Domingo, 10 Septiembre 2017 08:41

Derecho a techo. Esperando al papa Francisco

Escrito por Daniel Vargas
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“Una casa para cada familia. Hoy hay tantas familias sin vivienda, o bien porque nunca la han tenido o bien porque la han perdido por diferentes motivos. Familia y vivienda van de la mano. Pero, además, un techo, para que sea hogar, tiene una dimensión comunitaria [...] Hoy vivimos en inmensas ciudades que se muestran modernas, orgullosas y hasta vanidosas. Ciudades que ofrecen innumerables placeres y bienestar para una minoría feliz [...] pero se le niega el techo a miles de vecinos y hermanos nuestros, incluso niños [...]”.

En pleno siglo XXI, cuando hombres y mujeres han roto las barreras del tiempo y la distancia; han alcanzado las estrellas y contemplado la posibilidad de vivir en otros mundos, existen personas que claman por un lugar digno para vivir. Esto como efecto colateral y perverso de un sistema que no funciona, en tanto sustenta el paraíso para unos pocos y condena al infierno a una gran mayoría. Hoy en el mundo, más de 800 millones de personas carecen de una vivienda que cumpla los requisitos básicos para el desarrollo de una vida decente.

En nuestro país, la Constitución del 91 instauró la vivienda digna como un derecho fundamental para todos los colombianos y atribuyó al Estado fijar las condiciones necesarias para que se cumpla. No obstante, actualmente en Colombia múltiples factores propician que a 3,3 millones de ciudadanos les sea vulnerado –de muchas formas– este derecho. Debe quedar claro que el acceso a la vivienda no resuelve la situación de pobreza de los más de 13,7 millones de connacionales que viven en esta condición –desplazados y no–, pero sienta las bases para la transformación efectiva de esta realidad.

Bien reza el dicho “tener casa propia no te hace rico, pero no tenerla sí es señal de pobreza”. Junto a la tenencia está el disfrute de la vivienda, de un lugar para vivir y esto implica tanto su interior como su entorno inmediato “[...] con unos atributos físicos mínimos como la localización, el tamaño, la calidad interna y los servicios públicos1”. Entonces, es imprescindible no sólo garantizar el acceso a vivienda, también “el acceso a bienes públicos y/o soportes urbanos y la atención de necesidades vitales, sociales y culturales”2.

 

3,3 millones de familias necesitan un techo digno

 

De los 13 millones de hogares que existen en Colombia, hay 1,3 millones que no tienen casa o si la tienen, viven en hacinamiento o el lugar que habitan debe ser reemplazado por completo. Este tipo de insuficiencia se denomina déficit cuantitativo. Además, 2 millones poseen o habitan viviendas que no cumplen con los estándares de calidad y deben ser mejoradas, es decir, presenta déficit cualitativo. Así lo informó el análisis del BBVA Research realizado con información del Dane y Camacol. El acceso a la vivienda en un país –en específico el déficit de vivienda–, entrevé la pobreza, la desigualdad y la calidad de vida de sus ciudadanos.

Déficit de vivienda, que al ser detallado por regiones permite identificar notables diferencias: el litoral Pacífico y la costa Caribe presentan cifras alarmantes; Chocó, Córdoba y La Guajira están en el podio. En Chocó hay aproximadamente 144 mil 300 hogares de los cuales 121 mil 200 carecen de vivienda o viven en lugares que no cumplen con lo requerido para que sea digna. En este departamento el déficit es del 84 por ciento, siendo la principal carencia lo cualitativo rural. En el departamento de Córdoba es de un 62 por ciento, allí predomina el déficit cualitativo urbano. De los casi 500 mil hogares del departamento, al menos 307 mil tienen este problema. Como en el Chocó, en la Guajira el déficit cualitativo rural es el que sobresale. En la península, el 61 por ciento de los hogares (171 mil de 280 mil familias) tienen déficit habitacional. En contraste, la región cafetera presenta un promedio de 12 por ciento respecto al déficit de vivienda. Caldas, Quindío y Risaralda son los departamentos de menor faltante.
Por su parte, en las metrópolis colombianas –Medellín, Cali y Bogotá–, también resalta, en niveles preocupantes, el déficit habitacional; hay que llamar la atención que en estos espacios urbanos viven millones de personas, y que a pesar de ser los centros políticos y económicos más importantes del país, millones de ciudadanos, pobres, sufren algún tipo de déficit habitacional.

 

 

Un detalle. Para 2015, la diferencia entre la demanda y la oferta de viviendas en Medellín alcanzaba un déficit cuantitativo de 24.199 viviendas. Cuatro comunas concentraban el 51 por ciento de la demanda: Popular (14%), Manrique (13%), Aranjuez (12%) y Villa Hermosa (12%). Además, 27.581 hogares mantenían problemas con la calidad de sus casas. La insuficiencia más común de las viviendas en esta ciudad, tenía que ver con el suministro de agua y el servicio de alcantarillado. En total, 51.780 familias padecían déficit habitacional, es decir, el 7,3 por ciento de los hogares. Durante ese mismo año, Cali contaba con 554.918 hogares, de los cuales 99.196 necesitaban un techo o sus domicilios debían ser mejorados.

 

Bogotá: metrópoli de desigualdad

 

Bogotá enfrentó el acelerado proceso de urbanización iniciado a mediados del siglo XX y padeció la incapacidad del Estado para responder a éste. Así como otros centros urbanos del país, vio cómo buena parte de su población recién asentada, tuvo problemas de acceso a servicios públicos, vivienda, educación, empleo, oferta cultural y recreación. La migración del campo a la ciudad, por efecto del conflicto armado interno, y de un incipiente proceso de industrialización, impulsaron la aglomeración desordenada de la urbe. Al final, son las luchas de los pobres las que van haciendo la ciudad que hoy tenemos.

 

A la llegada del Papa

 

Cuando el papa Francisco llegue a Bogotá se encontrará con una de las peores ciudades latinoamericanas para vivir. Así lo señaló la Unidad de Inteligencia de The Economist: “Bogotá es una de las menos habitables de la región”. Ubicada en el puesto 12 entre un total de 15 ciudades, Bogotá presenta serias carencias en lo que respecta a salud e infraestructura. La estabilidad, cultura y acceso a la educación completan los cinco aspectos que se midieron en el estudio, para determinar la posición de las ciudades en el escalafón.

Con más de 8 millones, Bogotá es la ciudad con el mayor número de habitantes del país y es una de las urbes con la densidad poblacional más alta del mundo. Como capital, es el referente político, económico y administrativo del país, por lo cual concentra una alta oferta en materia educativa, cultural y laboral. Sin embargo, 925 mil personas viven en condición de pobreza y 183 mil en condición de pobreza extrema, datos que dan cuenta de la marginalidad, la exclusión y la segregación que impera en la capital. Tal y como se organizó la ciudad, ha propiciado que los sectores populares estén situados en las periferias; zonas con condiciones sociales y económicas muy inferiores a las del resto de la ciudad.

Una de las mayores dificultades que ésta tiene es garantizar una vivienda digna para todos sus habitantes, pues de los 2’967.636 hogares aquí localizados, 291.000 necesitan un lugar adecuado para vivir. Es notoria una constante relacionada con la disgregación socioeconómica y es que los estratos más bajos (1, 2, y 3) concentran el 30 por ciento de la población (942.998 hogares) y a su vez representa el 91 por ciento de hogares que necesitan una vivienda digna (267.447). Las localidades que más preocupan son Ciudad Bolívar, Kennedy y Bosa; pues las tres tienen en común –además del elevado déficit de vivienda– que albergan una cantidad importante de personas desplazadas y víctimas del conflicto.

 

Conflicto armado, déficit habitacional y las periferias capitalinas

 

El conflicto armado interno representó un reto administrativo mayor para el Estado y para el Distrito en materia de vivienda, pues “las personas en condiciones de desplazamiento se enfrentan al abandono de sus hogares [...] y a circunstancias y entornos de entrada difíciles en las ciudades [...]”3. El 93 por ciento de las personas desplazadas eligen como lugar de refugio las principales ciudades del país. Bogotá alberga más de 415 mil víctimas que corresponden a cerca de 98 mil hogares afectados por el desplazamiento forzado. Las localidades con mayor cantidad de desplazados son Ciudad Bolívar, Bosa, Kennedy, Suba y San Cristóbal. En efecto, estas víctimas llegan a habitar las zonas periféricas de la ciudad; enfrentando “[...] dificultades relacionadas con la seguridad, el limitado acceso a servicios públicos, problemas ambientales, hacinamiento y distanciamiento de los ejes de desarrollo económico y político”4.

 

La visita del Papa a Colombia es una buena oportunidad para reflexionar acerca de los problemas de nuestro diario vivir, individuales y comunales. Jorge Mario Bergoglio ha viajado por el mundo insistiendo en tres temas fundamentales: en la problemática global de la pobreza, la desigualdad y la inequidad que sufren los pueblos del llamdo Tercer Mundo. Expectantes a su discurso, la sociedad colombiana permanece ajena a la realidad que la sofoca. En tiempos de posacuerdo, la vulneración del derecho fundamental a un techo digno para todos los que aquí habitamos, entendido éste como otra de las bases para garantizar el buen vivir, deja demasiados obstáculos en el arduo proceso por construir paz efectiva.

1 Yency Contreras Ortiz. 2014. Las políticas de vivienda en Bogotá ¿Sentando las bases para el posconflicto?
2 Ibíd.
3 Ibíd.
4 Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento–Codhes. 2014. Desplazamiento forzado intraurbano y soluciones duraderas. Vol. II Bogotá, Cúcuta y Quibdó

 


 

El hogar que habitamos

 

El papa Francisco dice que la relación vivienda-techo-hogar trasciende el núcleo familiar y adquiere un carácter colectivo, comunitario: la barriada. Dice, también, que el desarrollo acelerado de las ciudades olvida a las personas que no logran acceder a ese desarrollo y normaliza la miseria.

“Familia y vivienda van de la mano. Pero, además, un techo, para que sea hogar, tiene una dimensión comunitaria: y es el barrio [...] y es precisamente en el barrio donde se empieza a construir esa gran familia de la humanidad, desde lo más inmediato, desde la convivencia con los vecinos. Hoy vivimos en [...] ciudades que ofrecen innumerables placeres y bienestar para una minoría feliz [...] pero se le niega el techo a miles de vecinos y hermanos nuestros, incluso niños, y se los llama, elegantemente, ‘personas en situación de calle’. Es curioso como en el mundo de las injusticias, abundan los eufemismos [...]. Una persona segregada, una persona apartada, una persona que está sufriendo la miseria, el hambre, es una persona en situación de calle: palabra elegante ¿no? Ustedes busquen siempre, por ahí me equivoco en alguno, pero en general, detrás de un eufemismo hay un delito.

[...] Qué hermosas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo. Qué lindas son las ciudades que, aun en su diseño arquitectónico, están llenas de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro. Por eso, ni erradicación ni marginación: Hay que seguir en la línea de la integración urbana [...]. Sigamos trabajando para que todas las familias tengan una vivienda y para que todos los barrios tengan una infraestructura adecuada (cloacas, luz, gas, asfalto, y sigo: escuelas, hospitales o salas de primeros auxilios, club deportivo) y todas las cosas que crean vínculos y que unen, acceso a la salud –lo dije– y a la educación y a la seguridad en la tenencia”.

Respecto al cuidado de “nuestra casa común” –como él llama a la Tierra–, exhorta a los pueblos a que no duden en defender el agua, el aire, los bosques y los demás animales con los que compartimos el planeta. Y enfatiza:

“[...] no puede haber tierra, no puede haber techo, no puede haber trabajo si no tenemos paz y si destruimos el planeta. Son temas tan importantes que los Pueblos y sus organizaciones de base no pueden dejar de debatir. No pueden quedar sólo en manos de los dirigentes políticos”.

Información adicional

  • Autor: Daniel Vargas
  • País: Colombia
  • Región: Suramérica
  • Fuente: Periódico desdeabajo, Edición especial
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