Miércoles, 05 Septiembre 2018 09:43

Erotizar el consentimiento

Escrito por COLECTIVO VENTE COMO ERES
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Erotizar el consentimiento

Si dices: “oye, ¿te gustaría tomar una taza de té?” y te responde: “¡oh, sí, por supuesto, me encantaría tomar una taza de té, gracias”, entonces sabes que aceptó la taza de té. Pero, si no quieren té, y esta es la parte importante, no hagas que se lo tomen.

 

Si dices: “¿Te gustaría una taza de té?” y te responden: “Mmm, no sabría decirte.” Entonces, puedes preparar el té sin saber si se lo van a tomar. Pero, si no quieren, y esta es la parte importante, no hagas que se lo tomen. Solo porque lo preparaste no tienes derecho a obligar a nadie a que se lo tome.

 

Si te responde: “no quiero, gracias”, ni siquiera prepares la taza de té. No lo hagas. No hagas que se lo tome. Tampoco te enojes con la persona si rechaza el té. Simplemente no lo quieren, ¿vale?

 

También puede pasar que te digan: “sí, por favor, eres muy amable”, y cuando esté en la mesa ya no quieran el té. Seguro que es molesto después del esfuerzo empleado en preparar el té, pero aun así no está obligado a tomarlo. Las personas cambian de opinión desde que hierve el agua, agregas el té, la leche y lo sirves. Querían. Ahora no. Está bien que las personas cambien de opinión. Aun así, no tienes derecho a obligarles a que se lo tomen.

 

Si se desmayan, no les prepares té. No quieren té. No pueden responder, están inconscientes. Bien, tal vez estaban conscientes cuando quisieron el té, pero mientras lo preparabas se desmayaron. Deja el té. Asegúrate de que la persona está bien. Y una vez más, no hagas que se tomen el té. Te dijeron que sí en ese momento, pero una persona inconsciente no quiere tomar té.

 

Imagina que la persona quiere té, lo toma, pero se desmaya antes de terminarlo. No le des más. Deja el té y asegúrate de que está bien. Porque la persona que está inconsciente no quiere té. Tenlo por aseguro.

 

Si alguien aceptó tomar té en tu casa el sábado pasado, no quiere decir que lo quiera todo el tiempo. Tampoco quieren que le visites de forma sorpresiva para tomar el té diciéndole: “pero sí querías té la semana pasada.” Mucho menos quieren despertar porque les estás dando de tomar té, diciéndole: “pero si querías té anoche”.

 

Si puedes entender lo ridículo que es forzar a alguien a que tome té cuando no lo quiere, y ser capaz de entender cuando la gente no quiere té… entonces, por qué es tan difícil entenderlo cuando se trata de tener sexo. Ya sea preparar té o tener sexo, el consentimiento lo es todo. (1)

 

Al comparar una propuesta de compartir té o cualquier otra cosa con tener sexo, se hace evidente la extraña concepción que solemos tener del sexo. Recordemos que el sexo se ha convertido en la norma jurídica como “deber conyugal” y si la jurisprudencia condena hoy el abuso sexual en las parejas, la línea del abuso termina siendo delgada.

 

Des-educarse

 

Nos educaron pensando que el acto sexual, en general entendido como coito (penetración del pene en la vagina), es prueba del amor, lo que ha podido llevar incluso a querer tener sexo para sentirse amados o amadas más que por gusto sexual. Cuántas veces una persona ha accedido a tener relaciones o prácticas sexuales, sin desearlas; porque tocaba o se pensaba que era lo que tenía que hacer para satisfacer a la otra persona. Al pensarlo, parece obvio que la falta de entusiasmo, de deseo o de voluntad clara de la otra persona debería quitarnos las ganas. Sin embargo, erotizar el consentimiento es un proceso que supone una toma de conciencia.

 

Preguntémonos, ¿cómo nos puede excitar una situación confusa en la que no se sabe si la otra persona está bien? Aunque hasta diga que sí o si dudamos que al día siguiente no se arrepienta. Todas estas situaciones fuera del consentimiento explícito y entusiasta deberían despertar nuestras alarmas.

 

Insistir, cuando la otra persona dijo que no, es otro de estos curiosos aprendizajes que debemos cuestionar. ¿Cómo puede ser que al tener a una persona que nos gusta o que amamos a nuestro lado, pero que en ese momento expresa la ausencia de deseo, sin tener que inventar excusas o explicitar motivos, nos invada una frustración tan grande que nos lleve a hacer sentir culpables la otra persona? ¿Por qué algunas personas sienten la necesidad de pedir disculpas por no tener ganas de sexo? ¿Por qué no imaginar un mundo en el cual la ausencia de deseo de la otra persona, automáticamente baje el nuestro?

 

Si salimos con ganas de comer hamburguesa con nuestra pareja, que prefiere ir a comer postre, lógicamente buscaremos un antojo común y no culparemos a nadie por querer comer hamburguesa o postre.

 

El consentimiento se valida y se puede revocar en cualquier momento. Tal vez bailamos delicioso, nos fuimos juntos a casa, nos besamos, nos acariciamos, pero una de las personas prefiere finalmente dormir, ¿por qué no nos podemos alegrar del delicioso baile, de las deliciosas caricias, y en cambio la frustración de una expectativa no cumplida nos trasnocha?

 

El mito de la agresión

 

Solemos imaginar la agresión sexual, incluso la violación, como un hecho perpetrado por seres malvados en callejones oscuros. Sin embargo, se estima que 75 por ciento de las agresiones sexuales son cometidas por un ser cercano con quien había algún grado de confianza. Y en muchos casos el agresor no expresa la intención de hacer un daño, ni reconoce haber cometido un abuso.

 

“Dijo que no, pero su cuerpo dijo que sí”, “se lo buscó”, “qué hacía vestida así”, “por qué vino a la casa entonces” son algunos ejemplos de frases que justifican las agresiones y que escuchamos a menudo. Si los sociópatas, que cometen agresiones conscientemente existen, no constituyen la mayoría de los agresores, un muchacho angustiado, un hombre demasiado seguro de sí mismo, o centrado en sí mismo pueden fácilmente convertirse en agresor, sin darse ni cuenta, legitimado por una educación sentimental que menos precia el consentimiento.

 

En los recientes casos de denuncia, que llevaron a la campaña en redes #YoTambién, se abrieron discusiones interesantes. Algunos comentaristas no entendían cómo algunas mujeres pueden seguir en contacto con su violador y denunciarlo años después. Sencillamente porque ellas también habían interiorizado su culpa y se demoraron años en entender que lo que sucedió fue una agresión.

 

Todas las personas nos podemos convertir en un agresor, ignorar ese hecho puede tener desastrosas consecuencias para nuestras potenciales víctimas y para nosotras mismas. Lo que define la agresión no es nuestra intención, sino la percepción de quien la vive. Por lo tanto, si no queremos agredir a las personas debemos tener plena seguridad del consentimiento libre e informado continuo de las personas.

 

Preguntar no debería dañar nada

 

Muchas veces podemos pensar que no hay que hablar en el sexo, que eso rompe el encanto. Sin embargo, con palabras o gestos podemos guiar a las personas con quienes exploramos nuestros cuerpos, para garantizar que todo lo que sucede sea agradable.

 

Si no nos gusta hablar mucho, podemos guiar, por ejemplo, una mano tímida hacia donde queramos ser tocadas, levemente dejando la opción a esta mano de cambiar de ruta, si por ahí no iba. Podemos susurrar, muéstrame, guíame, y hacer de esa exploración un momento de intimidad y de confianza.

 

Y podemos ir perdiéndole el miedo a la palabra. Una pregunta abierta, tipo: ¿qué quieres? puede obligar a pensar demasiado, pero propuestas claras que pueden responderse con un sí o un no, siempre sirven. Preguntar: ¿te gusta más aquí o acá, más rápido, más lento? Y dejar claro que siempre se puede parar, no decir nada más, sin que esto sea un problema o deba ser explicado. Nos puede sorprender escucharlo, pero más que reprocharlo se puede agradecer la sinceridad y el cuidado.

 

Por eso, se trata de escuchar el cuerpo, al nuestro y al del otro hablar. Y cuando tengamos dudas, preguntar. Es mejor reírse de una frase torpe que vivir experiencias no deseadas, que por ello mismo dejarán consecuencias en nuestras vidas y relaciones.

 

Y recordar algo clave: “No es No”, “No sé, es No”, “Hoy no, es No”, “Ahorita no, es No”, “Estás borracha, es No”, cualquier cosa que no es un sí entusiasta y erótico es No. Sí es sólo sí cuando el No siempre es posible (2).

 

1 Texto del video “Analogía entre abuso sexual y taza de té”, en: https://www.youtube.com/watch?v=FSleY0yTrM4
2 Puede visitar la sección “Desde Abajo, la otra posición para el placer” para conocer algunos consejos sexuales en www.desdeabajo.info

 

Información adicional

  • Autor:COLECTIVO VENTE COMO ERES
  • Fuente:Periódico desdeabajo Nº249, agosto 18 - septiembre 18 de 2018
Visto 186 vecesModificado por última vez en Miércoles, 05 Septiembre 2018 09:44

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