Miércoles, 17 Julio 2013 16:05

Espiar al mejor amigo incondicional

Escrito por Carlos Eduardo Maldonado
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Espiar al mejor amigo incondicional

El espionaje se lleva a cabo contra enemigos o bien contra gente que no es de confianza en manera alguna. Pues bien, el Estado colombiano no es de ninguna confianza para los intereses de los EE. UU. Y por eso exactamente hay que espiarlo.

 

Colombia es, de lejos, el aliado más incondicional de toda América Latina con los Estados Unidos. Es el único país que de manera absoluta ha participado en todas las guerras y misiones militares que los E.U. han organizado.

 

Le declaró la guerra a Alemania en la Segunda guerra Mundial (un dato que no muchos conocen). Estuvo en la guerra de Corea, antes de que E.U. fuera derrotado, por primera vez allá (en Bogotá existía una escultura pública en homenaje a esa ignominiosa participación). Luego participó en la guerra de Vietnam con otras tropas. Mandó tropas al Sinaí y ahí mantiene algunas. Ha enviado soldados del Estado y mercenarios a las dos guerras de Irak. Fue el único país que estuvo con los Estados Unidos y en contra de Argentina en la guerra de las Malvinas (esa que los británicos llaman la guerra de Falkland).

 

(Los nuevos soldados tienden a ser cada vez más mercenarios. El retorno a la vieja Roma imperial y decadente. Aunque se trata, desde luego, de soldados formados profesionalmente en los campos de Colombia, para las guerras alrededor del mundo).

 

Existen en política dos caras que indican en blanco y negro, sin ambages, si alguien es verdaderamente amigo o aliado. Todo lo demás es subsidario y baladí. Una es la de las alianzas, información, formación e incondicionalidad militar. Y la otra, sin duda alguna, es la economía. Vayamos por pasos.

 

En materia militar, se trata del hecho de que la soldadezca, desde los niveles más inferiores hasta los superiores, se formen exactamente en términos de la Doctrina. Así: con mayúsculas. Y la Doctrina la dicta, en últimas, el Departamento de Estado y sus satélites de formación militar. En Colombia en el plano militar, como en la teología de Roma, por ejemplo, la Doctrina es algo que se acata y se sigue, sin cuestionamientos. Ella determina, literalmente, la estrategia y la táctica. Todo lo demás es lo de menos y se deriva de esto.

 

Veamos un contraejemplo: Cuando el gobierno de Chávez decide, hace ya varios lustros, cortar toda la ayuda militar norteamericana, eso significa expulsar a los agregados militares y, literalmente, suspender toda la información —¡toda!— que se toma y existe al interior de las fuerzas militares. Es, sin lugar a dudas, la más radical de las decisiones en materia estratégica. (Digamos, en passant, que los demás gobiernos de Mercosur no han hecho jamás algo semejante. Por esa razón representan menos riesgos para el gobierno de los E.U., y por esa razón no forman parte del llamado "eje del mal", como sí lo es Venezuela. Al mismo nivel de Cuba, Irán y Corea del Norte, Libia y Siria).

 

Y en el plano económico, evidentemente, se trata del hecho de que las políticas económicas nacionales se siguen o están ajustadas exactamente a los intereses de, para decirlo de manera eufemística, las leyes del libre mercado. Bajo proteccionismo nacional, firmas de TLC que afectan estructuralmente la soberanía nacional, manejo cambiario acorde a los organismos financieros internacionales, en fin, seguimiento al pie de la letra de los dictámenes del FMI, el Banco Mundial y la Organización Internacional del Comercio. La maldita trinidad, como lo llama un autor conspicuo (Richard Peet, La maldita trinidad, Ed. Laetoli, Pamplona).

 

No es suficiente con que se le ordenen las políticas nacionales e internacionales, las políticas económicas y financieras, las políticas militares y de seguridad, por ejemplo. Además hay que espiar para confirmar si se hace lo que se ha decidido. Espionaje–por–si–acaso.

 

Pero no nos llamemos a dudas: el espionaje se lleva a cabo contra enemigos o bien contra gente que no es de confianza en manera alguna. Pues bien, en plata blanca: el gobierno nacional, mejor aún: el Estado colombiano no es de ninguna confianza para los intereses de los E.U. Y por eso exactamente hay que espiarlo. De tantas formas como sea posible, todo el tiempo que sea necesario.

 

Así se acumulan pruebas contra políticos, magistrados, empresarios y líderes que en algún momento puedan salirse de los dictados de los E.U. Así se acumulan evidencias que se pueden sacar a la luz púbica cuándo y cómo sea necesario. Que para eso, notablemente, tienen a todos los grandes medios de comunicación a su servicio.

 

Acumular información y usarla de manera contundente: destruir el "buen" nombre, el good-will de cualquier dirigente actual o futuro. Del gobierno o de la oposición.

 

Sin olvidar que se trata de información. Y físicamente, la información no pesa nada. Se guarda en unidades giga, peta, y otras. Por el tiempo que sea necesario, a diferencia de los papeles.

 

Se ratifica ese hecho: en política —en el sentido más amplio y fuerte de la palabra— no hay, nunca, amigos. Sólo aliados. Y los aliados son susceptibles de desconfianza por principio. A los aliados hay que seguirlos y tenerlos cerca: con base en información obtenida por medio de espionaje.

 

No nos llamemos a engaños. A la oposición se la espía constantemente. Líderes políticos y campesinos, académicos e intelectuales, obreros y ONG. Eso no es nuevo para nada. Pero lo verdaderamente importante es que el espionaje en este caso es contra el propio establecimiento, contra la institucionalidad colombiana. Pues espiar significa prevenir. Y controlar equivale a anticipar.

 

El espionaje al Estado colombiano viene de tiempo atrás. ¿Habrá alguna reacción de parte del gobierno o del Estado colombiano?

 

De este gobierno o de los próximos gobiernos nacionales de Colombia no cabe esperar absolutamente ninguna acción en contra del espionaje, largo, sostenido, estructural y sistémico, contra el país. Menos aún de parte del Congreso, el cual sólo se preocupa por sus dádivas económicas. Las élites políticas y económicas nacionales no harán nada. Porque no les preocupa en lo más mínimo. Y porque, la verdad, nada pueden hacer. A un ultraje se responde con argumentos religiosos como paciencia y aceptación. Pasividad —en toda la línea de la palabra—. A lo sumo algún comunicado diplomático; punto. Han pedido explicaciones, pero como quien pregunta por el menú en un restaurante.

 

A una violación se agradece con un beso y un te amo. Al estupro se responde con un: "vuélvelo a hacer cuando quieras. Le estoy comenzando a sacar gusto". La total patología. Síndrome de Estocolmo, síndrome de Snowden, síndrome de NSA. Se escuchan propuestas de identificación para esta anomalía.

 

O como dicen las señoras: "Así paga el diablo a quien bien le sirve".

 

Publicado el Miércoles, 17 Julio 2013 12:55

 

Fuente: http://www.palmiguia.com/opinion/turbulencias/702-espiar-al-mejor-amigo-incondicional

Información adicional

  • Autor:Carlos Eduardo Maldonado
  • País:Colombia
  • Región:Sur América
  • Fuente:Palmiguía
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