Domingo, 20 Mayo 2018 07:01

El fin del sueño cepalino

Escrito por Jorge Iván González
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El fin del sueño cepalino

El Fondo Monetario Internacional (FMI) terminó su evaluación del estado de la economía colombiana (1). El informe tiene una mirada estrecha, y no advierte sobre las dificultades estructurales.

 

Recordando a Prebisch


De acuerdo con el FMI la respuesta del país a la caída de los precios del petróleo sufrida en el 2014 fue exitosa. Dice, con entusiasmo, que el gobierno logró hacer una combinación adecuada de las “políticas de ajuste”. Y que el conjunto de medidas adoptado fue “sólido”. De manera muy tímida reconoce que “el aumento de la productividad en el sector no petrolero ha sido deficiente aun en los años de auge”. Es decir, el Informe apenas insinúa la enfermedad holandesa que llevó a la economía colombiana a la destrucción del sector agropecuario y a un debilitamiento de la industria. El FMI no dice claramente que la bonanza de los precios del petróleo y de los minerales no se sembró, y que la abundancia de recursos se tradujo en un incremento considerable de las importaciones que golpeó duramente la producción nacional.

En lugar de aprovechar la bonanza, el país acentuó su dependencia del petróleo y de los minerales. La estructura de las exportaciones se modificó de manera dramática. En el 2016 el petróleo y los minerales representan el 60,1 por ciento de las exportaciones totales. Y el café, las flores y otros productos agrícolas equivalían al 20,28 (2). La suma de ambos porcentajes es 80,38 por ciento, lo que significa que la economía colombiana se re-primarizó, y que los excedentes no sirvieron para generar dinámicas productivas endógenas, sino para aumentar la dependencia del sector externo. Esta estructura de la matriz exportadora es lamentable y, sin duda, es la mejor expresión del fracaso de la política económica. No se entiende, entonces, por qué las apreciaciones del FMI sobre la “solidez” de la economía colombiana. Los comentarios del Fondo son ligeros y llevan a pensar, de manera equivocada, que el país va por buen camino.


La situación actual es propicia para recordar con nostalgia los sueños cepalinos. A finales de los años cincuenta Raúl Prebisch (3) criticaba la división de la economía mundial entre dos tipos de países. Los del centro, industrializados, y los de la periférica, dedicados a la producción de bienes primarios. Para modificar esta situación proponía políticas económicas que le permitieran a los países periféricos ir disminuyendo la dependencia de bienes primarios, a medida que iban consolidando procesos industriales. Pensaba Prebisch que desde la periferia era posible estimular la industria de bienes de consumo durables (automóviles, neveras, lavadoras…). Estas ideas fueron incorporadas en el pensamiento de la Cepal. Se podía avanzar hacia la industrialización si se consolidaban los mercados regionales, y si al interior de cada país se fortalecía la demanda interna. En Colombia Carlos Lleras (1966-1970) estimuló el Grupo Andino y, efectivamente, se avanzó en la exportación de bienes de consumo durables.


El panorama de aquellos días contrasta con la situación actual. Todo indica que el sueño cepalino ha llegado a su fin. Para Prebisch y Lleras la solidez de una economía está anclada en la consolidación de sus mercados internos y en la menor dependencia de los bienes primarios.
El FMI tampoco observa que los acuerdos que Colombia ha firmado con la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (Ocde), obligan a estimular el crecimiento verde. La tendencia del país, al depender del petróleo y de los minerales, va en sentido contrario. La mirada estrecha del FMI se explica porque su interés está centrado en los flujos financieros, y no en las condiciones de la economía real. Según el Fondo, Colombia está bien porque el tipo de cambio es “flexible” y porque “las abundantes reservas y el acuerdo en el marco de la Línea de Crédito Flexible (LCF) constituyen defensas solidas”. En otras palabras, la fortaleza de la economía colombiana estaría en la abundancia de reservas (47,6 miles de millones de dólares), en las expectativas de mayores ingresos por el reciente aumento de los precios del petróleo, y en la menor inflación.

Las alternativas propuestas por el FMI

Las referencias del FMI a las condiciones estructurales de la economía apenas son marginales. No hay señalas de alarma. Los mensajes son complacientes con las decisiones de la política económica. Con optimismo exagerado dice que “las perspectivas de Colombia son favorables”, y estima un crecimiento del 2,7 por ciento en el 2018. Solamente para recordar, en los años sesenta, por aquello días de la Cepal, el PIB colombiano crecía, en promedio, 5 por ciento año.
El Fondo considera que el país debe avanzar en tres direcciones: infraestructura, formalización y agilidad en los procesos de importación y exportación. Estos mensajes están descontextualizados y son la derivación lógica de un diagnóstico que es muy pobre cuando se le mira a la luz de un enfoque estructural.


Sin duda, es necesario consolidar la infraestructura y el transporte. Pero habría que preguntarse si la modalidad de financiación de los proyectos 4G es la más adecuada. En Colombia se sigue promoviendo la falsa idea que los peajes son suficientes para financiar la infraestructura. En realidad, no es posible consolidar la red de comunicaciones del país mediante peajes. Las autopistas de Europa y de los Estados Unidos no se construyeron con peajes sino con la riqueza de la sociedad, tal y como lo hizo Ecuador. En lugar de invertir los excedentes de las regalías en grandes proyectos estratégicos, Colombia las dispersó en miles de proyecticos sin ninguna visión de largo plazo. El tono del FMI muestra más preocupación por lograr los cierres financieros de los inversionistas privados, que por dinamizar el mercado interno.

El FMI piensa que es importante disminuir la informalidad, pero se equivoca en el análisis de sus determinantes. Piensa que hay una relación directa entre la reducción a los impuestos a la nómina y el aumento de la formalidad. Esta apreciación merece dos consideraciones. Primera, la noción de informalidad está cambiando, atrás va quedando el enfoque estructural (número de empleados, nivel de ingreso, tamaño del establecimiento…) para pasar a una mirada coyuntural: es formal quien cotiza a la seguridad social. Segunda, es imposible a través de modelos de regresión demostrar que la reducción de los impuestos a la nómina es el factor determinante del aumento de los cotizantes a la seguridad social. El FMI y el gobierno colombiana han construido un discurso sobre causalidades imposible de precisar. Y siguiendo esta lógica, el FMI propone que también se modifique el actual financiamiento de las Cajas de Compensación Familiar para que no dependen de las contribuciones sobre la nómina.


Considera el FMI que deben reducirse las barreras al comercio exterior. En su opinión siguen existiendo “múltiples barreras comerciales no arancelarias”. Es incomprensible que una entidad como el FMI no se pronuncie sobre las políticas proteccionistas del gobierno Trump. Estados Unidos ha puesto en tela de juicio la institucionalidad que se había creado alrededor de la Organización Mundial del Comercio (OMC). No tiene sentido hacer referencia a las políticas comerciales que debe poner en práctica un país como Colombia, sin analizar las implicaciones que tendrán las decisiones que está tomando Estados Unidos. La llamada “confianza inversionista” ha quedado por el piso con las decisiones unilaterales de los Estados Unidos.


El gasto público debe ser eficiente e incluyente


Al final del Informe se hacen consideraciones sobre el gasto público, proponiendo que sea más eficiente e inclusivo. El gobierno colombiano acaba de recibir el informe de la Comisión del Gasto y la Inversión Pública (4). El estudio de la Comisión también llega a la conclusión que es necesario mejorar la eficiencia del gasto. Pero va más allá, y muestra que aún si se avanza en esta dirección, es indispensable subir los impuestos.


En el diagnóstico de la Comisión es claro que Colombia tiene niveles de tributación y de gasto relativamente bajos, aún en comparación con otros países latinoamericanos. Es absolutamente necesario subir los impuestos si se quiere reducir el nivel de deuda pública. Y para que la política fiscal sea incluyente, la Comisión recomienda que el balance de impuestos y subsidios favorezca a los pobres. La política fiscal es equitativa si los ricos pagan impuestos y no reciben subsidios y si, al mismo tiempo, los pobres no pagan impuestos y reciben subsidios. En Colombia, dice la Comisión del Gasto, es claro que la política fiscal no es equitativa porque los subsidios que reciben los pobres se les quitan a través de impuestos como el IVA o el predial.


El FMI no se refiere al balance neto impuestos y subsidios, priorizado como un instrumento central de política pública, en informes recientes de la Cepal (5) y del World Economic Forum (6). El FMI no se atreva a afirmar que en Colombia los impuestos a la renta y al patrimonio son muy bajos. Tampoco llama la atención sobre la pírrica tributación al suelo. Y esta falta de claridad ha permitido que los candidatos presidenciales de derecha afirmen, sin ninguna vergüenza, que el sistema tributario colombiano es “confiscatorio”.


Una conclusión nostálgica


Es triste contrarrestar la profunda re-primarización de la economía colombiana con los sueños cepalinos que aspiraban a una mayor industrialización. El FMI en su visión miope, considera que la economía colombiana es “sólida” y que las medidas tomado son favorables. Esta mirada tan estrecha empobrece el debate, y es complaciente con una política económica que ha sido incapaz de avanzar en reformas estructurales.

 

1. Fondo Monetario Internacional –FMI–, Colombia: Declaración final del equipo de Fondo Monetario Internacional (FMI) al término de la Consulta del artículo IV de 2018, IMF, Washington.
2. Center For International Development At Harvard University, 2017, Atlas of Economic Complexity, Harvard University Press, Cambridge.
3. Prebisch, Raúl, “Commercial Policy In The Underdeveloped Countries”, American Economic Review, Vol. 49, Nº 2, mayo, 1959, pp. 251-273.
4. Comisión del gasto y la inversión pública, Informe final de la Comisión del Gasto y la Inversión Pública, Comisión del gasto y la Inversión pública, Ministerio de Hacienda, Fedesarrollo, 2017, Bogotá.
5. Comisión económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe, Cepal, Horizontes 2030. La Igualdad En El Centro Del Desarrollo Sostenible, 2016, Cepal, México.
6. World Economic Forum, The Inclusive Growth And Development Report 2017, World Economic Forum, Génova.

* Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo., 23 de abril de 2018

Información adicional

  • Antetítulo:A propósito del informe del FMI sobre Colombia
  • Autor:Jorge Iván González
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Le Monde diplomatique Nº177, edición Colombia
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