En Cali, 45 homicidios y en municipios del Valle, 14: el rastro de la represión

Las cifras del horor: ¡Juicio a los asesinos!


Las memorias del horror se han escrito y se siguen escribiendo por estos días en Cali, llamada, paradójicamente, “La capital del cielo”, convertida en un infierno por la represión brutal del Estado contra las manifestaciones de la población en el paro, que este domingo 20 de junio llegó a su día 53.

Todas las formas de la brutal violencia del Estado y del paramilitarismo han sido utilizadas por las élites segregacionistas en el poder a través de los diferentes componentes de su Policía, empezando por el Esmad, y de su Ejército, en conjunción con personas armadas vestidas de civil, es decir agentes de los servicios secretos del Estado y/o particulares de las autodefensas urbanas (parapolicías) que se han generalizado, aupadas y financiadas por sectores de la derecha más recalcitrante.

Esa violencia estatal y paraestatal es la responsable de las cifras aterradoras que deja la represión contra el Paro Nacional y la protesta social en marcha que, de acuerdo con el registro llevado por el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, es de 70 asesinatos, 46 de los cuales atribuye a la policía y otros componentes de la Fuerza Pública.

Pero a esa cifra hay que agregar los últimos tres asesinatos cometidos en Cali contra manifestantes, para un total de 73, aunque existen registros de otras entidades defensoras de derechos humanos según los cuales la cifra de homicidios contra manifestantes es superior a los 73.

Al desglosar esas cifras macabras, podemos encontrar que, del total de 73 personas asesinadas en el marco de la represión del régimen de Iván Duque contra el pueblo, 45 lo fueron en Cali *(el 62% de todo el país)* y 14 más en cinco municipios del Valle del Cauca (6 en Yumbo, 5 en Tuluá, 1 en Cartago, otro en Cerrito y uno más en Candelaria), para 59 en todo el departamento *(el 81% de todo el país)*.

Datos escalofriantes que en cualquier Estado serio del mundo habrían originado la destitución de los altos mandos policiales y militares, lo mismo que de los ministros del Interior y de Defensa y juicios al presidente y la vicepresidenta del país.

Pero estamos en Colombia, donde toda esta barbarie estatal contra las protestas del pueblo en las calles hace parte de la política oficial, de la forma como históricamente las clases dominantes han atentado contra las luchas populares y del modus operandi de un régimen despótico en cabeza de Duque, mandadero de Álvaro Uribe Vélez y de los intereses del poder burgués-terrateniente existente en el país.

Por eso, urge desde ya que el primer gran objetivo de todos quienes continúan en la resistencia social, a pesar del desmonte decretado por un sector del Comité Nacional de Paro (el llamado Comando Nacional Unitario), sea exigir el juicio a los asesinos, integrados en el régimen de Duque, responsables estos crímenes de Estado.

Más asesinatos en Cali

Precisamente, el jueves 17 de junio la represión cobró la vida de dos personas más en las calles de Cali, la primera de ellas, hacia las 4:30 p.m., en el barrio San Luis II, en el sector de Paso del Aguante (Paso del Comercio), nororiente de Cali.

Allí fue asesinado *Juan David Muñoz Montenegro*, de 23 años de edad, un joven trabajador independiente muy apreciado en el sector, que recibió un impacto de arma de fuego en la cabeza.

El homicidio causó pánico entre los pobladores del barrio donde se produjo, varios de los cuales grababan con sus teléfonos lo que ocurría.

Asimismo, defensores de derechos humanos y juristas denuncian que gases lacrimógenos fueron lanzados de manera indiscriminada por el Esmad de la Policía, afectando a niños, ancianos y a una vasta población del sector.

En su accionar contra las protestas juveniles en Paso del Comercio, lapolicía actuó de nuevo como fuerza de ocupación en los barrios del área, pues incursionó en ellos agrediendo a la población, lanzando, además de los gases, granadas de aturdimiento y deteniendo a numerosas personas.

La actuación de la policía, incluso con el uso de una tanqueta, se registró con más violencia en inmediaciones de la Biblioteca Nicolás Guerrero, la cual, según denunciaron vecinos del lugar, agentes de la Fuerza Pública querían destruir, pues se ha constituido en un símbolo cultural de la resistencia juvenil en Paso del Comercio.

Se denunció, asimismo, que a las 5:18 de la tarde del jueves, en el sector de Calimío fue herido en la cabeza José Cuellar, defensor de derechos humanos, por el impacto de una granada de gas lacrimógeno accionada por un agente del Esmad de la policía, plenamente identificado.

Cuellar fue remitido a un centro de atención médica, donde el sábado 19 de junio era sometido a una intervención quirúrgica.

Los hechos en este punto de Cali han sido de tal gravedad, que personas en el lugar denuncian que un ciudadano que atendía un puesto de socorro médico está siendo objeto de persecución debido a su voluntariado humanitario, fue víctima de un allanamiento absolutamente injustificado y la carpa de primeros auxilios que había instalado fue destruida por la policía.

Crimen en el Suroiente

El mismo jueves 17 de junio, desde otro punto de la capital del Valle, el suroriente, la Unión de Resistencias de Cali, el Comité de Derechos Humanos y la Asamblea Permanente Jaime Rosas de Sameco denunciaron que la Policía atacó a balazos un bus que se desplazaba con personas solidarias, y que un joven fue asesinado en esa acción demencial, al tiempo que cuatro ciudadanos resultaron heridos.

La víctima fue identificada como *Jhonatan Londoño, *quien sería una de las personas que acompañaban el bus que transportaba a los jóvenes agredidos por motorizados de la policía y miembros de la Sijin, en inmediaciones de la Avenida Ciudad de Cali, de acuerdo con denuncias comunitarias.

Un reporte desde Puerto Resistencia indica que entre las personas heridas se encuentra Jhan Sebastián Velasco Quintero, y que entre los detenidos en el lugar figura Anderson David Cifuentes.

Los operativos policiales del jueves se iniciaron temprano en el sur de Cali, cuando se produjo el allanamiento del apartamento de *Francisco Velasco*, dirigente de la Unión de Trabajadores de Colombia, UTC, en el Valle, y quien es reconocido como hombre solidario con las causas juveniles y sociales. El hecho tuvo lugar en el conjunto residencial Bochalema

Otros puntos de protestas y concentración juvenil también fueron objeto de la represión estatal a lo largo de la semana, como el ocurrido en el sector de Meléndez, donde, además, la policía contaminó una olla comunitaria que preparaban en el lugar, con el fin de evitar que los jóvenes en resistencia se alimentaran.

Todo lo anterior ocurrió en el marco de los anuncios del comandante de la Policía de Cali en el sentido de que arreciaría la coerción contra todos los puntos de resistencia, y luego del fallo del Juzgado 16 de lo Contencioso Administrativo, que estableció medida cautelar consistente en declarar suspendido el Decreto 304 de la Alcaldía del Distrito de Cali, que reconocía la interlocución con las Primeras Líneas de Resistencia Juvenil, norma que había desatado la ira de la ultraderecha uribista en la ciudad.

Una semana atrás, en otra jornada de horror, el ciudadano *Elkin Andrés Fernández Salazar*, de 43 años de edad y trabajador del barrio Siete de Agosto, fue asesinado recién llegaba a su casa por la policía, que reprimía de manera brutal las protestas juveniles llevadas a cabo en el barrio, contiguo a Andrés Sanín.

Esos hechos, en los que también resultaron heridas 20 personas, se presentaron el miércoles 9 de junio, en el marco de las resistencias que la joven generación de la zona desarrolla en el así llamado Puente de las Mil Luchas (Puente de los Mil Días).

Parapolicías urbanos en los Mil días MIL DÍAS

El viernes 18 de junio las fuerzas parapoliciales volvieron a disparar contra la juventud en resistencia, de nuevo en la zona de La Mil Luchas, hasta donde llegaron motorizadas abriendo fuego y asesinando al joven *Eloy Alejandro Mata Díaz*, con cédula de extranjería 28.856295, según informó un comunicado de la Unión de Resistencia de Cali, URC. El cometido en la persona de Eloy Alejandro es el asesinato número 73.

En horas de la noche, la represión se trasladó más arriba del Puente de las Mil Luchas, a la Autopista Suroriental, en inmediaciones del sector conocido como La Luna, donde la policía inundó los barrios vecinos de gases lacrimógenos y en la calle detuvo a cuatro jóvenes manifestantes.

En ese mismo punto, en horas de la mañana, la policía acantonada en el área había agredido a los componentes de una ambulancia estacionada y cuyos integrantes permanecían alertas por la represión permanente en el lugar: la actitud de los miembros del Esmad fue lanzar piedras contra la ambulancia, por lo cual la tripulación de esta se tuvo que retirar.

El sábado 19 de junio, el Esmad y otros componentes de la policía continuaron su hostigamiento contra los puntos de concentración juvenil y popular, y siguieron en su nueva y nefasta tarea: destruir ollas comunitarias, el alimento que preparan madres y jóvenes en lugares de protesta para el colectivo social, como ocurrió en el sector de La Luna.

De acuerdo con denuncias ciudadanas en los barrios, “cuando los muchachos de Primera Línea regresan a casa los persigue la policía y les disparan, amedrentándolos”. Es el imperio del terror oficial.

Nace el jardín de la vida

Pero las resistencias juveniles y las luchas por sus derechos no cesan, a pesar, reiteramos, de las decisiones de *un sector* del Comité Nacional de Paro en el sentido de suspender las movilizaciones y de la brutal represión del Estado, represión que los medios de comunicación de las clases dominantes, obrando como aparatos ideológicos del del sistema, ocultan.

Es el momento de que pongamos en el primer plano de las exigencias el respeto a la vida y el juicio político y penal a los responsables de la horrible noche y de la barbarie policial que viven Colombia, el Valle del Cauca y, especialmente, Cali, la antes “Sucursal del Cielo”, hoy sumida en la oscuridad del averno criminal del régimen uribista.

El hermoso homenaje cumplido en la Plaza de los Poetas de Cali el viernes 18 de junio a las víctimas de la represión en Colombia, en el que participaron exponentes de diferentes actividades artísticas y varios de los padres de los jóvenes asesinados, es una esperanzadora avanzada de que la reacción ciudadana y popular frente a los crímenes del Estado no demora.

El Jardín de la Vida, como se denomina este esfuerzo de diversas organizaciones sociales y políticas de la capital del Valle, es una reivindicación de la memoria de los asesinados por el sistema de injusticias y desigualdad imperante en Colombia, y seguramente se convertirá en una comparecencia periódica de la sociedad caleña en la plaza pública para reclamar ¡juicio a los asesinos!

Cali, domingo 20 de junio de 2021.

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Lunes, 21 Junio 2021 05:59

Desobediencia

Desobediencia

La resistencia pacífica frente a la violencia del poder

La desobediencia civil forma parte intrínseca del ejercicio de la ciudadanía como un derecho, una manera de estar en contra de las leyes injustas; aquellas que excluyen, marginan y mantienen la desigualdad latente en la sociedad. También forma parte de la lucha contra la inacción, la omisión o la dejación de funciones para activar políticas incluyentes e igualitarias.

Las manifestaciones que se llevan dando en Colombia desde el pasado 28 de abril se pueden considerar desobediencia civil porque cumplen con las dos premisas que señalaba Fernández Buey de que se ejerza públicamente y que se haga de manera pacífica. Aunque se les acuse de vandalismo como estrategia comunicativa para poner en su contra a esa población mediáticamente analfabeta. Además, las personas y colectivos en lucha son conscientes de sus acciones y están comprometidas con la sociedad colombiana. Su comportamiento no está “movido por el egoísmo personal o corporativo, sino por el deseo de universalizar propuestas que objetivamente mejorarán la vida en sociedad”.

Aceptan la democracia, pero no esa que están poniendo en práctica sus gobernantes. Ejercen la desobediencia civil y la resistencia como parte esencial de esa supuesta democracia participativa reconocida en la Constitución Política de 1991:

“El pueblo de Colombia, en ejercicio de su poder soberano (…) y con el fin de fortalecer la unidad de la nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo”.

Las acciones ciudadanas en marcha son una manera de poner en la calle el artículo 95.5 de su constitución (Participar en la vida política, cívica y comunitaria del país) y de profesar lo establecido en el 95.4 (Defender y difundir los derechos humanos como fundamento de la convivencia pacífica).

El Gobierno colombiano, por el contrario, parece desconocer su propia carta magna y se enroca en ser un poder sordo sostenido contra toda decencia democrática por un brazo armado que conculca sistemáticamente los derechos civiles. Un Gobierno que se ha encontrado con la fuerza de una movilización ciudadana que, pese a las acusaciones infundadas sobre vínculos guerrilleros, castrochavistas o revolucionarios, está cimentada en la solidaridad y el compromiso del pueblo con la lucha por una vida digna.

Apelar al deterioro de las fuerzas de producción por culpa del Paro Nacional es ignorar que esas fuerzas son (Sacristán dixit) más de destrucción (de la dignidad de la clase trabajadora, del empleo decente o de la naturaleza, entre otras) que de creación de verdaderas condiciones para el crecimiento de la población y del país.

De H.D. Thoreau, pasando por L. Tolstoi, M. Gandhi o M. Luther King, hasta llegar a A. Haidar y a la joven G. Thunberg, la ciudadanía colombiana movilizada está dando muestras de su desobediencia civil legítima y justa. La plataforma El Derecho a No Obedecer, “de iniciativas ciudadanas para explorar nuevas formas de participación desde la desobediencia”, ha creado, con motivo de estas acciones ciudadanas, la campaña Expulsar para Soñar cuyo objetivo es “conversar sobre la importancia de los símbolos y las nuevas narrativas como una acción de Expulsión No Obediente”, proponiendo dejar de lado las agresiones y los egoísmos para construir solidaridades que transformen la sociedad.

Un proyecto de “formación política no electoral” que se inspira en la obra de Fernando González, el brujo de otra parte, el caminante a pie que afirmaba que “en Colombia hay muchos doctores, muchos poetas, muchas escuelas y poca agricultura y pocos caminos”, lo que hacía que faltara pensamiento crítico “Los pueblos en los que la juventud no piensa, por miedo al error y a la duda, están destinados a ser colonias”.

El denominado paro nacional que lleva vigente en Colombia desde hace ya cuarenta y cinco días es una muestra palpable de que, por fin, el pueblo ha decidido pensar y poner en marcha lo que su pensamiento le está diciendo, que hay que luchar contra las injusticias, que ya está bien de crímenes de Estado, de desapariciones forzadas, de violación de derechos y de desigualdad social.

Camus respaldaba, con su defensa a ultranza de un periodismo libre, el derecho de la ciudadanía a construir su propia libertad. El autor argelino ponía la desobediencia como uno de los requisitos para ejercer libremente el periodismo “Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario también oponer alguna desobediencia”, defendiendo “servir a la verdad en la medida humana de sus fuerzas” o “al menos rechazar lo que ninguna fuerza le podría hacer aceptar: servir a la mentira”.

Por su parte, Fernández Buey, al analizar la propuesta desobediente de Gandhi, afirmaba que: “la desobediencia civil no comporta anarquía sino crecimiento social, siempre que el Estado reprime la desobediencia civil lo que en realidad está haciendo es tratar de aprisionar la conciencia”. Para el autor español, la desobediencia civil es “una forma excepcional de participación política en la construcción de la democracia”.

Un recuerdo para un desobediente colombiano que nos ha dejado: don Raúl Carvajal, un ciudadano que se pasó meses con su furgoneta aparcada en la carrera séptima con la actual avenida Misak denunciando y reclamando justicia por la muerte de su hijo soldado por no acceder a entrar en la práctica criminal de los falsos positivos.

Tal vez la pregunta que todo el mundo debería plantearse es la que el maestro Gonzalo Arango se hizo, y le hizo, a Desquite “¿No habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?”

20 Jun 2021

Por Iñaki Chaves

(publicado en Mundo Obrero el 14 de junio de 2021)

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Sábado, 19 Junio 2021 05:58

El juez y el indio

El juez y el indio

Quienes lo hayan leído seguramente se alegrarán de recordarlo, porque hay pocos lectores que pasaron por Manuel Scorza y que lograron después sacárselo del corazón. Los personajes de la saga de La guerra silenciosa --repartida en cinco novelas-- siguen adheridos al espíritu profundo de América Latina, y eso es lo que uno le agradecerá siempre a Scorza: que nos haya dejado entrar y sentirnos involucrados en las protestas campesinas de las sierras peruanas contra la Pasco Corporation en los años ´60.

Scorza se había criado allí, porque su asma decidió a sus padres a irse de Lima, y a instalarse en Huancayo. Cuando comenzaron las protestas él ya había pasado por el mismo Liceo Militar que Vargas Llosa, ya había cursado Filosofía en la Universidad de San Marcos, ya había comenzado su militancia clandestina en el naciente APRA, que cuando viró a la derecha sufrió gran merma de afiliados, entre ellos Scorza, que escribió el documento de renuncia al partido que comandaba Haya de la Torre. El documento quedó allí para la historia. Se llama GoodBy, Míster Haya.

El primer libro de la saga que Scorza escribió un poco en Lima y otro en París fue Redoble por Rancas. Había cubierto las revueltas para un diario de Lima y para sí mismo, para un ensayo que tenía en mente. Pero cuando después el desenlace sangriento y su propio involucramiento emocional le hicieron sentir que cualquier ensayo por bueno que fuera iba a ser incapaz de transmitir la verdad de las protestas y la estatura de esos héroes cholos del Perú profundo, recurrió a la narrativa.

Ahora Pedro Castillo y el Perú invisible vuelve a pelear por sus derechos, porque el Perú racista y corrupto que se agazapa tras Keiko Fujimori quiere invalidarles sus actas electorales: es un país que convivió con una mayoría indígena y mestiza cientos de años, y cuya elite es como Vargas Llosa: todos renunciarían a su nacionalidad de ser confrontados como lo fue el agitador de la ultraderecha liberal, auspiciadora de golpes de Estado y amparadora de delincuentes de toda laya: están convencidos de que ellos son el Perú, y que el electorado de Castillo hace fraude simplemente porque gana: nunca dejaron de verlos y tratarlos como seres inferiores.

Por la misma esquina de la plaza de Yanahuanca por donde, andando los tiempos, emergería la guardia de Asalto para fundar el segundo Centenario de Chinche, un húmedo septiembre, el atardecer exhaló un traje negro. El traje, de seis botones, lucía un chaleco surcado por la leontina de oro de un Longiness auténtico. Como todos los atardeceres de los últimos treinta años, el traje descendió a la plaza para iniciar los sesenta minutos de su imperturbable paseo.

Es el primer párrafo de Redoble... Ese traje que exhaló el atardecer es el juez Montenegro. Scorza hace girar la presentación de esa comunidad de Yahahuanca oponiéndola en valores, espíritu, ética, a la de un juez corrupto como casi todos, que eran amigos de los alcaldes y parientes de los coroneles y de los diputados o gobernadores. Así sigue siendo el mundo blanco, aunque el traje negro con el que Scorza inviste y recorta al juez, que será así nombrado siempre, corre la connotación de “negro” de la piel de los cholos a la conducta de Montenegro, descripta en ese primer capítulo en una parábola perfecta.

Esa misma tarde al traje negro se le cae un sol del bolsillo, una moneda. Y en el pueblo corre como un reguero la noticia, porque quién sabe qué podría pasarle a quien tocara o peor, que se apropiara del sol del traje negro. Mucha gente había muerto por menos. Todo el pueblo se pone en alerta para que nadie mueva el sol de su lugar: era un pequeño relieve en una vereda de la plaza central.

Pero pronto surge el orgullo. Ya no era por temor, sino por dignidad, que Yahahuanca se había vuelto obsesiva con no tocar lo ajeno. Vienen de otros pueblos a ver el sol del traje negro, que se había vuelto una enorme atracción. Y los yanahuaqueños se desvivían por hacer custodia día y noche para a nadie lo tocara, porque en Yahahuanca no se robaba.

Pasó un año y el único que no estaba al tanto de cómo había cambiado la vida en el pueblo era el traje negro. Nunca se dio cuenta de que se le había caído un sol del bolsillo. Pero un día caminando por la plaza, 365 días después de haberlo perdido, los ojos del traje negro dieron con la moneda tirada en el piso. Se agachó, vio la moneda, miró para ambos lados y como creyó que no había nadie, sencillamente lo embolsó y siguió su camino.

Así son las cosas. A esos pueblos serranos de indígenas persistentes en sus modos de vida y sus creencias, hace cientos de años los blancos les vienen robando todo. Porque creen que tienen derecho, como el traje negro al que no se le ocurrió que ese sol podría tener un dueño, cuando todo el pueblo hacía un año que se turnaba para evitar que alguien se lo robara.

Scorza decía que la oligarquía peruana se había condenado a sí misma a vivir una vida a medias, al haber esclavizado a los pueblos indígenas. El negacionismo hoy explica fenómenos nuevos pero explica también fenómenos históricos.

Estos que están en las calles en varios países en los que el neoliberalismo les quiso dar su toque se gracia, eran lo más genuino, lo más intenso de América Latina. Aquí las luchas se libran y se pierden muy seguido, pero no se abandonan. En las novelas de Scorza eso sucede porque los vivos reciben instrucciones de sus muertos.

La figura del juez, el amigo o pariente del diputado o del gobernador, sigue siendo el traje negro, que condena a su antojo a los indios que osan reclamar cualquier especie de igualdad. Scorza decía que el Perú blanco se parecía a esa tortura china que consistía en hacerle cargar a un hombre vivo un hombre muerto, hasta que enloquecía.

Hay un tipo de locura supremacista en toda esta región. Nunca dejó de haberla. Y hablo de quienes --Mauricio Macri y el desquiciado Iván Duque incluidos, firmantes de una carta “contra la corrupción” a favor de Keiko Fujimori, o sea a favor del golpe-- siguen viendo al indio o a la india como poco más que objetos descartables que se pueden matar o encerrar sin ningún problema de conciencia. Hablo además del TOF de Jujuy, que condenó a Milagro Sala a 3 años y medio por los huevos que le mancharon el traje negro al gobernador Morales en 2009. La condena llegó en 2021 y cinco días antes de las elecciones. Locura supremacista y corrupción insoportable.

19 de junio

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Un hombre cena pasta en el campamento alternativo de Las Raíces (Tenerife). Luz Sosa

El día 20 de junio se conmemora el Día del Refugiado. El 68% de las personas desplazadas proceden de solo seis países. Crece también el número de

 

La persecución, la guerra o las consecuencias de la crisis climática empujaron al desplazamiento forzoso a más de 82 millones de personas a lo largo del año 2020. Se trata de un triste récord que queda reflejado en el informe que anualmente publica la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Supone un incremento del 4% respecto a 2019 y es más del doble del número de personas desplazadas que se consignó hace una década.

Según el informe de la ONU publicado el 18 de junio y con la vista puesta en el domingo 20, cuando se conmemora el Día Mundial del Refugiado, más de dos tercios de los que huyeron al extranjero procedían de solo cinco países: Siria (6,7 millones), Venezuela (cuatro millones), Afganistán (2,6 millones), Sudán del Sur (2,2 millones) y Myanmar (1,1 millones).

“Hoy hay mucha más gente en movimiento que en cualquier otro momento durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, decimos que vivimos en una era sin precedentes de tiempos de paz global”, ha denunciado Jan Egeland, secretario general del Consejo Noruego de Refugiados.

La pandemia “resultó especialmente devastadora para las personas que viven en comunidades marginadas, incluidas las personas refugiadas, desplazadas internas y apátridas, que no tienen identidad nacional”, reseña la agencia de la ONU.

20,7 millones de personas son consideradas refugiadas por Acnur, 5,7 millones son personas originarias de Palestina en situación de refugio y dependen de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (Unrwa). Hay cuatro millones de solicitantes de asilo, 3,9 millones de originarias de Venezuela en situación de desplazamiento forzoso y aproximadamente 4,2 millones de apátridas.

Los desplazamientos internos constituyen casi la mitad del total. Los países con mayor número de desplazados internos son Etiopía, Sudán, Mozambique, Yemen, Afganistán y Colombia. ACNUR reseña el impacto en términos de búsqueda de refugio de la escalada de violencia en Níger, Burkina Faso y Malí.

Más cifras: a lo largo de 2020, 3,4 millones de personas desplazadas regresaron a sus lugares o países de orígenes. Solo se produjeron 34.000 reasentamientos en ese periodo, apenas un tercio de los que se habían producido el año anterior.

El 42% de esos 82,4 millones lo conforman jóvenes, adolescentes, niños y niñas menores de 18 años. Según el informe, cada año nacen entre 290.000 y 340.000 criaturas en campos de refugiados y otras situaciones de tránsito.

ACNUR llama la atención sobre la situación de Yemen, donde se elevó el número total de personas desplazadas internas a cuatro millones, debido a lo que la ONU ha llamado la “peor crisis humanitaria del mundo”. Aproximadamente 233.000 personas, reseña ACNUR, han muerto desde que comenzó el conflicto hace seis años debido a la violencia o causas relacionadas como el hambre y la falta de servicios de salud.

19 jun 2021 11:02

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La devastadora guerra contra el narcotráfico que EE.UU. le impuso al mundo cumple 50 años de fracasos

"Declaro la guerra contra las drogas". Esta frase, pronunciada por Richard Nixon el 17 de junio de 1971 en la Casa Blanca, marcó el inicio de una estrategia intervencionista en la que EE.UU. se erigió como gendarme mundial del combate al narcotráfico.

Los resultados han sido desastrosos. Cinco décadas después, no hay un solo efecto positivo. Al contrario. Hoy hay más sustancias prohibidas, son más baratas, más accesibles y con mayor potencia. El consumo aumentó tanto en EE.UU. que ha enfrentado epidemias consecutivas de cocaína, heroína, metanfetamina y fentanilo, y sigue siendo el país que más consume drogas.

Las organizaciones criminales crecieron, se multiplicaron, se profesionalizaron, se globalizaron. Se expandieron a todo el mundo con la invaluable ayuda de los bancos estadounidenses y europeos que lavan las multimillonarias ganancias del negocio trasnacional e ilegal más lucrativo.

La estela de víctimas es interminable: los usuarios que tienen consumo problemático y que son tratados como delincuentes, no como personas con problemas de salud; los cientos de miles de muertos y desaparecidos por la disputa de territorios o de mercancías o por la militarización del combate que sólo acrecentó las violaciones a los derechos humanos; los campesinos sumidos en la pobreza y que sólo pueden sobrevivir con la siembra de adormidera, hoja de coca o marihuana, o a quienes les arrasan sus campos con fumigaciones dañinas y erradicaciones forzadas; las 'mulas' que, a cambio de unos cuantos dólares, aceptan utilizar su cuerpo para transportar drogas; los consumidores que cumplen condenas por delitos que no deberían ser tales; los hombres y mujeres que forman parte de los eslabones más vulnerables de la cadena narco y a los que se les imponen condenas desproporcionadas.

Y la violencia endémica. Si lo sabrán especialmente Colombia y México. 

Cada año, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes presentan informes sobre drogas y narcotráfico que demuestran que, más allá de oscilaciones en la producción, el negocio se mantiene firme. No importa cuántos narcotraficantes mueran, se detengan o condenen, o cuántas toneladas se decomisen. El negocio solamente cambia de manos y no para de crecer.

Lo increíble es que, a pesar de que las cifras de producción, variedad de sustancias, consumo, muertes y presos evidencian que esta guerra ha sido infructuosa, la retórica bélica sigue vigente y cada tanto es repetida por presidentes latinoamericanos. Todavía es un discurso predominante que contrasta con los esfuerzos de sectores sociales que apuestan por modificar las políticas de drogas para que se aborde prioritariamente como una problemática de salud basada en el respeto a los derechos humanos.

El origen

Nixon fundamentó su nefasta guerra en el persistente consumo y en premisas moralinas. Hilvanó un lenguaje en el que consideró el abuso de sustancias como el "enemigo público número uno" al que había que derrotar a toda costa bajo tres ejes: la criminalización de los consumidores, el prohibicionismo absoluto de determinadas drogas y la militarización en el combate al narcotráfico en los países latinoamericanos productores.

La meta, irreal, era desterrar todas las drogas ilegales. Que dejaran de producirse y de consumirse. 

Para reforzar su estrategia, en julio de 1973 creó la Drug Enforcement Administration (DEA) que, a partir de ese momento, sería omnipresente en las operaciones contra el narcotráfico alrededor del mundo y que junto con la CIA se disputaría recursos financieros para seguir justificando su existencia.

En el imaginario estadounidense ya predominaban la estigmatización y los prejuicios raciales. Desde principios del siglo pasado habían vinculado a los chinos con el opio; a los negros con la cocaína; y a los mexicanos con la marihuana. Eran una amenaza. EE.UU. jamás ha admitido su responsabilidad en el negocio narco debido a sus altos niveles de consumo, al tráfico de armas y al lavado de dinero. Los culpables siempre son otros. Están convencidos. De ahí el éxito de la promesa de Donald Trump de construir un muro para cerrar el paso a los narcos mexicanos. De los narcos estadounidenses jamás sabemos nada.

Ya en los 80, Ronald Reagan insistió en que las drogas representaban una amenaza para la seguridad nacional. La guerra antinarcóticos se convirtió en una prioridad y EE.UU incrementó la asistencia militar y policial en América Latina. A través de la Iniciativa Andina, combatió el cultivo de marihuana y la producción de cocaína sin entender las complejas causas económicas, políticas y sociales que permitían el auge de estos cultivos en países como Colombia, Bolivia o Perú.

La hipocresía siempre ha estado latente. La CIA llegó al extremo de permitir el ingreso de drogas a EE.UU. a cambio de que los cárteles apoyaran a la Contra, el grupo armado que financiaba para derrocar a los sandinistas en Nicaragua. El caso Irán-Contras ha sido uno de los grandes escándalos de corrupción e intervencionismo de EE.UU. en América Latina, pero no el único. 

Rebeldía

Durante décadas, EE.UU. extorsionó al resto de los países latinoamericanos con una certificación anual que evaluaba si habían obedecido sus políticas antidrogas. En caso contrario, les cortaba el flujo millonario de recursos. A varios gobiernos dependientes no les importó afectar a sus ciudadanos y provocar sangrientos conflictos sociales con tal de entregar buenas cuentas.

Importaban más las cifras de campos erradicados, drogas decomisadas y narcos detenidos y asesinados, que las personas, los derechos humanos y la democracia.

El tema era tan central en la agenda de los gobiernos estadounidenses que, a fines del siglo pasado, el 92 % del presupuesto de asistencia militar y policial en América Latina y el Caribe se destinaba a la guerra contra las drogas. Pero en septiembre de 2001 la preocupación cambió por completo para dar prioridad a la "guerra contra el terrorismo".

Aun con recortes presupuestarios, las políticas de drogas siguieron inmutables. Desde Nixon hasta ahora, todos los presidentes estadounidenses han anunciado "éxitos" en la guerra contra el narcotráfico que, en realidad, son inexistentes. Es un "ya casi ganamos" que, 50 años después, es todavía más inalcanzable.

Por eso, comenzó a asomar la rebeldía. En 1998, a instancias de México, se celebró en Nueva York una Sesión Especial de la Asamblea de Naciones Unidas en la que países latinoamericanos y europeos advirtieron que no compartían una guerra que había provocado más daño que el consumo mismo de las sustancias. En lugar de analizar alternativas, la ONU volvió a comprometerse con "un mundo libre de drogas". De nuevo, la meta imposible.

Desde entonces, expresidentes, premios Nobel, periodistas, profesores universitarios, parlamentarios, empresarios, médicos, criminólogos, diplomáticos, políticos, filósofos, sociólogos, activistas, jueces y sacerdotes de decenas países, incluido Estados Unidos, han convocado a través de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia a cambiar el paradigma, a enfocar las políticas mundiales de control de drogas sin miedos, prejuicios y prohibiciones punitivas que cedan al sentido común, la ciencia, la salud pública y los derechos humanos.

Alternativas

La discusión está latente, tanto como las resistencias y los avances.

En 2013, Uruguay hizo historia al convertirse en el primer país del mundo en legalizar la producción, consumo y venta de la marihuana con fines medicinales y recreativos. Es decir, toda la cadena del negocio. Luego le siguió Canadá. México, que tiene un papel central en el negocio narco, está a un paso de imitar esta política rupturista e incluso desde el Gobierno abren la puerta a regular también la amapola, materia prima de la heroína.

La legalización de la marihuana ya rige en más de la mitad de los estados de EE.UU. En Portugal, la despenalización del consumo y el fin de la estigmatización a los usuarios de drogas logró reducir el mercado de cocaína y heroína y la población carcelaria. En gran parte de Europa se fortalecen las políticas de reducción de daños con salas de consumo supervisadas por el Estado que incluyen el intercambio de jeringas para evitar la propagación del VIH y hepatitis B y C entre los usuarios de heroína y otras drogas inyectables.

No se trata de promover las drogas, de frivolizar su consumo ni de alentarlo. Tampoco de que los países latinoamericanos asuman solo el papel de víctimas, porque, con el pretexto de combatir el narcotráfico, muchos políticos violan gustosamente y por su cuenta propia los derechos humanos y lideran o participan de las prácticas de corrupción inherentes al negocio.

Lo fundamental es ser realistas. Entender que las drogas se van a seguir produciendo y consumiendo. Que las políticas aplicadas hasta ahora no funcionaron y que hay que diseñar y poner en marcha alternativas alejadas de dogmas y prejuicios. Que así sea, por el bien de nuestras sociedades.

Por Cecilia González

Publicado: 16 jun 2021

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“Resiste”, el monumento construido por la resistencia en Cali

Lo que empezó como un sueño se hizo realidad. En víspera de cincuenta días de paro nacional, la comunidad de Puerto resistencia, su creadora, con abierta y desbordante alegría inauguró el monumento “Resiste”.

 

Similar a como ha sido su tenacidad para resistir la andanada criminal del establecimiento, logrando mantener el control de su territorio más allá de lo imaginado, la numerosa y vistuosa concurrencia comunitaria lo llenaba todo. No ocultaban su alegría ni su identidad con lo que está sucediendo, y no es para menos.

Al llegar al punto de la inauguración, si se entra por la calle 27, lo primero con que se encontraba quien pretendía ingresar al espacio designado para la celebración, era un carro incendiado con el que obstruían la vía. Varios manifestantes con boquitoquis coordinaban la logística; “motos a la izquierda, no se cobra parqueadero”, decía uno de ellos.

 

 

Unas cuadras más adelante, a la altura de la autopista Simón Bolívar,se veían miles de personas con banderas de Colombia yotros miles con capuchas que cubrían su rostro. A lo lejos, sobre una tarima,desprendía su sonido el cacerolazo sinfónico; a su lado varias personas desmontaban los andamios de un monumento de 12 metros de alto, que retoma una mano que con varios escudos incrustados a su costado izquierdo, en la cima, agarra con los dedos la palabra “Resiste”.

 

 

 

En el cambuche donde la comunidad guarda las herramientas con las que construyó este monumento estaba Luis García*, metalmecánico del sector, que emocionado contó cómo nació la idea: “Una noche estaban cinco manifestantes que propusieron la construcción del monumento. Y entonces unos obreros fueron por material y cogieron unas varillas que estaban botadas en las estaciones del MIO, y empezaron la construcción, donde antes había 3 postes de 12 metros y donde se colocaban unas banderas. Se consiguieron los andamios, los soldadores y las pulidoras. La comunidad traía que palustres, que palas, que cemento y arena. También un señor donó las luces para iluminar el monumento en la noche. Con esto le demostramos al Gobierno que sí podemos y el Gobierno enojado porque le dimos un ejemplo, lo que hacen los pobres, que la unión hace la fuerza”.

La celebración es inmensa, mucho alboroto y alegría. Miles cantaban la conocida arenga “el que no salte es tombo”. A su vez, con una mano agarrada a una cinta amarilla para que no se pasaran personas y obstruyeran el desmonte de los andamios, estaba Valentina Quintero, con un casco blanco que a su costado derecho tenía pintada la palabra: arte.

Ella colaboró en el monumento haciendo las raíces de la mano y después pintando los escudos y las caras de varios manifestantes caídos, como Nicolás Guerrero, Luis Eduardo López y Elkin Fernández, oAngie Johana Valencia, la mujer que falleció en Calipso impactada por la bala de un fusil. “El monumento significa que empezamos desde abajo y vamos creciendo desde la noche y arriba, cuando termina el día, encontramos nuestra palabra “Resiste”. Y, para mí, la resistencia es victoria”, contó emocionada la joven, que en cuanto podía también saltaba y gritaba las demás arengas que miles de personas entonaban.

 

En el monumento, amarrado con lazos a las varillas del andamio y ayudando a desmontarlos, se veía a un joven con una pantaloneta del equipo América de Cali. Su nombre es Jefferson, y dice que su participación en la construcción del monumento fue desde el primer día en que el pueblo tomó la decisión de resistir y de reconocerse.

“La idea de su creación vino, sin querer distorsionarla, porque unos compañeros vieron una piedra con sangre. La idea del puño no es solamente de resistir sino de aguantar y de recuperar lo que es el amor. Un puño cerrado, es un corazón. Todos los temas son importantes, pero con hambre no trabaja nadie. Entonces, dibujé sobre las madres ancestrales que salieron a sacar su olla, su sancocho y su sazón acá en Puerto resistencia. Creo que fueron 19 días de construcción y fueron días muy corticos mano, porque hubo mucho amor. Pero si este monumento lo hubiera hecho el Estado se hubieran demorado 2 o 3 años y lo dejan iniciado”, expresó el artistadespués de terminar de desmontar los andamios, con una cerveza en la mano.

 

 

Varias intervenciones artísticas se presentaron a lo largo de la celebración. Personas de provenientes desde los otros veinte puntos de bloqueos de la ciudad estuvieron presentes en la inauguración, que terminó con juegos pirotécnicos. El monumento “Resiste”,propicia identidad y fortalece, valora lo realizado y logrado estas semanas de intensa lucha, y estimula a las personas de la ciudad de Cali en el propósito de mantener el Paro, que por falta de negociaciones y acuerdos serios por parte del gobierno parece prolongarse.

Vea la galería de fotos que el equipo desde abajo tomó de esta inauguración.

       

 

       

 

      

 

    

 

 

*Nombre cambiado a petición de la fuente.

Escrito y fotografías: Sebastián Navarrete Aldana.

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Lunes, 14 Junio 2021 10:14

Un pueblo de pie

Wilber Ortega Aldaya,La isla semilla, 130 x 90 cm, acrílico sobre lienzo (Cortesía del autor)

En los últimos quince años, Gaza sufrió cinco expediciones punitivas: 2006 (“Lluvia de verano”); 2008-2009 (“Plomo fundido”); 2012 (“Pilar defensivo”); 2014 (“Margen protector”); 2021 (“Guardián del Muro”). Israel eligió estos nombres para camuflar mejor a los asaltantes en asediados. Y, desde hace quince años, los mismos personajes repiten los mismos eslogans para legitimar los mismos castigos. Porque el desequilibrio de los medios utilizados hace que resulte inapropiado hablar de “guerra”. Por un lado, uno de los ejércitos más poderosos y mejor equipados del mundo, que dispone del apoyo ilimitado de Estados Unidos, que somete a sus adversarios a un bloqueo terrestre y marítimo constante (1). Enfrente, ni un carro de combate, ni un avión, ni un buque, ningún apoyo (más que verbal) de ninguna capital. Era necesario por lo tanto todo el aplomo de un embajador israelí en Francia para recriminarles a los palestinos “uno de los crímenes de guerra más abyectos del siglo XXI” (2). El número de víctimas respectivo a lo largo de estos cinco conflictos es respuesta suficiente.


Desde hace quince años, como todos saben, los israelíes “responden” o “replican” las agresiones de las que son objeto. Porque la historia que cuentan nunca arranca un segundo antes del secuestro de uno de sus soldados o del disparo de un cohete en su contra. La cronología de los enfrentamientos omite así las vejaciones cotidianas infligidas a los palestinos, los controles permanentes, la ocupación militar, el bloqueo de un territorio que no cuenta con ningún aeropuerto, el muro de separación, la voladura de sus casas, la colonización de sus tierras.


Cuanto peor, mejor


Ahora bien, suponiendo que Hamas desaparezca mañana, todo ello subsistiría. Israel, que ayudó a este movimiento a tomar vuelo y que contribuye a su financiamiento, lo sabe. Pero darle importancia a semejante adversario le sirve. Y le permite presentar la lucha de un pueblo para disponer de un Estado como la agresión terrorista de una organización religiosa mesiánica. Al intervenir brutalmente en Jerusalén contra los fieles en la Explanada de las Mezquitas, las autoridades israelíes no podían ignorar que le darían pie al movimiento islamista.


Por más cínica y transparente que fuera, la operación del primer ministro Benjamin Netanyahu prosiguió sin trabas. Ni una resolución de las Naciones Unidas (que Israel habría podido ignorar una vez más), ni medidas de sanción, ni llamados de consulta a embajadores, ni suspensión de entregas de armas. Al igual que Washington, la Unión Europea repite los elementos semánticos de la derecha israelí; el gobierno francés –apoyado por Marine Le Pen, por Bernard-Henri Lévy y por la alcadesa socialista de París Anne Hidalgo– sólo se despabiló para prohibir una manifestación en solidaridad con el pueblo palestino. Pareciera que cuanto más poderoso y dominante es Israel, cuanto menos democrático, más el mundo entero está a sus pies.


No obstante, como cinco “guerras” lo demuestran, esta “Cúpula de Hierro” diplomática no garantizará su tranquilidad. La violencia de la resistencia siempre responde a la violencia de la opresión, salvo cuando un pueblo es aplastado y sometido. Y el pueblo palestino está de pie.

1. Olivier Pironet, “En el caldero de Gaza”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, septiembre de 2019.
2. Daniel Saada, por Europe 1, 12-5-21.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Micaela Houston

Para suscripción:

https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=180&search=suscrip

 

Lunes, 14 Junio 2021 10:14

Un pueblo de pie

Wilber Ortega Aldaya,La isla semilla, 130 x 90 cm, acrílico sobre lienzo (Cortesía del autor)

En los últimos quince años, Gaza sufrió cinco expediciones punitivas: 2006 (“Lluvia de verano”); 2008-2009 (“Plomo fundido”); 2012 (“Pilar defensivo”); 2014 (“Margen protector”); 2021 (“Guardián del Muro”). Israel eligió estos nombres para camuflar mejor a los asaltantes en asediados. Y, desde hace quince años, los mismos personajes repiten los mismos eslogans para legitimar los mismos castigos. Porque el desequilibrio de los medios utilizados hace que resulte inapropiado hablar de “guerra”. Por un lado, uno de los ejércitos más poderosos y mejor equipados del mundo, que dispone del apoyo ilimitado de Estados Unidos, que somete a sus adversarios a un bloqueo terrestre y marítimo constante (1). Enfrente, ni un carro de combate, ni un avión, ni un buque, ningún apoyo (más que verbal) de ninguna capital. Era necesario por lo tanto todo el aplomo de un embajador israelí en Francia para recriminarles a los palestinos “uno de los crímenes de guerra más abyectos del siglo XXI” (2). El número de víctimas respectivo a lo largo de estos cinco conflictos es respuesta suficiente.


Desde hace quince años, como todos saben, los israelíes “responden” o “replican” las agresiones de las que son objeto. Porque la historia que cuentan nunca arranca un segundo antes del secuestro de uno de sus soldados o del disparo de un cohete en su contra. La cronología de los enfrentamientos omite así las vejaciones cotidianas infligidas a los palestinos, los controles permanentes, la ocupación militar, el bloqueo de un territorio que no cuenta con ningún aeropuerto, el muro de separación, la voladura de sus casas, la colonización de sus tierras.


Cuanto peor, mejor


Ahora bien, suponiendo que Hamas desaparezca mañana, todo ello subsistiría. Israel, que ayudó a este movimiento a tomar vuelo y que contribuye a su financiamiento, lo sabe. Pero darle importancia a semejante adversario le sirve. Y le permite presentar la lucha de un pueblo para disponer de un Estado como la agresión terrorista de una organización religiosa mesiánica. Al intervenir brutalmente en Jerusalén contra los fieles en la Explanada de las Mezquitas, las autoridades israelíes no podían ignorar que le darían pie al movimiento islamista.


Por más cínica y transparente que fuera, la operación del primer ministro Benjamin Netanyahu prosiguió sin trabas. Ni una resolución de las Naciones Unidas (que Israel habría podido ignorar una vez más), ni medidas de sanción, ni llamados de consulta a embajadores, ni suspensión de entregas de armas. Al igual que Washington, la Unión Europea repite los elementos semánticos de la derecha israelí; el gobierno francés –apoyado por Marine Le Pen, por Bernard-Henri Lévy y por la alcadesa socialista de París Anne Hidalgo– sólo se despabiló para prohibir una manifestación en solidaridad con el pueblo palestino. Pareciera que cuanto más poderoso y dominante es Israel, cuanto menos democrático, más el mundo entero está a sus pies.


No obstante, como cinco “guerras” lo demuestran, esta “Cúpula de Hierro” diplomática no garantizará su tranquilidad. La violencia de la resistencia siempre responde a la violencia de la opresión, salvo cuando un pueblo es aplastado y sometido. Y el pueblo palestino está de pie.

1. Olivier Pironet, “En el caldero de Gaza”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, septiembre de 2019.
2. Daniel Saada, por Europe 1, 12-5-21.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Micaela Houston

 

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Domingo, 13 Junio 2021 05:41

Luna llena

Ted Bundy.. Imagen: AFP

 La cuestión sería: ¿el ser humano es “inhumano” cuando comete atrocidades y “humano” cuando es generoso y ayuda a su prójimo? Estaba leyendo materiales sobre el caso del célebre asesino serial Ted Bundy cuando encontré que varios diarios de la época (fines de los sesenta comienzos de los setenta) le decían “animal”. Ted Bundy vendría a ser un animal inhumano y (pongamos) Martin Luther King sería un personaje humano. Un humanista, como suele decirse.

¿Quién fue Ted Bundy? Era un tipo pintón, sonreía más que con frecuencia, era joven y tenía una facilidad enorme para hablar, argumentar y –por consiguiente- seducir. Nadie que lo viera podía asustarse, tomar recaudos, preocuparse. No, a simple vista Bundy era alguien que podía presentarse en cualquier parte sin despertar la mínima sospecha de su condición de asesino serial. No tuvo una infancia demasiado problemática. No sufrió penurias económicas. Nadie lo castigó. Nadie abusó de él. Y mató a treinta y seis mujeres.

Cuando se estrenó el film La caída de Olivier Horshbiegel, con un Hitler que Bruno Ganz hizo de modo admirable, se le criticó que presentaba a un Hitler “humanizado”. ¿Cuál es el problema? ¿No era humano Hitler? Hitler fue uno de los personajes más perversos de la historia humana. Pero fue parte de esa historia, fue humano. Auschwitz, Treblinka y Dachau fueron obra de la condición humana. Sólo los seres humanos son capaces de engendrar esos horrores. Los animales no. Los animales son víctimas de la devastación humana de la naturaleza.

Ted Bundy –como el Führer alemán- fue un asesino serial. Sin duda mandó al muere a menos gente que Hitler, pero es un paradigma de asesino serial. Esta clase de personaje surge con el célebre Jack, el Destripador de la Inglaterra victoriana. Tienen –Bundy y Jack- una coincidencia: sólo mataban mujeres y las destripaban.

De Jack the Ripper se sabe poco. Se dice: desapareció entre las nieblas de Londres. Tenía un humor macabro, como le correspondía. Cierta vez, escribió a la policía una carta que contenía un riñón. “No mando el otro porque me lo comí”, concluía. Ted Bundy fue atrapado y ejecutado en la silla eléctrica de Florida. Le hicieron dos juicios. En el primero echó a su abogado y asumió su propia defensa. Se presentaba en la corte bien trajeado y con un notorio moño de color en lugar de corbata. Tenía una poderosa elocuencia. Se defendió con toda pasión y con una inteligencia que deslumbró a todos. Tuvo novias y una a la que amó. Paradójico (o no): un asesino serial que mataba mujeres se enamoró de una y fue bueno y tierno con ella.

Bundy trataba de evitar que lo frieran en la silla eléctrica. No quería morir. Pero no lo pudo evitar. Las pruebas se acumulaban y no conseguía convencer al jurado. Siempre, sin embargo, parecía estar de buen humor. La silla eléctrica lo esperaba. Es conocida (creo) mi posición ante la pena de muerte. Es un asesinato premeditado y frío. El condenado sufre y no le ahorran ese sufrimiento. La inyección letal es casi más cruel. Tiene un componente “científico-clínico” que no disimula su crueldad aberrante. Le revientan los pulmones y el corazón a la víctima del Estado. No hay que matar. Cuando el Estado de Israel ahorca a Eichmann incurre en su misma ética y estética. Un grave error.

Jack the Ripper se ha transformado en un ícono de la historia británica. Hasta tiene un museo. Se han escrito novelas, cuentos, se han hecho películas sobre el personaje. Despierta una gran fascinación. Quién era. Arriesguemos nuestra hipótesis. Era el médico de la reina Victoria. Un Lord de la Corte se había enfermado de sífilis en Whitechapel. Tras su muerte el médico de la reina (que lo quería mucho) decidió vengarlo y empezó a faenar prostitutas. Al ser miembro de la casa real y tan cercano a la reina la policía no se atrevió a detenerlo. Cuando al vengativo médico le parecieron suficientes las prostitutas castigadas se detuvo en su obstinación criminal y se cobijó entre los pliegues inaccesibles de la intocable Victoria.

Bundy no tuvo esa suerte. Pero sigue teniendo admiradores. Los psicólogos han metido mano en esto y lo calificaron de enfermo bipolar. Puede ser. Pero esto alivia a la condición humana. Y no. Cualquiera –en determinadas circunstancias- puede matar. El hombre es el lobo del hombre. Y si no, recordemos ese pequeño y estremecedor poema sobre la licantropía: “Aún el hombre puro de corazón/ que dice sus oraciones todas las noches/ se convertirá en un lobo cuando salga la luna llena”.

 

13 de junio de 2021

Publicado enSociedad
Concluye visita de la CIDH a Colombia; recibe testimonios de víctimas y ONG

Bogotá. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) cumplió ayer su último día de visita oficial en Colombia, donde verificó las denuncias de abuso policial, violencia de género y desapariciones en el contexto de las protestas que iniciaron el 28 de abril contra las reformas del presidente Iván Duque, la desigualdad y el desempleo, y se convirtieron en un estallido social que ha dejado decenas de muertos y miles de heridos.

La comisionada Antonia Urrejola, presidenta de la CIDH, visitó en Bogotá la exposición fotográfica Vidas Robadas, que rinde homenaje a las víctimas de las protestas de 2019, 2020 y 2021, en su mayoría por la represión policial, y escuchó los relatos de algunos familiares.

La CIDH recibió durante su visita más de un centenar de testimonios de víctimas de violencia y varios informes gubernamentales y de distintas ONG. Con la información recaudada emitirá una declaración con observaciones y recomendaciones.

El Comité Nacional del Paro, que analiza cambios en su estrategia de protestas, pidió a la CIDH que solicite al Ejecutivo la adopción del preacuerdo de garantías al cual llegaron el 24 de mayo con los delegados de Duque e intervenga para que cese de manera inmediata la brutalidad policial.

Desde el 28 abril decenas de miles de personas han salido a las calles, primero, en rechazo a un alza de impuestos propuesta por Duque con la intención de paliar la crisis derivada de la eliminación de gravámenes a las élites y que se agudizó por la pandemia del Covid-19.

El mandatario retiró el proyecto del Congreso, pero la represión en las protestas incrementó el descontento, situación que a la fecha el gobierno no ha podido controlar.

Publicado enColombia
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