Viernes, 01 Julio 2016 08:09

Hacer ciencia también es trabajar

Escrito por Christian Sarmiento
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Hacer ciencia también es trabajar

No es un secreto que la mayoría de los profesionales que realizan estudios de doctorado tienen como objetivo continuar su carrera académica como Profesor en una universidad o en un centro de investigación. Pero la realidad es que, como decía un profesor de la facultad de ciencias “para tener un puesto de Investigador en UE o en USA hay que esperar que se muera o retire uno de ellos y deje la vacante”. Esa frase que puede dar un poco de risa es una realidad y en Latinoamérica estamos cerca de empezar a vivir esa situación.

Sin embargo, el año pasado Estados Unidos rompió el récord anual de doctores graduados en su historia según la revista Science*, la que también agrega que, este año el récord que se rompe es el de desempleo de esos profesionales, esta situación refleja que algo no está funcionando.

Expliquémoslo un poco. Si las agencias de ciencia saben que los doctores recién egresados no tendrán trabajo, ¿por qué siguen recibiendo gente en sus programas de posgrado y ofreciendo becas? Pues quienes pensaron que la academia era blanca y pura, siendo esta una válvula de escape al horror del sistema capitalista, se equivocaron. La ciencia está inmersa en el sistema y es parte fundamental del mismo, tanto así que usa los mismos métodos de violación de los derechos laborales que padecen los trabajadores en cualquier lugar del Planeta. Así, el Estado, universidades y agencias de ciencia, prefieren contratar profesionales mediante una beca en lugar de investigadores permanentes con título de doctorado.

Esta situación sucede en todo el mundo, bien USA, UE, Latinoamérica en los que dependiendo de las luchas libradas por sus sociedades, las condiciones del Joven Científico (JC) son mejores o peores. Por ejemplo, en el caso de Francia, la vinculación es mediante un contrato laboral como empleado del Estado, es decir, tiene todos los derechos estipulados por la ley. Lo propio sucede en Alemania donde se puede ser un becario con un contrato durante 36 meses o tener una posición como joven investigador, gozando de todos los derechos laborales. De otra parte, en Argentina, el contrato no reconoce al JC como trabajador pero le otorga derechos básicos como la seguridad social y licencias de maternidad; la beca tiene vigencia por 60 meses a partir del inicio de la misma. Una situación similar se registra en México donde además la beca incluye un estipendio para asistir a eventos nacionales e internacionales para mostrar los resultados de la investigación.

Ahora, ¿cómo funciona en Colombia? En nuestro país los becarios no son reconocidos como trabajadores, por lo cual no tienen ningún derecho laboral y su empleador no tiene ninguna obligación con el JC, así que lo otorgado son “beneficios” que dependen de qué tan “buena gente” sea la administración de turno. Esto quiere decir que puede tener seguridad social, vacaciones, etcétera, si tiene suerte, porque eso no está reglamentado. Todo lo anterior porque “le estamos dando la oportunidad de formarse y además le pagamos”, como profesan las más retrogradas posiciones enquistadas en algunas universidades.

Aclaremos, la figura de la beca fue reemplazada por la de crédito condonable, el cual trae consigo la firma de un pagaré en blanco por si el JC no cumple sus compromisos. Estos pueden ser otorgados por las Universidades dependiendo de su presupuesto. No en todas los hay y, por lo general, hacen 8 pagos al año y abonan hasta 11 meses, esto quiere decir que pagan el dinero de 5.5 meses en dos periodos de 4 meses (Marzo-Junio y Septiembre-Diciembre). Esto se da porque, como afirman las autoridades universitarias: “¿cómo se le paga a alguien que en el papel se considera estudiante?”. La realidad es que el JC ejerce de investigador con responsabilidades y trabaja los 12 meses, además, le exigen 4 horas semanales de clase como contraprestación, y este punto es importante, pues aquí se está considerando que para la Universidad la investigación en sí misma no es una forma de retribución. Sin embargo, antes del índice de la tesis va la carta donde el JC cede todos los derechos de su trabajo de investigación a la institución.

Otro tipo de créditos condonables son los otorgados por Colciencias, que hasta hace unos años eran tan pocos que quien alcanzaba uno de estos era conocido en toda la facultad, por el gran logro de haberlo conseguido. Actualmente, las cosas han mejorado un poco en ese sentido. Estos créditos son administrados por Colfuturo, no se entiende por qué Colciencias tiene que dar el dinero público a una entidad privada para su administración, ¿acaso no puede hacerse cargo este mismo departamento de esos contratos? No obstante, en cuanto a lo laboral se refiere, es igual o peor con respecto a las “becas” directas de las universidades. Se realizan dos pagos al año, consignando el valor de 6 meses en cada pago, no les dan seguridad social pero sí exigen que los JC la paguen con el estipendio recibido.

Algunos pensarán que de todas formas les pagan bien y que cada cual verá cómo administra su dinero, pero esto elimina de tajo las posibilidades de ascenso social para los JC, porque no pueden acceder a ningún tipo de crédito por no tener un contrato laboral formal. Y claro está, cuando a Colfuturo se le solicita un certificado sobre la situación contractual del becario, expide una carta donde acota que el JC tiene un crédito condonable por 300 millones de pesos, ¿de verdad creen que ayudan con esa carta al JC para realizar algún tipo de transacción personal (entiéndase un contrato de arrendamiento, una cuenta bancaria, un crédito de vivienda o de cualquier otra cosa)?

Finalmente, como demarca un artículo de la Revista Semana** “En la actualidad el país tiene 6,6 doctores por millón de habitantes. Tiene que quintuplicar esa cifra en cuatro años si quiere igualar el promedio de América Latina, de 38 por millón”. Por lo tanto, si de verdad Colombia está pensando en llegar a esa cifra, una de las primeras cosas que debe hacer es aclarar el tipo de país que requerimos para reducir los altos niveles de desigualdad social que nos caracterizan, que proyecto productivo soportará este objetivo y, por tanto, los doctores que liderarán la consecución de tales retos. Y ahí, en ese diseño de un país otro, estará la pregunta por dónde y en qué vincular a estos científicos. Ya está demostrado que los profesionales con doctorado tienen cabida en la industria, por ejemplo en la del agro, que Colombia urge desarrollar y, claro está, en el sector tecnológico tan retrasado en nuestro país. Así las cosas, está claro que es necesario la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología.

*Employment crisis' for new Ph.D.s is an illusion,
http://www.sciencemag.org/careers/2016/05/employment-crisis-new-phds-illusion [En línea], consultado el 18 de Junio de 2016.

**Pocos doctores en un país de doctores http://www.semana.com/vida-moderna/articulo/colombia-tiene-pocos-profesionales-con-doctorado/450828-3 [En línea], consultado el 18 de Junio de 2016.

Información adicional

  • Autor:Christian Sarmiento
  • País:Colombia
  • Región:Sudamérica
  • Fuente:Desde Abajo
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