Sábado, 20 Diciembre 2008 18:44

A favor del referendo en defensa del agua como bien público y derecho humano fundamental

Escrito por Javier Márquez Valderrama
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Desde que uno comienza a leer la columna de Armando Montenegro  aparecida en el Diario El Espectador del 7 de diciembre pasado, siente su sesgo contra al referendo.  El titulo, “Contra el referendo”.   ¿El referendo busca que el agua sea gratis?, como construye esta falacia que además completa con la afirmación ligera según la cual por esta vía se haría escasa.  El referendo propone un mínimo vital gratuito solo y exclusivamente para usos  personales y domésticos y no agua gratuita.  El mínimo vital gratuito sin discriminación alguna es una forma de concretar el derecho humano fundamental al agua y mediante una ley el congreso lo reglamentará según las condiciones de cada región y ciudad.  Continúa, como si no hubiese leído la propuesta, desfigurándola.

Desde análisis económicos está demostrada la viabilidad del mínimo vital gratuito, que haría parte de los mínimos vitales que toda sociedad debe garantizar a las personas que la conforman.  Remito a la propuesta de Aurelio Suárez e Iván Cardona, que sustenta nuestra propuesta y plantea fuentes de financiación.  Es absurdo que las ineficiencias del sistema se trasladen a la sociedad mediante esquemas como el que los estratos económicos de más ingresos financien a los de menores ingresos, cuando es ella a través de tarifas e impuestos la que pone los recursos que permiten garantizar los derechos y está demostrado que las empresas públicas y las comunidades organizadas prestan y pueden prestar el servicio siendo eficientes y sostenibles.

Es que allí, en que la prestación del servicio de agua potable y saneamiento básico es un lucrativo negocio, reside la obsesión por hacer pensar que lo público es igual a corrupción y lo privado la “salvación” y el reino de la transparencia. La ley 142 de 1994 fue hecha para romper el monopolio estatal en la prestación de los servicios públicos y generar condiciones de mercado para el negocio.

El salario mínimo, la gratuidad del ciclo de educación básica, de los servicios básicos de salud, palabras extrañas a los oídos de quienes han hecho de los derechos fundamentales y los derechos sociales, servicios, “negocios”.  En este caso no estamos hablando de un derecho prestacional, que dependería de si hay o no hay plata, estamos hablando de consagrar un derecho humano fundamental, el suministro y acceso a la cantidad básica de agua potable para vivir con dignidad y afortunadamente es la búsqueda de la propia ONU y de muchos movimientos de ciudadanas y ciudadanos y de muchos estados.

Un referendo que convoca la soberanía del pueblo para tomar una decisión trascendental, ¿que hacer con el agua?, fuente de la vida.  Nos llama populistas en sentido peyorativo, y hace una absurda comparación entre consultar por pan, leche, luz, transporte, los cuadernos, el cine o los medicamentos, en lenguaje populista y engañero, nos dice populistas; jamás de los jamases a las organizaciones sociales y ambientalistas que promovemos esta iniciativa se nos ocurriría preguntar, consultar por la vía del referendo lo que señor Montenegro menciona.  No nos conoce; o nos desconoce…

Este es un mecanismo de participación pocas veces ensayado en Colombia y debe ser reservado para decisiones trascendentales como ésta.  El agua puede tejer el ordenamiento del país, la reconstrucción social, ella teje relaciones humanas, ya  de conflicto, ya de convivencia, ella es base de la economía, de la salud, de la conservación de nuestros ecosistemas.  De la manera como nos relacionemos con el agua depende nuestro presente y nuestro futuro.  Esta acción plebiscitaria no es pues por una pendejada.

El agua nos puede hacer sostenibles en lo económico, lo social, lo cultural y lo ambiental.  El agua puede permitir la reconciliación de la sociedad colombiana consigo misma y con su entorno y puede refrescar nuestra democracia.  ¿Populista esta propuesta?  La pregunta por el agua en la época en la que quieren hacerla simple mercadería y negocio de unos pocos le parece al señor Montenegro populismo.

Yo entiendo por populismo algo de lo que estamos viendo,  estar bien con las “masas” populares por encima de cualquier cosa y depender de un “caudillo” todo poderoso.  El populismo se va mas por la técnica política de la eficacia mediática y de las dadivas al pueblo y poco le importa la deliberación genuina del pueblo, de un pueblo bien informado y activo; de un pueblo que toma decisiones tan importantes como la de su propio bienestar basado en un manejo público del agua.

Esta es una pregunta fundadora, base de la existencia de la vida y de cualquier sociedad, ¿que hacer con el agua?  Una sociedad que se ponga de acuerdo sobre que hacer con la base de la existencia de la vida en su magnifica diversidad, es una sociedad capaz de superar los conflictos y vivir en democracia y paz y mirar al futuro pensando en los derechos de la presente y las futuras generaciones a vivir en un ambiente sano.

Además nos quiere asustar con posibles racionamientos futuros, que ya existen de hecho y en pueblos y ciudades donde los operadores privados han tomado el negocio.  El manejo público y sin animo de lucro del servicio de agua potable y saneamiento básico permite que se reinviertan en infraestructuras públicas los excedentes.  El manejo privado hace que las ganancias se vayan a manos particulares y de transnacionales como ya ocurre en Colombia.

A través de los contratos de concesión los privados han tomado para sí buena parte del inmenso patrimonio público presente en los sistemas de acueducto y alcantarillado como bien lo señala nuestro colega Oscar Gutiérrez en un artículo que les invito a leer.  Es que lo que defendemos es el acumulado social presente en los sistemas públicos y comunitarios de agua logrados en años de trabajo de nuestras gentes y de gestión pública bien hecha. 

El sistema tarifario impuesto se basa en cobrar al usuario y garantizar las ganancias del operador, no en la sostenibilidad y eficiencia económica del sistema, que lo garantizaríamos en manos públicas con la premisa ética de la transparencia en su gestión.  Además preguntemos a las multinacionales que fungen hoy como operadores especializados por sus inversiones en infraestructura, para que nos venga a decir que se perdería la posibilidad de recursos para las grandes obras que se requieren.

No menciona para nada el señor Montenegro a las miles de familias desconectadas del servicio de agua potable por falta de pago en flagrante violación del derecho humano fundamental al agua.  El sistema tarifario profundizará esta situación y el modelo de gestión y control a la prestación de los servicios impide la autonomía municipal, cuando existe la voluntad política para garantizarlo, pues es un sistema altamente centralizado y vertical.

Nos trata de populistas y hace comparaciones falaces, que no es así como se discute y argumenta, mintiendo. No es a nosotros a quienes se nos va ocurrir proponer un referendo para cualquier cosa…. Para exigir cine gratis y cuadernos… no.  Pero si para exigir libertad, para garantizar la defensa de lo público, para salvaguardar del negocio puro y duro a la sustancia de la vida, no para cualquier cosa, la comparación es odiosa y busca confundir y por eso miente.  Así no se discute.

Hace también eco el señor Montenegro de un argumento que nosotros como promotores y promotoras de este referendo hemos escuchado mucho: “lo que nada nos cuesta volvámoslo fiesta”, como si la gratuidad del mínimo vital condujese automáticamente al desperdicio.  El mínimo para usos personales y domésticos no se desperdicia.  El desperdicio se presenta en los usos económicos y suntuarios y además es imposible pensar un modelo de gestión público del agua sin una gestión ecosistémica y un tratamiento adecuado de las aguas residuales para lograr su reciclaje.  No estamos hablando de gratuidad total, de donde saco eso.

Escasa se hace el agua por la contaminación creciente, por el desvío de caudales, por su embotellamiento, por los usos monopólicos de las tecnologías, por la privatización de territorios incluidas las fuentes de agua.  Eso si hace escasa el agua, no garantizarle a nuestro pueblo el mínimo vital para usos personales y domésticos.  Y hay que cobrar, claro está, por todos los procesos hidroútiles, esos procesos que permiten almacenarla, transportarla, potabilizarla.

Y cobrar el uso económico del agua y más cara aún tendrá que ser el agua para usos suntuarios.  Y siempre el estado que con imaginación y pluralismo pactamos en el 91, ese Estado Social de Derecho, garantizando el acceso democrático al agua potable desde vigorosas empresas públicas como las que hemos tenido y tenemos que reconstruir y construir.

Un estado que no delegará nunca la gestión del agua, pues ella es base del estado del bienestar.  Ese es nuestro sueño.  En buena hora se presentan los argumentos a favor y en contra de esta histórica convocatoria a la soberanía popular para que nuestro pueblo tome una decisión fundamental para su calidad de vida y la conservación de nuestra base natural.  Este debate nos puede sacar de la fijación en el conflicto y ponernos frente a los debates sobre nuestro futuro como pueblo y como nación, el tiempo está para repensarnos como país, superar la manera agresiva y destructiva como se ejerce la política y abrir un camino de construcción de lo público y lo común como manera de construir una sociedad democrática, sostenible y en paz.

Por, Javier Márquez Valderrama
Coordinador del programa de Cultura y política Ambientalista
Corporación Ecológica y Cultural Penca de Sábila
Miembro Comité Nacional de Promotores y Promotoras
del referendo en defensa del agua
Diciembre 15 de 2008




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