Lunes, 26 Enero 2009 18:31

Cartas van, cartas vienen

Escrito por Colombia Plural-Inestco
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La oferta de liberar sin condiciones a seis secuestrados y el intercambio de cartas entre las Farc y un grupo de intelectuales abren una luz hacia la humanización del conflicto y hacia la solución negociada.

Han transcurrido casi cuarenta días durante los cuales los familiares de Alán Jara y Sigifredo López han contado los días con sus noches. La tensión vivida durante años se les habrá convertido ahora en insoportable sufrimiento. A todos los familiares de las personas clasificadas como canjeables les rondará como fiera en acecho la pregunta: ¿habrá sido escogido mi hijo, mi padre, mi hermano, mi marido? ¿Será él el soldado? ¿Estará entre los tres policías seleccionados? ¡Que los liberen ya! es el clamor de la gran mayoría de los colombianos.

El problema de la dilación de un proceso como el que actualmente está en curso consiste en que,  en la medida en  que aumenta su duración,  se dificulta la solución. Según parece el obstáculo que representaba el acompañamiento internacional se ha allanado por la aceptación del gobierno brasileño de actuar como soporte de la logística que demandan las liberaciones. ¿Era imprescindible que transcurriera tanto tiempo para  aceptar una participación de este tipo?  El sufrimiento de las familias, las dificultades técnicas, las cerreras intransigencias y los peligros crecientes hacen patentes la necesidad y la urgencia de convenir el Intercambio Humanitario que resuelva de manera integral el tema de todos los secuestrados. Las liberaciones con cuenta gotas trazan un camino tortuoso y de perspectiva incierta.

El intercambio epistolar

A la decisión de la nueva edición de liberación unilateral llegaron las FARC-EP en virtud del intercambio epistolar iniciado por un grupo de colombianos y colombianas  que han decidido invertir sus esfuerzos en la búsqueda de la paz.  La ocurrencia partió de un diagnóstico elemental: en el curso de los últimos dos años las Farc han recibido golpes militares contundentes, pero no han sido definitivamente derrotadas.

La evolución de los códigos que desde la perspectiva oficial se han usado para designar momentos de la ofensiva de las fuerzas Armadas contra la guerrilla refleja los cambios de percepción. El general Padilla de León habló del  fín del fín (El Espectador, 16 de septiembre de 2007) y el politólogo Eduardo Pizarro declaró por el mismo tiempo que se había entrado en la etapa de posconflicto (Revista Semana, 27 de septiembre de 2007). Pero en los días que corren el Presidente Uribe señaló que  la culebra sigue viva.

Y en todo caso la idea según la cual una guerra irregular no es susceptible de culminar puntualmente en una fecha y una batalla en un campo dado, recomienda el camino de buscar la superación del conflicto por los caminos de la política.

La primera carta, del 11 de septiembre de 2008, abrió el camino para tomar a las Farc como interlocutoras de un intercambio epistolar. Ello implicó pasar del lenguaje de la conminación, el apremio y la exigencia perentoria, al de la interlocución inducida desde una posición de irreductible independencia. Mes y medio después vino la respuesta de las Farc en una breve misiva donde declararon iniciado el intercambio epistolar. Entonces a la senadora Piedad Córdoba y a los demás firmantes   se les administraron por parte de funcionarios de la Seguridad Democrática y de sus intelectuales orgánicos, una serie de calificativos: desde idiotas útiles, pasando por ingenuos, hasta cómplices.

Pero a los computadores en las "Montañas de Colombia" entró la segunda carta fechada el 27 de noviembre de 2008 en la que se incluyeron consideraciones sobre el tema que por fin había llegado después de años a los medios de comunicación: la monstruosidad de los "falsos positivos". Se afirmó en la misiva que forzosamente el mantenimiento de la guerra como se libra en Colombia implica el incesante incremento de su descomposición. Se reiteró el propósito de luchar por la instauración de "…un Estado moderno que permita alcanzar condiciones dignas para la vida en comunidad". A quemarropa se le puso en las manos al Estado Mayor de las Farc la siguiente formulación: "De manera cordial pero sin rodeos nos permitimos preguntarles si están dispuestos a abandonar de manera definitiva la práctica del secuestro". La importancia del interrogante en si mismo es obvia, pero también era la manera de expresar la convicción de que el intercambio de cartas no podría limitarse a la circulación de diagnósticos que por el nivel de generalidad pudieran ser, sin perturbación, aceptados por las Farc, pero que evadieran el análisis del papel de la Insurgencia como actor político y militar. Los firmantes de la carta tomaban distancia de la condición de -la expresión fue acuñada por el estalinismo-  compañeros de ruta.

Vino entonces la segunda carta de las Farc a los "Colombianos y Colombianas  por  la Paz". El anuncio de las liberaciones, como es natural, capturó la atención de los medios. El documento contiene una serie de elementos que demandan análisis y que exigen respuesta que hasta ahora no se ha dado por parte de los destinatarios. Tal el caso de la distinción de manejo conceptual y político entre los "retenidos" (secuestrados)  los "prisioneros de guerra" (soldados y policías) los "retenidos políticos" y  las "personas retenidas con objetivos económicos" (secuestro extorsivo). En este último caso las Farc esgrimen la justificación inaceptable del secuestro como  un ejercicio fiscal, mediante la atribución para sí mismas de una función del Estado.

En la misma carta las Farc ponen una vez más sobre la mesa los temas del Canje, proponiendo de forma no realista la aprobación en el Congreso de "una ley permanente que deje abierta la posibilidad del canje", al tiempo que reiteran el reconocimiento de las Farc como fuerza beligerante. Proponen "un encuentro de las fuerzas políticas y sociales interesadas en el cambio, que nos permita delinear de manera consensuada un gran acuerdo nacional hacia la paz, para construir colectivamente alternativas políticas a la guerra y a la injusticia social". A la carta anexan un Manifiesto y la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia.

Se abre una ventana

Uno de los objetivos de los firmantes de la carta  inicial - el de abrir el espacio de discusión política con las Farc - se ha alcanzado. Ello, como es natural, no implica que se acepten las propuestas más allá de su condición de insumos para alimentar el debate que no puede vetar ni temas ni estilos de argumentación. Desde luego no tenían base alguna las declaraciones del Comisionado de Paz cuando, al referirse al intercambio epistolar, señalaba que "Las Farc llaman a diálogos clandestinos". El anuncio de las liberaciones debe  tomarse como un signo positivo de respuesta de las Farc  a la pregunta planteada por los Colombianos y Colombianas por la Paz sobre el secuestro; sin embargo el interrogante se mantiene en pie.

Arriba se hizo referencia a las reacciones del mundo oficial u oficioso de la Seguridad Democrática al intercambio epistolar en sus comienzos. Luego del anuncio de las liberaciones se desplegó un concierto de declaraciones. El Presidente Uribe recordó que ya desde el 6 de diciembre de 2008  había advertido que las Farc estaban tramando "una celada", una nueva liberación humanitaria a través de una dirigente política. Subió luego el tono y habló de "….la trampa que nos quieren tender las Farc"  y señaló que la única opción que admite el gobierno "….es que los combatientes  denuncien la ubicación de los cautivos y se acojan  a un plan de recompensas y beneficios jurídicos". Por su parte José Obdulio Gaviria señaló enfático: "Hay un gran engaño, una gran trampa en ese intercambio epistolar". Dejó luego caer el Consejero una gota  de paternal disculpa: "Hay gente de buena voluntad que ingenuamente  se presta para eso". Y terminó en su estilo: "Hay que tener mucho cuidado, particularmente los colombianos que estamos en la lucha contra el terrorismo, de no permitir su reencauche mediante ese tipo de argucias"- argucias de los "caguaneros", por supuesto.

Alambrada de garantías

Es cierto que a partir del 22 de diciembre el Presidente Uribe autorizó la intervención del Comité Internacional de la Cruz Roja en las liberaciones y abrió la puerta del Vaticano. Esto último debió haber sido consultado previamente, lo cual no se hizo. Tal omisión irritó a la diplomacia vaticana, una de las más quisquillosas del mundo. También el Presidente aceptó a Piedad Córdoba para el cumplimiento de la función que las Farc le habían encomendado de recibir a los liberados.

El control de la retórica encendida y las autorizaciones dadas muestran que el gobierno percibe que el apoyo unilateral a la guerra no está en alza en la opinión nacional. En esa dirección  ha jugado también de manera positiva la actitud serena de  Piedad Córdoba, quien en esta coyuntura se ha alejado del papel que le suelen asignar los medios,  de oradora radical y vehemente.

Parodiando a Gabriel Turbay, el Presidente Uribe y el Ministro de Defensa han rodeado al proceso de las liberaciones de una alambrada de garantías hostiles. En silencio Santos debió acariciar la idea de usar la presente liberación unilateral para una operación Jaque bis. Esa sería una poderosa plataforma de lanzamiento de su candidatura a la Presidencia de la República.  Por ahora seis hombres avanzan penosamente hacia la libertad bordeando abismos.

La irritación que ha despertado en los medios del gobierno y del uribismo el intercambio epistolar representa una  buena muestra de cómo el régimen actual depende del mantenimiento de la centralidad de la guerra en el ambiente político y en la atmósfera emocional del país. La escalada de la guerra es funcional al proyecto de  militarización del ambiente general, de expansión de formas primarias de explotación de los trabajadores, de expropiación de colonos y campesinos,  de expansión del fundamentalismo ideológico.

Cuando se discute sobre intercambio humanitario y sobre salida política al conflicto interno se están poniendo en el debate cuestiones de fondo que van más allá de la liberación de los secuestrados por la guerrilla y de cesación del fenómeno insurgente. En tal sentido la controversia tiene un alcance político "cargado de futuro" que trasciende  reyertas partidistas estrechas y en la cual pueden y deben tomar parte además de los ciudadanos y ciudadanas  individualmente tomados, todas las corrientes políticas del país.  

Por, Medófilo Medina 
Revista virtual Razón Pública
Envío Colombia Plural-Inestco
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