Cualquiera que conozca superficialmente el cultivo de peces para el consumo humano pensará que los animales se crían en condiciones similares a las naturales y que la mayor diferencia está en su alimentación. Sin embargo, lo mismo que sucede con el ganado terrestre, en muchos casos se introducen ingredientes no naturales en el proceso que pueden terminar teniendo consecuencias importantes y no totalmente insospechadas.

Es, al parecer, el caso de las piscifactorías de tilapia que han proliferado en los alrededores del Parque Nacional de Palo Verde, en Costa Rica, debido sobre todo a la demanda creciente de este pescado muy popular en América a pesar de ser de origen africano. Estas granjas están autorizadas para utilizar una hormona masculina sintética que hace que todos los peces sean machos y, por tanto, tengan mayor tamaño a la misma edad que las hembras.

Es decir, se permite una aberración zoológica en aras de una mayor rentabilidad y se afirma que no se han encontrado efectos perjudiciales en los humanos por el consumo de peces tratados con este esteroide.Por el otro lado están los cocodrilos del parque nacional, supuestamente independientes de las piscifactorías de tilapia. Hace pocos años el personal del parque nacional empezó a sospechar que había muchos más machos que hembras en la población de cocodrilo americano (Crocodylus acutus) en esta zona.

Esto a pesar de que el aumento de temperatura global hace prever que aumente el número de hembras porque en los cocodrilos el sexo del embrión lo determina la temperatura a la que se incuba el huevo. Los cocodrilos no tienen órganos sexuales externos, por lo que ha sido necesario capturar casi 500 ejemplares uno por uno, verificar su sexo y tomar muestras y luego soltarlos para comprobar dos cosas. Por un lado, que nacen cuatro veces más machos que hembras, cuando lo natural es que la proporción sea muy parecida.

Por otro lado, que todos los cocodrilos estudiados tienen en sus tejidos la misma hormona sintética que utilizan las granjas de tilapia, informa la revista Science. Queda por demostrar la relación entre una cosa y otra, porque teóricamente las granjas son autocontenidas y no debería escaparse la hormona.

 

 

cocodrilo

 

Sin embargo, lo que sospechan los investigadores es que se vierten aguas residuales sin tratar adecuadamente al ecosistema y que asimismo se escapan tilapias que son comidas por los cocodrilos. Hay quien cree que existe otro posible origen, aunque parezca menos probable. La hormona (metiltestosterona) está entre los esteroides que, a pesar de sus efectos adversos, consumen abusivamente los hombres que pretenden un desarrollo muscular extremo en los gimnasios, especialmente en las ciudades.

La hormona puede proceder de las aguas residuales urbanas de Costa Rica. Chris Murray, un zoólogo estadounidense, es el jefe del equipo que ha realizado el trabajo que ha sacado a la luz esta contaminación de la vida salvaje y sus consecuencias, por encargo del Gobierno de Costa Rica. El mismo, junto a un técnico experto en documentales de naturaleza y otros ayudantes, ha capturado muchos de los cocodrilos y tiene numerosas anécdotas que contar, aunque reconoce que el trabajo ha sido muy difícil.

Murray y su equipo han comprobado el efecto masculinizante de este esteroide en el caimán americano (Alligator mississippiensis), incubando huevos tratados con la hormona. La ruptura del equilibrio entre sexos en la población de esta especie de cocodrilos (clasificada como vulnerable) de Costa Rica puede influir negativamente en su futuro, sobre todo si hace infértiles a los machos.

Además, lo que han comprobado los investigadores es que el desequilibrio en la población estudiada disminuye con la edad, es menor en los jóvenes adultos que en los menores. Creen que significa que, ante la gran competencia existente por acceder a las hembras, algunos jóvenes adultos dejan el grupo y terminan en áreas pobladas, lo que aumenta el número de incidentes con humanos.

Este tema se engloba en el más general de los disruptores endocrinos, sustancias hormonales cuyos efectos negativos sobre la salud reproductiva de las personas y animales es una preocupación creciente desde hace 20 años.

En su mayoría, los disruptores producen una feminización y la metiltestosterona, además, no estaba clasificada como disruptor endocrino, informa Science. Por otra parte, existen granjas de tilapia en 80 países.El parque nacional de Palo Verde ocupa la cuenca del río Tempisque, en la provincia de Guanacaste y es un destino turístico importante.

 

 

Publicado en Medio Ambiente

Es el preludio de la desaparición de muchas otras especies y del declive de los ecosistemas que hacen posible la civilización, señala Gerardo Ceballos, investigador de la UNAM, que realizó el análisis junto con especialistas de la Universidad de Stanford

 

La extinción masiva de animales como rinocerontes, gorilas o leones se acelera y apenas quedan 20 o 30 años para atajar esta "aniquilación biológica" que pone en peligro "los pilares de la civilización humana", advirtió un nuevo estudio.

Más de 30 por ciento de las especies de vertebrados están en declive, tanto en términos de población como de reparto geográfico, indicó el estudio, aparecido en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

"Se trata de una aniquilación biológica que se produce a escala global, incluso aunque las especies a las que pertenecen estas poblaciones existan todavía en algún lugar de la Tierra", afirmó Rodolfo Dirzo, profesor de Biología de la Universidad de Stanford y uno de los autores de la investigación.

"La sexta extinción masiva ya está aquí y el margen para actuar con eficacia cada vez es más estrecho, sin duda dos o tres decenios como máximo", escribieron los autores. Se trata de un "ataque aterrador contra las bases de la civilización humana".

La Tierra ha vivido hasta la actualidad cinco extinciones masivas, la más reciente es la de los dinosaurios, que tuvo lugar hace 66 millones de años. Según la mayoría de los científicos, hay una sexta en marcha.

Importantes pérdidas

Gerardo Ceballos, investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien dirigió el estudio, declaró al diario The Guardian que "la situación se ha vuelto tan difícil que no sería ético no utilizar un lenguaje fuerte".

Estas pérdidas "masivas" en términos de poblaciones y de especies son el "preludio de la desaparición de muchas otras y del declive de los ecosistemas que hacen posible la civilización", advirtió Ceballos.

Los científicos encontraron que una tercera parte de las miles de especies que perdieron poblaciones no se consideran actualmente en peligro de extinción y que ha desaparecido hasta 50 por ciento de todos los animales en las décadas pasadas. Los datos detallados están disponibles para los mamíferos terrestres, y casi la mitad de éstos han perdido 80 por ciento de su población en el siglo pasado.

Hallaron que miles de millones de poblaciones de mamíferos, aves, reptiles y anfibios se han perdido en todo el planeta, lo que les llevó a decir que una sexta extinción masiva ya ha progresado más de lo que se pensaba.

Para los autores del estudio, la extinción ya "llegó más lejos" de lo que se creía hasta ahora, según investigaciones anteriores, que se referían exclusivamente a la extinción de las especies, y no al tamaño y el reparto de las poblaciones.

Animales salvajes

Los investigadores de la Universidad de Stanford y de la Universidad Nacional Autónoma de México se interesaron por las poblaciones de animales salvajes.

Realizaron un mapa sobre el reparto geográfico de 27 mil 600 especies de pájaros, anfibios, mamíferos y reptiles, una muestra que representaba cerca de la mitad de los vertebrados terrestres conocidos.

También analizaron el descenso de la población en una muestra de 177 especies de mamíferos, de 1900 a 2015. De éstas, todas perdieron al menos 30 por ciento de las zonas geográficas en las que estaban repartidos, y más de 40 por ciento, más de 80 por ciento de sus áreas.

Los mamíferos del sur y el sureste asiático se vieron especialmente afectados: todas las especies de grandes mamíferos analizados perdieron en esa zona más de 80 por ciento de su área geográfica, indican los investigadores en un comunicado que acompaña el estudio.

Alrededor de 40 por ciento de los mamíferos –entre ellos rinocerontes, orangutanes, gorilas y varios grandes felinos– sobreviven ahora en 20 por ciento, o incluso menos, de los territorios en los que vivían en el pasado.

Consumo excesivo de recursos

El descenso de animales salvajes se atribuye principalmente a la desaparición de su hábitat, al consumo excesivo de sus recursos, a la contaminación o al desarrollo de especies invasivas y de enfermedades. El cambio climático podría estar desempeñando un papel cada vez mayor.

Este alarmante movimiento se aceleró recientemente. "Varias especies de animales que estaban relativamente seguras hace 10 o 20 años, como los leones o las jirafas, ahora están en peligro", según el estudio.

Por ejemplo, el león (Panthera leo) estaba presente en la mayor parte de África, en el sur de Europa y en Medio Oriente, hasta el noroeste de India. "Ahora quedó reducido a poblaciones dispersas por África subsahariana, con una población residual en el bosque de Gir", en el oeste de India.

"Una inmensa mayoría de las poblaciones de leones ha desaparecido", indicaron los autores.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en el mundo quedan 20 mil leones.

Los investigadores llaman a actuar contra las causas del declive de la vida salvaje, especialmente contra la superpoblación y el consumo excesivo.

Los investigadores dijeron que, mientras que esto no se detenga, las perspectivas no se ven bien: "Todos los signos apuntan a agresiones cada vez más poderosas sobre la biodiversidad en las próximas dos décadas, pintando una imagen sombría del futuro de la vida, incluyendo la vida humana".

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