La ley de la gravitación universal postulada por Isaac Newton debe ser reformulada, ya que sus premisas presentan inconsistencias cuando se observan fenómenos gravitacionales en galaxias lejanas, señalaron astrofísicos mexicanos del Instituto de Astronomía (IA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Los investigadores Sergio Mendoza y Xavier Hernández rompieron con el paradigma de una de las leyes pilares de la física contemporánea con el planteamiento de una teoría que denominan gravedad extendida, con la que explican que, a diferencia de lo que vio el físico inglés, la capacidad de atracción entre cuerpos celestes varía de acuerdo con una combinación complicada de las masas y el tamaño del objeto en cuestión.

En entrevista, los científicos explicaron que su formulación ofrece una nueva expresión para la fuerza de gravedad. Afirmaron que si bien la ley newtoniana se aplica a escalas del sistema solar, a niveles galácticos mayores la fuerza de gravedad decae y no coincide con lo postulado por el llamado padre de la física.

Relación cuantitativa

Las premisas propuestas en 1687 por Newton, en su libro Principios matemáticos de la filosofía natural, establecen una relación cuantitativa para la fuerza de atracción entre dos objetos con masa. Sostienen que todo objeto en el universo que posea masa ejerce una atracción gravitatoria sobre cualquier otro objeto con masa, aun si están separados por gran distancia (como sucede con las estrellas binarias, asociadas, aunque a veces están muy lejos una de la otra).

La ley de la gravitación universal dice cómo se atraen las masas y cómo va la fuerza entre ellas. Señala que entre más masa tengan más se atraen, pero mientras más lejos estén la una de la otra, la atracción decaerá por el cuadrado de la distancia. Nosotros encontramos que en galaxias lejanas la disminución no es por un cuadrado de la distancia, sino sólo por la distancia, explicó Hernández.

Con base en esta premisa se advierte que los planteamientos newtonianos afirman que si dos cuerpos celestes en galaxias lejanas están a 10 años luz de distancia, su fuerza de atracción decaerá 100 veces. En cambio el postulado de los científicos mexicanos refiere que a esa lejanía la atracción sólo decaerá 20 veces.

Estos avances, a los que los universitarios llaman un primer paso, fueron publicados este año en dos artículos en las revistas especializadas Astronomy & Astrophisics y Monthly Notices, de la Sociedad Real Astronómica.

Mendoza y Hernández subrayan que no es que Newton estuviera equivocado, pues sus formulaciones cuadran en el sistema solar. Sin embargo, a escalas galácticas mayores hay inconsistencias.

En cierto sentido la ley de Newton no es otra cosa que la descripción de cómo se mueven los planetas en el sistema solar, que son los únicos objetos astrofísicos a los que él tenía acceso. Si el físico hubiera accedido a las observaciones que tenemos actualmente, quizá sus ideas serían muy similares a lo que ahora presentamos.

Hasta hoy, las ideas dominantes de la astrofísica mantienen la hipótesis de la existencia de materia oscura en el universo como forma de explicar la discrepancia que presenta la ley del físico inglés. Quienes defienden esta idea aseguran que es la fuerza gravitacional de la materia oscura la que debería mantener unida a la galaxia. No obstante, debe poseer propiedades exóticas, como no absorber ni emitir luz, traspasar la materia ordinaria, ocupar grandes extensiones de espacio sin agrumarse, además de componer 95 por ciento de la materia del universo.

Los científicos mexicanos han explorado un camino alternativo que descarta la presencia de materia oscura. Infieren que la fuerza atractiva que produce la materia observada a distancias galácticas es mayor de lo supuesto. Este proceder es el que Newton recomienda: buscar las fuerzas que rigen el movimiento de los astros en vez de postular la existencia de materia oscura.

Históricamente hay algo muy fuerte: Newton es el padre de toda la física, por lo que rebatirle algo es complejo. No se puede decir que está mal; de hecho no es así: en la descripción que dio le pegas perfecto a los datos (en el sistema solar), pero cuando te vas a escalas más grandes de masa y longitud, ya no funcionan.

La materia oscura es una hipótesis; sólo se supone que está ahí –no ha sido descubierta– para salvaguardar la ley de Newton. Se propone la existencia de ese elemento para no tirar matemáticamente las ideas newtonianas de gravitación universal”, aseveró Mendoza.

Las ideas teóricas de los científicos de la UNAM sólo pretenden cambiar la parte matemática de los planteamientos de Newton. “Hay dos partes de la esta ley: la dinámica y la gravitacional. Todos los intentos por modificarla (desde hace 30 años) han estado dirigidos a transformar la parte dinámica (la parte de la aceleración) de la conocida relación: fuerza igual a masa por aceleración.

Lo que nosotros proponemos es replantear la parte gravitacional, referente a qué tanta fuerza sienten dos masas a determinada distancia, es decir, qué tanto se atraen.

La gravedad extendida, explicaron, abre nuevas líneas de investigación, como buscar su versión relativista, revisar las consecuencias en torno a la curvatura del espacio y la expansión del universo, así como dar respuesta al problema de la materia oscura simplemente prescindiendo de esta última.

Por Emir Olivares Alonso
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El pasado 6 de julio la sala Nezahualcóyotl, en Ciudad Universitaria, bellísimo espacio hogar de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, se vistió de gala para recibir a un extraordinario hombre de ciencia: el doctor George F. Smoot, premio Nobel de Física 2006, quien impartió una conferencia. Físico y astrónomo estadunidense, nació en 1945. Es especialista en cosmología, ciencia que se dedica al estudio del origen y la evolución del universo.

George F. Smoot visitó México para participar en la más importante reunión internacional sobre relatividad y gravitación, GR19, organizada este año por físicos de nuestro país. El especialista estadunidense recibió el máximo galardón científico por su papel central en la comprensión de la radiación de fondo de microondas que permea la totalidad del espacio y que es una especie de antiquísimo eco de la gran explosión o big bang que marcó el colosal nacimiento de nuestro universo hace 13 mil 700 millones de años.

Este eco primordial no es, desde luego, un registro sonoro, sino radiación del mismo tipo que la luz visible, pero en forma de microondas, invisibles para nuestros ojos pero que pueden detectarse con instrumentos especiales.

Smoot promovió el lanzamiento del satélite Cobe en 1992, especialmente diseñado para registrar con muy alta resolución esa radiación. Así descubrió que lo que en un principio parecía ser un fulgor homogéneo, sin rasgos particulares, tiene en realidad una estructura fina, con zonas ligeramente más calientes o ligeramente más frías que el promedio.

Estas fluctuaciones primigenias son las que dieron lugar a las galaxias, algunas de las cuales (como la de Andrómeda) podemos observar a simple vista en las noches sin luna. Mediante sus telescopios, sin embargo, los astrónomos han descubierto más de cien billones de ellas en el firmamento, cada una conformada a su vez por millones o billones de estrellas, planetas, gas y polvo interestelar (amén de materia oscura, cuya composición aún no conocemos y que representa la mayor parte de la materia que constituye nuestro universo).

El nacimiento y evolución de estas estructuras y del universo mismo es una historia apasionante que los astrónomos y cosmólogos han logrado desentrañar, utilizando una combinación fundamental en la ciencia: la observación cada vez más detallada, que es motivada y retroalimentada por la elaboración de teorías físicas, basadas en el lenguaje matemático. Éstas, a su vez, surgen para explicar las observaciones y hacer nuevas predicciones, completando así el círculo virtuoso. En este caso, las ideas de Albert Einstein (1879-1955) han sido determinantes. Las consecuencias de esas investigaciones son asombrosas. La narración de esta crónica de nuestro universo resulta tan excitante, o más, que cualquiera de nuestras mejores obras literarias.

Smoot cuenta ésta, nuestra historia, con profundo conocimiento, sumado al talento y gracia para divulgar muy poco comunes, por desgracia, entre los científicos. Su charla fue un verdadero concierto, lleno de imágenes y simulaciones por computadora, con lo que logró mostrar el estado actual del arte, en el conocimiento que la humanidad ha alcanzado sobre la estructura del universo en el que vivimos. La sala Nezahualcóyotl de la UNAM, por primera vez en su brillante historia colmada de memorables actos artísticos, abrió sus puertas a este otro tipo de concierto, auténtico recital científico, con el cosmos como gran orquesta.

Esta interpretación musical de la ciencia podría ser solamente una interesante analogía, pero Smoot y otros científicos intentan llevar este símil mucho más lejos. Los físicos han empezado a traducir muchas de sus observaciones científicas en señales audibles. Ya Ptolomeo (100-170 AC) concebía la armonía de los cielos como la música de las esferas, unificando su modelo geocéntrico del universo con la teoría matemática de la música. Pero, ¿cómo y para qué se lleva a cabo esta transcripción? En algunos casos, la relación resulta bastante clara y directa. Por ejemplo, podemos escuchar los cambios de sonido que se producen al hervir agua en una tetera. El análisis detallado de las señales producidas por las burbujas proporciona claves sobre los procesos físicos que ocurren, en este caso la transición de la fase líquida a la gaseosa.

Un ejemplo más interesante y espectacular es el de los procesos acústicos que se producen en el sol. Cuidadosas observaciones mediante satélites han logrado medir vibraciones sonoras en la atmósfera solar, que han resultado ser de gran utilidad para comprender los fenómenos magnéticos que ocurren en la superficie de nuestra estrella, como se ha reportado recientemente en www.sciencedaily.com/releases/2010/06/100621101420.htm. Estas vibraciones superficiales del plasma pueden también, de hecho, traducirse en una bella y alucinante “música solar, un fragmento de la cual podemos escuchar en www.youtube.com/watch?v=ZbIffp40U8w.

Este ejemplo ha entusiasmado a otros científicos, incluyendo a George Smoot, que se disponen a traducir diversas imágenes del universo en señales audibles, quizá susceptibles de brindar nueva información sobre la enorme variedad de fenómenos observados por los astrónomos. Esta música del cosmos es, sin duda, una extraordinaria manifestación de arte y ciencia: www.sciencedaily.com/releases/2010/01/100129164526.htm.

La crónica del origen e historia del universo podría llegar a convertirse en un monumental espectáculo de luz y sonido. Después de todo, Ptolomeo parece haber tenido razón, al menos en cuanto a su visión musical del firmamento. Espero, en un futuro cercano, asistir a la sala Nezahualcóyotl a escuchar un concierto dedicado al nacimiento, la evolución y las sutiles armonías de nuestro universo.

Por Alejandro Frank, investigador en física nuclear, director del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM
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Gracias al nuevo mapa del universo los científicos tendrán más información para acercarse a lo que durante décadas ha sido una incógnita para la ciencia moderna: ¿Qué ocurrió al inicio del universo?, aseguró George Smoot, premio Nobel de Física 2006.

La información captada hace un par de días por el satélite Planck permitirá obtener más conocimientos acerca de las fases del universo y ayudará a comprenderlo mucho más.

“Gracias a los análisis que se harán tendremos un conocimiento mucho más preciso sobre el universo y su contenido. Con suerte veremos ondas gravitacionales (que se dieron) desde el inicio del espacio-tiempo, encontraremos evidencia de no linealidad en las fuerzas que daban forma al espacio-tiempo y aprenderemos mucho sobre el big bang”, señaló.

Durante una conferencia de prensa en la que se informó sobre algunos de los temas del 19 Congreso sobre gravitación y relatividad, que se celebró en la ciudad de México, el profesor de la Universidad de Berkeley, California, indicó que siempre que la ciencia responde una interrogante, genera dos nuevas preguntas.

Hace más de un siglo se decía que la física estaba completa, que ya se sabía todo acerca del universo, al que se consideraba mecánico. También había muchas discusiones sobre el destino y si todo ya estaba determinado o no. Después llegaron la física cuántica, la relatividad o la mecánica cuántica y descubrimos que regularmente hay algo más. Hoy uno no se preocupa por terminar (una investigación), sino por lo que empieza. Siempre van surgiendo nuevas teorías.

Semillas de las galaxias

Smoot obtuvo el Nobel en su disciplina junto con su colega John C. Mather, por sus aportaciones al estudio de la radiación de fondo de microondas mediante el satélite Cobe, con lo que demostraron que poco después del big bang se presentaron diversas irregularidades en el universo que fueron las semillas para la formación de las galaxias.

El nuevo mapa universal permitirá seguir indagando en los postulados de Albert Einstein, Isaac Newton y otros destacados científicos. Una de las principales premisas a estudiar será la teoría de la gravitación, aunque, dijo, tal vez se presenten algunas modificaciones, como las ideas referentes a la energía y materia oscuras.

Abhay Ashtekar, presidente de la Sociedad Internacional de Gravitación y Relatividad y del comité organizador del congreso, dijo que con los recientes hallazgos se realizarán nuevos estudios en astrofísica y gravitación que responderán a varias incógnitas.

“Con Planck podremos restringir más nuestros parámetros y descubriremos algo más sobre la forma del universo. Hemos escuchado sobre el progreso de la física de ondas gravitacionales, que es uno de los experimentos más precisos, donde podemos medir distancias menores a las del radio de un protón usando interferómetros, cuyas lentes miden alrededor de cuatro kilómetros de largo. La sensibilidad es tan alta que el hecho de que no hayamos visto ninguna onda gravitacional indica que no hay montañas en la nebulosa del Cangrejo, que es una estrella de neutrones cercana a nuestra galaxia.”

El científico subrayó que en la frontera de la relatividad general y de la física con la información transmitida por el satélite se podrá probar de manera muy cercana lo que sucedió con el big bang o incluso antes de esta explosión que dio origen al universo, así como en los campos gravitacionales en el interior de los agujeros negros.

Con los nuevos estudios la humanidad podrá tener certeza en los próximos 15 o 20 años sobre si existe o no materia oscura en el universo y la partícula subatómica bosón de Higgs, conocida como partícula Dios, que explicaría por qué la materia tiene masa.

Por Emir Olivares Alonso

 
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El físico estadounidense George F. Smoot saltó a la fama por su papel en un descubrimiento fundamental: las irregularidades en la infancia del universo que darían lugar después a las galaxias y a las estrellas. En 1992, cuando se hicieron las observaciones con el satélite Cobe, Smoot fue el científico que emergió como figura visible del hallazgo. Recorrió el mundo, incluida España, donde adquirió una popularidad notable, explicando y divulgando aquel logro. Hace tres años, Smoot fue reconocido con el Premio Nobel de Física. Desde entonces, da más conferencias, participa en más comités y tiene más responsabilidades.

Pero Smoot, que ha vuelto a visitar España, sigue siendo el cosmólogo capaz de entusiasmar a quien le escucha, y el científico incansable que mantiene su alto ritmo de investigación. Participa en programas activos (como los satélites Wmap y Planck, herederos del Cobe) o en diseño (una misión espacial para explorar el desafío de la energía oscura) y sigue dando clases en la Universidad de Berkeley. Ahora le invitan a más comités de expertos y le reclaman más como asesor; "tengo más responsabilidades y hago más y más cosas", dice, soltando una de sus frecuentes carcajadas. La semana pasada, Smoot participó en la XXXII Bienal de la Real Sociedad Española de Física (Ciudad Real) y presentó su charla en la Fundación BBVA, en Madrid.

Pregunta. ¿En qué ha avanzado la cosmología desde 1992, desde el descubrimiento protagonizado por el Cobe?

Respuesta. Los resultados del Cobe fueron muy emocionantes porque vimos que estábamos en el camino correcto para explicar el Big Bang, que es una teoría muy buena, pero con problemas. Con aquel satélite comprobamos que teníamos los instrumentos adecuados para obtener buenos datos y explorar el universo. Pero, además, fue importante porque al público le interesó muchísimo nuestro descubrimiento en todo el mundo -también en España, por supuesto-, y esto supuso un incentivo para saber más acerca del universo. En consecuencia, muchos jóvenes brillantes se sintieron atraídos hacia la cosmología.

P. ¿Cambió mucho el conocimiento del cosmos?

R. Gracias a telescopios en tierra y a satélites hemos hecho grandes progresos en cosmología al medir con enorme precisión cómo era el universo primitivo y averiguar cómo es el cosmos. Más en concreto, hemos podido medir su geometría y ahora sabemos que es prácticamente plano y no curvo; hemos comprobado que el universo no sólo está hecho de materia corriente sino también de materia oscura. Es más, las observaciones nos han permitido calcular que la materia corriente supone sólo el 4% del universo y aproximadamente el 22% es materia oscura; el resto, el 74%, es alguna otra cosa, una nueva forma de energía que se ha llamado energía oscura y que necesitamos averiguar de qué se trata. Así que hemos aprendido cómo es el universo, de qué está hecho y como era al principio. Creo son progresos tremendos.

P. ¿Y los próximos retos?

R. Tenemos que comprobar la teoría de la inflación, tenemos que averiguar qué es la materia oscura, por qué hay un ligero exceso de materia sobre la antimateria y, por supuesto, tenemos el problema de la energía oscura. Lo interesante, además, es que en estas cosas puede estar implicada una nueva física. Por eso estoy muy pendiente de lo que pasa en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) y en el nuevo acelerador LHC... Es que se trata de algo más que de encontrar la partícula de Higgs, porque con esa gran máquina se puede descubrir algo completamente nuevo, tal vez las extradimensiones...

P. ¿No le parece que descubrir esa nueva partícula, la partícula de la masa, sería importante?

R. ¡Sí, por supuesto! Pero sería como terminar una catedral preciosa, como las que hay aquí en España, pero yo prefiero explorar una nueva frontera, como Colón. Me atraen más los descubrimientos que están por llegar.

P. Si usted empezase ahora su carrera científica, ¿qué campo elegiría? O, dicho de otro modo: ¿Qué aconsejaría a un joven que comenzase su carrera científica?

R. Elegiría trabajar en el CERN o en cosmología... ¡Hay tantos problemas interesantes que investigar! Está, por ejemplo, la cuestión de cómo conjugar la relatividad con la mecánica cuántica, porque tenemos esas dos espléndidas teorías que funcionan muy bien, pero no sabemos como hacerlas trabajar juntas. Pero creo que algún día se logrará la unificación. Por supuesto, también hay otras áreas de la ciencia muy interesantes: en biología, por ejemplo, se están haciendo avances espectaculares. Aun así, yo volvería a elegir la física. A la gente joven le diría que la ciencia es muy interesante y emocionante, que exige trabajo duro, pero que es muy gratificante, y es importante para la sociedad, pero ésta tiene que demostrar que efectivamente la valora.

P. ¿Está usted trabajando en la misteriosa energía oscura?

R. Sí. Hay varios proyectos en el mundo, también en España, y yo estoy trabajando, sobre todo, en la preparación de JDEM (Joint Dark Energy Mission), que es un detector espacial. Se podría lanzar a mediados de la próxima década.

P. Ha dicho que si empezase ahora su carrera tal vez optase por trabajar en el CERN. ¿Sería una ruta alternativa o es que el LHC y las partículas elementales están relacionadas con su trabajo en cosmología?

R. ¡Claro que están íntimamente relacionadas! En el inicio las cosas sucedieron a escala microscópica y luego se desarrollaron hasta la escala del universo macroscópico que vemos, es decir, que los millones y millones de galaxias que hay se deben, en el origen, a las fluctuaciones de energía y partículas elementales. Estoy convencido de que la física fundamental es la misma a ambas escalas. Por eso estoy esperando los resultados del LHC.

ALICIA RIVERA - Madrid - 16/09/2009

 

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Las galaxias son estructuras formadas usualmente por millones de estrellas de diversos tipos, polvo, gas y un gran halo de una materia que no emite luz y se conoce usualmente como materia oscura. El primer conocimiento de la existencia de las galaxias vino de la mano de Edwin Hubble en 1923, cuando se dio cuenta que unas manchas que poblaban el cielo no eran otra cosa que estructuras enormes completamente independientes de nosotros. De hecho, nosotros vivimos en una de esas galaxias, la Vía Láctea, esa franja blanquecina que podemos observar a simple vista encima de nuestras cabezas en una noche clara de verano.

Años más tarde, ya en la segunda mitad del siglo XX, con el incremento de la calidad de los telescopios, se descubrieron las mayores estructuras del universo: los cúmulos de galaxias. Estos objetos son, como si se trataran de ciudades de galaxias, agrupaciones gigantescas de cientos a miles de galaxias como la nuestra, millones de estrellas, gas y una gran proporción de materia oscura, todo ello ligado por medio de la gravedad. El tamaño de estos objetos oscila entre 3 y 30 millones de años-luz y con masas de entre varios cientos a millones de billones de veces la masa del Sol.

Los primeros del universo

Estos objetos son interesantísimos ya que se piensa que fueron los primeros que se formaron en el universo y, por lo tanto, el conocimiento de su origen, formación y evolución inferido a partir de la estructura y aspecto que observamos en la actualidad, es de enorme interés puesto que está directamente relacionado con el nacimiento y la evolución del universo.

Diversos estudios se han dedicado al desarrollado de teorías básicas sobre el origen y formación de estos cúmulos. Básicamente, la pregunta subyacente es: ¿cuál es el mecanismo que influye en la creación y evolución de estos objetos, lo innato o lo adquirido? El problema es algo parecido al que podemos plantear respecto al crecimiento y formación de una persona: ¿qué determina la manera de actuar y ser de una persona?, ¿el lugar dónde nació y quienes fueron sus padres, es decir, la herencia? o por el contrario, ¿las personas y lugares con los que interaccionó después, es decir, su entorno?

El primer modelo, el llamado modelo monolítico, establece la formación de los cúmulos y las galaxias que contienen bajo las mismas condiciones iniciales en las que se originó el universo. Así, partiendo de unas nubes de gas primigenio, esta teoría predice el colapso de dichas nubes bajo su propio peso. Posteriormente, al enfriarse, comenzaría el nacimiento de las primeras estrellas en su interior, y a partir de mecanismos de retroalimentación del gas, se formarían las primeras galaxias del universo.

El modelo jerárquico

Opuesto al modelo monolítico se encuentra el modelo jerárquico, a favor de la creación y evolución de las galaxias y los cúmulos galácticos a partir de la interacción con el entorno. En esta teoría, las partículas de gas que se encontrarían en halos de materia oscura proveniente de los primeros instantes del universo, irían colapsando y enfriándose lentamente al interaccionar entre ellas, creándose las primeras galaxias y posteriormente, los primeros cúmulos de galaxias.

En esta era en que nos encontramos, cada día tenemos telescopios más potentes, capaces de llegar a observar objetos más lejanos y por lo tanto, más cerca del inicio del universo. Además, disponemos de ordenadores capaces de realizar simulaciones impensables hace unos años, con los que podemos recrear y simular leyes físicas y probarlas sobre objetos astronómicos cómo si fuera un laboratorio estelar. Todo esto ha permitido entender y contrastar ambas teorías. En particular, el descubrimiento de cúmulos de galaxias muy lejanos con el telescopio espacial Hubble y las simulaciones de materia oscura fría han llevado a la elaboración del modelo más aceptado en al actualidad sobre el origen y formación de los cúmulos. Este modelo consiste en una combinación de las dos teorías anteriores. De esta forma, partiendo de las primeras nubes de gas y materia provenientes del principio del universo, procesos de fusión con otras estructuras propios del modelo jerárquico se irían combinando con procesos de colapso y retroalimentación para producir las estructuras que hoy vemos en la actualidad.

Aunque esta última teoría parece ser la más aceptada en la actualidad, todavía quedan muchas cuestiones que desentrañar y resolver. Cada poco tiempo, el descubrimiento de una nueva característica de un objeto hace plantearnos la validez de las teorías formuladas sobre el, provocando así el avance de la ciencia.

Por, Begoña Ascaso,  Universidad de California Davis
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Viernes, 14 Noviembre 2008 07:39

Otro sol con otros planetas

Los planetas extrasolares están de moda: en los últimos años se han amontonado más de trescientos. Y no es para menos; de alguna manera cambiaron nuestra pintura del universo. Y así, si hasta hace no demasiado se pensaba que el sistema solar era un fenómeno raro (siempre la manía antropocéntrica), ahora resulta que un planeta que gira alrededor de una estrella es algo común.

Pero esta vez la noticia es bomba, ya que no se encontró un planeta, sino nada menos que un sistema de tres, moviéndose de manera acompasada alrededor de un sol central. En cierta forma es lo que se estaba buscando. Algunos datos: la estrella central (que lleva el poco erotizante nombre de HR 8799) está a 130 años luz del Sol (recordemos: un año luz, la distancia que la luz recorre en un año, es equivalente a diez millones de millones de kilómetros); tiene una masa de una vez y media la del Sol, es cinco veces más luminosa y es joven, hasta el punto de que todavía se ve a su alrededor un disco protoplanetario, como el que tuvo nuestro Sol hace 5000 millones de años. Los planetas son jóvenes también, se estima que no superan los 60 millones de años de edad (la Tierra tiene 4500 millones de años) y todavía están brillando por el calor liberado cuando se formaron. Además, son inmensos: analizando su luminosidad se calculó que tienen seis, nueve y once veces la masa de Júpiter, el mayor planeta del sistema solar (es bueno aclarar que prácticamente todos los planetas extrasolares que se encuentran son enormes, no porque todos los planetas extrasolares lo sean, sino porque los muy grandes son los únicos que se detectan con la tecnología actual). Del mismo modo que en nuestro sistema, orbitan muy lejos de su estrella central, más lejos aún que nuestros propios planetas gigantes: más o menos 25, 40 y 70 veces la separación Tierra-Sol.

El sistema fue descubierto mediante imágenes (en infrarrojo) producidas por el telescopio Keck II de Hawai; la sonda Gemini había dado el puntapié inicial con datos obtenidos en 2007; finalmente, tras bastante tiempo de análisis, los astrónomos pudieron estar seguros de que efectivamente se trataba de objetos asociados a la estrella y no puntos “de fondo” del universo. Y el equipo liderado por Christian Marois, investigador del Instituto de Astrofísica Herzberg (Victoria B.C., Canadá) y que incluye a miembros de los Estados Unidos y del Reino Unido, publicó los resultados ayer en la superprestigiosa revista Science. Para citar textualmente: “Por primera vez, por medio de imágenes directas, hemos detectado y confirmado observaciones de planetas que orbitan una estrella que no sea el Sol”.

Y es una gran noticia: no solamente por lo que dice sobre la  –que, dicho sea de paso, se puede ver con binoculares en lugares alejados de la luminosidad de las grandes ciudades (ver finder chart en línea en www.gemi ni.edu/threeplanetspr)–, sino por lo que dice sobre nosotros: no somos especiales, cualquier pretensión central es mera ilusión, el universo es ancho y ajeno.

Por Leonardo Moledo y
Adrián Pérez
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