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Lunes, 03 Junio 2019 10:27

Ni un paso atrás… a la desmemoria*

Escrito por Wilmar Harley Castillo Amorocho
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Ni un paso atrás… a la desmemoria*

Hay personas que por su gesta o liderazgo, marcan un periodo de la historia del país en el que habitaron. Pese a ello, si no son convenientes para el establecimiento éste tratará de situarlos en sitial o escalón distinto al que merecen, es el caso de José Antonio Galán, líder rebelde comunero quien hace parte de la lista de aquellos que el bando ganador colocó entre los escalones inferiores de la historia colombiana.

A pesar de esa intención clasista (realista), las comunidades que en pleno siglo XXI prolongan su legado de rebeldía, sitúan la memoria de Galán en otro escalón. Porque hasta en la narración de la historia la lucha de clases se refleja nítida, como el agua. Confrontación que demanda recuperar y describir la memoria de este líder comunero como sujeto representante de una propuesta de nación adelantada para su época, la Colonia, siglo XVIII.

En este esfuerzo de analizar a Galán, puede resaltarse, en principio, consecuentes con sus ideas, su capacidad de situarse en función del otro, su visión y disposición unitaria, su mirada del territorio –lo que hoy denominamos país– así como su capacidad militar.

Su capacidad para situarse en función del otro, es lo primero por resaltar, pues es así como llega a liderar la rebelión comunera, al interiorizar las afectaciones de las comunidades producto de las políticas de impuestos y cobros desmedidos de la Corona. Es así como decide tomar las armas, sacrificando un estilo de vida familiar, junto a sus vecinos, y compenetrado con la comunidad, para poner en riesgo su ser ante un régimen sangriento. Esta premisa enmarca la personalidad de Galán.

Un estratega militar con malicia indígena

Ahora bien, en el campo militar resalta su astucia para engañar a las autoridades españolas. Cuando Galán se dirige a Honda, envía una carta con el mensaje falso de su rendición ante la Corona, con el ánimo de tranquilizar a las tropas españolas pues se conocía su recorrido por diferentes municipios de Cundinamarca. Luego de la carta cumplir su cometido, atacó Honda. Este tipo de tácticas incluyen el campo de la sicología en la guerra, al incidir en la psiquis del enemigo para desmovilizarlo, bajar la moral o hacer que cambien de bando, todo encaminado a la meta de ganar el conflicto armado. Por eso, el rumor es un recurso fuertemente explotado en una guerra que camina a la par de la capacidad bélica.

En ese momento del desarrollo de la rebelión comunera, cabe mencionar ese trayecto que traía Galán junto al resto de comuneros armados desde Santander. El cuál articula el otro rasgo distintivo de la personalidad del protagonista de este artículo, pero lo mencionaré después de exponer el trayecto comunero. Así es como, al salir de Mogotes con 16 compañeros de causa, el recorrido que tuvo luego fue Socorro, Facatativa, Villeta, Guaduas y luego Mariquita. Bajo las condiciones de aquella época de transporte y medios de comunicación lentos de territorio a territorio, se posibilitó adelantar mucho el proyecto comunero. Sin perder de vista este primera etapa comunera, pasamos a mencionar el siguiente aspecto de José Antonio Galán.

La empatía que cultivó entre los pueblos fue vital para el alcance político que tuvieron Los Comuneros. Pues Galán fue creciendo como un héroe criollo inspirador de una alternativa posible ante las injusticias de la Corona. Giró alrededor suyo un ejemplo a seguir, un respaldo militar y moral para aquellos que estaban atentos al desenlace de la rebelión, tanto así que el hecho de saber que el criollo estaba cerca a municipio y pronto pasaría allí era motivo suficiente para que la gente se organizara en cuerpos militares y capturaran a las tropas españolas, expulsaran las autoridades y se tomaran los recursos públicos, repartiéndolos entre la comunidad.

Un aguacero que inundó más allá de Santander

La ola de levantamientos y rebeldías atizados en el país se registran de esta manera: “[...] en Ubaté, los indios se niegan a pagar los tributos, las armas españolas tornan a rendirse ante él como trigos maduros que se doblan; Facatativá no piensa siquiera en resistir y es poseída jubilosamente por el vencedor […] un poco adelante, unas cuantas leguas hacia el occidente del camino que tomó Galán, un escalofrío libertario recorre la espina dorsal de la Mesa; el influjo se propaga a Tocaima; Villeta, Piedras y Guaduas […]”.

Al otro lado del Magdalena la historia se repite en diversos municipios: en Honda, Beltrán, Mariquita, los esclavos de la mina de Mal Paso, Ambalema, Coyaima, Coello, El Espinal, Upito, Purificación, Ibagué, Neiva (dirigida por Teresa Olaya) y Chaparral (el indio Simón Bernate hace historia en la sublevación). Subiendo por Antioquia también se presentaron levantamientos en Guarne, Caguán y Aipe. Ahora subiendo hacia el nororiente la rebelión germina en Girón, Cúcuta, San Cristóbal y Mérida.

En Boyacá, se dieron llamaradas de insurrección que prontamente fueron apagadas por las fuerzas reales. Los municipios de Pore, Chire, Santiago, Támara, Ten, Manare, Pava, Cravo, Pisba, Labranzagrande. Caso contrario en Nariño, donde los amotinados asesinan a palos al gobernador de Popayán; continua así en Tumaco, Barbacoas, Iscuandé, Palma Real, Tola, Río de Santiago y Baquería.

 

Vuelve y juega contra Santa fe

 

Al tener firmadas las capitulaciones el 8 de junio de 1781, desarrollando su contenido y ejerciendo los cargos que en estos estipularon algunos de los líderes de la rebelión comunera, Galán regresa a Charalá rodeado de los suyos. Sin saberlo, se cocinaba en papeles y oficinas reales la sentencia que lo llevaría al punto de mira de la Corona como venganza. El 1 de septiembre de 1781 se expide la orden de prisión contra nuestro líder comunero por orden de la Real Audiencia y los alcaldes de Zipaquirá y Chiquinquirá, bajo los cargos de robo y dirigencia en la primera sublevación para luego ser recibida por los alcaldes ordinarios en Socorro el 18 de septiembre.

Según el documento leído en el marco de la sentencia a la Galán, lo acusan por: “su desenfreno por la invasión hecha en Puente-real de Vélez […] interceptar la correspondencia de oficio, y pública, que venía de la plaza de Cartagena para esta capital (Facatativá) […] continuando con su voracidad y designios infames se condujo a Villeta y Guaduas, en donde, repitiendo los excesos del saqueo, atropelló también al alcalde ordinario de esta villa […] ejerciendo actos de jurisdicción en desprecio de los que la tenían legítima y verdadera (Mariquita) […] avanzó desde allí a la hacienda de Mal Paso, propia de don Vicente Diago, alzando a los esclavos, prometiéndoles y dándoles libertad, como si fuera su legítimo dueño […].

Estos argumentos hacen parte de la larga lista de acusaciones, para condenar a muerte al comunero: “[…] condenamos a José Antonio Galán a que sea sacado de la cárcel, arrastrado y llevado al lugar del suplicio donde sea puesto en la horca hasta que naturalmente muera, que bajado, se le corte la cabeza, se divida su cuerpo en cuatro partes, y pasado el resto por las llamas […] su cabeza será conducida a las Guaduas […] la mano derecha puesta en la plaza del Socorro; la izquierda en la villa de San Gil; el pie derecho en Charalá, lugar de nacimiento; y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes […]”.

No contentos con esta vil sentencia, prosigue la lectura: “[…] declarada infame su descendencia, ocupados sus bienes y aplicados al real fisco: asolada su casa y sembrada de sal. De los 16 compañeros capturados se les sentenció también a muerte y a otros el exilio en África”. La captura y asesinato de los comuneros sublevados nuevamente ocurre después de ser perseguidos y capturados la noche del 13 de octubre de 1781, pues ya se encontraban dentro del nuevo proyecto insurreccional iniciado en territorio santandereano con miras a Santa fe, sin perder tiempo en batallas contra los traidores de la rebelión comunera que se encontraban disfrutando de los cargos públicos estipulados en las capitulaciones.

 

Para terminar

 

Fueron claras las intenciones de la Corona de desaparecer de la memoria la rebelión y proyecto comunero junto a sus protagonistas, entre ellos Galán. Sin embargo, su figura como líder comunero y persona de confianza entre su comunidad le permitió levantar cabeza entre los nudos de la historia que impone la burguesía cuando narra el pasado.

Pretender ocultar la visión estratégica, la audacia militar, su capacidad organizativa como además su principio de alteridad en las comunidades que lo recibían junto a sus compañeros de campaña, es faltar a la verdad histórica de un elemento vital del acontecimiento comunero enmarcado en las luchas sociales previas a la independencia de 1810, la que como es conocido se prolonga en cientos de escaramuzas y batallas hasta 1819, para sellar con las armas la derrota enemiga.

Ahora bien, la rebelión y proyecto comunero no solo expuso a los revolucionarios y revolucionarias en este acontecimiento, también lo hizo con aquellos traidores que en la formulación de las capitulaciones incluyeron sus intereses particulares como es el caso del emblemático Juan Francisco Berbeo, miembro de la clase aristocrática de los cabildos de Santa fe y Tunja.

Teniendo en cuenta lo que sucedió alrededor de Galán y los comuneros, cabe mencionar que la sentencia contra los actores de la segunda insurrección comunera fue por dos razones. La primera, por venganza Real contra este pueblo insumiso que puso en entredicho el régimen colonial y propuso otro modelo de sociedad no-dependiente y, segunda, para sembrar el miedo y terror entre las comunidades que aun siguieran cosechando las ideas rebeldes, entre ellas de independencia.

Con respecto a las 36 capitulaciones, fueron desconocidas y enterradas por la Corona el 18 de marzo de 1782. Se anulan así cargos públicos, indultos y demás acuerdos desprendidos del histórico documento, quedando archivados originales y copias. Esta práctica se asemeja a lo que sucede con los acuerdos de la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, de los pueblos indígenas y afros, maestros y maestras, que se estipulan en el marco de las movilizaciones con el gobierno nacional para luego ser amañados a la normatividad vigente y posteriormente verlos parcialmente cumplidos dentro de largos periodos de tiempo, hasta llegar al total incumplimiento.

Se ve como la práctica de incumplir los acuerdos por parte de un gobierno nacional es herencia de la Corona, bien aprendida por sus herederos de clase, constituyéndose así en un principio histórico de la clase social que ha estado en el poder para sostener el régimen explotador y destructor de la vida. El incumplimiento de las capitulaciones expone la política real de la Corona frente a una negociación, la cual no tiene otro nombre de trampa.

No obstante, la historia la hacen los pueblos, de estos surgen liderazgos que encarnan sus intereses y proyectos de nación antagónicos al sistema-mundo capitalista. La disputa también está en narrar sus vidas en el acto de hacer memoria, como garantía de no perder la identidad y el horizonte de transformación social que tenemos implícitos los pueblos de Nuestra América.

Galán y Los Comuneros son el aporte del pueblo colombiano a la larga historia de luchas sociales que recalcan el futuro de esperanza y vida digna que tenemos los sujetos populares.

* Todas las citas corresponden al libro, Galán y los comuneros (1939), de José Fulgencio Gutiérrez.
** Coordinador Nacional Agrario - Congreso de los Pueblos.

Información adicional

  • Autor:Wilmar Harley Castillo Amorocho
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Periódico desdeabajo Nº257, mayo 20 - junio 20 de 2019
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