Lunes, 27 Octubre 2008 15:09

Colombia, Minga indígena: Disputa de poderes

Escrito por Equipo desde abajo
Valora este artículo
(0 votos)
“Vamos para Bogotá”. Tal y como lo habían anunciado días atrás, en caso de que Uribe no aceptara el diálogo propuesto, miles de indígenas que lideran la Minga nacional de resistencia decidieron este lunes 27 de octubre en asamblea general regresar a sus stierras, retomar fuerzas, juntar acopio, citar de nuevo al Presidente Uribe a La María para un dialogo el próximo domingo (noviembre 2), y si no acepta, marchar hacia Bogotá.

De esta manera, la disputa de poderes abierta con el Gobierno central llega al climax. Ayer domingo el presidente Uribe se negó a un diálogo directo con los miles de excluidos de siempre que le esperaron durante varias horas en el Centro Administrativo de Cali. Ahora los indígenas ahondan su iniciativa y amplían el reto para el Gobierno, el cual se expone a que con el paso del tiempo La Minga se transforme en un alzamiento popular de incalculables implicaciones.

Desprecio por los negados

“La silla del Presidente está vacía”, así lo ratificaron los líderes indígenas, luego del desplante del presidente Álvaro Uribe, quien no acudió a la cita programada para el domingo 26 octubre en el Centro Administrativo de Cali, en la cual se suponía se discutirían las demandas de tierra, buen nombre y otras levantadas por los habitantes originarios del país. En un evidente pulso de poderes el Presidente, quien viajó hasta Cali el mismo domingo, se concentró en las instalaciones de TelePacífico, el canal de televisión público del occidente del país, donde el teatro tiene capacidad para unas 350 personas. Los indígenas demandaban una discusión pública y con todos.

La pugna entre Uribe y los indígenas se hizo evidente desde el mismo día en que unos diez mil Nasa iniciaron la protesta, pues aunque fue invitado a trasladarse hasta La María para entablar un diálogo directo sobre la agenda de la protesta, la única respuesta recibida por los inconformes fue una masiva y descomunal represión que arrojó en los dos primeros días un asesinado y varias decenas de heridos a bala. La intensión era clara: impedir que la protesta se mantuviera.

Con el desaire y la represión como única respuesta, la movilización ganó nuevo aliento. Vocerías indígenas de todo el país comenzaron a llegar hasta el Cauca, pero también delegaciones sociales de mujeres, viviendistas, trabajadores, así como de Bolivia y Ecuador. Se concretaba de esta manera el primer logro de La Minga: estimular el descontento social, despertar la solidaridad con su causa y convertirse en un referente obligado de la resistencia social en Colombia.

Para este momento ya eran más de 15 mil. Tras una semana la cifra alcanzaba a 20 mil. El 26 de octubre, en Cali, la cifra ronda los 40 mil.

Maniobras de comediante

La discusión entre delgados de las partes para concertar la agenda y la metodología con que se desarrollaría el encuentro en Cali no llegaron a un acuerdo pleno. De los cinco puntos planteados por los indígenas se habían aceptado tres (derechos humanos, tierra, buen nombre). La propuesta de moderadores hecha por éstos tampoco fue aceptada (el Procurador General de la República, el padre Darío Echeverri y el gobernador del Resguardo La María). El sitio del encuentro tampoco fue aceptado por la Presidencia, quien arguyendo problemas de seguridad insistió en un recinto cerrado.

Por su parte los indígenas enfatizaban que la discusión era con todos los congregados en la Minga, además de precisar que si el Gobierno difundía que la Seguridad Democrática había dado tan buenos resultados entonces por qué reclamaba problemas de seguridad para concurrir al debate en cuestión.

Sin tiempo ni voluntad de la parte oficial para superar estas diferencias, los indígenas decidieron continuar con su plan. En efecto, el domingo 26, luego de marchar desde la Universidad del Valle, donde se concentraron después de varios días de caminar desde el Cauca, se reunieron en el Centro Administrativo. Allí, en tarima especialmente organizada para la ocasión, dispusieron también la silla para el primer mandatario. “Aquí lo esperamos” aseguraron los voceros de los pueblos indígenas.

Pero las horas pasaban y Uribe no se hacía presente. Mientras los cerca de 40 mil representantes de más doce pueblos indígenas, además de campesinos, afrocolombianos, estudiantes, trabajadores agrícolas de la caña y otros, aguardaban con paciencia, el Presidente se concentraba en explotar al máximo la liberación del ex congresista Oscar Tulio Lizcano.

Pero todo tiene un límite, sobre todo cuando hay dignidad. Luego de más de cuatro horas de espera, los indígenas decidieron levantarse del sitio y regresar a la Universidad del Valle. Tal vez conociendo este detalle, el Presidente decide ir al sitio “del encuentro”. El operativo militar levanta un anillo sobre la zona e impide que unos mil indígenas que aún faltaban por abandonar el lugar salgan de él. A ellos, y de manera provocativa, Uribe se dirige megáfono en mano. Todo un espectáculo.   

Los indígenas insisten en su voluntad de discutir con el Presidente y le dicen que el lunes 27 se reúnan en el estadio de fútbol de Cali. Éste no acepta y cita para el domingo 2 de noviembre en Popayán. Toda una puja de fuerzas. El Presidente juega a ella, dilatando, pues es muy difícil que 40 mil personas se sostengan por más tiempo. Ahora espera que la protesta se disuelva por falta de logística.

Madurez digna de pueblos en resistencia

Pero con la madurez de un movimiento de prolongada historia y cientos de batallas, su asamblea ha decidido retomar aire, fortalecerse en el territorio, persistir en el diálogo, y de no encontar contraparte, trasladar la disputa hasta el centro del poder, Bogotá. De ser así, La Minga se acercaría a la ciudad en una inmensa caravana que arrimaría ciudad tras ciudad, a decenas de poblados, realizando asambleas generales, discutiendo con los pobres, construyendo un plan y un programa general de lucha que serviría para superar la dispersión que hasta ahora caracteriza las luchas sociales en este país.

Reforma agraria integral, criminalización de las luchas sociales, salarios dignos, gobierno de nuevo tipo para todos los pobres del país, instancias, como el Congreso de los pueblos, para articular todas las luchas y resistencias en curso en Colombia, etcétera, son algunos de los aspectos que harían parte de la agenda por discutir en cada una de las estaciones que realice La Minga indígena y popular.

Ahora, la pelota está en el campo del Gobierno. ¿Se arriesgará a esperar el tamaño que tome esta bola de nieve?
Visto 940 vecesModificado por última vez en Martes, 28 Octubre 2008 07:39

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.