Martes, 02 Septiembre 2008 19:00

La marcha de la dignidad en el Valle del Cauca. ¡Hay hambre!

Escrito por Equipo desde abajo
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Conscientes de esta realidad, y de todos los riesgos que extiende para una protesta como la que lideran, se preparan para una nueva jornada, la misma que los llevará a Palmira, ciudad distante 24 kilómetros de Cali. El recorrido a realizar no será el previamente definido, pues la ciudad está militarizada. Antes de partir se recuerdan los riesgos a los cuales se enfrentan, se expone la importancia de tomar medidas de precaución, al igual que la importancia de no permitir que el desánimo gane espacio por este tipo de provocaciones.



Con esta claridad, y tras haber saboreado el desayuno, el coliseo del colegio Santa Librada quedó desocupado, no sin antes proceder a su limpieza. Este centro de enseñanza fue testigo de las vivencias y experiencias que se compartieron durante dos días.

Salieron las chivas alrededor de las 12:00 del día, precisamente en el momento en que el sol calentaba con inclemencia, suavizado por una tibia brisa que soplaba y aligeraba el sofocante ambiente. Adelante, los marchantes, con las pancartas enarboladas y las consignas calientes en las gargantas que protagonizarán la protesta del día.  

Comenzó la algarabía. Mujeres, hombres, jóvenes llenos de ánimo entonaban consignas:

–¡Contra el hambre y la pobreza!–, profería una voz favorecida por un megáfono.

–¡Movilización nacional!–, respondían como una sola voz todo el grupo humano.

Estas y otras consignas se coreaban. Los caminantes fueron desde el colegio Santa Librada, atravesando calles y avenidas principales de la ciudad. Llegaron al centro, luego al Centro Administrativo Municipal, para finalmente salir, poco a poco, de la tercera ciudad más grande de Colombia, la misma urbe que el día anterior había sido atravesada casi en su totalidad por cientos de hombres y mujeres decididos a evidenciar que en Colombia la injusticia es galopante, y sus consecuencias son inocultables en miles de hogares.



A la salida, los rostros reflejaban cansancio, los pies cierta torpeza, pues las ampollas ganan espacio e impiden que el paso sea firme. No obstante, todos afrontaron la nueva ruta con decisión. Tras unos pocos kilómetros de recorrido, una vez atravesado el puente sobre el río Cauca, el monocultivo de la caña de azúcar aparece de nuevo. Los ojos tratan de encontrar otro vegetal sembrado pero se cansa de surcar el horizonte sin resultado positivo. Son cientos de hectáreas sin vivienda alguna alrededor, solamente fábricas e ingenios.



Más adelante, a la entrada de Palmira, las pancartas se estiraron de nuevo, todos y todas se organizan con prontitud y refuerzan su paso para lograr su cometido: Palmira. La plaza principal es el sitio de acción, presencia, denuncia, para luego dirigirse al Coliseo de la municipalidad, sonde se llevan a cabo reuniones con otras organizaciones sociales. Allí se pasa la noche.

Buga


El 2 de septiembre se retoma la ruta, esta vez hacia el municipio de Buga. El recorrido bordea las fábricas de alimentos y otros productos. Allí se compartirán experiencias con habitantes de la región y se pernoctará, hasta el día siguiente, el cual espera a los caminantes con un nuevo objeto: Tulúa.

La Marcha por el hambre, la pobreza y las políticas injustas de vivienda, avanza, tomando resonancia en las regiones por donde pasa. Cada habitante de pueblo o ciudad mira lo que sucede con indiferencia, curiosidad o aceptación. Lo cierto es que el hambre y la pobreza están lejos de ser un problema de periferia, o una realidad que se lleva con resignación. En Colombia se empieza a romper el silencio.

Por: Julián Carreño
enviado especial desde abajo

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