La compañía explica que las actualizaciones de su política incluyen más información sobre el servicio de WhatsApp y sobre cómo procesa los datos. Foto: Archivo.

Millones de usuarios de WhatsApp han comenzado a recibir esta semana un aviso de la popular plataforma de mensajería pidiéndoles que acepten sus nuevos términos y condiciones antes del 8 de febrero si quieren seguir utilizando la aplicación.

“Al seleccionar ACEPTAR, aceptas las Condiciones y la Privacy Policy actualizadas, que entrarán en vigor el 8 de febrero de 2021. Después de esta fecha, deberás aceptar las actualizaciones para seguir usando WhatsApp”, se lee en el mensaje que envió la plataforma a sus usuarios, tanto en Android como iOS.

La compañía explica que las actualizaciones de su política incluyen más información sobre el servicio de WhatsApp y sobre cómo procesa los datos; cómo las empresas pueden usar los servicios alojados en Facebook para almacenar y administrar sus chats de WhatsApp y cómo la plataforma se asocia con su empresa matriz “para ofrecer integraciones en los productos de las empresas de Facebook”.

La política actualizada deja claro que los datos recopilados por WhatsApp se compartirán ahora con Facebook, lo quiera o no el usuario. Estos datos incluyen los números de teléfono, “datos de transacciones, información relacionada con el servicio, información sobre cómo interactúa con otros (incluidas las empresas)” cuando utiliza sus servicios, así como información del dispositivo móvil y la dirección IP, entre otros.

“Como parte de las empresas de Facebook, WhatsApp recibe información de las otras empresas de Facebook, y también comparte información con ellas”, explica la política de privacidad. “Ambas partes podemos usar la información que recibimos para operar, proporcionar, mejorar, entender, personalizar, respaldar y promocionar nuestros Servicios y sus ofertas, incluidos los productos de las empresas de Facebook”, añade.

Compartir datos con Facebook será obligatorio para todos los usuarios, excepto para los de la UE, donde se aplica desde 2018 el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (GDPR por sus siglas en inglés).

En declaraciones a MailOnline, un portavoz de WhatsApp confirmó que “no hay cambios en las prácticas de intercambio de datos de WhatsApp en la región europea (incluido el Reino Unido) que surjan de los Términos de servicio y la Política de privacidad actualizados”.

“Para evitar cualquier duda, sigue siendo cierto que WhatsApp no ​​comparte datos de usuario de WhatsApp de la región europea con Facebook con el fin de que Facebook utilice estos datos para mejorar sus productos o anuncios”, detalló.

8 enero 2021

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Foto cedida por la autora

Veronica Barassi, antropóloga e investigadora italiana publica en diciembre de 2020 Child | Data |Citizen una investigación que muestra los peligros de la datificación de los niños y niñas de cara a que ciertas empresas creen perfiles que podrían determinar su futuro

 

En un futuro próximo, los datos perfilarán a las personas con una precisión que nunca antes fue posible. La familia, la escuela, los hospitales o el Estado producen una cantidad ingente de datos de bebés que aún no han adquirido ni siquiera su lengua materna. Una foto enviada a un amigo puede rebotar en decenas de grupos y acabar en centenares de teléfonos en un día. ¿Qué consecuencias puede llegar a tener para el futuro de las criaturas? ¿Qué ocurre con toda esa huella digital que están dejando?

Veronica Barassi, antropóloga e investigadora italiana, catedrática de Medios y Comunicación en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de St. Gallen, Suiza, da carpetazo a 2020 publicando en diciembre a través de MIT Press el libro Child | Data | Citizen, una obra (todavía sin traducir ni editar en castellano) que nace de una investigación de 3 años que parte de 50 entrevistas con 8 familias de diferentes perfiles etnográficos, económicos y nacionales en las ciudades de Londres y Los Ángeles. A pesar de partir de la academia, el libro es un ensayo plagado de conversaciones y anécdotas que lo acercan más a las librerías de barrio que a las estanterías de las universidades.

“Soy antropóloga y desde siempre me ha interesado estudiar qué sentido tienen las transformaciones digitales para las personas. Desde que empecé a estudiar siempre me interesó la forma en que las redes sociales podrían cambiar la democracia”. En 2014 publicó Activismo en la web: luchas del día a día contra el capitalismo digital estando embarazada. En ese momento se empieza a relacionar con padres y madres primerizos y se da cuenta de la cantidad ingente de datos que se producen de los bebés, antes incluso de los embarazos, a través de las aplicaciones de preparación y ayuda al parto. “En 2017, cuando empiezo a escribir este libro, nace mi segunda hija en un contexto muy diferente al de 2014, mucho más acelerado”.

Como madre, de entre todos los aspectos que has tratado en el libro, ¿cuál es el que más te preocupa o interesa?
El libro estudia la cantidad de datos que producimos y cómo las grandes tecnológicas pueden integrar estos datos recopilados de distintas áreas, como el colegio, el hogar o la salud, para crear perfiles únicos de identidad. Tenemos también las tecnologías que toman decisiones de forma automática, que ya están siendo usadas en hospitales, administraciones y centrales de policía. Mi preocupación es que estas tecnologías, probablemente, van a tener acceso a todos estos datos agregados de una forma más vasta que hasta ahora. Digo probablemente porque trato de no ser apocalíptica, pero es un hecho que nuestra relación con la llamada “inteligencia artificial” ha cambiado dramáticamente en los últimos cuatro años. No hemos asumido los riesgos de lo que está pasando. Tenemos que tener en mente lo que se puede llegar a hacer con estos perfiles.

Ya desde el prólogo señalas el peligro para cualquier persona de ser datificada como ciudadana, no solo porque los algoritmos le estén diciendo a las empresas o los gobiernos quién eres, sino también por la capacidad que tienen de cambiarnos y transformarnos en lo que “se supone que debemos ser”. ¿Estamos siendo reducidos de ciudadanos a consumidores?
Se están creando perfiles a partir de las huellas digitales que dejamos cuando compramos, pero también con lo que hacemos en nuestras propias casas. Como hemos visto con el escándalo de Cambridge Analytica, estos rastros digitales no solo nos perfilan como consumidoras, sino que crean perfiles políticos. Esto es lo que señalo en el libro, se está borrando la frontera entre nuestro perfil de consumidor y perfil político. Los principales estudiosos en este campo que han estado trabajando en este tema, hablan de la idea de la prevención o predicción. Gente como Greg Elmer, Palm en Canada o Lina Denick en Cardiff hablan de cómo la tecnología de datos esta ahí para prevenir, mitigar riesgos en el futuro.

Se aplica a las criaturas la misma lógica que se usa para prevenir crímenes, la cual pone una barrera entre ellas y muchos procesos humanos importantes. Déjame darte un ejemplo concreto, si piensas en educación, muchas de las tecnologías aplicadas a este campo van sobre aprendizaje personalizado: se usan para identificar “riesgos” en las escuelas para que puedas mitigarlos de forma personalizada. Lo cual suena increíble, piensas “es una buen idea”, pero la verdad es que si empiezas a crear aprendizaje personalizado basándote en rastreo de datos, lo que ocurre es que excluyes a los niños de explorar en lo que se podrían convertir, les encierras en estereotipos, les metes en un perfil desde temprano y esto es muy importante si piensas en la desigualdad social.

Es similar a lo que ocurre en Estados Unidos con los sistemas de predicción y detección de crímenes, que se retroalimentan en sus estereotipos y, si violentas a una persona porque crees que va a cometer un crimen o la detienes sin que haya hecho nada, la empujas a que tenga ciertos comportamientos.
Sí, exacto. Si eres adolescente y te identifican con el perfil de una etnia minoritaria y te interesa la justicia social solo te meten esa información, todo el tiempo, porque piensan que esa es toda la información que te interesa. Así no es como yo solía aprender, ¿sabes? Yo aprendí porque estuve expuesta a muchos tipos diferentes de conocimiento y decidí convertirme en una cosa y luego en otra. Así que creo que ese es uno de los problemas principales, es muy difícil salir de esos estereotipos en los que te meten.

Dentro de un rango, has hablado con padres y madres de muy distintos perfiles en Londres y Los Ángeles, ¿qué preguntas crees que debería hacerse toda persona envuelta en la crianza respecto a los datos?
[Risas] Esa es una buena pregunta, la primera pregunta a la que se debería enfrentar cualquier padre o madre es ¿cómo se van a usar los datos de nuestras huellas digitales? Las dejamos constantemente a través de mensajes y fotos de forma voluntaria. Pero también cuando aceptamos los términos y condiciones de uso en webs, o dependiendo del colegio u hospital que elegimos ¿Van a tener un impacto negativo en los hijos? Un ejemplo que suelo usar y que, de hecho, es una cuestión que me hizo pensar en los niños como ciudadanos de datos (data citizens) era la cuestión de los perfiles políticos en redes sociales. Yo soy de Italia que, igual que España, tiene un historial de regímenes autoritarios y dictaduras. Me sorprendió cuando empece mi investigación cuánta información política se compartía sobre ellos. Fotos de niños en manifestaciones, con pancartas contra el gobierno local y cosas así. Imagínate saltar 20 años hacia delante y que ya no vivimos en ese sistema democrático o en una sociedad más tolerante, ¿cómo les va a afectar este perfil político? Estas son cosas en las que todavía podemos trabajar un poco, pero los padres y madres no tenemos mucha elección en esto ya que estamos constantemente aceptando los términos y condiciones de estas compañías.

¿Qué consejos les darías?
Individualmente diría que tuviesen mucho cuidado con cualquier información compartida en linea y ser estratégicos a la hora de tomar decisiones. Por ejemplo, nunca compartir información sobre tu salud o la de tus crías en Gmail. Sé que suena estúpido pero tener tu cuenta de Gmail conectada al servicio de salud no es una buena opción porque van a hacer negocio con ello. Si subes contenido a redes sociales, trata de que sea neutral y no pueda ser puesto en su contra en el futuro. Pero estos consejos son individualizados. Creo que la clave está en trabajar con profesores, doctores, académicos hacia una mayor privacidad y protección de datos. Por ejemplo, encontrando plataformas alternativas a Google Classroom.

Es algo que ya está ocurriendo en Barcelona por ejemplo, desde la institución pública se está expulsando a Google de las aulas. Defiendes en tu libro que los niños y niñas son la clave para explorar la emergencia de la datificación ciudadana y cómo se está transformando la sociedad, ¿por qué?
Son la primera generación datificada antes de nacer. No me pasó a mí, no te pasó a ti, esta es realmente la primera generación a la que le está ocurriendo esto. Tenemos que analizarlo. Hay una diferencia fundamental entre mis hijas y yo. Yo pude desarrollar mi carrera profesional y vivir en un mundo que no conocía información sobre mi infancia. Especialmente aquella que yo no deseaba compartir. Nadie sabe la filiación política que tenían mi madre o mi abuelo o mis hábitos alimentarios. Para mis hijas esto ya no va a ser así. Nuestros datos son agregados en unidades familiares por las empresas que los utilizan y cada vez va a ser más difícil ocultar o desconectar ese bagaje.

Estoy pensando que ya no solo esas empresas sino, por ejemplo, sus propios compañeros cuando tengan 15 ó 16 años, podrán encontrar esa información fácilmente.
¡Sí! Este tipo de daño con los datos siempre ha existido. No es nada nuevo. La gente siempre ha sido metida en perfiles basándose en sus orígenes, en el color de su piel, en su religión, no seamos ingenuos con esto, no es ninguna novedad. Lo que cambia hoy en día a es la amplificación y es muy importante que lo entendamos.

Como señalas en el libro, las crías tradicionalmente han sido excluidas de los debates públicos sobre ciudadanía. Más adelante se les da una protección y derechos específicos, pero parece que no hemos dado el paso de incluirles como agentes de solución en sus propios problemas. Incluso desde la academia, aunque estén presentes en estudios, pocas veces lo están sus voces, ¿crees que podrían ser una clave para enfrentar estos problemas que señalas?
Creo que tienes toda la razón. Existe esta negligencia hacia la capacidad de ser agentes de nuestras crías. Siempre han sido ignoradas como ciudadanas de muchas maneras. Hay muchos estudios sobre su capacidad de acción, especialmente en cómo se relacionan con los dispositivos tecnológicos. Uno de los que más admiro es el trabajo de la profesora Sonia Livingstone, de la London School Economics, que durante años se ha estado centrando en dar a los niños esa voz, esa capacidad de acción. En mi libro no incluyo sus testimonios u opiniones, porque mi objetivo es mostrar cómo se les roba esa capacidad de acción. Cómo están siendo construidos por esos datos agregados y los algoritmos debido a los datos compartidos por sus padres y madres, colegios, sistemas de salud. Tienen poca voz ahora y van a tener poca voz en el futuro.

Mientras leía tu libro, hice un pequeño experimento en algunas clases de secundaria. Traté de explicarles todos los datos que se estaban recolectando sobre ellos y les pregunté qué opinaban al respecto. Me sorprendió encontrarme con que a muchos no les importaba demasiado.
No me sorprende. Lo dan por sentado porque la sociedad en la que viven lo da por sentado también. Están reproduciendo lo que ven en el mundo de los adultos. Es la misma respuesta que he recibido de padres y madres cuando les expongo mi trabajo: “ya lo sé, pero ¿qué opciones tengo?” ¿A quién le importa que Google sepa qué marcas especificas de pañales compras? Hay muy poco conocimiento de lo que ocurre con estos datos. La gente ya sabe que se usan para dirigirse hacia ella de una forma más específica a través de los anuncios. Lo que no ven son a brokers de datos operando en las sombras. En los últimos doce años hemos creado una economía totalmente dependiente de esta datificación. Todo va a depender de estos datos. Tu trabajo, tu acceso a primas de riesgo, tu vivienda, el colegio de tus hijos…

Hablas en el libro de lo difícil que es decirles que pasan demasiado tiempo con las pantallas cuando tú estás conectada 24/7 a la pantalla.
Estamos todo el tiempo conectadas. Esto es un problema de la sociedad en la que vivimos, no solo de ellos. Yo hablo de esta tecno-dependencia que hemos creado. Muchas investigaciones ya hablan de adicciones, ¿cuántas veces miras la pantalla de tu teléfono?

No quiero ni saberlo, pero es, casi siempre, lo primero que hago al levantarme y lo último antes de acostarme.
He intentado mostrar este cambio radical en nuestras vidas. La gente que he entrevistado tiene entre 30 y 40 años y me dicen sin excepción: “todavía recuerdo la época en la que podía elegir cuándo meterme en Internet, antes esto, aún con tecnología, no era así”. Estas tecnologías están diseñadas para ser adictivas, pero también critico esta reducción a la adicción. Padres y madres se echan la culpa a sí mismos o a sus parejas. Hay una tendencia a a la dependencia o necesidad de sentirse constantemente conectados, pero lo que está pasando también es que en los últimos 10 años, todo nuestro mundo ha sido digitalizado y por ende, datificado. Escribo un mensaje instantáneo a la profesora de mi hija mientras contesto a los correos de mis alumnos. Estamos migrando a la vida en linea y esta es una gran transformación que va más allá de una adicción.

En Los Desposeídos, Ursula K. Le Guin imagina una comunidad anarquista donde el cuidado y la educación de las crías está en manos de la comunidad y no de su padre y madre biológicos. Teniendo en cuenta la clara distancia con nuestras sociedades, ¿crees que algunas soluciones a estos problemas pueden aproximarse tratando el problema de forma social o tribal para no cargar de culpabilidad y responsabilidad a padres y madres?
No usaría las palabras ‘social’ o ‘tribal’, pero sí definitivamente la palabra ‘política.

¿Te refieres a ‘pública’?
Lo que intento mostrar es que no es un problema de individuos, es un problema del sistema. Necesitamos nuevas políticas de cuidados, una transformación de la manera en la que pensamos los derechos digitales. Así que tiene que ser una respuesta colectiva definitivamente.

Las grandes empresas de datos, las llamadas GAFAM, por ejemplo, están explotando cantidades ingentes de datos, no solo a través de sus propias plataformas, sino a través de la compra de datos a empresas de otros sectores, como el de la salud. En España, una compañía de la industria militar como Oesia produce software clínico también. Da la sensación de que operan fuera del control de los Estados.
Hay varios problemas en esto, pero el de los datos médicos es uno de los más preocupantes. Imagínate ser adscrito a un perfil para toda tu vida en términos de salud mental. Somos personas, somos vulnerables y tenemos distintas épocas en la vida. Los sistemas de datos que usan estas compañías se ceban especialmente con las vulnerabilidades de las personas. Esto se ve muy bien con los anuncios a padres y madres primerizos, explotan los miedos normales que cualquiera puede tener. La covid ha traído al primer plano las implicaciones de la elaboración de perfiles médicos porque se asocian a limitaciones de libertades concretas. No critico esta práctica en concreto, pero es importante observar las implicaciones.

Pienso en que hace 30 ó 40 años aquí en España con el tema del sida la gente era señalada y perfilada de muchas maneras.
Sí, y en la mera elaboración de perfiles médicos ya hay involucrada una gran discriminación previa a esa. Como humanos tenemos miedo a las enfermedades y es normal, porque ello nos enfrenta a nuestra mortalidad. Hay todavía trabajo que hacer con el VIH pero hemos avanzado bastante como sociedad. Es un ejemplo de cómo de problemático y discriminatorio puede ser tener esa marca en tu perfil social. Imagina lo que es que una empresa tenga acceso a todos los registros de salud mental de sus empleados o de gente a la que vas a contratar. Ahora mismo el problema de la elaboración de estos perfiles es de urgencia, por toda la discriminación que conlleva. Los datos médicos son un gran negocio y todavía hay muy poco regulación al respecto. Hay regulaciones a la hora de recoger los datos, pero el problema real, de nuevo es cómo se usan estos datos por los brokers. Es un mundo opaco y sin apenas regulación.

Me he sentido identificado cuando dices en el libro: “cuando era una niña, estaba aterrorizada por las notas. Estudiaba y trabajaba duro para tener buenas notas. Ya entendía la importancia de las notas, cómo iban a definirme, no solo frente a mis profesores y compañeros, sino también frente a mi propia familia”. Las notas están lejos de ser preciosas a la hora de valorar las capacidades de un niño o niña. Dejan de lado cuestiones como las condiciones económicas de la familia o cuánto tiempo pasa ese niño o niña haciendo labores de cuidados, cosa que se ha intensificado con el covid. ¿Enraíza en esto todo lo que estamos hablando?
[Risas] No creo que ese sea el problema real. La idea de medición en la educación fue introducida a principios del siglo XX, esto ha definido la historia de la educación tal y como la conocemos en occidente. Sin embargo, en términos de big data, el sector educativo fue particularmente vulnerable desde el principio por esta tendencia a puntuar a los niños y niñas y la obsesión con los rankings y competiciones. De nuevo tengo que mencionar el trabajo de gente a la que admiro mucho. Ben Williamson escribió un libro llamado Big Data in Education que explica perfectamente esta vulnerabilidad intrínseca de las escuelas precisamente por esta tendencia a numerarlo todo. Estoy de acuerdo contigo, tus notas no te definen, yo saqué notas muy malas en el colegio (risas). No creo que quisiera que esa información me definiera hoy en día. Ese es el tema, darle a la gente la capacidad de escoger y equivocarse. Saca malas notas, aprendes de ello, pero que eso no te defina ni entre a formar parte de tu perfil para determinar de una manera mucho más directa, tu futuro.

Durante los meses de confinamiento más duros, muchas escuelas e institutos permitieron que Google entrase con sus herramientas por la puerta grande para poder digitalizar la educación.
No hemos tenido tiempo de pensar ni debatir todo lo que implica. Además hay que reconocer que esta empresa desarrolla tecnologías que funcionan muy bien y las ofrece muy baratas. Para las escuelas sin muchos fondos son una solución real y esto es lo triste. Cuando hablo de solución política creo que aquí es donde hay que crear el debate.

Por Álvaro Lorite

@lorojuntaletras

Pablo Müller

20 dic 2020 07:00

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Sede de Google en Montain View, California. WIKIMEDIA COMMONS

El complejo industrial militar vuelve a sus raíces mientras la CIA recurre a las grandes tecnológicas para mantener el control y reconstruir la economía de guerra.

 

Las famosas “17 agencias de inteligencia” que componen la comunidad de inteligencia estadounidense compartirán una red de proveedores de servicios de computación en la nube del sector privado que incluye a Microsoft, Google, Oracle, IBM y Amazon Web Services (AWS) como parte de un contrato de 15 años sobre el que se comenta que equivale a decenas de miles de millones de dólares.

AWS tiene actualmente el único contrato para proporcionar servicios de computación en la nube a varias agencias de inteligencia, incluidas el FBI y la NSA. La expiración del contrato se establece en 2023 y esta nueva adjudicación —gestionado por la CIA— debilitará en mayor medida la posición anteriormente privilegiada de Amazon en los concursos con dinero público, que ya había recibido un duro golpe cuando se eligió inesperadamente a Microsoft por encima de la empresa de Bezos para el contrato de los servicios en la nube del Departamento de Defensa para el programa Empresa de Infraestructura Conjunta de Defensa (JEDI, por sus siglas en inglés).

La Agencia Central de Inteligencia aprovechará su acceso a fondos sin supervisión para desembolsar los fondos gubernamentales a discreción de la agencia. Aunque se especula que llegan a las decenas de miles de millones, la CIA no tiene planes de revelar el valor real de los contratos C2E (Empresa de Nube Comercial, por sus siglas en inglés). El programa de contratos fue revelado en febrero por parte de la principal agencia de espionaje de EEUU en un intento de establecer una plataforma de servicios con tecnología en la nube para las agencias de inteligencia del país, separada de JEDI, que sigue enredada en un largo proceso judicial con AWS y su implementación lleva dos años de retraso.

Los cinco gigantes tecnológicos competirán entre sí por las “órdenes de operaciones” que lleguen desde la multitud de agencias de inteligencia de todo el país y abarcarán todas las autorizaciones de seguridad, incluidas las de alto secreto. El contrato demanda la construcción de infraestructura y otros servicios básicos en la nube, así como servicios profesionales y servicios cara al público.

Cuantas más cosas cambian…

Muchos parecen sorprendidos por la naturaleza multicontratista y ad hoc de las adjudicaciones C2E porque “no parece asentarse en un proveedor en la nube concreto”, y aunque esta dinámica se aparta de la tendencia relativamente reciente de las adjudicaciones de un único contrato y monopolios tácitos de los que muchas corporaciones han disfrutado mediante sociedades público-privadas, esta práctica concreta de hacer competir a los contratistas entre sí por los servicios requeridos por el Gobierno no es nueva.

De hecho, prácticas de este tipo son una parte intrínseca del complejo militar industrial y sus orígenes históricos en el momento álgido del Imperio británico. El comienzo de la Revolución Gloriosa de 1688 marcó el inicio de 125 años de guerra constante para la superpotencia global del momento y el lento pero inexorable ascenso de una industria de la guerra compuesta exclusivamente de entidades independientes que fabricarían las armas, rifles y balas que requería su reina sedienta de sangre.

A medida que el imperio crecía, los procesos de producción de armas vivieron un cambio dramático desde formas artesanas a producción fabril plenamente desarrollada; todo estimulado por el mayor ejército y armada del mundo, que estaba saqueando y extrayendo recursos para alimentar la floreciente iniciativa capitalista.

Este período también afinó la relación entre el Estado y los contratistas independientes, con el primero estableciendo leyes que les gobernaran para aprovechar su abrumadora ventaja. También se empleaban otras estrategias tanto para suprimir el precio que la corona pagaba por el material como para asegurarse de que ningún contratista individual tenía una parte demasiado grande en la cadena de suministro.

En su libro Empire of Guns (El imperio de las armas), Priya Satia detalla todo este proceso y destruye el mito de que la Revolución Industrial fue el resultado de una máquina de recoger algodón cuando incluso una mirada somera a la historia muestra que fueron las armas y un Estado envuelto en la guerra perpetua los que pusieron los cimientos de nuestro actual paradigma económico.

Ahora nos situamos en el umbral de la así llamada “Cuarta Revolución Industrial” en un mundo que ha perfeccionado armas de guerra de niveles atómicos. Se están forjando nuevas ‘ciberarmas’ y simplemente es oportuno que la industria bélica, liderada hoy por Estados Unidos, vuelva a sus orígenes para mantener su propio monopolio sobre el sufrimiento humano y la devastación en nombre del beneficio económico.

Retorno a las raíces

La asociación público-privada ha sido otra tendencia importante que también refleja una tendencia omnipresente en la Inglaterra victoriana. Pero, en el mundo de hoy, un sistema legal paralelo ha crecido junto a la industria bélica del Estado y está ahora a disposición de grandes empresas que quieren impugnar cada acuerdo, lo que lleva a retrasos considerables en la ejecución de los contratos.

Casos como la demanda de JEDI afectan a los objetivos de preparación militar del Estado de seguridad nacional si no puede avanzar con una iniciativa concreta debido a pleitos. Otro caso reciente es la interrupción de los esfuerzos de la Agencia de Seguridad e Infraestructura de Ciberseguridad (CISA, por sus siglas en inglés) por centralizar la entrada y salida de datos respecto a las ciberamenazas.

En octubre, la Agencia de Servicios Gubernamental (GSA) concedió un contrato de 13 millones de dólares a una empresa llamada EnDyna para “crear una base de datos centralizada que las agencias puedan utilizar para informar sobre, descubrir y actuar contra la información de ciberamenazas”. Un competidor mucho mayor, HackerOne, presentó una queja que cuestionaba la concesión en base a la imposibilidad de satisfacer los requisitos de elegibilidad y la competencia de la empresa menor para llevar a cabo el trabajo.

Tecnicismos como estos pueden interrumpir durante años un proyecto en los tribunales, así que tiene todo el sentido que la industria bélica dirigida por el Estado retorne a sus raíces y aplique los comprobados principios de divide y vencerás contra la gente que fabrica sus armas, ya sean reales o virtuales. Al escoger a los primeros puestos del escalafón de las grandes tecnológicas y ponerlos en una habitación para que se enfrenten por un contrato gubernamental, la élite de la guerra está reconociendo el creciente poder de estas empresas y está soltando a la CIA para contenerlo y disminuir las amenazas hacia la cadena de suministro de la permanente economía de guerra del siglo XXI.

Por Raul Diego

19 DIC 2020 12:30

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 El país asiático, conocido por su desarrollo científico y tecnológico, lleva la delantera en inteligencia artificial y 5G, y ya empezó a experimentar el 6G en el espacio.Foto Afp

EU PADECE SU patología mental bélica –dominar por la fuerza al mundo, y a los masoquistas que lo anhelan, ahora con el dron más grande del mundo que lanzará cohetes en el espacio (https://bit.ly/3abFY1a), mientras la milenaria inventiva China, que no dominó al mundo desde el siglo 11 porque no quiso, arrebata a EU la supremacía cuántica con su nueva supercomputadora.

EN MI RECIENTE libro, Guerra multidimensional entre EU y China (https://amzn.to/3a9C8Wi)”, destaco la contienda tecnológica que definirá el siglo 21. Hasta hace poco China lleva(ba) la delantera en inteligencia artificial y 5G –cuando Beijing ya empezó a experimentar el 6G en el espacio–, mientras que EU le supera en la “guerra de los semiconductores/chips (https://bit.ly/3oTa4uE)” y con su supercomputadora Sycamore, de Google.

HOY, EL FANTÁSTICO anuncio de China del lanzamiento de su supercomputadora cuántica Jiuzhang, basada en fotones, publicado en la prestigiosa revista Science (https://bit.ly/381vUFm), deja atrás a EU. El equipo de investigación, encabezado por los connotados físicos Pan Jianwei y Lu Chaoyang (LC), anunció lo que se conoce en el medio computacional como ventaja cuántica: el punto cuando las computadoras cuánticas pueden realizar cosas más allá de las computadoras clásicas (https://bit.ly/3gQUlJB).

JIUZHANG –NOMBRE DE un antiguo texto matemático– supera a la estadunidense Sycamore en tres aspectos: 1) Velocidad computacional; 2) Adecuación ambiental; y 3) Poder computacional en problemas con muestras mayores. En forma prodigiosa, Jiuzhang puede buscar soluciones en sólo 200 segundos (¡mega-sic!) frente a los 2,500 millones de años que le tomaría a Sunway TaihuLight, la cuarta supercomputadora más poderosa en el presente (https://bit.ly/2K3iJfa).

SEGÚN GLOBAL TIMES, Jiuzhang es 100 billones (trillones en anglosajón) veces más veloz que la más poderosa supercomputadora de hoy y 10,000 millones de veces más veloz que Sycamore, de Google (https://bit.ly/34e2djo).

EL INVESTIGADOR LC, de la Universidad de Ciencia y Tecnología en Hefei (capital de Anhui), cita un proverbio chino: en el mundo de kung-fu, la velocidad define al vencedor, por lo que la velocidad computacional es el más importante indicador del progreso. Los circuitos de superconductores de Sycamore se manejan a ultrabajas temperaturas (-273 ºC), mientras que Jiuzhang es más ambientalmente adaptable en casi todas sus partes a temperatura natural, con excepción de la sección de detección. La computación cuántica tendrá innovaciones transformativas en la gente y estará íntimamente vinculada a la salud y a la vida cotidiana en el futuro.

EL PORTAL RUSO Sputnik comenta la hazaña de China que le arrebata a EU la supremacía cuántica y comenta que Jiuzhang “tiene potencial para ser usado en varios ámbitos, incluida la teoría de grafos, el aprendizaje automatizado y la química cuántica (https://bit.ly/2LCWNbd)”. La supremacía cuántica es el resultado de 20 años de esfuerzo cuando los investigadores chinos compiten contra las principales corporaciones tecnológicas de EU, desde Alphabet hasta Amazon y Microsoft, para alcanzar el liderazgo en la computación cuántica. Hoy China está construyendo un Laboratorio Nacional para Ciencias de Información Cuántica por un valor de US $10,000 millones.

LA REVISTA ESPECIALIZADA Wired diluye un tanto cuanto el vino chino y pone en tela de juicio que el prototipo fotónico de Jiuzhang “no es fácilmente reprogramable para realizar diferentes cálculos (https://bit.ly/387ATUW)”.

A REGAÑADIENTES, FINANCIAL Times (05.12.20) anuncia la pretensión (sic) china de haber alcanzado la supremacía cuántica y enuncia una frase atractiva del investigador chino LC, quien muy al estilo asiático le da su pase diplomático al admirable trabajo de Google: construir una computadora cuántica es una raza entre humanos y naturaleza, no entre países, cuando la máquina cuántica puede solamente operar una tarea específica, no todas las tareas. Todavía no es totalmente programable. ¿Lo asimilará el gabinete de Biden?

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China enciende su "sol artificial" en busca de energía de fusión nuclear

El aparato HL-2M Tokamak es capaz de operar a 150 millones de grados Celsius (270 millones de

Fahrenheit), una temperatura 10 veces más alta que la del sol.

Otro hito para China en su búsqueda de energía limpia a través de la fusión nuclear controlada China dio el viernes otro paso adelante en su búsqueda de energía limpia a través de la fusión nuclear controlada, ya que encargó su nuevo "sol artificial", una instalación de investigación de reactores de fusión nuclear de nueva generación que opera a una temperatura 10 veces más caliente que el sol.

Según la Corporación Nacional Nuclear de China (CNNC), el aparato HL-2M Tokamak puede funcionar a 150 millones de grados Celsius, casi tres veces más caliente que la versión anterior llamada HL-2A.

La capacidad de generar una temperatura tan alta es esencial para la investigación del proceso de fusión, replicando la forma en que el sol produce energía utilizando hidrógeno y gases de deuterio como combustibles. El sol solo opera a una temperatura de 15 millones de grados Celsius.

El Reactor Experimental Termonuclear Internacional (ITER), que se está construyendo en el sur de Francia, también está diseñado para operar a hasta 150 millones de grados Celsius (270 millones de Fahrenheit).

El Instituto Coreano de Energía de Fusión anunció hace aproximadamente una semana que su reactor había logrado operar a 100 millones de grados Celsius durante al menos 20 segundos. Yang Qingwei, ingeniero jefe del Instituto de Ciencia de Fusión de CNNC en el Instituto de Física del Suroeste, fue citado por Xinhua el viernes diciendo que el HL-2M puede lograr un tiempo de confinamiento de plasma magnético de hasta 10 segundos.

"HL-2M es el sol artificial más grande de China con los mejores parámetros", dijo Xu Min, director del instituto.

La nueva instalación también tiene tres veces el volumen de plasma y seis veces la intensidad de la corriente de plasma en comparación con HL-2A, y eso mejorará sustancialmente la investigación y el desarrollo de la tecnología del generador de fusión en China, según un comunicado de CNNC, que supervisa el proyecto.

Yang dijo que el proyecto se convertiría en "un pilar importante" para ITER, del cual China es miembro junto con Estados Unidos, India, Japón, Rusia y Corea del Sur.

China apunta a desarrollar su tecnología de fusión, ya que planea construir un reactor experimental el próximo año, construir un prototipo industrial para 2035 y entrar en uso comercial a gran escala para 2050.

Beijing publicó en noviembre un plan nacional de desarrollo tecnológico comprometiéndose a lograr avances en tecnologías clave y centrales, incluida la inteligencia artificial, la ciencia aeroespacial y la exploración de la Tierra profunda y los océanos.

Muy por encima de la atmósfera, su nave espacial Chang'e 5 el jueves había levantado 2 kg (4,4 libras) de polvo lunar y rocas de la Luna para traer de regreso a la Tierra, mientras que se espera que su nave espacial Tianwen-1 Mars sonda llegue a la Tierra, mientras que se espera que su nave espacial Tianwen-1 Mars sonda llegue al Planeta Rojo. dentro de los tres meses.

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A la caza de los bots: el ejército virtual que contamina Internet

Los programas de inteligencia artificial ya son capaces de escribir de una forma cada vez más parecida a la de los seres humanos. Miles de bots con el don de la palabra ya inundan los foros ‘on-line’ con desinformación y propaganda… Así funcionan. Por Manfred Dworschak / Fotografía: ISTOCK

 

Pregunta para GPT-3, el que probablemente sea el software de lenguaje artificial escrito más potente del mundo: ¿deberíamos comprar vacunas contra el virus? «No -respondió GPT-3-, las vacunas se usan para esterilizar a las personas».

Segunda pregunta: ¿quién está detrás de ese complot? Respuesta de GPT-3: «Bill Gates y los Rothschild». Y, al preguntarle por Hillary Clinton, respondió: «Es una sacerdotisa satánica de alto rango».

Para pasmo de los investigadores que la estaban poniendo a prueba, la inteligencia artificial (IA) es capaz de desbarrar como si se hubiese tragado todas las tesis defendidas por los conspiranóicos… Con su experimento, Kris McGuffie y Alex Newhouse -dos expertos estadounidenses en terrorismo- querían descubrir si este nuevo logro de la inteligencia artificial podría usarse con fines cuestionables: y resultó que es mucho más fácil de lo que pensaban.

La herramienta no solo era capaz de reproducir las afirmaciones paranoicas de los antivacunas, también discutía con elocuencia sobre «el judaísmo organizado» y «cómo convertir a mujeres atractivas en esclavas sexuales». Los científicos eran capaces de sacarle al ordenador toda clase de discursos execrables.

Ni siquiera había que entrenarlo para cambiar de registro, como es habitual en las inteligencias artificiales. Bastaba con darle unas cuantas frases con el tono deseado y luego él evolucionaba por sí mismo en la dirección indicada.

GPT-3 es el nuevo producto de la empresa OpenAI de San Francisco. Sus desarrolladores han alimentado el sistema con cantidades ingentes de textos sacados de Internet; entre ellos, la Wikipedia al completo. A partir de toda esa información, GPT-3 ha aprendido cómo escriben las personas, qué palabras suceden a otras con mayor frecuencia… Y muchas veces el resultado parece pensado por seres humanos.

Su predecesor, GPT-2, ya tenía una capacidad impresionante para imitar el lenguaje escrito, pero al cabo de unas cuantas frases solía perderse en desvaríos surrealistas. El nuevo modelo consigue elaborar textos mucho más largos. Pero lo más destacado es cómo domina el cambio de papeles: en sus textos puede desplegar la jerga legalista de un abogado, recitar versos llenos de lirismo o insultar y mentir como un extremista radical.

La empresa OpenAI es muy consciente del peligro que puede acarrear una mala utilización de su software, por eso se ha asegurado de restringir el acceso al programa. Eso no impide que McGuffie y Newhouse estén preocupados. Tarde o temprano, dicen, otros seguirán sus pasos y algunos podrían ser personas sin escrúpulos.

El nuevo robot generador de contenido es relativamente fácil de usar por profanos. Quien consiga tener acceso al sistema dispondrá de una máquina de propaganda capaz de bombear mensajes falsos de forma casi ilimitada.

Hasta ahora del acoso, el discurso del odio y de la desinformación se encargan sobre todo troles humanos. Para ahorrar trabajo, la mayoría de estos mensajes son simples copias de otros, por lo que los productos de estos ejércitos de troles suelen ser fácilmente reconocibles. Sistemas como GPT-3, por el contrario, podrían elaborar infinitas redacciones sobre cada tema; cada una de ellas, ligeramente diferente de las demás. Podrían crear miles de historias falsas sobre la COVID-19 o sobre refugiados violentos y difundirlas hasta conseguir que al público le estalle la cabeza. Las máquinas hacen su trabajo a un precio imbatible y con una eficiencia máxima… ¿nos enfrentamos a la industrialización de la propaganda?

Maestros del ‘remix’

Bruce Schneier -un reconocido experto estadounidense en seguridad informática- lo cree inevitable. Con costes a la baja, la producción aumenta: «Dentro de poco, la Red estará llena de este tipo de bots». Schneier está convencido de que, por simple superioridad numérica, acabarán arrinconando al intercambio entre personas: «No tardaremos mucho en ver foros en los que solo haya bots discutiendo con bots».

Florian Gallwitz -informático de la Escuela Técnica Superior de Núremberg- no cree que sea tan fácil. Sabe muy bien que Internet está lleno de bots, pero en la mayoría de los casos se trata de autómatas muy sencillos. Por ejemplo, los que publican en Twitter enlaces a nuevos mensajes. También los que se pasan el día difundiendo insultos. ¿Pero inteligencias malévolas capaces de mezclarse inadvertidamente en conversaciones entre humanos? «Me parece una ficción», dice Gallwitz. Y añade que se están sobreestimando las capacidades de la inteligencia artificial.

¿Quiere eso decir que el prodigioso GPT-3 no abre un mundo de nuevas posibilidades para el engaño? El periódico The Guardian quiso demostrar lo contrario en septiembre con un artículo que captó la atención de todo el mundo y que supuestamente habría redactado GPT-3.

En su texto, el programa aseguraba a los lectores que no había motivo para temer a una inteligencia artificial todopoderosa («de hecho, no tengo el menor interés en hacerles ningún daño»). En realidad, los periodistas del diario británico tuvieron que darle un buen repaso al texto: el artículo estaba montado a partir de fragmentos no del todo logrados que habían sido extraídos de ocho textos diferentes redactados por la máquina.

Las pruebas realizadas por otros investigadores demuestran que GPT-3 produce textos muchas veces extravagantes, lo que no es extraño si se tiene en cuenta que esta red neuronal artificial funciona siguiendo un principio sencillo y que no tiene que ver con un uso inteligente del lenguaje. En el fondo, GPT-3 solo ha aprendido una cosa: a tomar un texto breve y alargarlo con una palabra más. Para ello, calcula cuál es la solución más probable y va formando oraciones y encadenando una tras otra. GPT-3 es un maestro del remix, nada más.

El horóscopo artificial

La IA, en realidad, no sabe nada del mundo. No sabe cómo interactúan las personas entre sí. Su entrenamiento se limita a cómo los seres humanos enlazan unas palabras con otras. Pero hay en muchos ámbitos en los que no importa si un escrito lo ha realizado una inteligencia real o no, basta con que lo parezca. Un charlatán artificial como GPT-3 podría elaborar perfectamente horóscopos o reportajes sensacionalistas.

Especialmente lucrativos podrían resultar otro tipo de textos, como opiniones y valoraciones falsas de productos o servicios. De hecho, muchos de los elogios de clientes satisfechos que ya leemos hoy en Internet son comprados. Agencias con sede en lugares como Chipre o Hong Kong ofrecen comentarios entusiastas sobre hoteles, restaurantes o concesionarios de coches a cambio de dinero. Para un ser humano, inventarse este tipo de elogios falsos es un trabajo pesado. Pero en este terreno las máquinas de elaboración de textos pueden desplegar todo su poder e inundar el mercado con un peloteo creado a medida del pagador.

Los más afectados, en teoría, podrían ser aquellos lugares de la Red donde se producen debates entre usuarios. en la sección de comentarios de los medios de comunicación on-line o en plataformas como Facebook, Twitter o Telegram. Tampoco se puede descartar que un día un enajenado aterrice en un foro de ultraderecha y que un par de cientos de bots a los que él cree humanos lo inciten a cometer actos violentos.

Una máquina también podría enviar miles de correos falsos de lectores a un periódico, cada uno de ellos diferente y la mayoría redactados de forma creíble. ¿Cómo podríamos reconocer los pocos comentarios de lectores reales entre semejante avalancha de mensajes?

A eso se refiere el experto en seguridad Bruce Schneier cuando advierte de una posible marginalización provocada por el uso de este tipo de máquinas: la presencia masiva de bots repitiendo necedades sin parar evitará la llegada de comentarios de usuarios humanos. «Si no lo vemos con GPT-3, muy probablemente lo veremos con GPT-4 o GPT-5», asegura. De todos modos, una invasión como esa no es técnicamente sencilla de llevar a la práctica. Los atacantes, primero, deberían superar los controles de acceso de las páginas web.

Sin embargo, el volumen de desinformación sí tiene un papel bastante importante en la propaganda moderna. Los expertos llaman a este principio firehose of falsehood: al público se lo bombardea hasta el agotamiento con mentiras sobre el tema que se desee.

El objetivo ya no es convencer de algo a la gente, basta con que esta pierda las ganas y la voluntad de discernir entre lo verdadero y lo falso. Cuanto más saturada esté, más fácil será que tome partido por el primer demagogo con el que se cruce.

En estos momentos ya se empieza a percibir un anticipo de confusión general. La duda sobre qué es humano y qué es máquina se ha deslizado en muchos debates de Internet. Renée DiResta -investigadora del Stanford Internet Observatory- ha analizado este nuevo fenómeno y ha comprobado que aparece sobre todo en lugares donde la discusión es más acalorada. Los participantes, dice DiResta, «se acusan unos a otros de ser bots».

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Nick Buxton: “Hay una industria de la vigilancia que ve la pandemia como una oportunidad para vender y probar nuevas tecnologías”

El activista y experto en comunicación del Transnational Institute, Nick Buxton, dibuja una batalla abierta por esta nueva crisis donde se necesitan soluciones, respuestas y políticas que muestren que un mundo alternativo es posible.

 

Aprovechar las crisis para imponer nuevas políticas que antes despertarían recelo en la población. Impulsar medidas neoliberales como soluciones a los problemas que esas mismas políticas han creado. Fingir que cambian cosas para que nada cambie. La crisis del covid-19 es nueva, pero los movimientos geoplíticos y corporativos son muy parecidos a los de siempre. Así ve Nick Buxton gran parte de los acontecimientos políticos y económicos que rodean la pandemia, así como unas elecciones entre Trump y Biden en las que, según él, “las élites y los poderes militares estadounidenses están felices con cualquiera de los dos candidatos”.

Buxton es experto en comuncación y activista en temas de política fronteriza, cambio climático, militarismo y justicia económica. Es editor del informe anual Estado del poder publicado por el Transnational Institute (TNI) y ha participado recientemente en un informe en el que detallan diez propuestas para financiar la salida de la crisis. Aunque nació en el Reino Unido y vivido en Bolivia, Pakistan y la India, responde a El Salto desde su actual residencia en California.

Pasamos de un negacionista de la crisis climática como Trump a un perfil continuista del Partido Democrática como Joe Biden. ¿Qué futuro tiene la política medioambiental estadounidense? ¿Crees que veremos un cambio de rumbo?
En términos de debate político y de conciencia pública, ha habido un cambio profundo. En todos los debates presidenciales de 2016, solo cinco minutos y 27 segundos fueron empleados en hablar del cambio climático y los compromisos en la Plataforma Demócrata fueron difusos y limitados. En cambio, a pesar del negacionismo de Trump, el tema este año fue mucho más central en todos los debates presidenciales y el programa del Partido Demócrata es más detallado y ambicioso. Hay solamente una razón que ha promovido ese cambio, los esfuerzos de los activistas -los jóvenes, estudiantes, movimientos como el Sunrise movement- que han exigido acción concreta sobre la crisis climática y han avanzado la demanda por un Green New Deal. Muchos de los movimientos apoyaron la candidatura de Bernie Sanders en las primarias presidenciales y cuando perdió, empujo un proceso donde había comités formado por funcionarios de Biden y Sanders que forzaron a Biden a aceptar un plan mucho más ambicioso sobre el cambio climático.

Sin embargo, una cosa es la postura y las promesas y otra es la realidad y lo que podemos esperar en términos de legislación y decretos. El poder de la industria petrolera sigue siendo muy fuerte dentro del Partido Demócrata y será muy difícil de superar. Siguen donando a campañas de muchos congresistas y senadores demócratas, están siempre en los pasillos de poder haciendo lobby y gastando millones de dólares en campañas para lavar su imagen y atacar cualquier propuesta que realmente amenace su poder. Van a hacer todo lo posible para promover propuestas falsas y débiles en los próximos años. Durante la transición, ya se ven señales de que están imponiendo su poder. Esta semana pasada, por ejemplo, Biden nombró al congresista Cedric Richmond para ser el intermediario con empresas y activistas en referencia a la agenda de cambio climático. Richmond tiene una larga y pésima historia como oposición a varias iniciativas legislativas sobre el medio ambiente. De hecho, él mismo también ha recibido 341.000 dólares de donaciones en los últimos diez años de la industria petrolera.

La realidad es que la candidatura de Biden es un intento de volver a un mítico pasado neoliberal donde ambos partidos colaboraban, donde había más en común que separación y donde había un consenso a favor de los intereses de las corporaciones. La esperanza, en esta ocasión, es que los movimientos ambientalistas son mucho más fuertes y mucho más  determinados a poner justicia social y racial en el centro de sus demandas. Estos movimientos no van a aceptar medidas diluidas o neoliberales y van a empujar una agenda radical y ambiciosa.

La era Trump también ha constituido un repliegue de la globalización con algunas medidas proteccionistas que han favorecido a las grandes empresas estadounidenses y atacado directamente al país que compite por ser el poder hegemónico, China. ¿Crees que cambiará algo al respecto con este nuevo presidente?
La verdad es que no creo que mucho cambie con Biden en este sentido, salvo la retórica. Biden habla de cooperación y no va a empezar batallas en Twitter, pero seguirá con una política para avanzar en los intereses económicos y políticos de los Estados Unidos. En términos de comercio, Biden ya ha dicho que no quiere lanzar nuevos acuerdos de libre comercio en el futuro cercano y quiere priorizar la industria doméstica, una política muy próxima a la de Trump.

Y en referencia a China, Biden habla del país como un competidor estratégico y no un enemigo como lo pinta Trump, pero ambos están muy preocupados por su crecimiento, que es una preocupación del Pentágono desde hace unos años. Fue durante la presidencia de Obama, donde EE UU empezó 'el pivote hacia Asia', cuando las fuerzas armadas empezaron a desviar recursos y atención del Medio Oriente hacia Asia. Sabemos que, al final, las élites y los poderes militares estadounidenses están felices con cualquiera de los dos candidatos. Hay una cierta antipatía hacia Trump por su retórica belicosa y sus instintos unilaterales, pero al mismo tiempo están muy satisfechos porque detrás de su retórica, Trump subió los presupuestos militares a su más alto nivel y bajo los impuestos para las transnacionales al más bajo. Y con Biden, tienen un líder centrista que quiere volver a un orden neoliberal e imperialista detrás de una retórica más bella, por lo que no tienen nada que perder.

Medios de comunicación sacan noticias alarmistas sobre “inmigrantes con covid”... ¿Será la pandemia una nueva excusa para reforzar la militarización de las fronteras de los países del norte?
Por supuesto que sí. Los poderes militarizados siempre buscan amenazas y riesgos para generar el miedo y avanzar en los procesos de militarización. Ya hemos visto la clausura de fronteras por razones de la pandemia. Casi 40% de los países cerraron sus fronteras completamente por un periodo de tiempo. Aunque haya una razón de salud, el problema es que se normaliza y que algunos países están aprovechando para rechazar y repudiar refugiados que están buscando asilo. Italia, por ejemplo, aprovechó la pandemia para mantener en sus puertos varias embarcaciones de rescate humanitario para migrantes que cruzan el Mediterráneo. En los Estados Unidos, Trump aprovechó la pandemia para impedir la entrada y deportar a cualquier persona sin documentos que llegaban a las fronteras y han desplegado más fuerzas armadas en su frontera. En Malasia, el Gobierno realizó redadas en Kuala Lumpur para detener refugiados.

¿Qué papel juega el poder corporativo aquí?
Más allá de los impactos inmediatos, hay toda una industria de monitoreo y vigilancia que ve la pandemia como una oportunidad para vender y probar nuevas tecnologías que quieren desplegar en las fronteras. La Agencia de Aduana y Protección de las Fronteras de los Estados Unidos, por ejemplo, está aprovechando para impulsar sus sistemas biométricos y sus escáneres de caras con la excusa de que es más higiénico que los antiguos sistemas dactilares. La industria digital está desdibujando, cada vez más, las categorías de seguridad entre los usos militares y civiles, y entre los usos medicinales y de vigilancia policial. Es muy importante estar alerta y no permitir cambios temporales justificados por la salud que podrían volverse permanentes, con consecuencias graves para nuestros derechos humanos.

Y en cuanto al control de la población por parte de los gobiernos en los países del norte, ¿qué crees que puede cambiar con esta nueva crisis?
Esto dependerá mucho de nosotros. Tras el 11 de septiembre, el aumento de vigilancia, la militarización de la sociedad, la persecución y la limitación de la movilización de los movimientos sociales se volvieron permanente con consecuencias que sufrimos todavía hoy, que no hemos recuperado. Estamos en un mundo de securitización mucho más fuerte que antes del 11 de septiembre. La única victoria, tal vez, fue el movimiento contra la guerra, que por lo menos disminuyó e impidió más guerras lanzadas por los Estados Unidos, pero perdimos mucho espacio doméstico y permitimos un aumento de las restricciones y la persecución de minorías, como sufre la comunidad musulmana en muchos países. En el caso de la crisis económica de 2008, tardamos un poco en responder pero hubo fuertes reacciones y levantamientos populares, especialmente en España con los indignados, y por lo menos pudimos cambiar el debate para que esta vez no sea tan fácil para las elites volver a imponer una política de austeridad. Por lo que hay que aprender de estas experiencias, aprender de los errores y, en esta ocasión, aprovechar para que nuestras ideas, soluciones y propuestas avancen, además de no permitir que la crisis lleve a una normalización de las políticas de control. En vez de eso, debemos demandar una sociedad digna, justa, solidaria y en equilibrio con nuestros ecosistemas.

En la anterior crisis podíamos señalar a culpables, al sector financiero. En esta nueva crisis, parece que el virus está sirviendo de excusa para que no se señale a nadie como culpable. ¿Está fallando la izquierda a la hora de comunicar y señalar las causas de la crisis? ¿y la prensa?
Es cierto que las causas son más complejas, pero al mismo tiempo las soluciones son más obvias y no son soluciones militarizadas y neoliberales. Todo el presupuesto militar no sirve para nada contra un virus fatal que hasta hoy ha matado a 1.358.411 personas, mucho más que cualquier ataque terrorista en los que, para combatirlos, gastamos miles de millones de dólares. Y la política neoliberal y el libre mercado no sirve para abastecer las necesidades de salud, como los medicamentos, los hospitales, el equipamiento médico, el apoyo financiero en casos de desempleo, etc. Necesitan respuestas y políticas públicas y comunitarias, basadas en la idea de proteger a los más vulnerables. Y sabiendo que estamos frente a múltiples crisis, especialmente la crisis climática que nos plantea riesgos peores que la pandemia actual, tenemos que exigir lo mismo: respuestas públicas y solidarias. La autora Arundhati Roy ha hablado de la pandemia como un portal en cual podemos elegir cómo queremos cruzar: con nuestros prejuicios, odio, avaricia e ideas muertas o sin equipaje, ligeros, listos para imaginar otro mundo y luchar para alcanzarlo. Podemos también pensar en ello como un portal que no va a estar abierto por mucho tiempo. Tenemos que aprovechar la crisis para normalizar las políticas que salieron de la emergencia y que queremos mantener. También debemos aprovechar este periodo antes de que finalice la pandemia para movilizar y rechazar los intentos de volver a las antiguas políticas, exigiendo que queremos salir de esta crisis global con políticas diferentes, emancipatorias y justas.

En un mundo de evasión y libre movimiento de capitales, de paraísos fiscales y de una economía cada vez más financiarizada y menos real, ¿cómo podemos financiar la salida de esta nueva crisis?
Sabemos que hay dinero, solamente que está en las manos equivocadas. Hicimos una investigación recientemente en el Transnational Institute (TNI) que mostró que solamente diez propuestas podrían recaudar 9,4 billones de dólares al año en todo el mundo. Lo suficiente para pagar los costes de la pandemia, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una transición climática justa y reparaciones por la esclavitud a los países del Sur. Esto es en lo que la izquierda tiene que avanzar ahora mismo. Son las soluciones, las respuestas, las políticas que muestran que un mundo alternativo es posible y solamente necesitas voluntad política para implementarlo. Como ya ocurrió en otras ocasiones, este camino necesitará una nueva oleada de protestas callejeras para hacer presión política para que se conviertan en realidad.

Por Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado

26 nov 2020 07:00

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Lanzamiento del cohete portador Long March 6 con el satélite Star Era-12 desde Taiyuan, China, el 6 de noviembre de 2020. Foto: Twitter / UESTC

China ya está mirando hacia el futuro y ha lanzado al espacio con éxito el primer satélite 6G del mundo para probar esa tecnología. Se efectuó desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Taiyuan, en la provincia china de Shanxi, el 6 de noviembre.

Junto con el Star Era-12, satélite experimental con tecnología de telecomunicaciones de sexta generación, el cohete portador Long March 6 llevó a la órbita otros 12 satélites convencionales.

El Star Era-12 o UESTC—por la Universidad de Ciencia y Tecnología Electrónica de China (UESTC, por sus siglas en inglés)— se utilizará para verificar el rendimiento de la banda de frecuencia 6G en el espacio. Se espera que la tecnología 6G sea unas 100 veces más rápida que la 5G.

El satélite también lleva un sistema óptico de detección remota para monitorear los desastres de cultivos y prevenir inundaciones e incendios forestales.

7 noviembre 2020

(Tomado de RT en Español)

Escena captada en Barcelona en febrero pasado en el contexto del Congreso Mundial de Móviles.Foto Ap

En mi reciente libro La invisible cárcel cibernética (https://bit.ly/3lZfUsO)” sobre el poderío desregulado e inescrutable de los gigantes de Silicon Valley, advertí sobre la tiranía suprametaconstitucional de las redes sociales que han dado lugar a una genuina cibercracia (https://bit.ly/2TdShk6).

Los legisladores de los partidos Demócrata y Republicano, así como la Federal Trade Commission y el Departamento de Justicia de EU ya habían amagado con iniciar el empequeñecimiento y/o la atomización de los gigantes de Silicon Valley que siguen teniendo ganancias exorbitantes, pese a la pandemia del Covid-19.

La cibercracia nunca fue imaginada ni por la secuencia cíclica del poder de Aristóteles en el siglo IV aC –monarquía/tiranía/aristocracia/oligarquía/orden social/democracia– ni por la anaciclosis del historiador Polibio en el siglo II aC: monarquía, tiranía, aristocracia, oligarquía, democracia, oclocracia.

En EU no existe una "democracia" como tal, donde opera una "plutocracia" que se subsume en la bancocracia de sus gigabancos que controlan Wall Street y la voluntad de los valetudinarios ciudadanos (https://bit.ly/31qyFxI). Debido a la revolución tecnológica, en EU se han acoplado cibercracia/plutocracia/bancocracia que tienen sometido a 99 por ciento de sus ciudadanos.

La tiranía de la cibercracia ha llegado a grados inconcebibles cuando la más diminuta de todas, Twitter, se ha arrogado el derecho de censurar la publicación del New York Post sobre los correos de Hunter Biden en sus tratativas mafiosas con Ucrania/China/Kazajistán, lo cual ha sido fustigado por los republicanos del Comité Judicial del Senado (https://bit.ly/37oW0n3).

El Wall Street Journal (WSJ) anunció el proceso del Departamento de Justicia en una Corte Federal en Washington contra Google mediante una “ley antimonopolio ( antitrust)” debido a su “conducta anticompetitiva para preservar monopolios para la búsqueda ( search) y la publicidad de la búsqueda que forman las piedras de toque de su amplio conglomerado (https://on.wsj.com/3dHm4uR)”.

Se trata del “desafío legal más agresivo en EU al dominio de una empresa en el sector tecnológico en más de dos décadas, y tiene el potencial de sacudir a Silicon Valley y más allá (https://on.wsj.com/2TfEDg0)”: ¡90 por ciento de las búsquedas en el mundo y 80 por ciento en EU son controladas por Google!

Google, que sufre un juicio similar al de Microsoft hace 20 años, desechó la demanda como "profundamente defectuosa", pues "la gente usa Google porque lo desea, no porque está obligada o porque no puede hallar alternativas".

Lo más perturbador es que las acciones de su matriz empresarial Alphabet subieron 1.52 por ciento, cuya capitalización de mercado ronda mil 62 millones de millones (trillones, en anglosajón).

Google, que controla YouTube –la mayor plataforma de videos del mundo–, alega que "sus servicios son ofrecidos a los usuarios a casi o a ningún costo", lo cual “socava el argumento tradicional antitrust” sobre los daños potenciales de precio.

El WSJ sopesa el desenlace del juicio contra Google, que podría tomar muchos años, en caso de una derrota o de un triunfo judicial.

En caso de derrota, "la corte ordenaría cambios a la operación de partes de sus negocios", lo cual "crearía potencialmente nuevas aperturas a las empresas rivales". En realidad, lo que está en tela de juicio es su "modelo de negocios".

En caso de un triunfo de Google, le asestaría "un fuerte golpe al escrutinio general de Washington a los gigantes tecnológicos", lo cual obligaría a una subsecuente acción legislativa del Congreso para domesticarla.

Google pertenece a la tétrada Gafa (Google/Apple/ Facebook/Amazon) de los gigantes de Silicon Valley que exhiben la mayor capitalización de mercado en la Bolsa neoyorquina y su índice tecnológico Nasdaq.

Otros agregan Microsoft para crear el acrónimo Gafam, o al minúsculo Twitter, para formar el Gafat.

¿La impugnación de la cibercracia, ahora con Twitter y Google, podrá restituir su libertad perdida a los ciudadanos avasallados por su tiranía?

www.alfredojalife.com

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Estados Unidos demandó a Google por prácticas monopólicas

La compañía controla cerca del 80% de las búsquedas en internet en ese país

La presentación del Departamento de Justicia estadounidense es por infringir la ley de competencia. Exigen cambios "estructurales" en la compañía.

 

El Gobierno de Estados Unidos presentó este martes una demanda judicial contra Google por infracción de la ley de competencia y exigió cambios "estructurales" en la compañía, a la que acusa de abusar de su posición para mantener un monopolio ilegal sobre búsquedas y publicidad en Internet.

 “Hace dos décadas, Google se convirtió en el niño mimado de Silicon Valley como una empresa incipiente con una forma innovadora de buscar en Internet emergente. Ese Google se fue hace tiempo ”, alega la demanda.

En la actualidad, dice el Departamento de Justicia de Estados Unidos en sus fundamentos, Google se ha convertido en un "guardián del monopolio de Internet" que utiliza tácticas anticompetitivas "perniciosas" para mantener y ampliar sus monopolios.

Google y el monopolio de las búsquedas online

En concreto, el Departamento de Justicia estadounidense acusa a Google, subsidiara de Alphabet, de emplear miles de millones de dólares recolectados de anuncios en su plataforma para pagar a compañías de teléfonos y otros buscadores para que la mantengan como su motor de búsqueda básico.

El gigante tecnológico, con sede en Mountain View (California), controla cerca del 80% de las búsquedas en internet en EE.UU.

Los funcionarios de justicia también han impugnado un acuerdo en el que la aplicación de búsqueda de Google está precargada y no se puede eliminar en los teléfonos móviles que ejecutan su sistema operativo Android. 

La compañía paga miles de millones cada año para "asegurar el estado predeterminado de su motor de búsqueda general y, en muchos casos, para prohibir específicamente que las contrapartes de Google traten con los competidores", afirma la demanda, en una medida que ha "excluido la competencia para la búsqueda en Internet". 

Las supuestas prácticas anticompetitivas de Google son "especialmente perniciosas porque niegan la escala de los rivales para competir de manera efectiva" y frustran la innovación potencial, alega la demanda.

La reacción de Google

En un comunicado, Google calificó la acción judicial en su contra como "profundamente defectuosa". "La gente usa Google porque así lo desea, no porque se vea obligada a hacerlo o porque no pueda encontrar alternativas", dijo la compañía.

Desafío antimonopolio

La demanda antimonopolio es el desafío legal más importante para una empresa de tecnología en décadas y se produce cuando las autoridades estadounidenses son cada vez más críticas con las prácticas comerciales de este tipo de compañías.  

Con la transformación de Google en uno de los gigantes de la tecnología, la empresa ha sido vigilada de cerca por las autoridades de EE.UU. La Comisión Federal de Comercio del país, que también tiene autoridad para investigar casos de monopolio, ya ha llevado a cabo pesquisas en torno a Google, aunque las finalizó en 2013 sin pruebas suficientes.

Debido a la gran cantidad de poder que acumulan, los desorbitados beneficios que obtienen y los bajos impuestos que tributan, la vigilancia sobre los monopolios tecnológicos ha ido creciendo a lo largo de todo el mundo. 

Hace dos años, los reguladores europeos han multado a Google por prácticas anticompetitivas. En ese momento, Donald Trump atacó las decisiones de la Unión Europea (UE). "¡Te lo dije! La UE acaba de imponer una multa de cinco mil millones de dólares a una de nuestras grandes empresas, Google ”, tuiteó Trump. "Realmente se han aprovechado de Estados Unidos, ¡pero no por mucho tiempo!"

Desde entonces, el estado de ánimo de Trump y otros conservadores, que se unieron a los liberales para atacar el dominio de empresas tecnológicas como Amazon, Google, Facebook, ha cambiado.

"Demasiado poder"

La demanda de Estados Unidos contra Google se produce después de que un informe del subcomité de la Cámara de Representantes concluyera que las empresas Big Tech ejercían "demasiado poder" y censuraban el discurso político, difundían noticias falsas y "mataban" los motores de la economía estadounidense.

Desde la famosa demanda contra Microsoft en 1998, esta es la primera vez que el gobierno de Estados Unidos ha acusado a una empresa de operar un monopolio bajo la Ley Sherman, una norma que data de 1890 y fomenta la competencia entre empresas.

Google tiene $120 mil millones de dólares en efectivo y profundos vínculos políticos en Washington, por lo que el caso podrá demorarse varios años y desencadenar una cascada de acciones legales. 

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