Los tardígrados pueden sobrevivir sin agua, en estado de hibernación, durante una década SHUTTERSTOCK / EPV

El director científico de la misión israelí Beresheet, que se estrelló contra el satélite con animales microscópicos a bordo, no sabía que habían volado en su sonda

Hace una semana, el inversor estadounidense Nova Spivack sorprendió al mundo anunciando en la revista Wired que había enviado animales a la Luna a bordo de la sonda israelí Beresheet. Los viajeros en cuestión son unos seres microscópicos conocidos como osos de agua o tardígrados, capaces de sobrevivir a temperaturas de 200 grados bajo cero o 150 sobre cero, de resucitar después de diez años sin agua o de resistir las condiciones extremas del viaje espacial sin escafandra. El pasado abril, Beresheet aspiraba a convertirse en la primera sonda impulsada por inversores privados en posarse sobre la Luna, pero acabó estrellada. Sobrevivir a ese impacto era improbable, pero si alguien lo podía hacer eran los osos de agua.

Según reconocía Spivack en la entrevista, la idea de lanzar tardígrados con la sonda israelí fue algo que surgió poco antes de enviar hacia Oriente Medio el paquete que su organización, The Arch Mission Foundation, quería colocar en el espacio. En principio, el contenido consistía en una “biblioteca lunar” con 60.000 imágenes de alta resolución de páginas de libros clásicos, la Wikipedia en inglés casi al completo y los secretos de los trucos de magia de David Copperfield.

Esta información es parte del plan de Spivack para difundir conocimiento por todo el sistema solar con el objetivo de que, dentro de miles o incluso millones de años, las ideas o la información necesaria para reconstruir la civilización humana se encuentren en tantos sitios del universo como sea posible. “Cuantas más [bibliotecas] sean enviadas, más probabilidades habrá de que alguna pueda sobrevivir y sea descubierta en un futuro lejano”, explica. The Arch Mission Foundation ya envió la trilogía de novelas Fundación de Isaac Asimov a bordo del Tesla Roadster que Elon Musk puso en 2018 en órbita alrededor del Sol.

El emprendedor estadounidense decidió incluir a última hora muestras del ADN de 24 personas, incluidas las suyas, pegadas a las capas de níquel que conservan las imágenes con la librería que contiene el conocimiento para restaurar la civilización. Además, incluyeron muestras de lugares sagrados del mundo y algunos tardígrados deshidratados. Después, esparcieron unos miles más de estos ositos de agua pegados a la cinta adhesiva que cubrió la biblioteca lunar para protegerla.

Después del choque de Beresheet contra la Luna, es difícil asegurar que los animales microscópicos sobreviviesen —aunque Spivack mantiene la esperanza— y no existe ningún plan para acercarse a recuperarlos y traerlos a la Tierra para rehidratarlos y comprobar si pueden sobrevivir a esta experiencia extrema. El fundador de The Arch Mission Foundation explica a Materia que, además de los tardígrados, enviaron 100 millones de células de diversos organismos incrustados en una resina epoxi con el fin de poner a prueba sus métodos para preservar material biológico en el espacio.

Además de la improvisación en el envío de material biológico a la Luna, el proyecto de Spivack ha tenido otras características poco ortodoxas. Preguntado por este periódico sobre los detalles del envío de tardígrados a la Luna, Oded Aharonson, director científico de la misión, reconoce: “No he tomado parte en esta decisión”. También sugiere que no sabía que se iban a enviar estos animales a bordo de Beresheet y que prefiere "no hablar de este tema”. Spivack, por su parte, asegura que no trataron el envío de material biológico a la Luna con el equipo SpaceIL, la compañía responsable de la misión. “Somos una organización aparte que compró espacio para llevar una carga”, señala. Preguntado por si entre los responsables de la misión alguien conocía con detalle el contenido de esa carga, Spivack se niega a ampliar información. “Eso es todo lo que podemos decir”, afirma.

El miedo a que esos animales superresistentes contaminen la Luna sería infundado. Bernard Foing, científico de la Agencia Espacial Europea (ESA) y director del Grupo Lunar Internacional, considera “probable que estos organismos en la Beresheet no hayan sobrevivido al impacto y la exposición posterior a la radiación ultravioleta”. Foing señala que la propia ESA, que ya ha enviado tardígrados al espacio, ha planeado llevar estos animales a la Luna.

Gerhard Kminek, responsable de protección planetaria de la Agencia Espacial Europea, aclara que, a diferencia de Marte, protegido para no malograr con contaminación terrestre la posibilidad de encontrar indicios de actividad biológica, “no existen requerimientos técnicos de protección planetaria para la Luna y no hay limitaciones desde el punto de vista de la contaminación biológica u orgánica”. La única recomendación del Comité de Investigaciones Espaciales (COSPAR) —el organismo internacional encargado de la protección del espacio exterior— consistiría en informar sobre los elementos orgánicos enviados antes de que pasen seis meses desde el lanzamiento. “El choque de esta misión con material biológico no violó ningún requerimiento técnico de protección planetaria”, aclara Kminek

Por Daniel Mediavilla

14 AGO 2019 - 02:35 COT

La órbita de una estrella alrededor de un agujero negro supermasivo da la razón a Einstein

Un nuevo estudio, en el que ha participado el Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC, confirma la validez de la teoría de la relatividad, gracias a un estudio durante 26 años que ha calculado con detalle la gravedad en entornos extremos.

 

 

A 26.000 años luz de la Tierra, en las regiones centrales de la Vía Láctea, se halla Sagitario A*, un agujero negro supermasivo con una masa equivalente a unos cuatro millones de soles. Los agujeros negros son objetos tan compactos que ni siquiera la luz puede escapar de su influencia gravitatoria, y fue el estudio detallado de las órbitas de las estrellas cercanas lo que permitió conocer su masa.

Ahora, una de esas estrellas, conocida como S2, ha permitido estudiar en detalle la gravedad en entornos extremos y confirmar la validez de la teoría de la relatividad de Einstein. El trabajo, publicado en la revista Science, ha contado con la participación de investigadores del el Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC.

Einstein, en su teoría de la relatividad, mostró que el tiempo y el espacio, que siempre se habían considerado entidades diferenciadas, formaban en realidad una entidad única: el espacio-tiempo.

El espacio-tiempo es el escenario en el que se desarrollan todos los eventos físicos del universo, y se trata de un tejido maleable, que se curva en presencia de materia. Esta curvatura es la causante de los efectos gravitatorios que rigen el movimiento de los cuerpos (tanto el de los planetas alrededor del Sol, como el de los cúmulos de galaxias), y los agujeros negros supermasivos constituyen un entorno idóneo para verificar este efecto.

“Nuestras observaciones son consistentes con la teoría de la relatividad –apunta Andrea Ghez, investigadora de la Universidad de California, que encabeza el trabajo-. Sin embargo, la relatividad no puede explicar completamente la gravedad dentro de un agujero negro, y en algún momento tendremos que ir más allá de Einstein, a una teoría de la gravedad más completa que explique estos entornos extremos", subraya.

 

Desplazamiento al rojo gravitatorio

 

Los resultados han sido posibles gracias a la estrella S2, que dibuja una elipse muy pronunciada en torno a Sagitario A* y que, en el punto de máximo acercamiento, se sitúa a tan solo unas tres veces la distancia que existe entre el Sol y Plutón. A esa distancia, y debido a la enorme fuerza de gravedad del agujero negro, la relatividad predice que los fotones (partículas de luz) deberían sufrir una pérdida de energía, lo que se conoce como desplazamiento al rojo gravitatorio.

Eso es, precisamente, lo que ha medido el equipo científico, confirmando un resultado publicado en 2018.

“Este tipo de experimentos está sujeto a un gran número de posibles errores y, desafortunadamente, el equipo que difundió el resultado anterior no publicó todos los datos, algo que debería ser estándar hoy día, señala Rainer Schödel, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía y uno de los autores del estudio. Con este trabajo, aportamos una comprobación independiente de un experimento extremadamente difícil, muy necesario en este caso, y aportamos todos los datos y los análisis estadísticos”.

Los datos clave en la investigación fueron los tomados con el telescopio Keck (Hawaii) durante los meses del máximo acercamiento entre la estrella y el agujero negro. Estos datos, en cuya obtención participó Eulalia Gallego, investigadora en el mismo instituto, se combinaron con las mediciones realizadas en los últimos 24 años, lo que permitió obtener la órbita completa de la estrella en tres dimensiones y, a su vez, comprobar la validez de la relatividad general.

“Este resultado es un ejemplo claro del enorme potencial de centro galáctico como laboratorio, no solo para estudiar los núcleos galácticos y su papel en la evolución de las galaxias, sino también para resolver cuestiones de física fundamental”, concluye Rainer Schödel, que además es investigador principal del proyecto GALACTICNUCLEUS, que busca resolver cuestiones abiertas incrementando en más de cien veces nuestro conocimiento actual de la población estelar más cercana a Sagitario A*.

MADRID

26/07/2019 10:56 Actualizado: 26/07/2019 11:10

sinc

@agencia_sinc

Sorprende a científicos volver a encontrar metano en Marte

Investigadores datan en hace 4 mil 480 millones de años la "posibilidad real" de vida en el planeta rojo

 

La NASA anunció que Curiosity detectó de nuevo metano en Marte, gas que puede ser emitido por microbios, pero también por las interacciones entre las rocas y el agua.

 

El minilaboratorio químico que tiene el robot, denominado SAM, encontró una concentración de metano de 21 partes por mil millones de unidades, señaló la agencia en un comunicado, lo que representa un "resultado sorprendente".

 

Paul Mahaffy, principal investigador de la NASA para el SAM, sostuvo que "con las mediciones actuales no tenemos manera de decir si el metano es de origen biológico, geológico, antiguo o moderno".

 

El asunto del metano fascina a los científicos del espacio, porque su presencia puede indicar un signo de vida.

 

Curiosity, que se desplaza sobre Marte desde 2012, ha detectado metano varias veces. La sonda espacial europea Mars Express, en órbita marciana desde 2003, fue la primera en hacerlo, pero nunca en ese nivel, alrededor de tres veces más alto de lo que se había registrado.

 

Sinembargo aún hay un misterio que los científicos aún no han resuelto: la sonda europea Orbitador de Traza de Gas, lanzada en 2016 con instrumentos más avanzados, todavía no ha detectado nada.

 

Combinación de resultados

 

“Combinar las observaciones realizadas desde la superficie y en órbita podría ayudar a los científicos a localizar las fuentes de gas en el planeta y comprender cuánto tiempo permanece en la atmósfera marciana. Esto podría explicar por qué las mediciones de metano de la Orbitador de Traza de Gas y del Curiosity difieren tanto”, concluye la NASA.

 

La primera "posibilidad real" de que la vida se desarrollara en Marte ocurrió hace 4 mil 480 millones de años, cuando gigantescos meteoritos que inhibían la vida dejaron de golpear el planeta rojo, según investigadores de la Universidad de Western Ontario

 

El hallazgo, descrito en un estudio publicado en Nature Geosciences, no sólo aclara las posibilidades para el vecino más cercano de la Tierra, sino también pueden restablecer la línea de tiempo para la vida en nuestro planeta hogar.

 

"Los impactos de meteoritos gigantes en Marte podrían haber acelerado la liberación de las aguas tempranas desde el interior del planeta preparando el escenario para las reacciones de formación de vida", explicó Desmond Moser.

 

Bombardeo de meteoritos

 

Este profesor de geografía y ciencias de la Tierra precisó que se sabe que la cantidad y el tamaño de esos impactos en Marte y la Tierra disminuyeron de forma gradual después de que se formaron los planetas. Con el tiempo, se hicieron pequeños y poco frecuentes como para que las condiciones cercanas a la superficie pudieran permitir el desarrollo de la vida. Sin embargo, el tema de cuándo terminó el bombardeo de meteoritos se ha debatido durante mucho tiempo.

 

Se ha propuesto que hubo una fase "tardía" de bombardeo de ambos planetas que terminó hace unos 3 mil 800 millones de años.

 

Para el estudio, Moser y su equipo analizaron los granos minerales más antiguos conocidos de meteoritos que se cree que se originaron en Marte. Grabados a niveles atómicos, casi no han cambiado, ya que se cristalizaron cerca de la superficie del planeta rojo.

 

En comparación, el análisis de las áreas impactadas en la Tierra y su Luna muestra que más de 80 por ciento de los granos estudiados contenían características asociadas con los impactos, como la exposición a presiones y temperaturas intensas.

 

Los análisis de las muestras de la Tierra, Marte y la Luna, que se efectuaron en el laboratorio de fase de accesorios y circonitas único de Western, dirigido por Moser.

 

Los resultados sugieren que el fuerte bombardeo de Marte terminó antes de que se formaran los minerales analizados, lo que significa que la superficie marciana se habría convertido en habitable para cuando se cree que el agua era abundante allí. Para entonces, el agua también estaba presente en la Tierra.

La observación de los eclipses Einstein tuvo razón (hace 100 años)

Se cumple el centenario del eclipse que permitió confirmar la teoría de la relatividad general. "Cada día, cuando buscamos en el mapa del teléfono móvil una trayectoria desde nuestra posición, estamos beneficiándonos de que Einstein tuviera razón al hacer una teoría tan poderosa y precisa sobre cómo es el espacio y el tiempo", explica el astofísico y divulgador 


El 29 de mayo de 1919 se produjo un eclipse total de Sol observable en una franja de la Tierra que cubría desde Sudamérica al África Central. En aquella época la pasión por la observación de los eclipses estaba, digamos, bastante baja en la lista de las preocupaciones de la gente.


Haciendo un chiste fácil al que no puedo resistirme, los acontecimientos terroríficos de la Gran Guerra habían eclipsado lógicamente casi cualquier tipo de actividad intelectual. Mirándolo con la perspectiva que dan estos cien años, sin embargo, el año en que se vivía el fin de la contienda fue especialmente provechoso para la astronomía. Ese mismo año se creó la Unión Astronómica Internacional y, una vez más, una observación de un fenómeno celeste permitía confirmar una nueva teoría física.


En 1915 Albert Einstein había publicado una teoría revolucionaria que se ha convertido en parte de posiblemente la mayor aventura intelectual del siglo XX: el espacio y el tiempo lo eran por la acción de la gravedad. O, pensándolo de una nueva manera, la gravedad que había servido para asentar las bases de la ciencia moderna a partir de Newton, esa fuerza universal que daba forma al cosmos, se convertía en la razón de que tengamos una geometría y una historia determinada.


El desarrollo matemático de este marco teórico se convirtió en el quebradero de cabeza de muchos físicos, y aún sigue siéndolo incluso (o especialmente) para los estudiantes del grado de Física de cualquier universidad de cualquier parte del mundo. Pero ya en los primeros años de la Era Einstein se empezaron a ver que había consecuencias medibles de los planteamientos de la relatividad.


La respuesta, cerca del Sol


Así, la relatividad explicaba que el movimiento de precesión anómalo de Mercurio se debía al arrastre del espacio-tiempo provocado por la cercanía del Sol, algo que antes se había intentado explicar con la presencia de un inexistente planeta interior desconocido, Vulcano. Otra de las predicciones sorprendentes de esas curvaturas de la textura del universo en torno a una masa era que se podía calcular cuánto se desviaría la misma luz cuando pasaba cerca de ella.


Swarzschild calculó incluso que con una masa suficientemente densa la luz podría llegar a quedar atrapada en un pozo gravitatorio. Y en marzo de 1919 el astrofísico inglés Arthur Eddington propuso que esa curvatura de la luz podría ser observada en un eclipse solar. Bastaba con obtener imágenes de las estrellas cercanas al disco solar aprovechando que la Luna pasaría unos minutos por delante ocultándonos la luz de la fotosfera.


Se suele decir que Eddington fue la primera persona que entendió la relevancia de la teoría de la relatividad general. Se suele contar, además, que siendo de confesión cuáquera estaba en la disposición perfecta para poder soslayar la barrera entre naciones que había impuesto el escenario de la guerra. Dyson, el responsable del observatorio real británico, entendió que era posible montar dos expediciones a la franja de totalidad del eclipse a ambos lados del Atlántico, una en Sobral, Brasil y otra en la isla del Príncipe. Las imágenes y las mediciones de ese día de hace justo un siglo permitieron comprobar los cálculos relativistas.


Einstein en los medios


Algo que, además, llegó a los medios de comunicación. Einstein no era conocido entonces, Eddington mucho más en el Reino Unido, pero el espaldarazo a la teoría que proporcionó esta observación astronómica fue lo que permitió a los periodistas escribir por primera vez "Einstein tenía razón". Un titular que se ha ido repitiendo a lo largo de este siglo cada vez que la física relativista cumple una de sus predicciones.


Este año, sin ir más lejos, cuando el equipo internacional del Telescopio del Horizonte de Sucesos presentó su imagen del agujero negro del núcleo de la galaxia M87. O hace cuatro años cuando se detectaron las ondas gravitacionales por el equipo internacional del LIGO. Y aunque no lo digamos, cada día, cuando buscamos en el mapa del teléfono móvil una trayectoria desde nuestra posición, estamos beneficiándonos de que Einstein tuviera razón al hacer una teoría tan poderosa y precisa sobre cómo es el espacio y el tiempo.
Resulta irónico que a Albert Einstein le parecieran más interesantes los experimentos mentales y la fortaleza matemática de la física teórica que la incierta y modesta obsesión de la física experimental en avanzar mediante experimentos reales. Porque realmente si su teoría se hizo sitio fue por su capacidad de responder de manera precisa a los retos de un universo que sin su teoría no tendría una explicación correcta.


Hoy hace un siglo, ese eclipse demostró que la física es una de las ocupaciones más susceptibles de cambiar a largo plazo la historia humana. Así que merece la pena celebrarlo.

madrid
29/05/2019 16:33 Actualizado: 29/05/2019 16:33
javier armentia/agencia sinc

Lisa Randall: "Vivimos en la época más inteligente y en la más estúpida"

Esta científica y escritora neoyorquina, además de experta en física de partículas y cosmología, es una celebridad. También, una pionera. Fue la primera mujer en ocupar la cátedra de Física Teórica de las universidades de Harvard y Princeton y la primera profesora titular en esta materia en el MIT. Ahora, vive con emoción grandes descubrimientos como la detección de las ondas gravitacionales. "Estamos justo al principio, es apasionante", dice.


Lisa Randall (Nueva York, 1962) fue investida el 25 de marzo doctora honoris causa por la Universidad Autónoma de Barcelona. "Fue muy bonito, una mañana muy agradable", dice. El día anterior, la investigadora dio una charla de divulgación en el festival de literatura Kosmopolis del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. "¿Estuviste? ¡Qué bien, gracias!", exclama sorprendida. A pesar de ser domingo a primera hora de la tarde, la sala estaba llena a reventar.
Nos encontramos en la entrada del hotel donde se hospeda, a doscientos metros de La Pedrera, muy cerca del Paseo de Gracia de Barcelona. Baja de su habitación en ascensor mascando chicle. Nos sentamos en la terraza interior del hotel y charlamos sobre física, la relación entre ciencia y arte, el futuro en la Tierra y el papel de las mujeres. A pesar de ser esquiva a hablar sobre cuestiones de género, Randall es una pionera en su campo. Fue la primera mujer en ocupar la cátedra de Física Teórica de las universidades de Harvard y Princeton y la primera profesora titular de Física en el MIT.

La física pasa por un buen momento. En los últimos años ha habido grandes descubrimientos, como el bosón de Higgs y las ondas gravitacionales. ¿Se siente afortunada de vivir en esta época?

Resulta gracioso, porque a pesar de todos estos descubrimientos siempre estamos interesados en lo que vendrá, en lo siguiente. El bosón de Higgs fue predicho hace 50 años. Nos interesa conocer qué hay más allá del modelo estándar de partículas. Esto no significa que los experimentos actuales no sean buenos, pero parece que necesitaremos energías mucho más altas para conocer aún más. No sabemos qué aprenderemos de los futuros experimentos. Pasarán muchos años hasta que se construya un colisionador de partículas de altas energías, si es que llega a existir. Por otro lado, las ondas gravitacionales pasan por un momento emocionante. Estamos justo al principio, es apasionante.

¿Qué significaría un colisionador de altas energías como el que quiere construir China?


Tendremos mucha suerte si se llega a construir. Hay propuestas de China y del CERN, que ha planteado la construcción de un futuro acelerador circular (FCC). Esto no significa que el actual LHC caduque, ya que pasarán muchos años antes de que el CERN lleve a cabo ese proyecto. El próximo paso no serán las altas energías, sino la etapa de alta luminosidad del LHC. Esto permitirá hacer muy buena física, pero no creo que haya nada que reemplace a las altas energías.

A pesar del conocimiento actual del universo, siguen existiendo terraplanistas. ¿Cómo se lo explica?

Sí, resulta gracioso. Además, estamos lidiando con la actual situación política en Estados Unidos… De algún modo, vivimos en la época más inteligente y en la más estúpida. No sé a qué se debe, si están asustados o no confían en la ciencia. Una de las cuestiones que me planteo al escribir libros de divulgación es por qué hay gente tan reticente a ciertas ideas. Claro que la mayoría de los que leen mis libros no son terraplanistas, pero mi intención es hacer que mis ideas se comprendan bien. Si no te dedicas a la ciencia, no tienes porque tener ciertos conocimientos. Debe haber algo más que explique por qué la gente desconfía de la ciencia, no sé qué es. Es algo que debemos abordar.

Otra de las cuestiones que la humanidad debería abordar es el cambio climático. ¿Le preocupa el futuro de la Tierra?

No me preocupa la Tierra, me preocupa la vida en la Tierra [ríe]. Nuestro planeta sobrevivirá. Creo que estamos provocando cambios muy rápidos, más de lo que podemos controlar. Es muy difícil mantener el estilo de vida actual, aunque encontremos otras fuentes de energía. Hay mucha gente que no ve naturaleza en su día a día. Yo me crié en Queens y no salía al campo, es algo que no hacía y que ahora me hace muy feliz. Creo que estamos desconectados de la naturaleza. No pensamos en las consecuencias masivas de todo esto. Hay especies que quizás ya no tengan donde ir. Si destruimos sus hábitats no van a sobrevivir.

Usted es física teórica, no experimental. Sus herramientas de trabajo son la pizarra y la tiza. ¿Cómo es su rutina?

Desearía tener una rutina. Trabajamos sobre ideas. Paso una gran parte de mi tiempo con gente y hablando con mis estudiantes de postdoctorado. Leo artículos científicos, pienso si lo que dicen tiene sentido, si son interesantes, si me ha escapado algo… Cuando tenemos una idea, hay que trabajar sobre ella. Aquí mis alumnos son muy útiles. Quiero decir que son útiles en todas las etapas del proceso, pero tienen un papel principal resolviendo los detalles o haciendo números. A veces, trabajo en cuestiones más de cosmología y otras más en física de partículas. Realmente es una combinación de leer, tener ideas, resolver e ir al detalle.

El trabajo de un físico teórico consiste en pensar mucho. Pero, ¿también procrastina?

Me gusta escaparme y hacer escalada, por ejemplo. A veces, me ayuda a aclarar la mente. Si estoy preocupada por algo o distraída, escalar me ayuda a no pensar en ello. De hecho, el sábado pasado fui a escalar a Montserrat, fue fantástico. Tuve mucha suerte, porque no entraba en mis planes. Pero alguien me contactó, al ver que estaba por aquí, y me lo propuso. Fue maravilloso. No es que hiciéramos nada excepcional, pero fue un día realmente agradable. Montserrat tiene distintos niveles, puedes escoger cuál de ellos escalar. Pero la mayor ventaja es que está cerca [de Barcelona].

En el festival de literatura Kosmopolis habló sobre las colaboraciones entre arte y ciencia. ¿Es esta mezcla una buena idea?

No siempre. Se han hecho mal muchas cosas. En ocasiones, los científicos piensan que todas las fotos bonitas que sacan son arte y normalmente no lo son. Por su parte, los artistas piensan que están haciendo algo científico, cuando realmente no lo es. Se cometen muchos errores. Lo que hace el arte es traducir cosas sobre las que podemos pensar y aborda cuestiones y preocupaciones de cómo el ser humano se sitúa en estos avances. En otros momentos, simplemente te hace ser consciente de todo ello, el arte es una manera distinta de tomar consciencia. La ciencia protagoniza gran parte de los cambios del mundo actual y los esfuerzos artísticos por contarlos funcionan bastante bien.

Parece una persona muy sensible al arte. En Barcelona ya estuvo involucrada en la creación de una opera con el compositor catalán Hèctor Parra.

Es gracioso, porque no me había dado cuenta de lo que aprecio el arte. Vuelvo a los museos que había visitado de pequeña, como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, y recuerdo muchos de sus cuadros. Creo que esto es algo que te afecta. Recuerdo que una vez vi un Guernica en Madrid y me dije, espera, yo he visto esto antes [ríe], como si lo hubiese registrado. Era realmente joven cuando lo vi por primera vez. No te das cuenta de la influencia que ejerce el arte sobre ti, pero la tiene.

Uno de sus libros se titula como una canción de Guns’N’Roses (Knocking on Heaven’s door), ayer citó otra de Suzanne Vega… ¿También le gusta la música?

La música es muy pegajosa. A veces se me engancha una canción, me guste o no. Habitualmente me gusta. Yo diría que hay gente mucho más fan de la música que yo. Pero me gustan mucho las letras de las canciones, creo que es una forma de poesía, es divertido. Me encanta jugar con las palabras y la música es una buena manera de jugar con ellas. Especialmente en un contexto que le resulta familiar a la gente, más que una cita de un filósofo griego antiguo.

Una vez hizo un cameo en la serie Big Bang Theory. Le dijeron que pasara desapercibida, sentada en una mesa, detrás de Sheldon. Realmente muy pocos la vieron.

Lo gracioso fue que a pesar de que estaba sentada en segundo plano y se me veía bastante, muy poca gente se dio cuenta. Muchos de los que veían la serie y me conocían no me vieron. Eso es porque no esperaban que estuviese allí. Pensamos que somos muy observadores y que tenemos muchas herramientas, pero hay tanta información en todas partes que realmente ayuda saber qué estás buscando, como en la física de partículas.


¿Se siente cómoda con la imagen que da la serie de los físicos?


Es una mezcla. ¿Queremos que los físicos sean normales o que no lo sean? La razón por la que la serie es popular no es solo porque los físicos sean raros, creo que trata algunos temas que son universales y nos afectan a todos, pero se cachondea de los físicos. ¿Cómo actúas en un mundo donde siempre te sientes algo distinto? Creo que fue genial que incluyeran también a una mujer física, que fuese tan rara como el chico. ¿Es esta la única imagen que queremos que la gente tenga de nosotros? No necesariamente, pero es muy loco que una serie sobre físicos haya sido la más popular de la televisión. ¡Es estupendo!

Sé que es reacia a hablar sobre cuestiones de género, pero tengo que sacarle el tema.

Soy reacia cuando en una entrevista de cinco minutos la mitad de la conversación es solo sobre esta cuestión.

Por poner un ejemplo, solo hay tres mujeres que han ganado un premio Nobel de Física.

Sí, hay un problema.

¿Cuál es su opinión? Usted es un referente para mucha gente.

Muchas gracias, me gusta pensar eso. La verdad es que para mí también es difícil. La gente no se lo cree porque tengo éxito, pero a veces es duro. Solo tienes que preocuparte realmente por lo que haces y enfocarte en ello. No creo que exista una única respuesta al problema ni considero que se limite únicamente a la presencia de las mujeres en ciencia. Se trata de una cuestión mucho más amplia. Fíjate en la situación política o acuérdate de las últimas elecciones estadounidenses. Si Hillary [Clinton] hubiese dicho la mitad de las cosas, o cualquiera de las cosas, que dijo Trump, se habrían reído de ella a carcajadas. A una mujer nunca se le permitiría. Hemos sido educadas así. Luego se preguntan por qué somos tan prudentes. No se nos permite descuidarnos [ríe]. Resulta muy frustrante, la verdad.

Por núria jar (sinc)

Los elementos de la tabla periódica sólo son 5% de lo que compone el universo

La historia de la galaxia es compleja; aunque se conoce a grandes rasgos, faltan muchos detalles. Por ello, se requiere hacer mejores observaciones y desarrollar la física necesaria para entender lo que las estrellas pueden contarnos, afirmó ayer Silvia Torres Castilleja, investigadora emérita del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En la conferencia Evolución química de la galaxia, celebrada en la Facultad de Química, la astrónoma explicó que los elementos químicos identificados en la tabla periódica son sólo 5 por ciento de lo que compone el universo. El resto, es materia y energía oscura que "aún no sabemos qué es, si yo se los pudiera explicar, me darían un Premio Nobel", aseguró la ex presidenta de la Unión Astronómica Internacional.

Agregó que para entender cómo se han modificado los gases y elementos en la Vía Láctea, nuestra galaxia, cuál es la historia de formación de las estrellas y cómo se han ido modificando, los astrónomos en el mundo buscan determinar con precisión cuál es la abundancia de los distintos elementos químicos presentes en las nebulosas planetarias.

La importancia del estudio de los gases de las nebulosas radica en que estos guardan información de los que dieron origen y formación a la estrella primaria.

Para explicarlo con un objeto más conocido y cercano al hombre, la especialista habló del proceso de vida del Sol, que transforma su hidrógeno en helio en el centro desde hace 4 mil 600 millones de años. Se estima que esta fase durará otros 5 mil millones de años, luego tardará otros 2 mil millones de años para quemar todo ese elemento químico y convertirlo en carbón, después perderá las capas externas y la parte central se convertirá en una enana blanca, una estrella muy concentrada. El gas que haya perdido se alejará, nunca regresará y se irá al espacio. A este conjunto de estrella caliente y gas que la rodea se le denomina nebulosa planetaria.

Cantidad y diferencia de los gases

Aunque los astrónomos ya comprenden cómo funciona una nebulosa y que estos gases dan origen al nacimiento de nuevas estrellas, aún desconocen los detalles, como la cantidad de esos compuestos y la diferencia de los que expulsan.

Silvia Torres sostuvo que cada uno de los elementos químicos en sus determinados estados de ionización tienen una firma única, algo parecido a una huella digital, que ayuda a determinar su composición y aporta información sobre el futuro que les espera a las estrellas.

En los primeros millones de años del universo sólo se formaron dos elementos químicos, el hidrógeno (H) y el helio (He), además de mínimas cantidades de litio (Li), berilio (Be) y boro (B), mientras los demás elementos se fueron formando en el interior de las estrellas. En las nebulosas planetarias se forman constantemente nuevas cantidades de helio, carbón (C) y nitrógeno (N).

Indicó que la vida media de una nebulosa es muy breve en términos astronómicos, entre 10 y 30 mil años, una ínfima fracción de los más de 10 mil millones de años que puede tener de vida un astro como el Sol.

La imagen muestra el escudo térmico en forma de cúpula del módulo de aterrizaje InSight que cubre un sismómetro.Foto Ap

París y California. Un sismógrafo desplegado en Marte, parte de la misión estadunidense InSight, registró el 6 de abril el primer temblor en el planeta rojo, anunció este martes la agencia espacial francesa CNES.

"Es formidable tener finalmente una señal de que todavía hay una actividad sísmica en Marte", afirmó en un comunicado Philippe Lognonné, investigador del Instituto de Física de la Tierra de París.

"Estuvimos meses en espera del primer sismo marciano", añadió el llamado "padre" de este sismógrafo francés SEIS (Seismic Experiment for Interior Structure), depositado el 19 de diciembre pasado en suelo marciano gracias a un brazo automático de la sonda InSight, que llegó al planeta rojo el 26 de noviembre.

Su objetivo es, mediante el registro de sismos, arrojar luz sobre la historia de la formación de planeta acontecida hace miles de millones de años.

Pero si bien el primer temblor "marca el nacimiento oficial de una nueva disciplina: la sismología marciana", este fue demasiado débil para proveer datos útiles sobre el interior del planeta, según Bruce Banerdt, responsable científico de la misión en el seno de la NASA.

Según los científicos todavía hay que confirmar que el sismo se registró en el interior del planeta y que no fue efecto del viento o de otras fuentes de ruido.

Otras tres señales, pero todavía más débiles que la del 6 de abril, fueron detectadas en los dos meses pasados.

Por su parte, el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por su sigla en inglés) de la NASA informó que fue un martemoto.

InSight es la primera nave espacial diseñada para estudiar específicamente el interior profundo de un planeta distante, y en la superficie de Marte comenzó su misión de dos años.

Débil estruendo

Los científicos del JPL describieron el sismo como un débil estruendo registrado en el día marciano 128 de la sonda.

"Hemos recolectado ruido de fondo hasta ahora, pero este primer evento inicia oficialmente un nuevo campo de estudio: la sismología de Marte", aseguró Bruce Banerdt en un comunicado.

El temblor fue tan débil que un sismo de la misma magnitud en el sur de California se perdería virtualmente entre las decenas de diminutos crepitantes sismológicos que ocurren todos los días, dijo JPL.

El ruido del 6 de abril destacó porque la superficie de Marte es extremadamente silenciosa en comparación con la Tierra.

El tamaño y la duración del “martemoto también se ajustan al perfil de algunos de los miles de terremotos detectados en la superficie lunar entre 1969 y 1977 por sismómetros instalados allí por las misiones Apolo de la NASA, dijo Lori Glaze, director de la división de ciencia planetaria en la sede de la NASA en Washington.

No se dio de inmediato una magnitud equivalente en la Tierra para el aparente martemoto.

InSight detectó otras tres señales aparentemente sísmicas el 14 de marzo, el 10 de abril y el 11 de abril, pero fueron aún más pequeñas y de origen más ambiguo, lo que dejó a los científicos menos seguros de que fueran martemotos

Un telescopio volante detecta la primera molécula del Universo


La confirmación de que el hidrohelio puede existir en el espacio interestelar apuntala el modelo de la Gran Explosión.

Tras la Gran Explosión de la que surgió el Universo, pasó un tiempo hasta que empezaron a bajar las elevadísimas temperaturas ambientales y se inició la recombinación de los elementos químicos creados en los primeros tres minutos, que ahora son los más ligeros de la tabla periódica, el hidrógeno y el helio.


Entonces, según la teoría, se formó la primera molécula de todos los tiempos, el hidrohelio o HeH+. El problema para los astrofísicos era que, hasta ahora, no se había podido detectar en el Universo este tipo de moléculas, no se había podido confirmar este pequeño pero importante paso en el modelo más comúnmente aceptado para reconstruir su evolución. Este problema ya está solucionado, porque se ha conseguido detectar hidrohelio (o ión hidruro de helio) en una nebulosa relativamente cercana.


Para este descubrimiento que se añadirá sin duda a los libros de texto no han hecho falta grandes telescopios ni naves espaciales, pero sí el empeño de un equipo internacional que perfecciona continuamente los instrumentos que integran el observatorio SOFIA de la NASA, un telescopio que vuela a bordo de un avión Boeing 747 adaptado. El renovado espectrómetro Great, que detecta radiación en el infrarrojo lejano, es el que ha registrado la presencia de hidrohelio en la Nebulosa NGC 7027, a unos 3.000 años luz de la Tierra en la constelación del Cisne, comunica la revista Nature.


Estamos hablando del nacimiento de la química en el Universo primitivo, en condiciones de altísimas presión y temperatura. Los investigadores, liderados por el alemán Rolf Güsten, del Instituto Max Planck de Radioastronomía, creen que esta molécula se empezó a formar unos 100.000 años después del Big Bang, a una temperatura de unos 3.700 grados centígrados.
"Este descubrimiento es una llamativa y preciosa demostración de la tendencia de la naturaleza a formar moléculas”, dice el estadounidense David Neufeld, coautor del trabajo. “A pesar de los ingredientes no prometedores disponibles, una mezcla de hidrógeno con el gas noble helio, no reactivo, y un ambiente muy duro a miles de grados centígrados, se forma una molécula frágil. Es destacable que este fenómeno no solo lo pueden observar los astrónomos sino que también se puede comprender con los modelos teóricos que hemos desarrollado”.
El hidrohelio, que es la combinación de un ión de hidrógeno (un protón) con un átomo de helio en fase gaseosa, no se conoció en la Tierra hasta 1925, cuando se consiguió sintetizar. Desde hace décadas se ha estado buscando en el espacio, recuerda el investigador alemán. “La química del Universo empezó con el HeH+. La falta de una prueba definitiva de su existencia en el espacio interestelar ha constituido un problema para la astronomía durante mucho tiempo”, dice Güsten.


Los modelos teóricos predijeron ya en los años setenta del pasado siglo la existencia y posible detección de la molécula en las nebulosas planetarias, los restos de estrellas similares al Sol, así como la longitud de onda a la que emitiría. Esta radiación no llega a la Tierra por la presencia de la atmósfera, así que las observaciones se tenían que hacer desde el cielo, pero los astrofísicos han tenido que esperar a avances técnicos que les permiten observar con alta resolución en este rango de frecuencias. Por casos como éste se dice que la astronomía está siempre en la vanguardia de la tecnología.


En 2013 se detectó la primera molécula de gas noble en el espacio, el argón en forma de iones de hidruro de argón, en la nebulosa del Cangrejo, lo que fue otro hito en el avance de la astrofísica. Y muy recientemente, se ha comunicado el hallazgo de litio en una estrella primitiva y muy rara de nuestra galaxia. Estas observaciones se han realizado con el telescopio VLT en el Observatorio de Paranal, de ESO, en Chile por parte de investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y la Universidad de Cambridge. La estrella es un cuerpo celeste originado en los primeros 300 millones de años del Universo, explica el IAC, y este descubrimiento podría aportar información crucial sobre el proceso de creación de núcleos atómicos (nucleosíntesis) que se produjo tras la Gran Explosión. “Esta estrella primitiva nos sorprende de nuevo con su alto contenido en litio y su posible relación con el litio primordial del Big Bang”, señala el investigador David Aguado, que ha publicado, junto con sus colegas, el trabajo en The Astrophysical Journal Letters.


En cuanto al más reciente descubrimiento, el del hidruro de helio, “la molécula estaba ahí, pero necesitábamos los instrumentos adecuados que observaran en la posición adecuada, y eso SOFIA lo hizo perfectamente”, dice Harold Yorke, director científico del observatorio, que se muestra satisfecho de que se hayan confirmado las predicciones de los modelos. Un final feliz y sin sorpresas, por ahora.

Por MALEN RUIZ DE ELVIRA

23/04/2019 07:38 Actualizado: 23/04/2019 07:38

Martes, 16 Abril 2019 06:29

Hacer lo visible

Hacer lo visible

La primera fotografía de la sombra de un agujero negro es uno de los logros más impactantes de la ciencia en lo que va del siglo XXI. Es la materialización de un sueño largamente acariciado por numerosas personas y grupos científicos en el mundo. Muestra la fuerza de la razón humana al lograr evidenciar lo imaginado, hacer visible lo invisible.

México tuvo una participación muy relevante en el proyecto que hizo posible integrar una imagen a partir de señales obtenidas en la franja milimétrica del espectro electromagnético (muy alejada del espectro visible y dentro de las ondas de radio) provenientes del centro de una galaxia conocida como M87, localizada a 55 millones de años luz de distancia de la Tierra dentro del cúmulo de galaxias de Virgo.


La participación de la ciencia mexicana en esta hazaña no fue marginal. Empleando el Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano (GTM), ubicado en la Sierra Negra de Puebla, a más de 4 mil 600 metros sobre el nivel del mar, una docena de investigadores de diferentes instituciones nacionales, entre ellas el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica y la Universidad Nacional Autónoma de México, contribuyeron con la obtención de datos y su análisis, la construcción de la imagen, su verificación independiente y la coordinación de los manuscritos publicados el miércoles pasado en la revista Astrophysical Journal Letters.


El GTM es uno de los ocho radiotelescopios del proyecto multinacional Telescopio del Horizonte de Eventos, que reunió a más de 200 científicos del planeta. Se trata de un gran logro de la ciencia mundial, a la vez de un gran triunfo de la ciencia mexicana que hay que celebrar.


Seguí la transmisión de la conferencia de prensa realizada ese día en México desde el auditorio Eugenio Méndez Docurro del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y luego las realizadas en Estados Unidos por la National Science Foundation, en España por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, al igual que la realizada por los científicos del radiotelescopio ALMA, en Chile. Y aunque la primera fue para mí por muchas razones la más significativa, todas ellas me provocaron una emoción muy difícil de describir al ser partícipe de un acontecimiento histórico y ver proyectada en las respectivas pantallas la primera fotografía de un hoyo negro. Además de la emoción por este suceso hay tres reflexiones que me interesa compartir.


En primer lugar, que la imagen obtenida es una muestra del poder de la razón científica, pues confirma la predicción hecha por Albert Einstein en 1915 en su teoría de la relatividad general que explica el desplazamiento de cuerpos en el universo en un entramado formado por el espacio y el tiempo, el cual se deforma por la presencia de objetos masivos. Las ecuaciones de esta teoría fueron resueltas en 1916 por el físico alemán Karl Schwarzschild, quien sugirió además la existencia de una singularidad: cuerpos relativamente pequeños con una gran masa, a los que luego se conocería como agujeros negros, cuya atracción gravitacional es tan grande que nada puede escapar a ellos, ni siquiera la luz. Estas predicciones se confirmaron o están por confirmarse plenamente con la imagen presentada al mundo el pasado 10 de abril.
Un aspecto inquietante para mí es la reconstrucción de la imagen. Se trata de señales recogidas por ocho radiotelescopios. Los datos recabados se reúnen y se sincronizan mediante relojes atómicos. Luego mediante procedimientos matemáticos y el empleo de algoritmos, millones de datos son transformados en una imagen que cobra sentido para el ojo humano. Se podría pensar que una fotografía construida de este modo es algo sumamente indirecto, que no nos dice realmente cómo es el objeto al que nos estamos refiriendo. Pero de algún modo tranquiliza pensar que así es como funciona la visión en los humanos, pues señales electromagnéticas en la franja del espectro visible son transformadas en señales eléctricas y químicas que llegan al cerebro, donde se integra lo que conocemos como percepción visual, lo que vemos.
Finalmente, quiero referirme a la pregunta que reiteradamente aparece sobre cuál es la utilidad de contar con un fotografía de un agujero negro. No me voy a detener en los innegables beneficios que se derivarán de la tecnología creada en la realización de este proyecto. Pero creo que hay pocas cosas comparables con la emoción que provoca en los investigadores un descubrimiento científico, me atrevo a afirmar que es una adicción mayor a la que produce cualquier droga. Un disfrute incomparable que en este caso se comparte al mundo. Los agujeros negros permiten entender la evolución de las galaxias, pero, además, cada nuevo avance en el conocimiento del universo nos ayuda a responder algunas de las preguntas más relevantes para nuestra especie sobre qué somos y cuáles son nuestros orígenes y destino.

Primera imagen de un agujero negro, captada por el Telescopio Horizonte de Sucesos. En vídeo, el periodista de EL PAÍS Bruno Martín explica cómo un equipo internacional de científicos ha logrado conseguir esta primera foto. EPV

Hasta ahora, la existencia de estos objetos extremadamente densos se conocía solo por métodos indirectos

 La primera imagen de un agujero negro ha sido publicada este miércoles por un equipo internacional de más de 200 científicos. El cuerpo en cuestión está en el centro de la galaxia Messier 87 (M87), a una distancia de 55 millones de años luz. Hasta ahora, la existencia de estos objetos extremadamente densos se conocía solo por métodos indirectos, pero nunca se había observado uno.

Los agujeros negros son cuerpos astronómicos tan masivos que generan un campo gravitatorio del cual no escapa ninguna partícula, ni siquiera la luz. Los investigadores han creado la imagen histórica unificando datos registrados por una red de ocho radiotelescopios repartidos por todo el mundo. Juntos actúan como una sola antena parabólica del tamaño de la Tierra, llamada Telescopio Horizonte de Sucesos (EHT, por sus siglas en inglés).

El consorcio EHT ha presentado sus resultados pioneros hoy en varias ruedas de prensa simultáneas por todo el mundo. En España el evento ha sido coordinado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) desde Madrid. El comisario europeo de Investigación, Ciencia e Innovación, Carlos Moedas, ha dicho desde Bruselas que “la historia de la ciencia quedará dividida entre el tiempo antes de la imagen y el tiempo después de la imagen”, y ha subrayado que la colaboración internacional de los científicos “da una lección a los políticos”.


Hace un siglo, Albert Einstein calculó que la fuerza de gravedad podía distorsionar el espacio-tiempo. Sus ecuaciones predecían que un cuerpo de altísima densidad podría esconderse detrás de un horizonte de sucesos, el límite a partir del cual la atracción del agujero negro es ineludible. Este horizonte es lo que se aprecia en la imagen recién publicada. El hito aparece en una serie de seis artículos científicos publicados hoy en una edición especial de la revistaAstrophysical Journal Letters.

Aunque el agujero negro, por definición, no se puede ver, el gas que cae hacia él se calienta a millones de grados y brilla. Frente a esa iluminación de fondo se observa una silueta oscura que es la sombra del agujero negro. Todo ello aparece bastante borroso porque el tamaño de la imagen supera la resolución máxima del EHT.


El anillo luminoso que rodea al horizonte de sucesos es asimétrico porque el agujero negro está en rotación. En la región inferior, la luz se desplaza hacia el observador y aparece más brillante, mientras que en la parte superior, la luz se aleja y aparece más tenue. Esto ha permitido determinar que el agujero negro gira en sentido horario.


Las ecuaciones de la relatividad general formuladas por Einstein también predijeron que un horizonte de sucesos debería tener forma circular y tamaño proporcional a la masa del agujero negro, con lo cual esta imagen pone a prueba la célebre teoría de nuevo. La relatividad general explica el comportamiento del universo a gran escala, pero es incompatible con la mecánica cuántica, que gobierna el mundo de las partículas subatómicas.


Con esta imagen, los científicos han constatado que las ecuaciones de la gravedad se sostienen incluso bajo las condiciones extremas en torno al agujero negro y Einstein ha vuelto a salir indemne. “Hemos medido que [el horizonte de sucesos] es extremadamente circular. Concuerda muy bien con las predicciones de la relatividad de Einstein”, ha dicho en la rueda de prensa José Luis Gómez, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA).


Un telescopio del tamaño de la Tierra


El agujero negro en el corazón de M87 está en el cercano cúmulo de galaxias Virgo y es 6.500 millones de veces más masivo que el Sol. Observarlo desde la Tierra es comparable a divisar desde la Luna una pelota de tenis en la superficie de nuestro planeta, según ha dicho Iván Martí-Vidal, investigador del Instituto Geográfico Nacional. Debido a un fenómeno físico llamado difracción, existe un límite al tamaño de los objetos distantes que se pueden ver: cuanto más pequeños o lejanos sean, mayor es el telescopio necesario.


En este caso, los científicos escogieron detectar la luz que rodea al horizonte de sucesos en la longitud de onda de aproximadamente un milímetro. En esta banda del espectro electromagnético —entre infrarrojo y microondas— la luz puede sortear los obstáculos de gas y polvo desde el centro de la galaxia M87 hasta el Sistema Solar en la Vía Láctea.


Pero para observar el agujero negro en esa longitud de onda, sería necesario un radiotelescopio del tamaño de la Tierra. Por eso se creó la red de telescopios del EHT, que unifica los datos provenientes de antenas en EE UU, México, Chile, España y la Antártida, mediante un proceso llamado interferometría. Cuantos más observatorios se añaden, y más distanciados están, mejor resolución del agujero negro se puede obtener al sincronizar sus observaciones.


Dos años para revelar la ‘fotografía’


El EHT recogió en abril de 2017 los datos que han permitido construir la nueva imagen. Durante cinco días completos, los ocho radiotelescopios de la red, que incluyen el Telescopio de 30 metros de Pico Veleta en Sierra Nevada (Granada), se sincronizaron con relojes atómicos para observar el centro de la galaxia.


Las cantidades ingentes de datos recogidas por cada observatorio fueron enviadas en discos duros a una central en EE UU. Sumaban cuatro millones de gigabytes en total. Un superordenador combinó todas las observaciones, espaciando la reproducción de los distintos telescopios para tener en cuenta la diferencia horaria entre la llegada de las ondas electromagnéticas a cada uno. Luego, astrónomos e ingenieros informáticos analizaron los datos durante dos años.


Dado que los telescopios están distribuidos por todo el planeta pero no cubren la superficie entera de la Tierra —como haría realmente un telescopio gigante—, tres programas independientes de inteligencia artificial han extrapolado los datos que faltaban para generar la imagen más probable de ser fiel a la realidad. No es una auténtica fotografía, pero es lo que más se aproxima.
Gómez destaca, además, que el EHT tomó en realidad cuatro imágenes consecutivas, los días 5, 6, 10 y 11 de abril de 2017, todas “analizadas con independencia y con la misma rigurosidad”. Las cuatro imágenes coinciden, con lo cual no cabe duda de que el agujero negro en M87 tiene la forma que muestran.


Se esperaba que en la rueda de prensa se anunciase la imagen de otro agujero negro: Sagitario A*, el cuerpo masivo en el centro de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea. Sagitario A* está a 26.000 años luz de distancia de la Tierra y, aunque tiene la masa de cuatro millones de soles, se estima que solo mide 24 millones de kilómetros de diámetro, 17 veces más que el Sol.


Antxon Alberdi, el director del Instituto de Astrofísica de Andalucía, ha aclarado que esta imagen no está lista por dificultades técnicas, pero “se tendrá”. “La sensibilidad de EHT va a mejorar cuando llenemos la superficie del telescopio equivalente. Eso va a ocurrir con la adición de nuevos telescopios”, dice Alberdi.

Por BRUNO MARTÍN
Madrid 10 ABR 2019 - 16:53 COT

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