Viernes, 06 Febrero 2015 18:07

Triángulo de Spreng y modelación económica

Escrito por Freddy Cante
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Triángulo de Spreng y modelación económica

La trilogía tiempo, información y energía

 

El físico suizo Daniel Spreng esquematizó la interdependencia entre energía, tiempo e información en la siguiente figura que lleva su nombre (1).

 


Cada punto dentro del triángulo representa una combinación de tiempo, energía e información que son requeridas para completar una tarea (un trabajo), y existen situaciones extremas de enorme significado para entender la escasez (preocupación primordial de la ciencia económica), estas son:

 

  • Máximo de energía disponible (E=máx.): es la representación de la sociedad moderna que busca extraer el máximo de energía disponible, puesto que está enfermizamente obsesionada con la productividad (producción en el mínimo tiempo posible) y con la preferencia por el presente (consumir al máximo aquí y ahora, sin importar el porvenir de las futuras generaciones) y con el placer del vértigo y la velocidad. Para lograr tal cometido, además debe incrementar vertiginosamente el acervo y la velocidad de procesamiento de la información disponible.
  • Máximo de información disponible (I=Máx.): la obsesión de filósofos y pensadores de obtener el máximo de información y de conocimiento llevaría también a un absurdo extremo: la información no se obtiene gratis, pues obtenerla demanda gigantescas cantidades de energía y consume océanos de tiempo que, por tanto, no estarían disponibles para otras actividades de la vida.
  • Máximo de tiempo disponible (t=máx.): este extremo puede evocar la existencia de una cultura que privilegia el ocio y la lentitud como formas de existencia. Una vida contemplativa (sin desasosiegos ni ansiedades por productividad y modas, sin la esclavitud del trabajo), implicaría una abundancia de tiempo y, por lo mismo, una ínfima explotación de energía y una mínima búsqueda de información.


El trabajo —incluyendo la búsqueda de información— es entendido como una actividad humana que implica una transformación de la naturaleza y consume ingentes cantidades de tiempo y de energía. Este consiste en alterar la naturaleza al transportar, modificar, y destruir materiales y degradar energías. Es imposible obtener algo a partir de nada: el trabajo "productivo", aunque sea para obtener información, equivale al consumo (gasto y agotamiento) de tiempo y energía. Con el paso de la historia se agota el tiempo, pues también se degradan la materia y la energía debido a la segunda ley de la termodinámica: " [...] aun cuando la energía se conserve en los procesos físicos, se degrada en formas menos ordenadas, y menos útiles, de las que se dice que poseen más alta "entropía". Hay tantas más formas para que un sistema pase del orden al desorden que las que hay para que pase del desorden al orden [...]".


Una aplicación para el caso Colombiano


El triángulo de Spreng, tan simple y abstracto, resulta una poderosa herramienta para ayudar a responder a la pregunta sobre el modelo de desarrollo más adecuado para un país como Colombia.


Durante las últimas semanas el economista inglés James Robinson, coautor, junto a Daron Acemoglu, del texto "Por qué fracasan los países: los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza", esbozó un modelo de desarrollo para Colombia, el cual ha sido discutido por algunos de los más notables economistas y científicos sociales del país. Con muchos datos sobre modelos exitosos y fallidos de desarrollo en el mundo y en Colombia, con algunas alusiones a la historia, pero con una enorme carencia de argumentación desde la ciencia económica, los participantes en tal debate se pueden agrupar en dos posiciones, así:

 

  • a) La apuesta por la educación: James Robinson y sus partidarios asumen que la educación es una especie de bien público (sin rivalidades y, al parecer, sin exclusiones), pues que una persona se eduque no obstruye el que otra(s) lo hagan, y esto la diferencia de la tierra (única e indivisible), cuya repartición genera un juego de suma cero (lo que unos pierden otros lo ganan). En tal perspectiva lo mejor es olvidar el tema agrario, seducir a la gente para que fluya con más celeridad a las urbes, allí educarlos y darles ocupación.
  • b) La apuesta por la tierra: los contradictores de Robinson argumentan que en el agro se originó el actual conflicto social y armado, y que hay que propender al menos por una reforma agraria con lentes retrospectivos: propender por devolver la tierra despojada a humildes campesinos en las últimas décadas. Sin tal acto de justicia con las víctimas no se logrará la paz ni el desarrollo. En su minimalismo aceptan como un destino inmodificable la globalización, la urbanización y, en general, la lógica de desarrollo capitalista.

 


Con la sencillez del esquema de Spreng y sin la arrogancia de quienes osan brindar respuestas cabales y definitivas para todos los males, un economista o científico social más sensato podría construir un argumento con menos sesgos y falencias.


Para no caer en el vasallaje intelectual que deifica el desarrollo capitalista occidental, con sus avenidas de poder y prosperidad, y su presunta capacidad para poner fin a la pobreza, se podría jugar con más imaginación y creatividad para lograr una sensata combinación de tiempo, energía e información.


Si lo que pretendemos es priorizar la preservación del medio ambiente y propender por un desarrollo de las personas (y no por un incremento de las cosas y un crecimiento medido en variables de opulencia), entonces podría pensarse en un modelo apoyado en la siguiente trilogía:

 

  • A. Energía: un mínimo gasto de energía proveniente de recursos naturales no renovables y con destino para el mercado mundial y las grandes urbes. Un gasto moderado de fuentes de energía renovable, para así garantizar aire y agua puros y limpios, y seguridad alimentaria para la generación actual y varias de las futuras. Esto exige más que una reforma agraria una política ambiental encaminada a la preservación, a la priorización de la agricultura orgánica y al respeto de la tierra (como un territorio sagrado que es mucho más que un mero recurso económico).
  • B. Tiempo: una búsqueda del mayor tiempo disponible para alcanzar importantes niveles de ocio y lograr una vida más sosegada y armónica, aunque ello implique abandonar sacrosantos valores capitalistas como la obsesión por la productividad y la criminal tendencia a descontar el futuro. Los valores del juego, las festividades, el arte, la artesanía y la maximización de la vida social harían más factible emprender una senda alternativa.
  • C. Información: Los avances en materia de información y conocimiento no suelen ser tan benéficos como se asume, mucha de la ciencia está consagrada a resolver problemas imaginarios o, peor aún, a generar otros más graves problemas, y a esto se adiciona que como existe una tiranía de élites y tecnocracias sobre los supuestos legos e ignorantes. Así las cosas, lo más sensato es propender por una educación para la vida. Una educación que sea compatible con una vida más sencilla, y con menos obsesiones por la celeridad y el desmesurado gasto de energía.


Quizás el modelo económico sugerido por el autor sirva para ponerlo en la picota pública de los llamados ambientalistas extremos, lo cual, sin duda, será más un halago que una carga. En todo caso el debate sobre el modelo de desarrollo ganaría en rigor de pensarse en una perspectiva más integral con la que se examinen los usos del tiempo, los gastos de energía y la información asimilable.

Información adicional

  • Antetítulo:Colombia
  • Autor:Freddy Cante
  • Región:Suramérica
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