Martes, 05 Septiembre 2017 07:00

Papa Francisco. ¿“Peregrino de esperanza y de paz”?

Escrito por Alejandra Correa y Daniel Vargas
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La visita del Papa a Colombia inicia el 6 de septiembre con su llegada a Bogotá, realizará un recorrido por las calles de la capital. Al día siguiente se reunirá con Santos en la Casa de Nariño y luego recibirá las llaves de la ciudad. El 8, 9 y 10 de septiembre visitará Villavicencio, Medellín y Cartagena en ese orden. A propósito de la expectativa que genera su visita, la controversia de sus declaraciones y reflexiones acerca del presente de la Iglesia Católica y de la crisis mundial, vale la pena resaltar tres temas recurrentes en los discursos de Francisco: Tierra, Techo y Trabajo.


“Demos el primer paso”


A pesar de la insistente negativa de la Iglesia Católica respecto al carácter político de la visita del Papa, no deja de ser obvia la manito que el Sumo Pontífice vino a darle al Gobierno una vez dé el visto bueno a lo avanzado en el posacuerdo. Así lo demuestran las palabras de su discurso dirigido a los colombianos.


“[...] Dar el primer paso nos anima a salir al encuentro del otro y extender la mano, y darnos el signo de paz.

La paz es la que Colombia busca desde hace mucho tiempo y trabaja para conseguirla. Una paz estable, duradera, para vernos y tratarnos como hermanos, nunca como enemigos. La paz nos recuerda que todos somos hijos de un mismo padre, que nos ama y nos consuela”.


Jorge Mario Bergoglio ha viajado por el mundo insistiendo en tres temas fundamentales en la problemática global de la pobreza, la desigualdad y la inequidad que sufren los pueblos del tercer mundo. La tenencia de la tierra, primero que todo, sustenta la realidad social de la mayoría de los países latinoamericanos, asiáticos y africanos; continentes que padecieron la colonización de la emergente sociedad moderna de occidente y que aún hoy, en pleno siglo XXI, condena a miles de millones de seres humanos a vivir en el despojo. En segundo lugar, y como resultado de la distribución de la tierra, el techo: el derecho a una vivienda digna y por último, pero no menos importante, el derecho al trabajo.


Tierra


“Me preocupa la erradicación de tantos hermanos campesinos que sufren el desarraigo, y no por guerras o desastres naturales. El acaparamiento de tierras, la desforestación, la apropiación del agua, los agro-tóxicos inadecuados, son algunos de los males que arrancan al ser humano de su tierra natal...”.


Quien no tiene tierra, difícilmente tiene techo y trabajo. No hace falta imaginar una gran porción de terreno para referirse a la propiedad de la tierra ni para entender el arraigo; el sentido de pertenencia es el mismo para un habitante rural o para un habitante urbano; los dos encuentran –sea en el campo o en la ciudad– un lugar para vivir y los medios necesarios para sobrevivir, para alimentarse a sí mismos y a sus familias.


Colombia es una sociedad de millones de desterrados y refugiados en su propio país. Con 7 millones 246 mil personas entre 1985 y 2016, es el país con el mayor número de desplazamientos forzados; la mayoría de ellos víctimas del conflicto interno (guerrilla, Ejército y paramilitarismo) y del modelo extractivista y latifundista imperante en el territorio. Así las cosas el 1 por ciento de la población concentra el 81 por ciento de la tierra, es decir, 6 de cada 10 campesinos no son propietarios de la tierra que trabajan. En apenas 12 años las Unidades Productivas Activas UPA de más de 500 hectáreas se triplicaron; en el 2002 había cerca de 1800 UPA, para el 2014 alcanzaron las 5000, mismo período en el que se registraron más de 4 millones de desplazamientos forzados (57 por ciento del total de desplazados).


“Sé que algunos de ustedes reclaman una reforma agraria para solucionar alguno de estos problemas, y déjenme decirles que en ciertos países “la reforma agraria es además una necesidad política, una obligación moral”. No lo digo solo yo, está en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Por favor, sigan con la lucha por la dignidad de la familia rural, por el agua, por la vida y para que todos puedan beneficiarse de los frutos de la tierra”.(2)


Sin embargo, hace falta precisar la gran cantidad de personas desarraigadas por causa de la explotación de hidrocarburos y metales, que contamina el aire y envenena el agua o que simplemente son obligadas a vender sus tierras en aras del supuesto desarrollo nacional. En resumen, el Papa encontrará que a su llegada Colombia reportó 3549 personas desarraigadas en los primeros seis meses de la implementación de los acuerdos de paz con las Farc que incluyen la Reforma Rural Integral.


Techo


“Una casa para cada familia. Hoy hay tantas familias sin vivienda, o bien porque nunca la han tenido o bien porque la han perdido por diferentes motivos. Familia y vivienda van de la mano. Pero, además, un techo, para que sea hogar, tiene una dimensión comunitaria...Hoy vivimos en inmensas ciudades que se muestran modernas, orgullosas y hasta vanidosas. Ciudades que ofrecen innumerables placeres y bienestar para una minoría feliz... pero se le niega el techo a miles de vecinos y hermanos nuestros, incluso niños...”.


El 93 por ciento de las personas desplazadas eligen como lugar de refugio las principales ciudades del país. Bogotá alberga un poco más del 30 por ciento de la población urbana de Colombia con alrededor de 8 millones de habitantes, de los cuales cerca de 400 mil son desplazados. Personas que llegan a habitar las zonas periféricas y más pobres de la ciudad; enfrentando carencias relacionadas con el acceso a vivienda digna, alimentación, salud, trabajo, cultura y educación, entre otras.


Según el Dane y Camacol de los 13 millones de hogares que existen en Colombia, hay 1,3 millones que; o no tienen casa o si la tienen, viven en hacinamiento (déficit cuantitativo) y 2 millones que tienen o habitan viviendas que no cumplen con los estándares de calidad y debe ser mejorada (déficit cualitativo).


Por regiones la diferencia es abismal. En Chocó existe un déficit del 84 por ciento y en la Guajira es de 61 por ciento siendo la principal carencia lo cualitativo rural en ambos departamentos. En el departamento de Córdoba es de un 62 por ciento, allí predomina el déficit cualitativo urbano.


En Bogotá 925 mil personas viven en condición de pobreza y 183 mil en condición de pobreza extrema. Las localidades más pobres de la ciudad son Ciudad Bolívar y Usme, donde 3 de cada 10 habitantes son pobres. Hay que recordar que ambas localidades se formaron con el asentamiento de víctimas del conflicto del resto del país desde los años 70’s.


Así mismo Suba incrementó su población en 610.078 personas, es decir creció más del 50 por ciento; este fenómeno también se presenta en localidades como Kennedy y Ciudad Bolívar, las cuales tuvieron crecimientos superiores al 30 por ciento entre 1993 y 2015.

 

En la capital hay 2’967.636 hogares y el déficit es de 291.000 viviendas, siendo las localidades periféricas como Ciudad Bolívar, Usme y San Cristóbal las que presentan mayor deficiencia en la calidad de las viviendas.


Trabajo


“El desempleo juvenil, la informalidad y la falta de derechos laborales no son inevitables, son resultado de una previa opción social, de un sistema económico que pone los beneficios por encima del ser humano...”


En Colombia la población económicamente activa es de 23,5 millones. El salario mínimo es el cuarto más bajo de la región y el 55 por ciento de los trabajadores gana menos de 820 mil pesos mensuales. En cifras generales la desocupación asciende al 11% de la población activa de todo el país y la informalidad laboral alcanzó el 60 por ciento. En lo que respecta al desempleo juvenil, a nivel nacional se registra un 16,4 por ciento.


Colombia presenta una gran desigualdad laboral en lo que a género se refiere. La tasa de ocupación para hombres fue 70,3 por ciento y para las mujeres se ubicó en 49 por ciento. “A finales del 2016, el Servicio Público de Empleo (SPE) publicó un documento en el que explicaba los aspectos más relevantes de las brechas en el mercado laboral colombiano. En él, afirmó que la participación de la mujer en el mercado laboral es más restringida debido al tiempo dedicado al cuidado del hogar: los hombres dedican 21,7 horas por semana a estas actividades, mientras que las mujeres 50 horas” (3) .


Por su parte, Bogotá es la capital más desigual del país; sólo el 8,5 por ciento de la población gana más de 4 salarios mínimos al mes y la población más vulnerable tiene un ingreso diario entre 5.185 y 12.963 pesos, mientras que la clase alta supera los 64.813 pesos.


Tampoco hay mayores garantías para los trabajadores. En 2016 la Confederación Sindical Internacional (CSI) publicó el “Índice global de derechos laborales. Los peores lugares del mundo para los trabajadores y trabajadoras”. Señaló que en Colombia los sindicalistas son asesinados con total impunidad (2500 en los últimos 20 años). “[...] Además, resulta extremadamente difícil para los trabajadores entablar negociaciones colectivas debido a la prevalencia de los denominados pactos colectivos, que los empleadores utilizan para socavar las negociaciones colectivas genuinas sobre condiciones de trabajo y salarios. Estos pactos son negociados con trabajadores no sindicalizados que no pueden presentar sus reivindicaciones colectivas. Las condiciones son por tanto impuestas unilateralmente por el empleador. Los trabajadores continúan siendo empleados con contratos que los privan de la posibilidad de ejercer sus derechos fundamentales en el trabajo”.

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