Jueves, 12 Octubre 2017 06:39

Las vacas pastan en la ruta del gran canal

El filósofo contemporáneo Bernard-Henri Lévy señala entre las características principales de los regímenes populistas "la promesa de los milagros". Son promesas que nunca se cumplen y se quedan lejos de la realidad. El Gran Canal de Nicaragua es un ejemplo cabal de "promesa de milagro". Pero también lo es de ese sorprendente concepto de "hecho alternativo", ideado muy a principios de la administración Trump por la asesora de la Casa Blanca, Kellyanne Conway. El hecho alternativo no es más que una mentira disfrazada de verdad, o que sustituye a la verdad.

Desde el siglo XIX el Gran Canal ha sido parte del imaginario nicaragüense, como la gran panacea de la riqueza y la prosperidad, y revivirlo es alentar las esperanzas de la gente que divisa una puerta mágica para salir de la miseria y el atraso. Fabricar un espejismo es hacerse de un arma política.

Es lo que hoy se llama "posverdad" o "mentira emotiva", otro sorprendente concepto según el cual, para dirigir a la opinión pública hacia el sentido que el poder desea, o necesita, hay que apelar a las emociones y a las creencias personales que vienen a ejercer mayor influencia en las mentes que los propios hechos objetivos.

Hace pocas semanas el gobierno emitió el Libro Blanco sobre el proyecto del Gran Canal Interoceánico de Nicaragua un catálogo completo de posverdades. En ese documento oficial se pone sello al hecho alternativo de que las obras de construcción se dieron por inauguradas el 22 de diciembre de 2014. Un "libro blanco" para un inexistente "elefante blanco" de 286 kilómetros de largo, y un costo de 50 mil millones de dólares, capaz de generar ingresos anuales por 5 mil 500 millones de dólares.

La ceremonia de arranque se celebró en el escenario virtual de una finca ganadera cerca de la desembocadura del río Brito, sitio escogido como salida del canal al océano Pacífico, y vecino al lugar destinado a uno de los juegos de exclusas que, según el guión, darán paso a los buques de 400 mil toneladas de peso, capaces de cargar 18 mil contenedores cada uno.

A comienzos del año 2020 los primeros barcos deberán estar pasando por allí, pues el canal, flagrante "hecho alternativo" estará construido en un plazo milagroso de apenas seis años, con legiones de chinos a cargo de los aspectos técnicos de la obra, y 50 mil obreros nicaragüenses ganando salarios nunca vistos. Hasta hoy, todos fantasmas.

El ministro de la presidencia para Políticas Públicas anunció que el Producto Interno Bruto crecería, sólo en los primeros años de la construcción, entre 10 y 14 por ciento anual. Pero el tiempo pasa, y esos primeros años febriles se disuelven en la bruma de una mentira colosal.

El Consejo Nacional de Universidades anunció cambios drásticos en los planes de estudio, que deberían incluir el chino mandarín, y nuevas carreras técnicas relacionadas con el Gran Canal, hidrología, ingeniería náutica. La agricultura debía orientarse a producir los alimentos preferidos por los chinos. Desde luego que "hecho alternativo" no es sino una manera de sustituir la vieja palabra "mentira", debemos reconocer al menos que estamos frente a un formidable aparato de imaginación.

En la ceremonia inaugural de las obras estuvo presente Wang Ying, el empresario de Pekín, dueño único de la concesión del canal otorgada por el decreto presidencial 840 del 14 de junio de 2013, y ratificada 72 horas después por la Asamblea Nacional. Despojado del saco, se calzó el casco amarillo de protección para arrancar simbólicamente la primera de las retroexcavadoras que lucían en fila, listas para empezar a abrir la gran zanja que partiría en dos a Nicaragua. Él es el personaje principal de la novela.

En ese mismo plazo de seis años, que ya pronto se vence, se hallarían funcionando también un oleoducto, un ferrocarril interoceánico de alta velocidad, una autopista de costa a costa, un mega aeropuerto para un millón de pasajeros, un puerto marítimo automatizado en cada extremo del canal, nuevas ciudades, complejos de turismo y zonas de libre comercio.

El "Acuerdo Marco de Concesión e Implementación del Canal de Nicaragua", mejor conocido como tratado Ortega-Wang Ying, tiene una duración de 100 años. No establece ninguna obligación para el concesionario, más que un magro pago anual de peaje. Nicaragua renuncia a toda autoridad judicial, administrativa, laboral y de seguridad, migratoria, fiscal y monetaria en los territorios concedidos al canal, en favor de HKND, la compañía inscrita en Gran Caimán, propiedad exclusiva de Wang Ying.

El concesionario también puede confiscar las tierras privadas que necesite, y tomará las públicas sin costo alguno. Y las reservas del Banco Central quedan en garantía de cualquier incumplimiento del estado. Aquí la posverdad adquiere un sesgo peligroso: la mentira puede llegar a tener alcances reales.

Los campesinos pueden ser despojados de sus tierras, de las que son legítimos dueños, y el país puede quedarse sin reservas monetarias, mientras el tratado siga vigente. Y Wang Ying puede emprender cualquier tipo de obras en el territorio de la concesión. Puede venderla, entera o por partes.

Wang Ying, hecho alternativo él mismo, ideó la fantasía de sacar a bolsa las acciones de HKND para reunir los 50 mil millones de dólares del costo del canal. Pero en 2015 las acciones de Xinwei, su empresa de telecomunicaciones, sufrieron una caída de 57 por ciento, y su fortuna personal se derrumbó. Una sólida verdad de las de antes.

Lo que aquellas máquinas de Wang Ying hicieron en la finca de Miramar fue remozar un viejo camino rural de seis kilómetros de largo hasta la costa. Los equipos eran propiedad del Ministerio de Transportes y Obras Públicas, lo mismo que el casco amarillo que se puso Wang Ying. Posverdad pura.

Sobre el camino, otra vez abandonado, ha crecido el monte y en la época de lluvias es imposible de transitar debido a los lodazales. Unas cuantas vacas pastan allí donde hoy deberían estarse construyendo a ritmo febril las esclusas.

Medellín, octubre de 2017.

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Publicado en Internacional
Martes, 26 Septiembre 2017 15:31

Con licencia para explotar y matar

A medida que el negocio de explotación de la naturaleza aumenta, el asesinato de quienes se oponen a esta realidad se expande por todo el mundo. Un modelo que no se detiene ante sus efectos sobre el medio ambiente ni ante los intereses y derechos de comunidades locales. Una fórmula que se repite en varios países. Promesas inversionistas, gobiernos corruptos, criminalización de la defensa local del territroio y el ambiente, y la muerte de líderes sociales. Este es el modelo de desarrollo que nos quieren imponer.

“Defender la tierra”, así se titula el más reciente informe de Global Witness, una Ong dedicada a sistematizar las agresiones sufridas por los defensores del medio ambiente y de tierras comunitarias. Allí confirma que “el año pasado en el mundo, al menos 200 personas defensoras de la tierra y el medio ambiente fueron asesinados, siendo el año con mayores muertes registradas [...]. Esta tendencia no está sólo creciendo, se expande, con asesinatos diseminados en 24 países, mientras que los registrados en 2015 fueron en 16 países”1. Sus estadísticas relacionan que desde 2010 y hasta el 2017, casi se completan 1.000 asesinatos.

 

Entre los países más peligrosos para quienes legítimamente se empoderan para oponerse a los grandes megaproyectos y monocultivos aparecen Brasil, Honduras, Nicaragua, Filipinas, India, República del Congo y, obviamente, Colombia.

 

Violencia soterrada y abierta

 

El capitalismo es un modelo depredador, su afán de lucro no mide consecuencias ante la explotación. Desarrollo que mata, ese es el rostro que siempre ha tenido. Ahora que no funciona la eterna e incumplida promesa del “desarrollo” y el “bienestar colectivo”, es cada vez más común el uso de la fuerza para imponer proyectos extractivos, saltándose el derecho comunitario y colectivo a la consulta previa.

 

Uso de la fuerza y desconocimiento de derechos que no pasa impune; las comunidades, conscientes del peligro que corren sus territorios activa su legítima defensa, se movilizan, denuncian, encontrando como respuesta gubernamental la criminalización de sus liderazgos locales y de la misma protesta. Caen sobre ella, entonces, arbitrariedades, abusos y homicidios por parte del capital voraz. La metáfora histórica colonial de civilizado vs salvaje, sigue viva. El 60 por ciento de estos homicidios recaen sobre comunidades indígenas, hermanos mayores que luchan contra la idea de progreso.


Es una lucha desigual. La “incapacidad” estatal para garantizar los derechos y bienestar colectivo, se pasa por la faja la soberanía local, facilitando así que empresas nacionales y extranjeras impongan sus intereses. Lo que ilustran las estadísticas, es que son numerosos los procesos anómalos de consulta, que no son libres, ni previas, ni suficientemente informadas, ni logran el consentimiento colectivo. Los gobiernos presentan, cada vez más, acusaciones penales falsas contra activistas, sometiéndolos, a padecer allanamientos policiales, detenciones ilícitas, multas y encarcelamientos. La resistencia social termina convertida en delito penal.

 

Periscopio

 

Los Estados Unidos no registran muertes de defensores, pero su tarea cada vez es más obstaculizada y criminalizada, como denuncian sus comunidades indígenas, opuestas al fracking, a la construcción de oleoductos y a los monocultivos. Las leyes van en contra de la protesta, ilegalizándola; así lo constata el informe en cuestión, el mismo que registra alarmantes casos en África (República del Congo), donde los asesinatos afectan de manera notable a los guardabosques. En Asia (India), con grandes proyectos mineros y de tala de bosques, el mecanismo de violencia procede a través de una policía cada vez más vendida, lo cual la convierte en el cuarto lugar más mortal para los defensores del planeta.

 

En América Latina, en el 60 por ciento de los asesinatos de estos líderes están implicados los bancos, por ser inversionistas en las explotaciones de bosques, aguas y similares. Las muertes registradas durante el 2014 –con un promedio de dos a la semana– sumaron las tres cuartas partes de todos los asesinatos registrados en todo el mundo. Para el 2015, con un total de 122 asesinatos2, la región registró el peor de los años.

 

Resalta de manera preocupante en este informe, los casos de Nicaragua, donde 11 defensores fueron asesinados, convertido así en el país, percapita, más peligroso del mundo. Sólo una de estas muertes no pertenecía a comunidades indígenas centroamericanas. Un genocidio selectivo producto del interés por el canal interoceánico, bajo el dominio de la empresa china Hong Kong Canal Development Group (Hknd), con una concesión de 100 años de operación de un megaproyecto tres veces más grande que el Canal de Panamá, el que implicará el desplazamiento de 120.000 indígenas.

 

En Honduras, los asesinatos ejecutados durante el 2016 se elevaron a 14, crímenes que sumados desde el 2007, y hasta la fecha, alcanzan a 127. Desde el asesinato de Berta Cáceres –3 de marzo de 2016– han consumado otros siete homicidios, transformando a éste en el país más peligroso para el activismo ambiental. Ante estas acusaciones el gobierno presentó acciones legales en contra de Global Witness, apoyado para ello en los voceros de las industrias, básicamente criticando y cuestionando su labor por frenar el desarrollo del país y tener fines conspirativos.

 

mapa p7

 

 

Grafico p6

 

Colombia

 

Datos escandalosos los de estos países vecinos, pero el nuestro no rompe con el crimen en contra de este tipo de activistas sociales: acá el número de asesinados durante el 2016 creció en un 40 por ciento. Los 37 casos conocidos y documentados superan los registrados en Honduras y Nicaragua. Global Witness se pregunta por semejante cifra en tiempos de acuerdos de paz. La “debilidad” estatal es cómplice del poder de grupos locales; 22 de estas muertes son atribuidas a los paramilitares. Y el gobierno insiste en que no existe un fenómeno sistemático.

 

Entre los homicidios más recientes, es necesario recordar que el pasado 17 de enero fue encontrada muerta, apuñalada y baleada, con su esposo, la lideresa de Red Comunidades Construyendo Paz en los Territorios –Conpaz– Emilse Manyona, que denunciaba a paramilitares e intereses internacionales mineros y agroindustriales en el Valle del Cauca, en especial en territorio correspondiente al municipio de Buenaventura. Las presiones sobre las comunidades continúan: hace unos meses Jakeline Romero, lideresa de la comunidad Wayuú, comenzó a recibir amenazas por oponerse a la solicitud de las empresas del Cerrejón Glencore BHD Biliton y Anglo American para desviar el río Ranchería.


El capital no atenúa su voracidad. Ahora las comunidades ya no comen el cuento del “desarrollo”, que cual espejo busca deslumbrar. Y entonces, ahora el capital pretende desconocer los mecanismos de participación autónoma local, activando un modelo estatal que busca la criminalización de quienes asumen la legítima defensa de sus territorios. ¡Qué escenario de impunidad para el asesinato sistemático y selectivo de docenas de personas!


Nuestro futuro, colectivo, sin naturaleza ni defensa alguna, es incierto. Futuro envolatado ante un supuesto “desarrollo” que en realidad es destrucción ambiental, violencia contra las comunidades, desplazamiento de miles, sometimiento de los negados de siempre.

 

Estamos ante mundo civilizado que muestra su verdadero y salvaje rostro.

 

1 Global, Witness. (2017) “Defender la tierra. Asesintaos globales a defensores/as de la tierra y el medio ambiente en 2016” Paág. 6 disponible: https://www.globalwitness.org/en/campaigns/environmental-activists/defender-la-tierra/.
2 Global Witness. (2016) “Entreno peligroso” disponible https://www.globalwitness.org/en/reports/terreno-peligroso/

 


Recuadro


¿Cuál es la causa de los ataques?

 

La lucha entre los gobiernos, las empresas y las comunidades locales por el uso de la tierra y los recursos naturales son la base de la mayoría de los asesinatos documentados por Global Witness. En algunos casos, identificamos a los sectores específicos que las personas defensoras habían o a los que se habían opuesto antes de su asesinato:

 

Sector  Total
Minería y petróleo 33
Explotación forestal  23
Agroindustria  23
Caza ilegal 18
Agua y represas  7
Otros  4

 

 

Publicado en Edición Nº239
Martes, 19 Septiembre 2017 06:51

Irma o el fin de la naturaleza

 

En El problema de los tres cuerpos, la obra maestra de ciencia ficción de Liu Cixin, la primera parte de una trilogía Remembrance of Earth’s Past (El recuerdo del pasado de la Tierra), un científico es atraído hacia un juego de realidad virtual “Tres Cuerpos” en el que los participantes se encuentran en un planeta alienígena Trisolaris cuyos tres soles se elevan y se ponen en intervalos extraños e impredecibles: a veces demasiado lejos y horriblemente fríos, a veces demasiado cerca y destructivamente calientes, y a veces no visibles durante largos períodos de tiempo. Los jugadores pueden de alguna manera deshidratarse a sí mismos y al resto de la población para hacer frente a las peores temporadas, pero la vida es una lucha constante contra elementos aparentemente impredecibles.

A pesar de eso, los jugadores lentamente encuentran maneras de construir civilizaciones e intentar predecir los extraños ciclos de calor y frío. Después de establecer el contacto entre las dos civilizaciones, nuestra Tierra aparece para los trisolares desesperados como un mundo ideal de orden y deciden invadirlo para que su raza sobreviva.

Esta oposición entre la Tierra y Trisolaris se hace eco de la oposición entre la tradicional visión confuciana del Cielo como el principio del orden cósmico y la alabanza de Mao al Cielo desordenado: ¿es la vida caótica en Trisolaris, donde el propio ritmo de las estaciones es perturbado, una versión naturalizada del caos de la Revolución Cultural? La visión aterradora de que “no hay física”, no hay leyes naturales estables, empuja a muchos científicos al suicidio (en la novela). ¿No nos estamos acercando a algo similar hoy? La naturaleza misma está cada vez más en desorden, no porque abruma nuestras capacidades cognitivas, sino principalmente porque no somos capaces de dominar los efectos de nuestras propias intervenciones en su curso, quién sabe cuáles serán las consecuencias finales de nuestra ingeniería biogenética o del calentamiento global? La sorpresa viene de nosotros mismos, se trata de la opacidad de cómo nosotros mismos encajamos en la imagen: la mancha impenetrable en la imagen no es un misterio cósmico como una misteriosa explosión de una supernova, la mancha somos nosotros mismos, nuestra actividad colectiva. “Hay un gran desorden en lo real”.

Así es como Jacques-Alain Miller caracteriza el modo en que la realidad se nos presenta en nuestro tiempo en el que experimentamos el impacto completo de dos agentes fundamentales, ciencia moderna y capitalismo. La naturaleza como lo real, en la que todo, desde las estrellas hasta el sol, vuelve siempre a su lugar, como el reino de grandes ciclos confiables y de leyes estables que los regulan, está siendo reemplazada por un contingente completamente real, real que está permanentemente revolucionando sus propias reglas, real, que resiste cualquier inclusión en un Mundo totalizado (universo de significado).

¿Cómo debemos reaccionar a esta constelación? ¿Debemos asumir un enfoque defensivo y buscar un nuevo límite, un retorno a (o, más bien, la invención de) algún nuevo equilibrio? Esto es lo que la ecología y la bioética predominantes tratan de hacer con respecto a la biotecnología, por eso los dos forman una dupla: la biotecnología busca nuevas posibilidades de intervenciones científicas (manipulaciones genéticas, clonación ...) y la bioética se esfuerza por imponer limitaciones morales a lo que la biotecnología nos permite hacer. Como tal, la bioética no es inherente a la práctica científica: interviene en esta práctica desde afuera, imponiéndole una moral externa. Incluso se puede decir que la bioética es la traición de la ética inmanente al esfuerzo científico, la ética de “no comprometer su deseo científico, seguir inexorablemente su camino”.

¿Podemos entonces usar el capitalismo mismo contra esta amenaza? Aunque el capitalismo puede fácilmente convertir la ecología en un nuevo campo de la inversión y la competencia capitalistas, la naturaleza misma del riesgo involucrado excluye fundamentalmente una solución de mercado –¿por qué? El capitalismo sólo funciona en condiciones sociales precisas: implica la confianza en el mecanismo objetivado de la “mano invisible” del mercado que, como una especie de Astucia de la Razón, garantiza que la competencia de los egoísmos individuales funciona para el bien común. Sin embargo, estamos en medio de un cambio radical. Hasta ahora, la Sustancia histórica desempeñó su papel de medio y fundamento de todas las intervenciones subjetivas: lo que hicieran los sujetos sociales y políticos, fue mediado y finalmente dominado, sobredeterminado, por la Sustancia histórica. Lo que se vislumbra hoy en el horizonte es la inédita posibilidad de que una intervención subjetiva intervenga directamente en la Sustancia histórica, perturbando su camino en el desencadenamiento de una catástrofe ecológica, una fatídica mutación biogenética, una catástrofe militar-social nuclear o similar, etc. Ya no podemos confiar en el papel de salvaguardia del limitado alcance de nuestros actos: ya no se sostiene que, hagamos lo que hagamos, la historia continuará. Por primera vez en la historia de la humanidad, el acto de un solo agente socio-político puede alterar e incluso interrumpir el proceso histórico global.

Jean-Pierre Dupuy se refiere aquí a la teoría de sistemas complejos que explica las dos características opuestas de tales sistemas: su carácter robusto y estable y su extrema vulnerabilidad. Estos sistemas pueden acomodarse a grandes perturbaciones, integrarlos y encontrar un nuevo equilibrio y estabilidad - hasta un cierto umbral (un “punto de inflexión”) por encima del cual una pequeña perturbación puede causar una catástrofe total y conduce al establecimiento de un orden totalmente diferente. Durante largos siglos, la humanidad no tuvo que preocuparse por el impacto en el ambiente de su actividad actividad productiva –la naturaleza fue capaz de acomodarse a la deforestación, al uso del carbón y del petróleo, etc–. Sin embargo, no se puede estar seguro si hoy , no nos estamos acercando a un punto de inflexión –uno realmente no puede estar seguro, ya que tales puntos pueden ser claramente percibidos sólo una vez que ya es demasiado tarde, en retrospectiva–. A propósito de la urgencia de hacer algo respecto a la amenaza actual de diferentes catástrofes ecológicas: o bien tomamos esta amenaza en serio y decidimos hoy hacer cosas que, si la catástrofe no ocurriera, parecerán ridículas, o no hacemos nada y perdemos todo en el caso de la catástrofe, siendo el peor de los casos la elección de un punto medio, de tomar una cantidad limitada de medidas –en este caso, vamos a fracasar suceda lo que suceda (es decir, el problema es que no hay punto medio con respecto a la catástrofe ecológica: o bien sucederá o no sucederá). En tal situación, la charla acerca de la anticipación, la precaución y el control de los riesgos tiende a no tener sentido, ya que estamos tratando con lo que, en los términos de la teoría del conocimiento de Rumsfeld (ex secretario de Defensa de EE.UU.), “hechos desconocidos que desconocemos”: no sólo no sabemos dónde está el punto de inflexión, incluso no sabemos exactamente lo que no sabemos. (El aspecto más inquietante de la crisis ecológica se refiere al llamado “conocimiento en lo real” que puede comportarse de manera peligrosa: cuando el invierno es demasiado cálido, las plantas y los animales malinterpretar el clima caliente en febrero como señal de que ya llegó la primavera y se comportan en consecuencia, no sólo haciéndose vulnerables a los últimos ataques de frío, sino también perturbando todo el ritmo de la reproducción natural.)

Es por eso que hay algo engañosamente reconfortante en la disposición de los teóricos del antropoceno al asumir la culpa por las amenazas a nuestro medio ambiente: nos gusta ser culpables ya que, si somos culpables, entonces todo depende de nosotros, movemos los hilos de la catástrofe, así también podemos salvarnos simplemente cambiando nuestras vidas. Lo que es realmente difícil para nosotros (al menos para nosotros en Occidente) de aceptar es que estamos reducidos a un papel puramente pasivo de un observador impotente que sólo puede sentarse y ver cuál será su destino –para evitar tal situación, somos propensos a participar en una frenética actividad obsesiva, reciclar papel viejo, comprar alimentos orgánicos, lo que sea, sólo para que podamos estar seguros de que estamos haciendo algo, contribuyendo en algo –como un aficionado al fútbol que apoya a su equipo frente a un televisor en una creencia supersticiosa de que esto de alguna manera influirá en el resultado– ... Es cierto que la típica forma de disuasión fetichista con respecto a la ecología es: “Sé muy bien (que todos estamos amenazados), pero realmente no lo creo (de manera que no estoy dispuesto a hacer algo realmente importante, como cambiar mi forma de vida”. Pero existe también una forma opuesta de desautorización: “Yo sé muy bien que realmente no puedo influir en el proceso que puede conducir a mi ruina (como un estallido volcánico), pero es, sin embargo, demasiado traumático de aceptar, así que no puedo resistir el impulso de hacer algo, aunque sé que es en última instancia no tiene sentido ... ¿No es por la misma razón que compramos alimentos orgánicos? ¿Quién cree realmente que las manzanas “orgánicas” medio podridas y caras son realmente más saludables? El punto es que, al comprarlas, no sólo compramos y consumimos un producto –simultáneamente hacemos algo significativo, mostramos nuestra atención y conciencia global, participamos en un proyecto colectivo grande–.

A los escépticos les gusta señalar la limitación de nuestro conocimiento sobre lo que sucede en la naturaleza, sin embargo, esta limitación no implica de ninguna manera que no debamos exagerar la amenaza ecológica. Por el contrario, debemos ser aún más cuidadosos, ya que la situación es profundamente impredecible. Las recientes incertidumbres sobre el calentamiento global no señalan que las cosas no son demasiado serias, sino que son aún más caóticas de lo que pensábamos, y que los factores naturales y sociales están indisolublemente ligados. El dilema a propósito de las amenazas actuales de catástrofes ecológicas es: o las tomamos en serio y decidimos hoy hacer cosas que, si la catástrofe no ocurriera, parecerían ridículas, o no hacemos nada y perdemos todo en el caso de la catástrofe.

El peor caso es la elección de un punto intermedio, de tomar una cantidad limitada de medidas –en este caso, vamos a fracasar suceda lo que suceda–. No hay punto medio con respecto a la catástrofe ecológica, y en tal situación, la charla sobre anticipación, precaución y control de riesgos tiende a perder sentido, ya que estamos tratando con lo que, en términos de Rumsfeld, no sólo no sabemos dónde está el punto de inflexión, ni siquiera sabemos exactamente lo que no sabemos.

Así que no es sólo la continuidad de la Historia la que está amenazada hoy en día –lo que estamos presenciando es algo así como el fin de la Naturaleza misma. Los devastadores huracanes, las sequías y las inundaciones, para no hablar del calentamiento global, ¿no indican que estamos siendo testigos de algo cuyo único nombre apropiado es “el fin de la Naturaleza”? “Naturaleza” debe entenderse aquí en el sentido tradicional de un ritmo regular de las estaciones, el fondo confiable de la historia humana, algo en lo que podemos contar que siempre estará allí. Cuando ya no podemos depender de ella, entramos en lo que llamamos “antropoceno”: una nueva época en la vida de nuestro planeta en la que nosotros, los humanos, ya no podemos confiar en la Tierra como un reservorio dispuesto a absorber las consecuencias de nuestra actividad productiva. Incluso nosotros (la humanidad) nos concebimos como héroes Prometeos imponiendo nuestra voluntad a la naturaleza, transformándola más allá del reconocimiento, todavía confiamos en ella como el fondo de la tabla de nuestra actividad que absorberá de alguna manera los efectos secundarios (daño colateral) de nuestra productividad. Hoy en día, sin embargo, tenemos que aceptar que vivimos en una “Tierra de la Nave Espacial”, responsable y responsable de sus condiciones. La Tierra ya no es el fondo impenetrable de nuestra actividad productiva, sino que surge como un (otro) objeto finito que podemos destruir o transformar inadvertidamente para hacerla inviable. Esto significa que, en el momento mismo en que somos lo suficientemente poderosos como para afectar las condiciones más básicas de nuestra vida, tenemos que aceptar que somos simplemente otra especie animal en un planeta pequeño. Es necesaria una nueva manera de relacionarnos con nuestro medio ambiente, una vez que nos damos cuenta de esto: ya no deberíamos actuar como un trabajador heroico expresando sus potencialidades creativas y usando los recursos inagotables de su medio ambiente, sino más bien como un modesto agente colaborando con su medio ambiente, negociando permanentemente un nivel tolerable de seguridad y estabilidad, sin una fórmula a priori que garantice nuestra seguridad.

Es difícil para un forastero imaginar cómo se siente cuando un vasto dominio de tierra densamente poblada desaparece bajo el agua, de modo que millones quedan privados de las coordenadas básicas de su mundo de vida: la tierra con sus campos, pero también con los monumentos culturales que eran la materia de sus sueños, ya no están allí, de modo que, aunque en medio del agua, son como peces fuera del agua, es como si el medio ambiente que miles de generaciones tomaban como la fundación obvia de sus vidas comenzara a agrietarse–. Por supuesto, se conocieron catástrofes similares durante siglos, algunas incluso desde la misma prehistoria de la humanidad. Lo que es nuevo hoy en día es que, como vivimos en una era post-religiosa “desencantada”, tales catástrofes ya no pueden ser interpretadas como parte de un ciclo natural más amplio o como una expresión de la ira divina son interpretadas mucho más directamente como intrusiones sin sentido de una rabia destructiva que no tiene una causa clara: ¿las inundaciones causadas por Irma son acontecimientos naturales o los productos de la industria humana? Las dos dimensiones están inextricablemente entremezcladas, privándonos de la seguridad básica de que, a pesar de todas nuestras confusiones, la Naturaleza continúa en sus eternos ciclos de vida y muerte. Así es como, en 1906, William James describió su reacción ante un terremoto: “La emoción consistió en alegría y admiración. Alegría ante la vivacidad que tal idea abstracta como “terremoto” podría tener cuando se verifica concretamente y se traduce en realidad sensata y admiración por como la frágil choza de madera se pudo mantener en pie a pesar del sacudón. No sentí ni un poco de temor; era puro deleite bienvenido”. ¡Que lejos estamos del sacudón de la fundación misma de la vida del mundo de uno!

Por lo tanto, la principal lección que se debe aprender es que la humanidad debe prepararse para vivir de una manera más plástica y nómade: los cambios locales o globales en el medio ambiente pueden imponer la necesidad de transformaciones sociales inauditas a gran escala. Digamos que una gigantesca erupción volcánica hará inhabitable toda la Isla: ¿ A dónde se mudarán los habitantes de la Isla? ¿Bajo que condiciones? ¿Deberían recibir un pedazo de tierra o simplemente estar dispersos alrededor del mundo? ¿Qué pasa si la Siberia septentrional se vuelve más habitable y apropiada para la agricultura, mientras que las grandes regiones subsaharianas se harán demasiado secas para que una gran población viva allí? ¿Cómo se organizará el intercambio de población? Cuando ocurrieron cosas semejantes en el pasado, los cambios sociales sucedieron de manera espontánea y salvaje, con violencia y destrucción; tal perspectiva es catastrófica en las condiciones de hoy, con armas de destrucción masiva disponibles para todas las naciones. Una cosa es clara: la soberanía nacional tendrá que redefinirse radicalmente y se tendrán que inventar nuevos niveles de cooperación global. ¿Y qué ocurre con los inmensos cambios en la economía y el consumo debido a los nuevos patrones climáticos o la escasez de agua y fuentes de energía? ¿A través de qué procesos de elaboración se decidirán y ejecutarán tales cambios?

 

* Slavoj Žižek, filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su última obra es Porque no saben lo que hacen (Akal) y Antígona (Akal).

 

Traducción: Celita Doyhambéhère.

 

 

Publicado en Medio Ambiente

Los daños de los huracanes a las construcciones y las infraestructuras son similares en todo el Caribe. Sin embargo, Cuba se distingue porque la cantidad de personas que mueren durante estos fenómenos es muchísimo menor que en el resto de los países.


Desde el año 2000, Cuba sufrió 18 huracanes que provocaron la muerte de miles de personas en el Caribe y Estados Unidos. En Cuba el costo fue de sólo 45 vidas humanas, aunque hubo cientos de miles de casas destruidas y se perdieron cosechas.


El reciente huracán Irma dejó enormes destrozos en Cuba, provocó olas de hasta 11 metros en La Habana, produciendo penetraciones del mar de hasta 600 metros en el Malecón y barrió el país con vientos de 285 kilómetros por hora, siendo el mayor huracán del Atlántico en la historia. En esta ocasión hubo 10 muertos, algo inusual pero comprensible por la gravedad del fenómeno.


Las enormes diferencias entre los costos humanos que provocan los huracanes en los demás países, respecto a Cuba, nos hablan de las características de la sociedad. Creo que responden a tres factores muy ligados a la historia de la revolución.


El primero es la cultura de la solidaridad. Como en otras ocasiones, con la llegada del huracán Irma más de un millón de personas fueron evacuadas. El Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil informó que el 77% de los evacuados se protegen en casas de familias, "prueba de la solidaridad característica del pueblo cubano ante situaciones difíciles". Los demás evacuados son albergados en refugios oficiales.


Las viviendas de los evacuados son protegidas por soldados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que también custodian centros estatales. De ese modo la población no tiene temor a los robos, que en los demás países son una de las principales causas por la cuales la población rechaza la idea de abandonar sus viviendas.
En Cuba funciona además una cultura de la participación que va de la mano con la descentralización de servicios. Para enfrentar los inevitables cortes de luz que provocan los huracanes, Cuba utiliza algunos equipos que funcionan con diésel para generar electricidad de forma independiente. Las más importantes instituciones estatales cuentan con plantas propias para situaciones de emergencia, así como los centros de salud.


La segunda característica cubana frente a los huracanes se relaciona con la inexistencia de especulación inmobiliaria, que es una de las facetas más importantes de la acumulación capitalista. El ciclón Harvey en Texas provocó al menos 47 muertos y la inundación de amplias regiones de las ciudades, con el consiguiente aislamiento de la población. No se trata de inundaciones puntuales sino que grandes áreas fueron anegadas y el retroceso de las aguas se demora varias semanas.


Houston es la quinta ciudad más poblada de Estados Unidos y una de las que registró mayor expansión inmobiliaria. "Según Forbes, creció durante el boom inmobiliario sobre un terreno de miles de hectáreas cubierto de alforfón absorbente que pertenecía al equipo de ingenieros del Ejército de los Estados Unidos y que estaba destinado a investigar sobre la prevención y control de inundaciones".


Las zonas ahora inundadas formaban la cuenca natural por la que se vaciaban los dos embalses que protegen la ciudad de las catástrofes, que el ejército compró en la década de 1940 para evitar que se repitieran inundaciones en el centro urbano. Pero la especulación inmobiliaria llevó a la construcción masiva de viviendas.


"Empresas como Amazon y FedEx situaron delegaciones en la ciudad y llevaron allí cientos de empleados. La ciudad necesitaba crecer y consiguió hacerlo manteniendo precios de vivienda y de vida asequibles para su población, pero a costa de ocupar las 200.000 hectáreas destinadas a evitar situaciones como la que viven sus habitantes esta semana", relata un informe de La Vanguardia.


Por el contrario, en Cuba las ciudades crecen muy lentamente y lo hacen conservando la trama urbana histórica. No existe la posibilidad de que personas privadas tomen iniciativas edilicias. No es la ganancia privada lo que determina la planificación urbana.


La tercera diferencia es la Defensa Civil. Según el diario Granma, "la estrategia cubana de defensa contra los huracanes, comenzó a forjarse durante la recuperación tras el paso del más famoso entre cuantos nos han azotado en los últimos 40 años". Se refiere al huracán Flora, que en 1963 provocó la muerte de 1.200 cubanos.


La Defensa Civil fue creada en 1962 a partir de las Milicias Nacionales Revolucionarias, concebidas como "defensa popular con la misión fundamental de agrupar a los trabajadores en unidades de las milicias y defender sus industrias", que incluye una amplia gama de funciones, desde el salvamento ante catástrofes hasta la reparación de averías.


Durante las situaciones de emergencia o catástrofes puede suspender clases, organizar la distribución de alimentos, la evacuación de la población, así como los trabajos de la compañía de electricidad y teléfonos con el objetivo de proteger a la población y minimizar los daños materiales.


El periodista Fernando Ravsberg describe el funcionamiento de la Defensa Civil: "La calma que se vive en Cuba ante la llegada del huracán Irma, uno de los más destructivos de la historia, no se debe a falta de previsión sino a todo lo contrario. En la isla cada actor sabe que hacer, la obra ha sido ensayada cientos de veces y estrenada ante la llegada de todos los huracanes que han pasado por la isla desde hace décadas".


Uno de los aspectos más interesantes es que la Defensa Civil "resulta extremadamente barata", ya que sólo los altos mandos son profesionales y los demás son voluntarios, "se eligen entre los vecinos, buscando a quienes tienen un mayor liderazgo".


El ejemplo cubano debería servir de inspiración a todos los países pobres que tienen enormes dificultades para afrontar catástrofes naturales y humanitarias.

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Lunes, 04 Septiembre 2017 07:28

Para una sociología de las emergencias

Los seres humanos viven dentro y fuera de la historia. Esto es lo que los distingue de los animales no humanos. Hacemos historia en la medida en que resistimos a lo que la historia hace de nosotros. Vivimos lo que ya fue vivido (el pasado nunca pasa o desaparece) y lo que aún no ha sido vivido (el futuro es vivido como anticipación de lo que en realidad nunca será vivido por nosotros). Entre el presente y el futuro hay un hiato o un vacío sutil, que permite reinventar la vida, romper rutinas, dejarse sorprender por nuevas posibilidades, afirmar, con la convicción del poeta portugués José Régio, “no voy por ahí”. Lo que irrumpe es siempre una interrupción. La vida es la constante recreación de la vida. De otro modo, estaríamos condenados a la Rebelión en la granja de la que habla George Orwell, a vivir en el pantano de solo poder pensar lo que ya fue pensado. En este sentido, podemos afirmar que la forma de capitalismo que hoy domina, popularmente conocida como neoliberalismo, al inculcar con creciente agresividad que no hay alternativa al capitalismo y al modo de vida que impone, configura una propuesta necrodependiente, una economía de muerte, una sociedad de muerte, una política de muerte, una convivencia de muerte, un vicio de ver en la muerte ajena la prueba más convincente de que estamos vivos. Los daños que esta propuesta está causando son hoy evidentes. La imaginación y la creatividad que hacen posible la vida están siendo secuestradas por las fuerzas necrodependientes. A pesar de que todo lo que existe en la historia tiene un principio y un fin, resulta hoy difícil imaginar que el capitalismo, que tuvo un principio, tenga fin. Si tal dificultad se presenta como un obstáculo insalvable, habremos desistido de salir de la historia para hacer historia, habremos firmado los papeles para entrar en la granja de animales de Orwell.


La dificultad es superable, pero para ello es necesario des-pensar mucho de lo que hasta ahora ha sido pensado como cierto y perenne, sobre todo en el Norte global (Europa y América del Norte). El primer des-pensamiento consiste en aceptar que la comprensión del mundo es mucho más amplia y diversificada que la comprensión occidental del mundo. Entre los mejores teóricos del pensamiento eurocéntrico de la transición del siglo XIX al siglo XX, hubo siempre una gran curiosidad por el mundo extraeuropeo –de Schopenhauer a Carl Jung, de Max Weber a Durkheim– pero siempre estuvo orientada a comprender mejor la modernidad occidental y a mostrar su superioridad. No hubo nunca el propósito de apreciar y valorar en sus propios términos las concepciones del mundo y de la vida que se habían desarrollado fuera del alcance del mundo eurocéntrico, y que divergían de él. En total consonancia con el momento culminante del imperialismo europeo (la Conferencia de Berlín de 1884-85 fijó las bases del reparto colonial de África entre las potencias europeas), todo lo que no coincidía con la cosmovisión eurocéntrica dominante era considerado atrasado y peligroso y, según los casos, objeto de catequización, represión, asimilación. La fuerza de esta idea residió siempre en la idea de la fuerza de los cañones y del comercio desigual que la impusieron.


En el momento en que el mundo eurocéntrico da evidentes signos de agotamiento intelectual y político, se abre la oportunidad para apreciar la diversidad cultural, epistemológica y social del mundo y hacer de ella un campo de aprendizajes que hasta ahora ha sido bloqueado por el prejuicio colonial del Norte global: el prejuicio de, por ser más desarrollado, no tener nada que aprender con el Sur global.


El segundo des-pensamiento es que esa diversidad es infinita y no puede ser captada por ninguna teoría general, por ningún pensamiento único global capaz de abarcarla adecuadamente. Los saberes que circulan por el mundo son infinitos. La aplastante mayoría de la población mundial gestiona su vida cotidiana según preceptos y sabidurías que difieren del saber científico, que consideramos el único válido y riguroso. La ciencia moderna es tanto más preciosa cuanto más se disponga a dialogar con otros conocimientos. Su potencial es tanto mayor cuanto más consciente sea de sus límites. Del reconocimiento de esos límites y de la disponibilidad al diálogo emergen ecologías de saberes, constelaciones de conocimientos que se articulan y enriquecen mutuamente para, a partir de una mayor justicia cognitiva (justicia entre saberes), permitir que se reconozca la existencia y el valor de otros modos de concebir el mundo y la naturaleza y de organizar la vida que no se basan en la lógica capitalista, colonialista y patriarcal que ha sostenido el pensamiento eurocéntrico dominante. No hay justicia social global sin justicia cognitiva global. Solo así será posible crear la interrupción que permita imaginar y realizar nuevas posibilidades de vida colectiva, identificar alternativas reprimidas, desacreditadas, invisibilizadas, que, en su conjunto, representan un fatal desperdicio de experiencia.


De ahí surge el tercer des-pensamiento: no necesitamos alternativas, sino un pensamiento alternativo de alternativas. Ese pensamiento, en sí mismo internamente plural, buscar reconocer y valorizar experiencias que apuntan hacia formas de vida y de convivencia que, pese a ser poco familiares o apenas embrionarias, configuran soluciones para problemas que afligen cada vez más nuestra vida colectiva, como por ejemplo los problemas ambientales.


Tales experiencias constituyen emergencias y solo un pensamiento alternativo será capaz, a partir de ellas, de construir una sociología de las emergencias.


Consideremos el siguiente ejemplo: el 15 de marzo de este año, el Parlamento de Nueva Zelanda aprobó una ley que confiere personalidad jurídica y derechos humanos al río Whanganui (foto), considerado por los maoríes un río sagrado, un ser vivo que asumen como su antepasado. Tras 140 años de lucha, los maoríes consiguieron obtener la protección jurídica que buscaban: el río deja de ser un objeto de propiedad y de gestión para ser un sujeto de derechos con nombre propio, que debe ser protegido como tal. A los ojos de la concepción eurocéntrica de la naturaleza, basada en la filosofía de Descartes, esta solución jurídica es una aberración. Un río es un objeto natural y como tal no puede ser sujeto de derechos. Fue precisamente en estos términos que la oposición conservadora cuestionó al primer ministro neozelandés. Si un río no es un ser humano, no tiene cabeza, ni tronco, ni piernas, ¿cómo se le puede atribuir derechos humanos y personalidad jurídica? La respuesta del primer ministro fue dada en forma de contrapregunta. ¿Y una empresa, tiene cabeza, tiene tronco, tiene piernas? Si no los tiene, ¿cómo es tan fácil para nosotros atribuirle personalidad jurídica?


Lo que está ante nosotros es la emergencia del reconocimiento jurídico de una entidad a la que subyace una concepción de naturaleza diferente de la concepción cartesiana que la modernidad occidental naturalizó como la única concepción posible. Inicialmente, esta concepción estaba lejos de ser consensual. Basta recordar a Spinoza, su distinción entre natura naturata y natura naturans, y su teología basada en la idea Deus sive natura (Dios, o sea, la naturaleza). La concepción spinozista tiene afinidades de familia con la concepción de naturaleza de los pueblos indígenas, no sólo en Oceanía sino también en las Américas. Estos últimos consideran la naturaleza como Pachamama, Madre Tierra, y defienden que la naturaleza no nos pertenece: nosotros pertenecemos a la naturaleza.


La concepción spinosista fue suprimida porque solo la concepción cartesiana permitía concebir a la naturaleza como un recurso natural, transformarla en un objeto incondicionalmente disponible para la explotación de los humanos. Al final esta era una de las grandes razones, sino la mayor razón, de la expansión colonial, y la mejor justificación para la apropiación no negociada y violenta de las riquezas del Nuevo Mundo. Y para que la apropiación y la violencia fuesen plenas, los propios pueblos indígenas fueron considerados parte de la naturaleza. Fue necesaria una encíclica papal (Sublimis Deus, del Papa Paulo III en 1537) para garantizar que los indios tenían alma, una garantía menos generosa de lo que puede parecer, toda vez que se destinaba a justificar la evangelización (si los indios no tuviesen alma, ¿cómo pretender salvarlos?).
La novedad jurídica venida de Nueva Zelanda tiene precedentes. La Constitución Política de Ecuador de 2008 establece en su artículo 71 que la naturaleza, concebida como Madre Tierra, es un sujeto de derechos. Y una semana después de la promulgación de la ley neozelandesa, el Tribunal Supremo del Estado de Uttarakhand de la India decidió que los ríos Ganges y su afluente Yamuna son “entidades humanas vivas”. Llevadas a la práctica, estas decisiones están lejos de ser triviales. Significan, por ejemplo, que las empresas que contaminan un río cometen un ilícito criminal y la indemnización a que quedan obligadas será inmensamente superior a las que pagan hoy (cuando pagan). Ya en 1944 Karl Polanyi recordaba en su obra maestra, La gran transformación, que si las empresas capitalistas tuviesen que indemnizar adecuadamente todos los daños que causan a los seres humanos y a la naturaleza, dejarían de ser rentables.


Estas innovaciones jurídicas no surgen de concesiones generosas de las clases dominantes y las elites eurocéntricas. Son la culminación de procesos de lucha de larga duración, luchas de resistencia contra la explotación capitalista y colonial, impuesta como imperativo de modelos de desarrollo que, previsiblemente, solo benefician a los explotadores. Su carácter de emergencia reside en el hecho de ser gérmenes de otra relación entre humanos y naturaleza que puede ser potencialmente decisiva para resolver los graves problemas ambientales que afrontamos.


Son emergencias porque sirven no solamente a los intereses de los grupos sociales que las promueven, sino también a los intereses globales de la población mundial ante problemas como el calentamiento global y las dramáticas consecuencias que de ello derivan. Para darles a estas emergencias el crédito que merecen, no podemos apoyarnos en el pensamiento eurocéntrico hegemónico. Necesitamos un pensamiento alternativo de alternativas, al que vengo denominando epistemologías del Sur.
* Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

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Martes, 29 Agosto 2017 06:20

¿Qué es hoy un gobierno de izquierda?

Mantenemos deliberadamente en el título la palabra "hoy", porque los vertiginosos cambios ocurridos en las pasadas seis o siete décadas, que muchos insisten en llamar globalización y que resultan de una compleja combinación de innovación tecnológica, expansión inusitada del capital y dominio de los valores de la civilización moderna, han dejado muy atrás las tesis sobre las que los teóricos e ideólogos más avanzados de la izquierda han diseñado los gobiernos reales o potenciales. El evidente divorcio entre ciencia y política ha abonado también en el triste espectáculo que hace ver las posiciones supuestamente de vanguardia como propuestas obsoletas. Este anacronismo en las visiones ha sido esencial para entender el fracaso o estancamiento de los llamados "gobiernos progresistas" que en Latinoamérica nos han llenado de expectativas y esperanzas.

Si partimos del supuesto de que un "gobierno de izquierda" es aquel que busca la emancipación de la humanidad mediante la aplicación de los valores más sublimes (derechos humanos, igualdad social, respeto a la naturaleza, solidaridad intergeneracional, etcétera), hoy ese gobierno debe estar enfocado, debe concentrar todas sus energías, en combatir las dos formas supremas de explotación que una minoría de minorías (que se estima alcanza apenas a uno por ciento de la sociedad) realiza sobre el trabajo de la naturaleza y sobre el trabajo de los hombres. Se trata de una doble emancipación: ecológica y social, las cuales se encuentran indisolublemente ligadas. Se trata de identificar las acciones depredadoras y parasitarias y de acotarlas y terminarlas. En ambos casos el "gobierno de izquierda" enfrenta situaciones de máxima emergencia. La crisis ecológica, cuya expresión suprema es el calentamiento global, se encuentra ya en la antesala de un colapso generalizado que este autor calcula se alcanzará en torno a 2050. La inequidad social, que ha sido documentada y confirmada por numerosos estudiosos en los últimos años (el libro de Pickett y varios reportes internacionales) pone en jaque la estabilidad institucional y la paz y la seguridad de todas la sociedades incluyendo las de las regiones prósperas. Todas las "políticas públicas" de un "gobierno de izquierda" deben entonces dirigirse a enfrentar esa situación de doble emergencia, que en estos tiempos modernos significa confrontar los gigantescos poderes corporativos que dominan una a una todas las ramas de la economía globalizada, una tarea esencialmente antimonopólica. Se trata, pues, de transformar no sólo un cierto régimen social o económico sino de modificar todo un modelo de civilización. Estamos ya ante la necesidad no de un gobierno revolucionario sino de un gobierno civilizionario, según lo escrito en ensayos anteriores (ver: goo.gl/QTnZKa y goo.gl/qt9JPc).

Pero no sólo eso. Todo lo anterior no se logra sin que ese "gobierno de izquierda" no lleve a cabo un obligado proceso de autoanálisis profundo. Para ser verdadero un gobierno de izquierda debe mirarse en el espejo. Hoy existe suficiente evidencia científica para afirmar que tras varios miles de años de devenir civilizatorio, los dos grandes pilares de la doble explotación, ecológica y social, son el Estado y el capital, y que sólo una sociedad basada en el poder civil o ciudadano, en la autorganización se puede lograr la emancipación que el mundo necesita Es la comunalidad basada en la cooperación, la reciprocidad y la solidaridad la que permitió la evolución humana a lo largo de los 300 mil años de historia, y es esa la que sacará a la humanidad de su actual crisis. La misma que el Estado primero y el capital después, han intentado destruir. La historia de los pasados 5 mil años no ha sido sino la historia del despojo y la destrucción de la comuna aldeana, basada en el espíritu de cooperación, la que ha logrado resistir, recuperarse, renacer y transfigurarse en nuevas instituciones. Lo que hoy se denomina "tejido social" expresión legítima de una sociedad orgánica, enjambre que articula libremente a individuos, familias y gremios en totalidades horizontales, descentralizadas y equitativas, es la herencia de una tendencia evolutiva que es tanto social como biológica. Como antítesis al poder descomunal del Estado y del capital, la comunalidad existe, subiste y persiste y es la flama viva de una tradición subterránea que se remonta no sólo al pasado remoto de la mal llamada "prehistoria", sino que abreva del proceso evolutivo de las sociedades animales develado por la investigación socio-biológica de las pasadas décadas (ver mi artículo: https://goo.gl/CzQH6t). Este fue el caso, y sigue siendo, de las tribus, aldeas, comunidades agrarias, gremios, cofradías, hermandades, comunas, colegios, fraternidades, y finalmente sindicatos y cooperativas. Todo ellos existen como formas opuestas a las instituciones autoritarias, llámense gobiernos, empresas, iglesias, partidos o ejércitos, fincados en el poder coercitivo. La vigencia de ese poder social no obstante los embates sufridos, cobra existencia en pleno siglo XXI en el campesinado (1.5 mil millones) incluidos los pueblos indígenas del mundo (unos 370 millones perteneciendo a casi 7,000 culturas), en la fuerza del cooperativismo (unos mil millones, ver: https://ica.coop/es/node/3297), en los sindicatos y organizaciones de trabajadores y en los llamados movimientos sociales que aparecen por todas las latitudes cada vez con más fuerza. A pesar de las innumerables campañas que han buscado su destrucción el "espíritu de la colmena" sigue vivo y a la espera de realizar su retorno total.

Por todo lo anterior, un "gobierno de izquierda" no es aquel que solamente busca acotar, regular o suprimir al capital, sino el que tiene como objetivo central acotar, regular o suprimir su propio poder para trasladarlo a la sociedad misma. Este acto de autoinmolación del Estado es el rasgo más distintivo de un "gobierno de izquierda" hoy. Será entonces la política de Estado estelar inducir la autonomía de la sociedad, mediante la promoción de autogobiernos, autosuficiencia, autogestión y autodefensa. En una próxima entrega veremos cómo se van delineando, a la luz de estas tesis, los programas de un verdadero "gobierno de izquierda" a la altura de las circunstancias actuales. Ni más, ni menos.

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La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió del incremento en los eventos extremos en el planeta asociados a los efectos del cambio climático. Reportó que junio de este año ha sido el segundo más caliente en la historia, después de las temperaturas alcanzadas ese mismo mes, pero de 2016, debido a un periodo de "calidez global excepcional que comenzó hace dos años".

Agregó que este verano los termómetros han alcanzado temperaturas muy elevadas. En Turbat, Pakistán, se elevó a 54 grados centígrados, y en Ahwaz, Irán, llegó a 53.7, mientras en Estados Unidos "se están rompiendo marcas en varias ciudadaes; en Phoenix, por ejemplo, el calor ascendió a 48.3 grados centígrados".

El organismo de la ONU, que agrupa a 191 estados y territorios miembros, es el portavoz autorizado del sistema de Naciones Unidas sobre el estado y comportamiento de la atmósfera del planeta, su interacción con la tierra y los mares, su efecto en el clima y la distribución de los recursos hídricos.

En julio pasado informó que 2017 está marcado por olas de calor y nuevas marcas sin precedentes de temperaturas. En un esfuerzo por alertar sobre los efectos del cambio climático, convocó a quienes reportan el clima en las transmisiones televisivas a analizar cómo la elevación de la temperatura afectaría a las principales ciudades del mundo.

Prevén alza en temperatura global

Alerta que si las emisiones de gases de efecto invernadero continúan en aumento, "la temperatura media global de la Tierra en superficie podría incrementarse más de 4 grados centígrados de aquí a finales del siglo XXI".

Para analizar sus efectos, convocó a Climate Central, organización de investigación y comunicación de los Estados Unidos para reducir la escala de los modelos climáticos globales evaluados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), a fin de conocer los efectos en las temperaturas que se alcanzarán en el verano en varias ciudades en 2100.

Los resultados revelaron que hacia finales de siglo, los residentes de París –donde las temperaturas altas diarias en verano llegan a un promedio de 22.7 grados centígrados– "podrían experimentar temperaturas altas como las de hoy en día en Fez, Marruecos, donde se alcanzan 29.2 grados centígrados".

Afirma en un comunicado, que en muchas ciudades evaluadas, las temperaturas máximas diarias durante el verano "po-drían ascender a entre 6 y 9 grados centígrados".

Petteri Taalas, secretario general de la OMM, destacó que "el aumento del calor y de los fenómenos meteorológicos extremos, entre éstos las tormentas estivales, tendrán efectos importantes en el suministro de energía y agua, la salud pública y el transporte. Las olas de calor más intensas también causarán disminución de la calidad del aire, lo que puede ser mortal", agregó.

Si bien el funcionario de la ONU reconoce que los reportes elaborados por los presentadores del tiempo en diferentes ciudades, entre ellas Barcelona, Berlín, Bruselas, Buenos Aires, Ciudad del Cabo, Frankfurt, La Habana, Hanoi, Kampala, Madrid, Montreal, Nairobi, Sofía y Tokio, "son sólo posibles escenarios y no pronósticos reales, están basados en la ciencia climática más actualizada y dan un panorama convincente de cómo el cambio climático puede afectar la vida diaria en las ciudades donde vive la mayor parte de la población mundial".

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Monsanto está bajo una olade juicios en Estados Unidos, acusado de haber causado cáncer a los demandantes con glifosato, sabiendo que era dañino, incluso potencialmente cancerígeno (http://tinyurl.com/y7zhel5d ).
A esto se suman nuevas acusaciones contra la trasnacional y el glifosato: la destrucción de bacterias presentes en el intestino humano, esenciales para la buena salud digestiva, del sistema inmunológico e incluso para el funcionamiento del cerebro. Parece nimio, porque no solemos reconocer la importancia vital de los billones de bacterias que forman nuestro microbioma, pero lo cierto es que son cruciales para la salud y el buen funcionamiento de muchos órganos, incluso del sistema general que es nuestro organismo. Mientras que la ciencia avanza en reconocer la importancia del microbioma, Monsanto ha estado incisivamente destruyéndolo por décadas.


Este es el núcleo de la acción legal contra Monsanto que seis consumidores de Missouri iniciaron en junio 2017, por difundir información falsa sobre los daños del glifosato. El glifosato actúa como herbicida inhibiendo la acción de la enzima EPSP sintetasa, indispensable para la síntesis de varios aminoácidos importantes, que a su vez construyen proteínas.


En lenguaje sencillo, cuando esa enzima no actúa, la hierba no se puede desarrollar y muere. Monsanto ha afirmado repetidamente que cómo esta enzima solo existe en plantas y no en animales y humanos, el glifosato es seguro para nosotros y nuestras mascotas. (http://tinyurl.com/ycsm4g94).


Pero la enzima sí existe en las bacterias que están en nuestros órganos digestivos y, por tanto, la ingestión continua de glifosato las va matando, inhibiendo no solo su función benéfica, sino produciendo adicionalmente un desequilibrio que permite que otros microorganismos dañinos se expandan.


Monsanto inventó el glifosato en 1974 y lo vende desde entonces, es una de sus principales fuentes de ganancias. Pero lo que realmente provocó el aumento exponencial de su uso fueron los transgénicos tolerantes a glifosato, como soya, maíz y algodón transgénico. Antes de los transgénicos, el glifosato dañaba también al cultivo, por lo que su uso era menor y limitado a ciertos momentos de la siembra. Con los transgénicos, el uso se multiplicó hasta 2000 por ciento en Estados Unidos, matando todo lo que hay alrededor del cultivo, pero también generando rápidamente resistencia en esas hierbas, que pasaron a ser llamadas supermalezas, porque resisten glifosato y otros herbicidas.


Más de la mitad de los campos de cultivo en Estados Unidos tienen supermalezas y en los estados del sur, por ejemplo Georgia, más de 90 por ciento de las fincas tienen una o más hierbas invasoras resistentes. Situaciones similares se repiten en Argentina y Brasil, que con Estados Unidos son los tres países con mayor extensión de cultivos transgénicos.


Ante esta situación, los agricultores comenzaron a usar dosis cada vez más altas y repetidas de glifosato y a su vez Monsanto y otras trasnacionales de transgénicos aumentaron la concentración y los surfactantes presentes en los agrotóxicos, aumentando su toxicidad.


Actualmente, sufrimos una epidemia silenciosa de glifosato –sea por inhalación directa en campos, por ser vecinos a zonas de fumigación o por los muy extendidos y cada vez más altos residuos en alimentos, principalmente los productos industriales que contienen soya y maíz transgénico.


A la sombra de esta amenaza, se ha desatado otra, directamente relacionada. Ante las hierbas resistentes, las trasnacionales de agrotóxicos y transgénicos comenzaron a hacer cultivos transgénicos tolerantes a varios herbicidas al mismo tiempo, aún más tóxicos y peligrosos. Una de ellas es la soya RR2 XTend de Monsanto, que tolera glifosato y dicamba, otro agrotóxico de alto riesgo.


Esta soya y el cóctel tóxico que la acompaña, comenzó a usarse en Estados Unidos en 2016 y ya es motivo de fuertes conflictos, porque dicamba mata o daña mucho más que las hierbas del campo donde se aplica: por deriva, ha dañado también los cultivos de otros campos, incluso los de agricultores que plantan soja transgénica de versiones anteriores, no tolerante a dicamba. Dicamba es un potente agrotóxico, que puede matar siembras de hortalizas, frutales, ornamentales y hasta árboles. Además de su toxicidad, tiene alta volatilidad, pero según Monsanto, la formulación para soya Xtend es de baja volatilidad.


No obstante, los daños de siembras por usar esta soya con dicamba se han desatado en Arkansas, Missouri, Tennessee, Iowa y todo el tiempo salen nuevos reportes en más estados, lo que ha generado desde conflictos graves entre agricultores –incluso un muerto– hasta demandas legales y contra seguros, que a su vez, no quieren asumir los daños.


Arkansas prohibió en julio el uso de dicamba y varios otros estados han cambiado a regulación más estricta, según los agricultores casi imposible de cumplir. Seis granjas industriales de Arkansas iniciaron a fines de julio 2017 acciones legales contra Monsanto, Basf y DuPont Pioneer, que son quienes venden los agrotóxicos que requiere la soya Xtend.


Brasil y Paraguay ya han aprobado la siembra de soya tolerante a dicamba. En México, se aprobó la siembra de algodón transgénico tolerante a glifosato, dicamba, glufosinato e insecticida en una misma planta, muestra clara de la evoluciónde los transgénicos: cada vez necesitan más tóxicos.


Por la salud de todas y todos y la del medioambiente del que dependemos, por las economías campesinas que nos dan alimentos sanos, se deben prohibir estos cultivos de alto riesgo, que además sólo benefician a las trasnacionales.

 

SILVIA RIBEIRO, investigadora de Grupo ETC

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Martes, 01 Agosto 2017 06:25

El primer crisantemo azul

Con la inserción de sólo dos genes, científicos japoneses logran una variedad muy buscada y señalan la vía hacia rosas del mismo color.

En la naturaleza se dan muy pocas flores de color azul y la mayoría de ellas son más bien de color violeta o morado. Los especialistas en botánica llevan años intentando obtener, mediante la ingeniería genética, que las especies más comerciales (crisantemos, rosas y claveles sobre todo) florezcan en tonos azulados pero todo indicaba que el proceso es muy complejo. Sin embargo, científicos japoneses lo han conseguido y han tenido que utilizar sólo dos pasos, lo que les ha sorprendido.


Este avance abre la puerta a obtener las primeras rosas azules, con un gran potencial económico igualmente, aunque el hecho de que sean productos transgénicos puede limitar su comercialización en zonas como la Unión Europea.


“Los crisantemos son las flores cortadas más vendidas en el mundo detrás de las rosas”, recuerda Naonobu Noda, que ha dirigido la investigación. “Nuestros crisantemos azules tienen un color nuevo y natural, que ha sido confirmado como azul verdadero”.


“Los crisantemos son las flores cortadas más vendidas en el mundo detrás de las rosas”, recuerda Naonobu Noda


El “azul verdadero” son los tonos considerados azules en una escala de la Real Sociedad Británica de Horticultura que se aplica internacionalmente y los nuevos crisantemos se ajustan a este rango de colores. Las flores no tienen todas exactamente el mismo tono, ya que depende de cómo se expresen los nuevos genes, según el lugar en que se hayan insertado en la larga cadena del ADN. Estos genes proceden de una campanilla azulada y de la leguminosa Clitoria ternatea, que tiene asimismo flores azuladas.


Estas y otras plantas en las que están los deseados compuestos químicos que dan el color azul son demasiado distantes genéticamente de las plantas más vendidas, por lo que no es posible cruzarlas con métodos tradicionales para obtener el objetivo. Detrás del color azul de los pétalos de una flor hay complejos procesos químicos. Los pigmentos básicos, las antocianinas, determinan que el color sea azul, morado o rojo según los grupos de átomos de azúcares u otros compuestos a los que esté ligado químicamente, explica la revista Science Advances, en la que se ha publicado este avance.


El equipo de Noda insertó primero un gen de la campanilla y obtuvo crisantemos de color violeta. Eso pasó en 2013. Desde entonces ha conseguido insertar otro gen, esta vez de la clitoria, que añadió una molécula de azúcar a la antocianina para obtener, sorprendentemente, el ansiado color azul, cuando todos pensaban que iban a ser necesarios muchos otros genes.


Los análisis posteriores han permitido conocer lo que ha pasado en el aspecto químico, lo que anima a los investigadores a probar con otras plantas y a aplicar el conocimiento a la producción sostenible de pigmentos artificiales, como señala en la revista Nature la especialista Silvia Vignolini.


El siguiente paso, sin embargo, es hacer estériles las nuevas plantas transgénicas para que se puedan cultivar sin posibles efectos sobre el medio ambiente. Esto permitiría obtener flores cortadas de color azul sin recurrir, como hasta ahora, a los tintes y vender las plantas en viveros con el fin de cultivarlas en jardines

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Permitiría producir mejores proteínas farmacéuticas o fuentes más seguras de tejidos y órganos, consideran autores del estudio

 

En el laboratorio de Jef Boeke, se siente un olor que parece fuera de lugar, como si estuviesen horneando pan.

Sin embargo, él y sus colegas cocinan otra cosa: levadura que se procesa con trozos de ADN hecho por el hombre.

Desde hace tiempo, los científicos pueden hacer modificaciones específicas al código del ADN, pero ahora van más allá, produciendo nuevas formas de vida desde cero. Boeke, investigador de la Universidad de Nueva York, dirige un equipo internacional que incluye 11 laboratorios en cuatro continentes y procura "rescribir" el genoma de la levadura, siguiendo un plan muy detallado que publicaron en marzo.

Su trabajo es parte de un proyecto más ambicioso y polémico cuyo objetivo es crear códigos de ADN para ser insertados en células vivas para alterar su funcionamiento o incluso usarlas para curar enfermedades. Algún día podría ayudar a los científicos crear organismos totalmente nuevos, una perspectiva inquietante para muchos.

El genoma es la totalidad del código genético de todo organismo vivo. Si se puede generar de cero "se puede crear algo totalmente nuevo", indicó Boeke.

La investigación podría revelar las reglas básicas, ocultas, que gobiernan la estructura y el funcionamiento de los genomas. Pero al mismo tiempo abre la puerta a formas de vida con características nuevas y útiles, como mejores células de microbios o de mamíferos que puedan generar más medicinas o vacunas. También se podrían producir mejores biocombustibles, señaló.

Algunos científicos sueñan con generar árboles que purifican las fuentes de agua y plantas que detectan explosivos en los aeropuertos y los centros comerciales.

No altera genéticamente a la gente, aclaran

En el horizonte asoma también la capacidad de rediseñar el ADN humano. Los científicos destacan que ello no implica alterar genéticamente a la gente. Dicen que el ADN sintético puede ser incorporado a las células para que produzcan mejores proteínas farmacéuticas, por ejemplo, o células madre que generan fuentes más seguras de tejidos y órganos elaborados en laboratorios para ser trasplantados a pacientes.

La idea de rehacer el ADN humano resulta inquietante para muchos, y los científicos planean asesorarse con expertos en aspectos éticos y tantear las actitudes de la gente antes de intentarlo. "Sabemos que esto va a generar mucho debate", comentó Boeke.

Para otros, la manipulación del ADN es directamente alarmante. A Laurie Zoloth, especialista en bioética de la Universidad del Noroeste, le preocupa la posibilidad de que se produzcan organismos "con propiedades que no conocemos del todo". Estos trabajos, por otro lado, molestarán a quienes creen que crear formas de vida de cero dará a los humanos un poder desmedido e injustificado”, señaló.

"Esto es más que un proyecto científico", afirmó Zoloth en un correo electrónico. "Es una propuesta ética, moral y teológica de grandes proporciones".

Ya se usa ADN modificado en virus y bacterias. Científicos australianos anunciaron recientemente que crearon un genoma como el virus del zika en un laboratorio, que permitirá comprender mejor ese microorganismo y buscar nuevos tratamiento

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