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Martes, 16 Agosto 2016 18:57

Reto mayor para deconstruir y transformar realidades de desigualdad y exclusión social

Escrito por Ernesto Córdoba Nieto
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Reto mayor para deconstruir y transformar realidades de desigualdad y exclusión social

Motivación.

En días pasados a media mañana volví a transitar por calles del centro de nuestra ciudad capital con el ánimo de recrear miradas bibliográficas en librerías y procurar el trabajo “ Buscando un INCA” del pensador peruano Alberto Flórez Castillo. Pero Infortunadamente lo que me topé en dicha corta correría fue el acrecentado dantesco escenario que emerge como impronta de la mezquina y degradada realidad social, económica y política consuetudinaria que prevalece y la cual se adorna por un cierto tapiz humano desgarrado sobre las aceras y andenes de aquellos hoy llamados eufemísticamente “ Habitantes de Calle”. Esta punzante y trágica realidad humana es proceso tangible y faz irreductible como juez supremo del inviable y deformado cuerpo estructural de poder y desempeño del statu-quo en nuestro país

Con el impacto emocional y mental por tanta tragedia humana inocultable recordé una lejana lectura que había realizado de la obra del pensador colombiano HERNANDO TÉLLEZ en el contexto de Literatura y Sociedad “ Glosas precedidas de notas sobre la conciencia burguesa”, publicada por la editorial Antares de Bogotá en los años cincuenta.

Como profesor universitario y como ser humano considero vigente compartir algunos extractos del citado autor pertinentes sobre el asunto arriba bosquejado y condensados en “Naturaleza viva”, desplegados a continuación

“[...] Nadie los ha convocado. Pero ellos aparecen ahí, instalados como auténticos reyes miserables en el centro de la palpitación urbana, venidos quién sabe de qué simas del basurero social, de qué interminables noches de lodo y de ventisca, de hambre y de suciedad...La ciudad ha estado incubándolos inmemorialmente en una lenta y porfiada tarea de geología social. Son los deshechos, los desperdicios del sistema, la escoria inútil, el material inservible de cuya monstruosa y vergonzosa inferioridad la sociedad siente, a veces, una sobrecogedora vergüenza o una súbita indignación o un asco estético o una congoja filantrópica. Las otras innumerables miserias, los otros innumerables dolores que acumula la ciudad, no se muestran tan impúdicamente ni de manera tan explícita y concreta. Pero esta miseria de miserias, resulta de una soberbia impertinencia en el orden burgués de la sociedad. Esta miseria en harapos, en llagas, en muñones, que se arrastra por la vía pública, que pone un cerco eventual a la indiferencia o a la generosidad del ciudadano, viene acompañando y decorando el cuadro histórico del orden social. Veinte siglos de cristianismo la deja intacta como la dejaron intacta los siglos paganos. Nada prevalece contra ella. Y lo extraño es que no tiene, específicamente, verdadera personería en los estrados de la historia. Es una categoría de la podredumbre y del desamparo sociales, señalada apenas como una excrecencia natural que la sociedad acepta en compensación de un determinado orden, de una determinada jerarquía de valores, de un sistema determinado. Los mendigos (y menesterosos) están, siempre, en el último tramo, en el último fondo del cuadro, y sólo provisionalmente avanzan al primero cuando la historia les ofrece una oportunidad de revancha. Como su destino ha sido, hasta ahora, invencible ellos parecen inmortales. Ningún poder político, ningún sistema económico, ningún orden religioso consigue absorberlos, digerirlos, asimilarlos, disimularlos o extirparlos. Con los mismos harapos y las mismas desnudeces y la misma infecta llaga y la misma noche caída sobre las pupilas y el mismo secreto rencor disimulado por la misma astuta humildad, están, desde siempre, instalados en la corriente histórica. Son invencibles, irreductibles, inconquistables. Toda sociedad los abomina porque toda sociedad sabe que son el residuo secretado por su propia inequidad. Su presencia en la historia se halla garantizada como ninguna otra porque ellos mismos implican una justificación y una explicación de todo poder. Por eso son anteriores a Cristo y posteriores a él. Son anteriores a Mahoma y posteriores a él. Son anteriores a Marx y posteriores a él. Han resistido, victoriosos en su indigencia, el paso de todas las formas políticas, económicas, sociales y religiosas del Estado y de la Sociedad. Han resistido, incólumes, los asaltos que a sus frágiles fortalezas de andrajos promueve la caridad cristiana, el Estado aristocrático, la sociedad burguesa y democrática, la sociedad colectivizada, la libre empresa, las variadas agrupaciones filantrópicas y beneficiencia. Están en Homero, en Teucídides, en la Biblia, en el Renacimiento, en la Edad Moderna ( y acrecentados en la actual Edad Globalizada Posmoderna Neoliberal)...

Como expresión particular del cuadro patético de la alienación y de la mendicidad y de la indigencia social se puede evidenciar también en Nueva York de una manera automática, técnica, administrativa, taylorizada... Algunos no exigen. Otros solicitan (y muchos apropian), casi sin palabras, casi sin gestos, abierta o clandestinamente, una especie de colaboración cívica a la organización y buena marcha de la mendicidad (y de la alienación de los hoy eufemísticamente denominados habitantes de la calle)... Su miseria es gris, anodina, equitativa e igualitaria, y ella produce también la sensación de que ha sido fabricada en serie bajo el patrón de un solo modelo económico (y proyectada hoy como una realidad aumentada por la aguda y integral depredación del neoliberalismo globalizado con visible centro del poder financiero y militar)... ... Pero los mendigos de Nueva York no se han dejado vencer todavía por la prosperidad del país más rico de la tierra. Dentro del orden democrático, confían aún en el milagro de la Cenicienta. Y, así, se colocan disciplinadamente en la cola a la espera del milagro correspondiente... Los de Bogotá, como los de Nápoles, como los de tantas otras ciudades del mundo cristiano y no cristiano, (pero con modelo capitalista presente y dominante), carecen de los azares y peligros de la clandestinidad. Son dueños y señores de su destino y del oficio que ese destino comporta y que la organización social les prepara. Son verdaderamente libres para servir de testimonio sobre la magnanimidad del sistema social, el vigor de la tradición española y los primores del color local.. Acechantes y famélicos constituyen la decoración urbana del horror... Pero la ciudad no consigue eliminar sus pequeños y grandes monstruos. No puede devorar sus secretas legiones de mendicantes, de indigentes habitantes de la calle, sus equipos de miserables, sus comparsas de andrajosos porque son hijos legítimos suyos, su propia y biológica excrecencia, la prueba de su crueldad inmanente y la demostración de que hay un orden social (económico, político y cultural) que los produce y los merece“.

Nota final

El recordado y vigente cuadro dantesco de inequidad y exclusión social que recrea el pasaje arriba reseñado del formidable escrito de TELLEZ HERNANDO coloca como prioritario y fundamental el resarcimiento y validación de la libertad cierta y de los derechos humanos para la vida digna y plena, tanto en el presente como en el futuro. Esta es la cuestión cierta de la materialidad de la PAZ, y no simplemente dislocada por un discurso pasajero y almibarado de una supuesta paz pequeña y plebiscitaria a la medida mezquina del establecimiento y que busca apuntalar por muchas décadas más el statu-quo degradante y violento que hemos soportado, mediante el juego o ardid de un simple SI (Santos el hábil pero cuestionado por los imborrables falsos positivos) o un NO (el punzante otrora de la seguridad democrática tipo Furibe) ya que son cara y sello de la misma moneda en favor del sistema prevalente de dominio y exclusión, y se reduce más bien a que algo cambie para que todo siga igual de “mal en peor” en nuestro país.

Además, el asunto de la libertad y de la dignidad plenas como simiente única y real para el vivir bien y la realización humana en el presente y en el largo plazo no se atiende ni resuelve con pasajeras disquisiciones sobre la razón y el mito, ni mucho menos con consejas de adocenamiento e inclinación de la cerviz para obtener algún pingue resultado


Pertinente consignar que las meras frases encantadoras y discursivas sobre posconflicto son pálido atisbo para la superación del asunto mayor que se manifiesta en la permanente e inacabable violencia silenciosa (social, económica, política, cultural, castrense), pues es el real conflicto que soportan y reflejan los menesterosos, los excluidos y los candorosamente denominados como habitantes de la calle, amén de la creciente y extensiva depredación de toda nuestra riqueza biodiversa en favor del centro de poder foráneo. Ante este estado de realidades y complejidades Se debe construir y contraponer con UN ALTERNATIVO SI ORGANICO ROTUNDO para la superación y abolición del inequitativo y excluyente dominante poder, y traducido a su vez en UN ALTERNATIVO NO ROTUNDO a la profunda y global barbarie que ha engendrado el modo capitalista de destrucción, aniquilación y enajenación en todos los ordenes . Es mirar el presente pero al largo plazo con visión diversa humana sostenible y fraternal, y apañando las expresiones todas del pensamiento y del conocimiento en esta fecunda empresa ética y estética de compromiso cierto y perdurable por nuestro ser y nuestra natura

 

Por Por Ernesto Córdoba Nieto
Profesor Titular Universidad Nacional de Colombia

Bogotá, agosto 15 de 2016, Ciudad Universitaria UN

Información adicional

  • Autor:Ernesto Córdoba Nieto
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
Visto 1173 vecesModificado por última vez en Martes, 16 Agosto 2016 19:05

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