Capta Hubble emisiones de vapor de agua en Europa, luna de Júpiter

La Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (Nasa) informó este lunes que el telescopio espacial Hubble captó imágenes de lo que podrían ser emisiones de vapor de agua saliendo de la superficie de la luna helada de Júpiter, Europa, hallazgo que podría permitir a los científicos determinar con mucha más facilidad si hay vida oculta bajo la superficie del océano de esta luna.

"Durante mucho tiempo, la humanidad se ha preguntado si hay vida más allá de la Tierra. Europa podría ser ese sitio", dijo a los reporteros en una teleconferencia Paul Hertz, director de la división de astrofísica de la Nasa.

"Los resultados aumentan nuestra confianza en que pueda haber agua y otros materiales del océano oculto de Europa en la superficie de ella y de que estén disponibles para estudiarlos sin aterrizar ni excavar a través de todos esos kilómetros de hielo", explicó Hertz.

El descubrimiento, que será publicado en la edición del 29 de septiembre de la Revista de Astrofísica, atrajo gran atención luego de que la Nasa emitió la semana pasada una declaración en la que anunció una conferencia de prensa para este lunes sobre evidencia de una "sorprendente actividad" en Europa.

Más tarde, la agencia espacial estadunidense aclaró en Twitter: "¡Alerta! ¡Ningún extraterrestre!"

Europa, una de las lunas más grandes de Júpiter, es ligeramente más pequeña que la de la Tierra. Tiene un enorme océano global que contiene el doble del agua de los océanos de nuestro planeta, pero está protegida por una capa de hielo extremadamente frío y duro de espesor desconocido.

 

"Proyecciones como dedos"

 

En el nuevo estudio, el equipo encabezado por William Sparks, del Instituto de Ciencia Telescópica Espacial en Baltimore, Maryland, observó "unas proyecciones como dedos" al ver a Europa pasar frente a Júpiter.

El objetivo original de la propuesta de observación del equipo fue determinar si Europa tiene una atmósfera delgada y extendida, pero también se dio cuenta de que salía vapor de agua de la superficie de ese satélite.

En 10 ocasiones por separado en el transcurso de 15 meses, el equipo observó a Europa pasar frente a Júpiter y vio lo que podría ser la salida de emisiones en tres de estas ocasiones.

El hallazgo siguió a un descubrimiento similar en 2012 en el que un equipo encabezado por Lorenz Roth, del Instituto de Investigación Southwest, detectó evidencia de vapor de agua saliendo de la helada región polar sur de Europa, alcanzando más de 160 kilómetros hacia el espacio.

Los dos equipos usaron el telescopio espacial Hubble, pero emplearon métodos totalmente independientes para llegar a la misma conclusión, señaló la Nasa.

"Hasta ahora, las observaciones indican que las emisiones podrían ser sumamente variables, lo que significa que pueden surgir de forma esporádica y luego desaparecer", dijo.

En caso de confirmación, Europa sería la segunda luna del sistema solar en tener emisiones conocidas de vapor de agua. En 2005, la sonda estadunidense Cassini detectó emisiones de vapor de agua y polvo saliendo de la superficie de Encélado, una de las lunas de Saturno.

Los científicos podrían usar la visión infrarroja del telescopio espacial James Webb, que será lanzado en 2018, para confirmar las emisiones en Europa, explicó la agencia espacial estadunidense.

La Nasa también informó que mandará una misión a Europa para confirmar la presencia de las emisiones y estudiarlas en varios acercamientos.

"La vida como la conocemos requiere agua líquida y Europa está en la lista de la Nasa porque es uno de los sitios más probables para encontrar agua en nuestro sistema solar", señaló Adrian Lenardic, geofísico planetario de la Universidad Rice, no involucrado en el estudio, en un comentario sobre los nuevos hallazgos del Hubble.

"Si uno encuentra un lugar con agua líquida, las posibilidades de que tenga vida, aunque en este momento sean pequeñas bacterias, aumenta. Y eso es lo emocionante. Ese es el gran atractivo."

Miércoles, 07 Septiembre 2016 06:27

Una investigación de otro mundo

Una investigación de otro mundo

La semana pasada, un equipo internacional de astrónomos anunciaba el hallazgo de un nuevo planeta que orbita fuera del sistema solar y que podría albergar formas de vida. El físico y astrónomo Pablo Mauas cuenta todo acerca de esta joya del universo.


Hace tan solo una semana, por intermedio de la revista Nature, un equipo internacional de astrónomos y especialistas liderado por Guillem Anglada-Escudé –investigador barcelonés de la Universidad Queen Mary de Londres– anunciaba el hallazgo de Próxima b. Se trata de un planeta rocoso que, según se estima, posee 1,3 veces la masa de la Tierra (medida denominada “masa mínima”) y orbita alrededor de Próxima Centauri, la estrella más cercana al sistema solar. Según datos aproximados, su año dura apenas 11,2 días.


Gracias a los telescopios del Observatorio Europeo Austral (ESO) (emplazado en Chile) se logró determinar que el nuevo mundo se ubica en la denominada “zona de habitabilidad”. Esta condición promovería las características necesarias para una temperatura adecuada e incrementaría las chances de encontrar agua en estado líquido y formas de vida. ¿Cómo se explica esto? La ecuación es muy sencilla. En comparación, Próxima b se encuentra mucho más cerca de su estrella (8 millones de km) que la Tierra del Sol (150 millones de km). En este sentido, aunque la asociación lineal invitaría a comparar al planeta con el mismísimo infierno, su estrella presenta características muy distintas al Sol: tiene un 5 por ciento de su masa y es menos luminosa.


Pablo Mauas estudió física en la Universidad de Buenos Aires y luego realizó estudios de posgrado en la Universidad de Harvard. En la actualidad, dirige el grupo de Física Estelar, Planetas Extrasolares y Astrobiología del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE-Conicet-UBA). Sigue la pista de Próxima Centauri desde 1999 y admite estar “cada vez más desolado y estrellado” porque ya no le dedica tanto tiempo al Sol como cuando era joven y hace décadas se encuentra atrapado en el examen de otras estrellas.


En esta línea, analiza las características del nuevo mundo y evalúa la hipotética existencia de agua líquida en relación sus condiciones climáticas. “Próxima Centauri es mucho más chica y menos brillante que el Sol –señala–. Por eso, la energía y la luz que irradia calienta a Próxima b más o menos lo mismo que la luz que se dirige del Sol hacia la Tierra. Se puede calcular que la temperatura de ambas superficies será parecida”.


Desde aquí, si bien el nuevo planeta podría tener –según meras aproximaciones– unos 40° bajo cero, de existir una atmósfera, mejorarían las condiciones y habilitarían el desarrollo de un espacio más acogedor. Así, “como toda la vida que conocemos se basa en el agua, no imaginamos que puede haber existencia alguna sin ella. Si hubiera agua en Marte, por ejemplo, estaría congelada del mismo modo que en Venus estaría evaporada”, explica.


Por otra parte, existen algunos inconvenientes –asociados a la naturaleza de la estrella– que un cuerpo celeste como Próxima b podría afrontar. En primer lugar, Próxima Centauri es una enana roja, y por lo tanto es pequeña y su comportamiento es errático. Desde aquí, presenta un nivel de radiación muy superior al que emite el Sol y se caracteriza por una superficie colmada de explosiones. “Las fulguraciones de Próxima Centauri podrían impactar en el planeta y ocasionarían la emisión de una luz muy potente, hasta cinco veces más de la que recibe en situación normal. Son fenómenos corrientes que dificultarían la habitabilidad del mundo”, afirma.


El segundo problema se explicaría por la sincronía entre el movimiento que realiza el planeta cuando gira alrededor de la estrella y cuando lo hace sobre sí mismo. “La sincronía implicaría que Próxima b le presentase siempre la misma cara a Próxima Centauri, del mismo modo que nosotros siempre observamos la misma cara de la luna –subraya Mauas–. Por eso, una cara estaría siempre muy caliente y la otra mucho más fría. Esto complicaría la habitabilidad”.


Si bien en el último tiempo se observó una gran cantidad de exoplanetas distribuidos por la galaxia, el hallazgo de Próxima b es significativo porque se ubica a tan solo 4,2 años luz de distancia, una medida que equivale a 40 billones de kilómetros. Este dato permite fabular con el envío de sondas robóticas y el desarrollo de una nueva generación de telescopios ya que las enanas rojas, por su luz tenue, no pueden ser observadas a simple vista. Sin embargo, hay que ser cautos: pese a la cercanía cósmica, la visita del nuevo mundo se torna imposible, al menos en el corto plazo. “Si la NASA o alguna institución con muchísima plata se propusiera enviar una sonda, se podría explorar el proyecto y creo que podrían lograrse resultados muy positivos. Se necesitaría de una sonda que viajase a un quinto de la velocidad de la luz para alcanzar el destino en un poco más de 23 años. De todos modos la información llegaría en unos 30 años. Hoy en día ningún plan supera la ciencia ficción”.


Hasta al momento, Kepler-452b –ubicado a 1400 años luz– era el exoplaneta más cercano al sistema solar. La proximidad de este nuevo mundo brinda la posibilidad de profundizar los estudios vinculados al campo de la física estelar y la astrobiología. Solo se trata de seguir la pista extraterrestre, pero no demasiado lejos. No vaya a ser cosa que la solución esté, finalmente, a la vuelta de la esquina (o a la vuelta del sistema solar).
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Científicos estadounidenses anuncian el descubrimiento de la quinta fuerza de la naturaleza

De confirmarse este "hallazgo revolucionario" la quinta fuerza se uniría a las otras cuatro conocidas: la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil.

 

Recientes hallazgos protagonizados por físicos de la Universidad de California en Irvine (EE.UU.) indican la posible existencia de una partícula subatómica previamente desconocida. Su descubrimiento puede ser la evidencia de una quinta fuerza fundamental de la naturaleza, escribe el portal Público.es. Hasta ahora conocemos cuatro: la fuerza gravitatoria, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil.


Según han explicado el líder de la investigación, Jonathan Feng, se trata de un hallazgo "revolucionario" porque una quinta fuerza podría "cambiar completamente la comprensión del universo".


Los físicos de la citada universidad californiana comenzaron su estudio a través de unos colegas húngaros que buscaban 'fotones oscuros', unas partículas de la materia oscura invisible. Fue entonces cuando acabaron descubriendo una anomalía de la desintegración radiactiva. Su hallazgo apuntaba a la existencia de una partícula de luz solo 30 veces más pesada que un electrón.


"No estaba claro para ellos si se trataba de una partícula de materia o una partícula portadora de fuerza", cita a Feng el portal Space.com. Los físicos norteamericanos llegaron a la conclusión de que los datos de los experimentos chocan con ambas teorías. De esta forma, propusieron una nueva hipótesis: el descubrimiento puede evidenciar la existencia de una quinta fuerza fundamental.


Investigaciones recientes demuestran que en lugar de ser un fotón oscuro, la partícula puede ser una 'X Higgs protophobic'. Mientras que la fuerza eléctrica normal actúa sobre los electrones y protones, esta nueva partícula de Higgs interactúa únicamente con electrones y neutrones y en una gama muy limitada.

La partícula del siglo se desvanece. Los indicios de algo más importante que el bosón de Higgs resultan ser un espejismo estadístico

Después de ocho meses de experimentos, publicaciones, teorías y rumores, la misteriosa partícula entrevista el invierno pasado se ha esfumado. Los responsables de los principales experimentos del acelerador de partículas más grande del mundo, el LHC, confirmaron ayer que no se ha podido confirmar la existencia de ese “higgs pesado” que se asomó a sus detectores en diciembre de 2015.


El anuncio se hizo ayer durante la ICHEP 2016, la mayor conferencia anual de física de partículas, que se celebra estos días en Chicago (EE UU). Los resultados de los dos grandes detectores, ATLAS y CMS, incluyen un año completo de datos en los que el LHC ha funcionado al doble de potencia. Muchos físicos esperaban que esta nueva remesa de experimentos permitiría descubrir nueva física, fenómenos que se salen del modelo estándar que describe, por ahora a la perfección, los quarks, bosones y el resto de partículas fundamentales que componen la materia.


La partícula que apareció en diciembre era un bosón de unos 750 gigaelectronvoltios, seis veces más masa que el bosón de Higgs. Lo más interesante es que se salía del modelo estándar y por lo tanto podía ser la primera señal de todo un nuevo territorio de la física descrito por teorías aún por confirmar, como la supersimetría. Sería un descubrimiento histórico, mucho más importante que el del bosón de Higgs, por todos los enigmas sobre el universo que permitiría investigar.


Los resultados acumulados por el detector CMS, filtrados en la noche del jueves, han apagado la hoguera: ya no hay ni rastro de los indicios observados en diciembre. La partícula soñada no era más que una fluctuación estadística.


¿Por qué los dos experimentos vieron exactamente los mismos indicios de una nueva partícula y justo con la misma masa? La respuesta de los científicos ayer fue que en estadística, como en el resto del universo, también hay extrañas coincidencias que no significan nada

Detectan "espectaculares" ondas gravitacionales en el espacio

"La observación futura permitirá comprender cómo se forman los hoyos negros a partir de la muerte de estrellas enormes y probar si son como las predijo Einstein", afirma experto

 

Ondas gravitacionales en el tejido del espacio-tiempo, una de las predicciones formuladas por Albert Einstein hace un siglo, han sido detectadas por segunda vez. Los descubridores creen que este hallazgo "espectacular" podría anunciar una nueva era de entendimiento del universo.

Un equipo internacional de más de mil investigadores, entre ellos varios profesores británicos, observó la colisión y fusión de dos hoyos negros, que liberó fuerzas colosales rara vez vistas.

El suceso, ocurrido a mil 400 millones de años luz de distancia, causó una cantidad de energía equivalente grosso modo a la masa del sol convertida en ondas gravitacionales. Estas ondas fueron "capturadas" por los detectores gemelos Ligo (Observatorio Interferómetro Láser de Ondas Gravitacionales) emplazados en Livingston, Luisiana, y Hanford, Washington (EU). La observación se realizó el pasado diciembre, pero apenas se da a conocer al público.

Las ondas gravitacionales fueron predichas en la teoría de la relatividad general de Einstein, la cual plantea que la gravedad ocurre a causa del espacio y el tiempo curvos. Las ondas se estrechan y comprimen todo en su camino, sean humanos o planetas enteros, al distorsionarse el tejido del espacio-tiempo.

El doctor Stephen Fairhurst, uno de los miembros del equipo en la Universidad de Cardiff, señaló: “Este hecho anuncia el verdadero principio de la astronomía de ondas gravitacionales y la apertura una nueva ventana hacia el universo.

“Las diferentes masas y giros observables que presenciamos en el evento mostraron que estamos comenzando a recabar información vital acerca de la población de hoyos negros en el universo.

"La observación futura de ondas gravitacionales nos permitirá entender cómo se forman los hoyos negros a partir de la muerte de estrellas enormes, y probar si en verdad son como las predice la teoría de Einstein."

Visión diferente

Los científicos esperan que las ondas gravitacionales ofrezcan una visión por completo diferente del universo, y les permitan estudiar hechos que podrían estar ocultos a los tradicionales telescopios ópticos y radiotelescopios. Al analizar la detección más reciente, pudieron inferir que los hoyos negros en colisión eran 14 y ocho veces más grandes que el Sol, respectivamente.

Sheila Rowan, directora del Instituto de Investigación Gravitacional de la Universidad de Glasgow, quien también participó en el descubrimiento, expresó: “Sabemos por esta segunda detección que las propiedades medidas por Ligo nos permitirán comenzar a responder algunas preguntas claves mediante astronomía gravitacional.

“Podremos estudiar este fenómeno y entender mejor la historia cósmica, con el objetivo de llenar los ‘eslabones perdidos’ en nuestro conocimiento.”

Los hallazgos han sido aceptados para publicación en la revista Physical Review Letters.

El doctor Chad Hanna, de la Universidad Estatal de Pensilvania, en EU, quien codirigió el equipo de detección, señaló: “Ahora tenemos mucho más confianza en que las fusiones de dos hoyos negros son comunes en el universo cercano.

"Puesto que ya podemos detectar ondas gravitacionales, serán una fuente fenomenal de nueva información acerca de nuestra galaxia y un canal enteramente nuevo de descubrimientos sobre el universo."

La Colaboración Científica Ligo está integrada por más de mil científicos de 17 países, entre ellos investigadores de 17 universidades del Reino Unido. Cada instalación de Ligo cuenta con dos tubos, cada uno de 4 kilómetros de largo, dispuestos en forma de L. Se proyecta un haz láser por cada tubo para determinar con gran precisión la distancia entre espejos ubicados a cada extremo. Si una onda gravitacional está presente, alterará la distancia entre los espejos en una cantidad mínima.

El profesor Andreas Freise, de la Escuela de Física y Astronomía de la Universidad de Birmingham, cuyo equipo contribuyó a desarrollar instrumentos para Ligo, indicó: "Los detectores de Ligo Avanzado son una obra maestra de física experimental. Son los detectores de ondas gravitacionales más sensibles jamás construidos. Partimos de un concepto bien conocido, un interferómetro de luz, pero requería nuevas tecnologías que hemos desarrollado a lo largo de varias décadas para crear estos dispositivos de escucha extremadamente sensibles a las señales de gravedad del universo".

El doctor Ed Daw, del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Sheffield, quien ha investigado las ondas gravitacionales con Ligo desde 1998, añadió: “La detección de la colisión de un par de hoyos negros fue asombrosa; la detección de una segunda es espectacular, porque apunta a que pasan muchas cosas de estas allá.

"Pero también plantea más preguntas: ¿qué formó estos hoyos negros? ¿Cuántos hay? ¿Podremos empezar a probar en verdad la relatividad general en detalle?"

Traducción: Jorge Anaya

La NASA descubre un 'cuasi-satélite' de la Tierra

Un pequeño asteroide ha sido descubierto en una órbita alrededor del Sol que lo mantiene como un constante compañero de la Tierra, y lo seguirá siendo por los siglos venideros.


Un pequeño asteroide ha sido descubierto en una órbita alrededor del Sol que lo mantiene como un constante compañero de la Tierra, y lo seguirá siendo por los siglos venideros.


A medida que orbita alrededor del Sol, este nuevo asteroide, denominado 2016 HO3, parece circular alrededor de la Tierra también. Está demasiado lejos para ser considerado un verdadero satélite de nuestro planeta, pero es el mejor y más estable ejemplo constante hasta la fecha de un compañero cercano a la Tierra, o "cuasi-satélite".

"Como 2016 HO3 realiza bucles alrededor de nuestro planeta, pero nunca se aventura muy lejos ya que ambos giran alrededor del Sol, nos referimos a él como un cuasi-satélite de la Tierra", dijo Paul Chodas, gerente del Centro de la NASA para objetos cercanos a la Tierra (NEO) en el Laboratorio de Propulsión a Chorro en Pasadena, California.

"Otro asteroide -2003 YN107-, siguió un patrón orbital similar durante más de 10 años, pero después se alejó de nuestra vecindad Este nuevo asteroide está mucho más bloqueado, y nuestros cálculos indican que 2016 HO3 ha sido un cuasi-satélite de la Tierra desde hace casi un siglo, y continuará siguiendo este patrón como compañero de la Tierra durante los próximos siglos".


En su viaje anual alrededor del Sol, el asteroide 2016 HO3 pasa alrededor de la mitad del tiempo más cerca del Sol que la Tierra al pasar por delante de nuestro planeta, y la otra mitad más lejos, al pasar por detrás. Su órbita se está inclinado un poco, haciendo que pase una vez cada año a través del plano orbital de la Tierra. En efecto, este pequeño asteroide se ve atrapado en un juego de 'salto de rana' con la Tierra que va a durar cientos de años.

La órbita del asteroide sufre un giro lento hacia atrás y hacia adelante a lo largo de varias décadas. "Los bucles del asteroide alrededor de la Tierra cambian la deriva un poco hacia delante o hacia atrás de año en año, pero cuando esa deriva es demasiado fuerte, la gravedad de la Tierra es lo suficientemente fuerte como para revertir la tendencia y saferrar al asteroide, de modo que nunca se distrae más lejos de unas 100 veces la distancia de la luna", dijo Chodas.

"El mismo efecto hace que nunca se acerque a menos de 38 veces la distancia de la luna. En efecto, este pequeño asteroide se ve atrapado en un pequeño baile con la Tierra".

El asteroide 2016 HO3 fue visto por primera vez el 27 de abril de 2016 por el telescopio Pan-STARRS 1 en Haleakala, Hawaii, operado por la Universidad de Hawaii y financiado por la Oficina de Coordinación de la Defensa Planetaria de la NASA. El tamaño de este objeto no ha sido aún firmemente establecido, pero es probable que oscile entre 40 y 100 metros de diámetro.

Ecomedicina: del cuerpo humano al cuerpo del planeta

Nada fácil resulta resistirse a la tentación de hacer la analogía entre el cuerpo humano y el cuerpo del planeta. Más aún cuando vivimos la crisis planetaria, la etapa en que la humanidad se ha convertido en una nueva fuerza geológica, capaz de afectar los enormes equilibrios globales de la Tierra. Ya Leonardo da Vinci había afirmado que el cuerpo humano es el microcosmos de la Tierra y el planeta el macrocosmos del ser humano. Esta alegoría que vemos hoy desde las miradas de la ciencia, en realidad ha sido por milenios una idea prevaleciente en las cosmovisiones de los pueblos originarios y en las filosofías de oriente. Para los mayas, por ejemplo, la idea del mundo, que es un rectángulo con cuatro esquinas, cada una representando los puntos cardinales y un centro, todos ellos simbolizados por un color, se encuentra presente desde el cuerpo humano (donde el ombligo es el centro), el altar, la casa, el huerto doméstico, la milpa y todo el universo.

Hoy esta visión resulta harto interesante porque apuntala lo que hemos llamado la conciencia de especie (La Jornada, 29/3/16), y porque se puede constituir en un baluarte ideológico no sólo de una manera diferente y más realista de ejercer la medicina, sino de poner en práctica una acción emancipadora de carácter ecopolítico. Si la medicina es el arte y la ciencia de comprender la relación entre salud y enfermedad, entre equilibrio y desequilibrio, entonces hoy debemos agregar a los médicos dedicados a curar los males humanos, a los científicos volcados a entender la salud y enfermedad del planeta entero. Esto fue posible desde que por vez primera en la historia los miembros de la especie humana tuvimos la oportunidad de mirar limpia y nítidamente nuestro hábitat, la casa que habitamos, en la imagen de satélite que captó por entero nuestro hogar. Haber interiorizado esa imagen de una esfera azul y blanca flotando en la inmensidad del espacio, nuestro territorio visto de manera completa, facilitó que la mente humana captara la idea de un cuerpo global que, al igual que el nuestro, está sujeto a equilibrios y cambios, a balances y patologías. Esta idea coincide misteriosamente con el hecho de que los dos científicos que lograron esbozar una primera teoría sobre la salud y enfermedad del planeta, hayan sido respectivamente un médico convertido en geofísico, el inglés James Lovelock, y una microbióloga, la estadunidnese Lynn Margulis. Ambos crearon, sintetizando un número inimaginable de datos e hipótesis provenientes de cientos de especialistas, la llamada Teoría de Gaia (en honor a la diosa griega de la Tierra).


Toda la discusión, controversias y debates que por dos décadas han dominado el tema del calentamiento global y el cambio climático tienen como modelo científicamente fundamentado a la Teoría de Gaia. Si Hipócrates formuló la hipótesis de que la enfermedad surge del desbalance de cuatro sustancias o humores (tierra, agua, aire y fuego), Lovelock establece que el desequilibrio planetario surge de un desajuste entre la litósfera (la porción geológica o dura), la hidrósfera (mares, ríos, lagos y lagunas), la atmósfera (gases) y la biósfera (el conjunto de seres vivos que pueblan la Tierra). Por ello, Lovelock se atrevió a asegurar que la Tierra está viva, y que es un superorganismo que se autorregula desde hace al menos 4 mil millones de años, y que ha pasado cinco veces por periodos difíciles de rompimiento de ese balance total, que se ha expresado por severas extinciones de especies. El científico inglés habla entonces de una medicina planetaria y de una geofisiología, y como el lector se está ya imaginando, identifica la crisis climática actual como resultante de una patología provocada por el aumento poblacional de un microbio letal llamado Homo sapiens. Esta afirmación, atrevida y brutal, ha sido respaldada por el trabajo escrupuloso y paciente de miles de científicos, técnicos e ingenieros de 150 países, agrupados en el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático creado en 1989 por Naciones Unidas, y que es un ejemplo soberbio de una ciencia interdisciplinaria e internacional dirigida a ofrecer diagnósticos bianuales sobre la salud de nuestra casa común. Un consorcio de médicos del cuerpo planetario.


Pero he aquí que, justamente, los mayores causantes de la enfermedad del planeta son los principales agentes de las enfermedades de los seres humanos. Se van por igual contra la casa y sus millones de habitantes. Ejemplos sobran. La lista incluye las emanaciones tóxicas de la industria, los autos, las reses, los escusados, la sustancias peligrosas, los agroquímicos o venenos agrícolas, la energía nuclear, los organismos genéticamente modificados (vea la explicación). Ya David E. Duncan, el famoso periodista y comunicador de California, analizó su propio cuerpo y encontró que de 209 sustancias peligrosas, 97 estaban dentro de él, incluyendo plaguicidas, dioxinas, ftalatos, metales, PBDE y disfenoles (ver su libro Experimental Man y otras publicaciones). Todo con un efecto extra. El planeta enfermo, con fiebre como el humano, genera cambios turbulentos y de gran escala como masivos incendios forestales (1997-98), huracanes (2000 a la fecha), aumentos extremos de temperatura (Europa en 2003), sequías extraordinarias (Estados Unidos y México en 2012-13), derretimiento de los cascos polares, derretimiento del hielo de las montañas, e incremento del nivel del mar. Por lo hasta aquí planteado, la pregunta que surge es si los médicos de lo humano no deberían de tomar en cuenta a los médicos del planeta y viceversa. Si no debería de haber una sola (eco)medicina. Entonces los modernícolas desarrollados, tecnologizados y científicos retornarían a lo que los chamanes, curanderos y brujos han venido realizando desde hace decenas de miles de años: una medicina integradora del hombre y del cosmos. Una lección para reflexionarse.


*Síntesis de la conferencia ofrecida en la Escuela de Medicina Integral y Salud Comunitaria de Tlalpan (1/6/16).

Resuelto el enigma de los polígonos que cubren la superficie de Plutón

Las formas poligonales que aparecen en la superficie de Plutón, como las que se observan en la llanura Sputnik Planum, probablemente se han formado por procesos de convección bajo su gruesa capa de nitrógeno helado.

 

En la vasta cuenca Sputnik Planum de Plutón han aparecido a lo largo de decenas de kilómetros unas misteriosas e irregulares figuras poligonales. Ahora, en dos artículos publicados en Nature se revela que en el interior de la gruesa capa de nitrógeno sólido que cubre el planeta enano se producen procesos de convección que están detrás de estas formaciones geométricas.

Este mecanismo de propagación del calor (provocado por diferencias de densidad entre los materiales) origina una contracción del terreno en la superficie, dejando las distintivas figuras poligonales. Tienen entre 10 y 40 kilómetros de diámetro, y muchas de ellas presentan los lados elevados.
“Estas investigaciones demuestran que la Sputnik Planum es una de las superfcies más jóvenes del sistema solar”, aseguran Andrew J. Dombard y Sean O’Hara en una revisión de los trabajos publicados. “Es una planeta enano y helado, pero geológicamente dinámico”.

Para resolver el misterio sobre estas formaciones, un equipo liderado por el profesor del Centro de Ciencias del Espacio de Washington (EEUU) William McKinnon usó las mediciones que hizo la nave espacial New Horizons para mostrar que las capas de hielo, de más de un kilómetro de espesor, presentaban flujos de calor en su interior. Estos autores consideran que las convecciones podrían explicar la gran anchura lateral de los polígonos.

Por su parte, otra investigación liderada por Alexander Trowbridge, profesor en Universidad Purdue de Indiana (también en EE UU) analiza la existencia de los polígonos usando otra técnica. En su trabajo, aplicaron modelos numéricos al nitrógeno sólido y también comprobaron que este hielo está sometido a mecanismos de convección en su interior.


¿Más polígonos en el sistema solar?


Los autores piensan que este tipo de mecanismos, con los que se renuevan las capas de hielo continuamente, pueden estar produciéndose en otros planetas enanos del cinturón de Kuiper, un conjunto de objetos que va más allá de la órbita de Neptuno y del que se sabe muy poco. El nuevo avance sobre la formación de polígonos sobre la superficie de planetas helados permite aventurar situaciones similares en otros lugares del espacio.

"Plutón nos muestra que los procesos planetarios funcionan de manera similar con independencia del lugar del sistema solar donde ocurran”, valoran los profesores Paul Schenk del Instituto Planetario y Lunar de Texas (EE UU) y Francis Nimmo de la Universidad de Santa Cruz en otro artículo publicado también en Nature Geoscience.

Físicos, a la caza de partícula aún más grande que el bosón de Higgs

Después de revolucionar el conocimiento de la física con el descubrimiento del bosón de Higgs, hace cuatro años, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés) se usa ahora para responder preguntas aún más complejas acerca de la formación del universo.


Luego de una pausa invernal, la máquina productora de choques de átomos de la Organización Europea de Investigación Nuclear (CERN) será echada a andar con una potencia aún mayor, y los científicos esperan que sea capaz de hallar partículas cuya existencia apenas se ha insinuado.


En diciembre se recogieron débiles signos de una nueva partícula, y desde entonces los científicos han emprendido una febril teorización. El Modelo Estándar de física, que explica cómo está estructurado el universo, tiene algunas lagunas importantes –referentes a la materia oscura y a otras dimensiones potenciales– que el nuevo descubrimiento podría llenar.


Hallazgos inevitables


Los detectores de partículas del LHC, llamados Atlas y Solenoide Compacto de Muones, presentaron lecturas preliminares que sugirieron que a 750 gigaelectronvoltios de energía podría existir una partícula no registrada por el modelo estándar. Esta partícula misteriosa tendría una masa cuatro veces más grande que el quark mayor, que es la partícula de mayor masa en el modelo, y seis veces mayor que el bosón de Higgs, señalaron funcionarios del CERN.


Se requieren más datos para evaluar estas posibilidades, y aun entonces los resultados de diciembre podrían ser sólo una anomalía pasajera. Pero, con tanto por explicar, los físicos señalan que probablemente los descubrimientos de nuevas partículas –sea este año o más tarde– sean inevitables conforme los colisionadores se vuelvan más y más poderosos.


Es el aviso de un posible descubrimiento, señaló el físico teórico Csaba Csaki. Si es verdad, posiblemente sería lo más emocionante que he visto en física de partículas en toda mi carrera; más emocionante que el descubrimiento del bosón de Higgs.


Cuando esté en plena operación, a finales de mayo, el LHC hará estrellar entre sí grandes paquetes de partículas, con la esperanza de producir suficientes datos para explicar las nuevas partículas. No se esperan respuestas firmes en las próximas semanas, si no es que hasta la conferencia de físicos conocida como ICHEP, en agosto próximo, en Chicago.


Dave Charlton, quien encabeza el equipo del Atlas, señaló: Esta partícula, si es real, sería algo totalmente inesperado, que nos dice que nos estamos perdiendo de algo interesante.


Ocurra lo que ocurra, los físicos experimentales y teóricos coinciden en que 2016 promete ser emocionante por la sola cantidad de datos producida por las colisiones de alta intensidad a una energía sin precedente de 13 teraelectronvoltios (TeV), nivel que se alcanzó por primera vez, en una escala menor, el año pasado.


En energía, el LHC llegará casi a su máximo de 14 TeV, y más de 2 mil 700 paquetes de partículas estarán en haces que colisionen a la velocidad de la luz, que es casi el máximo, informó Arnaud Marsollier, vocero del CERN. Añadió que la meta es producir seis veces más colisiones este año que en 2015.


Traducción: Jorge Anaya

Stephen Hawking anuncia un viaje a Alfa Centauri a bordo de un chip

Yuri Milner y Mark Zuckerberg apadrinan un programa para alcanzar la estrella más cercana a la Tierra y observar sus planetas habitables

 

¿Se puede llegar a la estrella más próxima en 20 años? Stephen Hawking, el científico más famoso del mundo, cree que sí y ha presentado hoy una iniciativa millonaria para conseguirlo. Se trata del proyecto Breakthrough Starshot, que pretende enviar una miríada de naves espaciales a Alfa Centauri, la estrella más cercana a nuestro planeta.


“La Tierra es un lugar maravilloso, pero puede que no dure para siempre”, ha dicho Hawking. “Tarde o temprano debemos mirar a las estrellas” y este proyecto “es un primer paso muy estimulante”, ha añadido.


Junto a Hawking, apoya la iniciativa el magnate ruso Yuri Milner, famoso por haber creado alguno de los premios para científicos mejor pagados del mundo. El proyecto pretende desarrollar una tecnología basada en chips de unos pocos gramos, similares a los que hay en los teléfonos móviles. Estas nanonaves se moverían con luz láser y serían capaces de llegar al astro en unos 20 años, según la web del proyecto. Uno de los objetivos es estudiar los posibles planetas habitables similares a la Tierra que hay en este sistema solar vecino.


Antes de eso es posible que se tarde otros 20 años en desarrollar toda la tecnología necesaria. La iniciativa está financiada con 100 millones de dólares y se ha presentado hoy en una rueda de prensa en Nueva York. Además de Hawking y Milner, Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, forma parte de la junta directiva. No es casual que la presentación se haya hecho hoy, cuando se cumplen 55 años del primer viaje el espacio, protagonizado por el cosmonauta soviético Yuri Gagarin.


El director de la iniciativa será Peter Worden, ex director del centro Ames de la NASA, asesorado por científicos e ingenieros de primer nivel. A la presentación de hoy también han asistido otros grandes nombres de la ciencia y la divulgación como Ann Druyan, coguionista de la serie Cosmos y que fue mujer de Carl Sagan, o Freeman Dyson.


Con la tecnología actual se tardaría en llegar a Alfa Centauri 30.000 años, dice el comunicado emitido hoy. El proyecto trazado para alcanzarlo debe conseguir que los nuevos dispositivos necesarios alcancen la madurez para que cada nave no sea más cara que un iPhone. Solo entonces se podría enviar muchos de estos vehículos, compuestos por chips capaces de tomar imágenes que viajarían sobre velas solares propulsadas por luz y que lograrían moverse unas mil veces más rápido que los vehículos espaciales actuales.


“Nuestra inspiración viene de Vostok, Apolo, y otros programas espaciales”, ha dicho Worden. “Es tiempo de abrir la era de los viajes interestelares aunque necesitamos mantener los pies en el suelo para conseguirlo”, ha añadido.