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Sábado, 15 Septiembre 2018 08:39

A propósito del encuentro entre Iván Duque y la Academia de Ciencias

Escrito por Carlos Eduardo Maldonado
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Rosenell Baud, detalle (Cortesía de la autora)Rosenell Baud, detalle (Cortesía de la autora)

La inexistencia de una política de ciencia y tecnología en Colombia ha resaltado desde siempre, no obstante la creación de Colciencias. Lo dominante por décadas no es más que una instancia de trámite de becas, gestión de grupos de investigación e investigadores y dineros de apoyo. Con una observación: toda la investigación que ha recibido algún apoyo por parte de Colciencias es fundamentalmente investigación experimental y aplicada. Colombia no ha sabido de apoyo público a la investigación básica.

 

A lo que lleva el realismo político. Unos días antes de su posesión, el presidente electo Iván Duque solicitó una cita ante la Academia de Ciencias –que en Colombia, por imitación de la de España, se llama: Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales–. La reunión tuvo lugar efectivamente, y a ella asistió, en la sede de la Academia, el presidente electo en compañía de varios asesores. Por parte de los investigadores y académicos colombianos asistió el Colegio Conjunto de las Academias, y varios destacados investigadores, incluyendo el presidente de la Academia, profesor Enrique Forero.


La reunión fue un hecho inaudito en toda la historia de la República. Durante más de 150 años ningún presidente había visitado la sede de la Academia, y el último registro al respecto fue el general Francisco de Paula Santander, quien también en una ocasión visitó la Academia y tuvo varias entrevistas y encuentros. Jamás, ningún gobernante nacional tuvo sensibilidad alguna ante las Academias colombianas; con la excepción, en muchas ocasiones, de la Academia Colombiana de Medicina, que cumple un papel consultivo, simplemente, ante diversas decisiones y acciones en materia de salud pública.


En la reunión entre Duque y los académicos presentes se mencionaron varios puntos sensibles, como la creación del Ministerio de la Ciencia; incrementar el apoyo económico a la ciencia y la tecnología, con el 1 por ciento del PIB, una promesa incumplida desde siempre; revivir la Misión de Ciencia Tecnología e Innovación (la llamada “Misión de los Sabios”).


El ambiente de la reunión fue cordial, de entendimiento, distendido.


El carácter inaudito de esta cita tiene que ver con el hecho de que históricamente los gobiernos nacionales han desatendido a la ciencia y la tecnología, y si ahora la educación es una preocupación auténtica, se debe principalmente a las presiones por parte de la Ocde para que el país invierta más en educación como una condición de desarrollos social y económico. Tradicionalmente el presupuesto en gasto militar ha sido siempre muy superior al gasto social: educación, vivienda, salud. A título conjetural podría decirse que la jugada del expresidente Santos de solicitar la admisión de Colombia en la Otan puede deberse a camuflar el gasto militar, que ha sido históricamente la principal preocupación económica, financiera y política en el país.


Interpretaciones. Versión 1


Una primera interpretación de este hecho inaudito afirma que o bien la iniciativa del encuentro fue de Duque mismo o bien de alguno de sus asesores, pero que, en cualquier caso, se debe a presiones por parte de la Ocde para que nuestro país asuma a la ciencia y la tecnología como un motivo serio de políticas públicas.


Al respecto, cabe mencionar que ni Duque, ni Petro ni Fajardo, los principales candidatos en las pasadas elecciones, hicieron absolutamente ninguna mención en sus programas, propuestas e iniciativas a la ciencia y la tecnología. Petro fue quien más se acercó, pero indirectamente dado que en una sola ocasión hizo alguna referencia a Colciencias. De suerte que si antes de las elecciones no hubo una declaración explícita del hoy jefe de Estado a la ciencia y la tecnología, por inferencia indirecta cabe concluir que la iniciativa salió de alguno de sus asesores. La inteligencia de Duque estriba en haberlo escuchado y haber seguido sus sugerencias.


Una preocupación pertinente, toda vez que el país está resagado de manera notable en este campo, ocupando, por demás el quinto lugar entre los paises que más invierten en ciencia y tecnologia en nuestra región, antecedidos con olgura por Brasil, Argentina, México y Chile. De hecho, Chile, es el segundo país con mayor impacto y citaciones en sus trabajos en Latinoamérica. Ahora bien, basta una mirada a las políticas de inversión chilenas para reconocer que la distancia entre este país y Colombia tiende a crecer. De esta suerte, si Colombia se desprende del pelotón de punta, sin ofender, quedaría al nivel de Perú, Costa Rica o Venezuela, y con ellos, del pelotón trasero de persecución, como se dice en ciclismo. En los cuadros comparativos es una costumbre omitir siempre el nombre de Cuba, que tiene la mejor educación de América Latina y algunos de cuyos desarrollos científicos estratégicos se acercan a los mejores en el mundo (como biotecnología, investigación clínica, software, por ejemplo).


De esta manera y ante el interés del nuevo Presidente, es indudable que muchas de las decisiones y acciones en política nacional son el resultado de demandas o exigencias de la Ocde. La sujeción o supeditación a esta organización es el precio de haber sido admitidos al “club de los mejores países y las mejores prácticas”. Hay que decir que muchas de las exigencias son mucho más avanzadas y desarrolladas de lo que las élites colombianas jamás llegaron a pensar; tal es el caso, por ejemplo, de las políticas sindicales.


Pues bien, en una primera interpretación, Duque estaría pensando en ciencia y tecnología más por invitación de la Ocde que por iniciativa propia; lo cual no es por sí mismo nada negativo.


Interpretaciones. Versión 2


La ciencia y la tecnología no han desempeñado, ni mucho menos, un papel importante en la historia de la nación colombiana. Ciertamente que existen nombres destacables: a nivel nacional, continental e incluso internacional. Pero todos y cada uno de ellos ha sido, hasta la fecha, el resultado de sus propios esfuerzos y capacidades antes que el producto de políticas de estado y de gobierno. Pues bien, una segunda interpretación apuntaría en la dirección de una auténtica preocupación conjunta por la ciencia y la tecnología, por el conocimiento y la investigación en general. Los académicos e investigadores necesitan fuentes de financiamiento, y a los indicadores macroeconómicos también les interesa tener y mostrar centros, institutos, grupos e investigadores de primer orden. Todo ello implica una radical transformación del aparato global de gestión del conocimiento. Va siendo un imperativo no escrito que cada vez más los rectores de las universidades tengan doctorado; va siendo una exigencia no reclamada que los doctorados deben poder incorporarse al sector público tanto como al sector privado. En diversas instancias esto ya está comenzando a suceder. Y siempre, es indudable a todas luces, que la existencia de doctores se corresponde directamente con el crecimiento económico, y el desarrollo humano y social de un país. Los diagnósticos son conocidos, con suficiencia, por unos y por otros.


Es más, existe cada vez más la conciencia de que tener doctorados no es suficiente, y ya diversas universidades han comenzado a abrir y a crear postdoctorados –la verdad, en ocasiones, más como un tema económico antes que como desarrollo del propio conocimiento. No importa. Son bienvenidos y necesarios los postdoctorados. Este es/sería tema de otro artículo.


Por demás, la eventual recreación de la Misión de Ciencia, Tecnología e Innovación es un fenómeno que conviene a todos, siempre y cuando los compromisos sean sinceros, y siempre y cuando suceda lo que jamás ha tenido lugar en materia de políticas públicas: un respeto sincero y abierto al conocimiento (la idea de competencias en la educación apunta, como ha sido ya dicho reiteradas veces, hacia el mercado laboral antes que hacia el desarrollo humano y social).


Digamos entonces, que hay una constelación propicia que beneficia tanto a académicos y científicos como a gobernantes y tomadores de decisión, para decirlo de manera clásica. Es lo que los gringos llaman: “The right man at the right place”. Los años acumulados de desencuentros y sospechas de lado y lado permiten, en un nuevo contexto nacional e internacional superar distancias y acercar intereses que benefician a todos.


La idea de base entonces, aquí, es que “se debe confiar en la gente, hasta que demuestren lo contrario”, para usar la expresión manida.


Interpretaciones: Versión 3


Una tercera interpretación puede ir en la dirección que indica que de parte del Estado pareciera haber una preocupación sincera por la ciencia y la tecnología en el contexto del postconflicto y la construcción de la paz. La dificultad de este argumento estriba en que en Colombia el Estado ha sido inexistente o imperfecto, particularmente de cara a políticas sociales y de conocimiento. Como es sabido, la primera vez que el presupuesto de educación ha llegado a ser superior al de defensa fue con el gobierno de Juan Manuel Santos, advirtiendo que no es que la diferencia sea verdaderamente grande. Existe un vínculo directo y necesario entre educación y producción de conocimiento e investigación. Aquella sienta las condiciones de posibilidad para estos. Duque sería, así, simplemente la expresión de un interés cuya epidermis es la cienciometría en toda la acepción de la palabra.


La cienciometría es la medición cuantitativa de la ciencia y el conocimiento, desde los propios académicos e investigadores (índice h) hasta las universidades que entran a participar en los más importantes rankings (el de Shanghai, el más prestigioso, y luego también The Times Higher Education, The Web of World Universities, el Center for Higher Education Development, Scimago, y varias más), pasando por la acreditación (nacional e internacional) de programas, y los escalafones de grupos de investigación, por ejemplo.


Las políticas sociales son hoy por hoy una sola y misma cosa con las políticas de educación y las políticas de ciencia y tecnología. Este constituye un conjunto de políticas públicas, si cabe la expresión. Este conjunto define las apuestas de un país y un gobierno en el marco de la sociedad de la información, la sociedad del conocimiento, la sociedad de redes, tres maneras diferentes de señalar a una misma dimensión.


En este campo, la mejor expresión, o el producto más acabado del desarrollo de una sociedad está definido, hoy por hoy, por la cuarta revolución industrial. La llamada genéricamente revolución 4.0. Pues bien, la cienciometría es una realidad inescapable. Existen rankings y escalafones de muchas cosas: hospitales, compañías de aviación, los mejores lugares para trabajar, tanques de pensamiento, y muchos más, y no solamente de universidades. Sin embargo, en cualquier caso, el elemento transversal a todos ellos es el conocimiento, la investigación. Y esto se expresa de muchas maneras: artículos científicos, libros en editoriales reconocidas, registros, patentes.


Amanecerá y veremos


No hay que olvidar nunca que en un mundo diferente de suma cero, esto es, un mundo alta y crecientemente interdependiente, la política es geopolítica. El sistema capitalista se encuentra en un cuello de botella, y no está seguro de cómo salir de allí. Diversas propuestas, diversos pronósticos han sido elaborados, pero ninguna parece ser suficiente o necesario. Sin embargo, un denominador común a las propuestas de salida es el reconocimiento explícito de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, este mismo argumento es el que alimenta varias de las propuestas de tipo alternativo a esta civilización, al sistema de libre mercado. La ciencia y la tecnología adquieren su valoración en función de los horizontes de vida que avizoran, que constituyen, a los que apuestan y arriesgan. Es la afirmación y el posibilitamiento de la vida lo que confiere a la ciencia su validez y sentido. No simplemente el crecimiento del mercado, el consumo y el hiperconsumo, que es lo que esclaviza a los seres humanos.


Naturalmente que caben otras interpretaciones. Pretender lo contrario es ingenuo. En cualquier caso es indudable que de ser auténticas las intenciones de Iván Duque, deberán implementarse en los primeros cuatro o seis meses de su gobierno, a más tardar. De lo contrario la sospecha puede aumentar, la desesperanza puede nacer, los recelos y las distancias pueden aumentar. Una parte de la comunidad académica ya ha empezado diversas reuniones en la dirección mencionada. Seguramente lo mismo estará sucediendo del lago del Gobierno. En los próximos cuatro a seis meses “amanecerá y veremos”.


¿Aumentará el presidente Duque la inversión al 1 por ciento del PIB, como fue siempre la aspiración de la comunidad científica? No hay que olvidar que la deuda pública de Colombia asciende ya al 57 por ciento del PIB. ¿Creará el Ministerio de Ciencia y Tecnología? Sería deseable, sin olvidar los problemas de corrupción que entrañó e implican la famosa ley de regalías. ¿Escuchará el gobierno nacional a la comunidad científica, y la tratará de par a par con respeto como en los mejores países de la Ocde? La policía y el ejército, por su parte y tal vez como una luz respecto a lo que viene, andan en una labor de seducción y atracción abierta de profesores e investigadores nacionales para llevarlos a sus escuelas, centros e institutos. Han comenzado, decididamente por la atracción o “captura” de profesores de universidades. Al interior de las propias Fuerzas Armadas y de la Policía hay personas que se están formando en los niveles más altos del conocimiento, con doctorados. Por inferencia, cabe entonces pensar que desde el gobierno de Iván Duque hay una lectura adecuada de las dinámicas en curso, las posibilidades y los horizontes.


Las cartas están echadas. ¿Se trata de una nueva partida, o de la continuación de una partida anterior, algo ya vieja?


Una nota final: la presunta buena actitud del hoy presidente Duque dista mucho de la tradición de su partido, el Centro Democrático. O bien, es quizás una muestra de preocupación. En efecto, como es sabido, Álvaro Uribe logró dividir al país en dos, y ciertamente tiene amplias bases populares entre la sociedad. Sin embargo, nunca, ni en sus ocho años de gobierno ni antes, ni después, hasta la fecha, ningún gran intelectual, académico, o personas de la cultura ha acompañado a Uribe y su equipo. Los dos únicos “intelectuales” que siempre lo acompañaron fueron Luis Carlos Restrepo, hoy prófugo de la justicia, y José Obdulio Gaviria, un personaje oscuro e intelectual de poca monta. ¿Será que el Centro Democrático, hoy en voz de Duque, desea atraer hacia sí a una parte de la comunidad científica y académica? ¿Y a través suyo a académicos y artistas? Mucha agua ha pasado bajo el puente… n

 

*Investigador. Profesor universitario.

 


 

Líneas generales para implementar una política de punta en ciencia y tecnología en Colombia

 

Una política de ciencia y tecnología en Colombia debería incluir los siguientes elementos:

• Creación y fortalecimiento de doctorados y fuerte apoyo a los mismos
• Vinculación de doctores (Ph.D.) al aparato productivo
• Investigación para el desarrollo de tecnologías vernáculas en el país
• Fuerte internacionalización de los doctores e investigadores en el país con apoyo a participación de eventos de primer orden internacional e invitación de destacados investigadores al país
• Reducción significativa de los impuestos a la importación de libros y a su misma edición
• Dedicar no menos del 1 por ciento del PIB a la ciencia y tecnología, con aumento gradual por gobierno de por lo menos medio punto porcentual
• Creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología
• Elaboración de un plan decenal de polìticas de ciencia y tecnología a nivel nacional, departamental y municipal
• Creación estratégica de Centros e Institutos de investigación con vistas a un plan nacioanl, latinoamericano e internacional
• Apoyo decidido a las Academias colombianas (de Ciencias, de Historia, de Medicina, de la Lengua, de Pedagogía) para que haya puentes reales con las universidades, con el sector productivo y con la sociedad civil
• Como base y condición para todo esto: diseño de un plan nacional de desarrollo, con enfoque y prioridad sobre la vida, que garantice autonomía y soberanía nacional, como prenda sustancial para poder implementar un proyecto autónomo y de largo plazo en estos campos.

 

Información adicional

  • Autor:Carlos Eduardo Maldonado
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº181, septiembre de 2018
Visto 398 vecesModificado por última vez en Sábado, 15 Septiembre 2018 08:48

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