Miércoles, 29 Agosto 2018 07:53

Carta a mi hermano, prisionero y perseguido político por el Estado colombiano, tras su recaptura irregular

Escrito por Andrea Marcela Barrera Téllez
Valora este artículo
(1 Voto)
Carta a mi hermano, prisionero y perseguido político por el Estado colombiano, tras su recaptura irregular

Este 26 de agosto leí una frase que me alegró el corazón: “hace mucho no sabía lo que se sentía ser tan feliz”. Eso me escribió nuestra hermana tras saber que una juez había ordenado dejarte libre, a ti, al ser más extraordinario que la vida me regaló para crecer y aprender juntos. Y era verdad, hace tanto no podíamos decir que fuéramos realmente felices desde que la injusticia y la arbitrariedad se cernió sobre nuestras vidas desde hace ya más de un año. Ese viernes, a todos nos llegó un soplo inesperado de vida cuando sentimos que por fin una juez de la República, una funcionaria del Estado, actuaba en derecho y respetando el debido proceso, respetando tus derechos y los de todos ustedes. Su decisión, muy al contrario de lo que hemos vivido con otros jueces de garantías y de segunda instancia, no estuvo guiada por lecturas amañadas de la ley, por una interpretación sui géneris de la Constitución para permitir que los derechos fundamentales queden suspendidos para ustedes al antojo de una Fiscalía y una policía que quieren mostrarse como las más eficientes y transparentes del mundo, para tapar con mentiras y presiones la corrupción y los carteles que las atraviesan y que ya han llevado a varios de sus funcionarios, que de manzanas podridas no tienen ni el corazón, a la cárcel y hasta la extradición (solicitada por las mismas personas investigadas para que no las asesinen). Y ahora, hoy que debía ser un día maravilloso, lleno de reencuentros, de abrazos en la inmensidad de la libertad, nos encontramos sumidas en la tristeza y en la ira que desata la injusticia y el odio incomprensible. Hoy no pudiste tomarte un buen tinto que te estaba esperando, cargado de amor, en tu casa. Hoy no pudiste ir a reencontrarte con quienes te amamos. Hoy, después de que te dejaran libre, al mismo tiempo, sin que hubieras podido caminar sin tener a un policía al lado custodiándote, te capturaron de nuevo. Y otra vez comienzan las mentiras descaradas y los abusos. Y otra vez estamos unidas, todas sus familias, buscando las fuerzas entre todos. Porque cuando una empieza a desfallecer, a sentir ganas de llorar para nunca más parar, ahí está esa madre, esa hermana, ese padre o ese hermano de uno de tus amigos o de tus amigas para decirnos que entre todos podemos crear la fuerza cuando se nos está agotando. 

Tienes que saber que afuera nos mantenemos en pie por el amor que les tenemos, porque la certeza de que no vamos a permitir que las mentiras del Estado y su poder represor nos aplasten, nos mantiene en pie. Nos lo hemos dicho, abrazándonos bien fuerte, que no dejaremos de luchar con dignidad hasta que sean libres y su inocencia quede más que demostrada. Y así vamos, luchando contra esta realidad injusta que hace que la tristeza que nos carcome se tenga que enfrentar a la alegría y la fuerza que no desfallecen, que no se apagan y que, al contrario, se van haciendo más fuertes ante cada monstruosidad y atropello que cometen contra ustedes. Además, como dice la canción, “bestia triste es bestia mansa”. Así que, para nuestra fortuna, la tristeza no se ha apoderado de nosotras ni de ustedes.


Yo hoy maldigo, maldigo a quienes les están haciendo esto, a quienes para mostrar resultados se llevan por delante a personas inocentes, maldigo a quienes con tal de mantener sus puestos y su prestigio, los condenan al encierro, inventan mentiras y las presentan como pruebas que anuncian con bombos y platillos para luego nunca más hablar de ellas porque no las tienen y no las pueden mostrar. Pero qué más da. Ellos, con su odio infinito y teniendo por única preocupación el mantenimiento de su poder nauseabundo (e incluso de las migajas de ese poder que es lo que muchos de ellos tienen), no saben que no pueden dejarlos vacíos y vacías como quieren. Nadie les puede arrebatar el amor porque ahora lo sabemos como quizás nunca antes: nos sabemos vivas porque tenemos la certeza del amor.


Para quienes sin saber ni qué están diciendo afirman que su libertad sería una aberración de la justicia les decimos: aberrante es que haya un Estado que condena a sus ciudadanos inocentes al encierro, a una batalla constante para no desparecer en vida, que tiene como modus operandi privilegiado para desquitarse de quienes dicen no estar de acuerdo con su gobierno para unos pocos (poquísimos) el mandarlos a la cárcel y acusarlos con mentiras, que al saber que pueden ser libres porque es su derecho crean otro montaje y salen corriendo para que un juez les vuelva a dictar orden de captura. ¿Cómo se puede llamar al hecho de que el viernes les digan que son libres y que después de dejarlos en libertad los capturen en la puerta de la cárcel por un proceso que apareció mágicamente un día después de la decisión de la juez? ¿Que los estén procesando ahora por hechos -de los que nunca nos habían dicho nada- que supuestamente pasaron en febrero de este año en Medellín, cuando ustedes ya estaban en la cárcel en Bogotá? Montaje y crueldad. Ya no es solo que se inventen procesos y pruebas, sino que no están dispuestos a permitirnos sentir, ni un día, la tranquilidad de saber que no estamos luchando por demostrar su inocencia frente a un monstruo al que le importa un bledo la ley, aunque la usa todo el tiempo a su acomodo. Eso demuestra la bajeza y la suciedad con la que actúa el Estado y la miserableza que impulsa a algunos de sus funcionarios que no están dispuestos a permitir que nadie cuestione el orden que quieren imponer cueste lo que les cueste. ¿Por qué lo hacen? Algún día lo sabremos. ¿A quién encubren? Algún día lo sabremos. No vamos a desfallecer en esta búsqueda y en esta batalla. Pero no, que lo tengan claro, justicia no es encerrar a alguien para pasarlo por la picota pública (y por la Picota, que ya fue tu caso) por algo que no han hecho. Eso se llama, muy al contrario, maldad, infamia. Y la justicia, en cambio, pasará en este caso por que algún día todas y todos ustedes recobren la libertad, el Estado deje de pisotear sus derechos y haga lo que en realidad tiene que hacer que es buscar y encontrar a los verdaderos responsables de los hechos por los que las y los acusan, y no por montar procesos y pruebas para dar la sensación de que en el país todo anda muy bien. Hoy lo escuchaba de tu voz y no puede ser más cierto: nadie en este mundo más que nosotras quiere que la verdad de este caso salga a la luz porque ese día ustedes dejarán de ser tratados y tratadas como culpables por algo que no hicieron y se sabrá quiénes fueron los verdaderos responsables.


Palomita verte quiero… Y sé que nos veremos libres, volveremos a ser libres y en ese momento sí que volveremos a ser felices, enteramente felices. Por lo pronto, nos resguardamos en la alegría que nos produce el sabernos juntos, fortalecidos, unidos, dignos y, sobre todo, amados. No duden ni un instante del amor que les rodea porque es ese amor el que nos mueve a no callar, a correr, a gritar que inocentes son y libres les necesitamos.

 

Información adicional

  • Autor:Andrea Marcela Barrera Téllez
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Andrea Marcela Barrera Téllez
Visto 1423 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.