Sábado, 29 Febrero 2020 10:23

El exabrupto del trabajo por horas

Escrito por Equipo desdeabajo
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El exabrupto del trabajo por horas

¿Redistribuir la pobreza o redistribuir la riqueza? El interrogante viene al caso una vez conocida la propuesta del gobierno de normalizar el trabajo por horas, dándole carta de ciudadanía para que las empresas lo asuman como lo normal, ya que “a un ingeniero de sistemas tú no lo necesitas todo el día en tu oficina sino dos horas”, como ejemplificara Alicia Arango, por entonces Ministra de Trabajo.

Como es conocido, el nuestro es un país donde la norma en el mundo del trabajo es la informalidad laboral, y lo anormal es la formalidad; una constante arraigada de manera tal que en los ministerios, gobernaciones y alcaldías, el personal vinculado a termino fijo –6, 8, 10 meses– es lo notorio, y los vinculados a término indefinido va en caída. Esa realidad también es norma en la empresa privada.

Tal realidad cabalga a la par del desempleo abierto, en crecimiento a pesar de que Colombia cuenta con “una de las mejores economías de la región”, como lo realza en autoelogio el actual gobierno al conocer el declive de la mayoría de las economías latinoamericanas. Colombia creció en 2019 en el 3,3 por ciento. Como se puede deducir, una satisfacción de mediocres (ver suplemento, así como el artículo de Jorge Iván González, pág. 10).

Tenemos, entonces, desempleo abierto e informalidad (precariedad que en parte disfraza al primero de estos), dos realidades que laceran los ingresos de los hogares y la autoestima de quienes están en edad de trabajo, así como ahondan la pobreza en millares de hogares, simultáneamente con la reducción de la potencialidad del país en su perspectiva de crecimiento real –con calidad de vida para todos–. De manera paradójica, la vía expedita que encuentra el gobierno de turno para superar esta realidad es reglar la precariedad, formalizándola.

Nada bueno augura esta opción para millones de connacionales, pues una medida tal equivale a la de un ingeniero civil que, ante una montaña en deslizamiento, le sembrara dinamita para que caiga de una vez por todas, sin buscar la falla estructural que comporta y así proceder con las pertinentes obras civiles, evitando que siga en picada, impidiendo de este modo, además, que obstruya una vía, bloquee el flujo de aguas de un río o quebrada, deforeste totalmente su entorno, arrase con las viviendas que posiblemente estén construidas allí, o simplemente pierda su firmeza y potencial.

Argumenta el huésped de la Casa de Nariño que “[…] el país debe mirar cómo se formalizan y cómo se les garantiza cobertura en seguridad social a las personas que trabajan por horas”, para luego enfatizar que “[…] tenemos que buscar cómo generamos más empleo y empleos dignos en el país” (sic).

¡La dignidad del trabajo por horas! Sería bueno que cogiera la calculadora quien así se expresa y proyecte cuántos años de labor necesitará alguien que es contratado por la modalidad anunciada para acceder a una pensión, y el tamaño de la misma, pues no es equiparable la pensión con el mínimo, o menos del mismo, que seguramente es lo que alcance quien labore por horas, que la pensión a que accede quien devenga a lo largo de su vida productiva cotizando con varios salarios mínimos.

Redistribuir por lo bajo, esa es la perspectiva del gobierno y de aquellos a quienes representa, los gremios de toda índole, los mismos que acumulan ganancias año tras año y que amasan las riquezas nacionales, como lo resume esa prolongada realidad de ricos cada vez más ricos, con unos extremos que llevan a organismos multilaterales como el Banco Mundial a confirmar que el nuestro es el segundo país más desigual de América Latina y el séptimo en todo el mundo. Una realidad así consolidada, expresada en un Gini de desigualdad que alcance el 0,528, un indicador alarmante para Naciones Unidas, organismo multilateral para el cual un Gini superior al 0,40 refleja polarización entre clases.

Estamos ante una polarización con manifestaciones palpables y cada vez más grotescas. En los depósitos bancarios, 2.681 clientes (0,01%) poseen 58,6 de los mismos, los cuales suman unos 185 billones de pesos. Según la Superfinanciera, 8.500 propietarios son dueños del 77 por ciento de los CDT depositados en el sistema bancario, y 9.200 son dueños del 65 por ciento de los depósitos de ahorro. Como consecuencia, el Gini de la distribución de los depósitos financieros es un asombroso 0,92 para los CDT, 0,94 para los depósitos de ahorro y 0,97 para las cuentas corrientes.

Según las declaraciones de renta del año 2017, el decil 10 concentró el 95,4 por ciento de la Riqueza Total, consecuente con un índice de concentración Gini igual a 0,974. La concentración del Patrimonio Bruto de las Personas Jurídicas, tomando como referente a 2017, alcanza un Gini de 0,9752, y en las Personas Naturales de 0,6429.

En el caso de la tierra, la concentración registra un Gini de 0,829, el 77 por ciento de la cual reposa en manos del 13 por ciento de propietarios, un 3,6 por ciento de los cuales concentra el 30 por ciento de la misma. En la actividad pecuaria, el Gini es de 0,795, y para las unidades productoras que se dedican al bosque tal registro alcanza al 0,845.

No hay duda de que Colombia es un país polarizado. Es un país desigual, donde los excluidos y empobrecidos se cuentan por millones, y sin embargo los ricos pretenden acumular más, ahora legalizando la explotación más demencial que hayamos presenciado a lo largo de las últimas décadas, en una inadmisible regresión de los derechos humanos, logrados tras arduas batallas de los de abajo durante muchos años.

Es urgente, por tanto, una vía alterna a la planteada por el gobierno, una con perspectiva de pleno empleo, integración social y salarios dignos. Y esa vía es factible, partiendo de quebrar los niveles de concentración de la riqueza reinantes en el país y de injusticia social vigentes, lo que nos permitiría redistribuir por arriba.

Para así proceder, es necesario poner en marcha proyectos de industrialización del país, para lo cual se debe partir de tomar como punto de referencia sus potencialidades de todo orden, con acento especial en las naturales: dos mares, decenas de ríos portentosos y fuentes de agua de todo tipo y nivel; bosques en geografías húmedas, secas y de otros tipos, así como selvas también diversas. Igualmente, laboratorios biogenéticos, potencial de investigación y conocimiento para fundamentar una fuerte industria farmacéutica, y asimismo el arranque de una despensa alimentaria para el mundo, ahondando la diversidad alimentaria en sabores, texturas, vitaminas, proteínas y toda clase de potencialidades químicas que el cuerpo humano demanda.

Se trata de una naturaleza que en lo humano resume sabidurías y culturas, memorias y capacidades, de lo más diversas, despreciadas siempre por las oligarquías que han llevado al país al despeñadero pero cuya potencialidad es condición fundamental para acometer un proyecto de energías concentradas en cualquier momento y con cualquier proyección, en años de duración y en metas por alcanzar.

De combinarse la redistribución de riqueza con un majestuoso proyecto de país/región (la nuestra es parte de una región geográfica con potencialidades similares, que incluso se extienden por la zona ecuatorial hasta una parte de África), el raquítico proyecto gubernamental de trabajo por horas quedaría al desnudo, en su real pretensión de mano de obra barata para continuar enriqueciendo a los mismos de siempre, y unas pensiones miserables, de limosna, que no garantizan dignidad de ingresos para nadie.

Se requiere un proyecto de país que parta realmente del ser humano, se base y se proyecte desde la necesidad de su desarrollo vital, e interrogue y valore el factor humano, reconociendo que el trabajo sin explotación –libre y por lo tanto creativo– es una condición sustancial para su desarrollo mismo, pilar fundamental para su felicidad.

Un proyecto en perspectiva del empleo seguro para todas y todos, garantizando efectivamente circunstancias dignas para su reproducción biológica, además de condiciones para sentirse parte de la historia que habita, al conjunto social se le deben procurar, además, las condiciones requeridas para sacar a flote todo su potencialidad, sintiéndose que aporta a la humanidad para su vida en felicidad, pero que también retoma de ella todo tipo de saberes y acumulados de praxis para ahondar su propio crecimiento.

En perspectiva de trabajo, en tiempos ya pasados y en los que vivimos, el asunto por resolver no es mecánico ni matemático: el problema es, sobre todo, humano en primera instancia, y social en segunda instancia.

La felicidad colectiva descansa en cómo se resuelva este asunto, algo clave y determinante para la existencia humana. Y, sin duda alguna, el capitalismo nada tiene de bueno por decir al respecto, y, dentro de tal sistema nada positivo tiene para proponer un gobierno como el colombiano, soporte y potenciación de una clase dominante que apiña en sus bolsillos lo que es de todos.

Información adicional

  • Autor:Equipo desdeabajo
  • País:Colombia
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Periódico desdeabajo Nº265, febrero 20 - marzo 20 de 2020
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