John Bellamy Foster

ENTREVISTA A JOHN BELLAMY FOSTER

 

John Bellamy Foster (Seattle, 1953) me escribe antes de salir de Eugene, en Oregón: “Tuvimos que evacuar y tenemos un largo camino por delante. Pero intentaré enviarte la entrevista por la mañana”. Los incendios masivos en la costa oeste de Estados Unidos habían disparado el índice de calidad del aire (ICA) hasta valores de 450, sobre un máximo de 500; situación extremadamente peligrosa para la salud. 40.000 personas habían dejado sus casas y otro medio millón esperaba para huir si la amenaza crecía. “Así es el mundo del cambio climático”, sentencia Foster. Profesor de sociología en la Universidad de Oregón y editor de la emblemática revista Monthly Review, hace veinte años revolucionó el ecosocialismo marxista con La ecología de Marx 1/Su libro, junto a Marx and Nature de Paul Burkett, abrió el marxismo a una segunda ola de crítica ecosocialista que enfrentó todo tipo de paradigmas enquistados sobre el propio Marx, para elaborar un método y un programa que impactaron con fuerza en todo el panorama ecologista, como continúan haciéndolo hoy.

El gran desarrollo del ecologismo marxista en años recientes –que ha puesto de manifiesto cómo, a pesar de escribir en el siglo XIX, Marx resulta fundamental para reflexionar sobre la degradación ecológica– es en parte producto de aquel cambio protagonizado por Foster y otros autores vinculados a Monthly Review. Su corriente, que vino a denominarse la escuela de la fractura metabólica, por la noción central que Foster rescató del tomo 3 de El Capital, ha desarrollado todo tipo de líneas de investigación ecológico-materialistas en las ciencias sociales y naturales: desde el imperialismo o el estudio de la explotación de los océanos a la segregación social o la epidemiología (sobre este tema, véase Grandes granjas, grandes gripes, de Rob Wallace, de próxima publicación en castellano).

Lamentablemente, la extensa y muy destacada contribución de Foster y su corriente aún no ha sido lo suficientemente traducida a nuestro idioma. Obras tan importantes para explorar cuestiones centrales al ecosocialismo como, por poner solo dos ejemplos, The Ecological Rift (2010) o The Robbery of Nature (2020) –el primero de Foster, Brett Clark y Richard York; el segundo de Foster y Clark–, aún esperan su oportunidad para ser mejor descubiertas en nuestro contexto. Con motivo de la publicación de su último libro, The Return of Nature, una genealogía monumental de grandes pensadores ecosocialistas que le ha llevado veinte años completar, Foster nos habla del camino que recorrieron estos, desde la muerte de Marx hasta la eclosión del ecologismo en los 60 y 70, así como de la relación de su nuevo libro con La ecología de Marx y con los debates más destacados del ecologismo marxista actual. Sus reflexiones sirven así para repensar el significado de este legado ante la necesidad urgente de un proyecto que trascienda las condiciones que amenazan hoy la existencia en el planeta.

Alejandro Pedregal: En La ecología de Marx rebatiste algunas conjeturas sobre la relación entre Marx y la ecología muy establecidas, tanto dentro como fuera del marxismo, como que el pensamiento ecológico era algo marginal en Marx; que sus pocas ideas ecológicas se encontraban en su obra temprana; que mantenía puntos de vista prometeicos sobre el progreso; que veía en la tecnología y el desarrollo de las fuerzas productivas la solución a las contradicciones de la sociedad con la naturaleza, y que no mostró un interés científico genuino por los efectos de las intervenciones antropogénicas sobre el medio ambiente. Tu trabajo, junto a otros, refutó estos supuestos y modificó muchos paradigmas asociados a ellos. ¿Crees que estas ideas persisten en los debates actuales?

John Bellamy Foster: En los círculos socialistas y ecológicos de habla inglesa, y creo que en la mayor parte del mundo, estas primeras críticas a Marx sobre ecología están hoy refutadas. Están completamente contradichas por la muy poderosa crítica ecológica del propio Marx, que ha sido fundamental para el desarrollo del ecosocialismo y, cada vez más, para todo enfoque científico-social sobre las rupturas ecológicas generadas por el capitalismo. Esto es particularmente evidente en la influencia creciente y generalizada de la teoría de la fractura metabólica de Marx, cuya comprensión sigue expandiéndose, y que se ha aplicado a casi todos nuestros problemas ecológicos actuales. Fuera del mundo de habla inglesa, uno todavía encuentra ocasionalmente algunos de esos conceptos erróneos porque las obras más importantes hasta ahora han sido en inglés y gran parte de ellas aún no se ha traducido. Pero creo que podemos tratar esas críticas anteriores casi universalmente como inválidas, no solo por mi trabajo, sino también por el de Paul Burkett en Marx and Nature, Kohei Saito en Karl Marx’s Ecosocialism 2/y muchos otros. Casi nadie es tan simplista hoy para ver a Marx como un pensador prometeico, que promovía la industrialización por encima de todo. Existe una comprensión generalizada de cómo la ciencia y la concepción materialista de la naturaleza entraron en su pensamiento, reforzada por la publicación de algunos de sus cuadernos de extractos científicos y ecológicos en el proyecto Marx-Engels Gesamtausgabe (MEGA). Por tanto, no creo que la opinión de que el análisis ecológico de Marx sea algo marginal tenga mucha credibilidad, y esa idea está retrocediendo en todo el mundo (mientras el marxismo ecológico es cada vez más relevante). La única forma en que pudiera verse así sería adoptando una definición extremadamente estrecha y contraproducente de la ecología. Además, en ciencia a menudo son las percepciones más marginales de un pensador las que resultan más revolucionarias y avanzadas.

¿Por qué tantos autores estaban convencidos de que Marx ignoró la ecología? Creo que la respuesta más directa es que la mayoría de socialistas simplemente hicieron la vista gorda al análisis ecológico en Marx. Todo el mundo leía las mismas cosas de forma prescrita, saltándose lo que entonces se consideraba secundario. Otros problemas se debían a la traducción. En la traducción inglesa de El Capital, el uso Stoffwechsel o metabolismo por Marx se tradujo como intercambio material, lo que obstaculizaba más que ayudaba a su comprensión. Pero también había razones más profundas, que pasaban por alto lo que Marx entendía por el propio materialismo, y que abarcaba no solo la concepción materialista de la historia, sino también la concepción materialista de la naturaleza.

Lo importante de la crítica ecológica de Marx es que está unida a su crítica político-económica del capitalismo; de hecho, una no tiene sentido sin la otra. La crítica del valor de cambio bajo el capitalismo no tiene sentido fuera del valor de uso, relacionada con las condiciones naturales y materiales. La concepción materialista de la historia no tiene sentido al margen de la concepción materialista de la naturaleza. La alienación del trabajo no puede entenderse sin la alienación de la naturaleza. La explotación de la naturaleza se basa en la expropiación por parte del capital de los obsequios gratuitos de la naturaleza. La propia definición de Marx de los seres humanos como seres automediadores de la naturaleza, como explicó István Mészáros en La teoría de la alienación en Marx, se basa en una concepción del proceso de trabajo como metabolismo entre seres humanos y naturaleza. La ciencia como medio para mejorar la explotación del trabajo no puede separarse de la ciencia como dominio de la naturaleza. La noción de metabolismo social de Marx no puede separarse de la cuestión de la fractura metabólica. Y así sucesivamente. En Marx estas cosas no estaban separadas unas de otras, sino que fueron los pensadores de izquierda posteriores, que generalmente ignoraron las cuestiones ecológicas, o que emplearon perspectivas idealistas, mecanicistas o dualistas, quienes lo hicieron, y así despojaron a la crítica de la economía política de su base material real.

  1. P.: A propósito del prometeísmo, en tu obra mostraste cómo las reflexiones de Marx sobre Prometeo debían leerse en relación con su propia investigación académica sobre Epicuro (y con Lucrecio) y repensarse vinculadas al conocimiento secular de la Ilustración, más que como defensa ciega del progreso. No obstante, el uso dominante del término prometeico sigue siendo muy común, también en la literatura marxista, lo que da pie a que ciertas tendencias aceleracionistas y tecno-fetichistas reivindiquen a Marx. ¿Debería disputarse esta noción de forma más efectiva, al menos en relación con Marx y su materialismo?
  2. B. F.:Este es un tema muy complejo. Marx elogiaba a Prometeo y admiraba el Prometeo encadenadode Esquilo, que releía con frecuencia. En su tesis doctoral comparó Epicuro con Prometeo, y el propio Marx fue caricaturizado como Prometeo por la supresión de la Rheinische Zeitung [Gaceta Renana]; imagen que aparece en el volumen 1 de las Obras completas de Marx y Engels. Por tanto, fue común que algunos críticos, dentro y fuera del marxismo, caracterizaran a Marx como prometeico, en particular para sugerir que veía al productivismo extremo como el objetivo principal de la sociedad. Al no tener prueba de que Marx antepusiera la industrialización a las relaciones sociales (y ecológicas), sus críticos emplearon el término prometeico para exponer su punto de vista sin evidencia alguna, aprovechando esta asociación común.

Sin embargo, esto era una gran distorsión. En el mito griego, el titán Prometeo desafió a Zeus al entregar el fuego a la humanidad. El fuego, por supuesto, tiene dos cualidades: una es la luz y la otra es la energía o el poder. En la interpretación del mito en Lucrecio, Epicuro era tratado como el portador de la luz o el conocimiento en el sentido de Prometeo, y fue de esta idea que Voltaire tomó la noción de Ilustración3/. Es en este mismo sentido que Marx elogió a Epicuro como Prometeo, celebrándolo como la figura ilustrada de la antigüedad. Además, las referencias de Marx al Prometeo encadenado siempre enfatizaron al protagonista como revolucionario, en desafío a los dioses olímpicos.

Obviamente, durante la Ilustración Prometeo no se veía como un mito de la energía o la producción. Walt Sheasby, con quien trabajé al comienzo de Capitalism, Nature, Socialism mientras yo editaba Organization and Environment, escribió un artículo extraordinario para esta revista en 1999, demostrando que hasta el siglo XIX la noción prometeica era utilizada principalmente en ese sentido ilustrado. No estoy seguro cuándo cambió el uso, pero con Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley y Filosofía de la miseria de Proudhon, lo prometeico pasó a simbolizar la revolución industrial, viéndose a Prometeo como sinónimo de energía mecánica. Es interesante que Marx desafiara el prometeísmo mecanicista de Proudhon, atacando todas esas nociones en Miseria de la filosofía. Pero el mito de Prometeo se reificó como historia de industrialización, algo que los antiguos griegos nunca podrían haber imaginado, y la identificación de Marx con Prometeo se convirtió, por tanto, en una forma de criticarle por motivos ecológicos. Curiosamente, en Leszek Kolakowski, Anthony Giddens, Ted Benton y Joel Kovel esa acusación fue dirigida exclusivamente contra Marx y no contra ningún otro pensador, lo que apunta al carácter ideológico de tal acusación.

Lo más próximo a que Marx fuera prometeico (como glorificación de la industrialización) sería su panegírico a la burguesía en la primera parte del Manifiesto comunista, pero aquello era solo un preludio de su crítica a la propia burguesía, y páginas más adelante introducía todas las contradicciones del orden burgués: el aprendiz de brujo, las condiciones ecológicas (ciudad y campo), los ciclos económicos y, por supuesto, el proletariado como sepulturero del capitalismo. No hay ningún sitio donde promueva la industrialización como objetivo en sí mismo en oposición al desarrollo humano libre y sostenible. Explicar todo esto, sin embargo, lleva tiempo y, aunque he mencionado todos estos puntos en varias ocasiones, por lo general es suficiente con mostrar que Marx no fue en absoluto un pensador prometeico, si nos referimos a la adoración a la industria, la tecnología y al productivismo, o a la creencia en un enfoque mecanicista del medio ambiente.

  1. P.:Veinte años después de La ecología de Marx, el abundante trabajo de la escuela de la fractura metabólica ha transformado los debates sobre marxismo y ecología. ¿Cuáles son las continuidades y los cambios entre aquel contexto y el actual?
  2. B. F.:Hay diferentes líneas de debate. En parte se debe a la gran cantidad de investigación sobre la fractura metabólica como forma de entender la actual crisis ecológica planetaria, y a cómo construir un movimiento ecosocialista revolucionario en respuesta a ella. Básicamente, lo que ha cambiado es el espectacular auge de la propia ecología marxista, que ilumina tantas áreas diferentes, no solo en las ciencias sociales, sino también en las naturales. Por ejemplo, Mauricio Betancourt acaba de publicar un maravilloso estudio, “The Effect of Cuban Agroecology in Mitigating the Metabolic Rift”. Stefano Longo, Rebecca Clausen y Brett Clark aplicaron el método de Marx a la fractura oceánica en The Tragedy of the Commodity. Hannah Holleman lo utilizó para explorar los efectos dust bowls 4/pasados y presentes en Dust Bowls of Empire. Un número considerable de trabajos han utilizado la fractura metabólica para comprender el problema del cambio climático, incluido nuestro The Ecological Rift, que escribí con Brett Clark y Richard York, y Facing the Anthropocene de Ian Angus. Estas obras, junto a otras de Andreas Malm, Eamonn Slater, Del Weston, Michael Friedman, Brian Napoletano y un número creciente de académicos y activistas, pueden verse desde esta perspectiva. Una organización importante en esa línea es la Global Ecosocialist Network, donde John Molyneux tiene un papel destacado, junto a System Change, Not Climate Change! en EE UU. El trabajo de Naomi Klein se ha basado en el concepto de fractura metabólica, y también ha jugado un papel en el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) en Brasil y en los debates sobre la civilización ecológica en China.

Otra línea ha explorado las relaciones entre la ecología marxista, la teoría de la reproducción social feminista marxista y los nuevos análisis del capitalismo racial. Estas tres perspectivas se han basado en el concepto de expropiación de Marx como parte integral de su crítica, yendo más allá de la explotación. Estas conexiones nos motivaron a Brett Clark y a mí a escribir nuestro The Robbery of Nature, sobre la relación entre el robo y la fractura; es decir, la expropiación de la tierra, los valores de uso y los cuerpos humanos, y su relación con la fractura metabólica. Un área importante es el ámbito del imperialismo ecológico y el intercambio ecológico desigual en el que he trabajado con Brett Clark y Hannah Holleman.

Han surgido algunas críticas nuevas, dirigidas a la teoría de la fractura metabólica, planteando que es más dualista que dialéctica. Esto es algo erróneo, porque para Marx el metabolismo social entre la humanidad y la naturaleza (extrahumana), a través del proceso de trabajo y producción, es por definición la mediación de naturaleza y sociedad. En el caso del capitalismo, esto se manifiesta como una mediación alienada en forma de fractura metabólica. Este enfoque, centrado en el trabajo/metabolismo como mediación dialéctica de la totalidad, no podría ser más opuesto al dualismo. Otros han dicho que si el marxismo clásico hubiera abordado las cuestiones ecológicas, habría aparecido en análisis socialistas posteriores a Marx, pero no lo hizo. Esa posición también está equivocada. De hecho, eso es lo que abordo en The Return of Nature, con la intención expresa de explorar la dialéctica entre continuidad y cambio en la ecología socialista y materialista durante el siglo posterior a las muertes de Darwin y Marx, en 1882 y 1883 respectivamente.

  1. P.:Efectivamente, en La ecología de Marxte centrabas en el desarrollo del materialismo de Marx en correlación con el de la teoría de la evolución de Darwin y Alfred Russell Wallace, para terminar con la muerte de los dos primeros. Ahora partes de este punto para hacer una genealogía intelectual de pensadores ecosocialistas fundamentales, hasta la aparición del movimiento ecologista en los años 60 y 70. Durante mucho tiempo, algunas de estas historias no recibieron suficiente atención. ¿Por qué llevó tanto tiempo recuperarlas? ¿Cómo nos ayuda el redescubrimiento de estos vínculos a comprender de forma diferente el surgimiento del movimiento ecologista?
  2. B. F.:The Return of Nature es una continuación del método de La ecología de Marx. Esto se puede ver al comparar el epílogo del libro anterior con el argumento del último. La ecología de Marx, aparte de su epílogo, termina con la muerte de Darwin y Marx. The Return of Naturecomienza con sus funerales y con la única persona que estuvo presente en ambos: E. Ray Lankester, el gran zoólogo británico, protegido de Darwin y Thomas Huxley y amigo cercano de Marx. No se centra solo en el desarrollo de ideas marxistas, sino en los socialistas y materialistas que desarrollaron lo que hoy llamamos ecología como una forma crítica de análisis. Y podemos ver cómo estas ideas se transmitieron de una manera genealógico-histórica.

Como toda historiografía marxista, esta es una historia de orígenes y de la dialéctica entre continuidad y cambio. Presenta una genealogía en gran parte ininterrumpida, aunque de forma compleja, desde Darwin y Marx hasta la explosión de la ecología en los años 60. Parte de mi argumento es que la tradición socialista en Gran Bretaña, desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, fue crucial en eso. No solo fue este el principal período de desarrollo del socialismo británico, sino que el trabajo más creativo en las ciencias fue producto de una especie de síntesis de Darwin y Marx a lo largo de las líneas ecológico-evolutivas. Los científicos marxistas británicos estaban estrechamente relacionados con los pensadores marxistas revolucionarios de la fase temprana y más dinámica de la ecología soviética, pero a diferencia de estos, los británicos sobrevivieron y desarrollaron sus ideas, marcando el comienzo de perspectivas socioecológicas y científicas fundamentalmente nuevas.

Desde el principio, una crítica común a La ecología de Marx fue que incluso si Marx hubiera desarrollado una poderosa crítica ecológica, esta no se había completado en el pensamiento socialista posterior. Había dos respuestas a esto. La primera estaba en la afirmación de Rosa Luxemburg de que la ciencia de Marx había ido mucho más allá del movimiento inmediato y los problemas de la época, por lo que, a medida que surgieran nuevos desafíos, se encontrarían nuevas respuestas en su legado científico. Y es cierto que la percepción de Marx de la crisis ecológica del capitalismo, basada en las tendencias de su tiempo, estaba muy por delante de su desarrollo histórico; lo que hace a su análisis aún más valioso, no menos. Pero la otra respuesta era que la presunción de que no hubo un análisis ecológico socialista era falsa: de hecho, la ecología, como campo crítico, fue en gran parte creación de los socialistas. Ya había intentado explicar esto en el epílogo de La ecología de Marx, pero se necesitaba mucho más. El desafío estaba en destapar la historia de la ecología socialista y materialista en el siglo posterior a Marx. Pero esta era una empresa enorme, ya que no había literatura secundaria, excepto, en cierto sentido, el maravilloso Marxism and the Philosophy of Science de Helena Sheehan.

Comencé la investigación para The Return of Nature en el año 2000, cuando se publicó La ecología de Marx. La idea siempre fue explorar más a fondo las cuestiones del epílogo, centrándome en el contexto británico. Pero cuando comencé este trabajo, asumí el cargo de coeditor (y, con el tiempo, editor único) de Monthly Review, y eso naturalmente me devolvió a la economía política, que gobernó mi trabajo durante años. Además, cuando escribí sobre ecología en estos años tuve que lidiar ante todo con la crisis que venía, así que solo pude trabajar en un proyecto tan intensivo cuando la presión era baja, durante breves vacaciones en la docencia, por ejemplo. El trabajo avanzó lentamente. Nunca lo hubiera terminado sin el estímulo de algunos amigos (particularmente John Mage), y por el hecho de que el problema ecológico creció tanto que para Monthly Review la crítica ecológica acabó siendo tan importante como la de la economía política, lo que hacía más necesario que nunca un sistemático enfoque histórico.

Sin embargo, la razón principal por la que el libro tardó tanto fue porque estas historias no se conocían y requerían una enorme investigación archivística y cantidad de fuentes desconocidas; obras que nadie había leído desde hacía más de medio siglo. El papel de J. B. S. Haldane, Joseph Needham, J. D. Bernal, Hyman Levy y Lancelot Hogben en el desarrollo del pensamiento ecológico, a pesar de la relevancia que alcanzaron en su día, fue ignorado después; en parte debido a las luchas intestinas dentro del propio marxismo. También fueron olvidados los grandes clasicistas de izquierda como Benjamin Farrington, George Thomson y Jack Lindsay. Así, captar el vasto alcance de los análisis, colocados en el contexto histórico adecuado, tomó tiempo. Pero los vínculos históricos definitivamente estaban ahí. La historia lleva al final a Barry Commoner y Rachel Carson, y también a Stephen Jay Gould, Richard Levins y Richard Lewontin, Steven y Hilary Rose, Lindsay y E. P. Thompson, que se convirtió en el principal activista antinuclear de Gran Bretaña. La respuesta más sucinta a cómo esta historia puede ayudarnos en las luchas de hoy, quizás la encontremos en Quentin Skinner, a quien cito, que dijo que el único propósito de tales historias es demostrar “cómo nuestra sociedad impone limitaciones a nuestra imaginación”, y que “todos somos marxistas en este sentido”.

  1. P.:La ecología de Marxmencionaba cómo tu propia interiorización del legado de György Lukács (y Antonio Gramsci) te había impedido utilizar el método dialéctico para el ámbito de la naturaleza. Señalabas cómo esta debilidad común al marxismo occidental en parte había abandonado el campo de la naturaleza y la filosofía de la ciencia al dominio de variantes positivistas y mecanicistas. Sin embargo, The Return of Nature comienza precisamente cuestionando algunos supuestos sobre Lukács, centrales para el alejamiento del marxismo occidental de la dialéctica de la naturaleza. ¿Qué condiciones retrasaron tanto los hallazgos de esta importancia? ¿Cuáles fueron los principales efectos que estas conjeturas tuvieron en el marxismo, particularmente en relación con la ecología?
  2. B. F.:Quizás pueda explicar esto a través de mi propio desarrollo intelectual. Cuando era estudiante, estudié extensamente a Kant, Hegel, Schopenhauer, Marx, Engels, Lenin y Weber, así como a Marcuse, Mészáros, Ernst Cassier, H. Stuart Hughes y Arnold Hauser. Así, cuando llegué al posgrado, tenía una buena idea general de los límites entre kantismo y neokantismo, o hegelianismo y marxismo. Me sorprendió descubrir, en cursos sobre teoría crítica, que la primera proposición que se enseñaba era que la dialéctica no se aplicaba a la naturaleza, de acuerdo principalmente a una nota al pie en Historia y conciencia de clasede Lukács, donde criticaba a Engels por la dialéctica de la naturaleza. Solo rechazando esta, se argumentaba, podría definirse la dialéctica en términos del sujeto-objeto idéntico del proceso histórico. Por supuesto, el propio Lukács, como señalaría más tarde, nunca abandonó totalmente la idea de dialéctica meramente objetiva o dialéctica de la naturaleza, a la que se había referido en otra parte de Historia y conciencia de clase. De hecho, en su prefacio al libro de 1967, Lukács, siguiendo a Marx, insistió en una mediación dialéctica, como metabolismo, entre naturaleza y sociedad por medio del trabajo; en ese sentido, en una dialéctica de la concepción de naturaleza. El mismo argumento aparecía en Conversaciones con Lukács.

Fue así como interioricé hasta cierto punto, a nivel práctico, la noción del marxismo occidental de que la dialéctica solo era aplicable al ámbito histórico y no a las ciencias naturales, que se entregaron así al mecanicismo o el positivismo. Llegué a ver la dialéctica histórica de acuerdo al principio de Giambattista Vico, según el cual podemos entender la historia porque la hemos hecho, como fomentó E. P. Thompson. Pero a un nivel más profundo esto no me resultaba satisfactorio, porque los seres humanos no hacen la historia solos, sino junto al metabolismo universal de la naturaleza del que la sociedad emerge como parte. Pero mis intereses en los años 80 se centraron principalmente en la economía política e historia, donde esos problemas rara vez surgían.

Fue cuando volví a la cuestión de la ecología a finales de los 80 y en los 90 que este asunto se volvió inevitable. La dialéctica de la naturaleza solo podría dejarse de lado sobre bases idealistas o materialistas mecanicistas. Sin embargo, dada la complejidad del tema, en La ecología de Marx evité conscientemente, en su mayor parte, cualquier consideración explícita y detallada de la dialéctica de la naturaleza en relación con Marx (que entonces no estaba preparado para abordar), aunque el concepto de metabolismo social de Marx me llevaba en esa dirección. Así, en el epílogo me limité a señalar la referencia de Marx al “método dialéctico” como la forma de abordar el “libre movimiento de la materia”, y cómo esto era parte de la herencia de Epicuro y otros materialistas anteriores, mediada por Hegel. Como enfoque epistemológico, indiqué que esto podía defenderse como equivalente heurístico al papel de la teleología para la cognición humana en Kant. Pero evité en su mayor parte la cuestión ontológica más amplia, de una dialéctica meramente objetiva como apareció en Engels (y en Lukács), y su relación con Marx.

No abordé la dialéctica de la naturaleza en detalle hasta 2008, en un capítulo para un libro editado por Bertell Ollman y Tony Smith, luego incluido en The Ecological Rift. Aún estaba atrapado en el problema de Lukács, aunque entendía que para el Lukács tardío el metabolismo de Marx ofrecía un amplio camino para salir del dilema epistemológico-ontológico (mientras otro camino, sostuve, estaba en lo que Marx llamó la “dialéctica de la certeza sensible”, representada por el materialismo de Epicuro, Bacon y Feuerbach, e incorporada en sus primeros trabajos). Sin embargo, aunque fuera un paso adelante, mi enfoque no era el adecuado en varios sentidos. Como luego entendí, en parte la dificultad radicaba en las limitaciones filosóficas (al tiempo de un alcance científico mucho más amplio) de una dialéctica materialista, que nunca podría ser un sistema circular cerrado, como en la filosofía idealista de Hegel, o totalizador que consistiera exclusivamente en relaciones internas y mónadas sin ventanas al exterior. La dialéctica de Marx era abierta, igual que el propio mundo físico.

La cuestión de la dialéctica de la naturaleza sería central en The Return of Nature, así como lo sería el Lukács tardío, en particular el de El joven Hegel Ontología del ser social. Fue clave el tratamiento por Lukács de las determinaciones de la reflexión de Hegel, que me ayudó a comprender la forma en que el naturalismo dialéctico de Engels se había inspirado en gran medida en la “Doctrina de la esencia” de la Ciencia de la lógica. Otro elemento vital en La ecología de Marx fue el realismo crítico de Roy Bhaskar, especialmente su Dialectic: The Pulse of Freedom. Pero en el corazón de The Return of Nature estaba el examen detenido de la Dialéctica de la naturaleza de Engels (así como de los escritos filosóficos de Lenin), que tenía una profundidad incalculable. Esto me permitió trazar la influencia de Engels sobre pensadores posteriores –sobre todo, Needham, Christopher Caudwell y Lindsay–. Además, William Morris en las artes y Haldane, Bernal, Hogben y Levy en las ciencias ofrecieron una variedad de poderosas ideas sobre la ecología dialéctica y materialista.

  1. P.:Lukács advirtió también cómo la división del trabajo alienado en el capitalismo servía para incrementar la división disciplinaria del conocimiento, de acuerdo a las necesidades de especialización funcional del capital. Como filosofía de la praxis, el marxismo se propone como un proyecto totalizador, entre otras cosas, para recomponer las muy variadas fracturas que el capitalismo ha expandido o impuesto: naturaleza y sociedad, pero también ciencia y arte. Un tema central de tu nuevo libro es la existencia de enfoques paralelos de ecología y socialismo en la ciencia y el arte. ¿Cómo contribuyeron estos vínculos al pensamiento ecosocialista materialista? ¿Cómo pueden ayudar a repensar esta interacción en relación con la ecología y la crisis ecosocial?
  2. B. F.:Al escribir The Return of Nature, la declaración de Morris en Noticias de ninguna partede que había dos formas insuperables de conocimiento, las ciencias y las artes, estuvo constantemente en mi mente. Todos los pensadores marxistas preocupados por la ecología cruzaron esos límites de diversas maneras, por lo que cualquier relato genealógico-histórico debía examinar sus desarrollos paralelos. Evidentemente, el análisis de la ecología como ciencia y su relación con la dialéctica de la naturaleza evolucionó principalmente a través de la corriente científica. Pero era difícil aislar esto de la estética socialista.

Así, Lankester era amigo de Morris y los prerrafaelistas. Hogben tomó de Morris la principal inspiración para su socialismo. Morris concebía que todo trabajo no alienado contiene arte, noción que sacó de John Ruskin, pero a la que añadió profundidad a través de Marx. Morris también reprodujo, independiente de Marx, la noción del carácter social de todo arte. Caudwell captó brillantemente tanto las vertientes estéticas como científicas de la crítica ecológica general. Su estética se valió del concepto de mimesis de Aristóteles y la tradición clásica británica radical de los ritualistas de Cambridge, representada por Jane Harrison, que luego unió a la dialéctica materialista. El poderoso enfoque de Caudwell llevó a los extraordinarios análisis de Thomson sobre los orígenes de la poesía y el drama. Todo este desarrollo estético-ecológico de la izquierda culminó con Lindsay, quien, debido a su enorme variedad de estudios clásicos, literarios, filosóficos y científicos, acabó por reunir nociones sobre la dialéctica de la naturaleza, basándose tanto en la estética como en la ciencia. No es casualidad que Lukács, Mészáros y Thompson tuvieran en tan alta estima a Lindsay, cuya obra no es lo suficientemente valorada, tal vez porque navegar por sus 170 volúmenes sea demasiado abrumador.

  1. P.:Engels es un personaje clave en tu libro. Durante mucho tiempo, en ciertos marxismos, Engels fue acusado de vulgarizar el pensamiento de Marx, pero tú señalas la relevancia y complejidad del materialismo dialéctico de Engels para una crítica social y ecológica del capitalismo. Aunque se reconoce cada vez más, persiste cierto desdén hacia Engels y hacia los vínculos de su obra con Marx. ¿Por qué sucede esto? ¿Cuáles son los aspectos esenciales que conocemos hoy para rebatir esas posiciones desde el pensamiento ecológico marxista?
  2. B. F.: Recuerdo escuchar a David McLellan en 1974, poco después de escribir su biografía sobre Marx, y quedarme desconcertado por su extraordinaria diatriba contra Engels. Esta fue mi introducción real a los ataques contra Engels que de múltiples formas definieron al marxismo occidental durante la Guerra Fría y se han trasladado a la era posterior. Todo esto, obviamente, no era tanto sobre Engels como sobre los dos marxismos, como lo llamó Alvin Gouldner. El marxismo occidental, y en gran medida el mundo académico, reclamaron a Marx como propio, como un pensador urbano, pero en su mayor parte rechazó a Engels por ser demasiado crudo, adjudicándole el papel de saboteador que había creado el marxismo, que no tenía nada que ver con Marx. Engels era responsable del economicismo, el determinismo, el cientificismo y las perspectivas filosóficas y políticas vulgares de la Segunda Internacional y, más allá, hasta Stalin. Quizá no debería sorprendernos, por tanto, que si bien podemos encontrar cientos y miles de libros y artículos que mencionan Dialéctica de la naturaleza, apenas se puede aprender nada de ellos, porque o tratan al libro de manera doctrinaria (como hacía parte del antiguo marxismo oficial) o, en el caso del marxismo occidental, simplemente se citan algunas líneas de él (o, a veces, del Anti-Dühring) para establecer su vulgarización del marxismo.

En términos de ecología marxista, Engels es esencial. Por brillante que sea el análisis de Marx, no podemos ignorar las vastas contribuciones de Engels a la epidemiología de clase en La situación de la clase obrera en Inglaterra, a la crítica de la conquista de la naturaleza o a la comprensión del desarrollo evolutivo humano. Su apropiación crítica de Darwin en el Anti-Dühring fue fundamental para el desarrollo de la ecología evolutiva. El materialismo emergentista de Dialéctica de la naturaleza es clave para una visión científica crítica del mundo.

  1. P.:Monthly Reviewsiempre ha mostrado gran sensibilidad hacia las luchas revolucionarias del Tercer Mundo. La teoría del imperialismo de Lenin junto a la del capital monopolista de Paul Sweezy y Paul Baran, la teoría de la dependencia (en Ruy Mauro Marini o Samir Amin, entre otros) y su diálogo con el análisis de sistemas-mundo, o los aportes de István Mészáros, entre muchas otras influencias, han sido esenciales para la elaboración de vuestra crítica ecosocialista. Sin embargo, el vínculo entre ecología e imperialismo a menudo se ha subestimado en otras corrientes marxistas y ecologistas. Incluso algunos consideran el imperialismo como una categoría obsoleta para lidiar con el capitalismo global. ¿A qué se debe que esta separación entre geopolítica y ecología siga siendo tan fuerte en ciertos sectores de la izquierda? ¿Es posible un enfoque diferente de estos asuntos?
  2. B. F.:La mayor parte de mi generación atraída por el marxismo en EE UU, impactada por la guerra de Vietnam y el golpe en Chile, llegamos a él por oposición al imperialismo. Fue en parte por eso que siempre me atrajo Monthly Review, ya que desde su nacimiento en 1949 fue una fuente importante de crítica del imperialismo, incluyendo a la teoría de la dependencia y el análisis de sistemas-mundo. Los escritos de Harry Magdoff en La era del imperialismo Imperialism: From the Colonial Age to the Presentson fundamentales para nosotros, así como los de Paul Baran, Paul Sweezy, Oliver Cox, Che Guevara, André Gunder Frank, Walter Rodney, Samir Amin, Immanuel Wallerstein y muchos otros. El hecho de que la perspectiva más revolucionaria en EE UU haya venido históricamente del movimiento negro, siempre más internacionalista y antiimperialista, ha sido crucial para definir a la izquierda radical estadounidense. Con todo, siempre ha habido importantes figuras socialdemócratas, como Michael Harrington, en paz con el imperialismo estadounidense. Hoy algunos representantes del nuevo socialismo democrático hacen a menudo la vista gorda ante las implacables intervenciones de Washington en el exterior.

Por supuesto, nada de esto es nuevo. El conflicto sobre el imperialismo dentro de la izquierda se puede encontrar desde los inicios del movimiento socialista en Inglaterra. H. M. Hyndman, fundador de la Federación Socialdemócrata, y George Bernard Shaw, uno de los principales fabianos, apoyaron al Imperio británico y el socialimperialismo. Del otro lado estaban figuras asociadas con la Liga Socialista, como Eleanor Marx, Morris y Engels, todos antiimperialistas. El imperialismo fue la cuestión más divisiva para el movimiento socialista europeo en la Primera Guerra Mundial, como se relata en El imperialismo, fase superior del capitalismo de Lenin. En la Nueva Izquierda en Gran Bretaña, desde los años 60, el imperialismo fue una gran fuente de disputa. Aquellos identificados con la Primera Nueva Izquierda, como E. P. Thompson, Ralph Miliband y Raymond Williams, eran fuertemente antiimperialistas, mientras que la Segunda Nueva Izquierda, asociada a la New Left Review, o veían el imperialismo como una fuerza progresista de la historia, como Bill Warren, o tendían a restarle importancia. El resultado, en especial con la ideología de la globalización en este siglo, fue un declive dramático en los estudios del imperialismo (acompañado por crecientes estudios culturales de colonialismo y poscolonialismo) en Gran Bretaña y EE UU. La consecuencia lógica de esto es que alguien tan influyente en la academia de izquierda como David Harvey declare, como hizo recientemente, que el imperialismo se ha “revertido”, con Occidente ahora en el lado perdedor.

Esto nos lleva al muy débil desempeño de la izquierda en el desarrollo de una teoría del imperialismo ecológico o del intercambio ecológico desigual; producto del fracaso sistemático para explorar la despiadada expropiación capitalista de los recursos y la ecología en casi todo el mundo. Se trata del valor de uso, no solo del valor de cambio. Así, por ejemplo, las hambrunas en la India bajo el dominio colonial británico tuvieron que ver con cómo los británicos alteraron por la fuerza el régimen alimentario en la India, modificando los valores de uso, las relaciones metabólicas y la infraestructura hidrológica esencial para la supervivencia humana, al tiempo que drenaban el excedente del país. Aunque este proceso de expropiación ecológica ha sido entendido durante mucho tiempo por la izquierda en la India y en gran parte del resto del Sur Global, todavía no es enteramente comprendido por los marxistas en el Norte Global. Una excepción es el excelente Los holocaustos de la era victoriana tardía de Mike Davis. De manera similar, la expropiación masiva de guano en Perú –que incluyó la importación de trabajadores chinos en condiciones “peores que la esclavitud”– para fertilizar el suelo europeo, que había sido despojado de sus nutrientes, tendría todo tipo de efectos negativos a largo plazo en el Perú. Todo esto está ligado a lo que Eduardo Galeano llamó Las venas abiertas de América Latina.

La ecología y el imperialismo siempre han estado íntimamente relacionados y se entrelazan cada vez más. El informe Ecological Threat Register 2020 del Instituto para la Economía y la Paz indica que hasta 1.200 millones de personas podrían ser desplazadas, como refugiados climáticos, para 2050. En tales condiciones, el imperialismo ya no puede ser analizado al margen de la destrucción ecológica planetaria a la que ha llevado. Esto fue lo que Brett Clark y yo buscamos transmitir en The Robbery of Nature, y que junto a Hannah Holleman explicamos en “Imperialism in the Anthropocene”. En ese artículo concluimos que “no puede haber revolución ecológica frente a la actual crisis existencial a menos que sea antiimperialista, extrayendo su poder de la gran masa de la humanidad que sufre. (…) Los pobres heredarán la tierra o no quedará tierra para heredar”.

  1. P.:Como hemos visto, el interés por el ecosocialismo de Marx ha crecido mucho en las últimas décadas. Pero esto va más allá de su contexto histórico particular. ¿Por qué es importante para el pensamiento ecológico actual volver a las ideas de Marx? ¿Y cuáles son los principales desafíos para el pensamiento ecológico marxista hoy?
  2. B. F.:La ecología de Marx es un punto de partida, no un punto final. En el pensamiento de Marx encontramos los fundamentos de la crítica de la economía política, y también una crítica de las depredaciones ecológicas del capitalismo. Esto no era algo accidental, ya que Marx presentaba el proceso de trabajo de forma dialéctica, como la mediación entre naturaleza y sociedad. En Marx, el capitalismo, al alienar el proceso de trabajo, aliena también el metabolismo entre humanidad y naturaleza generando así una fractura metabólica. Marx llevó esto a sus conclusiones lógicas, argumentando que nadie es dueño de la tierra, sino que la gente simplemente tiene la responsabilidad de cuidarla y si es posible mejorar sus condiciones para las generaciones futuras, como si fueran cabezas de familia. Definió el socialismo como la regulación racional del metabolismo entre humanidad y naturaleza, con el fin de conservar la mayor cantidad posible de energía y promover el desarrollo humano pleno. No hay nada en la teoría verde convencional o incluso de izquierda, aunque el capitalismo sea cuestionado en parte, que tenga esta unidad entre crítica ecológica y económica, o una síntesis histórica tan completa. Por tanto, ante nuestra emergencia planetaria, el ecosocialismo ha acabado por descansar inevitablemente en la concepción fundacional de Marx. El movimiento ecologista, para que tenga alguna importancia, tiene que ser ecosocialista. Pero nuestra tarea no es entretenernos en el pasado, sino unir todo esto para enfrentar los desafíos de nuestro tiempo. Marx sirve para mostrar la unidad esencial de nuestras contradicciones político-económicas y ecológicas, y su fundamento en el orden social y ecológico alienado actual. Esto nos ayuda a desenmascarar las contradicciones del presente. Para llevar a cabo el cambio necesario debemos tener en cuenta cómo el pasado informa al presente y nos permite visualizar la acción revolucionaria necesaria.

El propósito del pensamiento ecológico marxista, además de comprender nuestras actuales contradicciones sociales y ecológicas, es trascenderlas. Dado que la humanidad se enfrenta a mayores peligros que nunca antes, dentro de un tren desbocado que se dirige al acantilado, esta debe ser nuestra principal preocupación. Hacer frente a la emergencia planetaria significa que debemos ser más revolucionarios que nunca, y no tener miedo a plantear la cuestión de alterar la sociedad (“de arriba abajo”, como decía Marx), partiendo de donde estamos. El enfoque fragmentado y reformista de la mayor parte del ambientalismo, que pone su fe en el mercado y la tecnología mientras se reconcilia con gran parte del sistema imperante, no va a funcionar; ni siquiera a corto plazo. Disponemos de más de un siglo de crítica socialista de las contradicciones ecológicas del capitalismo, con su enorme poder teórico, que apunta a una filosofía de la praxis diferente. En nuestro creciente reconocimiento de que no hay más remedio que dejar la casa en llamas del capitalismo, necesitamos una comprensión teórica más profunda de la posibilidad humana, social y ecológica de libertad como necesidad, como ofrece el marxismo ecológico. Como dijo Doris Lessing en su El cuaderno dorado, “el marxismo ve las cosas como una totalidad, relacionadas las unas con las otras”. Esta es la capacidad revolucionaria que más necesitamos hoy.

Alejandro Pedregal es escritor, cineasta y profesor en la Universidad Aalto, Finlandia. Su libro más reciente es Evelia: testimonio de Guerrero (Akal/Foca, 2019)

27 OCTUBRE 2020 

Notas

1/ Foster, John Bellamy (2004) La ecología de Marx. Marxismo y naturaleza. Barcelona: El Viejo Topo.

2/ De próxima publicación en castellano por Bellaterra y en catalán por Tigre de Paper.

3/ Los términos Lumière en francés y Enlightenment en inglés, que se refieren a la Ilustración, se pueden traducir como iluminación o esclarecimiento, además de significar luz en el caso del francés.

4/ Literalmente cuencos de polvo, en referencia a uno de los mayores desastres ecológicos del siglo XX.

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 10 Octubre 2020 06:15

Premio Nobel a la guerra genética

Premio Nobel a la guerra genética

No deja de tener cierta ironía que el premio Nobel de química de 2020 –nombrado así por Alfred Nobel, el inventor de la dinamita y una de las mayores fábricas de armas del globo– se haya otorgado a las investigadoras que encontraron una forma de ingeniería genética –CRISPR-Cas9–, cuyas aplicaciones podrían causar un efecto tan explosivo en la naturaleza y la gente, que hasta se le ha llamado bomba genética (https://tinyurl.com/y2rsr5on).

CRISPR en sí no es una invención, es una forma natural de las bacterias para reconocer virus. Las galardonadas J. Doudna y E. Charpentier publicaron en 2012 la forma de replicar esa construcción sintéticamente y agregarle un sistema asociado (Cas9), que permite reconocer un sitio específico en los organismos donde se introduce y allí cortar las hebras del ADN. De esa forma se pueden silenciar genes o introducir nuevo material genético, o sea, transgénicos.

Parecía ser una forma más rápida y aparentemente más exacta que otras de ingeniería genética anteriores, que no tienen control del sitio donde se inserta material genético foráneo. Pero en poco tiempo se demostró que CRISPR tampoco es exacta. Aunque puede llegar a un sitio determinado en el genoma –lo cual da una falsa imagen de precisión– también altera otros sitios del mismo, con el potencial de producir una multitud de "efectos fuera de blanco", borrar o reacomodar largas secuencias fuera del sitio objetivo, provocando cambios que pueden causar daños y enfermedades graves.

En 2018, un estudio del Karolinska Institutet (que otorga el premio Nobel de Medicina) mostró que la manipulación de células humanas con CRISPR puede causar cáncer (E. González, https://tinyurl.com/yyj4umsx). Otros estudios científicos han mostrado una serie de impactos dañinos del uso de CRISPR en animales, vegetales y células humanas, al punto de que Georges Church, pionero de biotecnología de la Universidad de Harvard, en 2019 llamó a CRISPR "un hacha desafilada", cuyo uso es "vandalismo genómico" (https://tinyurl.com/vanda-geno).

No obstante, desde su puesta en circulación en 2012 –y pese a la agria disputa de patentes que surgió poco después con otro equipo estadunidense que reivindica también haber sido el inventor–, la tecnología se ha licenciado y aplicado a gran cantidad de experimentos con células humanas, en humanos (experimento ilegal en China con mujeres embarazadas, al menos una de las cuales dio a luz gemelas), animales y plantas. Doudna y Charpentier han ganado millones con la tecnología y han creado o están vinculadas a diversas empresas.

En 2016, un informe de la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos clasificó CRISPR y la edición genética como "armas de destrucción masiva" (https://tinyurl.com/crispr-armas). El gobierno asignó 65 millones de dólares a la agencia de investigaciones de la defensa de Estados Unidos (DARPA) para el proyecto Safe Genes, con el propósito de desarrollar bioarmas supuestamente para defenderse de las bioarmas que otros podrían crear con CRISPR (https://tinyurl.com/yc5s7oed).

En realidad es para desarrollar las bioarmas de las que supuestamente se tendrían que defender. En ese contexto financian proyectos de investigación en varios países para el desarrollo de "impulsores genéticos", una aplicación de CRISPR para cambiar las leyes de la herencia y lograr que los genes manipulados sean autorreplicantes y dominantes en una especie, por ejemplo, para que sólo nazcan machos, lo cual extinguiría la especie. La Fundación Bill y Melinda Gates financia el desarrollo de la misma tecnología, aunque no lo llama bioarmas, sino proyectos de salud. La ONU intentó establecer una moratoria a esta peligrosa aplicación, pero el dinero de Gates lo saboteó (https://tinyurl.com/y3jzz8oe).

La propia Jennifer Doudna ha manifestado que CRISPR tiene usos tremendamente peligrosos, incluso refiere que tiene una pesadilla en la que Hitler le pide la fórmula de CRISPR (https://tinyurl.com/y62hfmcu). Tanto los proyectos financiados por DARPA y la Fundación Gates, como los experimentos con humanos, transgreden fronteras éticas, ecológicas y políticas de enorme trascendencia, cuyo desarrollo no se debe permitir.

Aún más inmediata es la presión de las trasnacionales para liberar comercialmente la llamada edición genética (son transgénicos) en plantas y animales para la industria agropecuaria. La industria de transgénicos ha hecho una engañosa campaña para hacer creer que los productos de tecnologías como CRISPR no necesitan pasar por evaluaciones de bioseguridad o al menos deberían ser más laxas que las existentes. Lo han logrado en Estados Unidos, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay, Honduras, Guatemala y Costa Rica, países lacayos de los agronegocios transgénicos y de Estados Unidos, en varios casos aprovechando las restricciones por la pandemia. La Unión Europea, gracias a las protestas y demanda de Vía Campesina y otros, se opuso a estos cambios.

CRISPR y todas las formas de edición genética introducen nuevos riesgos al ambiente y la salud, por lo que las normativas de bioseguridad, al contrario de lo que sostiene la industria, son altamente insuficientes. Estas nuevas formas de manipulación de nuestro ambiente y alimentos no se deben permitir.

Por Silvia Ribeiro. Investigadora del Grupo ETC

El uso de plaguicidas y de otros productos como los purines deja residuos en los alimentos. - EHRECKE / PIXABAY

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria detecta la presencia de residuos químicos y biológicos procedentes de la producción industrial y dañinos para el ser humano en cientos de lotes de alimentos de origen animal y vegetal que iban a ser introducidos en la cadena alimentaria.

La progresiva industrialización del campo, con la aplicación de métodos de producción intensiva tanto en las explotaciones de vegetales como en las de animales, con una constante extensión de las macrogranjas en detrimento de la pequeña ganadería familiar y con procesos de uberización en la agricultura, está comenzando a dejar en las neveras y en los platos una huella con componentes idénticos a los que presentan los episodios de contaminación de agua, tierra y aire por nitratos, plaguicidas y metales pesados que con frecuencia se dan en el monte y en los acuíferos y ríos como consecuencia de esos procesos productivos.

El reciente Informe Anual de Control de la Cadena Alimentaria de 2019 que elabora la Aesan (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición) con datos de las comunidades autónomas constata una retahíla de incumplimientos de las condiciones sanitarias de los alimentos que en buena parte tienen su origen, tanto en el ámbito vegetal como en el animal, en la aplicación de desacertados procesos productivos y en el empleo excesivo en ellos de productos químicos, biológicos y de otros tipos que generan residuos.

El capítulo dedicado a los contaminantes abióticos incluye resultados inquietantes, como el hecho de que el 1% de los alimentos en los que se testó la presencia de nitratos, plomo o cadmio diera positivo o que el mercurio apareciera en el 6,5% tras acumular cinco años entre el 5% y el 7%. También resultó frecuente la detección de HAP (Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos), considerados uno de los principales disruptores endocrinos y cuya frecuencia se situó por encima del 1% de las pruebas.

Hay consenso científico en que la presencia de metales pesados en los alimentos tiene su origen en la contaminación ambiental, y de hecho su presencia es frecuente en los animales que se crían de manera extensiva, que los ingieren al comer plantas que los contienen. Y también comienza a haber claros indicios de que la aparición de nitratos puede deberse a su elevada y creciente presencia en el agua, a la que llegan por el exceso de purines que genera la ganadería industrial y desde la que pasan a animales y plantas.

"En España tenemos una contaminación por nitratos brutal, fundamentalmente por los purines y por los plaguicidas", explica Javier Guzmán, director de la oenegé Justicia Alimentaria, que plantea que "es posible que haya una absorción directa" de esos nitratos por las plantas y animales.

Residuos en más del 1% de los alimentos testados

El programa de Aesan sobre los contaminantes abióticos (desprovistos de vida) incluyó el año pasado 4.944 pruebas, 4.872 de ellas programadas y otras 72 ante la sospecha de la presencia de ese tipo de residuos en los alimentos, en las que se detectaron 66 positivos, un 1,3% del total.

Las combinaciones de alimentos y residuos más frecuentes fueron las de estaño en bebidas no alcohólicas, con un 11,1% de los positivos; de mercurio en pescado, con un 7%; de cadmio en comidas preparadas, con un 5,9%, y de nitratos en los cereales, con un 4%.

Los incumplimientos afectaron al 2,4% de las muestras de pescado y el 1,6% de los alimentos prefabricados, aunque, además de en las bebidas no alcohólicas, también los hubo en las carnes, los vegetales y los cereales.

¿Y qué ocurrió con esas partidas? La memoria destaca que "tras la detección de incumplimientos en el marco de este programa se han generado cuatro alertas a través del SCIRI (Sistema Combinado de intercambio Rápido de Información), nueve propuestas de apertura de expediente sancionador y once retiradas [de productos] del mercado". Los lotes vinculados a las muestras que dan positivo quedan intervenidos de manera automática.

 “Pueden tener efectos adversos para la salud pública”

Paralelamente, el programa de plaguicidas llama la atención sobre la presencia de residuos de este tipo de biocidas químicos en un 8,3% de las muestras de pescado analizadas, en un 4,8% de las realizadas en productos de grasa como mantequillas o mantecas, en un 1,2% de los cereales estudiados, en un 1% del resto de vegetales y en un 0,4% de las carnes.

"El empleo de plaguicidas puede implicar un riesgo para los consumidores, debido a que tanto las propias sustancias, como sus metabolitos y productos de degradación o reacción pueden dejar residuos en los alimentos que pueden tener efectos adversos para la salud pública", señala el informe, que explica cómo esas trazas pueden aparecer "en vegetales y también en productos de origen animal, así como en alimentos infantiles, ya sea por aplicación directa de los mismos, por contaminación ambiental o a través de los piensos".

La frecuencia de detección de residuos de plaguicidas en alimentos se ha duplicado en los tres últimos años en relación con los dos anteriores, aunque con una "ligera disminución" en 2019, anota el documento de Aesan. Su utilización masiva es desde hace décadas uno de los rasgos característicos de la agricultura que vive de espaldas a la ecología.

"Somos los campeones de Europa en el uso de plaguicidas, se utilizan cada año más", apunta Guzmán, que llama la atención sobre el elevado empleo también de antibióticos en la producción ganadera, algo que entraña el riesgo de que las bacterias para cuyo tratamiento teóricamente se utilizan acaben desarrollando resistencias a esos antibióticos, lo que las convertiría en inocuas en caso de zoonosis, que son las enfermedades animales que se transmiten de forma natural a las personas.

Exceso de antibióticos, riesgo de zoonosis y aditivos cancerígenos

Sobre ambos asuntos contiene información la memoria de Aesan. En el caso de los antibióticos, remite al Ministerio de Agricultura, cuyos técnicos detectaron episodios de presencia excesiva en las carnes de pollos, cerdos y terneros, entre otras especies, y también en productos como los huevos, aunque en todos los casos con niveles inferiores.

En el apartado de las zoonosis, la memoria cifra en 75,422 "el número de animales afectados por decomisos totales y/o parciales" como consecuencia del cribado para detectar a los "susceptibles de presentar agentes zoonóticos" de la triquinosis, la tuberculosis o la tenia ("la lombriz solitaria" en lenguaje coloquial), lo que supone un 0,1% de animales afectados sobre el total de investigados, que se acercó a los 65 millones. Más del 90% de los positivos fueron por la tenia.

Por último, Guzmán llama la atención sobre la excesiva utilización del nitrito, un derivado del nitrato de efectos cancerígenos, en la preparación de las carnes procesadas. "Van hasta arriba, y se trata de un producto sustituible", explica, que se utiliza para dar a las carnes un color rosado que las haga visualmente más apetitosas y que enmascare el oscurecimiento que provoca su oxidación natural por contacto con el aire, aunque la industria argumenta que su finalidad es combatir el botulismo y las contaminaciones de tipo bacteriano.

"Está muy relacionado con el cáncer, pero apenas está regulado. Es un agujero negro enorme", indica, mientras defiende la necesidad de reducir su uso, algo que si ha ocurrido en países como Dinamarca. "No es algo necesario para tratar la carne y hace décadas que se conoce su relación con el cáncer", añade.

 07/10/2020 22:11

Por EDUARDO BAYONA

@e_bayona

Publicado enEconomía
Miembros de la plataforma "Fridays for Future" Madrid se manifiesta a favor de la iniciativa internacional para conmemorar el Día de Acción Global por el clima, este viernes en Madrid. EFE/Emilio Naranjo

 

El deshielo alcanza un punto de no retorno, el fuego prende Siberia y los temporales se suceden con más frecuencia e intensidad. Frente a esto, la juventud por el clima y el movimiento ecologista tratan de construir un futuro alentador.

"Hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores", decía Eduardo Galeano. Su frase toma fuerza en un momento en el que la crisis climática amenaza a la vida en todas sus formas. El Ártico se deshiela, la tundra de Siberia y la Amazonia arden en llamas, los huracanes azotan con insistencia la costa antillana y las cosechas de resecan ante un sol que se vuelve cada vez más intenso. Quizá por ello, el movimiento ecologista se aferra a la premisa planteada por el escritor uruguayo para así tratar de sortear la distopía anunciada por la ciencia y dar paso a un horizonte utópico. Un año después de la gran huelga climática en la que miles de jóvenes tomaron las calles, la situación parece halagüeña. Con una pandemia de por medio, consecuencia de la degradación ambiental provocada por el ser humano, el activismo aspira a seguir en la vía de la protesta, pero también a plantear un futuro alejado del miedo y apoyado en el optimismo.

Así lo entiende Pere Joan, portavoz del movimiento Juventud por el Clima, que reflexiona sobre la necesidad de, no sólo reclamar y protestar, sino imaginar el futuro. "Pretendemos una sociedad mucho más sostenible, más respetuosa con los límites de la tierra y que tenga en cuenta el patrimonio natural. Se trata de vivir en equilibrio", argumenta. El mero hecho de plantear una utopía –yendo, incluso, en contra de los pronósticos de la ciencia, que auguran un final de siglo XXI marcado por cierto caos ecososcial– supone ya un reto. Sin embargo, el joven va más allá y propone cambios concretos, estilos de vida diferentes requeridos por la coyuntura climática actual: "Por ejemplo, creemos que sería bueno alcanzar un ámbito laboral diferente, marcado por jornadas más reducidas y adaptado a las personas". Sin rehuir, este activista mallorquín se encamina a enumerar propuestas difíciles que van desde ciudades sin coches hasta un modelo agroalimentario de proximidad que reduzca la huella ecológica de la bolsa de la compra.

Este ejercicio propositivo parecía perdido, al igual que la idea de progreso. Andreu Escrivà, divulgador ambiental y autor del libro Y Ahora yo qué hago (Capitán Swing), achaca la visión distópica del futuro, no sólo a la crisis climática y las consecuencias reales que tendrá para la vida de las nuevas generaciones, sino también al triunfo de la revolución conservadora durante la década de los ochenta del siglo XX. "Con la llegada del tándem Reagan Thatcher se cambia por completo la idea de progreso, que deja de ser una construcción social para ser algo individual. Esto ha estado presente durante décadas, pero ahora se demuestra que esa visión, esa forma de actuar desde el yo en busca de la riqueza material no ha funcionado", opina.

"Por primera vez, hay una generación que no tiene una noción de futuro en la que se vean mejor que sus padres", agrega, para señalar cómo la crisis climática deja de ser un problema a futuro para ser algo con consecuencias en el propio presente: "Los jóvenes han percibido que van a vivir todo lo que dice la ciencia. Esto es algo nuevo, porque los que tenemos cierta edad sabíamos que, pese a todo, íbamos a poder vivir en unas condiciones más o menos buenas. Pero, los chavales de 15 y 16 años vivirán en 2100 y eso les hace ver que lo que para muchos era una distopía, para ellos va a ser una forma de vida". Sin embargo, para Escrivà, la juventud todavía está en una fase intermedia dominada, en cierta medida, por una acción basada en la rabia. 

Proponer una senda diferente a la recorrida durante décadas es un reto. En primer lugar porque el activismo actual debe sacudirse, antes de imaginar y proponer un futuro alternativo, la losa de la historia. "Nos encontramos en una sociedad donde la idea de progreso ha estado vinculada desde la posguerra a un desarrollo de la sociedad de consumo, entendida como tener más, mejor y a un precio cada vez más bajo. Esa noción de que el tiempo nos permitirá mejorar, sin embargo, está siendo cada vez más cuestionada. En primer lugar, porque no se cumple y, en segundo lugar, porque la crisis ecológica nos plantea que no existe un horizonte posible para una sociedad que produce a este ritmo", explica Jordi Mir García, doctor en Humanidades y experto en filosofía política. "Hoy, debido a la crisis climática, y sobre todo tras la pandemia, el ideal de progreso empieza a pasar por tener un sistema sanitario y educativo capaz de satisfacer nuestras necesidades como sociedad".

Con los jóvenes y el movimiento ecologista en las calles, Escrivá plantea la necesidad de hablar del futuro sin miedo. Sin temor al rechazo y a la ridiculización del argumento utópico. "¿Por qué resulta dan radical plantear, por ejemplo, una jornada laboral de cuatro días o una renta básica universal? Estamos ante un momento en el que nos asusta pensar en el futuro, porque evidentemente es muy negro, pero es el momento de preguntarnos cómo queremos vivir dentro treinta años", comenta. 

El reto de sortear el catastrofismo –que inmoviliza a buena parte de la sociedad– pasa por imaginar, pero también por movilizarse y abrazar lo común. Esto, a juicio de Mir es algo necesario en un escenario como el actual, donde el abismo ecosocial está cada vez más cerca. "El optimismo es fundamental, pero no un optimismo infundado e iluso, sino el optimismo de quien sabe que las cosas están muy mal. Dentro del debate sobre si hemos alcanzado o no el punto de no retorno, más allá de que pensemos que hay que trabajar, bien para gestionar el colapso, bien para revertirlo, es importante que se trate de construir algo desde el optimismo", plantea. 

Esta actitud del optimismo como combustible del activismo ecosocial es una de las premisas de la antropóloga Yayo Herrero, que en una entrevista con Público defendía que, en los peores momentos de la historia siempre ha habido motivos para seguir trabajando por un futuro alternativo, por muy utópico que parezca. "Durante siglos ha habido pueblos que han tenido que enfrentarse a crisis muy complejas y las personas han sabido organizarse y vivir de una forma más colectiva. La gente, al final, se seguía enamorando, seguía escribiendo poesía y seguía cuidando de la vida... Donde se viven los malestares y los bienestares es en la vida cotidiana y creo que esta crisis [climática] puede sorprendernos más por la aparición de valores que nos lleven al apoyo mutuo que por la aparición de valores que nos lleven a matar a nuestros propios vecinos. No sé si es optimismo o no, pero la tarea de crear esos valores y nuevas conciencias es hermosa", manifestaba la experta ecofeminista.

Esta idea de apoyo social es algo que tratan de reivindicar desde Juventud por el Clima. Pere Joan, defiende, precisamente como los lazos vecinales que han nacido durante la crisis de la covid, la búsqueda de un equilibrio social y económico ha servido para que los activistas maduren sus aspiraciones para edulcorar la protesta climática con ciertas ambiciones sociales, como es la simple defensa de una vida digna. Esto se debe, en definitiva, a que un año después de que el colectivo de Fridays For Future naciera ha aprendido, algo necesario en cualquier movimiento social, tal y como explica Mir García: "Cuando hablamos de movilización, pensamos que basta con salir a la calle a protestar o poner tuits y mensajes en las redes sociales. Pero el activismo, como todo en la vida, va ligado al aprendizaje, porque no vale de nada gritar en la calle sin articular un proyecto".

 27/09/2020 09:04

Por alejandro tena

Publicado enMedio Ambiente
Foto de: Ahmad Al-Rubaye

El 1 % más rico de la población mundial ha sido responsable de más del doble de la contaminación por carbono que los 3100 millones de personas que conforman la mitad más pobre de la humanidad durante un período de 25 años en el que las emisiones han alcanzado niveles sin precedentes. 

El nuevo informe de Oxfam Combatir la desigualdad de las emisiones de carbono se basa en una investigación llevada a cabo con el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo y se publica en un momento en el que los líderes mundiales se preparan para reunirse en la Asamblea General de las Naciones Unidas para debatir los desafíos globales, incluyendo la crisis climática.  

El informe evalúa las emisiones de consumo de los diferentes grupos de ingreso entre 1990 y 2015, 25 años en los que la humanidad duplicó la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera. Concluye que:     

  • El 10 % más rico de la humanidad fue responsable de más de la mitad (52 %) de las emisiones acumuladas en la atmósfera entre 1990 y 2015. El 1 % más rico fue responsable del 15 % de las emisiones durante ese período, más que toda la población de la UE y el doble que la mitad más pobre de la humanidad (responsable del 7 %).  
  • Durante este período, el 10 % más rico dilapidó un tercio del presupuesto global de carbono restante para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 ºC, en comparación con sólo el 4 % de la mitad más pobre de la población mundial. El presupuesto de carbono es la cantidad de dióxido de carbono que puede añadirse a la atmósfera sin provocar que la temperatura media global se eleve por encima de 1,5 ºC, el objetivo establecido por los Gobiernos en el Acuerdo de París para evitar los peores impactos de un cambio climático descontrolado. 
  • Las emisiones anuales crecieron un 60 % entre 1990 y 2015. El 5 % más rico de la población fue responsable de más de un tercio (37 %) de este aumento. El aumento total de las emisiones del 1 % más rico fue tres veces mayor que el del 50 % más pobre.  

Tim Gore, responsable de Política Climática de Oxfam y autor del informe, declara: “El consumo excesivo de una minoría rica está exacerbando la crisis climática, pero son las comunidades en situación de pobreza y las personas jóvenes quienes están pagando el precio. Esta desigualdad extrema de emisiones de carbono es una consecuencia directa del afán durante décadas de nuestros Gobiernos por fomentar un crecimiento económico extremadamente desigual y basado en el carbono.” 

Es probable que las emisiones de carbono vuelvan a repuntar rápidamente a medida que los Gobiernos levanten los confinamientos relacionados con la COVID-19. Si las emisiones no siguen disminuyendo año tras año y la desigualdad de las emisiones de carbono no se controla, el presupuesto de carbono restante para mantener el calentamiento global por debajo de los 1,5 ºC se habrá agotado por completo para 2030. Sin embargo, la desigualdad de las emisiones de carbono es de tal magnitud que el 10 % más rico de la población mundial agotaría por sí solo el presupuesto global de carbono para 2033 incluso aunque el resto de la población mundial redujese sus emisiones a cero. 

En 2020, con un calentamiento global que ya ha alcanzado 1 ºC, el cambio climático ha provocado ciclones mortales en la India y Bangladesh, enormes plagas de langostas que han arrasado con cosechas en toda África y olas de calor e incendios forestales sin precedentes en Australia y Estados Unidos.  Nadie es inmune, pero las personas en mayor situación de pobreza y exclusión son las más afectadas. Por ejemplo, las mujeres corren un mayor riesgo de experimentar violencia y abusos después de un desastre.  

El informe Combatir la desigualdad de las emisiones de carbono estima que las emisiones per cápita del 10 % más rico tendrán que ser alrededor de 10 veces más bajas para el año 2030 si queremos mantener el calentamiento global por debajo de los 1,5 ºC, lo que equivale a reducir las emisiones anuales globales en un tercio. E incluso si se redujese la huella de carbono per cápita del 10 % al nivel de promedio de la UE, se recortarían las emisiones anuales en más de un cuarto.  

Los Gobiernos pueden hacer frente tanto a la desigualdad extrema como a la crisis climática si abordan las emisiones excesivas de las personas más ricas e invierten en las comunidades en mayor situación de pobreza y vulnerabilidad. Por ejemplo, un estudio reciente descubrió que el 10 % de los hogares más ricos utiliza casi la mitad (45 %) de toda la energía vinculada al transporte terrestre y tres cuartas partes de toda la energía vinculada a la aviación. El transporte representa alrededor de un cuarto de las emisiones mundiales actuales, mientras que el mercado de SUV constituyó el segundo factor de crecimiento de las emisiones mundiales de carbono entre 2010 y 2018. 

Según afirma Tim Gore: «Limitarnos a reiniciar nuestras economías anticuadas, injustas y contaminantes pre-covid ya no es una opción viable. Los Gobiernos deben aprovechar esta oportunidad para remodelar nuestras economías y construir un futuro mejor para todo el mundo.  

Los Gobiernos deben poner freno a las emisiones de las personas más ricas a través de impuestos y restricciones a las emisiones de carbono en artículos de lujo como los SUV y los vuelos frecuentes.  Debería invertirse esta recaudación en servicios públicos y en sectores de bajas emisiones de carbono para crear puestos de trabajo y contribuir a erradicar la pobreza», añade Gore

25 septiembre 2020

Notas:

La nota informativa titulada Combatir la desigualdad de las emisiones de carbono y el informe completo de la investigación y los datos en los que se basa están disponibles aquí.

El 50 % más pobre de la humanidad ascendía aproximadamente a 3100 millones de personas de promedio entre 1990 y 2015, el 10 % más rico estaba compuesto por cerca 630 millones de personas, el 5 % más rico aproximadamente por 315 millones de personas y el 1 % más rico por alrededor de 63 millones de personas.  

En 2015, alrededor de la mitad de las emisiones del 10 % más rico (personas con ingresos netos superiores a 38 000 dólares) pertenecían a ciudadanos y ciudadanas de Estados Unidos y la Unión Europea, y alrededor de una quinta parte de China y la India. Más de un tercio de las emisiones del 1 % más rico (personas con ingresos netos por encima de 109 000 dólares) están vinculadas a ciudadanos y ciudadanas de Estados Unidos, seguidas por Oriente Medio y China. Los ingresos netos se basan en los umbrales de ingresos para 2015 y están representados en dólares PPA de 2011 (paridad de poder adquisitivo). 

La investigación se basa en estimaciones de las emisiones derivadas del consumo, es decir, las emisiones que se consumen dentro de un país  incluyendo las emisiones generadas por las importaciones y excluyendo las de las exportaciones.  Las emisiones nacionales vinculadas al consumo se dividieron entre los hogares individuales basándose en los conjuntos de datos más recientes sobre la distribución de los ingresos y una relación funcional entre las emisiones y los ingresos. Basándose en los hallazgos de numerosos estudios, se asume por lo tanto que las emisiones aumentan en proporción a los ingresos, por encima de un límite mínimo de emisiones hasta un límite máximo. Las estimaciones de las emisiones nacionales derivadas del consumo de los hogares (para 117 países y desde 1990 hasta 2015) se clasifican posteriormente en una distribución mundial según los ingresos. El informe de investigación ofrece más detalles acerca de la metodología utilizada.  

Publicado enMedio Ambiente
A pesar de la pandemia de coronavirus miles de jóvenes se dieron cita en las calles de Viena convocados por Fridays for Future. Foto Afp

Bruselas. Miles de jóvenes se manifestaron ayer desde Suecia hasta Australia para exigir acciones urgentes destinadas a detener el cambio climático, con motivo del día internacional de acción climática del movimiento Fridays for Future, en su primera protesta global desde que comenzó la crisis del coronavirus.

Con un clima que está causando estragos en todo el mundo, desde incendios que asolan el oeste de Estados Unidos hasta olas de calor anormales en el Ártico siberiano e inundaciones récord en China, los organizadores dijeron que su objetivo era recordar a los políticos que mientras el mundo se enfoca en el Covid-19, la crisis climática ha sido más aguda que nunca.

La activista sueca Greta Thunberg, quien sostenía su famoso cartel "Huelga escolar por el clima" y portaba mascarilla, encabezó la protesta frente al Parlamento en Estocolmo, con el objetivo de "aumentar la presión sobre los que están en el poder".

La pandemia del coronavirus ha impedido que el movimiento Fridays for Future, inspirado por Thunberg, celebre manifestaciones multitudinarias en meses recientes, rebajando su perfil público.

"Nuestra principal esperanza, como siempre, es tratar de influir en la conciencia y la opinión pública para que la gente empiece a tomar conciencia de la crisis climática y aumentar la presión a los que están en el poder para que cambien las cosas", declaró la joven de 17 años a los periodistas, rodeada de una decena de activistas.

Desde Islandia hasta Australia y Jamaica, más de 3 mil acciones ocurrieron en el mundo –en Internet o en la calle– en respuesta al llamado de Thunberg para reiniciar el movimiento contra el cambio climático. Hace un año, dos huelgas mundiales atrajeron a más de 6 millones de personas a las calles, en lo que los organizadores afirmaron que fue la mayor movilización climática de la historia.

Debido a las restricciones por la pandemia, muchos actos se organizaron en línea y los participantes publicaron fotos en redes sociales o se unieron a una llamada global en Zoom de 24 horas.

En Alemania, unas 10 mil personas protestaron en Berlín, según la policía, mientras los organizadores hacen referencia a unos 21 mil participantes. En su mayoría con mascarillas, los jóvenes desafiaron la lluvia y se reunieron frente a la emblemática Puerta de Brandeburgo.

"La protección del clima no puede esperar más", "No hay un planeta B" o "No quemen mi futuro" se leía en algunas de las pancartas alzadas por los manifestantes. Los organizadores berlineses denunciaron la política del gobierno de Angela Merkel, en particular la continuación hasta 2038 de la explotación de minas de carbón.

En Hamburgo, 6 mil personas participaron en esta primera movilización por el clima desde que inició la pandemia, 7 mil en Colonia, 6 mil en Friburgo y 3 mil en Bonn, según los recuentos de la policía. Sin embargo, las autoridades locales habían limitado el número de participantes en varias ciudades debido al brote de Covid-19.

En India, estudiantes y jóvenes activistas se unieron a las manifestaciones globales para reclamar medidas contra la crisis climática, en momentos que el coronavirus azota al país con casi 100 mil casos diarios.

Decenas de manifestantes se reunieron en el parlamento de Australia en Canberra, con carteles que pedían a los políticos que "financiaran nuestro futuro, no el gas", y recordaban los catastróficos incendios forestales que asolaron la región a principios de este año, informó el diario inglés The Guardian.

Publicado enMedio Ambiente
Gran parte de emisiones de CO2 proviene de las cadenas de suministro de multinacionales

Análisis muestra el impacto de esas empresas al elegir países proveedores que sean más eficientes en carbono

 

Una quinta parte de las emisiones de dióxido de carbono proviene de las cadenas de suministro globales de las empresas multinacionales, según un nuevo estudio dirigido por el Colegio Universitario de Londres (CUL) y la Universidad de Tianjin, en China, que muestra el alcance de la influencia de esas compañías en el cambio climático.

El estudio, publicado en Nature Climate Change, mapea las emisiones generadas por los activos y proveedores de multinacionales en el exterior, y encuentra que el flujo de inversión es típicamente de países desarrollados a las naciones en desarrollo, lo que significa que las emisiones se subcontratan de hecho a las partes más pobres del mundo.

Muestra el impacto que pueden tener las multinacionales al fomentar una mayor eficiencia energética entre los proveedores o al elegir los que sean más eficientes en carbono. Los autores proponen que las emisiones se asignen a los países de donde proviene la inversión, en lugar de donde se generan.

Dabo Guan, de la Escuela Bartlett de Construcción y Gestión de Proyectos del CUL, explica que “las empresas multinacionales tienen una enorme influencia que se extiende mucho más allá de las fronteras nacionales. Si las principales compañías del mundo ejercieran su liderazgo en materia de cambio climático, por ejemplo exigiendo eficiencia energética en sus cadenas de suministro, podrían tener un efecto transformador en los esfuerzos globales para reducir las emisiones”, asegura.

“Sin embargo, las políticas de cambio climático de esas empresas a menudo tienen poco efecto cuando se trata de grandes decisiones de inversión, como dónde construir cadenas de suministro. Asignar emisiones al país inversor significa que las multinacionales son más responsables de las emisiones que generan como resultado de esas determinaciones”, prosiguió.

El estudio encontró que las emisiones de carbono de la inversión extranjera de las multinacionales cayeron de un pico de 22 por ciento de todas las emisiones en 2011 al 18.7 en 2016. Los investigadores señalan que es el resultado de una tendencia de “desglobalización”, con el volumen de reducción de la inversión directa, así como nuevas tecnologías y procesos que hacen que las industrias sean más eficientes en carbono.

Al trazar un mapa del flujo global de inversión, los investigadores encontraron aumentos constantes en la inversión de los países desarrollados a las naciones en desarrollo.

El autor principal, Zengkai Zhang, de la Universidad de Tianjin, señala que “las multinacionales transfieren cada vez más inversiones a las naciones en desarrollo, lo que reduce las emisiones de los países ricos y coloca mayor carga en los más pobres. Al mismo tiempo, es probable que genere mayores emisiones en general”.

Publicado enMedio Ambiente
Hicieron una importante contribución al planeta azul en su formación. La gráfica fue tomada de un video captado por un conjunto de radiómetros de imágenes infrarrojas visibles. Foto Afp

 

Hallaron en condritas de enstatita suficiente hidrógeno como para proveer con al menos tres veces la masa del líquido de sus océanos

 

 El agua cubre 70 por ciento de la superficie de la Tierra y es una sustancia crucial para la vida, pero cómo llegó el líquido hasta aquí sigue siendo materia de debate científico.

Equipo de científicos franceses dio un paso para solucionar este añejo acertijo tras el anuncio en una publicación en la revista Science de que logró identificar las rocas espaciales que pudieron traer el agua a la Tierra.

La cosmoquímica Laurette Piani, quien lideró la investigación, señaló que, al contrario de teorías prevalecientes, el agua del planeta podría haber estado contenida en sus bloques esenciales.

Según los primeros modelos que explican la formación del sistema solar, los grandes discos de gas y polvo que se arremolinaban alrededor del Sol y terminaron formando los planetas interiores estaban demasiado calientes como para formar hielo.

Esto podría explicar las condiciones de esterilidad de Mercurio, Venus y Marte, pero no del planeta azul, con sus vastos océanos, una atmósfera húmeda y su geología bien hidratada.

La idea más frecuente es que el agua apareció en una etapa posterior, traída por un objeto extraterrestre, y los principales sospechosos son los meteoritos que poseen el líquido en abundancia, conocidos como condritas carbonáceas.

El problema, sin embargo, era que su composición química no coincide plenamente con la de las rocas de la Tierra.

Además, esas condritas se formaron en las afueras del sistema solar, lo que baja su probabilidad de haber golpeado al planeta cuando era joven.

Bloques fundamentales

Otro tipo de meteoritos, llamado condritas de enstatita, posee una composición química mucho más cercana, lo que indica que constituyen los bloques fundamentales que formaron la Tierra y los otros planetas interiores.

De estas rocas, que se formaron cerca del Sol, se asumía que eran demasiado secas para justificar las enormes reservas de agua del planeta.

Para probar si esa presunción era cierta, Piani y sus colegas de la Universidad de Lorraine utilizaron una técnica de medición llamada espectrometría de masas para cuantificar el contenido de hidrógeno en 13 condritas de enstatita.

Hallaron que las rocas contenían suficiente hidrógeno como para proveer a la Tierra con al menos tres veces la masa de agua de sus océanos.

También midieron los dos tipos de hidrógeno, conocidos como isótopos, porque la proporción relativa de éstos es muy diferente entre distintos cuerpos del sistema solar.

"Encontramos que la composición de hidrógeno isotópico de las condritas de enstatita es similar a la del agua almacenada en el manto terrestre", destacó Piani, quien comparó el hallazgo a una coincidencia en el ADN.

La investigación no excluye que más agua haya llegado luego de otras fuentes, como cometas, pero indica que las condritas de enstatita realizaron un aporte significativo a la cantidad del líquido de la Tierra en su etapa de formación.

El hallazgo "aporta un elemento crucial a este rompecabezas", escribió Anne Peslier, científica de la NASA, en una editorial que acompaña la publicación.

Viernes, 14 Agosto 2020 06:07

Despojo a los mapuches

Despojo a los mapuches

Desde que el pinochetista Víctor Pérez asumió el Ministerio de Interior, la guerra contra el pueblo mapuche ganó en intensidad y brutalidad. Con su nombramiento como jefe de gabinete, el presidente Sebastián Piñera volcó su gobierno hacia la extrema derecha que utiliza el racismo y la violencia para amedrentar a los pueblos.

Uno de los hechos más graves sucedió la noche del primero de agosto, cuando civiles armados apoyados por Carabineros atacaron a los mapuche que ocupaban los municipios de Curacautín, Ercilla, Victoria y Traiguén, con violencia y gritos racistas. Las bandas armadas se activaron horas después de la visita del ministro Pérez a Wallmapu, donde esgrimió el clásico discurso de odio y represión.

La actual ofensiva responde a dos situaciones: por un lado, la crisis del gobierno de Chile, debilitado por la revuelta social activada en noviembre y que nunca se detuvo, pese a la pandemia, los estados de emergencia decretados y la militarización impuesta. La base social y política de Piñera se venía desmoronando, lo cual permitió que el Parlamento votara una medida a contrapelo de la privatización de los fondos previsionales, que permite a los ahorradores retirar 10 por ciento de sus fondos.

Para recomponer sus apoyos, Piñera decidió hacer lo que la publicación El Mostrador califica como "un guiño al sector más duro de la derecha" para enfrentar la doble revuelta chilena y mapuche, y defender la Constitución pinochetista de 1980 (https://bit.ly/3iDdLBz). El nuevo ministro se rodeó de un "círculo de hierro" con personajes que tienen fluidas relaciones con empresarios agrícolas cuyas tierras, usurpadas en la llamada Guerra de la Araucanía (1861-1883), están en disputa con comunidades autónomas en la región de Ercilla.

La segunda y decisiva es la am-plia movilización mapuche en el sur, en apoyo a la huelga de hambre indefinida del machi (autoridadreligiosa) Celestino Córdova, condenado a 18 años de cárcel por la muerte del matrimonio Luchsinger Mackay durante un incendio en su hacienda, en 2013. La huelga de hambre exige que se cumpla con las disposiciones del Convenio 169 de la OIT que permite continuar la pena en su comunidad.

La solidaridad con Celestino está movilizando a decenas de organizaciones y comunidades, desafiando la pandemia y la militarización. Durante los 100 días de huelga de Celestino, a la que se sumaron 27 presos de las cárceles de Temuco, Angol y Lebu, se formó una red de apoyo liderada principalmente por mujeres, que se erigieron en sus voceras y en convocantes de las manifestaciones que sufrieron agresiones y violencia de los Carabineros (https://bit.ly/3fOiiPF).

El Estado, denuncia un editorial del medio digital Mapuexpress, ha actuado con indolencia frente a la pandemia en tierras mapuches y ante a la huelga de hambre. La represión llegó al extremo de impedir, en mayo, que las hortaliceras mapuches vendieran sus productos, pese a vivir momentos de extrema necesidad (https://bit.ly/3ah4LPm).

Mientras reprimía a las vendedoras de hortalizas, con la otra mano el gobierno promovía "el ingreso masivo de proyectos extractivos al Servicio de Evaluación Ambiental", en momentos en que la principal preocupación de las comunidades y organizaciones mapuches está puesta en contener el avance del Covid-19 (https://bit.ly/3gWxDze).

Lo hace, como denunciara Mapuexpress, en momentos en que están suspendidos los procesos de participación ciudadana y cuando las Asociaciones de Funcionarios Públicos de los Servicios Ambientales del Estado habían solicitado la suspensión de los plazos de las evaluaciones ambientales, por la imposibilidad de evaluar los megaproyectos y socializarlos con las comunidades.

En pocas palabras, aprovechan la pandemia para intensificar el despojo, algo que sucede en toda América Latina, como lo atestigua la aceleración de las obras del Tren Maya y del Corredor Interoceánico en México.

Dos consideraciones más: la guerra contra el pueblo mapuche es una guerra colonial de despojo, en línea con la conquista europea y la mal llamada Pacificación de la Araucanía en el siglo XIX, rematada por Pinochet cuando traspasó a privados las seis forestales estatales entre 1976 y 1979. El pueblo mapuche demanda la devolución de 3 millones de hectáreas robadas durante este largo ciclo de despojo, hoy en manos de empresarios y multinacionales. El racismo es un instrumento de la neocolonización.

En años recientes emergió un conjunto de organizaciones con fuerte presencia juvenil y femenina, que retoman y profundizan la importante lucha de la Coordinadora Arauco Malleko en la década de los 90. Se trata de la Alianza Territorial Mapuche, Parlamento de Koz Koz, Identidad Territorial Lafkenche (pueblos costeros), cooperativas, asociaciones de mujeres, hogares estudiantiles, comunidades autónomas y medios de comunicación que se reafirman en el camino de la autonomía y la autodeterminación (https://bit.ly/3kBKSr6).

Publicado enInternacional
La contaminación del aire, devastadora para los animales polinizadores

Estudio en India, de cuatro años, prueba efectos en la abeja melífera, uno de los organismos de los que depende la supervivencia humana

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), nueve de las 10 ciudades más contaminadas del mundo están ahora en India. Sin embargo, casi no tenemos idea de cómo la contaminación del aire está afectando a otros organismos.

Científicos del Grupo de Ciencias de la Vida de Bangalore, en la India, comprobaron que la contaminación del aire podría ser devastadora para los organismos de los que más dependemos para nuestra supervivencia, como la abeja melífera, según una de las primeras investigaciones en el mundo con el fin de tratar de abordar los impactos fisiológicos y moleculares de la contaminación del aire en plantas y animales silvestres.

La Apis dorsata o abeja melífera asiática gigante no sólo es una residente común de las ciudades indias, sino también contribuye de manera importante a la seguridad alimentaria y a los ecosistemas de India. Produce más de 80 por ciento de la miel del país y poliniza más de 687 plantas sólo en Karnataka.

Se estima que 75 por ciento de las especies de cultivos dependen en cierta medida de los animales, en su mayoría insectos, para su producción. India es el mayor productor de frutas y el segundo, de hortalizas en el mundo.

Dirigidos por Shannon Olsson, del Centro Nacional de Ciencias Biológicas (NCBS, por sus siglas en inglés) de Bangalore, Geetha Thimmegowda y sus colegas se embarcaron en un estudio que duró cuatro años de más de mil 800 abejas silvestres, publicado esta semana en Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Afecciones

Mediante una serie de experimentos junto con el experto en abejas, Axel Brockmann, del NCBS, y Dandipany Perunderai, investigador cardiovascular del Instituto de Ciencia de Células Madre y Medicina Regenerativa y el Instituto Cardiovascular Knight, los científicos hallaron que las abejas gigantes asiáticas de las áreas más contaminadas de la megaciudad de Bangalore presentaban tasas de visita de flores más bajas que en las áreas menos contaminadas.

Las abejas de áreas más contaminadas también mostraron diferencias significativas en el ritmo cardiaco, el recuento de células sanguíneas y la expresión de genes que codifican el estrés, la inmunidad y el metabolismo.

Al repetir estos experimentos con Drosophila, criada en laboratorio, se encontraron efectos similares, lo que sugiere que el impacto de la contaminación del aire no es específico de una especie ni probablemente sea el resultado de otros factores ambientales.

Hema Somanathan, que estudia el comportamiento de las abejas y la ecología de la polinización en el Laboratorio de Ecología Evolutiva y del Comportamiento del Instituto Indio de Educación e Investigación Científica, precisa que “el estudio se realizó con abejas silvestres que visitan las flores de forma natural en la ciudad de Bangalore y no en ensayos de laboratorio con abejas melíferas criadas en cajas de colmena que ya pueden estar estresadas o inmunodeprimidas.

"Por tanto, en mi opinión este estudio nos proporciona pruebas sólidas de que no todo va bien con nuestras abejas silvestres. Dada la escala de la alteración del paisaje y la urbanización en India, se espera que estos efectos sean generalizados y probablemente empeoren con el tiempo", sostuvo.

Asimismo, encontraron que más de 80 por ciento de las abejas recogidas de los puntos moderada y altamente contaminados murieron en 24 horas.

Publicado enMedio Ambiente
Página 1 de 60