Miércoles, 17 Febrero 2016 17:12

Transmilenio no es de todos

Escrito por Daniel Vargas
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Transmilenio no es de todos

Los hechos ocurridos en Bogotá el pasado 10 y 12 de febrero son un calco de lo sucedido en marzo de 2014. En ambas ocasiones la premisa es, más allá de la protesta ciudadana y al aludir a los buses atacados por quienes manifiestan su inconformidad: daño al bien público. ¿Daño al bien público? No hay en la ciudad servicio público más privatizado que el transporte masivo. Así lo evidencian los buses que circulan por las troncales, todos ellos propiedad de las empresas particulares que se quedan con el 90 por ciento de los ingresos generado por el sistema.

 

El día viernes 12 del mes en curso se presentó ante las autoridades Julián Mulato Escobar quien, en medio de las protestas registradas en la estación Biblioteca Tintal lanzó una piedra contra el vidrio panorámico de un bus articulado mientras éste transitaba hacia el portal de Las Américas.
En aquella ocasión, mientras la población indignada protestaba por el mal servicio de transporte que padece cada día, y ante la respuesta a las agresiones por parte del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), Julián arremetió contra un bus que hacía el recorrido por la Avenida Cali, rumbo al portal Américas. En un acto de furor y rabia, según afirma el mismo, no consideró las posibles consecuencias de sus actos, ni pensó en las personas que abordaban dentro del articulado.


Julián Mulato Escobar, un habitante del sur de la ciudad, trabajador informal que se rebusca como calibrador de ruta, se vio afectado por los bloqueos. El desborde de los ánimos de quienes ocupaban los buses allí bloqueados, al sufrir las agresiones del Esmad, propició que muchos de ellos se defendieran y dieran rienda suelta a la rabia acumulada por una vida llena de privaciones.


Julián fue captado desde un dispositivo móvil al momento de llevar a cabo su acción. Difundido su rostro por diversos medios de comunicación, presionado por la difusión que su acto ganó en redes sociales, optó por presentarse ante las autoridades. Julián afrontará cargos por el delito de “perturbación en servicio de transporte público, colectivo u oficial, en concurso homogéneo y sucesivo”. Aunque no asumió los cargos, aprovechó su comparecencia ante los jueces para presentar disculpas por sus actos.


Los actos de protesta sucedidos en Bogotá aún son motivo de discusión en redes sociales. Pero, más allá de ello, lo que llama poderosamente la atención es la forma en la que los medios se refieren a las personas que hicieron parte de las protestas: vándalos, saboteadores profesionales y hasta de terroristas los han calificado. Curioso resulta que en eventualidades similares ocurridas dos años atrás, aquellos que hoy son terroristas y saboteadores profesionales –de los cuales 11 personas más serán procesadas y judicializadas–, ante eran tratados como “usuarios”, “personas indignadas”, “protestantes pacíficos”.

Servicio, propiedad y costos


El pasado 15 de febrero Aurelio Suárez realizó una presentación ante el Congreso acerca de los costos que implican la adopción del Metro como medio de transporte público principal para la ciudad. Para su exposición tomó como ejemplo los 15 primeros años del Metro de Medellín comparado con los 15 años de operación de Transmilenio.


“Metro y Transmilenio no son lo mismo, ni hacen lo mismo, ni significa para los usuarios lo mismo, en términos tarifarios y, sobretodo, en el largo plazo [...]. Un bus sencillo (el de dos vagones) vale 400 mil dólares, el de tres 500 mil dólares, dividido por el número de pasajeros (160 personas en el articulado y en el otro 260) equivaldría a un costo por pasajero de 2.500 y 2.100 dólares respectivamente. El alcalde Enrique Peñalosa dice que ‘el metro es un juguete costoso’. El costo del metro de una configuración básica del tren y tres vagones es de 2 millones de dólares. Allí caben 1.500 pasajeros, es decir 1.300 dólares por pasajero. Es decir que el costo fijo (precio que se paga al comprar el equipo), que es el que se ve reflejado en la tarifa, vale la mitad en el metro de lo que vale en Transmilenio [...].


Ahora, ¿Cuánto me vale ponerlos a funcionar? Transmilenio, que además contamina, gasta 35 de cada 100 pesos de la tarifa del pasaje en combustible. El Metro, que usa energía eléctrica (no contamina), gasta 8 pesos de cada 100. En el costo de la tarifa del Metro está incluido el costo del mantenimiento, en Transmilenio no (de ser así, el precio de la tarifa sería mayor a 2 mil pesos).


En el primer año de funcionamiento de Transmilenio, la tarifa técnica, que es la que le reconocen al oligopolio operador privado, costó 780 pesos, a los 15 años esa tarifa costó 1.946 pesos, es decir, la tarifa subió en los primeros 15 años 40 por ciento por encima del aumento de la inflación. ¿Qué pasó en el metro de Medellín (operario público)? La tarifa en el primer año fue de 784 pesos, a los 15 años la tarifa técnica costó 1.442 pesos (la mitad de la inflación).


Pero hay una cosa más grave todavía: la vida útil de los equipos. Los Metros tienen una vida útil de hasta 50 años, un bus dura máximo 15. O sea, cuando haya que reemplazar un tren, ya se habrán tenido que reponer tres buses rojos. Esto sin tener en cuenta el reemplazo de las losas que también duran 15 años. Comparado el ahorro de la ciudad de Medellín con el gasto de Bogotá, los capitalinos hemos dejado de percibir cerca de 3.5 billones de pesos en salud y bienestar” (para una mayor ampliación de la presentación de Aurelio Suárez: https://www.youtube.com/watch?v=JTzgbXWOT-o )

 

Sentimiento

 

Difícil es pretender que las y los bogotanos sientan apropiación por un sistema de transporte inseguro, incómodo e ineficiente. Bogotá pide a gritos la construcción de las vías del Metro que por más de medio siglo ha sido dilatada, y que hasta el sol de hoy parece más un sueño que una realidad posible. El Alcalde prefiere que los privados compren más buses, para que Transmilenio pueda alquilar más vehículos de estos y aumentar el número de troncales, porque esto representa un costo menor.


La ciudadanía ya alzó su voz, y como respuesta el Alcalde optó por la represión. Es la vía más fácil, la autoritaria, la antidemocrática, que implicaría el diálogo, la concertación, la potenciación de la participación social, de su apropiación plena del espacio que habita y debe contribuir a mejorar cada día.


Lejos de ello, lejos de la democracia participativa, radical y directa, Peñalosa optó por infundir temor, por coger un chivo espiatorio, para que la ciudadanía en general escarmiente y no se atreva a continuar con su voz en alto, exigiendo justicia y mejor calidad de vida.


Este es el mensaje enviado con la posible condena a que será sometido de manera injusta Julián Mulato Escobar. Por esto decimos: ¡Transmilenio no es de todos!

Información adicional

  • Autor:Daiana Vargas
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:desdeabajo
Visto 1846 vecesModificado por última vez en Miércoles, 17 Febrero 2016 17:21

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