Viernes, 29 Noviembre 2019 19:16

El necesario desmonte del Esmad

Escrito por Equipo desdeabajo
Valora este artículo
(1 Voto)
El necesario desmonte del Esmad

Cinismo, una de las características del poder. Desvergüenza, otra de sus formas cotidianas. Cuestionado el establecimiento por la violencia con que actúa el Esmad, por su poder de muerte, no de prevención ni de distención, el ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo no titubea para decir que el Esmad se rige por los más altos estándares internacionales, que las armas que utiliza son las reconocidas por la comunidad internacional, y que en la “muerte” de Dilan Cruz no se utilizaron armas ilegales. Todo es legal, incluso el asesinato, esa es la capacidad que tiene el poder de autoprotegerse. Lo demás son dolores, pero para quienes le enfrentan.

No hay duda en el procedimiento del Esmad, el poder global define los parámetros que le sirven para proteger sus intereses: arma sus ejércitos y fuerzas de choque para destruir a quien(es) lo cuestione(n), y para ello reglamenta el funcionamiento de tales fuerzas y de las armas que utiliza, no importa que en ello se vaya la vida, la salud, la seguridad, el futuro inmediato o mediato de miles o millones de personas, precisamente las que protestas por las condiciones de vida que les toca soportar.

Pero porque la comunidad internacional acepte este tipo de violencia (la del Estado) eso no significa que la sociedad que padece los códigos y reglamentos del capital, además de sus fuerzas violentas, tenga que someterse a ellos y ellas. Ahí está el asesinato, no solo de Dilan sino de muchos otros jóvenes que en el curso de pocos años han sido arrollados por el poder, el legal, el autorizado por la comunidad internacional con sus gases tóxicos –que en gran escala o espacios cerrados hacen lo mismo que las cámaras de gas hitlerianas–, con sus balines, con sus cachiporras, con sus motos y carros que arrasan a quien les interponga resistencia.

Es suficiente la pérdida de una vida para que cualquier sociedad revise lo que le está sucediendo. Es suficiente una injusticia para que haga lo mismo. Y en Colombia las vidas irrespetadas por el poder no son una ni dos, así como las injusticias. Entonces, ante la muerte propiciada de manera consciente por el poder –revestido de legalidad jurídica y militar; revestido del amparo internacional–, y ante la injusticia que propicia ese mismo poder –al proteger sus intereses y beneficios– no se le puede decir a la sociedad que aguante, que guarde silencio, que comprenda que lo sucedido es legal. Eso es cinismo, eso es desvergüenza.

Con justa razón amplios sectores sociales reclama el desmonte del Esmad. Con justa razón pues esa parte de la sociedad teme que la asesinen cuando proteste, o cuando menos que la violenten, maltraten, y producto de ello quede con secuelas sicológicas o físicas que lo limiten por el resto de la vida.

Tenemos ante nosotros la muerte, la violencia, las afectaciones de cientos de personas que en el curso, no solo de ahora sino de numerosas protestas han sido afectadas por perdigones, los mismos que acabaron con la vida de Dilan; pero también han quedado decenas de manifestantes con lesiones físicas que los impiden para el resto de su vida producto del ataque de este tipo de fuerzas de choque. Es evidente que los derechos humanos ante esta realidad quedan reducidos a simple letra muerta, sumatoria de buenas intensiones burladas por el poder.
Armas y ataques sometidos a la reglamentación internacional, según el ministro de Defensa, que en Chile, por referirnos a una realidad cercana, llevó a Human Rights Watch (HRW) a solicitar que este tipo de armas, como la que dispara el cartucho ‘bean bag’ –con el que acabaron con la vida de Dilan– no sean usadas.

Hay que recordar, según el director de HRW, que este tipo de bala consiste en una especie de calcetín que tiene una concentración fuerte de perdigones. Un instrumento que se supone que no es letal y que está predefinido para ser disparado a las piernas, no a la cabeza, ojos, pecho y partes del cuerpo que puedan ser lesionadas y derivar en un trauma que derive en la muerte de quien sufre el ataque.

Es tal la potencia de este tipo de armas, así como de las escopetas que disparan perdigones (“disparan perdigones en forma indiscriminada y que dependiendo de la distancia pueden herir gravemente a aquellos que se encuentran dentro de su amplia zona de impacto”), que HRW pidió al gobierno chileno cesar el uso de las mismas, además de solicitar al gobierno que reforme las fuerzas de choque con que cuenta.

Ante esta realidad, que no es distante de la de Colombia, ¿por qué acá no se puede proceder con el desmonte del Esmad? ¿Por qué no es posible controlar el uso de armas que tienen un potencial peligro de acabar con la vida de quienes padezcan su uso?

Es claro. No basta con que el campo internacional legitime este tipo de fuerza y armas (campo internacional donde están, con toda seguridad, quienes fabrican estas armas y brindan instrucción de quienes las usan), ese es un argumento leguleyo que se cae por el peso de la realidad.

No solo el Esmad debe ser desmontado, sino todo tipo de grupo policial, militar y de choque que atente contra los derechos humanos.

 

Artículo relacionado

Dilan Cruz, nueva víctima de la violencia de Estado

Información adicional

  • Autor:Equipo desdeabajo
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Periódico desdeabajo
Visto 357 vecesModificado por última vez en Viernes, 29 Noviembre 2019 19:27

1 comentario

  • Enlace al ComentarioJahmalLunes, 02 Diciembre 2019 15:25publicado porJahmal

    El ESMAD con licencia para asesinar a quienes sean opositores de las alcaldías o gobiernos de turno.

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.