Viernes, 07 Septiembre 2018 10:37

¡Politizar la universidad! El proyecto de la Red de Estudios Críticos Latinoamérica

Escrito por Jaime Santamaría
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¡Politizar la universidad! El proyecto de la Red de Estudios Críticos Latinoamérica

Hace un año, un puñado de profesores y estudiantes nos reunimos para lanzar un proyecto académico nuevo. En principio, queríamos hacer una editorial alternativa que diera cabida a las voces que, normalmente, no tienen espacio en los portales más robustos de medios de comunicación o en los cerrados circuitos universitarios. En ese momento, no estaba claro qué queríamos o hacia dónde estábamos remando, pero era innegable que no nos faltaban las ganas de reinventar nuestro quehacer, mover las fronteras tan fijas que dictaminan qué es y cómo se hace la investigación en ciencias sociales. Queríamos, quizá en un arrebato de locura, reinventar la academia y, más osado aún, sacarla a la calle. Asumimos que el momento histórico que nos ha tocado en Colombia, que yo elevo sin sonrojarme a acontecimiento, exige una nueva universidad; una que sea más ligera para resituarse y más valiente para lanzarse en una tierra de nuevos desafíos. En este contexto es donde nace REC-Latinoamérica (Red de Estudios Críticos Latinoamérica).

Para nadie es un secreto —aunque muchos lo digan en voz baja— que la universidad está atrapada en las lógicas del mercado o, si se quiere, del neoliberalismo en su cara productiva más obscena. Los profesores están agobiados por cargas horarias y trabajos administrativos que dificultan la labor de investigación y, no menos importante, interrumpen el lazo social con los estudiantes y colegas. La investigación tiene que ajustarse a los estrechos parámetros que impone Colciencias que se verifica en la exigencia cada vez mayor de producción de papers especializados y la disminución acelerada de los libros de divulgación. Políticamente, la consecuencia —¿acaso buscada?— es que toda esta economía de la producción y del ranking ha despolitizado gradualmente a la universidad. La universidad se ha vuelto una burbuja que aísla a los profesores (hacedores de papers y proyectos) y a los estudiantes (clientes y consumidores) de las problemáticas más agudas que enfrentamos como país, como continente y como mundo; sin mencionar, en esta misma vía, la distancia con la región en nuestro país. Pareciese que la universidad anda más afanada por puntuar que por rumiar la realidad política.

Por supuesto, acá no se trata de una nostalgia de la universidad que otrora se comprometió con cambios definitivos en el siglo pasado, tampoco del guayabo de una universidad setentera llena de banderas políticas y mítines, ¡se trata de reinventarla! Partamos del hecho de que el quehacer académico tiene una relevancia política. Y es que —valga afirmarlo abiertamente— la universidad es —podría serlo— un espacio político por excelencia; y por político entiendo el campo en donde los asuntos públicos universales, los que nos atañen a todos, deben ser pensados, discutidos y traducidos en actos. En definitiva, la universidad es un lugar de construcción de sujetos políticos con preocupaciones universales. Creo que en un país como el nuestro, la universidad y los intelectuales vinculados a ella están llamados a tener una voz más activa; no solo como la voz del experto (que ahora abundan en el mercado de la licitación y el proyecto), sino como la voz moral que puede disputar los valores políticos y el sentido común de la vida pública. No hablo de un intelectual faro que tiene la verdad, pero sí de un intelectual orgánico comprometido con la transformación axiológica de la comunidad desde su quehacer académico. Necesitamos hoy, más que nunca, más artículos de prensa y más ruido en la escena pública; necesitamos intelectuales del talante de Julio Enrique Blanco, Luís Eduardo Nieto Arteta, Manuel Zapata Olivella, Quintín Lame, Estanislao Zuleta, Virginia Gutiérrez de Pineda y muchos otros que se arriesgaron a hablar de filosofía, historia y política públicamente; aunque muchos también, es justo decirlo, tuvieron que salirse del sistema por estar en la frontera entre las ideas y la calle.

En este contexto nace REC-Latinoamérica. REC quiere estar en la frontera entre la reflexión académica más rigurosa y las problemáticas más acuciantes de las comunidades. Queremos sacar las discusiones académicas a la calle y asumir las discusiones callejeras por académicas. Además, queremos pensar en red; esto significa que la idea del académico romántico, con mal genio y solitario, con una biblioteca grande, debe ser renovada. El conocimiento se hace y construye entre amigos; en comunidades de discusión horizontales que se oponen a los verticalismos de la universidad tradicional. El investigador REC es alguien que no le teme a hacer uso de los medios masivos de comunicación (Facebook, Twitter, YouTube); que escribe columnas de opinión aquí y allá; que realiza entrevistas sin sonrojarse; que no tiene un lugar de enunciación “superior” con respecto a la cultura popular. Esta es la principal razón del uso del significante “REC”, con toda la ambigüedad —adrede— asociada a las formas de registro en TV y radio.

Asimismo, tenemos una vocación crítica; eso explica nuestro apellido. Y por crítica entendemos el ejercicio que busca desnaturalizar las “verdades” que dan forma y estructuran el discurso social; esta es una de las caras de la vocación política. Sabemos que como intelectuales debemos poner el dedo en la llaga, sospechar, invertir las preguntas y poner la mirada en los lugares más inusuales. Se trata de hacer explícito un ejercicio de lectura que olfatea entre líneas y que no traga entero. Queremos desnaturalizar los discursos que mantienen relaciones de dominación y exclusión con respecto al género, la raza, la orientación sexual y la clase social. Y todo esto, en un contexto que no podemos obviar: el de las herencias coloniales. Igualmente, queremos rescatar toda una tradición de pensamiento colombiano, del caribe y latinoamericano; eso sí, sin caer en purismos y desprecios frente al valor de la tradición moderna-europea. Soñamos con construir —¡con todos los que quieran sumarse!— el centro de investigación, pensamiento y formación más importante de la región con influencia social y política. Estamos convencidos que la disputa por el sentido común es el primer paso para salir del atolladero político en el que nos encontramos. En este escenario, la construcción de una sociedad civil, de sujetos políticos, es la primera tarea que nos exige esta época como académicos. Queremos politizar la universidad y movilizar la sociedad civil.

Información adicional

  • Autor:Jaime Santamaría
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
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