Jueves, 29 Septiembre 2016 15:24

Los Acuerdos, las firmas y los medios de comunicación

Escrito por Allan Enrique Bolívar
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Los Acuerdos, las firmas y los medios de comunicación

 

En medio de un sorprendente despliegue de medios de comunicación nacionales y extranjeros, la  presencia del Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, El Rey de España, el Ministro de relaciones Exteriores de Noruega y 13 mandatarios de la región[1], se firmó el “Acuerdo Final Para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera” entre el presidente Juan Manuel Santos y el jefe máximo de las Farc–Ep, Rodrigo Londoño Echeverri. El momento donde se desarrolló el evento, así como los discursos pronunciados en él, abren la posibilidad al análisis y la interpretación de lo sucedido. Avanza a pasos gigantes la paz que seguirá siendo transmitida.

 

El momento no pudo ser más oportuno. Una semana antes que los/as connacionales vayan a las urnas para ungir en legitimidad los acuerdos suscritos entre el Gobierno y las Farc, en el Centro de Convenciones de la ciudad de Cartagena tuvo lugar un evento –preparado para las cámaras– en el que el Presidente de la República y el jefe máximo de las Farc estamparon sus rubricas sellando los compromisos contraidos en el Acuerdo Final de paz acordado en La Habana.

Mientras esto sucedía, en el monumento de los Zapatos Viejos, contiguo al Castillo de San Felipe de Barajas, se desarrollaba una manifestación protagonizada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el recién destituido procurador Alejandro Ordoñez; congregados junto a ellos, una pequeña multitud de fervientes seguidores del “No” para protestar contra los acuerdos, y lo que denominaron “derroche” por parte del Gobierno al realizar el acto para la firma de los acuerdos.

Ante el acercamiento de la fecha plebiscitaria, para que la ciudadanía refrende o rechace los acuerdos de paz, se encona la polarización del país y las estrategias mediáticas orientadas a promocionar una u otra posición. Se mueven eufóricos los tacómetros de la “opinión pública” mientras tiene lugar la disputa electoral más recia de los últimos años, la misma que lleva consigo un frenesí de estrategias y acciones orientadas a movilizar favorabilidades, ganar adeptos y conquistar votos para el próximo dos de octubre.

Los discursos pronunciados en el contexto de la firma de los acuerdos de paz dan cuenta de una movilización efectiva de recursos y medios de comunicación a favor del “SÍ” por parte del Gobierno, además de una desmedida insuflación de expectativas en torno a “una paz” incapaz de acabar con la guerra, alterar de manera significativa la estructura política y el funcionamiento del sistema económico que impera en Colombia.

Entregar información fidedigna, establecer claridades sobre lo acordado y sus verdaderos alcances, una responsabilidad olvidada por la mayoría de medios de comunicación, indica que estos mismos acuerdos ahora han quedado convertidos en simple objeto publicitario, en propaganda con la cual están generando falsas expectativas entre la población, al “venderle” un Sí empaquetado en la imagen de un futuro sin conflictos sociales, con prosperidad y felicidad para todos.

Se saludan los acuerdos, el silenciamiento de los fusiles y la apertura de un nuevo periodo en la historia de Colombia, pero las luces deben enfocar los grandilocuentes discursos que hablan más o callan menos de la cuenta, abonando el terreno para una paz susceptible de convertirse en desilusión.

Las negrillas y las cursivas son del autor.


Luces, cámaras, acción: los discursos en la firma de los acuerdos de paz.

 

 

Rodrigo Londoño Echeverri, habla en clave de paz.

* “Mis primeras palabras tras la firma de este acuerdo final van dirigidas al pueblo de Colombia, pueblo bondadoso que siempre soñó con este día, pueblo bendito que nunca abandonó la esperanza de construir la patria del futuro, donde las nuevas generaciones, es decir, nuestros hijos y nuestros nietos, nuestras mujeres y hombres puedan vivir en paz, democracia, dignidad, por los siglos de los siglos”.

Bien puede darse la licencia el comandante de las Farc de suponer que unos de los anhelos del pueblo de Colombia, considerando el torbellino de guerras fratricidas desencadenadas desde el triunfo de la Independencia, es la paz. Pero es muy prodigo cuando se otorga la libertad de suponer que ese día, mientras se firmaban los acuerdos, es el mismo en que comienza a construirse lo que denomina la “patria del futuro”. ¿Cuál es el tipo de democracia de la que habla Rodrigo Londoño? ¿Una diferente a la creada por la Constitución del 91? ¿Cómo es la dignidad a la que se refiere? ¿Cuáles serán par nuestros ciudadanos las libertades, valores, derechos, que alimentarán tal dignidad?

* “Con el acuerdo que hoy suscribimos aspiramos a poner punto final en Colombia a la larga historia de luchas y enfrentamientos continuos que han desangrado nuestra patria como destino cruel y fatal desde tempranas épocas”.

La continuidad de los procesos de confrontación desde los albores de la Independencia, ha sido verificada por la historiografía nacional. Pero no es factible que las Farc aspiren a poner el punto final “a la larga historia de luchas y enfrentamientos continuos [...]”, pues la confrontación que protagonizaron con el Estado colombiano desde el año de 1964, no fue la síntesis, tampoco ha sido representativa de todos los conflictos desatados en el territorio nacional. Al llevar a cabo esta afirmación, el comandante de las Farc extiende más allá de lo prudente el espectro de su lucha armada contra el Estado en Colombia.

* “No obstante, jamás podrá borrarse de la historia que durante más de treinta años cada proceso de paz significó un logro de la insurgencia y los sectores populares que lo exigían y por tanto tenemos pleno derecho a declarar como una victoria de éstos la suscripción de este acuerdo final por el presidente Juan Manuel Santos y la comandancia de las Farc-Ep. Siendo igualmente justos, hay que decir que este tratado de paz es también una victoria de la sociedad colombiana en su conjunto”.

Reconocida posición de la izquierda armada en Colombia, la de proyectar los beneficios particulares de sus acuerdos como una materialización de la voluntad de los sectores populares a quien asumen representar. Sí se supone que en efecto la insurgencia del M-19 fue capaz de representar “al pueblo” mediante sus parlamentarios y su participación en la Asamblea Nacional Constituyente que promulgó la Constitución Política de 1991, debería reconocerse al proceso liderado por esta organización (desde la presidencia de la propia Asamblea) como el más incidente en términos de representación. Este tratado de paz, al igual que los anteriores procesos truncados entre el Gobierno y Farc, así como otros desarrollados con organizaciones tales como el EPL, la Corriente de Renovación Socialista (CRS) y el Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL), entre otros, no constituyen triunfos ni victorias para la sociedad colombiana en su conjunto. Este acuerdo no lo es, al menos por tres motivos: 1. la sociedad en su conjunto no encomendó, a la lucha armada de las Farc-Ep, la transformación de la realidad; 2. No es claro como su organización política-militar, su doctrina e ideología, hayan sido capaces de representar) la “voluntad popular”, el “poder del pueblo”, el “clamor de los oprimidos” (asumiendo que existan).; 3. La indiferencia, el rechazo, incluso el odio surgido entre extensos sectores de la población hacía las Farc, granjeado por acciones erráticas en el escenario del conflicto armado, así como por un intenso accionar de los medios de comunicación al servicio del Estado, permiten inferir que sí la población apoya el proceso de desarme, y la reintegración de las Farc, esto no significa, necesariamente, que la apoye en términos políticos, que sea capaz de depositar en ellos su confianza a través del sistema electoral.

 

* “Con el acuerdo final se ha dado un trascendental paso adelante en la búsqueda de un país diferente comprometiéndose a una Reforma Rural Integral para contribuir a la transformación estructural del campo, promoverá una participación política denominada apertura democrática, para construir la paz con la que se busca ampliar y profundizar la democracia”.

Algunas de las reformas para el campo, por incorporar según el Acuerdo Final, como la disponibilidad de un fondo de tres millones de hectáreas de tierra para asegurar la tenencia, la construcción de obras de infraestructura (vial, riego, eléctrica, conectividad), la ampliación de la asesoría técnica, el aseguramiento de mercados para productos agrícolas y la implementación de sistemas de seguridad alimentaria, de ser implementadas, podrían mejorar efectivamente las condiciones económicas de muchas poblaciones rurales en Colombia. Sin embargo, la Reforma Rural Integral promovida con los acuerdos es incapaz de: alterar las relaciones de tenencia de la tierra, que siguen permitiendo la existencia del latifundio; blindar los territorios campesinos de su apropiación por parte del capital nacional y extranjero; asegurar la soberanía alimentaria[2] en extensas regiones en el país. Hablan las Farc más con el deseo que con la razón, las reformas propuestas son del mismo cuño que las múltiples realizadas durante el siglo XX: formalizar la tenencia de la tierra adquirida, incorporar las nuevas propiedades al catastro nacional (tributación), introducir a cuentagotas transformaciones que mejoren la habitabilidad y productividad del campo. No se hace una transformación estructural sin modificar las relaciones de tenencia. Al respecto: Muchos pensaban que los latifundistas serían expropiados, pero este programa pudo haber sido concebido por el Banco Mundial”, comenta Günter Knieß, exembajador de Alemania en Colombia (2012-2016)”[3].

 

En cuanto a la apertura democrática:

El Acuerdo Final suscrito en La Habana no incluyó la redacción de los puntos mínimos del estatuto para los medios políticos que se declaren en oposición, a cambio: “Tras la firma del Acuerdo Final, los partidos y movimientos políticos con personería jurídica, serán convocados en una Comisión para definir los lineamientos del estatuto de garantías para los partidos y movimientos políticos que se declaren en oposición”. El sistema de seguridad a Cargo del Gobierno: “[…] el Gobierno Nacional pondrá en marcha un Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política [...]”, así como también a su cargo las garantías a los movimientos sociales: “[…] el Gobierno Nacional elaborará un proyecto de ley de garantías y promoción de la participación ciudadana y de otras actividades”. No es solo lo anterior, el Gobierno definirá para ampliar las garantías en la movilización y la protesta social: “[...] las medidas y ajustes normativos necesarios con base en los criterios que abajo se enuncian, y los demás que se acuerden en el marco de una comisión especial [...]”. Este es el tamaño de la apertura democrática que alegan las Farc introduce el acuerdo de “Participación política: apertura democrática para construir la paz”, una apertura democrática que tampoco es capaz de introducir medidas efectivas para el combate del clientelismo, como practica social y política que alimenta la corrupción, que deja intacto el Con greso de la

a intacto el Con greso de la R soporte de su dominio tracional.o cual dan cuenta las desapariciones, torturas, asesinatos a manRepública y demás instancias del poder central, soporte de la exclusión y de su dominio tradicional.

* “De algo sí estamos bien seguros, si este acuerdo final no deja satisfechos a algunos sectores de las clases pudientes del país, en cambio representa una bocanada de aire fresco para los más pobres de Colombia, invisibles durante siglos y para los jóvenes en cuyas manos se encuentra el futuro de la patria, las cuales serán la primera generación de nacionales que crece en medio de la paz”.

El acuerdo no es una bocanada de aire para los más pobres del país: constituye un importante aporte a la disminución de la violencia y el gasto público del Estado en su seguridad, pero no hay una concatenación lógica entre tales disposiciones y el mejoramiento efectivo de las condiciones de vida de millones de connacionales que habitan tugurios en decenas de municipios del país. De concretarse los acuerdos, la generación que está empezando a nacer y crecer sería la primera que viviría bajo el cielo de Colombia sin el conflicto entre el Estado y las Farc-Ep, pero no es muy acertado decir que esto equivale precisamente a la paz ¿Y si no hay acuerdo entre el Gobierno y el ELN? ¿Y si no logran silenciarse los fusiles de los grupos paramilitares?

* “Donde quiera que en adelante plante sus pies un antiguo combatiente de las Farc–Ep pueden tener la seguridad de encontrar a una persona decente, serena, inclinada al dialógo y la persuasión, a una persona dispuesta a perdonar, sencilla, desprendida y solidaria, a una persona amiga de los niños, de los humildes y ansiosa de trabajar por un nuevo país de modo pacifico”.

La anterior constituye una lectura retórica del guerrillero de las Farc-Ep sobre los hombres bajo su mando. Se estima que en los procesos de paz precedentes en el mundo, entre el 15% y 30% de los combatientes miembros de grupos armados que suscriben acuerdos de DDR, reinciden en actividades delictivas o regresan a su condición de alzados en armas[4]. Aunque esto no es precisamente lo esperado en el caso del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc, es prudente considerar estos porcentajes para ponderar la afirmación. Por otro lado, la actividad armada prolongada se encuentra relacionada con trastornos psicológicos que inciden en el comportamiento, en el desenvolvimiento social de los individuos, cuando abandonan la guerra. Algunos de estos trastornos han sido suficientemente estudiados y descritos por la literatura académica y no son ajenos a los combatientes de Farc, allende su grado de politización o su postura ideológica. Los predicamentos optimistas y en clave de lisonja sobre la tropa, deben ponderarse por las contingencias que impone a los individuos la experiencia de la guerra en el proceso de reintegración.

* “Colombia espera ahora que gracias a la necesaria disminución del gasto público destinado a la guerra que deberá traer el fin de la confrontación y el consecuente aumento de la inversión social, nunca jamás, ni en La Guajira, ni en el Chocó, ni en ningún otro espacio del territorio nacional,tengan por qué seguir muriendo niños y niñas de hambre, desnutrición o enfermedades curables”.

Suposición ligera, orientada a cuestionar al gobierno nacional. La frase representa uno de los meollos del posacuerdo: la posibilidad latente de que la necesaria disminución del gasto público destinado a la guerra no revierta en un incremento de la inversión social. Más allá de toda especulación, la próxima reforma tributaria –que esquilma más el bolsillo popular–, así como el manejo proyectado para el Presupuesto Nacional durante la vigencia 2017, que reduce la inversión social e incrementa la destinada a las Fuerzas Armadas, no parecen sembrar la semilla de ningún cambio.

* “Hemos coronado por la vía del dialogo el fin del más largo conflicto de hemisferio occidental, somos los colombianos y colombianos, por tanto, un ejemplo para el mundo”.

El conflicto más largo del hemisferio occidental se encuentra en Colombia, pero no es protagonizado exclusivamente por las Farc. El conflicto armado en Colombia es una disputa que se mantendrá viva por la confrontación del Estado colombiano contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN), agrupación insurgente con la que aún no despegan los diálogos de paz. En tanto ésta permanezca como organización armada que disputa el monopolio del uso de la fuerza al Estado, y se enfrenta a él ejerciendo el control territorial, no podrá hablarse que el conflicto ha terminado. Sin embargo, en los discursos de guerrilleros, y miembros del Gobierno, parece que esta guerrilla hubiera dejado de existir, sus apreciaciones sobre el fin del conflicto y de la guerra parecen no tener en cuenta que en las selvas sigue agitándose esta insurgencia.

* “Que Dios bendiga a Colombia, se acabó la guerra, estamos empezando a construir la paz”.

Es raro escuchar a un comunista convocar a Dios, pero ese es uno de los efectos que tiene la retórica: decir lo que no se admite. Actuar así poco ayuda a educar a la sociedad colombiana, mucho menos a politizarla con una lectura alterna de la realdiad.

 

La guerra disminuyó su intensidad, pero no ha terminado. El Estado colombiano sigue enfrentando a múltiples actores armados que desafían su dominio y control sobre la totalidad del territorio nacional.

Juan Manuel Santos: la paz, el futuro, el desarrollo.

* “Lo que firmamos hoy luego de años de negociaciones serias, discretas, difíciles, es algo más que el acuerdo entre el Gobierno y una guerrilla para terminar un Conflicto Armado, lo que firmamos hoy es una declaración del pueblo colombiano ante el mundo de que nos cansamos de la guerra, de que no aceptamos la violencia como medio para defender las ideas, de que decimos fuerte y claro: ¡No más guerra! No más la guerra que nos dejó cientos de miles de muertos, millones de víctimas y desplazados y tantas, tantas heridas que tenemos que comenzar a sanar”.

El Presidente de la República aboga al imaginario del “pueblo colombiano” para decir que está diciendo al mundo que se cansó de la guerra, que no acepta la violencia como mecanismo para la solución de las divergencias, que quiere la paz y no la guerra. Apela al pueblo, al igual que el comandante de las Farc, para decir por boca de todos lo que no tendría suficiente fuerza al salir de la propia. Un artilugio orientado a reforzar su posición, y a crear la imagen de que los acuerdos fueron suscritos por la voluntad conjunta de la nación.

* “No más la guerra que nos dejó cientos de miles de muertos, millones de víctimas y desplazados, y tantas, tantas heridas que tenemos que comenzar a sanar. No más intolerancia que nos exige doblegar o excluir al otro por el solo hecho de pensar diferente, no más la violencia que sembró atraso, pobreza y desigualdad en campos y ciudades y que ha sido un freno al desarrollo de Colombia y al aprovechamiento de todo su potencial. Este es el clamor de Colombia y esta es la decisión de Colombia”.

La guerra y la violencia, de acuerdo a esta afirmación del Presidente, son las causa del atraso, de la pobreza, de la desigualdad, ¿Acaso no es ella precisamente su consecuencia? Esta sencilla frase lleva consigo una inversión de la historia, una flagrante contravención a muchas de las tesis esbozadas en la reconocida Contribución al Entendimiento del Conflicto Armado en Colombia, elaborada por la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas. De manera similar, el Presidente supone la guerra como freno al desarrollo, pero ¿De qué tipo de desarrollo está hablando? ¿En qué consiste? ¿Quiénes son los protagonistas y beneficiarios del mismo? ¿Al acabar la guerra, se acabará el atraso, la pobreza y la desigualdad en Colombia? ¿Sucederá realmente esto?

* “Hoy quiero, en este contexto de apertura a la paz, hacer un homenaje sincero, desde el fondo del Corazón, a todos los héroes de las Fuerzas Armadas de nuestro país que han combatido con honor para defender la tranquilidad y seguridad de los colombianos. Gracias soldados y policías de Colombia porque su sacrificio, su valor, nos condujeron hasta este gran día”.

Lisonja presidencial. Llama con el apelativo más exaltante posible a los miembros de las Fuerzas Armadas. No es cierto que ellos hayan combatido con honor y mucho menos que lo hayan hecho para defender la tranquilidad y seguridad de “todos” los colombianos. Combatieron durante décadas para defender la supervivencia e inmutabilidad del Estado, el régimen de  apropiación y dominio que privilegia a un tipo peculiar de ciudadano por encima de todos los demás. Y no fueron pocas las ocasiones en que actuaron sin honor, de lo cual dan cuenta las desapariciones, torturas, asesinatos a mansalva, los mal llamados falsos positivos, etcétera. Otro intento más del Presidente por comulgar con la Fuerzas Armadas, sin cuya fidelidad hubiera sido imposible suscribir estos acuerdos de paz, sin cuyo sacrificio hubiera sido imposible que alcanzara la presidencia luego de que su tío abuelo lo hubiese sido en 1938, y que su familia conservara desde la Independencia una posición de preeminencia social y poder.

* “Y también quiero rendir homenaje a los millones de víctimas inocentes, a los defensores de derechos humanos, a las comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas a tantas mujeres y madres que en medio de las lágrimas, abonaron el camino hacia la paz, ¡no más jóvenes sacrificados!, ¡no más muertos!, ¡No más jóvenes mutilados por una guerra absurda, ni soldados, ni policías, ni campesinos, ni guerrilleros! Las nuevas generaciones de Colombia destinarán sus energías a promover el desarrollo y la felicidad del país. Eso es lo que merecen y eso es lo que vamos a hacer a partir de hoy”.

Los defensores de derechos humanos, miembros de comunidades indígenas y campesinas a los cuales Santos pretende rendir un homenaje, continúan siendo asesinados en áreas de alta conflictividad (Consultar: https://www.desdeabajo.info/colombia/item/29614-lideres-indigenas-y-campesinos-asesinados-en-la-antesala-de-la-paz.html). Proteger sus vidas y salvaguardar su libertad es el mejor de los homenajes que puede rendirse a estos integrantes de sectores populares, nombrados en un discurso que sorprende por lo incluyente cuando se necesitan votos por el “Sí”. Para profundo pesar, miles de jóvenes seguirán sacrificándose en la ciudad, muriendo, siendo encarcelados, sí acaso el Estado sigue insistiendo en promover su estilo particular de desarrollo en el que muchos de nuestros hermanos quedan relegados a la miseria, el abandono y la marginación.

* “Señor Rodrigo Londoño y miembros de las Farc, hoy cuando emprenden su camino de regreso a la sociedad, cuando comienzan su tránsito a convertirse en un movimiento político sin armas, siguiendo las reglas de justicia, verdad y reparación contenidas en el acuerdo, como jefe de Estado de la patria que todos amamos, les doy la bienvenida a la democracia. Cambiar las balas por los votos, las armas por las ideas, es la decisión más valiente y más inteligente que puede tomar cualquier grupo subversivo y enbuena hora ustedes entendieron el llamado de la Historia”.

Según el Presidente, la Historia (la escrita con mayúscula) hace un llamado inexorable: a cambiar las balas por votos, las armas por las ideas, pero ¿cuál es esta historia de la que habla Santos? Las historias de los insurgentes que han enfrentado a gobierno, y los sistemas políticos en que están soportados, siendo incapaces de romper su ordenamiento, acabar sus sistemas de dominio, y prácticas de opresión, acumulación y exclusión. Entonces, son bienvenidos nuevamente a la democracia imperante, aquella que otorga vida y legitimidad al sistema que no pudieron derribar, para asumir la descomunal empresa de intentar cambiarlo desde dentr,o en condición de asimetría de fuerzas y poder. ¿Podrán algún día lograrlo, incluso si pueden “gobernar”?

* “Este es un acuerdo que nos permitirá llevar más desarrollo y más bienestar a los campesinos de Colombia que fueron los que más sufrieron las consecuencias del conflicto. Es un acuerdo que nos ayudará a fortalecer nuestra democracia y nuestro sistema electoral y participativo, es un acuerdo que hará más efectiva la lucha del Estado contra el narcotráfico y que nos ayudará a sustituir miles de hectáreas de coca por cultivos legales de la mano de las comunidades. Es un acuerdo que tendrá dividendos muy positivos en la lucha por la protección del medio ambiente y de nuestros recursos naturales”.

En efecto, uno de las principales ambiciones de los acuerdos consiste en mejorar las condiciones del campo en Colombia. No puede desconocerse que de implementarse muchas de sus medidas, aunque no constituyan una reforma estructural, pueden ayudar a mejorar las condiciones de vida de los habitantes del país rural. Sin embargo, no explica el Presidente cuál es el tipo de desarrollo que pretende llevarles hasta sus regiones, cómo es que puede mejorarse la democracia, y el sistema electoral en que se afirma, sin modificar su algoritmo base, cómo es posible proteger los recursos naturales si los acuerdos están siendo la antesala de un intereses exacerbado de multinacionales extractoras por “invertir” en el país.

* “Este es el acuerdo que suscribimos hoy ante nuestros compatriotas y ante el mundo entero, y que los colombianos en menos de una semana tendrán la oportunidad de refrendar en las urnas para darle la máxima legitimidad posible, con su voto, con su voto el próximo domingo dos de octubre podremos dejar atrás un futuro triste y abrirle las puertas a un futuro mejor con alegría y optimismo. Con su voto cada colombiano tendrá un poder inmenso, el poder de salvar vidas, el poder de dejarles a sus hijos un país tranquilo donde crezcan sin miedo, el poder de ayudar a los campesinos despojados a que regresen al campo, el poder de atraer más inversión al país y por consiguiente más empleo. Los Colombianos escogerán el próximo domingo entre el sufrimiento del pasado y la esperanza del futuro, entre las lágrimas del conflicto y la tranquilidad de la convivencia, entre la pobreza que deja la guerra y las oportunidades de la paz”.

Esta afirmación fue una propaganda directa a favor del Sí por parte del Presidente. Una propaganda que recurre a una imagen literaria del plebiscito que lo asemeja a un brebaje mágico capaz de conducirnos a un futuro alegre para todos, capaz de otorgar poderes alquímicos a cada colombiano para suspender las muertes, legar a los hijos un país en paz, devolver lo usurpado a los despojados, el poder de traer el dinero del extranjero para ser prósperos en Colombia y poder trabajar gracias a él. Presenta el Presidente el plebiscito bajo dualidades antitéticas de fácil resolución: sufrimiento o esperanza, lágrimas o tranquilidad, pobreza u oportunidades. Una evidente trivialización del proceso que oculta entre la insuflación de sus virtudes las falencias del mismo, potenciando el desdén y la desilusión que podrían experimentar millones de Colombianos ante una paz que será incapaz de generar en los años venideros un mejoramiento objetivo de las condiciones materiales de vida de las mayorías. El quid del asunto no radica, por supuesto, en que los acuerdos sean incapaces de hacerlo, radica en el hecho que el Presidente los está publicitando como tal.

* “Colombianos, nadie ha dicho que el fin del conflicto sea el final de todos los problemas de nuestra nación, claro que no, nos quedan muchos temas por trabajar, muchísimos retos por vencer, pero lo haremos mucho mejor sin el obstáculo, sin el freno de una guerra absurda que consumía nuestros recursos y nos impedía tener presencia activa en todo el territorio nacional, cuántos recursos de la guerra podremos dedicar a hora a la educación, a la salud, a los programas sociales a la seguridad ciudadana, cuántas vidas se salvarán, ¡cuántas vidas se salvarán!, ese solo hecho justifica este acuerdo de paz, cuánto más podremos invertir en nuestro campo y en nuestros campesinos que por fin podrán retornar a sus parcelas, cuánta inversión extranjera llegará, cuantos turistas deseosos de conocer las maravillas de nuestra Patria [..]”.

Aunque se reconoce de manera explícita que con el “fin del conflicto” o para ser precisos, con el fin de un conflicto hay todavía mucho por hacer, no cesa de mostrarse como la solución de algunos de los más importantes. Es por ello que la educación, salud, programas sociales y seguridad ciudadana, temas álgidos en el debate, podrán solucionarse con el dinero que quede de la guerra. Como si fuese poco, para ponerle la cereza al pastel: se volcará al país la inversión extranjera (con sus reconocidos y comprobados réditos), y turistas del primer mundo deseosos de conocer las maravillas que yacen en Colombia. La Historia nos obliga a preguntar, ¿Sucedió esto en países con similar orientaciones políticas y económicas que Colombia, en los cuales no tuvo lugar un conflicto de semejante envergadura y prolongación? ¿Sucedió en aquellas naciones hermanas que lograron pactar la paz a finales de los ochenta y principios de los noventas, mientras conservaron el mismo modelo económico que aquí nunca estuvo sobre la mesa de La Habana? Más allá del deseo, de la esperanza infundada, ¿Cuáles son los determinantes, las singularidades que podrían conducir a nuestra patria por un destino disímil al de los demás?


[1]          Raúl Castro, Michele Bachellet, Nicolás Maduro, Rafael correa, Salvador Sánchez (Presidente de El Salvador), Horacio cartes (Paraguay), Enrique peña nieto, Jimmy Morales (Guatemala), Luis Guillermo Solís (Costa Rica), Pedro Pablo Kuczynski, Mauricio Macri, Juan Carlos Varela (Panamá), Danilo Medina Sánchez (República Dominicana).

[2]    Otros actores, como ONG y organizaciones de la sociedad civil, ampliaron el concepto y acuñaron el término de soberanía alimentaria. De acuerdo con The Six Pillars of Food Sovereignty, developed at Nyéléni, 2007 (Food Secure Canada, 2012), la soberanía alimentaria descansa sobre seis pilares: 1. Se centra en alimentos para los pueblos: a) Pone la necesidad de alimentación de las personas en el centro de las políticas. b) Insiste en que la comida es algo más que una mercancía. 2. Pone en valor a los proveedores de alimentos: a) Apoya modos de vida sostenibles. b) Respeta el trabajo de todos los proveedores de alimentos. 3. Localiza los sistemas alimentarios: a) Reduce la distancia entre proveedores y consumidores de alimentos. b) Rechaza el dumping y la asistencia alimentaria inapropiada. c) Resiste la dependencia de corporaciones remotas e irresponsables. 4. Sitúa el control a nivel local: a) Lugares de control están en manos de proveedores locales de alimentos. b) Reconoce la necesidad de habitar y compartir territorios. c) Rechaza la privatización de los recursos naturales. 5. Promueve el conocimiento y las habilidades: a) Se basa en los conocimientos tradicionales. b) Utiliza la investigación para apoyar y transmitir este conocimiento a generaciones futuras. c) Rechaza las tecnologías que atentan contra los sistemas alimentarios locales. 6. Es compatible con la naturaleza: a) Maximiza las contribuciones de los ecosistemas. b) mejora la capacidad de recuperación. c) Rechaza el uso intensivo de energías de monocultivo industrializado y demás métodos destructivos. Tomado de: Seguridad y Soberanía alimentaria (Documento base para discusión). Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la  agricultura (FAO), 2013.

 

Información adicional

  • Antetítulo:La paz que seguirá siendo transmitida
  • Autor:Allan Enrique Bolivar
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:desdeabajo
Visto 1293 vecesModificado por última vez en Jueves, 29 Septiembre 2016 16:04

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