Domingo, 14 Septiembre 2008 19:00

Los retos de una ciudad amenazada por la especulación. Bogotá

Escrito por M.G. Magil
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Una ciudad como Bogotá requiere una institución como la que sugiero, para poder manejar los requerimientos culturales de las 20 localidades. Lo inte­resante sería que este Instituto estuviera orientado por los propios artistas, una dirección realizada por consenso entre los consejos culturales de la ciudad y los colectivos de artistas que quieran participar de la consulta. Cómo es po­sible que la actividad cultural de la ciudad dependa de una fundación como la Alzate Avendaño, y no del Distrito; igual ocurre con lo escénico y musical que depende del visto bueno de la Filarmónica. Los trabajadores de la cultura me­recen un mejor trato, un espacio en la ciudad para administrar su trabajo.


Más allá de si se salió favorecido en las convocatorias un proyecto (que por cierto son una cantidad de papeles para unos pocos pesos, que es mejor buscár­selos por otro lado), lo importante de un Idac, es que evitaría tanta trami­tología, al contratar directamente con los artistas o sus representantes. Sería un gran regalo a la ciudad, más a sus artistas que han ido dejando espa­cios culturales dispersos en los barrios, algunos sobreviviendo a cuentagotas y en condiciones nada fáciles a ciertas edades. Si bien ha sido importante la Ley del Teatro, la del cine, la música… Una urbe como Bogotá requiere con ur­gencia este centro resguardador de las artes y sus artistas.


Tengo entendido que para este objetivo está destinada la Casa de San Francisco, antiguas instalaciones de la Gobernación de Cundinamarca, y con seguridad que al contar la ciudad con un Instituto de Cultura enaltecerá el nombre de la edificación, y desde allí tramitemos la vida cultural de la ciudad y de los interesados en dinamizar la vida artística, cultural y recreativa en Bacata. Que no todo sea esmeraldas y traquetos en la vida de la ciudad.


Es una necesidad que la capital cuente con una institución de estas carac­terísticas e igual sucede con el deporte, que de por sí cuenta con buenas insta­laciones. Pero más allá de lo que representa tal salto cualitativo para la capital, lo que realmente se lograría es proyectar el máximo espíritu creativo y colectivo de una ciudad, porque es a partir de sus artistas que se consigue una identidad cultural. El sincretismo y la diversidad cultural convergen en Bogotá, y dinamiza la idea de ciudad culta, sólo falta la una institución como estas.


El síndrome Barcelonés

 

Suena todo tan bonito que hasta pensaría en una ciudad europea como Barcelona o París, por ejemplo, pero tal parece que aquí imitáramos lo peor de la evolución de esas ciudades, que cada vez se hacen más inalcanzables al bolsillo de nuestra devaluada economía. Podemos comenzar a apreciar tal afirmación con lo que viene sucediendo desde hace varias administraciones y los Planes de Desarrollo para el Distrito Capital, propuesta originaria de re­forma administrativa, gestada y pensada desde el Banco Interamericano de Desarrollo, promovida en la primera alcaldía de Antanas Mockus y que fue perfeccionada en las subsiguientes administraciones (Bromberg, Peñalosa, Mockus) y que Lucho simplemente maquilló con el cuento social de la Bogotá sin hambre, pero en realidad le siguió trabajando a lo mismo: una ciudad donde la gente del común, no tiene derechos al centro. Es así como firma en diciembre la tercera fase de Transmilenio, sin consultar a los afectados, cual capataz con capacidad de decisión en la finca de su amo. En ocasiones la soberbia arruina al ser humano, y más cuando éste es un arribista por convicción, al servicio del neoliberalismo y de quien sea.


Fue lo que ocurrió con la Barcelona Olímpica y el Forum de las Culturas, el trasfondo de todo aquello era la pura y dura especulación inmobiliaria, en que fueron desplazados miles de gitanos y emigrantes; la diferencia es que allí al menos les pagaban bien, algo que en la administración distrital, a través del Idu, lo que pretende es pagar a precio de huevo y según ‘registro topográfico’, los predios afectados por Transmilenio. El Plan Centro de la ciudad, segura­mente si se mira más a fondo, se encontrará que hay algo de lo mismo a lo que ocurrió en Barcelona. Lo grave de todo es que en la reestructuración de la ciudad a quienes menos se está teniendo en cuenta es al ciudadano de a pie, a los afectados del desplazamiento legalmente autorizado por ‘expropiación administrativa’. Es duro el desalojo cuando no se puede responder con la renta, o los asfixiantes Uvr de la estafa hipotecaria (llámese Upac); es más duro cuando ese desalojo lo realiza una expropiación leonina donde unos se van y otros se quedan. ¿Cómo así? El trabajo sucio lo hace el Idu, expropia a cuenta de unas obras que están al servicio de la especulación inmobiliaria y el transporte publico privado de los que lo montaron.  


Con el cuento de la expropiación administrativa y por el bien común, ‘desplazan’ a los habitantes del centro pagándoles mucho menos de lo que realmente valen los predios, llevándose por delante reliquias republicanas. Con lo que pagan por una casa de estas, sus propietarios no pueden ni comprarse un apartamento, y de hacerlo es en el extrarradio de la ciudad; es o no es ‘despla­zamiento forzado’ lo que hace el Idu. No es lo mismo una casa en el centro de la ciudad que en el extrarradio; reconsideren el precio a pagar a los propietarios de las casas afectadas, si es que son inevitables dichas obras.

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