de una forma, y los que manejan un movimiento social, de otra. Pero entre esa mezcla de la aplanadora de los medios y las dificultades del chavismo para tener un relato creíble hacia afuera, mucha gente ha decidido alejarse o apoya pero se queda sin argumentos, y en general Venezuela se ha convertido en un país del que muchos internacionalistas se han ido. En un libro tengo una frase sencillita que dice que Venezuela no es para principiantes ni para puristas. Si es tu primera experiencia política va a ser difícil procesarla y entrarle. Y si vas con una mirada purista del proceso, rápidamente vas a desistir. Hoy Venezuela es un país del cual se va gente. Incluso hay una sensación de despedida permanente.


—¿Los venezolanos de a pie perciben esa sensación que se trasmite en los grandes medios sobre una Venezuela que en cualquier momento se cae?


—Sí. En el chavismo como sujeto organizado en los diferentes niveles hay una claridad sobre el asedio internacional. De las matrices: que es una dictadura, un Estado fallido que patrocina el terrorismo, la guerrilla, el narcotráfico, que hay una crisis humanitaria. Esas ideas que circulan están muy aceitadas en el chavismo.


—De hecho, la Onu hizo un llamado para trabajar sobre la crisis humanitaria venezolana, hace ya unos meses. ¿Existe esa situación o las Naciones Unidas se comieron el pescado podrido de los grandes medios?


—El tema de la crisis humanitaria es interesante, porque el primero que lo mencionó fue Kurt Tidd, el ex jefe del Comando Sur estadounidense, quien planteó en 2016 que Estados Unidos no iba a intervenir en Venezuela a menos que hubiera una crisis humanitaria. A partir de esta idea-fuerza el concepto de crisis humanitaria se empezó a trabajar y a lanzar como gran idea para contar lo que pasa en Venezuela. No sé cuáles son los parámetros para medir una crisis humanitaria, pero sé que hay una idea muy clara de por qué construir esa idea. Se dice que hay “refugiados” en lugar de “migrantes económicos”. ¿Por qué plantear que es el éxodo más grande de América Latina cuando sólo en Venezuela hay 6 millones de colombianos? Son ideas que no tienen sustento pero que construyen una narrativa que llama a la intervención humanitaria internacional.


Lo que quiero es hablar de la revolución que se está dando y no de lo que las derechas y Estados Unidos quieren que hablemos. Yo quiero mostrar de la revolución lo que considero más interesante, la idea de una democracia participativa protagónica, el autogobierno, las milicias, la transferencia de poder, las tensiones que se producen, la construcción del sujeto histórico, por qué la gente aguanta, cómo hace su vida en el día a día.


Suelo distinguir en Venezuela entre opositores y “escuálidos”. Los opositores serían la gente común y corriente que no cree en Chávez o en Maduro, pero no hay enfrentamiento ni violencia. El escuálido es la base social más clara de la derecha clasista y tiene una voluntad de venganza y rencor. Ese sector está convencido de que en Venezuela hay una dictadura y que es necesaria una intervención internacional.


Es un país que está muy partido. Antes de las elecciones presidenciales hablaba con una productora de televisión y me decía que después de las elecciones se iba del país porque sabía que iba a ganar Maduro y por ende habría más ataques económicos y ella no iba a poder aguantar. Incluso en el hecho migratorio, si hablás con un venezolano en el exterior vas a ver que hay un nivel de politización alto. Con paradojas, porque mucha gente que se fue pudo estudiar en el país pero en este momento no puede dar respuesta a sus necesidades materiales. El proceso amplió por millones los cupos universitarios, la cantidad de universidades, pero con un salario fijo la gente no puede llegar a fin de mes. Esas son las contradicciones. Preguntales a los venezolanos que andan por Buenos Aires de dónde vienen, qué hacían allá, y si es gente humilde no te va a contar el cuento de la persecución de la dictadura. Hay un sentido común de la gente que vive en Venezuela, que sabe que hay una situación económica muy complicada en el país, pero que no hay dictadura ni régimen ni nada que se le parezca.


—¿Cuál es el alcance de la corrupción? ¿Es algo residual o afecta hasta el punto de trancar el proceso revolucionario?


—Creo que afecta varias cosas a la vez. Es grande la corrupción, es heredada y no se la combatió como se debió. Es una cuestión pública pero también privada. El problema es que se la centró en las prácticas públicas, estatales, pero quienes más utilizan la corrupción para aceitar sus negocios y conocen mejor su lógica son los grandes empresarios. Una parte del chavismo reconoce la necesidad de dar esa pelea, y es un tema que afecta a las áreas neurálgicas de la economía. Creo que es parte de los factores que dificultan muchísimo la estabilidad, porque incluso medidas muy buenas pueden ser atacadas por dentro.


—¿Cómo sería eso? Dame un ejemplo concreto.


—Vos planteás una política de importaciones o una política de asignación de dinero para producción, o una política de control en la producción de petróleo, pero tenés sectores internos que la sabotean. Y te plantean un problema grande, muy concreto en lo económico. Aquello que el boliviano Álvaro García Linera llama la fuerza moral: ¿qué tenemos nosotros para pelear? Una gran convicción. Con estas prácticas corruptas esa convicción se agrieta. Generalmente la corrupción más dañina es la que no se ve. El gran robo es el invisible. El tipo que se queda con 20.000 millones de dólares no lo es, porque forma parte del sector intermedio y alto, y está expuesto.


—Mencionás en tu libro la irritación de la gente común cuando ve que pequeños funcionarios retienen partidas estatales de alimentos para revenderlos y aumentar el precio en el mercado negro.


—Es la microcorrupción que se ha democratizado, como dice García Linera. Y se ha extendido de forma horizontal como una forma de enfrentar la situación económica, de trampear en beneficio personal en medio de una crisis económica para la que el Estado no tiene respuesta.


Un ejemplo muy concreto: a un conductor de autobús le dan un chip para cargar gasolina semanalmente; el tipo llena el tanque, no pone en marcha el autobús durante esa semana, y revende la gasolina en el mercado negro, logrando una ganancia mayor que si manejara el autobús. Ese tipo de corrupción te daña el transporte, la racionalización del combustible, aumenta el contrabando. Y lo que se extendió en todo el país es una falta de autoridad. La gente pide autoridad, orden y mano dura de parte del gobierno. Que vayan presos los corruptos, dice.


—¿A qué atribuís la falta de autoridad y falta de respuesta a ese pedido popular?


—Creo que hay una lógica muy complicada. Algunos la llaman “compadrismo”, y consiste en que cuando hay algunos amigos en puestos de gobierno que cometen delitos de este tipo, en lugar de castigarlos se los mueve de puesto cuando son descubiertos. Y eso se hace con la excusa de que es un compadre, un amigo del proceso revolucionario, y no se lo castiga. Esa impunidad genera más impunidad. Venezuela no es una sociedad que condene la corrupción. Hay sociedades que son más disimuladas. La de Venezuela no, y esa es una situación de cultura política bien complicada. Chávez la combatía, tenía muchos discursos en ese sentido y ponía como ejemplo que cuando a él lo habían mandado en misión a la frontera se había ido con un auto pequeño como patrimonio y cuando regresó lo hizo con el mismo auto. Sus compañeros lo criticaron por eso, y él reivindicaba no haber aprovechado la situación para corromperse. La corrupción es una vieja práctica política que se mantiene en la práctica política actual.


—¿Cómo tomó el comunero del interior esas primeras medidas de Hugo Chávez que apuntaban a empoderarlo?


—El actual comunero viene pasando por un proceso de organización iniciado en 1999. Siempre hubo de parte de Chávez un pedido a la gente de organizarse, hacerse del poder y ejercerlo desde el gobierno local y comunal. Hay millones de personas que llevan casi veinte años organizándose y formándose de diferentes formas sobre su propio territorio, tanto en el campo como en la ciudad. Los Comités Locales de Abastecimiento y Producción han sido una medida de masas que se lanzó sobre el ejercicio organizativo de la gente, con miles y miles de locales para frenar el desabastecimiento, y eso permitió contenerlo. Ese comunero tiene total conciencia de que el chavismo es su espacio, su identidad, su única posibilidad en este mundo. Antes no había nada, y de la derecha no espera nada. Es muy importante ver que la gente no pelea por un gobierno sino por sí misma, por su propia posibilidad de seguir siendo. Nunca hubo nada que se le pareciera, que hubiera un gobierno que planteara que el centro de la política, de la salud, de la educación, de la economía es la gente. Van a ser los excluidos de toda la vida. Y no es que se lo están regalando, sino que lo construyeron ellos, lo viven y lo pelean. Esa identidad es la que explica que el venezolano de a pie comunero siga peleando. Y si eso no se toma en cuenta no se entiende todo el proceso. La derecha no lo entendió, una parte de la izquierda tampoco, incluso ha subestimado el proceso. Y esa identidad es la que permite entender que cada vez que parece que todo está perdido el chavismo sale, vota y gana.


—¿Por qué creés que la izquierda no entendió ese proceso comunero en la base?


—Hubo un cierto desencuentro con Chávez. Hay una izquierda que quiere que la revolución se parezca a lo que quiere que sea una revolución, y todo lo que no encaja en eso no sirve porque hay una mirada clasista férrea. Y Chávez no encajaba en eso porque es una ruptura. Esa izquierda tiene una retórica a favor del pueblo, le gusta esa palabra, pero después no le gusta cómo el pueblo es, no acepta sus errores, no acepta que el pueblo no se parezca al sujeto revolucionario con el que sueña, no entiende el complejo proceso de las comunas. El pueblo no escucha a Silvio Rodríguez sino a Maluma, y baila rap, y después va a una milicia bolivariana. Siempre vi que la izquierda puso el foco en las decisiones de la estructura más alta del gobierno, la política exterior, pero nunca en eso que Chávez abonó con tanto énfasis, que fue el poder ejercido por las comunas. Pero Chávez se murió en medio del proceso.
—¿Entonces en América Latina seguimos dependiendo del líder y cuando se nos va sonamos?


—Es una buena pregunta. Me parece que el caso venezolano tiene la particularidad de que antes de Chávez no había nada. Lo pondría en relación con la experiencia boliviana, en la que Evo Morales es producto de una acumulación de los movimientos sociales que crean el instrumento político, crean al candidato, dan la pelea y la ganan. En Venezuela hay un estallido en 1989, la gente hace volar el orden excluyente y sale a las calles con un nivel de organización bajísimo pero con mucha movilización y radicalidad, y Chávez asume sin grandes movimientos. Entonces tiene que ponerse todo al hombro y con una fuerza de tracción gigantesca y de generación de organización. Siempre hubo necesidad de Chávez, porque la gente aprendió a hacer política con la expectativa del apoyo estatal, y pese a la lentitud burocrática siempre hubo respuestas. Cuando eso se traba surge la pregunta: ¿qué hacemos si el Estado no nos da apoyo? Hay todo un reaprendizaje en medio de un asedio internacional. Y ese 30 por ciento de la población que es chavista se afirma y sale a dar pelea unida, pero en un escenario de crisis económica.


—¿Cuál es el final de este cuento?


—Veo dos opciones principales. Una, que esto se prolongue indefinidamente hasta lograr una cierta estabilidad económica, con todo lo bueno que eso va a permitir. Hay que tener en cuenta que Maduro gobernará hasta 2025. Otra es una acción de fuerza mucho más elevada que en 2017, que plantee otra vez sacar al chavismo a los golpes. Hay un sector de la derecha apurado por acelerar la cosa y derrocar al gobierno.


—¿Qué apoyo tendría esta última opción?


—Sectores del gobierno estadounidense, el gobierno de Colombia y la gran mayoría de la derecha venezolana. Pasa que todo esto hay que inscribirlo en un marco mundial mayor de alianzas, en el que Venezuela tiene de su lado a Rusia, China, Bielorrusia, Irán e India. Hay serios problemas petroleros en el país que una alianza con China podría resolver, lo cual hace que el enfrentamiento sea entre bloques en el nuevo reordenamiento mundial de una confrontación que supera la situación interna venezolana. Eso ya es cuestión de geopolítica internacional.

Publicado enInternacional
Jueves, 10 Enero 2019 06:18

Todos contra Una

Todos contra Una

A partir de los casos de violaciones en grupo ocurridos en Año Nuevo, el autor pone en consideración los mecanismos sociales, discursivos y subjetivos que hacen posibles estos hechos. La característica masculina del grupo y las actitudes, pautas consumistas, divertimentos y gestos institucionales que alientan este modelo tribal.

Si la violación de una púber en la ciudad de Miramar por parte de un grupo de varones mayores de edad nos había sumido en la indignación y el horror, la repetición del mismo ultraje sobre otras dos niñas adolescentes perpetradas en Salta y en Villa Elisa desafían nuestra capacidad de espanto. Vale intentar alguna consideración sobre los mecanismos sociales, discursivos y subjetivos que hacen posible semejante barbarie.


De la mano de la manada


Por lo pronto, la necesidad de andar en grupos es muy propia del campo masculino. Ya desde la adolescencia: “un hombre se hace El Hombre por situarse como Uno-entre-otros, por incluirse entre sus semejantes” (1), observa Lacan, quien además refiere que los muchachos “se tienen todos de la mano, más aún cuando, si no se tuvieran de la mano, cada uno debería enfrentarse solo con la chica y es no les gusta” (...) porque encontrarse solo, cada cual frente a su cada cuala (...) “conlleva demasiados riesgos” (2). Y agrega: “Para las chicas es diferente (...) se agrupan de a dos, hacen migas con un amiga hasta que logran arrancar a un chico de su banda”. Ahora bien, el riesgo que experimenta el varón al enfrentar al Otro sexo explica, entre otras muchas cuestiones, la desinhibición que presta la descomunal ingesta de alcohol en el ámbito de la Fiesta y el tiempo libre, llámese rave, previa, after, etc. Por si fuera necesario aclararlo, el riesgo es la impotencia, ese fantasma que en mayor o menor medida persigue a todos los descendientes de Adán y que explica la puntual necesidad de los jovencitos varones por incluirse en la manada antes de ensayar su primeras pasos en las complejas lides del amor. Hasta aquí se trata de un momento en el crecimiento del sujeto masculino. La cuestión se complica cuando, en virtud de los mandatos de meritocracia y éxito individualista que la época impone, el erotismo que sostiene tanto la atracción como la rivalidad entre los varones se convierte en violencia hacia una mujer, tal como ocurre en los muy tristes hechos que convocan estas líneas. Indaguemos los factores subjetivos presentes en los mismos.


La sociedad de los varones


Un maravilloso estudio de Freud nos permite inferir las nefastas consecuencias que sobrevienen cuando –en virtud de ciertas coordenadas sociales– el agrupamiento entre varones con fines defensivos se instala en hábitos, códigos y comportamientos. En su estudio sobre el mecanismo paranoico3, Freud establece las distintas las formas de paranoia a partir de las frases que cada sujeto adopta para contradecir el siguiente axioma o postulado: “Yo (un varón) lo amo (a un varón)”. Así, ubica el delirio de persecución en la siguiente formulación: “Yo no lo amo, –pues yo lo odio– porque EL ME PERSIGUE”. De la misma forma, para el caso de la erotomanía, afirma: “Yo no lo amo –yo la amo– porque ELLA ME AMA”. Y por fin, cuando aborda el delirio de celos, para el caso del alcohólico señala: “El papel del alcohol en esta afección se nos ha vuelto inteligible en todos sus aspectos. Sabemos que este medio de goce cancela inhibiciones y deshace sublimaciones. No es raro que el varón sea empujado al alcohol por el desengaño con la mujer, pero esto, por regla general, equivale a decir que ingresa en la taberna y en la sociedad de los varones, donde halla la satisfacción del sentimiento que echa de menos en su hogar con la mujer. Y si estos varones devienen objeto de una investidura (Besetzung) libidinosa más intensa en su inconsciente, se defiende de ella mediante la tercera variedad de la contradicción: ‘No yo amo al varón –es ella quien lo ama’ y sospecha de la mujer con todos los hombres a quienes él está tentado de amar”. Trascartón, Freud se confiesa sorprendido, dice que a una frase de tres eslabones como “Yo lo amo”, le correspondería tan solo tres formas de contradicción: el delirio de celos que contradice al sujeto (Yo), el delirio de persecución que hace lo propio con el verbo (amo) y, por fin, la erotomanía con el objeto (lo). Con sorpresa, Freud encuentra sin embargo una cuarta forma de contradicción, a saber: “Yo no amo en absoluto y no amo a nadie”, frase que resulta equivalente a decir: “Yo me amo sólo a mí”. Desde ya una conclusión muy afín al nefasto individualismo que caracteriza la época que nos toca vivir y que propicia la comisión de hechos aberrantes sin la necesaria concurrencia de sujetos paranoicos en los mismos. Es que por más doloroso que nos resulte, si bien no cualquiera puede cometer estos actos de barbarie, tampoco los mismos corren siempre por cuenta de monstruos perversos exilados de lo humano, antes bien son productos del discurso cuya colosal capilaridad hace que los comentarios en una casa, en el bar, la escuela, el trabajo, se traduzcan –dadas ciertas circunstancias– en hechos criminales.


De la manada a la patota


Pareciera entonces que algo intolerable –antes velado por las prohibiciones, la inhibición o las pautas culturales– hoy emerge a cielo abierto. Me refiero a la impotencia masculina. En efecto: cuando varios tipos acometen contra una mujer, sea para abusar de ella, esclavizarla, violarla o matarla, lo que cuenta no es tanto la dama en cuestión, sino la relación de coalescencia –de unión o fusión, ergo: erotismo– entre los propios varones. Es que, sea conduciendo un auto de alta gama, mirando pornografía, consumiendo prostitución o profiriendo una grosería –tal como en su momento reivindicó quien hoy ocupa el cargo de presidente de la Nación–, el macho va con el grupo de pares en su cabeza: la banda es la esencia de su sexualidad. No en vano, para Lacan, hombre es aquel que, por amor a una mujer, renuncia a su impostura masculina (4). Esto es: estar en condiciones de registrar la mujer que está a su lado más que el fetiche que habita en su cabeza. De hecho el hombre enamorado se feminiza (y por ej.: cuando falta al fulbito para estar con ella, los amigos le dicen: ¡Andá, puto, pollerudo!) El arte da cuenta de este rasgo de la sexualidad masculina: una popular canción de Los Auténticos Decadentes dice así: “Yo la quería encarar / ay pero solo no me animaba / fui hasta el café / busqué a mis amigos y... [en el colmo de la cobardía, la letra concluye] la encaramos en barra”.


Lo femenino en cada sujeto


Pero Raquel es una síncopa que desacomoda el ritmo de cualquier banda. Tal como más arriba señala Lacan para el caso de las chicas, una mujer siempre constituye una amenaza para el contubernio corporativo machista. Por su sola presencia, el semblante femenino hace notar la distancia que separa a un varón del Ideal que su impostura masculina le exige. (Para más datos, prestar atención a la rígida prestancia en la parada del macho, sea en el boliche, la milonga o la disco.) Es que en la fantasía del macho asustado, la mujer funciona como superyó, léase censura, castigo o reproche. Por algo una psicoanalista mujer –Colette Soler– dice que los hombres no escuchan a las mujeres porque les creen (5). Y de hecho, nada más alarmante para los fantasmas del varón que escuchar la frase: “tenemos que hablar”, en lo propiamente femenino se refugia la alteridad radical de todo ser hablante. No en vano, en oportunidad de su alocución en las Naciones Unidas el psicoanalista catalán Miquel Bassols (6) formulaba: “Esta impotencia es correlativa de la imposibilidad de escuchar la palabra del sujeto femenino, pero también de escuchar lo femenino que hay en cada sujeto”. Desde este punto de vista, la singularidad es lo que nos hace diferentes de nosotros mismos, aquello destinado a quebrar la unidad narcisista del cuerpo. Eso mismo que el filósofo Paul/Beatriz Preciado pone a cuenta de “las mujeres, las minorías sexuales, los cuerpos no-blancos, los transexuales, intersexuales y transgénero, los cuerpos deformes o discapacitados” (7). Es decir: todo aquello que el sentido común rechaza.


Los discursos machistas


Convendría entonces revisar qué actitudes, modelos de consumo, divertimentos, gestos institucionales alientan este modelo tribal tras el cual se parapetan los más arcaicos fantasmas masculinos. Iglesia y ejército solían ser los enclaves predilectos de esta defensa narcisista. Hoy que los ideales se encuentran desagregados, el macho se resguarda tras los imperativos de goce que rigen en la fiesta o el tiempo libre: ya sea que se trate de una rave, un after, a la salida de un boliche o en la carpa de un camping. Desde ya, como para demostrar que toda violencia tiene una raíz simbólica, sobran los ejemplos de los soportes discursivos que estimulan, encubren o desestiman el horror de estos crímenes. Además del exabrupto –más arriba citado– de quien hoy conduce esta nación, vaya como ejemplo el nombramiento como personalidad de la cultura que la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires otorgó hace tan solo un par de años a un animador de televisión, en cuya larga trayectoria las bromas pesadas (eso que hoy se llama bullying) y la cosificación de las personas han ocupado un triste sitial de privilegio. Para no hablar, claro está, de la reciente nota que un importante matutino subió a su página web (luego corregida) en la que se responsabiliza de la mencionada violación en Miramar a la víctima y a sus padres. O sea: el macho y su banda en el discurso.


A manera de resumen y conclusión: Todos contra Una


Desde la adolescencia, los varones se re- unen para defenderse del riesgo que les supone el encuentro con el Otro sexo, en tanto diferencia que alberga lo más íntimo y temido de cada sujeto. Las frustraciones, la mutua sospecha, los celos, pueden derivar en distintas formas de violencia que las coordenadas sociales de cada época morigeran o incentivan según los casos. El actual individualismo que la empresa neoliberal impone se traduce en una pauperización del lazo social, cuya incidencia en la subjetividad transforma la sincera y honesta amistad entre varones en amontonamientos proveedores de cierta pertenencia al servicio de una defensa corporativa que rechaza lo diferente, en este caso una mujer.


Sergio Zabalza: Psicoanalista. Licenciado en Psicología (UBA). Magister en Clínica Psicoanalítica (Unsam) y actual doctorando en la Universidad de Buenos Aires.


1 Jacques Lacan, “Prefacio a El Despertar de la Primavera”, en Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 588.
2 Jacques Lacan, “Hablo a las paredes”, Buenos Aires, Paidós, 2012, pp. 92 y 93.
3 Sigmund Freud, “Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente”, en Obras Completas, A. E. Tomo XII, pp. 58 a 60.
4 Ver Jacques Lacan, El Seminario: Libro 19: “…ou pire”, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 118.
5 Colette Soler, La Maldición del Sexo, Buenos Aires, Manantial, 2005.
6 Contribución de la AMP en la 15° Sesión de la Comisión sobre la Condición de la Mujer de las Naciones Unidas.
7 Parole de Queer, Entrevista con Beatriz Preciado, 2014.

Celebrando el 25 aniversario del alzamiento zapatista

La insurrección zapatista de 1994 y las varias formas que han tomado sus luchas por la vida a lo largo de los 25 años complementan el imaginario de las luchas anticapitalistas ‘desde abajo y a la izquierda’, que construyen autoorganización desde el ‘mandar obedeciendo’.

  

 “Usted ahora intuye que, desde el pie del muro apenas manchado por carteles y grafitis desgastados, ha recorrido una especie de espiral. Como si el sendero trazado le llevará hacia dentro de un caracol… o hacia afuera. Cada paso una estación”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

El 1 de enero se cumplieron 25 años del alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), del inicio de la “guerra contra el olvido” y es tiempo de cierre y comienzo de ciclos. Se ha recorrido una especie de espiral que partió de la demanda de la identidad y los derechos de la poblacón indigena, “la lucha por la tierra y la libertad”, y que en la actualidad continúa y amplía su recorrido. En este cierre y comienzo de un nuevo ciclo nos preguntamos “¿cuál ha sido la trayectoria, ‘el caracol’, del EZLN durante los 25 años de lucha? ¿Qué intuimos del nuevo ciclo, la ‘nueva estación’, que comienza?

Como en anteriores ocasiones, en cierres y comienzos de ciclos, el EZLN ha realizado una invitación abierta para celebrar el aniversario del alzamiento zapatista. Esta vez se ha celebrado en La Realidad Zapatista, sede del caracol “Madre de los caracoles del mar de nuestro sueños”, zona Selva Fronteriza.

La particularidad del evento de este año es que ha ido precedido del Encuentro Internacional de las Redes de Resistencia y Rebeldía, de Apoyo al Concejo Indígena de Gobierno (CIG). Un encuentro donde el EZLN y el Congreso Nacional Indígena (CNI) convocaron a las redes para exponer los resultados de su consulta interna del pasado agosto y que principalmente proponía la creación de un nuevo sujeto político que aúne a todas las redes, y que les permita pasar de “la solidaridad a la resistencia”. Casualidad o no, el nuevo encuentro de redes de apoyo al CIG ha servido para hacer una escucha y reflexión colectiva sobre la trayectoria de los 25 años del EZLN desde los de ‘afuera’, y que se ha complementado con los varios comunicados históricos que ha ido compartiendo el EZLN.

 

https://youtu.be/_rSEyOUZhvE


LA TRAYECTORIA DE LA “GUERRA CONTRA EL OLVIDO”


“Y el muro omnipresente, indestructible, incuestionable, insistiendo en que está prohibido pensar. Que todo está hecho ya. Que sólo le queda acomodarse como sea y en donde pueda. Que la eternidad es eso, eterna. El presente cambia, pero su lógica frívola y superficial permanece. Es imposible otra cosa. Es más, es imposible que usted piense, imagine, sueñe, que no es imposible otra cosa”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México a 17 de noviembre de 2018

La gran espiral trazada por el EZLN se inicia con su organización político-militar en los años 70 inspirados por la por la Revolución Cubana, pero que pretendía dar continuidad a la Revolución Mexicana liderada por Emiliano Zapata y la lucha por la “tierra y la libertad”. Sin embargo, no será hasta la fundación del EZLN en 1983 y su posterior alzamiento el 1 de enero en 1994 que comenzarán a ser visibles sus luchas.

El EZLN se conforma en su inicio por la convergencia de población mestiza y población indígena. Población indígena chiapaneca, pueblos tzeltal, tzotzil, chol y tojolabal, todos ellos de la familia maya que históricamente habían sufrido el despojo no solo de sus territorios, de la fuerza vital de sus cuerpos, sino también de sus conocimientos. Como el Señor Jose comparte: “Éramos discriminados y expulsados de nuestras comunidades. Mis hijos no pudieron ni cursar la primaria. Era un gran sufrimiento”. La población mestiza, según Janeth, estaba compuesta en parte por los “estudiantes represaliados durante las revueltas estudiantiles del 68 y que posteriormente decidieron asentarse en el Sureste Mexicano y luchar por los derechos y reconocimiento de la identidad de la población indígena”.

Jóvenes que anteriormente formaron parte de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN). Estas guerrillas aniquiladas prácticamente por el Gobierno federal a principios de los años 70 se reorganizan apoyadas con una base social, la población indígena, fundando finalmente el EZLN en 1983.


Su alzamiento inesperado por el estado mexicano no sería hasta diez años después, en la madrugada del 1 de enero de 1994. “En nuestro corazón había tanto dolor, tanta era nuestra muerte y pena, que no cabía ya, hermanos, en este mundo que nuestros abuelos nos dieron para seguir viviendo y luchando. Tan grande era el dolor y la pena que no cabía ya en el corazón de unos cuantos, y se fue desbordando, y se fueron llenando otros corazones de dolor y de pena, y se llenaron los corazones de los más viejos y sabios de nuestros pueblos, y se llenaron los corazones de hombres y mujeres jóvenes, valientes todos ellos, y se llenaron los corazones de los niños, hasta de los más pequeños.(....) Por eso nosotros dijimos que “¡Ya Basta!”, o sea que ya no vamos a permitir que nos hacen menos y nos traten peor que como animales”.

Los insurgentes del EZLN tomaron cinco cabeceras municipales del estado de Chiapas: San Cristóbal de las Casa, Altamirano, Las Margaritas, Ocosingo y Chanal, en el sureste Mexicano. Con el alzamiento, y como recuerda Martha, con el pronunciamiento de “queremos trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”, abren un proceso de recuperación de tierras de finqueros y de las formas del hacer indígenas en cuanto al cuidado de la tierra y de la vida.

Tras un periodo de lucha abierta con el Estado mexicano y las fuerzas paramilitares se abre un periodo de alto el fuego a petición de “hermanos y hermanas de la ciudad, que nos dicen que tratemos de llegar a un arreglo, o sea un acuerdo con los malos gobiernos para que se soluciona el problema sin matazón”. Pero la guerra continuó, siguieron sufriendo ataques del Estado mexicano y de los paramilitares, “varias veces nos atacaron, pero no nos vencieron porque nos resistimos bien y mucha gente en todo el mundo se movilizó”.

Los zapatistas. Stop.
No se rinden. Stop.
Resisten! Stop y fin.
Desde las Montañas del Sureste mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
10 junio de 1994.

Posteriormente, en 1996 durante los Diálogos de la Catedral aceptan el diálogo con el Gobierno de Carlos Salinas y se suscriben Los Acuerdos de San Andrés. Unos acuerdos con los que el movimiento zapatista proponía el reconocimiento por el Estado mexicano de los derechos de las comunidades indígenas: “terminar con la relación de subordinación, desigualdad, discriminación, pobreza, explotación y exclusión política de los pueblos indios”.

El posterior incumplimiento de los acuerdos por el Estado mexicano marcaría de manera determinante la espiral trazada por el neo-zapatismo hasta la actualidad. Esto es, la reivindicación de su autonomía, su rechazo a cualquier tipo de Estado (local, regional, nacional o transnacional), la continuidad de la lucha armada, la creación de su propio gobierno, el buen gobierno. Un movimiento que como indica Katia “para mí siempre fue un movimiento pacifista”. Que como ellos mismos dijeron en un principio “se vio obligado a tomar las armas por la supervivencia”.

La creación del Congreso Nacional Indígena (CNI) en 1996 sería una de las consecuencias también del incumplimiento de los acuerdos de San Andrés. El EZLN buscaba desplegar y ejecutar los principios del acuerdo al margen de su reconocimiento o no del Estado: la confluencia y resistencia conjunta de todos los pueblos indígenas que como las comunidades zapatistas eran objeto de un histórico despojo y desplazamiento a nivel nacional, en México.

Posteriores acontecimientos también determinantes en la espiral han sido los continuos desplazamientos forzados y masacres. Masacres como las de Acteal en 1997 en la Selva Lacandona: “El 22 de diciembre de 1997, fecha en la que el Zedillo mandó matar a 45 hombres, mujeres, ancianos y niños en el poblado de Chiapas que se llama Acteal (...) Este gran crimen no se olvida tan fácil y es una muestra de cómo los malos gobiernos no se tientan el corazón para atacar y asesinar a los que se rebelan contra las injusticias”. Otras masacres más recientes como la de Acteón en 2005 al norte del Estado de México, la continua encarcelación de participantes del movimiento o asesinatos como la del maestro Galeano en 2014 en el Caracol de la Realidad.

Las propuestas y conformación de otras formas de vida surgen desde el inicio creando comunidades autónomas, los Aguascalientes. Pero es tras la consulta nacional de 1999 y la Marcha por la Dignidad Indígena en 2001 durante el periodo preelectoral, cuando proponen “el buen gobierno”.


El rechazo del diálogo del Gobierno, de suscribir los Acuerdos de San Andrés y los éxitos de la consulta y la marcha llevarían a partir de 2003 a la transformación de lo que anteriormente eran los Aguacalientes en los Caracoles, y en la creación de formas de gobierno comunitarias y autogestionadas: las Juntas de Buen Gobierno. En definitiva, otras formas de organización política que buscaban modificar las relaciones históricas de poder del estado hacia ellos, raciales, coloniales, que les sometían al ‘obedecimiento’. Pero que también buscaban transformar las relaciones internas del movimiento: “Arriba lo político democrático mandando y abajo lo militar obedeciendo”. Lo que ellos denominarían el “mandar obedeciendo” y que se concretaban, como el Señor José comenta, con ‘nadie arriba y nadie abajo’.

Las Declaraciones de la Selva Lacandona, según el compañero Diego, de la Ciudad de México, han sido “las principales herramientas que han ido dando el carácter particular al movimiento”’, son los documentos desde donde el EZLN y el movimiento zapatista se comunica y narran la historia del movimiento, “desde la Primera, que fue la declaración de guerra, a la Sexta, en 2005, que llamaba a la construcción de otras formas políticas más allá de los partidos y organizaciones de vida intervenidas y gestionadas por los estados”.

Para Diego, la Sexta Declaración de la Selva Lacandona es uno de principales documentos del movimiento. Aparte de lo que señala el compañero Diego, desde 2005, el EZLN invita a crear las Redes de Adherentes a la Sexta y refrenda su “vía de lucha política de carácter pacifista” y su “compromiso de defender, apoyar y obedecer a las comunidades zapatistas que lo forman y son su mando supremo, y sin interferir en sus procesos democráticos internos y en la medida de lo posible contribuir al fortalecimiento de su autonomía, buen gobierno y mejora de sus condiciones de vida”.

Otros elementos que han determinado el carácter particular del movimiento a lo largo de los 25 años han sido las redes de apoyo creadas a nivel nacional e internacional tanto por medio de las redes sociales como a través de la convocatoria de múltiples encuentros, los encuentros intergalácticos.

Como el compañero Kevin señala, “los semilleros o los encuentros se conforman como espacios de discusión y aprendizaje, de formación política y finalmente esenciales para el desdoblamiento transnacional del movimiento”. Entre otros, encuentros en torno al arte (CompArte), la ciencia (ConCiencia), el feminismo (Encuentro Internacional de Mujeres), o el último Encuentro internacional de las Redes de Rebeldía y Resistencia.

Como ocurrió en la consulta de 1999, en el año 2016 —también en un contexto pre-electoral—, a propuesta del CNI se crea el Concejo Indígena de Gobierno. En esta ocasión se propone abrir una candidatura de “[email protected] [email protected]” que diera visibilidad a la dificultades y necesidades de la población indígena en el parlamento mexicano. Una consulta que finalmente el EZLN apoya cuando es nombrada como vocera Marichuy. Durante el proceso de consulta, se suma un amplio sector de la población que hasta ese momento eran simpatizante, pero no se habían aproximado y/o organizado en torno al movimiento zapatista. De este proceso surgen también, aparte del CIG, las Redes de Resistencia y Rebeldía como nuevos sujetos de apoyo al movimiento.

Este último ciclo de la espiral ha sido complicado de comprender por los que ya acompañaban al movimiento debido a su aparente proximidad a las políticas representativas. Algo que el EZLN negó rotundamente desde su inicio. Y que finalmente, y con eventos como el encuentro internacional de redes, nos hace preguntarnos si no sería una estrategia para incluir a otros sectores de la población dentro de las luchas y formas de vida más allá del estado y responder a la pregunta, ¿estamos solos?


Caminar preguntándonos


Finalmente, en esta espiral de 25 años de luchas, el EZLN junto con el trabajo conjunto con sus bases de apoyo han trazado las lógicas de su hacer hasta la actualidad. En concreto sus siete principios zapatistas de mandar obedeciendo: proponer, no imponer; representar, no suplantar; bajar, no subir; convencer, no vencer; obedecer, no mandar; servir, no servirse; construir, no destruir’ (J., 2018) y discursos “anticapitalistas, antipatriarcales, antifascistas, antiestatales y altermundistas”. Un movimiento que ha ido conformando su carácter por la represión continua sufrida por los Estados y las fuerzas paramilitares, y por tanto por el despliegue de repertorios como la autodefensa, la acción directa y la reconstrucción de vidas autónomas basadas en el saber indígena y “que no buscan tomar el poder”. Políticas que ellos han denominado de luchas por la vida y que han ido incluyendo prácticas para el cuidado del territorio, propuestas de otras economías, un sistema de justicia, educación y salud propios, todas ellas al margen de las políticas públicas y asistencialistas del estado.

La persistencia de su ‘radicalidad’ en la actualidad, el no haber colaborado con los Estados: “Pues ¿cómo no? El estado mexicano, es más, el actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), incumplió ya en 2001 cuando era jefe de Gobierno del Distrito Federal los Acuerdos de San Andrés”, comenta la compañera Martha. Según los análisis resultantes del encuentro de Redes, “la violencia a la que están expuestas las poblaciones indígenas es mayor que hace 25 años y se ha ampliado a otros sectores de población”. Si en 1994 el EZLN se alzó contra el despojo, la represión y el hambre históricas y que preveían agravarse con el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá, en la actualidad la historia del despojo, los desplazamientos y el hambre continúan “a pesar del cambio de politicas y politicos”, comenta la compañera Ana.
Si en 1994 bajo el Gobierno conservador de Carlos Salinas se aprobó el TLC, en 2018 y con la llegada al Gobierno progresista de AMLO, “el nuevo finquero”, se prevé dar continuidad a políticas extractivistas y austeritarias que han promovido anteriores gobiernos, neoliberales o progresistas en América Latina y a nivel global.

En este caso se concretan con militarización del cotidiano, zonas económicas especiales, promoción de políticas asistencialistas y aumento de inversión en proyectos extractivistas que favorecen la inversión de capital, ya sin nacionalidades concretas, capital nacional o extranjero: la construcción del Tren Maya del Tren Transístmico, megaproyectos como la plantación de monocultivos de árboles frutales, proyectos hidroeléctricos o mineros. Los llamados ‘Proyectos de Muerte’ que principalmente han sido planificados en aquellos territorios donde está asentada históricamente población indígena.

Una de las propuestas que ha creado también gran controversia dentro de las comunidades indígenas ha sido la creación del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. Un instituto que buscaría ser la “voz de los pueblos indígenas” y, cómo interpreta el EZLN, desarticular al CNI y el CIG.


“Las palabras sobran cuando sin consultar a nuestros pueblos el futuro gobierno impone la creación, al estilo del viejo indigenismo, del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, comandado por los desertores de nuestra larga lucha de resistencia”.

Desde CIDECI-UNITIERRA, San Cristóbal de las Casas, Chiapas a 14 de octubre de 2018. Por la Reconstitución Integral de Nuestros Pueblos Nunca Más Un México Sin Nosotros, Congreso Nacional Indígena, Concejo Indígena de Gobierno, Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Así, la política del no al Estado se traza desde 1996, tras el incumplimiento de los acuerdos de San Andrés, hasta la actualidad, con los nuevos gobiernos progresistas anteriormente aliados de los pueblos indígenas. Desde entonces, desde 1996, como Coral afirma, “el EZLN nunca hizo ningún acuerdo con el Estado. No como el resto de nosotros que siempre hemos coqueteado con el Estado. Por eso crearon su propio gobierno las Juntas del Buen Gobierno”.

El EZLN en su origen reclamaba al Estado mexicano el reconocimiento de la cosmovisión y formas de vida de la población indígena. ¿Y que se encontró? Como las compañeras comparten “no sólo con el rechazo del Estado, racista, xenófobo, colonial, el no reconocimiento de la identidad y derechos indígenas, sino con una represión que se ha ido incrementando hacia otros sectores de la población y cualquier forma de insurgencia”. La masacre de Acteal en 1997, la impunidad de la violencia de los paramilitares, el terror que, como describe Martha sintió un año después de visitar la localidad en 1998. “Fue un genocidio”, comenta Janeth.

Con la elección de AMLO y su discurso neoliberal, la política representativa sigue sin tener menor impacto en el proyecto transformador del EZLN (y los pueblos indígenas). En la actualidad, según Diego puntualiza, “la violencia de la tormenta, el incremento de los despojos, desalojo de tierras ocupadas, desplazamientos, detenciones, desapariciones y asesinatos prevén continuar”. Otros sectores de la población, no únicamente los históricos desposeídos, se ven afectados. Se ha ampliado la crisis de reproducción social hasta los que recientemente eran beneficiarios de los “privilegios del estado: sanidad, educación, transportes públicos’ con la consecuente destrucción ‘de los cuerpos, a nivel físico y emocional”, comentan Juan y Penélope.


Ante la situación actual de los mundos, ¿que sigue?


Sigue 1. La continuidad de la construcción de las autonomías y nuevos sujetos políticos.


Para el compañero Juan, perteneciente a otras comunidades indígenas del norte del país, el encuentro de redes le recuerda al encuentro que dio lugar a la Sexta Declaración en el Caracol de la Garrucha en 2005. Según Peter, ahora desde el EZLN nos proponen “reconstruir nuevas formas de organización, un nuevo movimiento aliado de confianza del EZLN, del CNI, del CIG, pero que no les suplante”. Interpreta que el “Concejo deje de ser indígena y nacional y que incluya otras identidades y nacionalidades, lo que queda de los países, más allá de las fronteras, a nivel local, regional, nacional e internacional (...) En el que cada sector se organice de manera autónoma que cree sus propios autogobiernos (...) sin quedarse en reformismos, en el maiceo, que ya lo hace AMLO. Pero que supondrá la construcción en otros tiempos”, los tiempos del cotidiano. En un proceso, Laura agrega, debe tener en cuenta “la salud, la purificación mental, física y espiritual”. Crear espacios del cuidado que acompañen a la lucha, “para población indígena, población originaria, la comunidad LGTB, la clase trabajadora, estudiantes, aquellos con diversidad sexual y de género o con discapacidades”.


En la actualidad, para las compañeras Janeth, Martha y Katia, las luchas zapatistas continúan representando imaginarios de vidas que desbordan el presente. Y si la Revolución Mexicana liderada por Emiliano Zapata entre 1911-1920 y el Movimiento estudiantil del 68 continúan recreando el imaginario de rebeldía en México, la Insurrección zapatista de 1994 y las varias formas que han tomado sus luchas por la vida a lo largo de los 25 años, complementan el imaginario de las luchas anticapitalistas “desde abajo y a la izquierda, construyendo autoorganización desde el mandar obedeciendo”. Así, y como enuncia el EZLN en la invitación a la celebración del 25 Aniversario de su Alzamiento, nos queda: “Ejercer la autonomía con nuestras formas ancestrales de caminar preguntándonos, es la única puerta para poder seguir haciendo de la vida, nuestro camino irrenunciable, pues afuera todo se acomodo para afianzar el terror y la ganancia de los poderosos”.

Sigue 2. La palabra rendirse no existe en lengua verdadera. ¿Nos quedaremos solos?


“Y usted se pregunta: ¿qué es lo que mantiene viva a esta gente si ha tenido, y tiene, todo en contra?, ¿no son acaso los eternos perdedores, los que yacen mientras otros levantan sus gobiernos, sus museos, sus estatuas, sus ‘triunfos históricos’?, ¿no son los damnificados de las catástrofes, la carne de cañón de todas la revoluciones que se hacen para salvarlos de sí mismos?, ¿los extranjeros en la tierra que les vio nacer?, ¿el objeto de burlas, desprecios, limosnas, caridades, programas de gobierno, proyectos ‘sustentables’, directrices, proclamas y programas revolucionarios?, ¿no son los analfabetos irremediables a los que hay que educar, dirigir, ordenar, mandar, doblegar, dominar, c-i-v-i-l-i-z-a-r? ”

Subcomandante Insurgente Moisés Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

Si como narran el Subcomandante Insurgente Moisés y el Subcomandante Insurgente Galeano en su invitación al 25 Aniversario, que a pesar de continuar luchando son los “perdedores”, ¿es entonces motivo de celebración el aniversario del alzamiento zapatista? Hablando en los días previos a la celebración en la ciudad de Puebla con uno de los estudiosos y compañeros del movimiento, John Holloway: “Sí, la fiesta debe continuar”.

Durante la celebración del 25 aniversario en la noche del 31 de diciembre, en el Caracol de La Realidad, el Subcomandante Insurgente Moisés dirigiéndose a los pueblos zapatistas y en nombre del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI) pronuncia: “Y estamos demostrando una vez más y lo vamos a tener que cumplir, estamos demostrando que sí es posible lo que se ve y lo que se siente que es imposible (...) el pueblo aquí es el que manda, tiene su propia política, tiene su propia ideología, tiene su propia cultura, va creando, va mejorando, va corrigiendo, va imaginando y se va a ir practicando”.


En el comunicado del CCRI, se hace principalmente referencia a las políticas propuestas por el nuevo gobierno de AMLO. Antiguo simpatizante de los pueblos originarios, que en la actualidad con su programa de gobierno propone dar continuidad a las políticas neoliberales y represivas de los pueblos indígenas, sin comprometerse, como anteriores gobiernos, a implementar los históricos Acuerdos de San Andrés. Refiriéndose a AMLO indican: “Ese que está en el poder lo va a destruir al pueblo de México, pero principalmente a los pueblos originarios, viene por nosotros, y especialmente a nosotros al Ejército Zapatista de Liberación Nacional”.

Identifican que proyectos como la construcción del Tren Maya o la plantación de monocultivos de árboles frutales son proyectos que tienen como objetivo desmantelar las formas de vida y formas organizativas de los pueblos originarios, y en especial las formas organizativas del EZLN. Además en su discurso acusan a AMLO de “agarrar nuestros modos y nuestras costumbres”, las de los pueblos originarios. Ellos, “los senadores, los diputados (...) no saben hacer ley para el pueblo de los pueblos originarios, nosotros sí, porque sabemos cómo es el sufrimiento y sabemos cómo queremos la ley que queremos, no a ellos y a ellas”.

Refiriéndose a las redes de apoyo, a los de “afuera” dicen que en su mayoría son turistas de la pobreza: “La gente de afuera va y viene, nosotros aquí estamos, aquí seguimos. Cada vez que vienen, vienen como a turistear, pero la miseria, la desigualdad, la injusticia no se trata de turistearlo, el pueblo pobre de México está muriendo y va a seguir muriendo”.

Algo que lamentablemente se evidenció durante el encuentro de redes. Las dificultades para complementar y comprometerse con las luchas autónomas del EZLN, las “luchas por la vida, por las condiciones de existir, materiales, espirituales”. Sobre otros asistentes, sin embargo el EZLN sí reconoce que se han organizado: “Muchos no nos hicieron caso, algunos sí están organizándose, esperemos que sigan organizándose, la mayoría no nos hicieron caso”.
Ante la situación que describen y analizan, el EZLN vuelve a preguntarse cómo en 1994: ¿Nos quedaremos solos? Ante lo que responden: “Salimos a despertar al pueblo de México y al mundo, solos, y hoy 25 años después vemos que estamos solos (...). Lo que hemos logrado, fue logrado con nuestro trabajo, con nuestro esfuerzo”. Ante esta situación de “soledad en la guerra contra el olvido” y a pesar de encontrarse el EZLN y las comunidades zapatistas en uno de los centros de la tormenta capitalista, proclaman: “No tenemos miedo (...) Vamos a defender lo que hemos construido (...) no vamos a permitir a que vengan a destruirnos ¿O sí? Y añaden: ‘Por muy mínimo que sea que nos vengan a provocar, vamos a defendernos’”.

Palabras que expresan un enojo con los “desertores”, los intentos de cooptación de sus bases y de sus propuestas, así como con aquella parte de la izquierda que apostó por el nuevo Gobierno de AMLO. En su conjunto finalmente nos hacen intuir que el EZLN apuesta por retomar la lucha político-militar, su despliegue para la defensa de sus comunidades y sus territorios, y un repliegue del movimiento hacia sus bases, sin buscar tanto la creación de luchas conjuntas con el CNI, CIG o las redes de apoyo, y continuar, como en su inicio, solos. Será así, ¿se quedarán solos? Días después del aniversario, el CNI y el CIG declaran que no, no estarán solos. Estarán junto al EZLN en la lucha contra los megaproyectos de la muerte que propone el gobierno federal de AMLO.


“Aunque el camino será largo… aquí seguiremos”, le dice la niña que dice la pinta en el muro que no dice nada, mudo, resignado a que los sucesivos administradores manden cuadrillas de trabajadores contra ese grafiti para borrarlo, taparlo, silenciarlo, exterminarlo”.

Subcomandante Insurgente Moisés y Subcomandante Insurgente Galeano
México, 17 de noviembre de 2018

 

Por Inés Morales Bernardos

2019-01-09 00:00:00

 

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Miércoles, 09 Enero 2019 06:10

Cae el fiscal general de Perú

Cae el fiscal general de Perú

Chávarry renunció seis meses después de haber asumido en medio de duros cuestionamientos por denuncias de tener vínculos con una mafia judicial. Su gestión estuvo marcada por sus acciones para bloquear investigaciones contra Keiko y García.

 

Cayó el fiscal general acusado de utilizar su cargo para proteger a Keiko Fujimori, excandidata presidencial y jefa de la oposición que controla el Congreso, y al expresidente Alan García, ambos investigados por corrupción vinculada a la constructora brasileña Odebrecht. Acorralado por las denuncias en su contra, el fiscal general Pedro Gonzalo Chávarry renunció ayer. Deja el cargo seis meses después de haber asumido en medio de duros cuestionamientos por denuncias de tener vínculos con una mafia judicial. Su gestión estuvo marcada por sus acciones para obstruir las investigaciones fiscales a Keiko y García. Su salida era exigida por el gobierno, diversos sectores políticos, organizaciones sociales y protestas ciudadanas que tomaron las calles bajo el grito: Fuera Chávarry.


El renunciante fiscal general ha sido reemplazado por la fiscal suprema Zoraida Avalos, una crítica de la gestión de Chávarry. En sus primeras medidas, Avalos declaró en emergencia la Fiscalía de la Nación y anunció su total apoyo al equipo fiscal que investiga el caso Odebrecht, que Chávarry intentó descabezar. También señaló que fortalecerá las investigaciones fiscales sobre una mafia judicial, con la que han sido involucrados Chávarry y otros dos fiscales supremos.


Las horas finales de Chávarry comenzaron a correr con el nuevo año, luego que la noche del 31 de diciembre, a solo cuatro horas del cambio de año, destituyó a los dos fiscales más importantes en el caso Odebrecht, Rafael Vela y José Domingo Pérez, quienes han puesto en prisión preventiva a Keiko y han obtenido una orden de impedimento de salida del país para García. Esa medida, interpretada como parte de un pacto de impunidad de Chávarry con Keiko y García, cuyos partidos en el Congreso han venido bloqueando las acusaciones en su contra por sus vínculos con una red de corrupción judicial, gatilló protestas en las calles y un rechazo generalizado, con las excepciones del fujimorismo y del partido de García.
En medio de las movilizaciones ciudadanas exigiendo la salida del fiscal general, el presidente Martín Vizcarra cuestionó duramente la destitución de los dos fiscales del caso Odebrecht y en una rápida respuesta a esa medida presentó al Congreso un proyecto de ley para declarar en emergencia la Fiscalía de la Nación, lo que llevaría a la destitución del fiscal general. La presión hizo retroceder a Chávarry, que dos días después de haberlos destituido repuso a los fiscales Vela y Pérez. Pero eso no bajó el tono a las críticas en su contra. Continuaron las movilizaciones ciudadanas exigiendo que deje el cargo. La crisis escaló rápidamente, desde todos los sectores, incluidos sus colegas de la fiscalía, le pedían su renuncia. Su permanencia en el cargo, al que se aferraba desesperadamente, se volvió insostenible.


El ahora exfiscal general ha tenido una oscura trayectoria. Tuvo un cargo clave en la fiscalía durante la dictadura de Alberto Fujimori (1990-2000), el padre de Keiko, cuando la fiscalía se dedicada a encubrir los crímenes de ese régimen, envuelto en escándalos de corrupción y denuncias de violaciones a los derechos humanos. Luego de la caída de la dictadura fue separado de la fiscalía, pero regresó a ella durante el gobierno de García. En el tiempo que estuvo lejos de la fiscalía, ejerció como abogado. Su cliente más notorio fue un traficante de armas procesado por pagar más de diez millones de dólares en sobornos al gobierno de Fujimori. Escuchas telefónicas reveladas en julio pasado lo involucran con una mafia judicial que negociaba sentencias y nombramientos de jueces y fiscales. Como fiscal general, se concentró en hostilizar a los fiscales que investigan por corrupción a Keiko y García, y en tratar de entorpecer ambos casos.


Keiko Fujimori y Alan García son los grandes perdedores con la caída del fiscal general al que tenían como aliado para intentar salir de sus graves problemas judiciales. Keiko está acusada de lavar un millón de dólares recibidos ilegalmente de Odebrecht para su campaña de 2011. García es investigado por el pago de sobornos par parte de la constructora brasileña por la construcción del Metro de Lima, por documentos que revelan que recibió en forma oculta 100 mil dólares desde las cuentas para pagos ilícitos de Odebrecht y por un aporte ilegal de 200 mil dólares a su campaña de 2006.


La permanencia de Chávarry como cabeza de la Fiscalía de la Nación había generado una grave crisis y puesto en riesgo el proceso anticorrupción que investiga el caso Odebrecht. El fiscal Pérez denunció que con Chávarry la Fiscalía de la Nación había sido “tomada por una organización criminal”. El exfiscal general intentó tumbar un acuerdo de cooperación judicial con Odebrecht que está pendiente de ser firmado y ratificado, sacando a los dos fiscales que lo negociaron, pero debió reponerlos y fracasó. Ahora el tema ha sido retomado. Este acuerdo, que permitirá que la empresa entregue información y evidencias de la corrupción que compromete a cuatro ex presidentes –Alejandro Toledo (2001-2006), Alan García (1985-1990, 2006-2011), Ollanta Humala (2011-2016) y Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018)– a Keiko Fujimori, a la exalcaldesa de Lima, Susana Villarán, y a otros funcionarios públicos y empresarios, es considerado clave para avanzar en el caso y tiene muy nerviosos a muchos, uno de ellos el expresidente García, que en noviembre fracasó en un intento de fugar pidiendo asilo al Uruguay.


La salida de Chávarry es considerada fundamental para el avance del caso Odebrecht. Ya no es fiscal general, pero continúa como fiscal supremo, con lo que mantiene una cuota de poder en la fiscalía, situación que preocupa y es muy cuestionada. A Chávarry le esperan cinco acusaciones constitucionales en el Congreso y enfrentar investigaciones por sus vínculos con una mafia judicial y por obstrucción a la Justicia y encubrimiento.

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¿Un golpe de estado contra Donald Trump? ¡No gracias!

Los últimos acontecimientos en EEUU indican cambios relevantes en la política de la superpotencia:

19 de diciembre: Trump anuncia la retirada de las tropas de Siria (y no por ser una ocupación ilegal), también su reducción en Afganistán, provocando una gran tensión entre los generales, el lobby militar, y sus aliados en la región.

21 de diciembre: Dimite el Secretario de Defensa, el general James Mattis, por estar en contra de:
. La salida del ejército de Siria, y también la orden de asesinar a Bashar al Asad: “Matemos a toda esa puta gente” le dijo Trump en el abril de 2017.
. Romper el acuerdo nuclear con Irán.
. El traslado de la embajada de EEUU en Israel a Jerusalén
. Prohibir la contratación de los transexuales en el ejército, cuando lo que se necesita es más carne de cañón.
25 de diciembre: Trump, Melania y el siniestro John Bolton aterrizan, de repente, en la base al Asad (el León) de Irak. Es la primera visita del presidente a sus soldados, después de que The New York Times reflejara el malestar de los militares: “Deje el palo de golf y visite las tropas”. Trump se negaba porque “tiene miedo a que la gente le mate“, revela Washington Post.
31 de diciembre: Trump retrocede y decide “ralentizar” la retirada de Siria, y lejos de “entregarlo a Rusia e Irán”, anuncia su intención de controlarlo desde las doce bases militares de EEUU en Irak.
4 de enero del 2019: el Secretario de Estado Mike Pompeo anuncia una gira por ocho países de Oriente Próximo y seguir con el proyecto de la Alianza Estratégica para Oriente Próximo (seudónimo de la ‘OTAN árabe’) contra Irán.
5 de enero: Trump tira a la papelera su frase de “EEUU no es la policía del mundo”, y anuncia enviar tropas a Gabón.
¿Intenta el presidente calmar a los militares que ya le atacan públicamente?


La Junta de Trump

Como un niño asustado consciente de que la chaqueta del presidente le iba muy grande, Trump se rodeó de militares y les entregó cargos civiles, siguiendo el enfoque de la supremacía militar de Samuel Huntington (¡el mismo de la doctrina bélica de Choque de Ciclizaciones!): Michael Flynn, de Consejero de Seguridad Nacional; John Kelly, partidario de severas medidas de represión contra los migrantes que sustituyó al “débil” Reince Priebus como Jefe del Gabinete de la Casa Blanca; HR McMaster, asesor de seguridad nacional; Mark S. Inch, director de la Oficina Federal de Prisiones; Michael Bell, principal asesor de Medio Oriente; James Mattis, Secretario de Defensa; y un jefe de la CIA, Mike Pompeo, para la política exterior con el fin de poner fin de la diplomacia en favor del uso de bombas y misiles: Trump aún no tiene embajadores en unos 40 países. El ejército, uno de sus grandes apoyos de Trump durante la campaña presidencial, recibe su recompensa: un presupuesto de 716.000 millones de dólares para el Pentágono en 2018, a costa de recortes en servicios sociales.

El club de “mis generales” se disuelve

“Trump es inmoral y deshonesto”. Así califica el excomandante en Afganistán Stanley McChrystal, mostrando cómo los cambios cuantitativos se convirtieron en cualitativos, minando el apoyo inicial de los uniformados al presidente.
Motivos:

. Recortes en el presupuesto del Pentágono
. Mentir, al afirmar que gracias a él los militares han tenido un aumento de sueldo en 10 años, cuando ellos se benefician de estos incrementos cada año.
. Rechazar la versión oficial sobre “la invasión soviética de Afganistán”. Trump reconoce que la URSS envió tropas a este país para protegerse de los terroristas. Es la primera vez que un presidente de EEUU admite que la Operación Ciclón —el envío de 30.000 yihadista de Al Qaeda por parte de la CIA a Afganistán— empezó el 3 de julio de 1979, seis meses antes de la entrada del ejército Rojo al país vecino a petición de su gobierno. El régimen reaccionario y títere de Kabul, que ve cuestionada su legitimidad, ha pedido a Trump que rectifique.
. Falta de respeto a los “caídos”: le llegó a decir a la viuda de un soldado asesinado en Níger que “él sabía en lo que se metía”.
. Quedarse en casa y no acudir a la ofrenda floral en el Día de los Veteranos en el Cementerio de Arlington.
. Envío de tropas a la frontera de México, considerado innecesario, provocar no sólo sentimiento antimigrante en el ejército, sino también fragmentarlo por la presencia de miles de inmigrantes latinos nacionalizados.
. Humillar al almirante William McRaven, el mando de la operación “Matar al “fantasma” de Bin Laden”, por tardar en localizar al terrorista. McRaven le respondió que Trump “no es el líder que esta gran nación necesita“.
. Decir que el criminal de guerra John McCain “no es un héroe” por haber sido capturado por los vietnamitas. ¡Lo dice alguien que se escaqueó de ir a aquella guerra!
. No fingir respeto a los derechos humanos, al considerar la efectividad de la técnica de la tortura “ahogamiento simulado”.
. Asegurar que usaría posiblemente a Irak “como base si quisiéramos hacer algo en Siria“. ¿Qué es este “algo” si iba a sacar sus tropas?
. No avisar a las autoridades iraquíes de su visita. Trump rompió el protocolo y no se reunió en Bagdad con su homólogo. El Primer Ministro Adil Abdul-Mahdi (que sufre del síndrome de “ilusión de soberanía”) se negó a acudir a la base, y advirtió que el suelo iraquí no será utilizado para atacar a los vecinos. Casi la totalidad de la oposición ahora pide la marcha de las tropas de EEUU. El grupo islamista Asa’ib Ahl al-Haq «La Liga de la Gente de Dios» anuncia que es echarán “a patadas”. Algunos ministros han pedido explicaciones al embajador de EEUU y presentarán una queja ante la ONU por la entrada ilegal de Trump al país. Horas después, hubo una poderosa explosión en la Zona Verde cerca de la Embajada de EEUU.
. Conducir el país hacia peligrosas guerras, por ejemplo, contra Irán.


Trump, que parece no entender la estrategia del imperio, mira con la óptica de comerciante a la política exterior: busca beneficios inmediatos.


¿Un golpe militar en un país occidental?

Precedente hay: general de Gaulle en Francia del 1958, o quizás el asesinato de J.F Kennedy en 1963. Según el Premio Pulitzer Knut Royce, el gobierno de Jimmy Carter aprobó en 1979 una ley “para permitir que los militares tomen el control del gobierno durante 90 días en caso de emergencia“. En 1987, el coronel Oliver North (el rostro de la trama Irán-Contra) formó un gobierno en la sombra de la Administración Reagan. Y hoy, según Counterpunch, citando al consultor político Roger Stone, los tres generales Mattis, McMaster y Kelly habían acordado en 2017 que organizarían una acción militar sólo cuando los tres estuvieran de acuerdo.


Al contrario del discreto Obama, que también se enfrentó a un motín de los generales, Trump usa los tuits para desacreditarlos. A los militares no les gusta ser despreciados por los civiles, menos en público.


El aumento de la influencia de los oficiales sobre los asuntos civiles del país, así como su malestar hacia Trump, ha llevado a la prensa estadounidense organizar tertulias jugosas sobre cómo sería un golpe militar en EEUU, y el paso de los oficiales de la “desobediencia respetuosa” a oponerse activamente al presidente: incluso fantasean sobre el destino del jefe del estado: ¿será asesinado, encarcelado o enviado al exilio?


Para expulsar a Trump del poder, debería suceder lo siguiente:

. Que fracase su cese por un proceso político, recurriendo a la Enmienda XXV de la Constitución e inhabilitarle por “loco”, por “ser agente de un país extranjero” (Rusia), por delitos sexuales, o el “peligro” para la paz mundial. El general de la Fuerza Aérea John Hyten dijo que rechazaría una orden del presidente para lanzar armas nucleares.
. Un acuerdo entre los militares, los Servicios Secretos y la élite política, judicial, financiera y religiosa, para expulsar del poder al viejo playboy mediante un golpe “terciopelo”, sin tanques en la calle: En las elecciones de noviembre los votantes pidieron el fin del Trumpismo.

No hace falta un golpe de estado

Tras la farsa “guerra contra el terror” y ver “enemigos por todas partes”, la sociedad estadounidense se ha militarizado y el ejército se ha convertido, más si cabe, en una institución intocable.


Ni la desgracia de tener un gobernante como Trump justifica uno militar. “Es muy divertido disparar a algunas personas” no es la frase de un psicópata cualquiera, sino del general Mattis, un asesino de masas en Irak, un ‘perro loco’, a la que la prensa le ha lavado la cara llamándole “brújula moral” o “uno de los adultos” de la Casa Blanca que vigilaba al millonario infantil. La actual apatía política puede fabricar personajes más peligrosos que el magnate de hoteles.


Los oficiales dan prioridad a los intereses militares y proponen soluciones castrenses a los problemas civiles: “Para un martillo todo son clavos” y los ciudadanos soldados. La mente militar está entrenada para ganar guerras, matar, morir, destruir, que no diseñar estrategias diplomáticas y negociar.


El peligro no es sólo un presidente uniformado, sino que el estado se guíe por los intereses militares. Debe haber un control civil y democrático sobre los hombres armados.

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Priscila Ludosky, una microempresaria, se convirtió en una de las referentes del movimiento.

El gobierno francés cuenta con que el “debate nacional” propuesto por Macron en lo más alto de la crisis apacigüe la revuelta. Sin embargo, la sociedad exige en las calles que restaure el impuesto a las grandes fortunas.

 El año 2019 comienza como terminó el 2018: los chalecos amarillos siguen en pie de guerra contra la política del presidente Emmanuel Macron. Quienes apostaron por el agotamiento del movimiento se equivocaron de calendario. Aunque las movilizaciones revisten menos intensidad que las de finales del año pasado, los chalecos persisten en su demanda de que el pueblo tome las riendas de su destino. El octavo acto de la movilización amarilla repitió el perfil de las anteriores: poca gente pero mucha violencia contra los signos notorios de la riqueza. Unas 50 mil personas (fuentes oficiales) salieron durante el fin de semana. La cifra es menor a las 280 mil que se movilizaron el pasado 17 de noviembre en contra del aumento del precio del gasoil decidido por el Ejecutivo dentro del programa “transición ecológica”. Desde esa fecha hasta ahora, las reivindicaciones se fueron multiplicando, cambiaron de tono y de ángulo: hoy, los chalecos amarillos plantean una lista de 42 reivindicaciones o “directivas del pueblo” cuya filosofía es una trasformación completa del sistema democrático: este programa abarca desde el poder adquisitivo, los impuestos, la inmigración o la reforma de las instituciones. Su filosofía consiste en una verdadera refundación del mecanismo de poderes. La llave de ese cambio sería, para ellos, la inclusión en la Constitución del llamado RIC, Referéndum de Iniciativa ciudadana. Este instrumento apunta a desplazar hacia el pueblo las decisiones que lo conciernen. El RIC, por ejemplo, podría utilizarse “para suprimir una ley injusta” o “revocar el mandato de un representante”. 

La secuencia política inédita que vio surgir al movimiento de los chalecos amarillos sin que nadie intuyera la revuelta que se había gestado en el corazón del pueblo se repite ahora. Los chalecos pesan cada vez más en la confrontación social. Dos de sus tres líderes, Eric Drouet y Priscila Ludosky, se han convertido en auténticas banderas. Ambos dan muestras de una capacidad insospechada de organización, con una retórica convincente y muy estructurada. Son ellos quienes, sobre todo a través de las redes sociales, le han dado a los chalecos amarillos una fisionomía de la que carecían debido a que no estaban respaldados por partidos o sindicatos. El gobierno tiene ahora enfrente a un conductor de camiones, Drouet, y a una micro empresaria, Ludosky, con una fuerza de desafío monumental. Los chalecos rompieron el esquema tradicional y nadie, ni los medios detestados por el movimiento, ni los responsables políticos desbordados, parecen saber muy bien cómo desactivar una protesta que no huye de la violencia. Las escenas de los enfrentamientos entre los chalecos y las fuerzas del orden parecen secuencias extraídas de una película. Hay una imagen sorprendente captada el sábado a lo largo de la pasarela Léopold-Sedar-Senghor, en Paris. La policía intentó desalojar a un grupo de chalecos amarillos que bloqueaba el puente cuando un hombre, un boxeador profesional, campeón de Francia de peso pesado, surgió de pronto. El boxeador se lanzó en un combate cuerpo a cuerpo con los policías. Los hizo retroceder a puñetazos y terminó pateando a un gendarme que se había caído al suelo. El video fue visto por tres millones de personas y el boxeador celebrado como un héroe en las redes sociales. Los chalecos amarillos demuestran a menudo un encono profundo contra los símbolos de la República. El sábado 5 de enero se apoderaron de un tractor y fueron a romper las puertas del Ministerio de las Relaciones con el Parlamento. Tampoco dudaron en avanzar hacia el Palacio presidencial con la intención de ocuparlo. “Esto no ha terminado, aún tenemos muchas cosas que decir. Vamos a seguir hasta que Macron proponga lago más constructivo”, dijo Priscilla Ludosky. El sábado, en las calles de París, los chalecos repetían la misma convicción: “Este es un gobierno sordo y ciego que, a fuerza de taparse los ojos y los oídos, va a convertir una revuelta justa en una revolución necesaria”, decía a PáginaI12 una mujer chaleco amarillo en los alrededores de la Municipalidad de la capital francesa.


Emmanuel Macron no da por ahora con la escapatoria, tanto más cuanto que ni él ni su mayoría parlamentaria piensan modificar el rumbo adoptado desde 2017. “Emmanuel Macron debe encontrar una salida política para seguir reformando”, dijo hace poco François Patriat, presidente del grupo La República en Marcha (el partido de Macron) en el Senado. Pero esa salida no asoma. El poder da la impresión de no entender a quienes tiene enfrente. Reconfortado por las victorias sucesivas obtenidas contra los movimientos sociales durante la aprobación de reformas socialmente costosas como la de los ferrocarriles o la ley laboral, el macronismo persiste en su línea. El odio está ahí, latiendo a cada instante, alimentado por el rechazo frontal a una estructura construida por Macron a partir de la desigualdad. “El presidente sanciona y persigue a los desempleados, sacrifica a los jubilados, ahoga a los trabajadores con impuestos y, al mismo tiempo, le firma cheques en blanco a los ricos y los grupos empresariales”, decía a este diario Fly Rider, otra de las grandes figuras visibles de los chalecos amarillos. La cesura entre el pueblo y el poder es drástica y aumenta la sensación de que el macronismo es sólo un club de ricos que gira en una orbita exótica y distante de las preocupaciones del pueblo. El gobierno cuenta con que el “debate nacional” propuesto por Emmanuel Macron en lo más alto de la crisis apacigüe la revuelta. Este debate se inicia durante la primera quincena de enero hasta el 31 de marzo y se propone como una metodología para reconquistar a la opinión pública. La consulta estará organizada por los municipios y se articula en torno a cinco temas: pacto ecológico, servicios públicos, fiscalidad, instituciones e inmigración. Cederle la palabra al pueblo y no cambiar nada es la solución temporal del macronismo. Sin embargo, más que la palabra la sociedad exige que el presidente le devuelva lo que le sacó. 75% de los franceses reclaman que Emmanuel Macron restaure el impuesto a las grandes fortunas que modificó en beneficio de los ricos.


El diario Le Monde trazó una línea para saber a qué corriente política se acercaban las reivindicaciones de los chalecos amarillos. Según el vespertino francés, dos terceras partes son “compatibles” con el programa de la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon y del candidato socialista a la presidencia, Benoît Hamon. La mitad de las iniciativas amarillas son compartidas por la extrema derecha de Marine Le Pen. Globalmente, la plataforma de 42 propuestas adelantadas por los chalecos amarillos está totalmente apartada de los programas liberales de Emmanuel Macron.


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Domingo, 06 Enero 2019 04:56

Desde otro lugar, con otras reglas

Desde otro lugar, con otras reglas

Licenciado en letras y filósofo, Valdés se dedica al estudio de los movimientos sociales y políticos emancipatorios en América Latina, y coordina el Grupo América Latina, Filosofía Social y Axiología, del Instituto de Filosofía de La Habana. En esta entrevista1 se explaya en particular sobre las nuevas articulaciones entre mercado y socialismo en debate en Cuba.

—En las discusiones sobre el socialismo, en ocasiones se desatiende el significado de este concepto para la gente, su lugar en el sentido común de los cubanos.


—Creo que existe una novedad conceptual en el denominado “proceso de actualización” y en la discusión de una nueva Constitución. Ambos procesos, que no están desligados, tienen un impacto en la noción que sobre el socialismo hemos incorporado en la teoría y el imaginario social cubano.


En medio de tantos desaprendizajes necesarios y de tantas desconstrucciones desmovilizadoras, es innegable la necesidad de ejercer, como diría Marx, la crítica radical de todo lo existente. Hoy esa crítica implica “desaprender”, sin violar la continuidad de lo conocido, las nociones históricas conformadas y el instrumento cognitivo heredado tal y como lo recibimos de versiones limitadas del llamado marxismo-leninismo.


Las soluciones económicas, políticas, jurídicas, éticas, estéticas y culturales que necesitamos para enfrentar los nuevos retos no podrán efectuarse apelando a una cientificidad elaborada exclusivamente desde el recinto académico, ni sólo aplicando procedimientos, técnicas y metodologías institucionales. Tampoco debe tratarse de un cuerpo conceptual a priori, construido al margen de las prácticas concretas, que se aplica para la concientización de los sectores populares.


Los saberes de la gente juegan un papel político regulador de primer orden, como aprendizaje proveniente del mundo de la vida cotidiana. Una de las amenazas con que debemos lidiar es la acostumbrada construcción de dicotomías, como la escisión a veces desmovilizadora entre la economía y la política, entre plan y mercado, entre lo social y lo político, entre lo político y lo cultural.


A todas luces existe una diversidad de posicionamientos éticos y políticos en torno a la revolución, su densidad liberadora y su fardo de errores y proyecciones en las nuevas circunstancias. Muchos de estos posicionamientos reflejan sensibilidades generacionales.


Las transformaciones económicas, jurídicas y político-institucionales son fenómenos que generan estimaciones contrapuestas sobre los ritmos, orden, forma y sentido de los cambios particulares, pero que muy pocos objetan como salida ante la crisis de la economía cubana de los últimos años y la necesidad de renovar el consenso social socialista de cara a la movilidad y complejidad estructural y cultural que condiciona (y resulta de) tales acontecimientos.


—¿Cuáles de esas transformaciones destacarías? ¿Dónde están las amenazas?


—El redimensionamiento del Estado y la superación de su forma como Estado-empresario, el paso a la descentralización (mayor autonomía y facultades) de la empresa estatal socialista y su capacidad de planificación, incorporando emprendimientos autónomos en el mercado, la emergencia del sector privado en sus diversas variantes, las repercusiones de la ley de la inversión extranjera en el contexto de nuestra economía y de nuestra sociedad, las reformulaciones acerca del modo de construir la hegemonía y el papel de la sociedad civil… Todas ellas activan el imaginario dicotómico conformado en décadas anteriores que reduce y empobrece la diversidad de opciones entre la noción socialista desplegada como estatalización extrema, que sólo se podría sustituir por la “mercantilización”.


Habrá quienes sientan que se está “desmontando” el socialismo y reaccionen negativamente a los cambios, y no faltarán –interna y sobre todo externamente– quienes a la vez que saluden las aperturas llamen a seguir ensanchando el papel del mercado y la propiedad privada y la “liberación” de las trabas estatales que lo constriñen.


No existe un “antídoto” válido para cada momento histórico que nos haga inmunes a la posibilidad del retorno al capitalismo dependiente. Por otro lado, serán cada vez más visibles las voces que nos estimulen a seguir dando pasos hacia la mercantilización de la vida. Yo he insistido en la necesidad de abrir cauces y ensanchar el corredor cultural crítico del no capitalismo en la sociedad cubana.


—¿Qué entiendes por “corredor cultural crítico del no capitalismo”?


—Primero, este corredor cultural está marcado por el debate. Implica una doble dirección, porque las propuestas que se desplieguen deben combinarse y articularse con iniciativas diseñadas e intencionadas desde el ámbito institucional. No debemos prescribir negativamente a priori el carácter desinstitucionalizado de las subjetividades colectivas no capitalistas. Al contrario, es justamente uno de los componentes de su capacidad corrosiva radical: la lucha se construye desde otras bases, desde otro lugar y con otras reglas.


La realidad no es homogénea, incluso en una nación como Cuba, que ha logrado conformar un tejido social articulado sobre la base de sellos identitarios fuertes. La realidad tiene lugares sociales y perspectivas diferentes.


Para que ese corredor cultural del no capitalismo pueda significar algo socialmente y se arraigue en el sentido común es necesario que sometamos a crítica otro parámetro estereotipado: los criterios inamovibles (y tan de moda) sobre “lo revolucionario” y “lo no revolucionario”. Hay una idea de Juan Valdés Paz sobre esa necesaria pluralidad del referente axiológico revolucionario. Valdés Paz dice en El espacio y el límite que la ideología de la revolución es mucho más que una doctrina de Estado, y debe ser lo “suficientemente heterodoxa y ecléctica como para dar cuenta de la diversidad social, la historia y culturas nacionales, las experiencias socialistas, nuestra cultura política y la permanente ‘batalla de ideas’ contra el capitalismo y el sectarismo”.


—¿Apuestas por un escenario de aceptación de la diversidad como camino a ese corredor cultural crítico del no capitalismo?


—El tema de la diversidad eclosionó en el mundo social y académico cubano en los noventa. Pero igual que existe esa diversidad, existen sus lecturas. La diversidad (sexual, de género, racial, religiosa, social, ideológica, cultural, entre otras) la concibo no como un lastre a superar, sino como riqueza a potenciar y articular.


Para que la diversidad no implique atomización y desbandada es preciso desear, pensar y hacer la articulación, o lo que es lo mismo: generar procesos socioculturales y políticos desde las identidades. El pensamiento alternativo es tal únicamente si enlaza diversidad con articulación, lo que supone crear las condiciones de esa articulación (impulsar lo relacional en todas sus dimensiones, como antídoto a la ideología de la delegación); fortalecer el tejido asociativo sobre la base de prácticas y valores fuertes (de reconocimientos, justicia social y justicia ambiental, equidad de género).


Pareciera que el reconocimiento de las diferencias resulta punto de partida para la constitución de sujetos con equidad y reconocimiento de las identidades respectivas. Sin embargo, la diversidad que se pretende asumir desde el “narcisismo de las diferencias” deviene recurso ideológico y cultural de dominación, cerrando el paso a cualquier reconstrucción que pretenda levantar, sobre tales diferencias, identidades sociales colectivas capaces de trascender el orden enajenante que las discrimina a todas por igual. Las razones últimas de la fragmentación se hallan en la enajenación del trabajo. La diversidad que necesitamos potenciar y articular es la que expresa la voluntad socializadora de los individuos en proceso de emancipación socialista.


—Al escucharte da la impresión de que no basta con preguntarnos a qué socialismo aspiramos, sino que debemos hablar también de la batalla que se da en Cuba hoy entre una cultura socialista y su opuesta, la capitalista.


—En efecto. Enfrentar y superar multifacéticamente al capitalismo es un desafío histórico permanente en nuestra época, que trasciende la lucha de un país y de un grupo de países, que compromete a la humanidad en su totalidad. Hemos aprendido que no basta con subvertir sólo sus resortes estructurales e institucionales de dominio y sujeción, sino que es necesario comprender que está compuesto por “prácticas pequeñitas” –como dice Ángeles Eraña– de interacción social enajenada y fetichizada desde lo cotidiano.


Si no nos preparamos con nuevos procesos de aprendizaje/desa-prendizaje sensibles para enfrentar esas prácticas e impedimos que se coloquen como normas reguladoras del sentido de la vida la psicología del “éxito” individualista, el consumismo del “nuevo rico”, la insensibilidad frente a los privilegios reales, si no desafiamos la mirada economicista que desliga producción y reproducción de la vida, si reproducimos en nuestro accionar y sistema de valores el paradigma patriarcal discriminatorio de acceso al poder y al saber (centrado en el arquetipo “viril” y “exitoso” de un modelo de hombre racional, adulto, blanco, occidental, desarrollado, homofóbico y burgués), no podremos superarlo culturalmente en la perspectiva histórica.


—Has mencionado con mucha fuerza la necesidad de atender el sentido común de las personas y su relación con la vida cotidiana. Esto pasa también por las alternativas económicas –en materia de propiedad y gestión– que caracterizan el ámbito cubano contemporáneo. ¿Qué opinas sobre estos temas?


—Para Cuba, revolución por el socialismo con mercado es una realidad a asumir en el terreno práctico, de manera diáfana y no vergonzante, pero en modo alguno acrítica. El debate teórico y axiológico, lejos de estar dirimido, recién comienza en este punto. Ello explica la avidez con que desde los años noventa las ciencias sociales cubanas han revisitado los temas vinculados al tránsito en la Urss hacia la nueva política económica (Nep) y la controversia posterior en torno a sus significados.


Un rasgo consustancial a esos procesos es que, en ocasiones, las medidas socialistas, justificadas o no, se alzaran históricamente sobre una especie de vacío, así como sobre una inadecuada preparación de los sujetos-actores sociales, que impedía la plena hegemonía socialista.


Durante décadas se borró el conflicto, concientizado por Lenin, entre la superación económica de la propiedad privada y las circunstancias políticas que impusieron la vía jurídico-administrativa de dicha “superación”, como “castigo” a la burguesía en medio de la agudización de los combates de clase. El proyecto original, que sólo comprendía la instauración del control de la producción social y de la distribución de los productos por los soviets, devino una forma sui géneris de “implantación” del socialismo. La guerra civil y el sabotaje convierten a la expropiación y la nacionalización en medidas de autodefensa de la propia revolución. Se trataba de condiciones excepcionales que en modo alguno hacían superfluas las conclusiones esbozadas en un texto como Las tareas del proletariado en nuestra revolución, donde según Lenin el nuevo poder “no implanta” ninguna transformación que no esté ya perfectamente madura en la realidad económica y en la conciencia de la inmensa mayoría del pueblo.


La discusión sobre la disparidad de desarrollo, sus causas y clasificaciones, tiene una larga historia. De lo que se trata es de determinar si fue posible o no, o si quedó trunca la alternativa socialista al capitalismo.


¿Por qué comienzo por ahí? Porque a propósito de la Nep, la dificultad radica hoy en aceptarla o no como nuevo rumbo estratégico en el que, una vez conquistado el poder estatal por la vía revolucionaria, y dar pasos gigantescos de subversión y ruptura con las relaciones sociales capitalistas (el régimen de propiedad) y los resortes superestructurales de la dominación capitalista, se retrocede o reacomoda el proyecto hacia una fase transitoria en la que aún lo socialista no aparece como opuesto pleno, como superación societal multifacética del orden económico capitalista, aunque éste esté distorsionado por una nueva dirección hegemónica en formación.


El Che fue un crítico respetuoso de la Nep y sobre todo de su impronta posterior en la Urss. A la vez que identificaba al sistema presupuestario de financiamiento como la vía idónea para el avance del socialismo y el comunismo en Cuba, reconocía con claridad que “la economía política del período de transición falta totalmente”. Fue el artífice principal de dicho sistema y polemista agudo del cálculo económico de corte soviético, y consideró necesario que se debía mantener “durante un tiempo los dos sistemas y después entrar ya a discutir algunas cosas mucho más profundas”. El Che admite que en aquellas condiciones, “cuando el atraso es muy grande, la correcta acción marxista debe ser atemperar lo más posible el espíritu de la nueva época, tendiente a la supresión de la explotación del hombre por el hombre, con las situaciones concretas de ese país; y así lo hizo Lenin en la Rusia recién liberada del zarismo y se aplicó como norma en la Unión Soviética”.


Pero la época y las condiciones de radicalidad en que surge y avanza la revolución cubana están marcadas por el establecimiento de todo el sistema mundial del socialismo. El Che se pregunta: “¿Cómo se puede producir en un país colonizado por el imperialismo, sin ningún desarrollo de sus industrias básicas, en una situación de monoproductor, dependiente de un solo mercado, el tránsito al socialismo?”.


—Pero ¿cómo se conecta esto con la realidad cubana actual?


—No tiene sentido hoy contraponer de modo libresco las conceptualizaciones y estrategias de desarrollo que respondieron a problemáticas concretas en cada etapa y coyunturas del proceso emancipatorio cubano, al proceso en curso de reestructuración de la economía y la sociedad en las actuales condiciones. Incorporar la médula racional de cada polémica, de las posiciones divergentes confrontadas en esta historia es una necesidad que problematiza y enriquece el debate de nuestros días. Virtud del Che fue su pensamiento cuestionador de dogmas, sometiendo sus propias nociones a la crítica revolucionaria.


En una de las reuniones bimestrales (verdaderos espacios de discusión revolucionaria plural, de aprendizaje colectivo), al incentivar una lectura histórica de El Estado y la revolución, señalaba que “en cada momento tenemos que tomar medidas que en el momento siguiente podrán no ser correctas y que en el momento anterior pudieran no haber sido correctas, y que a lo mejor en este momento no son correctas tampoco, es verdad, pero hay que analizarlas en el sentido dialéctico de que todo está en movimiento, de país cercado por el imperialismo, con profundos problemas internos de producción, en proceso de reestructuración de sus instituciones”.


Esta reflexión es muy significativa tratándose del Che Guevara, para quien el proyecto socialista era multifacético e integral, y debía “crear” al hombre y la mujer nuevos, y también una nueva cultura. No sólo necesitamos más que nunca el antimperialismo y la visión anticapitalista del Che, sino retomar en los actuales escenarios de diálogos y disputas la acción multifacética de intelectuales revolucionarios que no sean “asalariados dóciles al pensamiento oficial ni becarios que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas”.


Para pensar la continuidad de la revolución hay que volver sobre lo que parecía ya entendido y hasta superado, no para incorporar acríticamente o rechazar por presunta inviabilidad, sino para resignificar todo lo valioso desde las nuevas condiciones nacionales e internacionales en que nos desenvolvemos.


El tema es polémico. A mi juicio, la complementariedad de mercado y plan, mercado y socialismo, espontaneidad y autoridad, siendo absolutamente necesarias para toda una época interformacional, de límites imposibles de fijar desde el presente, no es el “gran descubrimiento”: es el gran sucedáneo de nuestra incapacidad intelectual (o de la inmadurez societal) para descubrir el secreto de la superación histórica de la civilización del capital, pese a que asumamos conscientemente el reto que nos impone esa época. Tal vez la paradoja sea consecuencia de aquella observación de Marx: “No basta con que el pensamiento acucie hacia su realización; es necesario que la misma realidad acucie hacia el pensamiento”.


¿Cuáles serán las nuevas leyes, papel y lugar del mercado en el sistema socioeconómico? ¿Qué contenido tendrá el mercado que lo haga adecuado al proyecto social y a la economía social socialista? ¿Cómo “domesticarlo”?


Sin embargo, la mera extensión de las leyes del mercado al socialismo, sin una determinación clara del mecanismo de acción y subordinación de aquellas, muestra, hasta el momento, la posibilidad de reversión de la alternativa socialista como alternativa de emancipación humana.


—Por estos días se discute el anteproyecto constitucional. ¿Te parece un proyecto que se subordina a la realidad o que dialoga con ella sin renunciar al horizonte socialista?


—Quiero partir de que se trata de un proceso democrático, cuya esencia no se agota (o no debe agotarse) en que la gente trasmita sus criterios. Después viene la manera en que esos criterios toman cuerpo en el proyecto, y luego, cómo se implementan.


Ahora bien, esta discusión expresa, al mismo tiempo, la necesidad de continuar trabajando en el ensanchamiento de ese corredor cultural del no capitalismo, y la situación real de la cultura acumulada y existente en Cuba a la altura de 2018. Procesos como este hacen emerger, visibilizar, fenómenos que ya existen. Los planteamientos conservadores presentes en el proyecto, o que emergen en la discusión popular –digamos, por ejemplo, los relativos a la supresión del horizonte comunista o los disímiles criterios generados por el artículo 68– son un termómetro. El asunto está en qué hacemos. Como país se asume el compromiso de consultar, escuchar y tener en cuenta a todos los ciudadanos, pero como individuos tenemos la libertad de resistirnos ante estas manifestaciones conservadoras. Nos hace falta una izquierda anticapitalista sólida, sin temores, diversa pero no atomizada, y quizás este sea un asunto de comunión entre las diferentes posiciones existentes.


1. Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista cubana Temas. Brecha reproduce fragmentos con autorización del medio.

 

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La censura de Netflix al comediante Hasan Minhaj no es broma

La decisión de Netflix de censurar un episodio de la serie del comediante Hasan Minhaj, bloqueando su acceso dentro de Arabia Saudí, tiene implicancias que se extienden mucho más allá de las fronteras de la dictadura saudí. “Patriota no deseado con Hasan Minhaj” es una serie televisiva producida por la plataforma Netflix, que presenta los comentarios del joven comediante musulmán-estadounidense sobre noticias y temas de actualidad. Entre los temas que se trataron en la primera temporada del programa el otoño pasado se encuentran la acción afirmativa, la gigante corporativa Amazon, el petróleo, las políticas sobre inmigración y, en el episodio estrenado el 28 de octubre, asuntos relacionados con Arabia Saudí.


Este episodio salió al aire en medio del escándalo generado en torno al asesinato y desmembramiento del periodista de origen saudí Jamal Khashoggi, columnista del medio The Washington Post, ocurrido dentro del Consulado de Arabia Saudí en Estambul, Turquía, el 2 de octubre del año pasado. Días antes de que saliera el segmento, el príncipe heredero Mohammed bin Salman, en una conferencia de inversores en Riad que fue ampliamente boicoteada debido a su conexión con el brutal asesinato, declaró que era un “crimen horrendo e injustificable”. Al día siguiente, el fiscal general de Arabia Saudí admitió que el asesinato había sido premeditado. Esto no hizo más que aumentar la presión internacional hacia Arabia Saudí y Mohammed bin Salman, con llamamientos bipartidarios en el Congreso de Estados Unidos para detener la venta de armas al reino. Según se ha informado, la CIA confirmó que Mohammed bin Salman ordenó personalmente el asesinato.


El Departamento de Estado de Estados Unidos, en su informe anual de 2017 sobre prácticas de derechos humanos en Arabia Saudí, señaló específicamente que Khashoggi se había “autoexiliado” de su país de origen porque “en 2016 las autoridades presuntamente le habrían prohibido escribir, aparecer en televisión y asistir a conferencias como resultado de comentarios que se interpretaron como una crítica al presidente de Estados Unidos”, en referencia al presidente Donald Trump.


En el episodio censurado, Minhaj implica al príncipe heredero Mohammed bin Salman y señala la estrecha relación que este mantiene con la familia Trump, especialmente con el yerno de Donald Trump, Jared Kushner: “Mohammed bin Salman se quedó sorprendido por toda la indignación que causó el asesinato de un periodista. Según [el periódico] The Wall Street Journal, en una llamada telefónica que mantuvo con Jared Kushner, Mohammed bin Salman preguntó: ‘¿Por qué la indignación?’. Y, francamente, la confusión de Mohammed bin Salman es completamente comprensible. Durante años se ha salido con la suya con este mismo tipo de m**** autocrática, casi sin ninguna reacción de la comunidad internacional”.
El periódico Financial Times reveló la censura de Netflix en un artículo publicado el día de Año Nuevo, donde informó que Netflix respondió a una solicitud del gobierno saudí porque el contenido del episodio “supuestamente violaba la ley contra el crimen cibernético del reino”. El periódico cita la ley en cuestión, que prohíbe la circulación de “material que afecte el orden público, los valores religiosos, la moral pública y la privacidad, a través de redes de información o computadoras”, con penas de hasta cinco años de prisión y una multa de 800.000 dólares.


El monólogo cómico de Minhaj, con un guión totalmente cuidado y preciso, cubre una amplia gama de críticas a Arabia Saudí, que incluyen el asesinato de Khashoggi, pero también la represión generalizada contra la disidencia interna en el reino, las restricciones a los derechos de las mujeres y, con un detalle rara vez escuchado en los medios de comunicación hegemónicos estadounidenses, el bombardeo de Arabia Saudí a Yemen apoyado por Estados Unidos y la crisis humanitaria resultante. Según cifras recientes de Naciones Unidas, casi 16 millones de personas en Yemen padecen hambre, y esa cifra pronto podría aumentar a 20 millones, de una población total de 22 millones. La organización Save the Children estimó el año pasado que 85.000 niños habían muerto de inanición o enfermedades relacionadas con la desnutrición, pero ese número ya está desactualizado, ya que siguen surgiendo diariamente informes desde Yemen de niños que mueren de hambre.


Netflix es una potencia mediática global, con más de 130 millones de suscriptores pagos en más de 190 países. Lo que la plataforma elige producir y publicar, y lo que elige censurar, puede tener un enorme impacto. En un comunicado, Netflix expresó: “Apoyamos firmemente la libertad artística en todo el mundo y eliminamos este episodio solo en Arabia Saudí tras recibir una demanda legal válida de parte del gobierno, y para cumplir con la legislación local”. ¿Válida?


El episodio, aunque no está disponible en la plataforma de Netflix en Arabia Saudí, todavía se puede ver en YouTube. Hasan Minhaj tuiteó con sarcasmo: “Claramente, la mejor manera de evitar que las personas vean algo es prohibirlo, convertirlo en tendencia en internet y luego dejarlo colgado en YouTube”. Su tuit continúa: “No olvidemos que la actual mayor crisis humanitaria del mundo está ocurriendo en este momento en Yemen”, con un enlace para hacer donaciones al Comité Internacional de Rescate. Netflix debería avergonzarse y revertir su decisión. Censurar comentarios sobre crímenes de guerra y hambrunas generalizadas, a petición de un dictador, no es ninguna broma.

 

Columna 04 de enero de 2019
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Lunes, 31 Diciembre 2018 13:04

Dos mil XIX, por la AMIST4D

Dos mil XIX, por la AMIST4D

En los tiempos que corren es bueno elogiar y cultivar la amistad.

Parece que cuando se acerca el final de cada año se disparan las ganas de recordar y de hacer balance. Grandes analistas, intelectuales y artistas, además de los medios, arquean lo que ha sido el año que se va y lo que nos deparará el que inicia. Casi siempre sin esperar al último día, por lo que se suelen quedar por fuera los postreros hechos que cierran el período.

Sin olvidar todo lo que se ha luchado y que deberemos seguir haciéndolo, se precisarán nuevas propuestas, locales y globales, para conseguir esa metamorfosis social tan necesaria que nos lleve a construir otro sistema más incluyente y justo para las mayorías ignoradas. Una labor a realizar conjugando todos esos fragmentos que, a veces, nos separan y debilitan; la unión de ambientalistas, feministas (ellas y ellos), defensoras y defensores de los humanos derechos, marxistas (sí, los de Karl Marx y los de Groucho, porque necesitaremos mucho humor para afrontar lo que se nos viene encima). Todo ello democratizando la comunicación y las culturas, las propias, no las impuestas, y desalambrando las fronteras en la búsqueda del procomún.

Pero como eso es ardua tarea, creo que deberíamos, en ese cálculo anual, tanto en nuestras cuentas personales como en nuestras conmemoraciones, destacar una cualidad sin la que será muy difícil lograr algo: la amistad. Y qué mejor que acompañar esos afectos con la poesía y la música.
“Es parentesco sin sangre una amistad verdadera” (Calderón de la Barca).

“Decir amigo, es decir juegos, escuela, calle y niñez (…) es decir vino, guitarra, trago y canción (…) es decir aula, laboratorio y bedel (…) es decir lejos y antes fue decir adiós, y ayer y siempre lo tuyo nuestro y lo mío de los dos” (Joan Manuel Serrat).

Pienso que en lo personal y en lo profesional 2018 ha sido un gran año. Pero no puedo decir lo mismo del mundo. Doce meses después parece que, siendo optimistas, la realidad no ha mejorado mucho. Sigue sin cumplirse aquello que exigía el informe del PNUD de 2013 “una mirada crítica a las instituciones de gobernanza mundial para promover un mundo más justo e igualitario”.

Hemos salido a las calles y hemos luchado, pero los resultados no son lo que esperábamos. Aún así, debemos seguir reiterando la necesidad de la memoria, la importancia de la ética, la valía del respeto y la riqueza de la diversidad. Seguiremos pidiendo justicia social, salud, paz y suerte, que la vamos a necesitar.
“Amistades que son ciertas nadie las puede turbar” (Cervantes).

“A mis amigos les adeudo la ternura y las palabras de aliento y el abrazo, el compartir con todos ellos la factura, que nos presenta la vida paso a paso. A mis amigos les adeudo la paciencia de tolerarme las espinas más agudas, los arrebatos del humor, la negligencia, las vanidades, los temores y las dudas” (Alberto Cortéz).
Pero para despedir este año ya viejo lo que quiero es elogiar la amistad. Esa sensación que te reconforta y que te dan los seres que quieres y te quieren y que de verdad te importan. Ese “afecto personal, puro y desinteresado (…) que nace y se fortalece con el trato” (Diccionario de la Lengua Española dixit). Ahí están tu pareja, tu familia y tus amigas y amigos, los animales y las plantas que te acompañan. Las y los amigos de verdad.

Como afirma Ben Jelloun “La amistad es una religión sin dios, sin juicio final y sin diablo. Una religión no ajena al amor, a un amor donde se proscriben la guerra y el odio, donde es posible el silencio”. Su texto Elogio de la amistad lleva por subtítulo, en el original en francés, La soudure fraternelle (La soldadura fraterna), porque la amistad se suelda y no se suelta.

La amistad tiene mucho de memoria, porque con ella recordamos a los amigos y sentimos que lo son y que siempre están ahí. Cicerón situaba la amistad por encima de todas las cosas “nada hay tan conforme a la naturaleza ni tan conveniente en la prosperidad y en la desgracia”. Porque una amiga (o) es mucho más que un espejo en donde mirarnos, es más que el compañerismo o que el vecindario.
“Mi patria son los amigos” (Bryce Echenique).

“Yo solo quiero mirar los campos, tan solo quiero cantar mi canto, pero no quiero cantar solito, yo quiero un coro de pajaritos. Quiero pedir este canto amigo a quien pudiera necesitar. Quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar” (Roberto Carlos).

Olvidemos a quienes se creen superiores porque tienen más de algo, sea tamaño, dinero, poder o fuerza. O porque tienen, simplemente, otro género, otra religión, otra raza u otra procedencia que consideran que les sitúa por encima del resto. Y recordemos, como decía Blaise Pascal, que “el corazón tiene razones que la razón no conoce” y que, como también señalaba el filósofo francés, el tamaño, o cualquier otra de las condiciones citadas, no incide en la inteligencia, porque “un cuerpo puede tener mucho más volumen que capacidad”.

“Amigos. Nadie más. El resto es selva. ¡Humanos, libres, lentamente ociosos! Un amor que no jura ni promete” (Jorge Guillén).

“Tengo la suerte de no saber competir con la gente, de saber que si hoy me equivoco tengo alguien que puede entenderme. Tengo la suerte de ser ciudadano del aire, de sentir que soy libre sin ser un vagabundo en la tierra de nadie. Quien diga que los sueños no se cumplen, que me explique como vivo en esta nube” (Pablo Alborán).

Por ello, para 2019, quiero elogiar la AMISTAD. Y pido que algo tan sencillo y tan complejo me mantenga firme y unido a mis camaradas. Porque creo en la amistad, en la de verdad, la de quienes son amigas (os) aunque sean intermitentes, estén de paso, vivan lejos, vayan o vuelvan.

“Cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene” (Baltasar Gracián).

“Friends will be friends. When you’re in need of love they give care and attention. Friends will be friends. When you’re through with life and all hope is lost. Hold out your hand. Cause friends will be friends right to the end” (Queen).

Lo importante de los amigos es que, virtual o físicamente, nos reencontremos. Que sepamos que están ahí y que sepan que cuentan con nosotros. Porque como también nos dice Ben Jelloun, la amistad “Podría ser el estado ideal de la existencia. Un estado apacible. Un vínculo necesario y poco común (…) La amistad perfecta debería ser como la soledad, pero afortunada, liberada de angustia, rechazo y aislamiento”.

“Keep smilin’ keep shinin / Knowing you can always count on me for sure / That’s what friends are for / For good times and bad times / I’ll be on your side forever more / That’s what friends are for” (Dionne Warwick).

Que sigamos unidos en la lucha y en la esperanza. Escribía Dulce Chacón que “siempre es posible encontrar la fuerza necesaria para alzar el vuelo y dirigirse hacia lo alto”, y creo que ese impulso se halla en la amistad.

“Gracias a la vida, que me ha dado tanto / Me ha dado el sonido y el abecedario, / con él las palabras que pienso y declaro: / madre, amigo, hermano y luz, alumbrando / la ruta del alma del que estoy amando” (Violeta Parra).

Para mis amigas y mis amigos, para maestras y maestros, camaradas, estudiantes, compañeras y compañeros. Por ellas y ellos: que el nuevo año nos depare salud y paz, pero, sobre todo, que nos mantenga en la amistad, en el diálogo y en la comunicación. Y canten. Un fuerte abrazo.

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Rita Segato: "El feminismo punitivista puede hacer caer por tierra una gran cantidad de conquistas"

La antropóloga disertó en la cuarta edición del Encuentro Latinoamericano de Feminismos. "No hay una solución simple, pero es necesario pensar más y estar en un proceso constante", señaló.

 

En la Argentina, como lo demostró ayer Thelma Fardin, las mujeres ya no nos callamos más. Contra el acoso, la violencia y la justicia patriarcal, el escrache, ya sea anónimo o con nombre y apellido, se posicionó como un dispositivo para alertar de posibles violentos, pero también como una búsqueda de ajusticiamiento mediante la condena social. A través de este método, que virtualmente está en manos de todos y todas, hemos visto caer desde ídolos rockeros hasta actores -Juan Darthés, el último-, docentes prestigiosos, cuadros políticos de organizaciones y partidos, todo tipo de “ciudadanos de a pie”. Sin embargo, dispara interrogantes que todavía no parecen saldados: ¿Podemos ponerlo en duda? ¿Puede el punitivismo, frente a la impunidad, ser una forma de “justicia popular”?


Este fin de semana se celebró en La Plata la cuarta edición del Encuentro Latinoamericano de Feminismos, donde la antropóloga Rita Segato junto la periodista e integrante de HIJOS Lucía García Itzigsohn, entre otras invitadas, debatieron acerca de estas cuestiones en la rueda “Seguimos persiguiendo justicia —  Homenaje a Chicha Mariani”. En conjunto, abordaron cuestiones como la búsqueda de una reparación, el significado de la memoria, y repasaron la historia del escrache como método de lucha; sin embargo, la charla terminó con más interrogantes que respuestas.


Itzigsohn, que contó su experiencia como hija de detenidos desaparecidos, sostuvo que estas acciones surgieron “como una instancia de justicia en acto, perfomática”. “Hoy estoy en otra posición, la vía institucional es importante porque inscribe las cosas en otro nivel”, señala, y recuerda: “Nosotros hacíamos una investigación copiada de las Abuelas. Íbamos a las casas y hacíamos guardia, trabajábamos con los vecinos, les contábamos que íbamos a marcar ese domicilio”, previo al momento de la icónica bombita roja. “Era un momento festivo”, con murga incluida: “Bailábamos, porque podíamos transformar la impunidad en algo que poníamos en la discusión social. Era una catarsis colectiva”.


Si hay o no reparación, Itzigsohn define que la violencia es justamente “lo irreparable”; sin embargo, poder sanar colectivamente y vivir desde el cuerpo que lo que le había pasado a ella también lo atravesaron otros, le permitió “una línea de fuga del lugar de víctima”.


Para la antropóloga Rita Segato, el “bien colateral” de la dictadura fue justamente eso: escenas como la de los escraches, que promocionaron el debate para desarrollar así una inteligencia social “más sofisticada”, que permitió “salir de los lugares comunes”, y promovió que las mujeres profundicen “una nueva forma de hacer política”, que reafirma: “Surgió con las Madres”. Por eso, para ella, los homicidios de Berta Cáceres y de Azucena Villaflor fueron femicidios; aunque muchos hombres fueron asesinados por las mismas causas, señala que la diferencia radica en que lo que se quería matar “era un estilo de hacer política, una politicidad propia de las mujeres”.

 

Sin embargo, menciona que estos métodos usados en el período de post-dictadura “nunca fueron un linchamiento”, sino el fruto de “un convenio colectivo a través del cual concluyeron que había que llegar a un castigo”: aunque no hubo una instancia judicial, sí hubo una de “juicio justo”. Por eso reconoce que “desde el feminismo podría haber una instancia de juicio justo”, -en vez de las escraches como se los conoce ahora, -“como una asamblea, para que la situación no sea un linchamiento sin sumario”. “Si defendemos el derecho al proceso de justicia, nuestro movimiento no puede proceder de esa forma que ha condenado”.


Para ella, la impunidad radica en que ahora es exhibida como un show, como en el caso de Lucía Pérez, donde se le dijo a la gente que “el mundo tiene dueños”, y que ellos “no van a ceder ante ningún pedido de la sociedad”: hay un “mensaje de la dueñidad”, donde lo que queda en claro es que “la institucionalidad” es una ficción.


“Entonces, ¿qué es lo contrario a la impunidad? ¿El punitivismo?”, se pregunta Rita. Sabiendo que estaba entrando en un terreno complicado, invitó a salir “de los binomios mas paridos, como el abolicionismo o el regulacionismo, que simplifican la realidad”. Y agregó: “No quiero un feminismo del enemigo, porque la política del enemigo es lo que construye el fascismo. Para hacer política, tenemos que ser mayores que eso”. “Antes de ser feminista soy pluralista, quiero un mundo sin hegemonía. Lo no negociable es el aborto y la lucha contra los monopolios que consideran que hay una única forma del bien, de la justicia, de la verdad: eso es mi antagonista”, describió. Para la investigadora, “el feminismo punitivista puede hacer caer por tierra una gran cantidad de conquistas”, es “un mal sobre el que tenemos que reflexionar más”, y recuerda la violencia que se vive en las prisiones: “¿Puede un estado con las cárceles que tiene hacer justicia? Esa no puede ser la justicia; ser justo con una mano y ser cruel con la otra”.


Profundizando este concepto, la antropóloga expuso que hay que tener “cuidado con las formas que aprendimos de hacer justicia” desde lo punitivo, que están ligadas a la lógica patriarcal. El desarrollo del feminismo, recalca, no puede “pasar por la repetición de los modelos masculinos”. Frente a eso, sabe que la respuesta no es fácil: “No hay una solución simple, pero es necesario pensar más y estar en un proceso constante. Cuando el proceso se cierra, es decir, cuando la vida se cierra, se llega a lo inerte”, en cambio, “la política en clave femenina es otra cosa, es movimiento”.


Además, señaló que “la única forma de reparar las subjetividades dañadas de la víctima y el agresor es la política, porque la política es colectivizarte y vincular”, propuso Segato. “Cuando salimos de la subjetividad podemos ver un daño colectivo”, y eso no puede curarse “si no se ve el sufrimiento en el otro”. Por eso, considera clave el proceso de debate y búsqueda de justicia: “Fuimos capturadas por la idea mercantil de la justicia institucional como producto y eso hay que deshacerlo. Perseguimos la sentencia como una cosa, y no nos dimos cuenta que la gran cosa es el proceso de ampliación del debate”.

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