Jueves, 04 Julio 2019 08:10

Recogeremos cada pedacito

Escrito por Inés Elvira Lopera
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Recogeremos cada pedacito

Confieso que se me perdió el piso cuando en la impasibilidad de mi domingo me enteré del nuevo capítulo de la historia que lleva más de un año siendo noticia: ahora Santrich no aparece. Que se haya ido pone en tela de juicio el compromiso con la Paz que no ha dejado de profesar. La gente que cree en la versión de que es culpable de delitos por narcotráfico piensa que se voló para seguir delinquiendo. El presidente le dice a todos los medios que Jesús Santrich se fue porque quiere eludir la justicia.

¿Con qué cara vamos a decirle ahora nosotros (los activistas del Acuerdo de Paz), a los que están convencidos de que Santrich es un descarado narcotraficante, que el hombre es inocente y que, como ha dicho insistentemente, sigue comprometido con la construcción de la Paz?, pensé.

Santrich escoge un muy mal momento para irse: está citado a rendir indagatoria por los delitos que se le imputan el próximo 9 de julio en la Corte Suprema. Su partida hace pensar que no pisará la Corte el día de la cita, y entonces la afirmación de Duque se hace plausible. Tamaña fisura a la credibilidad en la voluntad de Paz del grupo guerrillero que pasó de ser fuerzas armadas a fuerza alternativa. Desolación. Estropicio. Cataclismo.

Al enterarme de los hechos me descorazoné porque llevo todo un año creyendo en la inocencia de Santrich y haciendo apostolado de paz entre mis escasos seguidores en redes sociales en procura de que, así sean dos o tres personas, alguien quiera pararle bolas a la fe en la Paz de una colombiana que no es célebre ni famosa.

Quise bajarme del mundo con esa sensación de “apague y vámonos” que intenta devorar el alma cuando algo es lo suficientemente adverso como para derrumbarle a uno sus convicciones; sus sueños; sus ilusiones; su visión de mundo. Abatida, me tocó enfrentar la realidad de que Jesús Santrich abandonó su esquema de seguridad en la madrugada del último domingo de junio de 2019, abandonando también así –al menos por ahora–, el lugar político que el Partido FARC le otorgó para trabajar por la paz ahora que el grupo guerrillero nacido de la masacre de Marquetalia dejó los fusiles y los cambió por la posibilidad de que las ideas y nada más que las ideas sean la herramienta para no devolver a Colombia a la cultura de la muerte. A la hostilidad del monte.

Hoy el sector de la ciudadanía que piensa que Santrich es un sinvergüenza eclipsa al del grupo de colombianos que estamos dispuestos a darle el beneficio de la duda. La UNP y los medios nacionales reportaron que abandonó por una trocha el ETCR en el que estaba en Tierra Grata, La Paz (Cesar), el pasado domingo 30 de junio a la 1 de la mañana. Pero en la maraña de información que circula también está que podría haber huido a Venezuela temiendo un atentado en su contra que presuntamente sería ejecutado a su llegada a Barranquilla ese mismo día.

En esa maraña de información también están dos tweets suyos, de nuevo del domingo en cuestión. A las 9:08 am posteó fotos suyas visitando cultivos de girasoles y plátano en una finca (los cuales refirió como proyectos productivos de exguerrilleros), y a las 10:22 am tweetió citando un artículo que hace parte de los Convenios de Ginebra: “la perfidia es una forma de engaño en la que una parte se compromete a actuar de buena fe, con la intención de romper esa promesa una vez que el enemigo esté indefenso”.

Salida de boca de Santrich, esa cita sólo puede referirse al gobierno del presidente que profesa ante el país que el exguerrillero es un delincuente. Santrich desapareció ante la mirada atónita de un país. Su última señal de vida es una afirmación que a todas luces es un indirectazo al gobierno por el cual se siente amenazado.

¿Dónde está Jesús Santrich? ¿Por qué se fue? Parece imposible que en este país continúe habiendo una tan delgada línea roja entre la verdad y la mentira. Y en esa mitad está el clamor cada vez más desesperado de los atribulados por la guerra. De los despojados. Me es difícil no sentir que mi anhelo de Paz se desahucia. Pero si Bojayá, Miraflores, Caloto y Tumaco le dijeron sí en el 2016 a la esperanza de Paz, yo no tengo derecho a claudicar.

El partido FARC invitó este lunes 1º de julio a Santrich, en el comunicado que presentó a la opinión pública, a “reafirmar con su presencia, en los escenarios que le fueron asignados por la dirección del partido, los compromisos adquiridos en sus años de militancia revolucionaria y en virtud del Acuerdo de Paz”. El grupo político ratificó que cualquier militante que decida apartarse, incurriendo en conductas que lo pongan por
fuera de la ley, de lo que la ex guerrilla pactó en La Habana con el gobierno, debe asumir las consecuencias. El mensaje es una clara manifestación de que cualquier conducta que pruebe actos delictivos no lo representa: “Va en contravía de nuestra línea política”.

A Rodrigo Londoño nos cuesta dejar de llamarlo Timochenko a pesar de que hubiera empuñado el balígrafo para firmar el compromiso de la ex guerrilla con el Acuerdo no una, sino dos veces; a pesar de haber pedido perdón a las víctimas a nombre de las Farc. Su declaración del pasado lunes en Twitter da una brizna de esperanza al país que hoy nuevamente se desilusiona de la Paz: “Y que sea el momento oportuno para repetirlo: El Acuerdo de Paz nadie, nadie, lo va a hacer trizas, y si así lo hacen, recogeremos cada pedacito y lo reconstruiremos”.

Las palabras de Rodrigo Londoño son un solaz para los que creemos en la Paz a pesar de tantos pesares. Hoy no meto las manos al fuego por Santrich. Pero sí meto las manos al fuego por la Paz.

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  • Autor:Inés Elvira Lopera
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
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