Domingo, 01 Noviembre 2009 10:29

Leonard Kleinrock> "La intimidad ha muerto"

Sólo tres letras cambiaron su vida y la del resto del mundo. El 29 de octubre de 1969, Leonard Kleinrock consiguió enviar las letras "LOG" (de login) desde su ordenador en la universidad de UCLA a otra computadora, situada a 400 kilómetros de distancia, dando lugar a lo que hoy conocemos como Internet. Cuando se cumplen 40 años de la hazaña, este apasionado de la ciencia recibe a Público para recordar los primeros pasos de la Red y debatir sobre el futuro. A sus 75 años, Míster Internet está en plena forma y promete una nueva revolución antes de retirarse definitivamente.

¿Tuvo en algún momento conciencia de lo que su idea supondría para el futuro?

Antes de que Internet existiera, anticipé cómo sería y qué uso tendría. En un artículo predije las utilidades de la Red, que sería tan fácil de usar como la electricidad, que sería invisible y accesible desde cualquier aparato. De lo que no tenía ni idea es de que hasta mi madre, a sus 99 años, podría estar conectada. No predije su lado social.

Se podría decir que usted tuvo el honor de escribir el primer correo electrónico.

No fue un e-mail al uso, pero sí el primer mensaje a través de Internet. Pero no fuimos conscientes de su importancia. No había nadie con quien celebrarlo, ni siquiera teníamos un gran mensaje que enviar. Si piensa en gente como Samuel Morse, Graham Bell o Neil Armstrong, ellos sí sabían de relaciones públicas. Tenían cámaras, grabadoras y todo lo necesario para dejar constancia de su descubrimiento. Nosotros sólo fuimos capaces de escribir LOG [Ríe].

¿Es cierto que la compañía de telefonía AT&T rechazó su tecnología?

Fue peor aún: me contestaron que no funcionaría y que no había mercado para ella. El dinero les llegaba a través de la voz, así que su decisión fue correcta en aquel momento, pero demostraron tener muy poca visión de futuro.

Se le conoce como Míster Internet. ¿Le gusta el apodo?

Es gratificante. Siento que he contribuido a cambiar la forma en la que la gente se divierte, se educa o accede a la información. Internet es una red democrática. Cualquiera puede hablar y ser escuchado. Puede acabar con cualquier régimen, determinar unas elecciones o cambiar la opinión pública, con los peligros que ello implica.

¿Y cuál es su mayor preocupación?

La ciberdelincuencia, sin duda. Desde mediados de los 90 no ha parado de crecer. Lo peor de todo es que no hay forma de frenarla. Cualquiera que tenga una mente criminal puede llegar a millones de personas instantáneamente de manera anónima, y la gente que trata de protegernos siempre va un paso por detrás.

Incluso usted ha sido víctima de los ciberdelincuentes.

Una vez, sí. Me robaron el maletín y utilizaron unas claves que había en él para robarme a través de Internet.

En 1969 no pensaron en el lado oscuro de la Red

Si hay algo de lo que me arrepiento es de no haber incluido una arquitectura subyacente que permitiera la identificación apropiada de todos los ficheros y de los usuarios que los envían. En aquel entonces todos nos conocíamos y teníamos plena confianza.

¿Dónde está el límite de Internet?

Teniendo en cuenta el crecimiento en estos 40 años, no creo que haya límite. Hay quien dice que el número de direcciones es finito, pero no es una verdadera limitación. El ancho de banda crece cada día más rápido y las aplicaciones sociales continúan sorprendiéndonos. La mejor predicción es que es imposible hacer predicciones. Nadie fue capaz de anticipar el correo electrónico, la Web, YouTube, Facebook o Twitter.


¿Y el acceso a contenidos protegidos?

Por suerte, estamos viviendo una pequeña reacción y los usuarios comienzan a utilizar servicios como iTunes o Netflix porque consideran que su precio es razonable. Pero también es necesario cambiar la mentalidad de las grandes compañías de música y cine.

¿Cómo será la Red en el futuro?

En los próximos diez años habrá una nueva concepción de Internet como infraestructura, liberada de la pantalla del ordenador en la que aún se encuentra atrapada. En el momento que escape, se mezclará con nuestra vida diaria; la oficina, una mesa e incluso en nuestras propias uñas. Todo estará dominado por la nanotecnología y se podrá acceder a Internet en cualquier lugar.

Suena como una película de ciencia ficción.

Sí. La privacidad ha muerto. De hecho, John Perry Barlow, ex componente de The Grateful Dead y fundador de la Electronic Frontier Foundation, ha hecho pública su vida porque considera que no tener nada que esconder. Esta es la única forma de tener algo de privacidad.

¿Es usuario de redes sociales como Facebook o Twitter?

No. Considero que la mayor parte de lo que sucede en esos sitios sociales es frívolo. Además, mi trabajo y el mail bastan para consumir casi todo mi tiempo.

Recibirá toneladas de correos...

Cerca de 500 cada día, aunque muchos son spam Recuerdo la primera vez que apareció el correo basura, en 1994. Una firma de abogados envió un correo anunciando la lotería para los permisos de trabajo en EEUU. Lo vimos y nos dijimos: "Eh, no se pueden anunciar en Internet". Así que inundamos su servidor de mensajes para que dejasen de hacerlo y se nos fue la mano. Sin querer, provocamos el primer fallo de denegación de servicio.

Lleva muchos años trabajando en la Red. ¿Es uno de esos que desayuna con Internet cada mañana?

Sí, desde primerísima hora de la mañana. Además, me gusta jugar al Sudoku justo antes de irme a dormir, pero no se lo recuerde a mi mujer [Ríe].

Por ROBERTO ARNAZ - LOS ÁNGELES -





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Viernes, 11 Septiembre 2009 06:44

La conciencia tranquila

No habría deseado criticar duramente a una de las empresas dedicadas a la producción de equipos médicos que no obtienen sus ganancias fabricando armas para matar, sino combatiendo enfermedades, sufrimientos y muertes. Por ello, siempre las he tratado a todas con respeto, y me gustaba intercambiar con ellas sobre sus avances científicos.

Algo distinto es pensar con amargura en países que no disponen de esos equipos y, más triste todavía, que un pueblo del Tercer Mundo vea obstaculizados sus esfuerzos por la estúpida medida que un país rico y poderoso le impone al que los fabrica: la suspensión de la entrega de los repuestos para su uso.

Entre Venezuela y Cuba, los especialistas cubanos de Cardiología disponen de 28 Ecocardiógrafos Philips, sin los cuales no es posible un diagnóstico preciso y totalmente seguro. Por cada uno de ellos que no funcione se deja de prestar ese servicio vital a 500 pacientes cada mes.

En nuestra patria las cardiopatías constituyen la primera causa de muerte; en Venezuela sucede más o menos igual. Los desfibriladores son el instrumento por excelencia para sacar a las personas de un paro cardíaco, que puede ocasionarles la muerte si no reciben asistencia urgente. De los 3 553 equipos adquiridos en la Philips, 2 000 eran de ese tipo, utilizados en los Policlínicos de Cuba y en los Centros de Diagnóstico venezolanos de Barrio Adentro.

Los 12 diferentes equipos Philips, adquiridos a un costo de 72 millones 762 mil 694 dólares, eran todos imprescindibles para servicios de alta calidad en Cuba y en los programas Barrio Adentro 1 y 2 de Venezuela, atendidos por médicos y especialistas cubanos. Fueron adquiridos y pagados por nuestro país, según lo acordado.

Los equipos Siemens, con excepción de algunos enviados a Bolivia, prestaban servicio en Cuba y en los dos programas venezolanos. El valor de los adquiridos a esa firma ascendió a 85 millones 430 mil dólares. Además de las dos empresas mencionadas, otras de Europa y Japón suministraron importantes equipos adicionales para los 27 Centros de Diagnóstico de Alta Tecnología de Barrio Adentro 2.

Philips no cuestiona los datos ofrecidos. La suspensión total del suministro de piezas se produce desde fines del año 2006; hasta hoy han transcurrido desde entonces casi tres años.

La firma reconoce que las exigencias del gobierno de Estados Unidos motivaron la paralización de los suministros hasta que en fecha reciente pagó la multa de 100 mil euros, una suma irrisoria si se compara con los 72 millones pagados por los equipos a esa empresa. Teníamos entendido que no existía violación alguna de las normas impuestas al mundo por el imperio. Se trata de equipos médicos, destinados a salvar vidas; no son armas de guerra.

En enero de 2007 el gobierno de Bush nombró a John Negroponte -verdugo del pueblo de Nicaragua en la guerra sucia contra ese país, iniciada en 1981 desde la base yanki de Palmerola en Honduras- subsecretario de Estado. Tenía una historia tenebrosa en las guerras de agresión contra Viet Nam e Iraq. Fue director de la poderosa Agencia Nacional de Inteligencia. Acompañaba al Presidente de Estados Unidos en la Conferencia de la Casa Blanca a mediados de 2007, donde tanto se habló de Educación y Salud. Ambos estaban conscientes de que nuestros especialistas prestaban servicios médicos con los equipos Philips en Cuba y Venezuela. Habían presionado a la firma holandesa y lograron impedir que esta suministrara piezas para esos equipos.

Los programas sociales en Venezuela surgieron como fruto de la Revolución Bolivariana. No necesito encomiar los estrechos vínculos históricos de los dos pueblos y los lazos de hermandad que nos unen.

Expliqué ya la decisión tomada por el presidente Hugo Chávez que dio origen a nuestros programas de cooperación. De él surgió igualmente, a principios de 2007, la idea de añadir el programa Barrio Adentro 3 a los ya existentes, Barrio Adentro 1 y Barrio Adentro 2. En el nuevo programa el costo de los equipos correría por cuenta de Venezuela, y sería atendido por médicos venezolanos.

Conocedor de nuestra experiencia en las negociaciones con las firmas productoras de equipos médicos, y los excelentes precios que alcanzábamos en los suministros por el volumen de la operación, Chávez solicitó a nuestro país adquirir equipos, instrumental e insumos médicos por cientos de millones de dólares. El destino de la inversión era incorporar un importante número de centros hospitalarios a los servicios que venían prestándose al pueblo venezolano en Barrio Adentro 1 y 2. Esto se sumaba al programa de formación en Cuba de miles de jóvenes venezolanos como médicos capaces de prestar servicios en cualquier parte, dentro y fuera del país. Los graduados de la Escuela Latinoamericana de Medicina son una prueba alentadora de su espíritu de sacrificio. En la propia Venezuela contribuíamos a la formación de más de 20 mil estudiantes de Medicina.
Nuestro personal entró de nuevo en contacto con las mejores firmas suministradoras de equipos, componentes y mobiliario médico, con excepción -como es lógico- de las norteamericanas, a las que se les prohíbe totalmente el más mínimo suministro a Cuba.

Aunque los equipos médicos de ese país tienen calidad, sus precios muchas veces son abusivamente altos. En el mercado internacional existen firmas especializadas cuyos equipos están conceptuados como los mejores del mundo. Es perfectamente posible prescindir de los equipos de Estados Unidos, si se desea evitar los riesgos de un criminal bloqueo como el aplicado a Cuba durante 50 años. En los hospitales de Japón, un país cuya población alcanza los más altos promedios de vida, la inmensa mayoría de los equipos son japoneses; el resto, lo importan de Europa o Estados Unidos.

En los países más industrializados de la vieja Europa, donde los índices de salud también son más altos que en Estados Unidos, apenas el 30 por ciento de los equipos proceden de Japón o Estados Unidos. Utilizan preferentemente equipos europeos. Tanto en Japón como en Europa las normas de calidad son mucho más exigentes que en Estados Unidos.

Me satisface observar que la línea seguida por la empresa cubana especializada en la compra de equipos médicos se ajustó rigurosamente a los principios probados en las anteriores compras.

Participaron más de 50 firmas conocidas. Señalaré solo las que compitieron en calidad y precio. El mayor volumen acordado correspondió a la firma alemana Siemens, ascendente a 73 millones 910 mil dólares; Drager: 37 millones 277 mil dólares; Toshiba: 36 millones 123 mil dólares; Nihon Kohden: 30 millones 516 mil dólares. También con las firmas Olympus, Karl Storz, Aloka, Carl Zeiss, Pressure, y otras bien conocidas por nuestros especialistas, se firmaron contratos; todas ellas reflejan el avance revolucionario de la tecnología médica en los últimos 20 años.

Dentro de las normas de calidad y precio, a la empresa holandesa Philips, que fue considerada e incluida entre las principales firmas, habría correspondido la adquisición de equipos por valor de 63 millones 65 mil dólares. Pero coincide esa etapa con la suspensión del suministro de piezas para los equipos de esa empresa ubicados en Cuba y Venezuela; no quedó otra alternativa que suspender la elaboración del contrato.

No todos los equipos del total acordado se han recibido en Venezuela, pero sí una cifra de equipos, instrumentos y componentes cuyo valor se eleva a 271 millones de dólares. Esto implicó un especial esfuerzo por parte de venezolanos y cubanos para desarrollar plenamente el importante programa de Barrio Adentro 3, que complementa y articula uno de los programas sociales más importantes y humanos de la Revolución Bolivariana. Ambos países estamos conscientes de esa obligación.

Por otro lado, nos hemos propuesto realizar el esfuerzo necesario para llevar Barrio Adentro 1 y 2 a niveles no alcanzados jamás, incorporando más de 2 500 estudiantes avanzados de Medicina que se forman en Cuba para que, junto a los especialistas de Medicina General Integral que les imparten clases, se incorporen a Barrio Adentro.

La atención óptima de los pacientes fue siempre la razón de ser de los Consultorios, los Centros de Diagnóstico y demás servicios en los que Cuba participa. La respuesta de los cooperantes cubanos de la salud a la anterior Reflexión ha sido excelente. Con razón ellos afirman que el imperialismo no ganará la batalla contra Barrio Adentro.

En la producción y comercio de armas, destinadas a la guerra y a la destrucción, nadie compite hoy con Estados Unidos. Las dos terceras partes del comercio mundial de armas están en sus manos; son los frutos del Complejo Militar Industrial. Hoy esa potencia imperial no solo consume el 25 por ciento de la energía fósil, con menos del 5 por ciento de la población del mundo; contamina la atmósfera, destruye el medio ambiente, amenaza al mundo con sus armas de exterminio, y es el mayor productor y comerciante de armas. No es, sin embargo, capaz de garantizar la salud a casi el 25 por ciento de su población.

No le cerraremos el paso a ninguna firma que desee producir y comerciar tecnologías médicas. Aceptaremos gustosamente cualquier rectificación. La humanidad tiene problemas muy serios que enfrentar. Ojalá no se produzca un desastre con nuestra especie y muchos podamos tener la conciencia tranquila por haber realizado el máximo esfuerzo para evitarlo.

Fidel Castro Ruz

Septiembre 10 de 2009

3 y 11 p.m.
 

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A Martin Cooper (Chicago, 1928) aún le brillan los ojos cuando recuerda aquella primera llamada que realizó, desde un tosco aparato, a un investigador rival en 1973 y que inauguró la era de la telefonía móvil. Aquel prototipo pesaba un kilogramo y su batería sólo permitía hablar durante 35 minutos. Cuando se comercializó por primera vez, Cooper y su equipo habían reducido el peso a la mitad.

El Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2009 (junto al creador del correo electrónico, Raymond Tomlinson), abandonó Motorola, para la que trabajaba entonces, justo antes de que la empresa subiera como la espuma gracias a su invento. Cooper ha estado en Madrid, invitado por la Fundación Telefónica, para hablar del pasado y futuro de una tecnología que él inició hace ahora casi 40 años.

¿Cómo se les ocurrió inventar la telefonía móvil?

La idea no vino de nuestras cabezas sino del mercado. Como tecnólogos, debemos saber lo que la gente necesita. Me di cuenta de que querían una comunicación constante. Durante 100 años, habíamos necesitado un cable. Si pudiésemos fabricar un teléfono que se pudiera usar en cualquier lugar, sin hilos, este sería una parte esencial de nuestras vidas.

Entonces, ¿es un mito aquello de que la idea le surgió viendo una escena de Star Trek, donde el capitán Kirk usaba su comunicador?

[Con una enorme sonrisa] Todo empezó mucho antes que Star Trek.

¿Recuerda dónde estaba cuando hizo aquella primera llamada en 1973?

Por supuesto que sí. Fue en Nueva York, en la Sexta Avenida, cerca del hotel Hilton. Estaba hablando con un periodista, había gente alrededor...

La gente le miraría raro.

Claro que sí y eso no es normal en Nueva York, donde la gente te ignora completamente. Pero en aquella época no existían los móviles.

¿Es cierto que al primero a quien llamó fue a su rival Joel Engel, investigador de Bell Labs, competidora de Motorola, la empresa para la que trabajaba? ¿Fue una broma pesada o eran amigos?

Digamos que nos conocíamos, nos respetábamos, pero él trabajaba para una de las mayores empresas del mundo en esa epoca. Nos miraban a nosotros, a los de Motorola, como un elefante a una pulga. Les incordiábamos.

Aquella llamada fue en 1973 pero, hasta 1983, no se vendió el primer teléfono móvil. ¿Por qué ese retraso?

Pasaron dos cosas. En primer lugar, Motorola quería que hubiera competencia; ATT, un monopolio. El Gobierno apostó por nosotros, pero tenían que elegir a los competidores y fue complicado. Todos querían entrar en el negocio.

¿No fue entonces un problema tecnológico?

También. En 1973 no había una producción industrial de circuitos integrados. Necesitábamos miles de partes montadas casi a mano. Hasta 1983, hicimos cinco modelos diferentes, cada uno mas pequeño y fácil de construir que el anterior.

Aquel Motorola DynaTAC costaba 3.500 dólares de la época. Hoy se comprarían 100 teléfonos con ese dinero. ¿Los cambios en la telefonía móvil sólo han sido de cantidad?

También de calidad. Aquel teléfono sólo servía para la voz, no había datos. Ahora, con los nuevos teléfonos, tenemos una cámara, un mp3...

Muchos de esos teléfonos son complicados de usar para las personas mayores. ¿Usted no tiene ese problema?

No, yo no. Pero sí creo que hay muchos problemas de usabilidad. Mi mujer es una inventora también. Ha creado este teléfono [el de la imagen] para las personas que necesitan uno sencillo, donde no hay que aprender mucho.

En su biografía pone que estuvo cuatro años en la Marina de su país y que participó en la guerra de Corea. ¿Llegó a entrar en combate?

Disparamos nuestros fusiles varias veces; espero no haber herido a nadie. Estaba en un destructor. A lo largo de la costa había un ferrocarril al que intentábamos destrozar las vías. Lo hacíamos durante el día y durante la noche, el enemigo lo volvía a reparar. Esa fue mi guerra.

Desde entonces, han pasado 50 años. La tecnología ha cambiado mucho, pero la guerra sigue.

Que yo haya participado en aquella guerra no significa que yo crea en la guerra. Se podrían solucionar los problemas trabajando juntos.

Después de Corea, entró a trabajar en Motorola. ¿Qué fabricaban entonces?

Radios, walkies talkies...

En esa época trabajaba por el día y estudiaba por la noche. Eso no es muy habitual hoy.

Pues yo creo que es algo normal. Trabajé para conseguir mi máster y, por la tarde, enseñaba en las escuelas. Lo importante es mantener activa la mente todo el tiempo.

Después, salió de Motorola y creó su propia empresa, ArrayComm, una compañía que diseña antenas inteligentes. Por aquella época, estableció su propia ley de Cooper, que establece que la cantidad de información que puede soportar un rango dado del espectro se dobla cada 30 meses. ¿Se viene cumpliendo su ley?

Mas que una ley, era un comentario, una observación. Pero el mayor obstáculo para el futuro tecnológico de las comunicaciones es el espectro necesario, el canal.

Algunos líderes políticos, como Barack Obama, creen que la tecnología puede sacar al mundo de la crisis. ¿Está de acuerdo con él?

La tecnología es la fuerza más importante, permite mejorar la productividad. Eso es lo que ha hecho, en el fondo, el teléfono móvil. Pero también creo en el mercado libre. Necesitamos competencia entre las empresas para que tengan la fuerza necesaria para invertir para el futuro. No vamos a crear nuevas tecnologías sin invertir. Por lo tanto, me opongo a la intervención de los gobiernos. No quiero entrar en un debate político, pero sé que Telefónica, por ejemplo, paga muchos impuestos y no creo que esa sea una buena postura por parte de los gobiernos.

De no haber inventado el teléfono móvil, que le habría gustado inventar?

He inventado cosas desde que era niño. Mi primer invento, cuando tenía ocho años, era un tren que entraba en un túnel y dentro de él había un vacío. El tren entraba como un imán, sin fricción. Otra cosa que me obsesiona son las interfaces. Los teclados son horribles. Tendríamos que pensar en algo más natural. Llevo 40 años pensando en ello, pero no he encontrado la solución aún.

Por MIGUEL ÁNGEL CRIADO - Madrid - 06/09/2009 08:00

 

 

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Nueva York, 15 de agosto. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, prometió tomar medidas concretas para que el mundo sea un lugar sin armas nucleares, pero en sus planes no están incluidas las convencionales, a juzgar por el aumento de las exportaciones registrado este año.

“El gobierno de Obama no le ha prestado mucha atención a la política de Estados Unidos en materia de comercio de armas”, señaló Natalie J. Goldring, investigadora del Centro de Estudios de Paz y Seguridad de la Facultad Edmund A. Walsh de Servicio Exterior, de la Universidad de Georgetown.

La venta de grandes dispositivos, incluidos aviones de combate, misiles, buques y tanques de guerra aumenta, apuntó.

De hecho, parece que todo sigue igual, ya que Washington prevé vender este año una cantidad sin precedente de armamento, añadió Goldring. La venta de armas a los gobiernos de otros países superarán los 40 mil millones de dólares a fines de este año, según anunció el Pentágono, cifra mayor a los 36 mil 400 millones de 2008.

A principios de la década, la venta de armamento fue de entre 8 mil millones y 13 mil millones de dólares al año. Pero en la primera mitad de este año ya llegó a 27 mil millones de dólares y la tendencia sigue al alza.

Los compradores son los principales aliados de Estados Unidos: Afganistán, Bahrein, Corea del Sur, Egipto, Grecia, Jordania, Israel, Pakistán, Tailandia, Turquía y Emiratos Árabes Unidos, entre otros.

“Son buenas noticias para los fabricantes que históricamente han tratado de vender armas para contrarrestar un posible recorte del presupuesto militar”, indicó Goldring. “Pero malas para quienes esperábamos que el gobierno de Obama revisara la política estadunidense en la materia”.
Los datos brindados por el Pentágono no son claros, puntualizó Siemon Wezeman, especialista del Programa de Transferencia de Armas del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (Sipri, por sus siglas en inglés), con sede en Suecia, y especializado en conflictos y asuntos de seguridad.

No queda claro si los 40 mil millones de dólares corresponden a las ventas reales o a las posibles, las proyectadas o las encargadas este año.

Dicho eso, las exportaciones de Estados Unidos muestran una clara tendencia al alza para lo cual hay varias explicaciones, indicó. “La más importante es, quizá, que ahora hay menos fabricantes de grandes dispositivos de alta tecnología que hace 10 o 20 años, lo que disminuye las posibilidades para los compradores”, explicó Wezeman.

El armamento de origen estadunidense suele ser de tecnología muy avanzada y muy diverso, lo que le permite al comprador adquirir todo lo que necesite, en especial en materia de insumos de combate complejos como aeronaves, misiles y dispositivos electrónicos.

Hay muy pocos fabricantes de armamento de alta tecnología, lo que aumenta el peso relativo de Estados Unidos, tendencia que probablemente se mantenga. Un buen ejemplo es el avión de combate Joint Strike Fighter (JSF), creado este año. Es prácticamente único en su tipo y hay varios interesados. Es posible que las proyecciones oficiales de ventas de este año incluyan más pedidos de esta aeronave.

El programa del JSF se perfila como el más grande en términos de volumen de exportación, y tiene margen de crecimiento todavía porque casi no tiene competencia en el mundo. Con eso basta para que las exportaciones de armamento de Estados Unidos permanezcan altas durante los próximos 20 años o más, indicó Wezeman.
 

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Un muy destacado científico ha expresado la opinión de que la raza humana sólo tiene un cincuenta por ciento de posibilidades de sobrevivir al siglo XXI. Ésta es en cierto sentido una afirmación extrema; pero muy pocos disentiríamos de la idea de que nuestra especie y nuestro globo enfrentan ahora peligros sin precedentes para la presente centuria, aunque sólo sea por el extraordinario impacto que la tecnología y la economía humanas ejercen sobre el medio ambiente. A este ensayo mío no le conciernen tales escenarios apocalípticos: supondré que si la humanidad sobrevivió al siglo XX, igualmente lo hará en el siglo XXI.

El mundo de principios del siglo XXI se caracteriza por tres sucesos principales:

  • Las enormes fuerzas que aceleran la velocidad de nuestra capacidad de producción y que, al hacerlo, cambian la faz del mundo. Esto es así y así continuará.
  • Un proceso de globalización acelerado por la revolución en el transporte y las comunicaciones, nos indica que: a) sus efectos mayores corresponden directa o indirectamente a la globalización económica; aunque b) se presenta en todos los campos excepto en los del poder político y la cultura, en la medida en que dependen del idioma.
  • El reciente pero rápido cambio en la distribución de la riqueza, el poder y la cultura, de un patrón establecido que duró de 1750 a 1970 a uno todavía indeterminado.


I. El incremento en nuestra capacidad para producir –y para consumir– difícilmente requiere de comprobación alguna. Sin embargo, deseo hacer tres observaciones. La primera concierne a la explotación de recursos cuyo abastecimiento es naturalmente limitado. Esto incluye no sólo las fuentes de energía fósil de las cuales la industria ha dependido desde el siglo XIX –carbón, petróleo, gas– sino de los más antiguos fundadores de nuestra civilización, a saber: agricultura, pesca y bosques. Estas limitaciones naturales o son absolutas dada la magnitud de las reservas geológicas y de tierras cultivables, o relativas cuando la demanda excede la capacidad de estos recursos para su propia renovación, como la excesiva explotación pesquera y de bosques. Cerca del final del siglo XX el mundo no se había aproximado aún al límite absoluto de las fuentes de energía, ni a un incremento sustancial en la productividad agrícola y las extensiones cultivables, aunque el ritmo de incorporación de nuevas tierras aflojó durante la segunda mitad del siglo. Los rendimientos por hectárea de trigo, arroz y maíz subieron a más del doble entre 1960 y 1990. Sin embargo, los bosques fueron seriamente amenazados. La deforestación en pequeña escala ha sido un antiguo problema y ha dejado marca permanente en algunas regiones, notablemente el Mediterráneo. La sobreexplotación pesquera empezó a alcanzar su punto crítico en el Atlántico norte alrededor de los últimos treinta años del siglo XX y se extendió a todo el globo debido a la preferencia por algunas especies. Esto, hasta cierto punto, se ha compensado con la acuicultura, que en la actualidad produce alrededor del 36% del pescado y marisco que consumimos –cerca de la mitad de las importaciones de pescado de los Estados Unidos. Aunque la acuicultura todavía se encuentra en etapa inicial, el esfuerzo podría terminar en la mayor innovación en la producción de alimentos desde que se inventó la agricultura. Esta vastedad de alimentos alcanzada, que permite alimentar a más de seis mil millones de personas mucho mejor que a los dos mil millones de principios del siglo XX, se logró a través de los métodos tradicionales, además de las tecnologías mecánica y química; de modo que no tiene sentido argumentar que la humanidad no puede ser alimentada sin manipulación genética.

El agotamiento de los recursos no renovables o limitados ciertamente planteará serios problemas al siglo XXI, particularmente si la crisis medioambiental no se encara seriamente.

Mi segunda observación se ocupa del impacto que la revolución tecnológica ha tenido sobre la producción y la mano de obra. En la segunda mitad del siglo XX, por primera vez en la historia la producción dejó de ser de mano de obra intensiva para volverse de capital intensivo y, progresivamente, de información intensiva. Las consecuencias han sido dramáticas. La agricultura sigue siendo el principal deponente de mano de obra. En Japón la población agrícola se redujo del 52,4% después de la Segunda Guerra Mundial al 5% en el presente. Lo mismo en Corea del Sur y Taiwán. Aun en China la población agrícola ha disminuido del 85% en 1950, al 50% hoy en día. No hay necesidad de comprobar la sangría de campesinos en América Latina desde 1960, pues es evidente. Para decirlo pronto, salvo la India y algunas zonas del África subsahariana, no quedan países campesinos en el mundo. La dramática caída de la población rural se ha compensado con un alto crecimiento de las zonas urbanas que, en el mundo en desarrollo, han dado origen a ciudades gigantes.



En el pasado, este caudal de mano de obra redundante y no calificada era absorbido por la industria –en la minería, la construcción, el transporte, las manufacturas, etc. Esta situación aún prevalece en China, pero en el resto del mundo, incluyendo a los países en desarrollo, la industria ha venido deshaciéndose aceleradamente de la mano de obra. Este descenso en la industria no es sólo debido a la transferencia de la producción de regiones de altos costos a otras de bajos, sino que también va implícita la substitución de tecnologías cuyos costos declinan por mano de obra calificada cuyos costos son inelásticos y al alza con el propio desarrollo económico. Desde 1980, los sindicatos de la industria automotriz en los Estados Unidos han perdido la mitad de sus miembros. Igualmente Brasil empleaba un tercio menos de trabajadores aun cuando produce casi el doble de vehículos automotores en 1995 que en 1980. El incremento en el sector de los servicios junto al crecimiento económico no ofrecen una alternativa viable para dar salida a la mano de obra redundante tanto industrial como agrícola, generalmente de baja escolaridad y con poca capacidad de adaptación. Sin embargo, hasta ahora, el empleo a las mujeres ha resultado relativamente beneficiado, al menos en los países desarrollados.

La mayor parte de la mano de obra redundante la absorbe la economía informal que, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), comprende el 47 por ciento del empleo no agrícola en el Medio Oriente y Norte de África; 51 por ciento en América Latina; 71 por ciento en Asia y 72 por ciento en el África Subsahariana. El problema se observa muy agudo en los países más pobres y en aquellos otros devastados por la transición económica, como la ex URSS y los Balcanes. Mientras se ha argumentado a favor de la flexibilidad y efectividad de la economía informal sobre todo en el caso latinoamericano, la verdad es que ésta es siempre bastante menos significativa en los países desarrollados (alrededor de diez por ciento en Estados Unidos). En cambio, el contraste entre un rápido crecimiento económico y la incapacidad para generar suficientes empleos es particularmente impactante en la India , cuyo crecimiento se cimienta en capital e información intensivos pero con un 83 por ciento de la fuerza laboral en el sector informal. El gobierno de Manmohan Singh se ha visto en la necesidad de garantizar un mínimo de días de trabajo a la población rural más pobre.

Mi tercera observación es obvia, y es que el enorme incremento en la capacidad humana para producir depende mayormente de los conocimientos y la información. Esto es, en un gran número de gente con altos estudios y no necesariamente sólo en el campo profesional de la investigación y el desarrollo. Aquí, la riqueza acumulada y el capital intelectual de la era de la industrialización occidental continúa dándoles a los países del norte enormes ventajas sobre los países en desarrollo. Aunque el número de asiáticos laureados con Premios Nobel de Ciencia va en aumento desde 1980, sigue siendo pequeño. Los recursos intelectuales en el resto del mundo en desarrollo siguen a la espera de un mejor aprovechamiento. Además, los jóvenes investigadores del mundo en desarrollo pueden trabajar en los centros de investigación del Norte, reforzando así su predominancia.

Sin embargo, el siglo XXI está siendo testigo de la rápida transferencia de actividades innovadoras, base del progreso moderno, antes monopolizadas por las regiones del Atlántico norte. Esto es muy reciente. El primer laboratorio extranjero para investigación y desarrollo se estableció en China en 1993 (por Motorola); pero en pocos años setecientas empresas transnacionales han hecho lo mismo, mayormente en el sur y el este de Asia, una región especializada en diseño de semiconductores. Y aquí, una vez más, las disparidades regionales parecen aumentar, ya que el progreso depende también de que los gobiernos sean efectivos, se cuente con infraestructura adecuada y, sobre todo, con población educada por encima de los niveles básicos. No hay duda de que en países como la India y, en menor grado, Brasil, la baja escolaridad de la mayoría de la población es un obstáculo; sin embargo, esto se ha compensado por el relativo buen aprovechamiento del escaso número de los altamente educados. Los avances en este aspecto, en el mundo en desarrollo, todavía enfrentan un largo camino. El crecimiento de algunas regiones y el rezago de otras es muy evidente, así como el aumento en las disparidades. Según la revista R&D , en la lista de países más atractivos para invertir, están –en ese orden– China, Estados Unidos, India, Japón, el Reino Unido y Rusia. De América Latina, Brasil ocupó el lugar diecinueve (debajo de Austria), y México el ventitrés.


II. Y paso a la globalización, esto es, el desarrollo mundial como una sola unidad, cuyas transacciones y comunicación están libres de trabas locales y de otra índole.

Esto, en principio, no es nada nuevo. Teóricos como Wallerstein registran un “Sistema Mundial” desde la circunnavegación del globo durante el siglo XVI. Desde entonces se han ido registrando otros varios e importantes avances, principalmente en los campos económico y de las comunicaciones. Dejaré fuera de las comparaciones la fase del proceso previa a 1914. Esa economía nunca abordó seriamente asuntos de producción y distribución de bienes materiales aun cuando sí creó un libre flujo global en las transacciones financieras –aunque en menor escala que las actuales. Fueron tiempos de migraciones de mano de obra casi totalmente irrestrictas por los gobiernos, y en este sentido, una globalización más avanzada que la presente. Y mientras que las comunicaciones sufrieron cambios benéficos y sustanciales en los sistemas postales, telegráficos y organismos de coordinación internacional a mediados del siglo XIX, el número de personas involucradas en transacciones internacionales fue escaso. De hecho, la globalización de la producción ha sido posible gracias al revolucionario avance en las comunicaciones, que virtualmente han abolido las limitaciones en cuanto a lugar, distancia y tiempo se refiere y al no menos dramático adelanto en la transportación de mercancías desde los años sesenta –carga aérea y contenedores–, aun cuando la innovación tecnológica fue menor que en las comunicaciones humanas.

Aquí, tres puntos son relevantes.

El primero es la peculiar naturaleza de este proceso a partir de los años setenta, concretamente el triunfo sin precedente de un capitalismo que descansa en la libre movilidad global de todos los factores de la producción y la de los gobiernos atentos a no interferir en la distribución de los recursos dispuesta por el mercado. Ésta no es la única versión del concepto de globalización. En las décadas anteriores a 1914, su progreso corrió paralelo rivalizando con las políticas proteccionistas, moderadas en la mayoría de los países industrializados y extremas en los Estados Unidos. Durante las décadas doradas posteriores a 1945 esta práctica de sustitución de importaciones corrió paralela a las políticas, no tan infructuosas, del mundo no comunista. No queda claro que los programas neoliberales extremos aseguren un máximo de crecimiento económico, asumiendo que fuese deseable. El más rápido crecimiento del Producto Interno Bruto per cápita observado en el “mundo capitalista avanzado” no se dio en el “orden liberal” de 1870 a 1913, ni tampoco en el “orden neoliberal” de 1973 a 1998, sino solamente en los “años dorados” de 1950-1973. El crecimiento económico de los inicios del siglo XXI ha descansado primordialmente en un dinamismo que Maddison llama “las quince economías asiáticas resurgentes”, cuyo crecimiento ha sido asombroso. Pero no fue el neoliberalismo el que presidió la extraordinaria revolución industrial de Corea del Sur, Taiwán, China y, aun, la India a principios de los años noventa. A la inversa, la situación de 168 economías, fuera de estos dínamos, mostró un rápido deterioro en el último cuarto del siglo XX y fue una catástrofe para la ex URSS, los Balcanes y algunas regiones africanas.

Algunos aspectos de esta globalización neoliberal tienen relevancia directa sobre la situación mundial general a principios de este siglo XXI. Primero, es patente el incremento en la desigualdad económica y social tanto entre países como al interior de ellos. Esta desigualdad eventualmente podría disminuir, pues las economías asiáticas más dinámicas podrían alcanzar a los viejos países capitalistas desarrollados; pero en el caso de la India y China, con sus miles de millones de habitantes, hace que la brecha sea tan grande y que el paso al que pudieran alcanzar el mismo PIB per cápita de los Estados Unidos sea tan lento como un caracol. Lo que es más, la rapidez con que crece la brecha entre países ricos y pobres reduce el significado práctico de estos avances.

Sería inapropiado usar a los 52 multimillonarios de Rusia como índice comparativo del estándar de vida en ese país. Éstos representan otra más de las consecuencias de la globalización neoliberal, cuya novedad es que pequeños grupos de ricos globales son tan adinerados que sus recursos podrían ser de la magnitud del ingreso nacional de países como Eslovaquia, Eslovenia, Kenya o, en el caso de los muy ricos, del orden del PIB de Nigeria, Ucrania y Vietnam. Este tipo de crecimiento ha generado en la India un mercado de clase media tipo occidental contado por decenas –algunos aseguran que cientos– de millones; sólo hay que subrayar que, hacia 2005, en este país el 43 por ciento de la población vivía con menos de un dólar al día. Fuertes y crecientes desigualdades en la riqueza, el poder y las oportunidades para tener una vida mejor no son la receta para la estabilidad política.La segunda característica de la globalización, respaldada por las políticas socialmente ciegas del Fondo Monetario Internacional, ha sido el agudo crecimiento en la inestabilidad económica y en las fluctuaciones económicas. Los viejos países industriales han estado resguardados, comparativamente, de las depresiones cíclicas, excepto por los bruscos virajes a corto plazo del mercado bursátil; sin embargo, el impacto ha sido dramático en grandes partes del mundo y, notablemente, en América Latina, el sudeste asiático y la ex Unión Soviética. Sólo tenemos que recordar las crisis de principios de 1980 en Brasil y, a fines de los noventa, las de Indonesia, Malasia, Tailandia y Corea del Sur y, sin olvidar, la de Argentina a principios del año 2000. Sólo recordemos los cambios políticos que siguieron a estas crisis en varios países. Las economías volátiles no son receta para la estabilidad política.


La tercera característica de la globalización neoliberal es que, al sustituir un conjunto de economías nacionales por una economía global, se reduce severamente la capacidad de los gobiernos para influir en las actividades económicas de su territorio y se daña su capacidad recaudatoria. Esta situación se agudizó mayormente al aceptar todos la lógica del neoliberalismo. Desde la terminación de las economías de planeación centralizada, todos los países, incluyendo a los más grandes, están en mayor o menor grado a merced del “mercado”. Esto no implica que hayan perdido todo peso específico en la economía. Todos los gobiernos centrales y locales, por la naturaleza de sus actividades, son los principales empleadores de la fuerza laboral. Es más, así han retenido su mayor valor histórico: el monopolio de la ley y el poder político. Y esto significa que ya no funcionan como actores económicos en el teatro mundial, ni siquiera como dramaturgos aunque sí como escenógrafos. Pues los actores de hoy, las grandes corporaciones transnacionales, se ven en la necesidad de acudir a ellos pues también son los propietarios de los teatros nacionales que requieren para sus operaciones. La globalización neoliberal ha debilitado seriamente a los Estados nacionales como los conductores del poder y artífices de la política.

 



Políticamente, el aspecto más serio de este debilitamiento es el de que priva a los gobiernos, sobre todo a los de las economías desarrolladas del Norte y Occidente, de sus ambiciosos y generosos planes sobre seguridad social, mismos que ya desde los tiempos de Bismarck habían sido reconocidos por los gobernantes como la mejor herramienta para la estabilidad social y política, esto es, el Estado benefactor. En vez de esto, el mercado global fundamentalista ofrece un proyecto de prosperidad para todos –o casi todos– a través de los beneficios de un crecimiento económico interminable. Aun en los países como el Reino Unido donde el programa neoliberal ha proveído a la gente de una genuina y bien distribuida riqueza, no han disminuido las demandas de los ciudadanos por más empleos, garantías para sus ingresos básicos, seguro social, salud y pensiones. Sólo la capacidad o voluntad de los gobiernos para proveer lo anterior ha posibilitado el cumplimiento de esas ambiciones.Esto me trae a la segunda y más amplia de las propuestas sobre globalización y es que ésta, en mayor o menor grado, es universal pero se queda corta ante un problema humano mucho mayor: la política. Históricamente han existido y existen mecanismos económicos en el mundo, pero ninguno dirigido a la creación de un gobierno mundial. Las Naciones Unidas y otros organismos prevalecen por la conveniencia y el permiso que los propios países les otorgan. Los Estados nacionales son las únicas autoridades en el mundo y sobre el mundo para ejercer el poder de la ley y el monopolio de la violencia. De hecho, en el transcurso del siglo XX se dio fin a la era de los viejos y nuevos imperios y, durante la Guerra Fría , se estabilizaron las fronteras de los Estados nacionales, revertiéndose la vieja tendencia hacia la concentración del poder político debido a la expansión imperial y por el surgimiento de Estados nacionales ampliados. Por implicación, esto resultó antiglobalizador. Hoy en día, hay cuatro veces más naciones técnicamente soberanas que hace cien años.

Desde luego, en cierto sentido esta multiplicación de Estados nacionales ha favorecido la globalización económica pues muchas de las pequeñas y enanas unidades políticas dependen totalmente de la economía global porque poseen recursos indispensables –petróleo, destinos turísticos, territorios base para la evasión fiscal, empresas transnacionales. Así pues, algunos países se han beneficiado desproporcionadamente con la globalización. De los quince Estados nacionales con el PIB más alto per cápita en el 2004, doce tienen una población que va de los cien mil a los diez millones de habitantes. La mayoría sin un poder o peso significativos. No obstante, aun los Estados pequeños y aquellas etnias aspirantes a formar el suyo propio, son rocas que rompen el oleaje de la globalización. Ha habido intentos ocasionales de contrarrestar la fragmentación política del mundo, principalmente a través de áreas regionales de libre comercio como el Mercosur, pero sólo la Unión Europea ha logrado ir más allá de lo meramente económico, pero aun sin que se vean indicios claros de avance hacia una federación, ni siquiera a Estados confederados, como estaba en la mente de sus fundadores. La UE , pues, permanece como un hecho irrepetible y producto de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.


Y abundando: los Estados nacionales son lugares políticos y la política tiene una considerable fuerza internacional en una época en que todos los países, democráticos o no, y aún las teocracias, tienen que tomar en cuenta el sentir de sus ciudadanos. Esa ha sido una fuerza suficiente para ponerle un freno a la globalización neoliberal. El ideal de una sociedad global de libre mercado supone la irrestricta distribución de recursos y resultados en base a criterios de mercado. Por razones políticas, los gobiernos no pueden correr el riesgo de dejar en manos del mercado la distribución del producto nacional. Otra, la globalización requiere de un solo lenguaje –una versión globalizada del inglés pero, como lo demuestra la historia reciente en Europa y el sur de Asia, los países pagan las consecuencias si fallan al tomar en cuenta los idiomas dentro de sus territorios. Un mundo neoliberal requiere moverse libremente en la transacción de todos los factores de la producción. Sólo que no existe el libre movimiento internacional de la mano de obra, a pesar del hecho de encontrarse una enorme brecha entre los niveles de salarios de los países pobres y los ricos; millones de pobres en el mundo quieren migrar a las economías desarrolladas. ¿Y por qué no hay libertad migratoria? Porque no existe gobierno alguno en las economías desarrolladas que se atreva a pasar por alto la resistencia masiva de sus ciudadanos hacia la irrestricta inmigración, tanto en el plano económico como en el cultural. No defiendo esta situación, sólo señalo su enorme fuerza.


La política, a través de la acción del Estado, proporciona así el necesario contrapeso a la globalización económica. Sin embargo, difícilmente hoy encontramos gobiernos que rechacen las desventajas de la globalización o que pudieran suspenderla en sus territorios, si quisieran. Claramente no todos los países son iguales. Ciertamente, la proliferación de países pequeños y virtualmente débiles da gran prominencia y peso global a un puñado de países o uniones fuertes que dominan hoy en día el mundo: China e India, los Estados Unidos, la Unión Europea , Rusia, Japón y Brasil, quienes tienen alrededor de la mitad de la población mundial y casi las tres cuartas partes del PIB. La globalización económica opera a través de empresas transnacionales sin poder militar ni político, pero que funcionan en un marco determinado por sus propios países de origen, sus políticas, alianzas y rivalidades.


No obstante, los progresos y la voluntad de globalización continuarán aun si –lo que no es imposible– el ritmo para lograr el libre intercambio mundial aflojase en las próximas décadas. Esto me trae a mi tercera proposición: la creación de una economía mundial como una sola y total unidad interconectada y sin obstáculos aún está en la infancia. Así, si tomamos los bienes de exportación como si fuesen el PIB de los 56 países económicamente significativos del mundo, este alcanzó su primer punto máximo alrededor de 1913 con cerca del nueve por ciento de los PIBs conjuntos, pero entre este año y 1990, sólo hubo un crecimiento del 13,5 por ciento; ni siquiera se duplicó. El Instituto Federal Suizo de Tecnología, en Zurich, ha establecido un índice de globalización. En este índice los diez países más económicamente globalizados del mundo sólo incluyen una economía avanzada, la del Reino Unido (como el número 10). De las economías mayormente desarrolladas, Francia clasifica en el puesto 16; los Estados Unidos en el 39 un poco adelante de Alemania y Noruega; Japón ocupa el puesto 67; Turquía clasifica en 52; China en 55; Brasil, 60; Rusia, 76 y la India ocupa el lugar 105. La clasificación en globalización social se distribuye más uniformemente entre las economías occidentales. Con excepción de la mayor parte de América Latina, la globalización social (si se prefiere cultural) refleja un mayor avance que la económica.


Esto indica que el mundo continúa abierto a los choques y tensiones de la globalización. Consideremos que, mientras los pasados treinta años nos han traído las más grandes migraciones masivas, sólo el 3 por ciento de la población mundial vive fuera de su país de origen. ¿Qué tan lejos nos llevarán los todavía modestos avances de la globalización? Júzguenlo ustedes.

 



III. Si hemos de juzgar los cambios en la riqueza, el poder y la cultura en el equilibrio global, debemos, por tanto, definir lo que se entiende por equilibrio mundial, o mejor, por desequilibrio –como prevaleció el planeta en el período de 1750 a 1970. Con una sola excepción –la población– hubo un gran predominio de la región del Atlántico norte, al principio confinada a las partes más relevantes de Europa pero que en el transcurso del siglo XX se inclinó hacia las antiguas colonizaciones de emigrantes europeos a Norteamérica, específicamente los Estados Unidos. Europa y las regiones colonizadas por emigrantes europeos nunca fueron más que una minoría de la población global, digamos el veinte por ciento en 1750, y tal vez el treinta o 35 por ciento hacia 1913.

Desde entonces, ha caído hasta llegar alrededor del quince por ciento.

En cualquier otro sentido, el predominio del Atlántico norte fue absoluto. Cualesquiera que hubiesen sido las circunstancias, la economía mundial se transformó gracias a las tecnologías y al sistema capitalista occidentales. Pero aquí debe hacerse una distinción entre el original predominio europeo y la más reciente fase norteamericana. En el siglo XIX la dinámica global venía del capitalismo europeo pues los Estados Unidos eran mayormente una economía independiente: hasta el siglo XX su impacto sobre América Latina, por ejemplo, era menor comparado con el de Gran Bretaña. Los territorios del mundo estaban ocupados y divididos entre los poderes europeos occidentales del Atlántico Norte y el Imperio ruso. En términos militares la situación no era del todo desequilibrada, pero ninguna potencia que no contase con los recursos técnicos y de organización occidentales podría haberse enfrentado a otra que sí los tuviese. En lo que se refiere al campo intelectual, excepto el religioso, las ideas que cambiaron la política y la cultura en el mundo llegaron de Europa. Modernización significaba occidentalización. La ciencia y la tecnología, aunque internacionales, se originaban en Europa y sus filiales y estaban virtualmente monopolizadas por los países de la región. Igualmente por lo que hacía a la literatura, comunicación impresa, libros y periódicos.


En términos de poder económico, la globalización reforzó la situación original del norte industrializado y su desarrollo capitalista, el cual también multiplicó la distancia entre la riqueza per cápita de estos países con los del resto del mundo, dando a sus habitantes un elevado nivel de vida, seguridad social y, en general, mejores oportunidades de vida. En términos de lo que podría llamarse “capital intelectual”, el monopolio sobre la ciencia y la tecnología se mantuvo, aunque el centro de gravedad de estos campos se movió de Europa a los Estados Unidos después de concluida la Segunda Guerra Mundial. En el campo de las ideas y hasta la Revolución Iraní de 1979, las ideologías de origen europeo/norteamericano nacidas de las Revoluciones Estadounidense, Francesa y Rusa así como las de los Estados nacionales independientes y aun las del fascismo, fueron ideas casi universales e inspiraron tanto a los propios gobiernos como a los que quisieron deponerlos.


Esta fue la situación que empezó rápidamente a cambiar hacia finales del siglo XX, afectando desigualmente a diferentes partes del mundo. Las regiones importantes en el mundo del siglo XXI son hoy muy distintas en sus estructuras demográficas. En el año 2006 se estimaba que, en países con poblaciones enormes, los niños menores de quince años de edad constituían entre el treinta y el cincuenta por ciento de la población. Para ser más preciso, son cuatro las regiones de jóvenes actualmente: América Latina y el Caribe, al norte del Cono Sur; la subsahariana de África; la importante región musulmana de Oriente Medio y el Norte de África; y el sur y sudeste asiático. Es preciso distinguir claramente entre el subcontinente Indio y sudeste asiático. Dejo fuera los archipiélagos del Pacífico por no ser de gran importancia cuantitativa. Tres regiones desarrolladas o en rápido desarrollo representan a la población en proceso de envejecimiento en el mundo. Europa en el más amplio sentido, incluyendo Rusia y los otros países ex comunistas (no los musulmanes de Asia central) y Norteamérica y Australasia, todas éstas son regiones originalmente colonizadas o pobladas por blancos europeos. Existen, desde luego, diferencias significativas entre Norteamérica, la Unión Europea , los países que integraban la URSS y la Europa del este y el lejano oriente asiático: China, Corea del Sur, Japón, Hong Kong, Taiwán y Singapur.


Para efectos de este trabajo, no me interesa ahora discutir los problemas globales de la transición demográfica que, esperamos, logre estabilizarse en una población mundial de más de seis mil millones.


Es evidente que la humanidad del siglo XXI contendrá una proporción mucho menor de blancos europeos o sus descendientes, una menor proporción de asiáticos del este y una mucho más alta proporción de latinoamericanos, de subsaharianos de África, de musulmanes mediorientales y asiáticos del sur y sureste. Esto tiene una relevancia inmediata sobre la distribución de la pobreza en el globo, que claramente se concentra en las regiones de rápido crecimiento demográfico, a excepción del sureste asiático, donde el desarrollo económico ha reducido la expansión poblacional; y desde luego también, los antiguos países soviéticos. De otra parte, mientras no existan implicaciones inmediatas en la distribución de la riqueza y el poder económico, esto es irrelevante. Así, de las unidades políticas más importantes y que son centros de poder económico, sólo dos –India y Brasil– están presentes en las regiones de crecimiento demográfico; cuatro, los Estados Unidos, la Unión Europea , Rusia y China están en los regiones de estancamiento o disminución poblacional. El África subsahariana, el Medio Oriente musulmán y el sureste asiático están fuera de consideración.


La globalización y el desarrollo económico han afectado a los países de manera asimétrica. De hecho, hoy tenemos un “mundo en desarrollo” dividido en tres partes: los países de desarrollo rápido; los países cuya función principal es la de abastecer materias primas y combustibles fósiles y los países con poco interés en la economía globalizada. En el presente, el este asiático es el más exitoso ejemplo de los primeros, los de rápido desarrollo; los países del antiguo bloque soviético y la mayoría de los musulmanes de Medio Oriente pertenecen a la segunda categoría y la mayoría de los subsaharianos de África, a la tercera.


El cambio más importante que se da a partir de 1970 es la transferencia del centro de gravedad de la economía mundial, de Norteamérica y la Unión Europea hacia el Oriente extendiéndose por el sur y sureste asiáticos. A menudo se olvida que el ascenso hacia la prominencia global de la economía japonesa también ocurrió a finales del siglo XX, así pues, al término de 1968 la producción industrial de Japón alcanzaba no más de cuatro por ciento de la mundial total, por debajo de la del Reino Unido. Desde luego, es verdad que el equilibrio del poder mundial de los negocios continúa, en gran medida, en manos de los viejos países industriales. Sin embargo, la tendencia es clara por el destacado y sorprendente papel de los asiáticos.


Qué tan lejos llegarán los cambios en el equilibrio del poder económico no está claro todavía. Norteamérica y la Unión Europea , los más importantes contribuyentes al PIB mundial, perderán terreno –Estados Unidos tal vez más que la ue. Por su parte, los países del Mar de China avanzarán, pero todavía les falta mucho. A la India , todavía no se le puede juzgar, pero hay que considerarla como claro y futuro jugador importante. A América Latina, con su cercanía al ocho por ciento del PIB mundial, no se le ven trazas de algo importante; los resultados de décadas pasadas han sido más bien decepcionantes y sus prospecciones dependerán del progreso que obtengan los países del Mercosur y México mientras no sean absorbidos aún más por la economía estadounidense. El mundo musulmán del Oriente Medio, con todo y los ingresos por el petróleo y gas, contribuye poco a los cambios y –a excepción de Turquía e Irán– sus prospecciones dependen mucho de la venta de energéticos. Por su parte, los sucesores de los países comunistas, que ahora contribuyen con alrededor del cinco por ciento del PIB posiblemente mejoren algo sus resultados cuando se recuperen de los infaustos sucesos de los noventa. Además de las materias primas y el petróleo, el poder económico de la Rusia desindustrializada tiene hoy un poco más en don- de apoyarse que en los tiempos de la era soviética con todo y la poderosa industria de armamentos y la gente con elevada educación. Por otro lado, a la cada día más empobrecida África subsahariana se le ven escasas esperanzas de poder lograr desempeñar un mejor papel.


De todas las regiones, sólo una, América del Norte, se encuentra bajo el predominio de una sola economía nacional: los Estados Unidos. Cuando las reliquias de la Guerra Fría incluyendo a Rusia asumieron que el camino se despejaba, el futuro lógico lo encontraron en combinarse con Europa. En el este y sudeste asiáticos, China puede aspirar a la hegemonía económica que por breve tiempo disfrutó Japón, pero Japón permanecerá como un jugador principal, sin tampoco olvidarnos de la India. Este nuevo y dinámico centro global, por consiguiente, será el campo en la interacción de estos tres gigantes. Ni la región musulmana del Medio Oriente, ni África, potencialmente poseen fuerza hegemónica en los campos económico y político; pero en América del Sur el solo tamaño y potencial de la economía brasileña le asigna a ésta un papel central, todavía más si la economía mexicana se permite seguir atada al sistema de los Estados Unidos.

Esto no significa que estas economías hegemónicas nacionales o regionales estén en conflicto con la ya en buena parte interdependiente economía global, que les otorga a todos beneficios reales o potenciales. Y sí significa que la globalización no puede –como el neoliberalismo lo supone– ser como el fluir suave de un líquido. Existen tres agregados principales, políticos y sociales, en el líquido. Primero, el siglo XXI tiene poco que ofrecer al rico mundo del norte, excepto la erosión, tal vez la pérdida, de su vieja hegemonía que fue también la base de su poder y del extraordinariamente elevado estándar de vida en su gente. Inevitablemente este mundo del norte se resistirá a los cambios, aunque sólo los Estados Unidos –con sus aspiraciones de supremacía de mano fuerte– pueden verse tentados a complementar su resistencia con medios militares. Segundo, la ausencia de autoridades globales efectivas y de un sistema de poder internacional, han creado una situación de gran inestabilidad política y social, turbulencias y gobiernos impotentes en muchas partes del mundo, efectos que durarán todavía algún tiempo. Tercero, las tensiones y desigualdades originadas por una globalización incontrolada, están generando una significativa resistencia popular que limita el campo de acción de los gobiernos neoliberales y de regímenes democráticos. Desde luego, se generarán movimientos de disidencia y rebelión populares.

Nos encontramos en el presente ante una fase de transición, de una economía mundial dominada por el Norte a una de nuevo esquema, probablemente de orientación asiática. Hasta que estas nuevas pautas queden establecidas, es probable que pasemos por algunas décadas de violencia, turbulencias económicas, sociales y políticas, como ha ocurrido en el pasado en similares periodos de transición. No es imposible que esto nos lleve a guerras entre países, sin embargo serán menos probables que en el siglo pasado. Quizá podamos esperar una relativa estabilidad global en algunas décadas, como las posteriores a 1945. Ciertamente la humanidad no se acercará a la solución de la crisis medioambiental del mundo, crisis que la propia actividad humana continuará fortaleciendo. ¿Cuál es la participación de Latinoamérica en esta prospección global? Ésta es una cuestión que ustedes como expertos pueden encarar mucho mejor que yo, que no lo soy.

Eric Hobsbawn
Letras Libres
Tomado de http://www.ddooss.org/articulos/otros/eric_hobsbawn.htm

Publicado enInternacional
“Es el Second Life de este año”, descarga categórico en su blog académico Tom Davenport, director del área Information Technology and Management del Babson College, de Estados Unidos. Su bitácora se publica en la web de la prestigiosa Harvard Business School. El servicio online que está “enterrando” con su declaración es nada más y nada menos que Twitter.com, la nueva vedette del mundo digital que tan bien aprovechó Barack Obama en la campaña presidencial que lo consagró.

En Twitter, los usuarios pueden publicar textos de hasta 140 caracteres: ideas brillantes o banales, reflexiones express, avisos de última hora, actualizaciones de su vida personal o cuántas cucharaditas de azúcar llevaba su café esa mañana. Todo vale y cada quien tiene “seguidores” –usuarios interesados en sus tweets– y es “seguidor de”.

Davenport mira con escepticismo la cacareada “web 2.0”, esa del contenido generado por el usuario, esa que es proclamada como el futuro de Internet (y tanto, el futuro de los negocios). Su comparación con Second Life es dura, pero no caprichosa. La investigación de algunos colegas suyos (Bill Heil y Mikolaj Piskorski) de la misma institución señalan algunos problemas a futuro para Twitter, los mismos que asolaron ese mundo virtual.
Heil y Piskorski descubrieron que el 10 por ciento de los usuarios de esa red social genera el 90 por ciento de su contenido. Esta concentración es mayor que en otras redes como Facebook, donde la décima parte más activa de los usuarios ingresa el 30 por ciento del contenido.

Pese a ser una de esas redes que democratizan la comunicación, Twitter se asemeja más a un modelo de comunicación unidireccional que a una genuina relación interpares. Los números en crudo de Twitter dicen que está en franco crecimiento: en febrero de 2009 superó las siete millones de visitas. En el mismo mes de 2008 “apenas” alcanzó las 475.000.
Dos datos de color delatan el crecimiento de una web o de un modo de hacer sociales en Internet. Uno es la aparición de las estafas. En este caso, el phising, versión online del “cuento del tío”, donde cuentas falsas pretenden redireccionar a los usuarios a otras páginas para robar contraseñas y datos de cuentas bancarias.

El otro dato es el surgimiento de bromistas. En el reino de los tweets la cuenta “de Dios” tiene 6000 seguidores, pero la del Dalai Lama lo supera con 20.000. O lo superaba, hasta que la dieron de baja porque la “oficina de comunicación de Su Santidad” que supuestamente administraba la cuenta no tenía nada que ver con el líder espiritual tibetano.

Si crece tanto, ¿cuál es el problema? Otro estudio puntualiza el problema. La agencia de mediciones en Internet Nielsen Online (suerte de Ibope del mundo digital) señala que sólo el 40 por ciento de los usuarios registrados en Twitter vuelve a usar el servicio al mes de haberse inscripto. O sea: de cada diez, seis no vuelven a entrar jamás. Facebook o MySpace, del mismo rubro, retienen el doble de usuarios.

A priori, todo lo anterior no sería tan trágico. Muchos usuarios se registran en el servicio y no publican nada, sólo se limitan a seguir las entradas de amigos y famosos de turno (Oprah Winfrey, Shaquille O’Neal y Britney Spears, por ejemplo, lo idolatran). Es decir: leen, no escriben, pero están ahí listos para recibir la publicidad del sitio. Pero tampoco. ¿Cómo “tampoco”? Pues parece que Twitter, además de no poder retener usuarios, es un negocio que va a pérdida. Es difícil de creer, pero el portal publicó un clasificado en su propia web buscando un jefe de Producto para abocarlo a la generación de ingresos.

“Twitter ofrece muchas oportunidades atractivas para generar ingresos, pero por ahora las estamos excluyendo porque no queremos distraernos del trabajo más importante, que es crear un servicio atractivo y una gran experiencia de uso. Si bien nuestro modelo de negocio se encuentra en fase de investigación, gastamos más dinero del que hacemos”, reconoce lánguidamente el sitio en su página oficial.

En verdad, esto no debería sorprender a nadie. Hace algunos meses Google informaba que el principal portal de videos de la red, YouTube, que había adquirido por una cifra miles de veces millonaria, le daba una pérdida de millón y medio de dólares... al día. El dato no suele aparecer en los grandes medios, pero quienes analizan constantemente las oportunidades de negocios empezaron a confirmar ahora lo que intuyen desde hace rato: las redes sociales no son el oasis que se esperaba: cuesta mucho “monetizarlas”. Esto es: hacer dinero con ellas.
Claro que los creadores de una red social exitosa aspiran a venderla y sacar sus buenos millones con ella. Pero una vez que el portal de turno está en marcha, sus nuevos operadores no saben muy bien cómo sacarle rédito. La mayoría insume enormes costos de mantenimiento (los gigantescos servidores de YouTube, por ejemplo), y los ingresos por publicidad no justifican la inversión, o no alcanzan siquiera para cubrir los gastos. Y pocos usuarios están dispuestos a pagar por algo que reciben gratis desde hace largo rato.

Esto siempre hablando en grande. Claro que una pequeña bitácora de pocos requerimientos de sistema con unos miles de lectores bien puede brindarle a su blogger algunos atractivos ingresos mensuales, aunque no lo volverá millonario. El problema es para las grandes firmas.
Pese a estas nubes en el horizonte, las fichas parecen puestas en la web 2.0. Twitter está valuada en 250 millones de dólares (en el mercado, apenas un vuelto, vamos), pero ya rechazó una oferta de Facebook por el doble de ese monto.

En un sitio de subastas hacen apuestas sobre qué compañía la comprará. Google, que ya le compró Blogger a uno de los creadores de Twitter, aparece como el comprador más probable: paga apenas 1 a 1. Yahoo es el otro extremo: nadie cree en el antiguo rey de los buscadores y paga la friolera de 20 veces la cantidad apostada. ¿Habrá alguien apostando por un nuevo estallido de los “.com”?

Por Andrés Valenzuela



MySpace extiende los recortes de empleo a dos tercios de su plantilla internacional


El portal de Internet, propiedad del grupo NewsCorp de Murdoch, anuncia que echa el cierre en cuatro países


La red social de Internet MySpace, perteneciente al conglomerado de medios NewsCorp, dirigido por el magnate Rupert Murdoch, recortará dos tercios de su plantilla internacional, lo que afectará a unos 300 empleados, y cerrará "al menos" cuatro de sus oficinas fuera de EEUU, según ha comunicado la compañía.

Los recortes se enmarcan en el proceso de reestructuración de MySpace, que la semana pasada ya anunció que despedirá al 30% de su plantilla en EEUU, donde conservará alrededor de 1.000 trabajadores. "Bajo el plan propuesto, MySpace colocará en revisión para una posible reestructuración todas sus oficinas existentes en Argentina, Brasil, Canadá, Francia, India, Italia, México, Rusia, Suecia y España", ha explicado el consejero delegado de la compañía, Owen Van Natta.

Asimismo, MySpace ha indicado que tras completar esta reestructuración, Londres, Berlín y Sidney pasarán a ser los centros regionales primarios de la compañía en sus operaciones internacionales. "Nos estamos concentrando en Londres, Berlín y Sydney por dos simples razones. Se trata de mercados en los que tenemos muchos usuarios así como los recursos suficientes para competir de manera eficaz, y son centros comerciales internacionales de primer orden en los que una robusta presencia de MySpace puede ayudar a la compañía a desarrollar nuevas e innovadoras asociaciones", ha añadido Van Natta.

Por su parte, MySpace China y la joint venture del grupo en Japón no se verán afectadas por los planes de reestructuración. NewsCorp adquirió MySpace en el verano de 2005 por 580 millones de dólares (432 millones de euros), cuando el sitio era considerado como la principal red social en Internet, un liderazgo cuestionado actualmente por otras webs como Facebook o Twitter.

De hecho, los últimos datos de ComScore apuntan que Facebook cuenta con 307,1 millones de usuarios en todo el mundo, frente a los 126,9 millones de MySpace y por primera vez en su historia logró superar a la filial de NewsCorp en EEUU al alcanzar los 70,28 millones de usuarios, frente a los 70,26 millones de MySpace.

Tomado del El País de España
EUROPA PRESS - Los Ángeles - 23/06/2009
Publicado enInternacional
Miércoles, 01 Abril 2009 06:33

Desenroscando la información

Periodismo es transmitir amenamente información basada en hechos ocurridos o a través de inferencia de datos, acontecimientos no acaecidos. Producida por seres humanos, la información siempre tendrá el sesgo subjetivo del informador que, a su vez, debe “encajar” dentro de una línea editorial y es incontrolable un atisbo de autocensura.
 
La aparición de la Web ha impuesto cambios en el hacer periodístico y en la actitud de los lectores ahora más activos. Los estereotipos de las fuentes de información cambiaron. Antes requerían un trabajo de campo riesgoso, a veces infructuoso. Los periodistas de ayer como los de hoy escriben contenidos y organizan información amena y legible, pero al interactuar en un medio tecnológico deben dejar en manos de diagramadores la parte visual específica. El público en la Web exige implementar aspectos de software y de comunicación visual: contraste, tipografía, colores y optimización de recursos Web como navegabilidad, accesibilidad, usabilidad.
 
También el seguimiento informativo cambió: para confirmar datos era necesario consultar con especialistas. Hoy el experto sigue siendo una fuente, pero no única. Es más sencillo entender y acceder a sitios que muestran datos estadísticos importantísimos. Lo que se definía como fuentes primarias cambió, una conversación en un chat, un foro, un blog, es una fuente de primera mano o la guía para saber dónde encontrar información fiel.
 
Ahora la duda es no sólo para los periodistas, sino para los lectores: ¿A quién creer en la jungla de la información?
 
En el clima electoral en EE.UU. de 2008, Brooks Jackson, con experiencia como enviado de Associated Press, Wall Street Journal y CNN, y Kathleen Hall Jamieson, docente de Comunicación y directora de la Annenberg Public Policy Center de la Universidad de Pennsylvania, publicaron un libro aún no traducido en español titulado Unspun. Algo así como desenroscar o destapar. El subtítulo es sugestivo: encontrando los hechos en el mundo de la desinformación.
 
Este trabajo que reúne la experiencia de un periodista y el enfoque teórico de una académica fue definido como manual para orientarse en el mundo de la información, pero para otros es un panfleto. Lo “panfletístico” está en la pasión del texto, la variedad de ejemplos cotidianos y, sobre todo, en la denuncia sin piedad de las manipulaciones realizadas, ya sea por las empresas de publicidad, los políticos y hasta a los críticos del sistema como Michael Moore.
 
El trabajo tiene la organización propia de un manual: una lista de señales que nos deben alertar respecto de la fidelidad de una información, sea periodística o publicidad, indica con ejemplos un repertorio de los trucos que se usan para manipular y concluye con una lista de reglas de oro para moverse en el mundo “desinformado”.
 
Los autores aplican estas reglas en su organización Fact check, http://www.factcheck.org, donde realizan seguimientos, cruces y denuncias en forma constante.
 
Las ocho reglas para informarse correctamente son, según Jackson y Hall:
 
1. No se puede estar nunca completamente seguro de lo que se lee.
 
2. Pero se puede estar bastante seguro, si se toman los recaudos suficientes.
 
3. Busque siempre la opinión compartida por los expertos.
 
4. Controle siempre las fuentes primarias.
 
5. Aprenda qué cosa cuenta realmente y aprenda a leer los datos.
 
6. Preste atención a quien habla y por qué habla.
 
7. Ver no quiere decir siempre creer (desconfíe de las imágenes).
 
8. Realice siempre controles cruzados para valorar la credibilidad de las fuentes.
 
La regla más uno: sea escéptico, no cínico.
 
Poseer instantaneidad y diversidad de información choca con el hecho de que puede provocar el derrumbe –ya sea del trabajo del periodista o de la sincera voluntad de saber del lector– si no somos críticos y metódicos. Lo que antes era el elixir periodístico –la abundancia de fuentes de información–, ahora requiere precaución.
 
La construcción de sentido en el periodismo siempre fue discursivo. Hoy una nota podría tener congruencia simplemente enlazando “links” en Internet, con algunos párrafos o frases encadenantes, y haciendo hincapié en lo visual. Las noticias podrían interpretarse, como hicieron los antiguos astrónomos con las galaxias, a través de su forma, color y contenido y este universo es un espacio inexplorado por muchos lectores y manipulado por tantos medios.

  Por Mela Bosch y Carlos Rojas *
* Mela Bosch es lingüista y consultora en Milán. Carlos Rojas es periodista. Ambos son docentes de la Cátedra Tecnologías en Comunicación Social de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.
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Miércoles, 11 Febrero 2009 06:24

Tráfico de conocimientos en la Web 2.0

La Web 2.0 abrió una interacción diferente entre personas a través de la web pero también una nueva forma de recolectar información sobre los individuos. Cada cosa que hacemos deja su huella para ser vista y usada, agentes de software dan uso a millones de interacciones individuales que la misma Web 2.0 promueve. El resultado es para algunos una inteligencia colectiva que cumple el postulado de que numerosos juicios sencillos producen un conjunto más complejo y preciso que el que daría un solo experto.
 
Es verdad. Pero es una verdad condicionada. Los programas no sólo analizan el hecho de que una persona con ciertas características e intereses realiza una búsqueda en Google, consulta o escribe una entrada en Wikipedia, hace transacciones en eBay, crea su blog, arma su red Facebook, sino que además computan la relación de cada interacción individual con la totalidad de interacciones de otra gran masa de personas, y de esa correlación surgen parámetros que se usan para filtrar y procesar la nueva información así como la existente. Un proceso circular que genera sesgos en la información que a su vez afectan nuestras interacciones individuales.
 
Este es el condicionamiento que subyace en esta tecnología que amplió extraordinariamente la circulación de conocimientos dando a las personas una nueva libertad para producir, tener acceso y difundir los contenidos que se deseen. Junto a la libertad de expresión, paradójicamente tenemos una red de mediaciones con una enorme dosis de arbitrariedad y de manipulación: los sistemas de la Web 2.0 funcionan filtrando y confrontando las elecciones individuales con las preferencias colectivas que a su vez también han sido filtradas.
 
Para algunos se trata de una confabulación de las grandes corporaciones y para otros es una anarquía. El verdadero problema es que Internet es un gigante ciego cuyas formas de orientación se basan en reglas de comparación, deducción y jerarquización que pueden ser muy complejas, pero continúan siendo ciegas.
 
Lo básico al elaborar una propuesta o una respuesta para un usuario web es la coincidencia mecánica que genera un listado con un orden de jerarquía. Las técnicas de esta dinámica simple no son visibles y los individuos quedan en una posición vulnerable: sólo recientemente se obligó a diferenciar en los listados de respuestas de un motor de búsqueda las publicidades de los enlaces automáticos.

Los recomendados

Justamente porque las empresas en la web están en competencia permanente por ganar la atención y porque la verificación directa de la enorme masa de información no es posible a las personas individuales, el recurso de la coincidencia mecánica, aun separando los enlaces pagados de los que no lo son, no es suficiente, surgen otras formas de jerarquizar la información. Entre ellas, las recomendaciones: utilizan las elecciones realizadas por otros individuos que han hecho una propuesta o buscado una respuesta similar y se aprovechan las etiquetas (tags) que las personas asignan. Todo es analizado por filtros automáticos que se aplican sobre todas nuestras acciones. Debido a que el modo de actuar de los programas influye sobre las interacciones individuales con cálculos que generalizan las interacciones de multitudes de personas, se comprende que es un tema no sólo tecnológico sino que concierne a prácticas sociales vinculadas a la construcción del conocimiento.
 
Se comparó el impacto histórico de Internet con el de la escritura y la imprenta para la distribución del conocimiento, pero hay un aspecto en el que la web realiza una masificación –entre los privilegiados que disfrutamos de la conectividad– y es la posibilidad de gestionar en gran escala el metaconocimiento, es decir, los índices, etiquetas, símbolos, que identifican lo conocido. Es un conjunto de representaciones que en Internet toman una nueva forma gracias a los algoritmos de comparación y análisis que se aplican a esas etiquetas y que permiten nombrar y describir nuestras imágenes, textos, canciones. Estas denominaciones son a veces espontáneas (folksonomías), en otras muy elaboradas como ontologías, clasificaciones y tesauros, que individualizan y luego filtran los conocimientos, pero junto a su capacidad organizativa, resumen millones de actividades humanas registradas y analizadas por medios artificiales introduciendo condicionamientos en los juicios personales.
 
El filtrado de las previsiones sobre las preferencias individuales, basado en el comportamiento de muchos otros, se ha extendido desde la compra de libros a la elección de vacaciones y hasta parejas. Las recomendaciones se basan en usos puntuales que se suman acumulando las acciones. Este procedimiento nos orienta pues nos sugiere qué han hecho otros, pero también deja poco espacio a lo original y lo nuevo queda autísticamente aislado.
 
Aparte de los rangos y recomendaciones tenemos en la web los sistemas que se apoyan en el comportamiento. El de mayor éxito es eBay, donde luego de cada transacción tanto el vendedor como el comprador hacen una evaluación que es resumida y los usuarios se basan en ella para futuras compras o ventas. Es útil en un ambiente donde se compran cosas reales a personas o empresas que jamás se verán. Pero aparecen distorsiones: muchos vendedores venden muy barato productos gancho para ganar reputación. Entonces no son siempre lo que aparentan y aunque eBay sigue siendo el mayor y más próspero mercado electrónico, en muchos ámbitos se detecta desconfianza.
 
Todo se complica además con situaciones mixtas: se unen el listado de rangos, con recomendaciones que se transmiten de usuario a usuario, con las reputaciones que se reciben a través de puntajes de calidad, como en YouTube. Hay incluso factores éticos, pues en este manejo ciego suelen contar con peso contenidos racistas, sexistas o violentos, o subrepticias publicidades de empresas y sectores políticos. Se impone pues una gran cautela a la hora de aceptar recomendaciones y considerar reputaciones en las movedizas arenas de la web.

La cooperación y la confianza

Como contrapeso tenemos la más increíble oportunidad de cooperación en la construcción y acceso al conocimiento. Es el caso de los proyectos de contenido abierto colaborativo como Wikipedia. El filtrado aquí está en manos de personas. Cualquiera puede editar en Wikipedia y es su mayor fuerza a la vez que debilidad, aunque hasta ahora la inteligencia cooperativa está dando sus frutos. El único inconveniente es que hay demasiadas traducciones de artículos del inglés, aunque el castellano crece y es muy traducido. Pero no hay formas de estimular las lenguas locales o minoritarias pues lo que producen no es pasado al inglés o español.
 
También se piensa introducir aquí reputaciones y recomendaciones automáticas, ojalá no se transformen en una réplica de los sistemas no cooperativos. Una idea es la de la Universidad de Santa Clara en California, se llama Wikitrust. En Wikipedia cuando un artículo no es leído, o es criticado, va cayendo en desuso y se borra. Este sistema de confianza hace que cuando un autor realiza una contribución y se mantiene en sucesivas ediciones, ese autor gana reputación, pero cuando su contribución es reeditada y corregida pierde reputación. Pero muchas veces cuando algo se edita y corrige en forma cooperativa es justamente porque es bueno y polémico, así se castigarían los artículos motivadores. Para evitarlo se asignan valores de confianza no sólo al artículo, sino a las palabras que permanecen después de las reediciones. La confianza en una palabra es proporcional a la reputación del autor, cuando diferentes autores hacen modificaciones, las palabras no modificadas ganan confianza, ya que se considera que quienes colaboran cuando no corrigen una palabra es porque están de acuerdo con ella. Esto es discutible, pues al modificar hay aspectos de estilo que afectan el análisis automático. Wikipedia es una de las más ricas experiencias de la web, que los autores sean casi anónimos es una de sus fortalezas, esperemos que las mediciones no alteren esto dando lugar a competencias individualistas.
 
Otro exitoso espacio de colaboración se basa en la revisión de las comunidades de programas Open Source. Aquí el control es manual, el código se puede corregir o borrar según criterios personales o compartidos. Es un conocimiento colectivo que se apoya en esfuerzos individuales en una tarea común con normas de cooperación explícitas que marcó un punto de no retorno en la producción de software en el mundo.
 
En síntesis, la circulación de conocimiento en la web tiene diferentes vías que direccionan, filtran y limitan los flujos: los rangos, las recomendaciones, las reputaciones, la cooperación, las revisiones, cada una de ellas tiene sus propias señales de tráfico que es útil tener presente pues orientan, pero también condicionan nuestro viaje ciberespacial.
 
Por Por Mela Bosch *
Desde Milán, Italia
* Consultora lingüística y en documentación. Docente on line de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.
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Miércoles, 04 Febrero 2009 10:18

El espesor de la comunicación

¿Por qué leemos o dejamos de leer un diario? ¿Por qué miramos o dejamos de mirar un noticiero de televisión? Años atrás los autores de las teorías clásicas de la comunicación responderían a estas preguntas en términos de confiabilidad, información objetiva, mayor cobertura de la noticia, etc., y relacionarían la posibilidad de que alguien otorgue veracidad a un mensaje a ciertas características específicas de esos destinatarios y a formatos más o menos adecuados a su perfil.

En el transcurso, ¡cuánto! Pero pretendo aquí concentrar la mirada en un aspecto básicamente habilitador y es que nos dimos cuenta de la fluidez del mundo. Desde que los físicos nos demostraron que la partícula es aporética (a la vez onda y corpúsculo), sabemos que toda sustancia es fluctuante. Es decir que el elemento constitutivo de cualquier sistema puede también ser visto como evento. Intento hacer un aporte en esta dirección con mis desarrollos en comunicación estratégica. Se trata de repensar las formas de pensamiento y de acción comunicacional tradicionales desde una perspectiva abierta a la complejidad. Me gusta hacerla crecer a partir de algunas coordenadas mínimas para abordar a la comunicación: que no la piense con un único centro; que no la piense estática, que no la piense descartando la riqueza de su espesor como proceso sociocultural cognitivo. Definido que el conocimiento no se puede separar del hombre, necesitaríamos repensar también el lugar de los medios masivos, en tanto y en cuanto está claro que no se trata ya de una tarea centrada principalmente en lo que se dice, como una narración objetiva acerca de la realidad. ¿Será que deberemos asumir que el lugar del medio en nuestra época no es sólo –ni es principalmente– el de informar, hacer agenda, persuadir, alienar y otras perversidades aledañas? No es fácil el planteo en tanto es cierto que el estilo dominante –especialmente en televisión– se asemeja a un parte de guerra macabramente engolosinado en informar muertos y destruidos del bando contrario cada jornada. Pero señalo que a la par también cada vez hay más gente que sintoniza radios FM “porque sólo hay música”. Para empeorar este aflictivo panorama cada vez más seguido escucho: “Ya no soporto ver noticieros de televisión, inmediatamente cambio de canal”. Pregunto: ¿cuál es el gesto que nos repugna al punto de hacer mover nuestro pulgar en busca de otra sintonía? Cuando alguien apaga el aparato porque “no puede ver” a quien habla hay una conexión especial que le habilita a ese movimiento. Es una sensación que al menos reconoce/recupera su contacto con otras sensaciones que cada quien ha ido acumulando a lo largo de su vida y que genera en cada uno de nosotros una habilitación básica. No suele ser una representación, como un algo que se desprenda de “lo que se dice”, sino un registro del lenguaje que se ubica en otra dimensión. Mi vecino lo expresa con frases del tipo: “Se me pone la piel de gallina cuando lo oigo”. Y es que hay algo en un orador sincero que lo conecta inmediatamente con su público. Hay, entonces, un componente de emoción que deberemos comenzar a reconocer y a no dejar fuera de la cuestión. Un registro distinto de este asunto que no hemos explorado suficientemente. Estamos acostumbrados a operar una sola dimensión de este fenómeno que es la informativa, pero hay muchas otras. Por ejemplo, la ideológica, la interaccional, la sociocultural. Es posible abordarlas desde las perspectivas de comunicación estratégica a partir del análisis y prescripción de marcas de racionalidad comunicacional. Implica ante todo un gran esfuerzo por salirnos del corset de los mensajes para abordar el espesor de la comunicación. Operar con estas herramientas nos permite trabajar desde lo fluido: ese especial tipo de orden de lo que está siempre cambiando. Colijo que de este y de otros desafíos necesitamos hacernos cargo para pensar la complejidad del fenómeno comunicacional. Creo que es al menos parte de lo que nos falta consolidar, desplegar, echar a andar para repensar a los medios en el contexto actual.

 Por Sandra Massoni. Doctora en Ciencias Sociales. Posgrado en Comunicación Ambiental. Universidad Nacional de Rosario.
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Viernes, 02 Enero 2009 16:02

Faltan normas éticas para robots

Los robots no están por llegar: ya están aquí, pero, en vez de dominar a la humanidad con su lógica y su fuerza superiores, amenazan con crear una subclase de personas aisladas del contacto humano.
 
Es necesario supervisar y controlar mediante normas éticas el creciente número de robots en casa, para restringir su uso en escenarios delicados, como el cuidado de bebés, la atención a ancianos y la guerra, advierte un destacado científico.
Se estima que las ventas de robots para servicio profesional y personal en todo el planeta han llegado a 5.5 millones de unidades este año, y se prevé que alcancen más del doble –11.5 millones– hacia 2011. Algunos ayudan a profesionistas ocupados a entretener a los niños; otros alimentan y bañan a ancianos y discapacitados. Sin embargo, hay poco o ningún control sobre su uso.
 
El profesor Noel Sharkey, experto en inteligencia artificial de la Universidad de Sheffield, Inglaterra, advierte que los robots actúan en situaciones potencialmente delicadas que podrían conducir al aislamiento y la falta de contacto humano, debido a la tendencia a dejarlos solos con las personas a su cargo durante periodos prolongados.
 
“Necesitamos trazar normas para poner límite al contacto con robots –afirma. Algunos robots diseñados para cuidar niños son ahora tan seguros que los padres pueden dejar a sus hijos con ellos durante horas, o incluso días.”
 
Más de una docena de compañías con sede en Japón y Sudcorea fabrican robots de “compañía” y cuidado de niños. Por ejemplo, NEC ha probado en infantes su bonito robot personal PaPeRo, que vive en la casa con la familia, reconoce los rostros, puede imitar la conducta humana y ser programado para contar chistes mientras explora la casa. Muchos robots están diseñados como juguetes, pero pueden asumir papeles de cuidado de los menores vigilando sus movimientos y comunicándose con un adulto ubicado en otra habitación, o incluso en otro edificio, mediante una conexión inalámbrica de computadora o teléfono móvil.
 
“La investigación sobre robots de servicio ha mostrado que los niños se relacionan estrechamente con ellos y les cobran apego; en la mayoría de los casos prefieren un robot a un osito de peluche –comentó el profesor Sharkey. La exposición por periodos breves puede brindar una experiencia amena y entretenida, que despierta interés y curiosidad. Sin embargo, por la seguridad física que proporcionan los robots cuidadores, se puede dejar a los niños sin contacto humano durante muchas horas al día o tal vez durante varios días, y no se conoce el posible impacto sicológico de los diversos grados de aislamiento social sobre el desarrollo.”
 
Para cuidar de los ancianos se desarrollan robots menos juguetones. Secom fabrica una computadora llamada My spoon (Mi cuchara), que ayuda a discapacitados a tomar alimentos de una mesa. Sanyo ha construido una bañera robot eléctrica que lava y talla automáticamente a una persona que padece discapacidad motriz.
“En el otro extremo del espectro de edades, el incremento de los ancianos en muchos países ha disparado el desarrollo de robots para cuidarlos”, apunta Sharkey. “Estos robots ayudan a los ancianos a ser independientes en sus casas, pero su presencia conlleva el riesgo de dejarlos bajo el cuidado exclusivo de las máquinas, sin contacto humano suficiente. Los ancianos necesitan este contacto, que sólo pueden ofrecerles los cuidadores humanos y las personas que realizan tareas cotidianas para ellos.”
 
En la revista Science, Sharkey hace un llamado a adoptar normas éticas para cubrir todos los aspectos de la tecnología robótica, no sólo en el hogar y en el lugar de trabajo, sino también en el campo de batalla, donde se despliegan robots letales como los aviones no tripulados Predator, armados de misiles, que se usaron en Irak y Afganistán. El proyecto estadunidense Sistemas Futuros de Combate apunta a utilizar robots como “multiplicadores de fuerza”, con los cuales un solo soldado podría lanzar ataques terrestres y aéreos en gran escala con un ejército de androides. “Los robots de cuidado y de guerra representan sólo dos de muchas áreas problemáticas desde el punto de vista ético que pronto surgirán por el rápido incremento y la creciente diversidad de las aplicaciones robóticas”, advierte el profesor Sharkey. “Científicos e ingenieros que trabajan en robótica deben tener en cuenta los peligros potenciales de su trabajo, y se requiere un debate público internacional para adoptar políticas y normas destinadas a la aplicación ética y segura.”
 
El llamado a controlar los robots se remonta a la década de 1940, cuando el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov trazó sus famosas tres leyes de la robótica. La primera ordenaba que los robots no debían dañar a las personas; la segunda, que debían obedecer el mando humano, siempre y cuando no quebrantaran la primera ley, y la tercera, que debían evitar dañarse a sí mismos en tanto ello no entrara en conflicto con las otras dos leyes.
 
Asimov escribió una colección de cuentos llamada Yo, Robot, que abordaba el tema de las máquinas y la moral. Quería contrarrestar la larga historia de recuentos ficticios sobre autómatas peligrosos –desde el Golem judío hasta el Frankenstein de Mary Shelley– y creó sus tres leyes como recurso literario para explotar las cuestiones éticas que surgen de la interacción humana con seres inteligentes no humanos. Sin embargo, las predicciones de finales del siglo XX relativas al ascenso de máquinas investidas de una inteligencia artificial superior no se han cumplido, si bien los científicos de la robótica han dotado a sus protegidos mecánicos de rasgos casi inteligentes, como el reconocimiento del habla simple, la expresión emocional y el reconocimiento de rostros.
 
El profesor Sharkey cree que es necesario controlar incluso a los robots tontos. “No sugiero, como Asimov, poner reglas éticas a los robots, sino sólo tener lineamientos sobre la forma de utilizarlos. Los actuales ni siquiera alcanzan el adjetivo de tontos. Si creyera que son superiores en inteligencia, no tendría estas preocupaciones. Son máquinas bobas, no mucho más brillantes que la lavadora promedio, y ése es el problema.”

Steve Connor (The Independent)
Traducción: Jorge Anaya
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