Jueves, 30 Mayo 2019 08:10

Mensajes cruzados, ruido y ambivalencias

Escrito por Carlos Eduardo Maldonado
Valora este artículo
(1 Voto)
Adriana Gómez, Mortero de la serie “Tapia pisada”, 20 x 16 x 12 cm., cerámica, 2011 (Cortesía de la autora)  Adriana Gómez, Mortero de la serie “Tapia pisada”, 20 x 16 x 12 cm., cerámica, 2011 (Cortesía de la autora)

En dos ocasiones Colombia ha intentado crear políticas de ciencia y tecnología. La primera fue hace veinticinco años bajo el gobierno de César Gaviria, la segunda es ahora con el gobierno de Iván Duque. La primera vez no se logró nada; en esta ocasión existen promesas, pero ninguna acción específica: no hay un presupuesto asegurado, no existen políticas de educación en ciencia y tecnología, y el nuevo Ministerio del ramo existe apenas en el papel. El tiempo tiene la última palabra.

 

El 9 de febrero pasado el presidente Iván Duque tomó la decisión de relanzar la Misión de Ciencia y Tecnología (MCT), popularmente llamada como la Misión de Sabios, después de veinticinco años de su primera conformación por parte del expresidente Cesar Gaviria. En esta ocasión, la Misión está conformada por 28 hombres y 14 mujeres, 29 colombianos y 13 extranjeros.


En veinticinco años, mucho ha sucedido en el mundo, en especial en materia de ciencia y tecnología, sin dejar de mencionar la educación. Por ejemplo, uno de los acontecimientos importantes acaecidos en la gestión del conocimiento en general en este cuarto de siglo es que nació y se consolidó la cienciometría. El trabajo con toda clase de indicadores: bibliométricos, webométricos, de impacto, y otros, es parte de ello. Al mismo tiempo aparecieron numerosos rankings de todo tipo: de los mejores hospitales y aeropuertos; las mejores universidades y programas académicos; los mejores tanques de pensamiento (think tanks); en fin, los mejores profesores e investigadores. Todo atendiendo, grosso modo, a dos o tres indicadores: calidad, cantidad e impacto, por ejemplo. Vale la pena estudiar la Misión de Ciencia y Tecnología a la luz de los más recientes desarrollos y tendencias. Mensajes cruzados, ruido y ambivalencias aparecen de inmediato.


Las áreas de conocimiento de la Misión


La misión, eufemísticamente llamada también como Misión de los Sabios, en referencia a su antecesora, que fuera coordinada por C. E. Vasco y G. García Márquez, se articula en torno a los siguientes ocho grupos de conocimiento:

 

Ciencias básicas y del espacio;
Tecnologías convergentes e industrias 4.0;
Industrias creativas y culturales;
Biotecnología, bioeconomía y medioambiente;
Energía sostenible; o
Océano y recursos hidrobiológicos;
Ciencias sociales, desarrollo humano y equidad; y
Ciencias de la vida y la salud.

 

En paralelo y con referencia al 2018, Colciencias había identificado cinco áreas estratégicas del conocimiento: Colombia BIO; gestión territorial; mentalidad y cultura de la ciencia; fomento a la investigación, y unidad de política. Ahora bien, las áreas de conocimiento identificadas son seis: humanidades, ciencias sociales, ciencias agrícolas, ciencias médicas de la salud, ciencias naturales, e ingeniería y tecnología.


Pues bien, una comparación desprevenida entre los grupos de investigación de la (MCT) con las áreas de Colciencias muestra una apuesta fuerte con visión prospectiva, en términos de campos de investigación a futuro, que no están expresamente contempladas por Colciencias. Este pareciera un dato de optimismo.


Ante esta proyección y dado que Colciencias desaparecerá a raíz de la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología**, aparece ante la mirada reflexiva un problema: si son las políticas de Ciencia y Tecnología las que marcarán el rumbo, entonces las áreas establecidas por Colciencias deberán reajustarse y en muchos casos redefinirse por completo, lo cual, de ser así, termina afectando o llamando fuertemente la atención sobre las políticas de educación: desde la base, en los primeros grados, hasta la educación universitaria. La educación: un tema crucial sobre el cual la MCT no dice en absoluto ninguna palabra –en ciencia y en tecnología.


La ciencia no se hace solamente con científicos: un problema


Ya es prácticamente una costumbre por parte de las universidades considerar el índice h de sus profesores e investigadores. Por más que, en este y en otros planes, haya algunas de éstas que declaren, de boca para afuera, que no trabajan en función de los indicadores y los rankings. Pero la verdad es que todas ellas, más abierta o veladamente, le prenden cirios a los indicadores de todo tipo, por así decirlo. Un asunto más bien vergonzante, en verdad. Colciencias misma ha incorporado la importancia de estos indicadores en varios de sus documento oficiales. La cienciometría llegó para quedarse.


Teniendo este como un referente sustancial en el tipo de universidad que gana cuerpo en nuestro país, observemos la forma como se han considerado los miembros colombianos de la MCT. Hasta donde fue posible se identificó si trabajan en alguna Universidad –por derivación, en algunos casos, quizás en un Centro o Instituto de investigación. Y cuando se encontró la información correspondiente se identificó el índice h en cada caso.


Al relacionar los nombres y sitio de trabajo, es necesario observar varios aspectos. El índice h más amplio y más consultado es el Google Science Citations (GSC). Existen varias otras fuentes de índice h, pero el más incluyente y normalmente usado en la comunidad académica y científica es el de Google. Este es el incorporado en la Tabla en cuestión.
Para relacionar algunos datos, cruzamos información del CvLac (que es información pública), y del Google Académico (Google Scholar), para tratar de identificar si alguno de los miembros trabajan en universidades o no. Se identificaron varios nombres que no están directamente vinculados a una de ellas. Este rasgo no es, en absoluto, negativo. Es deseable que haya personajes de la cultura, o la industria, o del sector privado, por ejemplo, que se integren en planes, políticas y gestión del conocimiento.


En su labor, la Misión estará acompañada por las Universidades Nacional, Javeriana, de Antioquia, la UIS, los Andes, la Jorge Tadeo, la del Rosario, Eafit, lo que permite establecer un puente entre algunas de las más destacadas universidades del país y la Misión; verosímilmente, también entre la Misión y el posterior Ministerio de Ciencia y Tecnología.


Ahora, y como queda claro en la Tabla aludida, la mayoría de los miembros de la Misión no tienen un índice h. Así sucede porque el mismo fue creado apenas en el año 2005 (por parte de J. Hirsch, profesor de la Universidad de California), lo que conduce a dos reconocimientos expresos: el índice mide específicamente la producción científica a partir del año de su creación (en casos particulares es posible incorporar algunas fechas anteriores, no muy lejos del 2005). De esta manera, los investigadores de mayor edad se encuentran con que no tienen un índice h, o el suyo es demasiado bajo, con respecto a investigadores más (intelectualmente) jóvenes. El índice h es un indicador público. El GSC descarta índices h cuando son muy bajos.


En dos casos, investigadores prestantes aparecen en el GSC pero no hacen pública (decisión personal) su índice h. Para la elaboración de la Tabla adjunta también fue incorporado el ranking elaborado por la Unión Europea en el Proyecto Acumen, y gestionado por el CSIC de España de los investigadores colombianos más destacados de acuerdo con su perfil público en GSC: Ranking of Researchers in Colombia According to their GSC public profiles (2017), segunda semana de febrero: http://www.webometrics.info/es/node/70. Este ranking está actualizado hasta febrero del 2017.


Pues bien, la mayoría de miembros de la Misión carecen de un índice h, lo cual envía mensajes cruzados en distintas direcciones: al propio Gobierno, a las universidades, a la comunidad de profesores e investigadores. Jugando al lenguaje, si la Misión es de “Sabios” (en mayúscula) lo deseable es que hubieran tenido en cuenta, entre otros logros, el índice h. Al fin y al cabo es ya una política expresa en el país por parte de Rectores, Vicerrectores, Decanos. Un manto de preguntas emergen de inmediato, y por tanto de críticas.
Asimismo, aunque los miembros de la MCT representan a varias de las más prestigiosas universidades del país, otras, de mucho prestigio académico e investigativo, y que incluso figuran en lugares destacados en varios rankings para estos centros de estudio, no fueron incluidas en la conformación de la Misión. Bastaría con cotejar la lista de las mejores universidades del país con la Tabla relacionada. Asimismo, hay miembros que representan a algunos de estos centros de estudio que no precisamente se destacan por un espíritu investigativo y de libertad de cátedra e investigación.


Así las cosas: ¿el índice h finalmente sí cuenta en la selección de los mejores profesores e investigadores, o solamente es un adorno o un capricho? Hay que decir que el proceso de selección estuvo a cargo de Colciencias, Vicepresidencia de la República y el Colegio Máximo de las Academias.


El problema de siempre: el presupuesto


El presupuesto que Colombia designa para Ciencia y Tecnología es, de acuerdo con cifras oficiales, el 0.2 por ciento del PIB. En el anuncio de la creación de la Misión Duque declaró que desea llevarlo al 1.5 por ciento. Una promesa de político, porque la verdad es que desde que el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología fue creado en 1991, el presupuesto asignado jamás ha llegado ni siquiera al 0.5 por ciento. Por fin ¿a qué hemos de creer? Las propuestas y análisis de la MCT deberán tener impacto en el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Pero este Ministerio será, por lo menos en el futuro inmediato, de presupuesto cero. ¿Cómo subirá el gobierno 1.3 por ciento de inversión para estás áreas atendiendo a las declaraciones hechas hasta la fecha?


Una verdad inobjetable. Es imposible sacar adelante políticas de Ciencia y Tecnología si, adicionalmente, en la base, no hay educación de calidad y excelencia y, precisamente, el tema de la educación ni siquiera aparece en la creación de la Misión ni tampoco del Ministerio. Se crea, así, un vacío grande entre la educación básica y la investigación de punta. Ningún país serio separa la educación de la Ciencia y la Tecnología. Basta con mirar los casos de Irlanda, Indonesia, Corea o Chile, por ejemplo. Existe una muy fuerte miopía del gobierno en este tema.


Es un problema de visión que no para ahí, pues el presidente Duque manifestó que la meta de los planes de la Misión apunta a los siguientes veinticinco años; esto es, con vistas en el 2044. Sin embargo, no hay ni una palabra en materia de prospectiva o de planeación financiera a veinticinco años. Duque parece un candidato presidencial antes que un gobernante. Por lo demás, dicho de pasada, políticamente es curioso que el mismo funcionario no de luz verde a la JEP porque su gobierno no la aprobó (sino el de Juan Manuel Santos), pero sí pretenda que la Misión se proyecte como política de Estado a 25 años. Lo menos que se le exige a un mandatario es consistencia en sus planes y programas, si no en sus declaraciones.


¿Qué futuro le espera a la Ciencia y la Tecnología en Colombia?


La MCT tendrá tres reuniones por grupo o comisión. Al final se redactará un documento con recomendaciones. Es deseable que el gobierno nacional, y mucho mejor aún, el Estado, atiendan a las recomendaciones formuladas, que seguramente serán al mismo tiempo propositivas y críticas.


Los gobiernos nacionales jamás han atendido con sistematicidad a la comunidad académica y científica local. Las distintas Academias tienen un carácter consultivo, pero sería tema de otro artículo estudiar sus estructuras y dinámicas, comparativamente con países semejantes o mejor situados en esta temática. Cabe desear que en esta ocasión sí haya un entendimiento de parte del Gobierno hacia la comunidad de investigadores. El gesto simbólico de acercamiento del presidente Duque y un grupo de sus asesores a la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales permiten desear que así suceda.


Aunque surgen dudas. Días antes del lanzamiento de la Misión de Ciencia y Tecnología, el 6 de febrero pasado, el actual inquilino de la Casa de Nariño presentó su Plan Nacional de Desarrollo (PND). Así, parece haber una incongruencia entre la Misión y el PND dado que no hay nexos explícitos y evidentes en materia presupuestaria, de gestión y de importancia política. Se trata de dos documentos incongruentes, hablando matemáticamente. Pero, al fin y al cabo, es cierto que en el pasado hemos padecido gobiernos que ni siquiera han tenido un PND.

No es casual, por tanto, que reinen dudas sobre el efecto real que pueda arrojar el trabajo por adelantar por la Misión. También sobre el potencial del Ministerio. Mucho más si se toma en cuenta el secreto a voces que circula por la comunidad académica y científica del país. que la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, y este llamado a la MCT corresponde, en realidad, a “sugerencias” o “invitaciones” por parte de la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Según parece, las pocas cosas buenas, y malas, que suceden en el país en los últimos meses responden en buena parte a planes, políticas y exigencias de tal Organización.


Una realidad aplastante, por sus implicaciones y consecuencias, toda vez que las políticas de Ciencia y Tecnología en general lo son de conocimiento, y en el mundo actual este tipo de decisiones forman parte, en el sentido más incluyente de la palabra, de políticas sociales. Pues bien, las políticas sociales son, hoy por hoy, en Colombia y en el mundo, políticas de paz y de protección de la naturaleza. Digámoslo con tono claro y abierto: las políticas sociales son posibles también desde abajo, y no solamente desde arriba. En el marco de la sociedad de la información y de la sociedad, las universidades forman parte de la sociedad civil, incluso aunque sean privadas, incluso aunque reciban presupuestos de la nación.


Tenemos así un conjunto de observaciones e inquietudes que deben abrirse, incluso, a un marco más amplio de interrogantes, toda vez que en el país están en proceso decisiones que afectan al conocimiento y al saber desde distintas posibilidades. Por ello, ¿Cómo se corresponden los planes –porque aún no son políticas– de ciencia y tecnología de Duque con la forma como entiende la historia, especialmente en relación con lo sucedido con el Centro de Memoria Histórica; cómo entiende la cultura y el conocimiento, en relación con los sucedido con la Biblioteca Nacional; cómo entiende la sociedad y la memoria, en relación con los acontecimiento del Archivo General de la Nación; cómo entiende el manejo de los datos y la estadística como sucede actualmente en el Dane; en fin, por ejemplo, con lo que sucede en la educación, en relación con las propuesta de su partido, el Centro Democrático, de convertir a la educación en un espacio de adoctrinamiento y obediencia?


El tiempo dará su vaticinio. Por ahora recordemos que en ingeniería se distinguen tres tipos de ruidos: blanco, negro y rosado. Uno es el ruido producido por el emisor; otro es el generado por el receptor del mensaje; y otro más es el ruido generado por el canal de comunicación. Colombia parece querer pensar, por primera vez, como país, en Ciencia y Tecnología; esperemos lo mejor. Esperemos que se logre sin ruido; sin los ruidos generados por Iván Duque en materia de conocimiento en general; y por tanto, en materia de políticas sociales.

** Una reflexión importante. El presidente Duque afirmó reiteradamente que el de Ciencia y Tecnología será un ministerio de costo cero; es decir, trabajará con el mismo presupuesto y, verosímilmente, equipo humano que Colciencias. Dada la crisis fiscal del país, no se destinará presupuesto adicional para el nuevo Ministerio. El problema estriba en que, a la fecha, Colciencias ni siquiera se convertirá, por ejemplo, siguiendo el caso de México, en la Secretaría Técnica de MinCyT. Colciencias quedará, todo parece ser, como un apéndice del Departamento de Planeación Nacional (DNP). No parce existir mucha claridad por parte del Gobierno sobre este tema. Cfr. Le Monde diplomatique, año XVI, No. 181, Septiembre, 2018, pp. 8-9: “¿Habrá una política de ciencia en Colombia, por fin?”.

*Profesor. Integrante del Consejo de Redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia

Información adicional

  • Antetítulo:La recientemente creada Misión de Ciencia y Tecnología:
  • Autor:Carlos Eduardo Maldonado
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Periódico Le Monde diplomatique Nº188, mayo 2019
Visto 255 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.