Miércoles, 31 Julio 2019 11:02

En mi barrio, Rappi acabó con las arepas

Escrito por Felipe Martínez
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En mi barrio, Rappi acabó con las arepas

“El mundo moderno y su perfección,
perfecta máquina de destrucción, cañones que apuntan a todo lugar, siempre hay una bomba a punto de explotar”.
Canción “Perfección” de Los SuZioX

 

Todas las tardes, don Miguel ponía un puesto de comida en la entrada de su casa. Era como un rito: hacia las 3 pm sacaba una parrilla y allí prendía la brasa con carbones y alimentaba el fuego con el viento de un ventilador. Las arepas con mantequilla, queso o con chorizo que vendía don Miguel tenían un sabor especial, ese que ya poco se encuentra en la ciudad: traían un sabor a vecindad, pues a su negocio llegaban, noche tras noche, muchas personas del barrio Villa Javier, que se sentaban al frente de su casa para espantar el hambre degustando las deliciosas arepas.

El trabajo de don Miguel también reflejaba una realidad de millones en el país: el rebusque cotidiano para sobrevivir. Después de dos años de su rito diario, un día don Miguel no volvió a abrir su negocio y el barrio se quedó sin arepas. ¿La razón? La aplicación de Rappi se convirtió en el nuevo trabajo del vecino que decidió cerrar su negocio para irse a aventurar trabajando como “rappitendero”, y así vivir en carne propia la realidad de las precarias oportunidades laborales del siglo XXI (Ver recuadro 1).

Precarización laboral
Es innegable que el mundo en el que vivimos vive una revolución en todo sentido. Con el desarrollo de nuevas tecnologías y la internet, surgen algoritmos, aplicaciones y plataformas que van transformando la vida de los seres humanos. El imperio de Silicon Velley, ubicado al norte de California (Estados Unidos), donde se alojan las grandes corporaciones tecnológicas (Google, Facebook, Apple, Intel, Hewlett-Packard, Netflix, entre otros), trata de penetrar hasta el más mínimo rincón de la vida mediante la digitalización de todo, acumulando así el nuevo oro de las corporaciones: los datos, que día a día son suministrados gratuitamente por los usuarios que mediante “likes” abren las posibilidades para que las empresas creen nuevas experiencias y modelos de consumo, cada día más personalizados e individuales.

Estos emporios tecnológicos lo están transformando todo, llegando al punto de crear nuevas formas de empresas y trabajos, que, para una sociedad y sistema económico en crisis, surgen como salvación al permitir su reconversión. Es así como se da el crecimiento y auge de las aplicaciones de servicios, las cuales se puede decir implican una nueva ola de pérdida de derechos y desregulaciones laborales.

Lemas como “conviértete en tu propio jefe”, o discursos de ser “emprendedores” y “microempresarios”, profundizan una lógica en la que todas las personas compiten entre sí, esforzándose de esta manera por su bienestar individual.
Aplicaciones como Uber, Glovo, Deliveroo, Pedidos Ya, Rappi, etcétera, generan unas condiciones de control y explotación laboral de siglos pasados, por no decir que peores, pues ahora los trabajadores totalmente controlados y sometidos –mediante satélites– reciben órdenes de servicio, que de no cumplir les aplican el bloqueo de la aplicación, algo así como ser despedidos pero sin carta alguna que así lo indique, o sin invitación a la oficina del jefe inmediato para recibir la decisión de la empresa, y mucho menos liquidación alguna.

Es una relación de nuevo tipo, totalmente desregularizada, en la cual la propietaria de la aplicación asigna los pedidos, tarifas, cobro de “salarios” –en realidad comisiones por entrega efectivas–. Estamos ante un modelo en el que no se firman contratos, no se aplica una jornada laboral específica, no se generan prestaciones ni seguridad social, no se genera un salario fijo, no se puede realizar acciones legales, y son muy pocos los casos de sindicalización para exigir derechos.

Rappi, el unicornio
colombiano

Esta empresa de domicilios y comercio electrónico fue creada en agosto de 2015 y hoy en día se convirtió en uno de los emporios económicos, pues en tan solo cuatro años se propagó por las calles de siete países de la región (Colombia, Argentina, Uruguay, Perú, Chile, Brasil y México), convirtiéndose así en el primer “unicornio colombiano”, es decir la primera empresa digital en edad temprana que logró llegar a un valor de un millón de dólares. Adicionalmente es la primera empresa en Latinoamérica de este tipo en recibir “una inversión de hasta US$1.000 millones (aproximadamente $3,2 billones), por parte del poderoso grupo japonés SoftBank Group y SoftBank Vision Fund”1.
El crecimiento de la empresa se logra a costa de la esclavitud de miles de personas conectadas a la aplicación y dispuestas a partir rumbo a la compra y entrega indicada, a la hora que sea y en el territorio asignado.

Para evadir implicaciones legales de cualquier tipo, el discurso oficial de la empresa es que las personas que trabajan como “rappitenderos” no viven de este trabajo, pues en realidad son “microempresarios” que disponen de su propio tiempo libre para ganarse unos pesos de más. Discurso falso, pues como todo el mundo lo sabe –sobre todo quienes están ligados a este rebusque– los miles que trabajan con la maleta naranja, en su mayoría dependen económicamente de los domicilios que logren entregar en el día a día. Según Simón Borrero CEO (Chief Executive Officer u Oficial Ejecutivo en Jefe) y fundador de la empresa, Rappi cuenta con 3.000 empleados fijos y alrededor de 50.000 “rappitenderos” en toda la región. En sus proyecciones está multiplicarlos por 10 en un año, es decir, sumar 500.000.

Las condiciones laborales de este “unicornio colombiano” son como de un cuento de fantasía, pues en la realidad no existen. Ningún “rappitendero” cuenta con garantías laborales y la mayoría dedica todo el día a esta actividad, como lo menciona don Miguel en la entrevista. Es claro que quienes ven una oportunidad laboral en esta aplicación son los desempleados, así como los migrantes venezolanos que se encuentran por toda la región (Ver recuadro 2).

Nuevo modelo de bancarización. Pero no solo controlan el tiempo de miles de personas, a quienes tienen a su disposición sin ninguna contraprestación legal, sino que además, con el crecimiento de la empresa se concretan los lineamientos del capital internacional financiero, que desde hace algunos años tiene la pretensión de bancarizar la sociedad –dejar de utilizar efectivo y comenzar a utilizar tarjetas débito o crédito–. Actualmente Rappi y el banco Davivienda formalizaron una alianza mediante la cual se podrán realizar transferencias bancarias, giros, pagos de impuestos y facturas, compras y otro tipo de movimientos económicos sin necesidad de tener tarjetas, lo que formaliza una nueva forma de la economía de plataformas, que avanza a pasos agigantados, como puede deducirse de la decisión de Facebook de crear una moneda propia.

Huelgas, paros y acciones legales contra plataformas

Solidaridad entre los “naranjas”. En los primeros días del mes de julio los “rappitenderos” realizaron nuevas jornadas de protesta2 contra la empresa, aglutinándose en las oficinas de la calle 93 con 19 y quemando algunos maletines mientras exigían mejores condiciones laborales. La acción de protesta se produjo debido a los cambios de tarifas que se empezaron a generar por la entrega de domicilios, llegando a casos de pagar menos de 2.000 mil pesos por entrega, así mismo se exteriorizaba la inconformidad por los bloqueos que reciben los trabajadores por no aceptar pedidos, lo que generó la inconformidad de los “naranjas”.

Estas acciones no se presentan únicamente en nuestro país. En diferentes lugares del mundo crecen las inconformidades contra estas plataformas, que en su mayoría pasan por encima de los derechos de los trabajadores. Un ejemplo organizativo de este tipo es el caso argentino, en donde los trabajadores de plataformas crearon la Asociación de Personal de Plataformas (APP)3, sindicato mediante el cual luchan por los derechos laborales de todas aquellas personas que viven de trabajar con las aplicaciones.

De igual manera en España en el año 2017, un juez falló en contra de la empresa Deliveroo –aplicación que funciona similar a Rappi–, al considerar que un repartidor había sido despedido de manera injusta, comprobando que las condiciones de trabajo del domiciliario eran las de un empleado vinculado a la compañía, pues dependía completamente de ella y seguía todas las reglas fijadas por la empresa, lo que evidenciaba que no era un trabajador independiente.

Muchas de las exigencias laborales a nivel mundial son las mismas, entre ellas resaltan: salario básico, garantía de prestaciones y seguridad social. Lo que implica algún tipo de formalidad laboral con las plataformas.
En Colombia es poco el nivel organizativo logrado entre de los trabajadores de plataforma, sin embargo, ya se han presentado algunas propuestas de sindicalización que toman como referente el caso argentino. Así mismo, Rappi recibió una sanción de la Superintendencia de Industria y Comercio en la que multan a la empresa con $298 millones de pesos al incumplir la ley de protección de datos, sanción que está en veremos, pues la empresa apeló la decisión. De la misma manera, desde el Ministerio del Trabajo se piensa promover una ley para regular las aplicaciones en Colombia, exigiendo la garantía de pensión y salud para los trabajadores. Todo un contrasentido, teniendo en cuenta que el gobierno actual promueve este tipo de empresas con su denominada “economía naranja”.

¿Alternativas?

Es evidente, nos encontramos ante un retroceso en los derechos alcanzados por la humanidad a través de las luchas sociales de siglos pasados. Derechos como el de la sindicalización o el de los tres ochos –ocho horas de trabajo, ocho horas de recreación y ocho horas de descanso– parecen cuestiones que la memoria ya no retiene.

Es así como la norma común hoy es el trabajo de la eterna esclavitud, no solo en Colombia sino en muchos otros países. Para el caso nacional, con estas nuevas tecnología, que deberían servir para potenciar la vida en común y no para individualizar, regresamos a condiciones similares a las ya padecidas por los trabajadores de las bananeras (años 20 del siglo XX), en donde les pagaba con bonos que solo podían redimir en los comisariatos de la United Fruit Company, o al de las caucherías en la amazonia (inicios del siglo XX) en donde los trabajadores, en efecto, eran esclavos de la Casa Arana, y cargaban consigo una deuda eterna, trasferible a sus descendientes.

Para evitar nuevas opresiones, agilizadas por novísimas tecnologías, el reto es potenciar lo colectivo y el rescate de lo común. El tejido de solidaridades y la constitución de otras formas de economía y de socialización de lo producido entre quienes estén ligados a las mismas, se colocan a la orden del día. Otra economía, que debe marchar a la par de otras formas de ser gobierno, para darle paso a otras formas del poder, que en este siglo debe desconcentrarse para ya no ser máquina de opresión.

1 Ver: https://www.dinero.com/emprendimiento/articulo/rappi-recibe-inversion-de-1000-millones-de-dolares/270362
2 En octubre de 2018 los “rappitenderos” realizaron manifestaciones frente a las oficinas de la empresa por los cambios realizados por la plataforma que afectaban sus bolsillos.
3 Para conocer la experiencia organizativa argentina contra la empresa de plataforma se recomienda ver: https://www.youtube.com/watch?v=EmB5_6ien0w

 


Recuadro 1

 

La vida como “Rappitendero”

 

Don Miguel Cárdenas es una persona como millones en nuestro país: padre de 3 hijas y próximamente tendrá un nuevo hijo, estudió bachillerato y a lo largo de su vida se ha dedicado a trabajar en oficios varios.

desdeabajo (da). ¿Cómo era un día en su trabajo vendiendo arepas y chorizos?
Miguel Cárdenas (MC). Mi rutina era, entre las 9 y 10 de la mañana tenía que ir a surtir, porque había muchas cosas que no me las llevaban hasta la casa, sino que me tocaba ir a comprar, por ejemplo, los chorizos, la mantequilla, las salsas; las arepas y las gaseosas si me las traían a la casa. Luego, cuando llegaba de compras me ponía a hacer aseo, porque como trabajaba con el carbón entonces quedaba bien sucio. Como me quedaba tiempo libre pues a veces le colaboraba a uno que otro vecino a hacer algunas vueltas –como mensajero–, así me ganaba unos pesos adicionales.

Cuando ya eran las 3 y media de la tarde ponía el puesto en la entrada de la casa y me ponía a prender el carbón. Generalmente los clientes empezaban a llegar a eso de las 4:30 o 5:00 de la tarde. Siempre tenía abierto hasta las 9:30 o 10:00.

Con el negocio duré dos años y medio, y hubo una época que empecé a trabajar en una panadería y ahí la rutina era diferente porque entraba a trabajar a las 5 de la mañana y salía a las 2 de la tarde y de ahí ir a surtir y salir corriendo para abrir el negocio.

da. ¿Por qué decidió montar ese negocio en su casa?
MC. La verdad es que pasé muchas hojas de vida, pero por la edad que tengo (42 años) ya no me recibían en ninguna empresa, entonces decidí montar el negocio.

da. ¿Cuánto se ganaba mensualmente con tal labor?
MC. Al comienzo era bueno, siempre llegaba casi a 900 mil o un millón libres, pero a raíz de la noticia del señor de la empanada que le sacaron un parte se bajaron mucho las ventas y empecé a hacerme apenas ochocientos mil pesos o un poco menos.

da. ¿Por qué decidió empezar a trabajar con las aplicaciones?
MC. Inicialmente comencé con Rappi. Todo fue por una idea de un conocido de mi mamá que me dijo que él compraba la moto y yo se la trabajaba dándole una cuota diaria como si fuera tipo taxi –20 mil diarios–. Yo estuve indagando y tomé la decisión de arriesgarme para irme a trabajar con la aplicación esperando que este trabajo sí me ayudara a cubrir todos mis gastos.
da. ¿Tuvo que firmar algo para entrar a trabajar?
MC. En Rappi solamente lo conocen el día que usted va y se activa. Lo único que tuve que hacer fue un curso de unas horas donde me explicaron el manejo de la aplicación, después compré el bolso de 85.000 mil pesos y comencé a trabajar.

da. ¿Cuánto le pagaban por domicilio?
MC. Algunos domicilios eran de 2.700 pesos, pero después de las 7 de la noche por algunos pagaban hasta 10.000 mil pesos.

da. ¿Cómo es un día normal trabajando con la aplicación?
MC. Cuando comencé con Rappi, de lunes a jueves salía a las 9 de la mañana y regresaba a las 7 de la noche. Lo que eran viernes, sábados y domingos salía a la misma hora y trabajaba hasta las 10 u 11 de la noche, porque en esos días salía más trabajo.

da. ¿Por qué dejó de trabajar en Rappi?
MC. Un domingo a las 8 de la mañana salí y tomé un servicio, lo entregué y a los diez minutos la aplicación me bloqueo porque supuestamente fui grosero con dos proveedores donde recogí los domicilios hacía unos días. Fui a una de las oficinas centrales, envié cartas con la firma de uno de los proveedores, con los que supuestamente había sido grosero, donde se aclaraban las cosas, pero no me solucionaron nada y quedé sin poder trabajar.

da. ¿Conoce otro tipo de sanciones en Rappi?
MC. Después de lo que me pasó, he hablado con muchos trabajadores y me cuentan que hay casos en los que pagan menos de lo que le tienen que pagar, por ejemplo, a usted ellos le consignan cada 8 días en Daviplata y a mucha gente le pasa que trabajó toda la semana y estaba esperando 500 mil pesos y le consignan apenas 150 mil y cuando se pregunta por el resto sacan pretextos de deudas inexistentes.
Otro caso de sanción es que a usted le miden la velocidad a través del GPS, y si usted trabaja en bicicleta y ven que se está moviendo con más velocidad dicen que en realidad usted está es en moto y le está mintiendo a la empresa, entonces lo bloquean.

da. ¿Cuáles son las diferencias más notables entre su actual trabajo y el anterior?
MC. Siéndole sincero, con Rappi se veía una diferencia porque había más trabajo. De estarme ganando 900 mil con el negocio de las arepas, en Rappi alcancé a llegar al millón doscientos y si no me hubieran bloqueado creo que estaría ganando un poco más, pero la verdad Rappi sí me afectó mucho dejándome sin trabajo.

 


Recuadro 2

 

El interior de Rappi

 

Santiago Vargas trabajó en Rappi por medio de una empresa intermediaria que lo contrató como agilizador de “rappitenderos” y usuarios. Estudió cine en la Universidad Central.

desdeabajo (da). ¿Qué es Rappi?
Santiago Vargas (SV). Es una empresa de domicilios que tiene varios servicios más allá del domicilio básico, ya que también puede prestar otro tipo de servicios, como adelantos en plata, así como suplir otro tipo de necesidades más personalizadas, todo ello a través de una aplicación de teléfono.

da. ¿Cómo son las condiciones de trabajo para quienes están en las calles?
SV. Hay una cosa con esa empresa y es que todo es muy cambiante. Yo estuve un año y en ese tiempo a los “rappitenderos” les cambiaron las condiciones de trabajo por lo menos unas 10 veces. Digamos, muchas veces los bloqueaban por algunas horas –al no aceptar pedidos– y les restringían las opciones para aceptar los domicilios; cuando eran bloqueados muchas veces los restringían por días, y a veces ya no podían volver a trabajar. De las cosas que más cambiaban eran las tarifas, pues, en realidad ese tema nunca ha sido estable y varía mucho en el día a día, depende de la hora, de la zona y así: a veces les pagan desde 2 mil pesos, pero otras veces podían verse algunos de hasta 20 mil pesos.
da. ¿Cuántos domicilios puede hacer un “rappitendero” por día y cuáles son las condiciones de trabajo?
SV. Eso depende mucho de las horas que trabajen, y quienes trabajan hasta 15 horas día pues les iba bien. También hay qué tener en cuenta que existen horarios en los que es mejor que en otros, como hay zonas en las que salen más pedidos que en otras. Como le digo, todo en esa empresa es cambiante. Nosotros ni siquiera teníamos claro la cantidad de gente que entraba y salía. Había gente de todas las edades, generalmente más hombres.

Todo el tiempo desactivan y activan nuevas personas y ninguna tiene un contrato. No todos los “rappitenderos” son lo mismo, hay algunas categorías entre ellos, y algunos, por el tiempo que llevan, tienen mejores condiciones laborales.

da. ¿Cómo era su contratación con la empresa?
SV. A mí me contrató una empresa temporal, que es una de esas firmas que abren y cierran en cualquier momento y lo vinculan a uno tercerizado a otras empresas, ellos me respondían por mi dinero, pero yo tenía que ir a trabajar en las oficinas de Rappi. Tenía un contrato por prestación de servicios, que le llaman hora labor, y mi función era coordinar los pedidos y las entregas. Mensualmente tenía una base de 800 mil pesos, pero cuando trabajaba en las noches y festivos recibía una comisión y así podía alcanzar el millón de pesos.

Información adicional

  • Autor:Felipe Martínez
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Periódico desdeabajo Nº259, julio 20 - agosoto 20 de 2019
Visto 407 vecesModificado por última vez en Miércoles, 31 Julio 2019 11:05

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