Viernes, 01 Diciembre 2017 10:58

“La verdadera guerra colombiana no ha terminado. Tumaco es prueba de ello”

Escrito por Daniel Vargas
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La realidad que padece el Pacífico colombiano, en particular el municipio de Tumaco, es retomada de manera pormenorizada por la edición Nº55 de la revista "Noche y niebla". La evidencia de que la guerra prosigue en el territorio, resalta una vez más.

 

“Lamento tener que darles una mala noticia: la verdadera guerra colombiana no ha terminado, Tumaco es una de las múltiples pruebas de ello”. Con estas palabras inició su intervención el padre Alejandro Angulo en la rueda de prensa citada el pasado jueves 9 de noviembre en el Cinep para presentar la más reciente edición (Nº 55) de la revista Noche y Niebla*, correspondiente al primer semestre de 2017. Y unos segundos después enfatizó, refiriéndose a “la verdadera guerra colombiana” que despoja y asesina a quienes habitan los territorios apetecidos por el capital: es una guerra que “[...] ha añadido, ahora, su fase jurídica en la cual las armas se combinan con la injusticia institucionalizada en la restitución de las tierras robadas”.

Además del sacerdote Angulo, coordinador del Banco de datos del Cinep. a la presentación asistieron los presbiteros Arnulfo Mina Garcés –Vicario general de la Diócesis de Tumaco–, Javier Giraldo Moreno, y el director del Centro de Investigaciones, Luis Guillermo Guerrero.
En su exposición, quien con sus palabras abrió la rueda de prensa, también se refirió a las declaraciones del presidente Santos del pasado 3 de noviembre, cuando afirmó que la Fiscalía tiene información sobre el 50 por ciento de los casos de la masacre del pasado 5 de octubre en Tumaco –todavía impunes– e indicó que este año han sido ultimados 47 dirigentes comunales y que, según la Fiscalía, “no hay un patrón que se haya encontrado en esos asesinatos, la mayor razón que explica cada caso es por razones personales”.

No digan más mentiras. El padre Angulo citó el informe de la Defensoría del Pueblo de marzo de este año, en el que “declara de forma inequívoca que el riesgo de la vida para quienes se empeñen en defender la dignidad de las personas o prestar un servicio público honesto y transparente, es un riego bastante alto; Tumaco es una prueba de ello”. Enfatizó, además, que en este municipio hay una agudizada lucha por el control territorial entre varios grupos armados.

Según el mismo informe, al menos 120 líderes sociales y defensores de derechos humanos han sido asesinados, 33 fueron objeto de atentados y 27 fueron agredidos, en todo el país. Los responsables son los grupos armados resultantes de la desmovilización de las autodefensas, dedicadas a la apropiación y despojo de tierras e impedir futuros procesos de reparación y restitución a las víctimas, por medio de amenazas y persecuciones a líderes sociales y comunitarios, sindicales y víctimas de desplazamiento forzado.

Es relevante la intervención de particulares vinculados con estos grupos, que se oponen a la restitución de tierras y que estigmatizan a los movimientos sociales y políticos que buscan la reparación y restitución a las víctimas, o reformas en materia agraria, como auxiliadores de la guerrilla. “[...] estos crímenes tienen motivos personales, sí; es una persona que le quiere robar la tierra a otra persona y por eso la mata. Pero no tienen razón en decir que no se haya encontrado un patrón en esos asesinatos”.

Por su parte, el padre Arnulfo Mina, Vicario de la Diócesis de Tumaco, agradeció al Cinep “por visibilizar las regiones olvidadas por el Estado colombiano [...] por su compromiso cristiano y por solidarizarse con aquellos quienes no tienen voz [...]”.

“El Gobierno tiene una deuda histórica con toda la región del Pacífico; pueblos totalmente olvidados, sin presencia del Estado contundente –muy a medias–. Ha facilitado, infortunadamente, ese cúmulo de necesidades insatisfechas de nuestras comunidades [...] estamos en boca de todos porque ocupamos el primer puesto –deshonroso– de municipios con mayor cantidad de hectáreas cultivadas con coca (17 mil). Esto es, claro, un polvorín y confluyen todos los problemas”.

Tumaco, ha sido bañado de sangre, y continúa siendo víctima del crecimiento exponencial de la violencia en su territorio. Según el padre Arnulfo, si el Gobierno no toma medidas a favor del pueblo, el derramamiento de sangre será mucho mayor. Una de las causas principales es “el narcotráfico que se ha apoderado de la zona [...] Nosotros habíamos advertido –desde la Diócesis de Tumaco– al Gobierno y a las autoridades competentes que si no copaban al territorio, lo que se nos venía iba a ser muy difícil”.

El sacerdote denunció que en el casco urbano de este municipio hay fronteras invisibles, lo que da cuenta de las disputas que han desbordado las áreas rurales. En ese sentido resulta tiránica la presencia militar en lugar de la inversión social del Estado. “La fuerza pública hace lo que puede, hasta donde puede, pero si no hay inversión social, lo que logra la fuerza pública es muy poco, crea muchos más problemas”.

También habló de otros problemas estructurales. “[...] Nuestro sistema educativo es el más bajo en el país, ¿así, cómo un pueblo se puede desarrollar? Es imposible. En eso casi no se piensa. El sistema de salud ni se diga –si en Bogotá existe el paseo de la muerte ¿qué será en Tumaco, en el casco urbano y, peor, en las veredas y en otros municipios?”.

“[...] El problema del narcotráfico le ha quedado grande al país. Aunque el señor Presidente reciba regaño de su colega de Estados Unidos –que es una responsabilidad compartida, entre otras cosas, no lo van a acabar fácilmente, porque no hay oportunidades. Hoy somos la región donde más coca hay, pero esos recursos de la coca no se quedan allí; los grandes capitales se quedan en las grandes ciudades del país y en el exterior, lo que queda en Tumaco es la mínima parte, apenas para subsistir. Por eso algunos campesinos están allí. Mientras el Gobierno no se comprometa con programas concretos de sustitución de cultivos ilícitos [...] habrán muchos más muertos”.

Es evidente que un 90 por ciento de la población, si no toda, está de acuerdo con la sustitución, pues el flagelo de la guerra y la zozobra por el accionar bélico de las fuerzas militares y de los grupos armados ilegales, no les permite vivir en tranquilidad. El Vicario señaló como acciones indispensables la construcción de vías para el transporte y la creación de mercados estables para la comercialización de los productos agrícolas que se dan en la región. Contrario a esto, habló del Plan Atlas que representa un aumento sustancial de militares y policías “¡¿En dónde queda la inversión social?!”, exclamó.


“Ojalá el Estado nos de alternativas de solución a este problema, o si no –tal vez sea un exabrupto esto que digo aquí– si le quedó grande esto del narcotráfico pues legalice. Se que no suena bien y se que hay muchos condicionamientos internacionales, pero que convoque [...] a los gremios del país, se discuta y se asuma el riesgo. Y ahora sí, desde el tejido social, de la familia que es la célula madre de la sociedad; desde las instituciones educativas (escuelas, colegios, universidades) emprender ese trabajo de prevención porque [...] Tumaco dentro de unos cinco años, si no hay un plan de prevención y sabiendo que el excedente de la droga que no se exporta se consume en Colombia, tendrá una crisis de salubridad pública alarmante”.

Sumado a esto, es importante resaltar que en Tumaco hay un serio problema con la creación arbitraria de Juntas de acción comunal en territorios de comunidades negras y resguardos indígenas pues hay luchas de poderes y de intereses, y surgen múltiples cuestionamientos sobre el propósito de estas Juntas en estas zonas. A simple vista se prevé roces entre las comunidades ancestrales (afro e indígenas) y los colonos que lleguen a ocupar el territorio.

Con el panorama descrito por los sacerdotes, tiene pleno sentido aquello de que la “verdadera guerra colombiana no ha terminado”.

* La edición de la histórica revista que por décadas ha efectuado un seguimiento exhaustivo al tema de la violencia política y social en Colombia, registrando de manera pormenorizada el genocidio sufrido por las mayorías de nuestro país, está dedicada en esta ocasión al Pacífico colombiano, en particular al municipio de Tumaco. En sus notas y estadísticas lo abordado por quienes escriben esta nueva edición, logran evidenciar la problemática económica y política que padecen las mayorías que habitan este municipio, con claros signos de sufrir una crisis humanitaria, que puede empeorar.

Información adicional

  • Autor: Daniel Vargas
  • País: Colombia
  • Región: Suramérica
  • Fuente: Periódico desdeabajo Nº241, noviembre 20 - diciembre 20 de 2017
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