Sábado, 26 Noviembre 2016 06:39

Una vez más, sobre los resultados del 2 de octubre*

Escrito por “Tertulias Eclécticas”,
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Una vez más, sobre los resultados del 2 de octubre*

Si bien la paz tiene un amplio espectro de definiciones teóricas dentro de un variado número de contextos, es sin duda, un referente amplio y determinante del orden democrático, la justicia social, y los procesos de construcción del tejido social que buscan el porvenir y desarrollo de las sociedades. La paz dentro del contexto de una sociedad, como la colombiana, no debe ser solo un derecho de obligatoria búsqueda y cumplimiento del Estado y de todos los colombianos, tal cual lo establece el artículo 22 de la Constitución Política de Colombia de 1991, sino que además debe establecer un marco de soluciones para los malogrados conflictos históricos, y a futuro, un nuevo orden social, caracterizado por amplias oportunidades de transformación positiva de nuestros propios conflictos, garantizando de esta manera prevenir el caos y la incertidumbre de épocas pasadas.


Es por ello que el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) establecieron un acuerdo de paz que busca superar, en parte, la triste y dantesca historia de Colombia, a partir de la construcción de una nueva propuesta que implica nuevas relaciones sociales y políticas, nuevas lógicas de justicia, nuevos imaginarios de sociedad y, sobre todo, nuevas lógicas para hacer de los conflictos una transformación en pro del bienestar y del desarrollo social en Colombia.


En el contexto nacional, la paz, para muchas víctimas, podría significar el silenciamiento de fusiles, como una oportunidad para la vida y la tranquilidad emocional de miles de personas que han padecido la guerra, entendiendo que en cualquier acuerdo para el fin del conflicto armado estas son y deben ser el principal actor y la columna vertebral de los acuerdos. Por esta razón es loable y plausible el beneficio innegable y tangible del desescalamiento del conflicto armado suscitado por los acuerdos de paz, ya que según los informes del Centro de Recursos para el Análisis del Conflicto (CERAC), en el periodo de monitoreo comprendido entre julio del 2015 y agosto del 2016, la confrontación armada interna, entre el Gobierno Nacional y las FARC, ha tenido casi una completa reducción , hecho que se traduce en una contribución a la vida como primer derecho fundamental e inviolable de la Constitución Política de Colombia de 1991. En adición a esto, se han registrado disminuciones en los desplazamientos, desapariciones, violaciones de todo tipo y en la negación de derechos como seres humanos. Sin embargo, es claro que la paz estable y duradera no solo se da con el callar de los fusiles, está se da mediante un trabajo mancomunado entre el Estado y la sociedad civil , para buscar entre ambos, proyectos históricos que nos movilicen al logro de objetivos comunes como sociedad, objetivos que nos ayuden a superar los letargos sociales, políticos y económicos ocasionados por los problemas estructurales de nuestra historia.


Aunque la paz es un ideal inalcanzable para los seres humanos, la potencia de ese ideal radica, en que nos permite diagnosticar la situación y el estado en que se encuentran los derechos fundamentales en que se edifica la convivencia humana- buena salud, trabajo digno, buen sistema educativo, respeto a la posición política e ideológica, respeto a la posición religiosa y no religiosa, entre otros- promulgados por nuestra actual Constitución Políticay por la Declaración Universal de los Derechos Humanos .


Después de conocer –a través de los boletines electorales que emitió la Registraduría Nacional del Estado Civil– el resultado del plebiscito que consultaba la opinión y la decisión de los colombianos sobre las bondades (o no) del acuerdo político para terminar más de 52 años de conflicto armado entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC – EP) - evento realizado el 2 de octubre de 2016 – y, con ello, si avalaban o no, que dichos acuerdos se incorporaran al ordenamiento constitucional que nos rige desde 1991 (jurídico, político, sociocultural y económico); una diversidad de voces –tal como es el país real, o el país nacional – se han levantado a lo largo y ancho de nuestro territorio, para que una luz en el firmamento de nuestros conflictos no se extinga como consecuencia del resultado mayoritario que rechazó esos acuerdos (representado en un margen de diferencia con respecto a la votación del Sí en un 0, 4%) .


Si bien, una mayoría de colombianos rechazó en las urnas ese acuerdo político – así sea por una pequeña cantidad de votantes-, eso no significa que todo lo acordado en estos cuatro años de discusiones y esfuerzos (2012–2016), se deban tirar al bote de la basura como si se tirara un envase o un papel que ya no tiene utilidad. Por el contrario, vemos que este resultado abrió la posibilidad de sumar ideas, propuestas y voces de muchos sectores de la sociedad colombiana -tanto urbanas como rurales-, que no habían sido tenidas en cuenta; en unos casos, por la forma en que el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC habían diseñado la forma en que se realizaría ese acuerdo y, en otros, por la desidia y la amnesia en que han estado sumidos muchos colombianos con respecto a los acontecimientos políticos, sociales y económicos que nos marcan como sociedad y como país en nuestro diario vivir.


Y es, desde esto último que acabamos de plantear, en donde vemos lo positivo de un resultado que en las urnas, impide cerrar ese conflicto armado entre el Estado colombiano representado por el Gobierno de Juan Manuel Santos (2010–2014, 2014 – 2018) y el grupo subversivo de las FARC. Este resultado –sin que el más precavido de los mortales en nuestro país se lo imaginara-, abrió la posibilidad de romper la amnesia en que habían permanecido sectores de la población colombiana con la historia, con la política, con la realidad y con el futuro que una mayoría de hombres y mujeres quiere para el país. Sectores indiferentes y atrapados por la abulia hacia los acontecimientos políticos –signo de lo que hemos sido como sociedad y como país -, con ese resultado que negaba el acuerdo, se despertaron a través de pronunciamientos y movilizaciones que le exigen al país politiquero y clientelista, al país politiquero de la trama y el contubernio, al país politiquero de las prebendas, al país politiquero del cálculo para pescar en rio revuelto, que esta vez, las cosas son a otro precio. Que hay otros tiempos, que hay otros sujetos y otros ciudadanos; que el país de hoy, no es el país de una población sumisa, alienada y alineada a los dos partidos políticos tradicionales que se han repartido el poder en Colombia como a bien se les ha dado la gana; que el país de hoy, es un país con una pluralidad de voces y de presencias – incluso, de ausencias -; es un país de hombres y de mujeres diversos en su cultura, en lo social y en lo político; es un país que se levanta, para no dejar escapar la posibilidad y el sueño de avanzar en la solución política – y no militar y represiva – de uno de los tantos conflictos que tiene el país.


En ese mar de voces que hoy se levantan por todo el país –a raíz de los resultados del plebiscito-, ha sido gratificante presenciar el sentido de pertenencia y el sentimiento de artistas, de científicos, de víctimas, de adolescentes, de niñas y niños, de organizaciones y movimientos políticos, de organizaciones de derechos humanos, de sectores empresariales, de organizaciones agrarias y campesinas, de grupos étnicos (afrodescendientes e indígenas), de organizaciones estudiantiles universitarias, entre otras; diciéndoles al país político , al país nacional y al país politiquero y clientelista, que esta luz, una luz en medio del firmamento estrellado que significa este acuerdo político entre el Estado colombiano y las FARC, no se dejará extinguir.


Para todo proceso de construcción de paz-tal como lo hemos venido expresando-, es vital la participación activa y propositiva de la sociedad civil como el canal movilizador que marcará la hoja de ruta para la consecución, no solo del acuerdo de paz con las FARC-EP, sino también con otros procesos de paz que contribuyan al anhelo colectivo de transformación positiva que queremos para un nuevo país. Es claro que, como sociedad civil, y en el ejercicio de una real democracia, debemos ser conscientes y responsables del significado social y político, de cara a lo que implican las negociaciones y acuerdos de paz en las actuales realidades y contextos nacionales. Por lo tanto, es necesario–incluso, casi que obligatorio-, que cada colombiano o grupos de colombianos aporten, en gran medida o marginalmente, elementos de juicio positivo, bajo la construcción de la confianza y la esperanza, a todo aquello que implique garantías de desarrollo colectivo, tal cual los establecen los acuerdos de paz.


Es por ello que el grupo de mujeres y hombres que hacen parte del proyecto ciudadano “Tertulias Eclécticas” en la comunas 12 y 13 de la ciudad de Medellín – unas voces anónimas pero presentes y en pie de lucha para que ese acuerdo político llegue a buen puerto-, se suma con esta reflexión, al sentir de esa pluralidad de voces que hoy se han levantado para exigirle a quienes en sus manos tienen hoy en el país esa porción de poder –necesaria en los actuales momentos-, que el acuerdo político a que han llegado el Estado colombiano y las FARC en estos cuatro años, se incorpore a nuestro ordenamiento constitucional.

Bibliografía y Cibergrafía utilizada para apoyar este ensayo


Serrano Gómez, Enrique. Filosofía del conflicto político: Necesidad y contingencia del orden social. México, D.F: Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Miguel Ángel Porrúa, librero-editor, 2001.
Declaración Universal de Derechos Humanos: Edición conmemorativa 40 aniversario. San José, Costa Rica: Instituto Interamericano de Derechos Humanos. Proyecto Educación y Derechos Humanos, 1988.
Entrevista de la periodista Cecilia Orozco Tascon a la escultora Doris Salcedo, a raíz de la obra de arte realizada en la Plaza de Bolívar de la ciudad de Bogotá el 4 de octubre de 2016 denominada “Sumando Ausencias”. Bogotá, D.C: Diario El Espectador, edición del Domingo 16 de octubre de 2016.

http://blog.cerac.org.co/monitor-de-desescalamiento-del-conflicto-armado-interno-en-colombia-6
http://plebiscito.registraduria.gov.co/99PL/DPLZZZZZZZZZZZZZZZZZ_L1.htm

*Voz del grupo “Tertulias Eclécticas” en torno a los resultados del Plebiscito celebrado el 2 de octubre de 2016 para refrendar los acuerdos políticos entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC–EP)

Responsables y voceros de este comunicado en nombre del grupo “Tertulias Eclécticas”,
Cristian Camilo Marín C.
Cédula de ciudadanía:1017134834
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Celular: 312 5645096
Abad García Orozco
Cédula de ciudadanía: 98493059
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Celular: 304 6738552

Información adicional

  • Autor:“Tertulias Eclécticas”,
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:“Tertulias Eclécticas”,
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