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Miércoles, 19 Julio 2017 18:31

Política de papel... de papel moneda.

Escrito por Felipe Martínez Ángel
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Política de papel... de papel moneda.

Dice el conocido refrán que a caballo regalado no se le mira el colmillo. Eso mismo debieron pensar el presidente Santos y su opositor Oscar Iván Zuluaga en la campaña electoral del 2014 cuando los funcionarios de la constructora Odebrecht, a través de su “Departamento de Operaciones Estructurales”, les propusieron financiar parte de sus campañas presidenciales.


El dinero no aparece de la nada, es la respuesta, seguramente, ante las gestiones de ambas campañas para asegurarse los recursos necesarios para vencer en las justas –¡en igualdad de condiciones!, como reza la norma.


Cuatro años han trascurrido desde aquellas intrigas político-financieras, donde quedaba amarrado el gobierno –bajo la administración que fuera– a otorgarle ventajas en las licitaciones de diversidad de obras para mejorar o crear infraestructura a la empresa brasileña. Y solamente ahora, por filtraciones provenientes desde el gobierno de los Estados Unidos, en su disputa por contener el crecimiento económico y político de Brasil, es que nuestra sociedad se entera de algo que todo el mundo sospecha o da por echo: las campañas electorales contaron con financiación espuria.


Así lo confirmó el pasado 13 de julio la Fiscalía General de la Nación, al dirigirle al Consejo Nacional Electoral, en vísperas del vencimiento de términos para esta investigación, un conjunto de pruebas que confirman este hecho: ambas campañas violaron las normas que prometieron respetar y defender, ambas campañas, con sus candidatos a la cabeza, son la expresión meridiana de la podredumbre que carcome a la democracia realmente existente en las sociedades capitalistas, ambas campañas –con sus candidatos a la cabeza– son la expresión de un poder que funciona de espaldas a la sociedad, en procura de sus intereses y los de su clase y, por tanto, en contra de las mayorías nacionales.


La tajada para la campaña del hoy Presidente fue de un millón de dólares, ingresados a través de la sociedad panameña Paddington y la empresa colombiana Sancho BBDO, quienes realizarían una encuesta de opinión pública en las principales ciudades del país. Por su lado Zuluaga legaliza la entrada de su rebanada de 1,6 millones de dólares por medio de un contrato de publicidad a cargo del publicista brasileño Duda Mendonça.
Las dos campañas violaron normas y códigos y una de ellas ganó, recibiendo el legado de administrar el país, ¿lo ha hecho con los mismos criterios y ética que rigieron su campaña a la presidencia? De ello no hay duda: por siglos las clases dominantes se han valido de todo tipo de artimañas, componendas, intrigas, armas, etcétera, para acceder y controlar el poder, el cual termina siendo el instrumento para concretar todos sus intereses y los de su clase, por lo cual siempre han gobernado de espaldas y en contra de los intereses de las mayorías de cada país.


¿Tiene solución esto? ¿Es posible que la democracia realmente esté al servicio del pueblo? Experiencias como la Comuna de París en el siglo XIX y el funcionamiento de los Soviets en los orígenes de la revolución rusa indican que la única manera de que así sea es que el ejercicio del gobierno sea un asunto cada vez más colectivo, abierto a la supervisión de toda la sociedad, en cuya acción el funcionario que hace las veces de Presidente asuma que es un objeto temporal de un proceso público, no indispensable ni eterno, por lo tanto, que tales funciones administrativas deben ser rotatorias, en un ejercicio de funciones donde la política termina siendo un instrumento colectivo para que la sociedad toda asuma en sus manos la discusión, diseño y definición última de todos aquellos asuntos que le competen. Es decir, una política para politizar, para movilizar, para comprometer, para integrar el cuerpo social en tanto todos sus integrantes entienden que su opinión y voto es decisivo para el bienestar de todos y no de unos pocos. Y no como sucede ahora, una política para aislar, desmotivar, desmovilizar, sembrar escepticismo, ocultar, engañar.


Mientras la democracia realmente existente vive este giro, presenciamos y estamos atentos a las maniobras de las agencias de espionaje estadounidenses para destruir el proyecto brasileño de potencia regional. Maniobras, que como en el caso del brujo que al conjurar sus hechizos y desatar todo tipo de energías pierde el control sobre los mismos, que van descabezando, además de todos aquellos a quienes están dirigidas sus energías, también a los aliados temporales y/o ocasionales: en Argentina Macri está en la mira, en México diversos funcionarios de primer orden también, en Perú dos expresidentes andan a las escondidas y uno más pasó a prisión. Y en Colombia Santos también está enfocado, mientras el principal candidato del Centro Democrático teme que su carrera presidencial está descarrilada.


Así, con intrigas y filtraciones, el gobierno del Norte vuelve y recompone las piezas de su geopolítica regional, situando en su justo nivel a cada una de sus “aliados”, “amigos”, recordándole a todos y cada uno de ellos que están bajo su dominio, y que no está dispuesto a perder el control de su territorio regional –su patio trasero–. Muchos golpes de Estado, duros o suaves, está dispuesto a propiciar o concretar para que tal doctrina no pase al olvido.


En ese juego, ¿qué pasará con Santos y con el Centro Democrático?

Información adicional

  • Antetítulo:Odebrecht y el gobierno de Colombia
  • Autor:Felipe Martínez Ángel
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:desdeabajo
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