A falta de esas células, el nervio óptico es incapaz de repararse a sí mismo.Foto archivo Gobierno de Canarias

Llamadas progenitoras neurales, nutren las fibras que lo forman; sin ellas, éstas empiezan a deteriorarse

 

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, Estados Unidos, identificaron por primera vez células madre en la región del nervio óptico, que transmite señales del ojo al cerebro.

El hallazgo, publicado en la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias, presenta una nueva teoría sobre por qué la forma más común de glaucoma puede desarrollarse y proporciona nuevas formas potenciales de tratar una de las principales causas de ceguera en los adultos estadunidenses.

“Creemos que estas células, llamadas progenitoras neurales, están presentes en el tejido del nervio óptico al nacer y permanecen durante décadas, ayudando a nutrir las fibras nerviosas que lo forman. Sin estas últimas, pueden perder su resistencia al estrés y comenzar a deteriorarse, lo que puede llevar a un glaucoma”, explicó Steven Bernstein, el líder del estudio.

Ésta es la primera vez que descubren células progenitoras neurales en el nervio óptico. Sin ellas, éste es incapaz de repararse a sí mismo de los daños causados por el glaucoma u otros problemas. Esto puede llevar a una pérdida de visión permanente y a la discapacidad. La presencia de células madre progenitoras neurales abre la puerta a nuevos tratamientos.

Para descubrir ese proceso, los científicos examinaron una estrecha banda de tejido llamada lámina del nervio óptico, la cual, de menos de un milímetro de ancho, se encuentra entre el tejido de la retina sensible a la luz en la parte posterior del ojo y el nervio óptico. Las largas fibras de células nerviosas se extienden desde la retina, a través de la lámina, hasta el nervio óptico.

Lo que hallaron es que las células progenitoras de ésta pueden ser las cuasantes de aislar las fibras inmediatamente después de que salen del ojo, apoyando las conexiones entre las células nerviosas en el camino hacia el cerebro.

Las células madre en el nicho de la lámina bañan estas extensiones de neuronas con factores de crecimiento, así como ayudan en la formación de la vaina aislante.

Los investigadores pudieron confirmar la presencia de estas células madre, utilizando anticuerpos y animales genéticamente modificados que identificaron los marcadores de proteína específicos en las células madre neuronales.

Martes, 24 Septiembre 2019 06:12

Curar la ceguera ya no es una utopía

Un paciente ciego con implante cerebral prueba el dispositivo en una calle de Los Ángeles./SECOND SIGHT

Una amplia colaboración de científicos de varias universidades, una empresa y la agencia estadounidense para el medicamento FDA están dando el impulso para llevar a la práctica clínica un implante cerebral que permite que algunos ciegos recuperen la percepción de la visión. Se trata de personas que por accidente o enfermedad han sufrido daños fatales en la retina o en el nervio óptico pero que antes veían. El implante en la corteza cerebral se salta el paso desde los ojos al cerebro en el proceso de visión y estimula directamente el cerebro, que está preparado para interpretar los estímulos puesto que en estos casos la corteza visual no ha sufrido daños.

La prótesis inalámbrica se llama Orion y se está probando en el primer ensayo clínico oficial que se realiza. Consta de una videocámara diminuta en unas gafas de sol que transmite señales al implante. Hasta la fecha se ha implantado en seis pacientes totalmente ciegos en las Universidades de California en Los Angeles (UCLA) y de Baylor y los resultados son alentadores. El concepto de este tipo de prótesis es antiguo y hay muchos intentos en el mundo y para diversos tipos de ceguera, pero los expertos señalan que esta es la más avanzada en su desarrollo, que se nutre de los avances tecnológicos, entre ellos la miniaturización, y sobre todo de décadas de investigaciones anteriores.

“Hemos estudiado durante mucho tiempo cómo codifica el cerebro la información visual. Cuando piensas en la visión, piensas en los ojos, pero la mayor parte del trabajo se hace en el cerebro. Los impulsos de luz que se proyectan sobre la retina se convierten en señales neuronales que se transmiten por el nervio óptico a ciertas partes del cerebro”, explica Daniel Yoshor, jefe del equipo en la Universidad de Baylor. Este neurocirujano recuerda que el cerebro elabora mapas del campo de visión y que cada punto que uno ve tiene su punto correspondiente en su cerebro que representa su situación espacial.

El objetivo es desarrollar prótesis que permitan a los ciegos, por ahora, recuperar ciertos elementos de la visión que les serían muy útiles para su vida cotidiana. En un futuro, se podría recuperar parcialmente la visión.

Uno de los pacientes en Jason Esterhuizen, un sudafricano de 30 años que se ha trasladado a Estados Unidos para participar en el ensayo clínico, informa UCLA. Esterhuizen tuvo hace siete años un accidente de automóvil que le hizo perder los dos ojos. Cuando se pone las gafas de la prótesis no ve normalmente pero sí puede distinguir lo oscuro de lo claro y detectar movimientos. “Veo pequeños puntos blancos sobre un fondo negro, como cuando miras a las estrellas. Si una persona se mueve hacia mí, puedo ver primero tres puntos y luego más y más a medida que se acerca”, explica. La consecuencia práctica es, en sus palabras y entre otras cosas, que “puedo moverme por un pasillo iluminado sin bastón y cruzar la calle con mucha mayor seguridad”. También puede apretar un botón para resaltar objetos oscuros a la luz del día u objetos luminosos en la oscuridad (como los faros de un coche).

“Esta es la primera vez que tenemos un dispositivo que se puede implantar sin conexiones externas”, explica por su parte el neurocirujano Nader Pouratian, que lleva cinco años con este proyecto de investigación. “Los implantados pueden reconocer dónde hay una puerta, dónde empieza la acera o dónde está el paso de peatones”. Todo ello después de una etapa de entrenamiento de la corteza visual que permite pensar en que se pueda llegar a reconocer formas.

La prótesis consta de 60 electrodos, que se podrían ampliar en un futuro para proporcionar algo más parecido a la visión normal, pero el camino es largo, entre otras cosas porque “pinchar” el cerebro es algo muy delicado. Habrá que probar la seguridad y eficacia a largo plazo de este tipo de prótesis y equilibrar el riesgo con el beneficio antes de que se pueda extender su uso.

Sin embargo, el enfoque utilizado en Orion se ha considerado lo suficientemente prometedor y maduro como para que los Institutos Nacionales de la Salud (NIH)estén financiando la investigación en los centros universitarios y para que la FDA haya incluido Orion en su programa Breakthrough Devices. Este interesante programa, que nació en 2016, busca acelerar la llegada a los pacientes de tecnología que pueda beneficiarles en ausencia de otra alternativa, si se demuestra su eficacia y sin ponerles en riesgo. Así se ha aprobado para Orion, que es uno de los 54 dispositivos admitidos actualmente en el programa, el primer ensayo clínico, imprescindible para que la prótesis se pueda aprobar finalmente.

"Este dispositivo tiene la capacidad potencial de recuperar la visión útil en pacientes ciegos debido al glaucoma, la diabetes, el cáncer o un trauma", recuerda Pouratian, quien es también consultor científico de la empresa Second Sight, que fábrica la prótesis Orion y otras para la retina en pacientes que la tienen dañada. Por ahora, explican desde UCLA, los pacientes están muy contentos de ver algo, de disfrutar de fuegos artificiales o de soplar velas de cumpleaños, y su cerebro aprende cada vez más a interpretarlo.

madrid

24/09/2019 08:00 Actualizado: 24/09/2019 08:00

 

Otorgan a tres expertos el Nobel de Física por desarrollo de los láser ópticos

Una canadiense, la primera mujer galardonada en 55 años

 

Tres científicos que desarrollaron los láser ópticos que allanaron el camino para los instrumentos de precisión que se utilizan en la cirugía correctiva de ojos, ganaron este martes el premio Nobel de Física, entre ellos la primera mujer en 55 años: una canadiense, un estadunidense y un francés.

El estadunidense Arthur Ashkin, de 96 años, se llevó la mitad del premio, mientras el francés Gérard Mourou, de 74 años, y la canadiense Donna Strickland, nacida en 1959, compartirán la otra mitad, precisó en Estocolmo el jurado del prestigioso galardón.

Sus hallazgos "revolucionaron la física del láser y los instrumentos de precisión avanzada que abren campos inexplorados de investigación y una multitud de aplicaciones industriales y médicas", indicó la Real Academia de Ciencias de Estocolmo.

Ashkin, el laureado de mayor edad de los Nobel en todas las categorías, fue premiado por desarrollar la "pinza óptica", instrumento que permite manipular organismos extremadamente pequeños, como células o bacterias.

En 1987 logró atrapar bacterias vivas sin dañarlas y conservándolas en un ambiente estéril. Las pinzas se utilizan desde entonces en los laboratorios para estudiar los microorganismos, pero también en las nanotecnologías para el control de micromotores e incluso en los inhaladores de asma.

Técnica que genera impulsos de gran potencia

Mourou, egresado de Ecole Polytechnique, prestigiosa facultad de ingeniería francesa, y su alumna Donna Strickland, fueron galardonados juntos por desarrollar la técnica de la amplificación de los láser, llamada Chirped Pulse Amplification, que genera impulsos ultracortos y de gran potencia.

Además de su contribución para el estudio del vacío o los agujeros negros, los trabajos de los dos científicos permitieron operar a millones de personas que sufrían miopía o cataratas.

Strickland, profesora de la Universidad de Waterloo, en Canadá, expresó sentirse honrada con el premio, que sólo han recibido dos mujeres en esta categoría desde que se creó en 1901.

"Pensé que sería más fácil premiar a las físicas (...), espero que con el tiempo las cosas vayan más rápido", sostuvo.

Marie Curie, quien en 1911 recibió el premio de química, fue galardonada junto a su marido Pierre en 1903 con el Nobel de Física. Maria Goeppert-Mayer lo obtuvo en 1963.

La Academia Real de Ciencias estima que el reducido número de mujeres galardonadas con premios científicos se explica por el hecho de que los laboratorios durante mucho tiempo mantuvieron las puertas cerradas para ellas.

Gérard Mourou, director del Laboratorio de Óptica Aplicada y profesor de la Ecole Polytechnique, dedicó 40 años a incrementar las capacidades de los láser y a hallarles usos técnicos o médicos, en particuñar en la cirugía ocular, pero también en la arqueología.

Desarrolló el concepto de luz extrema y fue uno de los impulsores de la creación del Instituto de Luz Extrema y del láser civil Apollon de Paris-Saclay, que debería alcanzar una potencia de cinco petavatios, esto es 1/35 de la potencia solar recibida por la Tierra.

El láser que desarrolló puede dar esa potencia durante un tiempo minúsculo, solamente algunos femtosegundos, es decir, menos de una mil billonésima de segundo, por lo cual la energía total equivale a la de una bombilla eléctrica en un par de días.

Mourou dijo que se estaba preparando para ir a nadar, como lo hace a diario, cuando recibió la llamada de la Academia. "Uno no se lo espera. Tú te lo puedes imaginar, pero cuando pasa, es diferente", admitió.

La Infraestructura Europea ELI desarrolla la construcción de otros láser en Hungría, Rumania y República Checa, que deberían superar la capacidad de Apollon.

Los científicos esperan hallar en el futuro múltiples aplicaciones, en particular en el procesamiento de desechos nucleares (reduciendo el tiempo de radiactividad), en las técnicas de imágenes médicas, en el tratamiento de tumores o en la limpieza de los millones de minúsculos desechos en órbita de la Tierra.

Prueba éxito implante de retina creado a partir de células madre y un polímero

Forman una membrana que sustituye el epitelio pigmentario, explican los autores del estudio

 Un implante de retina fue probado con éxito en cuatro pacientes que perdieron la visión a causa de la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE), publicó este jueves la revista Science Translational Medicine.

Fabricado mediante bioingienería por especialistas de la Universidad del Sur de California y luego de probarse en roedores, el experimento mostró que la prótesis se integró anatómica y funcionalmente.

Amir Kashani, autor de la investigación, explicó que el implante está compuesto por células madre embrionarias humanas que descansan sobre un polímero y forman una membrana que imita el epitelio pigmentario retinal, donde se inicia la DMAE.

Los especialistas aseguraron que la diferencia con otros estudios es que dicho polímero reproduce las características de la membrana de Bruch, que se vuelve gruesa con el paso de los años y ralentiza el transporte de metabolitos.

Esta combinación permite mejor funcionalidad y podría tener mayor capacidad de regeneración del epitelio, afirmó Kashani.

Según explicó el investigador, experto en enfermedades de retina de la universidad estadounidense y autor principal del trabajo, el implante está compuesto por células del Epitelio Pigmentario de la Retina (EPR), derivadas de células madre embrionarias humanas, dispuestas como una capa de células individuales sobre un sustrato sintético.

Las células EPR, agregó, “son las que detectan la luz y están gravemente dañadas en las personas que padecen degeneración macular avanzada. Al remplazar quirúrgicamente esa zona con el implante, creemos que será posible prevenir una mayor pérdida de visión o incluso restaurarla en algún grado”.

Las imágenes del posoperatorio revelaron que las células madre de los implantes se integraron con éxito al tejido, y las retinas mostraron cambios anatómicos que mostraban la reaparición del epitelio pigmentario.

Kashani comentó que el propósito del estudio era demostrar la seguridad del implante y de la cirugía. “Se realizó con voluntarios que tenían muy pocas posibilidades de recuperar la visión. Sin embargo, uno de ellos mejoró bastante y pudo leer 17 letras más que antes de la colocación del dispositivo. Algún otro también mostró ciertos signos de mejora de la función visual.

“En el futuro evaluaremos la eficacia del tratamiento con más personas que tengan un grado de la enfermedad menos grave y, por ello, más potencial de recuperación visual”, concluyó el experto.

Luego de vigilar durante un año la visión de los implantados, los científicos confirmaron que la tolerancia fue buena en ciento por ciento de los casos y observaron mejorías en la agudeza visual.

Kashani informó que el siguiente paso será poner el estudio a mayor escala con el objetivo de convertir los trasplantes en una opción terapéutica.

Existen dos tipos de degeneración macular asociada a la edad: la húmeda, la más común y que puede frenarse en la mayoría de los casos con inyecciones intravítreas, y la seca para la cual no existe ningún tratamiento.

La degeneración se inicia con episodios de inflamación del tejido nervioso de la retina que termina afectando la mácula que es la encargada de permitir una visión nítida y detallada.

Martes, 01 Agosto 2017 06:38

Operación Milagro

Operación Milagro

Le llaman “la Ceguera”. Es un conjunto de cuatro modernos edificios situado al suroeste de La Habana (Cuba), concretamente en el verde y boscoso municipio de Marianao. No lejos de la mundialmente conocida sala de espectáculos Tropicana y del que fuera colegio jesuita de Belén (1), donde cursó sus estudios secundarios Fidel Castro. Oficialmente se llama Instituto Cubano de Oftalmología Ramón Pando Ferrer (2) y ahí (3) es donde se inventó, el 9 de julio de 2004, a iniciativa de Fidel y de Hugo Chávez, la famosa “Operación Milagro” que le ha devuelto la vista a millones de personas ciegas y sin recursos no sólo en Cuba y Venezuela sino en decenas de países de América Latina y del mundo.


El hospital existía, en forma embrionaria (4), antes de la revolución cubana. Se llamaba “La Liga contra la Ceguera” (de ahí el nombre con el que aún se le conoce popularmente) y había sido fundado en 1956 por un grupo de oftalmólogos humanitarios, financiado por un patronato de beneficencia a base de donaciones voluntarias de la población. Pero la mayoría de sus médicos, después de la victoria de la revolución, abandonaron a sus pacientes y se marcharon a Estados Unidos.


Con el personal que no desertó y se mantuvo fiel al proyecto transformador, poco a poco, gracias también a un grupo de jóvenes oftalmólogos, se retomó el proyecto. Así fue consolidándose la idea de impulsar la creación de un Hospital Docente Oftalmológico enteramente financiado por las nuevas autoridades revolucionarias.


En 1988, a iniciativa del presidente Fidel Castro, se creó, en el seno de este hospital, con los más modernos equipos tecnológicos, el Centro de Microcirugía Ocular que pronto iba a situar a Cuba en los primeros puestos, a nivel mundial, en materia de cirugía de cataratas, miopía y glaucoma. De todo el planeta empezaron entonces a acudir pacientes para someterse a delicadas intervenciones. Y la excelente reputación del “Pando Ferrer” se fue extendiendo por el mundo entero.


“¿Cómo surgió la idea de la ‘operación milagro’?”, le pregunto al doctor Marcelino Ríos, director del Hospital Pando Ferrer. Acompañados por la Dra. Eneida Pérez, que dirige el departamento de cataratas, estamos en su modesto despacho en el que destaca una gran foto en blanco y negro, enmarcada –obra de Alberto Korda–, que muestra en primer plano a Fidel Castro encendiendo un cigarro junto a Che Guevara.


El Dr. Ríos lleva su bata blanca bien abrochada por encima de una camisa azul, está sentado ante una mesa repleta de libros y documentos, y me cuenta: “Todo empezó un 9 de julio del 2004. Se cumplen ahora exactamente trece años. Yo estaba ya de director. Recuerdo que era un viernes, ya de noche, pasadas las siete de la tarde. Una gran parte del personal, como es lógico, ya se había ido a su casa. Empezaba el fin de semana... Y, de pronto, me anuncian que llega, de improvisto, Fidel. ¡Imagínese!”.


El Dr. Ríos se echa las manos a la cabeza y hunde los dedos en su espesa cabellera gris mientras, abriendo bien grandes los ojos, trata de reproducir la traumática sorpresa de entonces: “Ignoraba a qué venía el Comandante... Y me puse a reunir a todos los doctores que, a esa hora, podía encontrar disponibles. No eran muchos, cuatro o cinco a lo sumo. Entre ellos estaba la jovencísima Dra. Eneida Pérez, que no debía tener ni treinta años entonces... Llegó Fidel, con su uniforme verde oliva, sus botas altas, afable como siempre. Venía solo, sin ningún ministro. Nos reunimos en un salita pequeña. Expectantes... Y ahí, sin muchos preámbulos, bebiéndose un vaso de agua, Fidel nos pidió, como un favor, si podíamos recibir el día siguiente por la mañana –un sábado...– a un grupo de cincuenta pacientes venezolanos que estarían llegando de Caracas para ser operados de cataratas...”.


“¿Ya dominaban ustedes la cirugía de las cataratas?”, le pregunto a la Dra. Eneida Pérez. Venerada por sus pacientes, amable y bondadosa, considerada como una de las mejores cirujanas oftalmólogas del mundo, la Dra. Eneida me explica: “Bueno, quizás no tanto como ahora con trece años más de experiencia... Pero ya realizábamos, en 2004, unas setecientas cirugías por semana... Y ya entonces, varios de nosotros, exactamente siete, dominábamos la más novedosa técnica quirúrgica, la Blumenthal (5), para el tratamiento de las cataratas, enfermedad que es responsable, hay que recordarlo, de la mitad de los casos de ceguera en el mundo”.


“Al día siguiente –prosigue el Dr. Marcelino Ríos– a las siete de la mañana, llegaban a nuestro hospital los cincuenta venezolanos anunciados por Fidel. Una hora después ya habían sido operados los primeros de ellos. Y el lunes siguiente, nuestros siete cirujanos, trabajando sin descanso, habían operado a todo el grupo. Me llamó Fidel para felicitarnos y preguntarme si podíamos operar a más gente... ¿A cuántos más? le pregunté. Y ahí es cuando me dice que, sin duda, se había expresado mal porque lo que él nos había pedido era operar a cincuenta venezolanos... ¡al día! Además, eso no debía perturbar el servicio a los pacientes cubanos que ya operábamos normalmente...”.


“Tuvimos que traer a otros siete oftalmólogos del interior del país porque no dábamos abasto... –me explica la Dra. Eneida Pérez–. Tuvimos que constituir dos grupos: el primero empezaba a las 7 de la mañana... Terminaba a final del día... Calcule usted, cada intervención en aquella época duraba unos 15 minutos... Y cada cirujano operaba a unos sesenta o setenta pacientes al día... En total, los catorce cirujanos operábamos a una media de unos 500 pacientes cada día... Fue un reto formidable. Tuvimos que sobrepasarnos. Dos meses después, habíamos operado a unos 14.000 pacientes. Casi todas eran personas sin recursos. Con anécdotas muy conmovedoras: madres o padres que veían a sus hijos por primera vez... Ciegos de nacimiento –porque hay cataratas de nacimiento...– que por fin recobraban la vista y descubrían el mundo... Muchos lloraban de emoción. Humanamente fue una experiencia fabulosa”.


“Fidel –recuerda el Dr. Ríos–, un tiempo antes, en una reunión precedente, me había preguntado: ‘¿Cuál es la mejor tecnología para la cirugía oftalmológica, sin contemplar precios pero obviamente que no sea norteamericana?’. Le dije, sin vacilar, que era la alemana o la japonesa. Y el Comandante, a pesar de las reservas expresadas por algún ministro, mandó importar lo mejor. Para dar el mejor tratamiento a nuestro pueblo. Ello permitió a nuestros médicos y a todos nuestros especialistas formarse en las técnicas más actuales, más avanzadas. Sin esos equipos de alta tecnología y sin esos progresos no hubiésemos estado a la altura del desafío que nos planteó aquel 9 de julio de 2004. Fidel lo tenía pensado, no me cabe duda, desde mucho antes. Recordemos que, con Hugo Chávez, ya habían lanzado con enorme éxito, en Venezuela, la ‘Misión Barrio Adentro’, enviando a miles de médicos cubanos a los barrios más pobres para atender a pacientes que, a veces, no habían visto a un doctor o a un dentista en toda su vida. Por eso, los dos Comandantes conciben la idea de lanzar la ‘Operación Milagro’. Pero no divulgan la iniciativa; la mantienen en secreto hasta ver si todo sale bien”.


“Durante más de un año –prosigue la Dra. Eneida Pérez– estuvimos operando a miles y miles de pacientes venezolanos. Se estableció un verdadero puente aéreo con Caracas. Cada enfermo venía, por razones obvias, acompañado de un pariente. Y a este pariente, nuestros servicios médicos lo sometían a un examen de salud completo, multidisciplinario. Y a menudo se descubría que padecían diversas afecciones de salud o padecimientos crónicos; y también se les trataban. O sea que paciente y acompañante regresaban a su país totalmente curados”.


“¿Cuándo se anunció públicamente la existencia de la ‘Operación Milagro’?”, le pregunto al Dr. Marcelino Ríos. “Fue –me contesta– en el marco del programa de televisión ‘Aló Presidente’ que se realizó aquí en Cuba, en la provincia de Pinar del Río, en un poblado llamado Sandino, el 21 de agosto de 2005. Ahí es donde los presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro anuncian que ya se han operado más de 50.000 pacientes y divulgan la existencia del convenio mediante el cual se crea la ‘Misión Milagro’, que plantea intervenir quirúrgicamente a seis millones de latinoamericanos, aquejados de enfermedades oculares, en un lapso de una década. Se le puso de nombre ‘Milagro’ porque es la expresión popular de centenares de pacientes que, al recobrar la vista, exclaman sorprendidos: ‘¡Es un milagro!’. Muchos de ellos nos contaban sus experiencias de peregrinar por los diferentes servicios de salud de sus respectivos países, sin recibir respuesta. Y ya habían abandonado toda esperanza de recuperar la vista algún día...”.


“¿La ‘Operación Milagro’ –le pregunto al Dr. Ríos– se ha extendido a otros países además de Venezuela?”. “El año siguiente al anuncio hecho por los Comandantes Fidel y Chávez, o sea en 2006, abrimos varios centros oftalmológicos en Venezuela, integrados por profesionales cubanos –un centenar de ellos trabajadores de nuestro hospital Pando Ferrer–. Debo precisar que, en la ‘Operación Milagro’, participan unas 165 instituciones cubanas. Y se dispone, además, de una red de cincuenta centros oftalmológicos con 82 posiciones quirúrgicas en 14 países de América Latina y el Caribe. Porque, en efecto, Fidel y Chávez, a partir de la experiencia cubana, decidieron ampliar el servicio a otros países, incluyendo a varios Estados del Caribe, como Haití y San Vicente y las Granadinas. Bolivia fue la siguiente nación. Después se sumaron Guatemala, Honduras, Ecuador, Paraguay, El Salvador, México, Argentina, Uruguay... Hasta alcanzar una veintena, más otras decenas de establecimientos quirúrgicos abiertos por personal cubano en África y Asia”.


En el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay unos 45 millones de ciegos. Y, como nos lo precisaba la Dra. Eneida Pérez, la mitad de ellos, o sea unos 25 millones, lo son sencillamente a causa de las cataratas. Lo que significa que, con una simple operación quirúrgica, esos 25 millones de personas podrían recuperar la vista. Dicho de otra manera, esos 25 millones de personas son ciegas porque son pobres. Porque no pueden costearse una intervención quirúrgica de alto coste, o porque no viven en un país con un sistema público de salud que preste esa atención y asuma ese gasto. Esa es la tremenda injusticia que quisieron combatir los líderes de la revoluciones cubana y bolivariana. Igual que ambos combatieron y erradicaron por completo el analfabetismo en sus respectivos países, se propusieron erradicar la ceguera.


Algunos quizás se pregunten si todo esto que estoy diciendo no es más que propaganda. Para verificarlo, como yo era muy miope y con unas cataratas muy complicadas, decidí probar en mi propia persona la “Operación Milagro” y someterme a cirugía en los dos ojos.


Después de los análisis pertinentes, mezclado con las decenas de pacientes que llenan los pasillos del Hospital Pando Ferrer, me sometí a la intervención. Con sus manos de ángel, la Dra. Eneida Pérez me operó. Una semana el primer ojo. La semana siguiente el segundo. Seis o siete minutos a cada vez. Cero dolor. Increíble. Totalmente ambulatorio. Apenas operado, te levantas de la mesa del quirófano por tus propios pies y, sin la ayuda de nadie, te marchas a casa. Dos horas después, te retiras tú mismo el esparadrapo que cubre el ojo operado. Milagro. Ya ves bien. Ya puedes hacer vida normal. Puedo dar testimonio de ello. ¿Cómo no pensar en los millones de personas que han vivido esta experiencia? ¿Cómo no estar eternamente agradecidos a los dos Comandantes que impulsaron este grandioso milagro?

NOTAS:
(1) Su edificio lo ocupa hoy el Instituto Técnico-Militar.
(2) Ramón Pando Ferrer (1933-1958) fue un joven estudiante cubano –dirigente estudiantil en la Universidad de Las Villas y militante del Directorio Revolucionario 13 de Marzo– que luchó contra la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959). Arrestado por soldados batistianos, es torturado y asesinado. No se han hallado sus restos mortales.
(3) Dirección postal: Instituto de Oftalmología Ramón Pando Ferrer, calle 76, n° 3104, entre 31 y 41, Marianao, Ciudad de La Habana, Cuba. Tel.: +53 72654800. Sitio web: www.pando.sld.cu/
(4) En 1959, cuando triunfa la revolución, aún no se había terminado de construir el primer edificio de los cuatro que conforman hoy el conjunto hospitalario.
(5) El profesor Michael Blumenthal, de Israel, es el autor de la técnica de extracción de catarata extracapsular por pequeña incisión realizada manualmente [Manual Small Incision Cataract Surgery (MSICS)]. Léase su libro: Cirugía manual de catarata con incisión pequeña (Ed. Highlights, 2004

 

Por Ignacio Ramonet
Director de Le Monde diplomatique en español

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